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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 480 - ver ahora
Transcripción completa

Te dejaré que vuelvas a tu monótona vida

si es lo que deseas.

Iré yo solo.

Tú sólo dime dónde hay una buena timba.

Está bien, está bien, te acompaño.

Pero vas a jugar tú solo.

Sabía que detrás de ese padre de familia

se encontraba mi mejor amigo de juventud.

Si vuelve a acercarse a mi familia...

aténgase a las consecuencias.

¡Ah!

¡Eh, eh, eh, haya paz! ¡Haya paz, hombre!

¡Que esto parece un callejón de los bajos fondos!

Es mi nulidad matrimonial.

¿Eso significa que nos podremos casar?

-Sí. (RÍE)

Y que nadie podrá impedirlo.

Pero quiero hacer las cosas con calma.

Iré a ver a tu padre

y le pediré permiso para cortejarte formalmente.

Una mujer con tu vitalidad no puede estar recluida

entre cuatro paredes. -Nuestras cuatro paredes.

Yo estoy bien aquí contigo.

¿Y tus actuaciones?

Mira, ¿por qué no vas esta tarde al Ambigú a cantar un rato?

No. No lo necesito.

Además, no tengo ninguna gana de ver a don Luis.

Me alegra mucho que os hayáis reunido y lo paséis tan bien,

pero eso no os da derecho a convertiros en dos irresponsables.

¿Ahora un hombre no se puede tomar una copa?

Claro que se puede tomar una copa, pero tras hacer su trabajo.

Si tú me das la oportunidad de acercarme a ti,

te prometo que no te meteré prisa.

Y verás cómo, poco a poco,

vas superando ese sentimiento que tienes por Gabriel.

(Sintonía)

(Suena el timbre)

Es él, padre.

Ah...

-¿Se puede? -Adelante.

¿Cómo se encuentra, don Ricardo?

Ah, disculpa que no me levante, apenas me quedan fuerzas.

Sentaos.

Anda, invita a tomar un café a Gonzalo.

No, no hace falta. No se trata de una visita de cortesía.

He venido a pedirle algo. -Ah, adelante, te escucho.

Su hija Elisa me ha robado el corazón.

Y mis deseos hacia ella son sinceros.

Es por ello que le pido permiso para cortejar a Elisa

y que ella decida si soy digno de su amor.

¿Tu madre ha cambiado de opinión?

No, pero me da igual.

¿Das la espalda a tu madre para estar con mi hija?

Sí. No permitiré que nadie se interponga entre su hija y yo.

¿Ni siquiera yo?

Disculpe, no quería decir eso.

Si estoy aquí es, precisamente, para pedir su permiso.

Padre, no se lo ponga más difícil.

Es que me cuesta entender los motivos de tu madre.

Y más aún sabiendo la estrecha relación que nos une.

No lo entiendo. -Ya.

Yo creo que es que tiene miedo a perderle.

Han estado mucho tiempo separados y... ahora voy yo a quitárselo.

Gonzalo, ah...

Cándida es la única familia que tienes.

¿Estás seguro de lo que vas a hacer, hijo?

Lo estoy.

Y nada me haría más feliz que contar con su aprobación.

Elisa lo ha pasado muy mal últimamente, ha sufrido mucho.

Y, si ahora, por fin, es feliz a tu lado,

yo solo puedo decir... que doy mi consentimiento.

Ah, muchas gracias, señor.

(RÍEN)

Muchas gracias.

Son tus preferidas, violetas escarchadas.

Las he comprado en una confitería que acaban de abrir

cerca de la plaza Canalejas. -Gracias.

Ni te imaginas el arte y la dedicación

con la que preparan allí los dulces.

Otro día te voy a llevar para que veas las cosas tan ricas

y deliciosas que venden allí. -Estás yendo rápido.

¿Pero eso por qué?

Hace unos días que has llegado,

y después de casi dos años sin saber de ti.

Quieres que nos casemos, así, como si no hubiera pasado tiempo.

Estoy impaciente de estar contigo.

Como tú en las cartas que me escribías.

Andrés, las cartas tienen más de un año.

¿Y... y qué pasa?

¿Algo ha cambiado en ese año?

Cata.

¿Qué pasa?

-Nada. -No, nada no, algo te pasa.

He releído tus cartas más de mil veces

y me confesabas que no podías estar más tiempo separada de mí.

Andrés, por favor, déjame tranquila.

Algún cliente puede entrar y no es lugar para hablar esto.

De acuerdo, de acuerdo.

-Buenos días. -Buenos días.

-¿Está Celia? -No.

Ah...

¿Estás bien? Es que me ha parecido que ese joven te importunaba.

No, no, no, en absoluto, es solo un pariente

que acaba de llegar de Marruecos. -Ah.

¡Ah! (RÍE) Violetas escarchadas.

El muchacho tiene buen gusto.

¿Sabías que son los dulces favoritos

de la reina Victoria Eugenia?

¿Puedo? Son... deliciosos.

¡Uhm...!

-Padre, ¿qué le ha parecido? -Ah...

Ay, es que Gonzalo es... es un caballero, ¿eh?

Y muy romántico. -La verdad, hacía mucho tiempo

que no te veía tan feliz. -Es que le quiero, padre.

Justo ahora que creías que ya no tendrías oportunidades.

¿Qué le preocupa?

No sé, me incomoda que Cándida esté contra ti.

Bueno, ¿y qué más da? Ya ha oído a Gonzalo, le da igual.

Porque no conoce a su madre como al conozco yo.

Cándida no es una mujer que se rinda a la primera,

y más tratándose de su hijo.

No sé, sospecho que tiene algo contra ti, no sé lo que es.

Ella me dijo que era por... por no poder tener hijos.

-¿Eso te dijo? -Ajá.

No, me extraña que ese sea el único motivo.

Cándida no es una mujer tradicional y, si hubiese sido algo así,

lo habría hablado abiertamente.

No, no, no, no es eso, es otra cosa.

(RÍE) Al final va a acabar asustándome.

No, pero te pido que tengas cuidado.

Cándida siempre se guarda un as bajo la manga.

Es una mujer que sabe mucho de la vida.

¿Y qué me va a hacer, padre?

¿Me va a tirar sobre las vías de un tren

y va a fingir que ha sido un suicidio?

Oye, voy a tener que prohibirte que leas los sucesos del periódico.

Me gusta que te lo tomes con humor.

Estoy segura de que nada me podrá separar de Gonzalo.

No lo estés tanto. Cándida, intentará algo.

Así que ve con cuidado.

(Sonido del motor de las máquinas)

Acaba de llegar la partida de hilos de seda.

Sí, del nuevo proveedor valenciano. ¿Qué le parecen?

No son de tan buena calidad como los de Lyon.

Con la guerra, es difícil conseguir cosas de Francia.

Pero no desesperemos. Están bien, teniendo en cuenta la escasez.

Ahora se están poniendo de moda tejidos más austeros

como el lino y el algodón. -Sí, habrá que adaptarse al cambio.

Ajá.

-Buenos días. -Buenas.

Oh, un poco más y dices "buenas tardes"

¿Cómo ha dormido el señor? -No te lo vas a creer,

pero me siento totalmente repuesto.

Tanto, que voy a ir a las bodegas.

¿Las bodegas? Lo dices como si estuvieran ahí al lado.

Hay un problema con las barricas y quiero estar ahí personalmente.

-Espero que no pasara nada grave. -Sí, tienen moho.

Y eso podría arruinar todo el vino. -Pedro sabe de eso más que tú.

Llámale y lo solucionas por teléfono.

No sabemos cómo es Pedro y es urgente.

Hay que estar encima. -Yo, si me permiten

organizaré los hilos que han llegado.

Gracias, Benjamín.

¿Y tu amiguito Julio? ¿Le vas a dejar aquí?

No, se ha ofrecido a acompañarme. No tenía nada que hacer hoy.

¿Hoy dices? Esa parece la tónica general de su vida.

Él no necesita trabajar, es marqués.

A ver si le sienta bien el aire del campo

para bajarse la borrachera de anoche.

Espero que no te vuelva a liar otra vez.

Cariño, no te preocupes, volveremos para la cena.

-¿Y tú para qué me querías ver? -Por el asunto de la caldera.

-Ah, sí, he llamado al operario. -¿Y qué te ha dicho?

Que no se puede hacer nada hasta dentro de unos días.

-¡Pero eso es mucho tiempo! -Ya lo sé, pero no queda otra.

Oh...

(Bocina de un vehículo) -Ese es Julio.

-¿Y a qué viene tanta prisa? -Julio es un impaciente.

-Id con cuidado. -Sí.

Ah...

(SUSPIRA)

¿Y qué? ¿Cómo estás? ¿Cómo sientes las piernas hoy?

-No siento nada, madre. -Pero si ayer las sentías.

Además, el Dr. Loygorri... -Falsas esperanzas, madre,

eso es lo que nos ha dado el Dr. Loygorri.

Hijo, no desesperes. No desesperes, ya lo dejamos atrás.

Además, estoy segura de que volverás a caminar.

Yo no estoy tan seguro, madre.

Por más que lo intento, soy incapaz de ponerme en pie.

¿Cómo voy a andar? -Yo te voy a ayudar.

Entre los dos lo intentaremos.

¿Dónde va? ¿Dónde va, por favor?

No haga esfuerzos, la han operado del corazón.

Además, es inútil, no reaccionan las piernas.

Mira, Gabriel, es que, en lugar de tanto pensar

cosas que no tienes que pensar y mirarte tanto las piernas,

lo que tienes que hacer es moverlas, ejercitarlas,

darles un poquito de vida. -Madre, si no puede usted conmigo.

Peso demasiado. -No te preocupes, venga.

Tú pon un brazo aquí y otro apóyate en mi hombro.

Venga, levántate. -Aunque solo sea...

para que me deje tranquilo. -Sí, un poquito.

Y yo luego te dejo tranquilo. Apóyate, así. Así, coge bien.

-Cuidado. -Intenta, vamos. Vamos, arriba.

¡Arriba, hijo, vamos, así, así! ¡Muy bien!

¿Bien? -Sí, no me suelte.

-No te suelto, no te preocupes. Agárrate fuerte.

Venga, ahora un pasito. Un pasito para adelante.

¿Ves? Un paso, ¡ay, muy bien! Venga, otro.

Hasta el sofá, vamos. Venga.

¡Muy bien, hijo, muy bien!

-Cuidado, cuidado. -Tranquilo, así. ¡Ay!

¡Ay! (RESPIRA DE FORMA ACELERADA)

¿Has visto como sí podías?

¡Que has vuelto a caminar!

¡Ay, qué orgullosa estoy de ti! (RÍE)

-¡Lo he hecho, madre, lo he hecho! -Claro que sí, hombre.

(RÍEN) -¡Lo he hecho!

Ha sido un encuentro tan desagradable.

Lamento mucho lo que me dice.

No han servido mis buenas intenciones.

Deje que se le pase el enfado, espere unos días.

Yo le he mostrado mi arrepentimiento

y ella me ha dado la espalda, no se ha dignado a escucharme.

Don Luis, dese cuenta de que no es la primera escena

que le monta a Amalia, normal que esté enfadada.

No, no te equivoques.

Si la hubiera cogido a solas, esto no habría pasado.

Todo ha sido por culpa de Blanca Silva, que se entrometió.

¡Siempre las Silva!

¿Por qué no lo olvida ya? Espere a que las aguas se calmen.

Maldita estirpe de víboras.

Ya ha bebido bastante, señor.

Solo me faltaba tener que sacarlo borracho en medio de la actuación.

Buenos días.

Me voy al camerino.

Si has venido a decirme que Raimundita no puede estar

con mis padres, tendrás que decírselo a un juez,

porque ellos están decididos. -No hará falta.

-¿Ah, no? -No. Lo he pensado mejor

y ha decidido que el cuidado de la niña

lo repartiremos entre las dos familias.

No me mires con esa cara. He recapacitado.

Tus padres no tienen la culpa de lo que ha pasado entre nosotros.

Ah, pues celebro que lo hayas pensado mejor, Merceditas.

Ellos tenían un disgusto muy grande.

Eso sí. El dinero que yo mande para los gastos

se repartirá a partes iguales entre los cuatro abuelos.

Me parece bien.

Bueno. Yo solo quiero lo mejor para mi hija.

Espero que tus padres piensen lo mismo.

Por supuesto. Tú lo has dicho. Son sus abuelos.

¿Sirvo unos chatos para celebrarlo?

Ya veremos si dentro de unos meses hay algo que celebrar.

Voy a estar muy atenta a lo que pase, eh.

Que no se te olvide.

(SUSPIRA)

(LEE) Un águila...

que paseaba a...

a la... a la deriva.

Nada. Es inútil. Está bien, está bien.

Hace días que noto que me falla la vista.

Empiezo a leer y se me nubla la vista

y me empiezo a marear.

(SUSPIRA)

Amalia no sabe nada.

No sé cuánto tiempo podré ocultárselo.

La pérdida de visión es uno de los efectos

más comunes en la enfermedad.

Poco a poco, va atacando a todo el sistema nervioso.

¿Me voy a quedar ciego? No lo sé.

No lo sé, Rodolfo.

Hay posibilidades, pero no lo sé.

¿Y qué más?

Y no me ocultes nada. Si no remite,

la enfermedad irá mermando poco a poco

tus capacidades sensitivas y motoras.

¿Me voy a quedar inválido?

Amalia está encantada de estar a su lado.

Te ayudará en todo lo que pueda.

Precisamente, que esté a mi lado, es lo que me está matando.

¿Por qué? Tu mujer te quiere.

Es una mujer en la plenitud de su vida, Cristóbal.

Y yo se lo estoy arruinando. Escucha.

Eso que dices es un sinsentido, Rodolfo.

Cristóbal, desde que enfermé,

apenas ha descansado.

Si ha tenido que renunciar hasta a la música.

¿Y qué? No te culpa. No te reprocha nada.

Para ella, tú y la cría sois lo primero.

La música es su única felicidad. ¿Qué derecho tengo a arrebatársela?

Le estás dando demasiada importancia a esto.

No seas tan tremendista. Mira. Te voy a dar unas gotas.

Ya verás que en cuanto te las pongas, vas a sentir alivio.

Aquí están. Cristóbal.

No soy tremendista con esto que me está pasando.

He tomado una decisión.

Y necesito que me ayudes. Solo tú puedes hacerlo.

¿De acuerdo?

Cata estaba muy nerviosa, como si el soldado

la estuviera importunando. Cuando le pregunté, lo negó.

Seguro que no se trata de nada relevante.

No sé. Ambos estaban discutiendo acaloradamente cuando entré.

Él le reclamaba algo a ella.

Quizás, un libro que buscaba ansiosamente.

Puede que lo hubiese encargado y ella aún no lo tuviese.

No. Había algo en la actitud del joven que me inquietó.

¿No le das demasiadas vueltas a un incidente sin importancia?

Soy policía. Sé cuando alguien me oculta algo.

Además, Cata dijo que era un amigo de la familia.

Lo cual descarta tu hipótesis del libro encargado.

El famoso inspector Velasco acaba de descubrir un nuevo caso.

No sé. El joven le estaba reclamando algo.

Pero, claro, si era un amigo de la familia, ¿qué podría ser?

Pongámonos a investigar. Me gusta este caso.

No se puede hablar contigo de nada en serio.

Que sea alegre, no quiere decir que me lo tome todo a broma.

A ver. Te estoy hablando completamente en serio.

Te ayudaré con este caso.

Te lo agradezco.

Veamos. ¿Qué aspecto tenía ese soldado?

-Bueno... -¿Era alto?

¿Guapo? ¿Rudo? ¿Curtido por el sol?

Es imposible mantener una conversación normal contigo.

(SUSPIRA)

La verdad es que preferiría que nos besáramos como anoche.

¡Chis! ¿Estás loco?

Cualquiera podría oírte decir esas cosas.

¿Qué tiene de malo?

No me puedo creer que me hagas esa pregunta.

Vivimos nuestra condición de maneras muy diferentes.

Por favor.

Nadie nos está oyendo. Nadie nos mira.

Ves conspiraciones por todas partes,

como la historia del poeta y Cata. -¿Eso piensas?

¿Que me imagino cosas donde no las hay?

Pueden detenernos y meternos en prisión.

Yo ya he pasado por eso.

Olvídalo.

O no acabarás de disfrutar nunca de la aventura

que estás a punto de emprender con un poeta.

Si quieres que siga con esto, deja esos temas para la intimidad.

No me gustan los lugares donde

no me pueda comportar con naturalidad.

Simón, vivimos en un mundo muy poco tolerante.

Pero incluso en un mundo así,

hay lugares para gente como nosotros.

Sé de un sitio en el que hasta podríamos bailar juntos.

¿Te refieres a bailar abrazados?

Desnudos, incluso.

En las fiestas del Marqués Vinent,

no hay nada prohibido para dos hombres.

Sí. Ya había oído que el marqués tiene gustos distintos.

En los salones de su lujosa residencia, todos son bienvenidos.

Desde los chaperos de los barrios más bajos,

hasta los más refinados canallas de la noche madrileña.

Expresado así, tampoco es que me apetezca ir mucho,

por muy juntos que nos dejen bailar.

Esa opinión cambiará cuando lo pruebes.

¿Crees que podrás hacerlo?

No lo sé, Rodolfo.

Podría intentarlo. Cristóbal, si consigues

que me ingresen en el hospital, Amalia podrá seguir con su vida.

A Amalia no le va a gustar esta idea.

Me da igual que no le guste la idea.

Es lo que más le conviene. Escucha.

¿Por qué no lo habláis entre los dos?

Es mi salud, Cristóbal. Sobre mi salud, decido yo.

Es tu mujer, Rodolfo.

No.

Por lo que me has contado,

las cosas irán a peor. No lo sabemos.

No lo sabemos. Es pronto para saber

cómo va a evolucionar la enfermedad.

Ya están yendo a peor. Lo sabemos los dos.

Amalia querrá irte a ver al hospital a diario.

Tendrá que dividirse entre la cría y tú.

Sí. Pero, aun así, tendrá tiempo para pasear, para cantar.

(SUSPIRA) Cristóbal, ayúdame, por favor.

Escucha. ¿Eres consciente de que si haces esto,

vas a dejar de ver a tu hija?

Sí.

Es lo que más me duele. Adoras a esa cría.

No la apartes de ti.

Hermano, no te quedes aislado de todo lo que más quieres.

Cristóbal, está decidido.

Quiero que esta casa sea...

sea la casa de Amalia, de Dolores.

Quiero que sea una casa de vida, no de muerte.

Lo entiendes, ¿verdad?

Toma, Cata. Aquí tienes lo que te debía

por los últimos vestidos que me arreglaste.

¿Está segura que no quiere que le haga el azul?

No. Desgraciadamente, no podré lucirlo en el Ambigú.

No voy a volver por allí en mucho tiempo.

Lamento que su marido no mejore.

Ha sido una decisión muy dolorosa.

Pero el lugar de una esposa está junto a su marido,

en la salud y en la enfermedad.

Dolores y Rodolfo han sido lo mejor que me ha pasado.

Es muy bonito lo que dice.

He aprendido que la única felicidad reside en el amor, Cata.

Es lo único que importa.

No puedo estar más de acuerdo con usted.

Te noto triste. No quiero contagiarte

mi tristeza por la enfermedad de Rodolfo.

Al contrario. La admiro mucho.

Tiene claro lo que siente por su marido.

¿Y no tienes claro lo que sientes por Celia?

Sí. Sí, claro que sí.

¿Entonces? ¿De qué se trata?

Mira que si necesitas a alguien con quien hablar

que le haya pasado de todo, aquí me tienes.

Es que no lo estoy pasando muy bien.

No es por Celia.

Es por Andrés, un antiguo novio

que estaba en la Guerra de Marruecos.

Vaya.

Hace casi dos años, cuando lo alistaron,

me comprometí a casarme con él cuando regresara.

No sé. Pensé que esa historia ya habría acabado.

Pero no.

Ha vuelto y ha venido a pedir mi mano.

Vaya, Cata. Cuánto lo siento.

No sé qué hacer ahora.

-Bueno, tú amas a Celia, ¿no? -Sí.

Muchísimo. -Es una situación difícil

y extraña, no te lo voy a negar.

Pero lo que tienes que hacer, creo que está bien claro.

Tienes que romper ese compromiso con Andrés.

¿Y cómo hago eso?

Pues... pues sé que es complicado,

pero, aunque sea, miéntele.

Haz lo que sea, con tal de acabar con esa relación.

No puedo decirle la verdad. Eso le mataría.

Tiene muchas ilusiones puestas en la boda.

Dice que eso fue lo que le mantuvo con vida en Marruecos.

Ay.

Pero, Cata, ¿vas a casarte con él solo por no decepcionarle?

Es que no quiero hacerle sufrir.

Le quiero, aunque no le ame.

Cata, puede que ese muchacho sufra y puede que sufra mucho.

Pero debes dejar esa relación.

Si no, será mucho peor a la larga.

Os hará mucho daño a los dos. Hazme caso.

Dile la verdad, aunque sea a medias.

Estoy totalmente asombrado. Has hecho muchos progresos.

Sí. Y todo se lo debo a mi madre.

Su obstinación ha sido fundamental.

Bueno, y la tuya también.

Anda, ayúdame a sentarme, por favor.

Por hoy, ya es suficiente.

Cuidado. -Oh.

He dado 20 pasos y parece que hubiera andado 20 kilómetros.

Bueno, pronto saldremos a celebrar todos estos avances.

Bueno, para, para. Para eso, aún queda un poco.

Mira cómo estoy, sin resuello y apenas he dado

una vueltecita por el salón.

Sí. Y ayer apenas podías mover los dedos.

Tiempo al tiempo. Esto es empezar.

Estoy seguro que en cuanto el cuerpo coja tono,

podrás volver a correr. Incluso, a dar saltos.

Pero primero quiero practicar por casa.

Cuando salga a la calle, quiero hacerlo con paso firme y seguro.

Ahí va un hombre orgulloso.

No quiero que me tomen por un hombre desvalido.

Quiero demostrarle al mundo que estoy completamente recuperado.

¿Tienes prisa?

Sí. He quedado esta noche.

Bueno, aún queda bastante para la noche.

Sí. Pero quiero pasar antes por comisaría.

Tengo que revisar unos papeles.

Y quiero llegar pronto a casa para poder arreglarme.

¿Has quedado con la misma persona de anoche?

Sí. Sí. He quedado con Simón.

Estamos conociéndonos.

Bueno, conociendo nuestras afinidades.

-¿Vuestras afinidades? -Sí.

Vaya. Me parece una manera muy original

de llamarle al flirteo. -No, no. No estamos flirteando.

No, claro. Perdona. Dos citas de noche seguidas

con la misma persona.

Supongo que debéis tener muchas afinidades.

No. No tantas.

Bueno, sí. Algunas.

Entre otras, que a los dos nos gustan los hombres.

Bueno, esa ya vale por diez.

Cuéntame. ¿Cómo es Simón?

Pues...

Reconozco que su descaro, que al principio me horrorizaba,

ha terminado por seducirme.

No tiene ningún miedo ni vergüenza en mostrar su homosexualidad.

Es algo perturbador,

pero, a la vez, es muy liberador.

Es poeta.

Bueno, cuidado. Cuidado.

Acuérdate de lo que acarreó para ti

el que se hablara sobre tu posible homosexualidad.

Sí, sí. Lo sé, lo sé.

Sí.

Pero es que me siento muy vivo estando a su lado.

Me da todo igual. Tiene tantas ansias de libertad,

que, no sé, resulta contagioso.

Vaya. Hombre, sorprende un poco

que hables tan suelto de este tema. No sé.

Nunca has sido amante de los excesos.

Mejor así, ¿no? Tú mismo me has reprochado

muchas veces que debería dejarme llevar más.

Sí, hombre. Quizás. Pero tampoco de forma tan expuesta.

Acuérdate de tu padre y de tus compañeros en comisaría.

Sí. Pero no tiene por qué enterarse nadie en comisaría.

Al final, todo se sabe, Velasco.

Y la peor parte te la llevarías tú, no tu amigo.

Él... Bueno, él es poeta, ¿no?

Los poetas pueden hacer lo que les dé la gana. Pero tú no.

Parece que te moleste verme ilusionado.

No. No, Velasco. No es eso, de verdad. Solo...

Te lo estoy comentando como amigo.

Tienes que ir con cuidado con lo que haces

y con quién lo haces.

Pues gracias por el consejo.

Tengo que irme, porque si no, no voy a llegar a comisaría.

Tú sigue con los ejercicios. ¿De acuerdo?

Estamos haciendo muchos progresos.

Discreción.

Discreción.

(CANTA) #Duérmete, niñita mía.#

#Que tu madre no está en casa.#

¡Chis!

(CANTA) #Pero aquí está Rosalía,

#que te arrulla con su nana.#

Huy.

Se ha quedado dormidita. Es que está agotada la pobre.

Ni siquiera puede abrir los ojitos.

No me extraña que Rodolfo esté encantado con ella.

Es tan bonita, ¿verdad?

Esta mañana me pareció oírla decir "papá".

Estoy muy preocupado por Rodolfo. Ya.

Al fin y al cabo, es la única familia que me queda.

Aparte de ti, claro. No digas eso.

También tienes a tu preciosa sobrina.

Sí. Mi sobrina es un regalo.

Sí que lo es. Es que es tan buena.

Ha heredado el mismo carácter de su madre.

Se pasa todo el día observando la casa.

Tiene que extrañar la suya.

No creas. La mira divertida.

Es tan bonita.

Se te ve encantada con ella. Es que lo estoy.

De verdad.

¿Cómo está tu hermano?

Cada vez peor. Ya.

Y Amalia está cargando con todo el peso sobre sus hombros.

Acabará afectándole. Está agotada, la pobre.

Pero, bueno, que le ayudemos con la niña, le aliviará.

Ay. ¡Chis! Espera.

Ya está. Ha sido soñando.

Ya, mi amor. Ya.

Ay, es que es tan bonita. Me pasaría todo el día mirándola.

Vas a ser la mejor madre que hay. Siempre lo supe.

Bueno, Cristóbal, eso no depende de nosotros.

Escúchame.

Lo vamos a conseguir.

Bueno, lo que tenga que ser, será.

Está bien.

¿Marina?

¿Se encuentra usted bien?

No.

¿Qué le pasa, puedo ayudarla?

Lo veo difícil.

Su madre, me ha echado a la calle y me dejó sin trabajo.

Precisamente, por contarle a usted toda la verdad.

Lo lamento.

Quizá, esto le pueda ayudar.

Es todo lo que llevo encima,

pero, le dará para pagar techo y comida.

Pronto encontrará otro trabajo, ya verá.

Muchas gracias.

Algo ayudará, seguro, aunque el daño que me ha causado

su madre, difícilmente, será reparado.

Supongo que eso es lo que hace mi madre,

hacer daño a la gente con su profesión y mentiras.

Aún así, es su madre, acabará perdonándola.

Seguro que todo lo que hizo, lo hizo por su bien.

Si quisiera mi bien, no se opondría

a mi relación con Elisa Silva.

¿Con Elisa Silva, dice?

Sí, ¿por qué?

Cándida tiene muy buena relación

con don Ricardo Silva, el padre de Elisa.

Lo sé, ni don Ricardo ni yo lo entendemos.

Pero, me da igual, yo amo a Elisa y quiero casarme con ella,

si mi madre se opone, me casaré sin su beneplácito.

Quizá, si don Ricardo hablase con ella...

No, ya lo intentó,

no hay nada que hacer con ese tema.

Vaya.

Le deseo mucha suerte, Marina.

Y...

Y gracias por todo.

Gracias a usted.

Y espero que ese asunto con su madre se resuelva.

Mira, aquí están las autorizaciones

y los poderes que necesitas para dirigir la fábrica.

Gracias.

Siento haberte hecho venir hasta aquí.

No te preocupes, me apetecía dar un paseo.

¿Un paseo?, qué envidia.

Rodolfo, eres fuerte,

te pondrás bien.

No sé.

¿Dónde está Salvador?, pensé que vendría contigo.

No ha podido, tuvo que ir a las bodegas

a resolver unos problemas.

¿Cómo van los viñedos?

Bueno, te lo diré cuando salgan

las primeras botellas de vino Silva.

Tienes que tener fe, Salvador es un buen hombre

de negocios, quién lo diría hace unos años.

Rodolfo, me gustaría preguntarte algo:

¿tú conoces a un tal Julio Peñalara?

Julio Peñalara, sí, sé quién es.

Yo no lo conocía hasta ahora.

Yo le conocí en Suiza

cuando huimos mi madre y yo.

Es íntimo de Salvador

y una mala influencia.

Sí.

Ten cuidado con el tipo, Diana, es un vividor de cuidado.

Puede permitírselo, tiene una fortuna.

Si es que no la ha dilapidado ya.

¿He de preocuparme?

Es un crápula y no tiene escrúpulos,

si tiene que pasar por encima

de alguien para conseguir algo, lo hará.

Pues, ya tiene una edad.

En Suiza corría el rumor de que sus padres lo echaron de casa

y le cerraron cualquier tipo

de acceso a las cuentas bancarias familiares.

Pues, tampoco tiene trabajo,

¿de dónde saca el dinero, entonces?

¿En qué hotel se hospeda?

No se hospeda en ningún hotel, está en nuestra casa.

Pues, ahí lo tienes,

los rumores son ciertos, está sin blanca.

Gonzalo ha pedido permiso a mi padre para cortejarme.

¿El hijo de la Cándida? Sí.

Cómo se atreve, tu padre le habrá dicho que no, espero.

¿Por qué dices eso?

Porque su madre regenta un prostíbulo de muy mala fama.

Él no tiene nada que ver con eso.

¿Y?, Cándida tiene mala fama y esa fama la heredan los hijos.

Bueno, Sofía, mi padre tampoco es muy virtuoso, ¿no?

Bueno, pero, tu padre supo ganarse el respeto de la sociedad.

Da igual lo que hagas, si no hablan mal de ti,

pero, no es el caso de Cándida, un prostíbulo, por Dios.

Sofía, él no se crio ni cerca de Cándida

ni cerca del prostíbulo,

se crio en uno de los colegios

más importantes de los Estados Unidos.

No importa, la mala fama, al final, te salpicará a ti.

Elisa, tienes que dejarlo con ese joven,

tú, te mereces, no sé, algo mejor.

Sofía, es que da igual, nos amamos.

Yo le necesito.

Tenemos una complicidad que es difícil de explicar.

Es como si fuésemos las dos caras de una misma moneda.

Eso lo dices por esa manera

que tienes de enamorarte así, tan intensa.

Elisa, de verdad, déjalo, se te pasará, como siempre.

No lo entiendes, Sofía,

Gonzalo y yo estamos destinados a estar juntos.

Elisa, eres una novelera.

Aquí está.

Partida de nacimiento de Gonzalo, hijo natural

de Cándida Fortú y...

Ricardo Silva.

(Llaman a la puerta)

Huy, perdón, creí que era el excusado.

El excusado es la siguiente puerta.

¿Cómo es que un clavel tan hermoso no está en el jardín?

Porque este clavel

está en el jarrón.

¿Y eso, por qué?

Está esperando a que un caballero se lo quiera colgar de la solapa.

Qué suerte he tenido, precisamente, en mi día de descanso

encontrarme con un muchacho tan apuesto.

Eso se puede arreglar.

¿Qué le parece si pasamos la tarde juntos?,

fuera de aquí.

Me parece muy bien.

¿Quiere, el señor, que demos un paseo?

Un paseo al hotel más próximo, le pagaré bien

y pasaremos una tarde inolvidable.

Qué bien.

Señorita.

Sólo he venido a darle a Rodolfo la noticia.

¿Qué noticia?

Su ingreso en el hospital.

Ya está todo listo. Cuando queráis.

Rodolfo, ¿no le has contado nada?

Era mejor así.

Rodolfo, no pienso permitir que te vayas a ningún lado.

Te he estado cuidando todo este tiempo.

Y lo voy a seguir haciendo hasta que te recuperes.

No hay moros en costa. ¿Estás seguro?

Puede que esté borracho, pero, no ciego.

Si Diana se entera que estuve toda la noche de juerga,

me arranca la piel a tiras.

Calzonazos.

A mí no me gusta inmiscuirme

en la vida de las personas, pero, le seré franca,

estoy segura que la oposición de su madre afectará a Elisa.

No veo por qué, Elisa sabe que la quiero.

Demuéstrele a Elisa

que su relación está por encima de todo,

incluso de su madre. ¿Cómo?

Pues, no hay prueba de amor más grande que ir al altar.

¿Qué pasa, muchacho?

Que se ha perdido mi Raimundita, se les perdió a mis padres.

¿Cómo ha sido eso?

Merceditas...

Perdón por el retraso, pero, tengo un motivo para ello.

Espero que sea bueno porque no hay nada peor

que hacer esperar a unas damas.

¿Te parece suficiente

que me detuviera a comprarte un regalo?

¿Un regalo?

¿Cómo pudo hacerlo?,

después de todo lo que me hizo a mí.

Se me puso de rodillas suplicándome y no supe qué hacer,

no tenía dónde caerse muerto. Debió echarle a patadas.

Madre, se lo advierto,

o le despide u olvídese de que tiene un hijo,

¿me ha entendido?

Eh, eh, qué haces.

Llamar al pueblo para que Raimundita

me escuche y no se olvide de mí.

No, no, no puedes. ¿Por qué?

Porque no, porque a esta hora estará durmiendo la siesta.

Bueno, por intentarlo no pierdo nada.

Esta mañana iba a ir a la tienda para ver unos libros

cuando me encontré a Cata besándose con un hombre.

Su soldadito, sin duda. No, no puede ser.

¿Estás seguro?

Sé lo que es un beso.

Puedo hacerte una demostración.

No, no hace falta, qué más viste.

Poco más porque no me atreví a entrar,

pero, lo siento por Celia.

Por favor, déjeme ganarme la vida de forma honrada.

No quiero que trabaje más.

¡Pero, qué demonios les pasa a ustedes conmigo!

Todos me usan para su beneficio,

cuando más les conviene

y cuando consideran que me exprimieron lo suficiente,

me abandonan como a un perro, ¡y eso no es justo!

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Seis Hermanas - Capítulo 480

07 abr 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s. XX.

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  1. Raquel

    ¡Bravo, Alexandra y Elvira! Me encanta la serie.

    pasado sábado
  2. Ofelia

    Me complace leer muchos comentarios que reflejan mi mismo pensamiento.- Basta ya con las maldades de la enferma Marina, que la internen en un loquero de una buena vez. Parecería que los guionistas leen estos comentarios y se empecinan aún mas en darle tanta preponderancia a ese nefasto personaje.con el cual confluyen todos, los "antiguos" personajes y cada nuevo que aparece (la dueña del prostíbulo, su hijo, Cata, etc.etc.etc.. Esta novela debería tener un SUBTÏTULO, Seis hermanas y LA MALVADA MARINA

    11 abr 2017
  3. Alejandra

    Cada vez que leo los comentarios que dejan en los capítulos me preocupo cada vez más. En verdad espero que los guionistas y productores hagan caso omiso a los comentarios criticando a Marina, diciendo que la novela ya aburre por dramas innecesarios o que ya es hora de que concluya, porque personalmente soy muy feliz con cada capítulo, aprecio la dedicación, el esfuerzo y el cariño con el que está hecha la novela, ya que no es una novela común, es de época, lo que la hace tres veces más difícil que las que son de la época actual. Esta novela enfoca a dos cosas que amo: principios del siglo veinte y España, aunque mi país de origen no sea este. Así que para mí la novela va más que perfecta, cada capítulo diario es como un dulce del más delicioso para un niño. Deseo Seis Hermanas para mucho tiempo más.

    11 abr 2017
  4. Maria Ester

    Capítulo 481, aparece marina en casa Silva ???. Es una plaga como la de los viñedos, ojalá encuentren como"eliminarla" de una buena vez, cansa, aburre, saca de quicio....................

    10 abr 2017
  5. Celeste

    Hay algunos que " critican las críticas " y así como a ellos " les encanta" como va la novela, parecen no aceptar la diversidad de opiniones. Así es la vida, hay gustos para todo.Al personaje de Marina ya le "sacaron demasiado jugo" y por ello no se trata de dejar de ver la novela. Yo, como soy MASOQUISTA la seguiré mirando JAJAJA

    10 abr 2017
  6. Elvira

    A quien no le guste la novela, pues que deje de verla!!! Que manía con criticarla! A mi me encanta, me gusta que Marina siga en la serie, si no hubiera ningún malo si que sería aburrida!!

    10 abr 2017
  7. Anna María

    Señores, pienso que por querer alargar más y más está telenovela, la están volviendo aburrida. Reconozco que en ella participan actores y actrices bastante buenos pero las intrigas, mentiras, traiciones, son exageradas y llegan a cansar! Espero que se acabe pronto y sin tanto drama!

    08 abr 2017
  8. Belén

    Señores guionistas: BASTA de las intrigas de Marina, ese personaje se pasó ya de insoportable.- es de esperar que se cumpla el dicho: TANTO VA EL CÁNTARO A LA FUENTE QUE AL FINAL......Bienvenidos los nuevos personajes, pero............Simón, muy simpático pero QUE PESADO.- Deseo que soplen nuevos vientos en esta telenovela

    07 abr 2017