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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 456 - ver ahora
Transcripción completa

Anoche estuve en casa de Marina.

Les mostré la caja con las pertenencias de Benito.

Tenía que haber visto sus caras.

Sabía que todo esto era una trampa.

Lo lamento mucho, doña Diana.

Pero lo que usted me cuenta no prueba nada.

Ya me he comprometido.

Sería de mal gusto decirles que no.

La boda es mañana,

no tienen tiempo de buscar a otra persona.

Que seas la madrina de Rodolfo es de mal gusto.

No entiendo que te pongas así.

Te prohíbo que vayas a esa boda.

Vámonos.

¿Estás loca? -No, estoy...

muy cansada, Raimundo.

Decide ya.

Llévelo a traumatología y después pasaré yo a buscarlo.

Gracias.

¿Marina?

Cristóbal.

(LEE) "Aurora estaba bellísima.

No había nada de especial en su aspecto.

Y sin embargo ella tenía esa habilidad."

Tenemos que impedir que se acerque

a la habitación de Benito.

Sí, es capaz de hacer cualquier cosa.

Si Benito muere...

Sí, nadie podrá demostrar que Salvador es inocente.

¿Pero cómo puedes amar a una persona así,

a una mujer mentirosa, manipuladora,

una mujer en la que no se puede confiar?

Fuera de esta casa, madre.

Váyase.

Espero que aproveches bien esta oportunidad

que te ha dado Ciro.

Tú lo que quieres es encontrar marido, ¿no?

Pues sal a buscarlo a la calle,

no a casa de tus amigas.

¿Voy a morir? ¿Es eso?

Su enfermedad está muy avanzada, don Ricardo.

Bueno, pero ustedes son médicos, salvan vidas.

¡Salven la mía!

Ojalá pudiera decirle otra cosa, créame.

Tiene que haber algún médico capaz de curarme.

Uno mejor que usted, está claro.

Hoy he estado con Amalia.

La he ayudado con los preparativos de la boda.

Y no sé, no me he atrevido a decirle nada.

Estaba tan emocionada

que no quería estropear su momento.

No tienes nada que decirle.

Los dos iremos a esa boda.

Tú como madrina y yo como tu acompañante.

¡Francisca!

¡Francisca! ¡Celia!

¡Has vuelto! ¡Huy!

¿No vas a comer nada?

Se me ha cerrado el estómago.

Ayer te vi dando vueltas en el cuarto.

No podía dormir.

Tienes que pensar que Salvador saldrá pronto de prisión.

Velasco es un buen policía.

Y si alguien puede averiguar

qué es lo que realmente pasó ese es él.

Sí, supongo.

Pero anoche tenía una angustia aquí en el estómago

que me hacía verlo todo negro.

Lo siento mucho. Ay, no te preocupes, Diana.

Va a ser tu fiesta de compromiso.

Deberíamos estar felices, ayudándote.

Y sin embargo mírame.

No pada nada.

Todas entendemos por lo que estás pasando.

Ni siquiera tengo fuerzas para ir a la boda de Rodolfo.

No te preocupes, estoy segura de que lo entenderá.

¿Quién nos iba a decir que acabarías siendo

la madrina en la boda de Rodolfo?

Pues sí. Lo que más me preocupa es Tristán.

No sé si su familia política lo entenderá.

Pensé que la nueva Blanca ya no se dejaba mangonear

por la familia de nadie. Iré.

Y seré su madrina.

Y también brindaré para que los dos sean

muy pero que muy felices.

¿Me invitáis a desayunar

y no tenéis la decencia de esperarme?

¿Quién te ha llamado? -Yo la he llamado.

Quería que estuviéramos todas juntas.

¿Y por algún motivo especial?

¿No echáis de menos estos momentos?

Todas reunidas reprochándonos

el comportamiento que tenemos en la mesa,

Elisa quejándose porque no han hecho su bollo favorito.

Por desgracia ya no podemos estar todas juntas unidas.

Falta Adela.

Y Francisca también.

He hecho venir a Elisa

porque tengo una sorpresa para vosotras.

¿Qué sorpresa?

Deberíamos telefonear a Rodolfo para decirle que asistirá

una persona más a su boda. -¿De qué hablas?

(TOCA LA CAMPANILLA)

(Música) ¿Y esa música?

Venid.

Corre. -Ay, ¿qué pasa?

Venid.

(Música)

(RÍEN CONTENTAS) ¡Francisca!

¡Ay, qué alegría volver a veros!

(RÍEN CONTENTAS)

¿Has traído algún regalo?

¡Por favor, tienes que contárnoslo todo!

Os he echado muchísimo de menos.

(RÍEN)

¿Pero qué alboroto es ese?

¡Doña Rosalía!

¡Doña Francisca!

Ay, que le echado muchísimo de menos. Y a sus pucheros.

Estás muy guapa. Y tú también.

Está más mayor. Sí, mucho.

Espero no llegar en mal momento.

No se preocupe, últimamente la tienda está muy tranquila.

¿En qué puedo ayudarla?

Sólo quería saber cómo le había ido con Celia Silva.

Ayer no me pude pasar por la tienda

y estaba intrigada.

Pues si no le importa prefiero no hablar de ello.

¿Por qué? ¿Mis consejos no le sirvieron?

Le agradezco su ayuda,

pero Celia no reaccionó como yo esperaba.

No lo entiendo, si el peinado era idéntico al de Aurora.

Eso es lo que no le gustó.

Ah, lo siento, no pensé que iba a reaccionar mal.

No sé, supongo que no se puede competir contra un fantasma.

Pero no se desanime.

Tarde o temprano encontrará la manera de que Celia

olvide a Aurora por completo. Yo le ayudaré si quiere.

Se lo agradezco, pero será mejor

dejar las cosas como están.

¿Se va a dar por vencida tan fácilmente, Catalina?

El mundo no es de los cobardes.

No soy cobarde, soy realista. Celia nunca la olvidará.

Ya es hora de que lo asuma si no quiero sufrir.

¿Por qué está tan desanimada?

Ayer descubrí un relato de Celia.

En él habla de Aurora.

¿Celia se ha atrevido a tanto?

La historia está contada como si Celia fuera un hombre.

Pero al fin y al cabo habla de Aurora con todo detalle.

Vaya.

No sé, no...

no puedo competir contra ella, es imposible.

Usted posee una cualidad

que ella jamás tendrá, Catalina.

¿Cuál?

Usted está viva.

Y ella está muerta.

Con el paso del tiempo

Celia acabará olvidándose de Aurora.

Y no será más que un recuerdo.

Ya, eso quizá era antes. Pero hay un manuscrito

donde Celia puede acudir cuando quiera.

Si lo tiene tan claro no tiene sentido

que intente convencerla de nada.

Así que me marcho.

Buena suerte.

Gracias de todas formas.

¿Sabe lo que le digo?

Que hace bien en rendirse.

Porque usted nunca estará a la altura de Aurora.

Eso no lo decía estos días.

Ya, pero he cambiado de opinión.

Aurora era culta y educada.

Pero sobre todo era luchadora.

No era de las que se rinden fácilmente.

Y eso sí que no se puede aprender.

Váyase.

Buenos días.

¿Cómo has podido pasar toda la noche en casa

sin que nos enteráramos?

Contaba con la mejor de las cómplices.

Cuando la vi no pude contener mi alegría.

Pero ella quería esperar hasta hoy para dar la sorpresa.

Cuéntanos todo. ¿Cómo es tu vida en Milán?

¿Cómo es cantar en La Scala y qué ciudades has visitado?

Bueno, Elisa, tranquila. Habrá días para hablar de todo.

Lo importante es que estamos juntas.

Y todo es mejor cuando estamos juntas.

¿O no? Sí.

Diana, todo se va a arreglar. Me lo contó anoche Celia.

Bueno, pero ahora no es momento para estar tristes.

Tenemos que celebrar tu vuelta.

¿Por qué no nos enseñas fotografías de Fernandito?

¡Ah, sí! -¿Has visto a Elisa y Eugenia?

Anoche, estaban dormidas como angelitos.

Es cuando mejor están, dormidas.

Sé que os habría encantado ver a Fernandito.

Pero me daba miedo traerlo

y que Luis intentase quitármelo otra vez.

Así que lo he dejado en Milán con alguien de confianza.

Lo entendemos. Sé que no es lo mismo,

pero he traído fotografías

para que veáis lo grande que está.

¡Ay! ¡Oh!

¡Pero bueno, está precioso!

Seguro que ya ni se acuerda de mí.

Ay, cómo no, si cada noche le hablo de ti.

Bueno, de ti y de todas vosotras.

Y le cuento anécdotas de cuando Celia y yo compartíamos cuarto,

que tenemos unas cuantas.

Y la insistencia de Elisa por celebrar su puesta

de largo una y otra vez. Lo que costó.

Y también le digo que ojalá cuando crezca

sea tan fuerte como mi hermana Diana,

y tan dulce como mi hermana Blanca,

tan divertida como mi hermana Elisa,

tan listo como mi hermana Celia.

Y tan bueno como mi hermana Adela.

Mirad, sé que estamos lejos, pero os tengo muy presentes.

Una nueva generación de las Silva se abre camino.

Sí. Estoy segura de que padre

estaría muy pero que muy orgulloso.

(RÍEN)

¿Hay alguna novedad sobre Úrsula?

Su orden de búsqueda sigue en vigor.

Pero aún no hemos conseguido ningún resultado.

Y cuanto más tiempo pase será más difícil dar con ella.

Lo sé.

Lo sé, por eso creo que debes hacerte a la idea

de que no la vas a volver a ver nunca.

No. -Gabriel.

No, Velasco. Tú no lo entiendes.

Iba a conseguir el indulto y...

Iba a tener a nuestro hijo y yo iba a comprar una casa

en Asturias para que viviéramos todos alejados de todo esto.

Necesitas tiempo para asumir lo que ha sucedido.

No me puedo creer que todo esto vaya a acabar así,

sin siquiera despedirme de ella,

sin apenas saber de ella, como si hubiera muerto.

¿Y qué vas a hacer?

Lo que sea hasta dar con ella.

Me da igual si tengo que contratar

a un detective privado o lo que sea,

pero voy a dar con ella.

Hay un problema, y es que ella no quiere que la encuentres.

La encontraré, Velasco, me da igual.

Ella está asustada.

Así que la encontraré.

Le haré entender que tenemos que huir juntos.

Pero eso es absurdo. ¿Vas a dejar todo por seguirla?

Es mi mujer, Velasco. -Y yo soy tu amigo.

Mi obligación es hacerte entrar en razón.

¿Qué vida te espera siendo un fugitivo?

Siempre escondiéndote

para no ser encontrado, siempre con miedo.

Por favor, no empieces como mi madre.

Esta vez tu madre tiene razón.

No tiene razón, me mintió.

Puede que se equivocara.

Pero lo hizo con buena intención.

Sólo quiere protegerte.

Venga ya, sólo quiere controlar mi vida.

Siempre que he tomado una decisión

que a ella no le ha gustado

ha maniobrado a su antojo para cambiarlo.

Es tu madre.

Deja de justificarla, Velasco.

Si pusieras tanto empeño en buscar a Úrsula

ya la habrías encontrado.

Creo que será mejor que me vaya

antes de que alguno de los dos

diga algo de lo que podamos arrepentirnos.

Por cierto, una última cosa que quizá te interese.

Sólo me interesa encontrar a Úrsula, Velasco.

Vaya...

Pensaba que querrías saber

que Francisca ha vuelto a la ciudad.

Pero ya veo que me equivoco.

Pues sí, te equivocas.

Anda, y la loza sin fregar.

¡Merceditas!

Bueno, y yo despierta desde el amanecer.

Que ya he ido al mercado,

he hecho el desayuno, los suelos.

Y esta para una cosa que tiene que hacer...

¿Y Merceditas? Pues no lo sé, señora.

Si lo supiera me iba a oír.

Huy, ¿y eso por qué? Nada, cosas nuestras.

¿Qué necesita? Si puedo le ayudaré.

Nada, hablar con ella

y preguntarle por la gente del pueblo.

Pasé allí parte del embarazo y fueron tan buenos conmigo.

Ya, pues el otro día le contaba a doña Diana

que no paran de escuchar su disco.

Sí, porque se han comprado un... ¿gramófono?

¿De verdad? Sí, sí.

¿Y qué tal con Raimundo y con la niña?

Bueno, bien.

Bien. Vamos, como siempre.

¿Y por qué lo dices así?

No, nada, no...

Bueno, porque Merceditas escogió quedarse en el pueblo.

Y ya se sabe que no se puede dejar a un hombre

tan lejos y tan solo, ¿no?

Pero si ellos se quieren mucho. Bueno, por eso lo digo.

No se puede dejar a un hombre tan lejos y tan solo.

Y aquí en Madrid, que hay mucha mujer

muy lejos y muy sola también. Y las cosas pasan.

Eso no será problema. Raimundo irá mucho a verla.

Además, sería incapaz de fijarse en otra mujer.

Tú sabes algo que yo no sé. ¿Yo? No, Dios me libre.

No, la gente que dice, que habla.

¡Ay, Dios mío!

¿Que Raimundo se ha ido con otra mujer?

¿Pero y quién es esa? Esa no sé.

A lo mejor ella no quería

y se ha visto obligada la pobre.

Yo no la conozco, ¿eh?

Pero a lo mejor es buena persona.

No sería tan buena como Merceditas.

O sí.

O bueno, a lo mejor a Raimundo le gusta más.

Si es que los hombres son muy egoístas.

Bueno, y las mujeres, algunas también.

Voy a hablar con Merceditas.

Bueno, yo no le he dicho nada, señora.

Yo las cosas que oigo en el mercado.

A ver, Ciro, que Salvador esté en la cárcel

no significa que tú tengas que descuidar los negocios.

Así que por eso insistes.

Llevas semanas sin mencionar la boda de Rodolfo y Amalia

y ahora quieres que vaya por eso, por negocios.

Es que lo dices como si fuera algo malo.

No, pero si esa es la razón

por la que tengo que asistir prefiero no hacerlo.

Tengo muchas cosas pendientes.

A ver, ¿y qué hay más importante

que conseguir nuevos clientes?

¿Nuestra intención de formar una familia por ejemplo?

Perdona, pero una cosa no excluye a la otra.

Y si no mira a Diana. Ella muchos años ocupándose

de la fábrica y aparte se ocupa de Eugenia y de Elisa.

Ya, pero a Diana no le ha llamado su abogado

diciéndole que tiene que darse prisa

con los trámites de adopción.

¿Eso cuándo ha pasado?

Hace una hora, cuando estabas en casa de tus hermanas.

Las monjas han dicho que o firmamos deprisa

o perdemos a la niña.

Hay otro matrimonio interesado.

Es que es una decisión muy importante.

Ya sabes que un niño es para toda la vida.

Olvídate ya de esas dudas.

Ciro, yo es que he pensado

que nuestro primer hijo tiene que ser un niño,

por lo de perpetuar el apellido.

A mí eso me da igual.

Recuerda el día que fuimos al hospicio

y cómo volvimos de allí. Esa niña nos enamoró.

Y eso tiene que significar algo.

Sí, la verdad que era una monada.

No sé, Ciro, yo...

Si te decides podríamos tener a nuestra hija

para celebrar tu onomástica. Apenas faltan dos días.

Venga, hagámoslo.

¿Lo dices en serio?

Sabía que no me equivocaba en darte otra oportunidad.

(Llaman a la puerta)

Señora, las niñas ya están bañadas.

¿Qué vestido quiere que les ponga?

El rosa para Elisa

y el crudo de volantes para Eugenia.

Se irán con Celia en el coche. Yo me marcho ya.

¿No es un poco pronto para ir a la iglesia?

Quiero pasar antes por el hospital

a visitar a Benito.

(SUSPIRA) ¿Ese muchacho no le ha ocasionado ya

bastantes molestias?

No lo hago por él, sino por Salvador.

Si Benito no despierta no podrá aclararse lo sucedido

y mi marido seguirá en la cárcel.

(SUSPIRA)

¿No hay ninguna novedad en la investigación?

Después me pasaré por la comisaría

para averiguarlo y también para...

No importa.

Señora, si quiere usted reservárselo lo entiendo.

Pero sabe que puede confiar en mí plenamente.

Si guardo silencio no es por falta de confianza,

sino porque me siento muy avergonzada.

¿Avergonzada? ¿Usted?

Sabe que Salvador y yo

no atravesábamos nuestro mejor momento.

Todos los matrimonios pasan crisis.

Yo siempre pensé que don Salvador

acabaría volviendo a la casa.

Pero no volvió.

Y siempre que hablábamos discutíamos.

Pensé que lo nuestro

ya no tendría solución, por eso...

inicié los trámites de nulidad matrimonial.

¡Santo Dios!

Y no sólo eso, también me preocupé

por la propiedad de la fábrica.

Lo cual enfadó mucho a Salvador,

que me acusó de pensar sólo en Tejidos Silva.

Claro. ¿Y qué ocurrió?

Me dijeron que para conservar la propiedad de Tejidos Silva

tendría que ser yo quien iniciase

la nulidad matrimonial.

Y tenía que acusar a Salvador de ser infiel y también de...

malos tratos.

¡Virgen Santa!

¿Hizo usted eso?

Pero me arrepentí enseguida.

¡Oh!

Pero Tristán dice que una vez

puesto en marcha el proceso ya no se puede parar.

Y yo necesito pararlo antes de que Salvador se entere.

Sería un golpe muy duro para él.

Desde luego, señora.

Sobre todo, si se entera por terceras personas.

Ah...

Señora, creo que debe hablar usted cuanto antes con su marido

y contarle cómo fueron las cosas, quizá así pueda entenderlo.

Pero es que no puedo perderle.

Si no consigue usted parar ese proceso...

No, no lo sé, no puedo pensar en eso ahora, no sé.

Cata, ni te imaginas lo que ha pasado.

¿Qué haces aquí? Te hacía en la boda del Sr. Loygorri.

Iba de camino a la iglesia, pero quería contarte esto.

Mi hermana Francisca ya está en Madrid.

Me alegro mucho. Vino antes de lo previsto, ¿no?

Sí. Ojalá pudieras venir conmigo a la boda,

así podría presentártela.

No te preocupes, ya la conoceré en otro momento.

Además, tengo que trabajar.

Tengo entradas para ir al teatro esta noche.

Si te apetece, podríamos ir.

Creo que te gustará más que la anterior.

-¿Y eso cómo lo sabes? -Pues porque es de Galdós,

tu autor favorito. -¿De qué trata la obra?

Pues de una rica heredera que busca a un antiguo empleado

del que está enamorada.

Él vive en los bajos fondos de Madrid

y ella intenta sacarlo de ahí, regenerarlo de algún modo.

-Ah, como tú haces conmigo. -¿Pero qué tontería es esa?

Yo no quiero regenerarte, a mí me gusta tal y como eres.

Voy un momento al almacén a por unos sombreros, ahora vengo.

Luis. Así que el rumor era cierto.

Has vuelto. Sí, pero solo por unos días,

por la fiesta de compromiso de Blanca.

¿Nuestro hijo dónde está?

Luis, tenemos esa conversación pendiente, pero no es el momento

ni el lugar, así que... Espera, debes darme una respuesta.

Está bien. Fernando está en Milán.

No lo traje para evitar situaciones desagradables como esta.

Tengo derecho a verlo, es mi hijo.

¿Y si me lo arrebatas como la última vez?

No permitiré que uses a nuestro hijo para hacerme daño.

No lo permitiré. No te vayas, por favor.

Necesito hablar contigo, concédeme unos minutos.

No puede ser, no tengo tiempo. Entiendo que no quieras hablarme,

pero no soy el hombre que te obligó a huir.

He cambiado. No es la primera vez que oigo eso.

Necesito decirte algo, solo quiero que me escuches.

Y no volverás a verme nunca.

(Se oyen pasos acercándose)

Celia, he pensado que estoy deseando ver la obra.

¿Qué significa esto?

¿Has estado revolviendo en mi bolso?

No me ha hecho falta revolver, estaba a plena vista.

Pero eso no responde a mi pregunta.

¿Qué haces tú con mi fotografía de Aurora?

Te la cogí del cajón el día que te enseñé los bocetos.

Eso lo explica todo:

el peinado, tu repentina afición al teatro...

Celia, deja que te lo explique.

¿Qué posible explicación puede haber?

-Solo intentaba estar a la altura. -¿A su altura?

Pero qué dices, Cata, esto no es una competición.

Solo querías que estuvieras orgullosa de mí.

¿A base de mentirme y de decirme que te gustan cosas

que después te aburren? -Soy una modistilla inculta,

ella era una mujer trabajadora e inteligente,

solo quería parecerme a ella. -¿Peinándote igual?

¿Pero qué clase de absurda idea es esa, Cata?

¿Tú sabes cómo me sentí cuando te vi peinada así?

Lo siento.

No quiero discutir, he de irme a la boda.

Nos vemos en el teatro.

¿Para qué? Si no te gusta.

No, lo entiendo, Celia, pero hablamos mañana al menos.

Yo no sé si hay nada de lo que hablar, Cata.

Por favor, no te enfades, lo siento.

¿En qué momento te he hecho sentirte inferior? Dime.

¿Cuándo? -No, no has sido tú, de verdad.

Soy yo, es mi culpa, es que yo me siento pequeña,

pero tú no has hecho nada, de verdad.

Quizá no debería haber empezado nada de esto.

Celia, ¡Celia, por favor!

Estaba fuera de mí.

Había perdido el control por completo, pero ahora soy otro.

Me encantaría creerte, pero... Es la verdad.

He dejado el láudano y he retomado las riendas de mi vida.

Puedo demostrarlo, puedo... No hace falta, no hace falta.

Si tú lo dices, me alegro mucho por ti.

Te hice una promesa y la he cumplido.

Ahora te toca a ti cumplir con tu parte.

No sé de qué me hablas. Dijiste que,

si volvía a ser el hombre de antes, regresarías conmigo.

Eso fue hace mucho tiempo.

Me costó más tiempo del que hubiera querido,

pero estoy listo para ser un buen marido y un padre.

Empecemos de nuevo. No soy quien te lo prometió.

Yo también he cambiado, soy otra, tengo una vida nueva.

¿Qué será de nuestro hijo? Será feliz si nosotros lo somos.

Yo no voy a poder ser feliz si no os tengo a vosotros.

Sois mi familia. No somos tu trofeo.

El ansia por recuperarte me puede. Lo siento.

Me he esforzado por llegar a este momento.

Me alegra que superaras tu adicción,

pero eso no te convierte en quien fuiste.

El profesor de piano bueno y noble se murió.

¿Cómo estás segura si no me das una oportunidad?

Lo veo en tu mirada, está llena de rencor y resentimiento.

Tú tienes gran parte de la culpa. Si volvieras conmigo...

Volveríamos a hacernos daño, nunca fuimos felices juntos.

La familia que tú anhelas solo está en tu cabeza.

¡Pon un poco de tu parte!

Tranquila, tranquila, no voy a hacerte nada.

¿Cómo puedes estar tan seguro?

Mejor nos despedimos aquí y para siempre.

Si tus intenciones son tan buenas como dices,

te mantendré informado de los avances de Fernando.

Es lo único que puedo ofrecerte.

No se preocupe, todo saldrá bien. ya lo verá.

Lo sé, lo sé, está todo preparado. Y estoy deseando casarme.

Pero estoy muy nervioso, no sé por qué.

La novia está casi lista. Tendrías que verla, está guapísima.

Estoy seguro de ello. Solo falta Cristóbal.

De verdad, ¿dónde se habrá metido?

Alguna intervención quizá lo haya retrasado.

Perdón. Perdón por el retraso.

¿Qué ha pasado? Nada, nada importante.

Por un momento pensé que se retrasaría por mi culpa.

Debemos salir hacia la iglesia antes de que llegue el fotógrafo.

No puedes ver a la novia antes de la boda.

No, pero antes vamos a brindar, que uno no se casa cada día.

Te ayudo. Vale.

Por mis padrinos, los mejores que podría tener.

Por los novios, pronto estaremos en esa situación.

¿Verdad? Sí.

(CARRASPEA) Aviso al cochero. Eh, no, no.

Cristóbal, que todavía hay tiempo.

Conociendo a Amalia, nos hará esperar.

Así que mejor hacerlo cómodamente. ¿Un puro, caballeros?

-Con gusto. -Están en el despacho.

¿Por qué no los coges? Tristán, ¿le acompaña?

Claro. Vamos.

Blanca, Blanca, ¿no crees que va siendo hora

de echarle un poco de valor a esto?

(RÍE) ¿De qué hablas?

Escucha, con Amalia me he dado cuenta de lo que es el amor

y luchar por él, a pesar de todos los obstáculos,

de su origen, de su pasado, de mis prejuicios.

Y yo estoy segura de que vas a ser muy feliz con ella.

Sí, y yo, por eso estoy nervioso, sé que es para toda la vida.

Con el tiempo, me di cuenta de que lo importante es ser feliz,

algo que tú aprendiste hace tiempo y que parece que has olvidado.

No, no lo he olvidado, de hecho, me casaré pronto con Tristán.

Blanca, ¿cuánto tiempo vas a estar engañándote?

¿Cómo? ¿De verdad vas a cometer

el mismo error que cometiste conmigo?

Haga el favor de entrar. Y que sea la última vez

que se presenta en mi negocio montando un escándalo.

La próxima no seré tan comprensiva.

Vendré hasta dar con mi mujer.

O hasta que me diga dónde se encuentra.

-Ni lo sé ni me importa. -La última vez que intentó fugarse

vino aquí, ahora haría igual. Debí haberlo pensado antes,

he sido un idiota. -Mire, en eso le doy la razón.

Y, ahora, por favor, márchese. Le van a oír los clientes.

¿Se cree que me importa? ¡Apártese!

¡Úrsula! -¡Baje la voz!

¡Suélteme! ¡Úrsula! Úrsula, ¿dónde estás?

-¡Que no sé dónde está, se lo juro!

-¡Dígame ahora mismo dónde está! -¡No lo sé!

La primera vez que se ocultó aquí

esperaba que le diera una documentación falsa.

¿Se cree que por tener una casa de tolerancia

soy la reina de los bajos fondos? Esto es un negocio legal.

Y yo no tengo contacto con falsificadores,

ni gente de esa calaña. -Lo siento, pero no la creo.

-Pues no me crea. -Pienso registrar esta casa

de arriba a abajo. -¡Ni lo sueñe!

-¡Suélteme! -No va a molestar a mis clientes

con sus sandeces, ¿me oye? -¿Qué está pasando aquí?

Díganme ahora dónde se encuentra mi mujer.

Si no, iré habitación por habitación hasta dar con ella.

Tranquilícese. Le aseguro, le doy mi palabra

que Úrsula no está en esta casa.

Si quiere esperar a que salgan los clientes, lo comprobará usted.

¿No querrá interrumpirles en plena faena?

-¿Por qué debería confiar en usted? -Bueno, no lo haga.

Confíe en su buen juicio y reflexione.

¿Por qué se iba a esconder dos veces en el mismo sitio?

Esta casa es el último lugar donde vendría.

No pierda más tiempo aquí.

Si quiere encontrarla, búsquela en otro lugar.

Si descubro que me han mentido, volverán a verme. Se lo prometo.

¡Por fin! Estaba a punto de irme.

Lo siento, siento haberte hecho esperar,

pero hoy tenía la boda de Rodolfo Loygorri.

-¿Y qué tienes que ver tú con él? -Eso mismo le dije yo a Elisa.

Pero no he podido escaparme.

Tuve que inventarme una jaqueca para no quedarme al convite.

Ah, ¿te has escabullido para poder hablar conmigo?

Sinceramente, Elisa no te quiere ver ni en pintura.

No podía decirle que te vería para empezar una discusión.

Al menos, no ahora que nos llevamos tan bien.

No hace falta que des tantas explicaciones.

Sé cuál es mi sitio y lo acepto. -No digas eso.

Es la verdad. Ahora solo puedo aspirara a quedarme

con las migajas de tu tiempo. -Bueno, quizá más adelante

Elisa y tú volvéis a ser amigas. Nos veríamos más a menudo.

Sabes que Elisa es muy temperamental,

al final se le acaba pasando. -Pero a mí no.

La paciencia se me agotó. No quiero saber nada de Elisa.

¿Y si necesita tu ayuda?

Ser madre primeriza no es fácil. -¿De qué estás hablando?

Vamos a adoptar a la niña que vimos hace semanas en el orfanato.

-¿Tan rápido? -Cuando uno tiene las cosas claras,

¿para qué esperar?

Claro. ¿Y Elisa qué opina de todo esto?

Está totalmente de acuerdo.

Te recuerdo que la última vez que quería adoptar

era para entretenerte de lo que estaba pasando.

Esta vez no tiene nada que ver.

-¿Por qué estás tan seguro? -Yo le he metido prisa.

Había otro matrimonio interesado y había que tomar una decisión.

Tú la has presionado y ha dicho que sí.

Al principio dudó un poco, ¿quién no lo haría?

Es una decisión muy importante.

Cuando tuvo un minuto para pensarlo,

ha aceptado sin condiciones.

-Eres un iluso. -¿Por qué dices eso?

Ciro, conozco a Elisa mejor que nadie.

Y sé que ahora te ha dicho que sí para tenerte contento.

Pero encontrará una excusa para echarse atrás.

No esperaba eso de ti, utilizar un niño para descargar

tu rabia hacia Elisa. -Solo digo la verdad.

Elisa es capaz de muchas cosas, pero no haría algo así.

Cuando pase, no digas que no te lo advertí.

¿Le dejo la botella? No, no, solo una copa, Antonia.

Hoy es un día especial. Pues claro que es especial.

¿Pero hoy no se casaba su hermano? Ajá.

¿Y qué hace aquí tan solo? Me he tenido que ir antes.

Tengo unos asuntos pendientes que resolver.

Huy, "asuntos pendientes".

¿Pero qué hay más importante que una celebración?

Antonia, no pregunte tanto,

y dígame qué hace aquí en lugar de estar descansando.

Me hizo una promesa. Ay, sí, lo sé, doctor, pero...

Mire, yo estoy en mi casa y se me caen las paredes encima.

Así que he decidido bajar y distraerme un poco.

¿Bajar? Creí que vivía con su hijo.

Dice usted bien, "vivía".

Mi hijo me ha echado de casa.

A mí, a su propia madre, como lo está oyendo.

¿Qué le parece? Y todo porque quise protegerle

y... y no le conté que yo sabía que Úrsula pensaba fugarse.

Tener hijos para eso. Lo siento.

Seguro que Gabriel recapacita cuando se le pase el enfado.

Además, no debe ser fácil lo que está viviendo.

Bueno, ¿y lo que estoy viviendo yo qué? ¿Nadie piensa en mí?

Lo sé, pero usted cálmese, que la conozco.

Nunca deja aparte su maletín de médico, ¿verdad?

Bueno...

Ahora que lo dice, puede que este sea mi último consejo.

Pronto será otro el que se los dé. Ay, no me haga eso.

No quiero que nadie más me atienda. Es mi médico, me salvó la vida.

Ninguno tan guapo como usted. No es eso.

Verá, doña Marie Curie me ha hecho una oferta

y me voy a trabajar con ella. ¿Mari...?

Marie Curie. No sé quién es esa mujer.

Es una científica francesa muy importante.

Le vamos a echar mucho de menos. Y yo a ustedes.

Pero necesito empezar de nuevo.

Y cuanto más lejos de Madrid, mejor.

En ese caso, no se hable más. Le deseo la mejor de las suertes.

Y ya sabe que aquí tiene usted a una muy buena amiga.

Lo sé, Antonia, lo sé. Gracias.

Por cierto, quizá le interese saber que Francisca Silva

ha vuelto a la ciudad. Ah...

Seguro que a sus clientes les gustaría escuchar

a la Bella Margarita. A mis clientes puede,

pero a mi hijo... no sé yo. Ha pasado mucho tiempo de aquello.

Ya, pero debería saber que hay amores que no se olvidan.

Se quedan aquí, enquistados para siempre.

Cierto. Dígame qué le debo. ¡Nada, nada, faltaría más!

Hasta pronto, Antonia.

(Suena música clásica)

¡Gracias por acompañarme! Tenía ganas de ver a las amigas.

Perdona, ¿qué decías? Blanca, ¿dónde estás?

Te has ido muy lejos de aquí. No, estaba pensando

en la boda de Rodolfo, que ha sido preciosa, ¿verdad?

Cualquier enlace donde los novios estén enamorados lo es.

Tú y yo no hemos tenido mucha suerte en eso.

Pues no, la verdad es que no. Prefiero no pensar en ello.

Además, mi vida ha cambiado tanto.

Aunque, al volver aquí, me toca enfrentarme a...

a ciertas cosas, como esta mañana. ¿Por qué? ¿qué ha pasado?

He visto a Luis al salir de casa. ¿Y te ha hecho algo?

No, no, no, no se ha atrevido, pero yo me he asustado.

Es una persona despreciable. Pues a mí me da... me da pena.

¿Cómo puedes decir eso con todo lo que te ha hecho?

Yo le he empujado a ser quien es.

Se casó conmigo sabiendo que no le quería.

Pensaba que me enamoraría, pero eso no fue así.

Hemos pagado un precio muy alto pensando que seríamos felices

en un matrimonio sin amor. Pues sí.

Por fortuna, eso no le va a pasar ni a Rodolfo ni a Amalia.

Sí. Me alegro que Rodolfo haya encauzado su vida

después del error que cometimos. Pero no pensemos en el pasado.

Rodolfo empezó su vida y tú lo harás junto a Tristán,

que está enamorado de ti. Sí que lo está.

Sí. No todo el mundo reniega a su fe por amor.

Parece el argumento de una de mis ópera:

"Tristán y Blanca". (RÍE)

Espero que esta historia sí que termine bien.

Terminará.

¡Ay!

Pensé que no vendrías.

Que estarías en la boda de Rodolfo.

Mis hermanas han ido,

pero yo no he podido. No tenía ánimos.

-¿Alguna novedad sobre Benito? -Sigue inconsciente.

Lo siento.

Pero, Salvador,

hay algo que deberías saber.

No. No más malas noticias. No, por favor.

No es sobre el caso. Es sobre nosotros.

Yo también quería decirte algo.

De hecho, debí habértelo dicho antes,

o, mejor dicho, hace tiempo. -¿Qué?

Sé lo mucho que estás luchando por mí.

Ya desconfié una vez y nunca más.

¿Sabes?

La boda de Rodolfo me ha hecho pensar en la nuestra.

En lo preciosa que estabas.

A pesar de que fue tan precipitada.

Diana, yo nunca me he arrepentido.

Estaba tan enamorado... -¿Estabas?

Estoy.

Sigo enamorado de ti como el primer día.

Salvador, hemos atravesado momentos muy difíciles

en nuestro matrimonio. Este es uno. -Lo sé.

Y siempre los hemos superado.

Y aunque, en algún momento, yo haya dudado,

tú siempre has estado ahí.

Por eso, te lo agradezco. -No, no.

No me des las gracias. Quiero que sepas...

Déjame continuar, por favor.

Pensé que ya no estabas a mi lado y por eso me fui de casa.

Ha sido la mayor estupidez que he cometido en mi vida.

Eso no te lo voy a discutir.

Lo sé.

¿Y sabes por qué?

Porque si has sufrido una mínima parte

de lo que he sufrido yo estando separado de ti y de las niñas,

debo haberte causado mucho dolor.

Pero eso es pasado. No importa.

No.

Estoy encerrado en la cárcel

y se me comen los demonios pensando

que podría haber aprovechado ese tiempo contigo

y con nuestras pequeñas.

Y todo por una tontería.

Actuaste de manera precipitada. Yo también lo hago a veces.

Todos cometemos errores y yo te he dicho cosas horribles,

Salvador, y quiero que... -Olvídalo.

Olvídalo, por favor.

Solo quiero que Benito despierte y cuente la verdad.

Cuando eso suceda,

voy a hacer lo imposible para que me vuelvas a querer.

¿Entendido?

Y no hay nada más de qué hablar.

-Salvador, yo he... -Antes has dicho

que me querías comentar algo.

¿Qué?

Que siempre te voy a querer.

Federico, ¿tienes un momento?

Por supuesto. Tu hermana Diana está abajo visitando a Salvador.

No. No he venido a hablar

sobre el caso de mi cuñado, sino sobre Cata.

¿Qué ocurre?

-Ha desaparecido. -¿Cómo que ha desaparecido?

Después de la boda de Rodolfo, he ido a la tienda

para pedirle disculpas por una discusión terrible

que hemos tenido esta mañana.

Pero cuando llegué, estaba cerrada.

Bueno, quizás, ha cerrado antes para hacer algún recado.

Me acerqué a la casa de huéspedes de Cata

y me han dicho que lo ha pagado todo y que se ha marchado.

¿Y no ha dejado dicho adónde iba?

He hablado con todo el mundo y nadie sabe nada.

Tienes que ayudarme. -Cálmate.

Creo que estás alarmándote de forma innecesaria.

¿Innecesaria? ¿No has oído lo que te acabo de decir?

No sabemos qué ha pasado.

Quizás, ha decidido cambiar de pensión

o está haciendo un viaje inesperado.

Yo creo que pronto tendrás noticias suyas.

Después de la discusión que hemos tenido,

no me extrañaría que quisiera alejarse de mí.

Pero no lo dejaría todo así como así.

¿Tan fuerte ha sido esa discusión?

Encontré una foto de Aurora en su bolso.

Y le dije cosas terribles.

Pero no estoy orgullosa de mi reacción

y, por eso, he ido a pedirle disculpas.

Por favor, Federico, ayúdame a encontrarla.

Es una desaparición voluntaria. La policía no puede intervenir.

-Por favor. -Y aunque hiciera la vista gorda,

aún no ha pasado el tiempo suficiente

como para una orden de búsqueda. -¿Y qué hago?

¿Esperar?

Federico, yo no puedo perder a la mujer que quiero.

No otra vez. -Cálmate.

La vamos a encontrar. Vamos a dar un paseo.

-No me apetece. Gracias. -Te vendrá bien tomar el aire.

Y, además, podemos ir a los sitios que suele frecuentar Cata.

No puedo hacer nada oficialmente,

pero nadie me prohíbe acompañar a una amiga.

Raimundo, acaba de recoger tú.

Me voy para casa, que estoy cansada.

-¿Quiere que le acompañe? -No. No hace falta.

Ah. Acuérdate de encolar la silla que te he dejado en la alacena.

Y cóbrale la cuenta al amigo, que a este hombre no se le fía más.

Tiene un morro. Y luego, lo que tienes que hacer...

Fregar todo antes de cerrar. Sí. -Eso. Muy bien.

Pues hala.

¿Qué haces? ¿Qué haces, Raimundo? -Que la quiero mucho,

aunque no se note. -Anda. No seas zalamero,

si nos vamos a ver mañana. -Por si acaso.

Mira. Puede que me veas un poco débil,

pero ya te digo yo que no tengo ninguna intención de morirme.

-Y por muchos años, doña Antonia. -Bien.

Sé que lo está usted pasando mal con su hijo ahora,

pero yo solo quería animarla.

Y decirle que le estoy muy agradecido

por haberme dado el trabajo, por haber confiado en mí.

La verdad es que me costó meterte en vereda.

¿Pero ves? Al final, parece que ha merecido la pena.

Ya verá cómo con su hijo las cosas se solucionan.

No se rinda. -Vaya cuento tienes tú.

Tú, a lo tuyo. Ponte a trabajar, que es lo que tienes que hacer.

De mis problemas, me ocupo yo.

Con Dios.

Eh.

Llegas muy pronto. Tengo que encolar una silla,

limpiar, pero... -Espera, espera.

Espera, Raimundo, que tenemos que hablar.

-¿Y tu maleta? -No la he traído.

¿Cómo que no? ¿No me digas que la olvidaste

y tenemos que ir a buscarla? ¿Dónde la tienes?

A ver cómo te digo esto.

Bueno, mira, diciéndotelo. Que no me voy a ir contigo.

Que no puedo. Que no está bien.

¿Cómo vienes con estas? Has insistido

todo el tiempo: "Elige". Ya está.

He elegido y te he elegido a ti.

Esta mañana hablé con doña Francisca

y por más que intentaba justificarme...

¿Se lo contaste? -No podemos hacerlo,

ni por nosotros, ni por tu mujer. Si nos fugamos,

le destrozaremos la vida. -¿Y la nuestra?

Doña Francisca se pasó

el embarazo con Merceditas, por eso la defiende.

La defiende porque es buena persona.

Yo no lo sería si me voy contigo. Sería... como tú.

-¿Y yo cómo soy? -Irresponsable y un cafre.

¿Un cafre? Muchas gracias por lo de cafre.

Tú, que has estado insistiendo en que nos fugáramos.

Lo hago por ti. -Pues me equivoqué.

Y tú también. Si tienes una mujer y una hija.

¿Sabes qué decía el cura de mi pueblo?

El matrimonio es para toda la vida.

¿Ahora les haces caso a todos?

A doña Francisca, al cura, al que se te ponga por delante.

Más vale tarde que nunca.

Si me voy, me arrepentiré siempre.

Me sentiré culpable y no podré dormir

y no quiero eso para mí.

Yo vine a Madrid a prosperar.

Y no a salir corriendo como una ladrona.

-¿Y yo? -Pues tú tienes que volver

al lado de tu mujer y de tu hija. Donde tienes que estar.

Y yo... ya echaré cuentas con este.

A ver si nos perdona.

Padre, ¿qué ocurre? ¿Por qué ha llegado tan tarde? Pase.

Disculpa que haya venido a estas horas. Gracias.

Es que necesitaba confirmar una noticia.

¿Es verdad que Francisca ha vuelto?

Sí. Llegó ayer a última hora de la tarde.

Quería estar presente en el compromiso de Blanca.

-Claro. -¿Hay algún problema?

No. Ninguno. Al contrario.

Me alegra que haya vuelto.

Y ahora que todas tus hermanas están juntas,

me gustaría hablar con ellas para arreglar las cosas.

¿Cómo?

Creo que nuestra enemistad ha ido demasiado lejos

y que ya es hora de que esta familia

vuelva a estar unida. -Padre, yo no sé

si ellas van a opinar lo mismo.

Le guardan mucho rencor. -Lo sé, lo sé.

Por eso, me gustaría que hablases con ella e intercedas por mí.

¿Crees que me recibirían mañana? -¿Mañana?

¿No le parece demasiado precipitado?

No quiero perder más tiempo. A veces, creemos

que tenemos todo el tiempo del mundo y no es así.

Padre, es que no entiendo nada.

¿No estará intentando utilizarme para hacerle

una encerrona a mis hermanas?

Te juro por la memoria de tu madre que no es así.

-¿Y por qué ahora? -Bueno...

Últimamente, he estado pensando en mi vida.

Y no me siento muy orgulloso

de cómo me he portado con tus hermanas.

Por eso, quiero arreglar las cosas, antes de que sea demasiado tarde.

Está bien.

Entonces, ¿me ayudarás?

Sí.

Pero... yo también tengo que pedirle algo.

-Cómo eres. -Necesito que vaya a hablar

con las monjas del hospicio. Tiene que darles una donación.

Me parece buena idea. Eso agilizará los trámites.

Precisamente, lo que quiero,

es lo contrario. -¿Cómo?

Quiero que les pida que nos rechacen como aptos

para la adopción. -Pensaba que te hacía ilusión.

-Pues no tanta. -Elisa, formar una familia,

no es tan malo

y te hará tener nuevas responsabilidades.

Padre, yo todavía no estoy preparada.

Soy muy joven. Quiero vivir la vida.

Usted me entiende.

Y qué remedio.

-¿Lo hará por mí? -Pues claro que sí.

Ay, padre.

No traes muy buen aspecto. ¿Dónde has estado?

-Por ahí. -No parece un sitio muy concreto.

No sabía que tuviera que darte tantas explicaciones.

¿Algún problema por llegar tarde?

Yo también habría intentado desaparecer,

tras la humillación a la que te has sometido Francisca.

-¿Cómo sabes...? -Os he visto.

¿Cómo has podido dejar que esa mujer

te pisotee de esa manera?

¿Es que no has aprendido nada

en este tiempo? -Cállate.

¿O si no, qué? ¿Me vas a poner en mi sitio

como has hecho con Francisca esta mañana?

No estoy de humor, Marina.

Si tuvieras una pizca de orgullo, harías algo.

Pero como no sabes ni lo que es,

tendré que sacarte yo misma las castañas del fuego,

como siempre. -¿Qué pretendes?

Buscarla y decirle lo que tú no le has dicho.

No irás a ninguna parte. -¿Quién me lo impedirá? ¿Tú?

Eso sí que tiene gracia.

-No permitiré que le hagas daño. -¿Todavía la quieres?

Todavía la quieres.

Pobre Luis. Eres tan débil.

No me extraña que esa mujer haya hecho contigo lo que ha querido.

Que te fuera infiel, que te engañara,

que se llevase a tu hijo. -Cállate.

La vida se ceba con los débiles.

Cállate. ¿Qué sabrás tú?

Cuando he visto a Francisca... -¿Qué?

¿Has oído música?

He visto cómo me miraba.

Me he visto reflejado en sus ojos.

No me gusta lo que he visto. No me gusta la persona que soy.

Normal. A nadie le gusta ser un pelele.

Se acabó. Me voy de esta casa, Marina.

Estás llena de odio. No quiero saber nada más de ti.

¿Te vas?

Te recuerdo que no fui yo quien disparó a Benito.

¿Qué quieres decir con eso?

¿Me estás amenazando, Marina?

Fuiste tú la que me obligó a hacerlo.

Has sido tú la que me ha convertido en un monstruo.

No permitiré que me sigas arrastrando por el fango.

Tú siempre estarás en el fango.

No eres nadie sin una mujer que te diga qué hacer.

¡Cállate! ¿Cómo te tengo que decir que te calles?

Quiero que desaparezcas de mi vida.

Antes, tendrás que matarme.

Pero no creo que seas capaz.

Vamos.

¿Vas a decirme ahora qué es lo que te pasa?

Es que no estoy segura del paso que voy a dar.

No lo hagas. Las fiestas de compromiso

solo son una costumbre. En ningún sitio está escrito

que haya que celebrar una fiesta de compromiso.

No me refiero a eso. No estoy segura de casarme.

¿Cómo?

(Teléfono) ¿Sí?

Sí. Soy yo. Estábamos esperando su llamada.

¿Cómo? Pero si nos dijeron que ya estaba todo preparado.

Gracias. Buenos días.

Las monjas han rechazado nuestra solicitud.

-¿Pero cómo puede ser? -No sé.

Vengo de la Villa de París y está cerrado.

-Sí. -Y ayer por la tarde,

tampoco abrieron. ¿Sucede algo? -Para una vez que tengo

una dependienta en condiciones, decide marcharse

de la noche a la mañana. ¿Qué le parece?

Pero alguna razón le habrá dado.

Últimamente, se pasaba mucho por allí la indeseable de Marina.

¿Marina?

Por un lado, quiero saber qué sucedió.

Por otro, tengo miedo de descubrir que es Elisa

quien está detrás. -Tienes que averiguar

cómo es la mujer con la que vives y enfrentarte a lo que descubras.

Tienes razón. Y eso es lo que haré.

Estoy segura de que Marina está detrás de la desaparición de Cata.

Ten paciencia. Pronto lo sabremos.

¿Paciencia? ¿Y esperar a que le haga daño?

Estoy terminando este informe.

Ramírez, entrega este informe al capitán Hernández. Y rápido.

Acompáñame a casa de Marina. Si voy sola, no servirá.

De momento, no podemos ir a ninguna parte.

Merceditas ha estado aquí a la hora de comer.

Se ve que ha sido todo cosa de Francisca,

que está empeñada en que Merceditas y Raimundo arreglen lo suyo.

-¿Y a mí qué me cuentas? -Cállate.

Se metieron en el camerino y como tardaban tanto,

me acerqué a pegar la oreja, a ver qué pasaba.

Me quedé helada con lo que oí.

¿Ya ha llegado tu familia? Claro.

Ya que vienen a la fiesta,

han querido aprovechar para quedarse unos días.

Espera que te cuente la agenda social

que nos ha preparado mi familia para esta tarde.

Entonces, ¿los conoceré a todos hoy?

Quieren que aprovechemos desde el primero momento

sus muchos contactos. Me han pasado una lista de gente

que creen que deberíamos invitar a la fiesta de compromiso.

Y tú qué calladita estás.

Me he enterado que Raimundo sigue mintiéndole a Merceditas.

¡Ay, por Dios! ¿Este folletín no se acabará nunca?

Le hace creer cosas que no son verdad.

¿Qué hago? ¿Se lo digo o no?

Mi mujer debe estar a miles de kilómetros de distancia

y es muy probable que nunca más vuelva a saber de ella.

Es curioso, ¿verdad? Todas las mujeres de mi vida

acaban lejos de mí.

No. No. Todas no.

Durante la noche, dio señales de mejoría.

Esta mañana, una enfermera lo encontró despierto.

No tardó en perder el conocimiento. ¿Llegó a decir algo?

¿Benito?

Benito. Benito, ¿quién te disparó?

Espere. Inspector, será mejor dejarlo tranquilo

hasta que se reponga. Si su paciente pierde

el conocimiento otra vez y no vuelve a despertar,

un inocente puede acabar muerto.

Antes, dejemos que Elisa nos cuente lo que quería decirnos.

Esperemos por Celia, ¿no? Ya he hablado con ella.

Está muy ocupada ayudando a buscar a su amiga de la tienda,

pero le he contado el motivo de la reunión

y está conforme. -¿Conforme con qué?

Mi padre quiere reunirse con vosotras.

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  • Capítulo 456

Seis Hermanas - Capítulo 456

06 mar 2017

Celia sorprende a todas con el regreso de Francisca. Blanca tiene dudas mientras Cristóbal prepara su marcha a París. Marina se aprovecha de la inseguridad de Cata. Diana teme que Salvador descubra que pidió la nulidad. Ciro presiona a Elisa para que se decidan a adoptar.

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  1. Carmen

    Los últimos capítulos no tienen subtítulos. Para nosotros es muy importante. Por favor si es posible pueden añadirlos? Gracias!

    09 mar 2017
  2. Berta

    Capitulo 456: Será cierto? finalmente Marina "desaparece" de este mundo ? ¡¡ OJALÄ !! se concrete, es la maldad personificada, pero estos guionistas con sus idas y venidas en el argumento vaya a saber que combinan.......................

    07 mar 2017
  3. Elenita

    Creo que ahora sí ya está a punto de acabar. Lo mejor de hoy fue la muerte de Marina. Qué tipeja. Siempre se sale con la de ella.

    07 mar 2017
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