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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 455 - ver ahora
Transcripción completa

Me ha dejado una carta

para decirme que ha perdido al niño.

Y que, consciente de las consecuencias, ha...

ha decidido marcharse.

Yo no quiero volver a ser un marido aburrido y ausente.

Quiero estar contigo y quiero cuidarte.

Me siento una segundona.

Estoy segura de que, si Aurora siguiera viva,

Celia jamás habría reparado en mi existencia.

Si lo que quiere es parecerse a Aurora,

yo puedo ayudarla.

Mi matrimonio es una promesa que se hace tediosa

en lo bueno y en lo malo,

y no puedes tirar la toalla en cuanto aparece un problema.

Lo siento.

-¿Qué es esto? -La citación judicial

para el reconocimiento médico en dos días.

Si no acude, sabrán que ha huido.

Me gustaría que me acompañaras al altar.

¿Quién? ¿Yo? ¿O sea, que yo sea vuestra madrina de boda?

¿Pero, y tu hermano?

Pues, mira, mi hermano va a ser el padrino.

Tu pasado ha sido tumultuoso y mi familia te acepta,

pero no les hagas sentir que su decisión ha sido errónea.

Y todo por participar en algo tan inapropiado.

Le traigo esto, doña Diana, son las pertenencias de Benito.

No sé, quizá les podría ayudar con algo.

Muchísimas gracias, seguro que resulta de gran ayuda.

Si de verdad quiere que Gabriel vuelva a ser el de antes,

tenemos que mantener el secreto

y no decirle nada del paradero de esa mujer.

Es la dirección de la antigua casa de Blanca.

¿Y por qué iba a tener Benito la dirección de Blanca?

Se la vendió a Marina.

Cristóbal, escúchame, es ahora o... nunca.

Siempre te quejabas de los modos que utilizaba madre.

No hagas lo mismo que ella.

Sé que estáis organizando toda esta trama

para hundir a Salvador. -¿Nosotros? ¿Qué tontería es esa?

Nos guardáis rencor a las Silva desde hace mucho tiempo.

Antes de toparme con las Silva, yo era alguien,

tenía un futuro, un gran futuro como músico.

Pero vosotras me destruisteis. -¿Eso crees?

Reflexiona y te darás cuenta de que no fuimos nosotras

quienes te han convertido en quien eres ahora.

(Sintonía)

¡Salvador!

Lo lamento, pero no tenemos mucho tiempo.

-¿Has averiguado algo? -Sí.

Nuestras sospechas eran ciertas.

Luis y Marina están detrás de tu encarcelamiento.

-¿Está usted segura de eso? -Anoche estuve en casa de Marina.

Les mostré la caja con las pertenencias de Benito,

tenía que haber visto sus caras.

Marina me echó de malas maneras.

Sabía que todo esto era una trampa.

Lo lamento mucho, doña Diana,

pero lo que usted me cuenta no prueba nada.

Además, ¿qué interés podrían tener en perjudicar tanto a Salvador?

-El daño me lo quieren hacer a mí. -Quieren acabar con las Silva.

Lo intentaron cuando quisieron arrebatarnos

al hijo de Francisca para darlo en adopción.

Marina es una mala persona, es capaz de cualquier cosa.

Sí, y manipulará a Luis a su antojo.

Él no es mejor que ella, habrá justicia.

Esta vez sí. -Sí, sí, eso espero.

Está de acuerdo, ¿no, inspector?

Necesitamos pruebas más concluyentes.

Lo que ustedes me cuentan no basta.

Me dan un móvil, sí, pero sin pruebas no sirve de nada.

Yo conseguiré esas pruebas.

Sí, inspector, tiene que darme más tiempo.

Es él quien tiene que investigar, no tú.

Prométame que va a indagar.

Yo tengo superiores a los que rendir cuentas.

No entenderán por qué quiero seguir

otra línea de investigación en un caso evidente.

-¿Dice que estoy condenado? -El testimonio de un testigo

sería una prueba concluyente. Si Benito despertara,

es el único que nos puede decir qué pasó.

-Dígame que Benito está mejorando. -Sigue igual.

No da muestras de despertar. -Pero quizá despierte, puede ser.

Lo lamento mucho, pero es hora de volver a la celda.

Ya.

Salvador, aguanta.

Buenos días. Buenos días.

¿Quieres que demos un paseo? Como quieras.

¿Cuándo llega Francisca? Mañana, ¿no?

Tengo muchas ganas de conocerla.

Le he hablado mucho a mi familia de ella,

bueno, y de todas vosotras.

Y mi padre la conocía, conocía su nombre

porque es un gran amante de la ópera.

Tristán, he estado pensando en lo que hablamos ayer.

Ayer hablamos de muchas cosas.

Me sentiría incómoda si les dijera que no ahora.

¿A Rodolfo y a Amalia? Sí.

Mira, ya sé que es muy extraño que yo sea la madrina de su boda.

Pero, no sé, al serlo cerraría mi historia con él.

Pensaba que ya estaba cerrada. Mira, entiéndeme,

sería como cerrar un capítulo y empezar uno nuevo

en el que Rodolfo y Amalia serían mis amigos.

Si tan amigos son, entenderán que te niegues, ¿no?

Es que no quiero negarme. Lo he pensado bien,

me apetece ir a esa boda y ser la madrina. Me ilusiona.

¿Ser la madrina de tu antiguo marido?

¿Pero eso dónde se ha visto?

¿Pero qué es lo que te parece tan mal?

Mira, lo siento, pero no quiero disgustar a Rodolfo ni a Amalia.

¿Y a mí sí? No te importa disgustarme a mí, ¿no?

Tristán, no se trata de eso, ya me he comprometido.

Sería de mal gusto decirles que no, la boda es mañana.

¡No tienen tiempo de buscar a otra! ¿Sabes qué sería de mal gusto?

Que seas su madrina es de mal gusto.

No entiendo que te pongas así. Tendrías que respetar mi decisión.

No la respeto. Te prohíbo que vayas a esa boda, ¿entendido?

-Raimundo. -¿Pero qué haces ahora aquí?

Deberías estar en casa Silva. -Vengo porque no puedo más.

-¿Qué te pasa? -¿Que qué me pasa?

¡Merceditas me pasa! -¿Y ahora por qué?

¿Por qué? Está todo el día hablándome por encima del hombro,

soltándome perlas. -No le hagas caso.

¿Que no le haga caso? Eso parece fácil.

Dice que vivo equivocada si creo que estás enamorado de mí.

Una cosa es lo que diga, otra la realidad.

-¿Y cuál es la realidad? -¿No lo sabes?

¡No lo sé, no sé a quién quieres, ya no lo sé!

A ti, te quiero a ti.

No hay mujer a la que yo ame más, a la que desee más

y a la que quiera... -Sí, más, tanto más, tanto más.

¡Me da escalofríos! Estoy harta de palabras vacías.

¿Desde cuándo un "te quiero" son palabras vacías?

Hechos, necesito hechos.

Elpidia, tengo que ahorrar, cuando ahorre, nos vamos de aquí.

Pero, mientras, oye, a mí me duele más que a ti,

pero tenemos que esperar. -¿Sabes?

Empiezo a pensar que Rosalía tiene razón.

Miedo me da lo que pueda decir de mí.

No entiende cómo dos mujeres se pelean por un hombre como tú.

Ah, vaya, muchas gracias.

Esto solo tiene una solución.

Vámonos. -¿Pero tú estás loca?

No, es la única salida posible. -¿Pero te...?

¡Que no tengo dinero! Merceditas nos pillaría.

Nos vamos esta noche y ya está.× -¿Adónde?

-¡Lejos! -¡No tengo ni para lejos ni cerca!

¡Raimundo! Si me quieres, lo harás.

¿Cómo voy a dejar plantada a Merceditas sin decir nada?

¿Quieres avisar a tu mujer de que te fugas con tu amante?

Es la madre de mi hija.

Estoy muy cansada, Raimundo.

Decídete.

Al menos, dame una razón, ayúdame a entenderte.

No me parece acertado, ¿cuándo se ha visto algo así?

¿Por qué tienes tantas ganas de ir a esa boda?

Tú sabes mejor que nadie lo mucho que ha evolucionado

mi relación con Amalia. ¿Y solo por eso?

No, y también por Rodolfo, nuestra relación ha cambiado mucho.

No me digas. Pues sí, ahora nos llevamos

mejor que nunca, mejor que cuando estábamos casados.

No me digas que estás celoso de él. ¿Pero qué dices?

Es que no tienes ningún motivo para estarlo.

No quiero seguir hablando de esto.

Yo sí quiero seguir hablando de esto.

Esta es la persona con la que me voy a casar.

Yo te tenía por alguien educado, amable y gentil.

¿Sonrío mientras veo que te da igual lo que piense?

¿Sabes qué? Será mejor que no demos ningún paseo.

40 pulsaciones.

Vamos, Benito.

Soy el hombre más feliz del mundo, para qué te voy a decir otra cosa.

Como para no estarlo, mañana me caso con ella.

No sabes cuánto me alegro por ti.

Nunca he estado tan enamorado de alguien.

Me ha cambiado, soy otro.

No sabes cuánto me gustaría poder estar ahí, en tu boda.

Compartir tu felicidad, pero no creo que eso sea posible.

Yo ahora intentaba felicitarte y alegrarme,

pero otra vez vuelvo a quejarme. Lo siento, Rodolfo.

No, tienes todo el derecho del mundo a quejarte, ¿eh?

¿Sabes? Ahora que es cuando más necesito a Diana,

es cuando más separados estamos.

Bueno, pero ella está viniendo a verte, ¿no?

Sí, pero hacía unas semanas que... que estábamos mal,

yo ya vivía fuera de casa e, incluso,

pedimos la nulidad matrimonial. -Está luchado para sacarte de aquí.

-Por compasión, Rodolfo. -No, se está dejando la piel,

Salvador, ella confía en ti, confía en tu inocencia.

¿La única ventaja de estar aquí sabes cuál es?

Que te da mucho tiempo para pensar.

Y no sabes cuánto me arrepiento de haberme ido de casa.

Es que tienes que hablar con ella, ¿eh?

Aún estáis a tiempo de reconciliaros.

-¿Ahora para qué? -Para que sepa que aún la quieres.

¿Te parece poco?

Me gustaría quedarme más tiempo,

pero tengo cosas que hacer en la fábrica.

El ánimo arriba, ¿estamos?

¡Arriba! -Arriba.

-¿Eh? -Ajá.

Llévelo a traumatología, después pasaré yo a buscarlo.

Gracias.

¿Marina? Cristóbal.

¿Qué estás haciendo aquí? Acabo de llegar.

Solo quería saber cómo se encuentra Benito.

¿Cómo se encuentra Benito? ¿De qué conoces a Benito?

Le acogí en mi casa después de que tuviera

un desencuentro con Diana Silva.

El pobre no tenía dónde ir, estaba desamparado, sin dinero.

Entiendo. Lamentablemente, las visitas son para familiares.

Cristóbal, este muchacho está solo en la vida.

No puedes estar aquí, Marina.

Si se despierta, le gustará tener a alguien que le reconforte.

Escúchame, está inconsciente.

Su estado es muy delicado, es mejor no molestarlo, ¿entiendes?

¿Tan grave está? El pronóstico es reservado.

Hay una investigación criminal en curso,

de ahí que solo puedan venir a verlo los familiares.

He visto que el tiro le ha entrado por el costado,

le habrá dañado el pulmón, imagino. Está en observación,

aún desconocemos la causa de los daños.

Qué mala fortuna la de este muchacho.

No sé por qué, la desgracia se ceba con los más débiles.

Tengo muchas cosas que hacer, no puedo perder el tiempo.

Te rogaría que te vayas.

¿Charlar conmigo es una pérdida de tiempo?

Quiero decir que no damos abasto, por eso tengo mucho que hacer.

Quizás el hospital debería contratar a más enfermeras

para ayudaros. O a más médicos.

¿Andáis faltos de personal? Más o menos.

Y, en breve, todavía más. Yo me marcho.

¿Te marchas? ¿Adónde? Dejo el hospital.

Y el país.

¿No te irás a la Guerra?

Me voy a París a trabajar con Madame Curie.

Todas las horas empleadas en el estudio del radio

van a servir de algo.

Pues qué envidia me das.

He oído hablar de ese proyecto de la Sra. Curie,

parece muy interesante. Daría lo que fuera por ir contigo.

No perdamos más el tiempo.

Ni siquiera ejerces como enfermera.

Ya, pero lo echo mucho de menos.

Me gustaba mucho mi trabajo y, además, era muy buena.

Pero la vida, a veces, se tuerce. O la torcemos nosotros.

Espero que en Francia sepan valorarte, Cristóbal,

España es un país que no reconoce a sus talentos.

Te deseo lo mejor. Adiós.

Marina.

Espere aquí, por favor. -Gracias, muy amable.

¿Le puedo ofrecer algo de beber?

Un café, por favor. ¿Sabe si Celia tardará mucho?

La señorita salió a hacer unos recados

y no sé si tardará o no. ¿Prefiere usted dejarle un mensaje?

No, no, la esperaré, no me importa.

He traído un libro, leeré mientras tanto.

Enseguida le sirvo el café. Siéntese.

Gracias.

(LEE) Para Celia, mi compañera, mi amor. Aurora.

(LEE) Aurora estaba bellísima.

(LEE) Aurora estaba bellísima,

no había nada de especial en su aspecto y, sin embargo,

ella tenía esa habilidad, me conmovía sin proponérselo.

A veces, la belleza te golpea, te sacude y ahí estaba yo.

Sentía cómo toda la sangre subía a mi corazón

y las pulsaciones, al pronto aceleradas,

no me dejaban respirar.

Me parecía un sueño estar allí en un momento tan íntimo.

Todavía no me puedo creer que estés aquí.

Pues aquí estoy.

Me voy a asegurar. (RÍE) Pareces tan real.

(RÍE) Tus hermanas han sido tan amables.

Han sido muy cariñosas dejándome pasar estos días.

-Te dije que lo harían. -¿No sospecharon nada?

Para ellas eres una amiga en apuros que necesita ayuda, nada más.

¿Por qué no te vistes y bajamos a desayunar, eh?

Vamos a aprovechar este rato.

Después tengo que ir a la fábrica a entregar

una hucha de cuestación y no te veré en toda la tarde.

Celia, alguien puede vernos.

Lo sé. Aquí hay que ser discretas.

En esta casa, solo soy tu amiga, nada más.

-Que sí. Lo sé. -¿Sí?

¡Celia! -No lo he podido evitar.

Pues evítalo.

(LEE MENTALMENTE) Y su sonrisa.

Su belleza y su sonrisa, me desarmaban,

me decían: "Acércate a mí. Bésame".

En ese momento, entró la criada.

A las dos se nos heló la sangre.

Bueno. Pues aquí está su café.

¿Dónde quiere que se lo sirva?

No se moleste, por favor. Ya le he robado tiempo.

Me lo serviré yo misma. -No es ninguna molestia.

Para eso estamos el servicio.

De verdad, no me importa. Yo nunca he tenido servicio.

Aquí lo tiene.

Si necesita algo, no dude en decírmelo. Se lo ruego.

Gracias, doña Rosalía.

Ay, Gabriel, hijo. ¿Dónde estabas?

Estaba preocupada. No he pegado ojo, angustiada,

pensando en dónde habrías pasado la noche.

He estado recorriendo la ciudad, buscando a Úrsula.

¿Pero por qué te torturas así, hijo?

Porque no es normal que haya desaparecido

de la noche a la mañana, sin dejar rastro.

Anda. Deja eso. Vamos a la cocina, que te he preparado algo de comer.

-No tengo hambre. -Seguro que no has comido

desde ayer. -Estoy bien, de verdad.

Déjeme tranquilo.

Mira, Gabriel.

Úrsula se ha ido. Asúmelo de una vez.

Ya.

¿Y si no quiero asumirlo?

Ahora no lo ves. Pero con el tiempo,

te darás cuenta de que es lo mejor.

Así Úrsula tiene una posibilidad y tú puedes volver a empezar.

¿Por qué todos se empeñan en lo mismo?

Todos quieren que olvide a Úrsula. Usted, Velasco.

Pues porque queremos lo mejor para ti.

Entonces, ayúdenme a encontrarla.

Quien no quiere ser encontrado...

Estoy dispuesto a gastarme

hasta la última peseta que tengo, con tal de hacerlo.

Mira. Úrsula ya no está en este país.

-Eso no lo sabemos. -Yo sí lo sé.

Me lo dijo ella.

Encontré una dirección entre los objetos personales

que Benito había dejado en la casa de huéspedes.

Eran las señas de la casa de Marina.

Creo que se instaló con ellos. Sí, sí. Así es.

Marina me lo ha confirmado

esta misma mañana. ¿La has vito?

En la habitación de Benito. Me sorprendió verla allí,

pero me dijo que lo conocía y que lo había acogido en su casa.

Creo que fueron ellos, Marina y Luis,

quienes intentaron matarle. ¿A Benito?

¿Pero por qué? ¿Qué ganan con eso? Inculpar a Salvador.

Para hacerte daño a ti y a tus hermanas.

Un plan retorcido, qué duda cabe.

¿Piensas que Marina no es capaz de hacer algo así?

Es capaz de eso y mucho más.

Temo que haya ido a ver a Benito para acabar lo que empezó.

Para matarlo.

Si Benito despierta, podría incriminarla.

En caso de que haya sido ella quien le haya atacado.

No tenemos pruebas. Sé que las sospechas

son solo uno, pero no podemos permitir

que Marina haga algo irremediable.

Siempre que Marina viene por aquí,

algo turbio hay detrás. Tenemos que impedir

que se acerque a la habitación de Benito.

Es capaz de hacer cualquier cosa.

Velasco está tratando de averiguar la verdad, pero mientras...

Voy a solicitar que le impidan la entrada al hospital, al menos,

a la habitación de Benito. Gracias.

Si Benito muere... Nadie podrá demostrar

que Salvador es inocente. Tenemos que protegerle.

Llamaré a la policía y les convenceré

de que el agresor puede volver

y temo por la seguridad del muchacho.

¿Pero cómo me ha podido ocultar algo así?

¿Pero qué otra cosa podía hacer?

Si te lo contaba, irías tras ella, la traerías de vuelta

y ella habría ido directa al garrote.

Es consciente de todo lo que he sufrido

durante todo este tiempo, ignorando la verdad.

-Yo hice lo que ella me pidió. -¿Y qué más da, madre?

Soy su hijo. Me ha estado mintiendo en la cara.

Pero es que tú no atendías a razones.

Mírate. Incluso ahora, eres incapaz de ver la realidad.

¿Le ha parecido divertido verme así, angustiado,

recorriendo todo Madrid, buscándola desesperadamente,

cuando ya sabía que estaba lejos?

Mira. Tú sabes que lo que más odio en este mundo, es verte sufrir.

Y, precisamente, esa mujer es lo que te ha traído, sufrimiento.

Eso es. Dígalo, dígalo.

Dígalo otra vez, por favor.

Que se fuera, es lo mejor que me podría haber pasado.

¿No es así? -Pues sí. Esa mujer es veneno.

Usted siempre la quiso lejos, madre.

Mira. Esa mujer no ha traído más que complicaciones

a nuestras vidas. A ver si con ella lejos,

podemos volver a la normalidad.

¿Es que no le importan mis sentimientos?

Tiendes a perder la cabeza por tus sentimientos.

No sé cómo lo haces, pero siempre eliges

a la mujer equivocada. Tienes un tino...

Me da igual lo que piense.

Yo la amo, madre.

La amo. -¿Pero cómo puedes amar

a una persona así, a una mujer mentirosa,

manipuladora, una mujer en la que no se puede confiar?

Eso es, madre. Sáquelo. Por fin.

Por fin dice lo que piensa.

Nunca apreció a Úrsula.

Pues mira, no.

Quiero que me deje solo.

Vamos a ver, Gabriel. Ahora no puedes ver

las cosas con claridad. -Claro que puedo.

Fuera de esta casa, madre.

Váyase.

¿Me estás echando?

No quiero volver a verla, madre.

No quiero volver a escuchar ni uno solo de sus consejos.

-Vamos, Gabriel... -Váyase.

Váyase.

(LEE MENTALMENTE) Aurora estaba cada vez más débil.

La enfermedad se la llevaba, sin que yo pudiera hacer nada.

Se acercaba el fin del año. Las agujas del reloj caminaban

hacia la medianoche, cuando sonó el timbre.

El servicio se encontraba festejando la Nochevieja.

Yo acudí a abrir. Al otro lado de la puerta,

estaba Aurora, desvalida y sin apenas fuerzas

para mantenerse en pié.

(Campanadas) Estás muy débil.

No deberías haberte ido del hospital.

Tenía que verte. (LLORA)

Has sido muy imprudente.

Te he echado tanto de menos.

Necesitaba abrazarte. -Ya está, mi amor.

Estás conmigo. Tranquila.

(LEE MENTALMENTE) La muerte y yo abrazábamos a Aurora.

Le mentí. Le dije que no le iba a pasar nada,

porque necesitaba creer que así era.

Me negaba a ver la evidencia.

Aurora, sin embargo, siempre tan valiente,

sabía lo que le esperaba.

No.

Y lo sabes.

(LEE MENTALMENTE) Y acabó siendo ella quien me consoló.

Te quiero.

(LEE MENTALMENTE) Y aquellas fueron sus últimas palabras.

Yo también te quiero, mi amor.

(TOSE) -¡Chis!

Me voy a por un vaso de agua. -No, no.

No. No me dejes sola. -Tranquila.

Yo me quedo aquí.

No me quiero morir sola.

No digas eso.

Voy a llamar a Cristóbal.

Vamos a pedir una ambulancia.

Tú solo necesitas tratamiento y descansar.

Mañana estarás muchísimo mejor.

Abrázame.

Abrázame. Abrázame.

Tranquila, cariño. Conmigo no te va a pasar nada.

(CELIA LLORA)

(Suena el timbre)

(ROSALÍA) Buenas tardes, señorita Celia.

Su amiga Catalina lleva horas esperándola.

(CELIA) Muchas gracias, doña Rosalía.

Cata. Dice Rosalía que llevas esperando muchas horas.

-Sí. Pero no importa. -Lo siento.

No sabes cuánto lo siento.

No pasa nada. He estado leyendo este libro.

Ah. ¿Y te gusta?

Es uno de mis favoritos.

-Sí, mucho. -¿Has estado llorando?

-No. Qué cosas tienes. -Cata, no pasa nada.

A mí también me pasó la primera vez que lo leí.

Los primeros párrafos son emocionantes.

Hagamos una cosa. Te lo presto

y te lo acabas. ¿Te parece?

Anda. Te invito a tomar algo. Es lo mínimo, después

de estar esperando tanto tiempo. -No importa.

Hay que aprovechar que las tardes son más largas.

Qué ganas tengo de que llegue la primavera.

Anda, vamos.

¿Puedes? -Sí.

Entonces, ¿se han reconciliado?

Pues sí. Al final, sí. Mi hermana Elisa es

la persona más voluble que he conocido en toda mi vida.

Ciro va a necesitar mucha paciencia con ella. ¿Cómo te ves?

Es preciosa. Vamos a tener que combinar

el ramo con el tocado, eso sí.

Todavía no he elegido el ramo.

Mira. Yo creo que una buena opción podrían ser las flores de azahar

o las rosas blancas, por lo que significan.

¿Es que las flores significan algo?

Pues sí. El azahar significa "el amor eterno",

y las rosas blancas "el compromiso".

Ah. Me has convencido.

Lo hablaré con Rodolfo. Muchas gracias, Blanca.

No hay de qué. Estoy deseando compensarte

y ayudarte con los preparativos de tu boda, si me dejas.

Por supuesto.

¿Qué sucede?

Quizás, no te quieres que te ayude.

Al fin y al cabo, tienes muchas hermanas

y estáis muy unidas. No es por eso, Amalia, de verdad.

Es que tengo muchas dudas

acerca de mi boda con Tristán.

Pero él se ha convertido al catolicismo por ti.

Ya, pero su familia sigue siendo judía

y eso nos traerá muchos problemas.

Bueno, seguro que es cuestión de tiempo.

Sí, pero él ha hecho un sacrificio enorme

dejando atrás sus creencias y su religión

y me sentiría muy culpable si todo saliera mal.

Pero piensa que él te ama

y eso es lo único que debería darte fuerzas.

O el miedo.

¿Miedo a qué? A que todo salga mal.

Y que todo ese sacrificio sea en vano.

Eso es lo que más me pesa.

Blanca, él te quiere mucho.

Y se ha portado muy bien contigo.

¿Qué pasa?

Esta mañana hemos discutido mucho.

Y vi a un Tristán que jamás había visto.

¿Pero por qué discutisteis?

¿No habrá sido por culpa nuestra, por haber querido

que fueras la madrina? No, no.

Discutimos por los preparativos de la fiesta de compromiso.

Y se enfadó, se enfadó mucho. Y me sorprendió.

Solo es eso. Vaya. Lo siento.

Bueno, ¿y quién no discute?

A veces, está bien discutir, porque, después,

vienen las reconciliaciones. Tú ya me entiendes.

Gracias por tus ánimos.

Lo que aprendí este tiempo, es que cuando quieres,

lo único que importa, es esa fuerza que te da el querer,

porque es lo que te lleva a perdonar

y no puedes hacer otra cosa.

Ay, no sé si me estoy explicando. Te estás explicando muy bien.

Pues eso. Cuando quieres a alguien, es igual

si su familia tiene otra religión o si discutís.

Sí. Eso es lo que quiero decir.

Gracias.

Y estás muy guapa. Ay.

¿Qué haces aquí? ¿Cómo ha entrado?

Vengo a recoger algunas cosas que me dejé olvidadas.

-Pues cógelas y vete. -La criada ha ido a recogerlas.

Estoy esperándola. -Es un alivio

recuperar mi casa, ¿sabes?

Mi espacio, mi matrimonio.

Mi dormitorio.

Mi intimidad con Ciro. -Me alegro.

Seguro.

Eso es lo que se dice en estos casos, ¿no?

Como cuando te encuentras con una amiga

y hace muchos años que no os veis

y ella te dice: "Un día tenemos que ir a tomar un té".

Y tú le dices: "Sí. Por supuesto".

Aunque sabes que nunca lo vas a hacer.

Eso siempre se te ha dado muy bien a ti.

-¿Ser educada? -Ser hipócrita.

Mírate.

Aquí estás,

haciéndote la digna.

Y, en el fondo, estás rabiando.

Estás celosa porque te gustaría estar en mi lugar.

Pero tú tranquila, Sofía.

Estoy segura de que pronto encontrarás a alguien.

Alguien soltero para ti.

Estoy bien así.

Bueno, una mujer que se acaba de quedar viuda

y que tiene que volver a casa de sus padres.

La verdad es que suena espantoso.

Sí. La verdad es que echo mucho de menos a Carlos.

Bueno.

Tampoco será para tanto. Bien aprovechaste el tiempo

que estuvo en el frente para acercarte a mi marido.

Me sentí desamparada y me equivoqué.

Por cierto, no me equivoqué yo sola.

Él también puso de su parte. -Cállate.

No quiero quitarte a tu marido, que te entre en la cabeza.

¿Sabes qué es lo mejor?

Que después de todo lo que hiciste,

Ciro todavía me ama.

Me idolatra, Sofía.

Y tú lo que estás, es celosa. -Lo que tú digas.

Mejor, me voy fuera a esperar.

Ah.

Un consejo.

Espero que aproveches bien esta oportunidad

que te ha dado Ciro, tan desmerecida.

Porque yo creo que será la última.

Yo también te voy a dar un consejo.

Tú lo que quieres, es encontrar un marido, ¿no?

Pues sal a buscarlo a la calle,

no a casa de tus amigas.

Disculpe que le haya hecho esperar.

¿Tiene ya todos los resultados?

Es algo del estómago, ¿cierto?

¿Le sigue doliendo? Horrores.

Esta mañana, me he levantado muy mal.

Bueno, mi madre solía padecer de digestiones pesadas

y yo me he librado hasta ahora. Lo suyo no tiene que ver

con esa índole, don Ricardo.

Bueno, siempre he gozado de buenísima salud.

Supongo que tengo que empezar a asumir

que los años no pasan en balde.

A su estómago no le pasa nada.

¿Y entonces?

Al principio, sospechamos que se trataba

de una obstrucción intestinal o, incluso, peritonitis,

por los dolores de los que habla.

Pero, lamentablemente, se trata del páncreas.

Según la exploración, su tamaño ha aumentado

más del doble. ¿Y eso qué quiere decir?

No sé ni para qué sirve el páncreas.

El páncreas no sólo ayuda a hacer la digestión,

también regula el nivel de glucosa en sangre.

Soy diabético. Va más allá, don Ricardo,

tiene una disfunción grave.

Bueno, pues, en ese caso, tendremos que operar

y solucionar este asunto rápido, no me gusta perder el tiempo

y menos en cuestiones de salud.

Verá, su problema no tiene solución.

No se puede operar.

Es que mi hijo ha perdido el juicio, completamente,

pero, ¿cómo puede ser?

Sí, yo, tampoco lo entiendo.

Que me ha echado de casa, que me ha echado de casa,

un hijo a su madre, ¿dónde se ha visto una cosa así?

Puede usted quedarse en la mía si no tiene dónde ir.

No, muchas gracias, si yo tengo mi casa,

no soy una muerta de hambre.

No, no, claro.

Discúlpeme que venga así, pero, es que tengo un disgusto.

Puede que Gabriel no vea ahora el favor que le hizo,

pero, seguro que cuando su ánimo se calme, lo verá claro.

No sé qué decirle, conozco bien a mi hijo

y no perdona la mentira y el engaño.

Pero, ¿cómo puede decir eso?,

con la de mentiras que perdonó a Úrsula.

Bueno, a Úrsula... Úrsula es otro cantar,

yo soy su madre, soy harina de otro costal.

No diga eso, se le pasará, estoy seguro.

A mí, tardó en perdonarme que encarcelara a Úrsula,

pero, al final, lo hizo.

Es que sa mujer... esa mujer no le convenía

y no solo por ser una mentirosa, era una delincuente.

Si uno pudiera escoger de quién se enamora,

la vida sería muy distinta, ¿no cree?

Sí, pero, es que mi hijo es un hombre adulto,

tendría que haber aprendido ya,

tendría que saber mejor con quien se relaciona.

Puede que esta vez haya aprendido la lección.

Yo solo espero que recapacite.

Es que no podemos estar peleados, solo nos tenemos el uno al otro,

yo, sin mi Germán, sin mi Enrique y, ahora, sin...

Antonia, no quiero verla así.

Ay, inspector, dígame que hablará con él.

Pero, si opino como usted del tema, si sigo insistiendo,

se terminará enfadando conmigo.

No, con usted es distinto, usted es su amigo,

yo soy su madre y conmigo siempre regaña,

pero, a usted le admira.

¿Usted cree? Claro, estoy convencida de ello.

Ay, por favor, hable con él, haga que mi hijo entre en razón.

Lo haré, se lo prometo.

Muchas gracias.

Mire, lo que ha hecho esa mujer es lo mejor que nos podía pasar,

poner un continente de por medio.

Me voy al café que tengo mucho trabajo.

Prométame que hablará con él, a usted le hará caso.

Cuente con ello.

Gracias.

Con Dios. Buen día.

Voy a morir, ¿no es eso?

Su enfermedad está muy avanzada, don Ricardo.

Pero, ¿cómo voy a morir?, habrá una solución a esto.

La pancreatitis tiene muy mal pronóstico.

Pero, ustedes son médicos, salvan vidas, salven la mía.

Ojalá pudiera decirle otra cosa, créame, si lo desea, puede buscar

otro diagnóstico o la opinión de otro médico.

Pues, claro, tiene que haber algún médico que me cure,

uno mejor que usted, está claro

y, además, buscaré opiniones fuera de España si es necesario.

Entiendo, perfectamente, su reacción.

¿Cuánto tiempo me queda?

Eso no puedo decírselo, al menos, con exactitud,

quizá, meses, quizá, más tiempo.

¿Meses? Puede que más tiempo, don Ricardo.

¿Me permite un consejo? No se lo he pedido.

Lo sé, no me lo ha pedido.

Discúlpeme, diga lo que tenga que decir.

Le haría bien cambiar de hábitos, una vida más tranquila,

más equilibrada, podría ayudarle.

Una vida más tranquila y unos días en un balneario,

¿me salvarían la vida?

No, pero, podrían suponer unos meses más.

Piénselo.

No pienso hacer tal cosa.

No pienso porque

yo no voy a morir,

doctor.

No.

Gracias. Gracias.

Estoy deseando que llegue mi hermana.

Ha sido una sorpresa aunque solo sea de visita.

Francisca y yo tenemos una relación muy estrecha,

somos las dos artistas de la familia.

Es verdad.

Siempre hemos estado muy unidas,

compartíamos habitación y confidencias.

Yo, la verdad, no pensé que fuera a venir,

le habrá costado mucho cuadrar su agenda

con el compromiso de Blanca.

No lo dudo, además, ahora con la guerra.

las comunicaciones en Europa son muy difíciles.

Sí, supongo, según sus últimas noticias, los trenes que pasan

entre Italia y Francia los detienen las tropas alemanas.

Da miedo.

Revisan vagón a vagón, nadie sabe qué buscan los alemanes.

Tu hermana es muy valiente.

Francisca siempre se queja de que siempre que hace

un viaje le quitan la mitad de las partituras de su repertorio.

¿Por qué?

Pues, porque no son de compositores alemanes.

¿Es que solo se va a escuchar música alemana en Europa?

Parece ser que es lo que pretenden,

dominar el mundo.

¿Y qué te apetece hacer luego?

Creo que me iré a casa.

¿A casa? Sí.

Y mejor será que mañana no nos veamos,

así podrás disfrutar de tu hermana.

Pero, me gustaría que conocieras a Francisca,

estoy segura que os llevaríais muy bien.

Sí, pero, no me gusta mucho la ópera y nunca asistí a una.

Bueno, Francisca tiene otros temas

de conversación que no son solo la música.

¿Y Francisca se llevaba bien con Aurora?

¿Por qué preguntas eso?

Nada, por curiosidad.

Estoy cansada, me voy a ir.

Está bien, ¿quieres que te acompañe?

No, no, esta noche no, Celia.

¿Va todo bien?

Sí, sí, no te preocupes,

es que esta noche prefiero estar sola, si no te importa

Gracias por venir.

Hubiera preferido quedar en otro sitio,

como en casa, por ejemplo.

No sabía dónde podíamos quedar para hablar, tranquilamente,

y encima llego tarde, lo siento.

No, no pasa nada, si te digo la verdad, casi lo prefiero,

necesitaba estar sola para aclarar mis pensamientos.

Blanca, tu confusión es culpa mía.

Te pido perdón por la reacción desmedida de esta mañana.

Todavía no me has dicho por qué fue, Tristán.

Da igual, nada lo justifica.

Estoy muy arrepentido.

No soy quién para prohibirte nada, yo no soy así, Blanca, créeme.

No, si te creo, pero, me sentí tan...

tan extraña, tan confusa.

Sé, perfectamente, cómo eres, Tristán, ¿qué es lo que pasó?

Estaba cansado y agitado por mi trabajo,

por los preparativos de la fiesta,

mi familia, la enfermedad de mi abuela, los nervios

que he pasado con ella y...

La suma de todo creo que pudo conmigo

y te dije cosas... Si te entiendo, perfectamente,

pero, las palabras hieren y mucho.

Y te prometo que nunca volveré a decirte lo primero que piense.

Dime que me has perdonado.

Cómo no te voy a perdonar.

Además, todo el mundo pierde las maneras alguna vez,

yo, la primera.

Eso no es una excusa,

quien pierde las maneras pierde la razón.

Bueno, es un dicho de los tribunales.

Pero, no estamos en los tribunales.

Es aplicable a la vida.

Hoy he estado con Amalia,

le he ayudado con los preparativos de la boda

y no sé. no me atreví a decirle nada,

estaba tan emocionada

que no quería estropear su momento.

No tienes nada que decirle.

Los dos iremos a esa boda,

tú, como madrina y yo como tu acompañante.

¿De verdad es lo que quieres?

Yo lo que quiero es hacerte feliz.

Ya, pero, no quiero incomodarte ni tampoco a tu familia.

Blanca, confío en ti,

quiero que tengas libertad

y que no nos ocultemos nada.

Te amo, Blanca.

¿Estás aquí?

¿Qué hacías ahí a oscuras?

¿Ya no hay clientes?

No, hoy no hay mucho movimiento

y los que quedan están en las habitaciones.

¿Qué habrá pasado?

Había muchos eventos en Madrid, zarzuelas, algún estreno,

ya sabes cómo son los esposos

que les encanta llevar a sus mujeres

a esos sitios para lucirlas.

¿Quieres que te ponga una copa?,

te noto alicaído.

No, quizá, yo, también, me retire pronto.

¿Qué es eso que tienes en la mano?

¿Esto?

Una bola mágica.

¿Es el juguete que viste en tu sueño?

Mi madre se lo regaló a Fernando cuando era niño.

¿A tu hermano?

¿Se lo trajo de algún viaje?

Supongo, no lo recuerdo bien.

Le dijo que la bola tenía propiedades mágicas.

Y qué propiedades eran esas.

Si la movías y la mirabas, fijamente,

podías ver tu futuro.

Mi hermano enseguida la agitó

y dijo ver una pareja que caminaba de la mano

entre la nieve.

¿Qué extraño para un niño, no?,

lo normal es que viese un soldado o un caballero, algo así.

Mi madre le dijo que eso significaba

que sería feliz

junto a una mujer a la que amaría,

profundamente.

Elisa, su esposa.

Tu gran amor.

Le robé la bola

muerto de envidia.

Sí, ese fue siempre el sino de nuestra relación.

Mis celos, los celos.

¿Y tú, qué veías cuando mirabas la bola?

Nada.

Por más que miraba día tras día,

nunca vi nada.

¿Qué tal ha ido el médico, es grave?

¿Eh, el qué?

Ah, no, no, solo problemas de digestión.

Tengo que comer más sano,

ya no soy ningún jovencito, tengo que cuidarme.

Me has asustado, Ricardo, nunca te había visto así.

¿Así, cómo?

No sé,

triste, nostálgico.

Ven aquí.

No te preocupes,

nunca más me volverás a ver así, ¿de acuerdo?

Pero, ¿quién será a estas horas?,

como sea un borracho equivocándose de casa, lo mato.

¿Doña Francisca?

Sí, soy yo.

Pues, no sé, la esperábamos

por la mañana, menudas horas de llegar.

Así puedo pasar.

No haga mucho ruido, están durmiendo.

Perdone, no nos conocemos, ¿verdad?

No, yo soy Elpidia, "pa" servirla,

soy prima de Antonia, del Ambigú, vine hace un tiempo del pueblo

a prosperar, pero, no prosperé mucho,

pero, estoy muy contenta aquí, y no me quejo, no soy de quejarme.

¿Cómo está Antonia?, supe de la muerte de Enrique.

Va tirando, aunque si yo le contara,

mejor no, que acaba de llegar.

Bueno, ¿y tú, qué tal en la casa? le ayudará mucho Merceditas.

¿Esa a mí?, menudo cuento tiene,

menos mal que estoy yo aquí. ¿Y doña Rosalía?

En su casa con su marido, Benjamín. Madre mía,

olvidé que se casaron.

Tengo unas ganas de ver a mis hermanas,

estarán despiertas. ¿Dónde va?

No voy a dormir en el salón, ¿vas a por mi equipaje?,

está en el taxi. Ah, sí, claro.

Gracias.

¿Francisca? ¡Francisca!

¡Celia! Has vuelto.

Déjame verte, si llevas mi camisón.

Bueno, "tos" despiertos.

¿Qué lleva esta aquí?

Alhajas.

¡Úrsula! Baje la voz.

¡Suélteme, Úrsula!

¡Úrsula, dónde estás! Que no sé dónde está, se lo juro.

Dígame, ahora mismo dónde está.

No lo sé. La primera vez que se ocultó,

esperaba que usted le diera una documentación falsa.

¿Por qué está tan desanimada?

Ayer descubrí un relato de Celia,

en él habla de Aurora.

¿Celia se atrevió a tanto?

La historia está contada como si Celia fuera un hombre,

pero, al fin y al cabo habla de Aurora con todo detalle.

Vaya.

Las monjas dicen que o firmamos deprisa o perdemos a la niña,

hay otro matrimonio interesado. Ciro, he pensado

que nuestro primer hijo tiene que ser un niño

por lo de perpetuar el apellido. Eso me da igual,

recuerda cuando fuimos al hospicio y cómo volvimos,

esa niña nos enamoró y eso tiene que significar algo.

No sé, Ciro.

(RÍEN)

Qué alegría volver a vernos.

Solo me interesa encontrar a Úrsula, Velasco.

Pensaba que querrías saber

que Francisca ha vuelto a la ciudad.

Por mis padrinos,

los mejores que podría tener.

Por los novios.

¿Un puro, caballeros?

Con gusto.

Están en el despacho, cógelos, Cristóbal,

Tristán, ¿le acompaña?

Claro, vamos.

Blanca, Blanca, ¿no crees que va siendo hora

de echarle un poco de valor a esto?

Me dijeron que para conservar la propiedad de Tejidos Silva

tendría que ser yo quien iniciase la nulidad matrimonial

y tenía que acusar a Salvador de ser infiel y, también, de...

de malos tratos.

Señora, creo que debe hablar, cuanto antes, con su marido

y contarle cómo fueron las cosas, quizá así pueda entenderlo.

¿Qué ocurre? Ha desaparecido.

¿Cómo que ha desaparecido?

Tras la boda de Rodolfo, fui a la tienda

para pedirle disculpas por una discusión

terrible que tuvimos esta mañana,

pero, al llegar, la tienda estaba cerrada.

Quizá, cerró antes para hacer algún recado o llevar un pedido.

Me acerqué la casa donde Cata vive y me dijeron que lo pagó todo

y que se marchó. Hay algo que deberías saber.

Más malas noticias, no, por favor.

No es sobre el caso, es sobre nosotros.

También, quería decirte algo,

de hecho, debía habértelo dicho antes o, mejor dicho, hace tiempo.

¿Qué?

Sé lo mucho que estás luchando por mí.

Necesito hablar contigo, concédeme unos minutos.

De verdad, no puedo, no tengo tiempo.

Entiendo que no quieras hablar

conmigo, pero, no soy quien

te obligó a huir de Madrid, he cambiado.

No es la primera vez que te escucho decir eso.

Necesito decirte algo, solo escúchame

y no volverás a verme nunca.

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Seis Hermanas - Capítulo 455

03 mar 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de 1920.

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  1. Angela

    Tristán no da miedo. Lo que no entiendo es que hasta ahora la tal hermana menor, Elisa, esa sí es de terror, no pague su maldad. Es insoportable. Y ya es hora de cambiar de mala, harta la tal Marina y el tonto de Luis.

    07 mar 2017
  2. Elvira

    No entiendo cómo Blanca no se da cuenta del monstruo que en realidad es Tristán, ese personaje da miedo... Volverá a surgir el amor entre Gabriel y la hermana Silva??? Ojalá!!!¿¿¿

    06 mar 2017