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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 454 - ver ahora
Transcripción completa

Lo digo muy en serio, Luis.

Hay que matar a ese muchacho antes de que se despierte.

¿Me oyes?

No sé tú, pero yo no quiero volver a la cárcel.

¿Hablaste con Ciro? -Recordaba la dirección postal

de ese misterioso cliente. -Gracias a Dios.

Yo no la recordaba. ¿Y qué?

La habían cancelado.

Entonces, no tenemos nada a lo que agarrarnos.

¿A usted le gusta el teatro? -No. No mucho.

Aurora iba todas las semanas, por lo menos, una vez.

Recuerdo el día que vino al hospital

y estaba entusiasmada con una obra de Galdós

que había visto la noche anterior.

-¿Galdós? -Era el autor favorito de Aurora.

¿Pero cómo que has perdido al niño?

Esa criatura era mi salvación.

Ahora ya no tengo escapatoria. Tengo que irme.

-¿Qué más vas a pedirme? -Que no deje que me busque.

No quiero que sufra más por mí.

Por una vez, estamos de acuerdo en algo.

Podríamos ir al teatro.

¿Y qué te gustaría ver?

Podríamos ver algo de Galdós. Es mi autor favorito.

Me han tendido una trampa.

¿Pero quién querría tenderte una trampa?

¿No lo entiendes? Intenta matar a Benito

justo cuando yo llegaba a la fábrica.

Benito, qué casualidad, del que yo tenía

una orden de alejamiento. -¿Pero quién?

Solo se me ocurre una persona.

-¿Mi tío? -Tú lo has dicho.

Mira, Gabriel.

Es que a mí me parte el alma verte sufrir.

Y yo solo te pido que...

si tus planes se tuercen y no salen las cosas

como tú esperas, pues que tú seas fuerte

y encares el futuro con valentía.

Sí. Claro.

Tu mujer te está diciendo que, por favor, vuelvas a casa.

¿Y a ti no te importa? -Tú has rebasado

todos los límites. -No hay límites en el amor.

Sí, sí que los hay.

(Sintonía)

¿Cándida?

Sí, soy yo. Tengo buenas noticias.

Ayer, Ciro volvió a casa. Sí, para quedarse.

Bueno, había pensado ir para allá para contaros los detalles.

Está bien. Al mediodía, entonces.

Sí. Sí, sí, sí.

Adiós.

Adiós.

¿Con quién hablabas?

Con una de mis hermanas.

¿Qué tal has dormido? -Como un lirón.

-Claro. -De maravilla.

Es lo que tiene las buenas costumbres.

Supongo que sí.

-¿Desayunamos? -Me encantaría.

¿Por qué me miras así?

Me recuerdas a alguien que conocí una vez.

Alguien con quien me casé y me enamoré.

Pareces la Elisa del hospital,

la de nuestros primeros meses de matrimonio.

¿Tanto he cambiado?

No, pero me encanta que estemos aquí otra vez juntos.

Y he vuelto para quedarme.

¿Y qué piensas hacer hoy?

Tengo que organizar la casa.

Supongo que Sofía estuvo manoseándolo todo,

porque no encuentro nada. -No suena muy divertido.

No lo es. Además, tengo que organizar

la habitación donde se quedaron a dormir.

Pues yo he estado pensando una cosa.

Quiero que volvamos a ser el matrimonio que éramos antes.

Para eso, los dos nos tenemos que esforzar.

Y yo estoy dispuesto a hacerlo.

-Yo también. -Los dos hemos cometido errores.

Quizás, yo unos cuantos más que tú.

Quizás. Pero yo no quiero volver a ser

un marido aburrido y ausente.

Quiero estar contigo y quiero cuidarte.

Me encanta eso.

¿Quieres que salgamos a comer hoy?

Pues me encantaría. Lo que pasa es

que he quedado a comer con Blanca hoy.

-Vaya. ¿Precisamente, hoy? -Sí.

Quiere ayuda con la fiesta de pedida.

Pero si no, le digo que no puedo. Lo importante es

nuestro matrimonio. -No es necesario.

Una fiesta de pedida es solo una vez en la vida.

-¿Seguro? -Seguro. Si hay algo

que nos sobra, es tiempo para comer juntos.

Yo también tengo cosas que hacer. -¿Trabajo?

Con Salvador en la cárcel, no puedo descuidar el negocio.

-Entonces, nos vemos por la noche. -Perfecto.

¿Quieres que salgamos a cenar?

Bueno.

Yo había pensado más bien en cenar algo aquí.

Irnos a dormir pronto...

Como tú quieras.

Prepararé algo ligero.

Voy a vestirme.

¿Operadora? Sí. Con el 4253, por favor.

Sofía, soy Ciro. Nos vemos dentro

de media hora en el lugar de siempre.

Sí. Tengo algo muy importante que decirte.

Adiós.

Me ha dejado una carta.

Para decirme que ha perdido el niño.

Y que, consciente de las consecuencias,

ha decidido marcharse.

Se ha ido.

Úrsula se ha ido para siempre.

Hijo, supongo que...

era eso, o asumir las consecuencias de lo que hizo.

Sí. Y morir.

La iban a condenar.

Entiendo que haya decidido irse.

Yo hubiera hecho lo mismo. Me hubiera ido con ella.

Lo que no entiendo, es...

¿Por qué no me ha querido a su lado?

No es porque no te quisiera, hijo. Eso seguro.

Es muy cruel irse sin decir nada.

-Ay, Gabriel. No lo veas así. -¿Sabe lo que creo?

Que solo ha pensado en salvar su vida,

en asegurarse de salir corriendo sin...

sin pensar en cómo me quedaba aquí,

destrozado.

Lo superarás.

Pues usted dirá. -Nosotras, a mandar.

Como sabéis, me gustaría celebrar mi fiesta de compromiso

aquí en casa. Y como podréis imaginaros,

las tradiciones son algo distintas a las nuestras.

Como que son judíos. Por eso mismo, la preparación

tendrá que ser algo distinta a lo que estamos acostumbradas.

Ya nos dirá qué hacer. Del "judismo", no sé nada.

-Ni de judaísmo ni de otra cosa. -¿Decías?

Nada. Bueno.

El menú tiene que ser acorde

con los preceptos del judaísmo. ¿De acuerdo?

Usted no se preocupe. Yo ya lo he pensado todo.

Vamos a comprar alimentos de primera clase y nada de cerdo.

Encargaré un par de langostas, unos centollos,

unas colas de rape. Y como entrante, pondré ostras,

que eso siempre queda muy fino.

Luego, prepararemos un asado de ternera

con su guarnición de patatas al romero.

Y de postre, voy a preparar arroz con leche,

que a mí me queda de pecado mortal.

Y todo regado con los mejores vinos

de la bodega de Don Pascual. ¿Qué les parece?

Lo siento, pero los judíos no pueden comer marisco.

¿Qué les ha hecho a ustedes el marisco?

A él nada porque ya no es judío.

En eso tiene razón Elpidia.

En nuestra religión, no se puede ingerir

carne y leche en la misma comida.

¿Entonces, qué ingieren ustedes?

Sé que lo hace con buena voluntad, pero el vino

tampoco está bien visto beberlo, a menos que haya sido

elaborado por un judío. -Vaya.

¿Y dónde se compra? -¿Y qué les damos?

¿Un mendrugo de pan y agua?

Podemos comer...

Pueden comer muchos tipos de carne.

Carne como, por ejemplo, de ave, de ternera, cordero.

Bueno, pues yo creo que con eso,

ya podremos preparar un buen menú. No se preocupe.

También hay ciertas normas a seguir

al preparar la comida. -¿Normas? ¿Qué normas?

Hay que usar utensilios diferentes para los diferentes ingredientes.

Perdóneme, pero eso ya lo hacíamos por limpieza.

No vamos a hervir la berza en la misma olla

donde luego preparamos el guiso de ternera.

Pero usan el mismo cucharón para los dos

Pues podría ser, porque con las prisas.

¡Ay, mi madre! Esto va a ser

el parto de la burra. Perdone, señora.

No te preocupes, Tristán, porque Merceditas y Elpidia

van a hacer todo lo necesario

para que tu familia se sienta cómoda. ¿A que sí?

Sí, señora. Faltaría más. Y el postre lo haremos con fruta.

Nada de leche. ¿De acuerdo?

Pues un hojaldre de manzana. -Siempre y cuando,

se haga sin mantequilla. -¡Jesús!

Perdón. Bueno.

Ustedes no se preocupen.

Seguiremos las reglas a rajatabla.

Y disfruten de la fiesta.

Vamos.

(SUSPIRA)

(Suena música ambiente)

Buenos días, inspector.

Espero que, esta vez, su visita sea por devoción

y no por obligación. -No, señora.

De nuevo, mi visita es por trabajo.

Una lástima. Parece que no sepa usted divertirse.

¿Y qué quiere, que le enseñe

la documentación de la casa otra vez?

Tengo todos los papeles en regla. Y por mucho que haya

personas que quieran cerrar las puertas

de mi negocio, es legal.

Tranquila. Su negocio está a salvo.

Estoy buscando a don Ricardo Silva.

¿Y qué desea de don Ricardo?

Eso se lo diré a él, señora.

Buenos días, inspector.

¿Qué le trae por aquí? -Eh...

Creo que sería mejor que habláramos a solas.

Confío plenamente en Cándida.

Lo que sea, puede decirlo delante de ella.

Está bien. Como quiera.

Quería saber si tiene usted algo que ver

con el intento de asesinato de Benito Serrano.

Hola.

Hola.

He pensado que lo que te tengo que decir,

es mejor decírtelo en persona.

Vaya. Eso no suena nada bien.

No te preocupes. Te lo voy a poner fácil.

Has vuelto con Elisa, ¿no?

¿Cómo lo sabes?

Esa cara de apuro tuya solo puede significar una cosa.

¿Qué ha hecho esta vez para que vuelvas con ella?

¿Se ha hecho la víctima?

Esta vez, ha bastado solo con disculpas.

Ciro, ¿pero todavía te crees esa táctica tan obvia?

Te pide perdón y después te pone cara de pena.

¿Tanto la quieres?

Si te soy sincero, ya no sé si la quiero.

Al menos, no como antes.

Después de conocer la Elisa egoísta, manipuladora,

no es fácil quererla.

¿Y entonces?

El matrimonio es una promesa que se hace ante Dios,

en lo bueno y en lo malo. Y no puedes tirar la toalla

en cuanto aparece un problema.

Elisa siempre ha ignorado todo lo que dijo en el altar.

Lo ha demostrado muchas veces.

¿Y si esta vez quiere cambiar de verdad?

Tengo que darle una oportunidad.

Qué menos.

Espero que, por tu bien, no te equivoques.

Te aprecio y me dolería que sufrieras otra vez.

Yo también lo espero.

-Tengo que volver a casa. -¿Qué tal está Leandro?

Muy bien.

Mis padres le consienten demasiado.

Dale un achuchón de mi parte.

Le echo mucho de menos.

Y nosotros a ti también.

Espero que seas muy feliz.

Espera.

Lo siento.

El jueves pasado, entre las ocho y las diez.

Estaba aquí. Sí. Aquí.

Ella se lo podrá confirmar.

Así fue. Estuvimos aquí

por la tarde y por la noche, en el local.

Y si no me cree, le podremos preguntar

a cualquiera de las chicas.

Las tienen a sueldo. No me parece un testimonio fiable.

Entonces, hable con el ilustrísimo secretario

del Ministerio de la Guerra, que se dejó caer por aquí

y tuvimos una larga y amena charla. Hable con él, si quiere.

Y no me diga que no es una persona fiable.

Muchas gracias. Adiós.

Era Velasco. Ha interrogado el tío Ricardo,

por si estaba relacionado con el intento de asesinato

de Benito. -¿Y qué le ha dicho?

Nuestro tío tiene coartada para esa noche.

Pero eso no significa nada.

No es la primera vez que el tío contrata a un matón

para conseguir sus objetivos sin mancharse las manos.

Pero Velasco no tiene ninguna prueba.

No tiene pruebas contra el tío ni contra nadie.

¿Y ahora qué le voy a decir yo a Salvador?

Necesita algo que le dé esperanzas, algo a lo que aferrarse.

Diana, no te preocupes.

Quien quiera que fuera, dejaría algún indicio.

¿Y si no es así? ¿Y si no ha dejado indicios?

Perdón.

No sé si molesto. -No. Claro que no.

Don Benjamín me dijo que estaban

aquí arriba. -Sí. Adelante. Pasa.

Le traigo esto. Son las pertenencias de Benito.

Se las dejó en la casa de huéspedes antes de marcharse

y la dueña me los ha dado a mí.

No sé. Quizás, les podría ayudar en algo.

Muchísimas gracias. Seguro que resulta de gran ayuda.

Yo ya me voy. No puedo dejar desatendida la tienda.

-¿Quieres que te acompañe? -No hace falta.

Tengo que pasar por casa de una clienta a tomar medidas.

Adiós. -Adiós.

Me alegra saber que has solucionado tus problemas con Cata.

Sí. Ya está todo olvidado.

No parecen más que baratijas. -¿Qué es esto?

-¿Qué pone? -Son unas señas.

Me resultan familiares.

Sí, claro. Es la dirección de la antigua casa de Blanca.

¿Y por qué iba a tener Benito la dirección de Blanca?

Pues la verdad, no lo sé.

Esa casa pasó a ser propiedad de Rodolfo. Y de ahí...

Se la vendió a Marina.

(SUSPIRA)

¡Ah! -¡Ay!

¡Qué susto me has dado, gañán!

Espérate. Necesito que me escuches.

No tengo nada que escucharte ni nada que decirte.

Bueno, sí. Que llevo prisa. Tengo recados que hacer

y me tengo que pasar por el mercado.

No, no. Antes, tienes que decirme

por qué no quieres saber nada de mí.

¿Qué bicho te ha picado?

¿A ti no se te ocurre nada? ¡Mira que eres gañán!

Nos has tenido engañadas a Elpidia y a mí,

hablándonos y prometiéndonos amor eterno.

Merceditas, mi único sueño es volverme al pueblo contigo

y con la niña. -Mira, mira, mira.

Como sigas tomándome el pelo, te tragas el bolso.

A ver, puede que le haya prometido

algunas cosillas a Elpidia para que no sufriera,

pero, todo lo que te he dicho a ti me ha salido del corazón

porque eres la mujer con quien he elegido casarme,

prometí estar contigo en lo bueno

y en lo malo, lo prometimos ante Dios.

Si piensas que con palabras

bonitas conseguirás ablandarme, la llevas clara.

Merceditas, eres la única, eres la madre de mi hija,

sois mi familia, lo más sagrado.

¿Sabes qué ocurre, Raimundo?, que esto lo dijiste ya mil veces,

que si soy la única, que si la familia,

que si esto, que si lo de más allá y eran mentira las otras mil veces.

Pero, ahora, es verdad. No, eres un mentiroso,

mientras me decías todas esas cosas planeabas fugarte con Elpidia.

No, no, lo de los planes no es mío, es cosa de Elpidia

que está obsesionada conmigo.

¿Qué? Ya sabes cómo se pone de pesada

cuando se le mete algo entre ceja y ceja.

Bueno, sí, terca es como una mula.

Y yo no sé cómo librarme de ella.

¿Lo dices en serio? Claro.

Habrá que ingresarla en algún sitio, en un sanatorio

para que entienda lo que no dejo de decirle, que mi sitio

es contigo, que se olvide de mí.

¿Tú, no me estarás mintiendo otra vez?

Nunca he hablado tan en serio.

Tú eres la única.

Sí, señorita, quería saber cómo pasó la noche Benito Serrano.

Igual.

Sin indicios de que vaya a despertar.

Está bien, volveré a llamar, gracias.

Gabriel, no te esperaba.

Disculpa por presentarme sin avisar,

ya veo que estás ocupado.

No, no, para ti siempre encuentro tiempo, siéntate.

¿Qué te trae por aquí?

Verás, es...

Úrsula.

Se ha marchado.

¿Qué?

Se ha ido de la ciudad

y no sé a dónde.

¿Por qué querría huir?

Ha perdido al niño.

Me ha dejado una carta,

ya no está embarazada.

Dios mío.

Y si no está embarazada,

no hay indulto, y ya sabes qué significa.

Sí, sí.

Siento muchísimo que estés pasando por todo esto.

Tienes que ayudarme a encontrarla.

Entiendes que siendo policía, si la encuentro, la detendré.

Velasco, este favor se lo pido al amigo, no al inspector.

Sé que eres inteligente

y aquí tienes recursos para encontrarla.

Lo que me pides es demasiado.

Eres un hombre de principios, lo entiendo, y justo y honrado

y sé que nunca mientes, pero, sé que sabes que jamás

te pediría algo así si no estuviera en una situación desesperada.

¿Y qué pasará si la encuentro?

Estoy dispuesto a irme

al fin del mundo con ella si es necesario.

¿Qué es esto?

La citación judicial

para el reconocimiento médico en dos días.

Si no acude, sabrán que ha huido.

Maldita sea.

Eso no solo significa que la buscarán,

también, estarán pendientes de tus movimientos

por si contactas con ella.

¿Qué me estás diciendo que no la busque?

Te expones a una detención segura,

es mejor que... que no la busques.

No sé cómo hacerlo.

Gabriel, Úrsula ya ha tirado su vida a la basura,

no hagas tú lo mismo con la tuya.

Velasco, ¿qué hago entonces?

Olvidarla.

Pues, sí, nos escribe mucho y nos cuenta cómo va su vida

y cómo está nuestro pequeño sobrino,

la verdad, es que la echamos mucho de menos.

Recuerdo cuando trabajaba en el Ambigú, doña Francisca

siempre fue una gran artista, sí.

Cuándo regresa. Pasado mañana.

Estamos todas muy impacientes,

una cosa es que nos escriba mucho, pero, no es lo mismo

que tenerla en casa con nosotras. Claro.

María, ¿puedes servir el café, por favor?

Por supuesto, ¿quiere con leche? Sí, y azúcar, por favor.

¿Usted, señora Silva? También, leche y azúcar, gracias.

¿Y cómo van los preparativos para la fiesta de compromiso?

La verdad, muy bien, pero, muy ajetreada,

pero, supongo que no me habréis llamado

solo para hablar de mi fiesta de compromiso,

¿no es así? Bueno, lo cierto es que...

Rodolfo quiere pedirte algo un poco especial.

Verás, Blanca, al no estar mi madre,

me gustaría que me acompañaras al altar.

¿Quién, yo?

O sea, que yo sea vuestra madrina de boda.

No sé, me parece un poco excéntrico,

yo estuve casada contigo.

Sí, sí,... a ver,

sabemos que es una petición un tanto...

peculiar.

Pero, eres una persona muy especial para los dos

y te apreciamos mucho.

Te has portado tan bien en los últimos tiempos

que casi eres una hermana para mí.

Yo, también, te tengo mucho cariño, Amalia,

pero, una cosa es nuestra relación

y otra que yo sea vuestra madrina de boda.

Blanca, Blanca,

¿quién mejor que tú?

Has sido tan generosa conmigo,

últimamente, con los dos, que queremos agradecértelo.

¿Pero, y tu hermano?

Mi hermano...

pues, mira, mi hermano va a ser el padrino.

Blanca, sois dos personas muy especiales para mí

y me gustaría que fuerais parte del día más importante de mi vida.

Por favor, Blanca, di que sí.

Buenos días, doña Marina, ¿en qué puedo ayudarla?,

iba a cerrar para ir a comer.

No se preocupe, no la entretendré demasiado, pasaba por aquí

y pensé: "La saludaré", ¿qué tal está?

Bien, sin novedad, pase, por favor.

¿Sabe?, ayer justo cuando iba a casa me pareció verla salir

del teatro con Celia Silva.

Sí, es que a Celia le gusta mucho.

Creí entenderle a usted que no le gustaba mucho el teatro.

Bueno, yo soy más de zarzuela,

hay que pensar menos en lo que dicen y significa,

solo es escuchar la canciones y ya.

La verdad, a mí, también, me gusta más.

Cuando salimos de la representación,

Celia me empezó a hablar del simbolismo de la obra,

de lo que los personajes sienten,

realmente, pero, luego, dicen otra cosa.

Celia siempre ha sido muy intelectual,

pero, usted no se sienta mal por eso, le confesaré

que esas obras tan, supuestamente, profundas, me aburren mucho.

Bueno, para gustos los colores. Claro, además, no hay que tener

el mismo gusto para ser buenas amigas, ¿no?

Eso es lo que yo pienso.

Aunque, por otra parte hay amistades y amistades

y usted y Celia son mucho más que unas amigas

que salen a pasear y al teatro, ¿verdad?

He abierto esta botella porque Cándida me ha dicho

que tienes muy buenas noticias que contarnos, así que...

Y así es.

Ciro ha vuelto a casa.

Brindo por el feliz regreso.

Felicidades, Elisa,

se lo merece.

¿Y cómo ha conseguido persuadirle?

Pues, le he pedido perdón.

Eso es un buen comienzo, ¿y qué más?

Le he dicho que ya no habría ni más mentiras, ni más secretos,

le recordé que le quería y le pedí que me diera una oportunidad

y me la ha dado.

Fantástico.

Y lo mejor de reconciliarnos

es que estamos como en una luna de miel.

Estoy segura que me hará un regalo maravilloso.

Y espero que sea un regalo muy caro.

Aunque lo cierto es que lo que más me gusta

de que haya vuelto no es el regalo.

Me sorprendes, hija.

Es Sofía,

poder vengarme de ella.

Seguro que ahora estará rabiando en casa de sus padres.

Ya que le han venido bien mis consejos,

permítame que le dé otro,

no baje la guardia todavía.

No, claro que no.

Preste atención a su marido y sea muy cariñosa con él.

Elisa, escucha a Cándida que sabe de lo que se habla.

Es cierto.

Voy a ser la esposa perfecta,

dentro y fuera de casa

y Ciro no tendrá ningún motivo para volver a acercarse a Sofía

nunca más.

Ya le dije que Aurora y yo éramos muy buenas amigas

por eso ella me confió

su especial relación con Celia Silva.

¿Le dijo que eran...?

Novias, sí, sí.

Veo que eran muy íntimas.

No teníamos secretos la una para la otra.

¿Y no se escandalizó la primera vez que se lo dijo?

Al principio, sentí algo de reparo, sí,

es algo difícil de entender,

pero, luego, me di cuenta

de que por encima de todo están las personas.

Hay poca gente que se muestre

tolerante y comprensiva con este tema.

Yo misma me sentí incomprendida

muchas veces y eso me ayuda a comprender a los demás.

Me alegra oír eso.

Por mí no tiene que preocuparse, Catalina, no se lo diré a nadie.

Ahora que sabe la verdad, supongo que...

bueno, que puedo contarle una cosa que me preocupa.

Claro, dígame, de qué se trata.

A veces pienso que no soy suficiente para Celia.

¿Por qué dice eso, mujer?

Pues, porque ella es culta,

de buena familia, refinada, inteligente,

yo a su lado me siento muy pequeña.

No diga eso, Catalina, usted tiene muchas virtudes.

¿Cuáles?, cada vez que la oigo a usted o a Celia

hablar de Aurora, me siento tan insignificante.

Yo creo que no debe sentir celos ni envidia,

usted es encantadora.

Pero, soy muy diferente de Celia

y de Aurora.

Me siento una segundona,

es que estoy segura de que si Aurora siguiera viva,

Celia no habría reparado en mi existencia.

No debe dejarse llevar por sus inseguridades, hágame caso.

Bueno, es que si al menos pudiera parecerme en algo

a Aurora, dejaría de dar vueltas a este tema.

Si lo que quiere es parecerse a Aurora, yo puedo ayudarla,

confíe en mí.

Los días aquí se hacen eternos

y pensando en todos los problemas, no concilio el sueño.

Te he traído este libro para que te evadas un poco.

Gracias.

Cuánto tiempo.

Tus días de encierro están contados.

Diana, no me des falsas esperanzas, no podría resistir un desengaño.

Hay motivos para tener esperanza.

¿Es por el interrogatorio

de Velasco a don Ricardo, se sabe algo?

No, mi tío acreditó una coartada y se ha confirmado.

¿Y, entonces?

Benito.

¿Ha despertado y acusó a alguien? No, todavía, sigue muy grave,

pero, revisamos sus objetos personales

y encontramos algo muy revelador.

¿El qué?

Un papel con una dirección,

la casa de Marina.

¿Y por qué tendría él esas señas?

Yo creo que ese papel demuestra

que Marina te hizo llegar a la fábrica

para que parecieras el asesino de Benito.

Pero, no me imagino a Marina disparando a Benito.

Quizá tuvo ayuda.

Luis y Marina ya intentaron quitarnos al hijo de Francisca.

Un papel con una simple seña

no es suficiente para sacarme de aquí.

Lo sé, por eso voy a ir a casa de Marina.

No, no hagas eso,

que vaya Velasco, ya sabes de qué son capaces.

A mí no van a hacerme daño, sería como declararse culpables.

No puedo decirte nada para que cambies de opinión, ¿no?

Ya sabes que no.

Entonces, ve con mucho cuidado.

Tristán, cómo estás.

¿Hablaste ya con tu familia?

Pues, sí, y les dije que incluiríamos el rito

de romper el vaso tras la ceremonia.

Ah. Y me pidieron

que te diera las gracias Si es importante para vosotros,

es importante para mí.

Bueno, ¿y qué es eso tan importante que tenías que hablar con Rodolfo?

Pues, me ha hecho una petición bastante sorprendente, la verdad.

¿Sorprendente, cómo?

Pues, él y Amalia quieren que sea la madrina de su boda.

¿Eso significaría que llevarías a tu antiguo marido al altar?

Pues, sí, así es.

Desde luego, es una decisión muy particular.

Sí, a mí, también, me lo pareció al principio,

si te digo la verdad, pero, Rodolfo perdió a su madre

y para Amalia y para él, yo soy como de la familia

y a mí me honra que me vean así.

Ya, pero, ¿qué pensará la gente?

Pero, si será una boda muy pequeña y familiar,

si Cristóbal será el padrino, imagínate.

¿Y qué les has dicho?

Mira, me lo dijeron de una forma

tan vehemente que no podía decirles que no.

Me... sigue pareciendo muy inapropiado.

Tristán, míralo así, es una prueba de que Rodolfo y yo

hemos superado lo nuestro y ahora somos amigos y ya está.

Quizá, te has precipitado, ¿no?, en decir que sí.

Pero, a ver, ¿qué es lo que ves tan mal?

No es lo que yo vea bien o mal,

con esa decisión solo lograrás estar en boca de todos,

a mucha gente le parecerá una provocación.

Por el amor de Dios, ya te he dicho

que será una boda muy pequeña y muy íntima.

Se trata de compartir un día

muy especial con la gente a la que quiero.

Mi familia no lo va a entender.

Tu familia.

Sí, no creo que les guste que la mujer de su hijo

siga estando asociada a la polémica.

¿Siga estando?

Blanca, no me lo pongas más difícil,

tu pasado ha sido tumultuoso

y mi familia te acepta,

pero, no les hagas sentir que su decisión ha sido errónea

y todo por participar en algo tan inapropiado.

Pase. Gracias.

Federico,

¿traes alguna noticia del paradero de Úrsula?

No, lo lamento, pero, no tengo noticias.

¿Quieres una copa?

No, no, gracias.

Hijo, ¿no crees que ya has bebido suficiente?

¿Qué más da eso ahora, madre?

Si no tienes noticias, ¿a qué has venido?

Quería ver cómo estabas.

Esta mañana te he visto muy agitado.

Pues, de maravilla,

cuanto más bebo, mejor me encuentro.

Pues, creo que deberías dejarlo porque así no solucionas nada.

¿Y cómo se soluciona, madre?

Si existe alguna manera, dígame cuál y lo hago,

sobre todo, si hay una fórmula mágica, diga cuál es.

Tu madre tiene razón,

es natural que estés dolido,

pero, excederte con el alcohol

no va a hacer que las cosas mejoren, sino al revés.

¿Dolido dices?

¿Sabes, Velasco?, pensé que podrías ayudarme,

pero, ya veo que no.

Voy a la bodega a buscar más licor.

Hijo, ¿por qué no lo dejas ya?, lo que necesitas es descansar,

acuéstate verás cómo mañana verás las cosas de otra manera.

Tal vez sería mejor si no despertara, ¿no cree?

Mira, eso no lo digas ni en broma.

Gabriel, dime que no harás ninguna tontería.

No, tranquilo,

aún tengo...

esperanzas de que la encuentres.

(GABRIEL SUSPIRA)

(ANTONIA SUSPIRA)

¡Todo eso es culpa de esa mujer!

Maldito sea el día en que se cruzó en su camino.

(SUSPIRA) -Sí.

Sí, aunque, en parte, me siento culpable

de que esté así.

¿Usted? ¿Por qué?

Yo sabía que Úrsula se iba a fugar y no le dije nada.

¡Ah, ah!

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

¡Ricardo! ¡Ricardo, tranquilo!

Tranquilo, tranquilo, es un mal sueño. Ya.

Te estabas agitando, cariño. -Sí.

Ah... -Venga, ya está.

Ay, es una pesadilla, de estas que es mejor olvidar.

No, mejor cuéntamelo.

Y, así, si te lo sacas de dentro, no vuelves a soñar con ello.

Bueno, pues soñaba con mi propio funeral.

-Qué horror. -Sí.

Estaba en el ataúd amortajado

y con ese traje azul, el que te gusta tanto.

¿Y qué más pasaba en tu sueño?

Había mucha poca gente en mi funeral.

Y a los pocos que venían a despedirme no los conocía.

Hasta que llegaba él.

-¿Él? ¿A quién te refieres? -A Fernando, mi hermano.

Murió hace unos años, ya te lo conté.

-Sí, ¿y qué hacía? -Se sentaba al borde del ataúd y...

y me miraba con esa expresión de superioridad

que siempre utilizaba conmigo.

¿Y solo te miraba? ¿No decía nada?

Sí, se reía... a carcajadas.

Y me quitaba mi bola de nieve. -¿Qué bola de nieve?

Pues una de esas bolas de cristal con una figura en el centro

y con copos de nieve que se mueven cuando lo agitas.

Guardo una de cuando era pequeño.

La realidad es que es tu hermano quien está en un ataúd.

Y tú gozas de una salud estupenda.

Ya.

¿Y si... y si fuera una especie de sueño premonitorio?

¿Pero que tonterías dices? ¿Cómo vas a creer en esas sandeces?

No sé, es que era tan real...

Bueno, algo de premonitorio tiene porque, al fin y al cabo,

todos vamos a acabar en el mismo lugar.

¿Tú has oído eso de "mala hierba nunca muere"?

(RÍE)

-¿Eh? -Sí.

Bueno, pues entonces ten claro que tú vas a vivir mucho,

pero que mucho tiempo.

Bueno, por si acaso, iré al médico, para que me haga una revisión.

Bueno, eso nunca está de más.

Ay...

Yo también lo sabía.

¿Lo sabía?

Ella me lo dijo.

¿Y usted sabe dónde está ahora?

Sí, va camino de Cádiz.

Allí cogerá un barco que le llevará hasta África.

No le dije nada a Gabriel porque sabía que iría tras ella,

y eso arruinaría su vida para siempre.

Ha hecho usted lo correcto.

Yo no quiero perder a mi hijo.

Lo hice para que no se convirtiera en un fugitivo, pero...

¿y si es su único camino para ser feliz?

No, junto a esa mujer es imposible ser feliz.

Esa mujer no es buena para él.

Pero si le ha causado problemas desde el primer día

que se cruzó en su vida. -No me gusta mentir,

mucho menos a Gabriel.

Si se entera de lo que he hecho, me odiará para siempre.

Ha hecho bien, no se haga mala sangre con eso,.

Alejándole de esa mujer le ha salvado la vida a mi hijo.

Así lo veía yo pero, al encontrarme a su hijo

en estas condiciones, no logro sacudirme la duda de encima.

¿A usted no le pasa?

El dolor se le pasará.

-¿Y si no lo supera? -Lo superará.

Conozco a mi hijo, Gabriel es tenaz

y ama la vida, no se preocupe.

Le va a llevar un tiempo, pero la olvidará.

No sé. No sé, yo nunca le había visto tan abatido.

Mire, si de verdad quiere que Gabriel vuelva a ser el de antes,

tenemos que mantener el secreto

y no decirle nada del paradero de esa mujer.

(MURMURA) Aurora...

¡Hola! ¿Decías algo?

-No, solo saludaba. -Ah. No te he oído entrar.

-¿Qué tal has pasado el día? -¿Qué te has hecho en el pelo?

¿Te gusta?

¿Por qué has cambiado tu peinado?

No sé, quería verme de otra manera.

Así que he ido al salón de peluquería en un momento libre

y les pedí que me hicieran algo distinto, algo más sofisticado.

Sí, desde luego, distinto es.

¿Por qué pones esa cara?

Nada, es que me he sorprendido, eso es todo.

Quería estar guapa para ti.

No hace falta que cambies nada.

A mí ya me parece que estás muy guapa habitualmente.

Pensé que te gustaría, pero veo que me he equivocado.

No, Cata, no es que no me guste.

Es... que no es tu estilo.

¿Y por qué no? ¿Es que es demasiado elegante para mí?

No, es que prefiero cómo vas peinada habitualmente.

¿Y no te parece divertido cambiar de vez en cuándo?

No.

No sé, yo así me veo más sofisticada, más... más adulta,

más intelectual. -Eh...

Prefiero que seas tú, Cata.

Está bien, ahora vuelvo.

¿Tu prometida nos acompañará en la cena?

No, está indispuesta. ¿Qué le ocurre?

¿Quieres que vaya a reconocerla? No, no, son solo los nervios.

Quedan un par de días para la boda. Ya.

Bueno, pues, en ese caso, le hará bien descansar.

Sí. Además, será una buena oportunidad

para que tú y yo cenemos a solas y podamos charlar.

Sí. ¿De qué quieres que hablemos? De todo un poco.

Cristóbal, sé que en el pasado nuestra relación ha sido

muy difícil, pero también creo que estamos en el camino adecuado.

Sí, yo también lo creo. Además, el pasado es eso, pasado.

Yo no soy un sentimental, ya lo sabes,

no me gusta hablar de cómo me siento.

Pero, no sé, creo que en eso también estoy cambiando.

Bueno, pues va a ser verdad eso de que ser padre cambia a la gente.

Desde luego. Y Amalia.

Ella me ha aportado serenidad y risas.

Y, mira, estoy aceptando cosas de mí mismo que no me gustaban,

por primera vez. Eso es todo un cambio.

Me he dado cuenta de que me equivoqué.

No puedo culpar a madre de todo lo malo que me pasaba.

Yo era... no era un adulto.

Ella solo quería que estuviera a la altura del apellido.

Pero yo era tan ambicioso...

Quién me iba a decir que iba a ser feliz

justo cuando lo perdí todo. Quedémonos con eso, Rodolfo.

Con que ahora estés bien, eso es lo que importa.

Es que yo también quiero que tú seas feliz.

Bueno, yo estoy mejor, ¿eh?

Estoy mejor, he vuelto a mis rutinas,

a centrarme en el trabajo. Estoy mejor.

Si tú lo dices... Sí.

Permíteme que te pregunte: ¿has preparado el discurso

que vas a leer delante de mis invitados?

Voy a improvisar. ¿Que vas a improvisar?

Cristóbal, no te he hecho solo padrino porque eres mi hermano,

sino porque confío en ti. No te quedes en blanco

con la copa en la mano. Tendrás que asumir ese riesgo.

Bueno, mira, si haces un ridículo estrepitoso,

no me va a importar porque vamos a ser pocos invitados,

una boda pequeña. Pues mejor así.

Blanca ha accedido a ser nuestra madrina.

La pobre... (RÍE) Estaba sufriendo

porque le he hecho creer que Aurora era poco menos

que una diosa en la Tierra, ya ves tú.

Eres incorregible.

Cata temía no estar a la altura de Celia, porque no es culta,

ni sofisticada, ni entiende el teatro de vanguardia.

Que, por otra parte, es normal, es una simple modistilla.

¿Y qué le dijiste?

Le pregunté si quería parecerse a Aurora

y, por supuesto, me dijo que le encantaría.

Temo oír lo que venga a continuación.

Pues la he convencido para que se peine igual que ella.

(RÍE) Como si eso pudiera servir de algo.

Me encantaría ver la cara de Celia

cuando vea a su amada volver de la tumba.

¡Jaque!

(Llaman al timbre)

-¿Esperas a alguien? -Yo no, ¿y tú?

No.

¡Qué grata sorpresa!

Diana Silva.

¿A qué debemos el inesperado placer de esta visita?

Supongo que será algo muy importante, si no,

una dama no se presentaría así, sin avisar.

-He venido a traeros esto. -¿Esto qué es?

Las pertenencias de Benito.

Sé que suena un poco excéntrico, así lo definió ella, excéntrico.

Pero al final ha accedido.

¿Excéntrico? Ajá.

Hermano, que tu antigua mujer te acompañe al altar...

Se ha convertido en una buena amiga,

para mí y para Amalia. Y, como tú y yo,

hemos encontrado el camino correcto.

Sí, vale, pero estarás de acuerdo conmigo en que...

va a ser extraño

Lo será. Pero, verás, no solo lo hemos hecho por nosotros.

¿Ah, no? No.

A ver, que creo que ya sé por dónde vas. ¿Qué quieres decir?

Blanca se va a casar en breve

y pronto será su fiesta de compromiso.

Puede que sea una de las últimas oportunidades

para que le digas lo que sientes por ella.

¿Le hiciste creer que era por ti cuando pretendes...?

Cristóbal, tiene que saber lo que sientes por ella.

Ya sabe lo que siento, Rodolfo.

Le escribí una carta que le enviaste.

No contestó, es evidente lo que siente.

¿Qué es evidente? No te ha dicho nada.

Cristóbal, reconoce que desde que rompisteis

no has levantado cabeza. ¿Y qué si es así? ¿Qué hago?

Pues sí, tienes razón, ya pasaré página, me olvidaré.

Esa no es la respuesta. Ella quiere casarse con Tristán.

Y yo no puedo hacer nada para impedirlo.

Cristóbal, escúchame, es ahora o nunca.

Siempre te quejabas de los modos que utilizaba madre.

No hagas lo mismo que ella.

Cristóbal, tienes que luchar por ella.

¿Pero qué tienes que perder?

Después de tu boda, me voy a ir a implantar

unidades móviles de radiografía al frente francés.

Y a eso voy a dedicar todos mis pensamientos.

¿Todos?

Todos. Y no insistas.

Cambiemos de tema, te lo ruego.

Como quieras.

Ya que le apreciabais tanto como para vivir con él,

pensé que os gustaría conservarlas.

-No sé de qué me estás hablando. (RÍE) Por favor...

No insultes a mi inteligencia.

¿Qué quiere, Diana?

Sé que estáis organizando toda esta trama

para hundir a Salvador. -¿Nosotros? ¿Qué tontería es esa?

Nos guardáis rencor a las Silva desde hace mucho tiempo.

Ah, no creo que seamos los únicos.

Las Silva tenéis el don de crearos enemigos

con mucha facilidad.

No voy a parar hasta llevaros ante la justicia

y que paguéis por todo el daño que nos estáis haciendo.

Y yo no voy a tolerar que venga a mi casa a amenazarme. ¡Largo!

Luis, te has convertido en un miserable.

Me da mucha pena, porque hubo un tiempo

que formabas parte de mi familia.

Antes de toparme con las Silva, yo era alguien.

Tenía un futuro, un gran futuro como músico.

Pero vosotras me destruisteis. -¿Eso crees?

Reflexiona y te darás cuenta de que no fuimos nosotras

quienes te han convertido en quien eres ahora.

-¡Váyase! -Sí, me marcho.

Pero volveré, y no lo voy a hacer sola.

Saldréis de esta casa esposados camino de la cárcel.

¿Cómo ha podido sospechar de nosotros? Dime.

Seguro que te dejaste algún indicio en la fábrica

o en el automóvil de Salvador. -¡Fui muy cuidadoso!

Si hay un culpable, ese no soy yo.

¿Esto qué es?

¡Benito! ¿Cómo no has pensado en esa posibilidad?

-¿Yo? ¿Cómo no lo has pensado tú? -Bueno, vamos a tranquilizarnos.

Lo importante es que Diana no tiene nada para acusarnos.

O habría venido con la Policía. -Tiene un indicio, quizá tenga más.

Puede llegar a ser muy testaruda.

Solo hay un cabo suelto y está ingresado en el hospital.

No, no voy a hacerlo.

¡Sé un hombre!

Ya has visto que Diana quiere acabar con nosotros.

¡No puedo hacerlo!

Está claro que tendré que ser yo el hombre en esta pareja

y matar a Benito de una vez por todas.

¿Ser la madrina de tu antiguo marido?

¿Eso dónde se ha visto? Ya me he comprometido.

Sería de mal gusto decirles que no,

la boda es mañana. No pueden buscar a otra persona.

¿Sabes qué sería de mal gusto?

Que seas su madrina, eso es de mal gusto.

No entiendo que te pongas así, respeta mi decisión.

No la respeto. Y te prohíbo que vayas a esa boda, ¿entendido?

-Vámonos. -¿Estás loca?

-Es la única salida posible. -Que... que no tengo dinero,

que Merceditas nos pillaría. -Nos vamos esta noche y ya está.

-¿Adónde? -¡Lejos!

¡No tengo ni para lejos ni para cerca!

¡Raimundo! Si me quieres, lo harás.

La única ventaja de estar aquí, ¿sabes cuál es?

Que te da mucho tiempo para pensar.

Y no sabes cuánto me arrepiento de haberme ido de casa.

-Estáis a tiempo de reconciliaros. -¿Para qué?

Para que sepa que la quieres, ¿te parece poco?

(LEE) Aurora estaba bellísima.

Anoche estuve en casa de Marina.

Les mostré la caja con las pertenencias de Benito.

Tenía que haber visto sus caras.

Lo lamento mucho, pero lo que usted me cuenta no prueba nada.

¿Qué interés podría tener Marina y Luis en perjudicar a Salvador?

El daño me lo quieren hacer a mí.

Quieren acabar con las Silva. Marina es mala persona,

sabe que es capaz de cualquier cosa.

Sí, y manipulará a Luis a su antojo.

Él no es mejor que ella.

Creo que me iré a casa.

-¿A casa? -Sí

Y... mejor será que mañana no nos veamos,

así podrás disfrutar de tu hermana.

Todos quieren que olvide a Úrsula: usted, Velasco...

-Porque queremos lo mejor para ti. -Ayúdenme a encontrarla.

"Quien no quiere ser encontrado...".

Pues yo estoy dispuesto a gastarme

hasta la última peseta con tal de hacerlo.

Úrsula no está en este país.

-Eso no lo sabemos. -Yo sí lo sé.

Me lo dijo ella.

Tiene una disfunción grave.

Bueno, pues, en ese caso, tendremos que operar

y solucionar este asunto pronto.

No quiero perder el tiempo, menos en temas de salud.

Verá, su problema no... no tiene solución.

No se puede operar.

-Dígame que hablará con él. -Yo opino lo mismo que usted.

Si le sigo insistiendo, se terminará enfadando conmigo.

No, pero con usted es distinto, usted es su amigo

Yo soy su madre, conmigo siempre anda regañando.

Pero a usted le admira. -¿Usted cree?

Claro que sí, estoy convencida.

Ay, por favor, hable con él, haga que mi hijo entre en razón.

  • Capítulo 454

Seis Hermanas - Capítulo 454

02 mar 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de 1920.

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