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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 453 - ver ahora
Transcripción completa

Me quedé escondido hasta que oí que llegaba la policía.

¿Y la prueba para incriminar a Salvador?

En el lugar acordado,

no te preocupes.

Nadie dudará de que Salvador ha matado a Benito.

Esta vez no se librará de la cárcel.

La pistola estaba en su coche. No puede ser, no poseo ninguna.

¿Está seguro de eso? Absolutamente, ¿por qué no me cree?

Me gustaría, pero, las pruebas dicen otra cosa.

Por el amor de Dios, soy inocente.

Lo lamento, pero, eso lo decidirá un juez.

No pienso marcharme de casa de Ciro ni de Elisa.

Ya lo he intentado por la vía diplomática,

así que, ahora, vamos a hacerlo de otra manera,

aléjese de ese matrimonio, le puede hacer mucho daño.

¿Crees que saldrá de esta? Le dispararon, está muy grave.

Pero, ¿sobrevivirá? Yo, me prepararía para lo peor.

Ciro, estás ciego,

necesitas que alguien te abra los ojos

y yo quiero que sepas con quién te has casado.

No sé de qué me hablas. De que León no era

tu profesor de francés, sino tu amante.

¿Cómo has caído tan bajo?

Ciro, Sofía hace todo esto

para romper nuestro matrimonio, ¿no te das cuenta?

Ciro, espera.

Cata, anoche teníamos una cita

y la cancelaste de repente, ¿dónde estabas?

Ya te dije que me pasé la noche haciendo bocetos de tu vestido,

¿no me crees? No, no se trata de mí,

sino de que tengas coartada por si la policía pregunta.

No me vas a ayudar, ¿verdad?, me vas a detener.

Voy a guardar tu secreto,

no le contaré a nadie nada,

podrás marcharte lejos sin que Gabriel intente detenerte.

No voy a ir al duelo. ¿No te vas a arrepentir?,

no quiero ser culpable de tu descrédito, Rodolfo.

Contigo, me he dado cuenta de lo que quiero en la vida,

quiero devolverte, aunque sea un poco, la felicidad que me das.

¿Se puede saber por qué me robaste el dinero de la tienda?

Diana, deberías comer algo.

No tengo hambre,

no puedo dejar de pensar en lo mal

que lo estará pasando Salvador en la cárcel.

¿Pero, cómo alguien puede pensar que Salvador sería capaz

de intentar matar a Benito?, no lo entiendo.

Diana, lo siento, no debí decir eso.

¿Sabes por qué estoy tan triste?,

porque pensé que Salvador le dio esa paliza a Benito,

desconfié de él, Celia.

Si su propia mujer le retira la confianza, quién va a creerle

ahora que las pruebas apuntan contra él, ¿quién?

Cuando Benito despierte y cuente la verdad,

Salvador será exculpado, ya lo verás.

Ya le culpó una vez, ¿cómo sabemos que no lo repetirá?

Porque le dispararon, eso es un hecho,

intentaron matarle, y si despierta, contará la verdad, créeme.

Si despierta, tú lo has dicho. Confía en los médicos.

Más me vale porque me temo que Salvador no tiene otra salida.

¿No hay otra forma de demostrar su inocencia?

Él habló de un cliente

que le quería comprar un coche y le citó en la fábrica.

Pero, entonces, hay que hablar con ese cliente.

No sabe quién es, se comunicaban por cartas,

ni él ni Ciro le vieron nunca la cara.

Ciro, hay que hablar con Ciro,

al menos, él puede confirmar

que a Salvador le citaron en la fábrica.

Tienes razón,

quizá Ciro sepa algo.

Hablaré con él.

Todo se arreglará, ya lo verás.

Quizá, Salvador salga de la cárcel,

pero, no sé si lo nuestro se arreglará.

Diana, lo importante es que estás a su lado y le estás ayudando,

lo que pase después, ya se verá. No sé.

Elisa, ¿qué haces aquí?

¿Puedo desayunar con vosotras?

Por supuesto, claro, siéntate.

¿Qué ocurre?

¿Qué?

Quiero saber si hablan del crimen que he cometido.

No hay ningún crimen. ¿Cómo que no?, dejé a Benito muerto

en un charco de sangre y llegó Salvador y luego la policía.

No, Luis, le dejaste vivo,

Benito está vivo.

No puede ser,

¿cómo lo sabes?

Me encontré con una antigua

compañera del hospital y le saqué información,

Benito está ingresado y vivo.

Pero, no puede ser, yo mismo le disparé, cayó al suelo,

se quedó inmóvil,

inerte, te juro que estaba muerto.

¿Lo comprobaste, le tomaste el pulso?

No era necesario, estaba muerto.

Obviamente, era necesario,

¿por qué no le remataste?

Porque estaba muerto.

Eres un estúpido, le has dejado vivo.

Ahora, si se despierta y nos acusa.

Imposible, le disparé en el pecho y cayó, estará a punto de morir.

No me creo que te marcharas de allí sin acabar el trabajo.

¿Y qué querías que hiciera?, temía que llegara Salvador

y se trataba de culparle a él, no a mí.

Y, ahora, ¿cómo le incriminamos si se despierta y nos acusa?

No se despertará, estoy seguro.

Como lo estabas de que había muerto, ¿no?

Perdona, pero, no me fio de tu palabra.

¿Y qué hago, voy al hospital con la pistola y le disparo, no?

No, no lo voy a hacer.

Lo digo muy en serio, Luis,

hay que matar a ese muchacho antes de que se despierte,

¿me oyes?

No sé tú, pero, yo no quiero volver a la cárcel.

Se ha ido,

me ha dejado.

Pero, eso, no puede ser, Elisa,

¿qué es lo que ha pasado?

Nada, hasta que llegó Sofía y empezó a intrigar.

Pero, si Sofía es tu mejor amiga. Eso pensaba yo, también,

pero, ha cambiado mucho desde que está viuda.

Ahora, bueno, no le gusta la soledad.

Empezó metiéndose en mi casa

y, después, en mi matrimonio.

¿Quieres decir que Sofía ha intentado seducir a Ciro?

No, pero, eso no puede ser.

Todas conocemos muy bien a Sofía y sabemos cuánto quería a Carlos,

no puede haberlo olvidado con tanta facilidad.

¿Es que no me crees?

Solo digo que tiene que haber otra explicación posible.

Entonces, ¿por qué me ha dejado Ciro?

Bueno, te vamos a ayudar.

Señoras, señoras, cara de doña Francisca.

Ah, ay, dámela,

espero que sean buenas noticias

porque las necesitamos como agua de mayo.

¿Qué dice?

Igual se ha quedado sin voz o ha cancelado una gira

o se ha quedado sin voz y por eso canceló la gira.

Señora, por Dios, no sea tan ceniza.

Nada de eso, Francisca viene a Madrid.

¿De veras? Sí.

Dice que tiene muchas ganas de abrazarnos.

Ay, qué maravilla, ni enfermedades, ni afonías, ni cambios en la gira,

ni nada de nada, todo buenas noticias.

Hay que hacerle un recibimiento por todo lo alto.

Sí, hay que celebrarlo,

por fin estaremos juntas todas las hermanas.

Bueno, casi,

falta Adela.

Ay, por Dios, me van a hacer llorar.

Buscaré a doña Blanca y le daré

la noticia, seguro que se alegra mucho.

Has hecho mal el trabajo y lo vas a terminar.

No, ¿no te das cuenta que no puedo hacerlo?,

Benito será un imbécil, sí, pero, no nos ha hecho nada.

¿Y nuestro plan?,

queremos hundir a Salvador Montaner y con él a Diana

y con Diana al resto de las hermanas Silva.

Lo sé, pero, no puedo hacerlo,

no tienes ni idea del tormento que me causó dispararle,

no pienso volver a hacerlo.

Si lo hubieras hecho en condiciones no estaríamos en esta situación.

Marina, a lo mejor esto es una señal del cielo.

¿Qué señal ni qué señal?

Por favor, obedecías órdenes de don Ricardo sin rechistar.

Esto no es lo mismo, hablamos de disparar a un inocente,

a un moribundo.

Podías elegir otro día más propicio para tener esos remordimientos,

¿no te das cuenta que si Benito habla puedes acabar en el garrote?

Lo sé, pero, me da igual,

prefiero correr ese riesgo antes que exponerme a algo así.

Tú, no eres un hombre, eres un cobarde.

Te equivocas si piensas

que apelando a mi hombría me vas a convencer.

Entonces, ¿quieres morir?

No quiero morir, por supuesto que no,

pero, no puedo volver a mirar

a los ojos a ese muchacho, es superior a mí.

Ya me presionaste y me convenciste, pero, no lo repetiré, no, se acabó.

Te lo voy a decir por última vez,

vas a matar a Benito

por mucho que te atormente.

Lo vas a hacer

y cuanto antes lo hagas, mejor.

La casa está cerrada al público, lo digo por si quiere

alguna chica, tendrá que esperar un buen rato.

Yo no soy ningún cliente, ¿por quién me ha tomado?,

míreme a la cara.

Se lo advierto, no estoy acostumbrada

a los malos modos hasta mi segunda taza de café.

Vine a decirle que ya basta de amenazas a Sofía.

¿Sofía?

estoy repasando el nombre

de mis chicas y no recuerdo que haya ninguna Sofía.

Sabe muy bien de quién le hablo.

Por supuesto que lo sé.

Y, dígame una cosa,

¿por qué iba a perder yo el tiempo con esa mujer?

La amenazó con represalias si no se iba de mi casa,

incluso insinuó que le podía pasar algo a su hijo.

Los niños son muy frágiles a esa edad.

Como se acerque a Sofía se las verá conmigo, ¿me entiende?

Veo que la defiende con mucho pundonor

¿y no será que la tal Sofía

se metió en su matrimonio más de la cuenta?

Eso no es asunto suyo.

Perdone, pero es usted quien vino a hablarme de este particular.

No, yo vine a decirle que ya basta de amenazas,

sé que usted y don Ricardo solo entienden de estas cosas,

pero, algunos somos gente de bien.

Gente de bien que mete a su amante en casa.

Mire, ¡cállese!,

si mi matrimonio está roto es por las mentiras de Elisa,

aunque no me extraña con el padre que tiene que saliera así.

Ya es la segunda vez que insulta a don Ricardo en esta casa

y le aseguro que es la última.

Márchese.

No, hasta que le queden claras mis advertencias.

¿Y me puede recordar cuáles son esas advertencias?

Que si se acerca a Sofía o a Leandro, se las verá conmigo.

¿Le hago gracia?

No, no se lo tome a mal,

es, simplemente, una sonrisa de asombro,

una reacción lógica ante las amenazas de un lisiado.

Mejor.

Ha sido usted muy valiente, don Ciro,

y, ahora, márchese con su gallardía a otra parte, ande.

Raimundo, ¿qué haces?

Que no lo entiendo, traje unas botellas de aguardiente

y, ahora, no las encuentro.

Las volví a llevar al almacén,

no vamos a gastar las nuevas teniendo las viejas aquí.

Pero, ¿cómo que se las llevó, no le dijo el médico que reposo?

Ya estoy del reposo hasta las narices,

prefiero morirme del corazón que de aburrimiento.

No diga barbaridades. Que sí,

hombre, que a mí trabajar me viene bien, me distrae.

Buenos días, doña Úrsula, ahora mismo le atiendo.

Ya le atiendo yo,

tú... vete al almacén, anda.

¿Y a qué voy al almacén?

Tráete de vuelta las botellas que me llevé.

Pero, para qué...

Que las traigas, vete al almacén, por favor.

Tú y yo tenemos una conversación pendiente,

estoy a esto de contarle a mi hijo que eres una ladrona,

si todavía no lo hice es porque eres la madre de mi futuro nieto.

Ese nieto no va a nacer.

¿Cómo que no va a nacer?

Que he perdido al niño, Antonia.

Pero, ¿cómo que has perdido al niño?

¿Gabriel lo sabe?

No, y por eso he venido a verla,

necesito que usted se lo diga cuando crea oportuno.

Pero, ¿cómo se lo voy a decir yo, por qué no se lo dices tú?

Ya... te vas, es eso, ¿no?

Esa criatura era mi salvación, ahora, ya no tengo escapatoria.

Tengo que irme,

pero, no quiero que cuando Gabriel se entere de que

me he marchado, crea que lo hice con nuestro hijo.

Si te digo la verdad, casi que prefiero

que estés bien lejos de mi familia

porque no nos has traído más que desgracias.

Yo no puedo decir lo mismo.

Quería a ese niño y quiero a su hijo como nunca quise a nadie.

Fíjate que hasta eso me cuesta creerlo.

Bueno, entonces, ¿a qué has venido?,

¿no habrás venido a despedirte de mí,

qué quieres, más dinero?

No te basta con el que me robaste en la tienda.

Antonia, debería estarme un poco agradecida,

dejo a su hijo con usted.

Solo faltaba.

Si yo quisiera, Gabriel se vendría conmigo,

usted lo sabe igual que yo.

¿Qué más vas a pedirme?

Que no deje que me busque,

no quiero que sufra más por mí.

Por mucho que le cueste creerlo, yo amo a su hijo

y solo quiero su felicidad,

aunque ello signifique mantenerlo lejos de mí,

pero, para hacerlo necesito su ayuda.

Por una vez estamos de acuerdo en algo.

Gracias a Dios. Pero, eso no significa

que vaya a encubrirte, Gabriel se merece saber

que ya no será padre, ahora mismo.

Antonia,

espere, por favor.

No me parece adecuado albergar

a una familia judía en una casa católica.

Dejemos a un lado las consideraciones religiosas,

se trata de una cuestión de educación.

Es que no sé si está permitido, deberíamos consultar al párroco.

Le recuerdo que Tristán se convirtió al catolicismo.

Sí, pero, su familia, no.

Pero, es mi familia política y les trataremos como se merecen.

Es tan sencillo como eso.

Pero, es que va a venir doña Francisca,

deberíamos volcarnos en recibirla como es debido,

hace tanto tiempo que está fuera.

Bueno, y así lo haremos, no se preocupe.

¿Y no le parece inoportuno alojar al mismo tiempo

en esta casa a una gente que ni siquiera conocemos?

A mí, lo que me parece,

es que desaprueba mi compromiso con Tristán.

No le voy a negar que no me gusta, no.

Pues, al menos, podría disimular un poco,

aunque solo sea para hacerme feliz a mí.

Es que me parece, ay, no sé cómo decirlo, señora,

un matrimonio antinatural.

Bueno, ya está bien.

Me voy a casar con él, le guste o no

y su familia se alojará aquí, con nosotros.

Con todos mis respetos, no me parece una buena idea.

Y usted misma se encargará,

personalmente, que no les falte de nada.

Veo que mi opinión no le importa.

Usted no está aquí para dar opiniones,

usted está aquí para acatar órdenes.

Sí, señora, efectivamente, así es.

Y si no ordena nada más,

me dispongo a organizarlo todo, inmediatamente.

Muchas gracias.

Yo no le gusto, Antonia,

nunca le he gustado para su hijo.

Ahora, tiene la oportunidad de perderme de vista

y que Gabriel sea libre por fin. Tú, quieres seguir engañándole.

Si Gabriel se entera, no me dejará marchar.

Si usted no dice nada, me marcharé del país

y de su vida para siempre.

¿Y cómo sé que no volverás dentro de tres días?

Porque volver me costaría la vida y...

y, con el tiempo, el dolor pasará.

Encontrará a otra mujer de la que se enamorará y...

y será feliz con ella y...

y con usted, que seguirá por ahí revoloteando, como siempre.

Mira, yo no... yo no soy una mentirosa, no me gusta mentir.

A nadie le gusta.

Es que yo no me fío de ti.

Tengo el pasaje del barco, la documentación falsa y...

y el dinero. Me marcharé para siempre, Antonia.

Espero no volver a verte en mi vida.

-Buenos días. -¡Buenos días!

Quería hacerme un vestido,

hoy me levanté con ganas de darme un capricho.

Muy bien. Hoy hemos recibido telas de la nueva temporada.

Se las enseño. -A mí me gustan esas.

-Perdón, ¿cuáles? -Qué bonitas.

-Ah... -¡Huy!

¡No me lo puedo creer! ¡Ah! ¡Qué casualidad! ¿Era amiga suya?

-Sí. -Ah...

Aurora Alarcón. Trabajamos juntas en el hospital.

Y llegamos a ser grandes amigas.

Vaya, qué casualidad.

Su muerte nos sorprendió tanto a todos,

pero la vida es así de injusta, se lleva a los mejores.

No sabía que la hubiera conocido.

Bueno, en realidad, no la llegué a conocer.

¿No? ¿Entonces por qué tiene su fotografía?

Es que era amiga de una amiga,

y me han hablado tanto de ella que es como si la conociera.

Me pareció que miraba su retrato con mucho interés.

Curiosidad, eso es todo.

Aurora era una mujer encantadora, tenía un gran corazón.

Yo creo que es una de las personas más generosas que he conocido.

Ya me habían contado que era una mujer con gran corazón.

Sí, nunca tenía un mal pensamiento hacia nadie.

Y era tremendamente compasiva con todo el mundo,

incluso con las personas que le habían hecho daño.

Ella no conocía ni el odio ni el rencor.

Bueno, parece que está describiendo a un ángel.

Sí, pero no crea que Aurora era una pobre monjita de la Caridad,

también le gustaba mucho divertirse.

Era tremendamente culta, y le encantaba el teatro

¿A usted le gusta el teatro? -No, no mucho.

Pues Aurora iba todas las semanas, por lo menos una vez.

Recuerdo un día que vino al hospital entusiasmada

con una obra de Galdós que vio la noche anterior.

-¿Galdós? Me suena. -¡Claro que le suena!

Si es un autor famosísimo.

Era el autor favorito de Aurora también.

Ay, perdóneme, perdone que... que hable tanto de ella,

pero he visto su fotografía y me ha entrado nostalgia.

No se preocupe, lo comprendo.

Sobre todo, si se trata de una mujer tan perfecta.

A Luis Vigamil sí le quiero invitar,

es de los pocos diputados que no me retiró el saludo

cuando las cosas se torcieron. -Entonces debe venir a la boda.

Se lo ha ganado. ¿Cuántos vamos?

-23. -¿Solo 23?

Sí, familiares y allegados. No quiero invitar a más.

Bueno, una boda íntima también es bonita.

Podría invitar a mucha más gente, ya lo sabes, pero...

pero es que estoy escarmentado después de lo que pasó

en casa de Federico Sotomayor.

Rodolfo, a mí me da igual lo que diga la gente.

No, Amalia, no te da igual.

Y en tu boda tienes que estar tranquila.

Va a ser el día más bonito de mi vida.

Mira, cariño, yo sé que te mereces una boda por todo lo alto,

pero hazme caso, es mejor así.

Siento mucho si te he estropeado alguno de tus sueños.

Mi sueño es casarme contigo.

Y con que estés tú y nuestra hija, me vale.

¿Ah, sí?

Disculpen, ha venido el Sr. Loygorri de visita.

Perdón, sé que interrumpo algo importante.

Puedo acercarme en otro momento. No te preocupes.

Siéntate, estamos con la lista de invitados. ¿Quieres un café?

Sí. ¿Desean algo los señores?

No, gracias, María.

Si os besáis así entre nombre y nombre,

no vais a acabar nunca. Tú estás el primero en la lista.

No esperaba menos pero, veréis,

es que me ha ocurrido algo

que puede poner en peligro mi presencia en la boda.

¿De qué estás hablando? Sea lo que sea, debes suspenderlo.

O retrasarlo, no puedes faltar a nuestra boda.

No es seguro, bueno, es que aún estoy emocionado.

He recibido una llamada de Marie Curie.

¿De Marie Curie? Sí.

¿Marie Curie? ¿Madame Curie? La misma, Rodolfo.

Quiere conocerme y que charlemos

sobre el estudio que hice sobre el radio.

Perdonad mi ignorancia, ¿quién es esa señora?

Es una científica francesa muy importante, Amalia.

Descubrió el polonio y el radio,

tiene un Premio Nobel en Física y en Química.

Es la científico más importante del mundo.

Quiere crear unidades móviles de radiografía

para atender a heridos de guerra y quiere que le ayude.

Pero, bueno, Cristóbal, ¡eso es extraordinario!

Trabajar con esa mujer va a lanzar tu carrera al estrellato.

Supongo. Llevo tiempo carteándome con ella.

Sabe que he instruido a muchas enfermeras

y quiere que la ayude en eso. ¿Te vas a París?

Sí, eso parece. De hecho, quiere que me incorpore ya

y nos conozcamos cuanto antes.

No puede ser. Si te vas a París ahora,

no podrás venir a la boda. Y, sin padrino, no hay boda.

Espera, hagamos una cosa.

Contactaré con ella y le diré que me incorporaré

tras vuestro casamiento, ¿os parece?

Nos parece. No puedo estar más contento.

No me extraña, ven aquí.

(LLAMA A LA PUERTA)

Ciro, pasa.

Hola, Diana, ¿para qué me has llamado?

Gracias por venir. Siéntate, por favor.

Perdóname, ahora no tengo ganas de hablar de mis problemas conyugales.

No, no te he llamado por eso.

-¿Ah, no? -No.

Aunque Elisa me ha puesto al corriente y, la verdad,

lo está pasando muy mal. -Para mí no está siendo fácil.

Supongo. Pero, tranquilo, no quiero meterme en medio

de vuestros problemas. -¿Entonces para qué me has llamado?

-Para hablar de Salvador. -¿Qué tal está?

Me parece increíble que le acusen de intentar matar a ese chico.

¡Es imposible! -Sí, pero hay pruebas serias

en contra de él. -Debe ser un malentendido.

Ciro, escucha, puedes ayudarnos.

Salvador dice que un cliente quería comprarle un coche.

Un cliente cuyo nombre desconoce y que le citó aquí, en la fábrica.

Sí, es cierto, se comunicaban mediante cartas.

-¿Y tú viste esas cartas? -Las vi, pero no las leí.

El cliente exigía que las devolviéramos

a una dirección postal. No quería dejar el menor rastro.

Así que no tienes las cartas.

Lo único que sabes es que Salvador te habló de un cliente invisible.

¡Dios! Estoy en un callejón sin salida.

Mira, este es el número del apartado de correos

donde teníamos que mandar las cartas.

Quizás, si vas a correos, te den más datos del cliente.

Muchas gracias, Ciro, voy enseguida.

Nada. Si necesitas algo más, no dudes en pedírmelo.

Salvador es un gran amigo y no debería estar en la cárcel.

Elpidia, tienes que esmerarte más,

la casa debe estar reluciente para nuestros huéspedes.

Eh, y tú, Merceditas, recuerda, lo primero acondicionar

las habitaciones de nuestros huéspedes.

Lo hago porque usted me lo manda, pero a mí no me parece bien

alojar en esta casa a una familia de... de judíos.

¿Qué? ¿Aquí? ¿Los judíos aquí? A la señora se le ha ido la cabeza.

Por una vez, estoy de acuerdo contigo.

Basta, vosotras solo tenéis que hacer lo que os he pedido.

Hemos de estar a la altura,

sin entrar en otras consideraciones.

¡Es lo que desea doña Blanca! -Pero esto va a ser un escándalo.

¡Una de las Silva emparentando con una familia de judíos!

Hombre, y en el marcado ya corren los chismes.

Una criada me ha dicho que sus señores no van a la boda.

Oh, pues ya verá cuando se enteren que les damos techo y mantel.

-Yo no he dicho nada. -¡Bueno, basta, basta!

No quiero saber nada más de chismorreos.

Elpidia, te encargarás de llevar el desayuno

a los familiares de don Tristán. -Que lo haga Merceditas.

-¡Te mandó a ti! -Tú tienes más experiencia,

¿no dices eso cada día? "¡Llevo más años que tú!".

-¡Yo no hablo así! -¡Basta ya!

Elpidia, tú servirás el desayuno.

Y tú, Merceditas, de arreglar las habitaciones.

¡Aquí las órdenes las doy yo!

Y vosotras solo tenéis que obedecer en lo que os mando, ¿entendido?

¿Entendido? Bueno, pues a trabajar todo el mundo.

-¡Hola! -¡Hola! Qué alegría verte.

¿Hay alguna novedad con Benito?

No, Salvador sigue en la cárcel.

Al parecer, todas las pruebas apuntan a él, así que...

mi hermana Diana no lo está pasando bien.

-Normal. -Ajá.

Aunque más bien te preguntaba por la salud de Benito.

¿Por qué? ¿Te preocupa que haya empeorado?

Sí. Ayer estaba enfadada y dije cosas que no... que no debía.

Bueno, hoy no he dormido muy bien pensando en él,

en que me sentiría mal si muriera.

No sabes cuánto me alegra oírte decir eso.

Pero, hasta donde yo sé, sigue igual.

Vivo, pero no despierto.

-Cuando lo haga, contará la verdad. -Ojalá.

¿Pero podríamos cambiar de tema?

En casa estamos muy preocupadas y no me gustaría contagiártelo.

Así que, si quieres, hoy, cuando cierres la tienda,

nos podemos ir a dar un paseo.

Bueno, yo he pensado en un plan mejor.

-¿Ah, sí? -Ajá.

¿Y cuál es?

-Podríamos ir al teatro. -No sabía que te gustaba el teatro.

Sí, si me encanta. Está claro que aún hay mucho que no sabes de mí.

(RÍE) Pues tienes razón, tu plan es muchísimo mejor que el mío.

¿Y qué te gustaría ver?

Podríamos ver algo de Galdós, es mi autor favorito.

¡Vaya! Juraría que te he hablado muchas veces de él y...

y nunca he visto que mostraras mucho interés.

¿Seguro? No... no me había dado cuenta.

Bueno, ¿te apetece? -Sí, claro.

Si quieres, justamente están haciendo "Electra". ¿Te apetece?

"Electra", de mis favoritas.

¡Sofía!

Elisa, ahora no puedo entretenerme, tengo mucha prisa.

Leandro está con una niñera nueva y no me fío de ella todavía.

No, no te vas a ir. Antes me vas a oír.

Estamos en un lugar público, ¿quieres montar un espectáculo?

¿Cómo se te ocurre contarle todo lo de León a Ciro?

Eres mi mejor amiga, Sofía, las amigas se guardan los secretos.

Las amigas también se ayudan. Yo te necesité mucho

después de la muerte de Carlos y tú no estuviste allí.

El único que me tendió la mano fue Ciro,

él se comportó como un amigo. -Ya.

¿Debía engañarle?

Así que lo haces por honestidad. -Lo hago porque no podía aguantar.

Tendrías que haberlo visto cómo decía que tú le querías.

Vivía engañado y necesitaba que le abrieran los ojos.

Ten el valor de reconocer por qué lo has hecho.

-¿Y por qué lo he hecho, según tú? -Querías quedarte con él.

No, no te rías. No sé si lo hiciste porque te has quedado viuda,

porque estás sola o, no sé, porque querías fastidiarme,

o por todo a la vez, es que... -Estás loca.

¿Loca? Sofía, hasta le besaste.

¿Qué pasa? ¿Que te gustó y querías repetir, no? ¿Es eso?

Querías quedarte con él, ¿verdad?

Si me hubiera quedado con tu marido, estaría con él,

¿no crees? -¿No estás volviendo con Ciro?

No, yo estoy viviendo con mis padres.

-¿Y Ciro dónde está? -Pues no lo sé, tú sabrás,

es tu marido, ¿eh? -No me hables en ese tono

tras todo lo que me has hecho. -Ah, ¿y qué te he hecho según tú?

Dime.

Pues, para empezar, me he quedado sola.

Ya. Y ahora echas de menos a Ciro, ¿no?

Pues sí. Sí, le echo de menos, sí.

Y tú ahora qué, estás pletórica, ¿no? Viéndome sufrir.

Sinceramente, no me alegro de que sufras,

pero creo que, al final, todos tienen lo que se merecen.

(SUSPIRA)

(Suena música animada)

-¿Quieres tomar algo más, hijo? -No, no, madre, está bien.

Eh, siéntese un rato, así me hace compañía

hasta que llegue Úrsula. La estoy esperando

y se está retrasando un poco. -¿Habéis quedado aquí?

Sí, voy a llevarla a cenar al mejor restaurante de Madrid.

Vaya, qué despilfarro. ¿Celebráis algo?

Pues sí, he decidido que voy a comprar una casa en Asturias,

para irnos a vivir los tres.

Ya, los tres...

Sí, bueno, Úrsula, el niño...

Madre, ¿qué le pasa? Parece triste.

Nada, nada, hijo, no me pasa nada.

Oiga, podrá venir a visitarnos siempre que quiera.

Será una casa grande, usted siempre tendrá una habitación allí.

Muchas gracias.

Alegre esa cara, créame, vivir en el campo

es el mejor ambiente para el niño.

Peor, hijo, ¿no deberías esperar al indulto

antes de hacer planes de vida?

-El indulto se lo van a dar, madre. -¿Pero cómo estás tan seguro?

Pues porque está embarazada.

No hay juez tan cruel como para mandarla al garrote.

Ya.

Además, nos toca ser un poco felices, ¿no cree?

Bueno, eso según cómo se mire, el mundo está muy mal repartido.

Los hay que nacen con estrella y otros nacen estrellados.

Pero ahora las cosas empezarán a irnos bien.

Lo intuyo.

Mira, Gabriel, es que a mí me parte el alma verte sufrir,

y yo solo te pido que, si tus planes se tuercen

y no salen las cosas como tú esperas, pues...

que tú seas fuerte y encares el futuro con valentía.

Sí, claro. Madre, ¿se encuentra bien?

Sí. Sí, solo es que...

Pues que no te hagas muchas ilusiones, por si acaso,

porque... nosotros hemos sido siempre

más bien de los estrellados. -¡Dale con los estrellados!

Madre, le prometo que usted va a tener la habitación

más grande de la casa de Asturias.

-Gracias por haber venido. -¿Qué tal estás?

Bien, bien, la comida se podría mejorar,

pero no tienes por qué preocuparte. -Voy a sacarte de aquí.

-¿Has hablado con Ciro? -Sí.

Recordaba perfectamente la dirección postal

de ese misterioso cliente. -¡Gracias a Dios! No la recordaba.

¿Y qué? -He ido a correos y la cancelaron.

Pero tendrán los datos de la persona que la abrió, ¿no?

No, los destruyen para garantizar la confidencialidad.

Entonces no tenemos nada a lo que agarrarnos.

No podremos demostrar que ese cliente existe.

¿No recuerdas nada más?

No, nada.

Todo esto me parece... muy extraño.

Tú has vendido muchos coches y los clientes

nunca ocultan su identidad, todo lo contrario.

Presumen de que se pueden comprar un coche caro.

Ciro y yo pensamos que sería un político

o alguien más importante,

como su majestad, el rey.

Supongamos que es así, que se trata de un político

o de una persona que no le conviene que se sepa

en qué se gasta el dinero.

¿Por qué ha cancelado esa dirección postal?

La compra ni siquiera se había efectuado.

Sí. Tienes razón. No tiene ningún sentido.

Como si fuese un fantasma.

¿Qué pasa?

-Repite lo que has dicho. -¿El qué?

Lo que acabas de decir. Repítelo.

¿Que el cliente parecía un fantasma?

Exacto. El cliente no existe. No podemos demostrar que existía.

Me han tendido una trampa.

-¿Pero quién? -¿No lo entiendes?

Intenta matar a Benito en el momento

en que yo llegaba a la fábrica.

Benito, del que yo tenía una orden de alejamiento.

¿Quieren cargarte a ti con el asesinato?

Ha sido una encerrona.

Hay que reconocer que la han planeado muy bien.

¿Pero quién?

-Solo se me ocurre una persona. -¿Mi tío?

-Tú lo has dicho. -Espera un momento, Salvador.

Los problemas que tuvimos con mi tío, fueron en el pasado.

Puede que siga resentido.

Es la única persona con una mente retorcida.

Pues si se trata de él, ha llegado demasiado lejos.

Diana, escúchame. Es él.

Hablaré con mi tío. Y te juro que voy a...

Tienes que calmarte y sacarme de aquí. ¿De acuerdo?

Tienes que demostrar su culpabilidad.

(LEE) Si el amor conyugal y los goces de la familia

solicitan tu alma, déjate llevar de esa dulce atracción.

Una frase grandiosa. ¿No crees?

-¿De dónde la has sacado? -¿Cómo que de dónde?

De la obra que acabamos de ver, fin del quinto acto.

Es verdad, es verdad. Ahora me acuerdo.

Habla de nosotras. No sé. Por lo menos,

yo me siento muy identificada.

Sí, es precioso. Galdós es un genio.

-¿Te ha gustado la obra? -Me ha encantado.

No sabía si te iba a gustar.

De todas las obras de Galdós, me parece la más simbolista.

Me ha parecido que hacía calor en el teatro

y con el ruido de los abanicos, no se oía bien.

Sí, puede ser.

¿Y cuál ha sido tu personaje favorito?

Muchos. Muchos. Es muy difícil elegir uno.

La verdad, yo me quedo con máximo.

Ese pobre viudo, manteniendo su dignidad

con dos niños a cuestas.

¿Y tu escena favorita?

No sé.

Di una.

Mira, Celia.

La verdad es que...

a mí no me gusta el teatro tanto como a ti.

Bueno.

Pero si eras tú quien quería ir.

Sí. Y me lo he pasado muy bien.

La verdad es que sí. Pero me han encantado

los decorados y los actores.

Pero yo no... no sé discutir aspectos de la obra contigo,

no me sale. Lo siento mucho.

Cata, no pasa nada. Eso no es importante.

Lo importante es que lo hayamos pasado bien.

Te prometo que Galdós me gusta. Me gusta, de verdad.

Pero es que no sé tanto como tú. Yo no soy una experta, vamos.

Yo tampoco soy una experta.

Simplemente, me gusta interpretar lo que veo.

Creo que me voy a ir. Sí.

Me voy a casa a dormir.

-Está bien. -¿Te importa?

No, no, no.

Está bien. Mañana hablamos.

(Suena música clásica)

Vamos a organizar la fiesta aquí.

Lo que tenemos es que mover los muebles

para que quepan los invitados,

pero creo que va a quedar muy bien. ¿Qué te parece?

Hay espacio de sobra. Sí. Y no sabes lo mejor.

Mi hermana Francisca va a venir

desde Italia para conocerte. ¿Qué te parece?

Hombre, pues, sinceramente,

me pone un poco nervioso la perspectiva.

Tu hermana Francisca, la famosa cantante.

No sé. Os he oído hablar tanto de ella, que...

Le vas a caer muy bien.

Solo tengo que conseguir que cante, eso sí, porque me encantaría.

Va a ser un día perfecto. Sí.

Ya lo tengo todo dispuesto

para que tus padres se queden aquí a dormir.

Les he preparado las mejores habitaciones.

Si hay algo que tenga que saber antes,

como si prefieren una habitación soleada

o lo que tú me digas. No te preocupes.

Mis padres ya han conseguido alojamiento.

Tristán, si habíamos quedado que se alojarían aquí.

Ya. Pero no quieren molestar. Ya saben cómo son.

No es ninguna molestia, para ninguna de nosotras.

Estamos encantadas. Díselo de mi parte.

Blanca, no va a ser posible.

Pero si es mucho más cómodo para todos, de verdad.

Blanca.

Mi familia no quiere alojarse

en una casa católica. Ya.

Intenta entenderles.

Para ellos ha sido muy duro

que me haya convertido al catolicismo.

Les ha costado mucho aceptarlo, pero lo aceptan.

Y también, te aceptan a ti.

Bueno, al menos, vendrán a la fiesta de compromiso, ¿no?

Claro. Tengo muchas ganas de conocerles

en persona. Claro que vendrán.

Y eso es lo más importante.

Ya lo sé. Pero no sé.

A mí me hacía ilusión tenerles aquí. Lo tenía todo preparado.

Y pensé que así podríamos conocernos mejor.

Blanca, cuando descubran lo maravillosa que eres,

van a dejar todas esas prevenciones de lado.

¿Y dónde se van a alojar?

El casa del embajador de Suiza. Ah.

Pues es un hombre encantador.

¿Le conoces? Sí, sí.

Yo trabajé con la reina y me lo presentó una vez.

¿Cómo se encuentra?

Todo lo bien que se puede estar aquí dentro.

Dígame que trae novedades. -Me temo que no.

Y, en su caso, la ausencia de novedades es mala noticia.

-¿Qué quiere decir con eso? -Benito sigue inconsciente.

Está muy grave. Los médicos se muestran muy pesimistas.

Dígame la verdad. ¿Usted me ve capaz de matar a alguien?

Mi opinión no tiene importancia.

Pero quiero ser muy claro con usted.

Si Benito muere, hay muy pocas posibilidades

de que usted evite el garrote.

¿Ha venido solo para decirme eso?

Y para decirle que se busque un buen abogado.

Diana me está buscando uno.

Se podría haber ahorrado el viaje.

No pague su frustración conmigo.

Me han tendido una trampa y yo he picado el anzuelo

como un idiota. ¿Quiere que esté de buen humor?

Ya me habló de esa trampa. ¿Pero a qué se refiere?

Han intentado matar a Benito para inculparme a mí.

¿Y quién podría querer perjudicarle de ese modo?

Solo hay un hombre capaz de hacer algo así.

Don Ricardo.

-¿Tiene alguna prueba? -Tiene un largo historial criminal.

Conozco perfectamente a don Ricardo,

pero eso no prueba nada. ¿Sabe qué prueba algo?

La pistola con la que dispararon a Benito.

Y la encontramos en su automóvil.

¿Cree que sería tan tonto como para esconder la pistola

del crimen en mi automóvil?

Si le hubiera disparado, la hubiera tirado al río.

Está claro que alguien quiere culparme a mí. ¿No se da cuenta?

Quizás, pretendía deshacerse de ella más tarde,

pero no le dio tiempo. -Por eso, llamé a la policía.

Usted me conoce. Tendría que saber que no he hecho nada.

-No se altere. -Tendría que buscar al culpable

y no venir aquí a ponerme más nervioso.

Lo lamento. No era mi intención.

Le dejo descansar. -¿Lo lamento?

¿No era mi intención? ¿Me deja descansar?

¿Eso es todo? Me deja más tranquilo.

Voy a interrogar a don Ricardo Silva.

No hay pruebas contra él, pero lo voy a hacer por usted.

¿De acuerdo?

Gracias.

Llevo todo el día buscándote.

Nos hemos dicho todo lo que nos teníamos que decir,

así que márchate, por favor.

Quiero que vuelvas a casa.

No voy a volver. Estoy muy tranquilo

en la habitación de mi hotel.

Por lo menos, allí no tengo a nadie que me discuta.

Ciro, perdón.

Perdón por todo.

Perdón por todas las protesta y...

y por no ponerte las cosas fáciles.

Pero, sobre todo, perdón por...

por haberme dejado llevar con León.

¡Ni me menciones a ese hombre!

¡Raimundo! Ponme otra copa.

-No bebas más, por favor. -¡Que sea doble!

Haré lo que me dé la gana.

No sabes cuánto me arrepiento, Ciro.

Me sentía sola. Estaba confusa

y lo nuestro no iba bien.

Pero me equivoqué.

Con pedir perdón, no basta para borrar los errores.

¿Y qué puedo hacer?

Soy un militar, Elisa.

En la guerra, los errores los pagas muy caros.

Yo soy un hombre de honor. Me debo a la lealtad

por encima de todo. Y tú has faltado

a ese principio religioso para mí.

Es que yo quiero estar a la altura de tu honor, Ciro.

Yo quiero serte fiel toda la vida.

Demasiado tarde para hacer esas promesas, ¿no crees?

No, no es tarde. Tú dices que eres un hombre de honor.

Hablas de principios sagrados. Pero mantener

el matrimonio unido, también lo es. -¡Ja!

Antes que mi honor, está la dignidad.

¿Y qué pasa con el amor?

No lo sé.

Es que tú hablas de dignidad, de lealtad, de honor.

Pero no hablas de amor.

Y yo creo que todavía me sigues queriendo, Ciro.

Eso es lo importante.

Yo también te quiero a ti.

Y quiero demostrarte que sigo enamorada de ti.

Solo necesito que...

que me dejes intentarlo.

Esta semana, volveré a casa.

A recoger mis cosas, Elisa, no te confundas.

Te avisaré con tiempo para que no estés allí presente.

No, espera.

¿Por qué eres tan cruel conmigo?

Elisa, por favor, déjame tranquilo y márchate.

Es que solo sabes hablar de lealtad, de dignidad, de honor.

Pero ese código no es humano, Ciro.

¿Por qué dice eso?

Porque no contempla la posibilidad de perdón,

no considera que alguien se pueda equivocar.

Yo te estoy suplicando que me perdones.

Pero es que para eso, hace falta humildad y generosidad.

Y esas palabras son demasiado blandas

para un militar, ¿no? -No son blandas.

Sí. Sí lo son. Sí lo son para ti.

Tu mujer te está diciendo que por favor vuelvas a casa,

¿y a ti no te importa? -Es que...

Tú has rebasado todos los límites.

-No hay límites en el amor. -Sí que los hay.

¿Qué haces? -Besarte.

Has hecho una promesa ante Dios, Ciro.

Ahora tienes que intentar salvar este matrimonio.

Pero es que...

No hay límites.

Es muy cruel irse sin decir nada.

-Ay, Gabriel, no lo veas así. -¿Sabe lo que creo?

Que solo ha pensado en salvar su vida,

en asegurarse de salir corriendo sin...

sin pensar en cómo me quedaba aquí,

destrozado.

Le traigo esto, doña Diana. Son las pertenencias de Benito.

Quizás, les podría ayudar con algo.

Muchas gracias. Seguro que resulta de gran ayuda.

Estoy buscando a don Ricardo Silva.

Buenos días, inspector.

¿Qué le trae por aquí? -Quería saber si tiene usted

algo que ver con el intento de asesinato de Benito Serrano.

¿Qué es esto? -¿Qué pone?

Son unas señas. Me resultan familiares.

Sí, claro. Es la dirección de la antigua casa de Blanca.

¿Y por qué iba a tener Benito la dirección de Blanca?

Esa casa pasó a ser propiedad de Rodolfo. Y de ahí...

Se la vendió a Marina.

¡Eres un mentiroso! Mientras me decías

todas esas cosas, estaba planeando fugarte con Elpidia.

No, no, no. Lo de los planes no es cosa mía.

Es cosa de Elpidia que está obsesionada conmigo.

-¿Qué? -Sí. Ya sabes cómo se pone

de pesada cuando se le mete algo entre ceja y ceja.

¿Tú no me estarás mintiendo otra vez?

Nunca he hablado tan en serio.

Los dos hemos cometido errores.

Quizás, yo más que tú.

Quizás, pero yo no quiero volver a ser

un marido aburrido y ausente.

Quiero estar contigo y quiero cuidarte.

Me encanta eso.

Tienes que ayudarme a encontrarla.

¿Entiendes que, siendo policía, si la encuentro,

tendré que detenerla?

Velasco, este favor se lo pido al amigo, no al inspector.

¿Y qué pasará si la encuentro?

Estoy dispuesto a irme al fin del mundo

con ella, si es necesario.

Sofía, soy Ciro. Nos vemos dentro de media hora

en el lugar de siempre.

Sí. Tengo algo importante que decirte.

Me gustaría que me acompañaras al altar.

¿Quién? ¿Yo?

O sea, ¿que yo sea vuestra madrina de boda?

No sé, Rodolfo, pero me parece un poco excéntrico.

Yo estuve casada contigo.

Blanca, ¿quién mejor que tú? -Sí.

¿Pero y tu hermano?

¿Mi hermano?

Pues mira, mi hermano va a ser el padrino.

Ya le dije que Aurora y yo éramos muy buenas amigas.

Por eso, ella me confió su especial relación con Celia.

¿Le dijo que eran...?

Novias. Sí, sí.

Veo que eran muy íntimas.

Por mí, no tiene que preocuparse. Yo no se lo diré a nadie.

¿Puedo contarle una cosa que me preocupa?

Claro. Dígame. ¿De qué se trata?

Tus días de encierro están contados.

No me des falsas esperanzas. No podría resistir un desengaño.

Hay motivos para tener esperanza.

¿Es por el interrogatorio de Velasco a don Ricardo?

¿Se sabe algo? -No. Mi tío acreditó

una coartada y se ha confirmado.

-¿Entonces? -Benito.

¿Ha despertado y ha acusado a alguien?

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Seis Hermanas - Capítulo 453

01 mar 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de 1920.

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