www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.8.0/js
3927952
No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 451 - ver ahora
Transcripción completa

(LEE) Querida Blanca, voy a escribirte

en esta carta lo que ayer no me atreví a decirte en persona.

Necesito que me ayude a fugarme del país.

¿No le había llegado el indulto?

No soy libre. Soy prisionera de una mentira

que está a punto de descubrirse.

Benito me está chantajeando.

¿Cómo?

Amenazó con airear nuestra relación.

Deje en paz a Catalina o la próxima vez que te vea,

acabarás entre rejas. ¿Entendido?

Cata, puedes contar.

Yo también tuve miedo a ser rechazada durante mucho tiempo

e hice cosas... inimaginables.

Si tú eres una valiente.

Ahora. Pero estuve mucho tiempo ocultando la verdad.

Yo voy a recuperarme y, entonces, volveré a mi casa

y recuperaré lo que es mío.

Eso decías hace poco.

Pero, vaya por Dios, enfermaste.

Parece que el destino pone las cosas en su lugar.

Federico Sotomayor fue cliente mío en la casa de tolerancia.

Sabe quién soy en realidad.

Eres la futura señora de Loygorri, mi prometida.

Pero en cuanto me vea, me reconocerá.

Todo Madrid va a saber a qué me he dedicado.

No. No lo harán.

Esta ciudad es cínica. Mantendrán las apariencias.

Si quieres tener una opción de quedarse

con la fábrica de su familia, va a demostrar

hasta qué punto su matrimonio ha sido un cúmulo de errores.

El adulterio no basta. -¿Y qué más podría alegar?

Si dice que Salvador la maltrató, podrá reclamar la fábrica.

¿Otra vez él? Ese cliente misterioso

insiste mucho. -Está interesante

en un Daimler de cuatro cilindros.

Queremos que vayas a la fábrica y que robes

una cosa para nosotros. -¿Y cuándo quieren que lo haga?

Mañana por la noche, cuando los trabajadores se hayan ido.

(Sintonía)

(Llaman a la puerta) Adelante.

Celia.

Diana, necesito hablar contigo.

¿Una buena noticia?

No.

Resulta que Cata y Benito no tenían una relación.

Ella por fin me lo ha contado todo.

¿Qué ha pasado?

Benito se estuvo aprovechando de ella.

La chantajeaba. Y todo...

para forzarla.

-¿Cómo? -Amenazó con contarle a su familia

que tenía una relación conmigo, si ella no cedía.

Celia, pero... ¿tú estás segura de eso?

Benito no es así. -No, Diana.

Más bien, Benito no es como tú crees.

Y antes de que me lo sugieras, ya te lo digo yo.

Cata sería incapaz de inventarse algo así.

Yo no dudo de la palabra de Cata,

pero no sé...

Siempre vi a Benito como un joven confuso,

una persona que necesita ayuda.

No como un criminal.

Sí. Yo también confiaba en él.

Pero ha mostrado su verdadero rostro.

Velasco ha estado hablando con Benito.

Estaba tan convencido de que Cata no lo denunciaría,

que ni se ha molestado en mentir.

Ese chico ha resultado ser un canalla sin escrúpulos.

-Y Velasco le habrá frenado. -Eso espero.

Cata está bastante más tranquila.

Lo siento, Diana.

Sé que aprecias a Benito

y que no debe ser fácil darte cuenta de cómo es realmente.

Me he equivocado de lleno.

Una persona capaz de hacer algo así,

también es capaz de mentir.

Y yo le creí a él, en lugar de a mi marido.

Tendrías que hablar con Salvador.

Me temo que ya es demasiado tarde.

Dios.

(SUSPIRA)

¿No se le ha ido un poco la mano con el rubor, señora?

Quiero que Cristóbal me vea con buen aspecto.

Pero si es médico. Tendrá que verla

como está de verdad. -No.

(Llaman a la puerta)

Adelante. Buenos días.

Hola. Buenos días.

Bueno, ¿cómo te encuentras hoy? Muy bien. Estoy curada.

Ah, ¿estás curada? ¿Así? ¿Tan rápido?

Eso sería un milagro, ¿no crees?

Los milagros existen. Toca.

Ni asomo de fiebre, ¿verdad?

Elisa, tienes la frente muy fría.

Y eso es bueno, ¿no?

Ya.

Y supongo que tu frente helada no tiene nada que ver

con estos paños todavía húmedos, ¿verdad?

Elpidia, ¿nos dejas solos, por favor?

Sí, claro, doctor.

¿Qué pretendes, Elisa?

Quiero que me des el alta

para que me pueda ir a casa. Cuando estés curada.

Me he curado. No. Lo que yo he visto

es que te has pintado la cara para ocultar tu palidez

y que intentas ocultar tu fiebre poniéndote paños húmedos

en la frente. ¿Qué pretendes?

Quiero que me des el alta para que irme a casa.

Cuando te cures. Tiene que ser ahora.

No. No quiero tonterías. Como cuando te quitaste

la escayola antes de tiempo y estuviste cojeando.

Esto no tiene nada que ver.

Necesito volver a mi casa. ¿Pero qué ocurre?

Si estás aquí como una reina. Sí.

Pero mientras, en palacio, una pelantrusca

intenta seducir al rey. Elisa, ¿de qué estás hablando?

Sofía. Está intentando seducir a Ciro.

Cristóbal, no puedo dejarles más tiempo solos.

¿Sofía? Permíteme que lo dude.

No creo que sea capaz de hacer eso. Porque no la conoces.

Cristóbal, quiero curarme por una buena causa:

salvar mi matrimonio. No puedo darte el alta.

Y menos, habiendo un niño pequeño en casa.

Podrías contagiarle. Por favor, si estoy casi bien.

Siento si tienes problemas con Ciro.

Cristóbal, necesito volver. Y volverás.

Quizás, mañana te encuentres mejor y pueda darte el alta.

Mientras tanto, sé razonable.

Además, no creo que un día vaya a suponer una gran diferencia.

¿Se puede? -Pase, pase.

Siéntese, por favor.

Perdone por venir sin avisar.

Iba de camino a la tienda y...

Bueno, quería agradecerle todo lo que ha hecho por mí.

Ahora, esperemos que ese desgraciado

no vuelva a acercarse a usted.

Benito había alquilado una habitación en la pensión

para tenerme vigilada.

Esta mañana, me dijo la dueña que ya no vive allí.

Que se haya ido, es buena señal.

De todas formas, si vuelve a acercarse a usted,

no dude en venir a contármelo.

Si de algo me arrepiento, es de haber callado, en su momento.

Y... de no haber dicho a Celia todo lo que ocurría.

Lo sé. Ella vino a verme.

¿Usted ha tenido algo que ver en...

en nuestra reconciliación?

¿Se han reconciliado? No sabía nada.

Pero me alegra. Me alegra oírlo.

Gracias.

Celia y usted son...

son buenos amigos

desde hace tiempo. ¿Verdad? Se lo cuentan todo.

Casi todo.

Usted supongo que conoció a Aurora.

Sí.

Debió de ser alguien muy especial para Celia.

El amor de su vida.

Hasta el momento, claro está.

Porque la vida de Celia no ha hecho más que empezar.

La vida da muchas vueltas. Un día estás aquí, otro día...

Yo no soy quien para... -No se apure. Tranquilo. Sí.

Ya sé que... que Celia estuvo muy enamorada de ella.

Sí. Sí. Era como una historia de amor,

de esas de las novelas.

¿Cómo era Aurora?

Valiente.

Era una mujer llena de vida,

llena de fuerza.

Generosa, gentil.

-¿Usted la apreciaba? -Mucho. Sí.

Sí. Era una de esas personas que se hacen querer.

¿Y era hermosa?

Muy hermosa.

Solo por el olor, se nota que ese guiso está soso.

Lo dudo. Lo que pasa es que tú siempre cocinas muy salado.

¿Qué le ha dicho don Cristóbal a doña Elisa?

No lo sé, porque me tuve que salir

de la habitación. -Algo harías.

-¿Y por qué dices eso? -Por lo que he visto,

siempre haces lo que no debes.

¿Quién te has creído que eres?

¡Chis! Cuidadito con ese tono.

A mí no me hables así.

Si estás despechada, lo pagas con otro. Conmigo no.

-¿Despechada yo? -Se ve a la legua.

-Si tú lo dices... -Lo digo yo y Raimundo.

Raimundo también lo dice. -¿Sí?

¿No te dice nada más? -Mi Raimundo me cuenta todo.

-¿Todo, todo? -Por supuesto.

Desde que he vuelto, mi Raimundo y yo nos llevamos muy bien.

Juntos, como tiene que ser.

Como un matrimonio, que es lo que somos.

¿Y no te cuenta que está ahorrando para fugarse?

¿Para fugarse? ¡Anda! Ni que fuéramos dos delincuentes.

Raimundo está ahorrando para irnos a vivir al pueblo

con nuestra hija. -Está ahorrando para fugarse,

pero no contigo, alma de cántaro.

Conmigo. -¡Ay, contigo!

Ya te gustaría. -Me lo prometió

y es un hombre de palabra y lo va a hacer.

A mí también me prometió que nos iríamos al pueblo.

Mira. Esto se va a acabar. Esta misma tarde,

tú y yo nos vamos al Ambigú. -¿Para qué?

A solucionar este embrollo. ¿Estamos?

Estamos.

Espere un segundo. Enseguida la anuncio a la señora.

Señora, tiene usted una visita.

Adelante. -Gracias.

Gracias, Rosalía. Ya puede retirarse.

Siéntate, por favor.

Perdóname. No te he llamado antes de venir,

pero es que estoy desesperada. Necesito hablar contigo.

¿Pero qué pasa? Anoche, Rodolfo y yo fuimos

a la fiesta del señor Sotomayor,

Federico Sotomayor, el parlamentario.

Ay, sí. Perdona. Se me había olvidado.

Ojalá yo también pudiera olvidarlo.

¿No fue bien?

Tal y como me imaginaba.

Bueno, muchísimo peor de lo que imaginaba.

¿Pero qué pasó?

Nada más entrar en su casa, el señor Sotomayor me reconoció.

Pensé que iba a hacer como decía Rodolfo, callar y...

No sé. Por no montar un escándalo

en su propia casa. ¿Y no fue así?

No. Al principio, solo fueron algunos cuchicheos sutiles.

Después, empezaron las miradas y los desprecios.

Ay, lo siento mucho, Amalia.

Seguro que fue una situación muy incómoda para ti.

Hubo un momento en que la mujer de un político tuvo el cuajo

de acercarse a mí y humillarme delante de todo el mundo.

¿Y qué es lo que dijo esa mujer?

Dijo que le parecía asombroso y repugnante...

Sí. Eso dijo "repugnante".

Que una furcia estuviera intentando aspirar a entrar

en la orden de las Damas de San Juan.

Y que no entendía qué hacía yo allí.

¿Y lo oyó todo el mundo?

Y los que no lo oyeron, se enteraron después. Fue horrible.

Pero lo peor estaba aún por llegar.

Federico Sotomayor se acercó a nosotros

y nos pidió que nos fuéramos de su casa.

¿Y qué es lo que hizo Rodolfo? ¡Ay, Blanca!

Por eso estoy aquí. No me digas

que se atrevió a golpearle. Ojalá hubiera sido eso. No.

Primero, se enfadaron muchísimo,

discutieron, se insultaron.

Y Rodolfo acabó retando a Federico Sotomayor

a batirse en duelo.

¿A Sotomayor?

Sí.

Pero, a ver, hijo. ¿Cómo que no, es no?

Esa no es forma de hablarle a una madre.

Cuando se trata de una madre tozuda como una mula sorda,

no hay otra manera. -¿Tan difícil es de entender?

Tengo ganas de volver a mi casa,

a mis cosas, mis quehaceres, a mi vida.

Le repito que todo a su debido tiempo.

¿Qué tiempo? Si ya hace un porrón de días que me operaron

y me encuentro como una rosa. -Bueno, aun así.

Si yo echo de menos mi casa.

Estoy preocupada por el Ambigú.

A saber en lo que lo habrá convertido Raimundo.

Sigue igual. Ayer me pasé por allí.

Se lo advierto. No consentiré

que vuelva a trabajar. Al menos, de momento.

Estar así, mano sobre mano, tantísimo tiempo...

Tantísimo tiempo. Si apenas hace unos días que la operaron.

Pues a mí se me está haciendo eterno.

Me da igual cómo se ponga.

Seguirá bajo nuestros cuidados

hasta que el doctor diga lo contrario.

Cómo sois los hombres, que nunca os enteráis de nada.

Tu padre era igual. -A ver.

¿Qué es lo que tendría que saber?

-Nada, nada. -No, madre. No.

Ahora me lo va a contar.

Úrsula, cada día, me soporta menos.

Cuanto más tiempo esté aquí, peor irá nuestra relación.

-Bueno, no exagere. -¿Que no exagere?

¿Tú viste cómo se puso ayer porque le llevé

los vestidos a la modista? -Usted también, madre...

De verdad, a ver. He hablado con ella.

Está muy nerviosa. No se lo tenga en cuenta.

Vivir con la incertidumbre del indulto, es duro.

¿Y tiene que pagarlo conmigo?

(SUSPIRA)

Tranquilicémonos, ¿de acuerdo?

Dentro de poco, todo habrá terminado.

Ya han fijado fecha para el examen médico.

Será mañana.

-Ah, qué bien. -Con un poco de suerte,

el indulto está a la vuelta de la esquina.

-Buenos días. -Buenos días.

Huy, ¿cómo es que vas sin pendientes?

Una mujer sin pendientes es como una vaca sin cencerro.

Me los quité para darme un baño y me olvidé ponérmelos.

Cariño, se lo estaba contando a mi madre.

Ya llegó la citación para el examen médico.

¿Qué ocurre? ¿No te alegras?

-¿Cuándo es? -Mañana mismo.

-¿Mañana? ¿Tan rápido? -Sí.

¿No es una buena noticia?

Tienes que hablar con Tristán. Que intente conseguir

que lo retrasen un poco. -Pero, hija...

-¿Por qué? -No me encuentro bien.

Prefiero esperar un poco. -Pero cuanto antes

te hagan ese examen, antes se acaba con este calvario.

Gabriel, prefiero retrasarlo un par de días, aunque sea.

¿Qué son un par de días, después de lo que hemos esperado?

Está bien. Hablaré con Tristán, que se lo comunique al tribunal.

Gracias.

Voy a retirarme a descansar un rato.

Claro.

Yo no entiendo nada.

Pues porque no hay nada que entender, madre.

Se encuentra mal y ya está.

Por muy mal que se encuentre,

¿a ti no te parece rarísimo que no quiera pasar ese examen,

que de él depende el indulto?

Un, dos. Un, dos. Un, dos.

Parece que te entiendes bien con él.

Sí, pero no es ningún mérito.

Es muy bueno. Siempre tan risueño. La alegría de la casa.

Con decirle que hace una hora que su madre se fue

a la peluquería y no ha hecho pucheros.

¿Sabe qué hizo ayer? -Puedo pasar sin saberlo.

Es un bebé. No habrá hecho nada digno de mención.

Ahí se equivoca. Aprenden muy rápido.

Cada día, notas cómo el niño va evolucionando,

cómo observa diferente. -En cualquier caso,

no he venido aquí para oír las bondades de un bebé.

Pues usted dirá a qué ha venido.

A poner las cosas en su sitio.

Y por favor deja de hacerle

cucamonas al niño y siéntate, Ciro.

Ahora viene el tío Ciro. Ahora vengo.

Supongo que además del tito Ciro

recuerdas que eres el marido de mi hija.

Por supuesto. -Ya.

Y que esta es vuestra casa.

La casa de mi hija y tuya.

Claro, no sé por qué dice eso.

Pues porque parece que no lo tienes muy claro.

Eso será una impresión suya.

Mira, no me vengas con monsergas.

Para empezar has permitido que mi hija se instale

en casa de sus hermanas donde yo no soy bien recibido.

Y aquí estás tan tranquilo sin tomar cartas en ese asunto.

El Dr. Loygorri insistió mucho en que las paperas

con muy contagiosas y debíamos proteger a Leandro.

¿Debíais? Este niño ya tiene quien le proteja.

Y los dos, tanto su madre como el hijo,

deberían estar en su propia casa.

Y tú deberías mirar por tu esposa y cuidarla.

Jamás debías haber permitido

que Elisa saliera de esta casa.

Elisa está muy bien atendida en casa de sus hermanas.

¿Y qué pretendía que hiciera?

¿Que echase a Sofía de esta casa?

Pues sí, y de hecho es lo que quiero que hagas.

Más vale tarde que nunca.

Irás a buscarla y la traerás esta tarde aquí.

¿No lo entiende? Leandro no se...

Deja en paz a Leandro.

Estás descuidando a tu familia, que es Elisa.

Carlos antes de marcharse a la guerra me hizo prometerle

que si le ocurría algo me ocuparía de su familia.

Que yo sepa Carlos está muerto y enterrado.

No pienso faltar a mi palabra.

No faltes. Ayuda a la viuda y al crío.

Sácalos a pasear, cosas así.

Ocuparme de la familia de Carlos

no es sacarles a pasear al Retiro.

¿Qué te crees, que me he caído de un guindo?

Yo sé muy bien lo que se está cociendo en esta casa.

Y no me creo nada el cuento del amigo leal.

Yo no sé a qué se refiere usted.

Oye, ¿cuando hablaste con Carlos y le prometiste

que te ocuparías de su esposa, hasta qué punto te ocuparías?

¿Ibas a cubrir todas sus necesidades?

Es usted muy desagradable.

Ahora comprendo por qué no le permiten la entrada

en casa de las Silva.

Porque ni a mis sobrinas ni a ti

os gusta oír las verdades.

Muy bien, si ha terminado de decir todas sus verdades

le agradecería mucho que se marchara.

No voy a cambiar de parecer

y tengo que preparar una reunión de trabajo.

Me parece muy bien.

Pero ya sabes lo que tienes que hacer.

Creo que lo mejor que podríamos hacer hoy

es ir al cinematógrafo.

¿Has oído hablar de Charlot? -No. No, no sé quién es.

Creo que te va a encantar.

¿Es un paseo de enamoradas

o van a una de esas manifestaciones prohibidas?

No tenemos por qué darte explicaciones.

¿Y qué van a hacer si no las dejo pasar?

¡Suéltala! -Tranquila.

Tranquila.

No tenían que mandarme a su perro.

¿Y qué pretendías que hiciéramos?

¿Mirar hacia otro lado?

¿Dejar que siguieras abusando de ella?

Eres un malnacido y un canalla y deberías estar en la cárcel.

¿Y dónde deberían estar ustedes?

Si no las he denunciado ya

es porque su "perro" no me lo ha permitido.

Pero tiempo al tiempo. Esto no va a quedar así.

Lo juro por mis muertos.

¿Nos estás amenazando? -Sí.

Pues mira por donde no me dan miedo tus amenazas.

Pues debería.

Díselo, Cata.

Dile por qué debería tenerme miedo.

Mírala, si no puede ni hablar cuando estoy yo delante.

Déjanos en paz, Benito.

Sigue con tu vida y déjame tranquila de una vez.

No.

¿Sabes qué es lo que va a pasar?

Que vas a pagar por esto, porque es justo.

Y yo voy a ir a verte a la cárcel

sólo por el placer de verte detrás de las rejas.

¡Largo de aquí!

Tranquila, Cata.

(LLORA)

Tranquila.

Qué imagen tan extraordinaria.

La que fue mi mujer con la que pronto lo será

entrando juntas en el salón de mi casa, y del brazo.

Espero que no sea un mal augurio.

Buenos días, Rodolfo.

Buenos días, Blanca.

Anda que te ha faltado tiempo para irle con el cuento.

¿Y qué querías que hiciera? -Nada, no tiene importancia.

Supongo que pronto lo sabrá todo Madrid.

No puedes seguir adelante con esto, Rodolfo.

Blanca, no me vas a disuadir. Así que ahórrate el esfuerzo.

¿Y vas a poner tu vida en peligro

por culpa de un arrebato?

No ha sido ningún arrebato.

Estabais los dos en una situación muy delicada

y te dejaste llevar por la ira.

Bueno, no me arrepiento.

Estoy defendiendo mi honor, Blanca.

Mi honor y el de los míos.

¿Honor?

Exactamente, honor.

¿Tú crees que tu hija sabe lo que es el honor?

¿Tú crees que tu hija cuando pregunte por su padre

y le digan que ha muerto entenderá

que lo ha hecho por honor?

Sabéis, es desalentador

comprobar cómo ambas me dais por muerto.

Cuando creo sinceramente que puedo ganar ese duelo.

¿Y si no lo ganas?

Rodolfo, por el amor de Dios,

se trata de tu mujer y de tu hija.

Si tengo la mala suerte de morir mañana

estoy seguro de que tanto mi mujer como mi hija

entenderán por qué ha sido.

Yo no entiendo nada, Rodolfo.

No lo voy a entender nunca.

Y la niña tampoco lo va a entender.

Cuando crezca y conozca los motivos

estará orgullosa de mí.

Al final vais a conseguir que yo mismo me dé por muerto.

Cuando creo que puede ser Federico Sotomayor el muerto.

Si es que tiene que morir alguien,

que no es imprescindible.

La mayoría de los duelos

acaban sin derramamiento de sangre.

Pero este no va a ser el tuyo.

¡Ese hombre se ha pasado media vida cazando!

Lo que tenga que ser, será.

¡No, no lo hagas, Rodolfo! ¡Por favor, no lo hagas!

Tampoco podría echarme atrás.

Aunque quisiera, que no quiero.

¿Qué iban a pensar de mí?

Rodolfo, ¿qué más da lo que piense la gente?

Tú mismo me lo dijiste cuando me convenciste

para ir a la fiesta de Sotomayor,

que daba igual el qué dirán. Y mira cómo has acabado.

También te dije que iba a pelear por ti,

para que te aceptaran y respetaran.

Y es exactamente lo que estoy haciendo.

No.

No quiero que te mueras.

Por favor, te necesito junto a mí.

Échate atrás, por favor.

No puedo.

(LLORA)

(LLORA)

Si de verdad me quieres, por favor...

no vayas a ese duelo, por favor.

Claro que te quiero, Amalia.

Y te voy a querer siempre.

(LLORA)

Ve, la urdimbre está llena de nudos.

Son muy pequeños pero se aprecian a simple vista.

¿Y esto por qué pasa?

Llevamos toda la mañana así.

Debe ser que la tejedora está desajustada.

Pues hay que arreglarla.

Las telas para la Casa de Alba tiene que estar impecables.

Si por algo se ha significado Tejidos Silva

es por la calidad de sus productos.

Así es, es muy importante que los duques queden

satisfechos con nuestro trabajo.

Una hacienda como la suya

nos puede suponer muchos encargos.

¿Usted sabe cuántos palacios

tienen repartidos por toda España?

Pues no. -Decenas de ellos.

Y piénselo, cada uno tendrá

un montón de sillas, sillones, divanes, cortinas...

Ya he llamado al mecánico

para que venga a arreglar la tejedora.

Espero que venga esta misma tarde.

Me voy al despacho. Si necesita algo me avisa.

Un momento, señora. Acaba de llegar esto

y no me ha dado tiempo a llevarlo al despacho.

¿Quién lo ha traído? -Pues un recadero.

Es de don Salvador.

¡Dios mío!

¿Eso no son las escrituras de la fábrica?

Sí, y ahora están a mi nombre.

¿Por qué? No entiendo.

¿No era el Sr. Montaner el que...?

He cometido un error terrible, Benjamín.

Espero estar a tiempo de enmendarlo.

Encárguese de todo.

Venga, ¿eh?, paso firme. ¡Un, dos, un, dos!

Muy bien, chiquitín.

Adiós.

Perdón, ya estoy contigo.

¿Qué pasa?

Nada, me hace gracia cómo tratas a Leandro.

Si le consientes demasiado le vas a malcriar.

Te admito que es mi debilidad.

Pero, bueno, ahora que estamos solos

podemos concentrarnos en el trabajo.

¿Has encargado ya el Dudley Bug

para nuestro misterioso cliente?

No. No quiero formalizar el encargo

hasta que no nos pague una señal.

Es un coche muy caro.

Y hay que ser precavidos.

¿Si en algún caso se nos cae la venta

a quién le íbamos a vender el coche?

Si nuestro cliente misterioso es quien creemos que es

no tendrá ningún problema en pagarte esa cantidad.

No des por hecho que va a ser su majestad el rey.

Yo estoy convencido de que es él.

No hace falta que hables tan bajito, nadie nos va a oír.

Además, hoy saldremos de dudas. Hoy sabremos si nuestro

cliente misterioso es Alfonso XIII.

¿Vas a verle? -Me ha mandado otra carta.

Quiere que nos encontremos en un lugar discreto

lejos de las miradas ajenas y de mi total confianza.

Pues no hay muchos lugares así.

Pues yo conozco un lugar perfecto.

La fábrica.

Le he mandado una nota a su apartado de correos

para comunicárselo.

Me figuro que le parecerá bien.

Y si no simplemente no aparecerá.

Tanta cautela sólo puede significar

que se trata del mismísimo rey.

Pues esta misma noche lo sabré.

¿Quieres que te acompañe? -No, gracias.

Está siendo muy puntilloso con cada detalle.

Sólo falta que me vea aparecer

contigo y se eche atrás el negocio.

Vaya, pues no dormiré en toda la noche.

¡Anda que cerrar un contrato con el mismísimo rey!

¿Te imaginas que fuera él?

(RÍEN)

Claro que he vendido las joyas. Pero aún me falta dinero.

No, no, no, por supuesto que sigo decidida a marcharme.

Pero necesito un poco más de dinero.

De acuerdo.

Y no me llame a casa, por favor.

La llamaré yo desde la tienda como ahora.

Así evito que alguien pueda escucharme.

Gracias.

Buenas tardes, Úrsula.

Federico, buenas tardes.

¿Puedo ayudarte en algo?

Venía a traer estos guantes de Cata.

Se los ha dejado en comisaría esta mañana.

Muy bien, yo me encargo de dárselos. Muchas gracias.

¿Quieres algo más?

Sí, la verdad es que sí.

Me gustaría que me contestaras a una pregunta.

Claro.

¿Por qué te estabas llevando la recaudación de la tienda?

Iba a llevarla al banco.

Había muchísimo dinero en la caja ya

y una siempre teme que entren a robar.

¿Tú te encargas de eso?

Claro.

Me sorprende, pensaba que era Cata la que se encargaba

ahora de todo en la tienda.

Bueno, yo no vengo todos los días por mi estado.

Pero me gusta comprobar por mí misma

que las cosas se hacen bien.

¿Y si todo es tan normal y tan lógico

por qué te has asustado cuando te lo he preguntado?

Yo no me he asustado.

Úrsula, no te pongas más en evidencia.

Sé que estaba robando ese dinero.

Lo que no sé es por qué.

Estoy tan cansado que no puedo ni acabarme ese chato de vino.

Y aún me queda media jornada.

Benjamín, a los dos nos pasa lo mismo.

De tan buenos que somos pasamos por tontos.

Habla por ti.

Los dos llevamos el peso del negocio.

Usted en la fábrica y yo aquí. -En eso llevas razón.

Los dueños abusan de nosotros. ¿Y a cambio de qué?

¿Qué sacamos nosotros de eso? -No te caldees la cabeza.

No, no, se lo digo yo,

muchos disgustos y pocos cuartos.

Yo me apaño con lo que gano. -Y yo también, qué remedio.

Pero a ver quién es el guapo que ahorra algo

con el jornal que nos pagan.

Y bien sabe Dios que necesito ahorrar.

¿Para qué? -¿Pues para qué?

Para marcharme.

¿Has decidido ya con quién te vas a marchar?

¿Le pongo otro vino? -Raimundo.

No, no me he decidido todavía.

¿Has hablado con ellas?

A Elpidia le he dicho que me fugaría con ella

en cuanto ahorrase un poquito.

Y a Merceditas le he dicho

que volvería con ella para el pueblo.

En cuanto ahorraras un poquito, ¿no?

Sí.

Si es que...

si es que yo a quien quiero es a Elpidia.

Pues entonces vete con Elpidia y deja de marear a Merceditas.

Es que Merceditas es la madre de mi hija

y eso también tira mucho.

¿Y hasta cuándo piensas seguir así?

Ay, no sé. Yo voy a ir ahorrando,

que con el tiempo supongo que veré las cosas

con más claridad.

Pues mira va a ser más bien más pronto que tarde, ¿eh?

Buena suerte. -Muchas gracias.

Señoras.

Si ese médico llega a examinarme

todo se acabará.

Descubrirán que he perdido al niño y...

y me aplicarán la condena del juez,

la muerte por garrote.

¿Y qué tiene que ver eso con el robo?

Tengo que marcharme de España, Federico.

Y para eso necesito dinero.

He vendido todas las joyas, pero no es suficiente.

¿Y por eso te llevabas el dinero de la caja?

Ay, Úrsula...

No puedo con esta angustia.

Tengo miedo a cada hora.

Miedo a que me descubran, a...

a volver a la cárcel.

Tengo miedo a morir.

Intenta tranquilizarte. -Federico, no lo entiendes.

No quiero morir.

¿Qué sabe Gabriel de todo esto?

Nada.

¿No pensabas huir con él?

Gabriel cree que...

que sigo embarazada.

Y por lo tanto también

cree que van a concederme ese indulto

y que seremos felices para siempre.

¿Pero cómo le has podido ocultar todo esto?

Ya le he hecho suficiente daño.

¿No te parece?

¿Por qué iba a contárselo?

No quiero que siga sufriendo por mi culpa, Federico.

¿Y crees que no va a sufrir con esto?

Federico,

te lo ruego,...

haz que no has visto nada y no le digas nada a Gabriel.

No, no puedes pedirme algo así.

Si no lo quieres hacer por mí hazlo por él.

Piensa en cómo se sentiría Gabriel

si me mata.

Federico, por favor.

Venga, díselo tú. -No, díselo tú.

¿Pero tú no querías hablar?

No, tú eres la que lo tiene tan claro.

Tengo un aguardiente que es oro puro.

Sí, os pongo una copita a cada una.

No, gracias, es muy temprano para beber.

Hemos venido porque eres el único

que nos puede sacar de dudas.

Ya ves tú, con lo listo que yo soy...

Sí, a una de las dos le has estado mintiendo.

Sí, ya te digo yo a quién. -¡Estoy hablando yo!

¿Quieres que te dé una pista?

Su nombre rima con perfidia.

Aquí la marquesa está convencida

que te vas a volver con ella pal pueblo.

Pero como se lo has dicho. -No, contigo.

¿Tú no sabes que el marido infiel

siempre vuelve con su esposa?

Pero claro, como tú se lo has dicho.

¿Pero habiendo probado solomillo de ternera

cómo se va a conformar con unas gachas?

(RÍE) Solomillo de ternera.

De vaca y de la rancia.

¿A quién le llamas tú vaca

con esas hechuras que te ha dado Dios?

Mira, yo no voy a contestar a tus provocaciones

porque soy una mujer con educación, no como otras.

Sí, educación de marquesa.

No vamos a perder el tiempo.

Porque hemos venido a lo que hemos venido.

Raimundo. -¡Raimundo!

¡Ay, mira lo que has hecho!

¿Tú qué quieres, matarle a disgustos?

Disgustos los que has traído, que mira cómo lo tienes.

¡Anda, apártate, que necesita respirar!

No, lo que necesita es un buen vaso de agua.

¡Toma!

¡Ah, ah!

Quizá acabe recapacitando. No te pongas en lo peor.

Conozco muy bien a Rodolfo y no lo va a hacer.

Pues más le valdría. No, es que no lo hará.

Sé que quiere mucho a Amalia.

Pero ni siquiera ha recapacitado

cuando la ha visto hecha un mar de lágrimas.

Es que cómo sois los hombres, ¿eh?

Bueno, no todos somos iguales.

Ojalá sea su rival quien recapacite

porque no tengo ninguna esperanza, la verdad.

Ojalá.

Sabes, no todo son malas noticias.

Ay, pues no me vendría mal una buena.

Mi abuela está fuera de peligro.

El tratamiento de la neumonía no podía haber ido mejor.

Parece que el amigo de Cristóbal

ha obrado el milagro.

Me alegro mucho, Tristán.

Espera porque hay más.

Hoy he estado hablando con mi padre.

¿Pero te ha cogido el teléfono?

Me ha llamado él.

¡Ah! No habíamos hablado desde

que le dije que iba a renunciar a la fe judía.

¿Y qué es lo que te ha dicho?

Quería darme las gracias por haber conseguido ese médico tan bueno.

¿O sea, que te ha perdonado?

Me ha dicho que, aunque sigue lamentando mi decisión, la respeta.

Mi abuela ha intercedido por mí.

Parece que las aguas vuelven a su cauce.

Pero esto es maravilloso, Tristán.

Sé lo mucho que has sufrido con todo esto.

Y para mí es un alivio porque, de verdad, me sentía muy culpable.

Yo también estoy muy feliz por los dos.

¿Pero sabes qué es lo mejor de todo?

Que mi padre me ha dicho que está deseando conocerte.

¡No me lo puedo creer! ¿Van a venir a...?

Mi familia va a venir a nuestra fiesta de compromiso.

¡Ah! ¡Madre mía! Ya lo tengo todo, Blanca:

una mujer maravillosa y... Gracias.

(RÍE) Y el apoyo de mi familia, no...

no necesito más para ser feliz. Ven aquí.

(Se oyen pasos acercándose)

Rodolfo. ¿Cómo está?

Mejor, está más tranquila.

El sedante le ha hecho efecto, y menos mal.

Porque no dejaba de llorar,

pensé que no pararía le diese lo que le diese.

Gracias a Dios que has venido.

Escúchame una cosa:

¿es cierto que te has retado a un duelo con Federico Sotomayor?

¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Qué otra cosa podías hacer?

Cualquier otra cosa. ¿Pero batirte en duelo?

Estamos en el siglo XX.

¡Se pasó la tarde humillando a Amalia!

Y lo peor es que, como era el anfitrión,

todos le seguían el juego.

Cuando nos echó de su casa, no me pude contener.

¿Y me preguntas qué podías hacer? Pudisteis iros antes,

cuando viste que la velada se torcía.

¿Es lo que tú habrías hecho? Claro.

No, no, no, no, no, no te creo.

Nunca has sido ningún cobarde.

No se trata de ser valiente o cobarde.

Me habría ido por sentido común.

Todavía recuerdo a madre convenciéndote

para que no fueras a la guerra. Sabías que te jugarías la vida,

pero nada ni nadie consiguieron que hicieras otra cosa.

No es lo mismo. ¿No es lo mismo? ¿Por qué?

¿Porque eres tú? ¿Eso quieres decir?

Me fui porque tenía razones para irme.

No es lo mismo aceptar el peligro que supone el frente

que batirte en duelo con uno de los mejores tiradores de Madrid.

Sé que Federico Sotomayor es un gran cazador.

No hace falta que lo recuerdes. Me fui como médico voluntario.

Me fui a hacer lo que siempre había hecho.

Tú estás metiéndote en la boca del lobo.

Esto es un suicidio, un suicidio perfectamente evitable.

Cristóbal, escúchame, defiendo mi honor,

mi honor y el de los míos. Ah, muy bien.

¿Y es más importante tu honor que tu vida?

Eso es lo que ninguno parecéis entender.

Para mí, la vida y el honor van de la mano.

No concibo la una sin lo otro.

Hay algo tan estúpido y tan admirable a la vez

en lo que estás diciendo...

Si la cosa va mal, pide que lo graben en mi tumba

a modo de epitafio: "Aquí yace Rodolfo Loygorri,

un hombre tan admirable como estúpido".

No bromees con eso.

Si hay que enterrar a alguien, que sea a Sotomayor.

¿No crees? Nada me haría más feliz.

Escucha, tengo algo que pedirte.

Lo que quieras.

Si...

Si ese canalla consigue acabar conmigo...

Rodolfo, por favor.

Si ese canalla consigue acabar conmigo,

quiero que me prometas que vas a cuidar de Amalia y de la niña.

Y también quiero que me prometas

que, sea cual sea la respuesta de Blanca,

tú, a partir de ahora, solo vas a mirar hacia adelante.

¿La respuesta de Blanca? ¿Qué estás diciendo?

Encontré tu carta.

Se te debió caer cuando viniste a reconocer a Amalia.

La vi en el suelo.

¿Y dónde está la carta? ¿La tienes tú?

Me tomé la libertad de pedirle a Amalia que la echara al correo.

No, no, no... Rodolfo...

¿Pero por qué has hecho...? ¿Por qué has hecho...?

¡No quería que Blanca...!

¿La has leído?

Y esto supongo que habrá pasado hace unos días.

¿Blanca la ha recibido? Supongo.

No me ha dicho nada.

Y fui muy claro, le dije en la carta:

"Si no contestas, entenderé que quieres seguir adelante

con tu compromiso con Tristán".

Entonces está bastante claro, la he perdido.

Hazme el favor de pensarte bien esto que quieres hacer.

Porque no quiero perderte a ti también.

¿De acuerdo?

(Se oye la puerta cerrarse)

¡Oh! Oh, es usted.

¿Qué hace aquí?

Bueno, da igual, es lo de menos.

Llevo un rato buscando los papeles, pero no los encuentro.

¿Serán como dice Marina? Me dijo que era una especie

de cuaderno negro, pero no... -Olvídate de los papeles, Benito.

¿Por qué? ¿Ya no están aquí y por eso ha venido?

A ti hay que explicártelo todo, ¿eh?

Esos papeles no existen, jamás han existido.

¿Entonces? ¿Para qué he venido? No entiendo nada.

Tranquilo, ahora lo vas a entender todo.

-¿Qué hace? -Créeme, la idea de matarte

no me gusta nada. -Mata...

Pues no lo haga, no...

Sé que usted y yo discutimos mucho,

pero podemos llegar a un acuerdo. -Cállate.

Marina... ¿Sabe doña Marina lo que va a hacer?

Es ella la que quiere que lo haga.

Entonces, a ver, podemos decirle que...

que me escapé, le ataqué y no pudo atraparme.

-No puedo hacer eso, ojalá pudiera. -Claro que puede.

¡No puedo! Necesitamos tu cadáver para incriminar a Salvador.

¿Por qué si no crees que debes morir?

O sea, que ha sido todo una trampa.

Lo teníais todo calculado.

-Lo siento mucho, Benito. -No, no, por favor.

Por favor, no... no...

Por favor. (CARGA EL ARMA)

-¡Por favor, no! -Cuanto antes acabemos, mejor.

No, no, se lo ruego, se... se lo suplico, no...

Encontrarán otra manera de meter a Montaner en la cárcel.

Yo mismo puedo ayudarles, pero...

Por favor, se lo rue... Se lo ruego, se lo suplico.

Marina me advirtió de que intentarías convencerme.

-Pero... pero usted no... no es como ella, no...

Ella... usted... eh...

Usted es buena persona, no, no...

No sería capaz de... de matar a alguien así,

a sangre fría, mi... mirándole a los ojos.

Ah... ¿A que no?

No, no...

(DISPARA)

(Se oye una respiración acelerada)

(Se oye música animada)

Ya tengo a todas las chicas ocupadas, ¿qué te parece?

-Muy bien. -Como siga subiendo el negocio,

vamos a tener que mudarnos a una casa más grande

y contratar a más chicas.

O eso, o comprar la casa de al lado y hacer obra.

Quizás podíamos unir los dos edificios...

O, bueno, no, dedicar uno a los clientes más exclusivos

y el otro al resto. ¿Tú qué crees que es mejor?

-¿Qué? -¿Pero cómo puedes estar haciéndome

tan poco caso si te hablo de dinero?

Perdóname, perdóname, Cándida, estaba con la cabeza en otro sitio.

¿En qué estás pensando?

-Ah, en el cretino de mi yerno. -¿Qué ha hecho ahora?

-¿Qué no ha hecho más bien?

He ido a verle esta mañana para pedirle

que fuera a buscar a mi hija y la trajera a casa.

Bueno, pues se ha negado.

-Bueno, tiene carácter el chico. -Demasiado para mí.

-¿Y qué piensas hacer? (SUSPIRA)

Pues eso es lo malo, que no lo sé.

Es el esposo de mi hija, tampoco puedo darle

el escarmiento que me gustaría.

Y precisamente ahora, que ese cretino empezaba

a acercarse a mi hija y a dar de lado a la otra.

Bueno, tranquilízate, hombre,

puede que la enfermedad de tu hija haya supuesto un contratiempo,

pero eso... no quiere decir que la causa esté perdida.

Ah, ya, ¿y qué nos queda?

Y ese cretino no atiende a razones. (RÍE)

Tenías que verle cómo babeaba con ese niño que no es ni su hijo.

¿Pero no dices que es un cretino?

¿Y qué esperabas de él, que cediera?

No, en eso te doy la razón.

Lo que necesitamos es una nueva estrategia.

Pues, claro, ¿pero cuál? -Tú déjalo en mis manos.

Te juro que esa chica, Sofía,

no va a volver a ser un problema para tu hija.

-¿Y qué piensas hacer? -Ten paciencia.

Y confía en mí.

(Se oye una puerta cerrarse)

Llevo toda la tarde tratando de dar con usted.

Lo siento, he tenido que resolver mucho papeleo en el juzgado.

Luego salí a pasear con Blanca.

Vine en cuanto la doncella me dio el recado.

¿Recuerda usted la llamada que le hice anoche

pidiéndole que pusiese en marcha todo el proceso

para pedir mi nulidad matrimonial? -Claro, ¿cómo no la voy a recordar?

Pues hoy he recibido los papeles de la fábrica

con la titularidad cambiada.

-¿Cómo? -Sí, Salvador hizo lo que le pedí.

Tejidos Silva está a mi nombre.

Me alegro por usted, pero no... me lo esperaba, la verdad.

-Yo tampoco. -Es una lástima

que no lo hayamos sabido antes.

Como usted se podrá figurar, esto cambia las cosas.

No quiero seguir adelante,

soy muy impulsiva y quizá me precipité un poco.

Quiero que olvide todo lo que le he dicho.

Eso es imposible, Diana, ya he enviado la solicitud.

¿Pero ya? ¿Tan rápido?

Anoche estaba tan ansiosa, que es lo primero que hice hoy.

Ah, qué contrariedad.

Siento haberle presionado, pero le ruego que mañana por la mañana

llame a quien sea necesario para parar todos los trámites.

No, no me está entendiendo, esto no funciona así.

El asunto ya está en marcha, no se puede parar.

¿Pero cómo que no se puede parar?

Algo se podrá hacer, digo yo. -No, no se puede hacer nada.

Ah, pero con alguien podrá hablar que tenga ese poder.

Salvador ha sido muy generoso conmigo y yo no puedo...

Diana, ni aunque se me ponga al mismo papa de Roma la teléfono.

Es imposible. Usted ha solicitado formalmente la anulación

de su matrimonio con el Sr. Montaner.

No hay vuelta atrás.

Pero es posible que no me concedan la nulidad, ¿verdad?

Seguramente, habrá muchos casos y... más graves que el mío. No...

Alegó infidelidad y maltrato.

Tenga por seguro que se la concederán,

es cuestión de tiempo.

Lo siento mucho, Diana, pero su matrimonio

con el Sr. Montaner se acabó.

Ah...

(SALVADOR) ¿Diana?

Ah...

¿Rodolfo?

¡Benito! ¡Benito! ¡Benito!

¡Oh, Dios!

¿Operadora? Póngame con la Policía, por favor.

Policía, soy Salvador Montaner, acabo de encontrar una persona

herida en el despacho de Tejidos Silva.

No lo sé, pero creo que está muerto.

Me alegra mucho que podamos ser amigos.

Y, de verdad, pase lo que pase, siempre te tendré mucho cariño.

Y yo.

Somos amigos.

¿Sofía Álvarez de Terán?

La misma. ¿Con quién tengo el gusto?

Mejor nos ahorramos las presentaciones.

No le he invitado a sentarse.

Solo vengo a darle un mensaje:

márchese de casa de Ciro y Elisa Silva.

No me gustaría verla sufrir

por intentar quitarle el marido a otra.

-¿Qué le ha pasado? -No se sabe.

Mala suerte.

¿Podemos seguir con el boceto? Quiero hacerte el vestido pronto.

¿No te impresiona lo que te acabo de contar?

Después de todo lo que me ha hecho, no sentiré compasión por él.

Es una mala persona, se merece lo que le ha pasado.

-Estaba aterrado, me suplicó. -Claro que te suplicó.

-¿Qué iba a hacer si no? -Es como si tuviera sangre.

-¿No te habrás quitado los guantes? -Ni un instante.

No cometí ningún error.

Me aseguré de que nadie me viera salir.

He sido muy cuidadoso.

¿Una cita de noche en la fábrica con

un cliente que no sabe quién es? -Quería mantener el anonimato.

No he conocido al cliente, el contacto fue por cartas.

-¿Puede enseñarme esas cartas? -No, porque no las tengo.

Solo cuento con su palabra.

¿Quiere usted cambiar su declaración?

-Le digo la verdad. -No le des más vueltas.

¿Cómo no le voy a dar vueltas? Han amenazado a mi hijo.

Creo que detrás de esto está Elisa, pero tú dices que no.

Elisa os quiere. Acuérdate cómo estaba antes de enfermar.

Ciro, estás ciego. Necesitas que alguien te abra los ojos.

Y yo quiero que sepas con quién te has casado.

Venía a saber si había más detalles sobre lo ocurrido con...

con el ataque de Benito.

Tu cuñado nos dio aviso de que lo había encontrado herido

en la fábrica. -¿Y qué hacía él en la fábrica?

¿O Salvador? Ninguno de los dos trabaja ahí ya desde hace tiempo.

Salvador nos da dado unas explicaciones un tanto vagas.

Creo que puede tener problemas.

No sabía que estabas ocupado. Buenos días, don Tristán.

No, no pasa nada. ¿Querías algo?

Saber si nos acompañas a dar un paseo por el parque.

Puedo esperarte. -Por mí no hay ningún problema.

Puedo volver cuando tenga listo el inventario del testamento.

-¿Qué testamento? -Déjame que te explique.

-¡Si haces testamento es porque estás empeñado

en batirte en ese duelo!

Si no te echas atrás en eso de batirte en duelo,

me iré y no volverás a verme nunca más.

-Lucía Hernández. -Me imagino que no le costará

ser otra persona, porque ya se hizo pasar

por otra mujer una vez, ¿no? -¿Y el pasaje a Guinea?

También está ahí.

Partirá en dos días. -Dos días para empezar

una nueva vida sin que nadie me conozca.

Úrsula me confesó que había perdido al niño que esperaba.

Sufrió un aborto natural.

-Pobre. -Está intentando fugarse

antes de que las autoridades se enteren.

Me ha pedido que guarde el secreto. -¿Y qué vas a hacer?

Mi trabajo consiste en hacer cumplir la ley.

Pero si la delato, la ejecutarán. -Y Gabriel no te lo perdonaría.

Ni yo a mí mismo tampoco.

¿Entonces?

Tengo que escoger entre mi carrera y mi mejor amigo.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 451

Seis Hermanas - Capítulo 451

27 feb 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de 1920.

ver más sobre "Seis Hermanas - Capítulo 451 " ver menos sobre "Seis Hermanas - Capítulo 451 "

Los últimos 1.779 programas de Seis hermanas

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios
  • Nuevo Capítulo 472 Completo 52:39 86% hoy
    Capítulo 472 hoy Blanca se niega a operarse para no perder el bebé. Diana y Salvador tienen a todo el pueblo en contra. Celia descubre que Cata trabaja de costurera. Elisa mete la pata con Gonzalo. Carlos continúa e...
  • Nuevo Capítulo 471 Completo 54:00 100% ayer
    Capítulo 471 ayer Gonzalo da una segunda oportunidad a Elisa. Marina descubre que Gonzalo no sabe a qué se dedica Cándida. Blanca se niega a que la operen aunque su vida está en peligro. Ni Salvador ni Pedro d...
  • Nuevo Capítulo 470 Completo 53:22 87% pasado viernes
    Capítulo 470 pasado viernes Blanca descubre que Elisa finge ser una joven viuda. Diana se enfrenta al capataz de la bodega. Cristóbal revela a Rodolfo que Marina se está prostituyendo. Celia quiere que Velasco conozca a Sim&oa...
  • Nuevo Capítulo 469 Completo 53:48 89% pasado jueves
    Capítulo 469 pasado jueves Diana y Salvador se desesperan. Celia se preocupa por la expectación creada en la librería. Marina se niega a someterse a la revisión médica. Elisa descubre que Marina trabaja en la ca...
  • Nuevo Capítulo 468 Completo 54:11 100% pasado miércoles
    Capítulo 468 pasado miércoles Celia estrena su nueva librería. Blanca comunica su embarazo. Gonzalo se hace el encontradizo con Elisa. Velasco investigada la agresión a "La Peineta". Rodolfo encarga a Benjamín e...
  • Capítulo 467 Completo 54:45 100% pasado martes
    Capítulo 467 pasado martes Blanca sufre un mareo en presencia de Amalia. Salvador descubre que la cosecha está arruinada. Celia se dispone a abrir la librería. Elisa conoce a un joven elegante y atrevido que la deja muy turba...
  • Capítulo 466 Completo 54:23 100% 20 mar 2017
    Capítulo 466 20 mar 2017 Diana y Salvador inician su nueva vida en el campo. Cristóbal no quiere que Blanca le acompañe a París. Celia quiere comprar la Villa de París. Elisa está preocupada por la falt...
  • Capítulo 465 Completo 55:03 90% 17 mar 2017
    Capítulo 465 17 mar 2017 Blanca y Cristóbal tienen problemas para viajar a París. Celia se siente un fraude. Elisa y su padre vuelven a su casa. Cándida se enfada con Marina y le cuenta a Ricardo su secreto. Diana y ...
  • Capítulo 464 Completo 52:57 91% 16 mar 2017
    Capítulo 464 16 mar 2017 Llega el día de la Boda de Blanca y Cristóbal. Velasco recibe una llamada inquietante. Merceditas anuncia a Diana y a Salvador que finalmente no se va con ellos al viñedo. Cata teme que Anton...
  • Capítulo 463 Completo 54:53 91% 15 mar 2017
    Capítulo 463 15 mar 2017 Blanca está muy nerviosa por la boda. Elisa ayuda a Sofía a conseguir el visado. Rosalía no permite que Cándida visite a D. Ricardo. Salvador está ocupado con unas misteriosas g...
  • Capítulo 462 Completo 54:50 91% 14 mar 2017
    Capítulo 462 14 mar 2017 Velasco pone vigilancia a Marina. Diana y Salvador siguen con sus planes. Blanca y Don Ricardo mantienen una sincera conversación. Celia se sorprende por el éxito del folletín. Por su parte, ...
  • Capítulo 461 Completo 55:39 100% 13 mar 2017
    Capítulo 461 13 mar 2017 Diana y Salvador descubren los planes de Rodolfo. Elisa recibe la visita de Blanca. Marina continúa en calabozo y Don Luís busca el perdón de todos a los que perjudicó. Gabriel pasa su...
  • Capítulo 460 Completo 54:45 90% 10 mar 2017
    Capítulo 460 10 mar 2017 Velasco ofrece un trato a Don Luis. Elisa quiere llevar a su padre a casa. Celia pide consejo a las criadas para escribir un folletín. Diana y Salvador tienen un problema con Raimundo y Merceditas. Gabriel...
  • Capítulo 459 Completo 54:10 92% 09 mar 2017
    Capítulo 459 09 mar 2017 Elisa cuida de su padre. Diana y Salvador preparan su partida. Cristóbal y Blanca hacen planes. Una editorial quiere publicar la novela de Celia por entregas. Gabriel busca consuelo a su soledad. Marina se...
  • Capítulo 458 Completo 53:32 96% 08 mar 2017
    Capítulo 458 08 mar 2017 Las Silva preparan una fiesta sorpresa para Elisa. Celia acaba su novela sobre Aurora. Blanca se entera de que Cristóbal se marcha. Elisa se enfrenta a Ciro. Diana hace un gran sacrificio para salvar su re...

Añadir comentario ↓

  1. fvgt

    Luis es maton a sueldo va a quedar impune?

    12 mar 2017
  2. Lili

    Ojala Ciro termine quedandose con Sofia, por q Eliza no se lo merece es a es una promiscua

    03 mar 2017
  3. Elenita

    Lo mejor que ha pasado. Que la porqueria del Benito haya tenido su merecido. Qué asco de ser humano. A esa fábrica entra cualquiera y a cualquier hora. Vaya, que parece un parque! Hay cosas tan incoherentes en esta serie.!

    28 feb 2017