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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 448 - ver ahora
Transcripción completa

Te prohíbo que vuelvas a ver a Celia Silva en toda tu vida.

No. No me pidas eso, por favor.

Es mi amiga. -O me obedeces,

o voy a tener que llamar a tus padres para hablarles

de la clase de amistades que tienes en Madrid.

No quiero que nos veamos nunca más.

Hasta siempre.

No sé cómo decirte que tienes que luchar por Blanca.

Estás a tiempo. No se ha celebrado la fiesta de compromiso.

Querida Blanca, voy a escribirte en esta carta

lo que ayer no me atreví a decirte en persona.

Quería pedirte perdón por los inconvenientes

que te hemos causado. -Sería ridículo

que no se me dejase entrar.

¿Has dado la orden de que no se me deje entrar?

Salvador, espera fuera, por favor.

¿Recibes a Benito cuando yo tenía que visitar a las niñas?

¿Casualidad o mala intención?

Nos hemos quedado cortos con esa paliza.

Salvador sigue libre y las Silvas siguen tan felices

sin pagar por todo lo que nos han hecho.

¿Pero no te da pena matarlo?

No sufrirá. Míralo desde ese punto de vista.

Tú ganas.

Pero que sea la última vez que me impides ver a mis hijas.

Si continúas con esta actitud, te las voy a tener que quitar.

Con quien quiero irme, es contigo, Elpidia.

Pero necesito ahorrar más dinero.

Por eso, es importante que Merceditas crea

que tú y yo hemos acabado para siempre.

No está en condiciones de recibir a un cliente.

Estoy en perfectas condiciones.

De hecho, me voy a poner a...

Doña Úrsula, por favor.

Deje que lo haga yo. -¡Ay!

Lo siento. Voy a llamar a un médico.

Cata, no vas a llamar a nadie.

Me negarían el indulto.

Tiene que reaccionar, porque si no,

su amiga le va a quitar a su marido.

Y, además, lo va a hacer delante de sus narices.

-Eso es cierto. -Debería fingir delante de Sofía.

A partir de ahora, quiero que todos seamos felices

y que, en esta casa, solo reine el amor, la armonía y la paz.

Voy a abrir una botella de vino para la cena, como Dios manda.

(Sintonía)

¡Leandro! ¡Leandro!

¿Has visto a Leandro? -¿Qué pasa?

No sé dónde está. Lo he buscado por todas partes.

En la cuna no está. -Tranquilízate.

¡Ay, mi hijo! Por favor, ayúdame.

¿Y si se lo han llevado? -¿Se lo han llevado adónde?

¿A qué te refieres? -Yo recuerdo que cuando vivía aquí

don Ricardo, vinieron unas personas y se llevaron a la hija de Adela.

Escúchame. Eso pasó hace mucho.

-Voy a llamar a la policía. -Espérate.

Pensemos antes de ponernos en lo peor.

No quiero pensar nada. Voy a llamar a la policía. Cállate.

Operadora. Sí, por favor. Quiero hablar con la policía.

Es urgente. Es muy urgente.

Qué paseo más agradable hemos dado.

¿Ves cómo no pasaba nada, Sofía?

¿Por qué me miras así?

-El niño. Mi niño. -No, no. No le toques.

Me ha costado mucho dormirle.

Ahora tiene que descansar. -Elisa tiene razón.

Celia. Voy a misa. ¿Me acompañas?

No. Lo siento. Quiero ponerme a escribir.

Vengo de comprar papel. Pues como quieras.

Por cierto, el otro día os estuve esperando

en el Club Social. Tenía muchas ganas de ver

los bocetos de tu amiga Cata. Ya. Lo siento.

¿Pero surgió algún imprevisto?

Es que estoy muy impaciente. Y, en parte, es por tu culpa,

que me has hablado muy bien de tu amiga.

Lo siento, Blanca. Lo que pasó es que en la tienda

tuvieron un problema con un proveedor

y Cata se tuvo que quedar tarde. No le dio tiempo a avisar.

Si quieres, podemos vernos otro día.

Está bien. Se lo haré saber. Que ella fije el día. Me adapto.

Además, así puedo conocer un poco mejor a tu amiga.

¿A Cata? Claro.

Si estáis todo el día juntas.

Sois muy buenas amigas y no paras de hablar de ella.

Haces lo mismo que hacías al principio con Aurora.

Sé perfectamente cuál era tu opinión

sobre mi relación con Aurora, aunque acabaras por tolerarla.

Pero no tienes nada que temer con Cata.

Creo que no me estás entendiendo.

Me da igual el tipo de relación que tengas,

si es de amistad o es algo más.

Lo que quiero, es que seas feliz.

Ya lo has pasado muy mal con todo lo de Aurora.

Sigo pensando mucho en ella. Es normal.

Y yo, pues estoy intentando cambiar.

Ya sé que te lo he dicho muchas veces,

pero creo que, esta vez, lo voy a conseguir.

Y, en parte, eso es gracias a vosotras.

Sobre todo, a ti, que me has enseñado a luchar

por el amor verdadero, sin importar las apariencias.

¿Así que te parecería bien que me volviera a enamorar?

Por supuesto. Y creo que estás superando

lo de Aurora, en parte, gracias a Cata.

Sí. Algo de eso hay. O había.

¿Cómo que había? Te prometo que, al principio,

éramos solo amigas, compañeras nada más.

Luego, Cata me dijo que sentía algo por mí y me asusté muchísimo.

Pero es normal. Todavía tenías el recuerdo de Aurora presente.

Sí. Eso y... y no quería volver a equivocarme,

como hice con Petra.

¿Pero ella no sentía lo mismo?

Cata se me declaró y me dijo que me quería.

Y ahora que por fin yo he dado el paso, me ha rechazado.

¿Pero por qué? No lo sé.

Ha sido todo tan de repente...

Hace unos días, estábamos perfectamente.

Ahora, no sé qué ha cambiado. Tiene que haber pasado algo.

¿Has hecho algo que le moleste?

No. Solo ha dicho que no quiere volver a verme.

Los sentimientos no cambian de la noche a la mañana.

Tiene que haber pasado algo.

No lo sé, Blanca. Ha sido tan fría, tan...

tan distante.

Celia, te mereces una explicación.

Tiene que decirte qué es lo que ha pasado.

Así que tienes que hablar con ella. Sí. Lo haré.

Muchas gracias por la comprensión.

Estoy aquí para lo que necesites, ya lo sabes.

Blanca, me alegro muchísimo de tu compromiso con Tristán.

Ya era hora, después de todo lo que has sufrido.

Bueno, mi matrimonio con Rodolfo

siempre estuvo condenado al fracaso.

Sabes perfectamente que no me refiero a Rodolfo.

No quiero que llegues tarde.

Solo vi que estaba despierto

y decidí dar un paseo con él, antes de que volviese a llorar.

Así tú podrías descansar, Sofía.

Elisa, no necesito descansar de mi hijo.

No. De tu hijo, no. De sus llantos.

Para cuidarle, hay que dormir bien.

Y es normal que con la noche que te ha dado, no hayas podido.

¿Ves, Sofía? Elisa solo quería hacerlo por tu bien.

-Y por el del niño. -Mi hijo está perfectamente

y no necesito que nadie cuide de él.

Y mucho menos, que lo cojáis sin mi permiso.

Sofía, yo entiendo que te hayas asustado.

Pero es que estabais todos dormidos. No podía avisar a nadie.

Pues que sea la última vez.

A partir de ahora, nadie se llevará a Leandro

sin mi permiso, así esté dormida o muerta.

Puedo entender que te hayas asustado,

pero no sé por qué te pones así conmigo.

Solo quería ayudar. -Lo dudo mucho.

Sofía, te he acogido en mi casa. ¿Y tú me tratas así?

Solo estaba buscando tu bienestar y el de tu hijo.

Creo que, esta vez, estás siendo injusta con Elisa.

¿Sí?

Pues si es así, lo siento mucho.

¿Yo qué he hecho, Ciro?

No has hecho nada, mi amor. No has hecho nada. Ven aquí.

(SUSPIRA)

¡Uf! No sabes cómo estaba el puesto de verduras.

Se nota que es Cuaresma y que hay que limpiar los pecados.

Le voy a preparar a mi Raimundo

un potaje de garbanzos y bacalao.

Que, por si no lo sabías, es su plato preferido.

Será nuestra manera de celebrar

que nos volvemos al pueblo,

a vivir con nuestra hija.

La quiere tanto... Bueno, si hasta lleva su nombre.

Si seguimos ahorrando a este paso,

para verano o, incluso, antes, estaremos en el pueblo.

¿Y sabes lo mejor de volverse al pueblo?

Que no voy a tener que cruzarme nunca más con gente como tú,

que no ha puesto reparo en meterse en medio

de un matrimonio, que es lo más sagrado.

Ojalá que la vida te lo devuelva,

para que sepas el mal y el daño que causas.

Soy de las que piensan que los pecados

hay que pagarlos, tanto en vida, como en el infierno.

-¿Sabes qué pienso yo? -No me interesa.

Dos no bailan, si uno no quiere. Yo no busqué a Raimundo.

Más bien, al revés. -¡Mentira!

¿Mentira? ¿Tú quieres saber la verdad

de tu queridísimo Raimundo?

-Perdonad que os moleste. -No. Si usted nunca molesta aquí.

¿Qué necesita? -¿En qué podemos ayudarla?

¿Sabéis cuándo llegó el ramo de flores?

A primera hora de esta mañana.

Yo me he tomado la libertad de ponerlas en agua,

porque los tulipanes son muy delicados.

Gracias, Merceditas. Se ve que Salvador no ha olvidado

que los tulipanes son mis flores favoritas.

-¿Se las ha enviado él? -Sí.

Eso es una buena señal.

Sí. Bueno, espero que el señor recapacite pronto

y vuelva a casa con su familia.

No hay nada más importante en la vida, que la familia.

¿A que no, Elpidia?

Bueno, el amor es más importante. Si es de verdad, claro.

Gracias a las dos por los ánimos. Da gusto oíros.

-Sí. -Ya ve.

Y, por favor, preparad el vestido que he dejado sobre la cama.

Esta noche, he quedado con Salvador y quiero estar deslumbrante.

¡Huy! Usted siempre está deslumbrante, señora.

-Gracias, Elpidia. -Yo misma se lo preparo.

-¿Tú no ibas a contarme algo? -¿Y para qué?

Si te vas a creer lo que tú quieras.

(Música de piano)

¿Qué, Raimundo? ¿Has solucionado ya algo con Merceditas?

Depende de lo que usted entienda por algo.

Vamos, que no has solucionado nada.

Ya te puedes espabilar, porque me dijo Rosalía

que cada vez que se juntan esas dos, saltan tantas chispas,

que le pegarán fuego a la casa.

Ya. Es que las cosas han coincidido mal.

Las cosas, las cosas... La culpa de las cosas...

Sí, las cosas. Las circunstancias.

Pobre circunstancias, que han encerrado

al pobre Raimundo, porque él no tiene

nada que ver en el lío que se ha montado en casa Silva.

Algo sí que tengo que ver, sí. Pero...

Pero mire, para que usted sepa.

Algo también he hecho. Tengo un plan.

¿Ah, sí? ¿Y cuál es el plan?

Pues le he dicho a Merceditas que en cuanto ahorremos dinero,

nos iremos al pueblo y que no volveremos más.

-Eso es lo que piensas hacer. -No.

Eso es lo que pienso hacer, pero con Elpidia.

Eso no es un plan. Eso es un disparate.

¿Tú quieres a Merceditas? -Sí, sí.

Pero es más cariño que amor.

-¿Y a Elpidia? -Ah. Ahí hay pasión.

Ah. Pues, entonces, está todo claro.

No, porque también está Raimundita.

Ah, que tú también quieres a Raimundita.

Por encima de todas las cosas, Benjamín.

Por eso, estoy tentado a decirle a Merceditas

que vuelvo con ella. Pero luego, me lo pienso

y digo que no, que una niña no se merece crecer

con dos padres infelices. Es lo que seré yo,

si renuncio a Elpidia. Voy a ser infeliz.

Y a Merceditas, la convertiré en una desgraciada.

¿Qué piensa? -Pienso que juegas con fuego,

que tienes que tomar una decisión y hablar con ellas,

antes de que sea tarde. -Y me queme.

Sí. No estaría nada mal que te quemaras,

a ver si aprendes de una vez la lección.

No las puedes tener a las dos entre Pinto y Valdemoro.

Te digo una cosa. Esto puede acabar de manera terrible.

-¿Cómo de terrible? -Las dos son mujeres

de armas tomar, capaces de cualquier cosa,

con tal de proteger lo suyo.

Cualquier cosa... ¿Como qué?

Tú piensa lo peor que se te pueda ocurrir

y, luego, piensa que las mujeres tienen

bastante más imaginación que nosotros.

Pues me ha sido usted de gran ayuda. De gran ayuda.

¿Qué haces? Menudo susto me has dado.

Pasé por tu habitación y no estabas.

Tengo que ir a la tienda a recibir

telas nuevas y colocarlas. -¿Seguro?

-Sí. -Está bien.

En ese caso, no me enfado. -No, no, no. Aquí no.

-¿Por qué? -Estamos en público.

¿Qué tiene de raro que un hombre bese

a una mujer en público? -No es decoroso.

De la manera en que tú lo haces, no es decoroso.

Ya. Y que una mujer bese a otra, sí lo es.

Tranquila. Solo quiero darte esto. Es un regalo.

Ábrelo, ¿no? -Tengo prisa.

No te va a llevar nada. Ábrelo.

-No. -Que te he dicho que lo abras.

¿Una cadena?

Con un corazón. Y es de oro, que sus buenas perras me costó.

Anda, ven, que te lo pongo. -No, no, por favor.

¿Por qué? ¿No te gusta? Puedo ir a cambiarlo.

No. No es eso. Es bonita.

En la joyería, también me enseñaron unos pendientes y una esclava.

Una esclava. Eso sería más apropiado.

-¿A qué viene eso? -A que eres un cínico.

Te comportas como si fuéramos novios

y quisiera estar contigo, pero solo estoy contigo

porque me obligas, porque me amenazas.

-Aprenderás a quererme. -No.

En esa habitación, mi cuerpo podrá ser tuyo, pero mi corazón, jamás.

¿Cómo te atreves a hablarme y despreciarme así?

¿Quieres acabar en la cárcel con tu amiguita?

Te di todo lo que me pediste.

Lo seguirás haciendo. Más te vale que sea por las buenas.

Con amenazas y violencia, ¿es la clase de hombre que eres?

La clase de... -Pégame. Vamos, pégame aquí,

en la calle. A ver si tienes valor.

Te arrepentirás de esto, Cata.

La cicatriz va bien. Pero siga aplicándose

la violeta de genciana para

que cierre la herida. Bien, doctor. Úrsula.

Doctor. ¿Cómo se encuentra?

Bien.

Doctor, yo sé que, quizás, estoy abusando de su confianza,

pero ya que está aquí, ¿por qué no le echa un vistazo?

-¿A mí? No hace falta. -Yo creo que sí.

Cada día que pasa, te veo peor.

Y yo estoy sufriendo por su salud y la de mi nieto.

Preocúpese más de la suya y deje la mía en paz.

A punto ha estado de darnos un disgusto.

¿Pero tú ves cómo estás?

Doctor, estoy perfectamente.

Y si me pongo nerviosa, es porque no dejan de preguntarme

si estoy bien. -Yo creo que no lo estás.

Antonia, si estoy de mal humor,

es porque usted no deja de insistir en decirme que me encuentro mal.

De tanto oírlo, acabo por ponerme mal,

pero no porque esté enferma, sino por su insistencia.

A ver, doctor, objetivamente.

¿Usted cree que esa es razón para que esté tan pálida?

La sugestión puede afectar. El estado de ánimo es

muy importante en la salud. Úrsula, permítame un momento.

A ver. Míreme.

Lo cierto es que está pálida y tiene ojeras.

Y el blanquecino del ojo no es normal.

Puede indicar anemia. ¿Ha tenido alguna pérdida?

No. -Entonces, ¿por qué está así?

No sé. Tendría que hacerle pruebas. No hará falta, doctor.

Yo le diré por qué. La falta de sueño

y las preocupaciones, me quitan el ánimo y el apetito.

Hace nada, estaba condenada a muerte.

Lo entiendo. Pero me gustaría hacerle esas pruebas.

Doctor, si me encontrase mal, lo sabría.

Esto se pasará comiendo mejor y durmiendo más.

Y, sobre todo, si dejan de atosigarme.

Bueno, pues ya me dirá usted cómo lo hacemos.

Cierto que no me corresponde a mí hablar sobre esto.

Pero, que vivan en la misma casa

no significa que estén una al lado de la otra.

Me parece muy buena idea.

Al menos hasta que resuelvan sus diferencias

y en cuanto a usted, Úrsula, aliméntese bien y descanse.

Lo haré, doctor, descuide.

Y espero que Antonia, también, siga sus consejos.

Por supuesto que sí.

Vamos, doctor, le acompaño a la puerta.

Muchísimas gracias, doctor, que pase buen día.

A usted, Antonia, cuídese.

Que si ha ido bien, ¿me preguntas?,

ha ido mejor que bien. ¿Lo dices de verdad?

Los Duques de Alba estaban encantados, ¿no lo viste?,

y tú has estado estupenda, otra vez.

Temía equivocarme y parecer vulgar. Pues, no lo has hecho.

Amalia, estás preparada para acompañarme a cualquier evento

y estaré orgulloso de tenerte a mi lado.

No sabes lo que me gusta oírte decir eso.

Anda, mira quién tenemos aquí.

¿Quién? Federico Sotomayor,

compañero del partido con un amigo suyo, un plumilla de "El Heraldo".

¿Un buen periodista? No, es un cretino,

pero, conviene estar bien con él, si te coge manía,

te destroza en sus artículos.

Los periodistas acabaran por ser la nueva aristocracia.

Ellos ya se lo creen, pero, quizá es un buen momento

para saludar y contarle mis negocios con el Duque de Alba.

¿Crees que hablarían de ello en el periódico?

Si le cuento que es una confidencia

y secreto, aparece en primera página.

Venga, vamos a saludar.

No.

¿Qué te pasa?

Mejor ve tú solo,

son tus amigos y quizá te cuenten alguna confidencia si estáis solos,

prefiero no estorbar.

Amalia, tú nunca estorbas y quiero que me vean con mi prometida.

Y te lo agradezco, pero, me ha dado un mareo al levantarme,

quiero estar sentada.

Amalia, ¿a qué viene esto, qué te pasa?

Nada. Pues, acompáñame.

Venga.

Vamos.

Uf.

Amalia.

Amalia, ¿estás bien?

Amalia, cariño.

No sé si puedes hacerlo, pero, te aseguro

que para mí sería muy importante.

Si no me dices de qué favor hablamos, no te puedo responder,

pero, si está en mi mano, haré lo que pueda.

No se trata de mí,

sino de Úrsula.

¿Y de qué se trata?

De su indulto.

Pensaba que don Tristán, vuestro abogado se encargaba, ¿no?

Prepara la petición de clemencia para que el indulto sea definitivo,

pero, me dijo que nos vendría muy bien contar con informes

adicionales a su favor.

Y quieres que yo escriba uno.

Como agente que llevó el caso y amigo de la familia,

tienes una posición privilegiada para hablar de ella.

Sí, eso es cierto, sí.

Velasco, fue un caso de legítima defensa,

ella no quería matar a Damián,

jamás haría daño a nadie, solo se defendía

y, de verdad, yo no... no soportaría que...

Lo sé, por eso haré todo lo que pueda por evitarlo.

¿De verdad lo harás?

Escribiré un informe favorable a Úrsula, recomendaré su perdón.

Gracias.

Velasco,

sé que, últimamente,

han pasado varias cosas entre nosotros, pero,

quiero que sepas que eres mi mejor amigo.

No hay nadie con quien me sienta con más libertad para hablar

y ser yo mismo, ni siquiera con Úrsula.

Gracias.

Siento no poder ser como a ti te gustaría.

Lo sé y no importa, no pasa nada.

Sí que importa para ti es doloroso,

como amigo que eres te quiero tener cerca

y al hacerlo te hago daño.

No te preocupes por eso,

no es culpa tuya. Bueno, tuya tampoco.

Verás, ojalá,

ojalá, algún día, encuentres

a alguien que te corresponda como te mereces,

nada me haría más feliz.

Ni a mí.

Pero, entonces, no dejes de ser mi amigo,

me pondría muy celoso.

Eso nunca.

No sé qué sería mi vida sin ti, amigo.

Espero que no se te haya hecho muy pesado con tanto latín

pero, la homilía ha estado muy bien, ¿verdad?

A mí, es que las homilías

y lecturas de cuaresma, me encantan.

¿Sabías que Jesús se retiró 40 días en Egipto

y, luego, se dedicó en cuerpo y alma a ayudar a los demás

hasta que llegó a Jerusalén

días antes de su pasión, muerte y resurrección?

A mí, todo esto me inspira porque..,

No me escuchabas, ¿verdad?

Sí, perdona, la cuaresma, sí.

Tristán, no me escuchabas.

¿Te pasa algo?

No puedo evitar comparar vuestra Pascua con la judía,

son tan diferentes que...

Si vosotros no tenéis

ni a Jesús ni la resurrección, ¿qué celebráis?

En la pésaj, que así llamamos a la Pascua, celebramos

la liberación de nuestro pueblo de la esclavitud en Egipto.

¿Moisés, no?

Sí,

y como Jesús resucitó el mismo día de esa Pascua,

la cristiana se celebra a la vez que la judía.

con la primera luna llena de primavera.

Entonces, es así como se decide la fecha de Pascua.

Sí, claro, ¿no lo sabías?

No, no lo sabía.

Quiero que me cuentes más cosas

de la Pascua judía, me interesa mucho.

Si me disculpas, necesito beber un poco de agua,

quiero refrescarme, vas a esta bien aquí solo.

Sí. Ahora vuelvo.

¿Operadora?, sí, quiero poner una conferencia.

Con la familia Bellido, en Granada.

Ahora que Sofía salió a pasear, podemos hablar de lo que ha pasado.

Sólo intentaba ayudar, te lo dije.

Lo sé, y por eso no puedo enojarme contigo.

Sí, pero, Sofía sigue enfadada.

Ya se le pasará, pero, tenemos que tener

mucho cuidado al tratarla,

está muy sensible con lo de Carlos

y ese niño es lo único que le queda.

Ya, eso puedo entenderlo.

Por eso, no podemos disponer de él como si fuera nuestro.

Yo solo pensé en su bienestar, ¿es un pecado?

Claro que no, si fuese nuestro hijo, pero no lo es.

Ya, ya sé que no es mi hijo.

¿Cómo te sentirías tú si, de repente, desapareciera tu hijo?

Pues, me asustaría, supongo, y, después, me enfadaría.

¿Ves como no es tan raro lo suyo?

Ya lo sé, pero, igualmente, nunca podré ponerme en su lugar,

yo no puedo tener hijos, Ciro.

Eso me da igual, lo sabes. Pero, tampoco, me dejas adoptar

y es lo que más me gustaría a mí.

Quiero formar una familia, quiero sentirme completa.

Yo lo hice porque no te veía preparada,

pero, esta mañana al verte

con el niño, cuidando de él, atenta...

Qué.

Pues, que, quizá, ha llegado el momento.

¿De verdad? Sí, así que, si quieres,

podemos adoptar un niño o una niña.

Ay, gracias.

Me alegra muchísimo que eso te hace tan feliz.

Mucho, y no sé si seré la mejor madre del mundo,

pero, te juro que lo voy a intentar.

Estoy seguro que lo conseguirás.

El niño, tú y yo,

seremos una familia, por fin.

Y eso nada ni nadie lo conseguirá romper.

(HABLA EN HEBREO)

(ROSALÍA TOSE)

Buenas tardes, Rosalía.

No soy persona que acostumbre a escuchar conversaciones ajenas,

pero, no pude evitar oírle

y me ha parecido que hablaba un idioma que no era cristiano.

Tiene buen oído, era hebreo.

Nunca antes se oyó en esta casa

la lengua de los que mataron a Cristo.

Si a Cristo lo hubieran matado

los judíos, hubiera muerto apedreado.

La cruz era un método de castigo romano.

Tal vez le mataran los romanos,

pero, sin duda, engañados por los judíos.

Pongamos que fue así, si la misión de Jesús

era sacrificarse para perdonar nuestros pecados,

podríamos decir que usó a romanos y judíos para ello,

no se les puede culpar por participar en el plan divino.

Además, no tiene sentido que usted y yo discutamos

por algo que pasó hace como 2000 años, más o menos.

Ni siquiera soy judío,

sino cristiano.

Recuerde que me he convertido.

O eso piensa doña Blanca.

Y así es.

Entonces, por qué hablaba en esa lengua con los suyos.

Porque es mi idioma.

¿Y por qué hablaba a escondidas con ellos?

Sólo quería saber cómo está mi abuela, Sara.

Está muy enferma.

Vaya, no lo sabía, lo siento.

Cuando murió mi madre, ella fue quien me crio

y si llamo y me preocupo tanto es porque ella para mí

ha sido como una segunda madre,

¿eso lo puede entender?

Sí.

Eso lo puedo entender muy bien.

Pero, como me he convertido al catolicismo,

parte de mi familia me ha dado la espalda,

no me dejan hablar con ella,

ni siquiera me dicen cómo está.

¿Y entonces, con quién hablaba?

Con mi primo, él no es tan estricto como mi padre y mis hermanos.

Esto está siendo demasiado duro para mí

y no tiene nada que ver con la fe,

sino con el corazón.

¿Sabe doña Blanca lo que está ocurriendo?

No, y le pediría que, por favor, no se lo cuente.

¿Por qué?

Tanto usted como yo sabemos

lo buena, vulnerable y compasiva que es Blanca y...

Seguro que se sentiría culpable

por todo esto y no quiero que así sea.

Ya hay mucha gente pasándolo mal

por esto como para que ella lo haga.

Es usted muy generoso.

Blanca ha sufrido mucho en esta vida

y yo no quiero traerla más pesares.

Don Tristán, lamento mucho haber sido tan severa

con usted hasta ahora,

espero que pronto encuentre una solución a su conflicto.

Se lo deseo de corazón.

Gracias.

Buenas tardes.

¿Qué haces aquí?, creí que fui lo bastante clara ayer.

Sí, y lo fuiste.

Pero, luego, pensé que no era normal.

Y a mi hermana Blanca tampoco le pareció normal.

¿Se lo has contado? Ayer te esperó

para ver tus propuestas para su vestido

y tu negativa para hacerlo tras la ilusión

que te hacía, pues, le extrañó mucho, sí.

No es para tanto,

ella estará acostumbrada a las mejores modistas de Madrid

y yo soy una simple modista.

Eso debería decidirlo ella una vez vistas tus propuestas,

pero, no es lo peor,

lo que más me extraña es tu cambio de actitud hacia mí.

¿Por qué?, los sentimientos cambian y pueden desaparecer.

No así, Cata, no de la noche a la mañana cuando llevamos

un par de semanas viéndonos y menos cuando tú

fuiste quien rompió mi resistencia.

Pues, lo siento, me equivoqué.

Y, ahora, por favor, vete y déjame en paz.

Dímelo mirándome a los ojos,

dime que solo es eso, que no me ocultas nada más.

Las cosas son muy difíciles, tienes que entenderlo.

No lo entenderé si no me lo cuentas.

No hay nada que contar. Mírame a los ojos,

dime que es la verdad y yo me iré.

Vaya, qué casualidad, Celia Silva.

Yo ya me iba.

Hasta luego.

Que tengas un buen día.

Quería mirar lazos y adornos para sombreros,

me apetece darles un aire nuevo.

Ahora mismo le atiendo,

precisamente, ayer recibimos pedido nuevo,

si me acompaña por aquí, por favor.

Qué sombrero más elegante.

Es el que me he puesto para venir a trabajar.

Sabes que me encanta.

Pues, ni siquiera me acordaba.

Últimamente, no han sido días buenos.

No, al menos, no para nosotros.

Por eso te envié flores,

para pedirte disculpas de cómo me comporté con Benito,

estaba nervioso, lo pagué con él y eso no está bien.

Puedo entenderlo, yo, también, estaba muy irascible.

Lo que te dije sobre las niñas no estuvo muy acertado,

no está bien utilizar las niñas para hacernos daño

el uno al otro. No, estoy de acuerdo.

Por una vez estamos de acuerdo en algo.

Bueno, eso no era tan extraño,

al menos, no lo era antes.

Pero, últimamente, sí.

Quizá, eso quiere decir

que las cosas están cambiando para mejor.

¿Qué haces?

(LLAMA A LA PUERTA) Adelante.

¿Tiene un momento? Don Tristán, por supuesto, pase.

Me alegra verle.

Espero que su visita no sea por un motivo profesional.

Lo siento, pero, me temo que se trata de eso.

¿Se encuentra mal?

No. ¿Blanca?

No, no es por ella ni por mí. Bueno, tome asiento.

Se trata de un familiar a quien tengo mucho aprecio,

mi abuela Sara.

Cuénteme, qué le ocurre.

Tiene 70 años y toda su vida ha gozado de una salud de hierro.

¿Y de qué ha enfermado?

Neumonía.

¿Está ingresada en algún hospital?

Sí, en Granada, ya sabe usted que ella vive allí.

Cada día que pasa está peor y tiene los pulmones encharcados.

No paran de hacerle punciones para drenárselos,

pero enseguida se le vuelven a llenar.

Eso que me cuenta es grave.

Lo cierto es que desde aquí no sabría bien qué podría hacer.

Ya sé que nada o muy poco, pero...

si sabe de alguna cosa que puede hacer, lo que sea...

Verá, la neumonía a ciertas edades difícilmente se supera.

Y por lo que usted me ha contado, si tanto quiere a su abuela,

yo le aconsejaría que vaya a verla, que pase estos días con ella.

Si pudiera, estaría ahora mismo con ella,

pero mi familia no me lo permite.

Por... Entiendo.

Mi conversión.

Quizá podrían llamar a...

Conozco a un neumólogo de Sevilla muy bueno.

Ha hecho milagros en el tratamiento de esta enfermedad.

Podría llamarle para que atienda a su abuela.

Tal y como está, no creo que pueda ir a Sevilla.

Este hombre imparte clases en la Universidad de Granada.

Cuando hablé con él, seguía yendo dos veces al mes.

No le importará acercarse y atender a su abuela,

y más si se lo pido yo. Muchas gracias, Cristóbal.

No sabe cuánto se lo agradezco. No tiene importancia.

Usted es un buen amigo.

Al menos, la única persona en la que de verdad puedo confiar aquí.

Muchas gracias.

Que tenga una buena tarde. Igualmente.

Me envías flores, me piropeas por el sombrero,

dices que estamos de acuerdo en algo,

me miras con esos ojos, ¿y me rechazas?

Me sentí tentado a responder al beso, lo reconozco.

-¿Y por qué no lo hiciste? -No es el momento.

-¿Por qué? -Me voy de viaje.

No quiero darte un beso y desaparecer.

-¿De viaje? ¿Adónde? -¿Qué más da?

-¿Por qué no lo quieres decir? -No he de dar cuentas de nada.

-Ya. -Diana, no empieces.

Serán unos días. Te avisaré para ver a las niñas.

-Para ver a las niñas, no a mí. -Yo no he dicho eso.

Pues me temo que tampoco podrás ver a las niñas.

-¿Por qué? -Yo también tengo cosas que hacer

con ellas. -¿De qué hablas?

Sí, me las llevaré de viaje a la sierra.

Les vendrá bien respirar aire puro y jugar en el campo.

-¿Lo tienes que decir ahora? -Como me has dicho lo de tu viaje.

¿Crees que no sé cuándo mientes?

Lo que acaba de pasar ha sido una ilusión.

Menos mal que no me dejé llevar, hubiera sido un error.

Lo nuestro no tiene arreglo. -Espera.

No hay nada más de lo que debamos hablar.

Espera, espera, espera, Benito,

¿esto es lo que te queda por apostar?

Vale más que toda tu apuesta. (RÍE)

Pues, tal y como estás jugando hoy, no es buen negocio, pero...

Uno no puede jugar bien con malas cartas.

Excusas. No podemos elegir las cartas que nos tocan,

sí qué hacer con ellas. Es igual que en la vida.

No estoy en racha, ni con las cartas, ni con la vida.

(RÍE) ¿Qué? ¿Problemas con tu modista?

Eso te pasa por obsesionarte con una sola mujer,

que es exactamente lo que me pasó a mí.

Y ya ves cómo acabé. Si no llega a ser por Marina,

todavía estaría mendigando en la calle.

Aprende de mí, no cometas mis mismos errores, Benito.

¿Estuvo muy enamorado de doña Francisca?

Tanto que habría dado mi vida por ella.

Y ya ves cómo me lo pagó, llevándose a mi hijo

y abandonándome. Aunque, claro, para eso contó con tu ayuda, ¿eh?

Que no me olvido. -Y lo siento.

Pero de aquella aún confiaba en las Silva.

Pensé que el niño estaría mejor con ella.

No quiero hablar de Francisca, ni de mi hijo.

Pensar en ellos me da dolor de cabeza.

-Está bien. Hablemos de las cartas. -Ajá.

Póquer. Al final no me vinieron tan mal las...

¡Ah, ah, ah! No tan rápido, Benito.

La partida no termina hasta que no enseñe mis cartas.

Pero no...

¡Oh, oh! ¿Qué es eso, Benito? (RÍE)

¡Escalera de color! ¡Ja! No hay que...

¡Eh! no hay que cantar victoria tan rápido.

(RÍE)

Vengo de comprar lazos y adornos para renovar mis sombreros. ¡Mira!

-¿Ha estado en La Villa de París? -¿Y sabes con quién me encontré?

-¿Con quién? -Con Celia Silva.

Espera, espera, ¿Cata y Celia? Juntas y solas en la tienda.

Oh, sí que es un mal día, ¿eh, Benito?

Qué joven más anodina y poco agraciada esa Celia.

No entiendo lo que ven en ella los hombres...

y las mujeres. -¿A qué viene todo esto?

Ella y tu amiguita Cata estaban muy cerca,

pero que muy cerca la una de la otra

cuchicheando Dios sabe qué. Yo me andaría con ojo.

Qué otro hombre te robe la novia, ya es humillante;

pero que lo haga una mujer... (LUIS RÍE)

(RÍEN)

Se supone que este tiene que ser un lugar divertido,

¿pero me pueden explicar a qué se debe tanta alegría

entre padre e hija? -Estoy muy orgulloso de Elisa.

-Gracias, padre. -¿Y ese orgullo por qué?

Bueno, siempre he considerado que mi hija ha tenido

unas actitudes especiales para el drama,

pero ahora ha elaborado un plan perfecto. Cuéntalo.

Lo importante no es elaborar un buen plan,

sino llevarlo a cabo con éxito. -Es que esta vez lo ha tenido.

¡Bueno, cuéntenme los detalles, venga!

Se trataba de vengarme de mi supuesta amiga Sofía.

La viuda de Carlos Terán, que, por la compasión de Ciro,

mi yerno, se les ha metido en casa y lleva no sé cuánto tiempo.

Ya conozco la historia.

¿Y cómo ha conseguido librarse de ese mal bicho?

Oí que el niño no había pasado buena noche,

así que supuse que Sofía había dormido muy poco.

Madrugué, fui a la cuna y me llevé al niño.

-¿Secuestró a su hijo? -No, mujer, tú escucha.

Lo paseé durante un buen rato y,

cuando supuse que se habían despertado, volví a casa.

-¿Y qué pasó? -Sofía estaba como una loca

pensando que alguien se había llevado a su hijo.

Es una pena haberme perdido eso, ver a Sofía gritando como loca.

Pero yo me hice la inocente.

Dije que, bueno, que había pasado por la habitación,

vi que el niño se había despertado y me lo había llevado,

pues para que Sofía pudiese dormir bien.

-Y no la creyó, claro. -Claro que no. Sofía no es tonta.

Pero Ciro sí me creyó.

Así que ahora está un poco en contra de Sofía

y de su enfado injusto.

Bueno, un plan sencillo y eficaz, ¿ves?

(RÍE) -Y todavía no es lo mejor.

-¿Todavía hay más? -Ajá.

Ahora Ciro, al verme tan atenta y preocupada por el niño,

ha considerado oportuno...

que adoptemos uno propio. -¿Voy a ser abuelo?

Sí. Lo mejor es que, cuando el niño llegue a casa,

Sofía no podrá apartarme de Ciro y se tendrá que ir.

Pues mi enhorabuena al futuro abuelo

y a nuestra pequeña Maquiavelo.

Al final, no me ha venido mal que Sofía entre en casa.

Será que los Silva estamos hechos para la guerra.

No, cariño, no. Los Silva estamos hechos para ganar.

(Se oyen pasos acercándose)

Diana, ¿tienes por ahí las tenacillas?

Sí, están ahí, en el tocador.

¿Estás bien?

¿Has estado llorando? Sí.

No me preguntes más porque, si no, voy a volver a llorar.

¿Es por Salvador? ¿Por quién si no?

A ver, ¿qué ha pasado?

Esta mañana me envió flores y me citó en la fábrica.

Pues a mí la fábrica no me parece un sitio romántico precisamente.

Yo soy tonta, porque no me di cuenta.

Me peiné, me perfumé, me puse su sombrero favorito

y me planté allí para hacer el ridículo.

¿Pero por qué hiciste el ridículo?

Porque pensé que me iba a dar una segunda oportunidad.

Y eso parecía al principio.

Pero, cuando me acerqué para besarle, me rechazó.

Vaya, lo siento mucho. Me trató de una manera tan fría

que, claro, yo me puse furiosa y lo estropeé todo.

Tú no estropeaste nada, Diana. No tenía intención de arreglarlo.

Solo quería que nos separásemos de una manera civilizada, pero...

ni siquiera fui capaz de hacer eso. Por favor, no llores más.

(LLORA) Recuerdo que, al principio, Salvador me parecía

un hombre presuntuoso, pagado de sí mismo.

El típico hombre en el que yo jamás me fijaría.

Sí, me acuerdo muy bien,

fue en mi fiesta de compromiso con Rodolfo.

Y aquí me tienes ahora, llorando por él porque...

porque lo he perdido para siempre. No digas eso, Diana.

(DOLORIDA) ¡Ay! Pero si siempre eres tú

quien me hace daño cuando me coge para darme ánimos.

Mira, ya sé que lo estás pasando muy mal,

pero tienes que ser fuerte y seguir adelante.

¿Seguir adelante? Ajá.

Jamás voy a querer a otro hombre. No estoy hablando de otro hombre.

Estoy hablando de que seas lista, de que te pongas guapa,

que salgas por ahí, que seas tú misma, divertida,

ingeniosa. Yo no quiero que te rindas.

¿Me oyes? Ven aquí.

(Se oye la puerta abriéndose)

(Se oye un fuerte portazo)

¡Ah! No te acerques, ¡apestas a alcohol!

¿Por qué me has mentido?

-No sé de qué me hablas. -Lo sabes perfectamente.

Pero no esperabas que me enterase.

Yo no he hecho nada, te lo juro.

Te has visto con tu amiga, me juraste que no lo harías.

-No, te juro que no es verdad. -¡No vuelvas a mentirme!

Os han visto juntas. ¿A qué estás jugando, Cata?

A anda, a nada, yo no fui a verla, ella vino a la tienda.

Lo juro, de verdad. -Dicen que estabais muy juntitas.

Eso es mentira. Solo... solo estábamos hablando, Benito.

¿Qué querías? ¿Que la echase de allí?

Ah... ¡Me da igual lo que hagas!

Lo que no quiero es que vuelvas a verla.

Si la tienes que echar, la echas.

¿No ves que esa mujer mancha todo lo que toca? ¿Me oyes?

Te hago regalos y nos desprecias en público.

Y, luego, dejas que te vean por ahí con esa... invertida.

No voy a tolerar una sola humillación más, Cata.

Una más. Una sola más y te juro por Dios

que no podrás contarlo.

¿Lo has entendido?

Ahora ve a asearte, que estás hecha un desastre.

Y, cuando vuelvas, quiero que seas muy cariñosa conmigo.

¡Vamos!

Y no intentes huir.

Tampoco llegarías muy lejos.

De saber que estaba tan mal, me habría acercado a su casa.

Quería llamarle, pero insistió en venir aquí.

Quiero hablar con tranquilidad, sin que tu madre merodee

y meta las narices en nuestras conversaciones.

Cariño, estás siendo injusta, ella solo quiere ayudar.

-¿Seguro que se encuentra bien? -No, Tristán, no estoy bien.

Y no lo estaré hasta que ese indulto no esté en mis manos.

¿Tiene alguna novedad del juzgado?

Ya tengo listos los informes y la petición de clemencia,

pero el juez quiere algo más. -¿El qué?

Algo que no tiene importancia,

que un médico certifique su embarazo.

¿Cómo? ¿Para qué?

Es normal que lo pida, ya que su embarazo

es una de las claves para conseguir el indulto.

Pero estoy embarazada, es evidente.

Pero, cariño, ¿cuál es el problema?

Así un médico podrá ver cómo evoluciona tu embarazo y tu salud.

¿Mi salud? Eso te lo ha dicho tu madre, ¿no?

Eso lo ve cualquiera, debe verte un médico.

¡No necesito que me vea un médico!

Y no voy a permitir que nadie se me acerque.

Da igual cómo se ponga, es orden del juez, debe acatarla.

O su petición de indulto se parará y volverá a la cárcel.

(RESPIRA CON DIFICULTAD) -Cariño...

Cariño, ¿qué te pasa? ¡Úrsula!

Úrsula, ¡mi vida!

¡Úrsula!

¿Qué tal con Tristán?

Pues bien. Lleva unos cuantos días un poco ausente, pero bien.

¿Peor no has probado a hablar con él o preguntarle qué le pasa?

Sí, sí que lo he probado, pero no sé, creo que me oculta algo.

¿Y si se arrepiente de haberse convertido?

Tenías que haberla visto, Federico.

Te digo que hay algo más, algo que se me escapa.

-Presionándola no conseguirás nada. -¿Y qué hago?

Esperar a que quiera sincerarse contigo.

No, no puedo esperar, Federico, más bien no quiero.

Y, si no es mucho pedir, ¿podrías seguirla?

No puedo utilizar mi tiempo en un asunto personal.

Solo puedo seguir a sospechosos y, que yo sepa,

Cata no ha cometido un delito, ha roto contigo.

Está bien, ya lo haré yo.

Mira que eres mezquina.

Adoptar a una pobre criatura solo para ganar tus batallas.

Bueno, Sofía yo diría que tú eres peor.

-No hay nadie peor que tú. -Ya has oído a Ciro:

este es un hogar para una familia.

Tú aquí sobras.

No puedo volver con Diana porque ella no confía en mí.

El asunto de Benito es desafortunado.

¿Cómo puede creer que le di una paliza?

Diana es la persona que más me conoce.

Y ella lo lamenta muchísimo.

No es suficiente con lamentarlo. Salvador, está destrozada.

Matar a Benito y hacer que Salvador es el responsable es demasiado.

Nada es demasiado cuando se trata de hacer sufrir a las Silva.

Además, es un poco tarde para andarse con remilgos.

Ya le puse un señuelo a Salvador. -¿Cómo que ya? ¿Ya?

Y no hay un minuto que perder,

hay que planearlo todo ya si queremos que sea perfecto.

Cuando Ciro vio que iba en serio con lo de formar una familia,

se ha vuelto loco conmigo. Está más enamorado que antes.

Me alegro mucho, niña.

-Así que todo es perfecto. -Me apetece más café.

¿Quiere otro y así charlamos un rato más?

Lo cierto es que estoy...

algo destemplada y no me encuentro bien.

¿He perdido al niño?

Las señales son evidentes.

Ha tenido que notarlo. No, no he notado nada.

Yo creo que está claro lo que está pasando aquí.

Ahora entiendo que se negara a que la examinara.

No quería que descubriera la verdad.

Usted ya no está embarazada.

Salvador es el único hombre al que he querido.

No me imagino mi vida sin él. Ya lo sé, pero te sobrepondrás.

Y tienes a tus hermanas y, sobre todo, piensa en las niñas.

(Llaman a la puerta)

Señoras, disculpen, acaba de llegar su hermana Elisa.

Tiene fiebre y me parece que está muy débil,

el Dr. Loygorri debería verla cuanto antes.

Necesito que... que firme un informe

confirmando que... que sigo embarazada

y que todo progresa adecuadamente. Me está pidiendo que mienta.

Le pido que salve mi vida.

Es eso lo que hacen los médicos, salvar vidas.

Escúcheme... Doctor, por favor.

Mi vida está en sus manos.

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Seis Hermanas - Capítulo 448

22 feb 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de 1920.

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  1. Mercedes Rodríguez

    Me gustaría saber cuántos capítulos quedan. Me encantaba la serie, pero cada vez se hace más pesada. Cada vez más líos. No sé soluciona nada. Cuando "matan" a Marina y a Luis? Son horribles. Y Elisa? Siempre la misma, no cambia. Igual que su padre. Por Dios. No se dan cuenta los guionistas de que siempre es lo mismo. Personaje bueno, se muere. Los malos, siempre haciendo de las suyas. A este paso, será peor que los culebrones de antaño. Lo siento, pero me han desilusionado. Los actores son muy buenos, pero, no están también ellos aburridos?

    24 feb 2017
  2. Esther

    Hola. Estoy probando ver un vídeo del capítulo de Seis Hermanas de hoy con un iPad y el reproductor parece que no funciona. Lo pruebo con un PC con Windows y Chrome y funciona perfectamente. Para que lo tengáis en cuenta ;-) Saludos!!

    23 feb 2017