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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 444 - ver ahora
Transcripción completa

Elpidia, esta es Merceditas.

Es la esposa de Raimundo.

Ah, claro...

Como yo me entere de que esa desviada y tú

habéis estado juntas o estáis juntas...

te juro por Dios que no respondo de lo que pueda hacer.

Alguien tiene que poner a ese chico en su lugar.

Está bien, lo haré.

Este es el vino que gusta en casa de las Silva.

"Mu" rico.

Yo que tú lo llevaría enseguida.

Porque vas a tener mucho trabajo.

¿Por qué?

Vas a tener que encargarte de la cena.

¿Pero en qué quedamos, cocino o no cocino?

A mí doña Rosalía me ha dado libre hasta mañana

para que pueda instalarme con mi marido.

Por cuestiones de negocio Tejidos Silva

tiene que invitar a comer a los Duques de Alba,

aquí en esta casa.

¿Los Duques de Alba?

¿Pero qué estás diciendo?

Lo vas a hacer fenomenal.

(SUSPIRA)

¿Pero qué hacen con esos libros?

¡Son míos!

Perdóneme.

No sabía que eran suyos.

Sólo los usábamos para una lección de etiqueta.

Estos son libros sagrados.

La religión merece un respeto, ¿no cree usted?

Cualquier religión.

A ver si se entera,

es usted el hazmerreír de Madrid.

¡Salvador! Salvador, ¿qué haces?

¿Había testigos?

Sí, y también le escuché cómo le decía a Loygorri

que le gustaría darme una paliza,

que me la tendría que haber dado hace tiempo.

Acabo de tener una idea magnífica.

Creo que le vamos a sacar mucho partido

a las amenazas de Montaner.

¿Pero qué haces?

Aquí está, es tu orden de liberación.

¿Han anulado la condena?

Bueno, eso todavía no, pero llegará.

De momento hemos conseguido que el juez autorice

que pases el embarazo en casa en consideración por tu estado.

¿Estás intranquila? Es que...

es que no dejo de pensar en lo que me dijo usted

cuando me hablo de la operación.

Pues que es a vida o muerte.

Así que me puedo morir.

¿Cómo no voy a estar intranquila?

Celia.

Celia.

Celia.

¿Estás bien? Parecía que soñabas.

Sí.

Debía de ser un sueño muy agradable,

porque sonreías mucho.

¿O era una pesadilla?

No me acuerdo.

Parecías estar muy a gusto, así que no era una pesadilla.

¿Quieres dormir un poco más?

No.

No, tú tienes que ir a trabajar.

Pero hasta dentro de una hora no abre la tienda.

¿Aún es tan pronto?

Podemos quedarnos un rato más.

Pero sin hacer demasiado ruido

o la casera nos descubrirá.

Ha sido una noche maravillosa, Celia.

No me importaría repetir.

Podrían oírnos.

Sí, es verdad.

Quizá otra noche, ¿no?

He dormido muy bien contigo.

He pasado un poco de frío. ¿Puede ser?

Sí, puede ser.

La casera escatima en carbón y a veces hace frío.

Ya, pues deberíais quejaros.

Alguna noche he dormido hasta con el abrigo puesto.

Pero no te preocupes, hay una manta en el armario.

Ahora vengo. -No, no te preocupes.

Igualmente tengo que irme.

Aprovechemos esta hora antes de que me vaya a la tienda.

Podemos abrazarnos y así tendremos más calor.

De verdad, Cata, tengo cosas que hacer.

Está bien.

Cata, tengo prisa, por favor.

¿Pero quién te ha hecho esto?

Bueno, siéntate ahí, estarás más cómodo.

Ahora te miro el costado, pero antes voy a curarte

las heridas de la cara. ¿De acuerdo?

Lo que usted diga, doctor.

Sé que esto va a doler, pero acabo enseguida.

Será un momento. A ver...

Ah, tampoco duele tanto.

¡Ah! Bueno, aguanta un poco.

Ya estoy.

Me duele mucho ese oído.

No puedo hacer nada

hasta que no baje la inflamación.

¿Puedo quedarme sordo?

No, no lo creo.

¿Dice eso para que me tranquilice o es verdad?

(LLAMAN A LA PUERTA)

¿Qué hace él aquí?

Buenos días. Buenos días, inspector.

Gracias por venir.

Benito, me he tomado la libertad de llamarlo.

Viene a tomarte declaración.

¿A mí? ¿Por qué?

Tienes que denunciar a quien te ha hecho esto.

Eres un menor. ¿Y eso qué importa?

Tienes que ser sincero conmigo. Cuéntame qué pasó.

¿Por qué no quieres denunciar?

¿Te has visto envuelto en algún ajuste de cuentas?

No. No, no, nada de eso.

¿Por quién me ha tomado? Yo no soy ningún criminal.

Bien, entonces fue una pelea.

(SUSPIRA)

Me pegaron una paliza, inspector.

Las heridas y los golpes,

aunque tardarán en curar, no me preocupan.

Lo que me preocupa es el oído derecho.

Lo examinaré a fondo para determinar

si el tímpano está dañado.

Que me voy a quedar sordo.

Voy a hacer lo posible para que no sea así.

Pero aún es pronto para saber algo más.

Doctor, ¿le importaría dejarnos un momento a solas?

Por supuesto. Luego termino la cura.

Te prometo que los que hayan hecho esto

van a pagar por ello.

Así que no tengas miedo.

Si les denuncias les detendremos

y se pasarán una buena temporada entre rejas.

No fueron varios.

Esto me lo hizo una sola persona.

¿Sólo uno?

Vaya, sí que te tenía muchas ganas, sí.

Pues precisamente por eso.

Si le delato... -No te pasará nada.

De eso me encargo yo.

Pero tienes que contarme qué es lo que ha pasado.

Los golpes desde luego no son

los de una pelea entre dos muchachos.

No lo son.

Bueno, pues dime quién fue.

Para usted es muy fácil.

"Benito, habla."

Pero si hablo volve...

volverá a por mí.

No, eso no pasará porque yo le detendré antes.

(VOZ BAJA) Salvador Montaner.

Perdón, no te he escuchado bien.

Salvador Montaner.

¿Salvador?

Nunca me quiso en su casa.

Si me tuvo bajo su tutela fue porque su mujer insistió.

¿Por qué haría algo así Salvador Montaner?

Porque se enfadó conmigo

y cuando le dije que me dejara en paz me pegó un bofetón.

¿Y por qué discutíais?

Por nada, no sí simplemente a ese hombre no le gusto.

Si esto viene de largo,

desde que me acogieron en la casa Silva.

A ese hombre le molesta todo cuanto hago.

Ya, todo cuanto haces, así en general.

Doña Diana siempre me defendía y eso a él le enfurecía.

Desde entonces me tiene atravesado.

¿Hay algún testigo de esa pelea que tuvisteis?

Estábamos en la terraza del Continental.

Él me había citado allí para hablar

y sus intenciones eran otras.

Todo el mundo nos vio.

En ese caso iré a preguntar.

Cuando vi lo que pretendía hacer yo quise huir.

Pero me persiguió y cuando me alcanzó me pegó esta paliza.

Le agradezco que haya venido tan pronto.

Dígame, ¿qué es lo que sucede? Me tiene preocupada.

Siéntese, por favor. Gracias.

Rodolfo me ha encargado

que organice el almuerzo de mañana.

Tenemos invitados.

Bueno, pues está muy bien.

Así podrá poner en práctica todo lo que le enseñé.

El problema es que los invitados

son los Duques de Alba.

¿Los Duques de Alba? Es una de las casas

más importantes de España. Por no decir la que más.

Al parecer están cerrando un negocio con Tejidos Silva.

Pues Diana no me ha comentado nada.

Los duques quedaron encantados con unas muestras

que les hicieron llegar para la remodelación

del Palacio Liria o algo así.

Y por lo visto tiene por costumbre conocer

a sus proveedores personalmente.

Y de ahí organizar la comida. Eso es.

Al principio iba a ser en casa Silva.

Pero finalmente será aquí.

Ay, Blanca, esto es muy importante.

Yo no puedo fallar. ¿Pero por qué tiene que fallar?

Pues porque ya avergoncé

a Rodolfo en el velatorio de Carlos y...

Bueno, olvídese de eso.

Ya le pidió disculpas a Sofía. Y ya está.

Le he prometido a Rodolfo que voy a organizarlo todo.

Y quiero demostrarle que puede confiar en mí,

que voy a estar a la altura.

El problema es que no sé por dónde empezar.

Nunca me he visto en una como esta.

Pero si ya sabe cómo llevar la casa.

Y una comida formal tampoco es tan distinta.

Sólo hay más gente y, eso sí,

hay que tener en cuenta el protocolo nobiliario.

¿Qué? ¿Qué protocolo?

Tranquila, yo la voy a ayudar con eso.

¿De verdad haría eso? Por supuesto que sí.

¡Ay, no sabe cuánto se lo agradezco!

Pero claro, si Rodolfo se entera...

puede que se sienta defraudado conmigo.

Rodolfo no tiene por qué enterarse.

Va a ser un secreto entre nosotras dos.

(RÍEN)

Lo primero es organizar al servicio.

Hay que darle las indicaciones

de lo que tienen que hacer. Está bien.

¡María!

¡María!

María, mañana tenemos invitados.

Así que, por favor, necesito que vayas al mercado

y que compres una buena pieza de ternera

y hortalizas frescas.

¿Para cuántos comensales, señora?

¿Cuántos comensales?

Eh... 5 o 6, no sé.

¿Y debo sacar la cubertería de plata?

Sí, sácala.

Creo. Van a ser 6 comensales seguro.

Dudo mucho que los Duques de Alba aparezcan

sin su secretario.

Por supuesto, el secretario.

Saque la cubertería de plata.

Y también la porcelana de Navidad.

Estaría muy bien servir de entrante un consomé.

Y de primero pues una merluza con salsa de almendras.

¿Te parece?

Y de segundo podemos servir una ternera con salsa de jerez.

Pida en el mercado que la corten en escalopines.

Ternera en salsa de jerez. Qué bueno.

Y de postre podríamos servir un soufflé de chocolate,

que además es un postre muy fino y muy elegante.

Pues estoy totalmente de acuerdo.

Pues este es el menú de mañana. Al mercado, por favor.

Sí, señoras.

Amalia, ¿se acuerda de las normas que practicamos

acerca de cómo comportarse en la mesa?

Sí.

Eso no es nada, porque los aristócratas

son muy puntillosos con este tema.

¿Usted sabe algo acerca de la historia

de la Casa de Alba?

Nada.

Bueno.

(RÍEN)

(LLAMAN A LA PUERTA)

Adelante.

Diana. -Elisa, ¿qué haces aquí?

Lo siento.

No podía esperar para hablar de esto.

Estoy desesperada, Diana.

¿Qué ha pasado?

Verás,...

es que necesitaba hablar con alguien.

Y sé que tú mejor que ninguno me a entender.

Bueno, seguro que te tienes que ir a la fábrica.

¿Pero supongo que tendrás un minuto para mí?

Claro, todo el tiempo que necesites.

No soporto que Sofía y Leandro estén viviendo en mi casa.

Pero Sofía es tu mejor amiga y se acaba de quedar viuda.

Sí, ya lo sé. Y también sé que Ciro

le prometió a Carlos que si le pasaba algo

en el frente él cuidaría de su familia.

¿Pero de verdad hace falta que se queden en mi casa?

Sofía está sufriendo mucho.

Es mejor que esté acompañada.

Lo que le ha pasado a Carlos

ha sido un golpe muy duro para todos.

No sólo para ella, para mí también.

Así es.

Pero Sofía está sola con un niño.

Deberías estar a su lado

para ayudarla en todo lo que necesite.

Estoy harta de que todos os pongáis de parte de Sofía.

Acaba de enviudar.

Sí, lo sé, y no dudo que esté sufriendo mucho.

Pero, repito, ¿hace falta que se quede en mi casa?

Da igual, pensé que serías más comprensiva conmigo

después de lo que estás pasando con Salvador.

Salvador y yo tenemos problemas de otro tipo.

Los matrimonios son muy fáciles de romper.

Si tan segura estás de que la presencia de Sofía

y de su hijo son un problema para tu matrimonio

entonces habla con Ciro.

Dile que Sofía no puede seguir viviendo con vosotros,

que vuestra intimidad va primero.

Tienes razón.

Le voy a dejar las cosas claras.

Pero hazlo con tacto, Elisa.

Si se lo impones se cerrará en banda.

Te lo digo por experiencia.

Prométeme que serás cuidadosa.

Lo seré.

Te lo prometo.

Pues este cuchillo de aquí es para la carne.

Y este que es un poco más extraño para el pescado.

Y aquí sería la cuchara

para la sopa, alguna crema, el consomé.

¿Por qué hay tantos tenedores?

Este es para la ensalada,

para la carne y para el pescado.

¿Y esta cuchara tan rara? ¿No se cae la sopa?

Es para el postre.

(RÍE) Ah, claro.

(SUSPIRA)

Bueno, ya sé que son muchos conceptos,

pero muchos son de pura lógica.

Y con el tiempo será una perfecta anfitriona.

Disculpad, no...

Perdona, Amalia, es que María me dejó pasar.

No sabía que tenías visita.

Hola, Blanca. Hola.

No te preocupes, Cristóbal.

No, no os interrumpo. No, Rodolfo ha salido.

¿Has quedado con él?

No, pasé por el barrio y quise visitarle, eso es todo.

Bueno, a estas horas aún estará en la fábrica.

Pero si quieres le dejo algún recado.

No te preocupes. Me voy.

No te vayas tan pronto. ¿Te podemos invitar a un café?

No, gracias. Será mejor que me vaya.

Verás, Blanca y yo estamos organizando un almuerzo.

Y yo me estoy encargando de los preparativos.

Pero no me gustaría que tu hermano supiera

que ella me está ayudando.

Descuida, Amalia, no le diré nada.

Y sin duda has elegido bien.

Blanca es la mejor anfitriona que conozco.

Una experta en protocolo, apariencias, ese tipo de cosas.

Bueno, no os molesto más.

Que vaya bien. Adiós, Blanca.

Adiós. Hasta luego, Cristóbal.

¿Por dónde estábamos?

Pues por el momento de agradecer.

Porque es cierto que está siendo de mucha ayuda

y se está portando muy bien conmigo, Blanca.

No hay nada que agradecer. De hecho si le parece bien

podríamos tutearnos a partir de ahora.

Me parece estupendo.

(RÍEN)

Y ahora que nos tuteamos,...

¿no se ha puesto un...?

Bueno, ¿no te has puesto un poquito nerviosa

cuando ha llegado Cristóbal?

En... en absoluto.

Por supuesto que no. Pues no es lo que yo he visto.

Él estaba tan nervioso como tú.

Yo no sabré de etiqueta ni de protocolo,

pero sé de la vida.

Y yo creo que a lo mejor sigues un poquito enamorada de él.

Buenas tardes, Celia.

Federico.

¿Has quedado con alguien?

No, no, estaba buscando a Salvador. ¿Lo has visto?

Eh... no.

No estaba en vuestra casa. Así que me he aventurado

a buscarle en el club social, aquí...

Sin éxito.

Pareces muy interesado en hablar con él.

Sí, es sobre un caso, así que es bastante importante.

Pero parece que tu cuñado se ha desvanecido.

Verás...

Salvador no se está quedando en casa.

No ahora mismo.

Y es algo temporal, estoy segura.

¿Qué ha pasado?

Una discusión marital.

Ya conoces el carácter de Diana.

Y el de Salvador.

¿Has probado en la fábrica?

No, no, es mi próximo destino.

Diana te dirá dónde se aloja.

Creo que está en casa de un amigo, pero no estoy segura.

No parece que hayas dormido muy bien esta noche.

¿Tienes mucha prisa en encontrar a Salvador?

No, si necesitas a un amigo para hablar.

Verás...

he pasado la noche con Cata. -Ah... entiendo.

Bueno, eso lo explica todo. -No, no, no todo.

-¿Fue mal? -Estoy muy a gusto con ella,

pero me siento como si estuviera traicionando a Aurora.

Celia, ¿pero cómo vas a traicionarla?

Aurora se fue.

Me he pasado toda la noche soñando con ella.

Y, al despertar...

No era ella quien estaba a tu lado.

Es horroroso, ¿verdad?

Si no traiciono a una, traiciono a la otra.

Pero estaba deseando irme, de hecho,

creo que he sido muy brusca con Cata.

-¿Se lo has contado? -No.

Y casi ha sido peor, porque no sé qué idea tendrá de mí

después de lo áspera que he sido con ella.

De verdad, que no quiero hacerle daño,

Cata es una buena muchacha.

Tienes que intentar pasar página.

Aurora estaría muy orgullosa de ver que has conseguido seguir adelante.

Tienes que olvidar el pasado y... y encontrar de nuevo la felicidad.

Cada vez me cuesta más acordarme de su sonrisa,

de su cara, de su voz.

Si lo intento con Cata debería olvidarme de...

de Aurora para siempre y no sé si quiero.

Aurora es el amor de mi vida.

Digamos que fue tu primer gran amor.

Pero hay que aprender a olvidar.

No quiero ni imaginar el día en que

ya no me acuerde de ella, no quiero que eso suceda Federico.

¿Y si lo escribes?

Para no olvidarte de Aurora podrías escribir una novela sobre ella.

Sería una novela escandalosa.

O una maravillosa manera de... de recordar a Aurora para siempre.

Plasmarla a ella, a vosotras, sobre el papel.

Y así, tal vez, pasar página.

Amalia, deja eso. Bueno, hay que revisar toda la porcelana,

toda la vajilla, porque puede ser que algún plato tenga

alguna punta descascarillada. Ajá.

Y también habría que revisar los uniformes del servicio,

deben estar impecables. Entendido.

Y... volviendo al asunto de Cristóbal.

Amalia, mira que estás pesada con este tema,

no hay ningún asunto con él.

Pero, Blanca, ¿tú estás segura de que no estás enamorada de él

aunque sea un poquito?

Por supuesto que no. Pues yo creo que los dos

albergáis sentimientos el uno hacia el otro.

Pues te equivocas, porque Cristóbal es solo...

un buen amigo para mí.

De hecho, yo he empezado una nueva relación

con Tristán Bellido. Ajá.

¿Y qué opina Cristóbal de él?

Pues bien, de hecho, nos ha dado su bendición.

Y, ahora, sigamos con el asunto que nos ocupa.

Vamos a servir el consomé en la sopera

y los escalopines en la bandeja.

Amalia, no me estás escuchando. Sí, sí, sí.

Pero me preguntaba cómo es Tristán.

Amalia, por favor... Porque yo creo que Tristán

es un hombre serio pero que, en la intimidad,

no lo es tanto. Te voy a dar un consejo:

este tipo de preguntas no es propio de una señora.

¿Y de qué pueden hablar las señoras?

Bueno, mira, del suflé, por ejemplo.

Es un postre que es muy difícil de ejecutar.

Hay que asegurarse de que la cocinera sepa hacerlo,

o habría que buscar otra alternativa.

Ajá.

Ay, Ciro, mi amor. (RÍE) ¿Qué tal el día?

-Bien. -¿Bien?

Sí, he estado viendo algunos clientes.

-¿Ah, sí? ¿Has vendido algún coche? -No, pero casi.

-Ah. -¿Y tú qué has hecho?

-He visitado a mis hermanas. -¿Y qué tal están?

Muy bien. He visto a Diana y Tejidos Silva va a hacer

un contrato con la Casa de Alba. -Eso es una noticia excelente.

Demos un paseo y te lo cuento con detalle.

Y tú me cuentas lo de tu casi venta.

Perfecto. Cuando se despierte Leandro de la siesta, vamos.

Sofía se puede ocupar de él.

Prometí que les acompañaría a pasear.

Pero podemos ir los cuatro.

Bueno, si no te apetece no...

Mira, ¿y si vamos los dos solos y Sofía que se vaya por su lado

con el niño? -Es que se lo he prometido.

Bueno, pero ya saliste con ella ayer,

no creo que pase nada porque un día vaya ella sola, digo yo.

-Acompáñanos, será divertido. -Será apasionante.

Ciro, ¿a ti qué te pasa, te quieres quedar a solar con ella?

¡Pero qué tonterías dices! Te digo que nos acompañes.

Estoy harta. No soporto que esté aquí,

y menos que pases el día con ella. -Eso no es cierto.

Estás más pendiente de ella y de su hijo que de mí.

Te pido dar un paseo, como un matrimonio normal.

¿Es tanto pedir? -No, pero hoy no podemos,

vamos mañana. ¿Es tanto pedir? -Mira, Ciro, lo siento mucho,

Sofía no se puede quedar en esta casa.

No voy a faltar a mi palabra con Carlos.

-Es o ella o yo. -¿Qué quieres decir?

Tu matrimonio debería ser tu prioridad.

Así que, si Sofía no se va de esta casa, me voy yo.

-Pues vete. -¿Cómo?

Que Sofía no se va a ir de esta casa.

Ah...

Elpidia, no peles más patatas, que ya son suficientes.

Pues a mí me parecen muy pocas para la gente que hay en casa.

-No, ya son suficientes. -Yo he hecho muchos guisos

y sé muy bien las patatas que hay que poner, ¿eh?

No creo que lleves tanto tiempo como para conocerles tan bien.

Y en este año y poco que he faltado de esta casa,

no creo que hayan cambiado sus gustos.

No sé cómo serían antes, pero a día de hoy

no les gustan tanto las cebollas y les encantan las patatas.

-¡Pues...! -Elpidia. ..

Elpidia, haz lo que te dice Merceditas.

En esta cocina manda ella.

Aunque, antes, preferiría que...

que salgas a tender esta colcha de la niña Eugenia,

antes de que se vaya este solecito tan rico que hay.

Ahora mismo.

Ah, muchas gracias, doña Rosalía.

No sé qué le pasa a esa mujer.

Se pasa el día rechistando cada orden que le doy.

Menos mal que a usted le hace caso, porque a mí...

-No le des más importancia, mujer. -Ya, pero no sabe usted

lo incómodo que es trabajar con alguien que protesta por todo.

No sé, está claro que no me soporta,

pero no sé por qué.

¿Tal vez crea que tu regreso puede suponer su despido?

-¡Ah! ¿Pero la van a despedir? -No.

-Ah. -No, claro que no,

se lo he dicho mil veces.

Con las dos niñas tenemos mucho trabajo.

Sí.

Pues la verdad es que yo hago todo lo posible para agradarle,

pero... no hay manera.

Ya sabe usted que ella es muy suya y, claro...

Ah, Elpidia, pele una patata más por persona.

Y, al terminar, pelas dos cebollas y las cortas en juliana, ¿eh?

Ay, pues a mi Raimunda no le gusta nada que la toquen

después de pelar cebollas.

Se pone a llorar como una condenada, ¿sabes?

(RÍE) La ilusión que le va a hacer a Raimundo

cuando la oiga decir "papá".

(RÍE)

La niña se ve que ha salido a mí,

porque ha empezado a hablar muy pronto y no se calla.

Elpidia, Elpidia, te llaman al teléfono.

-¿A mí? -Sí, es una llamada del hospital.

¡Ay, Dios mío! ¡Dios mío!

(SUSPIRA)

(PIENSA) "A veces, el amor te sorprende

cuando menos lo esperas,

como un ángel para ser tu salvación.

Esa es la fuerza que tiene el primer amor.

Y así fue mi historia con Aurora.

Yo estaba perdida...".

(TACHA LO QUE ACABA DE ESCRIBIR)

(PIENSA) "Yo estaba perdido,

sumido en el fondo de un pozo muy profundo cuando ella apareció.

Aurora fue el primer amor de mi vida.

Ha sido, y siempre será, un amor en mayúsculas.

Pero terminó. No volverá.

Y, por eso, ha llegado el momento

de dejar constancia de mi amor por Aurora.

No quiero olvidar lo que una vez sentí por la que, sin duda,

fue la mujer de mi vida".

¿Hola? ¿Cata?

(PIENSA) "La primera vez que la vi sonreír

estaba en el hospital. Ella era mi enfermera

en la clínica en la que me hallaba ingresado.

Ver cada día a mi enfermera

se empezó a convertir en una costumbre

que obraba en mí mayores avances

que los tratamientos a los que estaba sometido.

El amor todo lo cura, no hay verdad más cierta que esa".

-Qué sorpresa, no te esperaba. -Sí, imagino,

después de mi estampida esta mañana.

¿Ya has hecho todo lo que pensabas hacer?

Más o menos.

Por lo menos, he llegado antes de que cerrase la floristería.

(RÍE)

Son preciosas, Celia.

Quiero que sepas que siento mucho

mis prisas y mis maneras esta mañana.

No pasa nada, quizá yo fui demasiado insistente y te agobié.

También quiero que sepas que ha sido una noche maravillosa.

Y que me gustaría repetirla pronto.

(PIENSA) "Aún hoy recuerdo esos momentos felices

al lado de Aurora con nostalgia.

Pero también con la certeza de que,

aunque nunca será igual que el primero,

el segundo amor puede ser igual de bueno".

Esas dos máquinas habría que revisarlas

antes de ponernos con el pedido de la Casa de Alba.

Diana, todavía no tenemos el acuerdo firmado,

no adelantemos gastos. -¿Cuándo lo firmaremos?

Hablaré con el secretario de los duques

para concretar la comida de mañana.

Espero que, tras esa comida, lleguemos a un acuerdo.

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

Buenas tardes, inspector. ¿Podemos ayudarle en algo?

En realidad, venía a hablar con doña Diana.

Voy a aprovechar para hacer esa llamada. Inspector.

-Usted dirá. -Estoy buscando a su marido.

-¿Ha pasado algo? -Necesito hablar con él.

Verá, Salvador lleva unos días fuera de casa.

Estamos teniendo algunos problemas,

pero puedo darle la dirección del apartamento en el que vive.

Sí, por favor, tengo que hablar con él cuanto antes.

Eh, disculpe, ¿pero a qué viene tanta urgencia?

-Es un tema delicado. -¿Pero mi marido está bien?

Hace unos días que no hablo con él

y, bueno, si ha pasado algo, me gustaría saberlo.

Verá, doña Diana, Benito Serrano ha recibido una paliza.

Dice que el agresor ha sido su marido.

-¿Qué? -Y, como comprenderá,

debo hablar con él para interrogarle.

Sería incapaz de hacer una cosa así.

Solo sé es que tiene varias lesiones,

una podría dejarle sordo de un oído.

-Dios mío... -Quien le agredió, se ensañó.

Quiero saber quién es el culpable.

-Por favor, hágalo. -Si ve a su marido,

dígale que le busco, que pase por comisaría.

-Claro. -Que tenga un buen día.

Ya he hablado con el secretario, tenemos la comida a las dos.

Diana, ¿pasa algo?

Benito acusa a Salvador de haberle dado una paliza.

Ah, ¡vaya por Dios!

Tú conoces a Salvador, sabes que él no sería capaz

de hacer una cosa así.

Diana, tengo algo que contarte.

Esta mañana temprano he solicitado el indulto.

¿Y cree usted que se lo van a conceder?

Si hubiese considerado lo contrario,

ni me habría molestado en pedirlo.

Tengo buena relación con la casa real.

Blanca fue dama de la reina mientras yo su secretario.

-Dios le oiga. -Y si la petición prospera,

¿cree que retirarían los cargos si se librara de ser ejecutada?

Así es. No volverían a juzgarla por esos mismos sucesos.

Su embarazo está siendo crucial en este caso.

La reina Victoria Eugenia tiene fama de ser

una mujer justa y solidaria. -Tristán, gracias,

por lo que está haciendo por nosotros.

Espero que muy pronto podamos celebrar ese indulto juntos.

Consiguió sacarme de la cárcel y eso ya es de agradecer.

Hago mi trabajo lo mejor que puedo.

(Suena el timbre)

-¿Esperas a alguien? -No, iré a ver quién es.

Le aseguro que confío mucho en el indulto,

pero ahora debemos esperar, tener fe.

Sé que la espera va a ser muy dura para usted.

Desde casa, las cosas se ven de otra manera.

Metida en la cárcel me veía condenada,

pero ahora hay una posibilidad.

(ELPIDIA LLORA) -Tranquila, mujer, siéntate.

¡Ay! Yo... es que...

Tengo un sofoco que no puedo ni hablar.

-¿Qué ocurre? -Debes ir al hospital corriendo.

Gabriel, es tu madre. -¿Mi madre?

Ella no quería que te dijésemos nada.

Nosotros insistimos y ella que bastante teníais con el juicio.

-¿Decirme qué, Elpidia? -Hasta mintió al Dr. Loygorri

y le dijo que estabas al tanto. -Tranquilízate.

Y, cuéntanos, ¿qué ha pasado? -Antonia tiene una enfermedad grave

del corazón y esta mañana la ingresaron para operarla,

pero la operación no ha ido bien. Puede que no sobreviva.

Pero eso que me cuentas debe haber sido pura palabrería.

A veces, discutiendo decimos cosas de las que nos arrepentimos.

Que tuve que separarlos, Diana.

Salvador le dio un bofetón al chico.

¿Pero tú estás seguro de eso? ¿Lo viste con tus propios ojos?

Sí. Lo peor de todo, es que hay testigos,

toda la terraza de El Continental.

Estaba fuera de sí, ni yo mismo le reconocí.

¿Tanto como para darle una brutal paliza?

Yo no vi más que lo que te cuento.

Ah...

Salvador es incapaz de hacer una cosa así.

No sé, tiene que haber algo que explique todo esto.

¿Has hablado con él? Debería contarnos

por qué estaba tan furioso con el chaval.

Quizá eso justifique su mala conducta.

Una paliza no es una mala conducta, ¡es una barbarie!

No puede haber justificación alguna para darle una paliza a un niño.

No sé, Diana, no sé qué pensar.

Rodolfo, tú le conoces desde que erais adolescentes.

Salvador jamás podría enviar al hospital a un muchacho.

El Salvador que vi ayer era capaz de todo.

No estoy diciendo que sea culpable, pero a veces uno se sorprende

haciendo cosas de las que luego se arrepiente.

Es cierto que no se llevaban bien, pero...

quizá Salvador explotó.

No puedo entender cómo ha podido llegar a ese punto.

Todos cruzamos el límite alguna vez.

Sé de lo que hablo.

¿Tú cómo reaccionaste?

-Me dio igual. -¿Te dice que se quiere ir de casa

y te da igual?

Supongo que no la creo capaz.

O bien aún no la he perdonado por mentirme con los pagarés.

Pagasteis vuestras deudas.

Si la has perdonado, deberías pasar página.

Los perdones a medias traen consecuencias nefastas.

Uf, me siento muy perdido y no sé qué hacer.

Habla con Sofía y dile que vivir los cuatro

en la misma casa no es buena opción.

Seguro que te entenderá. -¿Y faltar a mi palabra?

No creo que, para Carlos, hacerte cargo de su familia

consistiese en meterla en casa y aguantar a Elisa.

Sofía está rota de dolor, ha perdido a su esposo

y está sola para criar a su hijo.

Entiendo que eso sea duro.

Necesita estar acompañada y que la cuiden.

No entiendo cómo Elisa no es más solidaria con su mejor amiga.

Elisa de solidaridad entiende más bien poco.

-Debería ser más comprensiva, yo lo he sido con ella.

Cierto. Pero tú la has colocado en una situación muy incómoda.

Tu lealtad hacia Carlos es muy loable,

pero recuerda que Elisa es tu esposa.

-¿Crees que debo ceder? -Yo que tú,

evitaría que se fuera de casa.

Traería consecuencias catastróficas para vuestro matrimonio

y no habría vuelta atrás. -¿Para ti, no la hay?

Mi experiencia es algo más complicada.

Pues espero que Elisa reflexione y cambie de opinión.

Lo dudo.

Es una Silva. Son muy testarudas.

Gracias.

Qué raro.

Velasco quiere verme en el cuartel de la policía inmediatamente.

-¿Qué habrá pasado? -No lo sé.

¿Qué haces? -Por su culpa, puedo quedar sordo.

-¿De qué estás hablando? -Vengo del hospital.

La paliza que me dio, podría afectarme el tímpano.

Espera. ¿Te atendió el doctor Loygorri?

-Sí. -Perfecto. Eso quiere decir

que las Silva pronto estarán al tanto de lo sucedido.

Llamó a la policía para dar el parte de lesiones

y el inspector Velasco me interrogó.

-¿Qué le dijiste? -Qué más da.

Le digo que me he dejado sordo.

No digas tonterías. Lo dudo mucho.

Estamos hablando y me parece que me oyes perfectamente.

-El doctor dijo... -Tranquilo.

Si hubiera querido dejarte sordo, lo estarías. Deja de quejarte.

-No era necesario hacerme daño. -Por supuesto que lo era.

No lo era. Con dos puñetazos, habría bastado.

Si fui tan violento, es por el bien de todos.

Ahora, Salvador recibirá su merecido.

¿No era eso lo que querías?

-Sí. -Bueno, pues un par de moratones

no habrían bastado. Salvador es un hombre influyente,

con dinero. ¿Y tú? Tú eres un inútil, un don nadie.

Necesitábamos algo espectacular.

Y tú has hecho un gran trabajo. No te equivoques.

Y yo, personalmente, estoy muy orgulloso de ti.

Ahora, Salvador Montaner no podrá librarse de esto tan fácilmente.

¿Tanto le odia?

Odio a las Silva y todo lo relacionado con ellas.

Y dime. ¿Qué te dijo la policía?

Lo que hablamos, palabra por palabra.

El inspector Velasco busca a Salvador

para interrogarle. -Perfecto.

Si me quedo sordo, me dará igual Salvador.

Será de usted de quien querré vengarme.

Ya estás otra vez. Voy a empezar a pensar

que, realmente, tienes un problema.

No que te has quedado sordo. Que te has quedado tonto.

Si no llega a ser por nosotros, estarías en la calle,

mendigando ayuda. -¿Queréis dejar de discutir?

Calmaos los dos, por favor.

Deberíamos estar contentos, celebrando que todo

está yendo como queremos. ¿O no, Benito?

-Sí. Pero no quiero ser un sordo. -¡Oh!

Cómo te repites, eh, muchacho. -Basta, Luis.

Y tú, serénate. ¿De acuerdo?

No te preocupes, que sabré cuidarte, si llegara el momento.

Te estás portando muy bien.

Estoy muy orgullosa de ti, Benito.

¿Por qué no hay nadie para atendernos?

Quiero saber cómo está mi madre.

¿Es que nadie va a venir a decirnos nada?

Gritando, no conseguirás nada.

Si no están aquí, será que aún están con ella.

Disculpad por la tardanza. Doctor, ¿qué ha pasado?

¿Podríamos ver a Antonia?

Tomen asiento, por favor.

Verán.

Lamento decirles que todavía no pueden verla.

La operación a la que ha sido sometida,

conlleva muchos riesgos y el cirujano prefiere

mantenerla en observación. Un momento. ¿Qué operación?

Ni sabía que estuviera enferma

y, menos, en la mesa de operaciones.

¿Cómo que no? Por qué nadie nos dijo nada.

¿Cómo han permitido que ingresara sola?

Espere. Su madre me aseguró

que usted lo sabía. ¿No sabía nada

de su fiebre reumática? ¿Su fiebre... qué?

Un momento, doctor. ¿Qué es la fiebre reumática?

Es una enfermedad inflamatoria que afecta al corazón.

De ahí, que padeciera mareos, fatigas.

Pensaba que estaban al corriente.

¿Cómo pudo mantener oculta una enfermedad así?

Cuando se la diagnostiqué, me pidió no contar nada.

No quería preocuparles por el juicio.

Eso es una estupidez. Pero cuando la enfermedad agravó

y la única opción era operar, me aseguró que usted lo sabía.

¿Pero no le extrañó que no viniéramos a visitarla?

Son muchos los pacientes que tengo que atender.

No sé quién recibe visitas.

No puedo estar pendiente. Olvidémoslo.

Ahora, lo fundamental es mi madre.

¿Qué va a pasar con ella? Había que operar, Gabriel.

El cirujano que se ocupa de su madre, es el mejor.

Hacemos lo posible por salvar su vida. Pero estaba grave

y es una operación de alto riesgo. No quiero engañarles.

Esperaremos para poder verla, doctor.

Claro. Pueden quedarse aquí. Les aviso cuando pueda pasar.

Doctor.

Por favor, salve a mi madre.

¿Quería verme, inspector?

Señor Montaner, gracias por venir. Siéntese, por favor.

Si le soy sincero, su nota me ha inquietado bastante.

Intenté dar con usted personalmente,

pero no fue posible. Le busqué por Madrid.

Al final, me vi en la obligación de dejar un recado en el club.

Cualquiera diría que estaba usted intentando esconderse.

¿Yo? ¿Por qué iba a hacer algo así?

No sé. Simplemente, me extraño mucho

la dificultad para poder encontrarle. Es todo.

Tenía muchas reuniones de trabajo.

¿Puede explicarme qué ocurre, por favor?

Hemos recibido una denuncia contra usted.

¿Un cliente insatisfecho?

Su antiguo protegido, Benito Serrano.

¿Ese crío insolente me ha denunciado?

¿Puedo preguntar por qué? -Por propinarle una paliza.

Le han tenido que atender en el hospital,

de donde nos llamaron, dado la gravedad de sus lesiones.

Inspector, eso es imposible.

Es más que evidente que ese muchacho miente.

Nuestra relación es pésima,

pero yo jamás le haría daño. -¿Está seguro?

¿Nunca le ha puesto la mano encima?

Al final, Amalia se ha convertido en una experta en protocolo.

Solo esperemos que no la traicionen los nervios.

Me gustaría ver ese almuerzo con los Duques de Alba.

Puede ser muy gracioso. No seas malo.

Por cierto, ¿has hablado ya con tu familia?

No. No he tenido ocasión.

Quizás, deberíamos aplazar ese encuentro.

¿Aplazar, por qué?

He estado muy ocupado con Úrsula y Gabriel.

He pedido el indulto para ella. Espero que todo salga bien.

Si quieres, yo me encargo de organizarlo.

No me cuesta nada. No es lo propio, Blanca.

Debería ser en mi casa. Lo digo para facilitar las cosas,

así, tu familia no tiene que ocuparse de nada.

Eres muy amable, pero a mi familia le gustará organizarlo.

¿Y cuándo nos vamos a encontrar con ellos?

No lo sé. Si quieres, podríamos organizar

un café, un té, este fin de semana. ¿Te parece?

No se trata de eso, Blanca. Entonces, ¿de qué se trata?

Tengo la sensación de que no quieres

que conozca a tu familia. Yo ya sé que son judíos.

¿O es que hay algo que me estás ocultando?

En realidad, sí hay algo que te estoy ocultando.

¿El qué?

Mi familia me ha rechazado. Lo siento mucho.

Cuando les conté que iba a convertirme

al catolicismo para poder estar contigo,

me dieron la espalda.

¿Quieres que hable yo con ellos?

Tampoco quieren saber nada de ti.

Supongo que me ven como la culpable de todo esto.

De momento, están muy afectados.

Pero con el paso del tiempo, cambiarán de opinión.

Sabía que todo esto acabaría pasando.

Blanca, no le des más vueltas.

No sé. Me gustaría que las cosas

no fueran así. Mi familia cederá.

No lo tengo tan claro con Rosalía.

Parece que no le gusta tener a un judío converso en casa Silva.

Su tímpano ha sufrido daños, así que puede quedarse sordo.

Además, hay varios testigos de una discusión entre ustedes.

Es cierto que discutimos.

Pero yo no le propiné una paliza.

Solo... -¿Solo qué?

Le di un bofetón, nada más.

Antes dijo que no le había puesto la mano encima.

Estaba hablando de una paliza.

Jamás haría algo semejante. -¿Por qué pegó al muchacho?

Sí. Sí, por supuesto.

Se había propasado con una amiga de Celia

y yo intervine para que le dejase en paz.

Es más que evidente que el muchacho se lo inventa todo.

Sus lesiones no pueden inventarse, señor Montaner.

El joven afirma que usted le tenía muchas ganas.

Y el parte de lesiones del hospital nos muestra

que hubo ensañamiento.

Benito no para de meterse en problemas.

Pudo haberle pegado cualquiera al que le debiese dinero.

¿Ha investigado eso? Es jugador.

Así se gastó el dinero de la indemnización que le dimos.

El muchacho solo le acusa a usted.

Inspector, soy inocente. Investigue la parte del juego,

encontrará acreedores dispuestos a cobrar lo que les debe.

-Lo investigaré. Por supuesto. -Gracias.

Está claro que esto es una venganza por no permitirle regresar

a casa cuando él me lo pidió.

¿Puedo preguntarle por qué no le dejó que se quedara?

Porque le exigí unas normas de convivencia mínimas.

Estudiar o, en su defecto, trabajar en la fábrica. Y no quiso.

Quiso seguir siendo un gorrón.

¿Y ustedes se llevan mal desde entonces?

¿No es así? -Así es.

Benito aduce que, esa larga enemistad,

es lo que le llevó a usted a propinarle la paliza.

Benito dice una verdad entre cientos de mentiras.

No le puede creer. Es cierto que tuvimos

un desencuentro. Me puse nervioso y le pegué un bofetón.

Pero jamás le propinaría una paliza.

Es menor de edad, por lo que el delito es

aún más grave. La pena dependerá

de las secuelas que le queden. -Investigue más a fondo.

No se quede solo con sus declaraciones.

Es su palabra contra la mía y le aseguro que yo soy inocente.

Señor Montaner, esto puede tener una solución sencilla.

Benito dice que usted le persiguió hasta un callejón

al salir del Continental y allí le propinó la paliza.

¿Tiene usted alguna coartada para ese momento?

Porque, quizás, esa sea su única salvación.

¿Cómo ha podido pasar esto?

Tenía que haber estado a su lado. -Gabriel.

Necesito hablar con ella a solas.

¿Te importa? -No. Claro que no.

Quiero... poder despedirme en caso de...

Esperaré junto a la puerta, por si me necesitas.

Y habla todo lo que quieras con ella.

Pero no te vas a despedir, porque se va a poner buena.

Dame todo esto, anda.

Gracias.

Se lo ruego, por favor, no me abandone.

Ahora la necesito más que nunca, madre.

Úrsula también la necesita.

Y su nieto.

Tiene que conocerle.

Por favor, no lo abandone.

Por favor, no lo abandone.

(LLORA) Por favor.

Gabriel.

Madre.

¿Cómo está? ¿Se encuentra bien?

Contigo aquí, mejor.

Te lo ha dicho... Elpidia, seguro.

¿Por qué te ríes?

Porque ya está dando guerra, como siempre.

Vaya susto nos ha dado, madre.

Tengo el corazón achacoso,

pero estoy fuerte.

Cómo la quiero, madre.

(LLORA) La quiero mucho.

Yo también, hijo.

Su marido me pilló a traición.

Me pegó una bofetada en esta misma terraza

y, después, me golpeó hasta dejarme inconsciente.

-¿Y tú qué hiciste? -Intentar huir,

pero no me dio opción. -Dios.

Solo pude cerrar los ojos y rezar para que todo acabara.

Madre, usted y Úrsula son lo único que tengo.

Creo que tengo derecho a saber si le pasa algo.

Imagínese cómo me habría sentido,

si llega a pasar una desgracia en quirófano.

No hagas ruido, por favor, o la casera nos oirá.

¿Y a qué se levanta? Lo digo porque me da miedo salir

y que me vea o que empiece a hacer preguntas o suposiciones.

Nunca se sabe. Siempre está atenta a cuando entramos y salimos.

Me echaría de inmediato si nos viera.

No tienes que preocuparte de eso.

¿Cómo estás tan segura?

Porque he tenido una idea.

He estado con Benito y he visto sus magulladuras.

Está medio sordo. -Podrías darme, al menos,

el beneficio de la duda. -Difícil, después de ver

el estado en el que está. -Yo no le toqué.

¿Que no? ¿Cómo puedes decir eso?

¿Te has planteado, al menos, que el chico puede estar mintiendo?

He visto sus heridas con mis propios ojos.

Y Rodolfo vio cómo discutíais. -Te repito que no le toqué.

Federico, es culpa mía.

Yo le pedí que hablara con él.

¿Qué quieres decir?

Benito estaba molestando a Cata.

La había rondado un par de veces, salieron, ella le rechazó

y Benito se lo tomó muy mal. Llegó a amenazarla.

Gabriel, no agobies a tu madre.

Lo mismo, quiere irse a su casa a descansar.

Seguro que allí está más cómoda. -Sí.

La verdad es que debería irme.

No. Eso ni hablar. Ya ha oído al doctor.

Tiene que descansar y hacer reposo.

Sí, pero yo no quisiera molestar.

Madre, usted aquí no molesta.

Esta también es su casa, ¿verdad? -Claro.

Pero si ella no se siente cómoda aquí,

deja que haga lo que le parezca.

Si vienes a mi casa, solo conseguirás empeorar

las cosas con tu marido. ¿O quieres romper tu matrimonio?

No. Lo único que quiero, es darle una lección.

Siempre hay soluciones menos arriesgadas.

¿Y qué solución es esa, padre?

Hablar con la parte contraria, con Sofía.

Quizás, puedas convencerla

de que sea ella misma la que decida marcharse.

Raimundo y Elpidia están juntos. Han retomado lo suyo.

Mira. No me gusta que hagas bromas con según qué cosas.

No bromeo. Me lo ha confesado Raimundo.

-¡Virgen santa! -Dice que está enamorado.

Si él no hace algo para remediar la situación, lo haré yo misma.

No te metas, que no es nuestro problema.

Te di suficiente tiempo ya. Estoy harta.

Quiero que hables con ella y le digas la verdad.

-¿Cómo se lo digo? -Diciéndoselo,

así se va al pueblo y nos deja. -No la conoces.

Parece delicada, ingenua,

pero es de armas tomar. -Y yo. Así que tú verás.

Nunca le ha gustado Tristán, ¿verdad?

Pues va a hacer por mí el mayor gesto de amor

que nadie ha tenido. ¿No cree que merece una oportunidad?

¿Lo dice por mí o por usted? ¿Cómo?

Yo no tengo nada contra su pretendiente, señora.

¿Y por qué frunce el ceño cada vez que alguien menciona su nombre?

No lo hago por él, sino por usted.

Tú no vas a ningún sitio.

Te estás comportando como un loco.

Cálmate. -¿Para qué?

¿Para que puedas irte otra vez a la casa de huéspedes

con tu amiguita la degenerada? Os vi salir temprano.

¿No decías que la casera no te dejaba recibir visitas?

Con ella no has tenido tantos miramientos.

¿Ahora también me espías?

No tendría que hacerlo, si no te comportaras como lo haces.

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Seis Hermanas - Capítulo 444

16 feb 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de 1920.

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  1. Marilu

    Coincido con varios de los comentarios anteriores: la " recuperación asombrosa de Antonia", la situación en casa de Ricardo Silva de la cual se "apodera" Ciro, etc. etc. etc. Creo que es hora que le den un final a esta novela, ya no da para mas, se repiten situaciones, se repiten los MALVADOS (Marina, Luis, Ricardo),e ingresan nuevos, ahora la socia de Ricardo, Benito (insoportable).- Me da la impresión que el método de estirar las telenovelas se "hace carne" en los responsables y los guionistas; lo mismo opino sobre la novela Acacias 38, es un ir y venir de situaciones repetidas hasta el hartazgo.Señores guionistas: A PONERSE DE ACUERDO CON USTEDES MISMOS y no desvaríen tanto, la ficción vale pero demasiada hace mal.- LO BUENO SI BREVE, DOS VECES BUENO

    ayer
  2. juana

    Me encanta la historia de amor de Celia y Cata.Las actrices que las interpretan son muy buenas.Sus personajes trasmiten dulzura.ternura y complicidad.FELICIDADES Y GRACIAS.Espero y deseo que continuen.Juana

    pasado sábado
  3. juana

    Es una pena que dejen de emitir la serie,por una cuestion de audiencia,las cosas se renuevan no se eliminan.Seis Hermanas tiene una audiencia y Salvame otra.Hay que respetar a las personas que nos gusta Seis Hermanas.Juana

    pasado sábado
  4. Angeles

    No se que pasa últimamente con los guionistas de seis hermanas, pero patinan que es una maravilla...hablan de una operación"a corazón abierto"que es una técnica de cirugía cardiaca (extracorpórea)que fué practicada por primera vez, por un cirujano cardiaco norteamericano, en 1952...o sea, como tres décadas y pico después de la época en que se desenvuelve la série...aun encima, Dña. Antonia tiene una recuperación milagrosa de manera que en 24h.pasa de estar muriéndose a tener alta clínica, hecho totalmente imposible incluso hoy en dia...por favor, señores guionistas, documéntense un poquito!

    pasado sábado
  5. Cristina

    Teniendo en cuenta que la casa en la que viven Ciro y Elisa es del padre de ésta, la trama actual resulta de lo más absurda.

    pasado sábado
  6. Cristina

    Teniendo en cuenta que la casa donde vive Elisa es de su padre, la trama actual es de lo más absurda. Parece que los guionistas no se sitúan.

    pasado sábado