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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 432 - ver ahora
Transcripción completa

¿No lo estarás diciendo en serio?

Podrías hundir a Úrsula.

Porque aparte de todos los cargos

se le añadiría el intento de soborno.

Lo sé, pero si no lo hago y el juez la condena a muerte

me arrepentiré toda mi vida.

Encontré la manera de convencer a algunas chicas

para que hablaran y ha habido una

que ha mostrado interés en declarar.

Pero eso es una excelente noticia.

Hay que actuar cuanto antes.

Si quiere puedo tener

una pequeña conversación con Rosana, escarmentarla.

No.

Deshazte de ella.

Es una enfermedad grave, fiebre reumática.

Hay un tratamiento, pero si no lo sigue disciplinadamente

la muerte es más que probable.

Está claro que Cándida y tu jefe saben perfectamente

que estas fotografías son un tesoro.

Ella me sorprendió fisgando en el despacho.

Es un pobre hombre, no tiene maldad.

Y no tiene carácter para morder la mano que le da de comer.

A mí me parece que está tramando algo.

Estoy segura de que Rodolfo con tal de que esas imágenes

no salgan a la luz será capaz de cualquier cosa.

Será una marioneta en nuestras manos.

Tengo algo para ti. Te hará que estás más contento.

Es una cruz al mérito militar.

Me he pasado toda la noche preguntándome dónde habrá ido,

dónde habrá pasado la noche,

si habrá cenado algo.

El chiquillo es espabilado. Y sobre todo tiene dinero.

Chicas.

Que pasen una feliz velada.

Ahora sé por qué son tan amigos,

porque tienen el mismo gusto aberrante.

Bruna, por favor.

Y ya sé por qué se quisieron casar.

Y no fue para hacerle un favor,

ni para quitarle de las habladurías.

Fue porque él quería lo mismo con esa boda.

No tienen ningún derecho a interrogarme.

¿De qué conoce a la pequeña de las Silva?

Yo me dedico a temas bancarios.

A préstamos a particulares en concreto.

Y la señora Silva me debe una suma bastante considerable.

Entonces estoy seguro de que podrá sacarle

una buena tajada a esa niña de papá.

(Llaman a la puerta)

¿Qué se le ha olvidado, Tristán?

No me van a parar.

Voy a hacer que cierren esa maldita fábrica.

Y yo no voy a consentir que pongas tu vida en peligro.

Blanca, no voy a abandonar esta causa.

Se lo prometí a Andrea.

Bruna busca la verdad.

Le he dicho a Velasco que quizá debería hablar con ella

antes de que Bruna descubra todo.

¿Está dispuesto a confesar su orientación?

No, está muy asustado.

Ha entrado en pánico en cuanto le he dicho lo cerca

que estaba Bruna de descubrir la verdad.

Espero que Bruna se lo tome lo mejor posible.

Con lo beata que es pensará que Federico

es la mismísima encarnación de Satanás.

Está muy enamorada.

Habrá que tener cautela con Bruna,

medir nuestras palabras y nuestros actos

para que no siga sospechando.

¿Deseo algo, señorita? -¿Me traes otro café y un agua?

Por supuesto. -Gracias, Raimundo.

Será difícil mantener el secreto

por muy ingenua que sea Bruna. -Sí, que sospecha ya lo sé.

Yo lo que quería pedirte es que la tranquilizaras.

Que la mantuvieras en su inocencia

hasta que Velasco sea capaz de confesarle la verdad.

Lo haré, descuida. O al menos lo intentaré,

porque cuando a Bruna se le mete algo en la cabeza...

¿Y de mi juicio se sabe algo? ¿Has conseguido algo nuevo?

Sí, por eso te he citado aquí.

He conseguido hablar con el presidente

del tribunal que te va a juzgar.

¿Y bien?

Se ha negado.

De nada han servido mis argumentos

sobre la necesidad de un jurado mixto.

Era de esperar y el problema es que ningún hombre

entenderá ahora mi caso.

Y menos después de todo

lo que se ha publicado en la prensa.

Así la presunción de inocencia no existe.

¿Qué tipo de juicio voy a tener si todo el mundo

me considera culpable desde el primer minuto?

Eso le he intentado yo explicar

al presidente del tribunal, sin éxito...

Me van a condenar.

Úrsula, hemos perdido una batalla, pero no la guerra.

Hay otras vías.

Y las sufragistas te apoyan.

Todo esto es una pérdida de tiempo, Celia.

No, no eso no es verdad. Estamos junto a ti

y presionaremos hasta que se den cuenta

de que tu juicio es una pantomima.

Es lo de siempre, Celia.

Siempre dices que vas a ayudarme

y nunca consigues nada.

¿Cómo iba yo a adivinar

la negativa del presidente del tribunal?

Quiero que me dejéis en paz.

Úrsula, por favor.

La gente necesita ver que tu juicio es una farsa

y que estás condenada de antemano.

Así será, Celia, me van a condenar a muerte.

Sé que tienes miedo y que estás asustada.

Pero no dejes que esos sentimientos se apoderen de ti.

Es muy fácil luchar cuando no se tiene nada que perder.

¡Úrsula, espera!

¿Todo bien, señorita?

No, déjame, que ya te ayudo yo con el abrigo.

Perdona que no te haya avisado antes.

¿Quieres tomar un té? ¿Un café?

No. No, muchas gracias. Pasaba por aquí y no quería

desperdiciar la ocasión de preguntarte por la cena.

Pues no te preocupes que ya está todo preparado.

¿Qué no me preocupe?

No he pegado ojo en toda la noche.

¿Pero por qué?

Bueno, es mi presentación oficial ante toda tu familia.

Y, no sé, dime, ¿cuál crees que será la mejor manera

de agradar a tus hermanas?

Pero si mis hermanas ya te conocen.

Sólo tienes que ser tú mismo.

¿Yo mismo? Ya, pero yo es que soy muchas personas.

Yo soy la persona que las ha asesorado.

Pero también soy... bueno, era tu secretario.

Y también soy muy buen jugador de ajedrez.

Tristán, sé tú mismo. Ya está.

Quiero causarle una muy buena impresión a tus hermanas,

que vean que soy digno de ti.

Quizá igual me ve como demasiado serio,

demasiado apagado.

¿Apagado?

¿Tú... tú no estás nerviosa?

No, yo no estoy nerviosa.

Pero también es porque yo ya he pasado por esto.

Ya, imagino que cuando Rodolfo y tú os comprometisteis

seguro que se armó un gran revuelo.

Sí, pero de eso ya hace mucho tiempo.

Seguro que fue una fiesta magnífica.

Sí, sí que lo fue.

Pero no tiene nada que ver con esto.

No nos vamos a comprometer delante de todo Madrid.

Es sólo una cena con mis hermanas y mi cuñado.

También me he puesto al día sobre automóviles

para hablar con don Salvador. No te preocupes,

la conversación no va a ser ningún problema.

¿Y tu hermana pequeña estará? De ella apenas sé nada.

Con Diana y con Celia sí he hablado más, pero...

Blanca, ¿sucede algo?

¿Pero qué va a suceder?

Sólo estoy hablando yo.

Tristán eres el primer pretendiente

que voy a presentar después de...

de conseguir mi nulidad con Rodolfo.

Todo va a salir bien.

¿Hum? Sí.

Señora, doña Amalia.

Buenos días. Buenos días.

Deberíamos hablar.

Ah...

(SUSPIRA)

Dios, estoy horrible.

No volveré a beber alcohol en toda mi vida, lo juro.

(Llaman a la puerta)

¿Sí?

¿Se puede? -Sí.

Sólo quería ver cómo estabas.

Pues perfectamente.

Pues no parece que hoy tengas tu mejor día.

Lo superaré.

Creo.

Si te maquillas estarás mejor.

¿Tanto se me nota?

Bueno...

En cinco minutos estaré como una rosa,

como si nada hubiese pasado.

No quiero que Rodolfo piense...

Que preferías estar en casa porque te duele la cabeza.

No le pienso dar esa satisfacción.

Muy bien, esa es mi niña.

Me voy, que tengo una cita con un cliente.

¡Espera, espera! Espera un momento.

¿Qué hay de lo que te dije ayer?

¿Y qué me dijiste?

Pues que quería ser tu copiloto.

No me digas que lo recuerdas.

Por supuesto que lo recuerdo. Hablaba totalmente en serio.

Cariño, estabas totalmente bebida.

Ya, ya lo sé.

Me acuerdo que te dije que quería ser tu copiloto

en la carrera de mañana.

Quiero sentir lo que tú sientes cuando conduces

uno de esos automóviles.

Tu idea es una locura.

¿Acaso no me ves capaz?

Conducir un automóvil no es ninguna tontería.

Además, no estás acostumbrada a la velocidad

y podrías sentirte indispuesta.

¿Tú crees que un automóvil va a conseguir

lo que no ha conseguido una botella de whisky?

Una carrera de automóviles no es un paseo por el campo.

Es velocidad, es curvas, es peligro.

Podré con él.

¿Qué crees que pensaría la gente si viera

que tengo como copiloto a mi mujer?

No me tomarían en serio. -No, tonterías.

Yo quiero sentir esa libertad de la que tanto hablas,

entender qué es eso que te apasiona tanto.

Cariño, sería el hazmerreír de todo el mundo.

Lo siento, pero no estoy dispuesto.

Eres un egoísta.

No pienso seguir hablando de esto.

Me voy, no quiero llegar tarde.

Seré tu copiloto.

Y punto.

Nadie sabe dónde está.

Ha desaparecido.

Y eso no puede significar nada bueno.

Que nadie sepa dónde esté

no significa que haya desaparecido.

Quizá esté en casa de algún pariente lejano.

No sea ingenuo, Sr. Bellido.

¿Y usted cree que mi tío Ricardo

o Cándida han podido deshacerse de ella?

Iba a contar todo lo que pasa en la casa de tolerancia.

¿Qué otra cosa ha podido ser si no?

Quizá esté en casa de alguna amiga.

Ya he buscado. La he buscado por todas partes.

Bueno, ¿pero y nadie sabe nada de ella?

¿Qué vamos a hacer?

Usted sabe dónde vive, ¿no?

Podríamos ir hasta allí y preguntar a los vecinos.

Ya fui, y tampoco saben nada.

He removido cielo y tierra antes de venir aquí.

Blanca, estamos en un aprieto.

Yo creo que Rosana debe llevar al menos dos días desaparecida.

¿Y los vecinos tampoco han visto entrar ni salir

a nadie de casa de Rosana? -Tampoco.

Quizá la hayan secuestrado.

(LLORA)

¡Tengo mucho miedo!

¡Yo puedo ser la siguiente!

Amalia, yo...

No... no sé cómo decir esto.

Dígalo.

Dígalo en voz alta, si todos estamos pensando en eso.

La han asesinado, ¿verdad?

(LLORA)

Tranquila.

(LLORA)

Tranquila.

Noventa.

¿Eso está bien o mal?

Ni bien ni mal, es sólo una medida.

¿Y ya ha pensado que tipo de tela quiere que utilicemos

para confeccionarle el chaleco y la americana?

No. ¿También tengo que elegir la tela?

Claro, ¿si no cómo quiere que le hagamos el traje?

No sé, yo pensaba que...

Si le digo la verdad nunca había pensado

en esto hasta hoy.

Bueno, podemos hacérselo

de franela clásica o de franela desgastada.

¿Cuál prefiere? -¿Cuál me sugiere?

Si sólo se va a hacer un traje

yo optaría por la franela clásica.

Siempre da más empaque.

Sí. Sí, eso quiero, que se fijen en mí.

Y además, teniendo en cuenta lo joven que es,

me decantaría por un corte más europeo.

Es un poco más moderno.

Bueno, está bien, el corte europeo entonces.

Pero sólo porque usted me lo recomienda.

Muy bien, no se arrepentirá.

¿Y... en asunto de hombres también es de gustos atrevidos?

¿Perdón?

¿Y sobre... el pantalón?

¿Va a querer la hechura que lleva

o prefiere el pantalón...

perdón, la hechura del pantalón de una revista?

Usted es la experta.

Muy bien, es suficiente, con esto tengo de sobra.

¿Nada más? -No, nada más.

Le llamaré a Casa Silva cuando tenga hecho el traje.

¿Y eso cuándo va a ser?

Es que quisiera invitar a una chica a salir conmigo.

Podría tenerlo listo para...

el viernes de la semana que viene.

¿En ese caso qué planes tiene para el próximo viernes?

¿Perdón?

No sé...

Eh... yo estaré trabajando.

¿Y no come, ni cena?

No sé...

Perdón, es que nunca...

nunca he salido a cenar. No sé qué decir.

Bueno, pues en ese caso será un honor

ser el primero en invitarla.

Aunque para el próximo viernes aún queda mucho.

¿Qué tal mañana? No quiero que nadie se me adelante.

Fue una propuesta de lo más inesperado.

¿Nunca habíais hablado de adoptar a un niño?

Sí, al principio, cuando yo dejé de ser postulante

y hablábamos sobre nuestro futuro.

Ya.

¿Y qué le contestaste?

Se puso muy rotundo y muy serio.

Pero yo al final no le dije ni que sí, ni que no.

¿Y no te hace ilusión?

No sé, estáis casados,

sois jóvenes y no podéis tener hijos.

Yo creo que adoptar es una buena opción.

Si es que Ciro quiere formar una familia y...

y dice que así se solucionarán nuestros problemas.

¿Pero es que no se da cuenta que los niños

traen más problemas todavía?

Bueno, Elisa, no le des más vueltas.

Parece que para él ha llegado la hora de ser padre.

¿Y para ti?

¿Para ti ha llegado la hora de ser madre?

Hombre, yo con un niño...

Ay, Elisa, ¿pero no se te ha despertado

el instinto maternal viendo a tus sobrinas,

a Leandro?

No sé, los niños son tan adorables.

Sí, y también lloran mucho y no te dejan dormir.

Si no mira las ojeras que tienes tú siempre.

¿Tengo ojeras?

Además, es que mi corazón ahora mismo está en León.

Yo no puedo pensar ahora en tener hijos.

Tu corazón... ¿Todavía sigues con eso?

Si lo conocieras me comprenderías.

León es tan elegante, es tan...

tan varonil, tan aristocrático.

Ciro es mucho más que eso.

¿Cómo vas a compararme a Ciro con León?

León es un noble de mundo.

Y Ciro siempre será un muchacho de Valladolid

que está amargado porque quiere

seguir teniendo una vida militar.

No sé por qué siempre te empeñas

en desear cosas que no tienes.

Sofía, no todo en la vida es tener una casa, un marido,

una familia ordinaria y vulgar.

¿Me estás llamando ordinaria?

No, perdona, ordinaria no, aburrida.

Tienes una vida monótona, Sofía.

Pues yo soy muy feliz así.

Claro que eres feliz, porque no conoces otra cosa.

A ver, ¿cuándo fue la última vez que tuviste

mariposas en el estómago?

Mira, me voy.

Me voy a pasear a Leandro.

Que te diviertas.

¡Mira, y que sepas que yo sí que he sentido

esas mariposas de las que hablas!

Sí, la siento cada vez que releo una carta de Carlos.

Adiós.

Y ningún vecino ha visto nada.

No. Amalia lleva varios días buscándola

y ningún vecino la ha visto.

Ya, ya veo.

¿Y qué cree que puede haberle pasado a Rosana Ruiz?

Oh, no lo sé. Soy policía, no adivino.

De todas formas, lamento decirles que la desaparición de

una prostituta es algo bastante normal.

¿Le parece normal que una chica haya desaparecido así como así?

Lamento hablarle en estos términos, doña Blanca,

pero una prostituta no es una joven como otra cualquiera.

Suelen llevar una vida bastante... desordenada,

nómada, sin muchas responsabilidades

y la mayoría de ellas no tienen familia.

Claro, y por eso no investigan sus casos.

¿Puedo preguntar a qué se debe tanto interés en ella?

Sospechamos que en la casa de tolerancia de mi tío

amenazan a las chicas que trabajan allí.

Y son obligadas a hacer cosas al margen de la ley.

¿Puede ser un poco más concreto?

Fotografían a los clientes y luego los extorsionan.

Ah, ya, eso es un delito muy grave, ¿tienen alguna prueba de ello?

Rosana. Su testimonio era la prueba.

Entonces, su desaparición sí que es muy sospechosa.

Y también creemos que...

que en la casa de tolerancia trabajan mejores de edad.

Me encantaría poder ayudarles, lo aseguro, pero no tienen pruebas.

Y mucho me temo que les va a costar mucho conseguirlas.

¿Y sin pruebas no hay denuncia posible?

-Usted, como abogado, lo sabe bien. -Ya.

¿No sería posible que otra de las meretrices hablase?

Lo hemos intentado, pero tienen mucho miedo.

Y más aún después de la desaparición de Rosana.

¿Usted cree que está muerta?

Es una posibilidad.

Otra es que la hayan amenazado y ahora mismo esté muy, muy lejos.

¿Qué me pueden decir de la dueña de la casa, la tal Cándida?

La he conocido personalmente, es una mujer sin escrúpulos.

Perfectamente podría estar detrás de la desaparición de Rosana.

Con el testimonio de alguna de ellas cerraríamos la casa

y que mi tío y que esa mujer vayan a la cárcel, ¿no?

Sí, así es. Ojalá todas las casas de tolerancia

estuvieran cerradas. Si cumplen con la legalidad,

poco se puede hacer.

Mientras haya demanda, habrá oferta.

Y siempre habrá quien necesite ganarse un buen dinero.

La extorsión y los malos tratos están al margen de la ley.

¿por qué no va usted a echar un vistazo?

Quizá ponga nerviosa a esa Cándida y cometan algún error.

Bien, sí. Sí, voy a iniciar una investigación.

Hasta que consigamos pruebas, es lo máximo que puedo hacer.

(RÍE) Es un buen comienzo.

Gracias.

(Se oyen pasos acercándose)

¿Dónde has estado? -He estado haciendo unos recados.

Fui a ver a una amiga, ¿qué ocurre?

Tenía miedo de que estuvieras en peligro.

Estoy bien, no me ha pasado nada.

Amalia, no vuelvas a irte así de casa

Esta mañana, cuando me desperté y no te he visto a mi lado,

no sabes el susto que me he llevado.

He ido a ver a una amiga que está enferma.

El doctor iba a primera hora, quería estar presente.

Bueno, me basta con comprobar que estás bien, no...

no tienes que darme explicaciones.

-¿Ah, no? -Siento lo de ayer, Amalia.

Había bebido y...

te pido perdón por mi comportamiento

de todos estos días.

Me he comportado como un auténtico canalla.

-Tuve miedo. -No volverá a pasar.

Me volví loco al saber... -No.

No hablemos más de eso, ¿eh?

Es cierto, vamos a olvidarlo.

Da igual lo que hayas hecho, Amalia.

Tú te quedaste a mi lado cuando nadie lo hizo.

Yo pienso hacer lo mismo contigo.

¿Estás dispuesto a perdonarme?

Eres la madre de mi hija y una mujer como no hay otra.

-No digas eso, es una exageración. -No, no lo es, no lo es.

Amalia, cuando todo el mundo me dio la espalda,

tú no lo hiciste, te quedaste conmigo.

¿Qué mujer haría eso?

Una que te amase con locura.

Casémonos pronto.

¿Y dice que se le hinchan las piernas?

Las rodillas. Hay a ratos que no puedo ni caminar.

Bueno, le daré algo para aliviar esos dolores.

¿Y la inflamación? La inflamación bajará.

Aunque no del todo, lo lamento.

¿Qué se le va a hacer? En cualquier cosa,

ese es un mal menor. En esta enfermedad,

el corazón se lleva la peor parte. ¿Y eso por qué?

Pues porque se va debilitando poco a poco.

Se dice que las fiebres reumáticas

lamen las articulaciones y muerden el corazón.

Vaya por Dios. Escúcheme, no pretendo asustarla.

Prefiero ser sincero. Lo importante en todo esto

es vigilar la enfermedad para que no avance.

Usted quédese tranquila. Bueno.

Usted deme el tratamiento, que yo lo seguiré a rajatabla.

Ya verá, voy a ser la mejor paciente del mundo.

Guarde reposo.

Trate de no fatigarse y procure estar tranquila que,

en su caso, no es fácil.

Bien me conoce usted, doctor.

Tendré que atar en corto mi carácter

Bueno, esto ya está. Le recetaré para la inflamación

un jarabe a base de miel, ajo y eucalipto.

Le aliviará el dolor. Bien.

¿Y a usted qué le ha pasado?

No, no es grave.

Un asunto en el que estoy metido con unas pobres muchachas enfermas

que trabajan en la fábrica de relojes.

Un asunto del que, por lo que veo, no sale muy bien parado.

Resulta que a los dueños no les hace gracia

que quiera denunciar las condiciones de la fábrica.

¿Y le han mandado a un sinvergüenza para que le dé una paliza?

Así es. Pero no pienso rendirme, Antonia.

Los sinvergüenzas esos no quieren ir a juicio y

se creen que por dar dinero lo solucionarán todo.

Pero entonces, discúlpeme, si quieren indemnizar a las chicas,

es bastante más de lo que se puede esperar de

unos propietarios tan miserables. Eso sería poner un parche.

La fábrica quiere ocultar el problema ofreciendo dinero,

pero así no se soluciona nada. Quizá el dinero les viene bien,

¿qué más da? Tras ellas vendrán otras

y pasará lo mismo. Hay que cambiar las condiciones

para que no se use el veneno que las está matando.

Si le digo la verdad, cada vez creo menos en la justicia.

Así que mi consejo sería que cojan el dinero,

que más vale pájaro en mano que ciento volando.

-¿Estamos solos? -Sí. Ciro no está en casa ahora.

-Toma. -¿Qué es esto?

El dinero para pagar a ese prestamista.

-Padre, no sé de qué me habla. -Lo sabes de sobra.

Además, estás teniendo tratos íntimos con él.

¿Qué? Padre, se equivoca por completo con nuestra relación.

Quédatelo.

Quiero que saldes cuanto antes la deuda con ese tipejo.

Además, escúchame, Elisa, debes olvidarte de ese hombre

y echarle de tu vida cuanto antes, por favor.

Padre, se lo repito, se equivoca con mi relación con él.

Elisa, me agotas. ¿Me vas a negar que es tu amante, eh?

Lo es, pero es que usted habla de él de forma equivocada.

Padre, él y yo nos amamos. -Es un usurero, un prestamista.

Te está engañando, Elisa.

Su profesión es como la de cualquiera.

No entiendo por qué le incomoda tanto.

Me incomoda porque se aprovecha de ti.

¡Y de mi hija no se ríe nadie, y menos ese tipejo!

No es un tipejo, es un aristócrata. -Elisa...

León hace contigo lo que le viene en gana.

En cambio, Ciro es un buen hombre y tu marido, además.

Es cierto que entre León y yo todo empezó con un préstamo,

pero nuestra relación ha ido evolucionando.

Ahora lo que sentimos es amor.

Pero si lo único que le interesa de ti a León es tu dinero.

Creía que eras más lista, Elisa.

Si es que se equivoca con él.

Me he estado informando sobre él y su fama da miedo.

No. No, León procede de una familia aristócrata.

Y huyeron de su Rusia natal.

Veo que interpreta muy bien su papel

y tú eres muy tonta al creerlo.

(SUSPIRA) Padre, cuando estoy con él estoy viva.

Sin embargo, con Ciro siento que... que me apago cada vez más.

Escúchame, Elisa, León es un profesional

y sabe hacer sentir eso a ti y a cualquier mujer.

Pero todo es mentira. Es que usted no lo entiende, padre.

No entiende lo hastiada que estoy con mi matrimonio.

Entonces, deja a Ciro, pero no te eches en los brazos

del primer buscavidas que llega. -¡No es un buscavidas!

León es aristócrata, padre.

Ah, está bien, Elisa, no me creas si no quieres.

Pero déjame ponerle a prueba por lo menos, a León.

-¿Cómo? -Tú dale el sobre con el dinero.

Ya veremos lo que tarda en desaparecer

cuando consiga lo que quiere.

Estoy muy desilusionada.

Sé que pusiste muchas esperanzas en el presidente de Tribunal.

Ya no sé qué más hacer para salvar a Úrsula.

Ni yo tampoco. Ya ni siquiera viene a la tienda.

Hemos tenido unas situaciones un tanto incómodas

con varios clientes y doña Úrsula se queda en casa.

-¿La tienda va bien? -Sí.

-¿Y Antonio cómo se porta? -Bien. Bueno, casi no la veo.

He notado a Úrsula muy enfadada,

espero que no esté mostrando ese comportamiento contigo.

No, no, no, conmigo está como siempre.

Bueno, su falta en la tienda hace que tenga que trabajar más,

pero no me importa. -¿Y qué pasa, Cata?

Es que quiero decirte algo, pero...

Es que me da un poco de apuro.

Dime, te escucho.

Benito ha estado esta mañana en la tienda.

Ah, ¿Benito en una boutique? Qué extraño.

Quería hacerse un traje y le he estado tomando medidas.

Mucho me temo que de aquí a poco no tenga nada de la indemnización.

Ese chico es un manirroto.

A mí me pareció muy agradable, quizá algo atrevido.

-¿Benito te está pretendiendo? -No, no, no es mi pretendiente.

Es... solo un cliente amable que me ha invitado.

Cata, Benito es casi un crío.

Se le van los ojos detrás de cualquier mujer.

Pues yo ya me sentí halagada.

No, no me malinterpretes, no me refería a eso.

Tú eres guapa, amable, simpática,

cualquier hombre caería rendido a tus pies.

Pero Benito...

¿Crees que no soy la única a la que ronda?

Lo que creo es que se ha visto con dinero

y se ha engrandecido más de la cuenta.

Supongo que no habrás aceptado.

¡Cata! -¿Qué? No veo ningún problema.

Ten mucho cuidado, puede que no os separen muchos años,

pero Benito no es tan maduro como tú.

¿Me estás diciendo que rechace la invitación?

No, tú haz lo que quieras hacer.

Solo te digo que te andes con cautela.

Benito no sabe lo que se hace.

-¿Qué tal tu día? -Pues muy bien.

He vendido otro automóvil a un empresario de Santander.

Tras ver el coche que condujo el rey en verano,

quiso hacerse con otro. -Su majestad debería llevarse

una comisión por la publicidad que os hace.

No lo digas muy alto, que le gusta mucho la peseta.

No sea que la reclame.

Yo también estoy deseando probar la emoción de la velocidad.

¿A qué hora es la carrera? Quiero prepararme con tiempo.

Cariño, no me digas que estás otra vez con esas.

Voy a acompañarte, Salvador Montaner.

Ya te dije esta mañana que tu presencia sería...

un tanto inapropiada.

¿Hay alguna regla que lo prohíba?

-No específicamente. -¿Pues entonces?

Está mal que una mujer compita en un certamen

donde predominan caballeros. -No está escrito, no es norma.

-Es sentido común. -¿Qué sentido tiene que los hombres

hagan cosas que vetan a mujeres? -No te pongas sufragista.

-¡Vamos, contéstame! -Ah...

Pues... la tradición.

¿Te imaginas a un hombre participar en un certamen de cocina?

-¿Y por qué no? -¿Y en un certamen de costura?

-Hay sastres. -Bueno, me da igual, no es eso.

Las mujeres pueden hacer lo mismo que los hombres.

Está claro que uno tiene las de perder discutiendo contigo.

Vamos, anímate.

Venceremos en esa carrera.

(Suena música animada)

Oh, no, no, yo no...

(RÍE)

Perdone la espera, inspector.

Espero que haya disfrutado mirando mientras aguardaba.

-¿Podríamos ir a un sitio más...? -¿Íntimo?

Me siento halagada, un hombre como usted fijándose en mí.

Eh, no, señora, estoy aquí por cuestiones de trabajo.

-Y yo. -Ah, ya, ya veo.

¿Entonces quiere que le muestre el papeleo?

Sí, sí, se lo agradecería.

Podrá ver que está todo en regla, acompáñeme a mi despacho.

No, antes me gustaría hacerle unas preguntas.

Así que no vino a comprobar que esté todo en orden.

No. Realmente, lo que me ocupa es la desaparición de una joven,

Rosana Ruiz. -Sí, hace tiempo que no la veo.

Lleva días sin venir, me dijo que tenía que regresar a su pueblo.

¿Y no le explicó el motivo?

-No. -¿Usted no se lo preguntó?

Mire, inspector, mis chicas son libres de estar aquí

o de marcharse, siempre que me avisen para sustituirlas.

Y es lo que hizo Rosana. Yo no hago preguntas,

es una cosa que se aprende en este oficio, ¿sabe?

Bonita filosofía de trabajo, no preocuparse por la procedencia

ni el destino de las empleadas. -No se confunda conmigo, inspector.

Todas las chicas que entran aquí son honestas

que se vean abocadas a este empleo por haber cometido errores

en el pasado o porque tengan que mantener a sus familias,

no es asunto mío.

¿Y es posible que la repentina marcha de Rosana

se deba a alguna causa ajena a su pueblo?

¿A qué se refiere?

Que si sufrió algún contratiempo mientras trabajaba aquí.

Nunca tuvo ningún problema.

Siempre se llevó bien con el resto de las compañeras.

Se lo voy a decir sin rodeos:

pesan graves sospechas sobre este negocio.

Me han llegado rumores de que hay mujeres

que están en contra de su voluntad. -¿Qué tonterías son esas?

E, incluso, se habla de extorsión a algunos clientes.

Barbaridades. No sé de dónde vienen esos rumores.

Pero son calumnias. -Pues para eso estoy yo aquí,

para comprobar que, efectivamente, lo son.

No haga caso de lo que digan por ahí, inspector.

La gente es muy malvada cuando a estas casas se refiere.

Bueno, entienda que no esté bien visto este negocio.

Yo lo que entiendo es que aquí viene gente muy importante:

jueces, políticos e, incluso, compañeros suyos de la comisaría.

Y salen todos muy satisfechos.

Esa no es la cuestión.

-Mi negocio es un negocio legal. -Seguro.

¿Y todas las chicas son mayor de edad

y están aquí por voluntad propia?

Por supuesto. ¿A que sí, niñas?

¿Tiene alguna pregunta más, antes de que le muestre

la documentación? -Sí, sí, sí.

Sí. Eh... sí.

¿Recuerda el nombre del pueblo de Roxana?

No, no recuerdo. Era Andalucía, lo único.

-Andalucía es muy grande. -Sí.

Y yo tengo una memoria espantosa.

Si quiere, le puedo preguntar a alguna de mis chicas,

a ver si se acuerda del nombre exacto.

Se lo agradecería.

¿Vendrá a visitarnos algún día con menos formalidades?

Mis chicas se han quedado impresionadas con usted.

Invita la casa.

¿Y dónde cursó usted sus estudios?

En Granada.

-¿Es usted de ahí? -No.

Pero era la facultad más cercana a mi ciudad.

-¿De dónde es, entonces? -De Tánger.

-Tánger, qué interesante. -Sí.

Bueno, mis familiares son peninsulares asentados en Tánger.

Tiene que ser una ciudad muy exótica. Me encantaría ir.

Sí. ¿Y cómo es la convivencia con gente de otras religiones?

Cada uno lleva su vida según sus costumbres.

Pensé que con el conflicto entre Marruecos y España,

no sería así. -Hace mucho que me marché.

Quizás, las cosas hayan cambiado algo.

¿Considera Tánger una ciudad peligrosa?

Yo, particularmente, no recuerdo haber tenido ningún incidente.

Todo lo contrario. En Tánger, conviven

árabes, judíos y cristianos.

Estarán juntos, pero no revueltos, ¿no?

Tristán, ¿no te gusta la sopa? Es que ni la has probado.

No. No es eso. Solo que...

prefiero dejar hueco en el estómago.

Haces muy bien, porque aquí preparamos

uno de los mejores asados de cerdo del mundo.

(RÍEN) Sí.

Me he asustado al saber que venías

a estas horas. ¿Ha pasado algo?

Es que tenía que compartir con alguien lo que he descubierto.

Es sobre Federico. Lo he seguido.

-¿Qué? -Ya lo sé. Pero no podía evitarlo.

Necesitaba saber. Siento que todos me ocultan algo.

Bruna, ¿a quién se le ocurre?

Podría ser peligroso, Federico es inspector

y frecuenta todo tipo de lugares para sus investigaciones.

Ah.

No había caído en eso. -Prométeme que no volverás a hacer

algo así. -Te lo prometo.

Con lo contenta que yo venía, ahora me entran dudas.

¿Por qué? ¿Qué ha pasado ahora?

Verás. He visto hoy a Federico salir de la casa de tolerancia,

de la calle Magdalena.

Aunque bien podría ser por una investigación,

como tú dices.

Seguro que era por eso.

En ese caso, es una pena.

-¿Cómo dices? -Que yo esperaba que hubiera ido

allí a rondar a otras mujeres.

¿Estarías contenta de que tu marido frecuentara esos lugares?

Eso significaría que es un hombre normal,

con gustos normales, habituales.

¿Te alegras de que esté con otras?

Pues sí. Es mejor eso que lo que yo pensaba.

¿Cuántos hombres van a las casas de tolerancia mucho?

Es habitual. -¿Pero tú te estás oyendo?

No es normal que te alegres por una noticia así.

Supongo que estoy desesperada.

Prefiero que quiera estar con otras mujeres,

porque significa que le gustan las mujeres

y yo tendría una posibilidad.

Creo que Federico estaba trabajando y que deberías volver a casa

y dejar de darle vueltas a esa cabecita.

Tienes razón. Lo esperaré.

Y si decide evitarme como otras tantas noches,

es que estará cansado.

Sí. Eso será.

Ojalá lo hubiera pensado antes, así me hubiera evitado

tantos malos pensamientos, que me torturan.

Gracias. Eres muy buena amiga.

¿Qué futuro cree que le espera al automóvil norteamericano

en el marco de la Gran Guerra, señor Montaner?

Ese es el motivo de embarcarme en este negocio.

Los automóviles americanos están tomando el lugar

de las factorías europeas,

sobre todo, de la alemana y la francesa.

Los americanos nunca dejan de sorprenderme.

Para ser una nación tan joven,

saben sacar tajada de nuestras miserias.

No entretengas más a Tristán, o no se acabará el asado.

Es que no has cenado nada, Tristán. ¿Estás bien?

Sí. Solo que parece que hoy mi estómago se ha cerrado.

Quizás esté un poco nervioso.

Le aseguro que las Silva no nos comemos

a ningún pretendiente. -De eso, yo no estaría tan seguro.

No todos los días tiene lugar una cena como esta.

Rosalía, ¿por qué no le pide a Elpidia que traiga el café?

Claro, señora. Por cierto, hemos preparado

mantecados para postre.

¿Le parece bien si los servimos con el café?

Excelente idea. ¿Son caseros esos mantecados?

Por supuesto, señor.

Los prepara Elpidia, que tiene unas manos excelentes

para la cocina, con azúcar, harina, almendras y manteca de cerdo.

(Música clásica)

León, ¿por qué has tardado tanto? Pensé que no ibas a venir.

¿Me estás tomando por estúpido?

Has pretendido engañarme.

¿Por qué dices eso?

Porque me has entregado como pago una baratija.

Esa cruz del honor no vale absolutamente nada.

No.

No puede ser posible.

¿Encima, estás dudando de mi palabra?

Claro que no. Pero yo tenía entendido

que esa joya tenía mucho valor. No se la dan a cualquiera.

Hay que tener mucho valor para recibirla.

Elisa, aquí las cosas solo tienen un valor,

el que se compra y se vende.

León, lo siento. Yo no...

Yo he actuado de buena fe, de verdad.

Estoy cansado de ir mendigando por las esquinas,

intentando que me devuelvas mi dinero.

De verdad, lo siento, León.

Haré lo que sea para devolverte la deuda.

¿Qué quieres que te diga?

Te lo he repetido mil millones de veces. Quiero mi dinero.

Lo único que haces, es jugar conmigo y con mis sentimientos.

No es cierto. Yo te amo. Te amo de verdad.

No digas cosas que no sientes. Sabes el daño que me hace.

No. Pero es que es cierto.

Estoy totalmente de acuerdo con usted y con su causa.

Y como abogado, ¿no le parece injusto que los jurados

estén compuestos únicamente por hombres?

Celia, no convirtamos esta cena

en uno de tus alegatos.

Pero a Tristán le interesa el tema, ¿verdad?

Disculpe a mi hermana. Está un poco obsesionada

con el juicio contra Úrsula Gorán.

No entiendo cómo todavía la defiendes.

-Lo mató en defensa propia. -Eso es lo que ella dice.

Nadie estaba allí para verlo.

No fue una buena idea sacar este tema.

Esa mujer nos engañó y nos utilizó a todos.

No se trata de Úrsula, en concreto,

sino de conseguirle el juicio justo que todos merecen.

Estaría de acuerdo, si no la conociera.

Demostró ser una mentirosa profesional.

Porque mintiera en el pasado,

¿no merece un juicio justo? (CARRASPEA)

Mis hermanas son un poco vehementes.

¿Te apetece un mantecado?

Eres muy teatrera. Y estoy cansado de esta situación.

Si me tuvieras aprecio, habrías hecho algo para solucionar esto.

-Es que yo... -¿Es que qué?

Lo mejor será que me marche.

No hay nada que odie más, que perder el tiempo.

-Espera. Escúchame. -¿Por qué iba a hacerlo?

Elisa, de tu boca, no salen más que mentiras.

Si me quisieras una décima parte de lo que dices,

ya me habrías pagado. -Solo hablas de dinero.

¿Eso es lo que soy para ti?

¿De qué quieres que te hable, si me has demostrado

que no puedo confiar en ti?

Pero eso me pasa por idiota, por jugar con chiquillas.

León, si vas a despreciarme de esa forma,

creo que no tenemos nada más que hablar. Vete.

¿Y mi dinero?

Te lo devolveré.

Haré lo que sea para conseguir todo el dinero y devolvértelo

y así no tendré que volver a verte nunca más.

¿Es eso lo que quieres?

No.

Yo solo quiero estar contigo.

Elisa.

Cariño, entonces, págame la deuda y deja de jugar.

Es la única forma en la que podré volver a confiar en ti.

Si no, me veré obligado a desaparecer.

¿Quieres perderme para siempre?

No.

Te concedo una última prórroga.

La última. Para que veas que mis sentimientos hacia ti,

sí que son sinceros. -Gracias. Gracias, León, de verdad

¿Qué haces? Podría vernos cualquiera.

Ya no me importa.

Cuando te brillan así los ojos,

te juro que no respondo de mí mismo.

Así que el señorito Tristán se ha dejado la mitad de la sopa.

Ese hombre come como un pajarito.

Porque el jamón asado tampoco se lo ha comido.

Una cosa es no comer sopa,

que todos saben que llena pero no alimenta...

Tú la devoras como si fuera un manjar.

Y otra, es hacerle ascos a mi jamón asado.

Le dije que poner sopa no era buena idea.

Oye, guárdate para ti tus opiniones.

Tú no eres la encargada de elegir los menús de esta casa.

Ya lo sé. Es un comentario sin maldad ninguna.

Tendría que haberle preguntado a doña Blanca

sobre los gustos de su prometido.

¿Ese hombre no se crió en África? Pues allí no hay cerdos.

Tenía que haber servido pollo.

¿Pollo ante mi jamón?

El pollo le gusta a todo el mundo.

No. Mi padre decía que el pollo

es para mujeres y niños, no para los hombres.

Anda. Acábate la sopa y a ver si acabamos de recoger las...

-Huy. ¿Y esto qué es? -La servilleta

del señorito Tristán, que le dejó hecha un gurruño.

Parece que tampoco le ha gustado el mantecado.

Ese hombre no me da buena espina.

Alguien que no le gustan los mantecados ni el jamón,

no puede ser buena persona.

Te he dicho que te guardes tus opiniones.

¿Lo mojas? -Pues claro.

Bien. ¿De qué se trata? Sentaos, por favor.

He de reconocer que me sorprende un poco vuestra visita.

¿Qué es esto?

Ábrelo, Rodolfo.

¿De dónde habéis sacado estas fotografías?

Yo diría que lo más importante no es el cómo, sino el dónde.

Dónde han sido tomadas esas fotografías.

Tú lo sabes bien, ¿verdad, Rodolfo?

No, Marina. Yo no sé nada.

Entonces, te lo digo yo. Verás, Rodolfo.

Es una gran casualidad, pero Amalia y yo trabajamos

en el mismo sitio,

en la casa de tolerancia propiedad de doña Cándida

y don Ricardo Silva, aunque a la vista está

que desempeñamos labores muy diferentes.

¿Quién más las ha visto?

Nosotros, don Ricardo y esa Cándida.

Ah, bueno. Y el fotógrafo, evidentemente. Nadie más.

Como te podrás imaginar, esas fotos han sido tomadas

para extorsionar al caballero que aparece en ellas.

Ya. E imagino que ahora sois vosotros

los que venís a mi casa para extorsionarme a mí.

¿Te lo dije o no te lo dije?

Da gusto tratar con gente tan instruida.

Bien. ¿Cuánto queréis por ellas?

El precio que tienen esas fotografías,

no es dinero, precisamente.

No. Verá.

Lo que queremos, señor Loygorri, es otra cosa.

Ahora, usted es copropietario

de Tejidos Silva, ¿verdad?, junto a Diana Silva.

Si no quiere que esas fotografías vean la luz, es sencillo.

Lo que tiene que hacer, es boicotear la fábrica.

Llevarla a la ruina.

Porque ese sí que es el precio. Queremos acabar con ella.

Don Luis, ¿cómo voy a hacer eso?

Si la fábrica cae, yo voy detrás.

He invertido todo mi dinero en ella.

¿Prefieres que se hagan públicas?

Piénsalo, Rodolfo. Vas a tener que elegir.

¿El escándalo y la ruina o solo la ruina?

Ya está bien. Fuera de mi casa.

¡Fuera de mi casa!

(SUSPIRA)

Está bien. Pero piénsalo,

piensa lo que te ha dicho Luis, Rodolfo.

O mejor, consúltalo con la almohada.

Fuera.

Buenas noches.

Ciro, ¿qué te pasa? Parece que te haya dado un aire.

Ni encuentro mi cruz al honor.

¿Sabes dónde puede estar?

No.

Pues piensa. ¿Cuándo fue la última vez que la viste?

¿No la habrás cogido tú y no te acuerdas?

-No. No la he cogido yo. -¿Sabes lo valiosa que es?

Bueno, Ciro, valiosa, lo que se dice valiosa...

Tanto como la vida misma. ¿Te parece poco?

Elisa, tienes que saber dónde está.

Parece que el artículo de Celia ha desatado a esa mujer.

Nadie va a creer lo que dice.

Más gente de la que crees.

Es su madre, Úrsula. No sé.

Si ella no le defiende, ¿quién va a hacerlo?

Yo entiendo que le defienda.

Lo que no entiendo, es lo que dice de mí.

A ver. Defiende a su hijo a tu costa.

No. Me retrata como a una hipócrita manipuladora

que empujaba a su hijo a hacer el mal.

Te he arruinado la vida.

Amalia. Amalia, esto no cambia nada, ¿eh? Mírame.

Te lo dije ayer. No pienso permitir que nada ni nadie

interfiera entre nosotros. ¿Estamos?

Intento convencerme de que no podemos perder,

pero, entre tú y yo, cada vez, estoy más inseguro.

No sé. Tal vez, debería haber aceptado

las condiciones económicas que ofrecían la fábrica.

¿Por qué piensas eso? Todos me aconsejan que lo haga.

A personas como tú, da gusto extorsionarlas, Rodolfo.

Pones tanto de tu parte. -Se nota tu pasado como banquero.

-Tengo una condición. -¡Oh, vamos, Rodolfo!

No creo que puedas permitirte poner condición.

Mis fuentes son fiables. Esa mujer está en su pueblo

y por voluntad propia. -Eso es muy dudoso.

Si se ha ido de Madrid, ha sido para evitar las represalias

de mi tío Ricardo y de Cándida.

Eso lo dicen ustedes. -Lo decimos porque es la verdad.

Es su palabra contra la de los propietarios del negocio.

He hablado con ellos, he visto la documentación

y todos los papeles están en regla.

¿Y desde cuándo tienes tú cefaleas?

Desde... desde niño.

Ah. Primera noticia. ¿Y te ha dado justo hoy?

Sí.

Sí.

Nadie lo siente más que yo. -Claro.

Porque así no vas a poder competir.

-Imposible. -¡Oh, qué pena!

Con la ilusión que me hacía.

Ay. ¡Ay, ay, ay!

He venido a pedirle que reconsidere su decisión

de no testificar contra mi tío y contra Cándida.

No. Lo siento, pero no.

Con Roxana fuera, no tenemos a quién acudir.

Si no declara, caerá sobre su conciencia

lo que pueda pasarles a esas chicas.

Llevo años rechazando la tesis de los anarquistas,

convencido de que la violencia no es el camino,

diciéndoles que la injusticia social

se puede combatir ante la ley.

No me diga que ha cambiado de opinión ahora.

Ahora sí que tienen razón.

Doña Antonia. Que es usted la única que sabe tratar a Eladio.

Salga, por favor.

Doña...

Doña... ¡Doña Antonia!

Doña Antonia.

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Seis Hermanas - Capítulo 432

31 ene 2017

Bruna duda de Velasco. Diana insiste en ir de copiloto con Salvador. Rosana desaparece antes de declarar. Don Ricardo da dinero a Elisa para que rompa con León. Benito flirtea con Cata. Cristóbal atiende a Antonia. Blanca presenta a Tristán a su familia. Marina y don Luís chantajean a Rodolfo.

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