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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 417 - ver ahora
Transcripción completa

Don Ricardo, si se lo cuenta, me destroza la vida.

No le diré nada, pero, algún día, quizá necesite algo de ti

y, entonces me cobraré este favor que te hago.

Si aceptas invertir en Tejidos Silva,

asume las cosas tal y como son.

¿Significa que aceptas mi propuesta?

Sí, siempre que aceptes que Diana es la directora.

Por supuesto que lo hago.

Hacemos como que hemos dejado de vernos para tranquilizarla

a ella, pero, seguimos viéndonos a escondidas.

¿Qué me dices, estás conmigo?

Por los amigos secretos.

Soy un hombre con principios y no toleraré que mi mujer

se relacione con un proxeneta.

Ciro, no eres nadie para prohibirme nada.

¿No? Soy tu marido y por una vez harás lo que te diga.

¡Luis, el niño no está!

¿Cómo? Yo mismo lo dejé dormido en la cuna.

No está, ha desaparecido, te digo.

Esas arpías.

Si don Luis supo que el niño era su hijo fue por mi culpa.

No entiendo.

Le entregué la partida de nacimiento.

Estoy muy arrepentido, señora, le juro que no pensé

que fuera a llegar tan lejos.

Si estos hombres entran a buscarlo y lo encuentran,

acabarás en la cárcel, te lo juro.

Pues, que pasen y lo registren todo aquí no encontrarán a tu hijo.

Pobre criatura, tener que huir de tu propio padre,

oye, la niñera que les lleva con Francisca, ¿ya está allí?

Benito se encargará de ello, ¿tienes su equipaje listo?

Sí, está en la puerta.

Encontramos un cadáver de un hombre en el río.

¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

Se trata de Damián, lo siento, pero, quiero que mañana

a primera hora vayas a comisaría

sin falta para contestar algunas preguntas.

Marchando una leche.

Marchando una leche.

Dímelo de otra forma más bonica, ¿no?

¿Qué bonica? Te he servido lo que has pedido.

Es que me tienes en una nube

desde que me escribiste esas cosas tan bonitas.

Ya ves, uno que tiene cualidades ocultas.

Pues, no las ocultes que pareces un cazurro y eres un poeta.

Cazurro tampoco, ¿no? Porque yo tengo mis modales.

Anda, recítame una poesía.

¿Ahora? Sí.

Ahora, no, tengo mucho trabajo.

Pero, si no hay casi gente. Ya, pero, ahora,

no es el momento, Elpidia.

Además, ¿qué piensas que es la poesía?

La poesía no sale apretando una ubre, la inspiración...

Una pequeñita, así me voy con una sonrisa a casa Silva.

Y cuando entres, te quita la sonrisa doña Rosalía

a escobazos por llegar tarde, venga, vete.

No, no me voy hasta que no me recites una, hombre.

Una pequeñita, ¿sí? Sí.

Tus ojos son bonitos

como dos...

¿Qué? Como dos sabrosos choricitos.

No me mires así, Elpidia, a ver, es poesía y la poesía

consiste en eso, en juntar cosas que no tienen nada que ver,

pues, eso, tus ojos con miel.

Sí, pero, no dijiste miel, dijiste choricitos.

Porque fue lo primero que me salió pero, mí los choricitos

me encantan, no te quejes.

¿Cómo este hombre me escribe cosa tan bonitas

y ahora me dice esto? Ay, Dios mío.

Ten, Raimundo.

Vengo del mercado y me dicen que la policía

ha encontrado un cadáver en el río

y resulta que es Damián, el marido de Úrsula.

Pero, ¿qué me dice doña Antonia?

Lo que oyes, yo me he quedado como tú, helada.

Mira, la piel de pollo.

¿Y quién habrá podido hacer eso? No tengo ni idea,

pero, me pregunto cómo

se lo tomarían Gabriel y Úrsula, ¿lo sabrán ya?

Qué pronto te has levantado.

¿No has dormido bien?

¿Dormido?

No pegué ojo pensando en las preguntas

que me hará Federico, se dará cuenta

que maté a Damián, me detendrá y me pasaré el resto de la vida

en la cárcel, ¿cómo quieres que duerma?

Úrsula, tranquilízate, ¿vale? Estás nerviosa, hablemos de...

No tengo tiempo para hablar,

me citó a primera hora para tomarme declaración.

Lo que está claro es que no puedes ir a ver a Velasco

en estas condiciones, además,

hay que decidir qué versión le daremos.

Está decidido, Gabriel, confesaré.

No digas tonterías. No puedo seguir mintiendo,

lo mejor es quitarme de encima esta angustia.

Cariño, escúchame, no descansaste mucho,

estás nerviosa y no sabes qué dices.

Gabriel, ¿no ves que todo ha terminado?

Encontraron el cadáver, lo envolvimos en una alfombra

de La Villa de París y lo metimos en un cesto

con las telas de la tienda, no tengo escapatoria.

No, no, no sabemos en qué condiciones encontraron el cuerpo,

la corriente puede haberlo sacado del cesto y la policía

no tenga ninguna prueba contra nosotros.

Y, entonces, ¿qué hago?

Cariño, tienes que parecer

una mujer afligida por la situación.

¿Y si Federico lo sabe todo?

No puedo mirarle y mentirle, Gabriel.

Está bien, entonces no irás a declarar.

Eso sería como reconocer que soy culpable.

No, iré yo, ¿de acuerdo? A ti no te citaron.

Conozco a Velasco, iré y le contaré

una excusa creíble para justificar tu ausencia.

¿Una excusa creíble, y qué excusa creíble,

que estoy muy afectada por la muerte de alguien

al que odiaba, que me duele la cabeza, cuál?

no encuentro ninguna.

Déjame a mí, es importante que vaya yo primero

y que sepa en qué condiciones encontraron el cuerpo.

Solo a nosotros se nos ocurre usar esas telas.

No pienses más en eso,

confía en mí, deja que averigüe qué sabe la policía

y, luego, pensaremos en qué les vamos a contar.

Señora, ha venido a visitarle el doctor Loygorri.

Es un poco pronto para visitas, ¿no crees, Cristóbal?

Sólo quería noticias sobre Fernandito.

Ya está todo arreglado, muchas gracias por preocuparte.

Lo celebro. ¿Le apetece un café?

Pues, lo cierto es que, todavía, no he desayunado.

Le diré a Elpidia que se lo sirva ahora mismo.

Gracias.

Bueno, cuéntame, ¿cómo sorteasteis la vigilancia de Luis?

Luis se presentó en casa para llevarse al niño,

pero, gracias a Dios, lo escondimos y ahora está en un barco

camino de Venecia para reunirse con Francisca.

Bueno, me alegra oírlo,

como con su madre, no estará con nadie.

Bueno, uno nunca sabe con quién va a estar bien,

la vida te da muchas sorpresas.

¿Por qué dices eso?

Por nada.

¿Qué ocurre, sigues enfadada por lo del otro día?

No, no estoy enfadada.

No, no es cierto, nos conocemos muy bien, Blanca.

Eso es lo que creemos, pero,

lo cierto es que no nos conocemos en absoluto.

¿He hecho algo que te ha molestado?

Lo cierto, es que, ahora, me molestas, Cristóbal,

me has pedido noticias sobre mi sobrino y te las he dado,

así que, si no te importa, me gustaría estar a solas.

Me estás echando. Bueno, no quería decirlo

con estas palabras, exactamente, pero, sí, te estoy echando.

Muy bien.

Resulta que Elpidia fue al mercado,

sí que le serviré yo. No se preocupe,

me ha surgido un imprevisto y he de salir.

Oh, por lo menos márchese con un cafetito

entre pecho y espalda, se sentirá mejor

y no tarda ni un momento en tomárselo.

Está bien, gracias.

Tardo un minuto, Blanca,

¿podrás aguantar mi compañía?

Está bien, por favor, dime qué te he hecho.

Cristóbal, no lo estás entendiendo,

no quiero tener esta conversación ahora.

Bueno, si no me lo cuentas, no me iré, así que tú decides,

puedo estar aquí un minuto o toda la mañana.

Está bien, tú lo has querido.

Vi como tú y Andrea os besabais.

¿Cómo vas con tu nuevo trabajo? Ya ves, puedo hacer

unos patrones mientras hablo contigo,

no dirás que soy mala en mi oficio.

En absoluto, y no creo que Úrsula tenga ninguna queja,

lo digo por su nueva costumbre de dejar la tienda a tu cargo.

No critiques a mi jefa, por favor, tuvo que salir

a hacer unos recados importantes, eso me dijo.

Solo digo que llevas poco tiempo

para atender a los clientes y los encargos tú sola.

Puedo con esto, perfectamente. Pues, creo que Úrsula

se aprovecha de tu buena voluntad.

Pues, mira, al no estar ella has venido a la tienda,

así que este caso horrible

de explotación laboral tiene sus ventajas.

Creo que te burlas de mí.

¿Yo? En absoluto.

Encima que vengo a entretenerte con mi grata conversación.

Y te lo agradezco, pero, te advierto que no tengo

mucho tiempo, hoy viene a probarse un vestido

la mujer de un diputado.

¿Y si no es indiscreción, de qué diputado se trata?

Santiago Eslava, creo que tiene muy buen carácter,

pero, su mujer es de armas tomar.

¿Santiago Eslava? ¿Lo conoces?

¿Cómo no voy a conocer a un diputado progresista

que está a favor del sufragio femenino,

te das cuenta de la oportunidad que tenemos?

ves a su mujer esta tarde

y quizá, a través de ella, llegamos a él.

¿Para qué? Para llevar nuestra causa

al parlamento, él nos podría ayudar.

Soy una simple modista, no puedo abordar a esa señora,

la mujer de un político importante como si fuera amiga mía.

Sí, con sutileza, sí se puede.

No, Celia, no es adecuado.

¿Y qué te parecería escribirle una carta?

Solo le pedirías a su mujer que se la entregue en mano.

Una carta. Sí, ¿te parecería poco apropiado?

Me parece razonable.

Perfecto.

Entonces, voy a escribir esa carta, gracias a tu trabajo

tenemos una oportunidad de oro, Catalina.

No querías que Andrea fuera una de las damas enfermeras

porque te diera pena su situación,

sino, por un motivo más obvio. No, Blanca, te estás equivocando,

entre Andrea y yo, no hay nada.

Os vi.

No me lo puedo creer.

Andrea tiene aptitudes para ser una buena enfermera

y se merece una vida mejor.

¿Y vas por ahí besando a las chicas desamparadas

que encuentras por el camino?

Una curiosa manera de entender la compasión.

No tengo que dar explicaciones,

es un asunto mío, Blanca. Te equivocas, tienes que darme

explicaciones en el momento en el que me pides

que te ayude con este proyecto. Y te agradecí esa ayuda.

Aunque duró muy poco. No, duró demasiado.

Tendrás que buscar otra manera de ayudar a esa fulana

porque conmigo no cuentes.

¿Cómo?

Que no meteré en mi proyecto de damas enfermeras

ni a prostitutas ni a mendigas.

Muy bien, te estás dejando llevar por los celos.

Te equivocas.

No, no me equivoco, te comportas como Marina

a la que tanto criticas por comportarse así.

No te consiento que me compares con esa mujer.

Pues, no te comportes como ella. Me engañaste, Cristóbal,

me ocultaste que Andrea es una prostituta

y tienes una relación con ella.

No tengo ninguna relación con ella, Blanca.

No te creo. ¿No me crees?

No. Bueno, si tanto desconfías de mí,

¿no deberías excluirme del proyecto de las damas enfermeras?

Mira, ¿sabes qué?

Que tienes toda la razón. ¿Por qué no lo haces?

Te lo diré, no lo haces porque no estás haciendo

un análisis racional de la situación,

estás celosa.

Admítelo, no pasa nada. Cristóbal, te equivocas,

no estoy celosa, solo me preocupa mi proyecto de damas enfermeras.

Estás fuera. ¿Me despides?

Llámalo como quieras, no quiero trabajar a tu lado.

Se acabó.

Muy bien.

En ese caso, buena suerte.

Y gracias por el café.

Qué pronto te levantaste hoy.

¿Sabes dónde están mis pagarés?

¿Pagarés?

Sí, pagarés, estaban aquí y no los encuentro.

Pues, no, pero... pero, Ciro, tú eres un desastre

y no es por decir nada, pero, nunca conocí

a nadie tan desordenado como tú.

En vez de insultarme, ¿por qué no me ayudas a buscarlos?

No te insulto, solo que los pagarés estarán en cualquier sitio.

Si no aparecen, tenemos un problema.

¿Qué problema?

¿Qué problema? Que debemos dinero al carbonero y si no liquidamos

la deuda, no nos dará más carbón.

¿Y no hay dinero en el banco para pagarle?

Si lo tuviera, no buscaría los pagarés,

así que, por favor, busca conmigo.

Y, Ciro, ¿tus padres...? No los menciones, por favor.

Bueno, pensé que sería una solución.

No, ellos nos son la solución, son mis pagarés

y no se han evaporado así que estarán por aquí.

Sí, claro.

Pues, sabes que...

¿Qué?

Ahora, Fernandito, estará viajando a Venecia.

Pues, no me importa ahora mucho. Pues, debería, porque gracias

a nosotros, ese niño está sano y salvo

y quería decirte que estoy muy orgullosa de que nos dejaras

que se quedara en casa.

No me importa Fernandito, ahora,

a no ser que se llevara mis pagarés.

Ciro, ¿y si... si por alguna cosa no encontramos los pagarés,

qué nos puede pasar?

A medio plazo, en unos meses, estaríamos en la ruina

y a corto plazo, en unas semanas,

nos quedaríamos sin carbón

y moriríamos de frío, así que, búscalos.

Buenos días. Buenos días, señora.

Le parecerá mentira, pero, tras tantas noches

sin dormir, hoy, por fin, he pegadoojo.

No le han faltado las preocupaciones,

suba, que enseguida le sirvo el desayuno.

Prefiero desayunar aquí, si no es molestia para usted.

Claro, pues, siéntese, se lo pongo ahora mismo.

¿Sabe? Esta noche he soñado con mi padre.

Iba a la fábrica y me miraba desde la parte de arriba,

yo estaba entre las máquinas

con los obreros, organizando los pedidos

y él... él, simplemente, sonreía.

Él se sentiría

muy orgulloso de usted a pesar de todo.

¿A pesar de todo?

Él era un hombre muy especial,

nunca le gustó que nadie se inmiscuyera

en sus asuntos ni en sus negocios

y adoraba la fábrica, su fábrica.

Todos sabemos lo que llegó a hacer por mantenerla.

Bueno, yo, también, adoraba a mi padre, pero hay que reconocer

que la fábrica no estaba

en su mejor momento cuando falleció,

me cuesta un poco decirlo, pero...

Hable, hable, no se guarde nade dentro.

Pues, creo que mi padre no fue un buen negociante.

Ah, vaya, ¿y en cambio usted sí lo es?

Bueno, no sé si yo lo soy,

lo que sé es que trato

de buscar soluciones a cada problema.

Se trata de que las máquinas funciones, que los obreros

lleven el pan a sus casas...

Rosalía, ¿está usted tratando de decirme algo?

No, no, yo no entiendo nada de negocios,

bastante tengo ya con llevar esta casa.

Hable, hable, no se guarde nada dentro.

Verá, perdone, señora, pero, no creo que sea buena idea

que don Rodolfo Loygorri entre en el negocio.

Se trata de eso.

Cuando se entere su hermana Blanca.

Se enterará a su debido tiempo.

La verdad es que no puedo decir

que el apellido Loygorri me sea grato.

Han pasado tantas cosas durante estos años.

Doña Dolores Loygorri, que en paz descanse,

trajo mucho dolor a esta familia.

Pero no me quedaba otro remedio.

Los obreros continuarían con la huelga.

Necesitaba un inversor que nos sacara de esto.

Y tampoco creo que le guste al Sr. Montaner.

Hago lo que puedo, doña Rosalía.

He desbloqueado la situación

y, bueno, yo creo que Rodolfo sabrá estar en su sitio.

Que Dios la escuche, señora.

(SUSPIRA)

Rosalía.

¿Quiere algo más?

Quiero que confíe en mí.

Pero si yo confío en usted.

A veces me siento muy sola.

No es fácil llevar un negocio con todo el mundo juzgándote.

Lo sé, bueno, procuraré que no se me note lo que pienso

para que no se sienta juzgada. -Eso es imposible.

Es usted transparente. (RÍE)

Su padre se sentiría muy orgulloso de usted, mucho.

No lo dude.

-Ah, Velasco. -Gabriel, ya era hora. ¿Y Úrsula?

-Ah... -¿Por qué no ha venido Úrsula?

Es con ella con quien tengo que hablar.

Verás, le pedí que se quedara en casa descansando.

Espero que no te moleste.

-La había citado a primera hora. -Lo sé, lo sé.

Pero es que no ha pegado ojo en toda la noche.

Está muy afectada, me cuesta entenderlo.

Pero supongo que es normal, al fin y al cabo,

ese hombre fue su marido durante mucho tiempo.

Entiendo el impacto que tiene esta noticia,

pero era importante hablar con ella.

Necesito saber detalles de la víctima.

-Tal vez yo podría ayudarte. -Úrsula es la esposa,

hay cierta información que solo ella me proporcionará.

Entiendo, entiendo, lo siento, de verdad.

Me encargaré de que mañana mismo a primera hora esté aquí.

Puede negarse a declarar, nadie la ha detenido.

Pero esa negación solo la haría quedar en mal lugar.

No, no, ella quería venir, ha sido culpa mía.

Verás, noté que no estaba bien y me salió el instinto

de cuidarla y protegerla. Hubieras hecho lo mismo por Bruna.

Si mi mujer fuera sospechosa de asesinato,

le diría que fuera a comisaría a esclarecer los hechos.

¿Me estás diciendo que mi mujer es sospechosa de asesinato?

Ha muerto un hombre que la estaba chantajeando.

Pero Úrsula es incapaz de hacer algo así.

Que te lo plantees es absurdo, te lo digo como amigo.

No apeles a nuestra amistad, ese no es un buen camino.

La amistad no se deja a un lado como un sombrero,

se lleva siempre puesta. -Mejor hagamos un paréntesis,

Porque, si no, me es muy difícil verte como sospechoso.

¿Perdona?

O sea, ¿yo también soy sospechoso de la muerte de Damián?

-¿Ha llamado Gabriel? -No, no ha llamado nadie.

¿Seguro? No ha sonado el teléfono.

Se hubiera sonado, lo hubiera oído usted misma desde la trastienda.

-Me ha parecido escucharlo. -Le aseguro que no llamó nadie.

Me lo ha preguntado tres veces en la última media hora.

Gabriel quedó en llamar y me extraña muchísimo que...

que no lo haya hecho ya. -No se preocupe, ya lo hará.

Sí, seguro que sí.

Cata, deja, ya sigo yo con los sombreros.

¿Puedes ir a colocar el pedido que acaba de llegar?

La trastienda está hecha un desastre.

-Yo me encargo. -¿Esta carta?

Es mía. No se preocupe, es un asunto personal.

Bien.

-¡Buenas tardes, Úrsula! -Bruna.

-¿Te encuentras bien? -Preocupada por el negocio.

Poco movimiento últimamente.

No debería pensarlo, pero no puedo evitarlo.

Ya, yo te entiendo, mi niña, a mí me pasa algo parecido.

-¿Qué ha pasado? -Nada, nada, nada.

Ya que insistes, te lo voy a contar.

Le he tenido que prohibir a Federico que vea a Celia.

A mí no me gusta llegar a estos extremos,

pero no tuve más remedio. -¿Y por qué has hecho eso?

Son amigos desde hace mucho tiempo.

Yo tengo mis motivos y son muy graves.

No debería contártelo, me da apuro decirlo en voz alta.

Celia es una depravada. -¿Por qué dices eso, Bruna?

Le gustan las mujeres, Úrsula. ¿Tú te lo puedes imaginar?

Una mujer intimando con otra, ¿dónde se ha visto esa aberración?

No podemos negar los hechos, Damián se negó a concederle

la nulidad a Úrsula, así que su muerte os viene bien a los dos.

Ahora ella es viuda y ya podéis casaros.

Pero, Velasco, no... de verdad, no puedes pensar

que somos capaces de matar a una persona para casarnos.

Te sorprendería saber cuántas parejas lo hacen.

Pero esto es una locura. ¡No puedes hablar en serio!

¡Por Dios! Úrsula y yo nos somos una pareja de desconocidos

que aparecemos en el periódico. Somos tus amigos, nos conoces.

Nadie tiene más interés que yo en que esto se solucione,

por eso ella debería haber venido.

¿Acaso hay indicios de violencia en el cadáver?

Hay que esperar a la autopsia, es lo normal.

Pero sí, es evidente que ha sido asesinado.

¿Por qué es evidente?

A lo mejor se suicidó, ese hombre estaba desesperado.

Un suicida deja una nota de despedida.

Y suele utilizar un método más natural para matarse.

Tirarse al río me parece un método habitual.

A lo mejor se ató a una piedra para hundirse.

Esos casos ocurren, ¿no? -No lo hizo

¿Y no utilizó ningún peso?

Una cuerda, algo que le impidiera salir a flote.

No, nada. Solo apareció el cadáver con la ropa hecha jirones.

Y con un solo zapato. Imagino que el otro

se lo ha llevado la corriente. -Vaya, ¿y cuánto lleva muerto?

Una semana, así que convendría que empezarais a hacer memoria

sobre dónde estuvisteis ese día.

Velasco, han pasado muchos días, ¿cómo quieres que me acuerde?

La necesidad debería activar tu memoria.

Esto no es ninguna broma,

tanto Úrsula como tú necesitáis una buena coartada

y, a ser posible, con un testigo que la corrobore.

Velasco, no me gusta que me hables así.

Sé que tú no has hecho nada,

pero debéis prestar declaración cuanto antes.

Gracias por venir. Tengo buenas noticias que darle.

Menos mal, cuando me avisaron que viniera, temía lo peor.

Hable con los obreros, ya no hace falta que estén en huelga,

pueden volver al trabajo.

¿El seguro se hace cargo de las indemnizaciones?

El seguro soy yo, conseguí reunir el dinero para pagarles.

No sabe cuánto me alegro.

¿Y se puede saber cómo lo ha conseguido?

Si no es mucha indiscreción. -Tenemos un nuevo socio y,

con el capital inicial que ha aportado, cubriremos el pago.

Esas palabras son gloria bendita.

Ya no podía ir a la fábrica y mirar a la cara a los obreros.

Sí, lo hemos pasado mal, pero las cosas irán mejor.

-¿Y quién es el inversor? -Rodolfo Loygorri.

-¿El Sr. Loygorri? -Sí. Sí, ya sé que no es

el inversor más fiable, pero es el que hemos encontrado.

No estamos en posición de elegir. -No, yo lo comprendo,

disculpe mi reacción, pero me ha sonado raro.

Puede ser un buen socio, pensémoslo así.

-De acuerdo. -¿Interrumpo algo importante?

No, Benjamín ya se iba. Le estaba contando las novedades.

Hable con los obreros, por favor. -Ahora mismo. Señor.

Ah...

Cuéntame. ¿Cómo se ha tomado la noticia?

Pues no le ha gustado, pero se ha cuidado mucho de decírmelo.

Es un hombre de negocios, sabe el terreno que pisa.

No tiene un pelo de tonto. -No me gusta,

para qué nos vamos a engañar. -No tenemos otra opción.

Y de nada sirve lamentarse ahora.

Me preocupa cómo decírselo a Blanca.

Tener a Rodolfo como socio es como traerlo de vuelta a la familia.

-No es lo mismo. -Pero, aun así, no sé cómo hacerlo.

Quizá sea mejor que no se lo diga.

Yo soy partidario de coger el toro por los cuernos.

Si se entera por otra persona, sería peor.

No, ahora no puedo.

Prefiero esperar a que se calmen las cosas,

que nos recuperemos tras lo ocurrido con Fernandito.

He hablado con la niñera, han cogido el barco hacia Venecia.

Cuando se reúna con Francisca me lo comunicará.

Me alegro mucho. Pensar que Luis quería dar al niño en adopción...

si eso llega a ocurrir, no sé. -Pero no ha sido así

(SUSPIRA) Gracias a Dios.

Supongo que sabes que el responsable de esto es Benito.

-Sí, lo sé, lo sé. -Tenemos que hablar con él

y poner las cosas en su sitio.

Por favor, no le eches una reprimenda.

¿Quieres que le dé una palmada en la espalda

y le invite a una copa de whisky? -Entiende su situación.

No atraviesa su mejor momento.

Es normal que se equivoque tomando decisiones.

Cariño, ¿pretendes que olvide lo que hizo?

Solo quiero que nos centremos en lo que hará con su futuro.

¿Hasta cuándo te sentirás en deuda con él?

No eres responsable de la muerte de sus padres.

No lo trates como a un niño indefenso, no lo es.

¡Salvador, por favor! Tengo que recibir a Rodolfo,

no me pidas que hable con Blanca y Benito.

Los problemas, de uno en uno. -Está bien.

Gracias. Me voy a trabajar.

(SUSPIRA)

(LLAMA A LA PUERTA) Adelante.

Andrea.

Gracias por venir. No me dé las gracias, yo encantada.

Ya. Te he llamado por un asunto importante.

Conozco el resultado de la autopsia de Ofelia.

Tenía cáncer. ¿Cáncer?

¿Y cómo es que no se dio cuenta? No tuvimos tiempo para detectarlo

y mucho menos para intervenir. Pero no es eso lo que me preocupa.

¿Entonces qué es? Porque lo veo muy serio.

Llevo un año haciendo un estudio sobre el radio,

es un elemento químico particular.

En pequeñas dosis, combate el cáncer,

y en mayores proporciones lo puede provocar.

¿Crea la enfermedad y la cura? Eso es, más o menos.

Me preocupa que Ofelia trabajaba en la fábrica contigo

y usáis el radio para pintar los relojes.

¿Piensa que a lo mejor estamos todas contagiadas?

Tengo la impresión de que su cáncer se pudo producir en la fábrica

y que el resto de trabajadoras podríais estar en riesgo.

¿Pero qué me está diciendo? ¿Que me voy a morir?

No, tranquila, Andrea, no te morirás.

Es importante que me digas cuál de tus compañeros

puede presentar estos síntomas: sangrado en la tos,

deterioro dental, algún bulto extraño.

Ese era el caso de Ofelia. Exactamente.

Si algún compañero presenta estos síntomas,

que venga a verme de inmediato, ¿de acuerdo?

De acuerdo. Gracias por avisarme.

Es usted una suerte de persona.

Andrea... no.

¿Pero por qué?

Menuda cara de funeral que llevas.

Sofía, tengo un problema, un problema muy serio.

¿Los pagarés se van a hacer efectivos?

En breve. He intentado aplazarlos, pero no, es que no hay manera.

En el banco son como chacales,

no me han dejado ni explicar los motivos.

Bueno, es normal, es su trabajo.

Ellos te dejan el dinero y te dan un plazo para devolverlo.

Y, si no lo haces... -Te embargan los bienes.

-¿Os embargarán todo a Ciro y a ti? -Eso me han dicho.

Las amenazas las pronuncian con una sonrisa,

no sé si de sadismo o por educación.

Dios mío, Elisa, eso es horrible. Habla con tu marido.

No puedo, eso agravaría las cosas. Hoy buscaba los pagarés como loco.

-¿Por qué los buscaba? -Para pagar el carbón.

Ay, Sofía, fíjate, en ese punto de pobreza estamos.

Ay, Elisa, por favor. Tienes que hablar con él.

No, he buscado una solución mejor.

¿Una solución mejor que decirle la verdad?

Sí. Voy a visitar a un prestamista.

Dicen que esas oficinas funcionan muy bien,

que sales con el dinero debajo del brazo.

Sí, y con una condena de por vida.

Elisa, los prestamistas son usureros.

Se aprovechan de la gente que está desesperada.

Ya, pero te sacan del apuro.

Te reclaman el dinero con unos intereses altísimos.

Te devoran. Y lo peor no es eso,

son sus métodos para liquidar sus deudas.

¿Y tú cómo sabes tanto de prestamistas?

Un tío abuelo mío se arruinó por culpa de uno de esos usureros.

Sofía, yo creo que esas historias son exageraciones.

-No lo son. -Necesito que me presten dinero,

¿y qué hacen ellos? Prestar dinero, ¿no?

Pues ya está. -Elisa, habla con Ciro.

Es tu marido, tienes que ser sincera con él.

Sofía, no voy a hablar con Ciro.

Voy a ir al prestamista.

Y, si es el demonio, me acordaré de ti y saldré corriendo.

Ya veo que se arrepiente del beso de ayer.

No. ¿No le he dejado buen recuerdo?

No, no es eso, pero no debería haber ocurrido.

¿Tiene miedo de que le contagie? El cáncer no se contagia.

Escucha, ayer los dos estábamos muy afectados por lo de Ofelia,

sobre todo tú y, quizá... No me explique nada.

Quiero hacerlo. No hace falta.

Quiero disculparme por el malentendido.

Es muy simple, no es la primera vez que me pasa.

¿A qué te refieres? La culpa es mía,

a ver si aprendo de una vez.

Usted es un doctor, nunca habrá nada

entre alguien como usted y alguien como yo.

Al menos, no sin dinero de por medio.

Andrea, eso no es así. Quizá no debí dejarme llevar.

No pienses de esa manera. ¿De qué manera?

Como si no pudieran quererte.

Doctor, es usted muy bueno, pero también muy inocente.

Alguien como usted jamás amaría a alguien como yo.

Yo creo que el amor va más allá de eso.

¿Es que usted ha amado alguna vez así,

pese a todo y contra todo?

Sí. Lo he hecho.

Buen intento. Se lo agradezco.

No parece haber sufrido por amor. Andrea, espera.

Adiós, doctor. Escúchame.

Traigo noticias. -¿Dónde está el crío? ¿Lo sabes?

-Sí. -Dime dónde está, voy a por él ya.

Tendrías que nadar muy rápido para alcanzarle.

-¿Qué quieres decir? -Viaja en un barco hacia Venecia.

¿Hacia Venecia? Eso es que lo llevan con su madre.

Nos han ganado la partida, Luis.

¡No tienen derecho a quitarme a mi hijo!

¡Sabía que lo tenían ellas! ¡Lo sabía!

Tenía que haber presionado más a Diana cuando fui a buscarlo

y haber pedido a la Policía que lo buscaran con más ahínco.

Pero no lo hiciste, de nada sirve lamentarse ahora.

-¡No me quedaré de brazos cruzados!

Esta jugada nos salió mal, pero habrá otras.

No pararé hasta vengarme de toda la familia Silva.

-¿No era esta la ocasión perfecta? -Lo sé, pero toca resignarse.

Ya no vas a poder traer al niño de vuelta.

Tal vez no, pero puedo hablar con un abogado

y exponerle la situación. Cualquiera verá que

me han quitado a mi hijo con malas artes y falsificaciones,

¡con falsificaciones y escondiendo al niño!

¡Es un secuestro! -Habla con un abogado si quieres.

¿Te estás riendo de mí?

Relájate, no eres nada práctico, eso es todo.

¿Adónde vas ahora?

¡A hablar con un abogado!

Ah...

Benjamín ya habló con los obreros y suspenderán la huelga.

Con lo cual, la fábrica se pondrá en marcha de inmediato.

Lo celebro. No era un buen augurio comenzar con máquinas paradas

y el personal descontento.

Bueno, pues creo que ya te lo he enseñado todo.

Quiero un listado de clientes, los libros de cuentas

y albaranes con las facturas del último año.

-¿Un listado de clientes? -Ajá.

Reconozco que no pensé que te fueses a preocupar por eso.

Si invierno mi dinero en un negocio,

lo mínimo es conocerlo de arriba a abajo.

Te enseñaré el libro de cuentas.

La relación con los clientes la mantengo yo,

así que no tienes por qué preocuparte de eso.

Mira. De eso, precisamente, quería hablar contigo.

Diana, ¿nunca has notado cierto rechazo

por su parte? -¿Rechazo? ¿Por qué?

Estarás de acuerdo conmigo que a un empresario

no siempre le agradará tratar con una mujer.

Bueno, tuve problemas al principio. No te lo voy a negar.

Pero creo que he sabido ganarme mi sitio. Puedes estar tranquilo.

A partir de ahora, me encargaré yo del trato

con el cliente, si te parece bien.

Rodolfo, con todos mis respetos,

creo que en este tipo de acuerdos comerciales,

la confianza es algo esencial.

A los clientes no les gusta cambiar de interlocutor.

Supongo que, como hombre de negocios, estarás de acuerdo.

-No. No lo estoy. -¿Y ya está?

¿No vas a argumentar por qué debo ceder en algo

que llevo haciendo durante años?

Diana, verás, en los negocios, no estoy acostumbrado a dar

explicaciones, y menos, a una mujer.

Te enseñaré el listado de clientes.

No hace falta. Ya lo cojo yo.

Con que me digas dónde está. -En mi despacho.

Creo que sabré encontrarlo.

No hace falta que me acompañes. Gracias, Diana.

Blanca, ¿qué haces aquí?

Siento molestarte en el trabajo,

pero es que necesitaba hablar

con alguien. ¿Ha ocurrido algo?

He discutido con Cristóbal. Ah.

Hasta el punto de apartarle del proyecto

de las Damas Enfermeras. Este no es

el lugar más adecuado para hablar de eso.

Si quieres, puedo invitarte a tomar un té y hablamos.

Muy buena idea. Vamos. -¡Diana!

Tienes que poner un poco de orden en tu despacho.

No hay quien encuentre nada.

Rodolfo, ¿qué haces aquí? Trabajar.

Soy el nuevo socio de la fábrica.

¿No lo sabías? ¿Qué?

Diana. Ahora te lo explico.

Diana, sube cuando tengas

un segundo, por favor. -Sí.

¿Me lo puedes explicar? Aunque, sinceramente,

no creo que puedas explicármelo.

(Suena música de piano)

Benito, me alegro de verte. Me gustaría hablar contigo.

Si me va a regañar por lo del niño, ya le pedí disculpas

a doña Diana. -No quiero hablar de eso.

-¿Ah, no? -El niño está a salvo, en parte,

gracias a ti. Así que queda todo olvidado.

Veo que su mujer sabe llevarle.

¿Cómo dices?

No soy tonto, señor.

Me doy cuenta de las cosas.

Yo no le gusto. Y si por usted fuera,

me echaría de la casa.

A mí no me importa que estés en casa.

Pero eso sí, me gustaría saber qué piensas hacer con tu vida.

Dentro de nada, vas a recibir la indemnización.

No quiero trabajar. Ya trabajé bastante en mi vida,

desde bien pequeño, deslomándome en las fábricas.

¿Qué tal si inviertes ese dinero

en costear una buena educación?

Tampoco quiero estudiar.

¿Cómo dices? Entonces, ¿qué piensas hacer?

Quiero pagarme un pasaje en un barco y viajar

por los cinco continentes. -Eso no me lo esperaba de ti,

pero me parece buena idea.

-Así me pierde de vista. -No.

No lo digo por eso. Un muchacho de tu edad debe viajar,

conocer gente diferente y culturas dispares.

Entonces, ¿le gusta mi idea?

Si a doña Diana no le parece bien, ¿me apoyará?

Evidentemente, te apoyaré.

Ponte en mi lugar. Tenía que hacer frente a muchos pagos

y no tenía dinero. Necesita un inversor.

¿Y no podía ser otro? ¿Tenía que ser Rodolfo?

Él tenía el dinero. Buscaba un negocio para invertir.

¿No ves que solo aceptó para hacerme daño?

Tampoco me hace gracia que sea mi socio,

pero no tuve más remedio. ¿Y cuándo pensabas contármelo?

No sabía cómo iba a decírtelo, porque sabía que te ibas a enfadar.

Sabías que iba a molestarme cuando supiera

que Rodolfo era el socio de la fábrica

y, aun así, lo has hecho. Y lo peor es que me lo ocultaste.

No sé. ¿Tan poco te importa lo que piense?

Claro que me importa. Lo hice por el bien del negocio,

para que los obreros cobrasen las indemnizaciones.

Siempre te importan más los obreros que tu hermana.

No digas eso. No es verdad.

Diana, me ha costado Dios y ayuda conseguir la nulidad

y Rodolfo me ha hecho la vida imposible.

Y cuando por fin conseguí sacarlo de mi vida,

ahora es el socio de la fábrica familiar.

Lo siento, Diana, pero esto no lo entiendo.

(Portazo)

Qué callado estás. ¿Te encuentras bien?

Estoy revisando estas cuentas y parece que cuadran.

No me refiero a eso. Me refiero a ti.

Sé que estás disgustado por los problemas con tu hija.

Elisa es caprichosa y muy terca. Ya se la pasará.

Elisa es tu punto débil. Esa niña sabe cómo hacerte sufrir.

En este momento, lo único que me hace sufrir,

es este libro de cuentas. -Si has dicho que cuadraban.

El negocio no da tanto dinero como yo pensaba.

Bueno, una casa de tolerancia da dinero.

No es un negocio para hacerte rico.

Deberías saberlo. -Tú deberías saber

que no me meto en un negocio para cubrir gastos

y sacar dinero para cambiar cortinas.

-¿Contrato a más chicas? -Hay que hacer algo.

Quiero sacarle más dinero a todo esto.

Quiero volver a ser uno de los hombres

más adinerados de Madrid. -No sé.

Podríamos vender algo de exotismo.

No me sería difícil contratar a chicas africanas.

El dinero no está en las chicas, Cándida.

Está en los clientes.

¿Y qué pretendes? ¿Subir la tarifa?

Los clientes vienen aquí en secreto.

Salen muy satisfechos, pero con un pecado que ocultar.

Y la discreción es nuestra mejor bandera.

Sobre todo, sabiendo que tenemos clientes que son muy conocidos.

Bueno, pues yo te propongo cambiar

esa discreción por el chantaje.

¿Chantaje?

Sí. Nuestros clientes no quieren que se sepa

que frecuentan una casa de tolerancia.

Ya estoy harto de tanta discreción.

Yo quiero dinero. No quiero medallas, Cándida.

A ver si te entiendo.

¿Pretendes que extorsionemos a nuestros clientes?

No a todos, no. Solo a los más importantes,

a los que merezca la pena.

Como, por ejemplo, al cliente que tiene esta noche Amalia.

Es un empresario catalán millonario

y católico a ultranza.

-Perfecto. -Ricardo, yo siempre

he respetado unas reglas.

Incluso, en este negocio, hay reglas.

Y tú me estás pidiendo que me las salte.

Me parece mucho riesgo.

¿Ahora vas a darme un discurso

sobre la moral? -No.

¿Sabes lo que voy a hacer?

Ocupado. -Discúlpeme, señorita.

Tenía que haber llamado. -No te preocupes, Benito.

Si querías ver algo, llegas unos segundos tarde.

Señorita, por favor, ¿cómo puede pensar...?

Estoy bromeando, Benito. No te preocupes.

Yo ya he terminado. Si quieres, el baño es todo suyo.

Gracias. Y, por favor, discúlpeme otra vez.

No te preocupes. Estás disculpado.

De hecho, quería darte las gracias

por ayudarnos a recuperar a nuestro sobrino.

Sin ti, no lo habríamos conseguido.

Se lo llevaron por mi culpa. Era lo mínimo que podía hacer.

De sabios es rectificar a tiempo.

Me parece que yo muy sabio no soy.

De verdad, Benito, está todo olvidado.

Creo que estás pasando por un momento muy complicado.

Después de la pérdida de tus padres,

estás autorizado a equivocarte.

También quería darle las gracias a usted.

¿A mí? ¿Por qué? Si no hice nada.

Todas ustedes me han acogido con mucha amabilidad.

Faltaría más. El único problema lo vamos a tener

cuando intentes disputarme el baño.

Señorita, le pido disculpas otra vez.

Benito, es broma. No te preocupes.

Ya me conocerás. Me gustar bromear.

Así que no hace falta que te sonrojes tanto.

-¿Estoy sonrojado? -Un poco.

Buenas noches. Descansa.

Pase, señor Mijai...

Mihajlovic.

Pero llámeme León.

Es mucho más fácil. -Bien.

León, siento no poder ofrecerle nada de beber,

pero lo cierto es que tenemos un asunto que tratar

bastante importante y me gustaría hacerlo cuando antes.

Siéntese.

Si no le importa, preferiría permanecer de pié.

Usted continúe con su historia. Yo la escucho.

Lo que ocurre es que... no sé,

me concentró mejor paseando y mirando cosas.

Pero tiene toda mi atención.

Se lo aseguro. -Está bien.

Veamos. Como puede imaginar,

me veo en la necesidad de pedir dinero prestado.

No sé cómo pude llegar a esta situación,

porque siempre me pude permitir lujos.

Conozco a más de una familia que se ha arruinado

de la noche a la mañana. -No estoy arruinada.

Estoy pasando por un mal momento.

Pero son cosas bastante diferentes.

Pues, entonces, no la veo a usted tan desesperada.

No. No lo estoy. Simplemente, mi situación me lleva a...

a recurrir a su ayuda.

Pues aquí me tiene.

¿Sucede algo?

No, no. Simplemente...

Bueno, no pensé que usted fuera a ser

un hombre tan joven y... -¿Y?

Y tan joven.

Bueno, lo cierto es que tuve que marcharme de Rusia,

porque allí las cosas se estaban poniendo un poco feas

para la aristocracia. -Ah. ¿Usted es aristócrata?

Así es. Pero no se debe dejar intimidar por los aristócratas.

Somos gente de lo más normal.

También tenemos ataques de tos, callos en los pies

o nos duelen los huesos cuando hace frío.

Tranquilo. No me dejo intimidar,

porque, lo cierto, es que yo misma

conozco a la Reina Victoria Eugenia.

-¿De verdad? -Ajá. De hecho, mi hermana y ella

son íntimas amigas. -Vaya. Celebro saberlo

En una ocasión, fui invitado a un baile en palacio,

pero nadie me la presentó.

Imagino que un aristócrata ruso que ha huido de su país,

no debe ser gran cosa en Madrid. -No diga eso.

Ayuda a la gente con su dinero y eso está muy bien.

Lo que hago, es ayudar a la gente de buena posición

que pasas por una mala racha.

Jamás me aprovecharía de los pobres,

como hacen otros prestamistas.

Entonces, vamos a llegar a un acuerdo rápido,

porque soy una mujer de buena posición.

No lo dudo. De hecho, solo queda un pequeño detalle

para que cerremos nuestro acuerdo. -¿Y cuál es?

La aprobación de su marido.

María, encárgate tú de dormir a la niña. Y dile a mi marido

que he salido a hacer un recado. -Descuide.

Esta noche tiene una cena de negocios,

así que, lo más probable, es que vuelva yo antes que él.

-¿Manda alguna cosa más? -No.

Vaya. Pero qué guapa te has puesto.

¿Adónde vas a ir? -Pues he quedado con una amiga

que está de paso en Madrid y vuelve mañana a Barcelona,

así que tenía que verla hoy.

-Ya. -¿Tú no tenías una cena?

Sí, sí. Pero la he cancelado. Hoy ha sido un gran día.

Hoy he empezado el trabajo en la fábrica.

El banco me abrió de nuevo el crédito.

Por fin volvemos a tener dinero.

-¿De verdad? -Sí.

Te dije que los buenos tiempos volverían. ¿Te lo dije o no?

Toma. Gástatelo con la amiga.

Te iba a invitar a tomar una copa para celebrarlo.

Pero no te preocupes. Lo haremos en otro momento.

Pero aquí hay mucho dinero.

Bueno, pasadlo fenomenal. Y cómprate lo que te dé la gana.

Hacía tiempo que no te veía tan feliz.

Es que lo estoy. Lo estoy, Amalia.

Lo he pasado tan mal estos meses.

¿Qué te voy a contar que no sepas?

Pero ahora estoy eufórico. No hay quien me pare.

¿Sabes lo que te digo?

Que yo también voy a cancelar la cena con mi amiga.

Sí. Quiero celebrarlo contigo.

-¿De verdad me lo dices? -Completamente.

Anda, ven aquí.

Comprendo que necesite el permiso de mi marido,

¿pero no podríamos hacer una excepción?

Señorita, ya es excepcional estar discutiendo

un asunto de esta clase,

directamente, con una mujer. -Ya.

Verá. Es que mi marido es un hombre muy ocupado.

Y, además, se siente humillado

por el hecho de tener que pedir dinero.

Lo lamento mucho, pero no puede ser.

No. No importa. La verdad es que yo...

Es todo culpa mía, señor.

En cuanto ha entrado, he pensado que usted podía ayudarme,

porque me ha inspirado mucha confianza.

Pero no se preocupe. Es culpa mía.

Lo lamento. Gracias por su atención.

Tampoco diga eso. Tampoco se ponga así.

No. No pasa nada.

Simplemente, tendré que acudir al prestamista del barrio.

Lo que pasa, es que es un hombre muy tosco y muy violento.

Pero no se preocupe. Me haré cargo.

De nuevo, gracias por su atención.

Espere.

-¿Qué? -Por una vez y solamente

por una vez, podremos hacer una excepción.

¿De verdad?

-Pero, solo, con una condición. -Dígame en su condición.

Confío plenamente en su buen criterio.

-Que usted me acompañe a un baile. -¿A un baile?

Sí. Yo soy muy buen bailarín. Lo pasaremos bien.

¿Por quién me ha tomado? Salga de mi casa ahora mismo.

Señorita, no se ofenda por tan poco.

¿Acaso no le gusta bailar? -Yo soy una mujer decente.

Y usted es un sinvergüenza. Salga de mi casa ahora mismo.

Está bien. Disculpe.

Verá...

Se trata de la muerte de Damián.

-Yo le maté. -Úrsula y yo ya hemos estado

en la cárcel y no vamos a volver a pisarla.

Esta tarde, tenemos que testificar,

así que necesitamos que usted corrobore nuestra historia.

Seguro que es un viejo en busca de una jovencita.

Pues no. Viejo no es.

Pero, vamos, que yo no pienso aceptar.

-Desde luego que no. -No.

Y eso me hace pedirte un favor.

Necesito el dinero. Luego te lo devuelvo.

Elisa, lo siento mucho, pero eso es imposible.

Muy bien. Hablaré con el usurero y me que diga

la fecha y hora del baile. -No me hagas sentir culpable.

Perdón, señora. No sé cómo decírselo. Verá...

¿Ha llamado el mismo proveedor de siempre para quejarse?

No se trata de eso. Se trata del señor Loygorri.

He estado con él revisando

en el despacho unos albaranes y ha ocupado su mesa.

Las damas enfermeras deben incorporarse al hospital de Málaga.

Pero antes, necesitamos formación sobre cómo tratar

las heridas producidas en la guerra.

Y usted ha decidido que yo soy el indicado para darles

esa formación. No es que lo haya decidido,

es que usted es la pieza clave. Ya.

No abandoné el proyecto por mi propia voluntad.

Sé que fue Blanca quien le apartó de él,

pero supongo que estaría dispuesta a reconsiderarlo,

si usted se disculpa.

Me debes un servicio y me lo vas a hacer.

Ni este ni ninguno. Así que ya puedes ir repartiendo

mis citas entre las demás chicas.

Ellas lo harán gustosas. Yo no.

A ver, ¿qué está pasando aquí?

Venga, díselo.

Dejo el trabajo.

Yo me considero una mujer normal.

Por eso mismo, tienes que enfrentarte a esa gente

que está diciendo mentiras sobre ti.

Yo no hago nada malo, ¿sabes?

Pero hay parte de verdad en lo que oíste.

¿Tú crees que es imposible amar a una mujer?

Te debo una explicación. A mí no me debe nada.

Ya se lo dije. Alguien como yo no puede tener nada

con alguien como usted, más allá de las paredes

de la casa de tolerancia. Ya está.

Yo lo sé. Usted lo sabe. Dejemos de hablar de lo mismo.

Es que yo no opino lo mismo que tú sobre este asunto, Andrea.

Se celebra la Feria del Automóvil en Barcelona

y quiero que seas mi representante.

Podrás llevarte a Elisa.

Los gastos corren de mi cuenta. -Le encantará la idea.

La vida es muy injusta.

Siempre premia a quien menos se lo merece.

Así es.

Si la vida no reparte justicia,

tal vez, sea yo el que tenga que hacerlo.

Salvador me ha ofrecido hacer un viaje de negocios a Barcelona,

con todos los gastos pagados. -¡Ay!

Me alegro mucho por ti. -Tú también puedes venir.

Saldríamos mañana y volveríamos dentro de dos días.

¡Le digo que se marche y si sigue con esa actitud,

llamaré a la policía! -¡Quiero hablar con Diana!

¡Exijo verla! -¡Llámela por teléfono

y pídale una cita! -¡Apártese, si no quiere

que sea yo el que lo haga! -¿Qué pasa aquí?

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  • Capítulo 417

Seis Hermanas - Capítulo 417

10 ene 2017

Elisa debe hacer frente a los pagarés. Rodolfo empieza a trabajar en la fábrica. Blanca recrimina a Cristóbal su beso con Jovita. Velasco sospecha que Úrsula y Gabriel están implicados en la muerte de Damián. Cata descubre por casualidad que Celia es lesbiana.

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  1. Avatar de SanAlice SanAlice

    Totalmente de acuerdo con los dos comentarios.......puras maldades...los guionistas la escriben PEOR QUE LA VIDA REAL......

    12 ene 2017
  2. Carmen xia

    Exacto y pedimos a los que hacen los guiones q pase algo mas interesante y que haya felicidad y alguna boda no todo desgracias! Traigan aFrancisca pasra q se reeencuentren ella y gabriel

    11 ene 2017
  3. Celia

    Blanca ya cae pesada... cree que el mundo gira al rededor de ella...

    10 ene 2017