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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 416 - ver ahora
Transcripción completa

Creo que es Marina quien está detrás de todo esto:

del rapto, de la adopción. Todo por hacernos daño a nosotras.

Alguien debe hablar con ella y hacer que entre en razón.

Marina nos odia a todos. -Alguien como Cristóbal.

¿Quieres condenarte? ¿No ves que es una desviada?

Lo mismo te arrastra. No quiero que te vean

por la ciudad con una desviada. ¡Y se acabó hablar del tema!

Solo te pido que no la vuelvas a ver, ya está.

Nunca te has interesado en la fábrica, nunca te importó.

Bueno, ahora he estado estudiando sus números y,

si se hace bien las cosas, Tejidos Silva tiene un gran futuro.

¿Qué me dices del presente? ¿Qué quieres a cambio de tu dinero?

Una parte proporcional de la propiedad, ¿qué me dices?

Lo tendré en cuenta.

Don Ricardo Silva, Amalia, mi prometida.

Encantado, señora.

Lo cierto es que su rostro me resulta familiar.

Hubo un tiempo en que cantaba en el Ambigú,

quizás me recuerde de verme allí alguna vez.

¡Ah, sí, sí, sí, sí!

Sí, es posible que sea eso, sí. Sí.

Acabas de hacer que mi venganza sea más placentera.

Al menos dime dónde está el niño, por favor.

Ni aunque me retorcieras en cuello con tus manos te lo diría.

Así que vete.

(Sintonía)

(Suena música animada)

¿Tiene un minuto?

Amalia, ¿qué excusa le has puesto a Rodolfo para salir de casa?

¿O es que todavía sigue dormido? (RÍE)

Eso no es de su incumbencia.

Yo que tú no me comportaría de una manera tan altanera.

No te conviene.

Disculpe, no quería molestarle.

Solo he venido a... a agradecerle

que no le contara a Rodolfo que trabajo aquí.

Ah, la verdad es que me quedé muy sorprendido al ver

que era Rodolfo Loygorri, el hombre adinerado venido a menos,

con el que compartes tu vida. (RÍE)

No sabía que se conocían.

Ni yo que viviera con una meretriz.

(RÍE) -¡No soy ninguna meretriz!

Dejémoslo. -Hay que ver en lo que han quedado

los Loygorri, bueno. (RÍE)

Si doña Dolores levantara la cabeza...

Pues esa mujer tendría que haber aceptado la relación

como hacen los demás. (RÍE)

Cómo se nota que no la conociste.

Si hubiera visto a su hijo enredado con una persona como tú,

primero te mata y, luego, se muere. (RÍE)

Por suerte, la vida me ha resuelto el problema.

¿Y cómo vas a resolver el problema cuando Rodolfo descubra

a qué dedica su tiempo libre?

¿Va a delatarme?

¿Qué estarías dispuesta a hacer para evitarlo?

Necesito este trabajo.

Rodolfo está pasando una mala racha y necesito el dinero,

pero si supiera de dónde viene...

Haría lo que cualquier hombre con cierta dignidad.

Y eso sí que no te conviene.

Le juro por mis muertos que esto es solo temporal.

En cuanto Rodolfo se recupere,

volveré a casa a criar a nuestra hija.

Ah, la verdad es que te has dado mucha prisa

en tener una hija con él. -¿A qué viene eso?

-Bueno, las mujeres como tú sois muy listas.

Viste a un hombre rico que podía retirarte

y te diste prisa en cazarle.

No le consiento que hable así de nuestra relación.

No te hagas la ofendida, yo hubiera hecho lo mismo.

La pena es que él no sea tan listo como tú

y haya perdido todo su dinero.

-¿Y qué quiere que haga?

¿Que descargue contra él toda mi ira porque

no me dio la vida que soñé? Pues no.

Puede provocarme todo lo que quiera,

no oirá semejantes palabras de mi boca.

Por muy mal dadas que vengan, yo amo a Rodolfo.

Ya. Eres leal aún.

Veremos si sigues así con el paso de tiempo.

Déjese de juegos conmigo.

¿Me va a guardar el secreto o no?

Don Ricardo, si se lo cuenta me destroza la vida.

No voy a decirle nada.

Tiene suerte de que no me interese meterme en la vida de nadie.

Odio los dramas. -Ah, gracias.

Aunque podría saltarme mis normas

si no veo ninguna utilidad en seguir callado.

Pues sea claro y dígame de una vez qué es lo que quiere.

Ahora nada, no te alarmes, pero algún día quizá

necesite algo de ti y, entonces,

me cobraré este favor que te estoy haciendo.

¿Por qué tengo la sensación de estar pactando con el demonio?

Si quieres, hablo con tu marido y solucionamos este tema.

No, no hace falta. Cumpliré el trato.

El diablo puede ser malo, pero al menos es claro.

¿Se puede? Eh, no le esperaba a usted.

Pase, pase, por favor.

La Srta. Silva tenía otra reunión que atender a esta misma hora.

Algo más importante, supongo.

Un asunto familiar. Comprendo.

Doña Blanca está muy centrada en las Damas Enfermeras

y he venido yo hoy para descargarla y que esté más cerca de su familia.

Siéntese si es tan amable. Empecemos cuanto antes.

¿Hay alguna novedad? Sí.

Parece que, por su cara, no son buenas.

El obispo no aprueba que las Damas den servicio en Málaga.

¿Y qué mal ve en ello? No cree que señoritas

de buena familia deban atender a los soldados heridos.

Piensa que es una inmoralidad.

¿Es mejor dejarlos morir sin asistirlos?

Cree que deben hacerlo las monjas para evitar actos pecaminosos.

Como si las monjas no fueran mujeres.

Bueno, digamos que la Srta. Blanca ha insistido sin demasiado éxito.

Quizá si hubiese tenido su apoyo... Mis reticencias no tienen

nada que ver con las que defiende el obispo.

Ni siquiera tuve la oportunidad de exponer mi postura debidamente.

Hay gente que busca los pecados en todas partes

sin darte cuenta de que los tienen delante.

Sí. Pero sería mejor que centrasen sus esfuerzos

en algo más... más enfocado a la caridad.

Sabemos que ese hospital nos necesita.

Pero al proyecto de las Damas Enfermeras

no le conviene enemistarse con la Iglesia.

Aunque el obispo se niegue y no contemos con su apoyo,

tenemos la aprobación del ministro de la Guerra.

Les interesa el apoyo de la Iglesia.

Tenemos el de la reina,

y está encantada con esta iniciativa.

Bien. ¿Están decididos a seguir adelante con esto?

La Srta. Silva no sacrificará el bienestar de los soldados

por esas prevenciones morales de las que habla en obispo.

Muy bien.

¿Rodolfo Loygorri nuestro socio? -Sí.

-¿Y qué le has dicho? -Que tenía que consultarlo contigo.

¿Qué piensas?

Solucionaría nuestros problemas de liquidez,

podríamos pagar las indemnizaciones y acabar con la huelga.

-¿Pero...? -No sé, hay algo que no me gusta.

-Que Rodolfo sea el inversor. -Supongo.

No tengo muy buen recuerdo de los negocios con los Loygorri.

Pero eso era la época en que don Ricardo estaba por en medio.

Ahora las cosas han cambiado y Rodolfo es amigo mío.

Aunque, con amigos como estos... -¿No te fías de él?

Sé que su falta de escrúpulos chocaría contigo.

Pero te inclinas a aceptar su oferta.

Sí, tú lo has dicho.

Con eso podríamos pagar las indemnizaciones.

No me gusta tener socios.

En el pasado no nos condujo a nada bueno.

Pero, bueno, lo pensaré.

Pues tiene que ser rápido, Rodolfo espera una respuesta ya.

Ahora mismo toda mi atención está puesta en recuperar al niño.

-Al menos, sabemos que está bien. -¿Pero por cuánto tiempo?

Cuando lo den en adopción ya no sabremos nada de él.

-Eso no va a pasar. -¿Cómo lo sabes?

-Porque tengo esperanza. -Pues yo la he perdido.

Creo que deberías llamar a Francisca para que volviera.

Va a ser un golpe muy duro para ella.

Lo sé.

Si me has llamado para hablar sobre mi detención

o mi colaboración con las sufragistas...

No, tranquila, no tiene nada que ver con eso.

Es personal. -¿Y por qué me citaste aquí?

Bueno, quería hablar contigo a solas y en un lugar seguro.

Y no hay ninguno mejor que este. -Está bien.

¿Qué pasa?

Bruna... me ha prohibido que sigamos viéndonos.

¿Pero por qué? Ayer hablé con ella y...

-Y hablaste de más. -Ah...

Ya veo por dónde van las cosas.

Está escandalizada por tus gustos.

Te considera una pervertida y... y una mala influencia.

-¿De verdad ha dicho eso? -Sí, me ha dejado claro

que no va a permitir que sigamos siendo amigos.

No me lo puedo creer, no debí haberle dicho nada.

Bueno, es fácil sincerarse con Bruna, tan dulce y amable.

Parece que lo comprenderá todo, pero he descubierto

que tiene unas fuertes convicciones religiosas.

Ya lo creo.

-¿Lo hiciste por mí? -Para quitarle de la cabeza

esa absurda idea de que estábamos enamorados.

-Sí, eso sí lo has conseguido. -¿Pero a qué precio?

Va a ser peor que cuando pensaba que éramos amantes.

Bueno, para mí lo que cuenta es la intención.

Has sido muy valiente al decirle la verdad.

¿Y qué vas a hacer?

-No lo sé. -¿Quieres que hable con ella?

¿Que le demuestre que no soy una amenaza?

No, no, no es mejor dejar las cosas como están.

Cuando a Bruna se le mete algo en la cabeza,

es difícil hacerle cambiar de opinión.

¿Entonces? ¿Vamos a dejar de vernos?

(SUSPIRA) No me lo puedo creer. -Ah...

Ciro, ya sé que la casa está hecha un desastre,

pero me acabo de levantar, dormí fatal y la cabeza me estalla.

Siempre tienes alguna excusa para justificar

el estado lamentable de la casa. Pero eso ya me da igual.

¿Ah, sí? ¿Entonces qué es lo que no te puedes creer?

-Lo que me contaron sobre tu padre. -¿Qué pasa?

Es socio de una casa de tolerancia.

Ah, ¿quién te ha contado semejante tontería?

Yo tampoco podía creérmelo,

pero me han dado los datos de la casa y todos la conocen.

Pero... pero eso no hablar muy bien de la gente que va al club.

Estoy segura de que mienten.

Mi padre puede estar en negocios turbios,

pero no en uno que atente contra la moral.

(RÍE) Ah, ¿tu padre? Permíteme que lo dude.

-¿Le estás insultando? -No le estoy insultando.

Pero hasta hace dos días no querías saber nada de él.

Ahora no te hagas la digna conmigo. -Le he perdonado.

¿Cómo puedes perdonar a alguien que se enriquece

explotando a unas pobres mujeres? Yo no soy capaz.

-¿Qué insinúas, Ciro? -Insinúo que no quiero

que vuelvas a verlo. -Ah.

No puedes prohibirme que le vea

ahora que he recuperado mi relación con él.

Fui el primero que te animó a hacerlo,

pero no pienso volver a tolerar que te vuelva a perjudicar.

Ah, mira, de verdad, gracias por preocuparte,

pero no hace falta. -¿No te das cuenta?

Sus otros negocios nos hicieron daño

y este no va a ser menos. -Este no es un negocio peligroso.

Al menos, no para mí.

Y si gana mucho dinero con eso,

es decisión suya participar en él o no.

¿Cómo puedes decir eso siendo una mujer?

-Soy práctica. -¿Práctica?

Pues yo soy un hombre con principios

y no pienso tolerar que mi mujer se relacione con un proxeneta.

Ciro, tú no eres nadie para prohibirme nada.

¿No? Soy tu marido y, por una vez en tu vida,

harás lo que yo te diga.

Lo último que quiero es dejar de verte.

Gabriel y tú sois mis mejores amigos.

Tú has estado a mi lado siempre que lo has necesitado.

Y tú al mío.

Pero es lo que hay que hacer,

si es la única forma de contentar a tu esposa.

¿Ya está? ¿Te das por vencida? ¿Nos vamos a despedir así?

¿Crees que no me duele? Pero no quiero que tengas

un conflicto con Bruna por mi culpa.

Así que esta forma es la mejor que tengo de demostrarte mi amistad.

Perdona, pero yo también tengo que decir algo al respecto.

Y me niego a dejar de verte

por los estúpidos prejuicios de mi esposa.

-Bruna no lo consentirá. -Me da igual.

-No es verdad. -No quiero renunciar a tu amistad.

Ah, ¿entonces qué hacemos?

¿Y si...

hacemos como que hemos dejado de vernos para tranquilizarla a ella,

pero seguimos viéndonos a escondidas?

Es arriesgado.

Podrías venir a veces a la comisaría a verme,

o podríamos quedar en lugares que Bruna no suela frecuentar.

Cualquiera que te oiga pensará que somos amantes.

Al parecer, eso es más fácil de perdonar que mi amistad con...

-Con alguien como yo. -¿Qué me dices?

¿Estás conmigo? -No lo sé.

Las mentiras siempre acaban saliendo a la luz.

Y, si Bruna se entera, será peor.

Conozco los riesgos y estoy dispuesto a asumirlos.

Entonces yo también.

Por los amigos secretos.

Por las amistades difíciles.

Aquí tiene, seguro que a su mujer le encanta. Gracias.

Hola.

Buenos días.

Ah, quería tener un detalle contigo

después de lo difíciles que han sido estos días.

¿Te gustan? -Ya sabes que me encantan.

¿Me perdonas?

No tengo nada que perdonarte, Gabriel.

Estaba muy alterada, lo siento.

¿Entonces...?

Tenías razón.

Debemos seguir con nuestra rutina

y hacer como si nada hubiera pasado.

Centrarme en la tienda, en ti, no pensar.

Pero tendrás que darme un poco de tiempo

hasta que me quite este sentimiento de culpa.

Ah, claro, me...

me encanta oírte hablar así.

¿Qué te parece si te tomas la tarde libre y...

y damos un paseo? -¿Y la tienda?

Bueno, Cata se puede encargar.

Bueno, la verdad es que la muchacha se desenvuelve bastante bien,

no creo que pase nada por... por dejarla sola un día.

¿Entonces aceptas?

Ah, voy a decírselo, enseguida vuelvo.

Cariño, todo saldrá bien. Ya lo verás.

Ah...

(SUSPIRA)

¿Estás ya más tranquilo?

Tú siempre consigues que me sienta bien.

Aunque lo cierto es que podría sentirme mejor.

Ah, chis. Tendrás que esperar a esta noche.

Ahora tenemos que entregar al niño.

Esta pareja nos está esperando a las cinco y ya casi es la hora.

De acuerdo, pero hoy no, ¿eh? Hoy no.

Hoy quiero estar con el niño. -Se va a ir igualmente, Luis.

No prolongues la despedida, cuanto antes mejor.

Ya hemos concertado la cita, nos están esperando.

Ya, pero no sé si hacemos lo correcto.

Apenas conocemos a esa gente. ¿Y si no tratan bien a... al niño?

Entiendo que te preocupes, es tu hijo.

Pero he estado investigando a esta familia

y son los mejores padres para criarle.

Tienen dinero y muchas ganas de tener un hijo.

Puedes estar tranquilo. -No sé.

-Y, desde luego, pueden dedicarle

el tiempo que esa cupletista de Francisca no ha querido darle.

Bueno, está bien. Si su madre

no se ha podido ocupar de él, es así.

Pero yo sí que puedo.

¿De verdad quieres hacerte cargo de él?

Quiero intentarlo.

Luis, si apenas puedes cuidar de ti mismo.

No estás recuperado del todo.

Has estado malviviendo un año en la calle.

Yo te recogí y te cuidé. Y sigo procurando por ti.

Y te lo agradezco enormemente.

Pero quiero ocuparme de Fernando.

Y lo harás. Lo harás, pero a su debido tiempo.

Ese niño lo que necesita ahora,

es una familia de verdad. ¿Lo entiendes?

¿Qué ocurre ahora?

Yo siempre pensé que esa familia seríamos Francisca y yo.

Deseaba tanto tener un hijo suyo.

Las Silva te han engañado. Francisca se ha burlado de ti.

¿De verdad quieres dejar las cosas tal y como están?

No. Por supuesto que no.

Pero ya les hemos hecho muchísimo daño quitándoles al niño.

No es necesario que le demos en adopción.

O sea, que te estás echando atrás.

Marina, entiéndelo, por favor.

Es mi hijo. -Un hijo al que no habías visto.

Ser padre es algo más que engendrarlo.

Ya. Pero ahora que he podido estar con él,

se han despertado en mí sentimientos que creía muertos.

Y se me hace muy cuesta arriba pensar que no voy a volver a verlo.

¿Lo que a ti te preocupa, es no verle a él o a Francisca?

Si lo que pretendes, es retener el niño a tu lado

para que ella vuelva algún día, olvídate.

Eso no va a pasar. -¿Cómo puedes estar tan segura?

Por favor, Luis, hace días que te has llevado a su hijo

de casa de las Silvas y ella no ha aparecido.

Está claro que prefiere perder al niño,

antes que volver a verte.

Esa mujer no se ha conformado con hundir tu carrera.

Te ha destrozado la vida.

Y merece un escarmiento.

Ese niño no se merece los padres que le han tocado.

Se merece tener una familia feliz.

Y algún día, con el tiempo,

podrás conocerle y tratarle.

De acuerdo.

Tienes razón.

Es lo mejor para él. -Sí.

Y para nosotros.

Me alegra de que te des cuenta.

Voy a buscarle.

¡Luis! Luis, el niño, no está.

¿Cómo que no está? Yo mismo lo dejé dormido en la cuna.

No está. Ha desaparecido, te digo.

Esas arpías se lo han llevado.

Andrea.

Siento la demora. Me estaba ocupando de un asunto urgente.

¿Qué ocurre? He intentado ver a Ofelia, pero no me han dejado.

¿Por qué no te sientas? No me apetece.

Solo quiero que me hable claro. Nadie me da una explicación.

Por favor, tranquilízate.

Lo siento. Lo siento. No quería perder los nervios.

Estoy muy preocupada.

Dígame que Ofelia está bien, por favor.

Mentiría si lo hiciese.

¿Está...? Esta tarde, a primera hora,

ha tenido una crisis. Hemos intentado estabilizarla,

pero ha sido inútil.

¿Ha sufrido mucho?

No.

(LLORA)

Lo siento. Perdone. No. No, por favor.

No pidas disculpas. Era mi única amiga.

Desahógate.

Gracias.

Es usted un ángel.

¿Un ángel? Bueno, prestar un hombro

en el que llorar, tampoco es

que tenga demasiado mérito. No es solo por eso.

Sino por todo lo que ha hecho

por Ofelia, por mí, por todas.

Y no me diga que es su trabajo.

Usted y yo sabemos que ningún médico

se habría tomado tantas molestias

por gente como nosotras. Me gusta lo que hago.

Para mí, mis pacientes son todos iguales.

Yo, ni siquiera, soy su paciente.

Se ha preocupado por mí, ha intentado que dejara esta vida,

entrar en las Damas Enfermeras.

Todo el mundo merece una segunda oportunidad. ¿No crees?

Entonces, ¿por qué ha muerto Ofelia?

¿Por qué? ¿Por qué?

No lo sé. No tengo respuesta para eso, Andrea.

Lo siento mucho.

Espera, espera, espera.

No quiero que pienses que estoy haciendo todo esto por...

No piense tanto.

No es solo agradecimiento, doctor.

Usted me ha llegado al corazón.

José Luis, dos coñacs, por favor.

-¿No esperamos a Diana? -No va a poder venir.

Está muy ocupada con un asunto familiar.

No entiendo. ¿No habíamos quedado los tres

para hablar de mi propuesta? -Y así es.

Diana está al tanto y aceptará mi decisión.

-No te preocupes. -Entonces, mejor.

Entre hombres nos entendemos mejor.

Sabes lo que opino sobre que una mujer haga cosas

que no le corresponde a su género.

Quizás, deberías replantearte lo de invertir en Tejidos Silva.

¿Pero por qué dices eso ahora?

Porque Diana es la directora y es quien toma las decisiones.

Ya sé, ya sé que Diana es un caso especial.

No hablaba de ella, en concreto. Hablaba en general.

Si aceptas un consejo, mide las palabras.

Y no lo digo en general, sino muy en concreto.

Podrías tener problemas con Diana. -Gracias, José Luis.

Si aceptas invertir en Tejidos Silva,

tendrás que asumir las cosas tal y como son.

¿Pero cómo, Salvador? ¿Eso significa

que aceptas mi propuesta? -Sí.

Siempre que tú aceptes que Diana es la directora.

Por supuesto que lo hago. ¿Cómo no me has dicho nada antes?

Lo tenías que haber dicho desde el principio. Merece un brindis.

Prefiero esperar a que todo esté cerrado legalmente,

que será lo antes posible.

No tengas tanta prisa, amigo, que mi palabra

todavía vale de algo. -No lo hago por desconfiar de ti.

Entonces, ¿por qué lo haces?

Porque los obreros exigen el pago de las indemnizaciones.

Hasta que no se haga efectivo,

seguirán en huelga. -Entiendo.

Por eso, necesito tu dinero cuanto antes.

¿Te parece bien? -Por supuesto.

Por supuesto, Salvador.

Ahora que vamos a ser socios, tenemos que velar

por los intereses de la empresa.

Escúchame. No os vais a arrepentir.

Eso espero.

¿Necesita algo, señora?

Valor. ¿Tiene de eso en su despensa?

Me temo que eso tendrá que buscarlo en su interior

y estoy segura de que lo encontrará.

Es usted una mujer fuerte.

Entonces, ¿por qué no me atrevo a levantar el teléfono

y contarle a Francisca todo lo que ha pasado con su hijo?

Me da miedo su reacción.

Es su madre. Es normal que se desespere

cuando conozca la noticia.

Temo que me culpe, y con razón, de todo lo ocurrido.

Le prometí que iba a cuidar de su hijo

y dejé que Luis se lo llevase.

Usted no podía hacer nada, señora.

Ese ser innoble, es su padre

y, por desgracia, tiene a la ley de su parte.

Pero deje de lamentarse y coja al toro por los cuernos.

Cuanto antes se entere su hermana de lo ocurrido, mejor.

Espero poder encontrar las palabras adecuadas.

(Suena el teléfono)

-Ya lo atiendo yo. -Sí.

¿Diga?

¿Quién es?

¿Cómo? ¿El niño?

¿Dónde? Señora, es Benito.

Dice que tiene al niño, a Fernandito.

-¿Qué? -¡El niño, señora, el niño!

Benito, sí.

Sí. Muy bien. Muy bien. Estupendo.

¡Corre!

¿Pero cómo que Benito tiene al niño? No entiendo.

Pues no lo sé. No lo sé, pero dice que va a traerlo aquí.

Me alegra mucho que me hayas llamado para vernos.

Aunque no deja de sorprenderme.

¿Le sorprende que quiera hablar con mi padre,

después de tanto tiempo alejados? -Eso no.

Eso me emociona. Pero pensaba en un lugar

menos formal para nuestra primera conversación a solas.

No sé. Me gustaría haber ido a tu casa.

Aquí estaremos más cómodos.

He tenido que despedir al servicio.

Eran unos inútiles. -Que yo sepa,

solo tenías una doncella y no iba todos los días.

¿Me ha estado espiando?

Eres lo más preciado que tengo, Elisa.

Gracias, padre.

Entonces, ¿no le importará...

dejarme un poco de dinero?

Ciro y yo no estamos pasando

por una buena situación económica. -Ya.

¿Solo me has llamado para eso? -No. Claro que no.

Pero ya que estamos juntos, aprovecho para decírselo.

Padre, de verdad, si no estuviera desesperada, no se lo pediría.

Bueno, no sois los únicos que tenéis problemas, Elisa.

Mis finanzas ya no son lo que eran.

Siento no poder ayudarte.

-¿De verdad? -Pues claro.

¿A qué viene esa pregunta?

A que no me gusta que me mientan, padre.

¿O es que la casa de tolerancia no le da ningún beneficio?

¿Cómo te has enterado de eso?

Los chismes corren de boca en boca, padre.

Ciro lo ha oído en el club.

Entiendo.

Y supongo que ahora tendré que escuchar

una dura reprimenda por tu parte.

Se equivoca. No me importa de dónde saque

el dinero, mientras no me ponga en peligro.

Eso sí, espero que no me salpique ningún escándalo.

Cuando creía que ya nada puede sorprenderme de ti,

me sales con algo nuevo. Es increíble.

-Soy una mujer práctica. -No te lo reprocho.

Lo has heredado de mí. -Y ahora que hemos puesto

las cartas sobre la mesa,

¿me dará el dinero que necesito?

Padre, por favor, se lo suplico.

Desde que se fue, lo estamos pasando muy mal.

Creía que estabais en Valladolid, viviendo con los padres de Ciro.

Sí, pero tuvimos que irnos.

Los padres de Ciro me trataban muy mal.

Fue un error que ya no tiene remedio.

El caso es que ahora Ciro apenas tiene trabajo.

Y con la mísera ayuda que nos dan sus padres, es que...

es que apenas tenemos para comer, padre.

No te preocupes. Ciro es un hombre muy capaz.

Seguro que pronto encuentra un buen trabajo.

Ya lo verás. -Y mientras tanto, ¿qué?

Bueno, tranquilízate. Esto solo es una prueba de vida.

Ya verás cómo todo se arregla. Ya lo verás.

Si usted no me ayuda, todo esto no va a hacer más que empeorar.

He estado gastando pagarés a espaldas de Ciro.

Están a punto de vencer, padre.

¿Cómo has podido hacer semejante locura, Elisa?

Pensé que la situación cambiaría a mejor

y no ha hecho más que empeorar.

Por eso, necesito su ayuda.

Sola te has metido en ese problema. Sola tendrás que salir de él.

¿Pero es que no siente la más mínima compasión?

Soy su hija.

Precisamente, por eso. Ya es hora de que madures

y de que veas las consecuencias de tus actos de una vez por todas.

Es usted tan cruel como dicen.

Te he dado todos tus caprichos, te he sacado de tus líos

y no ha servido para nada.

No. No pienso darte más alas.

¿Pero por qué no me habrá tocado un padre como Dios manda?

Rosalía le está dando de cenar.

¿Pero cómo se te ha ocurrido llevártelo

de casa de Luis a escondidas?

Tenía que hacer algo para reparar mi error.

-¿Tu error? -Si don Luis supo

que el niño era su hijo, fue por mi culpa.

No entiendo.

Yo estaba muy enfadado con usted por lo que pasó

con las indemnizaciones y me dejé enredar

por esa horrible mujer, Marina.

Así que le entregué la partida de nacimiento a don Luis.

Te aprovechaste de mi confianza para robarme.

Perdí la cabeza por la rabia

y por lo mal que lo estaba pasando y...

Estoy muy arrepentido, señora.

Le juro que no pensé que ese hombre fuera a llegar tan lejos.

¿Qué clase de padre está dispuesto a entregar a su hijo

a otras personas, solo por hacer daño?

Pues una persona podrida por el odio, como Luis.

Pero, claro, tú eso no podías saberlo.

Pero de algo me sirvió.

Vi en qué podía convertirme, si me dejaba guiar por el odio

y el daño que les había hecho.

Yo... lo siento mucho, señora.

Solo espero haber arreglado las cosas.

Agradezco mucho tu intención, pero no creo que sirva de nada.

Luis no va a tardar en aparecer, reclamando a su hijo.

Nadie sabe que me lo he llevado yo.

Eso da igual. Lo supondrá.

Y cuando venga aquí con la policía,

no podremos evitar que se lo lleve.

Tiene todos los derechos. -¿Y si no lo encuentra?

¿Y pretendes que lo esconda?

Ya. Es una tontería. No me haga caso.

No, no. Espera. No.

No es ninguna tontería. Es buena idea.

No entiendo cómo no se me ha ocurrido antes.

Pero tenemos que actuar rápido.

Si puedo ayudar, estoy dispuesto a lo que sea.

Pase, por favor.

¿Le apetece una copa?

-Tomaré lo mismo que usted. -Perfecto.

Supongo que le extrañará que le haya citado aquí.

He supuesto que quería discreción.

Me gustaría que esta conversación quedara entre nosotros dos.

-Por supuesto. -Tenga.

-Gracias. -Siéntese, por favor.

¿Y bien?

¿Por qué me ha llamado?

Hay algo que no logro entender

y me gustaría que usted me ayudase.

Siempre que puedo, estoy dispuesto a ayudar a un amigo. Dígame.

Así que ahora somos amigos.

Usted ya me entiende.

En realidad, solo tengo un par de preguntas.

¿Por qué aconsejó a Blanca

que no apoyara la hipoteca de la casa?

Si algo salía mal en esa operación,

Blanca se quedaba en la calle.

Diana y yo nunca hubiéramos permitido tal cosa.

Pero hay algo que me intriga más.

¿Por qué ella confía tanto en usted?

¿Por qué sigue sus consejos a pies juntillas?

No sé qué pretende insinuar, pero nuestra relación es

meramente profesional. -Y ya veo que eso

parece disgustarle. -En absoluto.

Tristán, siento si le he ofendido.

No, no, no. Ni mucho menos.

Sabía que, tarde o temprano, alguien pensaría como usted.

No es habitual que un hombre y una mujer trabajen juntos,

sin que haya una relación profunda.

Ahora que Blanca vuelve a ser soltera,

es evidente que ha dejado atrás

los fantasmas con los Loygorri. Es fácil pensarlo.

¿Los? No le comprendo.

Creo que será mejor que le sirva otra copa.

No juzgue a Blanca con dureza.

Después de lo que le voy a contar,

no me gustaría que la viera de otra forma.

No se preocupe.

Formé mi opinión

sobre la señorita Silva hace mucho tiempo.

Una relación fallida del pasado no la cambiará.

Tenga.

Blanca conoce a los Loygorri desde que era joven,

igual que el resto de las hermanas.

Siempre tuvo una relación muy cercana con Cristóbal.

Se conocían desde que eran niños.

Pero se dejó deslumbrar por su hermano,

un hombre de negocios con una personalidad arrolladora.

Y se comprometieron.

Y se casaron.

A pesar de que ella sabía que no era el hombre indicado.

¿Por qué dice eso?

Porque Blanca estaba enamorada de Cristóbal.

Aunque parecía que ella era la única que no lo sabía.

¿Y ese amor era correspondido?

Y ocurrió lo inevitable.

Empezaron una relación clandestina.

Y tras mucho sufrimiento decidieron dar el paso

y ponerse el mundo por montera.

¿Abandonó a Rodolfo Loygorri?

Y Cristóbal a su esposa.

Vivieron un tiempo en pecado y a espaldas del mundo, claro.

No se podía saber nada porque si no

se hubiera montado un buen escándalo.

Rodolfo ya se había metido en política.

Y eso hizo mella entre ambos.

En fin...

Rodolfo sufrió un atentado anarquista

en esta misma fábrica.

Una de las responsables consiguió huir

con el apoyo de Cristóbal.

Cuando Blanca se enteró

la denunció y la condenaron a muerte.

Eso Cristóbal no pudo soportarlo y rompió con ella.

¿Y Blanca qué hizo?

Volvió con Rodolfo durante un tiempo.

Aunque todo aquello era una farsa.

Tras mucho luchar

pudo conseguir la nulidad matrimonial.

¿Y no ha intentando recuperar al Dr. Loygorri

ahora que es una mujer libre?

Creo que esa es una relación irrecuperable.

Aunque también pienso que Cristóbal...

es el amor de su vida.

Y que siempre lo será.

Buenas tardes.

¿Estás sola?

Estate tranquila, ya te dije que doña Úrsula

se ha tomado el día libre.

Temía que hubiese aparecido a última hora para cerrar caja.

No te preocupes por nada, puedes quedarte.

Aún así no estoy cómoda en este sitio.

Preferiría que nos viésemos en otro lugar.

Lo siento, pero sabes que no puedo irme antes de la hora.

Además, para un día que me dejan

al cargo de la tienda debo cumplir.

Lo sé, sólo expresaba lo que siento en voz alta.

No entiendo por qué le tienes tanta manía a doña Úrsula.

A mí me parece buena persona.

Eso es porque no la conoces como yo.

Créeme, esa mujer es un lobo con piel de cordero.

A veces la desesperación obliga a las buenas personas

a hacer cosas reprobables.

Entiendo que intentes buscarle una explicación

a lo que nos hizo, pero no la tiene.

Créeme, intenta relacionarte poco con ella

o sólo te causará problemas.

Lo siento, pero no puedo hacer eso.

He hablado con ella y me lo ha contado todo.

¿El qué?

Lo mal que lo ha pasado en la vida.

Ha estado sometida a un hombre que la maltrataba, Celia.

De hecho fue él el que la obligó a fingir

que era una de vosotras.

¿Eso te ha dicho para justificarse?

Pude ver el pánico que siente con sólo pensar en ese hombre.

La golpeaba.

Y en más de una ocasión estuvo a punto de matarla.

Doña Úrsula no era una culpable, era la víctima.

Eso es decir demasiado.

No es tan mala persona como crees.

Conmigo se porta muy bien.

Aún así no te fíes de ella, hazme caso.

Sólo intenta que te pongas de su parte

con sus historias y sus buenas maneras.

Déjale que te muestre cómo es realmente.

Dale un oportunidad.

Yo ya sé cómo es.

Eres tú quien parece no darse cuenta.

Me figuraba que ibas a ser más comprensiva

con otras mujeres, pero veo que me equivocaba.

Yo no voy a intentar convencerte de nada.

Sólo el tiempo dirá quién se equivoca.

Siempre te pasa igual, te concentras tanto

en el trabajo que echas más horas que nadie.

Como si te las pagaran.

Enseguida recojo y nos vamos.

No deberías haberte molestado en venir a buscarme.

Si no lo hago te dan las uvas.

¿Qué tal tu día?

Bien. Como siempre, sin grandes novedades.

¿Has estado todo el día en la comisaría?

¿No has tenido ninguna salida? -¿A qué viene eso?

¿No me puedo preocupar por el trabajo de mi marido?

Es mi deber como esposa.

¿Por qué no me preguntas lo que quieres saber

y nos dejamos de rodeos? -¿A qué te refieres?

Sí, he visto a Celia.

Ah, ¿y lo reconoces así, con esa frialdad,

después de todo lo que hemos hablado?

Lo he hecho para dejarle claro que no podemos volver a vernos.

Y que por favor no vuelva a hablar conmigo nunca más.

¿Y cómo ha reaccionado? -Pues dadas las circunstancias

como cabía de esperar, con mucha pena.

¿Satisfecha de tu interrogatorio?

Perdona, no quería agobiarte.

Pues lo has hecho.

Yo sólo intento protegerte de tu buen corazón.

Ah, ¿y a qué me expongo con mi buen corazón?

A la condenación eterna.

Tú serías capaz de seguir relacionándote con Celia

con tal de no hacerle un feo. Pero esa mujer

es una pervertida. -Basta.

Es lo que es.

Bruna, vamos a dejar una cosa clara...

Yo he hecho lo que me has pedido

aunque no esté de acuerdo.

Pero no voy a consentir que le faltes el respeto

a Celia en mi presencia.

¿Entendido?

Perfecto.

No te enfades conmigo, Federico, por favor.

Mira, tengo una idea. ¿Por qué no salimos los dos

a cenar solos y así olvidamos lo ocurrido?

Está bien.

¿Nos vamos? -Sí.

(Teléfono) No lo cojas,

que ya has terminado tu turno.

Espera, es sólo un momento.

(Teléfono)

Inspector Velasco.

¿Cómo dice?

Sí. Sí, enseguida voy.

Gracias. Gracias.

Creo que vamos a tener que dejar esa cena.

¿No puedes enviar a otro en tu lugar?

No, no, imposible.

Ha aparecido un cadáver en el Manzanares.

Debo hacerme cargo de este caso.

Ten mucho cuidado, Federico, por favor.

¿Has podido hacerlo?

(Puerta)

Debe de ser él.

¿Dónde está?

¿Qué pasa, Luis? ¿Qué escándalo es este?

El niño, ¿dónde está?

Supongo que en tu casa.

No me tomes por imbécil.

No a mí ni a los hombres que me acompañan.

Alguien ha entrado en mi casa y se ha llevado a mi hijo.

¿Qué?

La última vez que vi a mi sobrino me lo quitaste.

Como le haya pasado algo te juro que...

¡Deja de fingir!

Sé que estás detrás de todo esto.

Y tú, ¿qué demonios haces tú aquí?

Espero que no tengas nada que ver.

¿De dónde se saca eso, señor? -Estás loco, Luis. Loco.

No sé de qué hablas.

Te lo advierto, Diana, entrégame al niño

por las buenas o atente a las consecuencias.

¿Y qué más me vas a hacer?

Si estos hombres tienen que entrar a buscarlo

y lo encuentran acabarás en la cárcel.

Te lo juro. ¡Te lo juro por lo más sagrado!

Pues que pasen y que revisen toda la casa si quieren.

Aquí no van a encontrar a tu hijo.

Eso ya lo veremos.

Procedan.

Y no dejen un sólo rincón por mirar.

¿Te parece bonito lo que has hecho?

Elpidia, no sé de qué me hablas.

Peor mejor que bajes un poquito el tono

que aún quedan clientes delante.

A estos les da igual que chille o haga la danza del vientre.

A ver, ¿qué quieres?

Devolverte esto. -¿Y eso qué es?

Pues esto es tuyo, lo sabes mejor que nadie.

¿Mío? Yo esto es la primera vez que lo veo.

Ay, mira, rosquillas. Y de buena marca.

Qué gracioso.

¿No estaban buenas? -Sí, riquísimas.

Hala, que la caja está vacía.

Porque me las comí antes de saber que estabas tú detrás.

¿Pero cómo te atreves a mandarme todo esto?

Oye, que yo esto es la primera vez que lo tengo delante.

Menos jueguecitos, que Antonia me ha ayudado

a resolver las adivinanzas y sabemos que eres tú.

¿Así que qué? ¿Qué pasa si fuera así?

Menos jueguecitos, Raimundo, que estoy "mu cansá".

Que no son jueguecitos. Yo con esto lo único

que quiero es demostrarte que no te puedo olvidar.

¿Y qué te esperabas, que con unas flores

me iba a rendir a tus pies?

Sí, porque dicen que es lo que hacen

los hombres cuando quieren cortejar a una damisela.

A mí no me llames eso que soy muy decente.

No sabía que te lo ibas a tomar así.

¿Y cómo quieres que me lo tome?

Tú no sabes lo que he sufrido por ti.

¿Tanto has sufrido? -Demasiado.

Cuando me dejaste por Merceditas

ya me di cuenta de lo que significaba para ti.

Eso no es así.

Yo te quería, pero tenía responsabilidades.

¿Y ahora no? -Ahora me tienes aquí, ¿no?

Yo no estoy dispuesta a sufrir como la última vez.

¿Entonces...

aún me quieres?

¡Necesito que me dejes en paz!

Sí, pero es que te veo y no puedo.

¡No me mandes más flores, ni más adivinanzas ni nada!

¡Quiero perderte de vista! ¿Lo oyes?

Sí, sí...

Yo... no te preocupes, no volveré a molestarte más.

Saldré e tu vida para siempre.

Yo lo último que querría es hacerte sufrir.

Aunque yo me muera por dentro.

Lo siento, es lo mejor.

Pues ya está.

Ya he entendido perfectamente lo que me querías decir.

Ya te puedes ir.

Nunca nadie me había escrito unas cosas tan raras y tan...

bonitas.

¿Por qué no llega el coche?

Hace ya un rato que hemos llamado.

Por favor, tranquilízate.

Ya estoy bastante nerviosa con esta situación.

¿Y cómo te crees que estoy yo?

Si es que ya debería estar aquí.

Bueno, llegaremos a tiempo. ¿De acuerdo?

(SUSPIRA)

Ay...

¿Por qué no me cuentas algo

para hacer la espera más llevadera?

Sí, estoy como para ponerme a hablar de chismes

como si estuviera en el club tomando un coñac.

Mejor déjalo. No pienso volver a dirigir la palabra

a mi padre en la vida.

¿Y cómo es que has cambiado de opinión?

¿Te parece poco que sea socio de una casa de tolerancia?

Pues esta mañana no opinabas igual.

Parecía que la idea no te disgustaba

con tal de que diese dinero. -No estaba en mis cabales.

¿No te lo he dicho, que apenas he dormido?

¿La falta de sueño afecta a la moral?

Al pensamiento, Ciro.

Luego lo he meditado mejor.

Esta vez mi padre ha ido demasiado lejos.

Me alegro de que estés de acuerdo conmigo.

Claro que sí.

(Timbre)

Ese debe ser el coche. Venga, vámonos.

Pobre criatura, tener que huir de tu propio padre.

Oye, ¿la niñera que va a llevar con Francisca ya está allí?

Espero que sí. Benito se iba a encargar de ello.

¿Tú tienes su equipaje listo? -Sí, está en la puerta.

Pues vayámonos antes de que a su padre

se le ocurra aparecer por aquí a buscarle.

Espero que no haya ningún contratiempo durante el viaje.

Es un viaje muy largo para un niño tan pequeño.

Tranquila, estará bien.

Diana ha tomado la mejor decisión.

Además, en Italia estará lejos del alcance de su padre.

Va a ser mi único consuelo.

Ve a por Fernandito.

(Timbre)

¿Quién es?

Soy yo, Federico.

Abre, por favor.

Federico, ¿cómo aquí a estas horas? ¿Ocurre algo?

¿Está Gabriel en casa?

No.

Hemos pasado el día juntos, pero justo hace un rato

se fue a visitar a su madre.

Si es urgente puedo llamarle.

No, no te preocupes. No hace falta.

De todas formas estará al caer.

De hecho ya debería estar aquí.

¿Quieres tomar algo mientras tanto?

No es con Gabriel con quien he venido a hablar,

sino contigo. Así que mejor que no esté en casa.

¿Ocurre algo?

Hemos encontrado el cadáver de un hombre en el río.

¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

Se trata de Damián.

¿Mi marido?

No, eso es imposible.

Hemos confirmado su identidad. No hay lugar a dudas.

¿Pero cómo ha ocurrido? ¿Cómo ha acabado allí?

Los detalles de la investigación

son confidenciales, no puedo decirte nada.

¿El hombre que me ha hecho la vida imposible acaba

en el fondo del río y yo no puedo preguntarte?

Lo único que puedo adelantarte

es que su muerte no ha sido accidental.

Bueno, eso no me extraña teniendo en cuenta

la gente con la que se relacionaba.

La parte buena de todo esto es que por fin eres libre.

Ya vas a poder casarte con Gabriel cuando quieras.

Lástima que ese sea el motivo.

¿Y hay algún sospechoso?

Esa es la parte mala.

¿Por qué?

Lo siento mucho, pero quiero

que mañana a primera hora vayas a comisaría sin falta

para contestar algunas preguntas.

¿Crees que yo le he matado?

Lo que yo crea no importa.

Debo seguir las pistas e investigar a todo

el que tenga motivos para hacerlo.

Y los tienes de sobra.

Qué pronto te has levantado hoy.

¿Tú sabes dónde están mi pagarés?

¿Pagarés? -Sí, los pagarés.

Estaban aquí y no los encuentro.

Pues no.

Ya conozco el resultado de la autopsia de Ofelia.

¿Y? Tenía cáncer.

Lo que me preocupa es que Ofelia trabajaba

en la fábrica contigo y usáis el radio

para pintar los relojes.

¿Piensa que a lo mejor estamos todas contagiadas?

Tengo la impresión de que el cáncer de Ofelia

se pudo haber producido en la fábrica

y que el resto podríais estar en riesgo.

Sofía tengo un problema muy serio.

No me digas que los pagarés se van a hacer efectivos.

En breve.

Tienes que hablar con tu marido.

He buscado una solución mejor. -¿Una solución mejor

que decirle la verdad? -Sí.

Voy a visitar un prestamista.

¿Qué ocurre, Blanca?

¿Sigues enfadada por lo del otro día?

No, no estoy enfadada.

No, no es cierto.

Nos conocemos muy bien, Blanca.

Lo cierto es que no nos conocemos en absoluto.

Por favor, dime qué te he hecho.

Vi cómo Andrea y tú os besabais.

Le he tenido que prohibir a Federico que frecuentara

la compañía de Celia. -¿Y por qué?

Son amigos desde hace mucho tiempo.

Yo tengo mis motivos.

Y son muy graves.

No debería contártelo.

Me da hasta apuro decirlo en voz alta.

Celia es una depravada.

Me preocupa cómo decírselo a Blanca.

Tener a Rodolfo como socio

es como traerlo de vuelta a la familia.

No, no es lo mismo.

Pero aún así no sé cómo hacerlo.

Quizá sea mejor que no se lo diga.

Los clientes vienen aquí en secreto.

Salen muy satisfechos pero con un pecado que ocultar.

Y la discreción es nuestra mejor bandera.

Sobre todo sabiendo que tenemos clientes que son muy conocidos.

Pues yo te propongo cambiar esa discreción

por el chantaje.

Blanca, ¿qué... qué haces aquí?

He discutido con Cristóbal.

Creo que este no es el lugar más adecuado

para hablar de eso.

Si quieres puedo invitarte a tomar un té

y hablamos tranquilamente. Muy buena idea.

Diana, tienes que poner un poco de orden

en tu despacho. No hay quien encuentre nada.

Rodolfo, ¿qué haces aquí?

Trabajar. Soy el nuevo socio de la fábrica. ¿No lo sabías?

¿Dónde está el crío? ¿Lo has averiguado?

Sí. -¿Sí? Pues dime dónde está.

Voy a buscarlo inmediatamente.

Tendrías que nadar muy rápido para darle alcance.

¿Qué quieres decir con eso?

Fernando viaja en un barco camino de Venecia.

Vengo del mercado y me dicen

que la policía ha encontrado un cadáver en el río.

Y resulta que es Damián, el marido de Úrsula.

¿Y quién le habrá podido hacer eso?

Pues yo no tengo ni idea. Pero yo me pregunto

cómo se lo habrán tomado Gabriel y Úrsula.

Tranquilízate. Estas nerviosa. Vamos a hablar.

No tengo tiempo para hablar.

Me ha citado a primera hora para tomarme declaración.

No puedes ir a ver a Velasco en estas condiciones.

Tenemos que decidir qué versión le vamos a dar.

Ya está decidido, Gabriel. Voy a confesar.

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  • Capítulo 416

Seis Hermanas - Capítulo 416

09 ene 2017

Úrsula decide pasar página aunque sea difícil. Luís duda sobre dar en adopción a su hijo. Salvador le cuenta a Diana la oferta de Rodolfo. Amalia habla con D. Ricardo y Ciro descubre a qué se dedica. Velasco le cuenta a Celia la exigencia de Bruna. Blanca se lleva una sorpresa.

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