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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 366 - ver ahora
Transcripción completa

Si Marina no nos ha delatado ya, es porque tiene sus razones.

Estoy seguro que quiere algo, a cambio de su silencio.

Quizás no vaya tan desencaminado.

Me ha dicho que quiere hablar con usted.

He dejado un escrito notarial en el que cuento

absolutamente todo lo que me hicieron.

Y ese documento se hará público, si me ocurre cualquier cosa.

Como verá, nuestras vidas están entrelazadas.

Por razones que no le puedo explicar,

me veo obligada a deshacerme de esta llave.

Es muy importante que la guarde muy bien,

porque si cayera en manos de la reina María Cristina

o de alguno de sus lacayos, sería mi perdición.

El señor Silva no quiere comprarme mi parte.

Así que tú no vas a ver ni un real.

¿Tan poco te importo, que me empujas a casarme con otro?

Yo pensé que me querías. Eres un egoísta.

Ciro me ha perdonado. -¿Y la boda?

Programada para el mismo día.

Pensé que estaríais encantadas de ayudarme,

pero ya veo que mi boda no os importa.

-No es eso. -Entonces, ¿qué es?

No te pongas así, por favor.

Veo que soy la última de vuestras prioridades.

¡Ay, lo siento! Es que me ha dado un pronto.

Y yo soy muy de prontos.

Que no, Elpidia. No te disculpes.

Estoy dispuesta a dormir en una bodega

entre sacos de opio, si hace falta.

Cualquier cosa, con tal de estar cerca de Adela.

Puede que tú no tengas miedo, pero yo sí tengo miedo.

Así que iré contigo, te pongas como te pongas.

Es muy urgente que se opere.

Su hija está en otro hospital bien acompañada por su tía.

No sabemos ni cuál es su estado

ni el tiempo que requeriría trasladarla hasta aquí.

Lo siento, pero si existe la posibilidad de que muera,

quiero ver a mi hija por última vez.

Retrasar la operación, sería perjudicial para su salud.

¿Y si no se opera y el coágulo no se reabsorbe?

¿Entonces?

En ese caso, podría morir.

(Sintonía)

Esto le aliviará la fiebre y le mitigará el dolor.

Ay. Gracias, doctor.

Déjeme doctor. Ya continúo yo.

Adela, yo sé lo que me dijo ayer, pero he de insistir

en la importancia de su operación.

Ya sabe mi respuesta.

Adela, debe considerar...

Usted dijo que iba a traer a mi hija.

Todavía no se la puede trasladar.

Adela. Adela, mira quién ha venido.

Adela, mi vida. Tía.

¿Cómo está Eugenia? Pues sigue un poco delicada.

Si pudiera venir, yo misma te la hubiera traído en brazos.

Ya lo sé, tía.

Va mejorando, poquito a poco, que eso es lo importante.

Y sigue muy bien atendida.

Me alegra oír que la están atendiendo bien.

Y si la niña pudiera hablar, estoy segura

de que me habría dado un recado. ¿Cuál?

Que te operes, Adela. Que, por favor, te operes.

Que cuando venga a verte, quiere ver

a una madre sana y fuerte.

Adela, tienes que escuchar a tu tía.

Me parece a mí que ese recado es del doctor.

Yo ya le he dicho, tía, que no me voy a operar,

hasta que no vea a la niña.

Tiene una llamada de Madrid.

Ay, seguro que es Diana.

¿Hay alguna posibilidad de que yo hable con ella?

No creo que esté previsto que haya teléfonos en las salas.

Veremos qué se puede hacer.

(TOSE)

Señora, tiene una visita. Gracias, María.

Ya puede retirarse. Doña Blanca.

Don Emilio, qué sorpresa.

Venía a felicitarla. Pero viendo su cara,

entiendo que es un mal momento, ¿no?

Estaba esperando a otra persona.

¿Por qué venía a felicitarme?

Por Rodolfo. Ha conseguido el dinero necesario

para desbloquear la construcción

de la Plaza de España. ¿No lo sabía?

No me ha contado nada. Pero tampoco me extraña.

Estoy demasiado preocupada por Adela,

como para estar pendiente de otras cosas.

Fue muy rápido. Ayer se lo pedí

y en menos de un día, consiguió el dinero.

Cuando algo le interesa... Sí.

Se nota que por sus venas corre sangre de banqueros.

¿Y qué va a ganar él con todo eso?

Cuando esto llegue a oídos de Dato, que llegará,

el presidente buscará la forma de agradecérselo

y Rodolfo podrá entrar en el ruedo político.

A ver si así se calma y deja de sentir celos

por mi nombramiento como baronesa.

Entiendo que las cosas siguen mal.

No me apetece seguir hablando de mi marido, por favor.

Estoy demasiado preocupada por mi hermana ahora mismo.

Tenga fe. Encontraremos la manera para que pueda viajar

a Inglaterra y verse con ella. Ya lo verá.

Cada vez me parece más difícil. Imposible.

No. No hay nada imposible. Fíjese en Rodolfo.

También parecía imposible y, al final, de repente...

Gracias.

¿Diana? ¿Adela?

Hola, hermanita.

¡Ay, qué alegría oír tu voz!

Lo mismo digo.

No sabes el ánimo que me da oír tu voz.

Alonso me ha dicho que no quieres operarte, Adela.

No empieces tú también con eso, por Dios.

No voy a hacerlo, hasta que no vea a mi hija

y sepa que está bien.

Tenéis que entenderlo. Dice que no quiere operarse,

hasta que vea a la niña.

Pero dígale que haga caso a los médicos.

Te entiendo, Adela. Pero no puedes poner tu vida

en peligro, ¿me oyes? Tienes que operarte.

Y no lo haré, Diana.

Me operaré en cuanto sepa que está bien.

¿Qué dice? -No se quiere operar.

Adela, tienes que hacerlo, por Dios.

Ay, que no insistas, Diana.

Que sabes que a cabezota solo te gana una persona, yo.

¡Ah!

¿Te pasa algo?

No, no. Estoy bien, estoy bien. Estoy bien.

Salvador y yo estamos haciendo todo lo imposible

para viajar a Inglaterra y poder estar contigo

y con la niña. No hace falta.

Claro que sí. Tienes que ser fuerte, Adela.

No te puedes rendir, ¿me oyes? Tú no

Y no me rindo, Diana.

No me rindo por Eugenia.

Porque sé que para que se recupere, tiene que ver que yo estoy bien.

Y si tu operación no puede esperar, Adela,

¿quieres que la niña crezca sin su madre?

Claro que no.

Pero sé que si a mí me pasa algo, os tiene a todas vosotras.

No. No digas eso.

Cristóbal insiste en que te tienes que operar.

Adela. ¿Me oyes, Adela?

¿Adela?

Se ha cortado.

¿Diana?

¿Diana?

La comunicación se ha cortado.

Mejor, porque me estaba costando

mucho hablar. Veré si el doctor

puede darte algún calmante. Gracias.

Relájate, Adela. Relájate.

Intenta no pensar en el dolor.

Tía.

Tengo que pedirle un favor. Lo que sea.

Cuando vuelva Alonso, vaya a ver a Eugenia.

Como tú me digas. Gracias.

Gracias.

Por favor, señorita, póngame

de nuevo en contacto con el hospital.

La comunicación se ha cortado.

-¿Qué ha dicho? -Que no piensa operarse.

¿No sería mejor que la dejara descansar un rato

y la llame después? -No quiero hablar con ella.

Quiero hablar con el médico. Tengo la sensación

de que Adela nos oculta algo.

-¿Por qué iba a hacer algo así? -No lo sé.

Es raro que quiera posponer la operación,

solo por ver a la niña. -Una madre es capaz

de cualquier cosa por su hijo. Incluso, a dar la vida por él.

¿Y a malgastarla inútilmente?

Señorita. Señorita, ¿me oye? ¿Señorita?

-¿Se ha cortado la comunicación? -Ya ni hay línea.

-Lo intentaremos más tarde. -¿Y mientras, qué?

¿Nos quedamos aquí de brazos cruzados? Me voy.

-Cariño, ¿adónde vas? -A ver a mi tío.

Señora, si no ha llamado todavía,

es porque no ha conseguido nada. -Pues que me lo diga él.

El tiempo corre en contra de Adela y de la niña

y tenemos que ir cuanto antes. ¿No se da cuenta?

(LLORA)

Lo siento. Lo siento. Desahóguese.

Si hubiera escuchado su voz, Rosalía.

Está tan débil.

Y yo tengo miedo de no llegar a tiempo.

¿Ya? -No. Todavía no.

Un poco más. Yo te guío.

Estás muy juguetón esta mañana.

Bueno, la ocasión lo merece.

Ya puedes abrir los ojos.

-¿Y esto? -¿Te gusta?

No hacía falta que montaras esta parafernalia

para quitarme las enaguas. -No hemos venido solo a eso.

Tenemos cosas que celebrar.

Grandes noticias deben ser, cuando quieres tomar champán

a estas horas de la mañana. -Las mejores.

¡Madre mía! No pruebo el champán desde que me echaron del Ambigú.

Pues no te vas a tener que preocupar más por eso.

Mientras estés conmigo, te hartarás de beber champán.

¡Oh! Cuánto me gustaba el cosquilleo de las burbujas.

Cómo son las burbujas, eh.

Venga. Brindemos.

Por mi nombre, que estará siempre asociado a la construcción

de la nueva Plaza de España y a la estatua de Cervantes.

¿Qué pasa?

Creí que esto era por lo del Ambigú.

¿Qué quieres decir por lo del Ambigú?

¿No has hablado con ellos para que me readmitan?

Amalia, que mientras estés conmigo, no te hará falta trabajar.

Y cuando te canses de mí, ¿qué?

Creí que habíamos hablado de esto.

Me lo prometiste. -Está bien.

Está bien. Hablaré con ellos.

Y ahora, brindemos, por favor. -Te habías olvidado.

No pienso jugar a la fantasía

de la pareja feliz, hasta que no me des

lo que me prometiste. ¿A qué te refieres

con lo de "la fantasía"? -No soy tu mujer.

Si pretendes vivir conmigo lo que te gustaría tener con ella,

olvídate. -Mira, Amalia.

Que para discusiones y malas caras, ya me basta con mi mujer.

Espero que para esta tarde se te haya pasado la tontería.

¿Tontería? No es ninguna tontería.

Es mi vida. O me consigues mi antiguo trabajo,

o te olvidas de volver a verme.

¿Te crees la única mujer de Madrid

de la que disfrutar de sus favores? -No.

Pero, al menos, soy la única en la que puedes confiar.

¿Se puede?

Oh, pase. Adelante. Perdón.

Estaba tan enfrascado en la lectura,

que no la oí llegar. Pase.

Ojalá pudiera evadirme de los problemas como usted.

¿Malas noticias?

Anoche estuve hablando con el doctor Loygorri

sobre el estado de mi hermana Adela.

Dice que, o se opera pronto, o no sabe si lo podrá superar.

Y Adela no quiere. -Bueno, entrará en razón.

¿Y si no? No sé. Me siento muy impotente

por no poder hacer nada.

Perdóneme. -No. No tiene por qué disculparse.

Desahogarse es bueno.

Pero no recrearse en el dolor.

Así que tengo que reponerme como sea.

Entonces, déjeme que le cuente algo.

Seguro que le ayuda a distraer su mente de las desgracias.

-¿Y qué es? -El libro que estoy leyendo.

-¿Hipnosis? -Sí. Es para el caso de Marina.

Cuando cuente cómo lo resolví en el libro

que escribe sobre ella, no me deje muy mal.

¿Y para qué quiere hipnotizar a Marina?

Pretendo que consiga recordar.

Es un método poco ortodoxo, pero no perdemos nada.

¿Y qué pretende descubrir?

Porque el hombre que la atacó ya ha confesado.

Una inculpación muy oportuna

por parte de un asesino a sueldo. -¿Qué quiere decir?

Pues que, quizás, ese hombre miente para proteger a su cliente.

Además, Marina se comporta de un modo muy extraño,

desde que recuperó la conciencia.

¿Y cómo quiere que actúe? Tiene amnesia.

No sé. Pero, tal vez, con la hipnosis podamos esclarecer

las lagunas de este caso. -¿Y cree que Marina

podría recordar aunque no quisiera?

Eso intentaré. Lo haré esta tarde.

-¿Puedo acompañarle? -No creo que sea buena idea.

Si es una parte importante de la investigación,

tendré que explicarlo en el libro de la forma más veraz posible.

Cuando tiene razón, tiene razón. Puede venir.

Le agradezco que me acompañe en mi descanso.

Pero no tenía por qué molestarse.

Quería agradecerle sus cuidados mientras estuve en el hospital.

Veo que se maneja muy bien con la pierna ortopédica.

Cualquiera diría que lleva una.

No es nada fácil. Pero con esfuerzo y tesón,

se consigue cualquier cosa. -Me gusta ver

que ha superado ese desánimo que tenía en el hospital.

Debe ser por la boda o por los quebraderos de cabeza

de la preparación. Ni tengo tiempo de pensar

que no tengo pierna. -Si puedo ayudarles...

Se lo agradezco, pero Elisa lo quiere tener todo controlado

para que salga perfecto. -Tratándose de Elisa,

no me extraña. Tenga paciencia con ella.

La paciencia no me asusta. Son sus cambios de humor

lo que... en fin, me incomoda.

¿Qué le pasa? ¿Está de mal humor?

Pensé que estaba encantada con todo esto.

Y lo está. Con lo nuestro. Pero está un poco molesta

con la actitud de sus hermanas. Siente que la evitan.

No. Eso no es así. Lo que pasa es que estar a la altura

de las expectativas de Elisa, no es fácil.

Lo sé. Y se lo digo para quitar hierro al asunto,

pero, sinceramente, tampoco creo

que la actitud de las hermanas se la correcta.

Ni siquiera las conozco oficialmente.

Lo siento.

-¿Ahora entiende mejor a Elisa? -Sí. Claro que sí.

Lo que pasa es que las circunstancias...

-¿Creen que no estoy a la altura? -No...

De verdad que lo entiendo.

Si mi hermana se hubiera casado con un tullido,

hubiera pensado lo mismo. -Ciro, le aseguro

que no es por usted. -¿Entonces, por quién es?

Porque está claro que la actitud de sus hermanas

con ella, es esquiva.

Se lo diré, si promete no decirle nada a Elisa.

Sus hermanas no quieren preocuparla.

-¿Qué ocurre? -Prométamelo.

Está bien. Tiene mi palabra.

Pero dígame. ¿Qué les pasa?

-Se trata de Adela. -Su hermana mayor.

¿No estaba en Inglaterra?

Sí. Y ahí ha tenido un accidente.

Ella y la niña están muy graves.

¿Pero saldrán adelante?

No lo sabemos.

¿Entiende ahora la actitud de sus hermanas con Elisa?

No quieren decirle nada,

hasta que no sepan algo más definitivo.

¿Qué quiere esa asesina a cambio de su silencio?

Salir absuelta en el juicio.

¿Y qué es lo que piensa hacer?

Esa mujer nos tiene atados de pies y manos.

Ha dejado un documento en el que nos inculpa de todo.

Así que si le ocurre algo antes del juicio,

incluso después, saldría a la luz.

No quiero volver a la cárcel. -¿Y crees que yo sí?

Pero tampoco quiero dejarme chantajear.

Tiene que haber alguna otra manera

de pararle los pies a esa mujer.

¿Y no sería mejor aceptar que hemos perdido esta batalla

y hacer lo que ella dice? -Eso nunca.

No pienso dejar que la asesina de mi hija quede impune.

Sea razonable, si Marina... -Calla, calla, calla.

Tío, ¿puedo hablar con usted un momento?

¿No ves que estoy ocupado?

Necesito saber si ha encontrado

la manera de cómo puedo viajar a Inglaterra.

¿Te he llamado? No. Pues entonces es que no.

Y no me gusta que me insistan. -Yo tampoco lo hago por gusto.

Esta mañana he hablado con Adela.

Está muy débil. El tiempo se nos agota.

Y yo lo siento mucho,

pero tengo otros asuntos urgentes que atender.

¿Más urgentes que la vida de su sobrina?

Quizá no, pero tampoco puedo hacer milagros.

Será mejor que te olvides de ese viaje.

Por lo que me ha contado Rosalía doña Diana ha estado

hablando con Adela y la cosa no pinta muy bien.

¿Cómo que no pinta bien?

Si han podido hablar con Adela es que estará mejor.

Por la cara de funeral me parece a mí que no.

A ver cómo se lo cuento a Merceditas,

que quedó en llamar.

Yo le decía que fuera buscando el velo negro.

Que luego no se encuentra. -¡Pero serás bruta!

Eres más bruta que un "arao".

¿Cómo se te ocurre hablar así de la familia?

Aunque mi Germán no esté Adela sigue siendo mi cuñada.

Ay, lo siento, prima.

La pobre Eugenia no se puede quedar sin padre y madre.

La niña tampoco es que esté muy bien.

Elpidia, por favor, ¿no la oye? Que no seas tan bruta.

Lo único que quiero es preparar a mi prima.

¿Tan mal has visto la cosa?

Doña Diana después de hablar con Adela

ha salido corriendo a ver a don Ricardo.

¿A ese hombre desnaturalizado? ¿Para qué?

Para que le ayuda a viajar viajar a Inglaterra

-¿Pero está loca doña Diana?

¿Cómo va a cruzar ese mar si está lleno de submarinos?

Si Merceditas estuviera así tú también lo harías.

Me voy, que se me ha echado encima la hora de comer

y no tengo "na preparao".

Eso. ¿Qué le vas a preparar al Benjamín?

Anda, se me había olvidado.

Es verdad, que ayer tuviste otra cita con él.

¿Qué tal fue? -Pues no sé qué decirte.

Alguna idea tendrás.

Al principio pensé que había sido un desastre.

Porque lo del baile no ha funcionado.

Pero luego me dije: "Elpidia, ahora o nunca."

Y le planté un beso en los morros

que le saqué hasta la respiración.

Y Benjamín te habrá puesto las cosas claras.

Si le ha encantado. Me ha pedido salir otra vez.

¿Benjamín? -¿Qué pasa?

¿Por qué te sorprendes tanto? -¿Benjamín?

¡No, Perico el de los Palotes, leche!

Mira, he encontrado un vestido en esas revistas

que miran las señoras más bonico... Mira.

¿Te vas a gastar el sueldo de un mes para comprarte

un vestido nuevo para una cita?

¿Que un cita? ¡Para la boda, prima!

¿No estás corriendo tú un poco? -A mi edad el tiempo es oro.

Hale, hasta luego.

Adiós.

Te he dicho que te vayas y que me dejes en paz.

No hasta que entre en razón.

Tiene que conseguirme ese viaje.

Adela me necesita allí.

¿Pero qué va a cambiar con tu presencia?

Que yo sepa no eres médico.

Pero yo puedo ayudarla, darles fuerzas para luchar.

Luis tiene razón, te crees el centro del universo.

Yo no he dicho eso. Al menos no con esas palabras.

Y usted debería dejar esa copa. Ya ha bebido demasiado.

Aunque quieras controlarlo todo, no puedes.

Lo de Adela no está en tus manos.

Pensé que tenía algo de humanidad.

Pero ya veo que me equivoqué.

¡Alto!

Todo esto no es culpa mía.

Con los submarinos es casi imposible viajar a Inglaterra.

Usted lo ha dicho: casi.

Por eso le pedí su ayuda,

por sus amistades con el contrabando.

Tengo amigos, sí, pero no conozco a todo el mundo.

Y tampoco sé hacer milagros.

Será mejor que te olvides de ese asunto.

Eso nunca. ¿Me oye?

Pase lo que pase, mi hermana no estará sola.

¿Quiere hipnotizarme?

He leído que es una manera de despertar los recuerdos

que se encierran en su memoria.

¿Qué me dice?

No creo que sea muy buena idea.

Entiendo que puede ser difícil revivir todo lo del secuestro.

Y si su mente lo rechaza será por algo.

Seguramente sean terribles.

Y muy desagradables.

Sé que puede ser muy traumático.

Pero creo que es la única manera de saber con certeza

que hemos atrapado al verdadero asesino.

No debería forzarla.

Si no quiere someterse a la hipnosis, déjela.

La última palabra desde luego es suya.

Está bien, haré un esfuerzo por recordar.

¿Estás segura?

Sí.

Puede empezar cuando quiera.

Perfecto.

Bien, pues intente relajarse.

Póngase cómoda y cierre los ojos, por favor.

Si en algún momento se siente mal podemos parar.

¿De acuerdo? -Sí.

Bien.

Inspire y espire.

Tranquilamente.

Cada vez más lentamente.

Note cómo su cuerpo se empieza a relajar

con cada respiración.

Ahora abra los ojos y fije su mirada en el reloj.

Su cuerpo cada vez es más pesado.

Le pesan las piernas, los brazos, los hombros...

Esto no funciona. -¡Chis!

Los párpados le pesan.

Ahora levante su brazo izquierdo.

Cierre el puño.

Apriételo lo más fuerte que pueda.

Y ahora intente abrirlo.

Ahora ábralo.

Ya puede bajar el brazo.

Relájese.

Vamos a ir al momento del secuestro.

¿Quién se la llevó?

Ese hombre.

Él me odia.

¿De quién habla? -Lo veo en sus ojos.

¿De quién me está hablando?

La comida parece apetitosa.

Pero no la voy a probar. No.

No, así quiere doblegarme.

No lo va a conseguir. No.

¡Ah!

Mis muñecas...

Me duelen mucho.

¿A quién se lo está diciendo?

-El bastón...

¡Don Ricardo!

¿Cómo? Repita eso que acaba de decir, por favor.

¡Ay!

¡Ay!

¡Ay, Alonso, no está Adela! ¿Qué ha pasado?

Tranquilícese, Adolfina.

El doctor se la ha llevado a hacer unas pruebas, nada más.

Ay, por Dios, un día de estos me muero del susto.

¿Y usted qué hace aquí?

¿Ocurre algo con la niña? -Está muy mal.

Los médicos que la atienden me han dicho

que el derrame de los pulmones se le ha complicado.

O sea, ¿qué está peor? -Ay, sí.

Si Adela se entera no querrá operarse.

No podemos contarle nada.

Pero es su madre.

Desde que le contamos el estado de su hija

Adela no ha hecho más que empeorar.

¿Entonces qué pretende?

¿Que cuando ella nos pregunte nosotros le mintamos?

Es por su bien.

Si le contamos que su hija está mejorando

a lo mejor pensará en operarse.

Pero yo miento muy mal.

Se va a notar todo y eso va a ser muchísimo peor.

Tiene que hacer este esfuerzo, por el bien de Adela.

¿O quiere perderlas a ambas, madre e hija?

Bueno.

(LLORA)

¿Estás bien?

Rosalía me ha dicho que no has querido hablar con ella.

No tenía nada que decirle.

La visita con tu tío no ha ido como esperabas, ¿no?

Ha sido inútil.

No entiende la importancia de mi viaje a Londres.

Le has pedido un milagro.

Y quizá no...

no ha podido conseguirlo.

No, ni siquiera lo ha intentado.

Eso es lo que más me duele.

Y mientras Adela... -Cariño, tranquilidad.

Hey.

Es que me siento muy impotente.

Tienes que pensar que Adela no está sola.

Está con tu tía Adolfina y con Alonso.

Pero a ellos no los escuchará,

sólo a mí.

Sólo pensar que le puede pasar algo yo...

Mira, vamos a hacer una cosa.

Vamos a buscar una solución.

¿Y si compramos un aeroplano

y contratamos a un piloto para que me lleve?

Me parece muy buena idea. -¿Sí?

Y si no encontramos a nadie que lo sepa llevar

lo puedes pilotar tú.

(LLORA) No te rías de mí.

No te pongas así.

Sólo quiero que veas que es una locura.

Y que podrías causar una tragedia aún mayor.

¿Y qué puedo hacer, Salvador? ¿Qué hago?

Esperar y pensar en el buen hacer de Alonso y Adolfina.

Espero que puedan convencerla para que se opere.

Pero... pero también...

¿Qué?

Que no quiero que Adela piense que no nos importa.

Eso es imposible.

Desde que entré en vuestra familia

he visto cómo os queréis.

Estoy seguro que ella sabe que no está sola.

¿Tú crees?

Ven aquí.

(LLORA)

Eh.

¿No ve que está asustada? Se ha bloqueado.

Celia, por favor.

Marina, mi voz es su salvavidas.

Agárrese a él, conmigo está a salvo.

Relájese.

Relájese.

Eso es.

Respire profundamente.

(RESPIRA)

Bien.

Ahora hábleme del sitio donde estuvo encerrada.

La luz.

No puedo ver nada.

No sé qué hora es.

Quizá haya estado encerrada en un sótano.

¿Está en un sótano? ¿Es eso?

Me mira.

¿Quién? ¿Quién le mira? ¿Es don Ricardo?

La puerta se abre.

No me haga daño.

No me haga daño.

Despiértela, por Dios. ¿No ve que está sufriendo?

Está a punto de contarnos quién le ha hecho esto.

Así que, por favor, no me interrumpa más.

¿Quién ha abierto la puerta? ¿Quién está ahí con usted?

¿Quién le ha hecho todo esto?

Sólo está consiguiendo que sufra.

¡No me mate!

(LLORA)

Marina, concéntrese en mi voz. Concéntrese en mi voz.

Relájese, relájese. Concéntrese en mi voz.

Relájese.

Eso es.

Cuando cuente tres, despertará.

Uno, dos y tres.

¿Qué ha pasado?

¿He podido recordar algo?

Nada útil.

Sólo cosas sin importancia.

Aunque creo que conseguirá hacerlo en varias sesiones más,

cuando consiga mejorar mi técnica.

¿Qué, no me va a contar cómo va el romance?

¿Romances? Para romances estoy yo, Raimundo.

Eh, que la han visto pasear por el parque con la Elpidia.

De la mano. -Porque me la coge ella.

Es como un calamar, se te cuelga del brazo,

de la mano y si te descuidas del cuello.

Eh, eh, pero las cosas no van por donde tú piensas.

Que te veo venir.

Ah, ¿no se lo pasa bien con Elpidia?

No, Elpidia es una muchacha muy simpática.

Eso no se le puede negar.

Les gusta mucho tomarse una limonada,

darle de comer a los patos y hablar.

Hablar le gusta mucho. Mucho, mucho.

No para de hablar.

Me ha contado la vida de todos los de su pueblo.

Pero uno por uno. Menos mal que son pocos habitantes.

¿Y usted qué le cuenta? -Yo nada.

Algo le contará en esos paseos. ¿No le ha abierto su corazón?

Ella habla y yo pues pienso en mis cosas.

Por ejemplo, que tengo que hacer

una pequeña colecta en la fábrica.

O, mira, que voy a poner una estufa en la casa.

Le entiendo porque me pasa lo mismo con Merceditas.

Ella habla y habla. Y se me va el santo al Cielo.

Pero luego se enfada conmigo porque dice que no la escucho.

No, ella no se enfada. Está encantada, vamos.

Disfruta hablando. Y yo me siento raro.

Ella está contenta y feliz y yo estoy como trasnochado.

¿Tiene problemas con la diferencia de edad?

Si quieres que te diga la verdad

yo creo que me pega más Rosalía.

Hombre, por favor, no me va usted a comparar

a Elpidia que es joven y lozana con una mujer seca

como una mojama, delgada, que siempre viste de negro

y parece un paraguas cerrado.

Raimundo, un poco de respeto. Hombre, por favor.

A ver, usted me entiende.

Benjamín, estar con una mujer más joven es una bendición.

Lo que pasa es que usted está acostumbrado a doña Rosalía.

Tiene más trato con ella. Normal, ¿eh?

Normal, normal.

Pero unos cuantos paseítos más con Elpidia

y va a ver como le gusta mucho más.

¿Tú crees? -Uh, lo veo.

Y aprovechando que doña Antonia no está

me voy a tomar un vino con usted.

Y vamos a brindar por esa parejita de tortolitos.

No tortolitos. Tortolitos ella, yo soy un alimoche.

Venga, no diga esas cosas.

Por el Elpidia y por usted, porque se le quiten las dudas

y que empiece a disfrutar del amor.

¿Pues sabes qué te digo, Raimundo?

Que ojalá tengas razón.

Como tu madre se entere

de que he cerrado la tienda antes de tiempo, me despide.

Bueno, la tienda es más mía que suya.

Estas no son formas de llevar un negocio, Gabriel.

Venga ya, con el día tan bueno que hace

todo el mundo estará en la calle.

Tampoco es tan grave, ¿no?

Quien quiera un sombrero

ya vendrá en otro momento a por él.

Así se pierde clientela.

Bueno, imagínate que estamos investigando sombreros.

Fíjate en la cabeza. Hola, buenas tardes.

Qué espécimen más increíble, ¿verdad?

(RÍE) Qué cara tienes.

No tan bonita como la tuya.

Deberíamos ir a una joyería.

Necesitas unos pendientes

para que la enmarquen como se merece.

Lo único que necesito es conservar mi trabajo,

que no soy una mantenida, ya te lo he dicho.

Cambiemos de acera. -¿Qué ocurre?

Es Luis, el marido de Francisca.

Vamos a saludar. -No es una buena idea.

Don Luis, qué sorpresa verle por aquí. ¿Cómo se encuentra?

No tan bien como usted, eso salta a la vista.

Aunque no se puede decir lo mismo de su acompañante.

No parece muy entusiasmado.

A lo mejor tiene miedo de que le arrebate a otra Silva.

Pensaba que estaba felizmente casado con una de ellas.

Pero si tan poco aprecio le tiene al ojo que le queda

diga hora y sitio y allí estaré.

Está claro que por muchos trajes a medida

que lleve ahora jamás será capaz de desprenderse

de ese obrero arrogante que lleva dentro.

Será mejor que cierres la boca si no quieres que te la cierre.

Gabriel, por favor. -No sé por qué se ofende tanto.

Ya tiene lo que quería, ¿no? Ir del brazo de una Silva

sin que ella se avergüence de usted. Es un logro.

La pena es que le da igual cuál sea.

¡Se acabó, a ella la respetas! -¡Suélteme!

¡Compórtense, por favor!

Gabriel, vamos. -Sí, hágale caso.

Ya tiene lo que quería,

quedar con ella como un caballero andante.

Gabriel, por favor.

Da gracias que no pegue a lisiados...

ni a perdedores.

El único que ha perdido aquí algo es usted.

Lo que más deseaba es mío. ¿Me oye?

¿Y mi tía por qué tarda tanto en volver?

¡Ah! Cálmese.

No se mueva tanto.

Es que estoy angustiada, temo que le pasara algo a Eugenia.

Tu hija está bien, no te preocupes.

¿Y tú cómo lo sabes? Si le hubiera ocurrido algo

o cambiara su estado, nos habrían llamado.

Y no ha sido así.

Bueno, ya está, venga.

Con esto podrá descansar toda la noche.

Gracias.

Ah...

¡Tía, por fin!

¿Qué pasa? ¿Por qué no habla? Ay, nada, perdóname, Adela,

es que me he emocionado al verte.

Pero la niña está mejorando, de verdad,

que me lo han dicho los médicos. -¿Ve como no debía preocuparse?

¿Y por qué ha tardado tanto en volver del hospital?

¿De qué hospital?

El hospital en el que está ingresada Eugenia, tía.

Ay, ¿Eugenia? (RÍE)

¿No me digas que la reina de España está ahora en Inglaterra?

No, Victoria Eugenia no, tía, mi hija Eugenia.

Ha ido a verla, ¿no?

Sí...

-¿Qué pasa? -Adolfina, siéntese, por favor.

Gracias.

¿Se ha tomado hoy sus medicinas?

¿Qué medicinas, joven?

Es que mi tía tiene problemas de memoria.

La iban a operar cuando yo tuve el accidente.

¿Te refieres... a estas?

Ah... Sí, estas.

Pues la verdad es que no,

hace muchísimos días que no me las tomo.

Pues estaría bien que se las tomara.

Señora, ¿está bien?

Yo sí...

pero la niña...

(SUSPIRA) Nos vendría bien un café,

aunque sea militar. -Sí. Aunque sea militar.

Quiero hacer algunos cambios con respecto a la boda.

-¿Otra vez? ¿Cuántas veces puede una novia cambiar la ceremonia?

No se trata de eso, es algo más importante:

La lista de invitados. -¿Quieres aumentar la lista?

-No, reducirla. Y mucho. -¿Y por qué?

Mis hermanas no tienen interés en la boda,

así que no las voy a invitar. -No puedes hacer eso.

¿Por qué? Diana y Blanca me evitan,

a Celia no le gustan este tipo de formalismos

y está siempre de un lado para otro.

Y Francisca y Adela viven lejos, no van a venir.

Para eso no las invito. -Pero son tus hermanas.

Te arrepentirás toda la vida. -Ellas no lo hacen de ignorarme.

Así que, si se sienten ofendidas, me da igual, que aprendan.

Escúchame, nos casamos una vez en la vida.

Nos merecemos que ese día tan importante

estemos con la gente a la que queremos.

Por eso mismo. Así, además, como tendríamos

menos cosas que preparar, podríamos adelantarla.

No, eso... eso no es posible.

¿Por qué?

-Porque hay algo que debes saber. -¿El qué?

Pues que mis padres no podrán estar en la fecha que hemos elegido,

porque tienen que ir de viaje. -¿De viaje?

Sí. A Burgos.

-¿No pueden salir de viaje después? -Imposible.

Es que tienen que ir a cuidar de mi tía.

Ha enfermado y... -No sabía que tuvieras

una tía allí. -No es mi tía, es de mi madre

y apenas la veo. -Uf.

¿No la puede cuidar otra persona? -Imposible.

Mi madre es la única pariente que le queda.

Pero tenemos toda la vida para disfrutar juntos,

no pasa nada porque retrasemos la fecha de la boda.

¿Y si nos casamos solos?

Sin padres ni nada.

Bueno, está bien, la retrasaremos.

-¿Vamos? -¿Dónde?

-Donde quieras. -Venga.

¿No íbamos a ver tiendas?

Bueno, yo prefiero ver cosas más interesantes.

-Sabía que acabaríamos así. -¿Ajá?

No deberíamos haber subido a refrescarnos

-Bueno, ¿es que acaso no te gusta? -Me encanta.

(RÍEN)

Gabriel, no para.

-¿Qué? -Que pares.

-Oh... -Siempre es lo mismo.

Cuando me ves, te falta tiempo para echarme la mano encima.

¿Y qué quieres que haga si me vuelves loco?

Hablar, por ejemplo.

Bueno, ¿de qué quieres hablar?

Pues, no sé, de nosotros, de nuestras vidas,

de lo que hablan los novios. -Ah...

Ya me disculparás, no sé de qué hablan

porque nunca he tenido ninguna novia.

No me pareció eso por tu conversación con Luis.

No has abierto la boca desde que nos lo encontramos.

Cuando he querido preguntarte te has escabullido.

Si querías romper el momento mencionándolo, lo has conseguido.

¿No vas a explicarme de qué hablaba?

No, prefiero no darle vueltas al pasado, ¿vale?

Gabriel, vamos a casarnos, no podemos tener secretos.

¿Estás segura que quieres saberlo?

Tuviste una relación con Francisca, ¿no es así?

Fue cuando trabajaba de obrero en Tejidos Silva.

Pero la cosa, poco a poco, se complicó y ella...

acabó casada con Luis pese a seguir enamorada de mí.

-Por eso te odia tanto. -Bueno, el sentimiento es mutuo.

Estuve a punto de acabar en el garrote por su culpa.

Aunque él perdió un ojo por querer batirse en duelo conmigo.

-¡Santo Dios, Gabriel! -Venga ya, no le compadezcas.

Detrás de esa apariencia de caballeros,

se esconde una persona ruin y mezquina

capaz de denunciar a su esposa a la Policía

y de poner precio a mi vida para que ella volviera con él.

-No puede ser. -Cuando por fin salí de la cárcel,

nuestras vida siguieron caminos distintos.

Yo me fui a Filipinas a hacer fortuna y...

el resto ya lo conoces.

Volviste millonario y con un título de conde, pero...

¿qué pasó con tus sentimientos hacia ella?

Enterrados con el hombre que fui.

Ahora soy otra persona

que se ha enamorado de una mujer maravillosa.

¿Y si pudieras volver atrás?

No cambiaría absolutamente nada porque no te habría conocido.

¿No te das cuenta?

Todo lo que ha pasado me ha acercado a ti.

Hasta cierto modo, todo lo que tenemos se lo debo...

a Luis.

Yo nunca te dejaría por él.

Lo sé.

Sabía que, tarde o temprano, entraría en razón.

No cante victoria tan rápido,

que esté aquí no significa que voy a aceptar su chantaje.

¿Entonces por qué se toma tantas molestias?

No me gusta que nadie se presente en mi casa nerviosa diciendo

que me ha nombrado en una sesión de hipnosis con la Policía.

-Celia. -Para haber sido hipnotizada,

no parece usted muy sorprendida con lo que le digo.

A menos que todo haya sido una farsa.

Tenía que llamar su atención

para que supiera lo que se arriesga si no accede a mis pretensiones.

-Es usted un ser... -No está en posición de insultarme.

¿Quién va a creer lo que diga en una sesión... de hipnosis?

El inspector Velasco está muy dispuesto.

¿Y quién sabe si en la próxima sesión

consigue sacarme todo lo que sé?

Dicen que, cuando uno está hipnotizado,

pierde el control de su mente. -No creo que sea su caso.

Espero que no se atreva a delatarme.

Yo ya no tengo nada que perder, pero usted no puede decir lo mismo.

Tiene hasta la próxima sesión de hipnosis para pensárselo.

No necesito tanto tiempo.

Está bien, usted gana.

Me encargaré de que salga absuelta del juicio.

No volveré a hacerle daño.

Sabía que entraría en razón.

No lance las campanas al vuelo,

antes necesito garantías de que nunca hablará.

-¿Duda de mí? -Con esa confesión escrita

de su puño y letra que alguien guarda en su poder,

no me ofrece mucha confianza. -Es mi seguro de vida.

Si no me pasa nada, nunca verá la luz.

Espero que así sea, de lo contrario,

sus problemas con la justicia serán lo de menos.

Traicione nuestro trato y no vivirá para contarlo.

Veo que no se anda con rodeos.

Llevamos demasiado tiempo haciéndolo, ¿no cree?

Pues déjeme que yo también sea sincera con usted:

Si yo caigo, caen todos conmigo.

Así que mejor que estemos todos contentos.

He intentado convencer al inspector

de que todo lo que decía Marina eran cosas inconexas.

Pero nada más lejos de la realidad.

-¿Cómo se le ocurrió hipnotizarla? -No lo sé.

Independientemente, se acordaba de todo.

Del miedo que pasó, del sótano donde la teníamos,

de la comida que le llevábamos, hasta del tío.

Esperemos que Velasco no se diera cuenta de nada.

-¿Y qué pasa si cuenta más? -¿Y cómo lo impedimos?

Le conté todo lo que ha pasado a mi tío

para que tome cartas en el asunto. -No, no me gusta nada.

Acuérdate de lo que pasó la última vez.

Esta vez no va a pasar, Marina dejó escrita una carta.

Si le pasa algo, se acabó. -¿Por qué tuvo que aparecer

para complicarlo todo otra vez? -Esperemos que entre en razón.

Mi tío quiere negociar.

-¿Qué le ofrecerá por su silencio? ¿Dinero?

¿Crees que lo aceptaría si casi muere por su culpa?

¡No lo sé, Aurora! Todo esto me supone mucha tensión.

Y, ahora, debería estar preocupándome por mi hermana Adela,

no pensando en esta loca.

Así que todavía me siento más culpable.

Tranquila, no puedes hacer nada por ella.

Está en manos de los médicos ingleses.

Nos queda esperar y confiar en que saldrá bien.

-Eso no me tranquiliza. -Tu tío arreglará lo de Marina.

Y los médicos lo de Adela, ya lo verás.

Aunque le dé todo lo que tiene para que guarde silencio,

¿quién nos garantiza que en un futuro no querrá más?

Estaremos en sus manos esperando a que nos amenace

en cualquier momento con Dios sabe qué.

Deja de atormentarme por algo que no sabemos si ocurrirá.

No pienso permitir que esa mujer ensucie el único momento

que tenemos en todo el día para estar juntas en un infierno.

Este es nuestro refugio.

Hace tiempo que ya no lo siento así.

Me gustaría olvidarme de los problemas, pero no puedo.

La cabeza me va a estallar.

(SUSPIRA)

Tranquila.

Don Emilio, ah... ¿A qué viene tanta urgencia?

Doña Blanca, discúlpeme por presentarme a estas horas,

pero me he enterado de algo que le puede interesar.

Pues dígame de qué se trata.

Ah, la Casa Real va a fletar un barco en unos días

que viajará a Inglaterra.

¿Y los submarinos?

La embajada alemana ha garantizado su seguridad.

Y no puedo decir más porque es secreto de Estado.

No puede dejarme así, por favor. Cabe la posibilidad

de que queden algunas plazas en ese barco.

¡Pues eso es un milagro! Voy a contactar con la reina

para que consiga una plaza para Diana.

No creo que la reina pueda hacer nada.

A la reina madre es a quien corresponde esto.

Ella es quien decide quién viaja y quién no.

Entiendo.

Así que, si quiere conseguir esa plaza, deberá ganarse

la confianza de la reina madre, eso sí, sin ofender

a la reina Victoria Eugenia, claro.

No sé si podré conseguirlo con las tensiones provocadas

tras mi nombramiento como primera dama de la reina.

Además, no soy del agrado de la reina madre precisamente.

Pero siempre hay algo que se puede hacer.

A usted le toca valorar hasta dónde está dispuesta a llegar.

¿Pero a qué se refiere?

¿Como contarle algún secreto de la reina a su suegra o algo así?

Yo ya he cumplido informándole, usted debe decidir.

Ahora, si me disculpa, debo irme. Sí.

¿Y si Ciro se está replanteando la boda?

Yo creo que todo esto es una estrategia para ganar tiempo

y aclararse las ideas. Quiero que me ayudes.

¿Cómo?

¿No te podrías reunir con Ciro y averiguar la verdadera razón?

-¿Tú sabes lo que me pides? -Le sonsacas todo y me lo cuentas.

Igual lo que averiguo no es de tu gusto.

Estaré preparada para lo que sea.

Rosalía, la estábamos esperando.

¿Qué significa esto, Srta. Celia?

¿Por qué me ha citado aquí, inspector?

Pues solo hay una razón por la que nos citan a las dos:

Marina, la asesina de mi hermano y Carolina, ¿me equivoco?

En ese caso, cuéntenos, inspector, se lo ruego.

¿Hay alguna novedad? -¿Recuerda las flores

con las que decoré el piso y el champán que bebimos?

Ajá.

Pues necesito que hoy me consiga más de lo mismo,

pero en mayores cantidades. -No, espere, yo no le haré de mozo.

La noche promete ser larga y voy a necesitar más de todo.

¡Ta está bien, se acabó!

¡Estoy harto de pasar cada noche fuera

y estar a su servicio como si fuera su lacayo!

-Tranquilícese. -¡No, se acabó!

No le seguiré el juego para que me humille constantemente.

Ha surgido la posibilidad de conseguir plaza

en un barco que sale a Inglaterra en unos días.

Creía que era imposible. Es que este no es un viaje al uso.

Explícate. Se trata de un viaje secreto

que organiza la Casa Real.

Para conseguir esa plaza yo... tendría que traicionar a la reina.

He reservado mesa en el Café Europa.

¿Y por qué un sitio tan lujoso?

Hay tascas más cercanas donde se come bien.

Lo sé, lo sé, pero he elegido ese lugar a posta.

¿Y por qué?

Básicamente, en su carta hay platos deliciosos

que me gustaría que probaras y eligiéramos juntos el menú

para nuestro banquete de boda.

Esperé a que se fueran todos para hablar con usted.

¿Conmigo para qué?

Para hacerle una propuesta que estoy segura será de su interés.

No sé qué puede proponerme que me pueda interesar.

usted y yo apenas nos conocemos.

Es cierto, apenas nos conocemos,

pero tenemos algo que nos une de forma muy poderosa.

Un adversario en común.

Tengo una propuesta que hacerle:

¿Por qué no recuperar la figura de la cantante del Ambigú?

¿Doña Francisca? No puede ser, está con Merceditas en el pueblo.

No, no, no estaba pensando en doña Francisca.

La niña está mejorando.

¿La niña está bien? Hablé con los médicos

y me lo han confirmado, drenó el líquido de los pulmones.

¡Gracias a Dios!

¿Y cuándo la voy a poder ver? Mañana la traerán al hospital.

Ahora que la niña está mejorando,

ya sabe la pregunta que le voy a hacer.

¿Accede a operarse?

(Suena el teléfono)

¡Por fin! Sí, soy yo, Blanca.

¿Hola? No... es que no... no te oigo.

¿Qué pasa, Blanca?

Apenas he oído nada, se ha cortado.

¿Pero has oído al menos quién era?

Era la tía Adolfina y estaba llorando.

Por su cara veo que no ha recibido buenas noticias.

Es mi amigo en la comisaría,

María está allí esperando a Velasco.

-¿Para qué? -Asegura haber recuperado

la memoria y ahora quiere declarar.

Tengo la certeza de que, gracias a la sesión de hipnosis

a la que me sometió ayer, mis recuerdos han aflorado.

Sesión de hipnosis que ni me consultó, ni yo autoricé.

Pero el caso es que Marina ha recobrado la memoria.

¿Y ahora está preparada para hacer una declaración

acerca de su agresor? -Sí.

Ahora recuerdo todo lo que me sucedió

durante las semanas que estuve desaparecida.

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Seis Hermanas - Capítulo 366

21 oct 2016

Adela se niega a operarse hasta que no vea a su hija. Sus hermanas intentan viajar a Inglaterra pero es imposible. Velasco decide probar la hipnosis con Marina para gran preocupación de Celia. Gabriel tiene un encontronazo con Luís en presencia de Soledad. Elisa decide no invitar a sus hermanas.

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