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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 357 - ver ahora
Transcripción completa

El niño está perfectamente.

(LEE MENTALMENTE) No merecías esto.

Y ahora, mi obligación es pechar con lo que hice,

revelártelo y pedirte que, si puedes, me perdones.

Inspector, si considera necesario detenerme,

estoy dispuesto a acudir a comisaría

y dar todas las explicaciones pertinentes.

Estoy dispuesto a olvidar que colaboró

con esos grupos sediciosos, si, a cambio, me dice de una vez

dónde se encuentra Marina. No lo sé.

Si tu hermano sale en los periódicos,

nuestra carrera habrá terminado para siempre.

No ha pasado nada que sea irremediable.

Me tienes que prometer que no volverás a intentar

algo así. -Te lo prometo.

Han encontrado a Marina. Está gravemente herida.

He cometido muchos errores.

Pero hay uno que me reprocho sobre todos.

¿Qué haces? -No quiero saberlo.

Lo hecho ya no tiene remedio.

Necesito hacer borrón y cuenta nueva.

Si sigue adelante, lo delataré.

¿Sabes lo que le ocurriría a ese delicado cuello tuyo

si te condenan por asesinato?

Tu amiga y tú seguiréis calladas, por la cuenta que os trae.

Esta misma noche, quiero que termines el trabajo.

Si se despierta y habla, estamos perdidos.

Iremos todos a prisión.

Hablé con un juez amigo, que, a su vez, habló

con el juez instructor de la causa de Cristóbal.

¿Y le han liberado? El juez dictó

arresto domiciliario contra Cristóbal,

hasta que Marina despierte y le tomen declaración.

(Sintonía)

No entiendo por qué no hay vigilancia en la habitación.

Aquí trabajan médicos y enfermeras,

no agentes del orden. -Yo mismo mandé una carta,

solicitando vigilancia y explicando las circunstancias

de esta paciente. No entiendo por qué no hay

nadie en la puerta ni dentro.

Perdone, pero vigilar a un paciente,

no es competencia del hospital.

Tiene razón. Lo haremos nosotros.

Llamaré al comisario para que envíe agentes.

Quiero seguridad las 24 horas.

Si quieres, puedo hablar

con el director del hospital e informarle de esto.

-Se lo agradezco. -Le advierto una cosa.

Tendrán que salir cuando un médico

o una enfermera se lo pida. -Sí. No se preocupe.

No entiendo nada. Marina no está en condiciones de huir.

No es eso lo que me preocupa.

Es evidente que alguien quiere acabar con su vida.

Mi obligación es protegerla, hasta dar con esa persona.

O hasta que despierta y nos diga quién le hizo esto.

Pues, quizás, sus esperanzas sean en vano,

porque los médicos no son nada optimistas.

Puede que Marina no despierte nunca.

No, no. Tiene que despertar.

Tiene que decirnos quién le ha disparado.

Será la misma persona que la secuestró.

¿Cree que la han secuestrado?

Sí, sí. Cada vez lo tengo más claro.

¿Y por qué tanta preocupación por una asesina?

Bueno, en primer lugar y por muy odioso que nos resulte,

porque Marina, judicialmente, no es alguien culpable.

Ante la ley, es una persona inocente.

Y en segundo lugar, porque un crimen es un crimen,

aunque la víctima sea una asesina.

Y quien ha hecho esto, tiene que pagar por ello.

Aurora, ¿me está escuchando?

Sí, sí. Disculpe. Es que...

Bueno, es que ha sido un día muy largo.

Celia me está esperando fuera para irnos a casa.

Si no le importa, me gustaría marcharme ya.

Espere. No se vaya todavía.

Necesito llamar al comisario para que envíe refuerzos.

No quiero que Marina se quede sola ni un segundo.

Serán solo cinco minutos. ¿Me haría ese favor?

-Claro. Haga esa llamada. -Gracias.

¿El señor va a desayunar con usted?

No te preocupes por Rodolfo, María.

Ha salido a hacer unos recados.

Me refiero al otro señor Loygorri, al doctor.

No lo sé. Pero deje la cafetera ahí, por si acaso.

De acuerdo. No sé si sabe, pero Cristóbal está

en arresto domiciliario. No sabía.

No puede salir de casa ni hacer llamadas.

¿Y por qué, si puede saberse? No puede saberse.

Como diga. Se lo digo porque conozco bien

a Cristóbal y es capaz de saltarse todas esas restricciones.

Manténgame informada de todo lo que haga.

O sea, ¿que quiere que vuelva a ser su espía,

como con lo de las cartas? Más o menos.

La mantendré al corriente, señora. Gracias.

Y si intenta salir de casa,

avíseme de inmediato. Así lo haré.

Buenos días, Cristóbal.

Aquí tienes.

¿Qué es esto? Es una relación

de mis movimientos esta mañana.

La hora a la que me desperté,

a la que fui al cuarto de baño.

Incluso, la hora a la que me serví el café.

Se la puedes dar a María, para que la incluya en su registro.

Lo siento, pero no sé qué significa.

Blanca, no disimules. Acabo de escuchar

cómo le dabas indicaciones a María.

Entenderás que tu situación aquí es difícil y peculiar.

Eso de poner a trabajar al servicio como si fueran espías,

¿sabes de quién era muy propio? De mi señora madre.

La obsesión por el control.

Supongo que debe ir con el cargo, señora Loygorri.

Solo intento que esta situación no nos estalle a todos en la cara.

O que por tus habituales imprudencias,

no acabes de verdad en la cárcel.

Está claro que he de acostumbrarme a esta nueva Blanca.

Cada día, te pareces más a mi madre.

Juan, espero que su brazo esté mejor.

Ernesto, enhorabuena por el nacimiento

de su nueva hija. Santiago.

Rebeca, la veo a usted muy bien.

¡Ay, Benjamín! Qué alegría volver a verle.

Alegría, la mía, señora. Espero que vuelva para quedarse.

Sí, sí. Las vacaciones han estado muy bien,

pero todo tiene su límite.

Aunque sé que la fábrica la dejé en buenas manos.

Hicimos lo que pudimos, pero no soy el director.

¿Ha habido algún problema en mi ausencia?

¿Alguno? Espero que haya descansado,

porque se le van a acumular

los problemas. -¿Tan mal van las cosas?

No quiero amargarla, pero su tío no vino mucho.

Cuando venía, era peor. No quería aceptar pedidos.

No quería que revisáramos las máquinas,

que algunas están para cambiarlas.

Para eso, es mejor hablar con Luis.

Mi tío confía en él. Aunque tienedefectos,

es muy buen trabajador. -No sé qué decirle.

-¿Se ha vuelto un gandul? -No.

Pero tampoco ha venido mucho.

Y está lo de los dolores de cabeza.

Llegó al extremo de pedir

que paráramos las máquinas, porque el ruido

la agravaba el dolor. -Por el amor de Dios.

Debería ingresar en un convento. -Lo mismo pienso.

Por lo que me cuenta, el ritmo de producción

ha debido bajar mucho. -Mucho.

Algunos clientes han amenazado con cambiar de proveedor.

No nos lo podemos permitir, porque con el pedido

de la Casa Real no podemos sacar esto adelante.

La Casa Real es un buen cliente.

Lo que he aprendido yo de trabajar con la Casa Real,

es que cambian la ropa de cama

con menos frecuencia de lo que uno piensa.

Benjamín, ¿no estará arremetiendo contra la higiene de los reyes?

No. Yo solo le informo. -Está haciendo usted

todo lo posible por acabar con mi buen humor.

Pero no lo va a conseguir.

Yo lo que estoy, es muy contento de verla por aquí.

Y yo de estar aquí. Bueno, haré todo lo posible

para que las cosas vuelvan a funcionar como antes.

Lo primero será ver los libros de la fábrica.

Y lo segundo, hablar con mi tío.

Bueno, quien dice hablar, dice discutir.

Pues después de hablar con su tío, baje a verme.

Yo estaré por aquí para que se pueda desahogar.

Las vacaciones me han servido para comprender

qué es lo que más me gusta en el mundo.

Llámeme loca, si quiere, pero esto me gusta.

Mucho.

Entiendo que vivir conmigo y con tu hermano, no es fácil.

Pero no me parece bien tu actitud.

¿Debería darte las gracias por dejarme vivir

en la casa que me dejó mi madre

y que Rodolfo me quitó con engaños?

Jamás he dicho que esta no sea tu casa.

¿Y por qué me tratas como un extraño?

Te recuerdo que eres tú el que te fuiste

y que si saliste de la cárcel, es gracias a tu hermano.

Lo sé... Perdona, pero me parece que es

mejor un arresto domiciliario, que estar en una celda.

Rodolfo no me sacó de la cárcel por caridad,

ni porque le resulte espantoso que su hermano pequeño

duerma entre malhechores. Lo hizo por su propio interés.

Por evitar un escándalo que le pueda perjudicar

en su carrera política y a ti con la reina.

El caso es que te ha sacado

y que aceptamos que vivas aquí,

cuando es una situación muy difícil para todos.

Lo mínimo que podrías hacer, es agradecerlo.

Es asombroso. También has absorbido la hipocresía Loygorri.

Mira, Cristóbal, por favor... Ya está bien.

No me pidas que actúe como si fuera idiota.

Jamás he pensado eso de ti. Entonces, hablemos claro.

Los dos sabemos que Rodolfo y tú tenéis un problema.

Y ese problema soy yo. He vuelto a Madrid

y soy un estorbo para vuestros planes.

Peligran tus opciones de ser primera dama por mi culpa.

Sería una lástima.

Aunque a decir verdad, ese puesto no casa

con la Blanca que no conocía.

Cristóbal, ¿no te parece bien que tenga aspiraciones?

Quién lo iba a decir. Con ideales tan elevados

y no apruebas la ambición en una mujer.

No tengo inconvenientes en que una mujer tenga ambiciones.

No lo parece, porque no paras de criticarme.

Lo que no apruebo, son las intrigas,

la hipocresía y las puñaladas traperas.

Eso lo detesto, venga de un hombre o de una mujer.

¿Qué hora tenemos?

Mira, por favor, no empieces con esa pantomima otra vez.

No hace falta. La hora a la que terminé el café.

Me voy a mi habitación. Estaré allí unos 45 minutos.

Así que puedes estar tranquila, Blanca.

O quizás, deba decir doña Blanca.

Tenga.

¡Rosalía, no me cierre la puerta!

Perdone, señorita. No la vi llegar.

Tengo que devolver estos libros a la biblioteca

y creo que llegué demasiado pronto.

Acaba de llegar un telegrama de su hermana Adela.

¿De Adela? A ver.

-¿Va todo bien? -Sí. Todo bien.

Dice que han encontrado plaza en un tren.

Partirán hacia Escocia en cinco días.

Manda muchos besos para todas. -Qué atenta es.

Nunca olvida enviar noticias. -Sí.

Por lo menos, son buenas noticias.

¿Por qué dice usted eso? ¿Ha ocurrido algo?

Ayer encontraron a Marina en un páramo abandonado.

Le habían disparado.

-¿La han matado? -No. Está en el hospital, grave.

Dios mío. Es horrible.

¿Y se sabe quién puede haberlo hecho?

La policía está investigando.

Por eso, la tienen bajo custodia. Pero es horrible, lo sé.

Le prepararé una tila.

Mejor, que sean dos.

Veo que le ha afectado mucho la noticia.

Señorita, yo... siento algo muy contradictorio

Por una parte, me alegro de que por fin

hayan encontrado a la asesina de mi hija.

-Eso lo puedo compartir. -Pero por otra parte,

pienso que deberían juzgarla y condenarla.

No me gustaría que esta historia tuviera un final así.

Que alguien pueda dispararte y abandonarte

en un páramo, es horroroso.

Sí. Será mejor que no le demos muchas vueltas.

Señorita.

Perdone mi atrevimiento, pero tengo que preguntárselo.

¿Tiene usted algo que ver en esto?

¡Pero cómo se puede ser tan inútil!

Te he dado una orden y mis órdenes se cumplen sin excusas.

Me da igual que el hospital esté vigilado por la policía.

O Marina amanece muerta, o te juro que serás tú

el que pague las consecuencias. Y ahora, fuera de aquí.

¡Oye! La próxima vez que quieras hablar conmigo,

que sea para decirme que está muerta.

Fuera de aquí.

¿Quién era ese hombre? He oído gritos por el pasillo.

-No es asunto tuyo. -Espero que no fuese un cliente,

porque salía pálido. -No es un cliente. Es un ayudante.

Últimamente, no da una. Estoy harto de la incompetencia de la gente.

Yo también. Precisamente, por eso quería hablar con usted.

No estoy de humor. ¿Y qué haces aquí?

¿No estabas de vacaciones? -Se acabaron.

Vuelvo al trabajo. -Se me han hecho muy cortas.

Creo que me ausenté más de la cuenta,

a juzgar por el estado de la fábrica.

Todo el mundo se siente imprescindible.

Pero trabajamos muy bien sin ti.

Se me había olvidado que trabajabas aquí.

No me extraña. Ese es un síntoma más de su desidia.

-¿Desidia? -Sí. O algo peor.

Quizás, embotamiento a causa del alcohol.

Es un poco temprano para beber, ¿no?

¿Es una indirecta para que te sirva una?

-En absoluto. -Bueno, ¿de qué querías hablar?

¿Alguna queja sobre mí o sobre el funcionamiento de la fábrica?

¿Alguna? No sé por dónde empezar.

Problemas con los proveedores, retrasos en las entregas,

máquinas paralizadas porque hacen ruido,

ningún pedido nuevo en todo este tiempo,

revisiones paralizadas... ¿Quiere que siga?

¿Cómo puede preguntarme eso, Rosalía?

Perdone mi atrevimiento, pero no puedo olvidar

lo que dijo cuando usted y don Ricardo enredaron

a Benjamín para que declarar contra doña Marina.

Eso fue un error.

Y ya ha quedado atrás.

Había que convencer a Benjamín para que mintiera contra ella,

porque lo importante era encerrarla, a cualquier precio.

No fue idea mía.

No. Lo supongo. Y eso lo hace peor,

porque fue de don Ricardo, pero usted no dudó

en unirse a él para darle a doña Marina su merecido.

Y eso, son tácticas...

Que Dios me perdone por decírselo así.

Pero eso son tácticas de matón, señorita.

Puede estar tranquila, Rosalía. Yo no soy ninguna matona.

Ya sé que usted no ha matado a nadie.

Usted no le haría daño a una mosca.

¿Pero su tío don Ricardo,

no cree que podría hacerlo?

Podría.

No sé si hacerlo, pero, desde luego, sí ordenarlo.

Su tío es capaz de enredar a cualquiera.

Incluso, a usted.

Señorita, dígame que no tiene nada que ver en esto.

No tengo nada que ver en esto.

Yo solo quiero que este asunto acabe y volver a la normalidad.

No sabe cuánto me alegra oírselo decir.

Voy a preparar esa tila.

Ay, Sofía, perdón por la tardanza.

Este hospital está lleno de policías.

A cada paso, me encontraba con uno

que me preguntaba a qué habitación iba.

¿Qué te ocurre? Te veo mala cara.

Ha venido un médico y me ha dado una mala noticia.

-¿El niño está bien? -El niño está perfectamente.

¡Ay, qué susto, Sofía! ¿Cuál es la mala noticia?

Que me han dicho que ya me puedo ir a casa.

Me han dado el alta. -Es una noticia maravillosa.

¿Y qué haces ahí, que no recoges tus cosas?

No me quiero ir. -¿Cómo no te vas a querer ir?

Anda. Deja de decir tonterías.

Estarás mejor en tu casa, atendida por Carlos

y por el servicio. -Eso ya lo sé.

Pero mi primo Claudio ha venido a pasar unos días en casa.

¿Tu primo Claudio?

Bueno, pero él no sabe nada y os lleváis bien.

¡Ay, Elisa! ¿No lo entiendes? Es el padre de mi hijo.

No se puede enterar de que estoy embarazada.

Pero no se va a enterar.

Elisa, sí que se va a enterar.

No sé disimular. A mí se me nota mucho.

Y en cuanto sepa la verdad, no podremos convivir

los tres en una misma casa.

Tú imagínate. Claudio y Carlos juntos.

Es que esto no puede acabar bien.

Bueno, tampoco te pongas en lo peor.

No puedo estar en la misma casa que Claudio.

Es imposible. No me veo capaz.

Ya lo sé.

Te vienes a vivir a mi casa, ¿de acuerdo?

No te haré preguntas y te cuidaré muy bien.

-¿Harías eso por mí? -Claro. Hoy hablo con mi padre.

¿Y quién habla con mi marido?

Porque a Carlos esto no le va a hacer ninguna gracia.

Ya pensaremos qué le decimos a Carlos.

Pero, de momento, te vienes a casa.

Aurora, soy Cristóbal.

No. Tranquila. Estoy bien.

Simplemente, quería saber cómo se encuentra Marina.

¿Alguna evolución?

Ya. Sí.

De acuerdo. Sí, sí. Gracias. Solo era eso.

Adiós.

¿Has estado hablando por teléfono?

Vaya, veo que tenéis una criada de lo más diligente.

Cristóbal. No tardó ni un minuto

en daros el aviso. Tienes las llamadas restringidas.

Me gusta vivir al límite.

Déjate de ironías, hermano, que la cosa no está para bromas.

Lo que me ha resultado inquietante ha sido...

Encontrar estos papeles.

Me gustaría que respetaras un poco mi privacidad, ¿sabes?

Rodolfo, ¿qué haces con estos documentos masones,

te estás planteando entrar en la logia?

De hecho, ya he entrado.

Tú. Sí, yo.

¿Qué pasa? Es solo un grupo de hombres que se reúne

para hablar del país y del mundo y ayudarse unos a otros.

Los masones son mucho más que eso, cuestionan tradiciones

muy arraigadas, como la religión.

Pueden derrocar un gobierno elegido por el pueblo.

Te pasa igual que a mí antes,

que no tienes ni idea de lo que es la masonería.

Lo suficiente para saber que cuestiona principios

que para ti son importantes,

eres conservador tradicional y católico.

¿Qué haces tú en ese cenáculo de liberales y conspiradores?

Hay gente muy importante en la logia, Cristóbal.

Personalidades influyentes del mundo de la política,

la judicatura y la banca, y tú deberías estarles agradecidos.

Yo, ¿por qué?

Porque gracias a la influencia de esos conspiradores,

conseguí sacarte de la cárcel.

Entiendo.

Tiraste por la borda tus principios

a cambio de influencia y de poder, mal paso, hermano.

Un político sin principios no es nada.

¿Sabes? Desde que eres medio anarquista,

eres más ingenuo, todavía, es al revés, Cristóbal,

un político con principios es un pelele,

pero, un político con poder

y con influencia puede llegar a donde quiera

y a partir de ahí, tener los principios que le dé la gana.

Aplaudo tu reflexión, pero, me resulta repugnante,

estarás de acuerdo en eso.

Mira, las lecciones morales te las permitiría

si pensara que los masones son peores que los anarquistas,

pero, no lo creo y tú tampoco deberías.

Solo piensas en ti,

solo te mueves por tu propio interés

y la política es otra cosa, la política es una vocación,

para servir a la gente,

eso es lo que me llevó a los anarquistas.

Ojalá fueras capaz de entender algo tan sencillo.

Y sonríe mucho y a Merceditas le coge el dedo y no hay manera

de soltarla, tan pequeña y tiene la fuerza de un cerdo macho.

Fíjate, Raimundo, cuantas más cosas me cuentas,

más ganas tengo de conocerla. Y creo que por cómo mira

los dedos, que sabe contar y todo.

Pero, ¿cómo va a saber contar si apenas tiene un mes la criatura?

¿Y eso tú cómo lo sabes?

Porque me lo dice Merceditas que se le ve cómo mira los dedos,

cómo toca uno tras otro, a ver que mi niña es muy lista

no como su padre; ya entiende frases sencillas.

¿Ah, sí?, bueno, pues, vamos a ver

si el padre, también, entiende frases sencillas.

Rellena las botellas de vino.

Sí, doña Antonia, lo que usted mande.

¿Ha visto, Rosalía, qué listo es el padre, también?

Antonia, ¿se ha enterado usted de lo de doña Marina?

¿Qué ha pasado con esa asesina, ya la han cogido?

Más bien la han encontrado en mitad de un descampado,

casi la matan a tiros, está en un hospital.

Bien merecido se lo tenía, que Dios me perdone,

porque nadie se merece una cosa así.

No, si yo la entiendo, perfectamente, yo misma siento

una mezcla de pena y de alivio,

porque a mí no me gusta la violencia,

pero, quisiera que esa mujer tenga el castigo que se merece.

Yo quisiera que se recuperara de sus heridas

y, luego, se pudriera en la cárcel o que le dieran garrote.

Eso sería lo propio. Ahora, que si no se recupera,

tampoco voy a soltar ninguna lágrima por ella.

Ni yo.

Antonia... quería comentarle otra cosa,

ayer pasé por La Villa de París

y me sorprendió mucho encontrar a Soledad a cargo de la tienda.

Bueno, eso es cosa de mi hijo, se ofreció para ayudarme

a encontrar dependienta y ha considerado

que esa es la mejor opción, bueno, él sabrá.

Pues, a mí no me parece que esa sea la mejor opción.

¿Y por qué me dice eso?

Porque esa mujer no es de fiar, hágame caso, Antonia,

que yo tengo buen ojo para esas cosas.

Esa mujer solo se mueve por interés, se le ve a la legua.

A mí, tampoco me parece que sea trigo limpio,

pero, ¿qué hago, Rosalía? Gabriel se encaprichó con ella.

Pues, el instinto de una madre no falla nunca.

Vaya con cuidado con Soledad, haga caso de mi consejo.

Y que Dios me perdone por decir estas cosas,

no soy yo de hablar más de la cuenta.

No se preocupe, hay cosas que no se deben decir,

pero, cuando una las dice, se queda tan a gusto.

No es posible que estuviera tan ciega.

Es que no es fácil descubrir cuál es el hombre

indicado para entregarle su corazón y su alma.

Pero, nunca es tarde para mirar esto de frente y con los ojos

bien abiertos, usted merece

un hombre que la entienda, que la respete.

Ya, pero, Cristóbal era así, nunca se comportó

como lo hace ahora, no sé qué le ha pasado,

está amargado y no sé si soportaré más la convivencia con él.

Pues, debe hacerlo, el arresto domiciliario

es lo mejor para todos. Será lo mejor para

mis intereses, pero no es lo mejor para mis nervios.

Usted debe retener sus nervios, piense que se avecina

el nombramiento de la primera dama y puede pasar cualquier cosa.

Pero, ¿por qué?, si la reina me lo prometió.

Tengo novedades, Blanca.

¿Malas noticias?

Sofía, ¿qué haces levantada?

¿Tú, qué crees?, me han dado el alta.

¿De verdad, y por qué no me dijiste nada?

te hubiera preparado la habitación en casa.

Carlos, no voy a regresar a casa.

Me voy a la de Elisa.

¿Me estás abandonando, Sofía, todo esto es por todo

lo que te he hecho, hasta cuando voy a tener...?

Cállate ya, que no es eso,

simplemente, quiero estar

tranquila y con Claudio, no podré estarlo.

Si es eso, le digo que se busque un hotel,

porque si está en casa es porque le invité,

le llamo y le digo que se vaya.

No, no, porque si lo echas,

se ofenderá mucho y yo no quiero eso.

¿Y me vas a dejar solo con tu primo?

Carlos, no le des más importancia, sí.

Es que estoy muy sensible y estar en casa de Elisa

me vendrá bien, eso es todo.

Pues a tu primo le fastidiará no verte,

porque te tiene mucho aprecio. Ya, ya lo sé.

De hecho, estas flores te las manda él.

Quiso venir a visitarte para interesarse

por tu salud y la del niño, pero, le dije que esperara un poco.

¿Qué?

¿Qué pasa, qué he dicho?

¿La salud del niño?

Sí. ¿Le has dicho a Claudio

que estoy embarazada? Sí, ¿qué pasa?

Te dije que no dijeras nada.

A ver, se enteraría de todos modos, no sé a qué viene tanto secreto,

que un embarazo no es para avergonzarse.

Si te pido discreción es por algo. Pues, no quiero ser discreto,

no me da la gana, que parece que para ti es un pecado y no lo es,

es una noticia maravillosa es una bendición,

y se lo contaré a todos, gritarlo a los cuatro vientos,

porque soy así y estoy feliz

y quiero que tú lo estés. Déjame sola.

¿Qué? Que te vayas, Carlos.

Espérame ahí fuera,

voy a hacer la maleta y cuando termine,

me acompañas a casa de Elisa.

¿Es tanto lo que pido?

De verdad, Sofía, no te entiendo.

Es que no lo entiendo, acaba de decirme que la reina

Victoria Eugenia, tiene intención de nombrarme primera dama

y me lo cuenta con tono de lo más grave,

como si fuera a darme una mala noticia.

Mi tono se debe a que todavía,

quedan muchos obstáculos que sortear.

La reina María Cristina, ¿no es así?

En efecto, la reina madre es quien toma la decisión

y para ella es indispensable

que la primera dama sea de la aristocracia.

Así que la marquesa de Pradillo es la persona elegida.

No, todavía, no, pero tiene

todas las de ganar, no la voy a engañar, Blanca.

¿Y en qué situación me deja a mí en palacio

si es ella elegida? En esta competición absurda que montamos,

fui yo quien mostró todas sus cartas.

Sí, no solo las cartas, también, las uñas.

Me parece que la marquesa

no la tiene a usted en mucha simpatía.

Bueno, ¿y qué podemos hacer? Pues, poca cosa,

mi consejo es que en previsión

de lo que pueda suceder, intente pasar desapercibida.

¿Desapercibida con un anarquista en mi casa?

Con un doctor eminente,

anarquista es una palabra que ni debe pronunciarse, ¿de acuerdo?

En fin, tranquilidad y espero que disfrute

de esa nueva convivencia con los hermanos Loygorri.

Gracias, don Emilio, es usted muy amable.

Por favor, no la tome conmigo,

solo me limito a transmitirle la información.

¿Y ya está, me lo explica? porque no entiendo

cómo es que tras tanto esfuerzo y sacrificio no sirva para nada.

Estoy segura que hay algo que podamos hacer.

¿Qué, buscas un regalo para darme una sorpresa?

¿Me seguías? Te buscaba, que es distinto.

Pues, lo siento, pero, compraba un regalo

para mi amiga Sofía, le dieron

el alta y se viene a casa unos días.

Eso es que eres una gran amiga. ¿Es que te vas a poner celoso

porque le compre un regalo a ella y a ti no?

Hoy nada me quitará mi buen humor,

vengo de una reunión con mis superiores

y me darán una condecoración.

¿De verdad? Sí, aún no me lo creo,

una medalla al valor por mis servicios a la patria.

Pero, qué bien, Ciro. Y no solo eso,

también, me darán una pensión vitalicia,

ganaré más que cuando estaba en activo.

Enhorabuena.

Todo es gracias a ti. Si yo no he hecho nada.

Sí, Elisa, tú me das ánimo, buena suerte

y eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Así que por eso decidí que no quiero esperar más.

Estás loco.

Quisiera arrodillarme, pero, la pierna ortopédica

no me lo permite, así que lo haré de pie.

Ya sabes que a los militares

nos gusta todo hacerlo oficial, así que, Elisa...

¿Quieres casarte conmigo?

Sí, sí quiero.

La otra. Esta.

(Aplausos)

Sabía que te encontraría aquí, apolillado entre papeles.

Yo prefiero la expresión concentrado en mi trabajo.

O sea, que trabajas demasiado.

Buenas tardes, verás, venía a invitarte a cenar esta noche,

he pensado en organizar una cena en mi casa para tres.

Para tres. Soledad, tú y yo.

Quiero que la conozcas, ya sé que no apruebas

lo rápido que está yendo todo entre nosotros,

pero, estoy seguro que cuando

la conozcas más, te darás cuenta por qué tengo tanta prisa.

No se conoce a una mujer así todos los días, Velasco.

Está claro que esa mujer te ha hechizado

y no te censuro, es más, te envidio, pero,

ese encuentro tendrá que ser otro día.

No voy a permitir que me des una negativa,

ni permitiré que te pases la noche aquí entre papeles,

la vida es muy corta,

compañero, hay que aprender a disfrutarla un poco

y dejar el trabajo pendiente aparcado, nadie se llevará

estos papeles, mañana por la mañana estarán en el mismo sitio.

No serán estos papeles los que me acompañen esta noche.

¿Ah, no? No, he quedado.

Vaya, esto sí que es una novedad,

¿y quién es la afortunada, si puede saberse?

Querrás decir, el afortunado.

El afortu...

Ah.

Claro, claro, no hace falta que me cuentes detalles.

¿Qué tal el caso? el de Marina Montero,

me refiero, creo que la encontraron herida.

Sí, así es, le dispararon

y arrojaron a un riachuelo dándola por muerta.

Vaya. Sí, pero, esa mujer

tiene más vidas que un gato,

está en el hospital, grave, pero, viva.

¿Y se sabe quién lo ha hecho?

No, pero, algo avanzamos, al encontrar el cuerpo

pedí una inspección exhaustiva de la zona,

no encontramos nada y pedí que ampliaran la zona de búsqueda.

¿Y encontrásteis algo? Unos casquillos de bala

en un campo cercano, los analizamos y no hay duda, coinciden

con las balas extraídas del cuerpo de Marina.

Bueno, eso es una buena noticia, entonces.

Sí, ahora solo queda encontrar a alguien que viera algún

movimiento sospechoso en esa zona,

pero, es una zona muy transitada,

confío en que encuentre algún testigo.

Razón de más para celebrar esa cena en mi casa.

No insistas, además, ya te digo

que eso es lo que voy a hacer con...

Sí, sí.

Con el afortunado.

¿Qué te pasa?

Me convocaron para una reunión en la sede del partido.

Eso no tiene por qué ser malo, la gente se reúne, constantemente,

sin ir más lejos, conocí a un empresario que no tenía

casa fija porque estaba siempre de reunión en reunión.

Si nos reunimos muchas veces, pero, esta vez, me huelo algo raro,

me han citado de manera demasiado repentina.

¿Y se puede saber cuál es el asunto de esa reunión?

No me han dicho nada, pero, me temo que el asunto

de la reunión puedo ser yo mismo.

Temes que te puedan dar un capón por haber hecho algo malo.

Algo así, verás...

Me he visto envuelto en un episodio un tanto extraño,

con cartas de valioso contenido

de por medio, cartas que tenía un miembro del partido.

¿Unas cartas? Eso suena a intrigas de palacio,

como aquel lío que nos metimos con los alemanes.

Sí, lo recuerdo bien, y aquí, sin haber un secuestro

de por medio, se puede parecer bastante, sí.

Chantajes, amenazas, documentos comprometedores...

Ya sé que puede sonar a novela barata, pero,

es que la política está llena de intrigas y de traiciones.

Ya me lo imagino, ¿crees que pueden reprocharte algo?

Mira, amigo mío, esas cartas

pueden provocar un escándalo enorme

y han cambiado de manos y eso ha beneficiado mucho

a los Loygorri, y me da miedo que por eso yo ahora,

pueda tener problemas muy serios.

Mi consejo es que te presentes a esa reunión con seguridad,

con gallardía, incluso, con arrogancia,

esas cosas en los negocios funcionan.

Tú ve ahí mostrando la mejor

de tus sonrisas y mirando a la gente a los ojos.

Salvador, en política si sonríes, te comen, te devoran vivo,

aquí no vendemos ni coches ni peonzas, esto es un juego

de poder, primero atacas a tu oponente, le arrancas

los intestinos y luego,

le preguntas qué tal mujer y los niños.

Haces que mi trabajo sea un juego infantil.

Me vas a perdonar,

pero, no estoy de humor, te voy a dejar, ¿de acuerdo?

Suerte con tu venta. Suerte tú con tu reunión.

Me temo que yo no necesito suerte, necesito un milagro.

Qué bonito, Elisa. Es de oro blanco,

cuando me lo enseñó me quedé de piedra,

no sabía que Ciro podía permitirse algo así.

Eso es que te quiere mucho. Con esto me lo demostró.

Así que habrá boda en la familia, pues, no sabes

la ilusión que me hace. No se lo digas a mis hermanas,

quiero darles yo la noticia.

Descuida, y gracias por el honor,

me hace mucha ilusión ser la primera en saberlo.

Estaba tan emocionada que no pude evitar hablar de ello,

bueno, venía a buscar un sombrero nuevo,

no puedo dar la noticia de que me caso con uno antiguo.

Claro, lo entiendo, la ocasión lo merece,

a ver si encuentro uno a la altura.

¿Quién da la vez?

Huy, quién da la vez se dice en el mercado,

no en una tienda de moda.

¿Y no atiende nadie o qué?

A ver si te gusta este.

Buenas tardes, ya me llegaron los sombreros

de los que le hablé esta mañana. Muy bien.

Eche un vistazo a ver

si hay alguno que le guste, enseguida la atiendo.

Soledad, ¿este sombrero es de la nueva temporada?

No, estos son de la nueva temporada.

¿Y no puedo mirar yo?

Sí, claro, si me permite, yo se los muestro.

Y este es el otro.

¿A ver ese? ¿A ver, a ver?

Tiene un espejo ahí.

¿Hay más sombreros como ese?

No, ha llegado solo uno.

Y creo que me queda perfecto. Yo quiero un sombrero como ese.

Espera un momento, Elisa, a lo mejor no se lleva.

Me encanta, me veo con él a todas horas.

¿Dejarás que se lo lleve

una desconocida en vez de tu hermana?

Te buscaré otro más bonito, déjala que se lo lleve.

Viene de visita a Madrid, lo que quiere es un sombrero

elegante para presumir delante de la gente de provincias.

Me lo voy a llevar puesto, fíjese lo que le digo.

Ah, pues yo creo que quedaría mejor en una cabeza más pequeña.

¿Y esta impertinencia?

Dígame la verdad, ¿me queda bien o no?

Le queda muy bien.

¿A ver?

Ah, fíjese, a mí me recuerda mucho a uno de la antigua temporada.

No, yo creo que es el mismo.

Pero no se preocupe, en provincias nadie se dará cuenta.

Adiós, Soledad.

Adiós, Elisa.

No me regañe, doña Rosalía. Ahora me pongo con el guiso,

hoy me ha pillado el toro. -¡Ja!

Tranquila, todavía tienes tiempo para ponerte

con el guiso, es muy temprano. -¿Ah, sí?

Yo pensé que era tarde ya.

Elpidia, ¿cuántas veces tengo que decirte que,

para organizarte, hay que mirar el reloj?

Que no estás en el pueblo.

No hace falta que mires a qué altura está

el sol en el cielo para saber qué hora es,

ni que toquen las campanas.

Para mí el reloj es usted. Cuando aparece por ahí,

Benjamín aparecerá por la otra porque terminó en la fábrica.

Y a esa hora tengo que tener la cena encaminada.

Yo vengo a esta cocina muchas veces a lo largo del día.

No tiene nada que ver con que Benjamín venga o no.

Usted sabe que eso no es verdad, doña Rosalía.

A estas horas está aquí clavada porque Benjamín, qué casualidad,

aparece por esa puerta para pelar la pava un rato, ¿eh?

Muchas tardes Benjamín no viene a verme.

Y, además, ¿qué tiene de raro que dos personas se reúnan

un ratito cada día para contarse cómo les ha ido la jornada?

Ya, pero eso en mi pueblo se llama matrimonio, ¿sabe?

Vamos, mi padre y mi madre charlaban un ratito cada tarde.

"¿Cómo fue el día", decía mi madre.

"Bien, pero tengo hambre. ¿Qué hay de comer?",

decía mi padre. Un matrimonio, vamos.

Pues siento mucho decepcionarte,

pero Benjamín y yo no somos un matrimonio,

somos amigos. -Pues ya deben hacerlo oficial,

que ya tiene una edad como para un cortejo tan largo.

¡Vaya! Encima de meterte donde no te llaman,

me estás llamando vieja.

-Solo digo que por qué no hacen planes de futuro

antes de que el futuro se los zampe a los dos.

De momento, el único plan de futuro que tengo yo es ver listo ese guiso

y, si puede ser, catar un poco.

De modo que espabila y menos chismorreo.

¿Lo ve como era tarde para el guiso?

Ah, mientras tanto, voy a revisar los dormitorios,

a ver cómo los habrás dejado.

Pero si eso lo hace por las mañanas

y Benjamín está a punto de llegar. -¡Por Dios, Elpidia!

¡Basta ya de chismorreos y de tanto hablar de Benjamín!

A mí me da igual si se va a tomar un chato o si viene aquí.

Es una persona adulta y libre, como el viento, igual que yo.

Soy libre para subir a revisar los dormitorios

a la hora que mejor me parezca, faltaría más.

No, si aquí todo el mundo es libre menos yo.

Rosalía libre, Benjamín libre.

¿Benjamín libre?

Bueno, ella lo ha dicho, ¿no? Alto y claro.

¡Ah!

¿Qué haces aquí? ¿Dónde vas? ¿Tienes un momento?

Quiero hablar contigo. -Tengo prisa, voy al hospital.

¿Sí? ¿Para qué? Vengo de allí, está lleno de policías.

No me atreví a entrar por miedo a que notaran mi nerviosismo

Sí que pareces muy nervioso, Luis, estás sudando.

Tú tampoco deberías ir, verían tu actitud sospechosa.

Nos estamos jugando el cuello.

He quedado con Aurora, termina su turno,

volvemos juntas a Arganzuela. -La esperas en la calle.

No te pongas al alcance de la Policía.

Luis, por favor, creo que puedo disimular.

Incluso, podría entrar a visitar a Marina.

¿Qué dices? ¿Estás loca? Ni se te ocurra.

¿Por qué? Es una conocida, debería interesarme.

Sería sospechoso si no lo hiciera. -Conocida a la que acusaste

públicamente de asesinato, no es normal que vayas a verla.

Ni tampoco que actúe como si le tuviera miedo.

Está bien, haz lo que quieras, como siempre.

Bueno, en fin, ¿qué se sabe de ella? ¿Cómo está?

Sigue inconsciente y muy grave.

Pídele a Dios que no despierte.

El hombre que tu tío envió para matarla

no cumplió con su cometido antes de que llegara la Policía.

¿Anoche fue un asesino a su habitación?

¡Por Dios, Luis, estuvimos ahí! -Tranquila, no iba a por vosotras.

Fue solo cuestión de segundos que no pudiera matarla.

Mala suerte. Ahora estamos en peligro.

Eso es cierto.

Pero de ahí a desearle la muerte o hacer algo para matarla,

hay una distancia que no cruzaré.

¡No digas tonterías, Celia!

¿Crees que esto me gusta? Evidentemente no.

Pero una cosa tengo clara, Marina tiene que morir.

¡Baja la voz, Luis, por favor!

¿No te das cuenta de que si Marina despierta y habla,

nosotros estaremos muertos?

Esas parecen las palabras de mi tío.

Y yo no estoy dispuesta a usar ni su lenguaje ni sus maneras.

Me parece muy bien si quieres mantener

tu actitud de señorita, pero no pierdas la lucidez.

Si habla iremos todos a la cárcel o, peor aún,

nos darán garrote, mientras ella quedará en libertad.

Así que más nos vale que esa mujer no despierte nunca.

Buenas tardes, venía buscando un sombrero.

¿Un sombrero para sorprender a su esposa?

Más bien me gustaría sorprender a mi amante.

Es usted un desvergonzado que actúa sin el menor recato.

Pues le aseguro que estoy conteniendo mis impulsos.

Compórtese, caballero.

¿Qué pensará mi selecta clientela si nos sorprende así?

¿Qué le parece este sombrero para su amante?

Ah, no está mal.

No está mal, tal vez un poco vulgar.

Verá, estaba buscando un sombrero que refleje su personalidad,

que sea discreto a simple vista

y que contenga el más fogoso de los terciopelos.

Ah, estamos hablando entonces de una amante muy fogosa.

Qué suerte tiene usted de haber encontrado una mujer así.

No lo sabe usted bien.

Gabriel, por favor, estoy trabajando.

(SUSPIRA)

¿Por qué no cerramos la tienda y nos vamos a casa?

Total, aquí tampoco veo mucha clientela.

Podría entrar alguien en cualquier momento

y tengo que terminar de colocar ese muestrario de lazos.

Ah, sí. ¿No será que intentas echarle el lazo a algún cliente?

Me gustaría, pero todos los que me gustan

no se dejan atrapar fácilmente.

No necesitas un lazo para atraparme a mí.

Vámonos a casa a cenar algo, anda.

Tu madre se pondría furiosa si sabe que he cerrado la tienda antes.

Suerte que el dueño de la tienda soy yo,

y lo que diga mi madre debería importarnos bien poco.

Eso lo dices tú porque no tienes que tratar con ella.

Señorita, señorita, ahora mismo es mi empleada,

así que no se atreva usted a contravenir las órdenes de jefe.

Está bien, cerraré la tienda.

Todo por mantener contento a mi jefe.

Ah, señora, ¿me alcanza la llave inglesa, por favor?

Sí, claro.

Tome. -Esa, eso es.

Sabía que te encontraría aquí, pero no con una caja de herramientas.

La máquina está estropeada y la avería está retrasando

el ritmo de producción. -Ya me imagino,

pero no creo que lo arregles tú.

Te voy a sacar de aquí, que tengo que celebrar algo.

He vendido un coche deportivo de lujo y la comisión es generosa,

así que puedes elegir restaurante sin mirar el precio.

Bueno, me alegro mucho por ti.

Ya ve, Benjamín, lo injusta que es la vida.

El propietario vendiendo coches modernos,

y nosotros trabajando con las viejas máquinas de siempre.

No, las viejas máquinas de siempre no.

Con la de recambios que llevan, esta creo que está muerta.

Eso no lo diga ni en broma.

He apretado lo que había que apretar,

no hay nada que hacer. -Déjeme probar.

Por mí encantado, pero se manchará el traje.

Luego pretendía ir a cenar.

Mi obstáculo para ir a cenar no es este traje, sino la máquina.

Parece que no conozca a mi esposa.

Ahí tiene razón.

Hasta que la máquina no esté arreglada,

de aquí no me muevo. -Pensaba que podía ser

de la correa de transmisión, pero no.

Aquí falta una pieza.

Sí, y una abrazadera. He puesto una de recambio, pero...

No, no es esto, aquí falta un tope, una almohadilla que...

que separe las dos piezas.

Bueno, a ver si encuentro algo que valga.

Benjamín, déjelo, ya compraré yo una nueva mañana.

Así que ahora mismo no podemos hacer nada.

Vayamos a cenar. -Espera.

¿Se puede saber qué estás haciendo?

-Déjame probar a mí a ver. -Se va a poner usted perdida.

Anda que de olor van a ir buenos,

como no vayan a cenar a una tascucha de mala muerte.

Deja de toquetear, te dije que falta una pieza.

Chis.

A ver. Benjamín, accione la máquina.

(RÍE) -Pero, bueno, esto es magia.

¿Qué es lo que ha hecho?

Bueno, hay que saber tocar la tecla adecuada.

¿Nos vamos a cenar? (SUSPIRA)

¿No se suponía que íbamos a cenar?

¿No lo estamos haciendo?

Porque yo solo tengo hambre de ti.

(RÍE) Y yo que pensaba que estando con un conde

no me iba a faltar un buen plato de comida.

Conmigo no te va a faltar absolutamente de nada.

(Llaman a la puerta) (ANTONIA) ¡Gabriel, abre!

¡Mi madre!

Escóndete, escóndete, deprisa.

-¿Qué? ¿Cómo que me esconda? -¡Por favor!

(Llaman a la puerta) ¡Gabriel!

¡Ya va, ya va, madre!

(SUSURRA) Escóndete.

Pero, bueno, ¿qué pasa? ¿Por qué tardas tanto en abrirme?

¿Qué? ¿Rehúyes a tu madre o qué? -¿Se puede saber qué hace aquí?

No son horas. -De eso venía a hablarte,

de las horas. Una vecina fue a la tienda

y se la ha encontrado cerrada, a las seis y media,

cuando el horario es hasta las ocho. ¿Por qué?

Pues no lo sé, madre, alguna razón habrá.

Claro que sí, y yo te la doy:

Soledad no es de fiar, no sabe llevar un negocio.

Le entraría el aburrimiento y ha dicho:

"Me voy a tomar una limonada". Tan bien, tan contentos.

Madre, no se sulfure. No pasa nada por cerrar antes.

Sí pasa, Gabriel, sí pasa.

Esa muchacha no ha dado un palo al agua en su vida.

No sabe qué es trabajar, ni qué es matarse por un negocio.

Te lo dije, y no me hiciste ni caso.

No, está siendo muy injusta, madre.

Hoy hemos perdido una venta, a ver mañana cuántas perdemos.

Soledad ha cerrado antes porque yo se lo he pedido.

¿Y por qué se lo has pedido si se puede saber?

-Bueno, pues, a ver... -No inventes, ya, ya...

ya me imagino por qué se lo has pedido.

¿O me dirás que esto es tuyo?

Mío no es, está claro.

Mira, Gabriel, hazme caso,

esa mujer tiene que salir de la tienda y, te pido más,

tiene que salir de tu vida.

Madre, de verdad...

¿Y también tengo que salir de esta casa?

Porque, desde que vivo aquí,

he pasado los días más felices de mi vida.

Ah, ¿pero que esta vive aquí?

Bueno, qué poca vergüenza.

Anda, anda, y vístete, ¡descarada!

Para eso necesito mi liga.

Madre.

Ah...

(SUSPIRA)

¿Por qué me has hecho esto?

Porque no puedo consentir que tu madre hable así sobre mí.

Pero es que estas no son formas

de que ella se entere de que vives aquí.

Lo importante no son las formas, Gabriel,

lo importante es que sepa qué es lo que está pasando aquí.

Lo que sentimos el uno por el otro.

¿Me sirves una a mí?

Sí. Ahora mismo.

Bueno, quizá mejor me tomo la tuya.

Ya has bebido bastante.

No. Solo he bebido dos como esta.

Suficiente para ti.

Ya sabes que no me gusta beber, pero hoy lo necesito.

La convivencia con tu hermano no está siendo nada fácil.

Eso no justifica que te emborraches en casa.

¿Quieres que te dé más motivos? Te los doy.

Hoy me he enterado que no puedo ser primera dama de la reina.

Soy servicial, soy educada, le gusto a la reina,

y he salvado a la primita Be del escándalo, pero...

hay un pequeño detalle, ¿y sabes cuál es?

Que no soy marquesa.

Está visto que esa marquesa se ha propuesto

destruirnos a los dos. Conmigo lo tenía muy fácil.

Solo tenía que usar su título nobiliario

para que se le abrieran todas las puertas.

Yo también tengo lo mío, ¿sabes? ¿Ah, sí?

¿Te ha retirado el saludo el marido de la marquesa?

No.

Ha conseguido que me echen del partido.

Rodolfo, espero que esto no sea una de tus exageraciones

para conseguir que yo me sienta culpable.

Ojalá lo fuera, Blanca.

Ojalá esto fuera uno de esos juegos

que tanto jugamos tú y yo para ver quién tiene razón y quién no,

pero no, lamentablemente no lo es.

Vengo de una reunión muy larga

en la que se ha hablado de cartas robadas,

de ambiciones oscuras

y de maridos que no saben tener a sus mujeres

donde les corresponde.

Vaya, sí que habéis hablado de muchas cosas.

Mi carrera política se ha terminado y fue por tu culpa,

muestra un mínimo de arrepentimiento.

No, la culpa es de esa marquesa oportunista que hace lo posible

para conseguir lo que quiere. ¿Hablas de la marquesa o de ti?

Esa definición te encaja como un guante.

Por favor, no te ensañes conmigo porque te aseguro que no puedo más.

¿Por qué tuviste que hacerlo, Blanca?

¿Por qué tuviste que meter tus narices en mis asuntos?

¿Por qué te vino esa maldita obsesión por esas cartas?

Decías que nos iba a beneficiar a los dos,

que saldríamos reforzados, y míranos ahora:

Tú borracha y fracasada y yo fuera de la política.

No te consiento que me hables en ese tono.

Te aseguro que puedo utilizar un tono mucho peor.

Blanca, no vuelvas a dar más pasos sin mi permiso,

porque cuando actúas por ti misma las consecuencias son desastrosas.

Y beber no lo va a arreglar, te lo digo por experiencia.

¿Dando un paseo?

¿Usted otra vez?

¿Os conocéis?

Hemos coincidido comprando un sombrero.

-¿Y vosotros? -De Valladolid.

¿Cómo que de Valladolid?

Ella es Genoveva.

¿Una parienta?

No, Sofía, la antigua prometida de mi futuro marido.

Es muy grave que piensen que está involucrado en lo de Marina.

Tranquila, tarde o temprano se darán cuenta de su error.

¿Cómo puede estar tan seguro? No he hecho nada, Aurora.

No tienen nada contra mí, solo suposiciones.

A veces eso basta para condenar a alguien.

Cuide a Marina por mí.

Si despierta, podrá decir quién le disparó.

Eso demostrará mi inocencia.

No voy a casarme.

Cuando recibí tu carta anunciándome el tuyo,

me di cuenta de mi error.

Sentí que el corazón se me encogía.

Me gustaría tanto volver atrás.

¿Por qué me ha citado tan temprano y aquí?

No conocía esta sala del club social.

Es una sorpresa. O me dice qué hago aquí

o me marcho ahora mismo. Blanca, no se ofusque.

Su majestad quería verla en privado.

Por eso ha elegido este reservado.

Solo respondo ante don Ricardo. Sin su permiso no puedo darle nada

a Benjamín ni a nadie. -¿Mi tío se ocupa

de cada tarea rutinaria de la fábrica?

Así paralizará la producción. -¡Eso no es asunto mío!

Ahora, si me disculpáis...

¡Es que no le aguanto ni un minuto más!

-Empezaré sin los albaranes. -No, no.

Bajo ningún concepto. -¿Qué hace?

-Buscarlos.

A ver si nos metemos en un lío.

No se preocupe. Mire, aquí están, estos son.

Tendría que inyectar una dosis alta de morfina,

o cualquier otra cosa que no dejase rastro.

Sabe más de medicinas que yo. -Le digo que no.

No soy una asesina. -¿Quiere acabar en la cárcel?

-¿Me está amenazando? -No.

Yo no, de eso ya se ocupará la justicia.

Bueno, yo ya te dije mi opinión.

Creo que sí, que vas un poco deprisa.

Apenas la conoces. -Ah...

Es curioso que tú digas eso,

un desviado que le gusta seguir el manual de las buenas costumbres.

Creo que te has excedido, será mejor que te disculpes.

Si se diese la oportunidad de conocerme,

vería que mis intenciones con su hijo son las mejores.

No te preocupes por él, ya me ha dejado bien claro

que no piensa renunciar a ti. -Puede que él no, pero yo sí.

-¿Qué? -Que no soportaría que Gabriel

se distanciase de su familia por mi culpa.

Antes prefiero marcharme de esa casa.

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Seis Hermanas - Capítulo 357

07 oct 2016

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de 1920.

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