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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 354 - ver ahora
Transcripción completa

Por el Congreso pululan unas cartas, unas cartas

muy comprometedoras

escritas por alguien muy importante.

¿De algún político? Del rey.

No sé muy bien qué podré hacer yo para poder ayudarla con todo esto.

Lo que le pido es que se haga usted con esas cartas,

su marido es diputado del Congreso.

Doctor. Sí.

Ayúdame a ponerla de lado, eso es.

No tiene pulso.

Tráigame el oxígeno. Sí.

Pagó su negligencia con la vida y usted, también lo va a pagar.

No te preocupes por Elisa. Es que me está resultando

muy complicado seguir la lista que nos dio el sacerdote,

siento que nada tiene que ver conmigo.

¿Qué ocurre, qué ha visto?

La lista que el padre Tomás le ha dado a Salvador.

Se supone que no debemos leer la lista del otro.

La encontré por casualidad, pero, es tan corta

que no pude evitar leerla. (LEE) Dile a tu esposa

lo bella que es y lo mucho que la quieres.

Pues, tiene su dificultad, no te creas.

El doctor Gómez hizo la autopsia y los resultados no son buenos.

¿Qué quiere decir? El informe dice que la parada

cardiorrespiratoria fue por una sobredosis de morfina.

Si se demuestra que la señora de Ramos murió por una cantidad

alta de morfina, será la responsable de esta negligencia.

Sofía, me puedes contar lo que sea.

El hijo que estoy esperando no es de Carlos.

Pero, ¿cómo has podido hacer algo así?

Si Carlos no me hubiera engañado contigo, yo no me hubiera

entregado a mi primo Claudio por despecho.

Damián, sí, ya estoy en casa

del conde, salió todo según lo previsto.

Si tan fácil te parece lo que yo hago,

te reto a que tú te ocupes de ello mañana.

Trato hecho.

Mañana, primero, tú te ocupas de la fábrica

y, luego, manejas la casa, a ver qué tal se te da.

Pan comido.

¿Está abierta la puerta? Qué raro.

Dios mío, Luis.

Luis, Luis.

Qué ha pasado.

¿Y Marina? No sé, se escaparía.

Si huyó, estamos perdidas, avisaré a mi tío.

No, Celia, ayúdame.

Ayúdame.

Cuando yo te diga insúflale aire, así.

¿Sí?

Venga, ayúdame.

Uno, dos, tres, cuatro, ahora.

Uno, dos, tres, cuatro. Piensa en Francisca, en tu hijo.

Uno, dos, tres, cuatro. ¡Reacciona!

Ya está, ya está.

Luis, Luis, respira, respira.

Tranquilo, tranquilo.

Por Dios, respira.

¿Que la reina estuvo aquí en casa? Sí, necesito que recuperes

las cartas que escribió el rey a la infanta Beatriz de Sajonia.

¿Y cómo pretendes que haga eso?

No lo sé, ya encontrarás la manera,

pero, tienes que conseguir

que la persona que las tiene en su poder, te las devuelva.

Pero, Blanca, eso es imposible.

Pero, si ni lo has intentado. Los rumores que corren

es que las tiene Jorge Javier Sabater.

¿El de tu partido? El de mi partido,

sí, y las quiere hacer públicas.

¿Y qué sentido tiene hacer pública la correspondencia del rey?

Solo conseguirá humillar a la reina.

Blanca, no seas ingenua, en política no hay nada privado,

todo tiene un fin y no importa lo que hagas para conseguirlo.

Vale, ¿y cuál es ese fin?

El de la venganza.

Pero, ¿contra quién, contra el rey?

Contra el cornudo, más bien.

Mira, el infante Alfonso de Orleans se casó con Beatriz de Sajonia

bajo el rito protestante

y lo hizo sin la autorización papal

ni del rey, ni del consejo de ministros.

Pero, creía que era obligatorio para los infantes.

Y lo es, pero, el Orleans en un ataque de orgullo

se empeñó en hacerlo y se saltó la ley a la torera.

Lo siento, pero no entiendo qué tiene

que ver eso con hacer pública la correspondencia del rey.

En aquella época, Maura era el presidente del gobierno

y que la boda fuera bajo

el rito protestante y no católico

y se hiciera sin su autorización,

pues, fue un ataque a su persona, a su autoridad.

Entiendo, así que ahora, Sabater lo que quiere es restañar

la deshonra que eso supuso para Maura y así ganar puntos

en el partido para ascender, claro.

Exactamente. Pues, tienes que impedirlo.

Blanca, ¿no has oído lo que te acabo de explicar?

Que Sabater está muy empeñado

en el asunto y ganará mucho con todo esto.

Lo siento, pero, me da igual, no podemos permitir

que humillen a la reina

de esa forma, no tiene la culpa de nada.

Blanca, perdona, pero, no pondré en riesgo mi posición

en el partido por tu amistad con ella.

Rodolfo, no es solo el tema de amistad, si consigo

esas cartas, me van a hacer primera dama de la reina.

Lo hago por nosotros, sería poder

de influencia, no solo para mí, también, para ti.

Mira, si no quieres hacerlo por ella, al menos, piensa en eso.

Está bien, y tú piensa que, a veces, es mejor ser prudente.

¿Desde cuándo? Desde que lo que pretendes

es imposible, Blanca, así que deja las cosas como están

y no te metas o saldrás escaldada, hazme caso en esto.

Despacio, despacio.

Intente mantenerse despierto.

¿Qué ha ocurrido, cómo pudo escapar esa mujer?

Me tendió una trampa, me incito a tomar láudano,

ella, también, lo tomó, me dijo que así dormiría.

Unas gotas no hacen para que esté en el estado que le encontramos.

Sí, pero, cuando estaba adormilado noté cómo ella me metía

todo el resto de contenido del frasco en mi boca.

¿No hiciste nada para evitarlo? Lo intenté, ¿es que crees

que no lo intenté? Se supone que debías vigilarla,

por tu debilidad, ella está libre.

Ahora, no es momento de andarnos

con reproches, tenemos que pensar dónde está.

Si no está en comisaría declarando lo que le hemos hecho.

Me preocupa más que esté escondida esperando vengarse de nosotros.

Tranquila, no se atreverá a hacerlo.

Es capaz de eso y de mucho más y lo sabes.

Está bien, el miedo y las frustraciones

no nos llevarán a ningún lugar ahora.

Así que hay que mantener la calma y pensar fríamente.

Iré a ver a don Ricardo, él sabrá qué hacer.

No puede ir a ninguna parte, no puede moverse.

¡Vale!, buscaré a Marina y a informar a mi tío.

Tome.

¿Va a quedarse hoy en casa o irá a la fábrica, señora?

Ni una cosa ni la otra,

Salvador y yo vamos a intercambiarnos los papeles.

¿Qué papeles? Bueno, yo me haré cargo

del negocio de los automóviles deportivos

y él de la fábrica y de la casa.

¿Y a santo de qué van a hacer eso, ha sido idea de ese sacerdote?

No, el padre Tomás no tiene nada que ver con esto,

ha sido cosa nuestra, y, la verdad, me parece muy buena idea.

¿Buena idea? Señora, pero,

¿cómo va a ocuparse don Salvador de la casa?, esa es una tarea

de mujeres y nada fácil, va a resultar un desastre.

Lo sé, por eso me parece tan buena idea.

Pues, a mí me parece que no la entiendo.

Así le daré una lección, cuando vea que me desenvuelvo

sin problema en el negocio de los coches

y él las pasa canutas con la casa, me respetará más.

Bueno, si no me responsabiliza

a mí de todo y se lava él las manos.

Por eso necesito su ayuda.

A ver, ¿qué se le ha ocurrido?

Quiero que le consulte cada mínimo detalle

que tenga que ver con la casa, así no jugará con ventaja.

Ah, ya veo.

No se preocupe que así se hará.

¿El qué ha de hacerse?

Recoger un sombrero que encargué, ya le he comentado a Rosalía

que estos días no estaré disponible para los asuntos del hogar

y que tú te harás cargo de ello.

Si necesita cualquier cosa,

don Salvador, no dude en consultármela.

Con su permiso.

Gracias.

¿Por qué le has dicho nada?, estuve toda la noche dándole

vueltas y no creo que sea

buena idea intercambiarnos las tareas.

¿Te estás arrepintiendo?

Cariño, me juego mucho con el negocio de los coches.

¿No confías en mí? El negocio está arrancando

y hoy tengo una reunión muy importante, si algo sale mal...

No te preocupes, nada va a salir mal.

Y, ahora, no te puedes echar atrás

¿Te importa si nos sentamos un poco? Estoy cansado.

Claro, es que ha sido mucho ajetreo acompañar a tus padres

al hotel desde la estación,

igual deberíamos cancelar la cena

para que descanses. Es su primera noche en Madrid,

no podemos hacerle ese feo, a no ser que tú no quieras.

¿Es que no te han causado buena impresión?

Al contrario, me parecieron encantadores,

solo espero que piensen lo mismo de mí.

Cuando no estabas delante

me dijeron que les has gustado mucho.

¿De verdad?

Ahora, comprenden las prisas que tengo por casarme.

Me dijeron que no te deje escapar.

Seguro que me comparan con Genoveva,

¿con ella, también, tuvieron buena impresión?

¿Quién es Genoveva?

No te burles de mí. No lo hago, actúo así

porque ya no forma parte de mi vida,

la he borrado de mi cabeza por completo

y seguro que ellos harán lo mismo pronto.

Pues, entonces, haremos que tus padres se vayan

deslumbrados con la visita.

Y conmigo.

¿Y no querrás que cuando lleguen a Valladolid lo digan

a los cuatro vientos? Ya me vas conociendo...

Un poco. Más me vale,

me voy a casar contigo, pero, espero que esta tarde

no hayas planeado ninguna actividad.

Las cambiaré para que descanses. Más quisiera yo estar una tarde

en cama, pero, tengo que salir, he quedado con Carlos.

¿Con Carlos, para qué?

Quiere hablar conmigo.

No vayas, seguro que quiere discutir.

Si es así, me marcho y asunto zanjado,

es que siento curiosidad por saber qué quiere decirme.

Ya, pero cambiarás de opinión cuando se enerve,

¿o quieres que te golpee como la otra vez?

Soy un tullido, pero, para defenderme de Carlos

no tengo problema, ahora, no me pillará por sorpresa.

Iré a esa reunión y le convenceré para que compre ese coche,

no es la primera vez que trato con un cliente.

¿Y si te pregunta algo técnico?, apenas sabes de coches.

El encanto y la seguridad

son mucho más importantes que los datos técnicos.

Eso no me tranquiliza mucho.

Está bien, me estudiaré todas las características

del automóvil antes de la reunión, ¿de acuerdo?

Céntrate, sobre todo, en la mecánica, cilindrada,

velocidad, consumo, caja de cambios.

¿Hay que llevar dinero suelto en el coche?

¿Qué? Por los cambios.

Dios, esto va a ser un desastre.

Perder una buena venta por una tontería.

Estaba bromeando,

¿y salvar nuestro matrimonio es una tontería?

No me parece una tontería, pero, hacerlo así, de esta manera.

Aunque dudemos, no podemos dejarnos arrastrar por ellas

si queremos solucionar nuestros problemas.

Una cosa es ocuparse de las tareas

del hogar y otra, muy distinta, es vender un coche.

Ah, ¿te parece fácil mi trabajo?,

vamos a ver, ¿cuándo se lavan las cortinas?

Una vez al mes.

¿Y la cubertería, cuándo se limpia?

¿Cuál, la de diario o la de las grandes ocasiones?

Parece que te llevo un poco de ventaja.

Esto no es una competición, aquí ganamos o perdemos los dos.

Por supuesto.

Será mejor que me vaya.

Deséame suerte.

Lo mismo digo.

¿Puedo recoger la mesa, señor?

Sí, sí, recógela.

Gracias por el curso acelerado sobre las tareas del hogar.

Ah, nada, en mi pueblo se dice: "Es de bien nacido,

ser agradecido", por lo que pueda pasar.

Sí.

Sí, sí.

Y habrá alguna monedita más.

¿Se puede?

Precisamente, a usted quería verla yo.

¿Y eso, por qué?

Por esto.

Ah, el artículo de Marina. Sí.

No me acordé que lo iban a publicar.

No ponga cara de angustia, alégrese por el resultado.

Solo espero que sirva a su fin. Sí, no lo dude, la gente

se fijará en la foto y si ven a Marina, darán aviso.

Pues, qué bien.

¿Y tienen alguna novedad? No.

¿Alguna llamada anónima que les sitúe en algún lugar?

Es muy pronto, y ahora tengo otra vía de investigación abierta.

¿A qué se refiere? A don Cristóbal Loygorri.

Ya se lo dije que el regreso de Cristóbal coincida

con la desaparición de Marina

es pura casualidad, Cristóbal no haría daño a nadie.

¿Y por qué me dio una versión diferente a la que tiene

su familia sobre su estancia en Barcelona?

Será una cuestión de intimidad. O será que tiene que ver

con sus amistades anarquistas, como la señorita Inés Villamagna.

En cualquier caso y para salir de dudas,

pedí informes a mis compañeros de Barcelona a ver si nos ayudan.

No encontrará nada, Cristóbal es de las mejores

personas que conozco y de las más honestas,

su única preocupación es ayudar a los demás.

Más le vale, porque si hay algo raro o ilegal, daré con ello

y en ese caso, dará igual que sea buena persona,

seré implacable con él.

Soy yo, Aurora.

Disculpe, siento haberla asustado.

No me importa, es que pensé que...

¿Se encuentra bien?, está muy pálida.

Es por el caso de la señora de Ramos,

tengo miedo de que su marido venga a recriminarme algo.

Me temo que ha hecho mucho más que eso,

precisamente, venía a hablar con usted de ese asunto.

¿A qué se refiere? Verá, don Segundino

la culpa a usted de la muerte

de su mujer por suministrarle más morfina de la debida.

Que no recuerde la dosis que le di, no significa

que me equivocara. Lo sé, Aurora, intenté explicárselo

al director, pero, se muestra inflexible.

Va a sancionarme.

Quiere que la despida.

¿Qué?

¿Por algo que aun no sabemos si es verdad o no?

Se dejó influenciar por el dolor y la desesperación del señor Ramos

que necesita que alguien pague por la muerte

de su mujer y la tomó con usted.

¿Pero, no me van a dar el beneficio de la duda?

Nunca, en toda mi carrera tuve una queja de ningún paciente.

Aurora, lo sé, y no se imagina cuánto lo siento,

le aseguro que intenté frenar

la decisión del director y defenderla, pero,

ha sido inútil.

¿Y no serviría de algo que fuera a hablar

con don Segundino o con el director del hospital para explicarme?

Sinceramente, la decisión

está tomada y no cambiarán de parecer.

Aurora, no se angustie,

pronto encontrará otro trabajo, y le voy a dar referencias

Usted y yo sabemos que nadie me va a contratar después de esto.

Señor Montaner, menos mal que le encuentro,

tengo que consultarle algo, unos asuntos.

¿Tiene que ser ahora?

Me iba a la fábrica, de hecho, ya llego tarde.

Sólo serán unos minutos, hay decisiones urgentes que tomar.

Está bien, pero dese prisa.

Lo primero sería el menú del mediodía,

¿qué quiere usted que prepare?

No lo sé, prepare cualquier cosa. Si quiere usted que prepare

un guiso de costilla, tendríamos que ir a comprarlas,

inmediatamente, al mercado.

Porque hay que ponerlas en adobo.

-Perfecto, perfecto. -Ah, pero si, en cambio,

prefiriera usted algo más ligero, como por ejemplo pescado;

en ese caso, Sr. Montaner, me temo que tendríamos

que esperar hasta mañana, porque el pescado que queda hoy

en el mercado no está fresco. -Costillas están bien.

¿Eso es todo? -Ah, qué más quisiera yo.

Todavía queda el tema del menú, de la cena y...

y varios otros menesteres.

-¿Qué menesteres? -Por Dios, señor, por ejemplo,

el pago del jardinero, la elección de las plantas

que hay que plantar en el jardín la próxima primavera,

la decisión de si cambiamos o no de frutería.

Eso sería lo más urgente.

¿Es que hay más?

Naturalmente, señor. Está el tema de la cubertería

y también el del tapizado del sofá del despacho.

Pero no quiero agobiarle. -Pues ya lo ha conseguido.

No puedo dedicarme a todo esto, tengo muchas cosas que hacer.

Ah, pues doña Diana se ocupaba de eso cada mañana

antes de salir hacia la fábrica. -Está bien, está bien.

Entonces sabrá que elegiría Diana. Hágalo, elija lo mismo.

Oh, no, por Dios, señor, yo no podría hacer eso.

Eso es algo que corresponde a la señora de la casa.

Pero, claro, si usted no se siente capaz,

puedo consultarle a doña Diana. -Sí, sí me siento capaz.

Si ella puede, yo también.

Deme esa lista.

Le daré una respuesta tan pronto llegue a la fábrica.

No se retrase, señor.

Hay decisiones muy urgentes que tomar.

No se preocupe.

¡Ah! Y, por Dios, no olvide que el lavabo

y una de las bañeras de la primera planta están atacadas.

Creo que eso no lo he anotado en la lista.

(RÍE) ¿Y quiere que lo... que lo desatasque yo?

Bueno, yo había pensado llamar a un fontanero,

pero si prefiere hacerlo usted mismo...

No, no, déjelo, llamo yo a uno desde la fábrica.

Gracias.

¿Cómo ha ido la primera noche viviendo en mi casa?

Pues ha sido maravilloso.

Y no solo por estar lejos de ese sitio inmundo,

sino por la compañía.

Gracias por todo lo que has hecho por mí.

Gracias a ti.

Buenas tardes.

-¡Velasco! -Qué casualidad,

justo venía a tomarme algo después de un largo día de trabajo.

Vaya, veo que te han enseñado bien.

¿Por qué no te sientas con nosotros?

-No quiero molestar. -Por favor, no molestas,

no digas tonterías. -Siéntese, por favor.

Así le hará compañía mientras hago unas compras.

¿Es que vas a dejarme así?

Realmente no tienes corazón. -Lo que no tengo es tiempo.

Las tiendas no tardarán en cerrar.

Velasco va a pensar que somos unos almibarados.

No, no, qué va, qué va.

Para ser policía, mientes fatal.

De verdad, tengo que irme.

Está bien, pero no tardes.

-Te lo compensaré, te lo prometo. -Eso espero.

Inspector.

(SUSPIRA) -Qué afectuosa.

Pero no parece importarle mucho el qué dirán.

Eso es lo que más me gusta de ella.

Creo que he encontrado a la mujer perfecta para mí.

-¿Lo dices en serio? -Completamente.

Creo que me he enamorado, amigo mío. Es así.

¿No crees que vas muy deprisa? Apenas os conocéis.

Ah, bueno, hay veces que no se necesita mucho tiempo

para saber que tienes frente a ti a la persona adecuada.

¿No te ha pasado nunca?

Ah, ¿de verdad quieres que te conteste a esa pregunta?

Ah...

No, no me he dado cuenta, perdóname.

No, no, no pasa nada.

Pero hasta hace bien poco estabas sufriendo por Francisca,

y ahora pareces haberla olvidado de repente.

-¿Es que prefieres que sea infeliz? -No, prefiero es que

pienses las cosas para no sufrir otro desengaño.

-¿No te gusta Soledad? -No, no, yo no he dicho eso.

Pero, no sé, a lo mejor estás siendo muy impulsivo.

¿Por qué no te tomas con calma esta relación?

Sé bien lo que siento por esa mujer, ¿vale?

No quiero que me lo fastidies

porque seas un amargado con tu vida.

¿Eso es lo que piensas de mí?

No te lo tomes tan a pecho.

Lo único que hago es preocuparme por ti.

No busques consuelo cuando te salgan mal las cosas.

Venga, siéntate. No te enfades.

No me apetece. Prefiero irme a casa.

Su majestad, la reina.

Majestad.

Siento haberme presentado de improviso,

pero no podía dejar de pensar en lo que tenemos entre manos.

Siempre es un honor poder recibirla.

¿Desea tomar un té? Me encantaría, gracias.

Tome asiento, por favor.

¿Ha podido hablar con su esposo? Sí, esta mañana.

Pero me temo que no tengo buenas noticias.

Por más que he insistido a mi marido,

Rodolfo asegura que no puede hacer nada.

El diputado que tiene esas cartas, Sabater, un maurista,

está decidido a publicarlas.

Es una lástima. Usted era mi única esperanza.

Siento mucho haberla decepcionado,

pero no sé qué hacer para convencer a mi marido.

No se preocupe, no es culpa suya.

Rodolfo me ha contado que en el partido

quieren vengarse del infante Alfonso

por haberse casado por el rito protestante

sin el consentimiento de Maura y del rey.

Así es.

Aunque mi esposo ya se lo hizo pagar en su momento.

¿Yqué es lo que hizo si no es indiscreción?

Le retiró a Ali, así es como conocemos al infante Alfonso

en la familia, la consideración de infante de España,

el toisón de oro, la gran Cruz Real y la Orden de Carlos III.

Casi todo lo que tenía.

Debió ser una gran humillación para él.

Por fortuna, al rey le duran poco los enfados.

Después de su participación en la guerra de Marruecos,

le devolvió todo y le permitió regresar a España.

¿Al final se resolvió la situación? Aparentemente.

Porque si hay algo que el rey no perdona,

es que alguien posea algo que él desea y no puede tener.

¿La esposa del infante, Beatriz de Sajonia?

Be es el único apoyo que tengo en la corte,

no puedo perderla a ella también.

Y es lo que pasará si se publican esas cartas.

Pero la infanta no tiene la culpa de la obsesión

que siente su majestad por ella. En esas cartas quedará patente

la obsesión de él y la decencia de ella.

En un país como este, eso no importa.

El escándalo solo se cobrará una víctima.

¿Usted?

Yo ya estoy acostumbrada a ser la comidilla en la corte.

Me refería a mi prima.

¿Cree que podrían prohibirle que usted viera a su prima?

Más que eso.

Estoy convencida de que se aprovecharán

para pedir que le expulsen del país.

Y no podría soportarlo.

No se angustie, majestad.

Yo le prometo que haré lo indecible para recuperar esas cartas

y evitar que se publiquen.

Le doy mi palabra.

Gracias.

Un coñac, por favor.

¿Usted quiere algo? -Otro.

Otro.

Y, dígame, ¿por qué tenía tanto interés en verme?

Veo que usted no se anda con rodeos, ¿eh?

Bueno, pues...

quería pedirle disculpas por mi actitud del otro día.

Fue lamentable y no tienen ninguna justificación.

Se lo agradezco, pero no es necesario.

Sí, sí lo es, porque no quiero que este incidente

afecte a mi relación con Elisa.

Así que ese es el motivo, ella.

No, no, solo por su amistad.

Gracias.

Lo que haya pasado entre Elisa y yo

forma parte del pasado. -Eso no lo parecía el otro día.

Bueno, es que el otro día había bebido más de la cuenta.

Pero ahora estoy sobrio y lo único que me importa

es la felicidad de Elisa, y a usted también.

Así es.

Y creo que ella va a ser muy feliz a su lado.

Y le aseguro que nunca más me interpondré en su matrimonio.

Eso espero, porque no pienso consentírselo.

Ah, bueno, y si hay algo que pueda hacer

para borrar mi ofensa, cualquier cosa,

incluso ayudarles a... a preparar la boda.

No se preocupe,

queremos una celebración bastante discreta.

(RÍE)

¿Qué es lo que le hace tanta gracia?

Es que parece que no conoce demasiado a Elisa.

Aunque sea su intención,

no podrá evitar convertir su boda en una gran celebración.

Elisa ha cambiado, ya no es la misma persona.

Ah, ella quizá, pero su padre no.

Y don Ricardo no va a permitir que su única hija

se case de una manera tan humilde. Y, sino, al tiempo.

Pero, bueno, usted no se agobie.

Aquí me tiene para lo que usted necesite.

Gracias.

¿Olvidamos lo ocurrido y empezamos de cero?

Muy bien hecho. Y, en cuanto sepáis algo más,

le llamáis de inmediato. De acuerdo.

¿Qué le han dicho? Mis hombres la están buscando

por los alrededores de donde la teníamos encerrada,

en su casa, en el hospital, hasta en las estaciones de tren.

Pero siguen sin dar con ella.

Se habrá escondido a la espera de Dios sabe qué.

Ese inútil de don Luis...

¿por qué no está aquí dando la cara?

-Porque está descansando. -¿Descansando?

¿Después de haber dejado escapar a esa asesina?

¡Debería estar buscándola como un loco!

-Quería, pero Aurora se lo ha prohibido.

Ha estado a punto de morir. -Pues se lo merecía por estúpido.

Lo importante es que Marina no ha ido a la Policía.

Ah, ¿y cómo lo sabes?

Ah, porque he hablado con el inspector Velasco

y no tiene ni idea de lo que está ocurriendo.

¿Esta dices que es de la misma partida?

Anda, vuelve al trabajo.

Ah, menos mal que aparece alguien.

¿Se puede saber dónde están doña Diana y don Ricardo?

Tenían que estar aquí ya y tengo algo urgente que consultar.

Diana no vendrá y don Ricardo cuanto menos esté aquí, mejor.

ASí que me ocuparé yo. ¿Qué ocurre?

Ha surgido un problema y no sé cómo solucionarlo.

Pues sí que empezamos bien la mañana.

Un cliente se niega a pagar el pedido.

Dice que el material empleado

no es de la misma calidad que el que él eligió.

¿Y es cierto? ¿Hay un error en el proceso?

En absoluto, acabo de comprobarlo.

Me temo que es un listo que quiere ahorrarse un dinero

con esas amenazas. -¿Entonces qué hago?

Si exijo que pague, perdemos al cliente.

Y, si no, pues es capaz de intentarlo la próxima vez.

Ya me encargo yo.

Le llamaré y hablaré con él personalmente,

a ver si llego a algún acuerdo.

-Me quita un peso de encima. -Ojalá fuese todo tan fácil.

Por cierto, Benjamín, ¿conoce usted a algún fontanero?

El yerno de Venancio, el del almacén. ¿Por qué?

Perfecto, le llamaré más tarde.

Debo hacerme cargo de las labores del hogar.

Ah, yo creí que de esas cosas se encargaba doña Diana.

Y así era. Si quiere un consejo, olvídese de esas labores

cuando se case con Rosalía si no quieren acabar muy mal.

-¿Por qué lo dice? -Entre usted y yo,

Rosalía es un poco... pejiguera.

-¿Rosalía? -Consulta todos los detalles.

A mí me lo va a contar.

Me consulta la vajilla para cada menú,

el color de hilo para cada remiendo.

En fin, le hablaré de esto más tarde. voy a llamar al cliente.

Adiós.

(MURMURA) (RÍE)

A mí me lo va a contar. (RÍE)

(LEE) Nosotras seguimos esperando a seguir viaje a Escocia

para reunirnos con tía Adolfina.

Alonso se está portando muy bien con nosotras.

Eugenia está muy mayor, cada día está más cambiada

y se parece más a su padre.

Criaturita, qué lástima.

Que su padre nunca la oirá decir su primera palabra.

Seguro que vela por ella desde el cielo,

igual que ustedes velan por ella desde aquí.

Si no se hubieran ido tan lejos, podría echarles una mano.

Pero ahora fíjate, lo mismo cuando vuelva

la niña ni se acuerda de mí. -Sé cómo se siente.

Yo también echo de menos a mi niña. -Pero no compares.

Tu niña está en el pueblo, no al otro lado del mar.

Ya, pero es igual cómo sea la distancia.

Los sentimientos son iguales cuando se tiene lejos

a la gente que quiere. -Es verdad.

Mira, mira mi hijo, que vive tan cerca

y poco se digna en venir a visitarnos.

Madre, no se ponga dramática.

Solo hace dos días que no paso por aquí.

¿Y te parece poco? Ha sido echarte novia

y olvidarte de la mujer que te dio la vida.

Me voy a atender mesas, que acaba de llegar clientela.

¿Y qué? ¿Cuándo voy a conocer a la mujer que te sorbió el seso?

Qué prisa tiene, ¿no? Bueno, si va a ser mi nuera,

tendré que verla y darle el visto bueno.

Bueno, según porque va a vivir conmigo, no con usted.

Y tendremos que empezar a tratarnos, digo yo.

-Quiere es hacerle el padrón. -¿Y te parece raro?

Con lo que te he visto sufrir por amor,

quiero asegurarme de que esa mujer es buena para ti.

Lo es, madre, lo es.

Y, para que se quede tranquila, esta noche la traeré

para que la conozca. -¿Esta noche? ¿Seguro?

Le doy mi palabra.

Además, podría ser la definitiva.

Ay, hijo... hijo, no sabes la alegría que me das.

Ven aquí y dame un beso, anda. -Madre...

-Qué soso eres, ay. -¡Madre, por favor!

Que ya no soy un niño. -Para mí sí. ¡Ay!

Ay... (RÍE)

Gracias por venir.

La verdad, después de como me trataste ayer,

he estado a punto de no hacerlo.

Lo siento, pero es que me puse muy nerviosa al recordar...

lo que había pasado entre Carlos y tú.

Sofía, eso por mi parte está más que enterrado.

Si tú no haces lo mismo, no tiene sentido que hablemos.

Ya. ¿Y qué te ha hecho cambiar de opinión para venir?

Eso no importa. Lo importante es que estoy aquí

y no tengo mucho tiempo.

He quedado para ver a los padres de Ciro.

¿Qué tal con ellos? ¿Te han dado su aprobación?

Sofía, ¿me has citado para interesarte

por mis futuros suegros? -No.

Lo primero que quería hacer era disculparme

por culparte de mi infidelidad con Carlos.

Yo soy la única responsable de eso.

Estás perdonada.

Y, lo segundo, es que necesito que me ayudes a reunir

el valor necesario para contarle la verdad a Carlos.

-Sofía, ¿tú estás loca? -Carlos se merece saber

que el hijo que espero no es de él.

¿Pero qué ganarías con eso?

-No sé. -¿No sabes?

Pues yo te lo voy a decir: Lo primero, hacerle daño.

Y, segundo, que te odie a ti y a esa criatura para siempre.

¿Eso es lo que quieres? -No.

Lo que quiero es volver atrás y que nada hubiera ocurrido.

Ya, pero eso no lo puedes hacer.

Y tampoco puedes eludir tu responsabilidad

intentado que yo se lo cuente a Carlos.

-No sé a qué te refieres. -Vamos, Sofía.

Contármelo a mí fue la peor idea que podrías haber tenido.

Lo has hecho pensando que yo le iría con el cuento.

¿Y no es así?

No, he cambiado.

Ah, mira, Sofía,

yo soy fruto de una relación entre mi madre y otro hombre.

No me enteré hasta hace poco y la verdad es que me alegro de ello.

¿Y no te hubiera gustado criarte con tu verdadero padre?

Es que, de esa manera, solo habría tenido un padre

en lugar de dos a los que he querido mucho.

Y ninguna hermana.

Así que la respuesta es no.

Sofía, lo mejor que puedes hacer, por el bien de tu hijo,

es callarte y hacer como si nada hubiera pasado.

Ya, es muy fácil decirlo, pero es que...

no duermo por mis remordimientos de conciencia.

Bueno, te tomas una tila con anís y te dejas de tonterías.

Por tu bien y el de tu familia.

Sofía, no eres la primera mujer que hace esto.

Ni serás la última.

Aurora.

Siento llegar tarde. He estado con mi tío.

¿Han encontrado a Marina?

No. Sus hombres le están buscando,

pero todavía no tienen pistas sobre su paradero.

Es lo que yo digo. Está escondida, esperando

para vengarse de todo lo que le hemos hecho.

Por eso, es importante que extrememos las precauciones.

No debemos ir solas a ningún lado.

¿Crees que vendrá primero a por nosotras?

No lo sé.

Mañana por la mañana, te llevaré al hospital.

Y el coche de mi tío me llevará al trabajo.

Por la tarde, te buscaré para volver a casa.

-No hará falta. -No dejaré que vuelvas sola.

Marina conoce este recorrido y no quiero que te espere aquí.

No es eso. Es que no tengo que ir al hospital.

¿Y eso por qué? ¿Te han dado el día libre?

-¡Malnacida! -¡Aurora!

¿Cómo se atreve a pasear tranquilamente,

mientras mi mujer está bajo tierra por su culpa?

-¡Déjela! ¿Qué hace? -Usted se calla.

Esto es entre esta asesina y yo.

Lo siento. Yo nunca he cometido

en error de esa clase. -No mienta.

Me ha quitado lo que más quería.

Ojalá la vida le devuelva el mismo daño que me ha hecho.

¡Basta! ¡Ya está bien!

Tranquila. Ya me voy.

Pero prepárese, porque voy a arruinarle la vida,

lo mismo que ha hecho usted con la mía.

Se lo juro por lo más sagrado.

-Tranquila. Ya ha pasado. -No.

No ha pasado. ¿No lo has oído?

Es el marido de la mujer que murió en la mesa de operaciones.

Es amigo del director del hospital y ha conseguido que me despidan.

¿Que te despidan? ¿Por qué?

Porque me culpa de la muerte de su esposa.

Piensa que le administré más morfina de la debida.

Siento mucho lo que le pasó a ese hombre,

pero tú no tienes la culpa. -¿Y si tienen razón

y cometí ese error? -No. Tú nunca harías algo así.

Y eso es lo que cuenta.

Rodolfo se niega a colaborar. Dice que lo ve imposible.

¿Lo sabe la reina? Por supuesto que lo sabe.

Dice que está desesperada, porque no sabe cómo hacer

para evitar que esas cartas salgan a la luz.

Don Emilio, tiene que ayudarme a recuperarlas.

¿Usted y yo, juntos? Ya sé que nuestra relación

no es la misma, desde lo que pasó con Dorisa.

Pero no es por mí, piénselo. Es por la reina.

Yo estaría dispuesto a hacer lo que fuera

por cualquiera de las dos. ¿En qué ha pensado?

Pues no he pensado en nada.

Por eso le pedía ayuda para recuperarlas.

Pensé que tendría alguna idea.

Me temo que eso no te lo enseñan

en la carrera diplomática. ¿Ah, no?

No. ¿Quién tiene las cartas?

Jorge Javier Sabater.

¿Del partido maurista? Ajá.

Un dato muy curioso que cambia las cosas a nuestro favor.

¿Por qué? Porque la esposa de Sabater

es la Marquesa de Pradillos, su principal rival

para acceder a ser primera dama de la reina.

¿Lo dice en serio? Sí.

¿Y no creerá que esas cartas son un engaño de la marquesa?

Lo dudo, porque la marquesa hizo compaña directamente

con la madre del rey. Está muy segura

como para arriesgarse con una jugada tan peligrosa.

Esto es obra de su marido.

Pero déjeme primero que lo investigue.

¿Y en qué puede ayudarnos eso a nosotros?

Utilizaré mi puesto para conseguir

que la marquesa me enseñe las cartas.

¿Y usted cree que la marquesa traicionará a su marido por usted?

No estoy diciendo de pedirle que me las dé.

Únicamente, que me las muestre.

Y mientras yo estoy reunido con ella,

organizaré un engaño para robárselas.

¡Por el amor de Dios! Eso no va a salir bien.

Se van a dar cuenta de que usted está detrás.

Nadie duda de mi honorabilidad. Ya.

Pero saben que usted ha apoyado mi candidatura

a ser primera dama de la reina.

Cuando se descubra que usted tiene esas cartas

y que eso me beneficia, atarán cabos.

Entonces, ¿qué hacemos? Pues no lo sé.

¿Necesitan algo más?

Creo que tengo una idea. María, ¿estaría dispuesta a hacer

cualquier cosa que yo le pidiera?

(SUSPIRA)

(Se abre una puerta)

¿Ya estás aquí? -Sí

Acabo de llegar. Estaba descansando un poco.

Cuéntame. ¿Qué tal la reunión con el comprador?

Las cosas no han salido como yo esperaba.

Sabía que era un error dejarte ir.

Pero tú te has empeñado en este desatinado juego

de intercambiar nuestras tareas y no podía negarme.

No sigas por ahí, si no quieres que me enfade.

¿Tú? Te dije que la reunión era importante

y que teníamos que vender ese coche,

pero lo estropeaste. -¿Por qué piensas

que la venta no salió? -Acabas de decir...

Que las cosas no han salido como esperaba.

Han salido mucho mejor.

¿Has...? ¿Has vendido el coche?

Sí. Y por un precio mayor al que tú habías fijado.

¡No me lo puedo creer! ¡No me lo puedo creer!

Te quiero. Eres la mejor.

Lo sé.

Bájame, que me vas a marear.

Lo siento. Es que estoy emocionado.

Veremos si yo puedo decir lo mismo. A ver.

¿Cómo han ido las cosas en la fábrica?

Perfecto. He evitado que Tejidos Silva pierda

un buen cliente. Ha sido difícil, pero lo he conseguido.

Parece que los dos hicimos nuestras tareas a la perfección.

Sí. Parece que sí.

Eh... Disculpen que les interrumpa.

Me ha parecido oírla llegar, doña Diana.

¿Ya está la cena? Me muero de hambre.

Precisamente, sobre eso quería hablarle.

-La cena. -No he preparado nada.

Estaba esperando órdenes suyas, señor Montaner.

¡Oh! ¿A estas horas y aún no te has ocupado

de las cosas de casa? -Con todo el jaleo del cliente,

me he olvidado de llamar a Rosalía. No puedo estar en todo.

Pues yo lo estoy y nunca ha pasado algo así.

¿Qué vamos a cenar? -Te invito a cenar al club.

-¿Así lo arreglas? -Pues sí.

(SUSPIRA) Antes, me voy a dar un baño.

Necesito relajarme. -¡Oh! Cuánto lo lamento, señora,

pero no va a ser posible. El baño está atascado

y el fontanero no ha venido a arreglarlo.

¿También se te olvidó llamar al fontanero?

He llamado. ¿Vale? He llamado.

Lo que pasa es que la línea estaba ocupada y luego...

Con todo el jaleo del cliente, se te olvidó.

Bueno, con su permiso, yo me retiro.

Si necesitan algo de mí, estaré en la cocina.

Gracias, Rosalía.

¿Qué pasa? No me mires así. Tampoco he cometido un crimen.

No has cumplido con todas tus tareas,

como habíamos quedado. Así que has perdido.

No debes tomarte como una competición,

sino como un ejercicio para mejorar nuestro matrimonio.

Que, o ganamos los dos,

o perdemos los dos. -Y tú has puesto mucho de tu parte

para que ocurra lo segundo.

Y si esto fuese una competición, habría ganado yo.

¿A que ahora no te parece tan fácil mi trabajo?

(RÍE)

¿Quiere que me haga pasar por una periodista y alemana?

Bueno, no se preocupe, que es más sencillo

de lo que usted se cree.

Nosotros le diremos lo que tiene que decir y lo que tiene que hacer.

¿Verdad, don Emilio? Estoy intrigado por saber

adónde quiere ir a parar. Sí.

Lo importante es que consiga usted una cita

con la Marquesa de Pradillo y le dice que es una periodista

que favorece al bando alemán y que le gustaría publicar

la correspondencia privada del rey en su periódico.

Ah. Creo que ya estoy entendiendo.

Entonces, una vez en su poder,

ella le entregará las cartas a usted.

No sé si seré capaz de hacer eso.

Yo no soy periodista y se va a dar cuenta del engaño.

Por supuesto que sí. Con que le diga

cuatro palabras en alemán, se quedará atónita.

Doña Blanca, confía demasiado en mí

y me da miedo defraudarla. -No se preocupe. No estará sola.

La estaremos vigilando y si surge algún problema,

acudiremos en su auxilio. Ajá.

Lo importante es que usted

esté tranquila. Tranquila.

Todo va a salir muy bien. Saldrá muy bien.

Yo no sé si seré capaz de hacerlo.

Nunca he hecho algo así.

El honor de la reina está en sus manos.

Usted decide.

Está bien. ¿Por dónde empezamos?

Pues lo primero que tiene que hacer, es guardar el secreto.

No se lo puede contar a nadie.

A nadie, a nadie. Don Emilio.

Ni siquiera, a Rodolfo.

¡Eres un zote! ¡Un completo inútil!

-Déjeme explicarle. -¿Explicarme el qué?

¿Cómo dejaste escapar a una mujer débil, maniatada

y encerrada bajo llave?

¿Te das cuenta del lío en que estamos metidos por tu culpa?

Lo siento. Había tomado láudano.

Un poco. Por lo de mis migrañas.

Pensaba que ella también lo había tomado.

Estaba confundido, aturdido. No pude detenerla.

Reza para que la encontremos a tiempo.

¡Te juro que no iré a la cárcel por tu culpa!

Parece que usted es la única víctima aquí.

Casi muero por ayudarle en esta locura.

Te estaría bien empleado, por confiar en una asesina.

Residencia de Ricardo Silva. Él habla.

¿Seguro?

Buen trabajo. No le quitéis el ojo de encima.

-¿Han encontrado a Marina? -Mejor que eso.

La tienen en su poder.

Estaba en la estación, a punto de coger un tren a Valencia.

Gracias a Dios.

Le he traído unas rosquillas. ¿Crees que le gustarán?

Sí, mujer. Claro que sí. No tenías que haberte molestado.

Mi madre te va a adorar en cuanto te vea.

Eso espero. Me gustaría caerle bien.

No tienes de qué preocuparte.

Vamos.

Madre. -Hijo, ya estáis aquí.

Pensé que no querías traerme

a esa novia tuya para que la conociera.

¿Qué haces con esta mujer?

¿Pues qué voy a hacer? Venir a presentársela.

Dime que esta no es la novia de la que me hablaste.

¿Y para qué iba a traerla, si no?

Esta mañana me ha dicho que quería conocerla.

Sé perfectamente lo que he dicho.

Pero a esta no la quiero aquí. Que se vaya.

¿Es que se ha vuelto loca, madre?

Estas no son formas de tratar a mi novia.

-La trato como se merece. -Quizás, me confunde con otra.

Soy Soledad Silva. -Sé perfectamente quién eres.

Por eso, no te quiero aquí. A la calle.

Haz el favor de esperarme un momento fuera,

mientras resuelvo unos asuntos con mi madre.

¿Se puede saber a qué viene esto?

Don Ricardo vendrá más tarde. Quiero hablar con ella.

¿Y bien?

¿Ha merecido la pena?

Al parecer, no.

Esperaba a estas alturas que estuviera muerto.

Odiaba ver esa cara de pánfilo.

No se preocupe. No tendrá que ver esta cara de pánfilo más.

A partir de ahora, se cansará

de ver la suya. Y usted sabe quién es.

Con él no podrá jugar, como hizo conmigo.

Y yo que pensaba que entre usted y yo había algo especial.

¿No tiene, ni siquiera, el más mínimo remordimiento?

No estoy en esta situación por tenerlos.

Qué ingenuo.

¿De verdad creía que me sentía atraída por usted?

Vaya.

¿Tan raro hubiera sido?

Es usted un pobre hombre necesitado de cariño.

Un ser miserable.

La única miserable aquí es usted.

Y se merece todo lo malo que pueda pasarle.

Bravo. Al fin, demuestra tener un poco de carácter.

Tratar bien a una mujer

no es falta de carácter, sino consideración.

¿Cuánta gente la ha tratado bien, últimamente? Dígame. ¿Cuánta?

Yo se lo diré.

Solo yo.

Pero si quiere un último consejo,

no haga enfadar más a don Ricardo y firme esa declaración.

Escuchar mis lamentos no es lo peor

que le puede pasar a partir de ahora.

No es la mujer adecuada y punto.

Sal fuera y le dices que se vaya buscando a otro.

-Por favor, no digas tonterías. -Hablo en serio.

No quiero que se acerque a ti. Haz caso a tu madre.

No. ¡Basta ya! Quien debería salir

ahora mismo fuera, es usted y pedirle disculpas.

-Bueno, tengo mis motivos. -¿Ah, sí? ¿Cuáles?

¿Cuáles, madre? De verdad, no hay quien la entienda.

Primero, insiste en que busque una novia.

Y luego, cuando la encuentro, ¿no le parece bien?

-Eliges muy mal. -No. Lo que creo,

es que ninguna estará a su altura. Es siempre lo mismo.

Cuando me enamoré de Francisca, se opuso a la relación.

No sé la perra que te ha entrado

por andarte enredando con las Silva.

¿No la quiere por eso? ¿Porque es medio hermana de Francisca?

No. Esta es mucho peor que Francisca.

Al menos, Francisca demostró nobleza cuando te defendió

cuando estabas en la cárcel. Quién me iba a decir

que alguien haría buena a Francisca.

¿Y qué es lo que ha hecho Soledad que es tan grave'

Mientras se hacía amiga de Diana,

se estaba acostando con su marido, con Salvador,

y viviendo en su propia casa.

No. No, madre. Eso no es posible.

No. Estará confundida. -Tú habla con Elpidia,

que lo vio con sus propios ojos.

O mejor, pregúntaselo a ella.

Pregúntaselo, a ver si tiene el valor de negarlo.

La Marquesa de Pradillo es una mujer inteligente

cuya única ambición es ser la primera dama de la reina.

Por eso, ha accedido a entrevistarse conmigo,

una joven y prometedora periodista alemana

que está en España. Y en esa reunión,

yo le voy a preguntar por las cartas

y voy a intentar hacerme con ellas. -Muy bien.

Se ha aprendido muy bien la lección.

Hoy es mi último día en el hospital.

-¿Quieres que te acompañe? -No.

Aurora, no te va a costar encontrar trabajo.

Celia, por una negligencia mía, ha muerto un paciente.

Palidez, visión borrosa, temblores.

¿A qué enfermedad responden estos síntomas?

Blanca.

Diana es tu hermana, por el amor de Dios.

No debiste meterte en ese matrimonio.

He intenté evitarlo. Yo nunca quise hacer nada.

¿Estás diciendo que Salvador te obligó?

¿Cómo puedes ser tan retorcido?

¿Se puede saber por qué me hablas así? ¿Qué te he hecho?

¿A mí? Nada. Pero a partir de ahora,

lo que le ocurra a Soledad, también es asunto mío.

Aquí será mejor que no levantes... -¡Ni se te ocurra tocarme!

¿El padre Tomás ha enviado una nueva lista de tareas?

No, exactamente. Esta vez,

la lista tendremos que hacerla nosotros.

-¿Cómo? -Quiere que anotemos los errores

que hemos cometido en nuestro matrimonio,

todas las cosas que hemos hecho mal.

Y yo ya sé por dónde empezar.

Ayer me informó sobre los bulos que corren sobre Soledad.

Sé de buena tinta que son ciertos.

Es injusto que acuse usted a su mujer de mentirosa,

cuando usted ha estado engañándola con su propia hermana,

con la señorita Soledad. -¡Dios!

Rosalía, no se crea que me siento orgulloso.

Sé que he hecho mal. No entiendo cómo pude haberle engañado a Diana.

Pero ahora, con la nueva tarea del padre Tomás,

podré ser sincero con ella. -¿Cómo?

Mi tío Ramiro se ha puesto muy malo

y quiero despedirme de él. -No tienes ningún tío Ramiro.

Si no quieres creerme, no me creas. Me da igual.

Adiós. -Sofía, no te voy a dejar

que te vayas, sin decirte lo que te tengo que decir.

Te he dicho que tengo prisa.

Sé por la situación que estás pasando.

-Déjame. -Y sé lo que pretendes hacer.

Por favor, un par de copas de champán.

¿Qué quieres celebrar? ¿Que me han atizado?

La venta de ayer.

-¿Qué venta? -La del deportivo.

Para eso, debería estar Diana, que es quien lo vendió.

Diana estaba, sí. Pero se limitó

a coger el cheque. La venta la hice yo.

Don Ricardo no quiere que me ocupe de su vigilancia.

No se fía. -Estar encerrado con Marina,

no era bueno para tu recuperación.

El tío puede contratar a alguien que la vigile

el tiempo necesario. -No será mucho.

Marina agotó la paciencia de su tío y le dio un ultimátum.

¿A qué has venido? ¿A regodearte en mi sufrimiento?

Baja la voz, Marina. Voy a desatarte.

(Se abre una puerta)

¿Se puede saber qué estás haciendo aquí, Celia?

  • Capítulo 354

Seis Hermanas - Capítulo 354

04 oct 2016

Marina se fuga dejando a Luís al borde de la muerte. El hospital responsabiliza a Aurora de la muerte de una paciente. Carlos cita a Ciro en un club mientras Elisa intenta convencer a Sofía de lo que conviene hacer en su situación. Diana y Salvador afrontan decidido su particular competición.

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