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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 353 - ver ahora
Transcripción completa

La señorita Soledad y el señor Montaner...

Tienen una aventura.

No le contaré nada a doña Diana,

pero con una condición... -La que sea.

Eche a Soledad de esta casa.

Así lo haré.

Me hablaron de un sacerdote que se dedica a ayudar

a matrimonios que, como nosotros, pues, tienen algunos problemas.

Ha venido un sacerdote a darnos consejos

matrimoniales a Salvador y a mí,

y hemos hablado mucho, ha sido positivo.

¿Y solo eso, hablar? También nos ha dado una lista

cosas que tenemos que hacer para agradar al otro.

No sé cómo será la lista

de Salvador, pero, la mía es de aúpa.

Esto...

Es una tortura.

Ha ingresado una paciente con apendicitis grave,

hay que intervenir de urgencia, reorganice los horarios

del quirófano, esta mujer es prioridad

no solo por la urgencia, sino porque es la mujer

de don Secundino Ramos,

muy buen amigo del director del hospital.

¿Entrevistará a don Cristóbal? No lo pensé.

¿No le parece una tremenda

casualidad que cuando regresa a Madrid, Marina desaparezca?

No.

No sé, al interrogarlo, encontré varias contradicciones

y en seguida se cerró en banda,

quizá con usted sea menos reservado, entrevístelo,

y si encuentra algo raro, en su testimonio, hágamelo saber.

Mira, Carlos me propuso fugarme con él y yo me negué

porque con quien quiero estar es contigo.

¿No tiene algo más delicado

que este vinacho para invitar a una señorita?

Ya no tengo a tiro al príncipe, pero, he dado con un conde,

joven, atractivo y podrido de dinero.

Mi Gabriel se echó novia formal, bueno, eso será cuando

le dé el visto bueno, que aún no me la ha presentado.

Será mejor que se vaya a su casa a dormir con su esposa.

¿Se puede saber qué está pasando aquí?

Eres un desgraciado.

Carlos, Carlos, para.

Rodolfo, María quiere saber si te quedarás a comer.

No, no creo que llegue.

Ah, ¿tienes alguna comida en el partido?

No, es una sesión en el parlamento

y tiene toda la pinta de que se va a alargar.

Pues, es una pena, ya sabes que me gusta comer contigo.

Y a mí me gusta que te guste.

Y eso la sesión de hoy

promete ser más amena de lo habitual.

¿Por qué dices eso?

Quizá, no debería contártelo, especialmente, a ti.

¿Pero por qué?

Verás, en el Congreso están pululando unas cartas,

unas cartas muy comprometedoras,

escritas por alguien muy importante.

¿De algún político? No, exactamente.

¿Y entonces de quién? Del rey.

Por eso no sé si seguir contándote, eres dama de su mujer.

Precisamente, por eso, cuantas más cosas sepa, mejor.

¿A quién van dirigidas esas cartas?

A una prima suya.

Una prima por la que siente

una pasión, podríamos decir, bastante terrenal.

Y esa prima no será Beatriz de Sajonia.

Exactamente, que está casada con un primo suyo

y ella es, además, prima de la reina.

Es que son todos primos. Sí, pero, eso al rey

parece no importarle, ni parentesco ni que esté casada.

Pues qué vergüenza.

Es lo bueno de ser rey que uno hace lo que le da la gana.

Mira, la real gana.

¿Y cómo llegaron esas cartas al Congreso?

No lo sé, pero, desde luego,

animan el cotarro en los pasillos.

Pues, menuda forma de servir al ciudadano.

Se forman grupillos

y las cartas las leen unos y otros, son hilarantes.

¿Por qué? El rey no escatima

en adjetivos para describir su pasión,

es que parece hasta cómico.

Pues, no me puedo creer que algo así sea un entretenimiento

para los parlamentarios.

Más vergüenza debería el rey, está tan obsesionado con ella

que está desatendiendo los asuntos de estado.

Pero, es incomprensible que trascienda algo así.

Por favor, no contribuyas

a que se convierta en un divertimento popular.

Bueno, no lo haré, te lo prometo, pero, se está provocando

tal revuelo que será difícil que esto se acalle.

¿La reina está al corriente de todo esto?

Por su bien, espero que no.

Es una humillación pública de la que sois todos partícipes.

A ver, Blanca, cariño, entiendo que como dama de la reina,

quieras protegerla y te preocupes por ella, es normal,

pero, la fama de Alfonso XIII es de sobras conocida

y sus amantes no se cuentan con los dedos de ambas manos,

así que creo que la reina estará acostumbrada.

Hay ciertas cosas

a las que nunca se acostumbra una mujer, Rodolfo.

¿Qué hace, Elpidia?

Pues, haciendo el desayuno, señora.

Déjeme hacerlo a mí.

¿Va a hacerle usted el desayuno a su marido, señora?

Sí, hazme un poco de sitio que necesito espacio

para manejarme con toda esta cacharrería.

¿Está segura? Por supuesto.

Le prepararé a mi marido el mejor

desayuno que ha probado en toda su vida.

¿Y cómo lo hará la señora? Pues, haciéndolo,

qué preguntas tienes, no creo que sea tan complicado.

A ver, ¿hay que usar todo esto?

Y sal y pimienta, claro. Claro, claro.

¿Para qué? Para los huevos benedicto

que le gustan al señor. Ah, huevos benedicto,

sí, sé lo que son, no creo que sean tan difíciles de hacer.

No se crea. ¿No son huevos

con un poco de jamón? Sí, sobre un panecillo dorado

y con salsa holandesa que tiene su truco.

Bueno, no será para tanto. Señora, si me lo permite,

hacer esta receta sin haber cocinado

es como si canto con el Orfeón Donostiarra

cuando solo canto en la ducha.

Explíqueme cómo se hacen. Se lo explico,

pero, ¿por qué no hace por algo más sencillito?,

unas tostadas que le gustan mucho.

No, déjese de excusas

y explíqueme cómo se hacen los dichosos huevos,

no creo que sean más difícil cocinarlos que dirigir una fábrica.

Yo los hago con usted. No, usted me explica

cómo se hacen y yo me encargo.

Bueno, pues, a ver, para empezar con la salsa, separamos las yemas

de las claras y ponerlas en un cazo al baño maría y luego montarlas,

luego, clarifique la mantequilla, pero, bueno, empecemos por la yema.

Sí, vamos allá.

¿Cómo separo la yema de la clara?

Ay, mi madre.

Ciro.

¿Qué te ocurre?

Ayer tuve una pequeña discusión con tu amigo Carlos en el club.

¿Con Carlos?, pero si Carlos es muy tranquilo.

No al beber y enterarse de que la mujer a quien ama,

se casará con otro, pierde la paciencia, rápidamente,

o eso me pareció. No me lo puedo creer,

pero, ¿cómo se atreve?

Un hombre bebido y rabioso puede ser impulsivo, a veces.

Pero, no es excusa para pelearse. Yo no quería pelea,

fue él quien vino a golpearme y yo le esquivé,

pero, eso no quiere decir que le ponga la otra mejilla.

Me comporté así porque sé que le aprecias.

Y qué menos. Sí, pero, te aviso,

la próxima vez no haré eso, no es por fanfarronear,

pero, lo tumbaré al suelo

con una pierna y con un brazo atado a la espalda.

Pero, ¿por qué cada vez que tenéis

un problema los resolvéis a puñetazos?

No fui yo, él se comportó

como un niño y suerte que yo sea templado

y para sacarme de quicio haga falta mucho más que eso.

Lo peor, es que os verían y ahora todos cotillearán

sobre vosotros, y no soporto las miradas indiscretas.

Ay, qué horror.

¿Y qué puedo hacer para

que te olvides de este asunto y sonrías un poco?

Bueno, ahora que lo dices, podrías presentarme a tus padres

¿He dicho algo gracioso? Para nada, precisamente,

ayer hablé con ellos,

les invité a Madrid para que vengan a conocerte.

Y no les gusta salir de Valladolid, pero, aceptaron.

Ay, qué bien, ¿y qué te hizo cambiar de opinión?

Es un trámite que cuanto antes pase, mejor será.

Vaya, se ve que te hace ilusión.

No es eso, simplemente,

esas situaciones sociales no me agradan.

Pero, ¿tú crees que les gustaré?

Estoy seguro de que les vas a encantar.

Ay, menos mal, porque no soportaría estar a mal con mis suegros,

te juro que voy a ser lo más simpática que pueda.

¿Nos vamos?

¿Y qué crees que podemos hacer con ellos?

¿Les llevamos a pasear por El Retiro o mejor una cena?

Cuando freímos el jamón, lo ponemos en un panecillo,

después, en un cazo de agua

hirviendo, escalfamos los huevos. Escalfarlos.

Sí, cuando los huevos están en su punto, al panecillo

con el jamón y cubriendo todo eso la salsa holandesa

que tiene que estar en su punto. Sí, bien.

Bueno, venga aquí.

El otro día cuando los comí, parecían más fáciles de hacer.

Y es fácil cruzar un puente, pero, para hacerlo

hay que ser constructor.

Sí. Yo le ayudo a hacerlos.

No, es importante que aprenda a hacerlos yo.

Bueno, pues, si tiene alguna duda, ya sabe dónde encontrarme.

No se preocupe, tengo buena memoria,

está todo en mi cabecita.

Pues, aquí la dejo en los fogones. Sí, váyase tranquila.

A ver, entonces,...

Vamos a ver, tengo que separar el huevo...

No, o sea la yema de la clara del huevo.

Oh.

El trato que da el rey a su esposa me parece tristísimo, la verdad.

Es muy humillante que esas cartas hayan llegado al Congreso.

No entiendo cómo ha podido ocurrir eso.

¿Cree que detrás pueda haber algún interés político?

Podría ser, pero no daría mi brazo a torcer, desde luego.

Su majestad es una persona muy intuitiva, pero, una cosa

es sospechar y otra, diferente, ver lo negro sobre blanco.

Aquí, estoy convencido de que la reina no leyó las cartas.

No sé qué opinará usted, don Emilio, pero, yo creo

que usted como consejero de la reina, debería contárselo.

¿Bromea?

A ver, ¿pretende que yo se

lo cuente, precisamente, a su majestad?

Por supuesto.

Ella es la última persona que debería saberlo.

Merece conocer la verdad. Como persona cercana a la reina,

creo que mi responsabilidad es ahorrarle sufrimiento.

Por favor, no es una niña, es una mujer

y si usted no quiere contárselo, lo haré yo misma.

Blanca, estaría usted excediéndose. Por eso se lo digo,

que sería más adecuado que se lo dijera usted y no yo.

O sea, no solo me citó para contármelo, sino que encima

pretende que yo se lo diga.

Sí, y también, me gustaría que le dijera

que se lo he dicho yo.

¿Ese es su deseo?

No sé, ¿tan fuera de lugar le parece?

Entiendo que no lo hace solo por lealtad,

con eso pretende tener más opciones

de convertirse en primera dama, ¿no es así?

Puede que haya algo de eso, sí.

Me parece una operación peligrosa, Blanca.

¿Por qué? Porque explicarle a la reina

que su marido está cortejando a su prima,

que no es solo su prima,

que es la amiga íntima de la infancia,

la va a poner furiosa. Puede ser, sí.

Y sabe que, a menudo, matan al mensajero,

no sé yo si esa estratagema suya sea contraproducente.

Don Emilio, entiendo muy bien los riesgos, y su majestad,

como cualquier mujer, preferirá saber la verdad

que vivir en una mentira.

Su majestad no es cualquier mujer. Razón de más para sacarla

de su engaño y estoy segura que le estará muy agradecida.

¿Lo hará usted por mí?

Por favor.

Ooh.

(ESTORNUDA)

(TOSE)

Pero...

Pero, si esto parece una guerra, pero, ¿qué tiene usted ahí?

Ahí harina en la nariz,

pero, si los huevos benedicto no llevan harina.

Bueno, me pareció buena idea usarla.

No se preocupe por esto que lo limpiaré.

Pero, si el señor ya se levantó

y sabe que se levanta con mucha hambre.

Pues, que espere un poco.

Si no molió ni los granos del café.

Ya los moleré después. ¿No quiere que ayude

a la señora un poco? Eso sería hacer trampa.

Nadie se enterará, hombre.

Quiero demostrarle a mi marido y al mundo entero,

que soy capaz de hacer un desayuno como Dios manda.

Ya, ya, pero, ¿voy haciendo el café?

Haga usted lo que quiera.

Lo siento, no pretendía retrasarme, pero,

no he podido evitarlo.

No te preocupes, no tiene ninguna importancia.

¿Estás bien?, pareces preocupada.

He tenido un pequeño percance

en la pensión, pero, es mejor olvidarlo.

¿Pero, qué ha pasado? Bueno, la pensión no es,

precisamente, el Excelsior,

hay clientes de todo tipo, algunos un poco siniestros

y señoras de dudosa reputación.

Una de ellas que iba acompañada con el que imagino

era su cliente, me ha empujado contra la pared por mirarla.

¿Solo por eso? Sí, incluso me ha zarandeado

y me ha agarrado por el pelo hasta que su cliente nos separó,

al menos el caballero tenía algo de juicio.

Sí, dentro de lo que cabe.

Pero, no fue nada, no me hizo daño, solo fue un susto.

Esa mujer no debería estar bien de la cabeza.

No, debería estar tratada en algún sitio y no estar libre.

¿Has ido a la policía? No.

Bueno, como mínimo eso se merece una reclamación

en la recepción del hotel.

Ya se lo conté a la recepcionista y no me ha hecho ni caso.

Qué poca vergüenza. Imagino que tendrá

muchas clientas de ese tipo y necesitará conservarlas.

Bueno, insisto en que vayamos a poner una denuncia, te acompaño.

Gabriel, no, por favor, ya he gastado mucho tiempo

en esto y me disgusté mucho con este asunto,

prefiero hacer algo divertido y nos olvidemos de ello.

Bueno, no me parece mal plan, pero, resulta que uno

de mis mejores amigos trabaja en la policía

y él podría ayudar. Está bien, si insistes.

Te prometo que después haremos algo divertido.

(LLAMA A LA PUERTA) ¿Cómo está la señora de Ramos?

Bien, no tiene fiebre y acabo de hacerle

la cura a la cicatriz. ¿Cómo la ha visto?

Pues, no hay infección y evoluciona favorablemente.

¿El pulso lo tiene bien? Normal y constante.

Bien, ¿y por qué esa cara de preocupación?

No, es que, no sé, está muy pálida y ha estado vomitando

durante la noche, se quejó de dolor abdominal

y ha dicho que tenía mucha sed. ¿Le dio la morfina?

Sí, anoche a última hora y esta mañana.

Entonces, hay que vigilarla, pero, todo indica

que el pronóstico es correcto.

Sí, será que me preocupo demasiado.

Por cierto, Aurora,

¿sabe si hay alguna novedad sobre Marina?

Tengo entendido que hace días que está desaparecida.

No, no sé nada nuevo, lo siento.

Quizá nunca más volvamos a saber nada de ella.

Quién sabe.

Doctor. Sí, sí.

Ayúdeme a ponerla de lado, de lado, eso es.

No tiene pulso.

Tráigame el oxígeno. Sí.

¿Dónde estabas?

Preparando tu desayuno, cariño.

Vaya, un detalle muy bonito

por tu parte, seguro que está buenísimo.

¿Por qué me miras así? Esta mañana estás...

Estás, arrebatadoramente, bella.

Muchas gracias.

¿Qué pasa, no te gusta que te lo diga?

Claro que sí, pero, lo he oído tantas veces

en las últimas horas que, tampoco hace falta

que seas tan insistente.

No quiero tener un marido tan...

¿Empalagoso?

Me basta con que seas cariñoso.

Pero que conste que me encanta que me lo digas.

Menos mal, estoy hambriento.

¿Está segura, señora?

¡Claro que sí!

Usted misma.

¿Qué es? Así por el aspecto no...

no lo reconozco. -Huevos Benedict.

Vaya, ¿quién lo diría?

Es que les he dado mi toque personal.

Sí, ya veo.

Tienen una... una pinta...

¿Qué pasa? ¿No tienen buena pinta?

No, no he dicho eso, digo que tienen una pinta...

una pinta distinta, pero seguro que están buenísimos.

Lo que importa es el sabor. (RÍE)

Elpidia, sírvanos el café, por favor.

Y deje de mirarnos con esa cara de pasmarote.

Sí, señora.

Hoy hemos recibido un telegrama de Adela.

Uhm. Vaya.

Eh... ¿Trae alguna novedad?

Eh, la tía Adolfina se encuentra con mejores ánimos.

Pronto emprenderán el viaje a Escocia.

Ah.

¿Están buenos?

-Están... -Pero traga, hombre, traga.

Están buenísimos. Así no los preparan en el Ritz.

Seguro que no.

Ah, a ver, déjame probarlos. -Eh...

-Uhm. -Eh...

¡Ah!

¡Pero están asquerosos!

¿Por qué me has mentido?

Tampoco están tan terribles.

Especialmente si tienes tanta hambre como tengo.

Ya tengo una edad para asumir que me salieron mal.

No hace falta que te andes con paños calientes.

Tuviste un detalle bonito y no quería desilusionarte.

Haces que me sienta como una tonta.

No se me da bien preparar el desayuno, pues ya está.

Ya lo sabemos, no pasa nada. -No, es una verdad a medias.

Puede que sí, es cierto, estos huevos están regular, pero

el café que has preparado es exquisito.

Ah... (TOSE)

-¿Se encuentra bien? -Es el frío.

A lo mejor puedo traerle una manta después.

No serviría de mucho.

Debemos estar cerca de un riachuelo o charca,

porque este lugar es muy húmedo.

Y cuando la humedad se mete en los huesos,

no hay forma de sacarla.

Lo siento mucho, ojalá pudiera hacer algo más por usted, pero...

-Sí que puede. -Si me acaba de decir

que la manta no serviría de mucho. -Pero ayudaría.

Y, también, si me trae un poco más de láudano.

Está bien, no le prometo nada, pero veré que puedo hacer.

A ver si hoy se lo puedo traer.

Muchas gracias, Luis, es usted un ángel.

Bueno, no es una manta, pero algo es algo.

Ya puestos, ¿por qué no le das un masaje en los pies?

Esta helada, señor, y este lugar es insano.

Pues que firme y ya podrá volver a casa.

¿Qué hace con ropa nueva? -Ah...

Puedo explicarlo, señor. Verá, es...

es ropa de Francisca.

Ah, ¿ahora jugamos a las modas con la asesina?

Francisca no la necesita y ella... ella sí

Tiene frío y es indigno tener a una mujer

tanto tiempo sin cambiarse. -¡Es absurdo!

¿Te has vuelto loco? -No diga eso porque me trata

como a una persona. -Cállese, con usted no hablo.

Es parte del trato que me dispensa.

Le trato así porque no es un ser humano,

es un monstruo. -Lo dice quien me tiene encerrada

en estas cochiquera. -Es una persona abominable.

Y, gracias a un artículo que saldrá mañana en la prensa,

todos lo sabrán. -¿De qué habla?

Celia le ha hecho un retrato de lo más concienzudo.

Creo que le va a encantar. -¿Cómo se atreven?

Luis, compre el periódico y lea el artículo,

así sabrá qué tipo de pájara es esta mujer.

Sé perfectamente qué clase de persona es esta mujer.

Luis, ven aquí.

Ahora ves a una mujer debilitada y maltratada,

pero es una asesina y una sádica. -Ya, ya.

Fíate de ella, ya verás como te da una puñalada por la espalda.

(SUSPIRA)

(LLAMA A LA PUERTA)

Adelante.

Pase, por favor.

Tome asiento, por favor.

¿Qué pasa?

¿Por qué no me dejan ver a mi esposa?

Hicimos todo cuanto nos ha sido posible,

pero no pudimos salvarla. ¿Qué?

Lo siento muchísimo.

No. A ver, a ver.

Pero si la operación salió bien y ella se estaba recuperando.

Eso parecía, pero su cuerpo no ha soportado el esfuerzo.

Sufrió un infarto y, aunque intentamos reanimarla,

no pudimos.

No, no me lo creo.

Le juro que hicimos todo lo humanamente posible,

pero su mujer estaba grave, créame. Lo siento mucho.

Le acompaño en el sentimiento.

Ayer me dicen que la operación fue un éxito

y hoy llego...

y me dicen que ya no voy a volver a verla.

Y era la verdad. La operación fue bien

y su mujer se estaba recuperando adecuadamente.

¿Y por qué se le ha parado el corazón?

Todavía no hemos podido determinar la causa exacta de la parada.

¡Pues debería! Para eso es usted médico.

Quizá tenía el corazón debilitado o padecía alguna enfermedad

que ha podido interferir. ¿Quizá? ¿Quizá?

¿Y usted se hace llamar médico?

-Por favor, no se altere. -Estaba viva cuando entró

y ahora está muerta, ¿cómo quiere que no me altere?

Le aseguro que, en la operación, nada nos dio la voz de alarma.

Estas cosas ocurren, créame. ¡Déjese de tonterías!

Usted es un medicucho de tres al cuarto. ¡Un matasanos!

-Por favor, tranquilícese. -¡Usted se calla!

Aurora.

Necesito saber por qué ha muerto mi mujer...

...y por qué nadie ha podido evitarlo.

Le doy las explicaciones de las que soy capaz

y con honestidad. ¡Pues no es suficiente!

Necesito, y quiero, que se le practique una autopsia.

De acuerdo. De acuerdo, con su conformidad,

yo mismo la practicaré.

Por supuesto que habrá autopsia.

Pero no le voy a permitir que la haga usted.

Como quiera.

Pero yo dejaré constancia de que me he ofrecido.

Es parte interesada y no voy a darle la oportunidad

de tapar sus propios errores. Como desee.

Estoy a su disposición para lo que necesite.

Insisto, que lo siento mucho.

El director del hospital es muy amigo mío.

Y pienso hablar con él para que busque un médico neutral

y competente para que haga la autopsia.

Está en su derecho de solicitar el médico que desee.

Mi mujer ha pagado su negligencia con la vida.

Pero usted también lo va a pagar.

Hola, Elisa.

Pensé que lo nuestro ya había acabado.

¿Por qué me has llamado?

Para hablar de algo importante contigo.

¿Has cambiado de opinión?

Claro que no.

Pero me he enterado de que ayer te emborrachaste

y pegaste a mi prometido.

Sí, lo... lo siento mucho, Elisa, sé que estuvo mal.

¿Mal? ¿Te parece bien pegar a un hombre

que acaba de salir del hospital? -No, no, claro que no, pero...

me emborraché y no pensé lo que hacía.

Por no hablar de que está en desventaja contigo.

Fuiste un cobarde. -No me enorgullezco.

-Debería darte vergüenza. -Y me la da.

¿De cuántas formas quieres que te pida disculpas?

Quiero que veas que Ciro no tiene nada que ver con lo que pasó.

Es cierto, pero... no sé,

nunca es buena idea mezclar alcohol con sentimientos.

Nunca has sido un buen bebedor.

Deberías saber que estas cosas podrían pasar.

Es verdad, es verdad, pero...

estaba desesperado y... no se me ocurrió otra cosa

para sentirme mejor que emborracharme.

Bueno, espero que no vuelva a ocurrir.

Yo he respetado tu boda, Carlos, ahora te toca a ti respetar la mía.

Tranquila, no volverá a ocurrir.

Su aguardiente.

(SUSPIRA)

Bueno.

Pues...

Entonces, me zarandeó contra la pared y me escupió.

¿Sin mediar palabra?

Exactamente, solo porque se me ocurrió mirarla.

¿No se le ocurre ninguna razón por la que esa mujer

reaccionara así? -Ninguna.

Es un poco extraño que se comportara de ese modo

por las buenas y sin una provocación previa.

-¿Acaso no me cree? -No, no, no, no, para nada.

Como policía veo muchas clases de comportamientos extraños

y esta es una de ellas. -Soledad, no te preocupes.

El inspector es amigo y un buen profesional.

Solo quiere ayudarte. -Así es.

Este interrogatorio es para ayudarla, no para dudar.

Discúlpeme, ha sido una situación desagradable

y todavía me pongo nerviosa al recordarla.

Es, en cierto modo, como si la reviviera.

No se preocupe, una vez que acabemos

no tendrá que volver a hacerlo. -Gracias.

Pero me aterra la posibilidad de volver a encontrarme con ella

por los pasillos de la pensión.

¿Qué debería hacer? -Nada, nada.

Nosotros nos ocuparemos de que no se repita esa situación.

No se preocupe.

Ah, vaya, disculpadme, se me ha acabado la tinta.

Enseguida vengo.

(SUSPIRA)

Oye, no tienes por qué volver a esa pensión.

¿Y qué voy a hacer, Gabriel?

No puedo pagarme una mejor y...

y todos esos antros son iguales.

Bueno, yo podría pagarla, pero...

No quiero que me pagues una pensión más cara.

Pero no pienso hacerlo.

Lo que tampoco pienso permitir es que vuelvas a ese sitio.

Así que mandaré a alguien para que salde tu deuda,

recoja tus cosas y las lleve a mi casa.

¿A tu casa?

¿Dónde vas a estar mejor que ahí?

¿Quieres que me vaya a vivir contigo?

Bueno, solo si tú quieres.

Ah, no soy...

no quiero ser una mantenida.

Mira, no sé qué significa eso de ser una mantenida,

lo que tengo claro es que me gusta estar a tu lado.

Así que, ¿quieres venir a vivir conmigo?

Don Luis, ¿puedo...? Tengo que hacerle una consulta.

-¿A mí? -Sí, como no están ni doña Diana

ni don Ricardo. -Pues lo siento mucho, Benjamín,

debería ser en otro momento, ahora tengo dolor de cabeza.

No se lo diría si no fuera urgente.

Uf...

Vale, ¿de qué se trata? -Resulta que un cliente

habitual de la fábrica ha hecho un pedido.

Vino a recogerlo y no quiere pagar. -¿Por qué?

Porque dice que no hemos usado el material que él había pedido.

¿Cómo puede haber pasado eso?

No, ese es el caso, que no ha pasado.

El cliente se equivoca o nos quiere engañar.

-¿Seguro? -Sí, lo recuerdo muy bien.

El material es exactamente el que pidió.

En circunstancias ordinarias lo dejaría pasar

y haría el encargo, pero el pedido es muy grande.

Y, tanto si le devuelvo el dinero como si hacemos el pedido,

perdemos mucho tiempo y dinero. -Pues vaya situación.

Por otro lado, amenaza con prescindir de nuestros servicios

si no hacemos el pedido tal y como a él le gusta.

Entonces, no sé qué hacer, ¿le cobro, no le cobro,

vuelvo a hacer el pedido? -Lo siento, esto no me compete.

Normalmente, se lo preguntaría a doña Diana o a don Ricardo,

pero como no están, se lo digo a usted.

Ya sé, pero Diana, si estuviera aquí,

delegaría en usted. -Perdone que le contradiga,

el pedido y la decisión son tan grandes,

que no lo puedo llevar yo. -¡Qué insistente es!

Traiga aquí, vamos.

A ver, no sé, ¿qué cree que haría Diana

estando en su lugar? -Normalmente,

doña Diana hablaría con el cliente para convencerle para que pagara

o, en su defecto, llegar a un acuerdo ventajoso para ambos.

-¡Fantástico! Hágalo. -Yo sé organizar una fábrica

y no tengo la capacidad de negociación que tiene

la señora con los clientes, ya se lo digo yo.

Ya, pues yo tampoco soy Diana y no sé qué hacer.

-Pero, hombre, don Luis... -No, no, Benjamín.

¿Sabe qué le digo? Que tengo suficiente con lo que tengo, ¿eh?

Esto me pasa por preguntar, ¿no te digo?

Ay, Señor...

Si tanto le complace estar en la fábrica,

debería ir usted para allá y dejarse de tonterías.

No, no, no, no

Es lo único que, actualmente, despierta su interés.

Está usted luchando contra su naturaleza quedándose aquí.

Si cedo ante la tentación de ir a la fábrica,

le estaré dando la razón a Salvador,

que dice que yo no sé vivir sin trabajar, y eso es mentira.

Pues vaya usted a trabajar un ratito, pero no se lo diga.

Si él no va a la fábrica, no tendrá manera de enterarse.

No, Rosalía, gracias pero no.

Para mí es importante demostrar que puedo disfrutar de la vida

y de unos días de vacaciones.

Sí, sí, ya me doy cuenta de cuánto disfruta usted de la vida.

(Suena el teléfono) (SUSPIRA)

(Suena el teléfono) ¡Ya voy yo, ya voy yo!

(Suena el teléfono)

Residencia de los Silva, ¿dígame?

¡Benjamín! Hola.

No, no, no es ninguna molestia,

si estoy deseando saber de usted y de la fábrica.

Sí, entiendo que le dé apuro, pero debe hablar con el cliente

hasta que entre en razón. Muéstrele los albaranes,

los partes de trabajo. Demuéstrele que el equivocado es él

con educación y mano izquierda.

Pues hágale un 10% de descuento, pero nada más.

Si quiere, yo puedo hablar con él.

No. No, Benjamín, retiro lo dicho.

Es un poco largo de explicar,

pero me he propuesto mantenerme unos días alejada de la fábrica,

y eso es lo que voy a hacer.

Eh, ya me hago cargo que usted no suele hacer estas cosas,

pero algún día será la primera vez.

Usted es muy inteligente y amable,

estoy segura de que lo hará muy bien.

Eso es. Ánimo y mucha suerte.

Adiós.

Ah, señora, me parece admirable

ver que se mantiene usted en sus decisiones.

Ah...

¿Qué ocurre? ¿Qué...? ¿Qué ha visto?

Ah, la lista que el padre Tomás le ha dado a Salvador.

(SUSPIRA)

¡Ah!

Aurora, un momento, por favor. Sí.

Dígame, doctor. Quería saber la dosis de morfina

que suministró a la Sra. de Ramos tras la operación.

La habitual después de un operatorio.

La justa para calmar el dolor y ayudar al paciente a dormir.

¿Estás segura? Sí, de hecho,

media hora después tuve que administrarle más

porque se quejaba de mucho dolor abdominal.

Necesito que sea un poco más concreta.

Es que no sé qué más decirle.

Aurora, necesito saber la cantidad de miligramos

que le suministró en total, es importante.

¿Por qué? ¿Ha habido algún problema?

Han realizado la autopsia y los resultados no son buenos,

ni para el hospital ni para usted. ¿Qué quiere decir?

El informe dice que la parada cardiorrespiratoria

se produjo por sobredosis de morfina.

¿Cómo? No, no, no, no es posible.

Lo siento, pero tengo que preguntarle algo más.

Dígame. ¿Es posible que se confundiera

con la cantidad?

Yo soy muy cuidadosa con mi trabajo, doctor.

Lo sé, por eso es importante que trate de recordar

el momento en que preparó la morfina.

Haga un esfuerzo, es importante.

Es cierto que he tenido muchas preocupaciones

en la cabeza últimamente, pero... ¿Lo recuerda o no?

Dios...

Lamentándolo mucho, voy a tener que incluir

esta información en el informe.

¿Y qué consecuencias puede haber?

Malas. Si se demuestra que la Sra. de Ramos

murió por una cantidad alta de morfina,

será la principal responsable de esta negligencia.

(Se oyen pasos acercándose)

Señora, señora, tiene una visita.

Pues hágala pasar, no sé a qué vienen tantos nervios.

Es que, señora, es la reina. ¿Qué reina?

La reina de España, la reina Victoria Eugenia.

¿Está aquí? Sí, doña Blanca,

no querrá hacerla esperar. No, por el amor de Dios.

Eh, ¿está todo ordenado? Como siempre.

Pues hágala pasar y prepare un servicio de té

con la mejor vajilla. No sé si quedan pastas.

Si no tenemos, llame al colmado y que traigan,

de las mejores. Dele al mozo la propina que haga falta.

¡Venga, vamos! Sí, señora.

Ah...

Majestad.

Bienvenida a mi casa. Es todo un honor poder recibirla.

Gracias, Blanca.

Vengo con tanta premura porque necesito hablar con usted

de un asunto... muy delicado. Claro. Siéntese, por favor.

Es sobre algo que me ha comentado don Emilio.

Necesito pedirle un favor.

¿En qué puedo ayudarla?

¡Ay, Sofía! Estoy tan contenta de que por fin hayas querido verme.

-Yo también. -Es que me alegra tanto

poder retomar nuestra amistad.

Había tantas cosas que no podía contarles a las monjas.

Lo imagino.

¿Qué te pasa, Sofía? Te veo seria.

Sofía.

Elisa, es que lo estoy pasando muy mal.

Me estoy volviendo loca y no puedo más.

Si es por lo de Carlos, no te preocupes.

Estoy segura de que te quiere y de que seréis muy felices.

Elisa, no me vengas con esas.

¿Por qué dices eso?

Las dos sabemos que Carlos te prefiere a ti.

Bueno, eso no es verdad.

Carlos está muy ilusionado con el niño.

Y os queda toda la vida por delante.

Pero eso es porque aún no sabe la verdad.

¿Qué verdad?

Es que es tan horrible, Elisa, que no se lo puedo contar a nadie.

Y eso aún hace que sea más horrible.

Sofía, a mí me puedes contar lo que sea.

He cometido tantos errores, que puedo entender cualquier cosa.

El hijo que estoy esperando, no es de Carlos.

¿Pero cómo has podido hacer algo así?

La culpa es tuya.

Si Carlos no me hubiera engañado contigo,

yo no me hubiera entregado a mi primo Claudio por despecho.

Hasta cuando ya no estás en mi matrimonio,

me sigues haciendo daño.

¡Sofía, espera!

Esas cartas son muy dañinas y no pueden hacerse públicas.

Por supuesto. Haría mucho daño al país y a la corte.

Ya es bastante malo ser la comidilla en el Congreso,

como para que llegue a la prensa

y el escándalo recorra el país de punta a punta.

Sé, por experiencia, que lo que se publica

en periódicos, puede ser dañino.

La Familia Real, justo en este momento,

con la guerra europea y el gobierno en crisis,

no puede verse convertida en objeto de escarnio.

Disculpe, majestad, pero no sé muy bien

qué podría hacer yo para poder ayudarla con todo esto.

Lo que le pido, es que se haga usted con esas cartas.

¿Yo? No sé cómo podría hacerlo.

Su marido es diputado en el Congreso.

De todas las personas que conozco,

usted es la que está mejor situada para lograrlo.

Aun así, no será fácil. Y no solo eso.

Usted, de entre todas mis damas,

es la más valiente y en la que más confío.

¿Está dispuesta a ayudarme? Por supuesto que sí. La ayudaré.

Y pondré todas mis fuerzas para conseguirlo.

Aunque, ahora mismo, no sé muy bien cómo voy a hacerlo.

Con su buena disposición, de momento, es más que suficiente.

Le estoy muy agradecida.

Yo sí que le estoy agradecida por confiar tanto en mí.

De verdad, es todo un honor.

Tengo muchas esperanzas depositadas en usted.

Es inteligente y decidida.

Y seguro que se le ocurre algo para conseguirlo.

Eso espero. Y también espero poder entregarle

esas cartas muy pronto. Si lo consigue,

me encargaré de que mi suegra no pueda discutirme

que es usted la mejor candidata a primera dama.

Bueno. Dime. ¿Qué querrás hacer para celebrar

tu llegada a la casa?

No quiero festejar nada.

Ya estoy contentísima. -Bueno.

Podríamos ir a cenar. ¿Qué te parece?

Ya has sido muy generoso conmigo.

No me gustaría que gastases el dinero en lujos innecesarios.

¿Innecesarios? El dinero está para gastarlo y disfrutarlo.

Ya. Pero no quiero que derroches en mí.

Lo que sí me gustaría, es deshacer las maletas y tomar un baño.

Bueno, avísame si necesitas que te enjabone la espalda.

Y mientras te lo piensas, ¿por qué no descansas un poco?

Yo cogeré las maletas y avisaré al servicio

de que preparen el baño.

Muchas gracias.

Por todo.

Operadora, con el 985.

Damián. Sí, ya estoy en casa del conde.

Ha salido todo según lo previsto.

La casa es impresionante. Y eso que es la pequeña,

porque tiene una mayor a las afueras.

Y, además, va a sacarme a cenar al mejor restaurante de la ciudad.

Está bien. Hasta luego.

Estaba llamando a mi mejor amiga para darle las señas

de mi nueva dirección. No te importa, ¿no?

No. Claro que no. Estás en tu casa.

Puedes hacer lo que quieras.

El servicio ya ha dispuesto el baño.

¿Te acompaño?

Hola, mi amor. ¿Qué tal te ha ido el día?

Mal.

Muy mal.

¿Me das un abrazo, por favor?

¿Pero qué ha pasado?

La paciente a la que operaron ayer de apendicitis,

ha muerto.

Y piensan que es por mi culpa. -¿Pero por qué?

Le han hecho una autopsia y dicen que ha sido

por una sobredosis de morfina.

¿Y tú le administraste la morfina?

Sí. Pero no creo que me equivocara con la cantidad.

Y aun así, me han hecho dudar. -Aurora, eres una profesional.

Sabes perfectamente cuánta es demasiada morfina.

Sí, Celia. Pero estos días han sido una locura en el hospital.

He tratado a decenas de pacientes y he puesto muchas inyecciones.

Por no hablar de los problemas que no me dejan dormir.

Aunque te hubieras equivocado,

un error lo comete cualquiera. Errar es humano.

Y tú no lo has hecho a propósito.

Sí, pero si por ese error muere alguien...

Me siento tan mal.

Sé perfectamente cómo te sientes.

Tienes que pensar en la cantidad de gente a la que has salvado.

Y en la cantidad de gente que te queda por salvar.

No puedes castigarte así por un error.

¿Y si yo fuera la persona que hubiera muerto por ese error?

¿Serías capaz de perdonar a quien lo hubiera cometido?

Por si no fuera poco estar encerrada en este agujero,

tendré que soportar las calumnias que va a escribir Celia sobre mí.

Sé perfectamente de lo que habla.

Esa mujer arruinó mi vida con uno de sus artículos.

Aunque a mí, eso debería darme igual.

Cada vez, tengo más claro

que nunca saldré de aquí con vida. -No diga eso.

Ya sé que, a veces, parece que no hay salida,

que uno no será capaz de sacar la cabeza,

pero se da cuenta de que existe, al menos,

un motivo para luchar. A mí me pasó.

¿Sí?

Toqué fondo. Todo el mundo pensaba que yo era un criminal. Todos.

Estuve en la cárcel. Perdí a mis amigos, mi trabajo.

Los dolores de cabeza no me daban tregua.

Incluso, fantaseé con la idea de quitarme la vida.

¿Qué fue lo que le hizo seguir luchando?

Darme cuenta de que Francisca seguía a mi lado.

Yo, por suerte, en este calvario, le tengo a usted.

Como entre don Ricardo y vea que estoy desatada...

Yo no quiero causarle

ningún problema, Luis. -¡Chis!

No se preocupe.

Es muy tarde. No creo que venga.

Por cierto, le he traído lo que le prometí.

Es usted tan bueno conmigo.

Por favor, cuénteme otra ópera.

Me gustaría mucho quedarme dormida escuchando su voz.

Está bien.

En "La Traviata", Violetta Valery,

que es una famosa cortesana parisina,

ofrece una fiesta para celebrar

que se ha recuperado de una enfermedad

que ha durado ya mucho tiempo.

A la fiesta...

A la fiesta, acude Gastone, que es un noble francés,

con su mejor amigo, Alfredo Germont,

que lleva un año soñando con conocer a Violetta.

Entonces...

Estás... preciosa, cariño.

Preciosa.

¿Qué haces?

Esto hago.

Se supone que no debemos leer la lista del otro.

La encontré por casualidad.

Es tan corta, que no he podido evitar leerla.

(LEE) Dile a tu esposa lo bella que es y lo mucho que la quieres.

Pues tiene su dificultad, no te creas.

Claro. Por eso, estás todo el rato repitiendo piropos

como si fueras un loro. -Pensé que te gustaban.

Claro. Pero no me gusta que seas tan empalagoso.

Y lo peor es que mi lista es así de larga.

20 cosas tiene o más. Ser tu criada, tu cocinera,

tu mayordomo, tu amante, darte conversación, escuchar,

callar, rezar, comprender... -Sí.

Parece que resulta más complicado ser la esposa perfecta,

que el marido perfecto. -¿Algo?

Después de trabajar, yo tengo que llegar a casa,

tratar con el servicio, organizar las compras,

revisar la limpieza, estar guapa, mantener la figura...

No exageres. Elpidia y Rosalía son las que hacen el trabajo duro.

Pero alguien tiene que supervisarlas.

Cómo se nota que tú no te ocupas de ello.

Cariño, solo estoy diciendo que tienes ayuda.

Y mientras, tú fumando puros, bebiendo cherry,

hablando de tus cochecitos para millonarios...

No hablo de mis cochecitos.

Estoy levantando un negocio con futuro.

Vendiendo coches a hombres que quieren demostrar

que son importantes para que las mujeres piensen

que son un gran partido. No te des tantos aires.

Hay que saber mucho de vehículos

y de negocios para hacer lo que yo he hecho.

¿Qué has hecho? ¿Irte de la fábrica cuando más se te necesita?

Está bien. Si tan fácil te parece lo que yo hago,

te reto a que tú te ocupes de ello mañana.

Ah. Trato hecho.

Mañana, primero tú te ocupas de la fábrica

y, luego, manejas la casa.

A ver qué tal se te da.

Pan comido.

-Ya veremos quién ríe el último. -Ya lo veremos.

(TOSE) -¡Chis!

No sufras más, querido Luis.

Duerme y no despiertes nunca.

Necesito que recuperes las cartas que escribió

el Rey a la Infanta Beatriz de Sajonia.

¿Cómo pretendes que haga eso?

No lo sé. Ya encontrarás la manera.

Pero tienes que conseguir que la persona

que las tiene en su poder, te las devuelva.

Salvador y yo vamos a intercambiarnos los papeles.

-¿Qué papeles? -Bueno, yo me haré cargo

del negocio de los automóviles deportivos

y él, de la fábrica y de la casa.

Cuando vea que yo me desenvuelvo sin problemas

con el negocio de los coches y él las pasa canutas

con la casa, me respetará más.

Bueno, eso, si no me responsabiliza a mí de todo

y se lava él las manos. -Por eso, necesito su ayuda.

No se angustie, majestad.

Yo le prometo que haré lo indecible para recuperar esas cartas

y evitar que se publiquen. Le doy mi palabra.

Ah. El artículo de Marina. -Sí.

No me acordaba que lo iban a publicar hoy.

¿Y tienen alguna novedad? -No, no.

¿Alguna llamada anónima que la sitúe en algún lugar?

Todavía es pronto. Y tengo otra vía de investigación.

-¿A qué se refiere? -A don Cristóbal Loygorri.

Uno, dos, tres, cuatro. ¡Ahora!

Uno, dos, tres, cuatro... -Piensa en Francisca, en tu hijo.

Don Emilio, tiene que ayudarme a recuperarlas.

¿Quién tiene las cartas? Jorge Javier Sabater.

¿Del partido maurista? Ajá.

Un dato muy curioso que cambia las cosas a nuestro favor.

¿Por qué? Porque la esposa de Sabater

es la Marquesa de Pradillo, su principal rival

para acceder a ser primera dama de la reina.

Tengo que salir. He quedado con Carlos.

-¿Para qué? -Quiere hablar conmigo.

Quería pedirle disculpas por mi actitud del otro día.

Se lo agradezco, pero no es necesario.

Sí. Sí lo es. No quiero que este incidente afecte

a mi relación con Elisa. -Así que ese es el motivo. Ella.

Lo primero que quería hacer, era disculparme

por culparte de mi infidelidad con Carlos.

-Estás perdonada. -Y lo segundo...

es que necesito que me ayudes a reunir

el valor necesario para contarle la verdad a Carlos.

Creo que me he enamorado. Es así.

¿No crees que vas deprisa? Apenas os conocéis.

Hay veces que no se necesita mucho tiempo

para darse cuenta de que tienes delante tuya a la persona adecuada.

¿Cuándo voy a conocer a la mujer que te tiene sorbido el seso?

Usted quiere hacerle el padrón.

Quiero asegurarme de que esa mujer es buena para ti.

Lo es, madre. Lo es. Así que tranquila,

que esta noche la traeré para que la conozca.

¿Se encuentra bien? Es por el caso

de la señora de ramos. Tengo miedo

que su marido venga a recriminarme algo.

Me temo que ha hecho mucho más que eso.

Mis hombres la buscan por los alrededores

de donde la teníamos encerrada.

En su casa, en el hospital, en las estaciones de trenes.

Pero siguen sin dar con ella.

Aurora, no dejaré que vuelvas sola a casa.

Marina conoce este recorrido y no quiero que te espere aquí.

No es eso. Es que no tengo que ir al hospital.

¿Y eso por qué? ¿Te han dado el día libre?

-¡Malnacida! -¡Aurora!

Mi madre te va a adorar en cuanto te vea.

Eso espero. Me gustaría caerle bien.

No tienes de qué preocuparte.

Vamos.

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Seis Hermanas - Capítulo 353

03 oct 2016

Marina y D. Luís siguen acercándose y cobrando confianza. Aurora es acusada de cometer un grave error en el hospital. Blanca se entera por Rodolfo de que circulan unas cartas en el Congreso que perjudican a la reina. Diana y Salvador continúan aplicando el desigual sistema del mediador.

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  1. Elder Leonardi

    Escribo desde Argentina miro esta hermosa novela en mi ordenador, pero hace más o menos 10 capítulos el audio se corta por 4 o 5 segundos cada más o menos la misma cantidad de tiempo. Así es imposible llevar el hilo de la trama Cómo puedo hacer para verlos correctamente? Un afectuoso saludo desde la Pcia. de Santa Fe y solucionen ese defecto lo más pronto posible

    11 oct 2016
  2. Alita

    Hola! Primero que nada quería decirles cuánto disfruto la novela y es tanto así q cuando no la veo en la tv me pongo al día por aquí!! También antes de todo felicitarles por el cambio de fotografía y dirección, el nuevo esquema de luz y planos menos "típicos de novela" son un éxito le otorgaba la novela un aire de sofisticación y agrado visual q la mejoran muchísimo!!! GRACIAS!!! Pero me imagino que a parte de cambiar eso, también algo en los escritores o guionistas, porque cómo es posible q ahora Rodolfo NO HABLA ALEMAN!? wtf!!! Rodolfo tradujo el documento del negocio de telares Silva con los alemanes por eje, y cuando el esposo de Diana estuvo secuestrado el traductor con los alemanes era Rodolfo!!! D: han tenido unos errorcitos así q rompen un poquito el corazoncito :( disfruto mucho la producción no se pelen así :(, deseo estar equivocada pero de todas formas no dejo de ver la novela la amo besos! cariños!!! desde el norte del sur, Venezuela Alita Gómez

    05 oct 2016
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