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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 292 - ver ahora
Transcripción completa

Este interés por el cloro es muy raro.

¿Qué propone que hagamos?

Porque el tiempo pasa y nos ahoga cada vez más.

Que investiguemos a mi tío,

que intentemos averiguar

qué conexiones tiene con los alemanes.

Y después decidiremos qué es lo mejor

para esta guerra y para Tejidos Silva.

Si no venía por aquí es porque antes

tenía otros negocios que atender.

Pero ahora por desgracia Europa está en guerra

y el ritmo de mis negocios ha decaído.

Por eso mete la mano en la fábrica.

Bueno, digamos que tengo

que estar más atento a mis finanzas.

Comprenda que tengamos cierta curiosidad

por esos sobres. Sería un inspector nefasto

si pensara que es una simple coincidencia.

Es que sería una coincidencia si esos sobres fuesen míos.

Pero no lo son, inspector.

Qué sorpresa, Adela.

Últimamente nos encontramos en todas partes.

Eso parece, sí.

Hola. -Mi cuñada Antonia.

Leticia Sáez, la hermana de mi difunto marido Eusebio.

Es mi antigua cuñada la que me quita el sueño.

No sé qué le ha dado conmigo, pero está en Madrid.

Dice que quiere perjudicarme.

Es mucha casualidad que aparezca junto ahora.

Y yo no creo en las casualidades.

Mi hermana Adela cree que podría estar detrás

de los anónimos que recibimos.

Ya, pero usted sigue pensando

que Elisa está detrás de esos anónimos.

Sí, pero le he prometido que le hablaría de Leticia.

La verdad que no lo soporto.

Llevan ustedes mucho tiempo separados.

Tiene que tener paciencia.

Pero es que yo no le quiero.

Si ni siquiera siento el afecto que él siente por un amigo.

Vamos, vamos, no diga eso.

Es la verdad.

Sólo quiero que vengas al bautizo de mi hija.

Y a ser posible sobrio.

No iré a ningún lugar en el que esté Francisca.

Creo que voy a tener que empezar a traerle

la comida más a menudo. No, no, no.

La próxima vez me toca a mí, es lo más justo.

¿No me vas a contar qué tal fue tu día?

¿Mi día? Mi día se resume en un frase:

estuve en el hospital.

Estuve a punto de acercarme a comer contigo.

Al final comí con un compañero de oncología.

Yo no sé nada de los negocios de mi padre.

Bueno, pero quizás has oído alguna conversación telefónica,

has visto alguna carta, algún visitante extraño.

El único visitante extraño últimamente ha sido Carlos.

Es porque quería hacer negocios con él,

por lo de la fábrica de Núremberg

que tiene Carlos de municiones.

¿Pero por qué no quieres que hablemos en casa?

Porque prefería hablar contigo a solas.

Bueno, Blanca, el bautizo de Eugenia es en unas horas.

Deberías estar en casa arreglándote.

No tengo ganas de mirarme al espejo.

Me siento horrible.

Te juro que si pudiera quedarme

en casa y no ver nadie, lo haría.

¿Pero qué es lo que ha pasado?

¿Has discutido con Cristóbal?

Ojalá sólo fuera eso.

Porque entonces podríamos arreglarlo hablando.

Pero ya ni siquiera nos entendemos para eso.

Blanca, me estoy asustando. ¿Tan grave es?

Creo que tiene una amante.

¿Cristóbal?

Anda ya, Blanca, eso es imposible.

Ayer fui a buscarle al hospital...

porque quería que me acompañara al bautizo.

Sí.

Y vi que estaba con otra mujer.

Bueno, ve a muchas mujeres todos los días.

Es médico, trabaja en un hospital.

Francisca, de verdad, esto es muy distinto.

¿Por qué?

¿Les viste besarse?

No, pero su actitud lo decía todo.

Bueno, pues la estaría consolando

porque había recibido una mala noticia

con relación a su salud o la salud de algún familiar.

Estaban comiendo juntos, se estaban riendo...

Vi cómo se miraban. Pues, Blanca, será una amiga.

O una compañera del hospital.

Te juro que en otro momento

pensaría exactamente como tú, pero...

¿Qué es lo que te hace desconfiar ahora?

Hace días Marina me advirtió de que Cristóbal

se estaba viendo con otra mujer.

Y tú le creíste.

No sé, al principio pensé que lo hacía por despecho.

Pero después de lo que vi ayer...

¿Pero no ves que ha conseguido lo que buscaba,

meter cizaña entre tú y Cristóbal?

Por eso desconfías ahora, Blanca.

Es que no es sólo por lo de ayer, Francisca.

¿Por qué más?

Hace unos días también

me encontré con una medalla en el suelo.

Sí. En casa.

Y Cristóbal me dijo que era de su madre.

Y no lo era. La mujer que estaba ayer

con Cristóbal llevaba la misma medalla.

¿Pero estás segura de eso?

Coincidí con ella en un acto social

y me fijé en la medalla.

La vi muy de cerca.

Estoy segura de que no me equivoco.

No sé, al principio pensé que se trataba

de una casualidad, pero... Claro, podría ser.

Después de verles ayer juntos en el hospital...

Demasiadas casualidades, ¿no crees?

Blanca, no puede ser.

Tiene que haber alguna explicación.

¿Te crees que no le he dado vueltas?

Y no se me ocurre una explicación razonable.

Sobre todo porque Cristóbal

me ha dicho que no la conocía de nada.

¿Pero has hablado con él abiertamente?

No, no lo he hecho todavía.

Pues habla con él y que te dé una explicación.

¿Para qué te vas a atormentar

por algo que a lo mejor ni siquiera ha pasado?

Tengo mucho miedo de hacerlo.

¿Por qué?

Porque no sé, supongo que...

necesito agarrarme a un clavo ardiendo.

Mientras no enfrente la realidad supongo que puede

haber una posibilidad de que sea un malentendido.

Pero si él lo reconociera, Francisca...

Cristóbal y tú habéis peleado mucho por estar juntos. Mucho.

¿Te crees que lo va a tirar todo por la borda

por un simple capricho?

Así que habla con él.

No hay nada que dañe más a una pareja que los secretos.

¿Lo harás? Sí.

Que te van a ver. Ya lo sé.

(Llaman a la puerta)

(VELASCO) ¡Celia, abra, soy yo!

No esperaba ninguna visita. -Menos mal que la encuentro,

por un momento pensé que no estaba.

¿Y a qué vienen tantas prisas?

Siento presentarme así, pero tenía que contárselo.

No sabe lo que he encontrado. -No. ¿El qué?

Oh, qué guapa va vestida. ¿Iba a salir?

Sí, al bautizo de mi sobrina. ¿No se acuerda que se lo conté?

Ah, ¿era hoy? -Sí.

A veces me da la sensación de que no sabe en qué día vive.

Lo siento, se me había ido de la cabeza.

Y eso que vengo a contarle algo relacionado con Adela.

¿De Adela? -Sí, más bien de su antigua

cuñada, doña Leticia Sáez.

¿Y qué ha averiguado sobre ella?

¿No tenía prisa? Podemos ir andando.

No, quedan unos minutos para que pase el tranvía.

Así que si se da prisa...

Doña Leticia lleva un tiempo en Madrid,

desde que enviudó de un octogenario

con el que apenas estuvo casada un par de meses.

¿Se casó con un hombre que le doblaba la edad?

Y nunca hubo una inversión

que diera tantos beneficios en tan poco tiempo.

¿Por qué dice eso?

Doña Leticia era la única heredera del finado,

una gran fortuna gracias a unos terrenos en Puerto Rico.

A las hijas del primer matrimonio del octogenario

nunca les hizo mucha gracia.

Seguro que se casó con él

para pagar las deudas de su hermano.

Las hijas la acusaron de haber matado a su padre

para quedarse con la herencia.

Pero el caso se desestimó por falta de pruebas.

No conozco bien a Leticia, pero por lo que me ha contado

Adela de su familia no me extrañaría

que así hubiera sido.

¿Pero qué tiene que ver todo esto con el caso

del asesino del Talión? -Coincidencia de tiempos.

El primer asesinato se produjo al poco

de llegar Leticia a Madrid.

¿Entiende ahora mis prisas por venir a contárselo?

¿Qué hace? -Avisar a Adela.

Si eso es cierto ella está en peligro.

No, no. No podemos molestarla por algo así.

No podemos avisar a su hermana sin algo en concreto.

Pero Leticia le amenazó que le arruinaría la vida.

Sí, pero no podemos contarle esta noticia.

Y menos hoy, es el bautizo de su hija.

Por eso, en la celebración habrá mucha gente.

Leticia podría colarse y hacerle daño.

Entre tanta gente no le será fácil.

Demasiados testigos.

O mucha gente entre la que pasar desapercibida.

A Leticia no la conocen. -En eso tiene razón.

Protegeremos a su hermana.

Pero ella no tiene por qué darse cuenta.

¿Y cómo va a hacer eso?

Igual que me acompañó a casa de mis padres

yo seré su acompañante en el bautizo

y así la vigilaré.

¿Qué le parece?

Muy buena idea.

Aunque deberíamos irnos ya si queremos coger el tranvía.

Entonces... vámonos.

Estate quieto. No hay manera de ponerte la corbata.

Antes casi me estrangulas.

Puede que estés enfadada con tu tío,

pero este cuello es el mío, no el de don Ricardo.

Perdona, es que no puedo quitármelo de la cabeza.

Ahora sabemos de dónde viene su interés en ese cloro.

Es el que le facilitará a los alemanes para fabricar

los cilindros de gas en la fábrica de Núremberg.

Y todo eso...

lo has averiguado tú solita.

Eres la mejor espía que se pueda tener.

Una espía muy afortunada más bien.

Si no llega a ser por Elisa no sabríamos nada.

Ahora hay que hablar con Carlos.

Él es el dueño de la fábrica

y si él no quiere que envíen ese cloro

no le servirá de nada a los alemanes.

¿Y crees que lo hará?

Alguien que hace armas en su fábrica

sabe perfectamente para qué se utilizan.

Pero una cosa es eso y otra es la destrucción

indiscriminada de vidas.

Un cambio de aire y puede matar a un pueblo lleno de inocentes.

Te dirá que lo mismo puede pasar con las bombas.

Yo no me fiaría de la bondad de la gente.

Y mucho menos cuando hay tanto dinero de por medio.

Carlos es una buena persona. -Y muy influenciable.

Seguro que tu tío Ricardo lo tiene bien agarrado.

Tendré que intentarlo.

Pero ten mucho cuidado,

el mínimo desliz podría delatarnos ante los alemanes.

Sí, tranquilo. Seré sutil.

Si te ganas su confianza Carlos puede ser

la mejor fuente de información que podamos tener.

Sabremos que está tramando don Ricardo

con la fábrica de armas.

¿Y crees que no sabré ganármela?

Sí, pero déjate de moralinas y de la responsabilidad

que puede tener él en todas esas muertes.

¿Por qué?

Porque podía sentirse juzgado y dejar de confiar en nosotros.

Y eso ahora mismo no nos conviene.

¿Pero cómo puedes ser tan frío?

¿No te importa nada la vida de esos soldados?

Sí, claro que me importan.

Pero aunque Carlos evitara que don Ricardo fabricara

esas bombas los alemanes las fabricarían en otro lugar

y dejaríamos de tenerlo todo controlado.

Pero ganaríamos tiempo. -Sí, ¿pero a qué precio?

Salvaríamos un puñado de vidas al principio, sí.

Pero perdiendo la pista de esas bombas

no podríamos evitar otras matanzas.

¿Entonces qué hago, me quedo de brazos cruzados

mientras matan a toda esa gente?

No, vamos a intentar evitarlo pero de otra manera,

sin enfrentarnos con Carlos.

Esta aproximación tan directa no puede ser beneficiosa.

Pues como no pongamos una bomba

para que todo estalle por los aires.

Mira, no es mala idea.

No de forma literal, pero no es mala idea.

Voy a hablar con Carlos. ¿Te parece?

¿Cómo está mi princesa?

Hoy es un día muy importante, el primero de muchos.

Y yo seré testigo de todos ellos.

Adela, al final llegaremos tarde.

Ya, ya voy.

Es que no encuentro el frasco con el agua del Jordán

que nos regaló doña Dolores.

No te preocupes, usaremos el agua bautismal.

¿Y que se ofenda doña Dolores? Que allí bautizaron a Jesús.

Pero ese agua habrá cambiado mucho desde entonces.

¿Quieres que se enfade el cura?

Es un maniático de la puntualidad.

Eso es sólo un momento.

El rencor de doña Dolores es eterno.

Bueno, hablaré con ella,

no quiero que nadie nos estropee el día.

El bautizo de nuestra hija.

Ojalá pudiera disfrutarlo como se merece.

¿Por qué dices eso?

Es que hay algo que no te he contado, Germán.

Me encontré con Leticia,

la hermana de mi difunto marido Eusebio.

Me dejó muy intranquila.

¿Por qué? ¿Te dijo algo inadecuado?

Es que esa mujer me odia.

Y estando en Madrid me va a hacer la vida imposible.

Ya superaste esa etapa de tu vida.

Ahora estamos los tres juntos. Somos felices.

Nada de lo que pueda decirte debería afectarte.

Ya lo sé, pero por eso, si ahora que somos tan felices

de repente se mete en medio y lo estropea todo...

¿No crees que estás dramatizando un poco?

¿Y por qué crees que ha venido ahora?

No lo sé, pero si dejas que te afecte

se habrá salido con la suya.

Tienes razón.

Tienes razón.

No le vamos a dar esa satisfacción.

Vamos a seguir con nuestra vida.

Te quiero.

Y yo a ti.

Soy muy feliz y nunca podré agradecerte

que me hayas dado a nuestra hija.

Bueno, tienes toda la vida para hacerlo.

Venga, vámonos.

Sí. Si no llegaremos tarde.

¿Llevas tú el carrito? Sí.

Ay, mira, el agua del Jordán.

La suerte nos sonríe, ¿lo ves?

Vamos.

Yo tengo la sensación que me olvido algo, pero no sé qué.

Germán, venga. Sí, gracias.

Salvador.

¿A qué tanta insistencia en vernos aquí

si vamos a coincidir en el bautizo de su sobrina?

Hay cosas que es mejor no tratar en público.

Pero no te voy a entretener mucho.

Bueno, pues usted dirá.

Quiero...

Quiero participar en el negocio que te traes entre manos

con don Ricardo Silva en la fábrica de Núremberg.

No sé de dónde se ha sacado eso...

No hace falta que disimules.

Don Ricardo me lo reconoció al exigirme que enviara

el cloro que me reclamaban mis clientes alemanes.

Carlos, no quiero quedarme fuera.

Yo puedo aportar el capital necesario.

Es curioso que me salgan tantos socios inversores

con los que repartir beneficios

cuando la fábrica de Núremberg es mía.

Pero el negocio no. No vas a decirme que la idea

de fabricar los cilindros de cloro fue tuya.

No, no fue mía.

Algo me dice que esta situación te incomoda bastante.

Eso no es asunto suyo. -Pero me gustaría que lo fuera.

Carlos, junto podemos hacernos de oro.

No se trata de lo que yo quiera.

No creo que don Ricardo

esté dispuesto a aceptar otro socio.

Creía que la fábrica era tuya, que tú decidías

con quién asociarte y con quién no.

Es más complicado que todo eso.

Yo tengo un compromiso con don Ricardo

y no lo puedo romper así como así.

Si dejas que don Ricardo tome las riendas del negocio

se va a hacer con la fábrica

y tú no podrás hacer nada para impedirlo.

Demuéstrale quién manda.

Bueno, la liquidez nunca está de más.

Y la verdad es que no me vendría mal

otro socio inversor.

Pero no, sólo me traería problemas con don Ricardo.

Así que olvídelo, no...

¿Ni siquiera vas a intentar convencerle de lo beneficiosa

que sería mi participación? -¿Para que se lo tome a mal?

¿Para darme de bruces contra una pared?

No, eso sería perder el tiempo, y usted lo sabe.

La avaricia es una mala consejera.

Sólo vais a conseguir quedaros sin nada.

¿Qué está diciendo?

Sin el cloro que suministra Tejidos Silva

no podréis fabricar los cilindros de gas

que tantos beneficios os podrían dar.

¿Se va a negar a suministrárselo?

¿Se va a arriesgar a perder el contrato con los alemanes?

Aquí o todos sacamos beneficio o nadie se lleva nada.

Lo dice como si fuera la única opción,

como si don Ricardo no pudiera conseguir otro proveedor.

¿Y crees que ese proveedor podría pasar los bidones

por la frontera suiza sin llamar la atención?

Nosotros ya lo hemos conseguido.

Y no es fácil.

Así que convence a don Ricardo.

Es mejor compartir los beneficios que perderlos.

¿No crees?

Bueno, hablaré con él, pero no le prometo nada.

Estoy seguro que sabrá valorar esta oferta en su justa medida.

Y ahora vámonos,

tenemos un bautizo al que asistir

y no querrás que el padrino llegue tarde, ¿no?

No, claro que no.

Ya estoy lista.

¿Qué te parece?

Vaya, estás guapísima.

Como siempre.

Estrenas vestido. Sí.

Aún estás a tiempo.

¿Por qué no te cambias y vas conmigo?

No, no quiero ser el causante

de que estés en boca de todo el mundo.

Todos conocen nuestra situación.

A nadie le sorprenderá verte allí.

Además, yo quiero ir contigo.

Blanca, no fue eso lo que dijiste en un principio.

Todos hemos cometido errores, Cristóbal.

¿O es que tú estás libre de culpa?

¿Yo? ¿A qué te refieres? Nada, no importa.

¿No vas a cambiar de opinión?

Blanca, lo siento, pero no voy a ir.

Antes una sola palabra mía te hacía atravesar

cualquier obstáculo para estar a mi lado.

Y lo seguiré haciendo mientras viva.

Pero se acabaron las medias tintas.

No puedo guardar las apariencias

de algo en lo que no creo.

Si no fuera porque soy la dama de la reina...

No te justifiques, lo entiendo.

Para mí lo importante es que lo entendamos tú y yo,

que lo tengamos claro.

Entonces sé sincero conmigo...

Tú aún me sigues queriendo, ¿verdad?

Por supuesto.

¿Pero por qué me preguntas eso?

Ayer estuve en el hospital.

Quería, no sé, darte una sorpresa

y al final me la acabé llevando yo.

¿Estuviste en el hospital? Sí.

Nadie me dijo nada.

Porque no quería interrumpir, estabas muy entretenido con...

(Timbre)

¿Con qué?

Nada, no importa. Hablaremos después.

(Timbre) ¿No abres?

Hermano, ¿qué haces aquí?

Vengo a recoger a Blanca

para el bautizo de nuestra sobrina.

Ya te dije que no pensaba ir contigo.

Por las tonterías de mi madre, pero no habrá nada de eso.

Por mí no hay inconveniente, no voy a ir al bautizo.

Vaya, ¿y ese ataque de cordura?

Te das cuenta de cómo hacer las cosas.

El que parece que no lo sabe eres tú, pero no tiene remedio.

Por favor, no discutáis. Tranquila, es lo último que quiero.

Si a Blanca le parece bien, no tengo ningún problema.

Gracias, Cristóbal.

Blanca, ¿por qué no coges tus cosas y nos vamos, por favor?

Ve tranquila.

Ve con él, a mí no me importa. ¿Lo dices en serio?

Guardar las apariencias es lo más importante, ¿no?

Mira, hasta él lo ve así.

Ya no tienes excusa para no cumplir con tus obligaciones,

aunque sea de puertas para fuera, claro.

Está bien, iré contigo,

al menos no estaré sola.

(CIERRA CON LLAVE)

Ah, ya casi estoy.

Cuando quieras, nos vamos.

(CIERRA CON LLAVE) Lo siento,

pero no iremos a ninguna parte.

¿Cómo has dicho? La cabeza me está matando,

necesito acostarme un rato.

Eh, bueno, pues me adelanto yo y, cuando estés mejor,

ya apareces en la celebración, ¿de acuerdo?

(INTENTA ABRIR LA PUERTA)

¿Por qué has cerrado la puerta?

No pretenderás que te deje ir sola para que te encuentres con Gabriel.

No puede encerrarme aquí. ¡Es el bautizo de mi sobrina!

No levantes la voz, por favor, me va a estallar la cabeza.

Está bien, lo siento, no volveré a hacerlo

pero, por favor, déjame salir. No irás a ninguna parte sin mí.

Luis, no podemos hacerle esto a Adela y a Germán,

no querrás que nos paguen con la misma moneda

cuando nazca el bebé, ¿verdad? Ellos entenderán mi situación.

Está bien.

Ten.

Toma, toma un poco de esto.

Se te pasará enseguida. ¡No! Tardará.

Necesito que alguien se quede aquí para cuidarme.

El servicio tiene el día libre para ir al bautizo.

Volveré cuando acabe la celebración

y felicite a los padres. Debo estar con mi familia,

¿no lo entiendes? ¡He dicho que no!

¿Cómo quieres que te lo repita, eh?

Además, eres mi esposa,

recuerda que tenemos un trato.

Está bien, tú ganas. Ten.

Es lo único que te alivia la jaqueca.

Ahora descansaremos un rato y, cuando despertemos,

si me encuentro mejor iremos juntos al bautizo.

Tu destino y el mío están unidos.

Ah...

-Primero te retrasas tú y ahora Elisa.

Hoy no llegamos al bautizo.

-No exageres, todavía queda tiempo.

-No para coger buen sitio y no quiero perderme ningún detalle.

-No lo vas a hacer. Mira, ahí está.

-¡Elisa!

-Lo siento, se me ha descosido un dobladillo

y Merceditas me lo ha tenido que coser.

-Oh, y ha merecido la pena esperar,

estás preciosa. ¿Verdad, Carlos?

-Sí... Bueno, las dos lo estáis.

¿Nos vamos? -Quiero que me cuentes

todos los detalles de la pequeña Eugenia:

Si come bien, si duerme bien, si llora mucho, si es espabilada...

-Sofía, no la agobies tanto con tantas preguntas.

-Ah, no te preocupes, no es eso lo que me molesta de un amigo.

Aunque tampoco tengo mucho que decir,

es una niña pequeña y hace lo que todas:

Comer, dormir, llorar...

Eh, bueno, ya sabéis. ¡Ja!

-Ay, hablas como si no te importara tu sobrina.

-La quiero, es solo que no me resulta interesante.

Si pudiera tener una conversación con ella

de ropa, de fiestas... Todavía.

-Ay, ¿y lo maravilloso que es crear una vida nueva de la nada?

Una persona a la que quieres incondicionalmente

y en quien depositas tus esperanzas de futuro.

-Sí, así debería ser una mujer para su marido.

Bueno, y un marido para su mujer, claro,

sin necesidad de que tengan que venir bebés para recordarlo.

-Bueno, yo no estoy diciendo eso.

-Ni que solo se pudiera ser feliz teniendo hijos.

-Para eso hemos venido al mundo.

Mira, Carlos y yo ya estamos pensando en tenerlos.

¿A que sí? -Cada uno elige cuándo

se siente preparado para afrontar la responsabilidad.

-Hay quien lo hace para traer amor a un matrimonio

que se quedó sin él, aunque no es vuestro caso.

-No. -¿Pero tú no quieres tener hijos

cuando encuentres un hombre con el que casarte?

-Si encuentro alguien de confianza.

Pero la confianza es muy importante en la vida,

ya sea con los hijos, con la pareja, con los amigo.

-Oye, lo digo en serio ya, o sea, si nos damos prisa,

pues igual llegamos a tiempo. -He pensado mucho en eso,

en la confianza. -Ah...

-Y creo que no hay nada peor

que sentir que alguien a quien quieres desconfía de ti.

-Bueno, entonces es que esos sentimientos no son sinceros.

-Eso pienso yo.

Yo creo que un amigo de verdad

solo puede serlo si confía en tu palabra

diga lo que diga la gente.

-Dependerá de las circunstancia.

-En todas ellas. -¿A qué viene tanta insistencia?

¿Alguien te ha traicionado últimamente?

-Vosotros no, que es lo importante.

-Ay, sí, míranos,

a pesar de nuestro altibajos somos mejores amigas.

-Oye, lo digo en serio, vamos o quedaremos fatal.

-Sí, vamos.

Se ha puesto celoso. (RÍE)

Y, ¿qué? Eugenia cómo es, dime.

-Parece que haya ido todo el mundo al bautizo de tu prima.

A esta horas el Ambigú suele estar tranquilo.

-Se pueden ir todos a tomar viento. -No digas eso,

un bautizo es una buena noticia, y tu madre es la madrina.

Debiste ver lo orgullosa que iba cuando se ha marchado.

Ya me gustaría que me hubiesen invitado,

con lo que me gustan esas ceremonias,

pero alguien se tenía que quedar.

El servicio le hemos regalado una medalla

de la Virgen del Carmen... -¿Te quieres callar?

-Perdón, no quería molestar.

-Sírveme otra copa y déjame tranquilo.

-Pero, hombre, pero... ¿No cree que ha bebido mucho?

-¿Me vas a servir o no? ¿O entro a agarrar la botella?

-Vaya, la que faltaba "pal" duro.

-Supondría que le encontraría aquí.

-Buenas, doña Beatriz, ¿le sirvo algo?

-Un vaso de agua nada más. -¿No es mejor una copa de anisete?

Invita la casa, que le veo mala cara.

-Está bien, no quiero hacerle un feo.

-Va con la hora justa si quiere llegar al bautizo.

-No, no estoy invitada.

Mi relación con las Silva no ha terminado del todo bien.

-Bienvenida al club. -¿Tampoco le invitaron?

-No diga tonterías.

Soy yo quien no quiere ir, estoy harto de hipocresía

y de tener que guardar las apariencias

cuando me gustaría es plantar un puñetazo en la mesa

y cantarles las verdades del barquero.

-Ojalá fuese un hombre para hacerlo yo misma.

No sabe la rabia que le tengo a Luis.

-Bueno, ¿a qué vienen estos lloriqueos ahora?

¿No le amaba? -A veces del amor al odio

hay una línea muy delgada.

Sobre todo, si el hombre por el que lo has dado todo

te trata con tanto desprecio.

-Bueno, nunca es tarde para abrir los ojos, ¿no?

Beba, beba.

-No le ha bastado con despedirme, ha ido por toda la ciudad

hablando mal de mí para que nadie me contrate.

Y ahora ni tengo para pagar el alquiler.

Pero no voy a dejar que me hunda, por eso necesito su ayuda.

-¡Vaya! Una vez yo necesité la suya

y lo único que recibí a cambio fue que me diera la espalda.

-Sé que no tengo derecho a pedírsela,

pero comprenda mi situación, estoy desesperada.

Podemos hacer mucho el uno por el otro.

-¿Sabe qué podemos hacer?

Nada, me importa bien poco su situación,

usted se la ha buscado.

-¡Pero, Gabriel, por favor!

-¡Buenas tardes, Srta. Beatriz!

-Otro anisete, señorita.

(Murmullo)

¿Cómo has llegado tan tarde? Pensaba que te había pasado algo.

Anda, ven y te lo cuento.

Ah...

¡Ah...! (RÍEN)

-Enhorabuena, doña Adela, un bautizo muy bonito.

Muchas gracias.

Ojalá esta niña tenga una vida muy feliz.

Tiene tanta suerte de tenerles a don Germán y a usted de padres.

(RÍEN) -¡Vamos! Déselo ya.

-Ah... -¿De qué hablan?

-Merceditas y Raimundo, Benjamín y yo

hemos querido hacerle este obsequio a su hija.

(RÍE) ¡Pero esto es demasiado!

Es algo muy sencillo, pero se lo ofrecemos

con todo nuestro cariño, para que tenga un recuerdo nuestro.

-Es precioso, doña Rosalía.

-Os ha debido costar un dineral.

-Hemos fundido algunas joyas viejas

para poder comprarla, entre ellas una pulsera

de la hija de don Benjamín. -¡Por Dios, Merceditas!

Esas cosas no se cuentan.

Pero, Benjamín... Me hace un gran favor aceptándola.

Así pienso que algo del espíritu de Petra

permanecerá y pervivirá en esta criatura.

Y así lo hará, te lo prometo.

Se la voy a poner inmediatamente.

¿Pero lo dice en serio?

Es una baratija en comparación con la que lleva.

Para mí tiene mucho más valor.

Muchas gracias.

Que Dios la proteja siempre. (RÍE)

-Amén.

Ahora deberíamos marcharnos, no queremos entretenerla.

No, de ninguna manera, se quedan aquí a celebrar.

¡Ah! ¿En serio? -No, hombre, bueno...

Se lo agradecemos mucho, pero este no es nuestro sitio.

Bastante detalle ha tenido invitándonos a la celebración.

Tenemos que volver al trabajo Ah...

(Sonido metálico en copa)

Por favor, por favor, un momento de atención, por favor.

Acercaos, acercaos todos. Tú también, Adela.

Ven aquí conmigo.

-Don Germán va a hacer un brindis,

sería descortés que nos marchemos ahora.

-Está bien, brindaremos con ellos, pero luego nos marcharemos.

-Ah...

Queríamos agradeceros a todos

vuestra asistencia.

Nosotros no tuvimos una gran boda,

por eso es tan importante

celebrar un día tan especial como este

con toda la gente que queremos.

Ah, me parece un sueño estar todos juntos

después de todo lo que hemos pasado.

Y a mí.

Pero lo hemos conseguido.

Nuestro amor lo ha hecho posible.

Nuestro amor ha hecho posible

un milagro como esta pequeña Eugenia.

No llores.

Si es de felicidad.

La que tú me das cada día. Ah...

Ah...

Quiero brindar con todos vosotros:

Por el futuro. (TODOS) ¡Por el futuro!

-¡Felicidades!

-¡Basta!

-¡Dios mío, Carolina!

-Debería daros vergüenza,

sois todos unos miserables.

-¿Se puede saber qué haces tú aquí?

-Perdona, no sabía que estabas aquí.

¿Dónde iba a estar si no a estas horas?

¿No era hoy el bautizo de la hija de Adela Silva?

Sí, pero tenía mucho trabajo pendiente y quería quedarme

a solucionar las cosas. Serás el único que no esté allí.

Dicen que han invitado hasta a la reina, ¿es verdad?

Hoy no hay consulta, te puedes ir a tu casa.

¿Y tú qué piensas hacer?

Revisar los informes de los pacientes en planta

y evaluarlos para decidir cuál es su tratamiento.

Si quieres, me puedo quedar a echarte una mano.

No, no, de hecho, me los llevaré a casa

para revisarlos más cómodamente.

Ya. Y, de paso, aprovechar que no está Blanca

para hacer lo que te apetezca, ¿no?

¿De qué hablas?

No me malinterpretes,

a mí me da igual lo que le estés haciendo,

de hecho, me alegro de que sufra en sus carnes

lo que me hizo sufrir a mí.

No sé de qué estás hablando, pero no le hago nada a Blanca.

No disimules.

Sé que te ves a escondidas con otra mujer.

¿Quién te ha dicho eso?

¿Eso es lo único que te importa?

¿Te da miedo que Blanca se entere? Métetelo en la cabeza,

no tengo ninguna aventura. Eso me dijiste a mí

cuando empezaste a verte con ella y estaba tan enamorada que te creí.

Ahora sé cómo eres. ¿Crees que nuestra historia

tiene que ver con la que tengo con Blanca?

Creo que nos has traicionado a las dos por igual.

Cuidado, cuidado con lo que dices, no consentiré que vayas por ahí.

¿Y qué vas a hacer para hacerme callar?

¿Que qué voy a hacer? Todo este tiempo

has estado restregándome que nunca me habías querido,

que siempre la quisiste a ella. Te ha durado poco ese "siempre",

ya te estás viendo con otra.

No hay otra mujer, Marina,

porque, por mal que estén las cosas con Blanca,

jamás le haría eso. ¿Lo has entendido?

Ya. A ti no te quería.

Por ella, en cambio, daría mi vida.

El amor que siento por ella jamás lo sentí por ti.

Así que deja de sembrar cizaña,

porque no vas a conseguir separarnos.

Vete, por favor, esto es una celebración privada.

-¡Suéltame, no me vas a callar! -¡No, por favor, no, no!

-Será mejor que mantenga la calma.

-¡Estoy harta de hacerlo!

¿Cómo podéis celebrar una felicidad que me habéis quitado a mí?

-Esto nos pasa por juntarnos con gentuza.

-Cállese, madre.

-¡Me habéis arruinado la vida! Miradme.

Sobre todo tú.

Carolina, yo siento muchísimo que hayas sufrido,

lo siento muchísimo. Germán era mi marido

y tú me quitaste su cariño

y el de mi pobre hijo.

Pero, Carolina, el amor no se roba; el amor se da.

(LLORA) De todos los hombres

que había en Madrid

tenías que fijarte en el mío.

Me has quitado todo lo que tenía.

Eso no es cierto, tienes a un hombre maravilloso

a tu lado y que te quiere mucho.

No es justo lo que dices para él. Bernardo me ha dejado, como todos.

Te alegrará saber que estoy completamente sola.

No estás sola, no es verdad.

Tienes a tu padre y tienes a tu madre.

Pero tienes que aceptar la realidad

para que podamos llevarnos todos bien.

¿Lo dices en serio? ¡Claro que lo digo en serio!

Yo quiero que seamos todos felices,

que bastante hemos sufrido ya, ¿no te parece?

¿Tú? ¿Qué sabrás tú qué es el sufrimiento, niña mimada?

¿Te crees una víctima como yo?

No, tú eres mi verdugo.

Carolina, cálmate, por favor. ¡Ojalá te quedes sola

y sufras lo mismo que estoy sufriendo yo!

(Grito) -¡Bueno, ya está bien, ya está!

-¡No me toque! -Por favor, es mi hija.

-¡Que me suelte! Madre, ayúdeme. -Yo la sacaré de aquí.

-Ah, usted piensa lo mismo que ellos, ¿verdad?

-No, no... Yo estoy contigo,

pero esta no es forma de solucionar tus problemas.

-Aquí nadie me entiende, madre.

(GRITA) ¡Nadie! -Sí, sí, yo sí te entiendo,

pero tienes que tranquilizarte.

¿Por qué no salimos juntas a la calle

para que te dé un poco el aire?

Seguro que verás las cosas de otra forma.

-¿Y dejar que sean felices?

-Ah, ¡ya les has estropeado la fiesta!

(RÍEN) -No tenemos nada que hacer aquí.

Anda, vamos.

¿No querrás que la gente vea cómo te saca la Policía?

Es mejor que salgas del brazo de tu madre.

-Tiene razón.

Fuera estaremos mucho mejor.

-Ah...

Oh...

¿Estás bien? Sí, sí, estoy bien, estoy bien.

Ya se ha ido, vamos a seguir con la fiesta.

Por Dios... Deberían llevarla al manicomio.

-¿Y si le hace daño a doña Rosalía? -No, hombre, es su hija.

-Es doña Carolina.

-Voy a pedir que hagan tilas para todos.

Gracias, Antonia.

Creo que lo mejor será que saques los puros.

A ver si así se distraen un poco. -¡Los puros!

-¿Qué? ¿Te los has olvidado?

-He salido con prisas de casa. -Dame las llaves de tu casa.

Voy yo a por ellos. -No. Ni sé dónde están.

Ya voy yo. Quédate y vigila

por si vuelve Carolina. -No tardes.

-No.

¿Dónde va Germán? Salvador.

Germán vuelve enseguida.

Ha ido a casa a por los puros. Se le olvidaron.

Sí. ¿Pero dónde está la niña?

¿Dónde está la niña? Aquí, aquí.

Tranquilízate, hija.

La vida a veces no es fácil, para nadie.

-¿Y por qué ellos parecían tan felices?

Mientras yo... -No llores, hija. No llores.

-¿Por qué todo me sale mal?

¿Qué he hecho yo para merecer tantas desgracias?

Me crié sin padres, sin cariño

y todos me abandonan.

-Sé que no estuve a tu lado cuando más me necesitabas.

Pero ahora, por fin, volvemos a estar juntas.

Y yo te quiero, Carolina. Y eso no va a cambiar.

-Perdí a Germán. Y luego, a mi hijo.

Y cuando por fin parece

que todo va a cambiar con Bernardo,

las cosas salen mal.

-Tienes que ser fuerte. Verás cómo el tiempo lo cura todo.

-El tiempo es una tortura.

Y no me ha traído más que desgracias.

No voy a esperar más. -¿Qué vas a hacer?

-Luchar por lo que es mío. -Hija, por favor.

No vuelvas allí. No vuelvas.

-¿Por qué los sigue defendiendo, después de lo que me han hecho?

Soy su hija. -Porque vivir con odio,

no te va a ayudar. Solo va a traer más amargura a tu vida.

-Cómo se nota que a usted no le han hecho daño.

-¿Dónde vas? -No lo sé.

Solo quiero alejarme de aquí. -Deja que te acompañe.

No te conviene estar así sola.

-Es cómo voy a estar el resto de mi vida.

Debería acostumbrarme. -Por favor, Carolina.

Déjame que comparta tu carga. No me rechaces.

Te acompañaré a tu casa.

Te conviene descansar. -Madre, por favor.

Si de verdad quiere hacer algo por mí,

déjeme en paz.

-Carolina, hija.

(SUSPIRA)

Hija mía.

Gracias.

Blanca. Te sugiero que hables con los invitados

para que no comenten lo sucedido.

Si sale fuera de aquí y la prensa se entera...

Si me disculpa, voy a hablar con mi hermana Adela,

a ver cómo se encuentra. Blanca, querida.

Al menos, podrías disimular un poco.

Cualquiera puede ver que llevas toda la tarde esquivándome.

Se equivoca. Solo quiero aprovechar este momento

para estar junto a mis hermanas.

¿Están disfrutando del bautizo?

Disfrutar no es la palabra adecuada.

Yo prefiero las fiestas más convencionales,

como la última que dio la embajada alemana.

Sí. En esa fiesta conocí a una amiga de su familia,

Inés Villamagna. ¿Se acuerda? Sí.

A la que me gustaría frecuentar más, la verdad.

¿Quieres frecuentar a esa descarriada?

¿Por qué habla así de ella? Parecían buenas amigas.

Perdona. Amiga de la familia.

Pera esa joven es la comidilla de todo Madrid.

Sus padres le han dado muchas alas.

Con tanto libro y tanto viaje al extranjero,

al final les ha salido una rebelde.

A veces, la gente habla sin fundamento,

sin saber si lo que dicen es verdad.

Lo sé de buena tinta por amigos comunes.

Las monjas clarisas la expulsaron del colegio

por cantar el "Himno de Riego"

en la representación de Navidad. Un escándalo.

Creí que había estudiado en París. Así es.

Pero después del incidente, sus padres la enviaron a vivir

con una tía soltera que vivía allí,

para encarrilarla, ¿comprendes? Pero la cosa fue a peor.

Parece ser que tuvo algo que ver con un hombre casado

de origen argelino.

¿Casado?

¿Está segura? Eso no es lo peor.

Era moro. Por eso mismo, en la Edad Media te lapidaban.

Afortunadamente, no estamos en la Edad Media.

Parece que a esa muchacha no le importa mucho el qué dirán.

Ni mucho ni poco. No le importa en absoluto.

Y deberían importarle, si quieren encontrar marido.

A lo mejor, prefiere exprimir la vida al máximo,

sin importarle nada más.

Ojalá pudiera yo hacer lo mismo.

¡Dios Santo, Blanca! ¿No te basta con haber tenido

a mis dos hijos, que quieres añadir un moro a tu colección?

¿Pero qué clase de mujer eres? Por favor.

No me refería a eso. Ah, don Emilio.

-Buenas. ¿Me permiten que las interrumpa?

Don Emilio, ni se imagina lo mucho que me alegro de verle.

Lo mismo digo. Lamento el retraso, pero debí atender antes

a un compromiso con Su Majestad.

-Bueno, al menos, usted se ha librado

del espectáculo. -Ah. ¿Han contratado

una actuación musical? -No.

Ya se lo explicaré yo después.

Lo siento. No podré quedarme.

Solo vengo a presentar mis respetos

y entregarle este regalo a la niña de parte de Su Majestad.

Pero no encuentro a los padres.

No se preocupe. Se lo daré.

Ah. Muchas gracias. En una edición en piel y oro

de las "Fábulas de Esopo". Ah.

¿Un libro? ¿Y qué puede hacer una niña tan pequeña con un libro?

Doña Dolores, por favor. Le agradezco mucho el detalle.

Estoy segura de que... Disculpe.

Lo pregunto sin ánimo de ofender.

No sé. Un rosario, una pequeña joya

conmemorativa de este día. ¿Pero un libro? Qué curioso.

-Permítame decirle que no hay

nada mejor para transmitir valores,

como la modestia y la honestidad, por ejemplo.

-Sin duda. Pero según qué libro y en qué manos caigan,

puede llegar a ser un problema.

Yo creo que debemos dejar la labor docente

a los padres y a los curas.

(Suena un ruido)

(Suena un ruido)

(LLORA) -No llore más, doña Rosalía.

Usted no tiene la culpa de lo que ha pasado.

La culpa de todo lo que le ocurre a Carolina, es mía.

Su vida no habría sido tan desgraciada,

si cuando... (LUIS) ¡Francisca!

-¿Qué le pasará ahora a ese hombre?

-¡¿Dónde está mi mujer?! Me he despertado

y no estaba en nuestro dormitorio.

-Ha ido con el resto de sus hermanas

al bautizo de su sobrina.

-¿Quién la dejó salir del cuarto? Ha sido usted, ¿verdad?

Ha esperado a que me durmiera para abrir la puerta.

Usted tiene llaves de toda la casa.

-¿La había dejado usted encerrada?

-No trate de confundirme, desviando el tema y conteste.

-Yo no acostumbro a violentar las puertas de nadie.

Y menos, si no estoy en la casa para ello.

-¿Se burla de mí? -No, no. Digo la verdad.

El único que se pone en ridículo es usted con esas preguntas.

-¿Cómo se atreve a hablarme así?

-Doña Rosalía... -¡Da igual! ¡Ya estoy harta de ver

cómo ese hombre trata a su esposa!

La madre de su hijo. Debería avergonzarse

por intentar dejarla encerrada en un día como hoy.

-Usted no es nadie para opinar sobre la relación

que mantengo con mi mujer. ¡Vieja chismosa!

-Durante mucho tiempo, interferí por usted ante su esposa.

No sabe cuánto me arrepiento.

Usted solo ha traído desgracia a esta casa.

-¡El único desgraciado aquí soy yo!

¡Entre ustedes y todas las hermanas han conseguido poner

a Francisca en mi contra! -¡Suélteme!

¡Me hace daño! -¡Déjela en paz, animal!

Y me da igual que me eche de la casa,

porque yo no le voy a permitir que trate así a doña Rosalía.

-¿Cómo te atreves?

-Inténtelo y no respondo de mí.

-Me las pagarán. ¡Todas!

¡Me las pagarán! ¡Se lo juro por lo más sagrado!

(LLORAN)

Gracias, Merceditas.

Francisca. Bueno, y tú, cuéntame.

¿Has hablado con Cristóbal? Iba a hacerlo antes de venir,

pero se ha presentado Rodolfo

para recogerme y no he podido hacerlo.

¿Preocupada por la hora? No. Más bien, por Luis.

Los efectos del láudano no son muy duraderos

y debe estar a punto de despertarse.

Eso, si no lo ha hecho ya.

¿Te vas? No. Me quedo. Ya asumiré

las consecuencias. Si quieres, el inspector Velasco

y yo podríamos acompañarte a casa.

Dudo que se atreva a decirte algo con la autoridad delante.

-No sé qué pinta ese inspector en el bautizo.

Porque tu novio seguro que no es, ¿no?

-Es mi amigo.

Y, por favor, no se lo digáis, porque venía de incógnito,

pero ha venido para proteger a Adela y a Eugenia.

¿Por lo de Carolina? Por Leticia, la hermana de Eusebio.

Ha seguido a Adela y la ha amenazado.

-Otra más. -Adela teme que Leticia pueda estar

detrás de los anónimos del asesino.

Y, por lo que parece, la policía también lo cree.

-Bueno, al menos, no piensa

que es una de sus hermanas, como otras.

Ahí viene Adela.

¿Habéis visto a Germán? Algunos invitados quieren irse

y les gustaría despedirse. Creo que no volvió

desde que fue a por los puros. ¿Segura? Fue hace mucho tiempo.

A lo mejor, no los ha encontrado y ha ido a comprar más.

¿Y perderse la celebración? No creo.

¿Has intentado llamar a casa?

Debió salir hace mucho tiempo.

¿No le habrá pasado algo? No te pongas en lo peor.

Habrá una explicación. Sí, pero no me quedaré esperando.

Voy a buscarlo. ¿Quieres que te acompañe?

No. Atended a los invitados.

Le diré a Salvador que vaya contigo.

Estarás más segura. ¿Y Eugenia?

Tranquilas. Está con Antonia. Seguro que no será nada.

Eso espero. Sí. Tranquila.

Ay, Dios mío.

¿Tarde y todavía trabajando? Y eso que hoy es su día libre.

Eso dice mucho de usted y de su compromiso con la fábrica.

-Solo he venido a revisar cómo había ido todo hoy.

¿Y usted qué hace aquí?

-¿Es que no puedo venir a ver cómo van mis inversiones?

-Justo el día que no está don Salvador.

No me dirá usted que no sabía que hoy era el bautizo

de la hija de doña Adela.

-Es usted muy listo. -La vida me dio

demasiados palos como para no andarme con ojo.

Recuerdo el tiempo que me tiré en el calabozo

a su salud por lo del opio.

-Veo que también tiene buena memoria.

-Tampoco me gusta que me adulen.

Por favor, dígame a qué ha venido. -Está bien. Iré al grano.

Quiero que me informe de todo lo que pasa en esta fábrica.

-¿Por qué no se lo pregunta a don Salvador?

Es el propietario. -Digamos, que no acabo de fiarme.

En cambio, usted es un hombre honesto

y sé que me contará la verdad. -Por eso, debería suponer

que yo jamás traicionaría a mis patrones.

-¿Quién habla de traicionar? -Me pide que sea su chivato.

-Admiro su lealtad, Benjamín.

Lástima que no le vaya a servir de mucho.

-¿A qué se refiere? -El señor Montaner.

Ya estuvo a punto de vender la fábrica para comprar viñedos.

No tardará en volver a hacerlo. -Eso usted no lo sabe.

-Puede. Pero le diré lo que sé.

Cuando eso ocurra, yo tendré el control de Tejidos Silva

y usted tendrá que rendirme cuentas a mí.

¿O cree que con estas edades será fácil

que le contraten en otro sitio?

-¿Me está usted amenazando? -No, no.

Solo intento hacerle reflexionar.

Estoy seguro de que sabrá apreciarlo.

Buenas tardes.

¿Germán?

Tal vez, está en la habitación

y no te oye. Voy a ver.

Salvador, no está.

¿Esta no es la llave de Germán?

¿Dónde estaba? Ahí, al lado de los puros.

Pero si su llave está aquí, ¿dónde está él?

Será mejor que avise al inspector.

Él y sus compañeros le podrán buscar.

(Gemidos) ¿Qué ha sido eso?

(GRITA) ¡Germán!

¡Germán!

¡No! ¡No! (LLORA)

¿Operadora? Una ambulancia, por favor.

Han apuñalado a un hombre en la calle Recoletos número 3.

Dense prisa, por favor. Está muy malherido.

¡Salvador, haz algo! Germán.

Germán, aguanta. La ambulancia está a punto de llegar.

No me dejes, por favor.

Por favor, te lo pido. (LLORA)

¡No!

¡No!

¡No!

¿Han averiguado algo más sobre su tío?

-Sí. Hemos hecho unas averiguaciones

muy interesantes. Interesantes y preocupantes.

Mi tío es socio de una fábrica de municiones en Núremberg,

propiedad de Carlos Terán.

-Y los alemanes utilizando nuestra fábrica

para enviar el cloro a la factoría de Núremberg.

Por eso, don Ricardo sabía del envío.

-Y por eso está tan interesado en él.

Lo necesita para fabricar esas armas.

-¿Qué haces tú aquí? -Quería pedirle disculpas

por mi comportamiento de ayer.

No sé qué me pasó, de verdad.

Pero le prometo que no volverá a suceder, señor.

No tendrá ninguna queja de mí.

-Por supuesto que no volverá a ocurrir.

No volverás a tratarme como a uno de tus cacharros.

-Los periódicos dicen que el asesino no tiene motivos.

Él quiere matar y mata. Dios mío.

Entonces, ¿tú crees que seguimos en peligro?

Yo creo que sí.

Se me pone el vello de punta. Chis.

-Hay que analizarlo en comisaría. -¿Cómo?

-Usaremos polvos de grafito. Se adhieren perfectamente

a la huella y así podemos recoger el dibujo

con un papel encolado. -¿Y así puede saber

más detalles sobre el atacante? -Ajá.

Necesito preguntarte una cosa, Cristóbal.

Sí, claro. ¿Qué te preocupa? No sé si estarás dispuesto

a ser sincero conmigo. Habla. Di lo que sea.

¿Por qué me mentiste? Sí, Cristóbal.

¿Por qué me mentiste? Me dijiste que no conocías

a Inés Villamagna y te vi hablando con ella en el hospital.

Ayer estuve hablando con don Ricardo.

-¿Y qué le dijo? -Me propuso que fuera

el nuevo informador de la fábrica.

Por supuesto, le dije que no, que yo jamás le traicionaría.

-Tenga cuidado. Don Ricardo no suele aceptar un no.

-Me amenazó con hacerme la vida imposible,

si usted vendía la fábrica.

-¿Quién cree que podría querer

hacerles daño a usted o a su marido?

Para mí, hay dos sospechosas clarísimas.

Carolina y Leticia. Tiene que investigarlas.

Estas son sus huellas digitales.

Y ahora, las vamos a tener aquí, marcadas perfectamente.

-¿Y para qué sirven, además de para mancharme los dedos?

-Por si no lo sabe, cada persona tiene una huella diferente.

-¿Qué quiere Elisa? -Solo avisarle de lo que haré.

Voy a denunciar a Carolina.

-Él ha sido el hombre de mi vida.

-Lo entienda o no, sigo necesitando que me acompañe a comisaría.

-Lléveme donde quiera.

Me da igual.

  • Capítulo 292

Seis Hermanas - Capítulo 292

21 jun 2016

Es el día del bautizo de la pequeña Eugenia y todas las hermanas acuden ilusionadas a pesar de las preocupaciones que a todas les acechan. Adela teme que su cuñada le arruine la fiesta y Velasco acompaña a Celia para protegerla. Un inoportuno olvido tendrár dramáticas consecuencias.

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  1. Maria

    y ahora, porque matar a German???? es que en esta serie solo a los buenos los matan, se mueren, desaparecen???? que hay de Lusi, Ricardo, Dolores, Rodolfo, Carolina, Letizia, Marina, solo villanos entran en la serie. Para que ahora letizia??? es que no hay suficientes delincuentes en la novela que traemos otro??, ,en fin hasta acá llegué, me gustaba, pero no la veré mas. Me gusta la justicia, la gente decente, las familias/parejas que se aman, no los hombres golpeadores, maltratadores. AHHHH y no me vengan con que era le época, porque ""en esa época""" están las dolores, las carolinas, las marinas, las elisas, las sofias, las puri., las antonias y no les trataban mal y además se defendian. Hasta pronto, espero que alguna vez hagan una serie mas justa. Adios.

    22 jun 2016
  2. Francisca

    Me encantaba Germán, tan guapo y buena persona. Porqué lo han matado?, la pobre Adela es 2 veces viuda, por Dios, ¿no tenian mas imaginación para seguir la historia?. Me encanta la serie y he visto todos los capítulos, y entiendo que han de complicar la trama para crear interés, pero si se muere otro personaje bueno más o alguna de las Silva, dejaré de verla.

    22 jun 2016
  3. Arabella

    La serie me parece muy bonita,maravillosos actores y bien ambientada en la epoca pero la están complicando y además matando a la gente buena. Estoy a punto de dejar de verla porq no hay un final solo lio continuo para eternizar la serie y eso nos está aburriendo. Por favor vaya preparando un final bonito y q merezca la pena!! Y no estaria de más q eliminaran a algun malo porq parece q premian la crueldad y la maldad continuamente

    22 jun 2016
  4. Rosa

    Si siguen así ensalzando y dando larga vida al mal habrá q cambiar de entretenimiento ni la realidad de la vida de las personas de este país es tan cruda

    22 jun 2016
  5. Giennie

    Yo voy a dejar de ver la serie, con lo que me gustaba al principio

    22 jun 2016
  6. Mary Rodrigiez

    Se parece a Puento Viejot, todos los buenos los sacan de la serie, como esta aburre, cambiando constantemente el guidon lo aburre a uno. Dolores Es la "hermana" de la Paca!

    22 jun 2016
  7. Irene

    bueno, ahora mataron a Germán, pero que tienen Ustedes en contra de la gente decente, buena, familiera??? han muerto los mejores personajes de la serie. Mientras la bruja Dolores tiene siete vidas, de todas se salva. delincuente Ricardo se salva por los pelos, Luis lo mismo, Rodolfo igual, Carolina una loca de atar, se libra del manicomio con plata y los demás se mueren como hormigas???? Señores defiendan un poco a la buena gente.

    21 jun 2016
  8. Sofía Campos

    Por que tanta tragedia...tan bueno Germán...no merecía un final así...pobre Adela! :(

    21 jun 2016