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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 289 - ver ahora
Transcripción completa

¿Gabriel?

¿Pero tú qué haces aquí? Y con una pistola.

¿Estás bien? ¿Dónde está?

Gabriel, Dios mío, has bebido.

Esa mujer ha muerto por mi culpa.

-No saquemos conclusiones precipitadas.

-¿Es que no se da cuenta? Este asesinato es

la respuesta la carta que escribí en el periódico.

Él sabía que era una trampa y me la jugó.

-Aún no lo sabemos. -¡Qué arrogante y estúpida fui!

Tendría que haberle hecho caso y no escribir ese artículo nunca.

-Puede que sea una coincidencia. -¡No!

Esa mujer murió por mi culpa.

-Dame el arma. No dejaré que destroces tu vida.

¡Dámela! Así terminaré con él y terminarán tus pro...

Como intentes quitármela, te juro que me disparo.

Baja el arma. Baja el arma.

¿Tienes un momento? ¿Qué haces aquí,

que no estás descansando? Es que estaba intranquila.

Pero nos espera una jornada larguísima.

Deberías reposar. No sé si voy a poder acompañarte

hasta tan tarde. Aguantas jornadas más largas

con la reina. Quizás, a tus socios alemanes

les sirva con verme en la ópera.

Y después, puedes decir que me indispuse.

No, Blanca. El ágape es la parte más importante del día.

Es donde estará la prensa.

¿Me está diciendo que quiere que vaya?

No. Pero no nos queda otra. ¿Y la reina?

La prensa. Yo me encargaré de la prensa.

Usted limítese a ser amable, correcta,

elegante, como siempre.

-Desde que Puri nos visitó, Carolina está peor de los nervios.

Ya sabes lo delicada que es. -Bonito eufemismo.

Ya sabes lo que opino. -Ha cambiado.

-No sé quién es peor, si Puri o Carolina.

Sales de un problema y te metes en otro.

-Voy a ver si hablo con Purificación hoy mismo

y consigo que entre en razón.

-Te has acostumbrado a lo que te doy y te gusta.

Así que, si quieres seguir disfrutando de ello,

serás mi hombre y el de nadie más.

-Es vital que ella vaya a la fiesta alemana

a la que están invitados. Allí la espera un político,

un político alemán que no está muy conforme con su país

y quiere ayudarnos. -No me hace ni pizca de gracia

que Diana exponga su vida de esa manera.

¿Qué les parece si disfrutamos de un coñac excelente

que han traído de las Bodegas de Tarón.

Acompáñenme, por favor.

Por ahí.

Haced lo que tengáis que hacer, pero rápido.

Solo les podré entretener

cinco minutos. -Gracias.

-He venido a verte. -Pues yo no puedo verte.

Tu padre y yo estamos haciendo negocios.

-Está haciendo negocios él solo.

Te he visto la cara de sopor desde lejos.

-Eso qué más da. Nadie nos puede ver charlando juntos.

-¿Y eso por qué? -Porque si alguien conocido nos ve,

se lo puede contar a Sofía.

-Casi todo el mundo sabe que somos amigos.

Si te comportaras con más naturalidad,

nadie se fijaría en nosotros.

-¿Qué pasa? ¿He dicho algo inconveniente?

¿La medalla?

Lo cierto es que tengo una medalla muy parecida a esa.

Bueno, en realidad, es una medalla de mi suegra.

Sí. Es muy normal. Fácilmente, se encuentra

en cualquier joyería.

(Sintonía)

(Llaman a la puerta) Adelante.

-¡Ay, señorita, la que se le viene encima!

-No me asustes. ¿Les ha pasado algo

a alguna de mis hermanas? -No.

A la que le pasará algo, es a usted,

como don Carlos y doña Sofía la vean tan recuperada.

-¿Están aquí? -En el pasillo.

Quieren saber cómo se encuentra.

Doña Sofía ha insistido mucho en entrar,

pero menos mal que la convencí para que esperase.

¿Qué hago? -No se marcharán sin verme.

Y yo no pienso volver a ponerme el camisón y meterme en la cama,

después de estar arreglada. -¡Ja!

-¿Qué te pasa ahora? -No. A mí, nada.

-Suéltalo. Di que esto me pasa por mentir

y que ya me lo advertiste, pero no te hice caso.

-¿Para qué gastar saliva, si ya lo dice usted todo?

-Anda, diles que pasen.

-Elisa. -Sofía. Carlos.

-¿Qué haces levantada? Pensaba que te encontraría peor.

-Y lo estaba. Pero resulta que he pasado una noche mejor

de lo que esperaba.

¿No te parece, Carlos? -No. No sé.

-Carlos llegó a las tantas de la fiesta de los alemanes,

por eso está un poco dormido.

-Debió estar muy entretenido para llegar tan tarde.

-Ocupado. No me dejaron en paz. Los negocios.

-Bueno, pero tú estás radiante.

No hay nada como un sueño reparador

para que desaparezca el malestar.

-Sí. Ya te digo que pasé muy buena noche.

-Bueno, yo, con su permiso, voy a arreglar la habitación.

Si no, se me echa la mañana encima.

-Sofía, siento haber estropeado tus planes de ayer.

-No, tranquila. No nos perdimos nada.

Según Carlos, fue un completo aburrimiento.

-¿Aburrimiento? ¿Y no hubo nada que mejorara

la noche, Carlos? -Bueno, hubo momentos

en los que saludé a personas y... ¿Bajamos al salón

y así charlamos más cómodos? -Me parece buena idea.

Pero antes, necesito ir al baño. -¿Al baño?

Merceditas te acompañará. -No hace falta. Sé dónde está.

-Si la señora sabe... -Insisto, de verdad.

Así, si necesitas cualquier cosa, ella te lo podrá dar.

Merceditas, antes de volver, quiero que prepares bollos y café.

-Como mande la señorita.

-Vamos a ir bajando al salón y esperamos a Sofía.

-¿Dónde vas con tanta prisa? ¿Es que me intentas evitar?

-¿Yo? No.

-Entonces, ¿por qué no aprovechamos el tiempo que tenemos a solas?

-Elisa, por favor, basta. Basta de este jueguecito

que te traes entre manos. -No estoy jugando a nada.

Pero si quieres que pare, tendrás que escucharme.

-Está bien. Habla. (SOFÍA) ¿Elisa? ¿Carlos?

-¡Sí, seguimos aquí! -Quiero hablarte a solas.

Sobre lo de anoche. -Esta tarde, cuando salga

de trabajar, si quieres,

nos vemos en el Ambigú. Ahora, compórtate.

-¿Qué hacéis aquí todavía? -Ay, Sofía.

Te estábamos esperando. ¿Vamos?

-Pues mira.

Tu madre y Rodolfo se quedaron encantados.

La ópera reunió a lo más selecto

de la sociedad madrileña. Ajá.

¿Qué estás leyendo, que te tiene tan absorbido?

"La filosofía de la miseria", de Prouhdon.

¿En serio te gustan esas lecturas?

Es interesante. No todo va a ser hablar

de las fiestas a las que acudes con Rodolfo.

Lo siento. No sabía que te aburriera tanto

mi conversación. No lo hace. Es solo un decir.

A ver, cuéntame. ¿Qué tal estuvo la ópera?

Pues empezó de una manera preciosa.

Pero luego sigue y sigue y sigue.

Se me hizo eterna. ¿Del ágape que hubo después?

Estaba tan cansada. La ópera me dejó tan agotada,

que lo único que quería, era volver a casa.

Y tu madre y Rodolfo no paraban

de presentarme a políticos, empresarios, militares.

Fue un aburrimiento, ¿no?

Coincidí con una chica muy divertida.

Inés Villamagna.

¿La conoces? No.

¿No? No. No la recuerdo.

Es de los Pimentel. Me la presentó tu madre.

No sé. Pensaba que tu familia y la suya

se habrían tratado en el pasado. Lo cierto es que creo

que con sus padres sí que he coincidido en algún acto.

Pero a ella no la recuerdo.

¿Te dijo algo sobre mí? No, no.

Si apenas tuvimos tiempo de hablar, pero fue una pena.

¿Por qué? Porque me quedé con ganas

de hablar más con ella. Parecía simpática y agradable.

Te habría caído bien. Sabes que esos ambientes no me van.

A ella tampoco. Estoy segura de que os llevaríais bien.

Pero ya habrá ocasión, ¿no? Sí.

Tu madre me dijo que acaba de volver de un viaje de estudios,

así que imagino que, a partir de ahora,

la veremos en más de un acto social.

Es difícil que tú y yo acudamos juntos a un acto social.

Ahora tengo cosas más importantes de las que ocuparme.

Me voy al hospital, antes de que se me haga tarde.

No trabajes demasiado, que te echo de menos.

Volveré pronto.

Eso fue lo que el agregado comercial pudo decirme

sobre las maniobras alemanas

para conseguir la participación de España en la guerra.

-Nos resultará muy útil. -Y todavía hay más.

Aunque no pudo explayarse demasiado.

Me resultó muy difícil quedarme

a solas con él. Apenas unos minutos.

-¿A quién le debes esos minutos?

Porque no ha oído mi nombre por ningún lado.

-Así que su marido le ha ayudado.

-Y mucho. -Un poco.

¿Qué más da quien lo consiguiera?

Lo importante es que tenemos la información.

-Solo pretendía que mi participación quedara clara.

-Sí. Me ha quedado claro.

¿Podemos continuar con el informe? -Por favor.

-Los alemanes, en colaboración con el káiser...

Espere.

Anoté su nombre en un papel para no olvidarme.

-¿No es un poco arriesgado que una espía

ande anotando cosas en papelitos?

-Sí, es verdad. Es imprudente.

(LEE EN ALEMÁN)

¿Qué ocurre con ello? -Están desarrollando

un sistema para extraer gaseoso a través de unos cilindros.

Supongo que para atacar a las trincheras enemigas.

-Es una pésima noticia. Nuestras tropas no están preparadas

para un ataque de este tipo.

No tienen materiales ni preparación.

-Su próximo objetivo va a ser frente a Langemarck,

al Norte de Ypres, Bélgica.

Un pequeño detalle que Diana ha olvidado mencionar.

-Se lo iba a decir ahora. -¿Seguro?

-Claro. ¿Por qué me hablas en ese tono?

-No sé. Como no lo anotaste en ningún papel.

-¿No decía que el espionaje

era un trabajo para hacer en solitario?

No lo suficiente. -Por favor.

Se trata de un asunto serio.

La vida de nuestras tropas peligra.

-No quería dar la impresión de que no me importa.

Es un juego que tengo con mi mujer.

-Pues déjalo para cuando estemos a solas, mi amor.

-Tengo que irme a informar a mis superiores.

-Todavía hay más.

Los alemanes están intentando aumentar

el efecto mortífero del cloro. Como si lo que tuvieran,

no les pareciese suficiente.

-Dígame que aún no lo han conseguido.

-Todavía no. Pero el agregado cree que no van a tardar.

Están trabajando con un científico que está experimentando

con fosgeno. -¿Cómo se llama?

-Lo siento, pero no pude retener el nombre.

Justo nos interrumpieron

en ese momento. -Fritz Haber.

Fui yo quien les interrumpió.

En mis años de juventud en París, tuve un compañero de correrías

con el mismo apellido. Además, hay muchos alemanes

que se llaman Fritz. No ha sido difícil recordarlo.

-Gracias. -De nada.

Hacemos un buen equipo. ¿No cree?

-Sí.

Aunque la noticia de Fritz Haber y su colaboración

es mala noticia.

Es un genio.

He de irme. -Le acompaño a la puerta.

-Sí. Pronto recibirá noticias de su próxima misión.

Muchas gracias. No todo el mundo dejaría que su esposa

arriesgase su vida.

-Yo no le voy a dejar.

-¿Qué dice?

-No voy a dejar que siga colaborando con ustedes.

Salvo que acepte mis condiciones. -¿Qué condiciones?

-¿De qué estáis hablando?

Aquí tiene. Buen provecho.

-Antonia. -Hombre, Germán. ¿Cómo tú por aquí?

-He salido a dar una vuelta y he pensado en ver a mi hermana.

-Eso está muy bien, hermano.

-Quería hablar contigo del tema del bautizo.

-Bueno. Lo contento que se puso Enrique

cuando le conté que seré la madrina.

Y eso que a él no le habéis hecho padrino.

Da igual. El pobre, igual, no puede ni venir.

-De eso quería hablarte. Adela y yo no comentamos

detalles de la celebración y se montó un lío.

-Lío ninguno. No pasa nada. Enrique no es rencoroso.

Otra cosa hubiera sido que me lo hubierais hecho a mí.

Ya sabes el carácter que tengo. -Necesito explicártelo,

porque te afecta. -No pasa nada.

Salvador y yo somos los padrinos y ya está.

Eso sí. El faldón de cristianar corre de mi cuenta.

Será el mismo que llevabas tú.

Ya se lo di a la modista para que lo arregle.

Me hace tanta ilusión. No sabéis lo feliz

que me habéis hecho Adela y tú. ¿Qué ibas a contarme?

No disimules. Desde que empezaste a hablarme

del bautizo, tienes la cara hasta el suelo. Es por el dinero.

-Sí. El dinero me afecta. -No le has contado nada a Adela

de tu situación económica. Y ella está organizando

un bautizo por todo lo alto,

creyendo que nadáis en la abundancia.

-No empieces con tus sermones.

-¿Cuándo se lo vas a contar?

El mismo día del bautizo, para arruinarle el día.

-Salvador me echará una mano.

Como es el padrino, pagará la celebración.

-Yo soy la madrina. ¿Qué pretende, quedar por encima?

No, no. -No lo hace por eso.

Es una tradición de los Montaner. El padrino paga el bautizo.

-Me da igual la tradición. Esa niña lleva mi apellido.

No. A mí no me ningunea nadie.

-¿Y qué quieres? ¿Que rechace su ayuda por tu orgullo?

-Por supuesto que no. Compartimos los gastos a medias.

Que no digan que los Rivera no cumplimos como es debido.

-No digas tonterías. ¿De dónde sacarás el dinero?

-Se lo pido a Gabriel. Que no pondrá pegas.

-Ya me ayudaste bastante. El dinero de Gabriel

lo necesitas para ti. -Que no.

No se hable más. Vamos a medias.

No todos los días una es madrina.

Voy a ser la mejor del mundo.

Prueba el queso, verás qué rico. -Por la madrina.

-Sea.

¿Estás loco? No pienso compartir ninguna misión contigo.

-¿Por qué? ¿Acaso no lo hice bien ayer?

-Es cierto. -No. No lo es.

Disculpe un momento, señor Green. Salvador.

No te lo tomes a mal. Como esposo, eres maravilloso.

Pero en esto del espionaje, me sacas de quicio.

-Te podría servir de ayuda.

-Hasta ahora, me las arreglé sin ella.

-Tuviste suerte. Pero no quiere decir que se te acabe.

-Tú me ayudas un día y como tienes un golpe de suerte,

ya te crees un espía consumado.

-Puede que no tenga experiencia como espía,

pero tengo otras cualidades que nos podrían ayudar.

-¿Sí? ¿Como por ejemplo? -Por ejemplo, sé alemán.

Y soy hombre. -Sabía que dirías algo así.

-No lo digo por paternalismo, sino por cuestión práctica.

¿Serías capaz de infiltrarte entre militares alemanes

sin levantar sospechas, como hice yo ayer?

No. Igual que yo no podría acceder

a sitios a los que tú sí puedes.

¿Ves cómo sí hacemos buen equipo?

-No me engañes. Lo que quieres, es tenerme controlada.

-Disculpen. Aunque sean estas sus motivaciones,

su marido tiene razón.

-¿Qué? -Salvador nos ha demostrado

que puede ser útil en las misiones.

Y no debemos rechazar su ayuda cuando la necesitamos.

-¿Y yo no tengo nada que decir al respecto?

-Luchamos todos por el bien mayor.

Nuestras preferencias personales no cuentan.

Bienvenido al equipo. "Welcome".

-"Thank you". -¿Así de fácil?

-Así de fácil. Les dejo con sus discusiones.

-Te advierto una cosa. Tú eres el director de la fábrica,

pero en esto del espionaje, mando yo. ¿De acuerdo?

-A sus órdenes, mi comandante.

¿Qué hace usted aquí? -Lo siento, señorita.

He venido a verla. Llamé. Y como no me contestaba nadie,

pensé que tal vez le hubiera pasado algo y entré.

-La cerradura no está forzada y que yo recuerde,

nunca le he dado un juego de llaves.

-Recuerde que soy policía y de los buenos.

Sé cómo abrir una cerradura.

Y esta se la monté yo y sé cómo funciona.

¿Por qué va vestida de luto?

-Porque ayer fui al funeral de Isabel Muñiz.

Ya le dije que iría. Me quedé a dormir en casa

de mis hermanas, así que aún no pude cambiarme.

-Yo se lo desaconsejé. -Y ahora entiendo por qué.

-Les dijo quién era, ¿no?

-Y ellos me dijeron lo que pensaban de mí.

-Y no fueron muy agradables. -No.

Y no solo por la opinión que tenga esa familia de mí,

que me la merezco, después del artículo, sino...

Porque la culpa por la muerte de esa chica me perseguirá siempre.

Ya tiene bastantes problemas sobre sus hombros

como para cargar con una culpa que no es suya.

Pues es como me siento.

Por eso necesitaba quedarme

a dormir en casa de mis hermanas.

Necesitaba estar rodeada de la gente que me quiere

y desahogarme.

Espero que le haya servido para recomponer su espíritu.

Mucho.

Aunque me temo que a costa de perturbar a Francisca.

¿Qué quiere decir?

Cuando llegué estaba muy hundida.

Así que se lo conté todo, aunque usted me lo prohibió.

No pasa nada,

la prensa enseguida se hará eco de la noticia.

¿Han averiguado algo sobre el asesino?

Sí, la víctima y sus hermanas también recibieron las cartas

que recibieron usted y las otras víctimas.

¿Y no avisaron a la policía?

Pensaron que era la broma de algún gracioso.

Y ahora esa pobre mujer está muerta.

Como voy a desearlo estar yo

si no doy pronto con el asesino.

No exagere. -Ni lo más mínimo.

La prensa critica a mi padre y él se descarga en mí.

Quiere al culpable y lo quiere ya.

Dice que mi torpeza está arruinando su reputación,

que nunca debería haber confiado en mí.

Su padre es muy injusto.

Atrapar a un asesino que actúa al azar

y sin motivo aparente es prácticamente imposible.

Y usted no es la única persona en el caso.

Pero soy el único que lleva su apellido.

Es una deshonra para él.

Evítele por un tiempo, así vivirá más tranquilo.

Ojalá pudiera, pero esta tarde es la fiesta de aniversario

de mis padres y tengo que ir.

Mírelo por el lado bueno, delante de tanta gente

dudo mucho que se atreva a reprocharle nada.

Usted no le conoce. Lo hará.

Por esto y por presentarme solo

sin tener una mujer con la que sentar la cabeza.

Ese es el otro tema

con el que le encanta torturarme.

Y ya empiezo a estar un poco harto.

No parece que le espere un día muy feliz.

Lo mejor de él es ver que usted está bien.

Algo es algo.

Aguarde un momento,

puede que se me haya ocurrido una idea.

¿El qué?

Quizá no sea la única buena noticia del día.

Espéreme un momento.

Pasa.

Gracias.

Francisca, yo...

siento lo que pasó anoche.

No te negaré que estuve a punto de no venir.

Estaba muy enfadada.

Normal.

Normal, sé que otras veces me he comportado como un idiota

pero lo de ayer se llevó la palma.

Hiciste muy bien en detenerme.

No sé hasta dónde habría llegado,

estaba muy borracho. Y con una pistola.

Bueno, ya me he deshecho de ella.

Pues me alegro, porque fue horrible.

Pensé que te podrías herir o herir a alguien.

Prefiero no pensarlo porque...

Sólo espero que no vuelva a ocurrir.

No, te lo juro.

Francisca, sabía que lo entenderías.

No, no, no te equivoques.

He venido para ser clara contigo.

Pero nuestra relación sigue en el mismo punto.

¿Y a qué punto te refieres?

Pues que no puedes pretender que todo sea como antes.

No eres la misma persona, la que conocí en este camerino.

Ya te he dicho que anoche se me fue la mano

con el alcohol, nada más. No, hay cosas que dijiste

y que hiciste que no tienen nada que ver con el alcohol.

No sé a qué te refieres.

Gabriel, ahora eres conde, tienes dinero

y crees que lo puedes alcanzar todo, ¿verdad?

Yo soy una mujer embarazada

de un hombre que quiera o no es mi marido.

No me quiero pasar la vida huyendo.

Quiero darle a mi hijo una vida, quiero cantar.

Y tú no eres la misma persona.

Y yo no te lo pudo reprochar

porque yo tampoco soy la misma persona.

Mis sentimientos son los mismos que antes.

No, eso lo sientes por la persona que conociste

que no soy yo. No.

Yo también he cambiado mucho durante mi estancia en Roma.

Esto no es verdad. ¿Quieres que te lo demuestre?

Dime y te lo demuestro. Gabriel, por favor.

Francisca, no me rechaces. De verdad, no somos chiquillos.

Tenemos responsabilidades, tenemos que pensar

antes de que sea demasiado tarde.

¿Pero qué estás diciendo? Gabriel mírame a los ojos

y júrame que aceptas mi situación

y que me amas tal y como soy ahora, sin renegar de nada.

¿Puedes hacerlo?

¿Se puede saber qué está haciendo tras esas cortinas?

No se impaciente, enseguida lo verá.

Lo que esté buscando me lo puede dar en otro momento.

Tengo prisa, me tengo que ir. -Espere, ya salgo.

Ya puede darse prisa,

porque mi padre me va a matar si llego tarde.

¿Qué le parece?

Está preciosa, sí.

¿Pero todo esto era para ver cómo le queda ese vestido?

No pretenderá que vaya de luto

a la fiesta de aniversario de sus padres.

¿Qué?

¿Me va a acompañar?

Puedo fingir ser su novia. Así no tendrá que aguantar

reproches ni preguntas sobre su vida.

¿Haría eso por mí de verdad?

Sólo si usted quiere.

Sí, sí, por supuesto que sí.

Es que me ha dejado sin palabras.

No sé cómo agradecérselo.

No hace falta.

Simplemente prométame una velada interesante.

Lo será.

Sin duda... lo será.

(RÍE)

Esto es cosa de Luis, ¿verdad?

Él te ha obligado a hacerlo.

No, él no tiene nada que ver, es mi decisión.

¿Qué decisión, Francisca? ¿Dejarme?

¿Ahora, después de todo lo que hemos pasado

y ahora que por fin lo tenemos tan cerca?

Me duele tanto como a ti, Gabriel.

Pero creo que tenemos que estar un tiempo separados.

Te juro que no te entiendo.

Así sabremos si nos seguimos necesitando,

pero a lo que somos ahora, no a lo que fuimos.

Esto es lo que has querido desde que volviste.

Por eso te negaste a huir conmigo.

Mira, Gabriel, odio a Luis porque se cree mi dueño.

No cometas tú el mismo error, ¿de acuerdo?

Llegas con los bolsillos llenos

y crees que voy a correr detrás de ti.

Pues no es así. Tú tampoco eres mi dueño.

Necesito pensar en mi vida, en mi hijo, en mi carrera.

Cualquiera antes que yo.

Eso no es justo.

¿Que no es justo?

Lo tuyo tampoco, así que no busques más excusas.

Tienes razón, no soy tu dueño.

Así que si no quieres estar conmigo, vete.

Lo cierto es que nunca he dejado de quererte.

Pero no podemos hacernos más daño, Gabriel.

Tenemos que asumir la realidad.

¿La realidad?

Que no podemos estar juntos.

Al menos no por ahora.

No.

Adiós, Gabriel.

Espero que seas muy feliz.

Llama a las cosas por su nombre.

¡Si esto se acaba aquí

es porque tú decides que aquí acabe!

Qué mejor sitio que este, ¿no?

Donde todo empezó.

"La neutral dama de la reina". Bonito titular.

Sabía que la noticia saldría en el periódico.

Pero nunca pensé que aparecería en la portada.

Y menos aún en una foto

acompañada por militares alemanes.

Era previsible dada la repercusión

de sus declaraciones.

Sé que no tendría que haber hablado.

No, ¿por qué dice eso? No, estuvo usted estupenda.

(LEE) "Yo soy como España, neutral.

Todos los países son hermanos

y abogo por la paz en el mundo."

¿Le parece bien?

Brillante. Su majestad se rió muchísimo

al leer sus declaraciones.

¿No le ha molestado? No, al contrario,

le parece una gran manera de resolver la situación.

Ojalá ella pudiera mostrarse tan diplomática.

¿Entonces sigo siendo dama de la reina?

Y la más apreciada.

Aunque ella no podrá apoyarla públicamente

dado que es escocesa.

Pero opina de un modo bastante parecido a usted.

¿En serio? Pero si con esto sólo gano adeptos

para la no intervención, no para el bando inglés.

Al menos no los sumamos al bando alemán.

Y es muy beneficioso para España.

La neutralidad evitará la pérdida de muchas vidas.

Pues me alegro mucho de que Rodolfo

no se haya salido con la suya al obligarme a ir a esa fiesta.

Lo que nunca pensé es que esa frase

causaría tanto impacto.

Les ha dado que hablar a los periodistas.

Y no ha ido muy bien, así desvía la atención

de la vida privada de sus majestades.

¿Es que ocurre algo entre ellos?

Yo más bien diría "qué no ocurre".

Entonces no me cuente más. Hace bien.

Bastante tengo con los secretos de mi vida

como para ocuparme de los demás.

A veces una carga demasiado pesada de llevar.

No se preocupe, la han sacado muy guapa en la foto.

Nadie diría que apenas se habla con su marido.

No, si no es eso lo que me tiene intranquila.

¿Ah, no? ¿De qué se trata?

Es que no creo que se me ocurra otra frase

tan ingeniosa como esta para calmar a mi suegra

cuando lea la noticia.

Eso me parece que no hay diplomático en el mundo

que lo pueda conseguir.

Es cierto.

¿La neutral dama de la reina? Tienes que hacer algo.

Oblígales a que rectifiquen.

Madre, no puedo inmiscuirme

más veces en el trabajo de los periodistas.

¿Vas a permanecer impasible?

¿Qué crees que dirán tus compañeros de partido

y los alemanes cuando lean la noticia?

Por eso Blanca parecía tan relajada en la fiesta.

Lo tenía todo pensado para no molestar a la reina.

Veo que te resulta divertido.

Reconozca que esta vez Blanca nos ha ganado la partida.

Ha estado muy lista. -Demasiado, diría yo.

Se merece que le des un escarmiento.

¿Qué quiere que haga?

Cumplir lo que hasta ahora sólo ha sido una amenaza.

Llamas a la policía y que la traigan de vuelta

aunque sea a rastras. -Así entenderá

que no puede manipularte sin sufrir las consecuencias.

Madre, la frase que dijo Blanca

no es la que esperaban los alemanes.

Pero tampoco se pueden ofender tanto.

Y yo estaba allí apoyándoles.

Sobreviviremos a esto, tranquila.

Estoy hablando de meter en cintura a tu mujer.

Madre, montar un escándalo con la policía arrastrándola

de vuelta a casa sólo me perjudicaría a mí.

Asúmalo, Blanca le ha ganado esta vez.

¿Le vas a permitir que siga burlándose de ti?

Ha estado a punto de destruir nuestra alianza

con los alemanes. -Pero no lo ha hecho.

Y mientras sepa compaginar sus intereses con los nuestros

no hay ningún problema.

Hijo mío, siento decirlo, pero eres un calzonazos.

Madre, no me insulte, por favor.

¿Acaso no tengo razón? Estás a merced de una esposa

que además de no quererte

te maneja como si fueses un títere.

Este calzonazos, como usted me llama,

ha sido capaz de llevar el apellido Loygorri

al Parlamento, y por la puerta de los Leones.

Y gracias a nuestro socios alemanes, que no se te olvide.

¿Y quién consiguió el trato?

¿Entonces por qué desperdicias tu talento rebajándote

a aceptar los caprichos de esa adúltera?

Madre, mida sus palabras.

No le queda mucha gente que la quiera,

no vaya a perderla.

¿Ahora estás amenazando a tu madre?

No, sólo la prevengo

para que no acabe sola y amargada.

Si fueses tan duro con tu esposa

como lo eres conmigo no estaríamos en esta situación.

¿Por qué le cuesta tanto admitir que Blanca

ha salido airosa de una encerrona

y sin molestar a nadie?

¡Me ha molestado a mí!

Mi carrera política no depende de usted.

Y esto de Blanca, mire, no me viene tan mal.

¿A qué te refieres?

Uno nunca sabe cómo va a acabar una guerra.

Y que mi esposa apoye a mi contrincante

es cubrirme las espaldas.

Ten cuidado, hijo, jugar en los dos bandos

puede ser muy peligroso.

No sea tan agorera, madre, y aprenda de Blanca.

Ella sí que sabe jugar a dos bandas.

¿Qué aprenda yo de esa descarriada?

¡Pero bueno, habrase visto,

es lo último que me faltaba por oír!

Qué bien me ha sentado la siesta después del paseo.

¿Algo interesante en el periódico de la tarde?

Míralo tú mismo.

Tu hermana le está cogiendo gusto

a esto de salir en el periódico.

Está muy favorecida.

¿Has visto lo bien que fotografía el club social?

Se va a poner de moda para eventos, ya verás.

Ese es el poder de la prensa.

Menos mal que había reservado la fecha para el bautizo.

Eres una mujer muy previsora.

No tanto, todavía nos falta el fotógrafo.

He hablado con uno esta mañana

pero me ha sugerido que contrate a dos.

¿Y por qué no contratamos a cuatro y a un malabarista

para que los entretenga?

Tú date cuenta que llevamos muchos invitados.

Y así no quedaría ningún momento sin inmortalizar.

¿Lo dices en serio?

Pero si ya sé que se nos va de presupuesto.

Pero uno bautiza una hija todos los días.

Si no lo digo sólo por el fotógrafo,

lo digo por la celebración.

¿No crees que se nos está yendo de las manos?

Es lo único bueno que nos ha pasado en mucho tiempo.

Por favor.

Está bien, como tú quieras. Gracias.

Ahora nos falta resolver el tema de la madrina.

Sí, eso será más complicado.

¿No has hablado con tu hermana?

Lo he intentado, pero estaba tan ilusionada

que no me dejaba hablar.

Lo siento.

A mí me ha pasado lo mismo con Diana.

La pregunta es, ¿qué vamos a hacer?

¿No podríamos dejar que Antonia sea la madrina?

Últimamente no ha tenido muchas alegrías la pobre.

¿Y negárselo a mi hermana?

Diana tampoco lo ha pasado bien.

El bautizo se está haciendo como tú quieres.

Concédeme esto, no te pido más.

(SUSPIRA) Antonia será la madrina.

Gracias.

No, lo hago por no ver enfadada a tu hermana.

Diana se lo va a tomar mucho mejor que ella seguro.

Eso seguro, sí.

Salvador y Antonia los padrinos de nuestra hija, ¿eh?

Pues menuda pareja más particular.

¿Tú crees que si nos pasa algo serán buenos padrinos?

No pienses eso.

Trae mala suerte. Tenemos que pensarlo

nos guste o no, somos sus padres.

Es nuestra responsabilidad.

¿Qué es lo más importante para educar a un hijo?

Pues yo creo que quererlo mucho y ser buena persona.

Y Salvador y Antonia son buenas personas, ¿verdad?

Si nos pasara algo, que no nos va a pasar,

estará en las mejores manos.

No te preocupes por eso.

Voy a recortar esto.

¿Te marchas ya?

¿Tan pronto?

Me he tomado la tarde libre.

Puede que tú seas la jefa en esto del espionaje,

pero aquí mando yo.

Muy gracioso.

Adela me ha llamado

para que la acompañe a pasear al bebé.

Germán está muy cansado y no puede ir con ella.

¿Sigues enfadada por lo de antes?

¿Qué haces? Déjame pasar.

Sé que piensas que intento fastidiarte,

pero sólo quiero vivir esta aventura contigo.

Hacía tiempo que no me sentía tan lleno de energía.

Y ha sido contigo.

¿Me quieres dejar pasar? -¿Vas a darme un bofetón?

Adelante, pongo la mejilla como buen cristiano.

Dale.

Dale.

¿Y eso?

¿No puedo darte un beso?

Puedes darme todos los que quieras.

Pero pensaba que estabas enfadada.

Y yo pensé que sólo querías controlarme.

Por fin te has dado cuenta de que no es así.

De eso y de que soy muy afortunada de tener

un marido tan comprensivo.

Otros hombres no habrían reaccionado como tú

si se enteran que su mujer se convierte en una espía.

Eso no quiere decir que no me preocupe por ti.

Pero cuando me casé contigo ya sabía que no eras

una chica como las demás.

Tú tampoco eres un chico como los demás.

Sabes, la vida contigo es mucho más divertida.

¿A pesar de mis enfados y las peleas?

Con todo ello.

No cambiaría nada de lo que tenemos.

Ser espía te sienta muy bien.

¿Ah, sí? -Sí.

Lo he hecho por ti.

Pero, Diana, te tengo que pedir algo.

Lo que quieras.

Cuando acabe la guerra quiero que continuemos

con nuestros planes.

Lo de vender la fábrica y comprar ese hotelito

con las viñas no era un capricho.

Quiero empezar una nueva vida contigo.

¿De acuerdo?

De acuerdo.

Yo también quiero empezar esa nueva vida.

Bien.

Contigo.

¿Qué le ocurre?

¿Por qué no canta?

Pues que no estoy de humor.

No he sido yo la que he insistido

en dar la clase, sino su marido.

Me limito a cumplir órdenes.

Es que no entiendo este empeño en ensayar

si me quedan meses para actuar.

Tiene algunos conciertos cerrados

para un par de semanas después del parto.

No querrá tener la voz desentrenada.

Lo que quiero es dejar de oír la suya

en defensa de mi marido todo el rato.

¿Es posible eso?

Sí, sí, está bien.

Si prefiere descansar por mí no hay problema.

No le diré nada a su marido.

Será nuestro secreto.

¿Cómo dice? Que será nuestro secreto.

¿Usted quién se cree que es?

¿Mi amiga?

No pretendía ofenderla.

Las amigas no hacen lo que usted hizo.

¿O se cree que no iba a conocer la verdad?

Ya le dije que no hiciera caso de los rumores,

la gente es malediciente y solo quiere hacerle daño.

¿Usted se cree que soy tonta?

Luis me lo ha confirmado,

que son amantes y que se revuelca con usted

¡entre las sábanas de mi cama! No se altere.

Hay una explicación para esto.

¿Una explicación? ¿Qué quiere explicar?

¿Cree que cambiará la visión que tengo sobre usted?

No quiere a su marido. Eso no importa.

No voy a consentir que me humille en mi propia casa.

Así que váyase ahora mismo.

Sí, será mejor así.

Hoy está muy alterada, quizá mañana podríamos hablar...

No, no, no me ha entendido

No quiero que ponga un pie en esta casa

nunca más. ¡Nunca más!

Luis no lo va a consentir. Eso ya lo veremos.

¿Ocurre algo, señora? Y, como no se vaya ahora mismo,

hundiré su reputación para que no trabaje nunca más en la vida.

(GRITA) ¡Vamos, váyase! Ah...

-Señora, tranquilícese, se lo ruego.

Esto no le hace ningún bien ni a usted ni a su bebé.

Lo que no me hace bien es verle la cara a esa mujer.

Se acabaron las humillaciones en mi propia casa.

Espero que no tenga que arrepentirse

cuando don Luis se entere de lo sucedido.

Si yo tengo que renunciar a ver a la persona a la que amo,

que él haga lo mismo, Rosalía.

No creo que don Luis sienta amor por esa mujer,

en realidad no creo que sienta amor ya...

Por nadie.

-Lo que me faltaba, tener que ir a las casas a tomar medidas.

-Si queremos ser la mejor tienda de Madrid,

tenemos que ofrecer servicios exclusivos

a las mejores clientas. -Antes lo éramos.

Y las clientas venían aquí.

Les daba prestigio que las viesen comprando aquí.

-Pero ahora lo de ir a las casas lo hacen todas

y tenemos que adaptarnos. Así que márchate tranquila,

me quedo en la tienda. -Sí, vuelvo enseguida.

-Espera un momento, ven aquí.

(SILBA)

(Se oyen pasos acercándose) Un segundito, ya estoy con usted.

Eh, ¿qué...?

¿Qué estás haciendo aquí?

-No esperaba un recibimiento así por tu parte.

-Eso te pasa por meter a mis amigos

en asuntos privados. ¿O qué esperabas?

¿Que no sabría de tu charla con Salvador?

-Estuvo mal, pero estaba desesperada.

Lo siento si te molesté. -No quiero tus disculpas,

quiero que no lo hagas.

Nuestros problemas son asunto nuestro.

-No vine aquí para discutir. -¿Y para qué viniste?

Lo que me interesa de ti es saber que...

Que no me vas a poner problemas para obtener la nulidad.

-Antes quiero que veas algo que tengo para ti.

-¿Para mí? ¿El qué? -Abre el sobre y lo verás.

-¿Son de las niñas? -Te echan mucho de menos,

preguntan a todas horas por ti. Te necesitan a su lado.

-Y y también las necesito.

Es una pena que no lo pensaras cuando me abandonaste.

-¿No quieres recuperar el tiempo perdido?

-¡Claro que quiero!

Cuando intentaba verlas me ponías problemas.

-No podía permitir que se confundieran.

-¿Que se confundieran? -Al principio ni te las llevaste,

tuve que cuidarlas solo. -Hasta que supe del error

y vine a por ellas. Y ahora vengo a por ti.

-Nuestro matrimonio está acabado.

-¿Quieres que crean que no las quieres?

¿Que cuando sean mayores te guarden rencor por abandonarlas?

-No las abandoné, soy su padre.

-Actúa en consecuencia y vuelve con tu familia.

-Quiero estar con mis hijas.

Pero también quiero casarme con Carolina.

-Las dos cosas son incompatibles: O la nulidad o tus hijas.

-Qué bonita, parece un angelito. (RÍEN)

Oye, ¿nos sentamos un poco? Estoy cansada.

Claro. Sí.

Debe ser muy fatigoso cuidar del bebé y de Germán.

Por cierto, ¿cómo se encuentra? Pues mucho mejor.

Hoy ha salido al sol a dar un paseo.

Si sigue así, va a volver pronto al trabajo.

No te preocupes, lo importante es que se recupere.

Pero quiere dejar todo solucionado antes de que vendáis la fábrica.

Con el lío de estos días no te he comentado nada, pero,

de momento, no vamos a venderla.

Pero, bueno, ¿y ese cambio repentino de opinión?

Nos lo queremos tomar con más calma.

Esperar a dejarlo todo bien cerrado.

Bueno, pues, mira, me alegro.

Con los gastos de la niña y el dispendio del bautizo,

a Germán no le viene nada bien estar ahora sin trabajo.

¿Dispendio? ¿Qué está organizando?

He reservado el club social para el convite

y contraté a dos fotógrafos, con toda la familia que viene,

no quiero que nadie se quede sin su fotografía.

¿No estás exagerando un poco? Voy a parecer una madrina de boda.

Ay...

De eso quería hablarte también.

¿Qué ocurre?

¿No me vas a invitar? (RÍE)

No, no es eso, es que...

Ah... Ha habido un pequeño malentendido con Antonia y...

El caso es que ella se cree que es la madrina.

¿Germán se lo ha pedido? No, le habló del bautizo,

pero creyó que lo hacíamos para pedirle que fuera madrina

y no había quien la sacara de ahí. No me lo puedo creer.

Germán intentó sacarla de su error

pero estaba tan ilusionada la pobre y...

Con lo de Enrique, no queríamos darle otro disgusto.

Claro. ¿Y qué vais a hacer?

Pues no lo sé, había pensando en hablar con el cura,

a ver si Eugenia podía tener dos madrinas...

(RÍEN) Yo creo que una de las dos

va a tener que ceder. Y quieres que sea yo.

Ay, Diana, lo siento mucho. Bueno, no te preocupes, tranquila.

No pasa nada, lo entiendo. ¿Sí? ¿No te importa?

Haremos una cosa: Dejaremos que Antonia figure

como la madrina en el bautizo y en las fotos,

pero el resto del tiempo, en secreto, la madrina seré yo.

(RÍE) ¿Qué te parece?

Una madrina secreta. Se me dan muy bien esas cosas,

te lo aseguro. Pues no lo sé, mira,

me parece un poco raro, pero me encanta.

¿Sí? Sabía que podía contar contigo.

(RÍEN)

-¿Tendremos listo el nuevo pedido a tiempo?

-Vamos con retraso, perolos obreros echarán

las horas necesarias para que salga en fecha.

-Apunte las horas extra para pagarlas como es debido.

Se las cargaremos a los alemanes. Si tienen prisa, que paguen.

-Sí. Están tan contentos con que no se venda la fábrica

que lo harían gratis. -No tenían que preocuparse,

su trabajo estaba garantizado.

-Ustedes no iban a estar y no todos los patrones

son tan justos. -Se lo agradezco,

pero no pensarán así cuando sepan que la venta se pospuso,

pero no se ha anulado.

-No les va a gustar mucho pero es su decisión.

-Dejemos ese tema. Volvamos al trabajo.

-Sí, ¿tiene un momento? -Sí, dígame.

-Los alemanes han llamado en su ausencia.

-¿Y qué quieren? -Aparte de las telas,

un cargamento de cloro mayor.

-No pueden pedirnos eso cuando quieran,

no aparece en el contrato y no es nuestra obligación.

-Nos amenazan con rescindir el contrato si no cumplimos.

¿Qué hago? ¿Llamo a los proveedores?

-No saldrán más cloro hasta nueva orden.

Si llaman, me pasa la llamada. -¿Y si cumplen su amenaza?

-Contratos hay muchos, pero vida una.

No pondré en riesgo la vida de más personas.

Ahora sí, volvamos al trabajo. -Vale.

-Llegas tarde. -Estuve a punto de no venir.

-¿Les tomo nota ya o esperarán a doña Sofía?

-No, no puede venir hoy.

-Ajá. -Tráenos dos licores de café.

-Perdón si me meto donde nadie me llama,

¿pero no es usted un poco joven para un licor?

-Hace meses que hice mi puesta de largo.

Pero, si no estás conforme, hablaré con tu jefa

o con Merceditas. -No, yo le traigo el licor ahora.

-¿Qué quieres, Elisa?

-¿No prefieres esperar al licor? -No.

Debo llegar pronto a casa o Sofía me hará preguntas

a las que no sabrá contestar.

A diferencia de ti, no se me da bien mentir.

-No sé si tomarme eso como una ofensa o un cumplido.

-¿De qué se trata? -¿De qué se va a tratar?

-Elisa, soy un hombre casado y estoy muy feliz con Sofía.

-Y hacéis muy buena pareja, si yo eso no lo discuto.

-Pero, a veces...

A veces el amor y la pasión no tienen por qué ir de la mano.

-Si pretendes que abandone a mi mujer por ti...

-¿Cómo voy a pretender eso?

¡De verdad que tienes unas cosas!

Sofía es mi amiga y yo...

Yo no soy celosa.

No me importa compartirte.

-¿Cómo? -Sus licores.

¿Se encuentra usted bien? -Sí.

Está algo impresionado por lo que acabo de contarle,

pero se le pasará.

-Sí. -Eso espero.

-Elisa, ¿se puede saber qué tontería acabas de decir?

-No es ninguna tontería, hablo completamente en serio.

-¿Pero te estás ofreciendo a ser...?

-Tu amante. Sí.

Todos los hombres acaban teniendo una tarde o temprano.

Carlos...

¿No quieres seguir con tu matrimonio y...?

¿Y, a la vez, poder disfrutar de mí cuando te plazca?

-¿Tú te has vuelto loca?

-Me dices eso, pero tus ojos dicen otra cosa.

Pero, bueno, si no estás muy seguro,

puedes probar conmigo una noche y...

Y luego ya decides. -Pero, vamos a ver, Elisa,

que tú eres mi amiga. -¡Precisamente!

-¿Y qué pasa con tu virtud?

-Lo he estado pensando y eres el hombre perfecto.

¿Qué?

¿Vas a atreverte

o vas a pasar el resto de tu vida amargado

pensando cómo habría sido?

(Golpes en la puerta)

(Llaman a la puerta) Francisca, abre la puerta.

Luis, hablamos mañana. ¡He dicho que abras la puerta!

¡No me montes una escenita! Esta habitación es de los dos.

¡Abre la puerta o la echo abajo!

¿Qué quieres? ¿Por qué has humillado

a mi secretaria echándola? Me habéis humillado a mí

con vuestro enredo. Creía que quedaba clara

la relación entre los tres. ¿Entre nosotros tres?

¡Qué desfachatez! ¡No más que la tuya!

Si no me trataras como a un desconocido, nada habría pasado.

Luis, puedes gobernar mi vida y mi carrera,

pero no me vas a quitar la dignidad que me queda.

No me desafíes.

Te lo advierto. Tienes más que perder que yo.

¿Qué insinúas? Voy a tener a ese niño,

lo voy a criar y fingiré que soy feliz contigo,

pero no me pidas nada más. No le veré la cara a tu amante.

Haz lo que te plazca, pero en esta casa no será.

Yo también le vi la cara a Gabriel y me he aguantado.

¡No es lo mismo! ¿Y por qué no?

Sabías lo que sentía por él cuando nos casamos,

¡y yo jamás lo metí en casa!

Hiciste cosas peores. No soy la única.

¿O te recuerdo la conversación en lo alto de la escalera?

Si yo renuncio a Gabriel, renuncia tú a Beatriz

¡Ni hablar! Tenemos un trato

y lo vamos a cumplir.

Ella me da lo que tú me niegas,

¿o vas a cumplir con tus deberes como esposa?

Con tal de no verle la cara, hago lo que sea.

¿De cualquier cosa? Tú échala

y lo compruebas.

¿Cómo he estado? ¿Podría dedicarme al mundo de la actuación?

-¡Y tanto! Mi padre se ha quedado encantado.

Me ha preguntado, en una parte, que cuando nos casábamos.

-No bromee. -No, no, se lo digo.

Me ha dicho textualmente: "No puedes dejar escapar

a una muchacha como esa". (RÍE)

-No sé cómo ha conseguido ganárselo, pero es verdad.

-No ha sido difícil, su familia es encantadora,

incluso su padre. -Con las visitas pero algo es algo.

Al menos no preguntó por el Asesino del Talión.

-Me alegra haberle ayudado. -Lo malo es que me voy a pasar

las próximas celebraciones familiares explicando

por qué lo nuestro no ha salido bien.

-Por eso no se preocupe,

fingiré ser su novia cuando necesite.

-Por un momento, en la fiesta,

mientras estábamos fingiendo ser novios...

-¿Qué iba a decir?

-Es usted preciosa.

Tan... Tan dulce y tan...

Tan inteligente.

Si una mujer pudiese gustarme,

sin duda, sería usted.

-Es usted muy galán.

-¿Qué le ha parecido?

-¿Quiere la verdad?

No he sentido nada.

-Yo tampoco.

(RÍEN) -Es una auténtica pena,

porque mi vida sería tan fácil si la tuviera a usted a mi lado.

-Sí, pero sería una vida de mentira.

-He ganado y perdido una novia en el mismo día, eso es velocidad.

(RÍEN) -Puede que haya perdido una novia,

pero ha ganado una amiga para siempre.

-Lo sé. Y aquí tiene usted a un amigo.

-Ese beso sí lo he notado. ¿Y usted?

-¿Tengo que preguntarle qué ha ocurrido

o me lo cuentan sin más?

-Los alemanes quieren que les enviemos más cloro

con el próximo pedido de telas.

-¿Y cuándo sale ese pedido?

-En cinco días.

-Por si había alguna duda sobre para qué lo quieren utilizar.

-Ese envío no puede hacerse.

-Pero han amenazado con romper el contrato

si no enviamos ese cloro. -Aún así.

-Si rompemos el acuerdo con ellos, sería el final para la fábrica.

-¿Qué les preocupa? -Tiene que ver con acontecimientos

recientes relacionados con la reina y mi esposa.

Seguro que sabe de lo que le hablo.

-Puedo figurármelo.

-El asunto es si la Casa Real

utilizó a mi esposa con fines políticos.

De verdad, no sé por qué estás así conmigo.

Porque cada día siento que te importo menos, Blanca.

¿Cómo puedes decir algo así? Te aseguro que no tengo

intención de discutir, además, para lo que sirve.

Tampoco podríamos discutir aunque quisieras.

No entiendo qué te he hecho.

¿En qué lugar me deja que hasta al bautizo de tu sobrina

prefieras ir con Rodolfo? El otro día conocí a su cuñada,

Blanca Silva.

Una mujer bellísima.

Sí. Sí que lo es.

Ya estoy al corriente de su relación con ella.

No se inquiete, conmigo su secreto está a salvo.

-¿Dónde celebró su puesta de largo?

-En mi casa.

-¿Y sus hermanas? -¿Qué importancia tiene eso?

-¿Dónde celebraron sus hermanas su puesta de largo?

-No le contaré nada hasta que no me diga

a qué viene tanto misterio.

-Lo que voy a decirte...

Te va a doler y te costará entenderlo.

-¿De qué me estás hablando, Bernardo?

-Yo necesito tener a mis hijas conmigo,

bueno, esto sí puedes entenderlo.

-Sí, claro, y podrán venir a vivir con nosotros.

-No, eso es imposible, Purificación...

Nunca lo permitiría.

-¿Qué me estás queriendo decir con esto?

-Parece que se ha quedado una mañana estupenda.

-Elisa, si vas a hablar del tiempo no podré decirte

lo que te tengo que decir. -Ya.

¿Eso quiere decir que ya tienes una respuesta a lo que te ofrecí?

-Sí.

-¿Y bien? ¿Vas a pasar una noche conmigo?

-Si no enviamos el cloro, tendremos un problema con Ricardo

y otro más grave con los alemanes, porque él les hará saber

que, si no enviamos ese cloro, es porque no nos da la gana.

-Y, si lo enviamos, tendremos un problema

con el Sr. Green y con los ingleses.

-Y ya sabemos que tendremos parte de culpa

de lo que le hagan los alemanes. No será teñir telas.

-¿Empezamos? -No. No será necesario.

-Pero tenemos varios asuntos pendientes.

-No hará falta que te encargues de ellos.

-¿Por qué? -Estás despedida.

-Ah, ¿despedida?

-Tenías toda la razón.

No tiene ningún sentido mantenerla como concubina cuando

mi esposa está dispuesta a satisfacer todos mis deseos.

Porque eso es lo que tú me prometiste ayer.

-¡Dios mío! -¿Los ha encontrado?

-No.

-¿Y por qué se le ha quedado esa cara?

-Merceditas, mejor que vuelvas a tus tareas,

aquí no está el libro.

(RESPIRA DE FORMA ACELERADA)

  • Capítulo 289

Seis Hermanas - Capítulo 289

16 jun 2016

Teresa descubre que Humildad ha sufrido una crisis e informa a Mauro. Trini había preparado un plan sorpresa para Ramón, pero él no aparece en todo el día. Ramón se entera por Ginés de que Clemente es prestamista. Rosina se encuentra a Casilda en el portal y exige que la echen del edificio. Pablo y Leonor se niegan y Cayetana no le hace caso, por lo que Casilda se queda en el altillo. El asunto aleja a Rosina de Pablo y de Leonor.

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