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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 286 - ver ahora
Transcripción completa

Está grave, no lo descarto.

Y todo por inhalar un poco de cloro.

Yo no creo que fuera un poco, Diana.

Sólo se vertió un bidón.

Si la Conferencia de la Haya

ha prohibido el uso del cloro para la fabricación de armas

te puedes imaginar lo peligroso que es.

¿Se puede usar para armas? Armas químicas.

He decidido contar con usted para mi fábrica de Núremberg

y aprobar su plan para fabricar armas con cloro.

Adela no sabe nada.

Pero ahora en cuanto salga la llamo.

No la llames.

¿Pero cómo no la voy a llamar?

Que es tu mujer, tiene que saberlo.

No la llames.

Si no vendrá de Toledo y se pondrá en peligro.

Don Germán está ingresado en el hospital.

¿Ingresado?

¿Pero qué le ha pasado?

Al parecer se ha intoxicado

con un líquido venenoso en la fábrica.

No sé, doña Adela, yo pensaba que usted lo sabría la primera.

¿Usted cree que esta marca

nos diría de dónde viene la carta?

Este papel sólo se fabrica en Ávila.

El papel podría venir de Ávila,

pero eso no significa que ellos estén ahí.

La familia de Clemente tiene una casa en Ávila.

Creo que hemos encontrado a su amiga.

Escúchame, no le van a negar la nulidad.

Por lo que yo sé su mujer le abandonó a él.

Padre, sé que es probable que le concedan la nulidad.

Pero es un proceso muy lento.

Y quizá con una limosna a la persona adecuada

de la Iglesia se agilizaría todo.

Tu marido, que se las da de caballero y lleva a gala

que es un hombre de honor, pues le ha bastado

con que te fueras tres meses para...

revolcarse en la cama con otra mujer.

¿Quién es ella?

Es Beatriz Vinuesa.

Ella misma me lo ha confirmado.

Soy la secretaria personal de su marido.

Nada más que eso.

Siento desilusionarla.

No sé por qué te molesta que vaya a ese acto.

Tú haces tu trabajo en el parlamento

y yo el mío como dama de la reina.

¿Qué tiene de malo?

Te estoy pidiendo que no vayas.

Y punto.

Una vecina me dijo

que se marcharon hace unas semanas.

¿Y usted la ha creído?

Entré en la casa,

he visto con mis propios ojos que allí ya no vive nadie.

Debe aceptarlo, Aurora ha estado

en esa casa de Ávila, pero ya no está.

Se ha ido.

Yo tenía la costumbre...

(MERCEDITAS) ¡Ya estamos aquí!

Qué bien que ya hayáis llegado.

¡Chis! -Ay, pero qué guapa está.

¿Puedo cogerla, Adela?

No, está dormidita. Espera a que se despierte.

Sí, menudos berrinches que coge cuando no la dejan dormir.

Tiene el carácter de las Silva, eso ya se le ve.

¿Cómo ha ido el viaje?

Bien, bien. Un poco cansada pero bien.

(ROSALÍA) ¡Ah!

Bienvenida, señora. Gracias.

A ver.

¡Huy, pero qué hermosa se la ve!

Qué bien se la está criando.

¿Y cómo está su tía Adolfina?

Apenada porque nos hayamos ido.

Pero yo os echaba mucho de menos a todas.

Aunque ha sido estupendo convivir con ella.

Se ha portado muy bien.

¿Y cuándo se va a despertar?

Pues dentro de bastante, esperemos.

¿Cómo está Germán?

Bueno, ha pasado buena noche.

Tranquila, ya le verás.

He venido preocupada todo el camino.

Creía que me estabais ocultando su gravedad

y que estaba peor de lo que me decíais.

Vaya, espero que lo que le haya contado Merceditas

no la inquietara excesivamente.

No fue para tanto.

El susto en el cuerpo me lo metió.

Yo sólo espero haber venido para nada.

Está mal, pero tampoco

como para hacerte venir así de repente.

Es un viaje muy cansado para un niño.

Y bien que se nota, porque con todo el jaleo

que estamos armando y ella sigue durmiendo.

No grites.

Ahora le voy a dar el pecho

antes de ir al hospital y podrás cogerla.

¿Darle el pecho? Pero qué barbaridad.

Perdone que opine sobre lo que no me preguntan.

Pero no tiene por qué hacerlo usted misma.

Yo tengo una prima segunda

que ha estado de ama de cría en casa de los Mohíno.

Si quiere puedo hablar con ella.

Claro. No va a hacer falta.

Prefiero hacerlo yo.

Ay, pues yo no quiero verlo.

Pues no entiendo por qué.

La naturaleza es sabia,

y si nos da la capacidad de dar el pecho...

De hecho la reina Victoria Eugenia es defensora

de amamantar a los hijos.

Ella misma lo va a hacer ahora que va a tener un hijo.

¡Virgen del amor hermoso! ¿Pero adónde vamos a llegar?

Es bueno tanto para las madres como para los hijos.

¿Cómo va a ser bueno? Las madres están más cerca

de los hijos y eso ellos lo notan.

Pues a mí perdónenme pero me parece una modernidad.

No, es bueno el contacto con los niños.

Creo que hasta pueden escuchar los latidos del corazón.

Bueno, todo eso son pamplinas.

No hay nada que demuestre que sea verdad.

Lo único cierto es que amamantar a los hijos

es cosa de pobres y que una señora como usted

no debería hacerlo nunca.

Claro, para eso están las amas de cría

como mi prima segunda. Yo se la recomiendo.

Es muy madrugadora y muy aseada.

No hace falta, Merceditas. Muchas gracias, de verdad.

Bueno, creo que no deberíamos entretener más a doña Adela.

Querrá ir a ver a su esposo

al hospital cuanto antes. Sí.

Antes me gustaría comentarle

una cosa importante a mis hermanas.

Bueno, Merceditas y yo

nos ocuparemos de la niña. -¡Sí!

Gracias, Merceditas.

Gracias.

Bueno, ¿qué querías contarnos?

Mi hermana Blanca cada día más elegante.

Fíjese cómo luce el vestido.

Y esa mirada tan distinguida.

Ahora que no nos oye nadie parece más reina que la reina.

Sí, menos mal que no nos oye nadie.

Y no sólo por esto, si se supiese todo

lo que hemos hablado en esta casa

tanto usted como yo estaríamos en un lío.

(RÍE)

Y veo que entre la decoración floral del lugar había cardos.

Eso es un guiño de la embajada a nuestra reina.

¿Por qué?

Nuestra reina nació en Escocia.

Esa es la flor que la simboliza.

Es una manera sutil de mandar un mensaje de simpatía

a la reina y a Escocia.

Los periódicos llegan a toda la gente.

¿A toda la gente?

Eso que acaba de decir me ha dado una idea.

¿El qué acabo de decir?

¿Se refiere a la reina, a los cardos?

No, a lo de que los periódicos llegan a toda la gente.

Si yo escribiera un artículo retando al asesino del Talión

seguramente él lo leería. -Sí, seguramente.

Ese tipo de criminales suelen ser muy vanidosos

y leen todo lo que se publica sobre ellos.

Qué bien. (IRÓNICO) Sí, qué bien.

Vendría a matarla. Es una idea estupenda,

no sé cómo no se me ha ocurrido antes.

Si yo me pongo de cebo usted podría atraparle.

Lo está diciendo en serio.

¿Pero y si él la atrapa a usted antes?

¿Ha perdido la cabeza?

Parece mentira, una mujer con su inteligencia.

Estamos en un callejón sin salida.

Y habrá que encontrarla,

pero no azuzando al asesino contra usted.

O hacemos algo ahora o ese hombre volverá a matar.

Y podrían ser mis hermanas o yo misma.

Pero si le provocamos sabremos dónde va a atacar

y usted podría atraparle.

Las prisas nunca han traído nada bueno.

Las pausas tampoco. -Me busca complicaciones.

Pero mejor complicaciones que defunciones.

Una defunción vamos a tener

si llama a la puerta del asesino.

No si usted me sigue los pasos.

No, no, no. No voy a ceder

ni por un segundo a sus pretensiones.

Es más, llamaré a todos los periódicos y les diré

que su publican algo del asesino que haya escrito

usted les cierro el negocio.

Velasco, se está poniendo demasiado intransigente.

Póngase en la mente del asesino,

piense como un criminal.

Es lo que hago. -Si yo, una Silva

que ha escrito con anterioridad de él,

de repente lo provoco, le dejo como a un cobarde

él responderá con sangre.

¡Pero qué barbaridad!

¿Está escuchando ese disparate?

Piénselo por un momento. Usted qué haría.

¿Si fuera el asesino?

Venir y matarla con mis propias manos.

Y entonces estará el insuperable

detective Velasco para detenerle.

¿Ha acabado?

Sí, porque es una idea buenísima.

No, horrible, espantosa.

Yo no sé a qué jugaba de pequeña

pero ya no tiene edad para jugar.

Prométame que no se va a poner usted en peligro.

¿Quiere un café?

¿Eh?

¿Sólo? ¿Con leche?

¿Pero ha escuchado lo que le he dicho?

Diana, ¿vas a vender la fábrica para irte a vivir al campo?

La gente seria vive en la ciudad.

¿Lo has pensado bien?

No sé, la fábrica siempre ha sido tu vida.

Claro.

Salvador y yo necesitamos un cambio y la fábrica

siempre se ha interpuesto entre nosotros,

es el motivo de todas nuestras discusiones.

Ay, Diana, ¿pero al campo?

Si es que el campo

es para hacer excursiones, no para vivir.

(RÍE)

A mí me da pena que os deshagáis de la fábrica

que nuestro padre levantó con tanto esfuerzo.

Pero entonces nada cambiaría nunca.

Los hijos seguirían viviendo la vida de sus padres.

Y así hasta la eternidad. Tú has hecho muchos cambios.

La fábrica de hoy tiene tu corazón.

La has modernizado un poco.

Este será un cambio más radical.

Yo no veo mal dar un giro

cuando se presenta la oportunidad.

Y Salvador y yo estamos muy ilusionados.

Pues si eso es lo que quieres hacer yo te apoyo.

Y todas deberíamos apoyarle.

A lo mejor quién sabe en esa vida tan tranquila

de campo pues te animas y le das un primo a Eugenia.

(RÍEN)

Bueno, Salvador y yo estamos pensando en...

en tener un hijo.

Es que la fábrica no nos deja ni un minuto libre.

Diana, pero si todo eso está muy bien.

¿Pero por qué al campo?

Quiero decir, puedes vender la fábrica y...

y irte a vivir a la ciudad como todo el mundo.

Será cambiar un negocio por otro.

Hemos visto un hotel que tiene viñedos y una bodega.

Y nos apetece mucho introducirnos

en el mundo del vino.

¿Sabíais que hay cien tipos de uva diferentes?

No. Sí.

Pues a mí me parece una tontería.

No seas egoísta, Elisa.

Pero la egoísta es ella que nos quiere abandonar, ¿no?

Ay...

(Llanto de bebé) Ay, voy a coger a Eugenia.

Despacito, ¿eh?

(Llanto de bebé)

¡Ven aquí!

A ver, cuéntanos eso del hotel y los vinos.

Te apoyaremos siempre, Diana.

Siempre. Gracias.

Es que es lo último que me faltaba por ver.

Pero bueno, ¿cómo se atreve esta descarada?

¡Es inaudito, una mujer decente nunca haría semejante cosa!

¡Porque a mí me parece...! -Madre, ¿qué ocurre?

Se le oye desde la otra punta de la casa.

¿No le habías prohibido ir a la embajada de Inglaterra?

¿A quién, a Blanca? Sí, claro que se lo prohibí.

Sí, pues ahí la tienes, poniéndote en evidencia

y restregándote que Blanca Silva

sólo se hace caso a sí misma.

Lee el pie de foto, que me lo sé de memoria:

"La esposa del político germanófilo Rodolfo Loygorri

acompaña a la reina a la embajada británica."

Voy a llamar ahora mismo. -¿A Blanca?

Ya sabes que con ella no sirven las palabras.

A Blanca, a la redacción del periódico

para hablar con el responsable. -Espera, hijo.

¿Qué hace? ¿qué hace?

Impedir que hagas una estupidez.

Este pie de foto es del todo una provocación.

La provocación es de Blanca hacia ti.

Si les llamas les demostrarás

que Blanca hace lo que le viene en gana.

¿Y no cree que ellos también deberían escucharme

por publicar de forma tendenciosa?

La culpa no es del periódico, sino tuya.

¿Yo tengo la culpa de que publiquen esto?

No seas obtuso. Tienes la culpa de no haber

tenido bajo control a tu mujer y estas son las consecuencias.

Es que esta imagen es terrible para mi carrera.

Desde luego es una zancadilla

de la que te va a costar levantarte;

no sólo ante tus compañeros de partido,

sino ante nuestros socios alemanes.

Ya veremos qué dicen esta vez.

Voy a tener que dar tantas explicaciones...

Es patético que yo defienda a los alemanes en el congreso

mientras mi esposa se pasea con los ingleses.

¿Pero qué puedo hacer?

Pues de entrada acabar con ese concubinato.

Tú eres el verdadero esposo y no tu hermano.

¿Y cree que no lo sé?

Pero es que Blanca es tan testaruda.

Pues algo habrá que hacer para impedir que vaya,

por las buenas o por las malas. -¿Por las malas?

Lo hemos hablado, si llamo a la policía

para que la traiga de vuelta se montaría un escándalo

que acabaría con mi carrera.

No quería decir eso.

Pero habrá algún modo de obligarla a que regrese.

Si quiere salir que vaya a misa.

Ninguna mujer decente se toma tantas libertades.

Sí, pues cuenta con el apoyo de la reina.

¿O quiere que me enfrente con la Casa Real?

Las desavenencias que puedas llegar a tener

con la Casa Real por culpa de Blanca no son nada

en comparación con los problemas

que sí vas tener con nuestros socios alemanes

como no metas en vereda a tu mujer.

¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?

¿Por qué, hijo?

Porque no has sabido demostrar quién es el hombre de la casa.

Así que o atajas el mal de raíz

o esa mujer no parará hasta verte hundido.

Germán.

Hola.

No, no, no te quites eso.

Tranquilo, tranquilo.

Adela. Hola.

¿Estoy soñando?

No.

Pero si es un sueño que se acabe pronto

y estemos los tres de vuelta en casa.

¿Has vuelto por mí?

¿Hay otra razón mejor para haber vuelto?

En Toledo me moría de incertidumbre, Germán.

Te lo ha dicho mi hermana, seguro.

Qué más da quién haya sido.

Si te llega a pasar algo y no me lo dicen

no se lo habría perdonado nunca.

¿Cómo está la niña?

Pues está cada día más grande y más espabilada.

Y pareciéndose más a ti.

Por su bien esperemos que se parezca a ti.

(TOSE)

¿Qué ha pasado, Germán?

Cargaba unos bidones de cloro y...

me desmayé.

Ay...

Buenos días, Adela. Buenos días, Marina.

¿Cómo está Eugenia?

Pues le estaba diciendo a Germán que cada día

está más grande y más guapa.

Perdona.

Enseguida llegará el médico para examinarle.

Pero está mejor, ¿verdad?

Le he visto con la mascarilla y pensé que no iba

a poder hablar, pero sí ha podido.

Pues debería guardar las fuerzas para recuperarse.

Es que hacía mucho que no nos veíamos.

Y encontrarnos en estas circunstancias pues...

Adela.

Hola. No sabía que estabas aquí.

Cristóbal, es que acabo de regresar.

¿Cómo está Germán? Ahora mismo vamos a verlo.

Francisca.

A mis hermanas no les gusta nada que venga a sitios

tan solitarios como este.

¿Les has dicho que has quedado conmigo?

No, me he escapado para que no se diesen cuenta.

Entiendo.

No deberíamos haber quedado

en un parque tan poco frecuentado.

Tus hermanas tienen razón.

Disculpa, no era mi intención ponerte en peligro.

No es que le tenga miedo al asesino,

ni tampoco que quiera cambiar mi vida por unas amenazas.

Igual deberías. Han muerto ya cuatro mujeres, Francisca.

Discúlpame, de verdad, he sido un irresponsable.

Sólo pensaba en mí y en las ganas que tenía

de verte, de abrazarte, de nuestra intimidad.

Pero bueno, no te preocupes porque ahora ya no estás sola.

Estoy contigo.

Francisca, ¿qué te pasa?

Me has mentido.

¿Que yo te he mentido? ¿Por qué dices eso?

Me has contado que mi marido y Beatriz

mantienen una relación y no es cierto.

He estado investigando.

Hasta le he preguntado a Beatriz.

Y te ha dicho que no.

Bueno, ¿qué esperabas, que lo confesara así como así?

También se lo he preguntado a Merceditas y a Rosalía.

Y no han sido nada claras. Porque ellas son el servicio.

No pueden hablar de esa forma de uno de sus señores.

Y eso es Luis para ellas ahora.

Me habrían contado algo así. Yo no estoy tan seguro.

Francisca, es normal que hayan sido discretos ante ellas.

Créeme, la misma Beatriz me confesó que entre ellos

hay mucho más que música y dictado de cartas.

¿Y por qué no me lo ha contado Luis

pudiendo restregármelo por la cara?

Le habría hecho muy feliz.

Seguramente es que hay mucho más

que un simple encuentro casual.

Francisca, comparten cama, comparten sueños,

seguramente también planes de futuro.

¿Mi marido?

Por favor.

Pero bueno, ¿es que te molesta?

No, claro que no me molesta.

Pues a mí sí que me molesta que des más credibilidad

a cualquiera antes que a mí.

Si te digo que tu marido te engaña con Beatriz créeme.

Bueno, ponte en mi lugar, ¿no? ¿Para qué?

¿Para darme cuenta que cualquiera

es más de fiar que yo?

Porque eso lo que me demuestras.

Olvidaba que no podíamos hablar sin discutir.

¿No podemos conversar como personas civilizadas?

¿Y qué es una persona civilizada para ti?

¿Aquella que se casa con un tipo

al que ni siquiera quiere porque es más práctico?

Fue más complicado que todo eso y lo sabes.

Pues ahora no lo es.

Tengo dinero, tengo posición, tengo un título.

¿Qué más necesitas para venir conmigo?

No puedo pensar sólo en mí, tengo que pensar en mi hijo.

¿Y qué le faltaría a tu hijo?

¿O a ti? Absolutamente nada, Francisca.

¿Y crees que Luis se quedaría de brazos cruzados?

Nos denunciaría. Nos perseguiría, Gabriel.

Y hay más cosas, mi gente, mis hermanas, mi carrera.

Francisca, todo se puede comprar con dinero.

Es algo que aprendí en la cárcel

cuando tu marido compró mi culpa.

No todo se compra con dinero, Gabriel.

Luis jamás pudo comprar mi amor.

Y no puedes ser tan arrogante como para presentarte aquí

con dinero y con un título recién adquirido

y cambiar el mundo a tu antojo.

Perdona, a ver si lo entiendo.

Primero me dejas porque no tengo nada.

¿Y ahora por qué? ¿Porque lo tengo todo?

Eso no es así.

¿Ah, no? Es más, nunca he dejado

de quererte. Entonces demuéstramelo.

Demuéstramelo, Francisca.

(Pasos)

¿Gabriel?

¿Gabriel?

(Pasos)

¿Cómo ha pasado la noche?

Hemos tenido que suministrarle calmantes para el dolor.

Me ardía el pecho.

Es lógico, Germán, eso es normal.

¿Hasta cuándo va a tener que estar aquí?

Hasta que esté fuera de peligro.

Quiero que esté unos días más en observación.

Querías tomarte unas vacaciones y no sabías cómo hacerlo.

Germán, de momento sigues estando estable

y no hay nada de qué preocuparse.

Marina, hay que seguir con la ventilación

Y quiero que le bajes la dosis del calmante.

Enseguida. Voy a seguir con la ronda

que tengo muchos pacientes esperando.

Me alegro de verte, Adela. Sí, Cristóbal...

Se va a recuperar, ¿verdad?

Es un proceso largo.

No me atrevería a aventurarme a darte un diagnóstico.

Pero de todas formas Germán es fuerte

y yo tengo esperanzas.

Gracias.

Por favor, Adela, espera fuera.

¿No me puedo quedar?

Voy a ponerle el tratamiento y las visitas no pueden quedarse.

Lo siento, son las normas. Voy a hablar con Cristóbal,

siendo nosotros hará una excepción.

Adela, hazle caso.

Por favor.

Estoy ahí fuera.

(TOSE) -Ay...

Estas Silva... Qué poco les gusta cumplir las normas.

-Ah...

¡Ah!

(LEE) Dos rojas lenguas de fuego que, a un mismo tronco enlazadas,

se aproximan y, al besarse, forman una sola llama.

Dos notas que del laúd a un tiempo la mano arranca,

y en el espacio se encuentran y armoniosas se abrazan.

Dos olas que vienen juntas a morir a una playa

y que al romper se coronan con un penacho de plata.

Dos jirones de vapor que del lago se levantan

y al juntarse, allá en el cielo, forman una nube blanca.

Dos ideas que al par brotan,

dos besos que a un tiempo estallan,

dos ecos que se confunden,

eso son nuestras dos almas.

Ah...

(Se oyen pasos acercándose)

(LLAMA A LA PUERTA) ¡Señorita, el almuerzo está listo!

La están esperando en el salón.

-Rosalía, qué susto. (RÍE)

Los jóvenes siempre pensando en las musarañas.

-Ah...

-¿Por qué le negó a Francisca su relación con don Luis?

-¿Qué son esos modales? Me ha asustado.

-Cuando Francisca le preguntó, le dijo que no tenía

ninguna relación con él, y es mentira.

-Me tengo que ir. -De aquí no se va nadie

hasta que me explique por qué lo ha hecho.

-¿Por qué he hecho el qué? -Mentir.

Teníamos un acuerdo: Yo la ayudaba a usted

y usted a mí. -Sí, y eso es lo que he hecho:

Ayudarme a mí misma.

-¿No se da cuenta que acaba de desperdiciar

una oportunidad única para desvelar los sentimientos de Luis?

-Solo sé que me tengo que ir.

-De verdad, no la entiendo.

Debería morirse por estar al lado de quien ama, igual que yo.

-Mire, no se puede tener todo en esta vida.

A veces hay que sacrificarse.

-¿Y por eso ha renunciado a don Luis?

¿Porque no le puede tener?

-No, pero no voy a proclamarlo a los cuatro vientos.

Me conformo con lo que tengo con él.

-Yo jamás me conformaría con las migajas,

sobre todo pudiendo tener la mesa entera.

-Debería aceptar que Francisca pertenece a otro hombre.

Es lo que yo hago con Luis.

-¿Aceptarlo?

Srta. Beatriz, la mera idea de estar separado de Francisca

es peor que si me metieran una bala en la cabeza.

¿Es que a usted no le pasa lo mismo

teniendo que vivir en silencio su amor por don Luis?

-Lo he asumido.

Acepto verle a escondidas, en secreto.

Es el castigo que merezco por enamorarme de un hombre casado.

-Pero, mujer, eso puede cambiar.

Ningún matrimonio debería estar obligado a la eternidad.

Y, además, la Iglesia lo puede anular,

si hay una razón de peso.

-Mire, igual que usted teme perder a Francisca,

lo que yo más temo en este mundo es perder a Luis.

Por eso lo negué todo delante de ella.

Luis jamás me hubiera perdonado

que yo hubiera confesado mi amor abiertamente.

Si lo hubiera hecho lo hubiera perdido todo.

¿Cómo puede ser tan egoísta? -¡Escúcheme!

Entiendo que esté desesperada, ¿de acuerdo?

Pero callar no es la solución.

¿No se da cuenta? Si esconde sus sentimientos,

se pudrirá, tiene que sacarlos a la luz.

-¿Ah, sí? ¿Y por qué no se va usted con Francisca lejos

sin hacer caso a lo que digan los demás?

Yo jamás me opondría a ello.

-¿Qué se cree? Si por mí fuera,

ya me hubiera marchado hace mucho tiempo.

-¿Entonces es ella la que se niega?

Ya veo que no soy la única que debe compartir su amor.

-Ocúpese de sus problemas,

que yo me encargaré de los míos.

Pero le advierto una cosa, actuando de esa forma

jamás conseguirá que don Luis se vaya con usted.

-Encontraré la manera para conseguirlo.

Y, entonces, usted vendrá a pedirme ayuda.

-¡Ja!

¿Yo pidiéndole ayuda?

Olvídelo.

-Las cosas más sencillas a veces son las más complicadas.

-Sí, usted verá.

Pero se equivoca al callar sus sentimientos.

(Llaman a la puerta)

¡Celia!

(Llaman a la puerta)

Francisca, estás temblando, ¿qué ocurre?

Deja, deja que me recupere, he venido a la carrera.

¿Es el bebé? Me estás asustando.

No, el bebé está bien. ¿Entonces?

Vamos a ver, Celia,

esta mañana me encontré con Gabriel en el parque.

¿En el parque, Francisca? Allí corres peligro.

Ah, ya lo sé. Ahora lo sé, antes pensaba que exagerabais.

Estuvo matando a mujeres, una muy parecida a ti.

No me asustes más, por favor.

Perdón. ¿Y qué ha pasado para que te dieras cuenta?

Un hombre... me ha seguido.

Dios mío, ¿en el parque? Sí.

Cuando Gabriel se fue, oí un ruido y...

¿Cómo que Gabriel se fue? ¿Te dejó sola?

Sí. Discutimos, quiere que huya con él...

La historia de siempre.

¿Qué hombre deja sola a una mujer en un lugar abandonado?

No pensamos en el peligro ni él ni yo.

El caso es que oí un ruido, pero no era él.

¿Y viste quién era? No, me asusté al sentirme vigilada

y salí corriendo.

Pero, vamos, no pude ver quién era.

¿Y te siguió? Sí.

Cuanto más apuraba yo, más apuraba él.

¿Y no había nadie a quien pedirle ayuda?

No, por eso vine hasta aquí, para ver si le despistaba.

Sí, has hecho bien, ahora relájate.

Tranquilízate, yo voy a hacer una llamada.

Eh, Celia, ¿tú crees que era el asesino?

No lo sé, Francisca.

Eh, sí, con el inspector Velasco, por favor. Es urgente.

-¿Operadora? Con el 1204, por favor.

Necesito 21 bobinas del número 30.

Y las necesito cuanto antes.

21 bobinas del número 30.

Sí, muchas gracias.

-¿Has pedido bobinas? -Sí.

-Vengo el almacén y tenemos de sobra.

-Un pedido de última hora que me ha hecho un cliente.

-¿Qué cliente, si se puede saber? Solo trabajamos con alemanes.

¿Me puedes explicar qué está pasando?

-Han sido las costureras de la fiesta de la vendimia.

Necesitaban bobinas y, como a través de la fábrica

les sale más barato, pues no me pude negar.

Siempre han sido muy buenas clientas.

-Está bien, si quieres hacerles ese favor, adelante.

Yo quería enseñarte la propuesta de contrato

que nos han enviado los dueños del hotel con los viñedos.

-¿Ya la tienes? -Sí, la tengo, la he leído

y está tal y como hablamos.

Ahora tengo que centrarme en la venta de la fábrica

que, por cierto, puede que tengamos dos o tres compradores.

-Me va a resultar muy difícil desprenderme de la fábrica.

-El que se desprende de la fábrica soy yo, tú eres la directora.

-Ya me entiendes. -Sí, te entiendo.

Y me temo que te estés arrepintiendo.

-No, no es eso, solo que...

Esta fábrica significa todo para mí.

Salvador, por favor, tenemos que buscar unos compradores

que sean gente del gremio, no nuevos ricos

que no saben dónde invertir su dinero.

-Sí, tú siempre tan sentimental.

-Sí.

Siempre me voy a acordar de esta fábrica

que tantas alegrías me ha dado. -Y disgustos, no te olvides.

-Al final uno siempre se queda con lo bueno.

(Llaman a la puerta)

-Eh, perdonen si interrumpo. -¿Sí, Benjamín?

-A mí nunca me ha gustado hacer caso a los rumores,

pero uno no puede dejar de escucharlos.

¿Es cierto que venden la fábrica?

-Parece que no puede haber secretos en esta fábrica.

-Eh, sí, Diana y yo vamos a vender la fábrica.

Queremos empezar una nueva vida lejos de aquí.

-¿Entonces los obreros tendrán que buscar trabajo

en otro sitio? -No, no se preocupe.

Solo se la venderemos a quien se comprometa

a mantenerla en activo y a los trabajadores en sus puestos.

-Me tranquiliza, aunque no entiendo

que se desprendan ustedes de la fábrica

con el empeño que ha puesto la familia Silva en ella.

-Diana y yo queremos ir al campo, necesitamos aire puro,

una vida más tranquila.

-Ustedes se van al campo

y los del campo se vienen a la ciudad.

Esto es de locos. (RÍEN)

-Ya ve.

A nosotros siempre nos gusta ir a contracorriente.

-Piense, quizá vio algún detalle del perseguidor

que nos pueda ayudar. Eh...

A ver, yo oí un ruido, como si una rama se partiese,

y me giré y sé que había alguien, pero es que no pude ver a nadie.

Seguramente siguió a Francisca hasta el parque,

pero al ver a Gabriel esperó hasta que ella estuviera sola.

-Celia, déjeme las conjeturas a mí.

Intento recavar información de la testigo.

-Lo siento, pero ella le dirá lo mismo.

-¿Qué me dice, señorita?

Bueno, todo fue muy rápido, pero Celia tiene razón.

No vi a nadie, pero estoy segura de que era un hombre.

¿Y qué pasó entonces?

Pues, entonces, yo empecé a andar y... y él me siguió.

¿Se volvió? No me volví, estaba asustada.

Solo quería salir del parque cuanto antes.

Seguro que el asesino conoce las costumbres de Francisca.

-Asustándola no la va a ayudar. -Es por ayudar.

Si él sabía que se iba a encontrar con Gabriel,

eso acota a los sospechosos.

Bueno, en eso tienes razón. Piensa, ¿a quién se lo contaste?

A nadie. No respondas tan rápido

y piensa un poco más. Seguramente se lo dijiste a alguien

o lo contaste en un lugar público. No, soy muy cuidadosa con ese tema.

Presionando a su hermana no va a conseguir nada.

Voy a pedir que rastreen la zona del parque

para encontrar a posibles testigos.

Eso sí, no vuelva a ese parque, ni sola ni acompañada.

Y háganme el favor de extremar las medidas de precaución.

Las dos. -Lo haremos.

-Las iré informando.

-Ese asesino tiene los días contados.

¿Y eso por qué lo dices? Tengo una forma de acabar con él.

Bueno, tú y tus fantasías. No, hazme caso.

Esta vez funcionará.

-Yo no sé cómo pasó, pero pasó.

El caso es que Elisa me estaba mirando

con esos ojos enormes y diciéndome lo sola que se sentía.

Y yo intenté recordarle que no estaba sola,

que me tenía a mí, siempre me había tenido

porque la quiero mucho. Sí.

Pero de repente me fijé en esos labios.

Y, sin darte cuenta, acabaste encima de ellos.

Sí, no me pude contener. Soy un desastre.

No, Carlos, eres humano.

Además, Elisa siempre se sale con la suya,

algo bastante común en las hermanas Silva,

y con Elisa más. Al ser la más pequeña,

es la más consentida. Siempre me ha atraído,

desde que somos unos críos,

porque yo a su lado siempre me siento bien,

nos entendemos casi sin hablar, nos reímos de lo mismo...

Pero de ahí a engañar a Sofía... Carlos, fue un beso.

No le des más importancia. Quien da un beso

fuera del matrimonio es capaz de dar dos.

¿Quiere besarla otra vez? No.

¿Entonces? No, no, no, no, no.

No quise darle el primero ni quiero darle otro.

Pero no sé qué pasará la próxima vez que la vea

y me ponga esa cara que pone.

Carlos, me da la sensación de que para Elisa eres un capricho.

Cuando encuentre uno más a mano, te cambiará por él.

¿Tú crees? No sé, eso puede pasar con un conocido, con alguien que...

No sé, que conozca en un baile...

¿Pero con un amigo de toda la vida? Tú estás enamorado de Sofía, ¿no?

Claro, ni se me ha pasado por la cabeza engañarla.

Entonces esta conversación no tiene ninguna importancia.

No la vas a engañar. No, no, no, que yo soy inocente,

Cristóbal, lo juro.

O es creo.

-La necesito para una blusa, pero no una blusa cualquiera.

Es para una ocasión especial. -Ah, entonces sin duda la muselina.

Es una tela vaporosa, suave y ligera.

-Sí, es ligera.

Demasiado quizá. -Para una blusa que va pegada

al cuerpo es una cualidad que apreciará, hágame caso.

-Creo que me decanto por el lino. -¿El lino?

¿Para una ocasión especial?

Para un gran acontecimiento lo mejor es la muselina.

-Un gran acontecimiento pero sin dejar de ser yo misma.

-¿Y cómo es usted?

-Presumo de ser seria y serena,

sin solemnidad.

Son cualidades que aprecio mucho en las personas

y he tratado de conducirme por ese camino.

-Ajá. Se puede ser seria sin ser austera.

-¿El lino le parece austero?

-Demasiado.

Y, si lo que quiere usted es deslumbrar

necesitará una muselina, créame.

Yo de telas entiendo bastante. -También el oro falso deslumbra.

-Solo a quien no sepa distinguirlo, pero estamos hablando de telas.

-Da igual. La ostentación me parece vulgar.

-Entonces lo que usted está buscando

es una tela para andar por casa.

Si es así, la elección del lino es perfecta.

-Donde estén los materiales sobrios y naturales,

que se quiten las sofisticaciones impostadas.

El lino mantiene su personalidad sin doblegarse.

-Sí, sí, sin doblegarse,

porque arrugarse se arruga muchísimo.

-Lo sé. Y sus arrugas me parecen una de sus mejores cualidades.

Denotan autenticidad,

larga vida y confort. (SUSPIRA)

No voy a discutir con usted, es la clienta.

Ya sabe lo que dicen: Las clientas siempre tienen razón,

aunque no la lleven. Lino entonces.

-Me llama la atención lo que se esfuerza

en llevar la contraria a quien le pagará.

-¿Llevarle la contraria?

Lo que hago es darle mi consejo de experta.

Quiero lo mejor para usted. -¡Hola!

-¿Qué le pasa?

-Eso, Bernardo, ¿qué te pasa?

-¿Se conocen?

-Purificación, ¿qué estás haciendo aquí?

-¿Purificación?

¿Tu mujer?

-Ya veo que se tratan de tú.

-Pues así está el panorama. Ya.

¡Hola! ¿Habéis visto a Blanca en el periódico?

Mirad. Veníamos comentándolo Inés y yo.

¿Qué? Está preciosa, ¿eh?

Además, dama de la reina. -Bueno, lo comentaba ella,

yo solo escuchaba. -Ay, Inés, qué cosas tienes.

Lo cierto es que hoy no he leído la prensa.

Llevo todo el día encerrado en el hospital.

Pues a mí me parece que aquí Blanca está muy elegante.

Yo no entiendo mucho de estas cosas,

pero parece sacada de un cuadro de Goya.

Lo cierto es que mi cuñada siempre ha llamado la atención

por donde quiera que fuera. Ah...

-Tú, Inés, ¿no dices nada?

¿No te parece que Blanca está muy guapa y refinada?

-Las noticias de palacio nunca me han interesado mucho.

Creo que como a la mayoría de españoles.

-Pues yo creo que ahí te equivocas.

A todos les interesa saber qué hace nuestros nobles y reyes.

-Menos unas pocas familias, entre las que están las nuestras,

el resto son personas analfabetas o con pocos estudios

que tienen que trabajar duro para comer.

Como comprenderás, lo que haga el rey o la reina les da igual.

-Ay, Inés, ¿siempre tienes que ser tan aguafiestas?

¿No te cansas de tus teorías y tus libros? Son tristísimos.

-Sofía, la realidad es la que es tristísima.

Y, precisamente, las personas como nosotros

son los que tienen la responsabilidad de cambiarla.

¿Es uno de los libros en los que se inspira?

Uno de tantos. La verdad está en los libros, Sr. Loygorri.

-Pues si está en los libros de derecho no es que sea triste,

es que es aburridísima.

"La filosofía de la miseria".

Eh, no... No conozco al autor.

¿Y de qué trata? Léalo y lo sabrá.

Hay cosas que es mejor vivir a escucharlas.

Lo haré encantado.

Y, ahora, si me disculpan, el trabajo me reclama.

Un placer. Adiós.

-Hasta luego.

Sofía, dime una cosa:

¿Qué relación tienen Cristóbal y Blanca?

-¿Te has dado cuenta?

¿Cómo es posible? -No sé, creo que se le nota.

-Pues sí, verás... -Sofía, Sofía, es un secreto.

-Podéis confiar en mí. -Ajá.

Blanca está casada con el hermano de Cristóbal,

don Rodolfo Loygorri, el político. -Lo sé.

-Pero está enamorada de Cristóbal, su cuñado.

-Que es un buen hombre y para nada lo ha buscado, ¿eh?

-Entonces, Blanca está enamorada de Cristóbal.

¿Y él de ella? -¿Y él? Él también.

-Ajá. -Es una larga historia,

pero son pareja en secreto.

Viven juntos y todo.

-Hay que reconocer que la dichosa fotografía de Blanca

ha tenido más repercusión que cualquier otra noticia de hoy.

Y eso que siguen llegando noticias de la guerra.

-Bueno, todo el mérito es del fotógrafo,

y de ella en todo caso. -Tú la metiste en un buen lío.

-¿Yo? ¿Cómo yo? ¿Por qué? -La conectaste con la reina,

no te hagas ahora el ingenuo.

Además, el pie de foto no es nada inocente.

(LEE) La mujer del político germanófilo.

-Bueno, ya sabemos que los periodistas

siempre buscan carnaza y, a lo mejor,

sin querer les he alimentado un poco.

-Conociendo a doña Dolores, no sé cómo se lo habrá tomado.

-No hay que darle tanta importancia,

Blanca estuvo profesional al lado de su majestad.

De hecho, la reina en varias ocasiones

me ha felicitado por haber conseguido sus servicios.

-Solo te pido un favor, Emilio:

No le crees a Blanca más problemas de los que ya tiene.

-Salvador, ¿nos vamos a pasar la tarde charlando

sobre su majestad, doña Blanca...? ¿Somos dos vecinas en el patio?

Tenemos temas bastante más importantes de los que hablar,

por ejemplo nuestra próxima reunión masónica.

-¿Ya es? -Dentro de unos días.

Me gustaría poder contar con tu presencia

para darle la bienvenida como nuevo miembro.

-Eh, no es que la idea no me atraiga, pero...

-Le he hablado de ti al gran maestro,

le he contado tu trayectoria personal y profesional.

-Pues espero que le hayas mentido un poco

porque, si no, no sé si echarme a temblar.

-Tu último año es ejemplar,

por no decir que no hay historia que guste más

que la de un pecador arrepentido, también es mi historia.

-Pues, si es así les voy a encantar.

-Va a haber gente importante que te puede ayudar mucho.

-¿Gente importante? -Ajá.

-¿Y dónde está la línea que separa la gente importante de la normal?

-El filósofo, ¿eh? Te has levantado filósofo hoy.

-Estaba pensando en voz alta.

Aun así, siento decirte

que no voy a poder aceptar tu invitación.

-¿Por qué no?

-Diana y yo tenemos pensando empezar una nueva vida.

-Las vidas no se empiezan. -Sí.

Claro que sí.

Vamos a comprar un hotelito con unos viñedos.

Estamos pensando en trasladarnos al campo.

-Acabáramos. Pensaba que hablabas en serio.

-Hablo en serio. -¿Qué vas a hace tú en el campo,

rodeado de gallinas y boñigas de vaca, hombre?

-Tú ríete, pero ya verás cómo lo hacemos.

He estado hablando con Diana durante horas

y Tejidos Silva ya no nos satisface.

Además, quería pedirte un favor.

Tú que conoces a gente importante,

me gustaría que me ayudaras a la hora de vender la fábrica.

-Si lo que pretendes, es que nos separemos

justo ahora que nos acabamos de encontrar, no cuentes conmigo.

No, no, no. -Emilio, hablo en serio.

-De acuerdo. ¿Qué quieres?

-Que me ayudes a la hora de encontrar un comprador.

Diana solo exige que el comprador

haya trabajado en el mundo de las telas.

Que le guste el negocio

y que, sobre todo, mantenga a la plantilla.

-Se sabe que los ingleses buscan invertir

en países neutrales y, para ellos, España sería buena opción.

Seguro que hay alguno que le interesan

vuestras condiciones. -Nos obligaría a romper

el acuerdo con los alemanes.

-Por eso, no te preocupes.

Ellos vendrán con su propio contrato.

De otra cosa, no sabrán. Pero son un pueblo de comerciantes.

Y si quieres, puedo hablar con la reina para que nos ayude.

Si no te parece mal. -No, no.

Cualquier cosa, con tal de hacer realidad

mis sueños y los de Diana.

-¿Estás seguro de que son los mismos sueños?

Lo malo, era que no podíamos salir mucho.

Sabes cómo es la tía. Decía que la niña

se tenía que quedar por si cogía la tisis.

Con el calor que hacía en Toledo.

Qué exagerada. Pero Eugenia y yo

nos escapábamos en cuanto iba a misa.

Íbamos al campo y nos sentábamos entre pinos.

Cuando oscurecía, volvíamos antes de que llegara ella.

Me hubiera gustado estar ahí.

Solo faltabas tú para que fuera perfecto.

La niña crece a una velocidad que da miedo.

Y yo quiero que estés a su lado y no te pierdas nada.

La echo mucho de menos.

No estuvo mal estar en Toledo.

Pero, a veces, me sentía que estaba en una jaula.

Lo bueno es que la tía se ocupada de la niña por las mañanas

y eso me permitía descansar.

Me alegro de que hayas descansado.

¿Qué ocurre? Espera. Te ayudo a incorporarte.

Espera. Espera. Sí, por favor.

¿Respiras mejor así? (GIME)

¿Qué ocurre? ¿No estás bien?

¿Qué? Me... Me duele el pecho.

¿Te duele? Espera, que aviso a alguien. Espera un momento.

¡Por favor! ¡Marina, por favor!

Ya vienen, Germán. Espera un momento.

¿Qué ocurre? No sé. Le duele mucho el pecho.

Tranquilo, ya estoy aquí. ¿Dónde le duele?

En el pecho. Eso es normal.

¿Cómo va a ser normal que le duela el pecho

de repente? A veces, ocurre.

Lo mejor es que descanse.

¿Cómo va a descansar, si se muere de dolor?

¿No vas a hacer nada más? No puedo hacer mucho más ahora.

Un médico. Ahora están todos ocupados.

Pues no sé. Dale algo para el dolor mientras esperamos.

Mira cómo está. No puedo suministrarle

ningún medicamento no pautado. Entiéndelo.

Pero, Marina... Marina, por favor, dale algo.

Adela, no puedo jugarme mi puesto de trabajo.

¿Pero cómo se puede ser así? ¿Cómo se puede ser tan cruel?

¿No lo ves cómo está? ¿Eso lo dices tú, una Silva?

Ah, que es eso. Me estás haciendo pagar a mí

tus problemas con Blanca. ¿Es eso?

Le estoy tratando como un paciente más.

No lo creo. Si fuera uno más, le darías algo para el dolor.

Eso es lo que tienes que hacer.

¡Marina, por favor!

Germán. Germán, no te preocupes. Tú respira.

Voy a buscar a un médico. ¡Dios!

(TOCA EL PIANO)

Vaya. No esperaba esta visita. Pero me alegro de verte.

Venía a decirte que conozco lo de tu relación con Beatriz

y que no me importa.

Eh... ¿Mi relación?

¿Qué relación? Ay, perdona.

Me olvidaba que hablaba con un mentiroso.

Espera.

¿No quieres que hablemos?

Entonces, ¿es cierto?

¿Y de qué quieres hablar?

¿De lo rápido que te has liado con tu secretaria

como un vulgar hombre de la calle? ¿Eh?

Te tenía por un ser sensible, un artista que me amaba

y jamás me mentiría. Tú, en cambio, me has tratado

con un respeto absoluto, ¿no?

Tú me has tratado peor que a un perro con sarna.

Así que, ¿a qué vienen ahora todos esos miramientos?

¿A qué vienen esos escrúpulos?

Tú no me has mostrado el más mínimo respeto.

Así que no vengas ahora haciéndote la víctima.

Pues claro que soy una víctima, pero no por este engaño.

Porque me obligaste a casarme contigo.

Oh, pobrecita. Pobre Francisca Silva.

Como si yo fuera una enfermedad. Eres peor que eso.

Y ahora, ¿quieres echarme en cara que yo te engañe?

¿Qué fue lo que hiciste tú con Gabriel?

Yo estaba enamorada. Pero yo sigo enamorado de ti.

Y eres mi esposa. Y vamos a tener un hijo.

Y te aseguro que Beatriz no significa nada para mí.

Entonces, no entiendo qué haces con ella.

Escúchame bien. Si tú quisieras,

si tú quisieras, la dejaría ahora mismo

y jamás volvería a verla.

Es que no quiero. Ah.

¿Y eso por qué?

¿No te importa nuestro hijo?

¿Qué clase de vida quieres para él?

Una contigo, te aseguro que no.

Cuidado, Francisca. Mucho cuidado, eh.

Porque soy su padre.

Y tú eres mi esposa.

Y jamás dejaré que te lo lleves.

Así que lo mejor será que solucionemos esto por su bien.

Para que podamos darle una vida estable

y feliz. Feliz...

Sí, feliz. Podemos ser felices juntos, Francisca.

Junto a nuestro hijo.

Y recorrer Europa de concierto en concierto.

Olvídate de Gabriel y yo me olvidaré de Beatriz.

Será como si nunca hubieran existido.

Solos tú, la música, nuestro hijo

y yo.

Pero para eso, tendrás que darme

lo que yo tuve que tomar por la fuerza.

No se puede forzar el amor. Te aseguro que no fuerzo nada.

Porque yo te amo. Yo sigo enamorado de ti.

Beatriz es una sustituta que me da

lo que tú te empeñas en negarme.

Y mientras sigas negándomelo, recurriré a ella.

Eres despreciable. Pues haz que esto cambie,

porque te guste o no, eres mi esposa y está en tu mano.

Eres la madre de mi hijo.

Y cuando tú quieras, podrás ocupar el lugar de Beatriz.

Pero mientras tanto, no me pidas

que prescinda de su compañía.

No lo voy a hacer.

Jamás te voy a abandonar, Francisca.

Y no permitiré que tú lo hagas.

Hola, Elisa. Siento haberme presentado a estas horas,

pero no podía dormirme sin hablar contigo.

-Este es mi poeta favorito. Y este libro me lo dedicaste tú.

-Sí, me acuerdo. Éramos unos niños.

-Bueno, no tan niños, Carlos.

Yo recuerdo que entendía perfectamente las rimas de amor.

Mira. Siéntate.

(LEE) Para Elisa, la más guapa de las Silva, de Carlos. Mira.

Qué bonito, ¿verdad? -Sí. Muy bonito.

-¿De verdad piensas que soy

la más guapa de las Silva? -Bueno...

-Bueno, ya sé que te da vergüenza que te lo pregunte de sopetón.

-¿Tus hermanas se enfadarán por venir a estas horas?

-Ay, Carlos. Si fueras un desconocido...

Eres como de la familia. -Ya.

Aun así, no quisiera causarte un problema.

-Escucha.

(LEE) Dos rojas lenguas de fuego que a un mismo tronco enlazadas

se aproximan. Y al besarse...

-Elisa, por favor, para.

De eso mismo quería hablarte.

-¿De poesía? -No, de besos.

-Ah.

Ya lo entiendo, Carlos. Mira.

Somos amigos de toda la vida y es normal

que en nuestro camino se cruzaran nuestros sentimientos.

-Y te confieso que fue un error.

Eso nunca debió haber ocurrido, Elisa.

-¿Un error? -Sí. Porque yo soy

un hombre casado y yo amo a mi esposa

y por nada en el mundo, haría daño a Sofía.

-Carlos, ¿pero por quién me has tomado?

-¿Cómo dices? -Parece mentira

que te pensaras que iba a hacer algo que dañara

o molestara a Sofía, que es mi mejor amiga.

-Ah, pues me alegra oírlo. -Claro.

Y si te besé, fue para no herirte.

A fin de cuentas, eres mi amigo y te aprecio.

-O sea, ¿que tú te besas así con todos tus amigos?

-Con todos no. Contigo. Y solo una vez.

Mira, Carlos. Tienes que entenderlo.

Dabas muchísima pena. -Lo que me faltaba por oír,

que alguien dijese que doy pena. -Pues la dabas.

Con esa carita de niño bueno, esos ojitos, esa boca.

-Elisa, ¿te estás burlando de mí? -No.

Solo estoy diciendo que eres mi mejor amigo

y no quería herirte.

-O sea, que no estás ni enfadada ni confusa.

-¿Por un beso de un amigos, Carlos?

Anda, ve a tu casa y descansa,

porque yo sigo siendo tu amiga.

Tu Elisa. -Muy bien.

Pues muchas gracias. Me alegro de haber aclarado

las cosas. -Claro.

-Buenas noches.

(SUSPIRA)

¿No podemos esperar a mañana?

De verdad, me gustaría estar en casa con Cristóbal.

Será solo un momento. Eso espero.

Blanca, llevo todo el día esperando a que me des

una explicación por la fotografía en el periódico.

¿Que yo te dé una explicación a ti?

Sí, tú. A mí, a tu marido.

¿Por qué me pones en evidencia, cuando te pedí

explícitamente que no fueras?

La reina me pidió explícitamente que fuese.

Lo siento, pero a una reina no se le cuestiona si ir o no ir.

¿Y cómo demonios defenderé yo en el Parlamento

que nos aliemos con los alemanes, si mi esposa

se deja fotografiar con sus enemigos?

Por el amor de Dios, que quedaré como imbécil.

Mira. Lo siento, pero tu vida y la mía

van por caminos muy diferentes. No para el resto de las personas.

¿O tengo que recordarte que para todo el mundo,

tú y yo seguimos casados? ¿Y yo tengo que recordarte

que te pedí la nulidad y sigo esperando?

Ya viste que fue imposible dártela.

¿Y por qué tienes ahora esa manía con los alemanes?

¿No puede ser que tú pienses una cosa y yo otra?

¿O que tus obligaciones te lleven por un camino

muy distinto al mío? Mira, Blanca. Escúchame.

Yo podría llegar a entenderlo, de verdad.

Incluso, algunos miembros de mi partido

podrían llegar a entenderlo. Pero no mis socios alemanes.

¿Pero de qué socios estás hablando?

Ahí está el problema, Blanca.

Gracias a ellos, pudimos regresar desde Suiza.

Y evitar la cárcel. Estamos en deuda con ellos.

Y esa gente no se anda con bromas. Y eso también te afecta a ti.

¿A mí?

¿En qué me afecta a mí?

Mira.

Si esa gente nos retira su apoyo

o van contra nosotros, tendríamos que abandonar España.

Y tú también. Porque tú eres mi esposa

y aquí correrías peligro.

¿Eso es lo que quieres, Blanca? ¿Correr peligro?

Mira. Esta casa, mi apellido,

mi dinero,

todo lo que ves, es una jaula de oro.

De oro, sí, pero una jaula, al fin y al cabo.

Y tú estás tan atrapada en esa jaula como lo estoy yo.

(SUSPIRA)

¿Seguro que no quiere que me quede a acompañarla?

-De verdad que no. Voy a terminar unas cuentas

y necesito concentración. -¿Sigue con la idea

de vender la fábrica? -Benjamín.

Me va a preguntar lo mismo 100 veces

y 100 veces le daré la misma respuesta.

Sí. Vamos a vender. -No me hago a la idea

de ver la fábrica en otras manos. -Seguro que los futuros dueños

cuidan de la fábrica igual o mejor que nosotros.

Tiene que confiar. -¿Y usted? ¿Será feliz?

-Sí. Seguro que el negocio de los vinos se me dará muy bien.

-Seguro. Estoy convencido de ello.

Usted ha nacido para los negocios. -Sí.

Venga, márchese, que se le va a hacer tarde.

-Si no quiere nada más...

-Buenas noches. -Buenas noches.

-"Good evening".

¿Por qué quería verme?

Pensé que ya nos había dejado. -Y lo he hecho.

Pero los alemanes han pedido una cantidad exagerada de cloro.

Y aunque se utiliza para blanquear y para los tintes,

puede ser que haya algo más detrás.

Es una sustancia muy venenosa.

Mi cuñado se ha intoxicado con ella.

-Solo se me ocurre que los alemanes

haya decidido usar armas químicas.

-Entonces, ¿pueden utilizar la fábrica para conseguir cloro?

-Sí. La suya y otras.

Es una estupenda tapadera,

al ser un producto usado en la industria textil.

-Entonces, es verdad.

Utilizan la fábrica para importar ese gas venenoso.

-Sí. Y las posibilidades de que se produzca

un ataque químico, son elevadas.

Informaré a mis superiores franceses e ingleses

para que estén atentos. Gracias por su colaboración.

-Si puedo salvar alguna vida.

-Es importante que no se le escape ningún detalle.

-Me está tratando como si volviese a colaborar con usted.

-Es lo que acaba de hacer. -No he hecho nada.

Solo decirle lo que he visto.

-En secreto y sin que nadie lo sepa.

El trabajo de una espía perfecta.

Siga así. -Me figuro que habrá que impedir

que los alemanes consigan ese cloro.

-No se apresure.

-¿Pero cómo que no? ¿Pretende hacerles llegar

ese arma mortífera? -De momento,

tenga calma y paciencia. -¿Calma y paciencia?

-Sí. -¿Pero no va a impedir

que reciban ese envío? -Quizás, sí.

Pero no quiero que los alemanes sospechen

que la directora de esta fábrica es una espía británica.

-Ah, no. Yo ya no soy una espía.

-Pues para no ser espía, está usted espiando muy bien.

Seguiremos en contacto.

En el Teatro Real, van a representar

"El anillo de los nibelungos". Como comprenderás,

van a asistir carlistas, católicos y germanófilos.

Es lógico. Para mostrar su apoyo

para la causa alemana. Rodolfo y yo tenemos que ir

para mostrar nuestro apoyo también.

Y creo que tú deberías acompañarnos.

Mi suegra insiste en que vaya a "El oro del Ring"

y al ágape que se realizará después.

"El oro del Ring". Es una ópera sensacional.

Se la recomiendo. Obviamente, para otra ocasión.

Espero que haya encontrado una buena excusa para no ir.

Me temo que me resultará muy difícil no acudir.

Carlos y yo vamos a hacer negocios con los alemanes.

Sería muy útil que acudierais para mostrar vuestro apoyo.

-Pues sí. Será un placer. -A mí me encanta la ópera.

Bueno, ya que vamos nosotros y usted también,

¿por qué no invitamos a Elisa?

-Carlos es un cretino y un egoísta.

-¿Verdad? Es como si de repente, de la noche a la mañana,

no quisiera que estuvieras con nosotros.

Como si te hubiera cogido manía por algo.

Porque no ha pasado nada entre vosotros, ¿no?

Quizás, quieras seguir ingresado para no ayudarme

con el bautizo de Eugenia. No digas eso.

Ahora que podemos permitirnos hacer un poco de gasto.

Es nuestra primera hija. Adela.

¿Qué? Tengo que contarte algo.

-Purificación, ¿qué haces aquí? -Si vengo a la fábrica,

no es porque te tenga aprecio a ti.

Sino porque te necesito. -Vaya.

No te preocupes, el cariño es mutuo.

Si has venido a ver a Bernardo, ya no trabaja aquí.

-No vengo buscando a Bernardo. Quería hablar contigo.

-¿No le parece un tanto atrevida su carta abierta al asesino?

-Solo digo lo que pienso.

Ha llegado a mis oídos que tuviste

un comportamiento lamentable con Germán.

¿Yo? No te hagas la indigna.

Adela me lo ha contado todo.

Que no quisiste atenderle, que te negaste

a suministrarle un calmante.

Te he citado, no solo para reprocharte

tu mal comportamiento, sino para decirte

que, a partir de ahora, dejarás de atenderle.

Hace un rato, llamó doña Diana para decir

que hoy no vendría a trabajar. -Eso es raro.

Esta mañana se encontraba bien. -No me dio ninguna explicación.

Solo dijo que no vendría. -Le dejaré a cargo.

Me voy a ausentar un momento. -Como usted diga.

-Su posición como directora de una fábrica

que trabaja con los alemanes, es extraordinaria.

Si la vende y se va a este hotel, todos nuestros esfuerzos

no habrán servido para nada.

-No es justo que me trates así.

No, después de cómo me porto contigo.

Yo sigo siendo obediente y leal.

De hecho, Francisca me preguntó si había algo entre nosotros

y le dije que no. Pero si me sigues tratando así,

tendré que decirle la verdad.

-Ahora, incluso, pones a tus hermanas por delante de mí.

No es solo por mis hermanas.

Ni siquiera por mi carrera musical, que se iría al traste.

También es por mi hijo.

No quiero que se pase su infancia recluido,

huyendo y con miedo a decir el nombre de su madre.

Lo cual, nos deja solo una solución.

¿Qué solución? Hay que matar a tu marido.

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  • Capítulo 286

Seis Hermanas - Capítulo 286

13 jun 2016

Francisca discute con Gabriel, se enfrenta con Luís y es seguida por un desconocido. Blanca y Rodolfo chocan por sus posiciones frente a las potencias en guerra. Adela regresa para cuidar de Germán, que tiene un roce con Marina.Carlos intenta evitar a Elisa.

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  1. María

    Germán ya es exasperante. El día que llueva sopa él tendrá un tenedor. María en el Puerto de Santa María de los Buenois Aires.

    07 sep 2016
  2. KRLA

    Es imposible ver los capítulos. Se corta a cada momento. Es desesperante!!

    13 jul 2016
  3. Abedul

    No logro ver los capitulos

    20 jun 2016
  4. Susana

    susana Porque no puedo ver los capítulos, se cortan continuamente.Por favor, los veo online y ls sigo desde el principio. Gracias

    15 jun 2016
  5. ana

    Fabulosa. Fantástica serie. Me lo paso genial.

    13 jun 2016
  6. ana

    Fabulosa. Interesante. Divertida. Me lo paso genial a diario. Fantástica serie.

    13 jun 2016