www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.12.2/js
3626182
No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 281 - ver ahora
Transcripción completa

No quiero volver a saber nada más de ustedes.

¿Qué quiere decir eso?

Que nuestra colaboración termina aquí mismo.

¿Fabricar armas de gas?

Granadas, bombas de fragmentación

y cilindros que liberan gas.

No estoy interesado en fabricar ese tipo de armas.

Si no lo fabricamos nosotros alguien más lo hará.

Pues allá con su conciencia, yo he de velar por la mía.

Buenos días, don Ricardo.

¿Ha pasado algo con mi hermano que yo deba saber?

Que ayer cuando salió casi le atropella un coche.

Hubiera sido mejor que ese coche me atropellara.

¿Pero qué dices? -¡Tendría que haber muerto!

Ay, perdóname.

Perdóname, no quería hacerlo.

Tenemos que llamar a Francisca para que vuelva.

Estoy de acuerdo, hay que llamar a Francisca.

Pero no sé si está más segura en Roma.

La guerra ha estallado en Europa.

¿Me va a entregar cuando me haya recuperado?

De eso no tenga la menor duda.

Quizás hubiera sido mejor que me hubiera dejado morir.

Yo le di mi palabra de curarla y es lo que estoy haciendo.

En el atentado no...

no sólo resultasteis heridos Rodolfo y tú.

¿Quién más?

Miguel.

Él consiguió que la bomba hiciese mucho menos daño

del que podría haber hecho. Lo pagó con su vida.

Yo quería pedirte que...

que me prestes dinero para recuperar el Ambigú.

Ese lugar es todo lo que somos.

Me gustaría que volvieras a casa.

¿Qué te parece?

A mí me parece bien.

La época en la que Francisca cantaba en el Ambigú

había un perturbado que la acosaba.

Lo recuerdo perfectamente.

¿Y crees que podría ser el asesino del Talión?

Si ese hombre acosó a Francisca es porque yo le pagué.

¿Y por qué hiciste eso? -Por amor.

He descubierto que su hermana Francisca tenía una relación

con uno de los trabajadores de Tejidos Silva.

¿Por qué me lo ha ocultado?

Me parece imposible que Gabriel pueda...

Su hermana lo dejó para casarse con el actual marido.

Sí. -¿No se da cuenta de que eso

nos proporciona un móvil clarísimo?

Te quiero como el primer día.

¡La primera batalla!

¡Alemania no respeta la neutralidad belga

y ataca Lieja!

¡Extra, extra!

¡Inglaterra declara la guerra a Alemania!

¡Extra, extra! ¡Lieja en llamas!

¡Inglaterra en armas!

¿Qué hará España?

Buenos días, don Emilio.

Doña Blanca, buenos días.

Siéntese, por favor. -Gracias.

Lamento mucho no haberla podido visitar

pero desde que empezó la guerra en palacio no paramos.

Y ya no digamos desde que Inglaterra

también ha entrado en el conflicto.

Bueno, no quiero abrumarla con los temas de la corte.

¿Cómo se encuentra su marido?

Pues afortunadamente más repuesto, sí.

Pero está desanimado.

No es fácil seguir con tu vida después de sufrir un atentado.

La policía está haciendo todo lo posible

por dar caza a los responsables.

Me alegra mucho oír eso.

¿Su hermana se encuentra bien?

Sí, ya le han dado el alta por fin.

Al final no ha sido nada.

Pero ella y su marido están muy afectados.

Miguel, un obrero de la fábrica ha muerto.

Y era un buen amigo de la familia.

Vaya, cuánto lo siento.

Y a mi suegra ya la conoce, hace suyo los males ajenos.

Lo que sea con tal de ser el centro de atención, ¿eh?

Sí, lo cierto es que sufre del corazón y por eso me pide

que la disculpe, necesita reposo.

Sí, no pasa nada. De hecho nos vendrá bien

porque venía a hablar con usted.

Tengo un mensaje de la reina.

Pues usted dirá.

Con todo lo que está pasando

no quiere quedarse de brazos cruzados.

Lo comprendo.

De hecho eso es lo que les gustaría

tanto al presidente Dato como a doña M Cristina,

que no hiciese nada, que se quedase quieta.

Pero me temo que eso no va a ser posible.

¿Y qué es lo que quiere hacer exactamente su majestad?

Pues en primer lugar quiere organizar una serie de actos

para concienciar a la población sobre lo que está sucediendo.

Perdóneme, don Emilio, la población ya está

bastante concienciada, ¿no cree?

No sé si es buena idea insistir más en ello.

Su majestad sí lo considera necesario.

No quiere que vivamos de espaldas a Europa

como hasta ahora.

Y por otro lado enseguida aparecerán

los primeros heridos, desaparecidos...

con lo que habrá que organizar la ayuda humanitaria

para los países vecinos afectados.

Eso no sería mantenerse muy neutral ante el conflicto.

Neutral con una reina escocesa...

¿Me está diciendo que vamos a entrar en guerra?

Mi hermana Francisca está en Italia.

No me malinterprete, no.

Esperemos que el presidente sepa mantener

la neutralidad de España.

Y aunque el corazón de la Reina esté con los suyos

su idea es asistir a ambos bandos del conflicto.

Le gustaría que usted pudiera organizar con ella

la ayuda humanitaria internacional.

Pues eso sería muy halagador.

¿Eso es un sí?

¿Estaría muy expuesta?

Sería una figura pública, sí.

Es que después del atentado Rodolfo no quiere

que hagamos muchas apariciones

ni que llamemos mucho la atención.

Me temo que el clima internacional

no les acompaña en eso.

Es que no sé qué hacer, de verdad.

El mismo dilema que su majestad:

su corazón o su deber.

Ella ya ha hecho su elección.

Le toca a usted.

Tengo buenas noticias.

Hemos reorganizado las tareas y los turnos

y podemosganar tiempo.

¿Podremos entregar las telas en el plazo acordado?

Incluso 2 ó 3 días antes.

Eso les va a gustar mucho a los alemanes.

Y a nosotros nos va a venir muy bien.

Ahora que están en guerra

tienen prisa por adquirir suministros.

Espero que la contienda

no impida que el material llegue a su destino.

Crucemos los dedos.

Quería hablar con usted y con Germán.

Por ahí baja. Ha llegado a primera hora.

Germán, ¿puedes venir un segundo?

Sí, he venido antes para ponerme al día

del trabajo del Bernardo. No me ha costado nada,

lo tiene todo muy bien organizado.

De eso mismo quería hablaros.

¿Del trabajo de Bernardo?

No, quería dejaros la fábrica en vuestras manos

durante unos días.

¿Pero por qué? ¿Pasa algo?

No, pero quiero llevarme

a Diana de aquí para que descanse.

Le vendrá bien alejarse de todo esto un poco.

Si se queda en Madrid será imposible retenerla

en casa para que descanse.

Por mí no se preocupe, mientras estén ausentes

la fábrica seguirá a pleno rendimiento.

Y yo te mantendré informado de todo lo que pasa.

No sabéis cuánto os lo agradezco.

Eso sí, os pido discreción porque Diana no sabe nada.

No diremos nada. Si no quieren nada de mí

tengo que revisar las pruebas de los nuevos tintes.

Salvador.

Perdona, quería hablar contigo.

¿Hay algo que te preocupe?

Sí, pero no tiene nada que ver con la fábrica.

Una de las personas que me dejó sus ahorros para invertir

fue Adolfina, y es mucho dinero.

¿Cuánto?

50.000 pesetas.

Y no sé cómo devolvérselo.

Lo siento, Germán, yo no puedo prestártelo.

No, si no te pedía prestado dinero.

Tú eres un hombre con recursos

y quizá se te ocurre alguna manera de recuperarlo.

Bueno, tu casa.

¿Está hipotecada?

No, la pagamos al contado con lo que Adela sacó

de la venta de la fábrica y lo que yo tenía de la tienda.

Eso te valdría para cubrir lo de Adolfina.

No te entiendo.

Hipoteca tu casa.

Está en una buena zona de Madrid.

Seguro que algún banco acepta.

¿Pero tú crees que con la situación

que hay en Europa algún banco se va a arriesgar?

¿Y si Adela se entera?

Adela está muy ocupada con la niña,

no va a preocuparse de las cuentas de la familia.

No sé, engañarla otra vez...

Con lo que ganas aquí tendrás suficiente para vivir

y pagar la hipoteca sin que Adela se entere.

Otra cosa no se me ocurre, lo siento.

Gracias.

(MUCHACHO) ¡La primera batalla!

¡Alemania no respeta

la neutralidad belga y ataca Lieja!

¡Extra, extra!

¡Inglaterra declara la guerra a Alemania!

¡Lieja en llamas!

Hola, hijo. -Hola, madre.

Siéntese. -Gracias.

Dígame, ¿quiere un café o prefiere un jerez?

Pues muy tarde para lo uno y muy pronto para lo otro.

Sólo quería hablar contigo un poco.

Sí. Dígame, ¿hay alguna novedad de padre?

Pues no. He hablado con él por teléfono

y parece que sigue mejor.

Ha pasado buena noche. -Me alegra oír eso.

Aunque va lento, hijo.

Los médicos están contentos con los avances.

Parece que las aguas de Busot están haciendo milagros en él.

Seguro que el aire fresco de allí le viene de maravilla.

Sí. Yo estaba pensando en intentar

que me dejen ir a hacerle una visita.

Y ya que salgo de Madrid acercarme a ver

a Adela y a la niña, que las echo de menos.

Es una buena idea. Además, si puedo organizarme

a lo mejor podríamos ir en su coche nuevo.

Ah, qué bien. Gracias.

¿Se encuentra bien? La noto algo nerviosa.

Pues mira, sí. Sigo pensando en lo que hablamos ayer.

Sigue dándole vueltas al tema de comprar el Ambigú.

Sí, ya sabes que a mí cuando se me mete una idea

en la cabeza, ahí está. -Sí, lo sé, lo sé.

Yo también estuve pensando en ello.

Ya sé que tú no quieres vernos trabajar

y que el Ambigú no te gusta.

Pero es que tu padre y yo es todo lo que sabemos hacer.

Y por extraño que te parezca a nosotros nos gusta.

El Ambigú nos ha dado muchos dolores de cabeza, sí.

Y sé que yo no paraba de quejarme todo el día.

Pero es que era toda nuestra vida.

Y yo echo de menos hablar con los clientes,

tener algo que hacer, tener algo de lo que quejarme.

Sí, lo sé, madre. Y entiendo que el Ambigú

sea tan importante para ustedes.

Sólo quiero que me entiendan ustedes a mí.

Ahora que soy conde mi único objetivo es poder darles

todas las facilidades para que tengan

una vida llena y feliz.

Ya, ya.

Ya.

Si su felicidad está en el Ambigú...

bueno, pues no habrá conde que se lo impida.

¿De verdad, hijo?

¡Ay, muchísimas gracias, hijo mío!

¡Ay, qué alegría!

¡Qué guapo eres y cuanto te quiero!

Madre, que estamos en la calle.

¡Y qué más me da a mí, si te quiero mucho!

Está bien, intentaré reunir todo el dinero para recomprar

el Ambigú lo antes posible. -Bien, bien.

Pero antes tendrá que convencer a los actuales propietarios.

Eso déjalo de mi cuenta.

Ah.

¿Cómo está tu madre?

Bueno, es importante que siga con sus medicamentos

y sobre todo con las tisanas, la he notado alterada.

Y eso podría afectarle al corazón.

Aunque quién sabe,

conociéndola podría ser puro teatro.

Con mi madre nunca se sabe.

No creo que esté fingiendo algo así.

Blanca, de ella no me sorprendería nada.

La conoces, es capaz de cualquier cosa.

¿Después de que su hijo sufriera un atentado?

Lo dudo. No tanto por él,

sino por nuestra reconciliación.

Me consta que no le ha gustado en absoluto.

No pienses mal que se te arruga la frente y pareces más viejo.

¿Tú sabes lo que me ha pedido ahora?

No. Que no te vayas.

Dice que te necesita a su lado,

que mi hermano te necesita para sus cuidados.

Eso es cierto. Ahora ya puedo hacérselos yo.

Y mi hermano sólo necesita reposo.

Pero ella insiste en que en que la cuides.

Como si en esta casa no hubiera servicio para hacerlo.

Porque se siente desvalida.

Blanca, ¿de verdad no te das cuenta de que lo hace

para intentar separarnos una vez más?

No la disgustemos más por si acaso.

Y yo le prepararé las tisanas. No. No, de eso ni hablar.

Esta vez no estoy dispuesto a ceder a sus caprichos.

Nos vamos a casa.

¿Ahora? Sí, ahora.

Estoy deseando retomar mi vida contigo,

nuestra vida normal.

¿Y cuándo hemos tenido tú y yo una vida normal?

Alguna vez.

¿Y no crees que ya va siendo hora de que la recuperemos?

Me da pena la pobre mujer.

Ha pasado por algo muy traumático,

ha estado a punto de perder a su hijo.

Eres demasiado buena.

Y los Loygorri no te merecemos.

Mira, esperaré a que se encuentren mejor

y luego volveré a casa. ¿Te parece?

Que eso no sea dentro de mucho tiempo, por favor.

Va a ser pronto, te lo aseguro.

¡Rosalía!

¿Por qué no me han despertado? Voy a llegar tardísimo.

¡Rosalía!

¿Dónde se habrá metido esa mujer?

¿Y estas maletas?

Ay... ¿Por qué están llenas?

¡Doña Rosalía!

¿No te dijo Cristóbal que no debías cargar peso?

¿Dónde estabas? -En la fábrica.

¿Ha pasado algo? ¿Por qué no me has esperado?

Veo que Rosalía me ha hecho caso

y ha preparado el equipaje.

¿Y para qué es este equipaje?

¿Alguien me quiere explicar qué está pasando aquí?

Ya que soy el único que está en el horizonte

te voy a contestar. -Pues ya estás tardando.

Nos esperan para dentro de tres horas.

¿Quiénes? ¿Y dónde?

¿Te has dado cuenta de lo preguntona

que te has levantado esta mañana?

Y tú estás dando muchos rodeos.

O me cuentas qué está pasando o...

Sólo cumplo órdenes del doctor Loygorri.

Vas a descansar a la fuerza.

Nos vamos de vacaciones.

¿Qué? -¿Otra pregunta?

Bueno, eso más bien era una exclamación.

¿Tú te has vuelto loco?

Ahí está la pregunta.

No podemos irnos, tenemos que estar pendientes

del pedido de la fábrica.

Germán y Benjamín se están ocupando.

Lo están haciendo de maravilla.

¿Y si ocurre algún problema? Que no podemos irnos.

Diana, no querrás contradecir al doctor.

Además, sufriste una seria herida

y un golpe en la cabeza en el atentado.

Te pongas como te pongas

no voy a dejar que vayas a la fábrica en unos días.

¿Y cuánto son unos días?

Los suficientes para que descanses

y no tantos para dejar que se hunda la fábrica.

¿Y habrá teléfono donde sea que vayamos?

Ya le he dado a Germán el teléfono

por si pasa cualquier cosa.

¿Y a dónde vamos, si se puede saber?

Prohibidas las preguntas. Desde este momento

sólo te queda disfrutar y relajarte.

Creo que tendrás que confiar un poquito en tu marido, ¿no?

Eso es lo que más me asusta de todo, sí.

¿Esto te asusta? -Sí.

Pues espera a ver...

(Claxon)

Ahí está nuestro coche.

Si me permite, señora de Montaner,

creo que el mozo se va a ocupar

de cargar todo este equipaje.

Estás fatal.

Adelante. -Vamos.

Le agradezco mucho que haya venido hasta aquí.

Cuando Celia me dijo que podía ser de ayuda para encontrar

al asesino del Talión no lo dudé.

Gracias, Gabriel.

Pero no veo cómo. Así que usted dirá.

Como sabrá por la prensa el asesino escoge a señoritas

de buena posición a las que envía por correo

una página arrancada de "La Biblia".

Sí, usar las sagradas escrituras para algo así es...

en fin, algo horrible.

"Pero si hay lesiones pagará vida por vida."

Supongo que así justifica ese asesino sus crímenes.

Una especie de venganza o justicia

a saber por qué agravio.

No deja de ser un uso perverso de la palabra de Dios.

Todas las Silva hemos recibido las páginas arrancadas.

Incluso Francisca.

¿Pero por qué nadie me había dicho nada?

Usted no es familia ni esposo de las amenazadas.

Mi tío está casado con una de las Silva

y yo siempre he mantenido

una estrecha relación con Francisca.

¿Por qué nadie me lo ha contado?

Ya había suficientes problemas a tu regreso

y no queríamos molestarte.

Pero ahora pensamos que puedes ayudar.

Ya sabes que haré lo que sea por Francisca.

Y por vosotras.

El asesino lleva tiempo sin actuar,

lo que nos hace sospechar

que estará preparando su próximo golpe.

Es el momento para tomarle ventaja.

Y tú conoces perfectamente el Ambigú,

donde Francisca trabajó por tanto tiempo.

¿Sospechan de alguien en concreto?

Estamos estudiando todas las posibilidades.

¿Sabe si hay alguien que se llevase mal con ella?

¿Alguien que le tuviera odio, envidia, un deseo enfermizo?

Bueno, había una muchacha,

una cantante que frecuentaba el Ambigú, "La Cachetera".

Francisca la ayudó mucho y ella sólo quería quitarle

su lugar en el escenario.

Sí, ya la hemos descartado después de que la policía

la interrogara en Sevilla. -Vaya.

Ahora vive ahí. -Se fue hace varios meses.

Mucho antes de los primeros crímenes.

Pues por aquel entonces

creo recordar que también hubo un tipo que la acosó

en un par de ocasiones, un espectador.

Sí, también lo hemos investigado.

Pues la verdad no se me ocurre nadie más.

Al menos alguien que tenga motivos suficientes

para querer matarla y ya de paso a vosotras.

¿Y usted, cómo ha vivido su rechazo?

A fin de cuentas Francisca se ha casado con otro.

¿Yo?

Así que de esto va el interrogatorio.

Sospechan de mí.

Ya le he dicho al inspector que tú nunca nos harías daño.

Y mucho menos a Francisca.

Tiene un buen historial de violencia.

Y regresó cuando comenzaron los primeros crímenes.

Verá, si he recorrido medio mundo

y me he jugado la vida

por encontrar y hacer esta fortuna

ha sido por amor a Francisca.

Porque aún sueño con recuperarla

y que por fin vivamos felices cuando ella vuelva de Roma.

Ese es el motor de mi vida.

Y créame si le digo que preferiría morir

antes que verla sufrir el más mínimo daño.

¿Le ha quedado claro?

Tomo buena nota de ello.

Bien. ¿Y cómo lleva Francisca todo esto?

No sabe nada.

¿Su vida corre peligro y nadie le ha dicho nada?

Está sola en Roma, por el amor de Dios.

Necesita protección.

El asesino nunca ha actuado fuera del centro de Madrid.

Aún así deberían prevenirla. -Decidimos no preocuparla.

Francisca está sola y embarazada,

ya tenía bastante.

Está bien, en ese caso alguien debería ir a buscarla.

Si me disculpan. -Gabriel.

De eso ya se está encargando Luis.

Le aseguro, señor conde, que está todo controlado.

¿Controlado?

Eso espero, porque si algo le ocurre a Francisca

le aseguro que le haré a usted responsable.

¿Cómo te encuentras?

Bien, bien.

Mucho mejor, gracias.

¿Molesto?

No, por favor,

como si estuvieras en tu casa. (RÍE)

Que también es la tuya.

Me temo que soy solo una invitada.

Te estaba esperando porque quería hablar contigo.

Sí, un momento.

Perdona, Blanca.

No me lo puedo creer.

¿Qué pasa?

El Partido Maurista, que anuncia que voy a presidir

la reunión anual de la Cámara de Comercio.

Mira, aquí.

Me tengo que enterar por la prensa, es increíble.

(LEE) La reunión anual tendrá lugar

en las instalaciones del Palacio de Velasco.

Y este año tendrá un cariz especial

dado el reciente estallido de la guerra en Europa.

Pero tú no eres miembro de la Cámara.

¿Por qué la vas a presidir? Parece obvio, ¿no?

Un atentado justo cuando estoy patrocinando

un acuerdo comercial entre Alemania y España.

Y herido, además. El héroe de la causa.

Me quieren utilizar, está claro.

¿Crees que lo harían? ¿Estos?

Vamos, no los conoces. Desde el atentado no paran

de felicitarme y de enviarme invitaciones

a todo tipo de eventos

para exhibirme como a un trofeo. Creí que no querías exponernos.

Y no quiero, Blanca, no quiero.

Pero a ellos les da igual.

Es más, si tuviera otro atentado, les vendría hasta mejor.

Un mártir del partido.

Pues, para mí, lo más importante es tu seguridad, Rodolfo.

Ya...

-¿Qué quieres?

-Ah, por supuesto, no quería interrumpirle.

-Ah...

¿Por eso caminas por el despacho como si fueses un gato?

(RÍEN)

-Es que le veía tan ensimismado que...

-¿Qué me quieres pedir esta vez?

-Padre, ¿por qué dice eso?

-Porque te conozco.

-Está bien.

Necesito saber más sobre la guerra.

-¿Para qué? Eres una señorita,

la guerra no es asunto tuyo.

-Bueno, padre, compréndalo,

mi hermana está en Italia y es normal que me preocupe.

¿Es cierto que Alemania ha invadido Bélgica?

-Sí. Estos alemanes no se andan con tonterías,

han empujado a los ingleses a la guerra.

-Pues menos mal que no fui al internado.

-Sí, pero no fue por prudencia o temor a la guerra,

sino por tu obsesión por ese mozo sinvergüenza.

No pongas la guerra como excusa para tus niñería.

Eso que hiciste para no ir a Alemania estuvo muy mal.

Como está muy mal que estés mareándome ahora

con tus rodeos, dime qué quieres.

-Verá, padre, con esto de la guerra y los alemanes invadiendo países,

y mi hermana Francisca... -Quieres volver con tus hermanas.

-¿Cómo lo ha sabido? -Es obvio.

Ahora que ha estallado la guerra no pueden enviarte al internado,

así que no me necesitas para nada.

Puedes irte cuando quieras.

-¿Lo dice en serio? -Por supuesto.

¿Y...? ¿Y no se enfada?

-Al contrario, admiro tu sentido práctico.

Aunque es una pena que no le saques más partido.

Si fueses más adulta, lo aprovecharías mejor.

-Le traigo unas facturas para que autorice los pagos.

-Despídete de Elisa, regresa a casa Silva.

-¿Otra vez?

No entiendo como no se cansa de tantas ideas y venidas.

-Ya regresará cuando le convenga.

-Ah... -Es que ellas me lo han pedido.

Me han dicho que me necesitan.

-A ti nadie te necesita, a ver cuándo te enteras.

-Carolina, sabes que no es verdad.

La próxima vez habla por ti, porque es a ti a quien abandonan.

-Bueno, no empecéis.

Eso que has dicho ha estado muy mal, ¿eh?

Ella no se merece ese trato.

Toma los papeles. -Gracias, padre.

Y yo no le abandonaré, no tiene que preocuparse por eso.

-No me preocupo ni por ti ni por Elisa,

os conozco muy bien y sé lo que puedo esperar de cada una,

para bien o para mal.

¿No estarás pensando en ir?

Mejor evitar males como el de la fábrica,

por muy bueno que sea todo lo que venga después.

Ya... Pero me temo que tendré que ir.

Y no por mí ni por mi madre,

sino por los alemanes.

Me están presionando mucho últimamente, ¿sabes?

¿Y presionando para qué?

Pues para que España entre en guerra de su lado.

Pues espero que no sea así.

No entiendo mucho de política,

pero dudo que una guerra sea algo bueno.

No, efectivamente, no entiendes nada de política.

Mira, te cuento:

No hay nada que beneficie tanto a los ricos como una guerra.

Y la política, al fin y al cabo, la hacen...

La hacemos los ricos.

Pero eso que dices es horrible, Rodolfo.

(SUSPIRA)

(RÍE) ¿Qué pasa ahora?

Que no sabes cuánto te necesito en mi vida.

(SUSPIRA)

¿Por qué dices eso?

Porque eres lo único puro y bueno que hay en ella.

Rodolfo... A ver, por eso y porque

todos van a estar pendientes de mí.

Y el héroe del partido tiene que estar acompañado de su mujer,

la gran dama de la reina.

Y lo entiendo.

Pero Cristóbal quiere que vuelva a casa hoy mismo.

Y, después de lo que pasó ayer,

creo que será lo mejor.

Ah, Blanca, ya te pedí perdón por ese beso.

Y lo vuelvo a hacer ahora.

Pero necesito que te quedes más tiempo.

No quiero que te confundas respecto a nosotros.

Y no lo voy a hacer. No lo voy a hacer.

Pero ya has visto la prensa,

me reclaman en todos lados. No voy a ir solo

No quiero tener más problemas con Cristóbal

y más ahora que todo está en su sitio.

Déjame que yo hable con él, ¿eh?

Lo entenderá.

-Podemos dar un paseo mientras nos colocan el equipaje.

Los viñedos están a menos de un kilómetro.

-Inglaterra entra en guerra.

-¿Inglaterra entra en guerra?

Hemos venido aquí a desconectar del mundo

y eso es lo que vamos a hacer.

El recepcionista me ha dicho que hay una cata de vinos hoy.

¿Te apetece que vayamos? -¿Nos localizarán allí

si nos llaman de la fábrica? -Descansar, ¿recuerdas?

-Para eso necesito que mi cabeza descanse.

Me quedaría más tranquila si llamásemos a la fábrica

y supiésemos que todo está bien. -La cata será en el hotel,

nos localizarán si nos llaman. Confía más en Benjamín y Germán.

Se ocupan de todo muy bien.

-De acuerdo. -Perdonen la interrupción.

¿Saben dónde será la cata de vinos hoy?

-Sí, creo que será en la terraza.

-¡Oh, qué agradable! La tarde estará

de lo más apetecible. ¿Van a ir ustedes?

-Creo que mi esposa no está de humor.

-No sabe lo que se pierde.

Las catas del hotel son famosas.

Yo misma viajé hasta aquí solo por ellas.

¡Tulio! Tulio, acércate un momento, por favor.

Dile a estos señores lo maravillosas que son

las catas de este hotel. -Bueno, realmente son estupendas.

Viajo por el mundo, siempre que mis obligaciones

me lo permiten, descubriendo los mejores caldos.

Disculpen, no me he presentado. Soy Tulio Fernández de Macua.

-Los señores de Montaner: Salvador y Diana.

Se lo escuché al mozo de las maletas.

-Ah... -Para servirles.

-Gracias. -Encantado.

-Un placer.

Está muy bien informada,

pero no tenemos el gusto de conocerla.

-Federica Artiles de Macua,

prima de Tulio, viajera incansable

y necesitada de compañía femenina. (RÍE)

-Mi primo es, como ven, encantador, pero no es suficiente.

-¿Están ustedes aquí de vacaciones?

(RÍE) Yo llevo de vacaciones varios años.

Enviudé y, al no tener cargas familiares,

decidí gastarme toda la fortuna que amasó mi esposo

viajando a lugares con encanto como este.

-Sabia elección. -Yo la acompaño cuando puedo

y le aconsejo qué vino tomar en las comidas.

-¿Para qué está la vida a mi edad si no es para disfrutarla?

-Aún más sabio todavía. -Deberían hacer lo mismo,

les he visto discutir.

-Bueno, no discutíamos exactamente.

-Reconozco esas miradas que se lanzaban al tiempo

que daban rienda suelta a sus desavenencias.

Es el amor, ¿lo sabían?

-¿El amor? -Disculpen a Federica,

tiene un terrible defecto: Siempre dice lo que piensa

aunque a veces puede resultar un poco descortés.

-Lleva razón Tulio. Encantada de conocerles.

Y no se pierdan la cata por nada del mundo.

Eso sí, acuérdense de escupir el vino

o acabarán borrachos. Aunque yo me lo bebo todo.

(RÍEN) -A mi edad de algo hay que morir,

¿no creen? -Pues claro.

Qué mujer más peculiar.

-Creo que a esta señora le va la juerga.

-¿Tú crees que de verdad son primos?

-No lo he dudado ni un segundo, ¿tú sí?

-A mí me parece que, para ser primos,

lo pasan muy bien juntos. -Creo que no hace falta ser primos

para disfrutar de la cata, pero ahora...

Vayamos a disfrutar de la mejor habitación del hotel.

-¿Pero tú no querías ir a dar un paseo?

-Sí, pero ahora me apetece otra cosa.

(TARAREA ÓPERA)

(RÍE)

-Me encanta esa parte de "Rigoletto".

-A mí también. Es deliciosa la estrofa

en la que el duque busca Gilda cantando:

(CANTA ÓPERA EN ITALIANO)

(RÍE)

Veo que ha tenido una muy buena mañana.

Se le ve feliz. -No es la mañana,

es el futuro inminente.

Como el duque, también corro en busca de mi amada Francisca,

que está a punto de volver a casa de nuevo.

Hace un día estupendo, ¿lo ha visto?

-Pues no, no, llevo toda la mañana encerrada

ordenando su escritorio.

-Sí, lo cierto es que estos dolores de cabeza

me han vuelto muy desordenado, lo lamento mucho.

¿Se encuentra usted bien?

-Sí, muy bien.

-Vamos, vamos, a mí puede contármelo.

Soy la única persona con la que puede sincerarse aquí.

Lo mismo me sucede a mí con usted.

-Ah... La verdad, sé que su humor es muy cambiante,

pero, Luis, no sabe cuánto me cuesta acostumbrarme a él.

-Ah, ¿a qué viene ese comentario tan desagradable?

Son los dolores de cabeza que lo hacen así de insoportable.

-Sí, eso y la simple mención de doña Francisca.

Es que pasa usted de...

De la inquietud a la euforia en un abrir y cerrar de ojos.

-¿Y no será más bien que es mi esposa

la que la inquieta a usted?

-Pues, ya que lo menciona, sí.

No puedo parar de pensar qué será de mí cuando ella regrese.

-Esa cabecita siempre preocupada...

Siempre a vueltas con los celos, ¿eh?

-¿Celos?

Es su mujer y yo... -Y usted es mi secretaria.

-Solo eso.

-¿Por qué se empeña permanentemente

en estropear nuestra idílica relación, eh?

-¿Y qué relación es esa?

-Tienes usted unas manos delicadas.

Muy delicadas.

Con unos dedos flexibles y bien trabajados,

capaces de abarcar octava y media. -¡Basta ya, Luis!

-Son las manos más hermosas que he conocido.

-Ahora me alaba pero antes estaba cantando feliz

por el regreso de su esposa.

-¿Qué tiene de malo amar a dos mujeres?

¿Acaso Francisca no amó a dos hombres?

-Ah, ¿entonces lo hace por reproche?

-En absoluto. Amo a Francisca.

Pero usted ocupa un lugar muy importante en mi corazón.

-¿Y qué lugar es ese, Luis?

-Acláremelo de una vez.

-Francisca es mi esposa, sí,

pero no concibo tenerla a usted lejos.

-¿Para qué me quiere?

-¿Aún no lo sabe?

(ALGUIEN A LO LEJOS) ¡Extra, extra!

¡Los belgas siguen con su defensa de Lieja!

¡Extra, extra! Alemania usa un zepelín

para bombardear la ciudad.

Los belgas siguen con su defensa de Lieja.

-Hola, Cristóbal. ¿Has leído las noticias?

Se me han puesto los pelos de punta.

¿Qué ocurre?

Alemania ha invadido Bélgica sin respetar su neutralidad.

¿A qué juegan estos alemanes?

A ser los amos del mundo,

como hacen Francia e Inglaterra.

Y, ojo, nosotros también lo hicimos.

España también lo hizo en su momento.

¿O no recuerdas la frase de

"en nuestras posesiones no se ponía el sol"?

¿Y lo dices tan tranquilo?

Pensé que Europa se había civilizado,

que estamos en el siglo XX.

Bueno, aquí, en mi día a día, mis contiendas son otras.

Inglaterra ya se ha unido a la guerra

y otros países no tardarán en hacerlo.

No ocurría algo así desde los tiempos de Napoleón.

Y entonces no había ametralladoras,

los zepelines ni los explosivos de ahora.

Esto será una tragedia para la humanidad.

Escucha, Carlos, ¿estás bien?

Te veo demasiado afectado.

Sí, perdona por haberte interrumpido así, pero

es que no puedo dejar de pensar en la guerra.

No sabía con quién compartirlo y, como tú viviste lo que yo...

Marruecos está muy reciente.

¿Tú crees que...? ¿Que nos volvería

a llamar a filas? No, no...

España no está en condiciones

para meterse en una guerra de esa magnitud.

Espero que nos mantengamos neutrales.

Y yo que Alemania lo respete.

No he podido olvidar la de Marruecos. ¿Y tú?

Tampoco.

Carlos, eso no lo vamos a olvidar jamás.

¿Cuándo vamos a vivir algo como aquello?

Amputar una pierna sin cloroformo.

Aún recuerdo los gritos de los soldados.

Y yo las caras de muchos de ellos,

sobre todo de los que se quedaron en la mesa de operaciones.

Por no hablar de las infecciones.

En los libros y cuadros de guerra nadie habla

de cómo se hinchan y huelen los cadáveres.

Los gérmenes mataban a más gente que las balas.

En lugar de tanta arma, deberían haber mandado

más medicamentos. ¿Pero a quién le importábamos?

La mayoría de reclutas venían de clases humildes.

Y a los gobernantes y hombres de negocios,

lo que les importaba era un puñado de minas

y el prestigio de seguir teniendo una colonia.

Te costó entenderlo, ¿eh?

Pero ya sé lo que te pasa, tienes miedo.

Tienes miedo a que quienes nos mandaron a Marruecos

nos manden a las trincheras de Europa.

No puedo parar de pensar en ello.

Y más viendo a gente que está encantada con la guerra,

como don Ricardo. ¿Por qué dices eso?

Quiere participar en mi fábrica de Núremberg,

la que heredé de mi tío. No me extraña.

Para un hombre sin escrúpulos, una fábrica de municiones

en tiempos de guerra es un negocio perfecto.

Dice que nos haríamos de oro si le dejo invertir en ella.

Y seguro que tiene razón, pero... ¿Y tú?

¿A ti te parece ético lucrarte con armamento?

No. Pero heredé la fábrica, ¿y ahora qué hago?

Debí haberla vendido en su momento.

Por eso eres un tipo especial.

Cualquier otro en tu lugar estaría encantado

de hacer fortuna con la desgracia ajena.

Escucha, ¿por qué no vamos al bar? Te invito a un vino.

Nos va a venir bien despejarnos un poco, ¿no?

He quedado en el Continental con Sofía y una amiga,

te puedes unir a nosotros. ¿Con Sofía y una amiga?

No estoy de humor para socializar.

Es buena amiga de Sofía, tiene buena conversación.

Ya, pero no sé, Carlos.

Bueno, no sé, yo creo que nos podría ayudar

para despejarnos un poco de todo esto de la guerra.

Si te animas, allí te esperamos.

Me lo pensaré. Vente.

Gracias.

(SUSPIRA)

Ah, esto es un error.

-¿Por qué dices eso? -Deberíamos haber esperado

a que la situación esté más tranquila.

-¿Qué situación? -La guerra en Europa.

-¿Y qué nos importa lo que pase en Europa?

-¿No ves lo nervioso que está tu padre con ese tema?

-Tonterías. Si tanto miedo tienes,

se lo digo yo.

-¿Teníamos una cita?

¿Me quedó alguna factura por firmar?

-No, padre, teníamos algo que decirle.

-Sed breves, tengo una cita en el casino.

-Verá usted, Bernardo y yo... -Don Ricardo.

Creo que no es ajeno a los sentimientos

que nos unen a su hija y a mí.

-Ah, me hago cargo.

-Creo que Carolina es una mujer extraordinaria:

Fuerte, valerosa, trabajadora

y es muy difícil no perderse entre sus muchos encantos.

Es lo que entiendo por una mujer única.

-Al grano. -Me enamoré de su hija

la primera vez que la vi en la tienda tan...

Desvalida, indefensa y vulnerable.

-Me salvó la vida, padre. -Sí, ya me acuerdo.

-En definitiva, creo que Carolina es la mujer

que todo hombre desearía tener a su lado,

bella, inteligente y con un corazón inmenso.

-Ah...

¿Eres consciente de que este hombre es responsable

de que haya ido a la cárcel? -Fue todo culpa de Elisa

que le delató, y a ella la ha perdonado.

-Elisa es hija mía, pero él no es de mi familia.

-De momento, porque deseo casarme con su hija.

La amo y espero... -Desde que empezó a hablar

sé que me pide la mano de mi hija

y quiero que le queden claras mis reticencias a concedérsela.

-Padre, por favor, amo a Bernardo.

Quiero empezar una vida nueva junto a él.

-Eso es imposible. -¿Por qué no le perdona?

-¿Qué tiene que ver mi perdón con todo esto?

Está casado, ¿o lo habéis olvidado?

-Conseguiremos la nulidad como Germán.

-A Germán se lo pusiste fácil

con tu conducta errática de aquella época.

Pero este hombre tiene dos hijas.

Cuando consiga la nulidad del matrimonio, si la consigue,

volveremos a hablar.

Mientras tanto, cualquier conversación

en torno a este tema es una pérdida de tiempo.

-No parece que le haya hecho mucha gracia la idea.

-Todo lo contrario.

-¿Estás segura?

-No conoces a mi padre, está encantado.

Lo único que hace falta es que consigamos la nulidad.

-Buenas tardes, Rosalía.

-Ah, señorita Elisa, no he oído la puerta,

¿por dónde ha entrado usted?

-Por la puerta del servicio.

-¡Oh! ¿Cómo se le ha ocurrido hacer algo así?

-Quería darle una sorpresa a mis hermanas.

-¿Una sorpresa? -Ah...

He hecho caso a Diana y...

Y he decidido regresar a casa. -¡Claro, claro, ya lo entiendo!

Ahora que Europa está en guerra

y no pueden obligarla a ir al internado...

-Qué malpensada es. No es eso.

Lo que pasa es que estoy preocupada por Francisca,

por el asesino y por lo que pasa en la fábrica.

Pensé que debería pasar más tiempo

con mis hermanas en un momento así.

-¿Y qué ha dicho don Ricardo? -Todo lo que hago, le parece bien.

-¿No habrán discutido ustedes? -No.

-¿Y Carolina? -A ella le da igual.

-¿Han discutido? -Qué pesada otra vez

con la misma pregunta. Qué manía con que todos discutan.

-Lo siento. No quería molestarla.

-No. Perdóneme usted a mí. No debería haberle hablado así.

Y le aseguro que con Carolina no me pasa nada.

Casi no nos veíamos, así que no teníamos tiempo de discutir.

-¿No pasa mucho tiempo en la casa? -No.

Con lo de la tienda y Bernardo, se pasa mucho tiempo fuera.

Pero ya le digo que mejor,

porque no nos veíamos, no discutíamos.

-Don Bernardo siempre me ha parecido

una bellísima persona.

Ojalá les vaya bien y algún día lleguen a casarse.

Estoy segura de que con él, Carolina podría llegar a ser feliz.

-Lo van a tener difícil.

-¿Por qué dice usted eso? -Porque Bernardo tiene que pedir

la nulidad del matrimonio.

La verdad, tantos años casados y con hijas, lo veo difícil.

-Tiene usted razón, señorita.

Pensando en la felicidad de mi hija,

se me había pasado por alto eso.

Pobre Carolina. Me parece que ha heredado

mi mala suerte con los hombres.

-Bueno, Rosalía, eso nunca se sabe.

Voy a por mis cosas. Cuando termine,

¿puede preparar mi habitación? -Claro que sí.

Lo haré enseguida, señorita. -Gracias.

Al Ambigú viene la gente a beber moscatel.

-¿No era el Oporto? -También. Pero no hablamos de eso.

¿Por qué no me has avisado de que se acababa el moscatel?

-¿No lo hice? -No. Si me hubieras avisado,

yo hubiera encargado más. Para eso hago los pedidos.

-No sé qué tiene de grave quedarse sin moscatel.

-Gusta mucho. -Al que pida moscatel,

se le pone una manzanilla. -¡Dios mío!

La gente que viene a beber moscatel,

viene a beber moscatel y no manzanilla.

-Es igual. También nos quedamos sin manzanilla.

-¿Qué? ¿En qué demonios piensas cuando abres por las mañanas?

-Pienso en que maldita sea la hora en que se nos ocurrió comprar

el Ambigú. Cada vez, discutimos más.

Si lo llego a saber, no lo compramos.

-Es demasiado tarde para pensar eso, ¿eh, Raimundo?

-Buenas. Me ha parecido ver que discutíais.

Ya os vais pareciendo más a Enrique y a mí.

-Si no es por el almacén, es por el pedido.

Y si no... Mire. El caso es que no paramos.

-De trabajar. -¡De discutir!

-Eso también. -Qué mal se le da la intendencia.

Menos mal que se libró de la Guerra de Marruecos.

-Pero, entonces, ¿qué pasa? ¿No estáis contentos con el Ambigú?

-No, no. Es que... Desde fuera, todo se ve más fácil.

-Sí. Pero para estar aquí dentro, hay que valer.

A mi Raimundo se le da muy bien ser mandado.

Pero mandar, no. -¿Qué pasa aquí?

¿Qué insinúas? ¿Que no es culpa del Ambigú, sino mío?

-Que no, hombre. -Raimundo.

-Voy.

-Es que pasamos demasiado tiempo juntos.

Nos llevábamos mejor cuando teníamos cada uno su trabajo

y nos veíamos para hablar de cosas que nos divertían.

No de facturas y pedidos. -Ya.

No sabes cómo te entiendo. Sí.

-Además, a Raimundo no se le da bien el negocio.

Me da a mí que lo mismo da que lo pongan de encargado

de una frutería, que del café.

Se le daría mal igual. -¿Seguís hablando mal de mí?

-No, no. -Del café, del café.

-Menos mal. Porque Merceditas se viene abajo con menos de nada.

¿O no te pusiste a llorar cuando se te quemaron los torreznos?

-Me puse a llorar porque estoy embarazada y estoy más sensible.

Además, los torreznos eran del pueblo,

de un cerdo cebado a castañas,

nada menos. -Fíjate, claro, claro.

A ver, calma. Sé que lo que os voy a decir,

os va a sonar raro. Y no os lo toméis a mal, por favor.

Pero es que, o lo digo, o reviento.

Carlos. Hombre, Cristóbal.

Te has decidido. Me alegro.

Era una propuesta muy tentadora. Sofía, buenas tardes.

Hola. Qué bien que hayas venido. Lo necesitaba.

Fue un día muy duro en el hospital.

Te va a venir bien despejarte un poco. Siéntate.

-Te voy a presentar a mi amiga Inés Villamagna.

Inés.

Cristóbal Loygorri, le presento a mi amiga Inés Villamagna.

Encantado. Es médico, eh.

Estuvo conmigo en Marruecos. -Mucho gusto, doctor Loygorri.

Villamagna. Así es. Nuestra Inés es hija

de un grande de España. Descendiente directo

de los Pimentel. -Sí. ¿Te quieres tomar algo?

Un vino, por favor. Lo necesito más que antes.

Un vino. Un vino, por favor.

Carlos me había dicho que usted estudió en el extranjero.

Así es. -En la Sorbona, nada menos.

Vaya. Magnífica universidad. ¿Y qué estudió?

Filosofía política. Se licenció con matrícula de honor.

Filosofía política.

¿Y cómo se ejerce eso? Cristóbal, qué cosas tienes.

Eso no se ejerce. ¿No?

-No. Se vive. Te enseña a pensar.

¿A pensar? ¿Y usted qué piensa?

Por ejemplo, ¿qué piensa de los anarquistas?

Vaya. ¿A un Loygorri le interesa el anarquismo?

-Sí. Supongo que a Cristóbal le interesará mucho,

porque hace una semana, su hermano sufrió un atentado anarquista.

¿Usted no sabía nada de eso? No.

Estuve indispuesta unos días. -Sí. Doy fe de ello.

Pues espero que se haya recuperado de su enfermedad.

Perfectamente. Tuve la suerte de dar con un médico muy eficiente.

-Pues con el doctor Loygorri habrías estado

en las mejores manos. Yo serví con él en Marruecos

y es un médico excepcional.

Aún estábamos Carlos y yo hablando hace un rato

de lo duro que fue aquello. Operar sin anestesia.

¿Usted se imagina lo doloroso que tiene que ser

que le extraigan una bala del abdomen sin anestesia

y sin el instrumental adecuado?

Ay, Cristóbal, me está mareando.

¿No te parece horrible, Inés?

No creo que su amiga se maree con cualquier cosa.

De hecho, me da la impresión de que la señorita Inés

es mucho más de lo que aparenta.

No me sobrevalore, doctor.

Yo solamente soy una señorita que intenta vivir su vida

como mejor puede.

¿Y cómo se hace eso?

¿Sabes que Cristóbal es muy amigo

de doña Blanca de Loygorri, la dama de la reina?

-¿También relacionado con la monarquía? Vaya.

-Seguro que nos puede contar muchos anécdotas.

Muchas. Estos últimos días me han pasado

unas cosas extraordinarias que no os creeríais.

Pero, lamentablemente, no os la puedo contar.

Una pena.

-Respetemos la discreción del doctor.

¿Pero el Ambigú tiene alguna deuda

que nosotros no conocíamos? -¿Alguna queja de un cliente?

-No, no. No es nada de eso. Veréis.

Yo sé que esto os va a sonar muy poco cristiano.

Pero... -¿Pero qué?

-Que nada me haría más feliz que volver a ser

la dueña del Ambigú. Ya está. Ya os lo ha dicho.

-Pero si se libró de él encantada. -¿Está segura?

Su hijo es rico. ¿Para qué trabajar?

-Ya lo sé. Pero lo echo de menos. Yo soy así.

No sé estar en casa sin hacer nada sin trabajar.

-¿Y su marido qué piensa? ¿Él también quiere volver aquí?

-Si mi marido no quería que lo vendiera.

Lo tuve que convencer yo. He hablado con Gabriel

y está de acuerdo. Si queréis, os vuelvo a comprar el Ambigú.

Por supuesto, podéis seguir trabajando aquí los dos.

Bueno, ya veo que... Nada.

Nada. No he dicho nada. Olvidadlo.

Son tonterías. Sentimentalismos de una.

-No, no. Espere, espere. -Se lo vendemos.

Claro que se lo vendemos. Faltaría más.

Y más, teniendo en cuenta que usted nos había hecho

el favor antes de vendérnoslo. Ahora le devolvemos el favor.

-¿Pero seguro? -Sí, sí. No se preocupe

por lo del trabajo. Yo ahora mismo me voy

a casa Silva, a ver si me aceptan otra vez.

-No sabéis lo feliz que me hacéis. Muchísimas gracias.

-Felices nos hace usted a nosotros

quitándonos este peso de encima.

Uva de garnacha, típica de España.

Es una uva muy frutal. Pero no envejece bien

en barrica. -Aprendemos más de vinos

con usted, que en la propia casa. -Méritos de mi primo.

Me enseñó todo lo que sé.

¿Pero qué le pasa? ¿No bebe? -Uf. Son demasiados vinos.

Si sigo bebiendo, mañana tendré una jaqueca terrible.

Nosotros nos vamos a retirar ya.

-Bueno, Federica, aquí viene tu vino favorito.

¿Qué te parece? -¡Al fin! Un Cabernet sauvignon.

Es la mejor uva del mundo. ¿No me digan que no lo probarán?

-Coge una copa. -Está bien.

-Es un delito no probar un sauvignon.

Una uva que envejece tan bien en barrica.

-Le aporta una acidez muy agradable al vino.

-Querida, ¿me acompaña al tocador?

Me gustaría refrescarme un poco.

Creo que el vino me ha subido un poquito la temperatura.

-Por supuesto. -Si te encuentras mal,

te acompaña a tu habitación. -Estoy perfectamente. Discúlpennos.

-Me quedé pensando antes si usted es el Montaner

que compró Tejidos Silva. -Sí.

Soy yo. Mi esposa es la hija de don Fernando Silva.

-Triste destino el de don Fernando.

Hicimos negocios juntos hace unos años.

-Dígaselo a mi esposa cuando vuelva.

Seguro que le gustará hablar con alguien que lo conoció.

-Mejor no. Prefiero no entristecerla.

¿Qué tal le va el negocio?

-Viento en popa.

-¿Seguro? -Sí. Sí.

Seguro. -Perdone la indiscreción.

Estamos en tiempos de guerra. No todos los negocios van bien.

¿Tienen ustedes buenas relaciones con otros países?

-No quiero resultarle grosero, pero hemos venido

al hotel a descansar y a olvidarnos de la fábrica.

-Entiendo. Disculpe si le molesté.

-¿Podría saber a qué se dedica usted,

aparte de a acompañar a su prima? -A la cría de caballos.

Voy a por otra copa. Parece que el camarero

nos tiene olvidados. -Sí, sí.

La gente se ha vuelto loca en el mercado.

No sabe usted cómo estaban. -¿Y qué ha pasado?

-Que han arrasado con todo.

Como si la comida fuera a terminarse.

Apenas encontré género. -La gente está muy alterada

con lo de la guerra. -Y vaya modos.

A empujones he tenido que abrirme paso.

Qué manera de avasallar. -No quiero pensar qué pasaría

si España entra en la contienda.

-Ah. Y por no hablar de los precios.

Están vendiendo los tomates a precio de lingote de oro.

-Si ya se comentaba esta mañana en la fábrica.

Dicen que la leche se ha puesto por las nubes.

Los padres que tienen criaturas, andan desesperados.

Los alemanes haciendo acopio de telas.

Cada vez más y más. Yo creo que lo hacen

por si cierra la frontera con Italia,

que es por donde hacemos el envío.

-Pero por Dios. Si doña Francisca está en Roma.

-Pues más vale que se dé prisa en volver a España

y que nuestros gobernantes tengan el buen juicio

de no meternos en esa guerra. -¡Ay, Señor!

Y yo que pensaba que ella estaba más segura allí,

lejos de ese asesino. -Con lo que está pasando

estas últimas semanas, no se está seguro

en ninguna parte. El mundo se ha vuelto loco.

-Tulio. Disculpe, querida. -Claro.

-Menos mal que has vuelto. Te echaba de menos.

-Pensé que el primo se había quedado contigo.

-Su compañía no es nada comparable con la tuya.

-Es precioso este lugar. Estos campos.

Y esos prados enormes.

Parece mentira que ahí fuera haya una guerra.

Y una fábrica.

¿No crees que deberíamos llamar?

-He estado unos minutos sin ti y me han parecido una eternidad.

-Salvador, ¿cuando sea viejecita, me vas a querer igual?

-Pues no.

Te querré más. Y no voy a permitir

que vayas por ahí recorriendo mundo

con un primo experto en vinos.

-No son primos. Estoy segura.

Si descartamos a Gabriel, como usted insiste,

me temo que nos quedamos sin sospechosos.

-Lamentarnos tanto, no servirá de nada.

-Si supiera por dónde tirar.

(SUSPIRA)

Mi hermana Francisca volverá pronto.

Y me temo que ella será el próximo objetivo del asesino.

-Su hermana debería estar sobre aviso para ir con cuidado.

-Intenté llamarla, pero no sirvió de nada.

-Imagino que estará en el tren de camino a España,

como muchos otros extranjeros. Miles.

-¿Por qué miles? -Italia, sobre el papel,

es aliada de Alemania y Austria.

Pero odian a los austríacos

y codician territorios fronterizos con ellos.

Por eso, los franceses e ingleses tentaron a Italia con su alianza.

-¿Y qué hará Italia? -Nadie lo sabe.

Ni cuándo entrará en guerra ni de qué lado estará.

No hay nada que dé más miedo, que la incertidumbre.

Por eso, muchos extranjeros están dejando el país.

-Dejar una guerra para enfrentarse a un asesino. Es terrible.

-No sé. A lo mejor, la semejanza de la última víctima

con su hermana son coincidencia.

-Sabe que es poco probable.

Pero le agradezco que intente animarme.

-Bueno. Es hora de irme a Madrid, o perderé el último tranvía.

-Muchas gracias por todo. Y gracias por compartir

conmigo la investigación. -No. Gracias a usted.

Es de una gran ayuda. -Ojalá pudiera ayudar más.

-Señorita, aquí hay un sobre.

¿No será carta del Asesino del Talión?

-No. Es de una editorial. Les mandé un relato para publicar.

-Ah. Espero que se lo aceptaran. -Sí. Y yo. Ya se lo diré.

-Buenas noches. -Buenas noches.

Aurora.

-Ojalá pudiéramos quedarnos aquí toda la vida.

Y no pensar más en los problemas de la fábrica

ni de la familia.

-¿Y por qué no lo hacemos? Venden el hotel

con varias hectáreas de viñedos.

-Por lo que me has contado, no has parado de buscarla.

Incluso, ese inspector estuvo hablando con el hermano de Aurora.

-Sí. -Entonces, puede que Clemente

se asustara y obligara a Aurora

a escribir para que dejes de buscar.

-Estás siendo un poco hipócrita, ¿no?

Yo creo que tú estás perdiendo la perspectiva.

Cristóbal, tú no esperas que yo saliera así del atentado.

¿Así cómo? Vivo.

-¿Qué vas a hacer? -Avisar al inspector.

Quizás, por el matasellos descubra su paradero.

-No sería lo único que descubriría.

Celia, esa carta es muy explícita.

¿Quieres que se entere de lo que hay entre Aurora y tú?

-Desde que me has contado lo del Ambigú,

he entendido perfectamente a qué habías venido.

Y también sé perfectamente qué te voy a decir.

Disculpe, don Emilio, pero dígale a Su Majestad

que todavía no me encuentro en disposición

de acompañarla a ningún evento.

No. No es eso lo que quiere de usted Su Majestad.

Entonces, ¿qué es?

Es algo bastante más delicado.

-Habéis recuperado el bar y Gabriel se preocupará

para que no os falte nada. -Todo solucionado.

-He hipotecado la casa, así podré pagarle a Adolfina

el dinero que perdió. -¿Cómo pagarás esa hipoteca?

-Salvador me ha vuelto a contratar.

-Eso es fabuloso. Qué alegría.

Adela tiene que estar más tranquila.

-Bueno, todavía no se lo conté.

-Cada avance social a lo largo de la historia

se ha conseguido luchando. Ya sé que conseguir

una sociedad más justa, donde todos tengamos

los mismos derechos y posibilidades, no será fácil.

Quizás, yo jamás la vea. Pero daré mi vida por ella,

si hace falta. No la delaté pensando

que lo ocurrido, le haría reflexionar.

Pero ya veo que... ¿Va a entregarme a la policía?

-No ha habido manera de convencer a Carlos Terán,

el amigo de Elisa. Se niega a hacer negocios conmigo.

-¿Y qué piensa hacer? ¿Va a desistir?

-Todavía no ha nacido quien me frene

cuando un negocio merece la pena.

Fabricaré armas químicas. -¿Y eso qué es?

-Cloro y otros gases.

-Los alemanes me han llamado para pedir

que les enviemos cloro. -¿Cloro? ¿Nosotros?

-Sí. -¿No les saldría más a cuenta

buscar un proveedor local? -Eso les dije.

Me han dicho que no. Que cuando les enviemos

las telas, que les enviemos cloro.

Y no tenemos suficiente. -¿Qué hacemos?

-No lo sé. Pero no enviarlo, no es opción.

Han dicho que, o cumplimos, o rescinden el contrato.

-No son ustedes primos, ¿verdad?

-Creo que no debería contestar a esa pregunta.

-Pues ya me ha contestado. -Le va a resultar extraño

lo que le voy a decir. Pero váyanse de aquí.

-¿Qué? -Que recoja a su mujer

y que se vuelvan a Madrid cuanto antes.

-¿Qué está haciendo, señorita Beatriz?

-Nada. -¿Por qué se ha guardado

lo que tenía en la mano cuando entré por la puerta?

-Nada. Ha sido por inercia. -Ajá.

Entonces, supongo que no tendrá inconveniente en enseñármelo.

  • Capítulo 281

Seis Hermanas - Capítulo 281

06 jun 2016

La guerra ha estallado y Rodolfo es reclamado para todo tipo de actos a los que quiere que Blanca le acompañe. Sin embargo Cristóbal quiere que vuelva a casa y la reina que participe en causas humanitarias. Salvado se lleva a Diana a un hotel en el campo para que se recupere.

ver más sobre "Seis Hermanas - Capítulo 281" ver menos sobre "Seis Hermanas - Capítulo 281"
Programas completos (495)
Clips

Los últimos 1.814 programas de Seis hermanas

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios
  • Capítulo 489 Completo 38:30 97% 21 abr 2017
    Capítulo 489 21 abr 2017 Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s.XX
  • Capítulo 488 Completo 36:13 85% 21 abr 2017
    Capítulo 488 21 abr 2017 Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s.XX
  • Capítulo 487 Completo 40:00 91% 20 abr 2017
    Capítulo 487 20 abr 2017 Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s. XX
  • Capítulo 486 Completo 38:20 90% 19 abr 2017
    Capítulo 486 19 abr 2017 Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s.XX
  • Capítulo 485 Completo 37:03 89% 18 abr 2017
    Capítulo 485 18 abr 2017 Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s.
  • Capítulo 484 Completo 39:06 88% 17 abr 2017
    Capítulo 484 17 abr 2017 Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s. XX.
  • Capítulo 483 Completo 43:49 100% 12 abr 2017
    Capítulo 483 12 abr 2017 Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s.XX
  • Capítulo 482 Completo 41:58 90% 11 abr 2017
    Capítulo 482 11 abr 2017 Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s.
  • Capítulo 481 Completo 41:33 91% 10 abr 2017
    Capítulo 481 10 abr 2017 Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s. XX.
  • Capítulo 480 Completo 41:46 88% 07 abr 2017
    Capítulo 480 07 abr 2017 Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s. XX.
  • Capítulo 479 Completo 38:33 99% 06 abr 2017
    Capítulo 479 06 abr 2017 Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s.XX
  • Capítulo 478 Completo 41:42 98% 05 abr 2017
    Capítulo 478 05 abr 2017 Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s.XX
  • Capítulo 477 Completo 41:19 97% 04 abr 2017
    Capítulo 477 04 abr 2017 Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s. XX.
  • Capítulo 476 Completo 43:26 90% 03 abr 2017
    Capítulo 476 03 abr 2017 Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s.XX
  • Capítulo 475 Completo 54:00 89% 31 mar 2017
    Capítulo 475 31 mar 2017 Diana y Carmen intentan que sus maridos trabajen juntos. Rodolfo quiere sorprender a Amalia. Cándida habla de Elisa con Gonzalo, e intenta callar a Marina. Antonia pide ayuda a Velasco. Carlos quiere ingre...
  • Capítulo 474 Completo 53:30 90% 30 mar 2017
    Capítulo 474 30 mar 2017 Rodolfo oculta su enfermedad a Amalia. Blanca se obsesiona con quedarse embarazada. Diana y Salvador consiguen que todos, menos Pedro, vuelvan a trabajar. Celia va a organizar un acto literario. Gabriel pide el a...
  • Capítulo 473 Completo 53:16 100% 29 mar 2017
    Capítulo 473 29 mar 2017 Blanca mantiene la esperanza de volver a quedarse embarazada. Simón le hace ver a Celia que es injusta con Cata. Salvador consigue una cuadrilla de trabajadores en el pueblo vecino. Carlos acusa a Elisa de...
  • Capítulo 472 Completo 52:39 96% 28 mar 2017
    Capítulo 472 28 mar 2017 Blanca se niega a operarse para no perder el bebé. Diana y Salvador tienen a todo el pueblo en contra. Celia descubre que Cata trabaja de costurera. Elisa mete la pata con Gonzalo. Carlos continúa e...
  • Capítulo 471 Completo 54:00 100% 27 mar 2017
    Capítulo 471 27 mar 2017 Gonzalo da una segunda oportunidad a Elisa. Marina descubre que Gonzalo no sabe a qué se dedica Cándida. Blanca se niega a que la operen aunque su vida está en peligro. Ni Salvador ni Pedro d...
  • Capítulo 470 Completo 53:22 87% 24 mar 2017
    Capítulo 470 24 mar 2017 Blanca descubre que Elisa finge ser una joven viuda. Diana se enfrenta al capataz de la bodega. Cristóbal revela a Rodolfo que Marina se está prostituyendo. Celia quiere que Velasco conozca a Sim&oa...