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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 266 - Ver ahora
Transcripción completa

Después de mis declaraciones, es imposible

que el Tribunal Eclesiástico te haya concedido la nulidad.

Imposible. No me puedes obligar a quererte.

Doña Dolores, se trata de una reunión informal,

no de una recepción en el Palacio Real, por favor.

Y para tratarles como merecen, me ha mandado la reina. Sí.

-Bien. ¿Y qué piensa hacer? -Nada.

Apruebo todas las decisiones que ha tomado doña Blanca

con respecto a la organización del evento.

-Aquí tiene su dinero. -¿Nos lo devuelve?

-Con beneficios. Ya le dije que recibí un chivatazo

y lo aproveché. El viaje ha sido rentable.

-Cuando su próxima víctima reciba su amenaza...

-La página de la Biblia. -Nos avisará si leyó el periódico.

Y ahí estaremos nosotros, esperando al asesino.

-Como si las mujeres fueran cebo. -Exacto.

-Me gustaría hacerle una propuesta, si está interesado en escucharla.

-Me ha pedido que trabaje para él, captando inversores.

Dice que lo puedo hacer muy bien. Y yo me alegro tanto por ti.

Me dejaré el alma para que todo nos vaya bien.

-Te vi de lejos y no me lo podía creer.

¿No deberías estar en Alemania?

-Eh... Padre, no es lo que piensa. -No, seguro.

Porque estoy tan sorprendido, que no sé qué pensar.

-Las llaves de Merceditas han desaparecido.

No sé. ¿Ha preguntado al servicio?

Con el jaleo que tenemos aquí, igual vino alguien

y las cambió de sitio. Ese manojo tenía

todas las llaves de la casa.

Si alguien las ha robado, aprovechando la confusión,

podría entrar mientras dormimos y hacer cualquier cosa.

Tranquilícese, por favor. ¿Cómo voy a tranquilizarme?

¿No ha leído usted lo que cuentan los periódicos

sobre ese asesino que anda suelto?

-Tienes que contárselo todo, o se lo contaré yo.

-No, por favor. No me delate. Haré lo que sea, por favor, padre.

-Todo el mundo está entusiasmado con tu charla.

Gracias. Y con la organización del evento.

(Suena el timbre) -El Conde de Barros.

Gran benefactor de este evento.

-Perdón por el retraso.

Los negocios me han retenido más de lo necesario.

(Sintonía)

Así que el misterioso benefactor eras tú.

Has dejado a todo el mundo con la boca abierta.

No era mi intención acaparar el protagonismo de la fiesta.

Para no ser tu intención, fue un buen golpe de efecto.

Qué pena que Germán no lo viera.

¡Germán! ¡Germán!

Es posible que no haya llegado todavía.

Pues ya lo siento.

Su intención era llegar pronto hoy,

porque mañana empieza un nuevo trabajo.

Seguro que le surgió algo. Ya habrá tiempo para saludarle.

Hay que ver lo bien que te ha ido en Filipinas, Gabriel.

Entre usted y yo, ha sido solo un golpe de suerte.

Bueno, igualmente, ha sido muy generoso de tu parte

Bueno, igualmente, ha sido muy generoso de tu parte

sufragar el acto. Era una buena causa.

Y el dinero está en buenas manos.

No todos se comportan así al hacerse millonarios.

Hay gente que guarda su fortuna con avaricia. Y en cambio...

¿Qué sucede? ¿He dicho o hecho algo inconveniente?

No, no. He sido yo. Me acabo de dar cuenta de algo.

Pues que no está bien que te tutee, ahora que perteneces a la nobleza.

Bueno, prefiero que las cosas sigan como antes, la verdad.

Bueno, un título es un título.

Un título es como otras tantas cosas que se pueden comprar

con dinero e influencias. Además, con título o sin él,

seguimos siendo familia. ¿No es así?

Sí. Eso es así. Entonces, mejor.

Pero si quieres seguir llamándome señor conde,

no seré yo quien se lo impida.

Ah, bueno, pues cuénteme, señor conde.

¿Qué se siente al vivir en el extranjero?

De mares podría hablarle de todos,

aunque se parecen bastante entre ellos. Mucho me temo.

En cambio, de países, apenas

le podría hablar de Filipinas o la India.

Incluso, Egipto. De regreso a España,

pasamos por el Canal de Suez. Pero poco más.

¡Caramba! Ya conoces más que yo.

¿Y cómo se vive en Filipinas?

La verdad, es muy distinto.

La gente es menos apegada a las cosas.

Cómo lo diría yo... Es más espiritual.

Bueno, también hay gente en Occidente así.

¿No crees? No. No tanto.

Pero dejemos de hablar de mí, de mis viajes.

Ya habrá tiempo para eso. Me alegro mucho de tener

la oportunidad de estar hablando

a solas un ratito con usted. ¿Conmigo?

Me preguntaba por cómo está su hermana Francisca.

¿Le va bien por Roma? Está bien. Está muy bien.

¿Está muy bien?

Verá. Estuve tentado a pasar por Roma de regreso a España.

Hiciste muy bien en no hacerlo. ¿Por qué?

Francisca es una mujer casada.

Y ha hecho todo lo posible por olvidarte.

Haz tú lo mismo. No sé por qué debería hacerlo.

Ya no hay tantas cosas que nos separen.

Claro que sí. No lo veo así.

Pues es así, Gabriel. Os separan las mismas cosas

que antes, incluso más. Hazme caso.

Muy bien. Gracias. Ya ha dejado clara su idea.

Adela, no levante un muro entre Francisca y yo.

Demasiado lejos hemos estado durante mucho tiempo.

Acabas de llegar de un viaje muy largo.

Tómate las cosas con calma. Sí, claro.

Son muchas las cosas que tengo que poner en orden en mi vida.

En tu nueva vida, quieres decir.

¿Qué te han dicho tus padres?

Todavía no he tenido oportunidad de verles.

¿Pero qué dices? Es lo primero que tenías que hacer.

No he tenido tiempo. Apenas he desembarcado.

Además, me esperaban en una fiesta muy importante.

No sabes nada de tu padre, ¿verdad?

No. ¿Qué es lo que tengo que saber?

Tu padre está muy enfermo. Tiene tuberculosis.

¿Qué? Está ingresado en un preventorio.

Aquí están los resultados.

Cristóbal, no entiendo los términos médicos.

No sé qué quieren decir.

Blanca.

Se acabó la pesadilla.

Se acabó.

Mi amor.

(LLORA)

Sí. Sí, tranquila.

Todas las pruebas, todos los análisis están perfectos.

Estás completamente recuperada.

Por favor, no me engañes con algo así.

Mírame a la cara. ¿Tú crees que te estoy engañando?

No puedo ser más feliz ahora mismo.

Soñaba tanto con este momento.

Escúchame, Blanca. Ahora toca vivir sin miedo.

¿Me oyes?

¿Crees que puede haber una recaída? No.

No va a haber una recaída. Estás perfecta.

De hecho, tus índices están en mejor estado que los míos.

Estás totalmente sana. ¿Sana?

Sí.

Qué maravillosa palabra.

¿Algo ha salido mal? -No podría haber salido mejor.

Nuestra misión ha sido un rotundo éxito.

Los documentos ya están en las manos del S.I.B.

-¿Qué es eso?

-Servicio de Inteligencia Británico para el Extranjero.

-Los espías ingleses, vaya.

-Más o menos. Y ahora usted es uno de ellos.

-Y si todo ha salido tan bien,

¿a qué viene tanta urgencia en verme?

-Hay una nueva misión para usted.

-Por favor, una limonada.

Eso no puede ser, eh. -No me diga.

-Ahora mismo, no hay producción que justifique un envío a Londres.

Sería muy sospechoso mandar algo.

-No siempre se trata de eso, Diana.

A veces, la misión simplemente es recibir y nada más.

-Gracias.

-Escúcheme con atención.

Esta tarde llegará a su fábrica el pedido del hilo

que hicieron el jueves pasado.

-¿Qué ocurre con ese pedido de hilo?

-Una de las cajas lleva una pequeña marca azul en el costado.

Dentro de ella, entre las bobinas de hilo, encontrará unos mapas.

Proceda con cautela. Nadie debe verla sacar los mapas.

Es de vital importancia que nadie, salvo usted, abra esa caja.

-¿Cómo puede conocer lo que sucede en mi fábrica

mejor que yo? -¿Qué clase de espía seríamos

si no fuera así?

-¿Tiene a alguien más dentro?

-"Don't look".

No lo necesito.

En un momento, me pondré de pié y me marcharé.

Nadie debe relacionarnos.

Y a esto lo llaman periodismo.

Yo me esfuerzo por ser rigurosa y contar la verdad.

Y luego, otros periodistas se apoderan de la información

y la adornan. Hacen lo que les da la gana.

-Celia, no me habías dicho que era una historia tan truculenta.

-La mitad son invenciones. Pero es un asesino.

¿Qué esperabas? La historia ya es truculenta como

para añadirle detalles macabros. -Y tanto.

Además, estos que se hacen llamar periodistas,

añaden detalles para cargar las tintas. Como un retrato

del supuesto asesino. -A ver.

¡Ay, Dios mío! No voy a poder olvidar esta imagen en la vida.

-¿No te das cuenta de que está inventado?

Ninguna víctima sobrevivió para dar detalles del asesino.

Anda. Trae aquí.

Me gusta que seas precavida.

No que te mueras de miedo. -No tengo miedo.

(Llaman a la puerta) ¡Ay!

-Sí. Ya lo veo. Escóndete. -Sí.

-Buenos días, inspector. Pase. -Buenos días, señorita Celia.

-¿Qué sucede? -Me gustaría que me acompañase

a comisaría. -¿Ha pasado algo?

-Me acaban de dar aviso de que hay un detenido.

-¿Un sospechoso? -Bastante más que eso.

Dan por hecho que es el asesino.

-¿Me acompaña? -Sí, por supuesto.

-Celia, ¿y yo qué hago? -Tú te quedas aquí.

No le abras la puerta a nadie. Perdone, inspector.

Esta es mi hermana Elisa. -Encantado, señorita.

-¿Es verdad que han detenido al hombre de los dibujos?

-Le aseguro que, sea el asesino o no,

no se parecerá en nada a esos retratos.

-Menos mal, porque hiela la sangre.

-¿Estarás bien sola? No tardaré.

-Eso espero. -Elisa, estás temblando.

Escúchame. Si ese detenido es el sospechoso,

no hay nada que temer. -¿Y si no lo es?

-Si no lo es, seguiremos buscando hasta dar con él.

Mientras, como toda cautela es poca,

no abra la puerta a nadie. -Entendido.

No tardes. -No. Te prometo que no tardaré.

(Suena el teléfono)

¿Es que nadie piensa coger el teléfono?

Lleva un buen rato sonando. Me va a estallar la cabeza.

¿Dígame? Soy yo.

Ah, Francisca. No te lo vas a creer,

pero estaba pensando en llamarte.

He recibido una carta de tus profesores

y en ella no hay otra cosa que alabanzas a tu capacidad vocal.

La carta ha llegado con algo de retraso,

a juzgar por la fecha del encabezado.

Tus progresos deben haber sido espectaculares

desde que la escribieron.

¿Qué te pasa? ¿No dices nada?

No creo que haya mejorado mucho en los últimos días.

¿Ha pasado algo que te impidiera aprovechar las clases?

Sí, ha pasado algo y no puedo esperar a volver para contártelo.

Me estás asustando, Francisca. Dilo cuanto antes.

Francisca, di lo que tengas que decir. Tengo el alma en vilo.

Estoy embarazada.

¿Embarazada? Sí. Ya sentí náuseas en Madrid

e hice el viaje embarazada sin saberlo.

Luis, te pido por favor que no pienses lo que no es.

No. No estoy pensando en nada.

Solo que no me esperaba una noticia así ahora.

Vas a ser padre.

(RÍE)

¡Un hijo! (RÍE)

¡Un hijo nuestro, Francisca!

Ahora mismo voy a comprar un billete para reunirme contigo.

Tenemos que celebrar la buena nueva.

Y te tengo que cuidar. Te tengo que cuidar mucho.

Me tengo que ocupar de ti. Pero no puedes dejar las clases.

Aunque no hay nada que le impida cantar a una mujer embarazada.

Luis, te pido que esperes. Volveré en unas semanas.

Está bien. Haremos lo que tú quieras.

Me alegro de que te pongas tan contento con la noticia.

¿Contento? Contento no, Francisca.

No estoy contento. Es algo mucho más grande.

Todo va a ir bien entre nosotros.

Los problemas se acabaron. Eso es parte del pasado.

Ese hijo va a iluminar nuestras vidas. Ya lo verás.

Estoy convencido de que va a ser un niño.

Luis, tengo que dejarte. Te llamaré pronto.

Está bien. Cuídate. Y si quieres que vaya,

no tienes más que decírmelo. Lo dejo todo por ti.

Por ti y por nuestro hijo. ¿De acuerdo?

Luis, adiós. Adiós.

(SUSPIRA)

Como sigas con esa sonrisa, tus pacientes murmurarán.

Que lo hagan. Vuelvo a ser soltero.

¿Cómo no voy a sonreír? Lo cierto es que me equivoqué.

Sabes que me equivoqué al casarme con Marina.

Pero ahora es como si nunca hubiera sucedido.

Pero sucedió. Y hay cosas que no pueden cambiar.

Lo cierto es que ya no estoy casado con ella.

Ahora solo falta que me den también la nulidad.

Rodolfo se comprometió a agilizar los trámites.

Y tu madre. ¿Mi madre? No tiene

por qué enterarse hasta que esté todo hecho y no pueda hacer nada.

¿Cuánto tiempo crees que tardarán en concedérosla?

No lo sé. Dependerá de si Rodolfo utiliza

sus influencias o no. Lo hará. Lo dijo.

Entonces, no creo que tarde mucho. Unas semanas, unos meses.

Después de todo el tiempo

que llevamos esperando, me parece poco.

Cuesta creer que vaya a ser todo tan sencillo.

No va a ser sencillo. Sé que al principio

vamos a estar en boca de todos.

Pero una vez nos casemos, la gente dejará de juzgarnos.

En cuanto la Iglesia bendiga nuestra unión,

¿quién se va a atrever a cuestionarla?

Siempre hay gente dispuesta a ello. Siempre.

Y esa gente nos va a dar igual.

Me encanta que seas tan optimista. Pero bueno.

¿Acaso no tenemos motivos para serlo?

Piénsalo. La vida no ha dejado de ponernos a prueba

y hemos podido con todo. Has podido con todo.

¿Sabes ayer en la conferencia lo que me dio por pensar?

No. Qué en menudo brete te había metido.

Aparte de eso. Cuando estaba dando la charla,

de repente, pensé que por fin era el hombre

que siempre había querido ser.

Estaba orgulloso con lo que hacía.

Sentía que la gente me escuchaba con respeto

y estaba orgulloso de la mujer que tenía a mi lado.

¿Y todo lo pensaste ayer?

De no ser por ti, no hubiera ocurrido.

No eres consciente de la repercusión de esto.

Por desgracia, estas cosas se olvidan fácilmente.

No, si las refrenda la Casa Real.

Hoy en la prensa no se habla de otra cosa.

Hasta la reina escribió una reseña.

Ojalá muchas mujeres lo lean. Y no solo mujeres.

También el director de mi hospital.

¿El director? Le ha encantado.

Esta tarde me ha citado a una reunión

con la directiva del hospital. Esperemos que sean buenas noticias.

¿Cómo no van a serlo? Nos merecemos otra buena noticia,

después de tantas malas. ¿No crees?

Eres un optimista incorregible. Hoy tiene que ser un gran día.

¿Carolina?

¿Carolina?

Oh. -¿Qué pasa, Bernardo?

-Menos mal que estás bien. -Eres tú el que no parece estarlo.

-Y con razón. Mira. -"Sed de sangre".

Qué titular más tenebroso. -Lo que sigue es peor.

(LEE) Si es usted una de tantas jóvenes

que habita en la villa de Madrid, no siga leyendo

hasta asegurarse de haber cerrado

las puertas y ventanas de su hogar.

¿O acaso quiere ser la próxima víctima

del más despiadado asesino que jamás haya obrado en Madrid?

Se hiela la sangre solo con leerlo.

-Es lo que buscan quienes lo escriben.

No deberías hacer caso a lo que dicen los diarios.

-¿No te das cuenta de lo que pasa?

Sigue libre. Podría matar en cualquier momento.

-En el periódico de ayer decía que manda un aviso.

La página de la Biblia con la Ley del Talión.

Y yo no he recibido nada.

-En este periódico asegura que mata sin ton ni son.

¿Y si el periódico de ayer estaba equivocado?

¿O ha decidido matar sin avisar?

-Pero para eso estás tú, ¿no? Para protegerme.

Porque para eso has venido. ¿O no me equivoco?

-Carolina, no quiero que te ocurra nada.

-No tengo miedo. Ya te lo he dicho.

Por muy fiero que pinten a ese asesino en los periódicos.

A mí quienes realmente me asustan,

son los que van de mosquitas muertas.

-¿Qué has querido decir con eso?

-Que hasta ahora no he querido atender

a las palabras de mi padre sobre ti.

Pero, últimamente, no paro de darle vueltas.

-¿Y se puede saber cuáles son esas palabras?

-Nada. Déjalo. -No. Quiero saberlo, por favor.

-Según él, no eres de fiar.

-Carolina, las diferencias que hayamos podido tener

tu padre y yo, no guardan ninguna relación contigo.

Sí, pero aún así me afecta.

Y aunque yo te vea como un hombre

digno de confianza mi padre

afirma que eres lo contrario.

Pues precisamente si me he enfrentado

varias veces a tu padre ha sido por la confianza

que tenían en mí las personas a las que él quería dañar.

Y ahora eres tú a quien quiero proteger.

Y te juro por mis hijas que jamás te haría daño.

Puedes confiar en mí.

Eso son sólo palabras, Bernardo.

Está bien.

Está bien, dame ocasión de probarlas.

Ponme a prueba y verás que no traiciono tu confianza.

Está bien.

¿Qué quieres que haga?

Que vengas aquí a trabajar conmigo.

Pero, Carolina, esto ya lo hemos hablado.

Yo ya tengo un trabajo, soy abogado, no vendedor.

Y tú lo sabes.

Me has pedido una proposición y ahí la tienes.

Nadie te obliga a aceptarla.

No estoy diciendo eso, pero entiende por favor

que me pones en un compromiso muy serio.

Yo te pagaría mucho mejor que tu amigo Salvador.

No es cuestión del dinero.

Por no hablar del asesino.

¿Y qué tiene que ver el asesino ahora con todo esto?

Que estando aquí conmigo podrías protegerme,

ya que te preocupa tanto mi seguridad.

Paso muchas horas sola en la tienda.

Y aquí puede entrar cualquiera.

¿Qué me dices?

Su majestad me ha pedido

que les transmita su felicitación.

Las damas asistentes

han hablado maravillas de la conferencia.

Bueno, hicimos lo que pudimos.

Eso me parece de una modestia excesiva.

La verdad es que su trabajo

ha suscitado la admiración de todos.

Me parece un poco exagerado, don Emilio.

En absoluto, les alaban la organización de la casa,

Su simpatía para con los presentes

y sobre todo la claridad de buen gusto

de la conferencia del doctor Loygorri.

No era tarea sencilla dada la delicadeza del asunto.

Usted nos puso las cosas muy fáciles, don Emilio.

Su ayuda fue decisiva para el éxito del acto.

Eso sí que me parece excesivo,

pero muchas gracias en cualquier caso.

La cuestión es que todo fue tan bien

que su majestad quiere mantener viva la causa.

No sé si le entiendo, don Emilio.

La reina cree que para concienciar al pueblo

de la importancia de la prevención

es necesario celebrar más actos como el de ayer.

Pero eso es muy buena noticia, Adela.

Sí. Por favor, trasmítale a su majestad la reina

nuestro más sincero agradecimiento, don Emilio.

No será necesario. ¿Por qué?

¿No se lo figuran?

Por favor, diga de una vez lo que tenga que decir.

La reina quiere felicitarlas en persona.

Pero eso quiere decir que... A no ser que tengan

algún inconveniente en acudir a palacio.

Por supuesto que sí.

Bueno, quería decir que no,

que no tenemos ningún inconveniente

y que nos encantaría ir.

Será un honor, don Emilio.

Pues en ese caso organizaré un encuentro para tan pronto

como la agenda de su majestad lo permita.

Ya en breve recibirán

las invitaciones formales de la Casa Real.

La reina está deseando charlar con usted otra vez

en mejores circunstancias.

Y conocerla a usted. Y a sus maridos, por supuesto.

¿Cómo que a nuestros maridos?

Sí, eso he dicho.

¿Por qué me mira como si hubiera propuesto algo absurdo?

El diputado Loygorri podrá acompañarla, ¿verdad?

Sí, claro, por supuesto.

No le haga caso, son los nervios.

Es que no me lo puedo creer. Es imposible, Germán.

Es cierto, Antonia, Gabriel ha vuelto.

Adela se lo encontró ayer en Casa Silva,

en la charla del cáncer de mama.

¿Pero si ha vuelto cómo no ha venido a verme?

Porque se había comprometido a acudir a ese evento.

¿Y qué pinta Gabriel en una charla

sobre el cáncer de mama? -La pagaba él.

¿Qué? -Se ve que ha donado

una fortuna a la causa de Blanca.

¿Gabriel? Pero si no tiene dónde caerse muerto.

Es que esa es la otra parte.

Gabriel ahora es rico.

¿Cómo que es rico? -Sí, no sé cómo.

Incluso ha comprado un título nobiliario.

Ahora es un conde.

Germán, si todo esto es una broma

te pido que pares ya. -No es una broma.

Aunque lo parezca, no es una broma.

¿Pero entonces si ha vuelto

por qué no viene a ver a su madre?

¿Y por qué no viene él mismo a contarme estas novedades?

Porque no habrá tenido tiempo.

Para una madre siempre hay tiempo.

A menos que...

¿Que qué?

Pues que ahora que es rico se avergüence de sus padres.

Eso es imposible.

Gabriel es muy buen chaval. -Ya, ya.

Estoy seguro de que ahora mismo entra por esa puerta.

Pues no, el que está entrando es el chacal del dinero.

Un chacal que nos reporta buenos beneficios.

No lo olvides. -Ya lo sé.

Don Wenceslao, me alegro de verle.

Enseguida recibirán las invitaciones formales

para don Rodolfo Loygorri y esposa

y don Germán Rivera y esposa.

Muchas gracias.

No estén nerviosas, a su majestad le encanta

codearse con matrimonios emprendedores como el suyo.

Señoras, quedo a sus pies. Gracias, don Emilio.

Adiós. Adiós.

¿Y ahora qué hacemos?

Pues cómo que qué hacemos. Ir.

Ay, Dios mío, Adela. ¿Qué pasa?

Pues que a Cristóbal no le va a gustar nada esto.

Ya has acompañado a Rodolfo en otras ocasiones.

Sí, pero por su carrera política.

Y porque ese era el acuerdo.

Y ahora no tiene nada que ver con él, sino conmigo.

Bueno, ¿y qué?

Pues que todo esto que requiere de tanto tacto y delicadeza

quizá pueda retrasar todo el asunto

de mi nulidad con Rodolfo.

Ah.

Le estoy muy agradecido.

Nunca pensé que futuro se vería ligado

al mundo de las inversiones.

Lo hará bien, ya lo verá.

Sólo espero no defraudarle.

Tengo plena confianza en usted, Germán.

Muchas gracias, pero no sé por qué confía tanto en mí,

no conozco nada de este negocio.

¿Es, o más bien, era vendedor? -De telas, no de bonos.

No es tan diferente, ya lo verá.

Aunque mi confianza no se basa en eso.

¿Y en qué se basa?

enseguida he visto que es usted un hombre con don de gente,

cabal y con iniciativa.

Tres condiciones de enorme importancia en este negocio.

Muchas gracias.

¿Y qué se supone que debo hacer?

Su trabajo consistirá en ayudarme a encontrar

y captar nuevos inversores.

No cualesquiera, desde luego.

Es esencial que sean personas fiables y honradas.

No podemos correr el riesgo de que nos fallen

en el momento menos oportuno.

No debe ser fácil encontrar este tipo de personas.

No, no lo es.

Y convencerles de las bondades de este negocio tampoco.

Yo soy la viva prueba de que este negocio funciona.

A la convicción con lo que lo dice me refiero.

Sabe convencer a la gente. Ahora tiene que elegirlas bien.

¿Y cómo se hace eso?

Con el tiempo aprenderá a calar a las personas.

Como yo he hecho con usted.

Pero al principio le convendrá tratar

con quien ya conoce bien.

Eso reduce mucho la incertidumbre.

Sí, supongo que es mucho más fácil.

Mi consejo es que al principio

recurra solamente a amigos y familiares.

Debe elegir bien a quién desea beneficiar

y ayudar a esas personas a multiplicar sus ahorros.

¿Usted empezó así? -No hay otro modo.

Piense, don Germán, que entre la gente honrada,

que son las que necesitamos, hay prevención

contra el mundo de las inversiones.

A todos nos da miedo lo que no conocemos.

Y ahí donde entra usted,

con la ayuda necesaria, por supuesto.

Vaya, me lo he debido dejar en el despacho.

¿Qué estaba buscando?

Tengo unos folletos que explican

nuestra actividad financiera.

Al posible inversor le resultan muy persuasivos,

le ayudan a perder el miedo.

¿Quiere que le acompañe al despacho a buscarlos?

No, no es necesario, ya los traeré mañana.

Y ahora permítame,

tengo pendientes otros negocios.

Buenos días. -Buenos días.

Es la primera vez que le oigo tocar.

Ahora entiendo lo de su renombre.

Nunca he pasado de ser un pianista

con ciertas aptitudes. Un gran pianista es otra cosa.

Usted siempre tan humilde.

Le he traído los papeles del conservatorio.

Bien, pero ante me gustaría

hablar con usted sobre un asunto.

Ah, dígame.

Hoy he recibido una llamada de mi esposa.

Espero que no sean malas noticias.

No, muy al contrario,

no podían ser mejores.

Ah, menos mal.

Francisca está embarazada.

¿Es que no me piensa felicitar?

Eh... sí.

Claro sí.

Felicidades, don Luis.

Es una gran noticia.

Así es. Gracias.

Como es natural es deseo de los dos

que el niño nazca aquí, en la casa familiar.

De modo que Francisca

no tardará mucho en regresar a Madrid.

Es lo natural.

Supongo que comprende lo que eso implica.

Sí.

Me gustaría que quedara claro en cualquier caso.

Tan pronto como ella regrese de Roma

se interrumpirán los encuentros...

digamos "íntimos" entre usted y yo.

¿Lo entiende?

Lo entiendo.

Bien, porque no es un extremo discutible, señorita Beatriz.

Desde ese mismo instante

usted será mi secretaria personal y nada más.

¿Sí?

Bien, muy bien.

Y ahora si quiere tratemos los asuntos del conservatorio.

(LLORA)

Lo siento, yo no quiero llorar.

Reprímase, por el amor de Dios. -Es que no puedo.

Verá, yo no quería ser drástico.

Pero si se lo va a tomar así lo mejor será

que se busque una pensión. ¿De acuerdo?

Creo que eso facilitaría las cosas.

Nuestra relación se reducirá a las horas de trabajo.

Como prefiera. -Bien.

Aunque el asesino ya esté en prisión

no deja de ser peligroso que una mujer ande sola

por ahí a partir de cierta hora.

Parece muy seguro de que es el asesino.

Eso es mucho decir. No tengo la certeza,

pero yo creo que sí, que es él.

Yo tengo otras ideas.

¿Y por qué no me las expone?

Parece comprobado que era amante

de la última víctima.

Más allá de cualquier duda razonable.

Y que esta lo rechazó.

Los celos, motivos de mucha sangre derramada.

A veces sin razón. Fíjese en Otelo.

Sí, pero Otelo mató a Desdémona y paró.

¿Porqué él no ha hecho lo mismo?

¿Qué le relaciona con las otras víctimas?

Eso es lo más terrible; nada.

Las mató para que su crimen pasional pareciese

uno más de los que ya había cometido.

¿Usted cree?

Ahí está el caso de Jack el Destripador.

O el de Enriqueta Martí en Barcelona.

Fueron casos muy populares,

hasta han escrito libros sobre ellos.

Yo creo que nuestro asesino

pudo inspirarse en estos crímenes.

Pero mató a su mujer antes que a las otras víctimas.

Para eso hace falta cálculo,

justamente lo que nunca hay en un crimen pasional.

Yo podría creer que en un arrebato

él matara a su amante y luego matara

a las demás víctimas para despistar a la policía.

Pero es que las mató antes.

Es una teoría interesante, sí.

Pero este homicida no es cualquiera.

No es impulsivo, es frío,

capaz de organizarse y de esperar.

Por lo menos eso me pareció cuando lo interrogué.

Sí, y gracias a usted

yo también he podido hablar con él.

Y su impresión es otra.

Sí.

Relataba los hechos de manera parecida...

muy parecida a la manera

en la que los había contado yo en mi artículo.

Casi parecía que los estuviera diciendo de memoria.

¿Y eso la sorprende?

¿Sabe cuántas veces lo habían interrogado ya

cuando usted habló con él? -No.

Pues tenga por cierto que acaso 10, incluso 15.

Estaba cansado de contar lo mismo una y otra vez.

Sí, quizá eso lo explique.

Yo creo que ese hombre, loco de celos,

lleno de resentimiento, quería matar a su mujer

pero no juntaba el valor necesario para hacerlo.

Creo que se fue desahogando con otras

hasta que se vio capaz de matarla a ella.

Es una teoría interesante.

Y está apoyada por el asesino, que ha confesado.

Pero quizá sólo fuera un pobre desdichado

que desesperado por la muerte de su amante

buscaba notoriedad.

Y un agujero en el cuello,

porque por eso le condenarán a la pena máxima.

He leído sobre suicidios más rebuscados.

Tiene usted una mente fascinante, señorita.

De verdad, debería volver a escribir relatos.

No sé si sentirme halagada o ofendida.

No, no, es un halago, por supuesto.

Aunque la mente creativa

funciona de forma distinta a la criminal, créame.

Parece usted muy convencido.

Bueno, lo he visto otras veces.

Hay hombres a los que se les nota a las claras

que por celos serían capaces de cometer todos los horrores.

Aunque luego pudieran llegar o no a hacerlo realidad.

Y luego hay hombres que acumulan el rencor.

Ni siquiera levantan la voz

y nadie creería que han matado a una mosca.

Hasta que estallan y se convierten en monstruos.

Lo siento mucho, no quería preocuparla.

El marido de su amiga Aurora no tiene por qué ser

uno de esos hombres.

Pero puede que sí.

Esperemos que no.

¡Oh!

(Pasos)

(Pasos)

(Llaman a la puerta)

(Llaman a la puerta)

¡Ah!

¡Pero qué haces!

¡Ay! ¡Ay, Carlos!

¿Qué querías que hiciera? ¡Pues preguntar quién es!

O sea, que ni te disculpas.

¡El que me he llevado el golpe he sido yo!

Y sin venir a cuento. -¿Cómo que sin venir a cuento?

¿A quién se le ocurre entran en una casa

sin llamar a la puerta, sin esperar a que te abra

y con un asesino suelto por Madrid?

Pues precisamente.

Como no me abrías y he visto que la llave no estaba pasada

me he preocupado y he entrado.

No, es que no tienes remedio.

Además, ¿no me habías dicho

que Sofía te había prohibido venir a verme?

Si quieres me voy. -No.

Dime para qué has venido.

No, es que ya con este recibimiento

no sé si me quedan ganas. -Bueno, está bien, lo siento.

Pero quiero saber qué ha sido eso tan importante

que te ha hecho venir a verme.

Pues mira, sé dónde está José María.

¿De verdad? -Sí.

Sí. A ver, no es que tenga sus señas,

pero sé en qué ciudad de Argentina está viviendo.

¡Ay! ¡Ay!

Eres maravilloso.

Gracias. -Gracias a ti.

Y serías mucho más maravilloso

si me dijeses en qué ciudad está.

Espera, que voy a por un atlas.

Venga, un poquito más de brío, que no llevamos porcelana.

¿Qué las ponemos, al principio del almacén o al fondo?

Pues deja aquí como tres y las demás al fondo.

¿Y estas de la marca azul? -¿Qué marca?

Esta marca. Esa, marca azul.

¿Hay más con esa marca? -No, sólo esa.

Habrá sido una equivocación.

Yo no creo que tenga importancia.

Bueno.

Diana. -¿Qué? ¿Qué pasa?

Tranquila, sólo quería decirte que me voy.

Voy a ver a Bernardo.

Tampoco ha llamado esta tarde, ¿no?

No, no que yo sepa. -Ya es impropio de él

que no venga a trabajar sin avisar.

¿Pero que no llame después?

Esperemos que no le haya ocurrido algo malo.

¿Por qué no vienes conmigo?

Es que todavía tengo trabajo pendiente.

Pero ve yendo tú, que yo enseguida voy a casa.

Está bien, pero no te quedes la última para cerrar.

Que no.

Y ven por calles frecuentadas, que haya mucha gente alrededor.

Sí, temprano y por calles muy frecuentadas.

Promételo, no estoy tranquilo con un asesino

que anda suelto, Diana.

Te lo prometo.

Venga, que cuanto antes me ponga, antes acabo.

Benjamín. -¿Qué?

Dígales que se tomen un descanso.

Pero, señora, falta ya poco para acabar la jornada.

Hoy ha sido un día muy duro.

No todo va a ser trabajar.

Necesitan un respiro.

Como usted quiera.

¡A ver, todo el mundo!

Diez minutos de descanso.

Vamos.

¡Aquí está!

Rosario. Ya la he encontrado. -Me alegro.

Ay, Carlos, pasa un río por allí.

¿No es maravilloso?

Una ciudad con río

y con un nombre precioso: Rosario.

Madrid también tiene río.

No compares, seguro que este

es mucho más grande que el Manzanares.

Paraná. Se llama Paraná.

Fíjate que no sabes nada sobre esa ciudad

y ya te parece la más maravillosa del mundo

sólo porque está José María. -Bueno, eso ayuda.

Seguro que José María está construyendo una casa

en la orilla del río, ¿verdad?

Y que tendrá jardín,

y un embarcadero, y una cuadra.

Venga, Elisa, no empieces con tus figuraciones.

Y seguro que está esperando a tenerla lista

para que llegue yo allí y vivamos juntos.

Bueno, eso no tiene por qué ser así.

Claro que no va a ser así. ¿Y sabes por qué?

Porque yo me voy a adelantar.

Tengo que ir a Rosario cuanto antes.

Me refiero a que igual José María

se ha olvidado de ti. -Claro que no, Carlos.

José María no se ha olvidado de mí. ¿Y sabes por qué lo sé?

Porque es mi alma gemela y yo no me he olvidado de él.

Elisa, un alma gemela no abandona a la otra.

Estás haciendo planes para juntarte con una persona

que te ha abandonado y se ha ido.

Quizá no quiere saber nada más de ti.

Yo primero le escribiría. -¿Ah, y esperar una respuesta?

No tengo tiempo para eso.

Primero, mis hermanas me descubrirían.

Y segundo, yo me moriría de angustia de esperar.

Una respuesta que quizá nunca llegaría.

-Claro que llegaría.

Porque José María me quiere y estoy harta de que lo cuestiones.

-Está bien, no voy a tratar nunca más el tema.

-Está bien.

Y, ahora, ¿me vas a ayudar a preparar el viaje a Argentina

o lo hago yo sola? Te recuerdo que en estos días

es muy peligroso que una señorita ande sola por Madrid.

Si me pasara algo, te arrepentirías toda tu vida.

-Qué remedio, te ayudaré aunque me parezca una locura.

Elisa, es que vas a cruzar medio planeta

solo por una corazonada.

-A corazón hay que hacerle caso.

-¿Has pensado qué puede suponer esto?

-Pues, en primer lugar, mis hermanas no lo pueden saber,

al menos hasta que esté en mitad del océano.

-Muy bien, ¿y el dinero? Un pasaje a América no es barato.

-Ya se pensará en eso, Carlos. Lo importante ya está

y es que sé dónde está José María.

Mi José María.

(SUSPIRA)

-Hola, madre.

-¿"Hola, madre"?

¿"Hola, madre"? ¡Descastado!

Que te vas a una fiesta antes que venir a verme.

¡Me lo han contado! -Anda, deme un abrazo,

que hace mucho tiempo que no nos vemos.

-¡Ay, hijo mío! ¿Pero y estas ropas?

¡Si pareces un dandi!

-¿Qué le parece? Al final resulta que era verdad

lo del dinero. -Ya veo, ya.

¡Ay, si es que no me lo puedo creer!

¡Parece que estoy en un sueño!

¡Madre mía! Qué ganas tenía de verte, Gabriel.

Ay... -¿Puedo saludar al señor conde?

-Claro que sí, tío. ¡Por favor, a mis brazos!

-Ah, qué alegría verte.

Qué lástima, pero tengo que irme.

No quiero empezar mal mi nuevo negocio.

-¿Tan pronto? Vaya, hombre.

Bueno, no se preocupe,

ya tendremos tiempo para ponernos al día.

-Con Dios, Germán.

(APLAUDE)

Anda, no hagas tonterías. ¿Tonterías?

Para tu información, te diré que esta mañana,

en los corrillos de las Cortes, el asunto eras tú.

Sí, tú. Y tu iniciativa, el éxito de la conferencia...

Es a tu hermano a quien tienes que aplaudir, no a mí.

Pues lo haré en cuanto le vea.

Todas las mujeres de los parlamentarios

como locas por asistir a la próxima conferencia

tan bien hospiciada por su majestad la reina,

supongo que tiene mucho que ver. Más que todo lo demás junto.

Blanca, supongo que los demás lo olvidarán, pero yo no.

Sé que esto viene por la entrevista

que diste en el hospital.

Fuiste muy valiente, estoy muy orgulloso de ti.

Gracias.

Pero me temo que no viniste aquí para recibir mis halagos.

No. O mucho me equivoco,

o lo que quieres es hablar de nuestra nulidad matrimonial.

Sé que es incómodo para ti.

Sí, sí, bueno, pero entonces lo mejor será

que lo solucionemos cuanto antes mejor, ¿no?

He hablado con mi abogado para que inicie los trámites,

así que supongo que más pronto que tarde,

recibirás una notificación judicial.

Me alegra oír que eres tan diligente

a la hora de cumplir con tu promesa.

Pero tampoco venía a hablar contigo de eso.

¿Ah, no? No.

¿Y de qué se trata? Quería pedirte un favor.

Sí, si está en mi mano cuenta con ella.

Esta vez yo preciso que su marido a ojos de la ley y de la Iglesia

le acompañe a un acto público,

concretamente una recepción.

Ah, si pretendías desconcertarme, lo has conseguido.

-Pero, bueno, hijo, ¿esto qué es? ¿Me has traído unos puros?

-Madre, ¿qué hace con esto?

Esto no es para usted, son para padre.

Cuando los compré, no sabía que tenía tuberculosis.

-Dáselos al tío Germán, le hará ilusión.

-A él le compré otra caja, esta es para padre.

Yo mismo se la entregaré

en cuanto ponga en orden un par de asuntos.

Saldrá de esta, ¿verdad? -Dios lo quiera, hijo.

Pero la última vez que hablé con él por teléfono

tenía una tos de perro.

-Bueno...

-¿Este es para mí? Ah...

Ay, qué ilusión. ¿Qué es?

¡Ay!

¡Ay, hijo! ¡Pero qué bonito es!

¡Ay, qué preciosidad! ¡Un mantón de Manila!

-Así es. Y este sí que puede decir de verdad que es de Manila,

porque allí lo compré. Los puros los hice traer de Cuba.

Es precioso, hijo, me encanta.

-Permítame.

-¿Qué?

-Así se lo vi llevar a una dama de la alta sociedad

en Filipinas. -Ah...

¿Así? ¿Con los brazos por dentro? -Sí, por dentro.

No querrá usted parecer una isidra, madre.

-No, no, pero, vamos, que aquí lo hemos llevado así,

de la otra manera, de toda la vida. -Está usted preciosa.

-Pero, bueno, hijo, a otra cosa.

¿Has encontrado ya una casa a tu gusto?

Con tantas como has visto, alguna habrá.

-Pues no, todavía no.

-Y, mientras la encuentras,

¿no te quieres venir a casa conmigo?

Es que mejor que en un hotel estarás.

Y ahora que me he quedado tan sola...

-Me gustaría venirme aquí, madre, pero los inversores y empresarios

con los que ahora trato no son amantes de cafés como este

para hacer negocios. -Ah...

Para hacer negocios lo mismo no,

pero para correrse una buena juerga no le hacen ascos.

-Ahí tiene usted razón, todos los gatos son pardos.

-Pero si ahora la casa va a estar muy bien.

con la reforme le pondremos bidé y calefacción.

-¿Pero para qué tanto trabajo?

Digo yo que sería más lógico

que se mudaran ustedes a una casa nueva.

Algunas de las que he visto serían perfectas para ustedes.

-Claro, perfectas para nosotros pero para ti no, ¿no?

-Madre, por favor.

Las apariencias entre la aristocracia

son muy importantes.

Ahora me tiene que disculpar, me tengo que ir.

Quedé en la calle Alcalá para ver un palacete y llego tarde.

Por favor, prométame que se lo pensará al menos.

-Sí.

-Está usted preciosa. -Ah...

Gracias, hijo.

¡Jesús, María y José!

Mi hijo ha vuelto hecho un lechuguino.

El secretario de la reina lo ha dejado muy claro:

Cursará las invitaciones a nuestros esposos,

es decir, a Germán y a ti.

Nos espera a ambos matrimonios.

Y a ojos de todo el mundo, tú sigues siendo mi esposo.

La ley es la que es. Sí, sí, y no va a cambiar.

Te lo dice alguien que ahora trabaja

donde se fabrican y se alteran esas leyes.

De hecho, la invitación llegará aquí, a esta casa.

Vale.

Qué ironía, ¿no? (RÍE)

Después de tantos meses pidiéndome que deje de ser tu marido,

ahora me vengas con todo lo contrario.

No te rías de mí, bastante incómoda es la situación.

¿Vendrás conmigo sí o no? Por supuesto.

¿Me ves capaz de negarme?

Gracias. Y, además, tú estuviste a mi lado

toda la campaña, te lo debo.

Y no deja de ser una buena causa. Desde luego.

Ah... Avísame cuando esté la invitación.

Claro.

Y no le digas nada a Cristóbal, por favor.

Solo haría que empeorara las cosas. No te preocupes.

Si Cristóbal se entera, no habrá sido por mí.

Ni por tu madre. (RÍE) Ni por mi madre.

-¿La Casa Real, hijo?

(RÍE) ¡Ay! -Oh...

¿Ha estado escuchando todo el rato? -No, escuchando no.

Pero no pude evitar oírlo.

-Desde luego, no tiene remedio.

-¿Te das cuenta la de puertas que se te van a abrir

cuando empieces a relacionarte con la Casa Real?

-No pienso meter a Blanca en ningún compromiso.

-Querido, en un compromiso te metiste tú sin ayuda de nadie.

¿No lo recuerdas? -¿Yo?

-Sí, el otro día, cuando perdiste una votación

que deberías haber ganado. Esta es la ocasión de remediarlo.

En cuanto los alemanes sepan que eres un favorito de la reina,

perdonarán tu error. Llegarás lejos, hijo.

(RÍE) ¡La Casa Real! (MURMURA)

-"Good evening!". -¡Ah!

Empiezo a pensar que asustar a las personas

le procura a usted un gran placer. -"I'm sorry".

-¿No puede avisar antes de llegar? Ni que fuera un ladrón.

-Tiene los mapas. -Aquí están.

No he podido evitar mirarlos.

-¿No ha podido o no ha querido?

-Ambas cosas.

Más bien... más de lo segundo.

¿Qué son todas esas marcas?

-No le he contado nada de esto, ¿puedo?

-Soy una tumba.

-Como le dije, los atentados en Sarajevo lo han precipitado todo.

Hay rumores más que atendibles

que los alemanes se preparan para ir a la guerra.

-¿Por qué son atendibles?

-Las fábricas de armamento germanas han doblado la producción,

les están levantando otras fábricas a marchas forzadas.

Y conocer todos estos emplazamientos es vital

para los intereses británicos.

-Las marcas son los emplazamientos. -Ajá.

Fábricas, almacenes, centros de información militares,

nudos de comunicación... En fin, si comienza la guerra,

nuestros agentes sabrán dónde actuar.

-¿Entonces todo esto es para la guerra no para la paz?

-Me temo que la guerra ya es algo inevitable.

-Ah... La humanidad no aprende de sus propios errores.

Todavía hay quien piensa que la violencia sirve para algo.

Vamos a peor. -Yo no lo creo.

Yo creo que el género humano

es cada vez más político y menos guerrero.

Lo que ocurre es que habrá menos guerras, pero serán peores.

Más extensas, más destructivas... -Un panorama desolador.

-El mundo conocerá paz algún día,

el problema es que habrá armas tan terribles

que solo un loco en un lugar preciso

podrá acabar con este planeta.

-Esperemos que ese día tarde mucho en llegar.

-Diana, ahora esto es nuestra misión.

Llegan tiempos de cambio,

esté prevenida.

Vamos a tener mucho más trabajo y cada vez más peligroso.

"Do you understand?".

-¿Ya no hay marcha atrás? -No.

"Take care".

(SUSPIRA)

-Perdón, pensé que te habías dejado la luz encendida. Ya me iba.

Espera, Marina.

Cristóbal, ya te dije ayer todo lo que tenía que decirte.

No es eso, no es eso. Quiero contarte algo.

Por favor, siéntate.

Verás, la conferencia de ayer ha hecho que me llamara

el comité de dirección del hospital.

Han decidido abrir una planta de oncología

y quieren que yo sea el director. Felicidades.

Últimamente todo te sale bien.

El comité me autoriza a llevarme a mi equipo a la planta nueva.

Y eso te incluye.

Pues muy bien Pero yo he pensado

que es un buen momento para tomar distancia,

al menos durante un tiempo.

Que tomemos distancia. Sí.

Puedes quedarte aquí,

estarás a las órdenes del médico que me releve.

Y así no tenemos que vernos todos los días.

Creo que es lo más cómodo para ti. Qué delicado por tu parte.

Te preocupas por mi comodidad. Pues sí.

Ya. Precisamente ahora,

cuando empiezas a subir peldaños, en parte gracias a mí.

Eso no lo discuto.

Si tú nunca quieres discutir, al menos conmigo.

Siempre es más fácil quitarme de en medio,

como si fuera un mueble viejo. No lo saques de quicio.

No cuentes con ello.

Merezco esta recompensa tanto como tú

y no pienso renunciar a ella.

Así que me tendrás a tu lado te guste o no.

Está bien. Solo era una propuesta.

Sí, claro, para librarte de mí.

Pero no lo vas a conseguir. Quizá las argucias de tu madre

te sirvan para darme de lado, pero solo como esposa.

Mientras dependa de mí,

seguiré siendo la ayudante del Dr. Loygorri.

Y espero serlo toda la vida Eso te complicará más las cosas.

Eso es asunto mío.

Tú serás el director de la nueva unidad

y yo la jefa de enfermeras.

Así que vete olvidando de tu plan para alejarme,

porque no lo vas a conseguir.

(Se oye una puerta abriéndose)

-Ah...

-Buenas noches, doña Rosalía. -Buenas noches.

¿Cómo se le ocurre volver a casa sola a estas horas?

-Bueno, estoy sana y salva, ¿no me ve?

-Sí, pero podría no estarlo.

Si lo está no será por las precauciones que toma,

porque no toma ninguna. -¿Va a seguir sermoneándome

o me va a entregar la correspondencia?

-Solo la primera es para usted.

Las otras son para sus hermanas. Las han entregado aquí.

-Ah, mañana mismo se las haré llevar.

-¡A menudas horas!

No sé para qué te digo nada, total, no me haces caso.

-¿Qué ha pasado con Bernardo

-Ah, no estoy seguro, pero le encontré un poco raro.

Parece que no esté enfermo,

creo que se tomó el día libre para algo personal

-¿Qué asunto personal?

-No lo sé.

-Está la fábrica como para tomarse días libres.

-Hay algo que me preocupa bastante más que Bernardo.

¿Qué hacemos con Luis? Francisca le llamo

y le dijo que está embarazada. No tardará en volver.

-Esa es la parte buena de este asunto, ¿no?

-La única parte buena.

-Y doña Beatriz se ha pasado la tarde entera llorando.

Se supone que Luis habrá cortado la relación tan inmoral que tenían.

-Eso también está muy bien, ¿no crees?

-Lo que creo es que no lo sacaremos de esta casa

ni con agua caliente.

-Pues tendrás que aprender a convivir con él.

-Como si eso fuera posible. -Es posible.

Nunca hay guerra cuando uno de los dos bandos

rehúsa el combate. -Ese bando tendré que ser yo, ¿no?

(RÍE)

¿Qué es, señora?

-La marca del asesino.

-Ah, ah...

-Mira qué invitación han recibido los señores de Rivera.

-¿A ver? ¿La Casa Real?

-La reina quiere conocernos a Adela y a mí.

-La reina nos invita a Blanca y a mí

a tomar té en palacio. -¿Con qué motivo?

-Será por la charla del cáncer de ayer.

Estaba apoyada por la reina

y la prensa la ha alabado mucho por ello.

-Qué partido le ha sacado Blanca a su enfermedad.

-Tienes peor cara que ayer, ¿estás bien?

-Eh, tengo que contarte algo que no te va a gustar.

Abandono la fábrica, hoy es mi último día en Tejidos Silva.

-Ayer llegaron estas cartas:

Una para cada una de nosotras.

Para Francisca y Elisa también hay.

¿Pero qué son?

Dios mío...

¿Una página de la Biblia?

¿Pero qué broma es esta, Diana? No es ninguna broma, Blanca.

Esta es la marca del asesino del Talión.

Tengo un negocio que quizá te interese.

Trabajo para un corredor de bolsa que multiplica las inversiones

por dos o por tres. Y en muy poco tiempo.

-Tengo una persona que me hace ese servicio.

-Quizá es la misma, Wenceslao Ortiz de Zárate.

Viene muy a menudo por aquí.

-No, no creo, dudo mucho que él apareciera por el Ambigú.

No me lo imagino ni por este barrio

Resulta que mi inversor es el encargado

de mover el dinero de las primeras fortunas del país.

-Ah... Avisar a la Policía ya,

es lo que tenemos que hacer. De eso me ocupo yo.

El inspector Velasco había detenido a alguien,

pero está claro que se equivocaba.

Creo que sé quién puede estar detrás de esto.

-El que os ha mandado estos anónimos las conoce

y tiene fácil acceso a ustedes.

-¡Por Dios, no lo diga sonriendo! -Discúlpeme.

Tiene razón, a veces me entusiasmo con alguna pista.

Pero fíjese, además,

que utilice Biblias de las propias amenazadas

se aparte de todo lo que este asesino había hecho.

-Esta noche tiene una nueva misión, debe quedarse en la fábrica

hasta que se hayan ido todos los obreros.

Un mensajero llegará entonces y le hará entrega de un paquete.

-Hasta que no detengan a ese asesino que anda suelto,

no quiero que Diana se quede sola de noche.

-Haré todo lo que esté en mi mano.

-Para mí es una broma de alguien que os quiere hacer sufrir.

¿Quién crees que pueda tener una mente tan retorcida?

Para mí está clarísimo, Blanca.

-El día de la conferencia médica se llenó la casa de gente.

-¿Contrató un servicio de refuerzo para ese evento?

-Sí, pero se ocupó de todo el secretario de la reina,

yo sola no podía con todo.

-¿Y puede asegurar que nadie del servicio

se pudo hacer con unas llaves de la casa?

-¡Ah! -El inspector Velasco

ha concluido su interrogatorio a las hermanas Silva.

-Pues felicítele de mi parte.

-Y ahora quiere hablar con usted.

-¿Conmigo? -Buenas tardes, Sr. Civantos.

Espero no robarle mucho tiempo.

-Eso espero también, no dispongo de mucho.

-Podemos hablar aquí mismo.

-Les voy a dejar algo de intimidad. -Con usted también quiero hablar.

Esta tarde llegaré pronto y podremos dar un paseo.

¿Esta tarde? Sí. Es lo bueno de ser director,

que puedo organizarme los horarios. Esta tarde no puedo,

quedé con Adela para ir a ver a una amiga.

(CON MIEDO) Ah...

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  • Capítulo 266

Seis Hermanas - Capítulo 266

16 may 2016

Germán regresa convertido en millonario sin saber que Francisca está embarazada. Diana tiene una nueva misión de espionaje. Cristóbal es ascendido en el hospital. Detienen a un sospechoso como posible Asesino del Talión. Carolina pide a Bernardo que trabaje con ella. Blanca acude a palacio.

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  1. Ali cafo

    No es german en que regresa millonario... Es gabriel...

    29 jul 2017
  2. ivana

    Q lindo es escuchar q nombran Argentina y sus ciudades!!!!! Me encanta!!!!

    08 feb 2017
  3. Tulia

    Jajaja, el Conde de Montecristo.... perdón, digo el Conde del Ambigu....

    18 may 2016