Retratos con alma La 1

Retratos con alma

Lunes a las 23.55 horas

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No recomendado para menores de 12 años Retratos con alma - Programa 9 - ver ahora
Transcripción completa

Una de las alumnas de la academia vive atrapada en un matrimonio

que no le hace feliz.

Su antiguo novio y verdadero amor trata de recuperarla,

pero Flavia se siente incapaz de hacer caso a su corazón,

porque en aquel entonces los matrimonios eran para toda la vida.

Hoy, un siglo después,

problemas como este nos pueden parecer obsoletos,

pero ¿lo son en realidad?

¿Cómo ha cambiado la vida de la mujer en pareja?

(Música de cabecera)

En 1583, Fray Luís de León escribió "La perfecta casada".

Más de tres siglos después, Pilar Primo de Rivera

redactó "La guía de la buena esposa".

Es paradójico

que fueran dos personas que jamás se casaron

las que aleccionaban a las jóvenes

sobre cómo, cuándo y con quién emparejarse.

Hoy hablaremos de la mujer en pareja a través del alma

de los retratos de Marina Castaño,

periodista, escritora y viuda del Nobel Camilo José Cela.

Ella y otros rostros conocidos de la sociedad española

contestarán a la pregunta:

¿Hoy en día la mujer necesita un hombre a su lado?

Yo sí lo necesité, pero no todas las mujeres lo necesitan.

-Yo no he necesitado un hombre para sentirme realizada.

Sí que me ha gustado tener hombres cerca con los que he compartido

muchas de las vidas que tenemos todos.

-No me he sentido a la sombra, lo que pasa que su sombra

ha sido muy agradable, muy cobijadora y muy enriquecedora.

-Yo siempre me considero el marido de Patricia.

Si hay algo de lo que estoy muy orgulloso es de ser su marido.

-Yo, la pareja tradicional la probé, cuando no funcionó

estuve un rato haciendo todo tipo de experimentos poliamorosos.

No me arrepiento, pero no funcionó.

-Evidentemente, trabajar en pareja no es fácil,

imagínate si le añades compañero y encima tu marido.

¿Tú crees que las mujeres necesitamos un hombre

a nuestro lado?

Me parece que el estado ideal de una persona, hombre o mujer,

es el de vivir en pareja.

Es mucho más agradable estar...

en buena compañía, compartir momentos, sensaciones,

alegrías,

es así como yo concibo la pareja. ¿Tú has sido

siempre feliz en pareja?

Sí.

Sí, sí, puedo decirlo con la boca muy ancha.

¿Siempre? Siempre.

¿Incluso la primera vez? Sin duda.

Porque eras una cría. Tenía 18 años.

Yo siempre he dicho que en mi vida

no rectificaría ni un punto ni una coma,

todo lo doy por bien hecho.

Te casaste en el año... Setenta y...

Setenta y cinco. Sí.

Una vez casada, seguí estudiando y,...

dos años más tarde llegó la niña.

Yo tenía gran preocupación

por evolucionar en mi vida profesional,

con lo cual, no me entregué del todo a ser madre.

Tampoco me arrepiento de ello, porque...

mi hija ha salido magníficamente bien,

nunca he dejado de trabajar,

y esto me ha dado fuerza para sentirme una mujer plena.

Tú antes de los 27 años,

creo, que fue cuando conociste a Camilo José Cela,

¿te imaginaste enamorarte

de un hombre de cuarenta y... 42 años mayor que tú?

Tenía que ocurrir, y doy gracias a la vida

por haber estado al lado de este marido,

del anterior marido y del marido actual.

Pero no me digas que no fue una conmoción en un primer momento,

la admiración fue lo que funcionó, digo yo.

Cuéntamelo tú. Sí, la admiración y la seducción.

Piensa que él era un hombre fundamentalmente seductor,

y ni yo misma

tenía mi cabeza en su sitio,

porque decía: "¿Cómo es posible esto que me está sucediendo?".

"Es que no doy crédito

a los sentimientos que están brotando".

"Es que esto no puede ser".

Yo me negaba a mí misma una evidencia y, él me dijo:

"Marina, desengáñate,

somos inevitables".

Nosotros nos conocimos haciendo un programa de televisión.

Yo, de hecho, mi historia es un poquito típica de película,

porque para mí, Patricia era la mujer más guapa del planeta.

Yo siempre decía: "La mujer más guapa del planeta".

-Yo me enamoré del que hoy es mi marido antes de conocerle.

Yo me enamoré por teléfono.

-Porque yo la tuve que llamar de Barcelona, yo era guionista,

porque grabábamos a los tres días y tenía que mandar los guiones,

y le dije: "Soy Luis Canut,

el guionista del programa, no te puedo mandar los guiones

porque no me ha dado tiempo a escribirlos".

-Y a mí lo que me contaba me ponía contenta, ¿te acuerdas?

-No le conté otra cosa. "No te puedo mandar los guiones".

-"No te puedo mandar el guion". Y yo, en lugar de enfadarme,

decía: "Nada, no pasa nada, no te preocupes, ya me lo darás".

Y ese primer día que me llamó, yo estaba poniendo la secadora

en mi casa, me llamó y me dio un vuelco el estómago.

Colgamos y yo llamé a mi madre.

-La conversación fue esa, no hubo más conversación.

Llamé a mi madre: "Mamá, me acaba de dar un vuelco el estómago".

Y dice: "¿Por qué?". "He hablado con un chico

y me ha dado un vuelco el estómago".

-(RÍE)

Manuel y yo nos conocimos inevitablemente en el teatro, claro.

Un día me dijo:

"Me han hablado mucho de ti, que eres una chica estupenda, pero...".

Y yo le dije: "Es que yo gano con el trato".

Y entonces,... a los seis meses nos casamos.

-La verdad es que nos casamos muy jovencitos, yo no tenía 21 años

y José María no tenía todavía los 24 años.

La verdad es que hoy en día, eso...

es muy joven en esa época. -Pensábamos que éramos mayores, ¿eh?

-De hecho, éramos muy maduros.

-Pero yo me sentía cómodo en ese acompañamiento.

Yo no me he enfadado nunca con ella, es ella la que se enfada conmigo

muy a menudo. Bueno, durante ocho o 10 años

para acá ya no son broncas, son consejos.

-Lo primero que me doy cuenta, sinceramente,

no es que era un gran periodista, era el jefe, era el "boss",

y yo encontré que era un tío guapísimo

y se lo dije a las compañeras, porque era muy joven, tenía 30 años,

y dije: "Ha llegado un jefe estupendo".

"¿Cómo estupendo? Es guapísimo".

Él era un señor casado. Yo era una cría loca

que hacía de todo, estudiaba, trabajaba, pasaba desfiles,

yo era un no parar, y esto le impactó, porque vasco, serio,

venía de un país marcado por la tragedia y llega al sur,

él descubre el sur, que dice que yo soy parte de ese sur,

pero él descubre el sur, y para él fue muy deslumbrante

aquella campana que iba sonando por toda la casa.

Y no fue flechazo, ni mucho menos, sí atracción,

porque él era un señor casado, era el jefe, y yo tenía un novio y...

en fin, no. No fue un flechazo, fue una lucha.

-"Cuando San Valentín lanza sus primeros Globos Onda primaverales,

los jóvenes desafían a los elementos y ni se enteran de la lluvia".

-Ha sido un flechazo.

# Hoy es el día de los enamorados

# con ansias y esperanzas

# de un querer. #

Ay, qué clase de bebedizo te habrá dado que vienes enloquecido,

como si no hubiesen más mujeres en el mundo.

# ...de los enamorados,

# juntemos tu sonrisa y mi canción. #

-Quiero casarme con esa chica. -¿Casarte?

-Sí. -Papá, me quiero casar.

Eso no lo recuerdo, estaba casado cuando tú empiezas con él.

Sí, y yo también. Y tú también estabas casada.

Los dos. Creía que estabas divorciada.

No, no, no, estábamos casados los dos.

Entonces, también, igualmente, ¿y tu madre, y tu padre?

La familia se puso en contra, como te puedes imaginar.

¿Qué te decía tu madre?

No me decía nada porque no me hablaba.

Que era todo un puro disparate, que era una alucinación mía,

un capricho de él, y pues...

Eras su niña. No lo comprendía,

pero al cabo del tiempo, pues...

las cabezas empezaron a entrar en razón

y se dieron cuenta de que, bueno,

que esto no era ninguna tontería,

ningún capricho,

y tampoco ninguna veleidad, frivolidad,

y que lo nuestro

eran unos sentimientos sólidos, una relación sólida,

como así se vino demostrando a lo largo de los 17 años

que estuvimos juntos.

Yo, en el matrimonio con mis padres no veo mucha diferencia.

-Mis padres eran bastante modernos,

mi padre tenía una profesión

de ortodoncista, donde él era un líder,

y yo recuerdo siempre de pequeño que viajaban por todo el mundo.

Y yo, al ser el séptimo, mi madre aprovechó y dijo:

"Voy a viajar con él". Te quedas aquí, ya sois siete y hacéis grupo.

-Mis padres tuvieron un montón de hijos, somos siete hermanos,

pero como matrimonio, si algo me encantaba de mis padres,

es que aunque tenían siete hijos, siempre fueron un matrimonio

a parte de sus hijos,

es una cosa que yo he vivido en mi familia.

Mi madre siempre decía: "Yo os adoro, por mis hijos

hago lo que sea, pero con quien me casé es con vuestro padre".

Entonces, mis padres siempre nos han dicho

que con la persona que decidas compartir tu vida, sé feliz

y quiérele y trátale bien

y cuídale.

Yo me casé con Luis para toda la vida y es el hombre de mi vida,

y lo sé, y aunque me separe mañana, Luis es el hombre de mi vida.

Yo siempre se lo digo: "Tú haz tu vida, sé feliz

y quiéreme, porque yo te adoro,

pero no me decepciones porque te voy a dejar igual".

-Y yo vivo con esa espada de Damocles.

-Pero es que yo creo que es así.

-Tú puedes querer muchísimo a tu pareja y

por lo que sea, por temas profesionales, aspiracionales,

por lo que sea,

dejas de encajar en la vida y...

sigues queriendo a esa persona,

pero a lo mejor ya has construido lo que tenías que construir

y ya está, y esa persona, en mi caso,

el padre de mis hijos, la quiero muchísimo

y estoy muy orgullosa de que sea el padre de mis hijos.

Y no vivimos juntos, nos hemos separado, él se ha casado,

pero no podría pensar en otro padre para mis hijos.

-Yo creo que también hay ahora matrimonios que duran mucho tiempo.

Como todo ha cambiado, y la sociedad ha cambiado,

ya no funcionan de la misma manera, por tanto,

el hecho de que no dure un tiempo determinado su matrimonio,

tampoco se hace raro ya, es una fórmula distinta.

Yo no he tenido necesidad de que eso se produjera,

quizá porque soy más antigua,

eso también va con los años,

pero también es cierto que yo recuerdo,

que cuando me casé con Manuel,

me dijo:

"Vamos a casarnos, pero si esto no funciona, lo dejamos".

No llegó ese momento, afortunadamente.

-"Julio Iglesias ya se ha casado".

"¿Seguirá igual la vida para Julio Iglesias?".

"Tal vez el páter nos lo aclare".

-"...y por lo tanto la vida no sigue igual".

-"Estoy pintando Gala y Dalí".

Dalí y Gala.

En todos los cuadros, Gala aparece como protagonista.

Ejercían de esposas, pero también de fervientes admiradoras.

-Que cuando encontrara a Borges

a los 12 años, me sintiera deslumbrada.

Sigue siendo la mitad de mi alma. El aire que respiro.

Y compañeras insustituibles de vida.

1929, muy importante para Rafael porque conoce a María Teresa León.

-Hay poemas dedicados a ella y ha sido para mí una persona,

una compañera fundamental hasta ese momento,

en que su salud está bastante deteriorada.

Pero ¿estas grandes mujeres estaban al lado o detrás

de esos grandes hombres?

¿Tú no dejaste un poco de lado tu profesión

y pasaste a ser más "señora de", que Marina Castaño?

Eso es inevitable, Isabel.

Yo trabajaba en Radio Televisión Galicia.

Me acuerdo que un día me llamó por teléfono, a la radio,

y me dijo: "Pide la excedencia que nos vamos a vivir juntos".

Y yo lo hice. Yo subí directamente

al despacho del director y le dije: "Quiero la excedencia".

Y seguí...

evolucionando en mi profesión

sin ningún tipo de pena por haber dejado mi plaza.

¿Nunca, ni siquiera con la perspectiva del tiempo?

No, y te diré por qué: En la vida,

lo más permanente que hay es el cambio,

y me parece que eso es bueno, agradable,

sano para la cabeza.

¿Y cambió todo en vuestras vidas, o mucho, qué significó para ti,

como persona, vivir,

saber que le habían dado

el Nobel a Camilo José Cela?

Recuerdo que era una mañana que estábamos en casa.

Camilo José participaba en la tertulia de Hermida.

No sé si minutos antes de conocerse la noticia del Nobel,

y yo ignoro si sabiéndolo ya por una llamada

a Camilo José Cela...

Él me hizo llegar un mensaje que decía literalmente lo siguiente,

creo: "Nobel o no Nobel,

yo estaré en la tertulia...". -Como puedes ver, es jueves.

A eso de las 12, creo que fue, del mediodía,

suena el teléfono en casa

y le dice otra voz: "Señor Cela,"

con acento sueco, por supuesto,

"va a oír

usted el resultado de la deliberación

de los miembros de la Academia Sueca,

porque este año ha sido elegido como premio Nobel de Literatura".

¿Recuerdas las primeras frases de Camilo José Cela?

"Marina, me han dado el Nobel". Claro.

Y yo no sabía qué hacer, si subir, bajar, quedarme quieta,

porque lo que ocurría era algo como una especie de terremoto.

El premio Nobel que se me entregó,

este alto galardón a las letras del mundo entero,

lo hubieran podido recibir, a igualdad de méritos

que yo sin duda alguna, y quizá por encima y no pocos casos,

cualquiera de los escritores que tienen mi edad en este momento.

¿Tú te has sentido en algún momento mujer "a la sombra de"?

No, me he sentido más bien "mujer al lado de".

Éramos un tándem

que funcionaba a la perfección,

en el trabajo, en la vida íntima, en el amor,

en las relaciones sociales, éramos un tándem que funcionaba.

Es que es así como tiene que ser una pareja,

si no, no merece la pena.

Siempre me considero el marido de Patricia.

-Y yo soy la mujer de mi marido.

-No, pero a nivel profesional,

siempre me he sentido su sombra,

aunque ella me ha dado mi sitio.

Mi padre era una persona muy importante,

con lo cual, yo siempre fui el hijo del doctor Canut.

Luego tuve un hermano que destacó y pasé a ser el hermano de Nacho.

Estar a la sombra de gente que admiras es un orgullo.

Yo estoy muy orgulloso de ser su marido.

-Y yo de ser su mujer. -Sí, pero estamos hablando

de si yo me siento a la sombra tuya, porque tú eres una persona

mucho más popular.

-Bueno, déjate, que tú estás cogiendo carrete.

-Un poco, ¿no? Es verdad, sí.

Pero me siento muy orgulloso.

-No es que de alguna manera yo sea más que él.

Trabajamos en conjunto, pero llevo las riendas de la cocina.

Yo creo los platos,

la que los hace.

Entonces, al final, cuando alguien viene,

lo que más halaga es la cocina, lo que come.

-No es que note que ella coge las riendas del negocio, sino...

No es que lo noto, es que lo sé, se las entrego, es decir...

Pero yo me daba cuenta que...

donde yo miraba, ella veía.

Es decir, le veía

que tenía unos principios, unas habilidades

absolutamente extraordinarias. Pero ella no se daba cuenta.

También es verdad que si yo no me hubiera sentido contento,

no estuviera orgulloso, entre comillas, de su trabajo,

de su quehacer, de su valor,

que yo no hubiera estado contento, hubiera hecho otra cosa

o estaríamos en negocios distintos o no estaríamos juntos, no lo sé.

-Yo no he sido la mujer que ha acompañado al gran periodista.

Le he acompañado vitalmente,

por supuesto, pero no he renunciado

a nada por hacer su vida, a nada.

Yo, desde luego, lo he peleado como gata panza arriba.

Mi vida y mi minicarrera es mía,

y esa, ni Iñaki...

ni que hubiera venido el Premio Nobel, a mí me da igual.

Te quiero mucho, pero tu vida es tuya y la mía es mía.

Hay que pelearlo.

Él decía hace muchos años

esa cosa tan antigua de "He encontrado a mi media naranja".

Yo le he dicho: "Ojo, que yo no estoy partida en dos,

que yo soy naranja completa". Y él decía:

"Quiero una naranja completa".

-Yo antes dejaba mucho pasar, y tragaba y tragaba,

pero no porque nadie me obligase, sino porque cada uno

tiene sus taras.

La época en la que estás casada con Beltrán, al final...

que vuelvo a decir, la familia de Beltrán es...

una familia que tiene un apellido, un parentesco,

pero es una familia normal, no es Real ni nada de eso,

y yo con quien me casé es con un señor que tiene una madre estupenda

y unos hermanos increíbles, una superfamilia,

y que como toda familia,

tiene su manual de conducta.

No me encontraba ni atrapada ni en un sitio que no me correspondiese,

porque no hay ningún sitio entre personas, solo hay personas.

Y es lo que era.

Eso sí, iba más mona vestida siempre,

porque teníamos más vida social, también hay que decirlo,

pero nada más, solo eso.

Durante años, estuvo vigente el terrible refrán que decía:

"La mujer, en casa y con la pata quebrada".

La mejor independencia de la mujer es tener un marido

que trabaje por ella.

-A los hombres no les compadezco, se organizan la vida a su gusto,

trabajan porque les divierte, entran y salen cuando quieren.

-Para mí, el feminismo sería que la mujer

estuviera en su verdadero sitio, como madre, como esposa.

-En cambio nosotras, en casa encerradas, condenadas a una labor

anónima sin recompensa, sin sueldo.

-Las mujeres no tienen libertad. -No tanta.

-¿Por qué? -La mujer se debe más a la casa.

Mujeres de varias generaciones fueron educadas

para ser abnegadas esposas y solícitas compañeras.

¿La vida al lado de Camilo José Cela era fácil?

Era fácil, sí.

Porque también le ponías una vida cómoda,

le resolvías muchos problemas, le quitabas de encima...

Sí, y además lo hacía encantada.

Porque él era muy dependiente, muy.

¿Muy? Dependiente.

¿Dependiente de ti? ¿Quería saber tu opinión...?

Sí, todo, todo.

Todo, pero además, él decía: "Yo, sin Marina, no puedo".

Era incapaz de dar un paso.

Es decir, ¿Camilo José Cela no era machista, Marina?

No, en absoluto, al contrario.

Admiraba tantísimo a la mujer, que la enaltecía siempre.

Yo siempre he sostenido

que los pilares de un amor duradero,

de una pareja duradera, son el respeto por encima de todo,

naturalmente, el amor y, por último, la fidelidad.

No te han faltado al respeto.

No.

No lo hubieras permitido. No lo hubiera permitido.

Y, además, es que no podría ser de otra manera.

Si yo no siento esa sensación de respeto,

no soportaría sentirme chiquitita.

No aguantaría con una persona que me hiciera sentir chiquitita.

Sí, pero a ti no te molestaba que hablara a otras mujeres,

piropeara,... No, porque yo sabía perfectamente

que su única mujer era yo.

Naturalmente, yo una infidelidad

no la hubiera aceptado,

no la hubiera tolerado, ni bien ni mal.

Él pertenecía a esa generación

que recordaría a la señora Francis, ¿tú te acuerdas?

Malamente. Los consejos que...

Los consejos de Francis.

"Ay, hija, aguanta, que es tu marido, acéptalo como es".

Sí, sí. Vaya por Dios, qué lástima, qué penita.

Era increíble.

Nacido en 1947,

el consultorio radiofónico de Elena Francis

instruía a las esposas en valores como la abnegación

y el sacrificio y respondía a sus ruegos y consultas.

Ayúdeme, tengo que consultarle un terrible problema.

Se trata de mi marido.

Está siempre irritado y se pasa días enteros sin dirigirme la palabra.

Tiene accesos de terrible cólera. Cuando me dice algo,

es con malos modales.

-"Mi amable amiga,

me dice usted que soy la única persona

que puedo darle un buen y acertado consejo en estos momentos".

"Habiéndose su marido vuelto exigente, insoportable,

según sus palabras,

usted ha perdido la poca paciencia que tenía

qué triste es esto".

Las respuestas seguían a rajatabla las doctrinas

del Régimen Franquista.

-La preocupación femenina es que la mujer se centre.

Para la mujer casada lo primero es la vida familiar,

la vida del matrimonio y el cuidado de los hijos.

Tal fue el adoctrinamiento, que pronto el mensaje

caló en la calle.

El matrimonio era indisoluble y la mujer,

un apéndice de su marido.

-¿Qué opina usted del Proyecto de Ley de Igualdad Jurídica

entre el hombre y la mujer? -Que no me gusta.

El hombre es el hombre y la mujer es la mujer.

-¿Y usted? -Yo lo mismo.

La mujer casada tiene sus derechos, pero también sus deberes.

Sobre todo, como decía la señora Francis,

el deber de la paciencia.

La paciencia ha de ser un arma para la mujer, ha de pensar

que si no puede aguantar a su marido,

tampoco podrá aguantar a otro, y vivir sola,

después de haber estado acompañada en familia

creada por sí misma, le será muy difícil también.

-Antes pediría mi pan por los caminos que vender esa barca.

Sería como venderle a él.

-Conozco la historia.

-Me acuerdo de oír a Francis, porque mientras me maquillaba,

por el transistor,

me encontraba con esa voz meliflua que aconsejaba a mujeres

y les decía unas cosas

en un mundo que era distinto al que yo veía,

al que yo palpaba.

Como un mundo...

imaginario en el que...

en el amor todo era maravilloso y la mujer,

naturalmente, tenía que...

sacrificarse, atender su casa, su marido.

Hoy día...

es inconcebible la falta de realidad de lo que era realmente una mujer

y eso ha quedado ahí para la historia.

-Mi abuela, la madre de mi padre, que era una señora del campo gallego

de la aldea más oscura que te puedas imaginar,

que iba con el pañuelo negro porque se quedó viuda pronto,

mi abuelo le ponía los cuernos.

Y sus amigas del pueblo, le decían:

"Pero, Dolores, que te está poniendo los cuernos".

Y mi abuela decía: "Pero a mí que me importa,

si a mí mi marido me trata bien, y me quiere".

"Si a mí no me pierde el respeto

para lo que a mí es importante".

Para mi abuela, que mi abuelo se liara con una, no le importaba

porque decía, mira qué brutalidad:

"Pero si eso llega para todas, ¿qué más da?".

-Yo he estado rodeada de mujeres muy presumidas,

yo no lo soy nada, pero mis dos abuelas

no permitían que sus maridos las viesen en bata.

Ni mal peinadas.

Eran este tipo de gente

que llega a casa y se pone otra ropa igual que la de la calle,

pero la de la calle no entra en casa, igual de estupendas,

pero impecables siempre.

Mi abuela, la madre de mi padre, decía que si hacía viento

se podían ver todas las piernas, pero el pelo

no se podía mover de su sitio.

-"Los rulos, las pinzas y la laca nos ayudan a componer el peinado

y ponernos de un guapo subido".

"Lo malo es que es difícil conservarlo tan pocholo".

"Algunas veces, al regresar a casa,

nuestros maridos dicen:

'Ciertas cosas con gusto no pican'".

"Sabrán los hombres de nuestros sacrificios".

Por muchos sacrificios que supusiera la vida de casada,

en aquellos tiempos el matrimonio era la única opción.

-Hemos fundado un club.

-Proclamaremos los derechos de la mujer casada.

-Y de la mujer soltera. -No.

La mujer soltera no tiene derechos, solo tiene una obligación: casarse.

Los derechos los adquiere después.

Tal y como estaban las cosas, pasar por el altar

era casi una necesidad.

-Me quiero casar. -Toma. ¿Conmigo?

-Con quien sea, don Ramón.

Pocas se atrevían a decir "me quedaré soltera",

si no querían arriesgarse a ser consideradas unas solteronas.

# Me quedaré soltera...

-¿Qué quieres decir con eso de que no te vas a casar?

# ¿Con quién casaré?

# Si mi cuerpo está viejo... #

-Mi tía Rosario es una solterona.

Cuando nació le dijeron al padre: "Ha tenido una soltera".

# Dicen que es mejor ser monja

# que estar así. #

-Y las ganas que tiene de casarse... A todas las bodas va.

Y cuando dice el cura: "¿Quiere tomar por esposo a este?".

Y dice ella: "Si no lo quiere, para mí".

# ...y mira todo tuerto.

# Y si muero,

# si muero de vieja sin tener pareja... #

-Le llamamos la espontánea.

Se pasa la vida en la puerta de la iglesia:

"Quiero una oportunidad".

# Solterona,

# llantos de verdad en su funeral. #

Otras cosas que han cambiado, tú crees que en algún momento

algunas mujeres, de generaciones

anteriores, el quedarse soltera

era casi un verdadero... Drama.

Drama. Sí.

Vivimos un momento en que, por fortuna,

la mujer ha alcanzado puestos muy importantes en la sociedad,

en la empresa, en todos los ámbitos

y, no tiene necesidad de un marido que la avale,

por decirlo de alguna manera.

Entonces, ¿estás soltera? -No importa nada, es admirable.

Quedarse para vestir santos

era una cosa que se decía en cuanto llegaban

a los 20 o 25 años. Es una frase horrible.

Yo me casé más tarde.

Claro, eso era injusto.

Que las pobres mujeres de entonces, ¿qué otra cosa sabían hacer?

O las metían a monjas o se tenían que casar con el que fuese.

Eso era horrible, porque por sí mismas...

Es verdad que algunas salieron adelante, tan difícil debía ser.

-Lo de la solterona, y el soltero de oro también,

yo creo que se le marca mucho a la mujer por el hecho de la edad

y los hijos, con lo cual... es como que se te pasa el arroz.

-A mí me parece fatal.

-Nosotros tenemos un entorno de una gente, de una edad

en el que la divorciada y el divorciado son diferentes.

La divorciada es como una desesperada, que es como

"Te voy a presentar a...". "A mí déjame en paz,

ya conoceré yo gente".

Y el divorciado es como:

"Ole, qué suerte, vas a vivir una segunda juventud".

Y eso es una cosa que tenemos que superar.

-Yo tengo dos tías viudas: una se quedó muy joven

y la otra, con la edad que tengo yo ahora,

y una que se separó en la España franquista cuando nadie se separaba.

Y estas tres mujeres que estuvieron solas casi toda su vida,

porque entonces volverse a casar estaba muy mal visto,

separada no se podía separar, no había divorcio,

son de las tres mujeres más felices que yo he visto en la vida,

felicísimas. Felicísimas, bellísimas

y encantadas de haberse conocido,

y no les ha pasado nada.

Esta especie de sambenito que existe con la mujer soltera,

que se va a quedar para vestir santos, que es una amargada,

que necesita un buen meneo, que el carácter se agría, es todo mentira.

Yo he estado soltera... bueno, viuda.

¿Y cómo te encontraste ahí?

La mayoría de tiempo has estado en pareja.

¿Cómo te sentiste cuando vivías sola?

Los dos primeros años de viudedad fueron muy duros.

Trabajaba mucho para estar

siempre con la cabeza ocupada

y viajaba todo lo que podía.

Y una vez que se supera ese luto del corazón,

empecé a sentirme cómoda,

pero muy cómoda.

Y de repente,... en mi vida

irrumpe un hombre extraordinario

que me hace recordar que en pareja también se vive muy bien.

Y... pues empecé

a considerar cómo sería de nuevo

vivir con alguien al lado.

Y, francamente

me alegro de haber dado el paso,

de haber tomado la decisión correcta,

porque ha sido la correcta

y adecuada, porque creo en el matrimonio, en la vida en pareja,

y no me arrepiento en absoluto, lo repito.

En la organización,

en la intendencia,

¿quién se encarga más?

¿Está repartida la responsabilidad?

Por ejemplo, en tu relación actual.

Me gusta capitanear mi casa,

me gusta capitanear mi cocina...

y naturalmente, se admiten colaboraciones,

pero...

a mí que no me quiten la batuta.

Mi marido actual hace las camas, no le cuesta ningún tipo de trabajo

poner orden, en fin,

todo lo que puede dar de sí su tiempo, en fin de semana,

porque a diario se marcha muy temprano y vuelve muy tarde.

¿Y con Cela era igual? No.

Porque ahí ya...

No, pobre Camilo José, por favor, si no sabía...

No es que no supiera freír un huevo,

es que no sabía hervirlo,

porque no le habían enseñado. Piensa que era de una generación

mucho más atrás que las nuestras. Estas generaciones actuales

no tienen nada que ver, pero él,...

malamente sabía prepararse una taza de té.

-¿A usted le parece bien que el marido lave los platos?

-Bueno, eso depende. En algunos casos sí, en otros, no.

-"Un bolsillo para el reloj".

"Y otro para la pipa".

"Ya no falta más que demostrar que no ha roto un plato en su vida,

aunque nadie está libre de este percance".

"En fin, así terminaremos todos los varones si Dios no lo remedia".

-En mi caso, por ejemplo, no.

Soy un buen marido, pero el dinero lo gano todo yo.

Me parece justo que el trabajo de la casa lo haga todo mi mujer.

-Claro. -¿Y a ella le parece justo?

-No se lo he preguntado.

-Ahora mismo, las tareas en casa, cuando estamos juntos,

las compartimos un poco. -Yo cocino y él friega.

-Yo lavo los platos.

-De las tareas de casa, normalmente, me ocupo de ellas.

-Yo soy esclavo a tiempo completo, le hago los táper

y ella va a trabajar.

-¿Lo peor? Poner la lavadora y quitarla,

porque lo tiende muy mal. -Lo demás...

trato de superarme. -Ponerla, a veces la pone,

pero luego tender...

-Quien hace más tareas en casa soy yo,

pero porque tampoco me molesta.

Ella trabaja más horas que yo y es una...

-Está compensado. -Es un acuerdo.

A mí me da rabia cuando en las comidas familiares

nadie se levanta, somos las mujeres las que nos levantamos.

"Tú también estás comiendo, ¿no?".

-Tenemos como una tabla.

Si Harry cocina, yo friego. -Se reparte.

-Si yo cocino, que es poco, que no me gusta, pues friega él, depende.

-Hago la cama, y friego los cuatro cacharros,

pero vamos, no es costumbre.

-Sigue habiendo esa cosa de que la mujer sigue teniendo ella

la responsabilidad y más las tareas en mente, sobre todo eso.

Y el papel del hombre suele ser más

de ayudar, que no hay que ayudar,

y sigue habiendo ese escalón que hay que pasar,

pero estamos en ello.

-Tenemos bastante divididas las tareas en función de los horarios.

Ahora que ella llega más tarde, ahora cocino yo más,

cocinarle a ella es muy complicado por todo lo que come,

y me hago yo cargo de más cosas porque hay veces que grabo fuera...

-Depende, es que nosotros no...

-Pero sí que hay una cosa que tenemos muy claro que no hacemos,

y es que no lo compartimos a la vez.

Por ejemplo, cuando yo cocino, cocino yo, no los dos.

-Si yo limpio, limpio yo, porque entonces es motivo de pelea seguro.

-Porque a él le gusta ir a su ritmo y yo voy un poco tal, pero...

-Yo hubo un momento que pensé: "A mí me encanta

que Susi sea tan trabajadora, lo que me sabe mal

es que me obligue a tanto".

Que trabaje ella lo que quiera, pero que no me obligue.

-Yo no te obligo. -No, nunca me has obligado a nada,

tampoco te he dicho nunca yo a ti

que trabajes más

o esto o lo otro, nunca te lo he dicho.

Eso forma parte de tu personalidad y yo tan solo la he respetado.

-Yo creo que una pareja,

uno tiene que dejar al otro que se realice,

que haga lo que quiera, como quiera y cuando quiera.

-En mi casa, cuando vivía con Manuel, cuando vivía todavía,

mandábamos los dos, cada uno en unas cosas imponía su criterio.

Yo pedía opinión, si eran cosas de trabajo, desde luego,

pero Manuel siempre me decía:

"Al final harás lo que quieras". Y es cierto,

al final hacía lo que quería, generalmente.

Antes, los matrimonios eran para toda la vida,

pero ahora duran una media de 16 años.

¿Se ha agotado la fórmula?

¿Existen nuevas alternativas a la pareja convencional?

¿Tú crees que el matrimonio está en vías de extinción, Marina?

¿Cómo lo ves? Pues entonces se extingue también

la especie humana. ¿Y las relaciones abiertas?

¿Cómo son?

Bueno, que cada uno hace la vida como le da la gana,

las parejas abiertas, el poliamor, varias relaciones.

Yo creo que a mí eso me desquiciaría un poco.

Por lo que te digo, porque soy muy ordenada, pero mira...

Te estresaría. Muchísimo,

con lo ordenada que yo soy, Dios mío.

No tendrías tiempo. No, francamente.

Y luego confundirte de nombres, en vez de llamarle Juanito

le llamas Pepito. Pero le da igual.

Ya. Como son abiertas,

asumen que eso puede ocurrir, porque saben que las otras...

No es engañar. Ya lo sé.

No es engañar, no es una infidelidad.

No, ya lo sé, pero yo creo que no sirvo para eso,

no estoy diseñada para eso, mi cabeza más bien no lo está,

porque yo necesito un orden

meridiano en mi vida.

¿Qué opinaría Camilo José Cela del poliamor?

Hasta le resultaría divertido.

No, si a mí el concepto me resulta divertido,

no te lo voy a negar, pero un poco cansado.

-Una vez dije que me parecía estupendo, que era poliamorosa

porque en ese momento tenía una relación abierta

con una persona y me parece fenomenal.

He sido muy feliz en muchos momentos muy distintos

y me da igual que sea con pareja reconocida,

con pseudopareja, como se llamen,

yo he vivido todos los formatos, todos,

y hay momentos de felicidad en todos, y de tristeza,

como siempre, en todos.

No creo que haya nada que garantice nada, son personas y situaciones,

y hay veces que en pareja...

de todos los días estás fenomenal y hay un día que dejas de estarlo,

y teniendo relaciones más abiertas con gente,

ha funcionado muy bien y, luego ha dejado de funcionar.

O sea, que no creo que haya una fórmula para nadie

de cómo han de ir bien las cosas y así van a funcionar bien entonces.

-El poliamor, yo no, pero estoy a favor.

-Yo creo que tienes que ser una persona con mucha cabeza,

yo no sería capaz. Primero, porque...

-¿Qué es el poliamor? -Que tienes diferentes parejas,

que puedes amar igual... -Pero sabiendo.

-Sí, que puedes amar igual a tres, cuatro personas.

-Ah, no, nunca se puede amar igual, se ama de maneras distintas,

y yo a ti te quiero amar de todas.

-Es verdad que los hombres han sido siempre campeones y las mujeres,

unas cualquiera si sexualmente están liberadas.

A mí lo que me pasa con el poliamor...

es que, naturalmente cada uno...

Estamos hablando de una época en que afortunadamente

puede hacer cada uno lo que quiera. Yo no lo practicaría, yo.

Si me preguntas por mi opinión personal,

yo no lo practicaría,

pero claro que lo admito, ¿cómo no?

-Yo, la pareja tradicional la probé,

cuando no funcionó

estuve un rato haciendo todo...

en triángulos, en cuartetos,

todo tipo de experimentos poliamorosos.

No me arrepiento, pero no funcionaba.

Cuando era exclusivamente por sexo,

yo me aburría, me sentía vacía, perdía mi tiempo.

Y me ponía gorda porque iba a citas donde todo el mundo comía

y bebía y yo acababa así de gorda, perdía tiempo,

me aburría y me sentía muy vacía.

Yo estaba superansiosa, tenía muchos problemas de muchos tipos

y, encima, añadirle el problema añadido de tener que buscar,

quedar con gente, a cenar, a beber,

era mucha ansiedad.

-A mí,

toda decisión libre y compartida contigo misma,

con el de enfrente, me parece bien.

Todo lo que sea consentido y buscado porque quieres estar

al lado de alguien, no entiendo qué pegas se le puede poner a eso,

no me cabe en la cabeza. ¿Amor abierto?

¿Lo queréis los dos?

Abierto, pero con corrientes, todas las ventanas.

-Acostándome con gente que en el fondo no me importaba.

Acostarte con ellos no es lo malo, lo peor es despertarte

al lado de alguien que no te gusta, eso es muy duro.

Porque te sientes vacío, culpable, no sabes qué haces ahí,

sientes que lo has hecho por presión ajena,

para demostrarte algo a ti o peor aún,

para demostrárselo a la sociedad, como "No estoy vieja".

Y dije: "Voy a probar un año sin sexo".

No ha llegado el año, estoy casi.

No se me ha caído el pelo, mi piel está perfectamente,

no me ha pasado nada.

Quiero transmitir a cualquiera que me esté viendo,

que no pasa nada y, en mi caso,

mi carácter ha mejorado.

Marina Castaño conoce todos los estados civiles:

soltera, casada, divorciada, viuda.

Desde su experiencia,

le pedimos que nos deje un mensaje para las mujeres

y parejas del futuro.

Creo que nos viene como anillo al dedo

una frase de Camilo José,

plasmada en una gran cabeza que le hizo Víctor Ochoa

en la Facultad de Filosofía y Letras.

La frase dice:

"Para el éxito sobra el talento,

para la felicidad no basta".

Hoy hemos retratado el alma de nuestros invitados

para hablar de la igualdad en las relaciones de pareja.

Detrás de un gran hombre hay una gran mujer...

-Y detrás de una gran mujer hay un gran hombre.

De los retos que supone la vida matrimonial.

-Que esto es como unos zapatos: tú te pones unos zapatos

que te hacen daño, pero sabes que tienes ponértelos,

hay que llevarlos. Puedes buscar

de ponértelos a ratitos, de echarles un espray y que vayan ensanchando.

Al final, hay que buscar remedios

para hacer llevadero esta vida en pareja.

Hemos analizado qué supone estar solo hoy en día.

-Me gustaría que se sepa que se puede estar felizmente sola

y esto de "Hay que rehacer tu vida".

Tu vida está hecha perfectamente estando sola,

tu vida es tuya y se hace con uno mismo, y ya está.

-Cada uno se arrima, se acuesta,

proyecta,

me da igual lo que haga con quien quiera mientras haya respeto,

mientras sea una relación de bien.

Y hemos descubierto sus sueños para el futuro sentimental

de la mujer. -Cualquier forma de unión,

que doy por hecho que es por amor,

me parece una alegría social, vamos a celebrarlo.

-Les deseo suerte. A las mujeres.

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Retratos con alma - Programa 9

27 may 2019

Hace un paralelismo entre las historias de ficción de la serie y las historias reales de mujeres contemporáneas.

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