Dirigido por: Julián del Olmo

El rastro de Dios, que el programa va siguiendo, le lleva a descubrir la infinidad de campos en los que la Iglesia está comprometida: pobreza, enfermedad, ancianidad, cultura, arte, vida contemplativa, minusvalías, juventud, campos de refugiados, niños de la calle, Sin Techo y Sin Tierra, mutilados de las minas antipersona, grandes catástrofes humanas, naturales o provocadas, etc.

Pretendemos hacer una comunicación que muestre el rostro de una Iglesia samaritana y provoque en la audiencia comunión, solidaridad y compromiso con los más desvalidos de nuestra sociedad y de nuestro mundo.

Nos aplicamos las palabras de Juan Pablo II: "Cada día, los medios de comunicación social llegan a nuestros ojos y a nuestro corazón, haciéndonos comprender las llamadas angustiosas y urgentes de millones de hermanos menos afortunados, perjudicados por algún desastre, natural o de origen humano; son hermanos nuestros que están hambrientos, heridos en su cuerpo o en su espíritu, enfermos, desposeidos, refugiados, marginados, desprovistos de toda ayuda; ellos levantan los brazos hacia nosotros, cristanos que queremos vivir el Evangelio y el grande y único testimonio del amor". (Juan Pablo II. Cuaresma de l986).

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Para todos los públicos Pueblo de Dios - Sudáfrica: Teólogos en el barro - ver ahora
Transcripción completa

Vicente es profesor de sacramentos y misionología

en el Instituto Teológico San José.

Patricia es una de las pocas católicas

del asentamiento informal de Jika Joe.

Son vecinos.

Los misioneros combonianos

han abierto su casa de formación

para futuros sacerdotes africanos aquí,

entre los más pobres del país más rico.

El el poblado chavolista de Jika Joe,

pegado a la misión de los combonianos,

viven más de 600 familias en unas condiciones infrahumanas.

Patricia tiene 52 años.

Llegó en 1994 al asentamiento.

A lo largo de estos 23 años,

ha visto cómo crecía el poblado,

cómo les cedían la propiedad del terreno

y cómo el ayuntamiento construía algunas casas de madera

que acabaron incendiándose.

La vida aquí es muy, muy, muy dura.

Especialmente cuando llueve.

Otras veces, lo que tenemos son incendios.

La gente se deja la estufa o el fuego de casa encendido

y sale todo ardiendo.

-Nuestro edificio peligró seriamente.

Porque los bomberos no podían entrar.

Y tuvieron que destruir muchas casa.

Por lo tanto, no solo fue el fuego,

sino los bomberos, que intentaron dominar...

esa situación.

El padre Vicente siempre ha estado con los más pobres.

Estuvo en Burundi ocho años,

hasta que expulsaron a los combonianos

por denunciar el genocidio.

Luego pasó otros ocho años en Kenia,

la mitad con los masai

y la otra mitad en un suburbio de Nairobi.

Desde hace nueve años,

compagina las clases de teología

con su presencia entre los descartes de Sudáfrica.

Patricia vive con una de sus hijas, y con su nieta,

en esta mínima y oscura habitación.

No tienen casi nada,

pero afronta la vida con optimismo.

Dice que nació a 30 kilómetros de aquí,

a dos euros de distancia.

Es el precio del transporte para recorrer la hora y media

que la separa de su lugar de origen.

La vida aquí no está mal

porque estamos muy cerca de la ciudad.

De modo que los niños pueden ir andando a la escuela

y yo, si necesito algo, voy andando.

No hay necesidad de gastar en transporte.

porque la gente no tiene trabajo.

La vida se complica cuando llueve o cuando hay algún fuego.

-Nuestro...

"escolasticado", o como quiera llamarse,

se planeó como una comunidad insertada.

La comunidad insertada

no es solamente que nosotros

vivimos cerca,

sino que también queremos comprometernos con ello.

-Son nuestros vecinos, y forman parte de la comunidad.

Nosotros somos católicos, yo soy católica.

Fui bautizada de pequeña, y por eso tenemos relación

con los hermanos y con nuestros sacerdotes.

Somos vecinos.

Consideramos a la parroquia como nuestros vecinos.

El edificio original data de 1925.

Fue una misión de los capuchinos,

y está considerado patrimonio histórico.

Aquí se preparan los sacerdotes africanos del futuro.

la comunidad está formada por 14 religiosos

procedentes de nueve países y tres contenientes.

Esto se inició como una experiencia

de tener un grupo pequeño

para poder seguir la formación de estos estudiantes

de forma más personalizada.

Estar más cerca de ellos, conocerles mejor, etcétera.

Y por eso, hasta la fecha, son diez los estudiantes.

Y los que estamos, por así decir,

encargados de ellos somos dos.

Nos dividimos, más o menos, mitad y mitad

para el seguimiento personal.

-Esta casa es el sueño de Daniel Comboni

porque reúne su idea de la catolicidad.

Es un instituto católico,

pero en el que hay muchas nacionalidades.

Comboni sueña con una comunidad multicultural,

en la que uno trae su cultura, su sensibilidad

y su forma de vivir.

Pero, juntos, intentamos poner todo en común.

Porque el don que recibimos de Dios

es el don de la diversidad.

Pero el reto es, en la diversidad,

no poner el foco en las diferencias.

-Esto, en parte, ya es la realización del sueño de Daniel Comboni.

Salvar África con los africanos.

(Cánticos eclesiásticos)

Los religiosos en formación

reciben el nombre interno de escolásticos.

Este año, son jóvenes de entre 25 y 32 años

procedentes de Togo, Malaui, Uganda, Kenia

y la República Democrática del Congo.

Todas las semanas,

uno de los escolásticos habla al resto de la comunidad

sobre su familia.

Esta actividad tiene una doble función.

Por una parte, sirve para conocerse mejor

es una práctica de oratoria pensando en las futuras homilías.

Trabajé en uno de los orfanatos que llevaban los padres franciscanos.

Allí cuidé a niños y niñas.

Alimentándolo y limpiando el centro.

También me involucré en ayudar a enfermos,

visitándolos en sus domicilios.

Todas esas experiencias me reconfortaban.

Me llevaron a la convicción de que debía dedicarme

al trabajo con los pobres y los más abandonados.

Como todos los seminarios,

este también es económicamente deficitario.

Pagar los estudios universitarios de diez jóvenes no es barato.

los combonianos tienen un fondo en el que contribuyen

bienhechores de todo el mundo.

Desde la curia general de Roma,

se cubre el 80% del presupuesto de cada caja de formación.

El 20% restante

depende de los ingresos propios.

Hasta la fecha, no tenemos problemas para cubrir el presupuesto.

Pero lo vamos a tener pronto porque el padre Vicente se marcha

y, por tanto, perderemos su salario.

Así que ya veremos lo que hacemos para generar ingresos suficientes

para el funcionamiento de la casa.

Después de alimentar el espíritu con la oración

y el cuerpo con el desayuno,

llega la hora de las clases.

Los diez jóvenes estudiantes y el padre Vicente

salen cada mañana, a las 07:40,

en dirección a la cercana localidad de...

Lo que me gusta de la vida, como camboyano,

es cómo se sirve la pasión por Cristo.

Intentar acercar a Cristo a los pobres.

Como dijo nuestro fundador:

"Llevar buenas noticias a los más pobres".

Hay que llevarles la palabra de Dios.

Me hace muy feliz seguir los pasos de los misioneros

que trabajan en mi país sacrificando sus vidas.

Apenas son 15 minutos en furgoneta.

Casi todo el camino es autopista,

a excepción del último tramo.

Los estudiantes combonianos están muy bien considerados

en el Instituto Teológico San José.

Quiero destacar la interculturalidad con consiguen los combonianos.

Porque traen a estudiantes de diferentes países

de África y el mundo.

Nos aseguran representación en otros contenientes,

haciendo hincapié en nuestra cultura.

Esto es muy importante para los sudafricanos.

Porque nuestros estudiantes

pueden experimentar otros países africanos,

otras culturas e idiomas.

Y esto contribuye, también,

a cómo se genera nuestro conocimiento.

Por ejemplo, dialogando en las clases

o conociendo otras situaciones pastorales

que requieren diferentes respuestas pastorales.

El diálogo, en nuestras clases, es muy enriquecedor.

El Instituto Teológico San José

está reconocido oficialmente

por el Departamento de Alta Educación

del Gobierno sudafricano.

Sus alumnos son, sobre todo, futuros sacerdotes,

aunque, en sus aulas, hay también religiosas,

laicos y hermanos no clérigos.

Tienen un reconocido Departamento de Filosofía,

pero también cuentan con el de Teología

y con otros dedicado a estudios específicos

sobre solidaridad y desarrollo.

En este curso hay 235 alumnos

matriculados en el Instituto Teológico.

Están distribuidos en siete cursos:

tres de filosofía y cuatro de teología.

El claustro está formado por 40 profesores.

Los combonianos también traen consigo una metodología misionera.

Es maravilloso aprender sobre su concepción de la misión,

su diálogo con la gente...

Como muchas veces muestran en las revistas que publican.

Todo ello nos da una perspectiva

que hace crecer nuestra metodología en el acercamiento pastoral.

También nuestra reflexión teológica

se enriquece con esta metodología.

-Trabajo como misionero para responder a mi vocación

de trabajar con los más pobres y abandonados.

Esa es la principal motivación de esta congregación.

Solía trabajar, hace años, en el país, en una escuela,

especialmente con sordos, y me di cuenta que tenían

carencias espirituales.

Y eso me motivó para emprender

mi formación como misionero camboyano.

-Soy misionero comboniano porque me inspiró

San Daniel Comboni y su voluntad de trabajar con los más pobres.

Esta motivación a generado en mí, a lo largo de los años,

el deseo de servir a la gente de Dios.

A través del trabajo con los pobres

y los más desfavorecidos de diferente índole.

El padre Vicente lleva nueve años como profesor

de sacramentos y misionología en el Instituto Teológico.

Y ha llegado la hora de jubilarse

y de decir adiós a África

después de 33 años de entrega

en Burundi, Kenia y Sudáfrica.

Mi enseñanza, para algunos, no es muy agradable.

Porque les sacudo...

les reto, les desafío.

Porque quiero que, verdaderamente, tengan una visión abierta,

no solo de la Iglesia sino del mundo.

(HABLA EN INGLÉS)

Vicente es un misionero con todas las letras.

Sus clases trascienden las aulas.

Su huella, entre profesores y alumnos,

será difícil de borrar.

Él no solo enseña los sacramentos,

sino que también enseña cómo vivir en comunidad,

a convivir con otras religiones también.

Eso es lo que me gustaría realzar...

del padre Vicente.

-El profesor Vicente es muy buena persona, buen profesor.

Creo que el sabe impartir bien su materia.

El tiempo que he estado en clase con él,

es muy dedicado a lo que hace,

tiene todo el conocimiento.

Lo cual, hace que uno se sienta emocionado

cuando imparte la materia de sacramentos e iniciación.

-El padre Vicente es un ejemplo en vida

de cómo ser un sacerdote, un religioso

y un misionero.

Esto no solo se enseña en las aulas o en las lecciones,

sino que él lo demostraba en su forma de vivir

y en sus acciones diarias fuera del centro.

Es muy importante, en nuestro instituto,

que nuestros profesores sean ejemplos de vida para nuestros estudiantes,

ya que estos se están preparando para ser futuros sacerdotes

alrededor del mundo.

El padre Vicente es un modelo a seguir.

Me gustaría resaltar que, al margen del instituto,

él, como misionero comboniano,

iba por su cuenta, los fines de semana,

a la prisión.

Y no lo hacía solo.

Conseguía reunir a varios estudiantes para que le acompañaran.

Esa parte del énfasis misionero,

que tiene que ver mucho con el espíritu comboniano,

enriquece el aprendizaje en las clases

y en las actividades del instituto.

Así que, claro que le vamos a echar de menos.

-En todo este tiempo, habré bautizado a unos diez.

Pero bueno, para mí ha sido una gran, digamos, alegría

y satisfacción

de ver que no solamente aumenta el número de católicos

que practican en la cárcel,

sino también que hay gente que, por primera vez,

recibe a Jesús, es bautizado, confirmado...

Cuando hablan de nosotros, hablan de misioneros.

Dicen: "Ah, vosotros sois misioneros".

Los demás se pueden llamar de esa forma,

pero el aspecto carismático del misionero

lo encarnamos aquí, como fama,

en este instituto, los combonianos.

Fruto del compromiso social de los misioneros combonianos

con los más pobres,

nace el grupo "Oikos".

Con esta palabra griega,

quieren hacer referencia a la casa, el hogar, la familia.

Está formado por una veintena de alumnos del Instituto Teológico

San José.

Religiosos y religiosas de distintas congregaciones,

dedicados a recoger ropa, comida

y enseres en sus parroquias y comunidades.

Una vez a la semana,

hacen el reparto entre los más pobres

que viven en los diferentes asentamientos de la ciudad.

Esto que ustedes ven aquí, atrás de mí,

es lo que, en inglés, llamamos "informal settlements",

que serían "asentamientos humanos todavía no organizados".

Pero esto de aquí se construyó hace año y medio.

Antes eran, lo que en España se llama, chabolas.

-Nuestros hermanos jóvenes

suelen visitar la comunidad de nuestros vecinos pobres

los viernes.

Y en otras ocasiones informales

para escucharlos, para rezar con ellos,

para estar con ellos.

Van los viernes, desde las 18:00 hasta las 19:30.

Porque, durante el día, no encuentras a la gente allí.

Se han ido a buscar comida o trabajar.

Pero si vas por la tarde, sí los encuentras.

-En Sudáfrica hay gente de muchas nacionalidades,

y eso es una bendición.

Pero muy pocos con cristianos.

Por ello, hay una necesitad de evangelizar.

Muchas veces, llegamos a los sitios y no han tenido nunca

un acercamiento al Evangelio.

Eso, para nosotros, es también un reto.

-En mi país, Uganda, hay presencia comboniana,

y siempre me inspiró su vida en comunidad,

cómo llevaban una vida sencilla, compartiendo todo,

basando su apostolado, especialmente, en los pobres.

Así que, cuando me uní a ellos, me sentí muy motivado

por su lema de "Servir a África con África".

-Me uní a los combonianos por el tema que les inspira.

Nos invita a que relacionemos

el sufrimiento de Dios con el sufrimiento de los pobres.

-Recientemente, hace como un mes o un mes y medio,

ha habido un gran incendio detrás de nuestra casa.

Porque el ayuntamiento les construyó casas de madera

y se prendieron.

Y todos perdieron sus viviendas.

Así que lo que hemos hecho, durante nuestra cuaresma,

es, con el dinero que tenemos que ahorrar

y que nos quitamos de algunas cosas que no comemos ni compramos,

reunirlo todo y comprar alimentos para ellos

para ayudarles en ese momento.

Cuando los estudiantes están en el instituto,

el padre Joseph aprovecha para avanzar en su tesis doctoral.

Este comboniano congoleño es el maestro de los escolásticos,

(Sonido de Whatsapp)

Tres días a la semana,

cuentan con la ayuda de una señora que cocina para ellos.

Hoy le tocaba pero no se encuentra bien,

y ha enviado un mensaje al padre Joseph

para comunicarle que se va al médico.

Los misioneros combonianos con un todoterreno.

Joseph cambia la pedagogía religiosa del ordenador

por los fogones de la cocina.

Tiene que preparar la comida para toda la comunidad.

El tema de la tesis es cómo los estudiantes de teología

utilizan Internet para completar lo que no pudieron aprender

durante su momento de estudio en las clases, en la escuela.

Eso es lo que estoy haciendo.

Ya llevo escritos cinco capítulos

y voy por el último capítulo,

en el que plasmaré la conclusión.

La vida en la comunidad de Pietermaritzburg

tiene sus ritmos y rutinas como la de cualquier familia.

Decidí convertirme en un misionero comboniano

porque, de esa manera, podía responder

a mi vocación cristiana.

Como comboniano, vives como en familia,

con gentes de diferentes culturas

que tienen el mismo propósito de servir a los pobres.

-He decidido convertirme en misionero comboniano

porque siempre he hecho trabajos para la comunidad.

Colaboro desde hace ocho años.

Así que, cuando decidí convertirme en sacerdote,

pensé en unirme a los combonianos y ver qué podía aportar.

-Yo me convertí en un misionero comboniano

porque recibí la llamada del Señor

para ayudar a los más pobres y abandonados.

También me influyó el carisma de los misioneros combonianos,

al comprobar que servían a los pobres,

tanto material como espiritualmente.

La ciudad sudafricana de Pietermaritzburg

esta a 77 kilómetros

de una gran urbe costera Durban.

Una distancia que, cada año, cubren miles de personas

corriendo en una de las carreras populares

más antiguas del contienente.

La salida está junto a uno de los edificios de ladrillo

más grandes del mundo.

El que alberga el ayuntamiento.

Pero si por algo es conocida Pietermaritzburg

es por la huella que Gandhi dejó en ella.

(Cánticos)

En 1893,

siendo un joven abogado,

fue expulsado del tren por ser indio y viajar en primera clase.

Tenía solo 23 años.

Aquí comenzó su lucha por los derechos humanos.

La estación de tren se conserva tal cual,

en homenaje al Premio Nobel de la Paz.

Una exposición permanente

recuerda la biografía de Gandhi y su mensaje.

(Voz de Gandhi)

Los combonianos llegaron en 2002

al barrio de Kwasikuiana.

Se hicieron cargo de la parroquia dedicada

a Santa Juana de Arco.

La escasez de católicos

hace que extienda por los barrios aledaños.

Como es el caso de Sobantul,

junto al vertedero municipal,

muy cerca del polígono industrial.

Sobantul está a diez minutos en coche de la misión.

Era la ciudad que el régimen del apartheid

construyó para los negros.

La comunidad eclesial

se reúne todas las semanas en alguna casa.

Hoy, con la visita de los sacerdotes,

aprovechan para celebrar la eucaristía.

El salón de la familia de Trevor

se ha quedado pequeña para acoger a la comunidad.

El padre Vicente preside la misa, en la que aprovecha para despedirse

de su trabajo con las comunidades.

Hemos elegido venir aquí

porque queremos estar al lado de los pobres.

Hasta ahora, hemos vivido más, quizá,

según nuestra propia cultura y nuestras propias posibilidades.

Pero ahora, el Dios no ha dado

el regalo de vivir como la gente que nos rodea.

Pueblo de Dios - Sudáfrica: Teólogos en el barro

28:13 24 sep 2017

La ciudad sudafricana de Pietermartizburg está a 77 kilómetros de una gran urbe costera como Durban. Si por algo es conocida Pietermaritzburg es por la huella que Gandhi dejó en ella.

La ciudad sudafricana de Pietermartizburg está a 77 kilómetros de una gran urbe costera como Durban. Si por algo es conocida Pietermaritzburg es por la huella que Gandhi dejó en ella.

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