Televisión Española presenta 'Prim, el asesinato de la calle del Turco', un thriller histórico centrado en el atentado mortal del general Prim en 1870. Un magnicidio que continúa rodeado de misterio y que nunca fue resuelto.

La tv movie está dirigida por Miguel Bardem, con guión de Nacho Faerna y Virginia Yagüe, y ve la luz en el bicentenario del nacimiento del general Prim. Cuenta con un gran reparto de actores de prestigio entre los que destacan Francesc Orella, Javier Godino, Simón Andreu, Víctor Clavijo, Daniel Grao, Pedro Casablanc, Javivi, Secun de la Rosa, José Luis Alcobendas, Alfonso Lara, Yuriria del Valle, Enrique Villén y Pepe Lorente, entre otros.

Madrid, 1870. El argumento nos sitúa en una España con un gobierno provisional presidido por el general Prim. El regente es el general Serrano. Ambos, prestigiosos militares de ideas progresistas que han protagonizado la revolución que destronó a Isabel II en 1868. Revolución financiada en buena parte por Antonio de Orleans, el duque de Montpensier, que esperaba ocupar el trono vacante. Pero Prim nunca permitirá que ni un Borbón ni un Orleans vuelva a ceñirse la corona.

El 27 de diciembre de 1870, la berlina en la que Prim se traslada desde el Palacio de las Cortes hasta su domicilio es interceptada en la calle del Turco por otros dos carruajes, y una decena de hombres armados con pistolas y trabucos disparan contra el general. Prim llega mal herido a su casa y oficialmente muere 72 horas más tarde, el día en que Amadeo, futuro rey de España, que no alcanza a ver con vida a su valedor, entra en Madrid.

Una historia de la que será testigo directo un joven escritor y periodista, Benito Pérez Galdós, que examinará las circunstancias que la rodearon, hasta atar los cabos del magnicidio.

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No recomendado para menores de 12 años Prim, el asesinato de la calle del Turco  - ver ahora
Transcripción completa

La historia nos presenta varios casos

de reyes que habiendo sido arrojados de sus tronos

volvieron a conquistarlos.

Pero no conozco un solo caso

en que los reyes hayan sido despedidos,

empujados por una opinión tan unánime

que bastaron 12 días

para que no quedara ni un jirón de su bandera.

Y de ahí parte mi convicción,

la más profunda,

de que la dinastía caída

no volverá jamás...

¡Jamás!

¡Jamás!

Campanas

¡Don Benito!

¡Don Benito!

¡Don Benito!

Despiértese, don Benito,

que han venido a buscarle. ¿Quién?

Su amigo me ha dicho que es urgente. ¿Mi amigo?

El que trabaja con usted

en el periódico.

¿Bravo?

Ese mismo...

¡Galdós!

¿Qué tripa se le habrá roto a este ahora?

¡Galdós!

Déjeme que le caliente un poquito de leche.

No va a usted a irse a la calle con el frío que hace

sin nada en la barriga. No hay tiempo, doña Encarna.

Buenos días, señorita.

¿Puede saberse adónde vamos? Sube.

Te lo cuento por el camino. Deprisa, a las señas que le he dado.

¿De dónde sacaste el coche?

Bueno, es el de mi tío,

pero si se lo devolvemos antes de mediodía

ni se va a enterar que me lo he llevado.

Estamos saliendo de Madrid.

Tranquilo, hombre, que no vamos muy lejos.

¿Adónde?

Concretamente hasta una chopera de Alcorcón.

¿Y se puede saber qué se nos ha perdido a nosotros en Alcorcón?

A nosotros nada,

pero esta mañana a lo mejor pierde allí la vida un Borbón

o quizá un Orleans, eso está por ver...

Así que el rumor era cierto.

Eso parece. ¿Y quién te ha dado el soplo?

El primo de un amigo.

Me ha dicho cómo llegar al lugar donde veremos el duelo

en primera fila, como en un palco.

¿Seguro que no quieres un trago?

Vamos a ver la historia de España.

(Campanas)

España necesita un rey

y lo necesita ya, general Prim.

Créame si le digo que dedico a esa empresa todos mis esfuerzos.

Sí, pero usted busca un rey en Italia, en Portugal, en Alemania,

cuando al candidato oportuno le tenemos aquí mismo, en España.

Sí, el duque de Montpensier. En efecto.

Hacer una revolución para destronar a una reina

y coronar luego a su cuñado...

El duque no es un Borbón, es un Orleans,

y su fidelidad a los principios de la revolución

están por encima de toda duda.

Borbones, Orleans, galgos, podencos...

General. Solo digo

que cuesta distinguirlos. Pero, si busco alternativas al duque,

es porque nuestro vecino el emperador de Francia

ha dejado bien claro que no vería con buenos ojos

a un Orleans ocupando el trono en España.

Esta incertidumbre solo beneficia a los republicanos.

Alimenta sus tácticas de desestabilización del país.

Con un hombre del prestigio de su alteza ostentando la regencia,

la estabilidad política está completamente asegurada.

No le entretengo más.

¿Por qué no se une a nosotros en el Consejo de Ministros?

Así podrá trasladar sus inquietudes al resto de miembros del gobierno.

Acepto su invitación.

Siempre a sus ordenes, alteza.

¿Qué le parece, Moya?

Sea sincero. No creo que al general Serrano

le guste mucho que descarte de modo tan tajante

la candidatura al trono de Montpensier.

Serrano no es montpensiarista, por Dios.

Él se arrima al sol que más calienta.

Ayer su querida reina Isabel, hoy el duque, mañana... quién sabe.

¿Cómo le llama Cánovas?

Ah, sí, el incorregible ambicioso.

-Disculpe, mi general. Pase, Nandín.

Nos acaba de llegar la noticia

de que el duque de Montpensier y el infante don Enrique de Borbón

se han citado esta mañana con sus padrinos

en la Escuela de Tiro de Alcorcón.

Vaya. ¿Lo ve, Moya?

Un problema menos.

El duque, él solito, se va a encargar de tirar por la borda

sus opciones al trono.

¿Doy parte al gobernador civil?

No. Deje a Rojo Arias tranquilo.

Es una cuestión de honor entre dos caballeros.

Así que el primo de tu amigo

era de fiar.

Que sí. Me parece que el primo eres tú.

¡Me cago en sus muertos!

¡Me cago en sus muertos!

¡Agáchate, Bravo, agáchate!

¿Qué haces tú aquí?

¡Lo mismo que vosotros, no te jode!

Os han vendido dos veces el mismo palco.

¡Será cabrón!

¿Os conocéis?

De vista.

Benito Pérez Galdós, Gaspar Ruiz...

Gaspar trabaja en "La Discusión". ¿Y tú? Escribiendo en "Las Cortes"

como este. Sí, pero Benito

está escribiendo una novela.

Como todos.

Montpensier ha sido el primero en llegar.

¿Quién es el que está con él?

Solís, su secretario personal.

-¿No se habrá echado atrás? -No.

Mi primo es un inconsciente, un insensato, pero no un cobarde.

Se ha empeñado en que lo mate y no descansará hasta conseguirlo.

-Me alegra ver que su excelencia confía en un feliz desenlace.

Es usted mucho mejor tirador que don Enrique.

-Mi querido Solís, aquí no hay feliz desenlace que valga.

Solo queda esperar el menor de los males.

No veo al Borbón.

Pues ahí lo tiene.

¿Reconoces a alguien más?

A casi todos: Alaminos,

Fernández de Córdoba. Chist, calla, calla, calla.

No le escribamos la crónica a Gaspar...

Por eso me he traído a Benito. No se le escapa una.

Caballeros, les recuerdo las condiciones pactadas

para la ocasión entre las dos partes:

el duelo será a pistola,

apuntando a pie firme y con disparos sucesivos.

La distancia a la que se colocarán los combatientes será de 10 m.

Se echará a suertes el turno, así como la adjudicación de pistolas.

Se partirá el sol para que no hiera de frente

a ninguno de los adversarios. Y será a primera sangre,

lo que certificarán los médicos a tal efecto aquí presentes...

Alteza...

-¡Atención!

-Madre mía, parece increíble que fallen.

¿Estarán apuntando alto a propósito? A lo mejor

es todo una pamema.

Las pistolas de duelo tienen el interior del cañón liso

y no estriado como las convencionales.

Eso las hace muy poco precisas.

No creo que sea una pamema.

-¡Atención!

¿Seguro que le ha dado?

Creo que solo le ha rozado.

Solís quiere zanjar la cuestión.

Sería lo mejor para todos. Aún están

a tiempo de volver a casa de una pieza.

Y todo por llamar al otro "hinchado pastelero francés".

Los insultos del Borbón solo colmaron el vaso.

La enemistad entre ellos viene de muy antiguo.

A la tercera va la vencida.

O eso dicen.

¡Atención!

¡Vámonos ya, Galdós! Que don Marcial nos espera

para publicar la primicia. -Eso será si no llego yo antes.

La situación es insostenible, caballeros.

No podemos seguir demorando la elección de un rey.

Así se lo he hecho saber al general Prim en privado.

-Los partidarios de la monarquía

defendemos a nuestro candidato desacreditando al del vecino

y sin pretenderlo le hacemos el caldo gordo a los republicanos.

-Eso es cierto.

Deberíamos dejar a un lado los interese partidistas y pensar

en un monarca que beneficie al país.

-Como saben, mi candidato era el jefe de la casa real portuguesa.

-Pero ha rechazado el ofrecimiento. -Desgraciadamente, así es.

-¿Y quién es el siguiente en su lista, don Práxedes?

-El duque de Montpensier es un hombre

comprometido con los valores de la Revolución,

y siendo el candidato de los unionistas,

con nuestro voto obtendría un respaldo muy amplio en la cámara.

-Y un respaldo mayoritario

es fundamental frente a la amenaza republicana.

Señor Rojo Arias, ¿algún problema?

Señores, el gobernador civil

acaba de comunicarme que don Enrique de Borbón

ha muerto.

-Pero...

Su primo, el duque de Montpensier,

lo ha abatido de un disparo en el transcurso

de un lance de honor.

-Esto, señores, lo cambia todo

por completo. -El pueblo no aceptará nunca

a un rey con las manos manchadas de sangre.

-Me temo que no tendremos más remedio que buscar un rey

en Europa. -¿Amadeo de Saboya?

Él y Leopoldo de Hohenzollern son mis candidatos preferidos.

Estamos en conversaciones con ambos.

Personalmente preferiría al italiano.

Hohenzollern supondría un conflicto con Napoleón III.

-Hombre, si hay que elegir, yo también me quedo con Amadeo.

Al menos tiene un nombre que se puede pronunciar,

no como el alemán: "Jojenzolé".

-¿Y es cierto que Prim no os deja

ni a ti ni a tus hombres que vayáis armados?

Que dice que eso... le pondría en ridículo.

En qué hora permitimos Topete y yo

que ese chusquero engreído se hiciera con el poder.

No podemos esperar de él la solución que España necesita.

Más aún, ya no me cabe duda...

de que Prim... es realmente el problema.

¿Y decís que un gacetillero de "La Discusión"

también estaba allí? Sí.

Pero lo hemos redactado mientras volvíamos de Alcorcón,

don Marcial, y por supuesto hemos venido directamente al periódico.

Así que... Buen trabajo, señores.

Detenemos la impresión. Vamos a incluir una noticia en primera.

-¿Ahora? -Sí, ahora.

-¿Y en qué columna, señor? -Cuarta. Hueco para 130 palabras.

Te lo llevo en cinco minutos.

Pero 130 palabras...

¡Ah!

Que quiere que lo acortemos...

Bueno... No, no, ya me ocupo yo.

No es molestia.

Está bien así. Muchas gracias, don Marcial.

A lo vuestro.

Buen trabajo, señores.

Gracias.

No ha dejado ni una sola frase viva.

Por supuesto, nuestra firma... brilla por su ausencia.

¿Y qué ha publicado "La Discusión"?

"Esta mañana se representó en Madrid un sangriento drama".

"Dos hombres pertenecientes a una misma familia

vengaban con las armas sus mutuos resentimientos".

¿"Sangriento drama"?

¿Y ahora qué se cree nuestro Gaspar Ruiz, Alejandro Dumas?

"Era uno de esos hombres,

según la voz pública,

don Antonio de Borbón y Borbón, duque de Montpensier..."

Y el muy cabestro se equivoca con el apellido...

No es una equivocación.

¿Al convertirlos a los dos en Borbones qué hace Gaspar?

Arrima el ascua a su republicana sardina.

Igual me da.

Con lo bien que nos había salido la crónica, no hay derecho.

¡Un traidor! ¡Eso es lo que es el general Prim! ¡Un traidor!

¡A su patria, al pueblo

y a la revolución que lo puso donde está ahora mismo!

Ese de moderado tiene poco.

Que no quiere reñir con los de la Unión Liberal,

dijo ayer en las Cortes. ¿Os lo traduzco?

Que os olvidéis de la revolución y abracéis

lo que ahora llaman "la conciliación".

¿Y sabéis qué os digo?

¡No me jugué la vida en Cádiz y arrebaté la de muchos

para claudicar ante los unionistas! ¡Viva la República!

(MUCHOS) ¡Viva!

Le pierde su vehemencia.

Si fuera un poco más comedido en su forma...

¿Paúl y Angulo comedido?

¡Eh! Perdón.

Señor, los de la partida de la Porra

van a reventar una reunión de los alfonsinos aquí al lado...

¿Sabes si Ducazcal va con ellos?

Sí, lo he visto. Va al frente del grupo.

-¿Cuántos son?

-Una media docena. -Venga, vamos.

-¿Vais a salir en defensa de los alfonsinos?

Vamos a salir en defensa de la libertad y la dignidad,

dos conceptos que los matones de Ducazcal mancillan. Anda, vente,

que te vas ha divertir un rato.

¿Venís?

Venga, Bravo.

Venga.

¿Adónde vais con tanta prisa?

A hacer una visita de cortesía. ¿Queréis acompañarnos?

No. Me parece que no.

Tengo una curiosidad. ¿Tú recibes

las órdenes directamente de Prim

o ni para eso tiene cojones el de Reus?

Hazte un favor y quítate de en medio, Paúl.

Un paso más y la primera bala será para ti.

Y todavía habrá otras cinco más buscando dueño.

Esto no va a quedar así.

¡Recuerdos a Prim!

Señor duque,

el almirante Topete está aquí.

-Hazle pasar.

-Excelencia.

No quería que se fuera de Madrid sin despedirme de usted.

-Un mes de destierro.

Recibir un castigo tan nimio

no ayuda precisamente a redimir la culpa.

-Todo el mundo sabe que hizo lo posible por evitar el duelo.

Su excelencia obró con honor, y con honor murió don Enrique.

-Sí, el honor quedó a salvo,

pero él perdió lo más preciado, la vida,

y yo quizás aquello por lo que con gusto la daría.

-Si se refiere a la corona, no dé por perdida esa batalla.

El general Serrano y yo

seguiremos abogando por su candidatura, excelencia.

-Mi querido almirante, le agradezco profundamente su fidelidad.

Y en cuanto a Serrano,

si es cierto su respaldo, bien podría hacerlo público.

-Entienda que, como regente, tenga que aparentar cierta neutralidad.

-Ya.

Bueno, ahora debo marcharme.

Solís se quedará aquí en Madrid, ocupándose de todos mis asuntos.

Cualquier cosa...

Así que por fin nuestros jefes han decidido pasar a la acción.

¿Cuál es el plan?

-Dos equipos.

Tú reclutas por tu lado, yo por el mío,

y ambos nos ocupamos de la coordinación.

-Vamos a necesitar muchos hombres.

-Los que haga falta. El dinero

no es problema.

-¿Y los de la Porra?

-Que Rojo Arias los mantenga completamente al margen.

Si metemos a Ducazcal, todos sabrán quién está detrás.

-Y se trata justo de lo contrario.

-De hecho, nos vendría bien tener a alguien

a quien cargarle el muerto llegada la ocasión.

-¿Qué tal un republicano?

-¿Estás pensando en alguien en concreto?

-Paúl y Angulo.

No pierde la ocasión de pregonar

su odio hacia Prim.

-¿Aceptaría formar parte de algo así?

-Merece la pena intentarlo.

-Muy bien. Yo me ocupo.

Por favor, señor, un poco más

a la derecha, un poco más, más. Gracias, ahí está bien.

-Levanta el cuello, Isabelita,

que tu abuela vea lo alta que estás.

"Però... però qui es aquesta nena tan bonica?".

-Papá.

Oh, Isabelita, pero si te he confundido

con una princesa del Nuevo Mundo.

¿Y ese jovencito tan apuesto es don Benito Juárez

o el Vizconde del Bruch? Es un regalo para mi madre.

Un retrato de sus nietos con los trajes típicos mexicanos.

-Seguro que la mamá suegra

los enseñará orgullosa en todos los salones de París.

Gritos en favor de la República

¡Viva la República! (MUCHOS) ¡Viva!

-¡Viva nuestro ejército de voluntarios!

-¡Abajo las quintas!

Hoy he echado de menos los exabruptos de su señoría.

El pueblo se ha lanzado a las calles gritando: "Abajo las quintas".

Si no les escucha, ¿por qué habría de hacerme caso a mí?

Pese a la guerra de Cuba, mantuve el servicio militar

en cuatro años, el más corto de Europa.

Ha incumplido su promesa, pero no tiene sentido discutirlo.

Mejor ahorro saliva. ¿Y ese derrotismo?

No me diga que ha perdido la fe. En usted por completo, general.

En usted por completo.

Le miro y no le reconozco. El hombre junto al que luché

no pactaría con los que defienden la esclavitud de los negros en Cuba,

quieren limitar el sufragio y legislar sobre la imprenta.

Todo aquello contra lo que hicimos la Revolución.

Yo no he mudado mis ideas. ¿No? Peor aún entonces.

Ha renunciado a defenderlas. ¿Porque no creo en la República?

Nunca lo he hecho.

Es lo único que acabará con la injusticia.

Es un camino desconocido y oscuro,

un experimento.

Lo que necesita España es una monarquía popular,

rodeada de instituciones democráticas.

Ya, ya, ya. La cuadratura del círculo, vaya.

Por eso lleva más de un año buscando un rey para España

y no lo encuentra. Ni lo encontrará.

Eso ya lo veremos...

Don Benito.

He pensado que le sentaría bien un poco de sopa.

¿Y qué, cómo lleva la novela?

¿Avanzamos?

No tanto como me gustaría.

¿Y ya sabe cómo la va a titular?

"La Fontana de Oro". Ah.

Es como se llamaba lo que es ahora el Hotel Monier.

¿El de la carrera de San Jerónimo? Efectivamente. En los años 20

era una fonda muy frecuentada

por los liberales. Ay, don Benito,

no me diga que trata de política. Creía que era una historia de amor.

Hay de todo, doña Encarna.

Hay... Hay de todo... No, a mí es que la política...

Cada día la entiendo menos.

A ver, usted que está al cabo de la calle,

¿a qué demonios espera Prim para ponernos un rey?

El problema es que los que quieren ser reyes a Prim no le gustan,

y los que Prim vería con buenos ojos no aceptan serlo.

Habrá que esperar y ver si consigue convencer

a algún príncipe europeo.

Pues qué quiere que le diga...

A mí eso de que nos traigan a un extranjero, pues no lo veo claro.

Para eso nos quedábamos con los Borbones.

Más vale malo conocido...

Eso sí que no, doña Encarna.

Eso sí que no. Al menos si de Prim depende.

No tarde en irse a dormir, don Benito,

que necesita usted descansar.

Buenas noches. Y gracias por la sopa.

No hay de qué.

Santas y buenas, don Benito...

La revolución se dejó a medias.

Hay que terminar el trabajo que empezamos hace dos años en Cádiz.

Tenemos que conseguir que las clases trabajadoras

despierten de su letargo. Apunta eso.

¿Y cómo? ¿Cómo?

Contándoles la verdad. Abriéndoles los ojos.

Necesitamos un periódico.

¿Otro más? Otro más.

Ni los que se dicen republicanos, como el tuyo, se atreven con Prim.

No. Se limitan a criticarlo, lo que hay que hacer es destruir.

Ya tiene decidido el nombre. Díselo, Paúl.

"El Combate".

-"El Combate".

Suena bien.

-Venga, un brindis por "El Combate".

Por "El Combate". -Por "El Combate".

-Así que "El Combate".

-De momento está buscando financiación.

Ese jerezano es un señorito al que le gusta jugar a revolucionario.

-Paúl y Angulo es peligroso, Ducazcal.

-Usted es el gobernador civil, mándelo arrestar.

¿O prefiere que nos ocupemos de él mis muchachos y yo? Sería un placer.

-No conviene caldear aún más los ánimos.

Mantén a tu gente tranquila

hasta nueva orden. -Lo que usted diga.

¿Qué ocurre? Bismarck se ha salido con la suya.

¿Francia y Prusia en guerra?

A ver, el padre de Hohenzollern

rechazó oficialmente hace días la candidatura de su hijo al trono.

Pero Bismarck se las ha apañado

para que Napoleón III pensara lo contrario.

Y ahora Francia le ha declarado

la guerra a su vecino.

Ahora sí que Prim la ha armado bien gorda.

No esperemos más. Los de Bayona no pueden llegar en mejor momento.

-Los dos caballeros procedentes de Bayona, excelencia.

-José López. Es un inmenso honor, señor duque.

-Enrique de Sostrada, para servirle.

Le agradecemos infinitamente que tenga

a bien recibirnos.

-Soy yo, caballeros, quien les agradece su iniciativa.

-Venimos en nombre de un grupo de patriotas que considera

que la única persona capaz de sacar el país adelante es su excelencia.

-Y queremos que sepa que estamos dispuestos a hacer

lo que sea menester para convertirle en el nuevo rey de España.

-Cada día se suman nuevos miembros.

-Dios sabe que necesitaremos

todo el apoyo posible.

Ahora, si me disculpan, debo atender otros asuntos.

Les reitero mi agradecimiento y les dejo con el coronel Solís.

Traten con él como lo harían conmigo.

Que tengan un buen día, caballeros. -Excelencia...

-Entenderán que la prudencia aconseja que el señor duque

se mantenga al margen de las reuniones

que celebraremos desde ahora.

-Por supuesto, señor.

-¿Cuándo empiezan a llegar sus amigos?

-Acebedo, mi cuñado, en un par de días máximo.

Con él dos paisanos míos

de Alcoy. -Y a los demás los buscaremos

en distintos lugares, como usted

nos dijo.

-Hombres dispuestos a lo que sea menester,

como bien ha apuntado antes Sostrada.

-De los que pegan puñaladas al sol del mediodía,

que se dice en mi tierra.

-Si alguno de sus hombres necesita verme, que me enseñe esta tarjeta.

Así sabré que viene de su parte.

Está perfecto, me encanta.

Dejadlo por ahí.

Dale algo, anda.

(SILBA)

Gracias.

-Listo para el combate...

Eso siempre.

Si viene por un ejemplar, el periódico no saldrá

hasta noviembre.

De momento solamente estamos acondicionando el local.

¿Podemos hablar?

Lo que tenga que decirme puede hacerlo

delante de Montesinos.

A su excelencia el duque

le gustaría ofrecerle su ayuda en esta nueva empresa.

No creerá Montpensier

que en "El Combate" patrocinaremos sus ideas, ¿no?

No, no, no, claro que no,

pero hay algo que une mucho más que las ideas.

Los enemigos.

Ya entiendo.

¿Y en qué clase de ayuda pensaba? Financiera, por supuesto.

El duque siempre tan generoso.

Eso hay que reconocérselo.

A fin de cuentas, él costeó la Revolución.

Pero Prim no correspondió entregándole el trono.

Y aún no hay nadie ocupándolo.

Y vacío se va a quedar. España va a ser una república.

Para que eso suceda, antes habría que quitarse a Prim de en medio.

Al enemigo común.

Y me temo que no basta con un periódico para eliminarlo.

¿Seguro que puedo hablar con libertad?

Ya se lo he dicho.

Entre Montesinos y yo no hay secretos.

Prim ha molestado a demasiada gente.

No escucha a nadie.

Montpensier quiere matar a Prim.

No solo Montpensier.

Hay más gente implicada, y aún buscamos más aliados.

Prim es el gran obstáculo.

Eso está claro. -Tú siempre

has dicho que hay que destruirlo.

Sí, lo he dicho,

pero no me refería a una destrucción física, sino política.

-Una no es posible sin la otra.

Matar a Prim...

Entonces, contamos con vuestra ayuda.

"¿Preferiríais que César viviera y morir todos esclavos,

a que esté muerto César y vivir todos libres?".

Es lo que Shakespeare pone en boca de Bruto después de matar a César.

Sabias palabras.

Sabias palabras, sí.

Pero yo no soy un asesino.

Y tampoco los recluto.

¿Está seguro, Paúl?

Soy perfectamente capaz de matar, eso ya lo he demostrado,

pero nunca a traición.

Cara a cara y dando al enemigo la posibilidad de defenderse, ¿estamos?

Comunicaré entonces su decisión.

Ah, una cosa, Solís.

No teman por mi parte ni obstáculo ni denuncia.

Si logran su objetivo,

no lo celebraré, pero tampoco lo lamentaré.

Simplemente... no quiero participar.

-Me sorprenden tus remilgos.

No son remilgos, Montesinos.

No creo que sea necesario matar a Prim.

Él solito ya se está suicidando políticamente.

Cada día que pasa sin un rey en este país,

es un día que estamos más cerca de la república.

Espero que tengas razón.

Además, ¿qué necesidad tenemos nosotros de mancharnos las manos?

Si matan a Prim, bien muerto estará para todos.

Nos las quedamos. -¿Sabes lo que es

una "orsini"? -Claro que sí.

-¿Puedes conseguirnos una? -Eso está hecho.

Caballeros, bienvenidos a la mejor pensión de Madrid.

Cambiamos las sábanas cada dos meses, religiosamente.

Pueden ustedes repartirse entre dos cuartos. El del fondo

tiene tres camas...

-Es para nuestros amigos, nosotros ya tenemos alojamiento.

-Ah, que solo

son tres. En ese caso puedo ofrecerle dos cuartos,

uno de dos camas y otro individual.

-No, ese está bien. ¿Da a la calle?

-No, da a un patio.

¡Mucho más tranquilo!

-Tome. Una semana por adelantado.

Y tráigase una frasca de vino. Nuestros amigos vienen secos.

-Ahora mismo.

-La mejor pensión de Madrid...

Puñetero hijo de puta.

Silbido

Sois unos "gachós" con suerte.

Nada más salir a la calle

y vuestro amigo Acebedo ya os ha conseguido un trabajito.

-Muy buenas.

¿Quiere que vaya a despertar a sus amigos?

Creo que duermen todavía.

-Ya despierto yo a esos holgazanes.

¡Despertad, puñeta!

¡Mirad lo que he traído!

¿Una moneda?

Señor,

una moneda...

Señor, una moneda, por favor.

Algo para comer, por caridad.

(Ruido de calesa)

-¡Largo!

(Risas)

(Tintineo)

Atención, caballeros.

Como acertadamente oí decir en cierta ocasión

a nuestro querido colega aquí presente don Gaspar Ruiz,

todos nosotros, gacetilleros y redactores

de sueltos y necrológicas, todos, digo,

estamos siempre escribiendo una novela, ¿no?

Algunos incluso dos.

Normal. Cansados de perseguir noticias de día,

todos perseguimos la gloria literaria por las noches.

¿Así que se llama Gloria?

Por las noches persigues a la hija de tu casera.

Lo mismo da, Gaspar, porque ambas son igual de esquivas.

No sé qué pasa que con ninguna logro pasar del capítulo primero.

Cierto. La mayoría nos tenemos que conformar con los preámbulos.

Estoy hablando, si me dejáis, naturalmente,

de mi buen amigo don Benito Pérez Galdós,

que hoy acaba de ver publicada su primera novela "La Fontana de Oro".

¡Un aplauso!

-¡Bravo!

-¡Bravo!

Muchas gracias, especialmente a ti, Bravo, por tus inspiradas palabras.

Pero no sé... No sé muy bien qué decir.

-Pues que te sirvan otra ronda. Por supuesto que sí.

Los hechos que narra "La Fontana de Oro", reales y novelados,

trascurren en los primeros años veinte de este siglo,

una época de gran turbación política y social.

Ahora en serio.

Parece que estamos viviendo tiempos tan preocupantes o más que aquellos.

Parece que España... nunca aprende de sus errores.

Brindo porque eso cambie.

Y porque de una vez por todas encontremos el camino.

Bien dicho, Galdós.

Señores,

don Amadeo Fernando María de Saboya, duque de Aosta,

ha aceptado la candidatura al trono.

España ha encontrado un rey.

El primer número

de "El Combate", recién salido de la imprenta.

"Nuestra principal misión será inculcar

en todos la idea de que no con palabras, sino con martillos

rompen los esclavos las cadenas con las que los oprimen;

de que no con palabras, sino con aceros se derriban la dinastías..."

Y los tronos. "Y los tronos".

Pero ¿qué pretende Paúl y Angulo, organizar otra revolución?

No, terminar la que empezó hace dos años.

En 15 días se vota en las Cortes el futuro del país,

y los republicanos tendrán que aceptar el resultado.

Prim tendrá un apoyo mayoritario a su candidato.

¿El Macarrónico?

A ver, ¿no os parece una catástrofe?

En Francia se ha proclamado la Tercera República.

Francia está en guerra, Gaspar. La gente en España está harta

y solo quiere trabajo y salir de la miseria.

El pueblo confía en Prim.

Hazle pasar.

-Soy Acebedo, señor, para servirle. -El cuñado de Sostrada, ¿no es así?

¿Eres también de Alcoy? -Allí vine al mundo, sí.

-¿Cómo van los preparativos? -Bien.

Necesitamos comprar más explosivo.

Mi cuñado quiere hacer una prueba con la orsini.

-Di a Sostrada y a López que hay que actuar antes del 16.

Ese día está prevista la votación del nuevo rey

en las Cortes.

-Eso es dentro de dos semanas, señor.

-¿Estaréis listos?

¡Cuéntale lo que has visto!

-Esos hombres llegaron hace cosa de un mes.

Me dijeron que venían de Alcoy a ver a unos familiares.

-¡Al grano! Di lo que guardan debajo de la cama.

-Una de esas bombas sin... -¡Una orsini!

-Vale. Me ocuparé de investigarlo. -¿Investigarlo?

Hay que ir inmediatamente y arrestarlos.

Si no manda a sus hombres, iré yo

con los míos.

¿Qué ocurre? -Ducazcal ha descubierto

a los hombres de Solís.

Me he visto obligado a ordenar su arresto.

-¿Lo sabe Solís?

-No he podido localizarle, y mis hombres ya están de camino.

Atiende un momento. Si lanzamos la bomba

desde uno de estos dos balcones de la calle del Sordo...

-Demasiado cerca de las Cortes.

¿Y en la calle del Turco?

-La calle del Turco...

(Silbido)

¿Qué pasa?

-Tenían armas y una bomba. Hemos detenido

a uno en la pensión y a dos en una taberna cercana.

Los otros dos han logrado escapar.

Interrogamos a los arrestados. Buen trabajo.

Felicite a sus hombres. -Discúlpeme, mi general.

Deberíamos pedir al gobernador que reforzara su protección.

-Claro. ¿Cuántos hombres

quiere que le asignemos? De ninguna manera. Todo continuará

como hasta ahora. -Pero...

No hay pero que valga. Señor Rojo Arias,

puede retirarse. -Mi general.

Esos individuos están arrestados y sus armas incautadas.

No hay motivo para alterar

mis costumbres. -Con todo mi respeto, señor.

No estoy de acuerdo. Hay dos hombres que siguen libres y armados

ahí fuera. ¿Qué le hace pensar

que su intención era atentar contra mí?

Tenían planos de las Cortes.

Su objetivo podría ser un diputado.

¿Refuerzo la protección a todos ellos?

Son más de 300. No creo que Rojo Arias tenga hombres suficientes.

Mi general...

Ya me ha oído.

Señora.

-¿Está en peligro?

Dígame la verdad, Moya, se lo ruego.

-A mí no me escucha, señora. Quizá usted pueda hacerle entrar en razón.

Póntela, por favor. ¿Una cota de malla?

¿Para qué quiero yo eso? Juan, te lo suplico.

No insistas, Paca.

Mira, mañana es la votación en las Cortes y todo esto

habrá acabado.

¿Crees que no sé lo que se dice?

Los republicanos no se van a quedar contentos con el resultado.

No tendrán más remedio. Se habla de motines.

Es su forma de presionar a los diputados,

una táctica política desesperada, su último cartucho.

Y cuando terminen esos cartuchos, vendrán los otros, los de verdad.

Es política. Nadie va liarse a tiros.

Mañana la cámara votará a un rey,

y con el rey volverá el orden al país.

Es así de fácil.

¿Fácil? Sí, fácil.

Los republicanos moderados

no van a permitir que los exaltados rompan la baraja.

Castelar, Figueras y muchos otros enrojecen cuando leen

los disparates que escribe Paúl y Angulo en ese periodicucho suyo.

Mañana intentarán dividir el voto monárquico,

enfrentarnos a unionistas y progresistas, pero será en vano.

Mira, ellos tienen sesenta y pico de votos.

Necesitarían treinta más como mínimo para imponer la república.

Y, aun así, haría falta que Montpensier,

Espartero o el Borbón le robaran muchos votos a Amadeo.

Y eso no va a pasar.

No va pasar porque la mayoría de los diputados

teme más a la república que a ninguna cosa.

Por eso Amadeo va a conseguir un respaldo mayoritario.

Es política, Paca.

Nada más que política.

(Aplausos)

¡Bravo! ¡Bravo!

-"Senyor, ara sí que sí,

amb tots vosaltres",

¡Macarronini Primero!

-"Bon giorno".

-Yo soy Macarronini Primero.

-¡Uh!

"Presto, io...".

"E como yo sono el nuovo rey,

io proclamare...".

-¡Un respeto!

(Gritos)

¡Es una traición a la soberanía popular y a la patria!

¡Traidores! ¡Traición!

¡Este parlamento es una traición!

-¿Cuántos votos en blanco ha dicho? 19.

¡Esto es una farsa indigna! -¡Viva la monarquía!

-¿Y Espartero? Ocho.

Traiciona la soberanía nacional. -Señorías...

-¿Y Montpensier?

Montpensier, 27; no 17. Gracias.

Alfonso de Borbón, dos, como la República Unitaria.

La República Federal, 60; y Amadeo de Saboya, 191.

(VOCIFERAN)

¡Vergüenza!

-¡Viva al rey! -¡Traidores!

(VOCIFERAN)

-¡Viva el rey!

-¡Señorías, orden, por favor! ¡Siéntense ya!

¡Vergüenza! ¡Por favor, señorías!

¡Señorías, don Amadeo Fernando María de Saboya,

duque de Aosta, queda proclamado rey de los españoles!

¡Entregáis el país a un extranjero!

-¡Traición! ¡Vergüenza!

-¡Traición! ¡Viva la república federal!

-¡Viva la república democrática!

Explosiones

Esto es lo que se llama hacer un rey a cañonazos.

Son salvas

para anunciar al pueblo la buena nueva.

Quizás su señoría quiera unirse a la comisión de diputados

que partirá hacia Florencia a buscar al duque de Aosta.

¿A ese títere? No, hombre, no, muchas gracias.

Su rey es un usurpador.

Ah. ¿Eso va a publicar mañana "El Combate"?

Eso y los nombres de los 191 traidores que han votado hoy por él.

¿Traición el ejercicio democrático del voto?

Entregar la patria a un extranjero es una traición

a la soberanía nacional. Apelo a su responsabilidad, Paúl.

Agitar los ánimos del pueblo es hacerle un flaco favor a España.

¿Agitar, dice?

No se referirá a lo ocurrido anoche en el Teatro Calderón, ¿no?

No sé de qué me habla. No, claro, no.

Usted no tiene nada que ver con esa panda de facinerosos

que lidera Ducazcal y que va sembrando pánico por todo Madrid.

Mi general, la berlina le está esperando.

Tengo que irme.

¿Qué lleva bajo la levita, coronel?

¿Cómo se atreve?

Es mi obligación protegerle, general.

Su obligación es obedecer mis ordenes.

Y no voy a tolerar indisciplinas, ¿entendido?

Sí, mi general.

No ha podido ser.

-27 votos

de 93 diputados unionistas. -Prim ha convencido al resto

de apoyar a su candidato invocando el miedo a la república.

-¡Prim, Prim, Prim!

¡Siempre Prim!

-No me gustaría encontrarme

en su lugar.

Ha ganado la votación, pero le espera una ardua tarea

si quiere convencer al pueblo de que el duque de Aosta

era efectivamente la mejor opción al trono.

-Habrá que esperar.

Señores, ¡viva el rey! -(TODOS) ¡Viva!

Bocina

"El enemigo está dispuesto, armado de todas armas, nos provoca

y quiere darnos la batalla en la hora a él más propicia".

-No le falta razón a Paúl y Angulo. Dispuestos y armados estamos.

-Pues la hora propicia ha llegado, Ducazcal.

-Que se ocupen tus hombres.

-Se trata de darle un toque de advertencia.

-Será un placer hacerle llegar el mensaje. Señores...

-Hágala llegar a las redacciones de los periódicos.

Hoy va sin el tuerto.

-Es verdad. Podríamos aprovechar y darle de su propia medicina.

Quieto, quieto ahí, nosotros no somos como ellos.

-Don José, me manda un hombre

que trae resmas de papel para el periódico.

¿A estas horas?

-Qué raro, ¿no? Tendría de haberlas traído

esta mañana.

Está bien, toma.

-Gracias.

Bueno, señores, me toca irme.

-Deja, ya voy yo.

¿Seguro? Seguro,

que he bebido menos vino

que vosotros.

¡Beltrán! ¡Más vino, hombre!

Hola.

¿Hay alguien?

¡Quita!

-Cortesía

de Ducazcal.

¡Tú, el palo!

Almas de todos aquellos cuyos cuerpos están aquí sepultados

a fin de que se regocijen enteramente en ti con tus cantos.

Por Jesucristo, Nuestro Señor.

-Amén.

Amén.

Pobre Gaspar.

-"Ego sum resurrectio".

"Yo soy la resurrección y la vida".

"El que cree en mí vivirá aún cuando haya muerto".

"Al jefe de la partida de asesinos, a Felipe Ducazcal,

el director de 'El Combate', tiene dicho: que le reconoce

como vil y cobarde agente

del ignominioso gobierno de Prim y Prats".

"Tenemos acerca de usted una misión de honra

de parte de don José Paúl y Angulo;

y, en la eventualidad de no encontrarle en su casa,

le escribimos para suplicarle

nos señale hora para recibirnos".

"Y que, sin embargo, de su despreciable condición,

dispuesto está a batirse con él cuando quiera y como quiera".

"Hace 48 horas que Paúl y Angulo, sin ocultarse, espera inútilmente

a los compañeros y cómplices de Felipe Ducazcal o a sus testigos".

"Réstanos afirmar que, en lo sucesivo, prescindiremos

de tan asqueroso reptil".

(Graznidos)

Dicen que esos hombres forman parte de una conspiración

para matar a Prim

antes de que llegue el duque de Aosta.

Paúl y Angulo.

¿De dónde sale esto?

Me lo ha traído en persona el director de "Las Cortes".

Bien. Pues llévesela a Rojo Arias. Pensaba hacerlo.

Pero, mi general, esta vez debe tomarse en serio la amenaza.

Mire, Moya,

conozco a Paúl y Angulo desde hace años.

Es un radical, un fanático, pero no es un asesino.

Cerró "El Combate"

porque llegó el momento de cambiar la pluma por el fusil.

Ya se lo he dicho, coronel. Llévesela a Rojo Arias.

Yo tengo asuntos más importantes que atender.

¿Sabía algo de esto?

-Primera noticia.

En la calle se oyen todo tipo de rumores y chismes.

-No es ningún chisme. Proviene

de una fuente solvente. -Claro. Me ocuparé de ello.

¿Cuántos hombres quiere para reforzar la escolta?

-El general no quiere modificar su rutina.

Hay que detener a los hombres de la lista.

-Por supuesto. Me pongo a ello de inmediato.

-"Tu nombre y el mío están en la lista".

Y el de Huertas también.

Llevo 15 días esperando a que vengan a detenerme

por lo de Ducazcal, y nada. Es muy raro.

Si el plan que nos propuso Solís

sigue adelante, y es lo que se cuenta en los mentideros,

es normal que piensen que formamos parte.

Es que no es así. Da igual.

Después de lo que has escrito en "El Combate",

nadie va a creer que no estás implicado.

Por eso debo salir del país ya.

Hay otra opción.

¿Cuál?

Quedarte... y unirte al plan.

Es lo que pienso hacer yo.

¡So!

-No tengo mucho tiempo, Pastor.

-Tranquilo. Solo te robaré unos minutos.

-Tu nota decía que era urgente.

-¿Acaso no lo es todo lo referente

a la seguridad de tu jefe?

Rojo Arias me ha comentado

que Prim se sigue negando a reforzar su escolta,

a pesar de la amenaza que supone esa lista que circula por Madrid.

-Le diré al general que su alteza se preocupa

por su integridad física. -(RÍE)

A mí me preocupa la tuya.

Sería una injusticia que tuvieras que pagar,

incluso quién sabe si con la vida, por culpa

de la temeridad de tu jefe.

-Gajes del oficio, Pastor. -No, Moya, no.

No cuando te obligan a hacer tu trabajo

en unas condiciones que no son las adecuadas.

-Ese es mi problema. -Sí, y tanto que lo es.

-¿Qué es lo que quieres de mí, Pastor?

-Ayudarte, nada más.

Si..., Dios no lo quiera, Paúl y Angulo cumple su amenaza

y atenta contra Prim, no me gustaría

que tú cayeras junto al general. -Ya.

¿Y qué podrías hacer tú al respecto?

-Darte un consejo.

Si yo estuviera en tu lugar, no caminaría junto al general,

sino unos pasos por detrás.

Y evitaría sentarme a su lado.

-Eso harías tú.

-Es un consejo entre colegas.

Paúl sabe que no vas armado.

Todo el mundo sabe que Prim no te lo permite.

-Te veo muy convencido de que, si alguien intenta algo

contra el general, será Paúl.

-¿Y quién, si no?

Sopla el viento

"Si, cuando su majestad me lo ordene,

yo sigo de presidente del Consejo de Ministros,

será únicamente"

para continuar prestando mis servicios

a la patria, a la revolución,

a la libertad y al mismo rey Amadeo I.

Yo he procurado con mi alma, mi sangre y mi vida

consolidar la libertad de todos y, haciéndolo,

me he convertido en esclavo de la razón de Estado.

Pero mi anhelo, todo mi afán, es que llegue un día,

cuanto más próximo, mejor,

en que yo pueda dejar este cargo.

(Cuchicheos)

(Cuchicheos)

¡Han disparado a Prim! ¿Qué?

¡En calle del Turco!

¡Vamos! ¡Vamos!

¿Al general Prim? ¡Vamos!

(Confusión)

¡Benito!

Se lo han llevado a Buenavista.

(Canto de pájaros)

(LLORANDO) ¡Ay!

¡Jesús, María y José, don Benito!

No he pegado ojo en toda la noche. (LLORA)

Y dígame, don Benito, ¿está muerto o no está muerto?

Porque anoche corrió el rumor por todo Madrid

de que Prim no había salido vivo de la calle del Turco.

Eso pensamos todos al principio,

pero "La Gaceta" dice que fue "ligeramente herido".

Cuente, cuente, don Benito.

Cuente.

Yo solo sé lo que circula por las redacciones de todo Madrid.

"Lo último que yo presencié fue la salida de Prim de las Cortes".

"Subió a la berlina

acompañado de su ayudante, González Nandín,

y del coronel Moya".

Al enfilar la calle del Sordo,

Nandín vio a un hombre

"encendiendo un cigarro".

"¿Uno de los asesinos?".

Probablemente.

Dicen que así fue como se comunicaron entre ellos

la llegada de la berlina:

encendiendo fósforos.

Y en la calle del Turco tenían preparada la emboscada.

Relincho

(BUFA)

¿Qué pasa?

Pasos

¡Mi general! -¡Cuidado, mi general!

¡Fuego, puñeta, fuego!

¿Quién dice que gritó "fuego"?

¡Fuego, puñeta, fuego!

Paúl y Angulo. Un diputado republicano

y el director del periódico "El Combate".

¿Todo un diputado?

Dicen que el coronel Moya reconoció su voz.

Moya salió indemne. En cambio, al ayudante del general,

González Nandín, le alcanzaron en una mano.

¡Un médico!

¡Un médico!

¡Con cuidado, mi general!

¡Soltadme!

¡Estoy bien!

¡Mi general, mi general!

"Dicen que Prim se empeñó

en subir las escaleras del palacio sin ayuda".

Estoy bien, soltadme.

¡Paca, Paca! ¿Qué te han hecho, amor mío?

Ven. ¡Un doctor! Estoy bien.

¡Un doctor! ¡Llamen a un doctor!

Lo que usted decía, don Benito, un milagro.

Algunos dicen que el general llevaba

una cota de malla debajo de sus ropas

y por eso los disparos no acabaron con su vida.

¿Y ahora qué va a pasar?

Serrano ha nombrado a Topete

presidente interino del Consejo de Ministros.

Y Amadeo de Saboya llegará a España en dos o tres días.

Ande, váyase a dormir un rato.

Pero despiérteme en un par de horas, doña Encarna, por favor,

que tengo que volver al periódico. Sí, hijo, sí.

¿Has hablado con Pastor?

-Serrano no recibe a nadie. Se ha encerrado en Buenavista.

-¿Cómo es posible que Prim siga vivo?

-Y despachando, parece.

Ha firmado varias medidas,

entre ellas una pensión

de veinte mil duros anuales para Serrano.

-Ese bastardo tendrá que recibirme, le guste o no.

-No es prudente que su excelencia

se deje ver por Buenavista en estos momentos.

-Pues entonces consigue que su alteza me conceda audiencia.

Serrano quiere apartarme otra vez y no lo voy a tolerar.

Quédate allí, hasta que él dé la cara.

¿En qué estaría pensando Rojo Arias?

¿Cómo no se le ocurrió inmediatamente

arrestar a todos esos que estaban en esa lista?

No lo sé, pero tuvo 24 horas para hacerlo.

Y la reacción de Serrano de poco menos que atrincherarse

en Buenavista. No ha dejado pasar ni al juez instructor.

Es muy raro. Empezando por la mejoría del presidente Prim.

¿Qué insinúas, Galdós?

Ocho disparos, a bocajarro. Solo uno alcanza al ayudante del general.

Y el coronel Moya, ni un rasguño.

Yo no creo que esos asesinos erraran en un blanco tan fácil.

No sé, Prim estaba encerrado en la berlina.

Lo que pasa es que eso son conjeturas.

El problema es que nadie vio nada.

Hubo al menos un testigo.

"Una mujer que pide limosna en los alrededores de las Cortes".

"Se llama Josefa, creo. La vi hablando con los policías

cuando llegamos a la calle del Turco".

Venga, tío, va, acuéstese.

Yo era maestra en la escuela de niñas de mi pueblo.

Pero, cuando murió mi madre, que en paz descanse,

tuve que venirme a Madrid a cuidar de mi tío.

Soy la única familia que le queda.

Muchísimas gracias.

Yo limpio escaleras, ¿saben?

Pero en los últimos meses el trabajo escasea

y me he visto obligada a pedir en la calle.

Y ahora, con esta pierna renqueante, aunque quisiera trabajar...

¿Le alcanzó un disparo?

Metralla que rebotó en el coche del general.

¿Tan cerca estaba?

A pocos metros.

Cuéntenos todo lo que vio, por favor.

"A eso de las siete de la tarde, pasé por la puerta del Congreso".

Allí no me dejan pedir los guardias

"y no me detuve".

"Aunque sí que pude ver a dos señores

subirse en un coche tirado por un caballo blanco".

Una moneda, por favor.

(Golpes de bastón)

¿Le parecieron sospechosos?

No.

"Pero me llamó la atención volver a ver el mismo coche

en la calle del Turco

tras recoger una cesta en casa de una señora

que me había dejado un poco de comida".

"Me extrañó ver a un cochero manchando con barro

los faroles de su carruaje".

Una moneda, por favor.

"¿Y pudo ver las caras de los hombres?".

"Ya le he dicho que estaba muy oscuro".

"¿Había más gente en la calle?".

"Por lo menos, pude ver como a media docena".

"Estaban esperando algo".

"Me extrañó por el frío que hacía".

Entonces se me acercaron dos de ellos.

"¿Una moneda?".

-Ten, y lárgate, que ya tienes para tu puchero.

-Gracias.

"Y a ese sí que le vi la cara".

Ese es un policía.

¿Un policía?

¿Está segura?

Sí, uno que va mucho por el café Iberia.

¿Le contó esto mismo a los guardias que la interrogaron?

No, es que ayer, con los nervios, no conseguía recordar

de qué le conocía y pensé que era un vecino.

¿Y ese hombre fue uno de los que disparó después?

No, yo eso no lo he dicho. Eso no puedo saberlo.

Está bien, continúe.

¿Qué ocurrió, entonces?

Como hacía mucho frío y aquel señor había sido muy generoso conmigo,

"pensé en volver a casa. Entonces escuché

el primer silbido".

(Silbido)

"¡Fuego, puñeta, fuego!".

-¡Fuego, puñeta, fuego!

-Ah...

"¿'Fuego, puñeta, fuego'?".

¿Esas fueron las palabras exactas?

Sí, señor.

¿Y vio usted el telégrafo fosfórico?

Yo no vi nada de eso. Yo solo escuché dos silbidos.

Josefa,

¿usted nos acompañaría al café Iberia

a intentar identificar a ese policía?

Le daríamos

una buena compensación, claro.

No.

Llevamos más de dos horas y nada.

Tal vez sea mejor que lo dejemos para otro día, ¿no?

Lo siento. No se preocupe.

¿Qué?

Josefa, ¿está segura?

"¿Una moneda?".

-Ten y lárgate,

que ya tienes para tu puchero. -Gracias.

No te gires.

Pero ¿quién es?

Ni se te ocurra girarte.

Váyase a su casa tranquila. Que Dios le bendiga.

¿Pero no me vas a decir quién es?

Tú y yo nos vamos ahora mismo también.

Es el jefe de la escolta del general Serrano.

¿Pastor?

¡Madre mía!

Tenemos que ir a contárselo al jefe ahora mismo.

No podemos contárselo ni a don Marcial ni a nadie.

¿Cómo que no? Estamos hablando del regente, Bravo.

Créeme, es mejor que nos olvidemos de todo esto. Vámonos.

¡Vámonos!

¡Perdone!

¿González Nandín? ¿Quién es usted?

Soy Benito Pérez Galdós. Periodista de "Las Cortes".

Concédame unos minutos. No tengo nada que decirle. Váyase.

Yo llevé la lista de sospechosos a don Marcial, a mi director.

Por favor, solo serían un par de preguntas.

¿Cómo ha dicho usted que se llamaba?

Pérez Galdós.

"La Fontana de Oro".

¿Cómo?

¿Es el autor de esa obra?

En efecto, sí.

Eh... ¿la conoce?

Una buena novela. Me gustó mucho.

Muchas gracias.

¿Podemos ir a un sitio más tranquilo,

lejos de miradas indiscretas?

¿Y qué es lo que quiere saber, exactamente?

Lo que ocurrió realmente en la calle del Turco.

Yo solo puedo contarle lo que vi.

"Salimos de las Cortes

y nos subimos a la berlina".

"Todo parecía normal hasta que oí un silbido".

(Silbido)

"¿No vio ninguna luz, un resplandor?".

"¿Se refiere al célebre 'telégrafo fosfórico'?".

"Eso es un invento, o mejor dicho, una contaminación".

¿Una contaminación?

Los hombres que fueron arrestados a mediados de noviembre y que

"planeaban atentar contra el general,

usaron ese método en las vigilancias del palacio".

Yo no vi ningún fósforo,

pero cuando entramos en la calle del Turco

oí un segundo silbido.

(Silbido)

¿Qué es lo que pasa?

¡Cuidado, mi general!

-¡Fuego, puñeta, fuego!

-¡Mi general! ¡Mi general!

¡Mi general, respóndame!

¿Le pudo ver la cara?

A Paúl y Angulo, ¿le pudo ver la cara?

No, pero él no fue quien gritó "fuego".

¿Cómo?

Desconozco si Paúl se contaba entre los asesinos,

pero no fue él quien dio

la orden de disparar. ¿Está seguro?

Paúl y Angulo es de Jerez, como yo,

somos paisanos. El que dio la orden

tenía una voz y un acento completamente distintos

a los de Paúl.

Pero esa expresión, "puñeta"...

Se usa más bien en el Levante.

Y entre los arrestados de noviembre había varios hombres

que habían sido reclutados en Alcoy.

¡Fuego, puñeta,

fuego!

"¿Dónde alcanzaron al general?".

En el hombro y en la mano. Perdía mucha sangre

y enseguida se desmayó.

"¿Y no pudo subir por su propio pie las escaleras de palacio?".

"Así es como prefiere imaginarlo el pueblo,

pero yo lo que vi fue muy diferente".

"El general llegó bastante malherido".

"Los informes médicos aseguran"

que el general se recupera

satisfactoriamente. Eso dicen.

¿Usted ha podido verle?

Serrano llegó a los pocos minutos y se hizo cargo de la situación.

Desde entonces, muy pocas personas, salvo los doctores,

han podido entrar a ver a Prim. Pero el general es muy fuerte.

De otro no me esperaría un milagro como ese,

pero... tratándose de él.

Lo que le he contado es lo mismo que testifiqué ante el juez.

Quien, sin embargo, no pudo tomar declaración al general.

Eso he oído.

Quizá Serrano prefiera esperar a que el general Prim

se recupere por completo.

(Llanto)

(LLORA PACA)

No, no...

Van a instalar la capilla ardiente en la Basílica de Atocha.

El rey ya está en Cartagena.

No le auguro un reinado muy largo.

¿Crees que algún día conoceremos lo que ha pasado en realidad?

Lo más difícil será averiguar lo ocurrido durante los tres días

que Prim pasó agonizando en Buenavista.

Pero las cosas que suceden detrás de las puertas de los palacios

muy rara vez salen a la luz.

"¡Vamos, vamos!".

-El doctor. ¿Alguien ha llamador al doctor?

-¡Deprisa!

-Cuidado, cuidado.

Juan, Juan...

Todavía respira.

¡Ah!

Ah...

-¿Dónde están los médicos?

-Ya están avisados.

¿Está vivo?

-Los doctores están con él. Ha perdido mucha sangre.

Parece que no hay motivo para albergar muchas esperanzas.

-Usted iba con él en la berlina,

¿no, coronel? ¿Qué ha ocurrido?

-Les tendieron una emboscada en la calle del Turco.

Les cortaron el paso con dos carruajes

y varios hombres les dispararon.

-¿Pudieron identificar a alguno?

-El coronel ha reconocido la voz de uno de los asesinos.

-¿De quién se trata?

-De Paúl y Angulo. ¿No es cierto, coronel?

-¿Y bien?

-Es increíble que siga vivo.

La hemorragia es masiva y no creo que pase de esta noche.

-Señores, espérenme todos en el despacho del general,

y que nadie entre ni salga del edificio, ¿entendido?

Vaya a buscar a doña Francisca.

Disculpe, señora. El general Serrano solicita su presencia.

-No puedo dejarlo solo.

-Le prometo que yo no me moveré de aquí.

Voces de niño

-Por favor, no deje que el niño lo vea así.

Señora,

entiendo por lo que está pasando.

Le aseguro que haremos todo cuanto esté en nuestra mano

para arrestar a los responsables de lo sucedido.

-Ha llegado el juez instructor. Ahora mismo está con Nandín.

Quiere tomarme declaración a mí y ver al general.

-Dígale al juez que lo de ver al general de momento

va a ser imposible. Caballeros,

no necesito explicarles lo delicada que es la situación

en estos momentos.

Si, desgraciadamente, el general no logra sobrevivir,

va a ser muy difícil impedir que los republicanos

que, sin lugar a dudas, están detrás del atentado, aprovechen

la circunstancia

para promover motines y revueltas. Apelo a su patriotismo.

El general Prim debe permanecer con vida...

-Disculpe, alteza, no me ha entendido usted bien.

Acabo de explicarle... -No, no, no.

Usted no me ha entendido a mí.

Los únicos que conocemos el estado del general

somos los que estamos ahora en este despacho.

Y así debe seguir siendo. Lo que se sepa de puertas afuera

será lo que nosotros les comuniquemos.

Y pase lo que pase,

el general permanecerá con vida hasta que el rey esté con nosotros.

Eso es lo que su marido haría si estuviera en mi lugar.

Él antepondría el bien de España ante cualquier otra consideración.

Voy a hacer todo cuanto sea necesario

para que la voluntad del general Prim y Prats,

refrendada por el voto mayoritario de las cortes, sea respetada.

-Almirante,

quiero que sea usted, en calidad de presidente interino del gobierno,

quien vaya a Cartagena a recoger al rey.

-Ah, ah, ah, ah...

Imposible. Nadie puede entrar ni salir del palacio.

Órdenes de Serrano.

Si cuando su majestad me lo ordene,

yo sigo de presidente del Consejo de Ministros,

será únicamente para continuar prestando mis servicios

a la patria, a la revolución, a la libertad

y al mismo rey Amadeo I.

Yo he procurado con mi alma, mi sangre y mi vida,

consolidar la libertad de todos

y, haciéndolo,

me he convertido en esclavo de la razón de Estado.

Pero mi anhelo, todo mi afán,

es que llegue un día, cuanto más próximo mejor,

en que yo pueda dejar este cargo.

Prim, el asesinato de la calle del Turco

17 oct 2017

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