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Para todos los públicos Para todos La 2 - 20/05/17 - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

¿Qué tal? Buenas tardes.

La pobreza es parte de la actualidad social mundial

y hoy empezamos el programa hablando de un concepto que le es intrínseco.

También es global y está muy extendido en nuestra sociedad.

Les contamos.

El término en concreto no existe en nuestro diccionario

y es la "aporofobia". Significa rechazo al pobre.

En unos minutos hablaremos con la autora

que ha acuñado este neologismo que tanto afecta al planeta.

Más cosas.

Cien espectáculos en los próximos 10 años

con una inversión de 10 millones de euros.

Son las cifras que maneja el primer banco

destinado a financiar el mundo del espectáculo.

Se llama On Bank o banco del teatro. Y su moneda de cambio es el talento.

Después se lo contamos más detenidamente.

Y por lo que respecta

a las innovaciones ciudadanas solidarias,

Antonella Broglia nos descubrirá

hasta dónde llega el poder transformador

de la palabra en voz alta

con ejemplos en lugares tan distantes y distintos

como Francia o México. Empezamos.

(Música)

Los seres humanos no son tan xenófobos ni racistas

como "aporófobos".

Esta afirmación es de la filósofa Adela Cortina

y la palabrita también.

Asegura que ha acuñado este neologismo

para definir una realidad social,

la aversión y el rechazo a las personas pobres.

Lo cuenta todo en un libro en el que también da soluciones

para superarlo. Veamos un resumen.

"Aporofobia",

del griego "áporos", pobre, y "fobeo", espantarse.

"'Aporofobia': dícese del odio, repugnancia u hostilidad

ante el pobre, el sin recursos, el desamparado".

Asegura la acuñadora de este término que existe una razón poderosa

para que la RAE acoja esta nueva palabra en el seno de la lengua.

Es indispensable poner nombres a las realidades sociales.

Adela Cortina, catedrática de ética y filosofía política,

con su libro "Aporofobia: El rechazo al pobre",

nos pone ante el espejo y nos interpela

sobre esta versión social que desafía a la democracia.

Los seres humanos somos seres de necesidades.

Necesitamos cosas, necesitamos ayuda,

necesitamos protección.

Y por eso necesitamos lo que los otros nos pueden dar.

Y entonces tenemos la costumbre de juntarnos con aquellos

que sí que nos pueden dar algo.

Que sí que nos pueden ofrecer algo

para que de alguna manera superemos nuestra vulnerabilidad.

Estamos acostumbrados entonces a aquellas famosas expresiones

de "el que toma a dar se obliga" o "hoy por ti, mañana por mí".

Y claro, en una sociedad del toma y daca...

¿Qué ocurre?

Precisamente aquellos que parece que no nos van a dar nada interesante

los relegamos, los olvidamos

y hacemos como estamos haciendo

con los refugiados y los inmigrantes pobres,

que les ponemos una valla,

que los arrojamos al otro lado del océano

y los devolvemos en caliente, etc.

La religión y la filosofía lo intentaron antes.

Ahora la biología evolutiva también nos da una explicación

ante este comportamiento.

Nuestro cerebro se fue formando a lo largo de la evolución

cuando los seres humanos vivíamos en grupos muy pequeños

y nos cerrábamos los de dentro frente a los de fuera.

Los de fuera aparecían los enemigos,

los que nos iban a traer la muerte y la destrucción,

y nuestra tendencia era cerrarnos a los que vivíamos juntos,

los que teníamos unas relaciones personales frente a los de fuera.

Eso explica la tendencia humana a la xenofobia y al racismo.

Pero sobre todo al rechazo al pobre.

De ahí que los refugiados, los inmigrantes pobres

no sean nada bien acogidos,

pero acojamos con los brazos abiertos a los turistas

que también son de otras razas, también son de otras etnias,

y sin embargo estamos encantados de que vengan.

La buena noticia es que la tendencia prófuga del cerebro humano,

sumamente plástico, se puede modificar a voluntad,

cultivando los sentimientos y la razón.

Y ahí hay un conjunto de sentimientos,

que hay que tener en cuenta la educación,

en el sentido de la justicia, el sentido de la compasión, etc.

Pero además se puede cultivar también la razón.

Argumentando no hay ninguna razón

que pueda ser presentable

para entender que hay unos seres humanos

que son superiores a los demás

para establecer una separación radical

entre los que están bien situados y los pobres que quedan fuera.

No hay ninguna razón.

El reto de este siglo, afirma,

es cambiar la aporofobia por sensatez.

Porque todas las personas son iguales en dignidad

y tienen mucho que ofrecer.

La receta es aprender a apreciar qué puede dar cada quien

y trabajar solidariamente.

Y en esa labor, tienen un papel destacadísimo las instituciones.

Creo que el gran reto del siglo XXI consiste en erradicar la pobreza

desde un punto de vista económico

y reducir las desigualdades.

Si las instituciones son desigualitarias, es decir,

si las instituciones lo que hacen es infundir desigualdad,

las personas nos acostumbramos a que la desigualdad es lo normal,

lo que forma parte de nuestra vida, que somos desiguales.

Pero eso es falso.

Estas instituciones igualitarias,

en un contexto de Estado social del bienestar,

requieren políticos ejemplares.

Los políticos y la gente que tiene una posición de visibilidad

deberían ser conscientes de que están educando a la vez.

Entonces ¿cómo vas a exigir después que las personas paguen el IVA

y que las personas en la declaración de la renta

hagan lo que tienen que hacer, si ellos son los primeros que no?

A esta filósofa le alegra el triunfo de Macron en la presidencia francesa

en tanto que es un voto contra Le Pen y su aporofobia.

Que la gente no quiera posiciones como las de Le Pen,

que la gente esté criticando continuamente

a posiciones como la de Trump y otras posiciones por el estilo,

yo creo que eso es un signo de esperanza.

Igual que hay cantidad de grupos que están trabajando muy bien

desde el sentido de la justicia y la compasión.

Su apuesta es la hospitalidad cosmopolita.

Derecho y deber a la vez.

Y no le valen los argumentos neoliberales

basados en rechazar al pobre y maximizar el beneficio

caiga quien caiga.

La economía tiene una meta.

La economía no consiste en enriquecer a unos a costa de otros.

La economía consiste, primero, por una parte,

en ayudar a superar la escasez.

Si hay escasez, nadie sale bien librado.

Pero no solo tiene que ayudar a superar la escasez, sino también,

y cada vez se dice más, a erradicar la pobreza.

La economía que no va por ahí, asegura,

simplemente es mala economía.

Estamos con Antonella Broglia paseando por las caballerizas

del antiguo cuartel de Conde Duque, aquí, en Madrid.

Un cuartel construido en 1717 que actualmente se ha convertido

en un centro cultural y de exposiciones aquí en Madrid.

Hemos venido con Antonella

para hablar de emprendedores sociales

y de una expresión concreta.

El poder de la palabra en el cambio social.

¿Qué quieres decir con esa expresión?

Se trata de reivindicar que algo tan sencillo,

un poder que tenemos todos, tenga tanta capacidad de cambio.

Si te parece, empezamos hablando de la primera iniciativa

que es darle voz a los jóvenes.

Es una iniciativa francesa,

donde un emprendedor social, Stéphane de Freitas,

un chico que nace y crece en Seine-Saint-Denis,

la región más pobre de Francia,

y llena de criminalidad y de marginalización.

Por lo tanto, crece en condiciones muy difíciles,

pero es bueno jugando a baloncesto y hace carrera en el baloncesto.

Y se da cuenta que cambia de mundo totalmente

una vez que empieza a jugar al baloncesto.

Y visibiliza las fracturas profundas entre diferentes partes sociales.

Cree que tiene que hacer algo para ayudar a su país

y se mete en política.

Se da cuenta que la política no consigue

crear puentes entre estos mundos tan diferentes y apartados.

Empieza a crear iniciativas sociales entre los jóvenes

para que aprendan a unir o comprender sus diferencias

a través de los debates.

Y crea un programa que se llama Éloquentia, elocuencia,

donde en las universidades los jóvenes de ideas, ideologías,

religiones y ángulos de la sociedad diferentes,

aprenden a expresarse en voz alta

para entenderse los unos a los otros.

Algo tan sencillo como esto, tan transformador,

algo que da la vuelta a Francia, se vuelve muy famoso.

Se hace un documental sobre esto que se llama "En voz alta".

Se estrena en Internet, tiene un millón de visitas,

y ahora se va a estrenar

en breve en las salas de cine.

No solo eso, sino que él dice que una vez que se han entendido,

hay que aprender a ayudarse más.

Y crea una red social que se llama Indigo,

donde la gente se ayuda, no por dinero, sino para apoyarse

con una moneda virtual para reconocer determinadas ayudas.

Y en Indigo la gente ofrece, ofrecen los unos a los otros,

productos, servicios y una serie de otras iniciativas solidarias.

Stéphane de Freitas.

Perfecto. Conocemos ahora otra iniciativa.

Es para darle importancia a las historias personales,

a las historias vividas.

Es una iniciativa que sucede en Brasil.

También historias orales.

Lo crea Karen Workman.

Es una brasileña nieta de inmigrantes judíos

y por tanto está familiarizada con una serie de iniciativas

que se estaban haciendo para recoger los testimonios de los judíos

que viven en Brasil y escuchar cuáles fueron sus vicisitudes

en Europa.

La propia madre de Karen crea un libro para recoger esto

y ella se familiariza con el poder de la historia oral.

Porque la historia oficial solo habla de algunos, habla de los mismos.

Habla de los que están en el poder.

Hablamos de historias de personas anónimas.

Exacto. Pero ¿qué pasa con las historias

de las personas más marginalizadas?

¿Las personas cuyas historias nadie conoce?

Entonces a través de esa iniciativa que llama Museo del Hombre,

un título maravilloso,

personas de la calle pertenecientes a todas las clases sociales

pueden grabar su historia.

Y ha descubierto que no solo esto funciona,

porque todos queremos que nuestra historia se eternalice,

sino porque escuchar a otros hablando

nos ayuda muchísimo a entender el punto de vista del otro

y se van todos esos prejuicios y también se va el racismo.

El filósofo, importantísimo, pedagogo, brasileño Paulo Freire,

dijo un día dentro del museo,

estuve en el 92 haciéndole una entrevista y dijo:

"Mis propias memorias me han ayudado a comprender los eventos

de los que yo he sido parte".

Muy bien, muy interesante.

Y ahora nos vamos hasta México,

donde proponen procesos orales

para conseguir juicios más eficientes.

Sí, fíjate.

Esta es la tradición oral, pero en el derecho.

¿Qué sucede en México?

El sistema actual que es el que nosotros mismos tenemos

de impartir la justicia, no está impartiendo la justicia.

Realmente hay muchísima injusticia.

No se hace justicia en el sistema de justicia de México.

Y este abogado, muy importante y activista, Ernesto Canales,

ha sido capaz de instaurar en algunas regiones de México,

y se va expandiendo a otras,

la vuelta al juicio penal oral.

Es decir, los dos, el acusado y el acusador

se presentan delante del juez y presentan verbalmente sus casos.

No ha habido instrucción previa.

Por tanto no hay espacio para la corrupción.

No hay espacio para la influencia. Más transparente.

Y muchísimo más ágil.

Y el juez, que tiene que estar ahí, no ha trabajado cuatro meses,

no conoce el caso anteriormente.

Y por tanto, digamos

que las posibilidades de influencia y corrupción son muy inferiores.

Las historias se escuchan por los protagonistas.

Por supuesto hay testigos.

Y las resoluciones son muchísimo más rápidas

y lo que se busca verdaderamente es instaurar la justicia.

Ese es un modelo muy antiguo, deriva de las épocas

en las que la transmisión de información era oral,

no había escritura.

Y se hacía una justicia muchísimo más rápida, ligera y justa.

Y eso es lo que se está volviendo a hacer en México

gracias a este emprendedor social, Ernesto Canales,

y poco a poco se va expandiendo.

Hay varios programas de televisión que te hacen ver cómo funciona.

Se está educando a la población

para que entienda la importancia del juicio oral.

Basado en la tradición oral de la justicia.

Perfecto, Antonella.

Gracias por estas tres iniciativas para darle más poder a la palabra.

Gracias a ti.

El poder de la palabra

es lo que tienen nuestros siguientes protagonistas.

Jorge, bienvenido. Bien hallada, querida.

Hoy vienes muy bien acompañado por otro colega pensador,

José María Álvarez, psicoanalista, especialista en psicología clínica

del hospital universitario Río Hortega de Valladolid.

Gracias por aceptar la invitación, José María.

Buenos días, gracias.

Hechas las presentaciones, la cuestión que ponemos hoy

sobre la mesa es lo que sería el malestar mental en nuestros días.

¿Nuestro mundo, tal y como funciona hoy,

el mundo en que vivimos, genera un malestar de por sí?

Todas las épocas tienen su malestar.

Y el malestar es algo consustancial a la condición humana.

Probablemente,

demos unas pinceladas acerca del malestar actual,

aunque no tenemos la suficiente perspectiva histórica

para poder juzgarlo como se debe.

Yo creo que hay dos focos permanentes

con los que se ilumina el estudio y el conocimiento de las personas,

de la condición humana.

Son el lenguaje y el deseo.

Y quizás desde esos dos miradores podemos entender un poco

cómo es el sujeto contemporáneo.

Desde el punto de vista del deseo y luego improvisando,

encontramos algo, por ejemplo,

que contrasta mucho con el hombre antiguo.

Por ejemplo, hoy día, gracias al capitalismo

hay una tendencia, casi una exigencia de consumir muchos objetos.

Y la gente cree y nos hacen creer, que teniendo muchos objetos,

vamos a estar llenos, vamos a estar felices.

Es todo lo contrario.

Cuantos más objetos tienes, más en falta estás, más infeliz eres.

Y de esa infelicidad...

esa infelicidad genera cierta desidia,

lo que se da en llamar actualmente depresión.

Es decir, que la gente se aparta de ese camino de luchar

por el objeto siguiente, aparta esos surcos

y van bajando los brazos.

Y lo que antes era, por ejemplo, una patología ética,

ahora es una patología mental la depresión.

Desde el punto de vista del lenguaje

también hay una serie de particularidades.

Como es el hecho de que a lo largo del siglo XIX

se veía cómo algunos sujetos oían voces,

eran esquizofrénicos, etc.,

Pero ahora vemos unos sujetos que están como a medio hacer.

Por decirlo así. Están huecos.

No son propiamente alucinados, son más bien psitacistas.

Es como si hablaran como loros,

como si aprendieran discursos cogidos de contextos distintos de argots

y los van soltando pero no están en las palabras.

Ellos están como ausentes.

Es una particularidad que se ve también ahora.

Jorge.

Es que este marco en concreto,

este que José María ha categorizado como el capitalismo.

Este en el que estamos ahora mismo y en el que nos venimos ocupando

aquí con frecuencia, este mundo en el que vivimos.

Evidentemente genera sus propias particularidades,

pero es que este parece

que especialmente ha venido a fastidiar,

especialmente ha venido a fracturar.

Y por determinados aspectos de los que enuncia José María,

la afectación sobre el lenguaje, la afectación sobre el deseo,

pero sobre todo, yo diría que lo que está consiguiendo

es lo que aquí venimos llamando en esta sección la fractura erótica.

La imposibilidad de que el elemento, el individuo,

el ser humano, se relacione con otros seres humanos

y se relacione con las cosas.

Es decir, una pérdida de su capacidad simbólica.

Una pérdida de su capacidad simbólica

que desemboca terriblemente en una pérdida de sentido.

Que es lo que José María también y que Nietzsche, por ejemplo,

en el siglo XIX ya anuncia.

Ojo con esto, porque esa pérdida de sentido,

la imposibilidad de darnos sentido en el mundo en donde estamos

porque se debilita nuestra capacidad simbólica.

Nos convierte en niños, en infantes, que pierden capacidad de palabra

y que pierden su capacidad de relacionarse con las cosas.

Y luego ese paroxismo de la individualidad

todo esto lo realiza el marco en el que estamos.

El marco este hegemónico,

este marco ideológico feroz con el individuo

a través de dos procesos básicamente.

A través de procesos de subjetivación.

O de procesos de individualización.

Que aquí nos hemos estado ocupando de muchos de ellos.

Por ejemplo, ya sea la inmediatez, el actualismo,

el sé tú mismo...

todas estas cuestiones.

Y a través de todo un ejército de nuevos predicadores,

o sea de parasitadores de la subjetividad,

que tienen un oficio concreto,

y que lo único que hacen es presentarnos alternativas

para adaptarnos a ese marco.

Es decir, coño, si nos mojamos es porque está lloviendo.

No se trata de aguantar la pedrada,

se trata de poner en cuestión la pedrada.

Y eso no lo hacen nunca.

Por eso son mecanismos que refuerzan el malestar.

Y el gran problema, o sea, la gran dificultad,

que yo creo que es verdaderamente original de nuestro tiempo,

es que por lo que estamos luchando

es por mantener nuestra propia condición humana.

No estamos luchando contra un enemigo exterior.

No es una guerra contra los alemanes, contra el tercer Reich.

Estamos luchando porque ese marco capitalista

que nos ha infantilizado,

que nos reduce a la cosa libidinal,

no llegamos a ser sujetos de ese antes muchas veces.

Ese marco está desnaturalizando, está "vaquerizando",

nos está animalizando.

Y frente a eso, la lucha va a ser tremenda.

Va a ser una guerra en mayúsculas.

No solo en el sentido bélico.

Se va a desbordar nuestra hibris, nuestra cólera, nuestra furia,

porque como seres humanos no podemos no ser seres humanos.

Tenemos que simbolizar y comprender las cosas.

¿Qué desórdenes mentales son propios de nuestro tiempo?

Antes comentabas que hace falta perspectiva,

quizás es demasiado temprano para poder hacer esas valoraciones.

Pero ¿qué desórdenes se pueden palpar ya en nuestro tiempo?

Propios de esta era.

Bueno, ahí quizá podamos decir algo al respecto.

Es verdad que estas características que pintábamos hace un momento,

por ejemplo, en el mundo del deseo, que es el motor de la vida,

como decía Spinoza

y como se ha recogido después en psicoanálisis...

Una de las incidencias de la política actual con el deseo

que es esto de "lo quiero y lo quiero ya"

es justamente el cuajar el deseo.

Para que haya deseo tiene que haber una cierta inquietud,

una cierta angustia y un saber esperar.

Cuando dos personas se conocen,

si uno no es capaz de esperar algo del otro,

de esperar una cita, una llamada de teléfono,

de esperar un tiempo a que el otro conteste,

si lo tiene todo ya, el deseo no se pone en marcha.

Esta es una de las características del mundo de hoy.

Todo ya es contraproducente para el deseo.

Por eso la gente actúa a toda prisa desesperadamente,

pero nunca con largos proyectos como puede proveer el deseo.

Con respecto a esto,

es verdad que lo que encontramos como más visible

para nosotros que estamos en las trincheras,

en el trabajo en salud mental,

es por ejemplo los cuadros depresivos.

Algo relacionado con la depresión.

La depresión tradicionalmente se consideró siempre

hasta el siglo XVII prácticamente

una problemática moral.

El deprimido no era un enfermo,

era más bien un problema moral, la tristeza era un problema moral.

Tenía más que ver con la cobardía, con el egoísmo,

con una serie de cuestiones que aun así, en ciertos ámbitos,

todavía se siguen recogiendo con la creación, etc.

Desde esa perspectiva, desde la perspectiva de un antiguo,

el triste era alguien que se rendía ante las exigencias de la vida.

¿Y ahora? Sucede lo mismo.

¿Qué pasa con la tristeza?

Sucede que la tristeza se ha convertido

a lo largo del siglo XIX en una enfermedad

y se ha hecho más actual.

Entonces, al pasarla de un campo, del campo de la ética y de la moral,

al campo de la patología

eso obliga naturalmente a que haya que tratar ese tipo de problemas

y es verdad que hay grandes deprimidos

que necesitan tratamiento y cuanto más mejor y de todo tipo.

Pero existen otras personas que están tristes,

que se han aflojado, se podría decir, su motivación con la vida,

pero que si nosotros los tratamos, los sobreprotegemos,

los convertimos en enfermos, los volvemos más débiles.

Esa es la paradoja con la que trabajamos.

-Sí. Además yo creo que es una melancolía,

por utilizar el término clásico o el de la tristeza

más que el de depresivo, el clínico que se usa hoy en día.

Yo creo que es una melancolía por lo que comentábamos antes.

Es un duelo,

pero es un duelo por la pérdida de nuestra propia condición.

Eso lo hace feroz.

Estamos melancólicos,

pero estamos melancólicos

no solo por las circunstancias cotidianas,

sino que estamos melancólicos

porque estamos entrando en un proceso de duelo

porque estamos perdiendo nuestras propias condiciones necesarias

para mantener eso del ser humano.

Luego hay unos perfiles,

estamos hablando del mundo en que vivimos,

de las particularidades de hoy en día.

Hay unos perfiles que son potenciados.

Hay unos perfiles que a través de estos mecanismos que decíamos,

cómo consigue el marco ideológico transformarnos.

Uno de esos dispositivos que aquí vamos analizando

es la resignificación de conceptos capitales,

como el de felicidad o el de éxito.

Bueno, hay un prototipo, un arquetipo psicológico de individuo

que es beneficiado con el concepto de éxito

que entiende el liberalismo,

que es el narcisista y que es el psicópata.

Es gente fracturada eróticamente.

Ojo con lo de no poder vincularnos con los demás y con las cosas.

Porque eso es la radicalidad de la locura.

El loco es un tío fracturado eróticamente.

Es un tipo que no se puede relacionar.

Que no se puede relacionar con el otro,

que no puede generar un relato, generar un sentido

sobre lo que está haciendo y por qué lo está haciendo.

No son cosas menores.

Ese prototipo de narcisista melancólico...

Perdón, el narcisista y del psicópata es la gente hoy en día

que se pone en alza.

Hablaba José María del deseo.

Aquí hemos hablado también del deseo. Ese satisfacerse.

Ese requerimiento infantil y pulsional.

Por eso que yo decía que no nos dejan ser adultos deseantes.

Es el niño que pulsionalmente quiere.

Quiere ya, quiere abastecerse y abastecerse inmediatamente.

¿Y hay más enfermedades mentales ahora que antes?

Eso, Marta, perdona, lo que hace es dilatar el estómago,

pero no llenar el hueco.

El hueco ontológico no lo llena.

Las cosas no las llena. Solo dilata. -Hay una anécdota... Perdón.

Diógenes Laercio es un historiador de la filosofía antigua

y cuenta, para que se vea el contraste

entre el hombre antiguo y el hombre de hoy,

cada uno con sus problemas.

Cuenta Diógenes Laercio en el libro de los filósofos ilustres, dice:

"Y llegó el maestro Sócrates con nosotros

y algunos de sus discípulos y entramos en el gran mercado.

'¡Cuántas cosas hermosas!', le decíamos todos al maestro.

Y Sócrates respondió: 'Es verdad, cuántas cosas que no necesito'".

Eso es un hombre antiguo.

El hombre de hoy es todo lo contrario.

El hombre antiguo podía sufrir otras cosas,

pero el de hoy nunca podría responder como Sócrates.

Eso es una característica de ahora.

También es una característica de ahora,

con respecto a tu pregunta, Marta,

el hecho de que hoy hay una inflación de enfermedades.

Hay una tendencia a llamar enfermedades o trastornos

a cualquier cosa.

Si antes la anormalidad se definía por contraste con la normalidad,

llegó un momento a lo largo del siglo XIX

y sobre todo del siglo XX,

donde lo anormal, es decir, lo enfermo,

comió todo el terreno a lo sano.

Tanto es así que las clasificaciones internacionales actuales, los DSM,

desde que surgió el tercero en 1980, el cuarto y ahora el quinto,

prácticamente la población que se puede diagnosticar

según esas redes de diagnóstico es prácticamente a todo el mundo.

Todo el mundo con el que uno pasa por la mañana por la consulta

le puede diagnosticar uno, dos o tres trastornos.

Susceptible de, ¿no? Exactamente.

¿Quiere decir que estén enfermos? No.

Quiere decir que se han hecho catálogos o redes

para cazar a todos los pececitos,

es decir, a todos los sujetos, a todas las personas,

susceptibles de ser tratados.

Una anécdota simplemente.

El redactor del DSM IV, un psiquiatra americano,

Allen Frances,

se arrepintió años después de haber hecho una red tan tupida

y dijo que había creado tres epidemias en el mundo.

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad,

el trastorno bipolar en la infancia y el espectro autista.

Lamenta que millones de niños y de personas

hayan caído en la red de la salud mental

y estén siendo tratados

cuando en realidad no tienen que ser tratados, porque es gente normal.

De esto estamos hablando.

Hay más trastornos, pero no creo que haya más trastornados.

¿Entonces hay más huecos como decías antes, Jorge?

Entramos en un tema que yo creo que es capital también

y que me gustaría que abordáramos antes de que acabara el tema.

Que es el paradigma biomédico.

El abordar los trastornos de una persona,

este malestar mental,

que yo creo que el malestar mental...

Todo está preparado en nuestro paisaje, en la granizada,

en la chaparrada que nos está cayendo para que estemos peor.

Y estemos peor de determinadas maneras.

Es verdad que hay una hiperclasificación...

Hay una voluntad perversa incluso

de clasificarnos a todos en ciertas dolencias.

Pero de fondo hay un malestar, como venimos explicando hasta ahora,

un malestar que además tiene que ver mucho

con los desequilibrios pasionales.

Con las euforias, las tristezas,... Lo que decías tú.

Que estamos como más huecos. Sí, Marta.

Lo que pasa es que estamos sometidos,

estamos, no sé cómo decirte...

Todo este ejército,

todas estas consignas motivacionales y euforizantes,

emocionales en definitiva,

que apelan, como perdemos la palabra, perdemos la capacidad simbólica,

apelan a nuestras emociones.

Y eso actúa en gran medida como actúan los estimulantes

en un soldado que está en combate.

Que tiene que estar en combate.

Nos sobreeuforiza.

Nos genera una inquietud...

¿Un Estado de malestar en lugar de un Estado de bienestar?

¿Quizás para resumir, para terminar?

Sí. Hoy ciertamente hay una sobredimensión del ego,

del narcisismo, como os decía antes,

y una falsa promesa que trae consecuencias tremendas

que es el hecho de pensar que si yo tengo ciertas cosas,

el teléfono de última generación, el último ordenador o tal,

eso me va a hacer más feliz.

En realidad los antiguos sabían perfectamente

que alguien que era capaz de convivir

con su propia falta era mucho más fuerte.

Todo lo contrario que sucede ahora.

Si os parece...

No nos preocupemos tanto de nosotros mismos,

sino por la lucha política, entre comillas.

Por intentar cambiar las cosas.

No tanto por centrarnos en nosotros mismos.

Muchas gracias, como siempre. Gracias a ti, querida.

Y gracias por este invitado que has traído,

José María Álvarez, del hospital Río Hortega de Valladolid.

Efectivamente. Gracias a los dos.

Seguimos.

Los creadores teatrales están de enhorabuena,

porque ha nacido en nuestro país la primera entidad financiera

que podría definirse como un semillero

de nuevos valores escénicos.

On Bank se convierte en el primer banco de teatro

donde no hay que invertir dinero. La moneda de cambio es el talento.

Nos acercamos al único banco del teatro que hay en el mundo.

La histórica y madrileña Estación del Norte

cambiará los pasajeros y trenes que transitaban por ella

el siglo pasado

por producciones teatrales y público con ganas de pasarlo bien.

Pero mientras tanto, On Bank, el banco del teatro,

ya ha levantado el telón dándole oportunidades artísticas

a creadores con escasos recursos económicos.

Yo desde siempre he oído y he tenido que vivir

que el mundo del teatro decían que era un mundo de pobres.

Entonces yo me puse como reto demostrar

que el mundo del teatro puede que no tenga crédito,

pero tiene mucha credibilidad.

Todo el beneficio que saquemos del banco,

de este banco que hemos creado, On Bank,

se reinvierte en el banco para crear más espectáculos.

Vamos a estrenar 100 espectáculos durante los próximos 10 años.

Son unos espectáculos de una inversión media, media-alta,

que son 100 000 euros por espectáculo.

Realmente la inversión va a ser de 10 millones de euros

en este periodo.

Esta carpa la hemos traído como aperitivo

para que la gente vea que lo que va a pasar ahí,

lo que va a pasar en la estación, en Príncipe Pío es distinto.

Pero ahora me encantaría que vieses en qué momento está el espacio

donde va a estar el teatro,

porque estamos a punto de empezar hacer las obras.

¿Quieres venir a verlo? Adelante.

Abandonamos la carpa ambientada

en los antiguos salones de baile europeos

y nos acercamos a un espacio aún por acondicionar.

Del presente saltamos al esperanzador futuro

de un lugar con pasado glorioso.

El nebuloso recuerdo de trenes y andenes

se convertirá en el espacio de las oportunidades,

donde el talento, y nada más que el talento,

será el aval que se necesite para pedir un crédito

en este banco solidario.

Yo esto lo llamo en laboratorio del teatro,

donde muchas promesas, mucha gente que vendrá a On Bank

para que hagamos realidad sus proyectos,

podrán estrenarlos en lo que será este escenario exactamente.

Es donde esperemos que muchos sueños se hagan realidad.

Simplemente con escribir a onbank.es verás que tienes ahí un formulario,

una solicitud, un contacto,

donde te puedes poner en contacto con nosotros.

Aquí realmente la garantía es el propio proyecto.

Si nos gusta el proyecto, pasas un proceso,

un proceso de selección,

y si vemos que es viable entonces te ayudamos a financiarlo

en un 70, 80, 90 o el 100 %.

¿Qué pasa si el espectáculo por lo que sea

no eres capaz de llevarlo a buen puerto?

Nosotros nos quedaríamos con la gestión de ese espectáculo

hasta que conseguimos hacer que funcione

y conseguimos recuperar el crédito que hemos dado.

En ese momento el productor original,

tiene derecho a volver a coger el espectáculo

y entendemos que en ese momento ya ha aprendido lo suficiente

para poder seguir adelante con ello.

¿Cómo se valoran las ideas que llegan a On Bank?

Es muy fácil. Como cualquier otro banco.

Tenemos dos comités. Uno artístico y el comité de números y de riesgo.

Lo primero que pedimos es que se note que son profesionales,

que se dedican a esto, que tenga sentido lo que presentan.

A partir de ahí vemos si artísticamente tiene sentido

y el público puede querer tener apetito por ese espectáculo.

Y ya una vez que creemos que artísticamente funciona,

pasamos al sector financiero.

Ahí los directores financieros hacen un análisis

y ven si realmente creemos que el espectáculo tiene viabilidad.

Y si tiene viabilidad, nos sentamos y financiamos.

Es un proyecto que yo tenía germinando desde hace 15 años.

Le llevo dando vueltas y vueltas.

Es cierto que es un modelo que lleva desde hace tiempo,

pero seguro que no hubiera arrancado si no hubiera sido por la crisis.

El mismísimo Bertolt Brecht diría que la creatividad y la cultura

si no es sostenible, deja de ser cultura, deja de ser creatividad.

Se acabó nuestra función por hoy.

La semana que viene les esperamos con más actualidad social.

Buenas tardes y feliz resto de semana.

(Música créditos)

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Para todos La 2 - 20/05/17

20 may 2017

Magazine semanal que a través de reportajes, entrevistas y secciones fijas analiza los aspectos más sociales que pasan a nuestro alrededor.

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