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Para todos los públicos Para todos La 2 - 01/04/17 - ver ahora
Transcripción completa

Bienvenidos al espacio de La 2 donde la actualidad social

es protagonista. Hoy hablaremos de la importancia

de ser feliz en el trabajo y trataremos estos otros temas.

La guerra de Siria ha dejado entre sus víctimas

a cientos de miles de personas desaparecidas.

Hemos hablado con Noura Ghazi, una activista siria

dedicada a la búsqueda de 300 000 personas

que se estima secuestradas o detenidas por el régimen

o por grupos armados. En nuestros Emprendedores Sociales

conoceremos iniciativas para que los jóvenes

crean en sus capacidades. Lo pueden conseguir

practicando surf o siendo ciudadanos digitales responsables.

Nos lo contará Antonella Broglia.

Las redes sociales proyectan la imagen que queremos dar.

Eso permite mostrarnos públicamente de manera distinta de cómo somos.

Con Jorge de los Santos analizaremos el sentido de la imagen propia

y hasta qué punto conviene mostrarnos públicamente. Empezamos.

(Música)

Noura Ghazi es una mujer siria, defensora de los derechos humanos,

a causa de la detención de su padre cuando ella tenía cinco años.

De adulta, desde hace dos años desconoce el paradero de su marido.

Fue encarcelado por fuerzas gubernamentales en 2012.

Con este bagaje a cuestas, Noura pone en peligro su vida

para librar su particular batalla

en favor de las 300 000 personas desaparecidas durante la guerra.

Deambulamos por algunos lugares más multiculturales de Barcelona

con Noura Ghazi, defensora de los derechos humanos en Siria.

En la memoria, el recuerdo lejano de lo que fue Damasco, Alepo

u otras ciudades sirias seis años atrás,

antes de los casi 500 000 muertos, de los 11 000 000 que buscan refugio

y de los 7 000 000 en riesgo alimentario,

antes de los cortes de suministro de agua y electricidad,

antes de tantas detenciones arbitrarias y juicios injustos.

Seis años de guerra han dejado montones de ruinas y víctimas.

Unas han perdido la vida. Otras no saben dónde vivir.

Junto a ellas, aquellas invisibles:

las que fueron detenidas, secuestradas o desaparecidas.

Se estima que son 300 000. Una de ellas, el marido de Noura.

Para ella, cada desaparición forzada es su razón de ser.

Es el caso de su marido, Bassel Khartabil,

desaparecido desde octubre de 2015

tras un juicio militar que le sentenció a muerte.

Amnistía Internacional reproduce en esta animación

aspectos de la cotidianeidad en la cárcel de Saydnaya.

Un informe documenta políticas de exterminio

basadas en ahorcamientos masivos de 13 000 personas en cinco años.

Torturas, privación de alimentos, medicinas y asistencia médica.

En suma, crímenes de guerra y lesa humanidad.

Un informe en el que Noura participó y del que prefiere no hablar

por su seguridad.

El miedo de unos es la impunidad de otros.

Acabar con ella implica abrir investigación sobre Siria

y que cualquier Estado ejerza la jurisdicción universal

y que cualquier Estado ejerza la jurisdicción universal

sobre crímenes de derecho internacional.

La Asamblea General de la ONU

así lo avala en una resolución de diciembre de 2016.

Sorteó a un Consejo de Seguridad incapaz de actuar

frente a las violaciones de derechos humanos en esta guerra.

De momento, seis gobiernos europeos han comenzado a investigar.

Si hablamos de justicia hay que referirse a los que huyen.

Noura, que ha mantenido reuniones oficiales también por ellos,

reclama al Gobierno español facilidades para obtener visados.

Con una buena dosis de deseo dice sentirse confortada

con las respuestas recibidas.

Nos quedamos con esta sonrisa.

Mucha suerte para Noura. Seguimos.

Cuando caemos en la rutina, pocos son capaces de encontrar cómo salir.

Muchos asumen que las circunstancias son las que son.

Nos acostumbramos a vivir de forma que no nos hace felices.

Ocurre en nuestra vida personal pero también en la laboral.

José Miguel Gil es presidente de ASESCO y psicólogo.

Con él queremos hablar de la infelicidad laboral.

¿Qué tal? Bienvenido. Buenas.

¿Cómo podemos detectar si empezamos a ser infelices

en el trabajo o solo es una mala racha?

Si te levantas un lunes pensando que ojalá fuera viernes

creo que es un síntoma importante de cómo identificar

que no somos felices. El estar quemado, agobiado,

la sensación de no cumplir con los plazos, con la tarea

hace que se vaya minando nuestra sensación de bienestar.

Eso es un indicativo de que algo tenemos que hacer para mirárnoslo.

Aun así nos levantamos y vamos a trabajar.

En ese sentido, la rueda sigue y lo difícil es adaptarse,

pero acabamos haciéndolo. Nos adaptamos a situaciones

que no nos satisfacen. Podemos hacer otra cosa:

pelear contra esas situaciones de las que no podemos escapar.

Tenemos que hacer lo que tenemos que hacer: ir a trabajar.

Podemos elegir cómo enfrentarnos a esa situación.

Pasamos una parte importante de nuestra vida en el trabajo.

Si esa parte de tu vida la vives frustrado,

con mal estado general, con inseguridad, debilidad...

¿qué vas a hacer? Podemos o sufrir por esta situación o cambiarla.

La buena noticia es que podemos cambiar esa insatisfacción,

reencuadrar estos pensamientos que hacen que nos agobiemos

y buscar una alternativa

para mejorar nuestra calidad de vida profesional.

Cuando aceptamos la rutina, ¿dónde aceptamos más a menudo:

en nuestra vida personal o en nuestro trabajo?

Uno piensa "¿por dónde empiezo?" La rutina llega en todos los ámbitos

y uno empieza a tener copia del día anterior.

Eso hace que retroalimentenmos nuestra forma de pensamiento

a la hora de enfrentarnos al trabajo.

Si voy pensando "a ver quién me fastidia hoy el día",

¿qué piensas que va a ocurrir? Alguien te va a fastidiar el día.

Podemos cambiar esa forma de enfrentarnos en el día a día

y enfrentarnos de manera distinta, buscando alternativas a esos matices

que puedan hacerme disfrutar esa conversación con el compañero.

A qué me agarro para encontrar esos momentos de felicidad

dentro del trabajo es una clave para mejorar tu bienestar.

Un estudio realizado en diferentes países del mundo

asegura que el 78 % de los españoles están descontentos con su trabajo.

¿Cómo se puede revertir esa situación,

dependiendo del trabajo o del entorno?

Venimos de una crisis. Parece que es ese estado de opinión.

La situación económica nos afecta. El entorno social y personal

y profesional que tenemos nos hace valorar esta inseguridad.

La situación es la que es y podemos elegir cómo enfrentarnos a ella,

cómo enriquecer la vida profesional a través de nuestra vida personal.

Yo defiendo... y lo defiendo cuando trabajo con equipos,

ejecutivos, con personas a nivel individual,

que la vida personal no la podemos desligar de la profesional.

Vamos a ver cómo hacemos para cuadrar esa situación.

Démosle mayor calidad de vida al trabajo.

Pero llegas al trabajo y ocurre lo que decía antes:

"a ver quién me fastidia el día". Hay los agravios profesionales.

Pasamos muchas horas en el trabajo y existen esos agravios o faltas

que aumentan tu insatisfacción o tu rencor.

Si tú quieres sufrir, compárate con algo o alguien.

Tú piensas "¿por qué a mí y no a mi compañero?

Esas injusticias que percibimos hacen que se vaya menoscabando

nuestra relación con nuestro puesto, desempeño profesional,

resultados y productividad que tenemos que dar.

¿Cómo me enfrento a esta situación? Céntrate en ti mismo.

Ocúpate de ti, es decir, "esto tengo que hacerlo y lo peor

es que esto va a terminar". ¿Lo mejor? Todo va a pasar.

Trata de aceptar que las situaciones son las que son.

Es nuestra interpretación de lo que nos ocurre

lo que generará ese sufrimiento.

La gente tiene mucha capacidad de aguante, resiliencia.

Uno quizá espera a tener síntomas físicos.

¿Cuál es la luz roja antes de caer enfermo,

de empezar a sentir síntomas, de somatizar ese malestar?

El sistema inmunológico se ve repercutido

por síntomas que son consecuencia del estrés:

tenemos demasiados resfriados, la gripe no nos abandona,

demasiadas contracturas. A lo mejor tenemos una mala posición

en nuestro trabajo, que quizá no está ergonómicamente diseñado.

Todo eso va haciendo que nos vayamos cargando

y empieza a acumularse, de forma que la pelota se va haciendo grande.

Esos períodos de baja se van alargando.

Tienes la presión de que no puedes estar mucho tiempo de baja.

Es un síntoma importante. Como psicólogo

que trata a gente que está mal en el trabajo y en la vida,

¿hay trabajos más infelices que otros? ¿Profesiones?

Todas tienen el punto de vista de cómo me enfrento a esto.

Las que generan mayor estrés son las vinculadas

a Cuerpos de Seguridad del Estado. La presión de tener que enfrentarse

a situaciones... Un cuerpo de bomberos, un controlador aéreo.

Hace que tu presión por la responsabilidad que tienes

sea mayor. Igualmente el mensaje, cuando trabajo con personas es:

esto está ocurriendo. ¿Cuál es la interpretación que haces de esto?

Esa interpretación se puede cambiar. Podemos buscar ese bienestar

readecuando nuestra forma de pensar de eso que nos pasa sobre el estrés.

Sabemos que un trabajador feliz rinde mucho más.

A la hora de mirar al trabajador, si en lugar de mirarle a él

miramos a la empresa, ¿qué puede hacer la empresa

con un trabajador quemado que dice "ya no puedo más"?

La felicidad es productiva. Un empresario puede tratar

de facilitar que esos trabajadores se sientan más cómodos

a través de la flexibilidad horaria, tratando de conciliar

la vida personal y profesional, a través del teletrabajo,

dotándoles de herramientas tecnológicas que faciliten su labor.

Se pueden hacer muchas cosas. No todo es dinero.

Con la creatividad, la innovación, buscando alternativas

podemos encontrar soluciones que redunden en mayor bienestar

y que se traduzcan en mayor productividad de la empresa.

Ojalá sea así. José Miguel Gil, presidente de ASESCO y psicólogo.

Gracias por estar con nosotros. Gracias.

Nuestros siguientes protagonistas tienen la vida por delante

para realizarse, motivarse. Son jóvenes.

Solo tienen que confiar un poco en sus capacidades.

Antonella Broglia nos cuenta algunas iniciativas ciudadanas

para ayudar a aquellos que no lo tienen fácil.

(Música)

Estamos en el espacio Centrocentro de Madrid, en el Palacio de Cibeles.

Hemos venido para hablar de emprendedores sociales.

Antonella, buenos días. Buenos días.

Vamos a hablar de emprendedores sociales que trabajan con jóvenes.

Quieren aumentar la confianza de los jóvenes en sus capacidades.

Empezamos hablando por uno que quiere que los jóvenes

hagan deportes de aventura, riesgo. Deportes de riesgo.

Él se llama Knut Ove Borseth.

Una iniciativa que ha creado se llama "Drive for Life".

La idea es que estos jóvenes en riesgo de exclusión

aprendan a conducir coches en pista, a altísima velocidad,

a competir; para que esta adrenalina generada de esa manera

pueda sustituir otras formas de excitación más peligrosas.

Digamos que vida de alto riesgo

sustituida por este tipo de deporte de riesgo.

Esto parece contraintuitivo, negativo,

meter a los jóvenes en una condición de potencial peligro.

Sin embargo eso es lo que aprenden.

Al conducir esos coches en condiciones seguras

se dan cuenta de lo buenos que son porque esto no es sencillo.

Estas capacidades, motivaciones renovadas les dan un impulso

para volver a creer en sí mismos

e intentar insertarse nuevamente en la sociedad,

buscar trabajo confiando en que son capaces de hacer muchísimas cosas.

Este emprendedor tiene relaciones con sistemas de familia,

de apoyo social, otros clubes deportivos.

Es una actividad que hace junto con otras instituciones

que apoyan a jóvenes. Los resultados son increíbles.

Han salido de Noruega. Han ido a Suecia. Hay un proyecto en España.

La idea es llevarlo a todo el mundo porque funciona.

Y quiere potenciar el trabajo en equipo.

Es importante. Esto son equipos, se aprende en equipo,

se hace en equipo. Aunque el coche lo conduces tú, individuo,

esta organización es para que los chavales se apoyen

y sus instructores les apoyen a ellos.

Perfecto. Vamos a hablar de otro que quiere trabajar con los jóvenes.

Es con la cultura del surf. Sí, lleva muchas cosas relacionadas.

Primero: el aire libre.

Esa idea de que los elementos te lleven y tú puedas controlarlos.

Y que la diversión, la excitación sean máximas.

Estamos en el Cabo, Sudáfrica.

Los chicos, en condiciones difíciles, de las barriadas,

los asentamientos chabolistas. Ese emprendedor trabaja con ellos.

Se llama Tim Conibear y les enseña cómo se hace esto.

De nuevo con un espíritu de equipo muy fuerte

y allí van aprendiendo este deporte tan liberador.

Van reconsiderando sus capacidades, su voluntad de trabajar en equipo

y encontrar una vía para reinsertarse.

Se llama "Waves for Change", Olas... Por el Cambio.

Es un programa muy bueno que tiene la ventaja que con un coste limitado

puede hacer muchas cosas que los sistemas sociales y públicos

no tienen medios para hacer. Es una forma más creativa.

Acabamos hablando de un emprendedor coreano...

Una emprendedora. Emprendedora coreana, perdona.

Quiere que los ciudadanos digitales sean responsables.

Aquí estamos hablando de marginaciones digitales.

Cuando el joven on-line es víctima de bullying, de acoso

y de predadores. Esa emprendedora de Corea del Sur,

no habíamos encontrado muchos emprendedores allí...

Yukyun Park ha creado un concepto

alrededor de esas actividades negativas y acosadoras en internet.

Se llama Infollution. Su plataforma se llama "Infollution Zero".

Lo que hace es formar a estos jóvenes

de una forma divertida, interactiva, para que se defiendan.

Infollution sería como la polución informática, ¿no?

Sí, la contaminación informática. Buen concepto.

¿Eres víctima de bullying, de predadores?

Te enseñan a reconocer qué son esas cosas,

cómo se identifican, las llamamos y cómo nos defendemos.

Tú recibes este ataque, puedes entrar en pánico y volverte víctima

de esos ataque en una espiral negativa, o no;

o puedes reaccionar y defenderte, porque hay muchas maneras.

Estos cursos te hacen un ciudadano joven,

bien dotado de herramientas digitales para parar esos fenómenos,

defenderte, denunciar y tomar el poder sobre estos fenómenos.

Como en los casos anteriores, un sistema de recuperar confianza.

Esta vez, on-line.

Perfecto. Gracias por esas iniciativas sociales.

Gracias. Gracias a vosotros.

El auge de los teléfonos móviles y las redes sociales

ha proyectado la imagen de nosotros hacia límites insospechados.

La imagen que tenemos y la que ven los demás

si hablamos de los famosos selfis. Nos vamos a referir a este tema.

Es el escogido para preguntarnos en qué mundo vivimos,

algo que hacemos con Jorge de los Santos. Bienvenido.

Gracias, cielo. Bien hallada. Repasamos algunos titulares

que de por sí son un argumento para la reflexión.

"Jugarse la vida por un selfi". "Di adiós a los palos selfi".

"Llegan los drones selfi". "Selfis, accidentes, caídas y muertes".

"Hombre burla al servicio secreto. Se toma selfi en estudio de Trump".

"Muere aplastado por un elefante con el que intentaba hacer un selfi"

y el último es "La chica que subió un selfi sonriendo en Auschwitz

a Twitter, no se arrepiente".

Esta imagen, de por sí, ¿qué nos puedes comentar?

Es acojonante. Lleva a reflexión.

Es un tema que no creo que nadie se quede indiferente

por muy inmerso que esté en los mecanismos de subjetivación

de las tecnologías del yo. Lo que a uno se le ocurre

pensar primero es en una centralidad del yo.

El yo se convierte en algo central que colocar en primer lugar.

Muy propio de nuestra sociedad hiperindividualizada

hasta un extremo prácticamente patológico,

independientemente de que esta chica sea una narcisista o no.

¿Dónde está el respeto? Primero es estar en el sitio y el respeto.

Después, querer hacer la foto. Después, hacérsela a una misma.

Después, no arrepentirse de haberse hecho esa foto.

Es lo que tú dices. Todo lo demás se convierte

en tramoya de un teatrillo. En ese caso nada menos que Auschwitz

se convierte en la tramoya de un teatrillo que muestra

el yo y una manera de estar en el mundo,

o sea una apariencia de ese estar. El mundo deja de ser importante,

cosa que no pasa con la fotografía y con el arte, que refleja el mundo.

Aquí el mundo es el teatro donde uno muestra una manera de actuar.

Detrás de esta sonrisa, uno, que puede estar muy viciado,

enseguida lee el mensaje de buen rollo de decir

"el infierno, las circunstancias no implican infierno.

Es uno mismo el que puede o no estar en el infierno".

Se le resta importancia a lo que de verdad tiene,

a lo único que de verdad tiene, para que el yo ocupe ese lugar.

Es un yo que no tiene voluntad de perdurar ni conmemorativa.

No es que digas "quiero que mis nietos observen

el busto de su abuelo o tatarabuelo en determinadas circunstancias".

Esto se difunde. La chica no hace la foto y la guarda.

Si no ¿qué gracia tiene? El "yo estuve allí" ha sido superado.

Eso es significativo. Lo que se pretende con la autoimagen

no es esa voluntad conmemorativa sino voluntad de crear existencia

a través de la apariencia, es decir, de difundirse;

que la imagen deje de ser algo que testimonia, que muestra,

para introducirse en un continuo de las imágenes,

en un continuo de las imágenes que hace que uno

lo que quiera es montarse la película

o simular que tiene una vida de película,

porque las imágenes son como en el cine, son secuenciales.

Si no lo haces no eres nadie. Ese es el problema.

Por eso digo que no es tanto un juicio a esta chica.

Es un juicio al marco social donde se producen estos fenómenos.

Parece que nuestra realización pasa por la realización de la apariencia.

¿Es la función que cumple nuestra imagen hoy en día?

Sí. Nuestra imagen entendida en el sentido más banal de imagen,

en ese continuo de imágenes que proyectamos de nosotros

a través de estos mecanismos, dispositivos tecnológicos.

En 1967 yo estaba dando patadas en el mundo

En casa de mis padres teníamos que ir al bar para usar el teléfono

y teníamos una tele en blanco y negro que funcionaba cuando iba.

En 1967 se habla, en la sociedad del espectáculo,

se habla de esa suplantación de la representación por la vida,

del pasar del ser al tener

pero no quedarnos en el tener sino al aparentar.

Nuestra vida futura, decían,

va a ser pura apariencia, la creación continua de apariencia.

Walter Benjamin en 1937, creo recordar,

anuncia en "La obra de arte en época de la reproductibilidad técnica"

que algo pasa con las imágenes, que se pueden reproducir,

que va a cambiar nuestra manera de ver y entender las imágenes.

Qué visionario. Esto es un genio que piensa, coño.

Esto es lo que hoy en día despreciamos.

¿Qué sucede en ese continuo de las imágenes?

Nunca hemos sido tan estúpidos estéticos como ahora.

No entendemos las imágenes. No sabemos qué nos dicen.

Se suprimen las cátedras de estética en las universidades.

No interesa que sepamos interpretar una imagen,

decir qué es interesante, qué hay detrás de esa imagen,

qué hay de interesante en esa imagen, qué me puede aportar.

Ya no es una composición. Es todo lo que quepa en una pantalla

de un teléfono móvil. El resto es despreciable.

En un continuo de imágenes que genera esa sensación

de que me interrelaciono contigo pero se interrelacionan

nuestras representaciones.

El poner el "yo" en la centralidad, como pasa en el selfi,

(CARRASPEA) es romper esa máxima

de la sabiduría que es la espontaneidad.

Eso que se decía "vivir sin verse".

Cuando uno se centra en verse a sí mismo, se focaliza en sí mismo

nada que lo trascienda a él ocurre con naturalidad.

Si tienes a un pianista interpretando cualquier ópera...,

perdón, cualquier pieza de piano

y se fija en lo que está haciendo, en cómo él está actuando.

Si yo ahora me paro en lo que estoy diciendo

y tengo autoconciencia excesiva sobre lo que estoy diciendo

me tropiezo, me paro, me equivoco

porque el yo se pone por encima de lo que me trasciende.

Tú sí. Quizá otras generaciones que han crecido con ese gesto

ni se lo plantean. No. Si tú te fijas en ti

no sabes lo que dices. Es lo que se dice del ciempiés.

Si le preguntas cómo camina, tropezará.

Es verdad. Tiene que haber esa espontaneidad.

Jorge, gracias por plantearnos ese espíritu crítico

cada vez que se hace ese gesto o se pone esa cara determinada

del selfi. Es lo mínimo después de esto.

Gracias por existir. Gracias a ti.

En 15 días volvemos a preguntarnos en qué mundo vivimos.

Le podría decir a Jorge "lo tuyo no es puro teatro".

Lo de Blanca Marsillach, sí. Lo decimos por aquello de los genes

y porque quien siembra, recoge.

Es el pensamiento con el que podríamos resumir

el acto que ha recordado la figura de un grande del teatro español.

Adolfo Marsillach creó la Compañía Nacional de Teatro Clásico en 1986

para darle un nuevo impulso a la cultura. Tres décadas después

su hija Blanca se rodea de actores para recordarle con una obra suya.

La compañía teatral de Blanca Marsillach recala en Madrid

con aires de homenaje. Sobre las tablas, textos clásicos.

En la memoria, Adolfo Marsillach.

Así recordaba el actor a Quevedo, Lope de Vega y Calderón entre otros,

acompañado por Amparo Rivelles y María Jesús Valdés.

Érase una pirámide de Egipto. -Las 12 tribus...

de narices era. -Érase un naricísimo infinito.

-Muchísima nariz. Nariz tan fiera... -Que en la cara de Anás

fuera delito.

Ese homenaje que el actor rindió a los grandes de la literatura

en los años 90 se convierte ahora en recuerdo de mano de su hija.

Es una forma de mantener viva su memoria

y toda la gente que hizo cosas por el teatro español.

¿30 años después hemos conseguido mantener una aportación importante

como la que hizo Marsillach?

Creo que hay gente ahora con talento que puede

dinamizar y revitalizar el mundo de la escena.

Es verdad que es difícil encontrar personajes como Adolfo.

Me enriqueció mucho humanamente. Aprendí de su sentido del humor

y de su forma de entender la vida y la profesión.

Donde estés, Adolfo, gracias y un beso.

-Estar con él día a día, apuntarte...

Hay cosas que él decía que a mí no se me han olvidado en la vida,

que se quedan como clavadas porque era un sabio.

-Los saltos culturales en un país los hacen figuras como Marsillach;

personas creativas, que redefinen el lenguaje teatral, escenográfico;

que forman, potencian a una generación de actores

que muchos años después siguen teniéndole como referente.

Esos son los grandes impulsores de los cambios culturales.

-Por muchos creadores que hay, innovadores,

por mucha gente dispuesta a sacrificar todo por hacer cultura,

si las circunstancias económicas, de apoyo...

político y de los estamentos no apoyan, es imposible, inviable.

-30 años después de la creación de la Compañía de Teatro Clásico

creo que el nivel teatral en España deja mucho que desear.

Ese es mi punto de vista.

Se han reducido muchísimo el número de actuaciones,

el número de compañías. Cada vez menos gente vive de esto.

¿Cómo veis, desde el mundo de los actores, del teatro,

esta acción social que realiza Blanca Marsillach?

El trabajo que está haciendo es muy bonito, encomiable.

Me parece fantástico que un icono de la escena de este país,

que lo ha sido para generaciones, que lo siga siendo para las nuevas.

A través de este tipo de acciones el nombre de Adolfo Marsillach

seguirá sonando. Me parece maravilloso que el teatro se nutra

de personas con todo tipo de capacidades, discapacidades,

(BALBUCEA) edades. -Me parece válido

lo que se está haciendo a ese nivel. Me parece imprescindible.

-Yo le preguntaría a mi padre

"¿cuál es el secreto para darle tanta vida a los clásicos?"

-Primero hay que ser actor o actriz; tener un sentido del ritmo,

hay que respetar la métrica en la que el poeta escribió;

y hacer el esfuerzo de ponerse en el momento

en que ese poeta escribió esos versos. ¿Qué quería decir?

¿Qué te voy a decir? Se lo decimos nosotros: muchísimas gracias.

Allí donde estén reciban un cordial saludo y un abrazo.

Nos vemos la semana que viene. Les esperamos

con la actualidad social

desde el Estudio 3 de San Cugat del Vallés.

Nos vemos. Adiós.

(Música créditos)

  • Para todos La 2 - 01/04/17

Para todos La 2 - 01/04/17

01 abr 2017

Para Todos La 2 se centra en temas sociales y quiere dar voz a las entidades, asociaciones, ongs, fundaciones y a las iniciativas ciudadanas que trabajan para mejorar el día a día de los demás.

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