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Para todos los públicos En el programa de esta semana entrevistamos en exclusiva a Julian Barnes por 'La única historia' (VO)
Transcripción completa

Mr. Barnes, gracias por haber aceptado nuestra entrevista.

Sabemos que no suele dar entrevistas.

Pero antes de entrar de lleno en su nueva novela,

La única historia.

Tengo curiosidad por saber,

¿qué le parece que sea la nº 1000?

de esta mítica colección de Anagrama,

que es Panorama de Narrativas.

Me llevé una gran sorpresa al verlo y sentí mucho orgullo.

Tengo una estrecha relación con la editorial Anagrama

desde hace mucho tiempo.

Una de las cosas más bonitas de ser un escritor

que ha sido traducido en otros países

es que mantienes una relación larga con los editores

que siempre son los mismos,

así que he estado con Jorge Herralde durante treinta años o más,

y cada dos o tres años vuelvo por aquí, lo veo otra vez

y es uno de esos gigantes que se mantienen estables

en el mundo editorial europeo.

Entremos ahora de lleno ya en su nueva novela,

en La única historia.

Aquí se cuenta una historia de amor,

la historia de amor que mantienen

Paul, que es un joven de 19 años,

con Susan, una mujer de 48 años.

Se conocen en los años sesenta en un club de tenis.

Y ahí empieza esa relación,

que a diferencia de otras relaciones que hemos conocido

‒por ejemplo en la novela de Charles Webb, El graduado,

o En brazos de la mujer madura de Vizinczey‒,

aquí da la sensación de que los dos

tienen una relación de igual a igual.

¿Es así?

Sí, creo que es verdad,

porque, aunque ella es mayor que él,

en algunas cosas es bastante inocente,

a pesar de haberse casado y tener dos hijos.

Viene de una generación de mujeres de escasa educación.

Procedían de un contexto de ciertas familias inglesas de clase media

en las que, si había algo de dinero,

eran los chicos los que recibían una educación.

Así que ella fue a la escuela hasta que tuvo unos trece años

y descubrió la vida viviéndola.

Paul, en cambio, descubrió la vida a partir de los libros.

Por tanto, aunque es cierto que tienen edades distintas,

tienen, en parte, una forma parecida de entender la vida,

y creo que esto es lo que los une

y también es lo que los acaba destruyendo.

La novela es como un tríptico, está dividida en tres partes.

Y vamos siguiendo a Paul

que rememora cómo fueron esos 10 años de relación

y los años posteriores.

Pero usted va cambiando de voz narrativa.

La primera parte está en primera, segunda y tercera persona.

¿Por qué ese cambio? ¿Qué buscaba con ello?

Se trata de una de esas decisiones

que tomas muy pronto cuando escribes una novela:

quién cuenta la historia, desde qué lugar se cuenta, etc.

El primer amor ocurre en presente,

el abrumador presente, como dice Paul,

y también en primera persona.

Y luego pensé, cuando llega el punto en el que mira hacia atrás;

cuando volvemos la mirada atrás en nuestra vida,

a menudo la vemos en tercera persona, la vemos con una distancia histórica.

Entonces pensé que la parte central,

cuando se tuerce terriblemente,

no sé si... no voy a contar lo que sucede,

pero es algo que puede causar rechazo en el lector;

puede hacer que el lector diga: «No empatizo con esto».

Pensé que si usaba la segunda persona...

es algo muy interesante

porque es como si el narrador pusiera el brazo

por encima del hombre del lector y le dijera:

«Mira, esto lo has hecho tú».

Hay una especie de complicidad, un acercamiento al lector.

No se utiliza mucho.

Recuerdo que la primera vez que lo vi

fue en Luces de neón, de Jay McInerney, en los ochenta.

La primera frase dice algo así como:

«Son las tres de la madrugada

y no deberías estar en un sitio como este a estas horas»,

e inmediatamente te encuentras inmerso en la historia.

Eres tú quien está en esa discoteca tomando cocaína,

y ese recuerdo se me quedó grabado.

Es cierto que hago algún cambio dentro de las tres partes,

pero esa es la principal estructura del libro.

¿La inocencia de Paul es lo que hace que él tenga la sensación

de que no están engañando al marido de Susan?

Porque llama mucho la atención.

Creo que la primera vez que te enamoras

eres al mismo tiempo muy naif

y, curiosamente, ignorante y arrogante.

Piensas: «Somos nosotros, tú y yo,

y esto va a cambiar el mundo.

Y no tiene nada que ver con los demás, solo estamos nosotros dos»,

así que el hecho de que Susan esté casada...

Él piensa: «Bueno, es el jardinero,

hace esto y lo otro, pero no tiene nada que ver con nosotros».

Hay un momento en el que dice:

«No pensaba que ella le estaba siendo infiel,

no pensé que la curiosa y vieja palabra “cornudo” pudiera aplicársele;

creía que él simplemente era irrelevante».

Esta probablemente

no es la mejor manera de abordar el amor.

Cuando recordamos solemos reinventar el pasado.

A veces lo hacemos de manera involuntaria.

Pero yo creo que otras veces lo hacemos

para tapar aquello que queremos olvidar.

Paul se dedica a rememorar su pasado, todos esos años de convivencia.

¿Cómo cree usted que se enfrenta él a los recuerdos?

Se reinventa la vida, pero ¿de qué manera?

Creo que, normalmente, a medida que envejecemos,

estamos menos seguros de la certeza de nuestros recuerdos.

Cuando somos jóvenes,

pensamos que los recuerdos son cosas exactas,

objetos que metemos en una maleta,

y luego los sacamos de ahí y se han mantenido intactos.

Cuando te haces mayor,

te das cuenta de que esto no es cierto

y que cuando contamos nuestras historias,

especialmente las favoritas, siempre las modificamos

y siempre las hacemos un poquito mejores.

Siempre nos mostramos un poco más como un héroe

o nos convertimos en los villanos de un cómic.

Y este es un proceso que ocurre a lo largo de toda nuestra vida,

así que, de algún modo,

tus mejores historias también son las menos veraces.

Eso es lo que descubrí.

Llevo un diario, hace cincuenta años que lo escribo,

y de vez en cuando leo lo que escribí hace un tiempo

y es más preciso y verídico que lo que cuento ahora.

Por tanto, especialmente en las mejores historias

hay una gran diferencia entre ellas.

Por eso ahora pienso

que los recuerdos se aproximan mucho más a la imaginación

de lo que creía.

No son como un periódico,

pero si lees un periódico viejo

verás que de hecho hay una narrativa.

¿No diría usted que Susan es la gran protagonista de la novela?

Porque todo gira alrededor de ella,

convirtiéndose en un ser absolutamente conmovedor.

Me gusta que lo mencione.

Creo que ella es el personaje principal

y espero que resulte profundamente conmovedora.

Es decir, no sé cómo es en su cultura,

pero en Gran Bretaña, históricamente,

se considera a las mujeres alcohólicas personas indecentes, están fuera.

Los hombres alcohólicos en cambio...

Las mujeres alcohólicas son algo repugnante.

Esta actitud está cambiando un poco, pero no mucho.

Así que espero que genere una gran empatía.

En gran medida, es la esperanza lo que la destruye,

el hecho de que decidió jugar la partida, arriesgarse:

se enamoró de alguien, se fue con él,

ambos creyeron que solo del amor se podía vivir,

y no querían que el pragmatismo,

muchas veces el enemigo del amor, los destruyera.

La gente se enamora, pero luego piensan:

«Tú vives aquí y yo vivo allí»,

«yo tengo este trabajo y tú el otro»

o «qué vamos a hacer con nuestra colección de discos, los juntamos o.…».

A menudo, estas cosas se interponen en el amor

y ella simplemente dice:

«No, nos iremos juntos, viviremos juntos;

nos queremos y con eso basta»,

y desafortunadamente esto no es así.

Vemos lo que el paso del tiempo

hace en la relación de los dos amantes.

Y debo decirle que enternece mucho

ver la actitud de Paul cuando ha pasado el tiempo,

cuando esa relación ya se ha roto,

y cómo él intenta dignificar la vida de Susan.

Que, podemos decir que por culpa del alcohol

y también es una mujer que ha sufrido maltrato

por parte del marido,

sufre una especie de descenso a los infiernos.

Yo no sé si ese esfuerzo de Paul

por dignificar la vida de Susan,

tiene que ver con el hecho de que para mucha gente

la primera historia de amor es la más importante.

Es la única historia, que da título precisamente a su novela.

Sí, él cree que es la única historia

y a veces estoy de acuerdo con él.

Estoy totalmente de acuerdo con él

cuando dice que el primer amor define la vida,

que el primer amor define cómo vas a amar en el futuro,

que tu primer amor causa tal impacto

que o quieres vivir el mismo amor otra vez

o quieres que sea algo completamente distinto.

Es un momento que te define muchísimo

y en este caso él piensa que,

como está tan agotado emocionalmente

debido a los diez años o más con Susan,

no le queda corazón.

Tiene un poquito para relaciones cortas,

pero no para una larga.

¿Diría que le ha salido una novela melancólica?

Por un lado, porque Paul de alguna manera nos explica

lo que él hubiera querido que fuera la relación,

y vemos lo que acaba siendo,

y también que le ha salido una novela bastante pesimista.

Sí, creo que muchas veces empiezo una novela

pensando en que será optimista

y al final se convierte en una novela pesimista.

Una amiga la estaba leyendo el otro día y me dijo:

«Voy por la mitad y creo que va a acabar mal».

Le dije: «¡La he escrito yo, que esperabas!».

Algún día intentaré escribir algo optimista y alegre,

quizás sobre un cachorrillo o algo así...

Pero cuando examinamos la condición humana,

muchas veces no se encuentra con un final feliz.

Es como Flaubert y George Sand,

que mantuvieron una relación de amistad muy duradera

y se escribieron muchas cartas,

y una vez ella le dijo:

«Yo escribo libros optimistas y tú, pesimistas»,

y él le contestó: «No puedo cambiar de ojos»,

lo que es una magnífica respuesta;

como escritor, no puedes cambiar de ojos.

Por más dinero que te ofrezcan, no puedes cambiar tus ojos.

Es una novela ambientada en la Inglaterra de los años sesenta.

Un momento de muchos cambios sociales,

pero también un momento donde

hay una sociedad bastante mojigata todavía.

Con muchos convencionalismos.

Y el tema de los convencionalismos es algo que ya hemos visto

en otros libros suyos.

¿Le interesa especialmente este tema?

Sí.

Creo que lo interesante de los años sesenta

es que cuando la gente piensa sobre esa época en la actualidad,

especialmente la gente que no la vivió,

cree que todo giraba alrededor de los Beatles,

Carnaby Street, Swinging London y todo aquello.

En realidad, la mayoría de la gente de los sesenta

no vivió los sesenta,

sino que vivió los sesenta en los setenta.

Así que, por lógica, eso significa que

en los sesenta la mayoría vivía los cincuenta,

y en los cincuenta el estilo de la vida

era particularmente convencional y conservador,

y esa fue la época en la que yo crecí.

No parecía cerrado ni convencional entonces

porque esa era la única experiencia que tenías,

pero en relación con la comida, la cultura

y la interacción social, era bastante cerrado.

Pero no era algo necesariamente malo.

Puede que tengas mucho por elegir

y por ello pienses que eres feliz, pero yo no estoy de acuerdo.

No tengo la fórmula para la felicidad, yo soy novelista:

eso significa que analizo la infelicidad,

pero creo que a veces es verdad que,

si prescinde de lo extravagante y superfluo,

la gente es capaz de concentrarse más en su vida.

También depende de cuánto tengas que trabajar

o cuánto dinero tengas.

Eso son cosas prácticas,

pero también afectan a las relaciones.

Pienso en los padres de Paul.

Y pienso también en esos convencionalismos.

Yo no sé si mientras usted escribía la novela

llegaba a imaginarse qué sentiría usted,

si un hijo suyo de 19 años

tuviera una relación con una mujer 30 años mayor.

¿Se lo llega a plantear un escritor eso también?

Creo que ahora, en 2019,

la gente tiene una actitud más relajada

en relación con las distintas formas de amar,

y el amor heterosexual es algo banal.

El amor heterosexual entre dos personas

de edades distantes pasa constantemente,

con actrices de Hollywood de 48 años

que se enamoran de chicos de 19,

y ya no es ni siquiera chocante.

Creo que esto funciona de una manera en que, a menudo,

los jóvenes escogen a la persona de quien se enamoran

que más disgusta a sus padres, por lo menos su primera vez.

Y te tienes que acostumbrar a eso.

Mejor que tu hijo tenga una relación con una mujer de 48 años

que con una persona sadomasoquista o algo así, o con un fascista...

Hay muchas cosas que pueden ser peores.

Paul, a lo largo de la novela

no solo nos va contando cómo fue la relación con Susan

y lo que ocurrió bastantes años después,

sino que también reflexiona sobre la propia pasión amorosa.

En esa disección del tema amoroso,

¿podemos decir que esta es su novela más,

no sé si decir, más francófila?

Porque pienso en Flaubert, pienso en Balzac, por ejemplo.

No creo.

Creo que mi novela más francesa

probablemente es El loro de Flaubert,

como no es de extrañar, aunque entiendo por qué lo dice;

sí, es una novela reflexiva

que trata sobre esa pasión, deseo y amor.

Pero creo que los personajes son muy ingleses.

Estoy seguro de ello.

Creo que quizás la manera

en que se lanzan a la pasión

se acerca más a los personajes de las novelas del siglo XIX.

A veces, los ingleses no se lanzan tanto cuando se enamoran,

pero no piensas en eso cuando escribes,

sino que es algo que la gente te comenta más tarde.

Estoy dispuesto a aceptar que tiene algo de novela francesa.

Eso siempre es un cumplido.

Se lo debo preguntar,

porque su novela arranca precisamente con esta pregunta:

“¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos?”

¿Qué nos respondería usted?

Tengo dos respuestas a esta pregunta.

La primera es que, personalmente,

claro que siempre amaría más y sufriría más;

la segunda es la respuesta del libro,

es decir, es la frase de apertura.

Siempre está bien que la primera frase sea impactante,

que haga que el lector pare y piense,

pero inmediatamente se ve que esa no es la cuestión real,

porque no tenemos elección.

Si tuviéramos elección no sería amor.

Si es amor, no tenemos elección.

Si tenemos elección, no es amor.

No sé cómo lo llamaríamos, pero no es amor: esa es su respuesta.

Pero creo que sí:

vivimos y queremos aprovechar al máximo las experiencias

y no las escogemos pensando si nos van a hacer infelices.

Si te tomas la vida con esa actitud prudente,

entonces tendrás una vida prudente.

Escribí una novela que se llama El sentido de un final,

que trata sobre alguien que en algunas cosas es parecido a Paul,

pero su manera de enfocar la vida siempre fue tener cuidado,

evitar ser herido y evitar herir a los demás,

y luego descubre casi al final de su vida que lo que creía no es cierto,

que ha causado un dolor tremendo y tiene unos remordimientos profundos,

y que no hay nada que pueda hacer.

Por tanto, ponga ambos libros juntos y la lección es

que la vida siempre te causará dolor de alguna forma u otra,

así que por qué no enamorarse.

Tal como se dice en el libro,

¿se comprende el amor cuando el corazón se ha enfriado?

Porque antes, en plena efervescencia amorosa, es imposible.

Se entiende de otra manera.

Cuando estás en el apogeo del amor

te piensas que lo entiendes totalmente y no reflexionas mucho sobre ello.

Más adelante, cuando los sentimientos se enfrían,

reflexionas más sobre ello,

pero ¿lo comprendes mejor realmente? Esa es la cuestión.

Te parece más claro

y las cosas que hiciste bien o mal

casi parecen un documento histórico.

Eso no significa necesariamente, tal y como hablábamos antes,

que tu memoria cambie con el tiempo,

pero sí que creo que

la manera de entender tu propia vida emocional

cambia con el tiempo.

Y lo que piensas al final de tu vida

sobre los amores pasados

probablemente es algo que manipulas inconscientemente

según te convenga,

para que tus recuerdos sean más felices

de lo que quizás fueron.

¿Hasta qué punto cree usted que Susan

no quiere ser rescatada por Paul?

Porque bueno, ve que esa diferencia de edad

hace que sea imposible la relación amorosa,

que no tenga futuro.

Lo digo porque incluso

cuando está sumida en el más profundo alcoholismo,

él lo intenta pero parece que ella no quiere.

Creo que se trata del efecto directo del alcohol.

He conocido a muchos alcohólicos

y entran en una espiral autodestructiva.

Al final quieres el alcohol más que nada en el mundo

y por tanto esto altera tu forma de pensar completamente,

así que te convences de que quieres que te dejen en paz

y de que eres una mala persona.

Pienso que especialmente en aquella época

y todavía en la actualidad, frecuentemente,

el alcoholismo no se trata como una enfermedad

o un trastorno médico,

sino como algo moral.

La gente cree que es algo malo e infame

y que indica que eres una persona débil.

Normalmente es un síntoma de alguien

con una constitución física particular,

pero una vez está inmerso en el alcoholismo

hasta cierto punto,

ya no puedes hacer nada o es muy difícil.

Distorsiona totalmente la manera de entender la vida,

distorsiona la forma en que ves a la gente que te quiere,

así que creo que se trata de eso,

de que ella piensa que no lo merece, que es una mala persona.

Ella piensa eso, la parte frontal de su cerebro piensa eso,

mientras la parte posterior piensa en tomar otra copa.

Paul nos dice:

“Tengo estudios universitarios y apenas sé nada.

Susan, apenas estudió, pero sabe muchas cosas.

Yo he aprendido de los libros, ella de la vida”.

A usted, ¿qué le ha enseñado más, los libros o la vida?

Naturalmente, he intentado combinar ambas cosas.

Cuando tienes dieciocho años o así solo conoces la vida

a través de los libros, películas, redes sociales o lo que sea.

Se trata de dos extremos:

el chico que lee y la mujer que no ha leído mucho

que simplemente ha vivido la vida

y la entiende a partir de sus vivencias.

Creo que la mejor respuesta es una dieta mixta.

Pero, como ha hemos dicho,

no podemos pedirle nada a la vida por adelantado.

No puedes decir: «Tomaré un poco de muesli

y un poco de beicon y huevos, y un poco de lo otro...».

Así no es cómo funciona:

tienes lo que viene en tu plato y debes afrontarlo.

Estamos en el MNAC,

maravilloso museo famoso por el arte románico,

que se puede encontrar aquí.

Lo digo porque usted también

acaba de publicar hace poco un ensayo.

Con los ojos bien abiertos. Ensayos sobre arte.

¿El arte es tan importante para usted, como los son los libros?

Creo que los libros, la música y el arte son fundamentales para mí.

La mayor parte del tiempo lo paso leyendo y escribiendo,

pero creo que mi desarrollo interior depende de otras cosas

como las personas, la naturaleza, etc.

Es curioso que me haya llevado aquí, a este lugar,

porque recuerdo cuando vine para presentar un libro o algo así

y había trabajado duro,

y cuando entré en esa primera sala,

en la que había una pintura catalana

con unos cuerpos alargados del siglo XII o XIII,

aún recuerdo que me envolvió una sensación de calma.

No quiero decir que fue espiritual,

pero fue algo distinto de mi experiencia normal.

Y pasa lo mismo con la música:

la música sobrevive al paso del tiempo;

los libros no lo logran tanto.

Muchas veces, la lengua de los libros resulta complicada

para la siguiente generación o la de después.

En cambio, puedes entrar aquí y ver una pintura catalana medieval

y pensar que entiendes a la persona que la pintó.

Incluso si no soy religioso,

ha habido una conexión, hay una conexión inmediata.

De la misma manera que cuando escuchas música,

aunque se hiciera hace quinientos años.

Así que, en este sentido,

aunque soy escritor y siempre lo seré,

envidio las otras artes.

Tengo amigos que son pintores y,

naturalmente, envidian la literatura de distintas formas.

Pintas un cuadro, lo compra una persona,

luego se lo lleva y lo cuelga en su casa, donde nadie lo puede ver.

En cambio, si eres escritor es algo mucho más democrático:

vendes miles de libros a la gente

y estos lo leen individualmente.

Pero creo que hay una condición natural de la vida artística,

y también de la vida normal, en que a veces piensas:

«¿No sería maravilloso si pudiera expresarme con una bella canción

que permanezca en el recuerdo de la gente

los próximos doscientos años?».

Para un espectador que no haya leído todavía a Julian Barnes,

¿qué novela suya le recomendaría para empezar?

Es una pregunta difícil

porque pienso que mis libros son bastante distintos entre sí,

pero dado que anoche conocí a una chica catalana de dieciocho años

que leyó La única historia, y que lo leyó sin problema y le encantó,

recomendaría empezar con este libro o...

Iba a decir que empezara con el más caro,

pero decir esto estaría muy mal.

No: recomendaría empezar con este

y luego ir hacia atrás: hay muchos libros.

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  • Julian Barnes (VO)

Página Dos - Julian Barnes (VO)

09 abr 2019

En el programa de esta semana entrevistamos en exclusiva a Julian Barnes por “La única historia”, novela que tiene el honor de ser el título número 1.000 de la colección “Panorama de narrativas” de la editorial Anagrama.

Es la única entrevista que ha concedido en su reciente visita a España.

Cuenta una historia de amor entre un joven de 19 años y una mujer casada de 48, en la Inglaterra de los sesenta. Tanto en la novela, como en la entrevista, Barnes resalta que es el primer amor el que “marca la pauta de los siguientes”. Sin embargo, en esta historia veremos cómo, a pesar de la fuerza del sentimiento de los dos protagonistas, la relación llega a oscurecerse.

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