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Las recetas de Julie

El país de Fontainebleau.

¡Hola!

Lo menos que puedo decir es que hemos hecho una entrada real,

Micheline y yo.

Estamos en Fontainebleau, a apenas 70 km de París.

Evidentemente, uno piensa enseguida en ese magnífico bosque,

uno de los tesoros de biodiversidad de Francia;

pero también y sobre todo, en el palacio que tenemos enfrente.

Estamos al pie de la escalinata de herradura.

Este palacio podría contarnos la historia de Francia

que va desde su origen en el siglo XII,

pasando por Francisco I

hasta Napoleón Bonaparte y Napoleón III,

que le devolvieron su esplendor.

Bien, tenemos la fachada del castillo

y luego está la trastienda

que descubriremos yendo de inmediato a visitar al tapicero del castillo.

Sí, nos gusta mucho colarnos como ratoncillos.

Pero tranquilos, Fontainebleau son los dorados del palacio,

pero también es un patrimonio gastronómico,

un poco menos conocido quizás, con la uva Chasselas,

con las amapolas, con la miel de Gâtinais,

con el dulce de cebada, el "Fontainebleau",

que todos conocemos, esa especie como de queso...

Vamos a degustar todo esto transformado por las personas

que vamos a conocer,

y vamos a comenzar por el tapicero.

Desde hace 40 años, Hubert, tapicero jefe,

recorre el palacio en busca del mobiliario a restaurar.

Domina los diferentes estilos que visten el lugar,

pero posee muchos otros talentos.

Es él quien guarda las llaves

de las puertas secretas del castillo,

ya que, relojero en su tiempo libre,

da cuerda todos los días a los relojes reales.

Conocimientos que actualmente transmite a Charlotte.

Debería estar aquí.

Hola, Hubert. ¿Sí? Hola, ¿Julie?

¿Cómo está? Muy bien. ¿Y usted?

Bien. Nos ha traído el sol.

Eso parece. Es perfecto.

Sí, totalmente.

Bueno, ¿quiere que la lleve a alguna parte?

Se ve que tiene usted maña.

¿Quiere ir a ver los aposentos menores?

¿Quiere ver el campanario? ¿Qué quiere ver?

Así que usted hace de todo, las visitas guiadas, la tapicería...

Bueno, las visitas guiadas solo de lo que conozco;

si no, se lo dejo a los profesionales.

¡Y allá vamos, para un paréntesis mágico!

Hubert a Puesto de Control, me dirijo a los aposentos menores.

Estos aposentos,

una serie de pequeños gabinetes

que Luis XV hizo instalar para su uso personal,

fueron reformados durante el Primer Imperio

y destinados a Napoleón y Josefina.

El del Emperador incluye los escritorios de sus secretarios

y unos pasajes internos

que lo conectan con los grandes aposentos de los soberanos,

en el primer piso.

Tenían hasta teléfono y todo, ¿eh? Oh, no no, eso es un añadido.

Pero mira. Oh, sí, tenían servicio y todo.

Sí, sí. Muy bien.

¿Esto es un tocador, o qué es?

Esto era...un cuarto de baño.

En su día, el canapé tenía una bañera debajo.

Por eso hubo que hacer un zócalo...

Eso de ahí se llama "psiché". Sí, claro.

Las mujeres lo sabe, claro, es un poco...

pero este era para el Emperador, que era muy coqueto.

Se aseaba en... Aja, era para el Emperador, este.

¿Tenemos una idea de la superficie del palacio?

Pues... ¿Cuántas estancias?

Mil ochocientas, aproximadamente. ¿Mil ochocientas estancias?

Sí, registradas, pero el público no las ve todas.

Ya imagino.

Hubert, ¿dónde estamos?

En la escalera de la reina con los cuadros de caza.

Sí, porque también por eso Fontainebleau era tan preciado.

Primero porque estabacerca de París,

pero además porque estaba el bosque de Fontainebleau,

donde los soberanos podían ir a cazar.

En efecto... Sí, sí. E invitar a otros soberanos

de todo el mundo. Pero sólo venían tres meses al año,

más o menos. Eso dicen.

¿A donde nos lleva ahora, Hubert? Al campanario.

¿Al campanario? ¿La puerta secreta? Así es.

Entro yo primero, soy un maleducado pero estoy obligado.

Sí, adelante, en caso de que haya ladrones más vale.

¡Vaya, qué mecanismo! ¿Ha visto?

¿Ese es el gran reloj del palacio? Sí.

¿Y de qué época data? De Napoleón; es decir, de 1812.

Es igual que el de Notre Dame. ¿Ah, sí?

El mismo mecanismo.

¿Y tiene que darle cuerda todos los días?

No, no, no. ¿No?

Hay que ajustarlo. Pensaron en nosotros.

Cada... cada diez días, o por ahí.

Y se hace ejercicio, al mismo tiempo.

Yo digo que aquella época era verdaderamente maravillosa.

Eran verdaderos artistas. Desde luego.

Mira qué bien hecho está. Es realmente un trabajo de orfebre.

Es verdad que está extremadamente perfeccionado.

Todos los avances tecnológicos de la época

están presentes en el palacio, ¿eh? En efecto.

Estábamos a la vanguardia. Sí. Sí que es verdad.

Por aquí, puede usted pasar. Gracias.

Evitamos pisar la alfombra, me imagino.

Sí. Muy bien.

Es magnífica.

Entonces, ¿esta es la capilla del castillo?

Sí, es la capilla de la Trinidad que todavía...

¿Cómo ha dicho? Capilla de... De la Trinidad.

La que mandó construir San Luis. Así es.

Es muy barroca, ¿eh? Sí.

Y fue modificada a lo largo de los sucesivos reinados.

Una capilla que fue escenario de grandes acontecimientos históricos.

Aquí se celebró el matrimonio de Luis XV,

o el bautismo de Napoleón III, en 1810.

Es un sueño.

Ahora voy a continuar la visita del palacio con Marie Laure.

Muy bien.

Ellas es la encargada de las obras, ¿verdad?

Sí, así es.

Hubert, gracias por la visita. No hay de qué.

Ha sido un verdadero privilegio. Hasta la vista.

Tengo la impresión de haber atravesado 800 años de historia

en unas pocas horas. Sí, eso es verdad.

Deme un beso. Muchas gracias.

Gracias. Adiós, Charlotte. Adiós.

Marie Laure a los agentes de los Grandes Aposentos.

Vamos a grabar en la Sala del Consejo.

Marie Laure dirige

el Departamento de Reformas y Mantenimiento

y vela por que toda la "casa", como llama ella al palacio,

esté en buenas condiciones para maravillar a los visitantes.

Cerrado los martes al público, el equipo de Marie Laure

cuenta con 24 horas, ni un minuto más,

para repararlo todo.

Justo ahora, en este momento, en la Sala del Consejo,

comienza la actividad.

Tanto los interiores como los exteriores

son examinados cuidadosamente por Marie Laure.

Hay que revisar las fuentes puestas a disposición

de los "bellifontaines", los estanques,

las aguas de 19 manantiales.

Marie Laure nos conduce bajo la "Maison du Fontainier"

para contemplar de cerca el ingenioso sistema.

Lo más maravilloso y sorprendente es

que este sistema hidráulico, estos acueductos

funcionan todavía a la perfección.

No hay sistema eléctrico, no hay bombas,

no hay ningún medio mecánico añadido.

Simplemente es un sistema basado en la fuerza de la gravedad

y que lleva funcionando desde que fue construido por los reyes.

Aquí, limpiamos bien el estanque,

y controlamos la calidad del agua para mantenerla siempre limpia.

Muy bien. Buen trabajo. Gracias Richard.

Adiós, hasta luego.

Dejamos a Marie Laure con sus ocupaciones.

La jornada será, como de costumbre,

demasiado corta para examinarlo todo.

Tomo de nuevo el volante para ir al encuentro

de mi primer cocinero en la región de Fontainebleau.

Aquí estamos, en Avon,

que es un pueblecito que limita con Fontainebleau.

Y hemos venido a la casa de Jean Michel,

que tiene un bonito huerto.

Jean Michel nos ha propuesto cocinar codornices con uvas.

Y hablando de uvas, hablemos rápidamente del emparrado real.

Regalándonos un breve viaje de ida y vuelta al palacio,

junto al muro circundante, donde crece la Chasselas,

la deliciosa uva de mesa.

Un cultivo iniciado por Luis XIV a quien le encantaban.

Fíjense que esta parra continúa produciendo.

Dominique y Geneviève,

de la asociación de El Emparrado del Rey,

son nuestras exploradoras del día.

La tradición era aplastar la uva, en cuanto estaba madura,

y beberla reciente.

Eso limpiaba el intestino.

Era algo muy apreciado por la gente de finales del siglo XIX.

Pero también se podía saborear fuera de temporada,

gracias a una increíble técnica de conservación.

Esto es una antigüedad, actualmente no se utiliza.

Estos pequeños frascos se llenaban de agua,

se metía carbón vegetal para evitar que se pudriera,

metías los racimos y subías al desván cuando querías degustar tus uvas.

-Sí, en pleno invierno... -En pleno invierno, sí.

-Era genial.

-Yo siempre digo: "Fontainebleau tiene su Emparrado del Rey".

Si Versalles tiene su 'Huerto del Rey',

nosotros tenemos nuestro Emparrado.

Es inimitable. -Ah, sí.

Dejamos la uva real por nuestras codornices imperiales.

¡Hola, Jean Michel! ¡Hola, Julie!

¡Qué maravilla de jardín! ¡Esto es un Edén!

Un mini edén. Un mini edén

que debe de dar mucho trabajo.

Veo que está recogiendo judías verdes.

Sí, así es.

Estoy recogiendo judías verdes para acompañar las codornices...

Eso dependerá de la temporada.

Mañana podemos hacerlo diferente, tal vez...

¿Para el banquete? Para el banquete, sí.

¿Es cierto que usted...? ¿Nos tuteamos?

Sí.

Bien. ¿Es cierto que dirigías una empresa de catering?

Sí, así es.

Por eso tienes cierta facilidad para recomponer platos,

reinventarlos...

Reinventarlos es mucho decir.

Hay que ceñirse siempre a una buena base,

pero después, la temporada, te... Te adaptas a la temporada.

¿Quieres que te ayude a recoger las judías o ya has terminado?

Sí, cómo no. Adelante.

Bien. Espera, que paso para allá...

Bien.

Entonces, vamos a preparar un plato típico de Fontainebleau.

Sí, claro.

Allí era típico cocinar uvas con codorniz.

"Fontainebleau, villa imperial tiene su codorniz imperial".

Villa Imperial...

¡Sí que ponemos alto el listón, ¿eh?!

Eso espero.

Parra real y codorniz imperial.

Bueno, si con eso fracasamos... Sí. Entonces es que no valemos.

Ya estamos en tu bonita cocina.

Vaya. Veo que ya vas muy avanzado. Sí, he ido empezando...

Estas son las codornices imperiales.

Julie, ¿te doy un delantal? Encantada. Mucho mejor.

Para rellenar las codornices, pídale a su pollero que las vacíe.

Ahora todo es cuestión de buena mano.

Hay que deshuesarlas, despegando con cuidado previamente la carne.

Sale como un guante, ¿eh? Tiramos...

Y... Totalmente... No lo sabía.

Voy a intentarlo. Y ahora...

Vas hasta el final... Corto... hasta el final...

Hasta el final, ya está. Estás hecha una chef.

No, la verdad es que no, pero... Sí, sí, sí, sí... Y ahora...

Y ahora, arranco toda la carcasa. Coges y tiras...

Tiro...

Ven aquí, codorniz.

Sí, ya está. Ya está.

Muy bien. Sale sola.

Empezamos por escaldar las uvas blancas en agua hirviendo

para pelarlas más fácilmente.

Si es temporada, utilice las Chasselas

ya que su piel es muy fina, y no es necesario retirarla.

Bien, dime.

Nuestras uvas para el relleno están listas,

y ahora vamos a ir preparando el caldo.

Ah, de acuerdo, haces un fondo con las carcasas.

Un pequeño fondo con las carcasas, ¿de acuerdo?

De acuerdo.

Cortas dos o tres zanahorias, puerro, unas ramitas de perejil...

¿Y las cebollas también? Cebolla le pones media.

ienes buena mano con el cuchillo, Julie.

Ya ves, como quien no quiere la cosa.

Muy bien.

Pues hacía tiempo que no entraba en las cocinas.

Vamos a sofreír.

¡Sí que está caliente!

Para empezar con el relleno, pico las chalotas,

que salteamos en aceite de oliva.

En cuanto al caldo,

desglasamos ahora con un poco de vino blanco seco.

La mitad.

Remueve... Rasco los jugos.

Queda ahora agregar agua suficiente para cubrir las carcasas.

Siguiendo con el relleno,

Jean Michel corta la panceta de cerdo fresca, sin salar,

y como no se desperdicia nada, los hígados y las mollejas

encuentran su lugar en la preparación.

Servirán además como aglutinante para nuestra farsa.

Pero oye, esto no son hígados de codorniz.

Mira, te voy a explicar... ¡Son de pollo!

Añades hígado de pollo, ¿verdad? Eso es.

A mí no me la das. Sí, ya, ya.

Veo que tienes buen ojo.

Los hígados de pollo, ligeramente salteados,

los ponemos en el robot, junto con la panceta

y añadimos una pizca de sal.

Bien, la sal, ahora, es muy importante

porque vas a hacer salir la albúmina de la carne,

y es lo que va a permitir que ligue bien.

Ahora vamos a poner el resto de la panceta.

¿Ah, sí? Sí.

¿Y por qué no la hemos puesto toda al principio?

No la hemos puesto toda al principio

para obtener una "farsa" con un poco de grano.

Ah, porque esta la vamos a picar menos.

La picamos menos.

Vaya, ¡cuánta sofisticación, en "Casa Jean Michel"!

No, no, es sólo que para...

Ojito, que estamos tratando con un profesional.

Con la cuchara,

hacemos una especie de... ¿Albóndiga?

De albóndiga. Ahí. Muy bien.

¿Quieres que haga una auténtica albóndiga o...?

Sí, muy bien así. Voy a...

Sí. Nada se te resiste.

Ah, yo, si me dices albóndiga, te hago una albóndiga.

Soy una chica muy obediente. Bien.

Ahora, ponemos las uvas... Ponemos las uvas...

Muy bien. ¿Así?

Eso es. ¿En fila?

Mételas bien dentro, ponle tres.

Tres. ¡Qué bonito!

Una...

dos...

y tres...

Bien. Ahora, te muestro.

Empujas bien, hasta el fondo. Las hundo.

Las hundes bien y con... Ahora haces...

Ah. Vuelves a cerrar el relleno. Eso es.

Las tapas bien con la farsa. De acuerdo.

Ahora, para bridarlas, te voy a enseñar una técnica.

A ver...

Para que el rollo no se te vaya para todos los lados,

que se te escapa. Sí.

Te lo metes aquí, así, ¿ves? ¡Ah! Buena idea.

Una pequeña demostración de Jean Michel para bridar la codorniz.

Y ahora me toca a mí,

sin olvidar sujetar el rollo de cuerda como el astuto cocinero.

Escucha, Julie, el caldo ha salido muy bien.

¿Ha quedado bien el caldo? Sí, sí. Ahora...

Dime. Con las codornices.

Metemos las tres codornices ahí Sí.

para escaldarlas, le echas el caldo por encima.

¿Todo el caldo? O sea, las cubro. Las cubres bien.

Y con el termómetro de cocción... ¡Oh, no!

No empieces con el termómetro de cocción,

porque ahí ya me pierdo. ¡Que sí, Julie! ¡Es muy fácil!

Ordeno y mando.

Cada maestrillo...

¿Qué temperatura tiene que alcanzar?

Ochenta y cinco.

¡Qué precisión! Ochenta y cinco.

¿Y a ochenta y cinco...?

Las vamos a dejar cuarenta minutos. Cuarenta... ¿Ah, sí? ¿Tanto?

Sí. Porque tienen el relleno...

Ah, claro, el relleno, tienes razón.

Y se tiene que hacer bien.

Y ahora, si aún no os habéis perdido,

Jean Michel lleva muy lejos el refinamiento,

empezamos a preparar una salsa con 30 gramos de mantequilla

y otros tantos de harina.

Haces un pequeño cálculo... Ah, que no está calibrada.

No. A ver, ¿cuánto marca?

Ciento sesenta y cinco... Chupado.

Hasta ciento noventa y cinco entonces, de acuerdo.

Más o menos. Muchas gracias, Julie.

Esto es muy bueno para el cálculo mental, ¿sabes?

Tienes razón... Eso sí... Pero...

Pero es mucho más práctico tener una balanza electrónica.

Sí.

Ya está, todo lo necesario para hacer un roux.

¿Quieres un roux rubio o un poco más tostadito?

Rubio pero tampoco crudo.

Hay que tostar un poco la harina, ¿no?

Sí, eso es.

Jean Michel mezcla las yemas de huevo con la nata,

y luego diluye con el caldo de cocción de las codornices

previamente desgrasado.

Yo creo que ya hay que detener la cocción.

Sí, cuando el roux empieza a hacer espuma...

Sí, ya está. Eso es.

Así está muy bien. ¿Así está bien?

Está muy bien, Julie.

Y ahora, lo echas de una vez; de golpe.

De acuerdo, de golpe. De golpe.

Como para una bechamel, vaya. Exacto. Vamos. Vuélcalo de golpe.

Aquí vamos bien.

Voy a ir a anotar todo esto en mi cuaderno, si no te importa.

Y vuelvo para cuando las codornices estén hechas.

¿Te parece? De acuerdo.

Para las codornices rellenas con uvas al estilo Jean Michel,

Se necesitan:

6 codornices vaciadas por su pollero,

los menudillos de las mismas y un hígado de pollo extra,

250 gramos de panceta de cerdo,

2 zanahorias, 2 chalotas, la parte verde de un puerro,

20 centilitros de vino blanco, aceite de oliva y mantequilla.

Aparte: 30 gramos de harina, 30 gramos de mantequilla,

2 yemas de huevo, 1 cucharada sopera de miel,

10 centilitros de nata líquida, 200 gramos de uvas Chasselas,

si es temporada, o uvas blancas, para rellenar las codornices,

para rehogarlas, mantequilla y miel de Gâtinais

y hay que desglasarlas con vinagre de amapolas.

Recuperamos nuestras codornices

que, después de cocer durante 40 minutos,

hemos coloreado en mantequilla y aceite.

¡Listo! ¡Qué buena pinta!

Ya está.

Cubrimos con salsa el fondo de la fuente,

ponemos las medias codornices y las napamos.

Y ahora, como toque sutil,

agregamos las uvas caramelizadas y desglasadas

con vinagre de amapolas.

No perdemos ni un segundo

para disfrutar de estas codornices del chef con Françoise,

la esposa de Jean Michel, que nos ha preparado una mesa al aire libre.

Están deliciosas estas codornices. Sí.

De verdad, y además, encuentro que hay un buen equilibrio

entre texturas, con la suavidad del relleno,

las carnes que se mantienen bastante firmes,

la uva que aporta ese toque dulce salado, pero no demasiado...

-Sí, sí... Es un plato muy, muy fino.

Ha merecido la pena, la verdad.

Y sobre todo, he aprendido a deshuesar una codorniz.

Mira... ¡Con lo útil que es en la vida!

Sí.

Entonces, ¿serías capaz de volver a hacerme este plato

para una docena de personas, para mañana?

Porque por supuesto,

sois los dos bienvenidos a nuestro banquete.

Gracias.

Es que creo que si les digo

que he comido codornices con uvas el día anterior,

y cocinadas además por Jean Michel,

les voy a dar envidia. Bueno, eso es...

Françoise, vas a tener que ayudarme, porque hoy me ha ayudado Julie,

pero... -Sí, claro.

El territorio de Gâtinais es muy rico en flores

y uno encuentra aquí una flor en particular

que se ha convertido en emblemática de la región:

la amapola.

Y sí, este clima parece prestarse a ello,

a su cultivo.

La amapola de Nemours es como se la denomina.

Vamos a encontrarnos con Denis, que ha montado una chocolatería,

pero ahora verán que no solo hace chocolates.

Y me viene muy bien,

porque voy a aprovechar para hacer unas compras.

Voy a comprarle un licor de amapola y unos caramelos

porque después vamos a hacer una deliciosa tarta de frambuesas.

Imagino que será deliciosa

porque la va a preparar un excelente pastelero.

Sí, vamos a saltarnos un poco las reglas de los Cuadernos,

y por una vez vamos a recurrir a un profesional, Fréderic Cassel,

que lleva establecido aquí, en Fontainebleau,

veinte años, y que nos propone una tarta cien por cien local:

frambuesas locales, el famoso Fontainebleau,

esa crema batida con queso y luego el caramelo de amapola.

¿Qué puede haber mejor?

Canta en francés

La población de Nemours es, sin duda,

la capital de la amapola en Isla de Francia,

con sus campos rojo grana,

desde comienzos de la primavera hasta finales del verano,

y sus caramelos, conocidos por curar la tos.

Denis Julemier, que ha relanzado esta especialidad,

invierte, junto con su equipo,

todas las mañanas durante el tiempo de barbecho,

tiempo en recoger, a mano, las flores silvestres.

Alrededor de doscientos kilos de pétalos cada año.

Históricamente, la amapola ha crecido en nuestra región

gracias a una tierra que le es propicia.

Había desaparecido, después de la guerra,

con los cultivos intensivos,

y ahora gracias a los cultivos sostenibles o cultivos ecológicos,

la amapola resurge en nuestra región.

Dirección: el almacén, para trabajar inmediatamente con los pétalos,

antes de que se marchiten.

Se dejan extendidos unas horas para dejar escapar a los insectos

y poder transformarlos,

principalmente mediante la destilación,

para extraer el aroma.

Vamos a hacer tres preparaciones diferentes.

Vamos a hacer un puré de pétalos para los caramelos.

Otros vamos a secarlos, y los pétalos secos,

los moleremos y los incorporaremos en todas nuestras elaboraciones.

Y además de eso, hay una tercera preparación,

que es muy importante, y que es el aroma de amapola.

A partir de esta materia prima,

se puede fabricar el famoso caramelo,

pero también y especialmente el confitado a la antigua usanza,

en cacerolas de cobre.

Ya estamos al final de la cocción,

y agregamos ahora algunos pétalos de amapola para terminar,

para tener algunos pétalos bien visibles en el confitado.

-Ya está, ya está cocido.

Sólo queda meterlo en frascos.

El licor de amapolas de Nemours es un licor de 18 grados.

Es un licor que generalmente se usa mucho para cócteles, como aperitivo.

Y luego también se utiliza en repostería,

para hacer "crème brûlée", para incorporarla en las tartas.

De hecho, descubrimos con los chefs

a quienes confiamos nuestros productos,

una multitud de recetas cada vez más y más innovadoras.

Productos que inspiran y hacen las delicias de chefs

y cocineros amateurs.

Por lo demás, es hora de reunirme con Fréderic Cassel,

repostero chocolatero artesanal de Fontainebleau,

para preparar una tarta que promete ser extremadamente golosa.

¡Hola, Frédéric! Hola, Julie, ¿cómo estás?

Te veo en plena acción.

Ten, mira, te he traído un regalito. Gracias.

Aunque bueno, es posible que ya tengas tú en casa,

licor de amapola.

Lo conozco, es un producto regional. Sí, claro, imagino...

Y lo trabajo mucho porque, de hecho, no había nada en Fontainebleu,

en la especialidad de repostería.

Hay una especialidad de queso, el llamado Fontainebleau,

pero en cuanto a pastelería no tenemos nada.

Así que trabajo...

Siempre me han encantado los caramelos.

Es un pecado de la infancia.

Voy a probarlos, a ver...

Y para mí, la pastelería es siempre un regreso a la infancia,

un recuerdo, las tartas de ruibarbo de mi abuela, cosas así.

Y la amapola, me pareció algo increíble con lo que trabajar.

Entonces, hoy, ¿vamos a utilizar el caramelo o el licor?

Las dos cosas.

El crujiente, con los caramelos y el licor aportar la suavidad.

Un poco como un praliné... Exacto, eso es.

Entonces, lo que he hecho

es cocer una base de hojaldre dulce a 170 grados

durante, más o menos 20 minutos. De acuerdo.

Bien, es importante que esté bien cocida.

Sobre todo porque no vas a hornear las frambuesas, imagino.

No vamos a hornear nada más. Vamos a hacer un ganache.

O sea, la única cocción es la de la base.

Eso es, vamos a hacer un ganache de chocolate blanco.

Sí... Y nata... Vamos a hervir la nata...

Aquí en Fontainebleau no se bromea, ¿eh? Es una receta de profesional.

¡Atención!

Y un queso que se llama Fontainebleau.

Sí, lo conozco. ¿Lo conoces? ¿Y con qué se hace?

Se hace con... queso fresco y crema batida.

Eso es. Básicamente, es crema.

¿Cuál es la historia del Fontainebleau?

Durante la guerra, en el siglo XVIII, más o menos,

los carruajes traían la leche a Fontainebleau,

en grandes bidones, y la leche iba así...

No dejaba de removerse... Se removía.

Y cuando se abría el bidón... Ah, ya, entiendo...

Era como batirla. Exacto, era como batirla.

Como cuando uno bate la nata.

Cuando se abría la tapa se tenía una especie de mousse de leche,

de crema en definitiva. Una nube de leche.

En la superficie... En la superficie.

Y eso se recogía en una gasa y... Qué curioso.

No conocía esa historia. Yo encuentro

que es una historia muy curiosa. No la había oído nunca.

Normalmente, no es más que crema batida.

¿Ah, sí? No más que crema batida. Pero la vas a batir tú luego, ¿eh?

Pero prioridad a la preparación de la ganache.

La nata líquida se lleva a ebullición

y se vierte sobre el chocolate blanco.

Una vez bien mezclado, Fréderic añade el licor de amapola.

Y luego lo viertes directamente en... ¿Ah, directamente?

Directamente, sí. Porque solidificaráen frío.

Solidificará... No, no en frío.

Yo recomiendo hacerlo una hora antes...

De acuerdo.

Y luego dejarlo solidificar como una ganache.

A temperatura ambiente. A temperatura ambiente.

De acuerdo, porque el frío apagaría los aromas.

Sí. Así que lo vamos a dejar, vamos a esperar...

Lo dejamos así, que enfríe...

Y vamos a preparar nuestro Fontainebleau.

La crema la sacamos del frigorífico...

Sí, bien fría. Para que esté bien fría, eso es.

La idea es hacer un "taca taca tac"... ¿Eh?

Eso es. Qué ritmo, ¿eh?

Mucha marcha en Fontainebleau.

Yo digo que tiene que hacer... "taca tac"...

como una carrera de caballos.

¡Te toca!

Ah, pero es que yo tengo bracitos de saltamontes...

¡Dale ahí! Hay que hacer como un ocho.

No está nada mal...

Es el lado musical.

Tiene su parte musical.

Bueno, anda, ten. Sigue tú.

Trae... Ya he hecho mi contribución.

Sí, ya lo creo. Bien es verdad que no hay foto.

Tampoco demasiado montada.

Sí, claro, porque si no se hace mantequilla.

Se convierte en mantequilla.

Tiene que hacer como el pico de un pájaro.

Vamos bien. Vamos bien.

Pero para aligerarla,

Fréderic prefiere añadir un poco de queso blanco.

Después lo guarda en el frigorífico.

Mientras la ganache solidifica,

me dispongo a anotar, a la sombra del sauce llorón,

esta receta de repostería.

Para una tarta de frambuesas y amapolas

como la de Fréderic Cassel se necesita:

una base de masa dulce, 50 centilitros de crema de leche,

150 gramos de queso blanco batido, 200 gramos de chocolate blanco,

20 gramos de licor de amapola (1 cucharada),

250 gramos de frambuesas y caramelos de amapola

que Fréderic tritura a la antigua.

Si bien la tarta va cubierta de frambuesas,

podemos adornarla aún más.

Con elegancia, por favor.

Oh, fíjate... Qué bonitas...

Estás utilizando una boquilla especial,

con una incisión.

Una boquilla Saint Honoré, sí. Ah, se llama Saint Honoré.

Saint Honoré porque se utiliza para esas tartas.

Esta con este corte.

Qué bonito, seguro que yo le habría puesto una buena cucharada

y la habría extendido, tal cual. ¿Pruebas?

Sí. Jamás he utilizado una boquilla de estas. Veamos.

Vas bien, sí. Voy bien...

¿Jamás he utilizado...? Pues está perfecto.

No no no.

Luego en el medio le pones un rosetón...

Pero bueno, suficiente.

Ya está... Sí.

Y ahora le ponemos un poquito en el medio, ¿no?

Sí, en el medio. Hazme un bonito rosetón.

Un bonito rosetón...

Así, perfecto. ¿Así está bien?

Sí, sí.

Vamos a decorarla con dos o tres frambuesas por encima.

Vale. ¿Y los caramelos qué? ¿Los ponemos ya?

El caramelo lo espolvoreamos luego. De acuerdo.

Por encima. Para el crujiente.

Eso es. ¿Lo hago así a voleo, no?

Sí, le pones un poco por toda la tarta.

A lo loco...

Es verdad que el caramelo, de golpe, ha iluminado este postre.

Le da un toque de brillo, sí. Sí, es verdad, tienes razón,

parecen pequeñas joyas, pequeñas piedras preciosas.

Es una buena idea. ¡Listo! Bueno, solo queda probarla.

Bueno, no te voy a decir que no... ¿No?

¿Vamos fuera? Sí, al jardín, ¿te parece?

Yo la llevo.

Vamos a sentarnos aquí. Aquí estaremos perfectamente.

Aquí... de cara al jardín...

Es magnífica.

Mira todas esas texturas... Es muy apetitosa...

Esta crema queda muy ligera. No es una Chantilly.

Pero oye, no le hemos puesto azúcar.

No. Es el chocolate lo que la endulza.

Sí. No es necesario. Ya tiene la masa azucarada...

y el licor, un poco y las frambuesas, que son dulces.

¿Por qué añadir más azúcar?

Es cierto que la pastelería

ha evolucionado mucho en los últimos años

porque le quitamos el azúcar a muchas cosas.

¿Por qué añadir algo que ya tenemos?

Por otra parte, el azúcar era un conservante.

En efecto.

Oye, no puedo parar, ¡es una exquisitez!

¿Nos vas a hacer otra para mañana? Eso espero, sí. Esa es la idea, ¿no?

Sueño con ello.

Porque nos vamos a encontrar todos

en la Finca Saint Gervais, en Dormelles.

Sí... Para degustar otras especialidades.

Me gustaría que tu postre fuera...

A ver qué tal... El postre emblemático.

Perfecto. Del País de Fontainebleau,

y de mi viaje, es realmente irresistible.

¿Sabéis que nos encontramos

en el corazón del Parque Natural Regional de Gâtinais?

El Gâtinais, en primer lugar, es un condado de Francia,

que abarca cuatro departamentos:

Loiret, Yonne, Essonne y Seine et Marne,

donde nos encontramos.

Hay una gran biodiversidad.

Estamos en el corazón del bosque de Fontainebleau,

y encontramos aquí muchos productos alimenticios:

el conejo de Gâtinais, del que quizá hayan oído hablar,

la menta de Milly la Forêt... Milly la Forêt,

donde también se puede visitar la casa de Jean Cocteau.

Encontramos berros, azafrán,

un cultivo que se remonta a muy atrás en el tiempo,

que casi había desaparecido y que está volviendo con fuerza.

Y la miel de Gâtinais.

Es esta una especialidad local, a la fuerza,

si uno observa esta flora increíble...

Vamos a conocer a Thierry,

un apicultor que está terminando la cosecha de miel de acacia

y va a comenzar la de castaño.

Nos va a explicar todas las etapas de la elaboración de su miel.

Enamorado de la apicultura desde hace 25 años,

Thierry inició su carrera como apicultor amateur.

Pero desde hace diez años ya,

se dedica exclusivamente al negocio de la miel.

La elaboración de miel aquí

sigue siendo un proceso meramente artesanal.

Y para hacer funcionar sus trescientas colmenas,

que producen entre siete y diez toneladas al año,

dependiendo del clima, debe repetir un mismo ritual:

producir un humo blanco y espeso.

Con el humo, cuando las abejas huelen el humo,

piensan que hay fuego en el bosque.

El fuego las asusta, porque no tienen respuesta,

y cuando huelen el humo,

descienden al fondo de la colmena a comer miel para calmarse,

tanto miedo tienen.

Y es cuando bajan a comer

cuando puedo retirar los cuadros sin que me piquen.

Se trata de procurar conseguir mieles monoflorales,

mieles de una planta específica.

Si dejáramos que se acumularan todas las alzas,

tendríamos una miel de mil flores.

Así que, en cada cosecha,

debemos retirar todo lo que era de la planta anterior

y reemplazar las alzas vacías para que las abejas sigan las floraciones.

Son las distintas especies de los alrededores

las que, por naturaleza, determinan el sabor de cada cosecha.

Aquí, se recolecta espino, acacia, castaño, tilo, brezo...

el resto se deja a las abejas,

es su combustible para pasar el invierno.

Varios tipos de miel,

pero también varias especies de abejas.

Yo, personalmente, lo que hago es que en mi enjambre,

identifico a las dos o tres mejores,

y me dedico a reproducir las mejores.

Es decir que tengo como reinas a las crías de las mejores,

es como una selección.

Los criterios que tengo en cuenta son, la miel, por supuesto,

la mansedumbre, que no sean agresivas.

Y así, cada año mejoro la genética.

Mi capital no es la miel, mi capital son mis abejas.

La preocupación de un verdadero apicultor

es cuidar de la salud de sus abejas.

El polen también se recolecta, se clasifica,

se envasa y se vende congelado

para preservar todo su sabor y propiedades nutricionales.

Dirección: la mielería,

para proceder a la extracción del preciado néctar.

Cada cuadro se "desopercula"

antes de ser colocado en la centrifugadora.

Ahora, esto va a girar a gran velocidad

y toda la miel va a salir proyectada contra la pared.

A continuación,

la miel es transportada mediante una bomba al madurador,

donde se filtra antes de ser envasada en frascos.

Este es el momento que espero todo el año.

Ya está.

Esta es la miel de acacia, transparente.

Se puede ver cómo brilla.

Tiene que ser lo más brillante posible.

Cuando amarillea un poco, es que es de menor calidad.

Pero esta es de muy buena calidad, bien clara, bien transparente.

Del productor al consumidor

desde que Thierry ha abierto una tienda

donde podemos encontrar sus mieles, con los sabores de la tierra.

Clara y cremosa la de acacia, intensa la de castaño,

viscosa y sorprendente la de brezo, una miel más escasa,

ya que se cosecha cada tres años.

¡Y allá vamos, a nuestro banquete!

¡Qué bien, porque tengo hambre!

Nos dirigimos a Dormelles,

a unos 20 kilómetros de Fontainebleau,

a la Finca Saint Gervais, que es gestionada...

Bueno, no sólo gestionada; ha sido reformada, rehabilitada,

reconstruida por Karin y Bernard.

Bernard, creo que es de la región, Karin es belga.

Han consagrado su vida a esta finca

y actualmente la alquilan para eventos.

Un poco como lo nuestro, excepto que nosotros estamos invitados.

Y es perfecto, porque Karin es una apasionada de la cocina

y en particular de las recetas antiguas.

Creo que incluso nos va a pescar unos cangrejos de río del lago

y los va a cocinar siguiendo una receta medieval.

Hola, Karin. Hola, Julie.

¿Esta es la famosa finca

que os ha costado tantos años de trabajo?

Esta es.

Es magnífica. Y es gigantesca, además. ¿Doce años?

Sí. Doce años. ¿Doce años de reformas?

¿Tan en ruinas estaba? Sí. Se puede decir que sí.

Ya era hora. Así que restauración

conservando el espíritu de la época, pero ¿de qué época es la finca?

Su origen data del siglo XI. ¿Ah, sí?

Pero la mayoría de los edificios son del XV y reformados en el XVIII.

Y posteriormente en el XIX y el XX.

Y posteriormente en el siglo XXI... Y posteriormente en el XXI.

Sí, es totalmente nueva. Del siglo XXI, se podría decir.

¿Vamos a poder comer en el jardín? Por supuesto.

O bajo el porche del jardín, dependiendo del tiempo.

Aunque la comida va a depender un poco de la pesca,

tengo entendido. Totalmente.

¿La pesca del cangrejo? Sí.

¿Los vas a pescar tú? Aah... No. Vas a ir tú con mi marido.

Ah, vale, de acuerdo. Cada uno su especialidad.

Eso es. Contigo voy a cocinar.

Eso es.

Para nuestra partida de pesca de cangrejos de río,

llevo unas botas que Karin, amablemente, me ha prestado.

Dirección el lago.

Un paseo bucólico y un cambio de escenario garantizado,

algo increíble, a una hora de París.

¡Vaya! ¡Esto es como la Camarga!

¡Es un safari lo que me propones, no una partida de pesca!

Sí.

Y nos encontramos con Bernard, el pescador de la familia,

ya ha empezado a pescar. ¡Qué maravilla, este lugar! Hola.

Hola. ¿Con eso pescas los cangrejos?

¿Con caña? No, puse las balanzas hace un rato.

¿Qué son las balanzas? Las balanzas, ahora te las enseño,

las vamos a sacar. Hacemos así,

las levantamos lo más rápido posible.

Sí... Oh, dime, ¿hay algo ahí dentro?

Sí. Sí. ¡Magnífico!

¿Qué has puesto, una pata de cerdo? Una pata de cerdo.

¡No! Sí.

Sí, porque son carnívoros. Exacto.

Yo los he pescado con hígado de cerdo, es verdad.

Entonces, ¿estos son autóctonos

o son cangrejos de río estadounidenses?

Es... Es americano. Es americano.

Han colonizado un poco nuestros ríos.

Exacto.

No es malo, ¿eh?

Pobrecito mío, si supieras cómo vas a terminar...

Solo nos vamos a llevar este. ¿Sólo este? ¿Por qué?

Es el más hermoso, ven a ver. ¡Ah, ya!

¿Los otros los vuelves a echar al agua?

Así es. Los pequeñines no los pescas.

Ahí tienes tu pequeña reserva. Mira...

Te entiendo. Estos tenemos...

¡Ah, sí! Creo que ya hay suficientes.

Son hermosos, ¿eh? Tienen un buen calibre.

Son hermosos, sí. Increíble. Son como langostas.

Los más grandes son unos doscientos gramos.

Enorme. Mira este.

Se pueden comer las patas...

Sí, claro, por supuesto. Espléndido.

Es estupendo, ¿eh? Rara vez he visto uno así.

Es impresionante. Sí.

Tengo otras balanzas, ahora verás. Vamos.

Vamos allás. Puede que haya algún otro grande.

Me gustan las pescas abundantes.

Tienes que tirar de ahí al mismo tiempo.

Ah, hay que tirar de la cuerda, vale.

Tienes que llevarla un poco más lejos...

De acuerdo. Ahí está.

No ha habido suerte. Es la primera vez.

No ha habido suerte. Me ha tocado a mí...

No está mal que sea así.

Así se ve que el programa no está amañado.

Y además ya tenemos suficientes, ¿no?

Sí, claro, para el almuerzo, de sobra.

Pues vamos. Vamos a llevarle el cesto a Karin.

Entonces, ¿cuál es el plato del día? ¿Cuál es la receta?

Es un "Grave de cangrejo de río". ¿"Grave de cangrejo"?

Jamás lo había oído. Es una receta medieval.

Y dime, ¿cómo se prepara? Básicamente, ¿cuál es el la idea?

La idea es que primero, tendremos que capar los cangrejos.

Sí, lógicamente.

Entonces, tan pronto como estén castrados,

inmediatamente los pondremos en agua hirviendo dos minutos.

¿No puedes castrarlos después de escaldarlos?

No, porque cogen un sabor algo desagradable,

por lo que es mejor castrar antes.

Y antes, el intestino sale solo,

mientras que una vez cocido no sale bien.

Sí, es verdad.

Primero, voy a ver tu técnica. De acuerdo.

Cogemos la aleta por el medio... Sí.

De la cola... De la cola.

Y la giramos así

y tiramos para sacar todo el intestino.

Ah, ya, el intestino, como en los langostinos.

Exactamente. Yo lo que hago luego es sacar la cola

y la salteo treinta segundos... Vale, treinta segundos.

Y luego... ¡Ah!

No quiero hacer esta receta... ¡Me ha pellizcado!

Pero claro, entiendo que se defiendan.

Sí, claro, no es muy agradable lo que les hacemos.

Ataco al grande. Me mira, me está mirando...

Ah, esto es...

Por supuesto, aquí es donde se mide el coraje culinario.

Es verdad que esto desanima a mucha gente.

No puedo...

Tengo una especie de trauma... Bueno, mira...

¿Te importa que prepare yo el resto? Ya lo hago yo. Ya termino yo.

Trituro las almendras para obtener un polvo lo más fino posible.

Mientras Karin, que ha completado su peligrosa misión,

escalda los cangrejos, apenas un par de minutos

desde que el agua vuelve a entrar en ebullición,

por lo que quedan medio cocinados,

para posteriormente pasarlos por la sartén.

Han cogido un bonito color. Sí.

Pero antes, los metemos en un recipiente con agua helada

para detener la cocción y procedemos a pelarlos.

Bien, segunda etapa. Ahora sí, ahora sí me atrevo.

Ya no pellizcan.

Oye, qué hermosas están las colas, ¿eh?

¡Ya está!

¡Casi terminado!

¡"Finito"!

Ya tenemos qué comer.

¿Y ahora qué hacemos con las cabezas?

Ahora te lo muestro... ¿Las vacías?

Eso es.

Con eso vas a hacer el bisqué. Exacto.

Almas sensibles, absténganse de esta receta.

Bien. ¿Y qué hacemos con esto?

Lo ponemos en la batidora, con las almendras.

Ah, lo trituro junto con las almendras.

Sí, eso es. De acuerdo.

Eso es. Todo mezclado.

Sí, es verdad que es una fuente de sabor.

Sería una pena desperdiciarlo.

Para aumentar nuestra mezcla,

agregamos un poco de agua de cocción de los cangrejos,

antes de pasarlo todo a la cacerola, a la que añadimos el verjus,

el zumo ácido extraído de las uvas verdes,

uno de los elementos medievales de la receta.

Veo que no te tiembla la mano ahí...

Entonces, eso le va a aportar la acidez.

En efecto.

Ese es el papel que juega hoy el vino blanco.

Es verdad que en aquella época el verjus era mucho más común.

Ahora le ponemos una rama de canela.

Sí, que va a infusionar. Así es.

Ahora le ponemos el jengibre y le ponemos una pizca de azúcar.

La verdad es que es una receta muy sencilla y muy sana.

Sí, en efecto.

Me recuerda un poco a la cocina española,

del sur de España, donde utilizan mucho las almendras

como base para espesar salsas, sopas.

Sí.

Especialmente el ajoblanco.

Probablemente sea una herencia árabe,

porque fueron los árabes quienes nos trajeron el azúcar y las almendras.

Tiene que tener el mismo origen.

Está bueno, muy bueno, es curioso. Sí, ¿verdad?

Si te soy sincera, no habría podido descifrar la receta,

no podría decir qué contiene.

Tal vez las almendras, porque noto un poco el granulado.

Es muy agradable.

Y debo decir que es una verdadera satisfacción

saber que fueron pescados en el lago de la finca.

Sí, salen del agua. No es lo mismo.

Desde luego.

Para no perdernos nada de esta receta,

con todas sus sutilezas,

tomamos nota de este viaje de sabor en el tiempo.

Para hacer una "Grave de cangrejo" como la de Karin se necesitan:

tres kilos y medio de cangrejo de río, a ser posible vivos;

300 gramos de almendras;

media cucharadita de las de café de jengibre molido;

una ramita de canela; de 15 a 20 centilitros de verjus;

30 gramos de mantequilla;

una cucharada sopera de azúcar y perejil.

Espera, que te echo una mano.

Te lo agradezco.

¡Hola amigos!

Llegó el momento del banquete.

Fréderic, el de la tarta de frambuesas,

llega al mismo tiempo

que Jean Michel y su esposa Françoise,

que cargan con las codornices con uvas.

Hubert, el tapicero relojero y Marie Laure,

a los que conocimos en el castillo y Thierry, el apicultor, los siguen.

¡Hola Thierry! Hola.

¡Me encanta el pan de especias! ¡Qué maravilla!

Hecho en casa. Sólo miel.

Sólo miel. Nada de azúcar. Y nada de grasa, tampoco.

El auténtico pan de especias. Eso es.

Denis, que transforma las amapolas,

se nos une con una amiga, Yvette,

que nos va a descubrir una de sus especialidades,

de la que guarda el secreto:

el bastoncito de azúcar tradicional.

¿Nos habéis traído unos dulces de amapola?

Así es, amapolas y dulces de cebada.

¿Dulces de cebada, los auténticos? ¿Sí?

Los auténticos. De los del 1638, es impresionante.

Berlingots y bastones...

Cuando pienso que hace apenas media hora

me estaban pellizcando los dedos... ¡Frescos!

Ahora nos veos transportados en el tiempo,

a los tiempos de los orígenes del castillo, a la Edad Media.

Un verdadero éxito, rápidamente devorado.

Pero para nuestros gourmets, no hay un segundo que perder.

Llegan las siguientes viandas.

Aquí están, Julie.

Las codornices imperiales. ¡Estupendo!

Mira, Julie, esta mañana...

Has recogido flores de borraja y todo, ¡qué maravilla!

-Estupendo. -Exacto.

Había que aprovechar el jardín, la caléndula, la borraja...

Es genial... Pero hoy nada de preocupaciones.

-No, no. -Hoy solo a disfrutar.

Oye, ¿qué le has puesto a estas "galettes" de patata?

Tienen champiñón también, ¿verdad?

-Llevan champiñones, cebollita salteada y patatas.

-Esto es como un restaurante, ¿eh? Y queso también, ¿no?

-Sí, un poco de queso...

Y en la salsa, un poco de miel de Gatinais,

evidentemente de Thierry, no sé si es de acacia porque...

De acacia.

Imagino que la de castaño para esto es un poco fuerte.

Sí, lo bueno de la de acacia es que combina bien con todo...

Con todo.

Y con ella se cocina muy fácilmente porque siempre está líquida.

¿Y la miel? ¿Se elaboraba miel también?

¿Había colmenas? ¿Hay miel ahora en Fontainebleau?

Bueno...

Hemos instalado una decena de colmenas en el castillo

y recogimos nuestra primera cosecha de miel el año pasado.

En la tienda del castillo se pueden comprar tarros de miel.

¿Es miel de mil flores? -Seguramente será miel de tilo.

-Efectivamente, de momento... ¡El entendido!

-Todo lo que es el castillo.

Todo el castillo está rodeado de árboles.

-El parterre es de tilos.

No hay más que acercarse al castillo

para apreciar ese aroma dulce.

Pero, después de todo, hay muchos productos en la región.

He oído hablar del conejo de Gâtinais.

-Sí, y la gallina de Gâtinais. Y la gallina de Gâtinais, es verdad.

-Y la cerveza de Gâtinais. ¡Ah! Es verdad.

La cerveza de Gâtinais.

Pero, ¿hay realmente platos típicos de la región,

o son principalmente productos? -Son productos.

Productos hay muchos, pero platos típicos no hay, no hay.

-Sí, no es como Borgoña, por ejemplo, aquí,

donde tienen las gougère, por ejemplo,

que es un plato tradicional.

Jean Michel, están deliciosas, de verdad.

-Sí. Muy, muy buenas.

Y ahora, la guinda del pastel.

Pero en este caso no son cerezas.

Son frambuesas. Hay frambuesas.

Hay macarons...

Y vamos a terminar con unos dulces.

Tarta de amapola, con tus caramelos, tu licor.

Ganache a las amapolas de Nemours, el Fontainebleau por encima.

Hemos revisitado un poco el postre.

-Si queréis también un pequeño acompañamiento...

¡Oh! ¡Qué maravilla! ¡Yo sí quiero! Venga, te voy a coger uno.

En la parte superior, llevan marcado RM.

De "Religiosos de Moret".

-En cada uno de los berlingots.... ¡Qué bueno!

Estamos acostumbrados

a los caramelos que no son más que azúcar.

Pero estos tienen un verdadero aroma, un dulzor...

Hay una dulzura, el azúcar no es pegajoso.

Es la decocción de cebada

y también el hecho de que los hacemos a la antigua,

en un pequeño bol que metemos al horno,

un horno de ladrillo refractario, con un termostato de azúcar.

Así quelo cocinamos como antiguamente,

y hay un pequeño sabor a aire fresco, diríamos, que está caramelizado.

Un sabor a... caramelo, justo... Está muy, muy bueno.

-Un sabor muy agradable. Muy agradable, ¿verdad?

-Sí. No tienen nada que ver

con los caramelos industriales.

-Esta caja había desaparecido,

había quedado relegada al Museo de Azúcar Dulce de Cebada,

y la hemos relanzado,

hemos vuelto a fabricar la caja idéntica,

con las mismas menciones, y esta caja tiene una historia,

porque se le ofreció al Papa León XIII.

Digo yo que un país donde hay un Museo del Azúcar de Cebada

no está totalmente perdido.

Me parece que es una muy buena señal para el futuro.

Esta tarta está de muerte.

¿Y vais de vez en cuando a París

o vivís todos completamente despegados de la capital?

-Yo sí, sí voy. -Yo también voy. Está muy cerca...

¿Está cerca? ¿A cuánto tiempo esta? -Cuarenta minutos en tren.

¿Ah, sí? ¡Muy bien!

-Hay un tren el fin de semana que se detiene en el bosque

para la gente que quiere pasear por el bosque.

-Para los parisinos que vienen... -Sí, es un paseo precioso.

-Todos los domingos, sí. ¿Ah, sí?

-Hay una parada en medio del bosque.

-Es genial, porque todos los caminantes vienen aquí.

-Hacen una suelta de parisinos en el bosque.

-Todos los fines de semana... ¿Y sacáis el fusil?

-Viene muy bien cuando se abre la veda.

¡No! ¡Es una broma, hombre!

Por lo menos, nos hemos reído.

Pero bueno, tenemos que irnos.

Siempre da un poco de pena.

Abandonamos ya esta tierra

donde se cultivan buenos productos y el arte de vivir,

es lo menos que podemos decir, la imagen de la felicidad.

Pero también los viejos edificios y sobre todo,

la amistad y la buena convivencia.

Y, como diría Frederick,

"para probar el Fontainebleau, hay que venir a Fontainebleau", sin más.

Vengan, conozcan a esta gente, prueben estos productos

e intenten capturar un poco del alma

de cada una de nuestras regiones de Francia.

¡Nos vemos!

-Eso se hace con los pétalos... -No, no, el capullo...

-Coges un capullo de amapola y decimos...

¿Gallo, gallina o pollito?

Tengo curiosidad por probar una de vuestras carpas,

porque yo he intentado comer carpas de mi estanque

y están verdaderamente asquerosas.

¡Corta! Sustitúyeme.

No, pero está bien, está bien.

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51:50 11 feb 2020

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