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Subtitulado por TVE.

Hoy, 16 de diciembre de 1943,

se inicia este consejo de guerra sobre 27 procesados,

siendo acusados de espionaje contra una nación amiga,

y de poner en peligro la seguridad de España.

Si sus paredes hablasen, nos contarían miles de historias.

Reencuentros de amantes,

exiliados que huyen,

Pero sus paredes no hablan.

Y ahora, vacía y abandonada, la estación es un testigo mudo

de hechos que decidirían el destino de toda Europa.

Aún quedan ecos de las voces de un puñado de hombres y mujeres

que lo arriesgaron todo por un futuro mejor:

nuestro presente.

Esta es su historia.

La estación internacional de Canfranc,

a ocho kilómetros de la frontera con Francia,

se inauguró el 18 de julio de 1928 con la presencia de mandatarios

como el presidente francés Gaston Doumerge,

el rey Alfonso XIII, el general Primo de Rivera,

el mariscal Petain y Francisco Franco

en calidad de director de la Academia General Militar.

A finales de 1939, Hitler invade Polonia,

lo que empuja a Francia e Inglaterra a declarar la guerra a Alemania.

En un principio, las potencias del eje

llevan la delantera y Alemania establece un férreo control

en todas sus fronteras.

Con un interés especial en el dominio de los Pirineos,

los nazis ocupan Hendaya para vigilar el paso de Irún.

Tras las inundaciones que provocan el cierre temporal de Portbou,

Canfranc se convierte en el punto estratégico

para el paso entre España y Francia, llegando a tramitar

más de 1.100 toneladas de mercancía al día

entre los años 1940 y 1944.

Pero como en toda frontera en tiempos de guerra,

no solo se daba tráfico de mercancías,

sino también de personas e información,

transformando el pequeño pueblo aragonés

en un nudo crucial en el devenir de la Segunda Guerra Mundial.

Dolores Pardo, española y residente en Canfranc.

19 años, modista.

Alias, Lola Pardo.

Simon Casaubon, francesa y residente en Canfranc.

Nueve años, estudiante. Alias, La Niña.

Albert Le Lay, nacido en Francia y residente en Canfranc.

50 años, jefe de la aduana francesa.

Alias, Le Lay.

Juan Astier, procedente de Francia y residente en Canfranc.

30 años, agente de aduanas. Alias, El Sobrino.

Francisco Javier de Landaburu, natural de Vitoria

y residente en París. 35 años, abogado y político.

Alias, Xabier.

Andrés Richard, francés y residente en San Sebastián.

45 años, enólogo.

Alias, Legros.

Mariano Flores, catedrático de Historia Contemporánea

en la universidad de Pau y experto conocedor

de la estación de Canfranc durante la Segunda Guerra Mundial.

Yo tenía que dar una conferencia. Pensaba hablar de Canfranc,

la estación, la inmigración, porque por aquí pasaron

muchos emigrantes. Ese tema es el que yo quería tratar.

Y me dije: Juan, esto es una bomba.

Yo no había oído hablar nunca de lo de Canfranc

y empecé leyéndolo y ya cambié completamente

el tema de mi conferencia.

Ramón J. Campo, periodista y escritor aragonés.

Enamorado de Canfranc y un gran impulsor

de su recuperación histórica.

Lo de Canfranc empieza un verano del año 2001.

Llegó una noticia de agencia desde Suiza

sobre la posibilidad de que hubiera documentos

en Canfranc sobre el paso del oro por Canfranc.

Localizamos a Jonathan Díaz, que era el chófer

que lleva el autobús entre Oloron y Canfranc

y el que había encontrado unos documentos históricos

en la estación de Canfranc. Lo localizamos esa misma tarde

por teléfono y enseguida nos pusimos en contacto con él

para vernos en persona al día siguiente

y que nos enseñara los documentos sobre el paso del oro

en la Segunda Guerra Mundial que se encontraba en la estación.

El día que nos vimos, en agosto de 2001,

lo que le dije es que eso era una bomba.

El oro que los nazis robaban en todos los rincones de Europa

llegaba por tren a la estación de Canfranc.

Allí era descargado en los camiones suizos,

que lo transportaban hasta Portugal, desde donde partía

con rumbo a Sudamérica.

Pero parte de ese oro, unas 20 toneladas,

terminaba viajando de Canfranc a Madrid

como pago de Hitler por los envíos de blenda y wolframio

que Franco enviaba a Alemania para la fabricación de armamento.

El avance de Hitler se muestra imparable.

Hasta que termina tomando París.

La rendición del mariscal Petain confiere a Hitler

el control de Francia y una ventaja aún mayor

en sus planes para dominar Europa.

Gorka Landaburu, periodista y director de "Cambio 16".

Su trabajo está marcado por su lucha a favor de las libertades

y en contra del terrorismo. Fue objeto de un atentado

con paquete bomba en mayo de 2001.

Que robaban en Asia y Europa y cuánto oro,

que después se fue para Sudamérica y la gente miraba para otro lado.

Y él ayudaba, efectivamente, al armamento.

Pero esa ayuda también le permitía no intervenir directamente.

Volvemos a Canfranc, volvemos a Hendaya.

La reunión de Hitler y Franco en Hendaya

de la no intervención. Pero mientras tanto,

él siempre ha ayudado a los nazis y a los alemanes.

El 23 de octubre de 1940 se produce la histórica reunión

en la estación de trenes de Hendaya entre los dos mandatarios.

Hitler presiona a Franco para que se una a él

en el conflicto armado.

Franco comienza a enviar minerales como blenda y wolframio

para reforzar el armamento alemán.

A cambio, Hitler utiliza el paso fronterizo

para transportar oro, obras de arte

y valiosas mercancías procedentes de Francia.

El bloque aliado teme que Alemania ocupe la Península Ibérica,

por eso precisa información de los movimientos de sus tropas

así como de las mercancías que atraviesan la frontera española.

En ese momento, surgen dos importantes redes de espionaje

que trabajaban en ambos lados de los Pirineos.

La estación de Canfranc se convierte en el punto estratégico

de la contienda.

Mientras tanto, en San Sebastián, a principios de 1940,

esta ciudad se convierte en un refugio para muchos franceses

que consiguieron huir de los nazis.

Tres de ellos exmiembros del Deuxième Bureau,

el Servicio de Inteligencia francés, forman una red de espionaje.

Andrés Richard, alias Legros.

Robert Paloc.

Y Andrés Nodón.

Deciden colaborar con los aliados enviando información

al Servicio de Inteligencia británico para ayudar a expulsar

de Francia a los nazis.

Lo primero que hacen es organizar una reunión

en el Hotel Continental con el cónsul inglés,

míster Goodman, alias Cabeza de Ajo

y con el coronel Henry L. Stimson. Se acuerda que esta red

controlará el litoral norte de España.

Y que cada lunes se hará un envío con informes secretos.

Me llamo Andrés Richard, nací en Francia,

pero enseguida me trasladé a España, donde trabajé como enólogo

en las bodegas Marqués de Riscal.

Combatí en la Primera Guerra Mundial, donde fui herido y hecho prisionero

por los alemanes en Verdún. Aunque a los pocos días

logré escapar.

Juan Astier, que llegó a teniente en el bando nacional

durante la Guerra Civil, acaba trabajando en la mayor aduana

de la estación de Canfranc. Mi padre, entonces,

estaba trabajando en Hendaya en una agencia de aduanas,

creo que el agente de aduanas se apellidaba Etxebeste.

Entonces, por aquella época, ya los alemanes habían tomado

toda la frontera de esa parte de Francia con España.

Mi padre entonces buscó trabajo en la frontera que todavía

había transito, que era la frontera de Canfranc.

En Canfranc, mi padre estaba trabajando

en la agencia de aduanas y, de repente, tuvo una visita

de un tío suyo que se llamaba Richard Layret.

Por así decirlo, colaboradores de la resistencia francesa,

y le propuso a mi padre que si estaba dispuesto

a recibir con cierta periodicidad una serie de sobres

y una serie de información por parte de San Sebastián

y retenerlo para poder, posteriormente,

entregarlo a una persona que vendría cada 15 días a recogerlo

por parte de Francia.

-Acompañado por mi hija Elena, tomo el primer autobús

con dirección a Zaragoza.

Mientras ella conoce la ciudad, yo me reúno con mi sobrino,

Juan Astier, y le entrego los documentos secretos

enrollados en un periódico.

Simon Casaubon, con tan solo nueve años,

sigue a sus padres, Michel y Cecile,

en su colaboración con la resistencia francesa.

Yo vivía en la estación, en la parte francesa.

En el segundo piso, una habitación maravillosa.

Y yo he vivido así aquí

desde 1940 a 1945.

El que traía los documentos era un señor que se llamaba Juanito.

Era un español, Astier me parece que es.

Él traía los documentos a mi madre.

Y después, dos veces por semana, nos marchábamos a Francia.

Desde San Sebastián, Andrés Richard lleva los documentos

hasta Zaragoza. Allí los recoge Juan Astier

y los traslada hasta Canfranc y se los entrega a Cecile

o a Michel Casaubon y estos lo transportan hasta Pau

y se los entregan a Robert Paloc.

Entonces, yo tenía una cartera

donde ponía los documentos.

Sobre mis espaldas tenía un vestido muy amplio.

Yo subía a la máquina del conductor

con mis documentos, con mucha delicadeza.

Y mi madre subía a los vagones normales.

Yo no sabía dónde estaba, y cuando llegamos a la estación,

yo bajaba en un lado y mi madre en otro.

Entonces, en un punto nos acercábamos

y desde Pau teníamos que ir a Gan

para dar los documentos a un jefe.

Otras veces, es el padre de familia, Michel, el que viaja hasta Pau

para hacer la entrega en mano a Robert Paloc.

Xabier Landaburu, abogado y político vasco,

colaboró durante varios años con las redes aliadas de espionaje

y la resistencia francesa.

El padre tuvo que huir de Vitoria, Álava, donde nació él.

Fue diputado del PNV en 1931 y era miembro del Araba Buru Batzar.

Tuvo que escapar porque los franquistas

ocuparon la provincia de Álava y pasar en un baúl de un coche

por Dantxarinea al otro lado de la frontera.

El lehendakari Aguirre se tuvo que ir a Nueva York

pasando por Berlín, y aita se quedó como un poco representante

del Gobierno Vasco durante toda la Segunda Guerra Mundial.

Durante los primeros años de la guerra,

Xabier Landaburu es el enlace del lehendakari José Antonio Aguirre

en París, donde vive en la clandestinidad

formando parte del contraespionaje a favor de los aliados.

Dentro de estas aventuras parece ser que también estuvo

en los bombardeos de Larache antes de ir a París.

Mi madre ya tenía cuatro hijos en el 44 y participaba

de colaboración con la red de resistencia.

Pero sé que siempre han contado en casa que la Gestapo

estuvo dos días buscándole al final de la guerra.

Él no se fiaba, tenía dinero que entregar

a través de los ingleses a la resistencia francesa,

tenía el paquete en casa. La madre suele decir:

"No podíamos tocar el dinero. No teníamos ni un franco

y estaba todo el dinero ahí". Alguien le traicionó.

Traicionó a toda esa red y vino casi como un confidente.

La Gestapo subió pero tuvo tiempo de escaparse.

Se quedó dos días la Gestapo en casa.

La madre recuerda las bofetadas que recibió

diciendo y preguntándole que dónde estaba su marido.

La segunda red de espionaje se forma en la estación de Canfranc.

Albert Le Lay es nombrado jefe de la aduana francesa

de la estación de Canfranc. Su cometido será controlar

las mercancías y las personas que pasan por la frontera.

Albert Le Lay entonces estaba de administrador

en la aduana francesa. Era, por así decirlo,

quien organizaba absolutamente todo el movimiento de la resistencia

en esa zona. Tenía, lógicamente, con mi padre muchísima amistad.

Por ejemplo, yo, que soy el quinto de los hermanos,

como antes hemos comentado, me apadrinaron en el bautizo

el matrimonio de madame y de monsieur Le Lay.

Albert Le Lay redacta los informes de espionaje

y los hace llegar desde la Francia ocupada por los nazis

y hasta Londres, pasando por Zaragoza, San Sebastián

y Madrid.

Para ello, recluta a espías y colaboradores

que viven en Canfranc.

Todos ellos son conscientes de lo que les pasará

si son descubiertos por los nazis.

Lola Pardo, hija del capataz de las obras del túnel del Somport,

que comunica España con Francia, a sus 86 años aún recuerda

su colaboración con los aliados.

Y la señora, cuando llegaba el tren, iba con una cestita

y le llevaba la comida. Pero debajo del plato

iban los papeles.

Los papeles me los da monsieur Le Lay

para que los lleve.

Ay, ay, ay. Ay, ay, ay. Ay, ay, ay.

Y temblaba... Arriba, en una habitación,

en la habitación nuestra.

Como la familia sabía lo que había hecho,

que me metiera en esas cosas,

porque sabes que ese papel iba a Inglaterra.

Que lo escribían en Francia, y de Francia lo traían aquí

como podían y después lo llevábamos nosotros a Zaragoza.

Albert Le Lay le da los documentos a Lola Pardo,

y ésta los entrega al espía de Zaragoza,

que los transporta hasta el consulado británico

de San Sebastián. Desde allí, llega a Madrid

en una valija diplomática y, finalmente, a Londres.

Si era invierno, llevábamos un abrigo recio

con un bolsillo grande, y en la parte de dentro iban.

A veces me sentaba al lado de los guardias.

Una vez, uno me dijo: "Oh, cómo vas de viaje, ¿eh?

Te veo mucho". Y le dije: "No pago, no pago".

"¿Que no pagas?" y digo: "No, yo no pago billete".

"¿Y cómo es eso?" y digo: "Pues porque mi padre en la central

todas las familias tenemos el billete gratis".

Y me senté al lado de los guardias para hacerles enterar

que mis viajes no tenían

ni tres ni revés.

En Zaragoza los cogía otro.

Y entrábamos en el bar y del bar al baño.

Y ahí es donde citábamos todo eso y ya íbamos más tranquilas.

Con los papeles, que sabíamos

que nadie iba a mirarnos los papeles.

Él nos ha visto y nos sigue.

El señor que tenía que coger el papel.

Nosotras vamos hacia delante.

Y no intentes mirar tú.

Y ya, pasando el Pilar, casi por la calle Alfonso,

que ya está eso así, y allí le dábamos el sobre.

Y él ya se comprometía a mandarlo para allá, a Londres.

Ese vivía aquí, en Canfranc. Planillo se llamaba.

Y él era el capellán de allí, sí.

Y ese estaba en esto, claro que sí.

Han participado activamente en muchas redes.

He conocido a una persona extraordinaria

que se llama Maritxu Anatol.

Maritxu colabora con la resistencia trasladando aviadores derribados

del bando aliado.

Los recoge en París, viaja con ellos en el tren nocturno

hasta San Juan de Luz y luego los introduce en España

rumbo a Portugal y a Londres.

Maritxu fue una de las responsables de esa red cometa y que permitió,

gracias a sus influencias... Yo la conocí personalmente,

una mujer extraordinaria, a salvar muchos aviadores ingleses

y muchos judíos. Mucha gente gracias a ella

pudo pasar la frontera de Francia a España

durante la Segunda Guerra Mundial.

Con la entrada de Estados Unidos en la guerra,

propiciada por el bombardeo de Pearl Harbor por parte de Japón,

la contienda empieza a equilibrarse.

Hemos hecho durante casi dos años

dos veces por semana.

Más de 300 envíos de documentación secreta

son trasladados por estas redes de espionaje.

En esta época, cada paso fronterizo está especialmente custodiado.

Hitler domina el conflicto bélico, pero se mantiene muy alerta

porque sabe que el contraataque del bloque aliado

no tardará en llegar.

Sí, pero no venían muchas fotos, ¿eh?

No, en casa sí. Y venían muchas escritas en inglés.

A mi hermana Julia no le interesaba, era yo la que más pasaba.

Y después venían en francés también algo.

Solo eso: hacerlo bien, llevarlo bien, donde tenía que ir

y ya está.

-Tenía curiosidad. Entonces, yo lo veía y había...

Una vez había un campo con indicaciones de aviones.

Otra vez unas cosas más difíciles

para ver lo que era.

Pero pocas veces yo veía todo eso

porque estaban bien colocadas

y bien escondidas.

Estas son algunas de las informaciones más importantes

que llegaron hasta los aliados mediante esta red de espionaje.

Informe 406: cinco vagones de material de guerra alemán.

Morteros y munición hacia Portugal y dos camiones con gasolina especial

de aviación para el puerto de Pasajes.

Informe 414: llegada del militar alemán Walter,

que se entrevistó con el jefe nazi en San Sebastián,

el señor Beisel, el cual posee un coche marca Peugeot 203

matrícula 5595NM3.

Pero esa red sí permitió tener mucha información.

Información sobre los movimientos que tenían los alemanes,

no solamente en las costas bretonas de Normandía y del norte,

donde pensaban que iba a ser el desembarco,

sino que toda esa información circulaba.

¿Quién recibía esa información? Los ingleses.

Porque los ingleses estaban mucho más organizados

en sus redes particulares.

En 1943, el bando aliado toma la Italia fascista

y Estados Unidos vence en el Pacífico.

Este par de reveses roba la iniciativa al eje,

que tiene que emprender la retirada en gran parte de los rengles.

Emilio, el nieto de Juan Astier, creció escuchando

leyendas fragmentarias sobre la historia de su abuelo.

Lo que le empujó a investigar qué había de verdad en todo aquello.

El aitona, porque nosotros le llamamos el aitona,

tenía una relación especial con Francia.

Lo que yo no sabía era que había colaborado

en una red de resistencia, que se había formado

al haber caído la Francia de 1941. Parte de la información de esta red

que realizaba actividades comerciales por todo el norte de España

era quedar con oficiales del Ejército español

para ofrecerles seguros o cualquier cosa,

comer con ellos... y un poco, de una manera sibilina,

diciendo que tú estás a favor del régimen,

sacarles información de las tropas, de la capacidad y potencia militar

porque el Reino Unido quería tener una imagen clara

de cuál era la capacidad militar de España en caso de que Franco

decidiera finalmente entrar en la guerra.

El espía Ángel Barbudo recorre los cuarteles militares

para sonsacar toda la información que puede

sobre el armamento y el número de efectivos

de cada uno. En su tarea recorre Plasencia, Zaragoza,

Logroño y Vitoria.

Al mismo tiempo, Andrés Nodón, en San Sebastián,

coordina a más de 30 espías en el País Vasco,

que se encargan de informar acerca del paso de mercancías

procedentes de Portugal y los movimientos

de las tropas alemanas en la frontera.

La historia de Le Lay es una historia, yo creo,

de las más apasionantes que hay en estos libros.

Porque es un héroe callado.

Todo eso forma parte del papel tan vital que tuvo Le Lay

y que le da más valor todavía a Canfranc.

El 23 de septiembre de 1943, los espías de Albert Le Lay

le informan de que la Gestapo va tras él.

Un telegrama le avisa en código.

Son Lola Pardo y sus hermanas las encargadas de llevar las maletas

de la familia Le Lay hasta Madrid, mientras Andrés y su mujer

escapan a pie por el Paseo de los Melancólicos.

Cuando marcharon por allí,

se pararon un poco y nos hacían así.

Mi hermana Pilar dentro de casa, no nos atrevimos a salir.

Las puertas bien anchas, pero nos veían.

Con ellos teníamos una confianza tremenda.

Se marcharon de allí y nos dejaron la llave de casa.

No lo sabía nadie en Canfranc nada más que nosotros.

Tres agentes de la Policía de Franco andan tras la pista de Andrés Nodón,

ya que sospechan que envía información secreta

a Robert Paloc, que se encuentra en Francia.

Un día, al salir de la casa de Richard,

los policías ven cómo rompe unos papeles

y los arroja a una alcantarilla.

Cogen los restos y los recomponen.

Se trata de informaciones militares sobre los depósitos de combustible

en Pasajes y el envío de municiones para la artillería alemana.

Esta será la prueba principal del juicio.

El 23 de marzo de 1942 los policías españoles

detienen a Nodón y le requisan abundante información,

incluyendo el listado de los agentes que forman las redes de espionaje.

En los días siguientes, todos los espías fueron cayendo

uno por uno.

Vivimos en un momento que es muy duro.

No sabemos si haber colaborado con los aliados

en un país que era neutral, pero nos ha detenido.

Con la colaboración de la Gestapo, digamos que se endurece la situación

de los espías.

-A mi abuelo lo fueron a detener a San Sebastián, a su casa.

Fueron dos agentes de la Gestapo y dos de la Policía española.

Entonces, dice que la mirada que se debieron echar

mi abuelo y mi abuela debió ser una de estas largas

porque no sabían qué es lo que iba a ocurrir.

Francamente, Alemania estaba ganando la guerra

hasta que no sucedió Stalingrado y Franco era un gran aliado

de Alemania. Entonces, que te vayan a detener

dos policías de la Gestapo y la Policía española a tu casa,

sabiendo que estás colaborando con una red de resistencia

para acabar con la ocupación alemana en Francia,

no deja de ser algo preocupante en esos tiempos

donde la vida de las personas no era precisamente

lo que más se cuidaba. Mi abuela estaba embarazada

de mi padre, que nació el 16 de mayo de 1941.

Mi abuelo ya estaba en la cárcel de Porlier

y no lo conoció hasta un año después de salir de la cárcel,

que mi padre creo que ya tenía tres años cuando lo conoció.

-Una llamada me avisa que la Policía y la Gestapo

vienen a por mí. Le digo a mi hija Elena

que tire al mar la máquina de escribir

con la que redacto los informes. Ella la arroja

a la altura del barrio de Gros.

Requisan las partituras de Elena creyendo que contienen

mensajes cifrados.

Finalmente, me detienen y me llevan a Madrid.

-Su marido está prisionero,

mañana por la mañana

será transferido a Madrid a la cárcel.

Michel Casaubon es detenido en Canfranc

mientras su mujer, Cecile, y sus hijos son expulsados

de la estación y enviados a Francia.

Tenemos un grupo de 30 personas que son detenidos

entre San Sebastián, Canfranc y Zaragoza.

Este triángulo que era el recorrido de esta red de espionaje

en España, los llevan a Madrid a las cárceles de Madrid

y están conviviendo con presos políticos

de la Guerra Civil.

Toda esta gente se encuentra en un lugar

en el que cuando los detienen no saben qué va a ser de ellos.

Andrés Richard, Juan Astier, Michel Casaubon y otros 24

fueron juzgados en España.

Pero cientos de otros espías del bando aliado

corrieron aún peor suerte.

Su destino lo decidieron tribunales militares alemanes.

Lo que significaba una segura sentencia de muerte.

Todos ellos contaban con que de ser apresados

solo podrían despedirse de puño y letra

de sus seres queridos.

-Siempre había información fundamental

de, siempre insisto, de la presencia de las tropas alemanas

en toda la costa atlántica de Francia.

Porque se estaba dilucidando dónde se iba a hacer

el desembarco de Normandía.

Stalin consigue detener el avance de los alemanes

a las puertas de Moscú. Los aliados empiezan a planear

dónde será el desembarco que hará inclinar la contienda

hacia su lado.

Entre Canfranc, Zaragoza y San Sebastián

son detenidas un total de 30 personas

que son enviadas a dos cárceles de Madrid.

Meses después, los integrantes de esta red de espías

son juzgados por un tribunal especial

contra el espionaje creado por la dictadura de Franco.

A raíz de algún comentario de algún hermano mayor,

entonces empezamos a indagar para ver si esto era cierto

y a intentar conseguir el sumario en diferentes archivos.

Emilio Astier viaja hasta Madrid y comienza a desvelar

el mayor secreto de su familia.

Pero lejos de encontrar solo una anécdota,

saca a la luz uno de los mayores acontecimientos

de la posguerra española.

Yo jamás pensaba que íbamos a ver un sumario judicial

de un delito de espionaje.

En el caso de Emilio Astier, le vino muy bien, digamos,

el empujón que fue el oro de Canfranc y la búsqueda por archivos

de si la historia que contaban en las comidas de sus padres

y de sus tíos los domingos eran leyenda o era historia.

Y que apareciera un sumario de más de 500 folios

donde veías que un tribunal militar español

había juzgado a 30 personas por un delito de espionaje

durante la Segunda Guerra Mundial en un país que era neutral.

Entonces, un sobrino mío, Emilio Astier, tuvo la suerte

y además el coraje de llegar a encontrar ese sumario.

Y a partir de ahí, darnos cuenta de la magnitud de todo el tema

en el que había colaborado mi padre.

-Yo quiero saber si hay algo aquí real

o simplemente es algo que se decía

pero que no tiene ningún valor.

Escribí al archivo de Salamanca de la Guerra Civil

sobre dónde informarme, y al mes y pico me contestaron

que ellos no tenían ningún tipo de información

sobre la Segunda Guerra Mundial, pero que me remitían

al Tribunal Territorial Primero de Madrid. Entonces, digo:

"Voy a escribir una carta" y para mi sorpresa,

porque me quedé muy sorprendido, a los 15 días recibí una carta

diciéndome que tenía el sumario a mi disposición

y que tenía una semana para ir a verlo, nada más.

Pedí un día libre en el trabajo, cogí una cámara de fotos

y me planté en Madrid.

Una vez allí, me dieron un legajo bastante viejo

y me quedé ahí mirándolo diciendo: "¿Qué será esto?"

Empiezo a abrir el legajo, a mirar, y veo los lacres

de la valija alemana rotos, con el águila de la esvástica

y digo: "Hostias, aquí pasa algo".

Yo lo que me traigo es sobre todo una sorpresa.

Es estar delante del sumario, verlo y decir:

"Esto no es una leyenda, esto pasó".

Eso fue lo que más me dejó bastante asombrado.

Es como abrir una página y empezar a entrar en la Historia.

Entonces, empecé a leer este sumario policial

y a ver la gente que participaba en la red,

cómo los seguían y cómo fueron cayendo.

El nombre de mi abuelo, el nombre de Richard Layret.

-Pero para montar todo eso no hay que olvidar

que no solo se montaron las redes a través de Canfranc.

Se detiene a gente, se deporta a gente,

se interroga a gente. En la línea del País Vasco

que va hasta Bruselas se detiene a gente,

y se les lleva a campos de concentración.

Gracias a la labor de las redes de espionaje,

que logran engañar a los alemanes, se lleva a cabo con éxito

el desembarco de Normandía

y la posterior liberación de Francia.

A los pocos meses el Ejército Rojo toma Berlín,

y Hitler es definitivamente derrotado.

Los aliados vencen al bloque del eje y la Segunda Guerra Mundial

concluye por fin.

Y claro, esto era completamente nuevo.

El conocer la implicación tan comprometida

de mi abuelo en esta red y de Richard Layret, etcétera,

implica una revisión de la persona a la cual has conocido

bastante grande, eso está claro.

-Mi hija Elena, con tan solo 18 años, viaja sola hasta Madrid

para visitarme en la cárcel. Salgo con Astier y Nodón

y hablamos en francés para que los carceleros

no se enteren de nuestra conversación.

Puede que la paz y la patria sean causas más grandes

que cualquiera de nosotros.

Pero mirándola a los ojos solo puedo pensar

en el padre que no estoy siendo para ella.

Y me invade una tristeza infinita.

Durante varios meses, el juez instructor

va tomando declaración a todos los acusados.

Sin acabar de hallar pruebas definitivas

de su incriminación.

"Declaración del detenido Juan Astier: acto seguido

y ante el señor inspector comparece el que al margen se expresa

y el que preguntado sobre los hechos motivo

de su detención y más concretamente, sobre su detención como enlace

en el pueblo de Canfranc manifiesta que a primeros del año 1941,

encontrándose en Canfranc, recibió la visita de su tío Richard,

acompañado de dos señores que le fueron presentados

y que dijeron ser Robert Paloc y Andrés Nodón.

Que comió con ellos y al final de esta comida

su tío le preguntó si tendría el inconveniente

de hacerse cargo de unos sobres o paquetes con destino a Francia.

-Mi hija Elena vuelve a menudo a visitarme.

Y le pido a un señor que era conservador

del Museo del Prado que nos haga unos retratos.

A Elena Richard, su papá, preso político

en la prisión de Santa Rita, Carabanchel Bajo. Madrid.

En agradecimiento de sus constantes y diarias visitas.

Michel Casaubon lleva dos años en la cárcel

sin poder ver a su familia, y los días se le hacen eternos.

Hemos tenido noticias, no sé cómo, no te puedo decir.

Diciendo que el primer año

estuvo solo en la cárcel y que comía muy mal.

Comía muy mal. Era muy... No iba bien.

Después de pasar constantes penurias tras varios meses en la cárcel,

por fin llega la sentencia definitiva.

Por un delito de espionaje previsto en el artículo 228

del Código de Justicia Militar, condeno a los acusados

Andrés Richard, Juan Astier y Andrés Nodón

a penas de entre dos y seis años de cárcel.

Culpables de recopilar información contra una nación amiga

y de poner en peligro la seguridad de España.

-Cuando detuvieron a todo el grupo de personas que formaban esta red,

en el juicio sumarísimo mi padre tuvo una sentencia

que fue de tres años de cárcel.

-Realmente, esto fue una labor del contraespionaje alemán.

Otra cosa es que estaba siendo en territorio europeo.

Quiero destacar especialmente el trabajo de los cónsules británicos

y franceses en San Sebastián porque cuando esta red cayó,

los alemanes pidieron que todos los componentes de esta red

fueran entregados a los alemanes en Hendaya,

a la Gestapo. El cónsul británico y el francés

estuvieron hablando con el gobernador civil

de San Sebastián durante toda una tarde y una noche

para que fueran mandados a Madrid y fueran juzgados en España.

Yo creo que eso les salvó la vida a todos ellos.

Gracias a ese cónsul británico y al francés salvaron la vida

mi abuelo y tantas otras personas.

-¿Por qué nunca se lo contaste a tu marido?

-Esto lo supe callar.

Porque es que podría haber habido dos maneras:

"Vaya decidida que es mi mujer, vaya, qué bien".

O me hubiera dicho: "¿Pero tú sabes lo que has hecho?"

O sea, una versión u otra hubiera habido.

Y nunca, nunca me entró aquí qué versión podría haber cogido.

Y no se lo dije, fíjate.

El único secreto de mi vida que he guardado.

-Yo tampoco se lo decía a nadie.

Yo no se lo decía a nadie, solamente a mi hija.

Y a las pequeñas, a mis nietas.

Pero poco, ¿eh? No como ahora.

No, no, yo no pensaba. Yo lo había hecho, era natural.

Y mi madre también. Era natural, había servido a su patria.

Y eso valía.

-Saber la gente que no volvió, porque mucha gente no volvió.

En Francia pasaron cosas tremendas.

Cuando los iban a interrogar, la noche anterior

se tomaban una pastilla y se suicidaban.

Para no hablar, quiero decir que yo siempre pienso

que el precio de la libertad que se vive en Europa

no se sabe apreciar suficientemente.

El coste fue grandísimo.

Parece que siempre ha estado aquí y no es cierto.

-La resistencia en sí desempeñó un papel importante posteriormente.

Es decir, que cuando los aliados liberaron Francia, muy bien,

pero antes nadie quería ser resistente,

nadie quería ser combatiente y había muy pocos.

Y los que había, lo hacían verdaderamente

con mucho corazón. Ellos no buscan el éxito,

lo que ellos hicieron, lo hicieron por amor.

Por amor a la patria y por eso se han callado

y son tan silenciosos.

-Es el caso de Maritxu Anatol, que salvó, creo que era,

a unas 69 personas en una cosa especial.

Ella cuenta, en un momento dado, que nunca recibió nada especial.

Y que un día recibe un collar con 69 perlas

de alguien que se puso en contacto con ella,

le había salvado en su momento.

"De las 69 personas que usted salvó".

-Una medalla de Francia combatiente,

pero lo que vale para mi madre es su tarjeta de combatiente

y su tarjeta de resistente.

Eso me encanta, mucho.

Y mi padre tiene unos papeles, no sé cuántos certificados

de todas partes.

-Mi padre, entonces, un poco en contraprestación,

el gobierno francés lo que le concede

es el nombramiento de agente de aduanas francés.

De tal forma que podía despachar tanto como agente de aduanas francés

como agente de aduanas español. Fue, por así decirlo,

en agradecimiento a la actitud que tuvo mi padre

con todo el tema de la resistencia francesa.

Por ahí pasaron, como tú bien sabes,

cantidad de judíos por el túnel del Somport.

Luego mi padre pasó muchísima información

que de alguna forma sirvió para la organización

de la resistencia y para poder, por fin,

terminar con todo el nazismo. Y para mí, lógicamente,

toda esta historia de mi padre ha sido un orgullo.

Al salir de la cárcel, Juan Astier fundó en San Sebastián

Aduanas Astier, en la que trabajaron sus descendientes.

Sus últimos años los pasó en Zaragoza,

donde murió en 1975.

Albert Le Lay fue condecorado con el título de oficial

de La Legión de Honor, la Medalla de Plata de la Libertad

de Estados Unidos y la Medalla de la Resistencia Francesa.

En 1960, Xabier Landaburu fue nombrado vicelehendakari

del Gobierno Vasco en el exilio.

Desgraciadamente, murió tres años más tarde.

Cumplo mi condena y tan silenciosamente como entré,

salgo de la cárcel. Vuelvo a trabajar en las bodegas Marqués de Riscal,

pero por poco tiempo.

Andrés Richard murió dos años después

afectado por varias enfermedades que contrajo en prisión.

Nunca recibió ningún tipo de reconocimiento

ni en España ni en Francia.

¿Y usted? -Ah, yo nada. Yo nada.

No tenía nada, es natural.

Es natural. -Pero usted era una niña

de nueve años que ayudaba a la resistencia.

-Sí, entonces me lo pasé muy bien. A mí me encantaba, no me daba cuenta.

No sé si me daba cuenta.

-Esa niña de nueve años es verdad que se jugó la vida.

Como decías antes, se jugó la vida porque si la mamá y ella

hubiesen sido detenidas por la Gestapo, por ejemplo,

era la vía directa hacia los campos de concentración.

Con mi madre estábamos mucho la una para la otra,

estábamos muy unidas. Entonces, se pasó muy bien así.

-¿Pero tú eres consciente de que te jugabas la vida?

-No lo pensé.

Yo pensé que todo salía bien.

No lo pensé, no.

-¿Ese grupo qué es lo que veía al frente?

Veía el peligro del genocidio nazi.

De una manera o de otra. Y también, digamos,

del efecto de la guerra civil.

Haber vivido una guerra civil y haber visto

que no era demasiado bueno el resultado,

incluso para la población.

El que ha vivido en la Guerra Civil no piensa que la manera

en la que se ha administrado después la posguerra,

que tanto crimen al final iba a ser bueno para este país.

Yo creo que ellos, en el fondo, todos lo que buscan

es que sea el principio de una nueva era.

Una nueva era que después en Europa sí que ocurrió,

pero en España no vino.

Esa es una de las cosas que siempre he seguido

entre los franceses que se habían exiliado al otro lado

y habían ganado a los alemanes en su propio pueblo.

Aunque no volvieron.

Gracias a estos héroes anónimos y a miles de espías y colaboradores,

se pudo ganar la guerra y acabar así con el terror nazi

que atemorizó al mundo durante más de seis años.

Habla en alemán

-En el tren francés de las diez de la noche volvió,

y a nosotras nos avisó alguien

de los de allí, que sabían que teníamos tanta amistad.

Y nos dijo: "Monsieur Le Lay en el tren de las nueve

va a llegar esta noche".

Y él, cuando bajaba del tren, se ve que nos vio

junto a una puerta a los cuatro hermanos.

Y bajaba haciendo así, todos lo querían saludar.

Y vino directo a nosotras.

Nos abrazó a todos. "Ay, ay, ay, qué alegría".

Y los otros por allí esperando que nos dejara para saludarlo.

Y a las primeras que besó en semejante corro que había

fue a nosotras.

-¿Por qué? -Porque nos apreciaba.

Y sabía que habíamos hecho mucho por ellos.

-¿Y dónde volvió a ver a su padre?

-En Berdoux y después, muy pronto, en Pau,

donde fue nombrado jefe de estación.

Y después se murió muy joven,

a los 50 años.

-Porque además de hacer un acto cívico,

pero de coraje también, porque el riesgo

era que te mandaran a un campo de concentración,

que te torturaran o que te mataran.

Yo creo que esta gente trabajó en el anonimato absoluto

y después de la guerra han seguido en el anonimato.

Yo creo que a esta gente, yo no sé si es un monumento,

pero algún reconocimiento habrá que hacerles.

-He podido ver a gente que yo no conocía.

Por ejemplo, Simon Casaubon, la hija de Michel Casaubon.

Pero también muchos anónimos que vienen, por ejemplo,

a las ferias de los libros y que cuando ven Canfranc,

te cuentan cosas. "Pues yo estuve en Canfranc

en tal época", "Yo pasé por Canfranc".

Yo estoy segurísimo de que todos esos anónimos

que hicieron esta parte de la historia de Canfranc

merecen que se hable de ellos y que se reconozca, claro.

-La historia de Canfranc es una historia global.

Es una historia mundial. Y todos los medios de comunicación

que han venido aquí, que han venido desde Japón,

Suiza, Portugal, Francia, Inglaterra, se vea.

Todo aquello que decimos y que lo contamos,

cuanto más se conozca, yo creo que servirá o debe servir

para que Canfranc recupere el esplendor que tuvo en la guerra.

Y para que no tenga que escuchar a la gente mayor

que ha ido muriéndose uno detrás de otro,

no tengamos que esperar a una guerra para que se reabra la estación.

-Se ha hablado ya de un museo del ferrocarril,

también se puede poner un pequeño museo

o sitio donde, de alguna forma, la gente pueda llegar a conocer

todo lo que sucedió en Canfranc, en la estación, etcétera.

-Pero ahí sí que hay que hacer un museo,

un museo de la verdad, un museo de la justicia.

Un museo de reconocimiento. Por ambos lados.

Esa es la historia que tenemos que contar

a nuestros hijos y a nuestros nietos. Que mucha gente se ha salvado

gracias a la colaboración de la gente que estuvo en Canfranc.

Gente que de forma desinteresada ha salvado centenares,

por no decir miles de vidas. Y también a través del País vasco

aquí. -No sé si me lo contaría mi padre

o quién, que es posible que mi abuela

siguiera llevando mensajes que dejaban en la caseta

de un perro al pasar la frontera y luego se marchaban.

-Entonces, me da pena de ver cómo hablo el español.

-Muy bien. -Es una "catastrophe".

-No, no, no.

-Yo la palabra de espía no la usé nunca.

No.

En las guerras, el ojo de la Historia

suele detenerse en el conflicto, en la separación, en la lucha.

Y son cosas ciertas, tan enormes y terribles

que a veces eclipsan lo que, de hecho, acaba con la guerra:

La colaboración, el entendimiento, el mismo espíritu humano.

Y fue precisamente durante toda una guerra mundial

y en plena dictadura, cuando las diferencias

aparentemente insalvables entre los españoles

resultaron irrelevantes.

Gentes de derechas, de izquierdas, monárquicos, republicanos,

vascos, aragoneses, franceses, religiosos,

sindicalistas... Todos se unieron para hacer frente al horror

que quería dominar Europa.

Y triunfaron.

Subtitulación realizada por Yolanda Fernández Gaitán.

Otros documentales - Juego de espías

58:03 11 ago 2017

En plena 2ª Guerra Mundial, el servicio de inteligencia británico escogió el paso fronterizo de la estación internacional de Canfranc (Huesca) para recopilar informaciones cruciales para la contienda bélica. De este modo montó una red de espías que informaban de los movimientos de las tropas alemanas.

Contenido disponible hasta el 26 de agosto de 2017.

Histórico de emisiones:
24/07/2015
06/03/2016

En plena 2ª Guerra Mundial, el servicio de inteligencia británico escogió el paso fronterizo de la estación internacional de Canfranc (Huesca) para recopilar informaciones cruciales para la contienda bélica. De este modo montó una red de espías que informaban de los movimientos de las tropas alemanas.

Contenido disponible hasta el 26 de agosto de 2017.

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24/07/2015
06/03/2016

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  1. Carlos

    ¿Cómo una madre pudo usar su hija para tales aventuras? La verdad es que muchos franceses estaban con el gobierno de Vichy y contra los aliados, de ahí los pocos que participaron en la resistencia.

    12 ago 2017

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