Música, baile, naturaleza y literatura, museos...Desde Hemingway a Antonio Gades, pasando por el Guggenheim o el Palau de les Arts de València. Aquí podrás disfrutar de los mejores documentales.

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Transcripción completa

La sala de baile de Bill en Bilbao

era lo más hermoso del continente.

A cambio de un dólar había allí jaleo y placer

y todo lo que el mundo tiene de mundano.

Pero si usted se hubiera entrado ahí

no sé si le hubiera gustado el lugar.

Charcos de brandy entre las butacas,

en la pista de baile crecía la hierba,

y por encima de los tejados brillaba una luna azul.

Había una música...

("Bilbao song")

(Música épica)

Bilbao se ha puesto de moda.

En los últimos años ha surgido lo que se ha dado en llamar

la ciudad posmoderna.

La Villa ha pasado del predominio de lo productivo,

en tanto que centros industriales y financieros,

a la prioridad del ocio y la cultura.

El Bilbao posmoderno que hoy en día conocemos

es el que viene después del Guggenheim.

Hay quien dice que hasta el Guggenheim, prácticamente,

Bilbao crecía a un ritmo menor que el de las generaciones que iban pasando.

Y que entre un nieto y un abuelo no había tanta diferencia

como la que ha habido del Guggenheim a hoy.

-Yo creo que el Guggenheim Bilbao es el comienzo de la transformación,

pero entendiendo esta transformación como una transformación

dirigida desde lo político.

No como una transformación en los usos, costumbres,

maneras de vivir y de estar la gente en su ciudad.

-Bilbao ha cambiado mucho, y, sobre todo,

ha cambiado mucho la calle de Bilbao.

Bilbao era mucho más urbano hace 20 años

porque la gente vivía mucho más en la calle.

La construcción en el centro de Bilbao

de esta sucursal de la fundación Solomon Guggenheim

de arte contemporáneo

supuso la puesta en valor internacional de una villa

cuya historia más reciente, pasada la página de la guerra

y olvidada pronto la dictadura,

estaba marcada por deleznables intervenciones terroristas,

incidencias políticas más o menos apasionadas

y una lánguida vida social escasamente conflictiva.

El Guggenheim, desde el principio, se presentó como el buque insignia,

es una expresión literal, de la reforma urbanística de Bilbao.

-Mi primera relación con el Guggenheim fue muy crítica.

New York imponía sus condiciones

y desde aquí había que aceptarlo todo.

Y entonces, sobre todo a nivel intelectual y artístico,

a mí se me hizo, digamos, que era un vasallaje completo.

Pero luego viene Gehry,

hace la obra de su vida y del siglo, se puede decir,

y hace de Bilbao el nombre paradigmático

en el mundo de la arquitectura.

El Guggenheim fue solo el primer eslabón

de una larga cadena renovadora.

Los viejos solares de Euskalduna

constituyen ahora el centro de una nueva ciudad

con construcciones vanguardistas

firmadas por arquitectos de renombre.

La mera construcción de un edificio no implica necesariamente

que las cosas socialmente vayan a cambiar.

Es decir, la gente sigue viviendo en la misma ciudad,

sus rutinas diarias no cambian,

no están vinculados directamente con ese cambio urbano,

pero lo que viene después sí.

Y sobre todo creo que aquí sería interesante pensar

en las imágenes emocionales que, como ciudadanos,

tenemos de la ciudad.

El Bilbao posmoderno ha relegado al olvido

a otros lugares de la ciudad,

especialmente a Bilbao la Vieja o los Barrios Altos.

Vamos, la Palanca para mejor entendernos.

La calle Cortés y sus adyacentes

han sido desde antes de 1873, en plena segunda guerra carlista,

algo más que el barrio de Bilbao donde se ejerció la prostitución.

Fue un lugar singular, inimitable, cuya trascendencia

superó los límites de la Villa y de Vizcaya.

La Palanca en Bilbao es un sitio que se diferencia del resto de Bilbao

porque hay una libertad y una forma de entender la vida

que se diferencia bastante de lo que ha sido la historia

un poco burguesa, bastante tranquila, de una ciudad comercial.

Os voy a leer un texto de Meabe

que os va a explicar bastante bien lo que es:

"Este es el barrio de la gente aparte.

Se extiende en una cuesta de un cuartel a un convento y unas minas.

Los residuos de la ciudad, como empujados por una fuerza misteriosa,

suben poco a poco a manera de graznas a este barrio maldito.

En él viven los obreros peor pagados y un mundo extraño de indigentes,

buhoneros, embestidores, embudistas, colilleros, ladrones pobres de...".

-Hay como un diálogo de imágenes entre Altos Hornos,

cerrado y fantasmático, y el Guggenheim.

Yo creo que Bilbao tiene esta fuerza creadora

en la medida en que es consciente de esta historia suya

que queda en estas ruinas, y una de esas grandes ruinas es la Palanca,

toda esa zona minera de gran historia

donde nació el socialismo, donde nacieron los Prieto y compañía.

Este otro Bilbao posmoderno sería, más bien, humo,

si no hubiera esas raíces.

Aquí y ahora la recuperación y el reconocimiento de una historia,

tal vez la más íntima de la ciudad,

y el saber de unos hechos, desconocidos para una gran mayoría,

nos permite redescubrir esas raíces, reescribir unas biografías

e indagar en el porqué de unos lugares

que, aunque a veces no se quiera reconocer,

son algo propio que debe permanecer en la memoria colectiva

de esta ciudad de la que a diario se habla en medio mundo.

Bilbao, que para cualquier natural es así de grande,

fue, sin embargo, en su origen una pequeña población

en el camino que unía Burgos con Bermeo,

puerto natural de embarque hacia el norte de Europa

del grano y las lanas castellanas.

Es villa desde 1300,

desde que don Diego, más por interés que por amor,

le da la carta puebla a Bilbao..., pero le da la carta puebla,

fundamentalmente, para que sea el puerto de la lana castellana

que llega por San Antón y él cobra sus diezmos y sus impuestos.

Su posición estratégica, aguas arriba de una ría,

a resguardo del mar y de la avaricia de los piratas,

animó a los castellanos a fundar la villa.

La carta puebla de Bilbao dice que Bilbao fue puerto antes que villa

y, de hecho, este puerto podíamos dividirlo en dos zonas.

Una es la zona izquierda, que recogía toda la zona minera,

y que se ocupaban las ferrerías

y en la margen derecha estaba lo que podríamos llamar

el tráfico comercial marítimo, que en este caso venía por la ría.

Ambas se unían a través del puente de San Antón.

-La Villa de Bilbao ha sido siempre, poblacionalmente, pequeña.

A muchos bilbaínos les sorprende cuando decimos que Bilbao

era pequeño en población. En 1825, a principios del siglo XIX,

tendría unos 12 000 habitantes... más o menos.

Claro, esto nos parece poco,

porque Sevilla tenía 100 000 en la misma época.

en realidad, Bilbao crecerá a raíz de la industrialización

y se sitúa ya, después de los ensanches, en 1900,

con 95 000 habitantes, ya superando los 100 000 cuando pasa al siglo XX.

El gran momento del desarrollo urbano

es la posterior expansión a finales del siglo XIX

por el llamado ensanche.

Era la ciudad que requería el nuevo Bilbao industrial

y se plantean diferentes proyectos.

El que vería finalmente la luz sería el de Alzola, Achúcarro y Hoffmeyer,

aprobado en 1876,

que combina la visión rotunda de Cerdà en Barcelona

con una herencia barroca y clasicista

donde destacan las diagonales y la gran plaza central

de traza elíptica que es la actual Plaza de Moyúa.

Surge, en verdad, una nueva ciudad

que enseguida se engalana y ennoblece

con nuevas y modernas construcciones.

En aquel ensanche pijo,

que no era en realidad Bilbao, sino la República de Abando,

que posteriormente se incorporaría al municipio bilbaíno,

se instalan familias de ilustre apellido

enriquecidas por sus actividades durante la Primera Guerra Mundial,

cuando España fue un país neutral, y Bilbao un gran centro de negocios

que atendía las demandas de todos sus contendientes.

En Bilbao se produce una circunstancia

que no se da en otras ciudades:

la villa burguesa está en el llano, en la parte baja,

una zona bien comunicada y mejor construida;

mientras, los barrios de aluvión que crecieron improvisadamente

al calor de la inmigración masiva, están ladera arriba,

encaramados en cerros.

El término de los Barrios Altos hace referencia a la orografía del terreno

en relación al casco viejo de Bilbao, a Las Siete Calles.

Era bastante diferente a lo que era la forma de vivir

del resto de Bilbao, que siempre ha sido muy burgués y biempensante,

muy católico desde principios, y eso también le ha marcado mucho.

Toda la cultura victoriana... Todo eso se contrastaba

con lo que estaba pasando en los barrios de trabajo.

En estos barrios se trabajaba. En el resto...

En la margen izquierda se trabaja y en la margen derecha se comercia.

-Al eclosionar el tema de las minas, ya a finales del XVIII-XIX,

esa zona se transforma en una zona obrera,

pero no solo hay obreros, hay pequeños comerciantes,

hay pequeños empresarios...

A partir del año 1870, las oleadas de inmigración minera

habían desbordado el arrabal de Bilbao la Vieja.

Los numerosos caseríos dispersos por aquella zona de monte

fueron derribados por el avance de las explotaciones mineras

y la construcción de viviendas que albergarán a los inmigrantes.

Comienza a surgir en Bilbao un incremento enorme de población,

y gran parte de ese incremento está compuesto por inmigrantes

que vienen de las provincias limítrofes

a trabajar en la minería y en la construcción

y que van a vivir en esa zona.

-Y los barrios van subiendo.

Son como gradas que van subiendo desde aquí hasta las minas.

-Y, de hecho, va a haber un momento en la historia de Bilbao

en que el 50 % de la población va a vivir en este barrio.

Y eso es una barbaridad.

-Una ciudad que parte de 40 000 habitantes...

termina el siglo con 80 000. Viene a doblar los habitantes,

fundamentalmente a base de la inmigración.

-Hoy día se habla del sistema de cama caliente,

de los pisos patera, con bastante sentido despectivo,

pero esa ha sido la tónica habitual en estos barrios desde siempre.

-Los pisos patera de nuestros días son hoteles de lujo

comparados con las casas en las que vivían aquellas familias.

-La gente vive en cualquier lado. Podían vivir en patios,

sin baño, sin ningún tipo de higiene pública y casi ni privada.

-Ha habido censadas más de 40 personas

en viviendas de estas calles.

-La Casa de Goma, que es una casa de los años 40,

pero ese tipo de casas, que les llamaban así,

porque había camas calientes y allí entraba y salía cantidad de gente

y tenía, en un espacio muy pequeño, una capacidad de albergar a gente

absolutamente increíble y por eso le llamaban la Casa de Goma,

porque se podía estirar hasta límites insospechados.

-Este hacinamiento conllevaba una mortalidad,

sobre todo una mortalidad infantil, aterradora.

Prácticamente uno de cada cuatro niños

que nacían Bilbao en el año 1900

moría antes de cumplir el año de edad.

En el barrio de la Palanca esta proporción es casi de uno a tres.

Los niños morían, fundamentalmente, por hacinamiento,

por falta de higiene, por una alimentación deficiente,

pero detrás de esas causas

subyacían problemas sociales derivados del hacinamiento.

Como es sabido, Bilbao ha estado muy ligado desde su fundación

a las actividades portuarias y comerciales.

La historia del puerto bilbaíno podría ser contada

como la de un continuo desplazamiento hacia el mar,

en busca del mar.

Cuando las necesidades de carga y descarga de barcos

de mayor tonelaje ya no era posible en el puerto ubicado

a la altura del puente de San Antón, este se va ampliando

por el Arenal, Arriaga, Erripa, Sendeja, Uribitarte...

hasta donde ahora se alzan las torres de Isozaki.

Y ahí es donde se sitúa el puerto franco

y todos los almacenes de carga y descarga

y va a ser, digamos, el centro del puerto.

Ese va a ser el puerto del siglo XIX y gran parte del XX.

Luego, con el tiempo, tendrá que retrasarse cada vez más

hasta que se crea el nuevo puerto fuera de la ría.

La ría bilbaína contaba a finales del siglo XIX

con 14 km de muelles y diques desde la desembocadura del Abra

hasta el Arenal bilbaíno.

El trabajo del puerto es uno de los trabajos

que no ha cambiado casi nada a lo largo de la historia.

Lo que han cambiado son los barcos, los tipos, la tecnología...

En este sentido hay muchas fotos del Bilbao antiguo,

incluso del puerto también, del puerto comercial,

en el que se ven imágenes de hombres y de mujeres

cargando y descargando los barcos. Era un trabajo muy mal pagado,

muy duro, muy pesado, se pagaba... a descarga.

Es decir, hay que descargar este barco

y necesitamos tantos hombres o mujeres.

(Música suave)

Se hace necesario destacar dos colectivos femeninos

estrechamente ligados a su actividad comercial:

las cargueras y las sirgueras.

Dos elementos básicos del engranaje portuario de Bilbao.

La gente se pregunta que por qué, realmente,

trabajaban más las mujeres en el muelle que los hombres.

La cuestión es sencilla: es económica. Las mujeres,

en principio, cobraban menos y eran más dóciles que los hombres.

Según Argos, un cronista de la época,

que era el seudónimo de Sabino Goikoetxea,

la de las cargueras era una de esas carreras especiales

cuyos estudios se hacían únicamente en las plazas y calles de Bilbao.

Un título que se alcanzaba, a juicio del articulista,

a fuerza de sudores y de zurriagazos.

Las cargueras eran aquellas mujeres

que se dedicaban a la carga y descarga de los buques.

Hay que tener en cuenta la situación: tenían el buque que estaba en la ría,

luego unas tablas finitas por las que tenían que pasar las mujeres

para coger la carga y descargarla, y el muelle en sí.

En el año de 1860 se establecían tres categorías distintas.

Algunas de ellas se dedicaban a ser correveidiles

entre los comerciantes y patronos de barcos

y lo que hacían era llevar el dinero o mensajes.

Al tiempo, estas mujeres se dedicaban a la limpieza

de los almacenes y oficinas.

Era una carrera..., no sé cómo decirlo..., como muy especial,

porque muchas de ellas se dedicaban a trabajar en las operetas,

en el teatro, eran actrices.

Realmente eran las actrices de la época.

Una segunda clase tenía mejores condiciones de trabajo

y mejores condiciones económicas:

eran aquellas que se dedicaban a la descarga del bacalao,

tan importante el Bilbao.

Cada carguera tenía su cesta, que la tenían que pagar ellas,

entonces se podían encontrar hasta 70 cestas

colocadas en una hilera, en una fila, esperando a que viniera el barco.

Finalmente estaban las que realizaban el trabajo más duro.

Se llamaban venaqueras, que venía de vena, de beta.

Eran las que se encargaban de la descarga del mineral.

Tenían que ser propietarias de sus cestas

y estas cobraban por jornal diario. Unos 10 reales.

10 reales diarios con un horario de 6 de la mañana a 6 de la tarde.

Y ya hiciera... O sea, lloviese, hiciera calor... Daba igual.

En el año 1886 la situación de las cargueras

se había deteriorado de tal manera que algún forastero

envió comunicados a los periódicos bilbaínos

mostrando la mala impresión que le había causado

ver en un país tan culto a un hormiguero de mujeres

afanarse en la descarga del carbón.

Unas embarazadas, otras ancianas,

algunas madres que dejaban a sus hijos de pecho

envueltos entre guiñapos, acostados sobre unas piedras

que había en la rampa y que hacían las veces de cuna.

Para las mujeres este trabajo era muy importante,

porque suponía unas moneditas, tanto para solteras como para casadas,

que aportaban a la economía familiar en un mundo donde la mujer

tenía pocas posibilidades de trabajar en otra cosa

que no fuera su caserío o algo así.

Para los gacetilleros de "La lucha de clases"

estas cargueras, fuertes matronas,

ponían de manifiesto la gran corrupción moral

que imperaba en la sociedad bilbaína de 1897.

El contraste entre las mujeres que trabajaban

estas actividades tan duras,

el contraste con las señoritas burguesas, era brutal.

Eso era una imagen que, quieras que no, llamaba la atención.

(Música)

Otra de las duras realidades de la zona portuaria de Bilbao

era el trajín de las mujeres que trabajaban en la sirga.

Bueno, las sirgueras, este trabajo ya es de lo peor

que nos podemos encontrar asociado al puerto.

No duró mucho tiempo. A pesar de la fama que le damos,

las mujeres sirgueras no estuvieron muchísimo tiempo.

Ellas se encargaban de remolcar las gabarras hacia Olabeaga,

pero también existía ese trabajo de gabarra desde la entrada,

desde Portugalete o Santurce, hacia Bilbao.

O sea que había diferentes trayectos.

-Este trabajo consistía en que se reunían las mujeres

y arrastraban unas gabarras que estaban cargadas con material

y las arrastraban gracias a, mediante un tirante que les cruzaba el pecho,

pues, con una maroma, hacían que esa gabarra se moviera

y que el mineral llegara donde ellas querían.

-Eran mujeres pues que, realmente, eran muy pobres

y que tenían que hacer eso

porque, sino, pues no podían sobrevivir ni ellas ni sus familias.

La cosa fue tan escandalosa en cuanto a la dureza de ese trabajo

que salió varias veces en prensa denunciando la dureza del trabajo,

que no había derecho a que eso lo estuvieran haciendo mujeres,

pobres mujeres, además el periódico habla de mujeres famélicas,

o sea, que no... Eran pobres y, entonces, están mal alimentadas,

y entonces era más duró todavía.

-Todo el mundo reconocía la dureza del trabajo,

pero la gente era como si se tapara los ojos.

Desde el mismo "Noticiero bilbaíno",

órgano de expresión de los comerciantes de la Villa,

se alzaban voces en 1881

con el propósito de prohibir este tipo de trabajo.

Se consideraba que las mujeres debían ser sustituidas

por yuntas de bueyes, si bien, reconocían,

que en algunos tramos, dada su dificultad,

se deberían alternar ambas fuerzas, femenina y animal.

Dicen que se podrían sustituir por el trabajo de los animales

pero, claro, era muchísimo más caro mantener una yunta de bueyes

o a las mulas, que a las mujeres.

Los yacimientos de hierro de la Villa de Bilbao

arrancaron a mediados del XIX,

antes, si cabe, que en Gallarta o Triano

y su historia, no muy conocida, fue, sin embargo,

de gran trascendencia para el desarrollo de la ciudad.

Las minas se mantuvieron productivas algo más de 100 años

modificando de raíz el paisaje del Botxo.

Emiliano Valdicián tiene ya 70 y bastantes años,

de los cuales dedicó 40 a la mina en las más diferentes ocupaciones.

Nació en la montaña cántabra, cerca de Reinosa.

Mis padres eran unos labradores. Vivíamos cinco hermanos...,

mis padres siete, mi abuela ocho... estuvimos en casa. Nos defendíamos.

Pero ya..., cuando uno llega a cierta edad,

ya tienes que abrirte el horizonte, porque aquello daba para cinco...,

o sea que cada uno tuvimos que romper por el camino de enfrente.

Y yo, por medio de una amistad que tenía aquí en Bilbao,

me vine aquí a trabajar a Bilbao, sí.

La ciudad había crecido alrededor de dos yacimientos,

uno frente al otro, separados por la ría.

Miribilla, que dio lugar a los Barrios Altos,

Bilbao la Vieja, San Francisco y Cortés;

y la Mina del Morro, que impulsó la expansión de Santutxu.

Toda esta zona de aquí, hasta San Adrián, lo cubrían minas.

Y después estaba la Mina del Morro,

que estaba a la parte de allá de la ría, también.

El trabajo del minero en los cortes era muy sacrificado,

y eso que al final se hacía con máquinas

en vez de al hombre con caballos.

La mina de San Luis, cuando yo llegué aquí, estaba renovándose.

Entonces empezaron a venir camiones de Inglaterra, unos Euclid de 30 t,

maquinaria también, la maquinaria NCK y maquinaria de excavadoras...

Y, en fin, se renovó todo, porque antes aquí la gente,

antes de venir yo, como sucedía en todas las minas,

la gente trabajaba en los tajos a base de cesto,

a base de saco a cuestas para no mojarse

y a base de cargar vagones y a base de reventarse los riñones.

Así trabajaba la gente entonces.

Toda una generación de trabajadores

se partió el pecho y se retorció los riñones

arrancando el mineral llamado el rubio,

esa preciosa roca de hierro que afloraba en esta colina

hoy colonizada por 3000 viviendas.

¿Se imagina alguien abriendo la ventana de casa

frente a una chimenea de calcinación?

Pues eso ocurría en Miribilla.

Pero alguna ventaja debía tener vivir tan cerca del tajo.

La empresa me dio una casa para vivir aquí, en la calle Miribilla,

que hoy están tiradas, donde está la ikastola. Ahí vivía yo.

Y tenía el taller como a 30 m.

A lo mejor tenía que salir a las 10 de la noche,

y le silbaba a la mujer y le decía: "Tírame un bocadillo",

y por la ventana me lo tiraba para continuar el trabajo.

-La mujer en la mina, básicamente, se dedicaba a labores de menudeo.

Las labores de menudeo eran, más que nada, clasificar el material.

Claro, trabajaban muchísimas más horas que los hombres,

condiciones salariales peores,

ganaban muchísimo menos que los hombres,

y tampoco estaban sindicadas.

-Ha habido bastantes mujeres. Igual había hasta 15 o 20 mujeres,

porque en las cintas había tres trómenes

y cada cinta tenía 5 m o algo así. En invierno... Usted me dirá...

Con el frío, guantes de goma...

que tenían también los guantes helados, no había calefacción...

Últimamente ya se les hizo con unas virolas, que las hice yo,

unas estufas en las que se metían unos troncos

y parecía que caldeaba un poco los lavaderos.

Era un trabajo de hombres, de mujeres, e incluso de niños,

llegados de todas partes.

Galicia, Extremadura, Cantabria,

de todos los pueblos donde en aquellos años...

De Castilla... Donde aquellos años salía la gente

porque no tenía medios allí para defenderse.

Y venía buscando aquí el bienestar. Claro, a reventarse aquí,

pero sacaban un jornal que allí no le tenían, en su tierra.

Aún quedan vestigios de aquel pasado próspero y duro.

El más fantástico es una galería de la Mina San Luis.

Pasa bajo un edificio de viviendas y desemboca en la ría,

donde las vagonetas descargaban el mineral en los barcos.

Detrás de un portón metálico,

en el número dos del flamante Muelle de Martzana,

junto a un restaurante y varios talleres,

se abre Bilbao a su pasado minero, a veces trágico.

Estábamos un día el facultativo y yo mirando que estaban barrenando

y pusieran unos tacos para deshacer la caliza

y yo vi que había entrado cinco y les conté cuando salían

y le dije: "Osoro, solo han salido cuatro".

Y dijo: "No me jodas". Y dije: "Sí, solo han salido cuatro".

Dice: "Vete, vete".

El hombre le tenía mucha... alergia a la sangre y eso

y cuando subí yo allí... encontré lo que era la realidad.

El casco por un lado, la cabeza por otro...

y le había descuartizado la pega. Porque le cogió en todo el centro

la pega de todos los tacos de piedras explotándose.

Bilbao la Vieja era el patio trasero

de aquella floreciente villa comercial industrial.

Había sido, desde antiguo, parada y fonda de peregrinos de Santiago

que realizaban el camino de la costa,

puerto al que arribaban marinos procedentes de Inglaterra o Flandes

y punto de encuentro obligado de acemileros de Castilla.

Quizá por eso, que no solo por eso, tuvo siempre lugares donde desahogar

necesidades espirituales y físicas.

La prostitución es tan vieja como las ciudades y la civilización.

En las Siete Calles este tipo de alternes

estaba muy mal visto desde la edad media.

Aquellos primeros y bilbaínos, escandalizados y preocupados,

recurren incluso a Isabel La Católica.

Una serie de vecinos de las Siete Calles piden que,

por favor, las mancebías y todo ese tipo de actividades,

salgan del casco viejo, de las Siete Calles,

y se vayan al otro lado de la ría.

Al otro lado de la ría es donde están todas las actividades insanas.

Están los Caleros, están los hospitales,

las leproserías... Y piden que se marche al otro lado de la ría

este tipo de actividades que, por supuesto,

no están en concordancia con unas Siete Calles

burguesas, católicas, biempensantes.

Convertido en barrio eminentemente minero y obrero para finales del XIX

durante las primeras décadas del nuevo siglo,

las calles de San Francisco y Cortés se erigieron también

en centro de prostitución. En la década de los 1920

ya contaba con cerca de 300 prostitutas.

Apareció lo que desde los periódicos de izquierdas

se llamaba una prostitución de mujeres obreras.

Son mujeres claramente jóvenes que trabajaban como modistillas,

dependientas, en el servicio de casas...,

entonces se habla de una especie de prostitución encubierta.

-Tenemos desde cientos de mineros,

trabajando de aquí a 250 m en las minas,

y todo el muelle de carga.

Son cientos de hombres que han venido a trabajar de manera esporádica,

muchos de ellos no se van a quedar, viven en estos alrededores,

pero vienen sin familias, vienen solos.

-Luego nos encontramos lo que era también la mancebía, las mancebas.

Es decir, gente pudiente, hombres que se lo podían permitir,

cogían a una chica, la ponían un piso, y la tenían allí.

La mayoría de estas mujeres sabían perfectamente en lo que se metían.

Sabían que si ejercían la prostitución

era para conseguir un sobresueldo.

-Ahí se va dando un caldo de cultivo especial

para que se den este tipo de relaciones.

-Luego, las callejeras, la prostitución de calle,

tradicionalmente se daba por la zona las Cortes, la zona de Miribilla...

Por sí tan abigarrada vecindad fuera poca, se había construido en 1868,

sobre el solar del antiguo Convento de los Franciscanos

que había dado nombre a la calle, un cuartel del ejército

que albergaba casi a mil soldados cuya función había sido

reprimir las revueltas obreras.

El cuartel de caballería trae 700 y pico chavales a una ciudad

que para nada está a la altura de sus deseos.

-Hay momentos en los que, en plena guerra carlista,

más de 100 soldados de la guarnición de Bilbao

no estaban en condiciones de combatir por tener enfermedades venéreas.

-Eso es una prostitución de una clase ínfima.

No tiene glamour ni ninguna forma atrayente.

A través de los testimonios de Tomás Meabe, que fue fundador

de las Juventudes Socialistas en 1903, y Julián Zugazagoitia,

se descubre el panorama dantesco

que se vivía al otro lado de la iglesia de San Antón.

Tomás Meabe escribía sobre esta degradación

de los barrios más bajos que altos y decía textualmente lo que sigue:

"Aquí viven los obreros peor pagados

y un mundo extraño de indigentes, buhoneros, embestidores,

colilleros, ladrones pobres de toda la haya, peseteras,

rufianes, alcahuetas, revolvedores, echacuervos...".

Socialistas y republicanos tenían mucho peso en San Francisco.

Pedían a los obreros que lucharan,

que no tiraran su vida emborrachándose.

Y la Palanca poco ayudaba.

Aunque los sueldos de mineros y metalúrgicos

seguían siendo magros, siempre quedaba algo en el bolsillo

para alegrar el cuerpo.

También se ha dicho que ya en el XIX, políticamente,

el barrio de Bilbao la Vieja era un barrio socialista.

Hay que matizar. También había mucho republicano

y también había mucho monárquico.

No de corazón,

pero si monárquico efectivo.

Porque en la época de Chávarri,

cuando Chávarri, que era el cacique de Vizcaya,

crea la Piña, un organismo de derechas,

hoy en día diríamos de extrema derecha,

unta a la gente para ir a votar.

Unta y, evidentemente, hay gente que por dinero

se hace monárquico de la noche a la mañana.

Y fundamentalmente se ha dicho que era socialista

porque allí recala Facundo Perezagua.

Facundo Perezagua es un señor de Toledo

que viene aquí comandado por Pablo Iglesias,

un hombre muy radical, tan radical que con el devenir de los tiempos

tiene la gran bronca socialista con Indalecio Prieto.

Y Facundo Perezagua será uno de los fundadores

del Partido Comunista de España. Fue concejal del ayuntamiento.

Un hombre tremendamente radical, un hombre que fue radical en todo,

en las huelgas, en sus discursos... Debió ser tremendo.

-Yo oía a mi padre que en el portal de al lado,

que yo soy del 26 de las Cortes,

en el 24, vivió y murió Facundo Perezagua.

Que era un político, debía ser socialista, y murió.

Fíjate, y es lo que me extraña a mí siempre,

¿era comunista o socialista?

Y en la caja de muerto llegó a la quinta parroquia...

y todavía la gente estaba en mi barrio, en mi portal.

El gentío que fue... Facundo Perezagua.

-Además hay que destacar

que los hombres que salían en las elecciones para el ayuntamiento,

como era un barrio muy numeroso, tenían muchos votos.

Entonces, el voto socialista, sobre todo en socialista,

tuvo mucha importancia, fueron hombres comprometidos con su barrio

y que lucharon en todo momento en un ayuntamiento

donde las reglas democráticas no es que brillarán mucho,

pero hicieron todo lo posible.

Y ahí están todas las actas del ayuntamiento

para quien las quiera ver, de todas las iniciativas

que estos hombres tomaron para ayudar al barrio.

(Música lenta)

La Palanca era piedra de escándalo para los espíritus moralizantes.

Existía, desde luego, una doble moral.

Aunque las autoridades afrontaron pronto los problemas

derivados de la prostitución e intentaron encauzarlos.

El comienzo del servicio de higiene especial,

que era como llamaban al servicio que, podíamos decir,

de prevención de enfermedades de transmisión sexual,

arranca en el año 1872 a propuesta de concejales republicanos,

de Cosme Etxebarrieta.

Tiene un modelo muy claro a seguir,

que es el modelo de lo que se había hecho en París

y luego en otras ciudades francesas

y posteriormente en Barcelona y en alguna otra ciudad española.

El servicio estaba encaminado

a evitar el contagio a la clientela de la prostitución

y lo que hace es someter a un reconocimiento semanal

o bimensual a las prostitutas. En Bilbao funcionó muy bien.

En Bilbao yo creo que funcionó mejor.

En parte porque, aparte de las casi 200 prostitutas censadas

en el año 1872 que trabajaban en casas de prostitución,

Bilbao, a diferencia de otras ciudades,

admite también a estos reconocimientos

a las prostitutas que trabajan por libre,

a las peripatéticas que no están adscritas a ninguna casa.

A comienzos del siglo XX el servicio de higiene especial

que había recorrido distintos locales, todos ellos muy pobres,

se encontraba en una situación

que los concejales socialistas y republicanos del Ayuntamiento

consideraban que el servicio era insuficiente.

Entonces el líder de los concejales socialistas, Facundo Perezagua,

promueve una reforma del servicio

fruto de la cual es la construcción de un nuevo consultorio

que ya está situado en el corazón del barrio de la Palanca,

en la Plaza de la Cantera.

La prostitución inicial dio paso en las primeras décadas del siglo XX

a la época dorada de la Palanca

en la que se trata de imitar el glamour de París.

La apertura de prostíbulos, teatros, cabarets y restaurantes,

entre otros locales, muestra una pujanza y popularidad

que ni la llegada de los vencedores en la guerra fue capaz de borrar,

a pesar de intentarlo.

Y la Palanca, en esa imagen que yo tengo, fue un lugar mítico.

-La Palanca tuvo mucha permisividad de los distintos gobiernos

y prefirieron que la alegría se diese allí.

-Era un lugar de diversión. Era un lugar de muchos contrastes.

Era un lugar popular.

Era un lugar de historias y de relatos

de estos que probablemente no aparecen en los libros de historia.

-A mí muchos señoritos bilbaínos me han explicado,

estos últimos años que he sido alcalde,

que "cómo era la Palanca, alcalde...

Salíamos nosotros de la juerga a las 6 de la mañana

cuando los obreros iban con su maletita a Altos Hornos".

Unos a trabajar, otros a dormir de la juerga...

Jerry, José María Bilbao, ya jubilado,

que fue saxofonista y director de la Banda Municipal de Bilbao,

iba para sastre, pero acabó tocando en los cabarets de la Palanca

cuando las Cortes eran un barrio alegre.

Yo fui de sastre y al mismo tiempo con la música.

Y yo era un buen sastre, ¿eh?

Sí, sí. Era un buen sastre.

Lo que pasa que me puse a trabajar

y, pues, caramba, con esto de la música,

pues con el gusanillo,

pues también me puse a trabajar en orquestinas

y una de las orquestinas que trabajé

era en la calle las Cortes, lo que era la Palanca.

-Porque llevo mis prendas de colores me critica la gente.

Unos dicen que soy esto y otros dicen que soy lo otro.

Pero a mí no me importa.

La gente que diga. Me visto de colorines porque a mí me da la gana.

Me visto de colorines. Los zapatos los llevaba de un color,

la blusa de otro color...,

y quedé Colorines porque los jefes de las salas

me decían: "Cántanos el colorines".

Porque yo después del colorines, habló. O sea, que era un showman.

(Música cabaret)

Yo nací en el Gimnasio. Gimnasio 5, número 1.

Número 5, primero izquierda.

Había como unos 100 bares en las Cortes, o más.

Villa Rosa, Conga, Maxim's,

Gato Negro, Póquer, Tirol...

Una exageración.

Con orquesta. Ocho o diez con orquesta.

-Estaba el Maxim's, el Buruña,

estaba el Villa Rosa, el Bolero,

estaba también el Tropical...,

estaba el Shangai...

-Yo creo que en los años 60 o 70

la Palanca era un motivo de atracción para toda la población de Bilbao,

en unos años en que las distracciones no eran muchas,

la Palanca era un espacio de libertad, de cierta libertad.

-Luego el Bataclán... Cuando se montó el Bataclán fue un boom.

-En el Shangai, allí, por cierto, que actuó... este..., Michel,

un famoso cantante que hubo en aquellos años.

-Yo el barrio lo odiaba, como lo hemos odiado todo el mundo,

por ser del barrio que era, pero yo, el primer día que entré,

me gustó porque me trataron tan bien...

-Hacían espectáculos todos los días y se ponía así de gente.

De todo Bilbao. Matrimonios... En fin. Toda la gente buena.

-Ahí me he tirado nueve años en la misma sala.

-Antonio Machín ha estado allí.

Pepe Blanco.

-Aunque se ejerciera la prostitución,

allí existía también la costumbre de ir cuadrillas.

-Nosotros decíamos: "No, esa mujer es de la vida".

Decíamos mujer de la vida y ya sabíamos que siendo mujer de la vida

era una que andaba el negocio. -Era rara la noche

en la que no había que hacer dos visitas a domicilio a la Palanca,

normalmente a prostitutas.

-Una portuguesa guapísima, una belleza de mujer,

que no hablaba con los tíos. Con la mirada. Ahora, escogía.

-Cumplían luego muy bien con los tratamientos que se les mandaba

y fuera de todos los estereotipos o de todos los tópicos

acerca del descaro... Era gente muy respetuosa.

-Joder, en la escalera había una que tenía un hijo. Y enfrente.

Y andábamos chavales de la cuadrilla. Y eran chavales normales.

No manguis, como muchos dicen, no, no.

Gente que iba a estudiar y después se pusieron a trabajar,

como los demás...

-Tenía cuatro hijos y me decía: "Me he tenido que meter a esto

porque me separé del marido. ¿Con qué mantengo mis hijos?

¿Fregando escaleras? ¿Con que los llevó al colegio?".

Por eso quiero que se sepa que las prostitutas,

muchas no es porque quieren ellas, porque se ven tiradas en la calle

porque el marido las ha dejado, por lo que sea,

que no nos interesa a nadie.

-A la Palanca ibas sin ningún problema

porque era una zona completamente segura.

No había robos, no había agresiones.

-Pero si uno se adentra en la época, ve que las puñaladas, las palizas...

y lo que trataríamos ahora como delitos,

son también un hecho.

-Era frecuente entonces, a los visitantes de otras ciudades,

acompañarles a la Palanca, enseñarles la Palanca

con cierto orgullo bilbaíno de decir este barrio es nuestro,

y este barrio es mejor que lo que hay en cualquier otra ciudad de España.

Y se enseñaba. Se enseñaba y no es extraño

que en una reunión de médicos, por ejemplo,

que venían médicos de otras ciudades a algún congreso o simposio,

un grupo importante saliera después, o incluso pidieran a los anfitriones

que les acompañaran a conocer la Palanca.

Bilbaínos de todas las clases sociales

asistían a los muchos y variados espectáculos

que se ofrecían en la Palanca.

No eran solo los marinos a los que cantara Brel

o los mineros y proletarios de las explotaciones próximas,

sino también era lugar de cita de la burguesía hipercatólica

despreocupada ocasionalmente de sus pecados,

de jóvenes alegres en busca de jarana,

era espacio de celebración de las despedidas de solteros,

punto de encuentro de los domingueros que asistían

al partido del Athletic, destino final obligatorio

en la escapada furtiva de los caseros de los pueblos de alrededor

y distraído paseo de mirones con o sin prejuicios.

Cuánta gente de los pueblos de Bilbao ha venido al partido del Athletic

y luego pasaba por la Palanca para darse una alegría al cuerpo.

Las cosas como son.

-Había jugado el Athletic contra el Barcelona

y se habían metido de chufla al Maxim's

y allí salió Villaverde o Valverde, un sudamericano del Barcelona,

que era moreno, y Kubala, y las mujeres, y entre ellas mi madre,

decían que qué guapo el rubio y otra decía que el moreno era más.

Y habían pasado allí toda la noche de chufla en el Maxim's.

-Después de la guerra civil, yo creo, es cuando empiezan a aparecer

más prostitutas andaluzas y luego muchas que dicen ser andaluzas.

-Yo he visto una que se llamaba Pepita Sevilla, que cantaba saetas,

una mujer con un estilo y una categoría

que no se sabía si era prostituta.

Esa hacia su rollo, se los llevaba a su casa,

nadie se enteraba... Tenía un estilo...

-Habido incluso prostitutas de renombre en la Palanca.

A mí algunos señores de esos, que son ahora octogenarios,

me hablan de la Topolino, la Topo, con veneración.

-Entramos y dice: "Vamos a tomar una copa a las Cortes".

Y vamos a las Cortes, entramos en el bar de los travestis

e iba con nosotros ese señor y... coño, ves los tíos, joder, como tías.

Y el tío se conoce que vio una que le parecía buena

y le dije a uno que estaba conmigo: "¿Ese sabe dónde ha ido?".

"No sé, con una chica". "¿Con una chica? Ya verás cuando baje".

-El primer travesti que hubo fue el Trianero.

El único que se vestía de mujer. Era Juanito el Trianero.

Luego ya empezaron uno, otro, otro... Todo dios se vestía de mujer.

Los tíos que iban castaña no sabían si era pulpo o calamar.

-Al poco rato baja con la gorra, la tira, la pisa...

"Me cago en..., yo, un vasco, ir con un tío...".

Me decía que le daría por tal o le daría por cuál.

Fue la risión padre. Yo me partía de risa.

-Cantidad.

Pero, nada, llegaban, a los clientes, "hola, una copa", tomaban unas copas

y si querían se iban o no se iban.

-Las chicas también querían sacar una propinilla para la orquesta.

Entonces, pues al que estaba allí con él...

"Oye, fulanito, una propina para la orquesta

que van a tocar una cosa que les he pedido y tal".

(RÍE) Oye, pues toca un bolero, o un chachachá,

O toca esta canción o la otra. Y sí. Pedían y...

O sacaba una botella de champán para la orquesta.

-La Palanca ha sido internacional. Esto era 1 km y pico de bares todos.

Uno, otro, otro, otro... Vino un sobrino mío a verme

y lo baje a trabajar, tenía que bajar a trabajar,

y al entrar por la calle Zabala,

como se veían todos los locales encendidos,

me dice mi sobrino: "¿Hay romería aquí, o qué?".

Fueron muchos los que disfrutaron de las noches alegres de este barrio

que en una ciudad mojigata y reprimida

ofertaba baile, juego, música en directo, hermosas mujeres...

Aseguran que en la Palanca no llovía nunca en sábado,

aunque lloviese en el resto de la Villa,

porque allí se celebraba la Feria del desmadre.

Aquella sonrisa roja de carmín,

la mirada triste al decir adiós.

Aquella sonrisa roja de carmín,

la mirada triste al decir adiós.

Nena, nunca la podré olvidar.

Nena, nunca la podré olvidar.

Aquella Palanca de las luces de neón,

de orquesta, variété y labour

poco tiene que ver con la de los pasados 80,

y casi nada con la de los 90 y 2000.

Pues la decadencia del barrio tiene diferentes lecturas.

Cuando hemos investigado un poco, hay gente, mucha gente,

que lo relaciona con la entrada de la heroína.

-Parece que hubo un cambio de ciclo,

pero yo creo que tuvo que ver con que las clases populares,

a medida que tuvieron un poder adquisitivo mayor,

fueron saliendo de la Palanca.

-Hay un cambio radical. Las mismas prostitutas,

la forma de vida, la forma que ellas tienen de hacer el acto sexual,

incluso, hasta ese momento, ellas son trabajadoras.

Ellas no se desnudan.

-La seguridad que había antes desaparece.

Estas prostitutas de nuevo cuño, chicas jóvenes, heroinómanas,

son mucho más... indisciplinadas, para entendernos,

que la prostituta clásica.

Entonces, la prostituta clásica, elude convivir con ellas.

-A partir de los años 70, 80, las relaciones sexuales pagadas

empiezan a tener lo que sería un poco muy parecido a la vida marital.

Intentan desnudarse, tener actividades, palabras,

formas mucho más maritales de lo que había sido hasta ese momento,

que había sido un acto sexual casi casi sindical.

Había que hacer esto, esto y esto y hacíamos esto, esto y esto.

(Explosión)

En Euskadi hay, y sobre todo en Bilbao,

hay una crisis industrial tremenda.

A Bilbao le deja exhausto.

Bilbao tiene un paro del 24 %.

Se puede imaginar que en unos barrios el paro tiene que ser mucho más alto

para que la media sea el 24 %.

En la Palanca vaya usted a saber a qué cifras llegó.

Pero en la Palanca, además, ocurre otro fenómeno.

En Euskadi, en esa época,

hay una introducción de droga a mansalva.

La crisis hizo que muchas familias tuviesen que marcharse.

Hubo una desestructuración familiar.

Hubo mucha exclusión social.

Hubo droga.

Y todo eso es un caldo de cultivo estupendo

para que el barrio se venga abajo.

Hubo consecuencias, como un analfabetismo importante.

Y el barrio quedó muy muy tocado.

-Aquí empezó a desviarse un poco la cosa

cuando la ría... Cuando la riada.

-La ría estaba llena de chabolas.

De gente que no tenía opción a una vivienda.

Se cogía cuatro tablas o cuatro historias

y se plantaba a la orilla de la ría. Vino la riada y, claro...

A toda esa chabola y toda esa gente había que colocarla en algún sitio...

y mucha gente vino aquí, a San Francisco.

Había pisos vacíos, pisos viejos y tal y cual,

y ahí empezó un poco el deterioro.

-La riada fue la puntilla para nosotros.

Esa riada da la puntilla al casco viejo y a la Palanca

y los vecinos tienen razón.

Seguramente llega un tipo de gente

que viene a colmar un poco ya lo que estoy diciendo.

-En los años 70, 80, tú venías aquí te podías encontrar a tu profesor,

a un cura..., era un sitio muy social,

y a partir de ese momento la hipocresía toma otro cariz

y dicen: "No, partir de este momento todo va a ser íntimo.

Tú me llamas por teléfono...".

Tú vas al palacio del amor, no vas a la calle.

Aquí estabas en la calle y, la prostituta, negociabas con ella

en la calle o en un bar. Ahora no, ahora hablas por teléfono...

Le mandas un e-mail... Es como un secretismo...

Es la misma hipocresía, pero puesta de otra manera,

tampoco vamos a engañarnos mucho.

Es una hipocresía del tercer milenio. Cosmopolita.

-Hoy en día el área de Bilbao la Vieja, San Francisco y Zabala

siguen siendo de las zonas más degradadas de Euskadi.

Tienen un plan específico, precisamente,

para conseguir su rehabilitación, pero yo creo que,

así como la rehabilitación física, más o menos se ha podido conseguir,

es cierto que la regeneración social, no.

-En la estación de Renfe va a entrar el Tren de Alta Velocidad.

Naturalmente hay un plan importantísimo.

Se va a cambiar la zona que no la va a conocer nadie.

Va a ser una zona nueva donde queremos aprovechar

para que no sea una barrera entre el ensanche y Bilbao la Vieja.

Porque el ferrocarril en Bilbao en el siglo XIX, que fue estupendo,

sin embargo, hizo una barrera en la República de Abando tremenda.

De Hurtado de Amézaga para aquí, estupendo,

y de la estación para allí... que les den.

Eso... puede mejorar ostensiblemente si ese ferrocarril

consigue permeabilizar esas vías.

(Música)

Hay mucho sobre la luna de Bilbao, que yo creo que tiene su interés,

si es que vemos las diversas utilizaciones

que se han hecho de la luna

tanto por gente como Aresti, para quien la luna era roja,

como Lauaxeta, el poeta nacionalista que fue ejecutado por Franco,

cuyo autor principal era Federico García Lorca,

la luna verde de la muerte,

como ha habido otras lunas en Bilbao,

pero también la luna de la antropología.

Caro Baroja describe la religión primitiva de los vascos

como una religión centrada en la luna,

y hasta Estrabón hablaba de los vascos

que bailaban bajo la luna, etcétera.

Hay algo sobre la luna, los movimientos de la ría los causa,

de algún modo, el flujo de la luna,

hay una presencia, digamos, lunática,

en esta cultura bilbaína que Brecht lo captó, de algún modo,

en ese poema "Vieja luna de Bilbao".

-Ahora que el carmín tiñe el cielo de tu noche

y la ría en silencio susurra pecados;

hoy que por supuesto hay algo para olvidar,

o quizás simplemente celebro estar vivo

bailando en tus calles,

me pierden tus bares...

Otros documentales - Aquella vieja luna de Bilbao

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El documental narra la historia de Bilbao contada desde la posmodernidad de sus edificaciones urbanas hasta su pasado más tradicional, abigarrado en el puerto, sus callejas y la vida en los barrios.

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Histórico de emisiones:
02/11/2017

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