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Para todos los públicos Órbita Laika - Programa 3: Viaje alucinante al fondo de tu cerebro - Ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

(Aplausos)

¡Hola! ¿Qué tal? Muy buenas.

Buenas noches, ¿qué tal? Hola.

Buenas noches.

Bienvenidos, bienvenidas a "Órbita Laika".

¿Sabéis qué es lo que nos da identidad única e irrepetible?

¿Qué es lo que me diferencia a mí de ti o de mi gemelo idéntico?

Descartes tenía la respuesta, el alma.

Pero lo siento mucho, la ciencia no sabe de almas.

Lo que la ciencia nos dice es que existe una parte de nosotros

que controla todos los aspectos de nuestra vida, el cerebro.

Probablemente, una de las herramientas más fascinantes

y a la vez más desconocidas del universo.

Sabemos que ciertas regiones del cerebro se encargan

de tareas específicas,

que el cerebro interpreta la información que le llega

desde nuestros sentidos, la recoge, la analiza.

Ve patrones y te dice: "Bienvenido a la realidad".

El caso es que no existen dos cerebros iguales,

y, por lo tanto, dos personas iguales.

Aunque todos funcionamos de forma parecida.

Conocemos todo ese proceso, pero la verdad es que es tan complejo

que todavía hay cosas que se nos escapan.

Misterios del cerebro que todavía están por resolver.

Aún queda mucho por conquistar.

Patologías neurológicas que entender.

Ni siquiera comprendemos qué es la consciencia,

por qué somos quienes somos.

Solo sabemos que el secreto lo llevamos todos aquí escondido.

Tenemos un largo camino por recorrer para conseguir

el reto que nos planteaban los antiguos

en el Templo de Delfos, conocernos a nosotros mismos.

Es paradójico que el órgano que define y nos hace ser quienes somos

es, a la vez, el que mayores secretos nos guarda.

Esta noche, en "Órbita Laika", viaje alucinante al fondo

de tu cerebro.

¿Sabías que no es verdad que solo utilicemos

el 10 % de nuestro cerebro?

¿Y que el cerebro del hombre es un poquito más grande

que el de la mujer?

Aunque en este caso, el tamaño no importa.

Porque, tanto los hombres como las mujeres

tenemos el mismo número de neuronas, unas 100 000 millones.

Más de diez veces la población mundial y tantas como estrellas

tiene nuestra galaxia.

La neurociencia estudia el funcionamiento del cerebro,

nos ayuda a entender las enfermedades cognitivas,

a conocer cómo piensan las máquinas

y a saber por qué nos engaña la magia.

El cerebro funciona por impulsos eléctricos,

igual que un ordenador, o más bien un superordenador

porque tiene una velocidad de procesado de vértigo

y una capacidad de almacenamiento cuyo límite ni siquiera conocemos.

Para que luego vayas y sumes con los dedos.

Esta noche, en "Órbita Laika",

descubrimos qué pasa por nuestra cabeza cuando mentimos,

por qué nos asustamos ante un peligro

y comprobamos si se pueden hackear los sentidos.

Ponte cómodo y disfruta de las cosquillas mentales.

(Aplausos)

Mirad estas imágenes.

(GRITO)

¿Cómo procesamos el miedo?

Sabemos que ante una situación de riesgo,

nuestro cerebro da prioridad a información que considera amenazante

antes que a cualquier otro proceso cognitivo.

Según un estudio del centro de salud mental de la Universidad de Texas,

la actividad se inicia en la amígdala,

nuestro centro de control emocional.

Luego interactúa con el hipocampo, el centro de nuestra memoria,

antes de viajar al lóbulo frontal

donde se procesan nuestros pensamientos.

Al mismo tiempo, nuestra corteza motora,

que es la que se encarga de nuestras funciones voluntarias,

nos prepara por si nuestras piernas, por ejemplo,

necesitan echar a correr para huir de la amenaza.

De cómo actuamos ante los peligros que nos acechan

y de nuestros sesgos cognitivos

viene a hablarnos nuestra psicóloga Laura Morán.

(Aplausos)

Hola. Aquí estamos mi cerebro y yo.

Tu cerebro y tú, qué ilusión, de verdad, que estés con nosotros.

Lo primero es lo primero. Yo quiero aprender todo desde la base.

Hemos dicho sesgos cognitivos. Definición.

Qué son sesgos cognitivos.

Te voy a dar una definición un poco pobre.

Son errores que cometemos las personas y los animales.

Pues yo tengo mucho de eso.

(Risas)

-No son errores aleatorios, son sistemáticos

y están programados por la evolución.

O sea que la evolución nos hace generar errores,

pero según te estoy viendo, eso no es una faena,

sino realmente es un favor.

Sí, nos están haciendo un favor porque como asumen

que la vamos a cagar, van a intentar que el error nos salga baratito.

Nosotros vivimos en un entorno en el que reina la incertidumbre, ¿vale?

Entonces tenemos que adaptarnos, interactuar con él, sobrevivir,

pero no podemos a veces pararnos a reflexionar.

Así que tenemos una serie de patrones,

prejuicios y predicciones interiorizados con todos estos sesgos

que nos permiten dar una respuesta rápida.

Y en el caso de cagarla, con perdón, que nos salga baratita.

Es decir, que no pierdas lo que más vale.

La vida. Correcto.

Ejemplo, por favor, un ejemplo. Vale.

Vamos a imaginar con mucha imaginación

que aquí hay un matorral.

Y entonces, de repente, algo se mueve.

¿Qué es lo primero que vamos a hacer? Un pasito para un lado, María,

porque dentro ¿qué puede haber? Un tigre.

Y dices: "Nada, pues te voy a usar de aperitivo, Edu,

y no presentas más programas de 'Órbita Laika'".

No, no... Mejor nos vamos.

Igual luego hacemos el ridículo, Eduardo, porque igual hay un gatito.

Mejor hacer el ridículo que morir. Efectivamente.

Entonces, los sesgos cognitivos nos inducen a error,

nos inducen a ilusiones y te he preparado toda una mesa de sorpresas.

¿Una mesa de sorpresas? Sí.

Ay, vamos a verlo. Vamos.

Vamos a verlo. ¡Empezamos super!

Tenemos una cámara para que también lo vean en casa.

Aquí te he traído un regalo. Mi primera sorpresa.

Un cubo de Rubik...

(Risas)

Sorpresón. Dale vueltecitas, anda.

Que en casa igual lo empezáis a flipar.

Lo que está pasando aquí, yo, desde las matemáticas diría

que esto es un anamorfismo.

Un tipo de proyección que se hace de la superficie en el plano.

Eso es.

¿Desde el punto de vista psicológico?

Pues también.

Lo que nos pasa con el cerebro es que sabemos que vivimos en un mundo

de tres dimensiones,

entonces cuando percibimos la información del exterior

a través del sistema visual empieza a convertirse

en información de dos dimensiones. Y ahí pueden venir los engaños.

Claro, porque el cerebro tiene que volver a traducir la información

a 3D y va a usar todo lo que tenga para dar profundidad.

Los colores, las dimensiones, la perspectiva, los ángulos,

las sombras... Y si parece un cubo de Rubik...

Uno piensa: "Es un cubo de Rubik". Efectivamente.

Tenemos más, ¿verdad? Sí. Sí, sí.

Hay más de estos engaños.

Mira, aquí entre los dos espejos ves unas escaleritas, ¿verdad?

Veo unas escaleras.

Pero no se reflejan de la misma manera en los dos sitios.

Así es.

Y espérate. Ahora yo hago así y va cambiando.

Una simple hoja de papel. Y es el mismo principio que antes.

Efectivamente. Sabemos lo que son unas escaleras,

esas son un poco difíciles de subir, pero usamos la misma información:

los ángulos, la distancia, la proporción.

Completamos la información para que asumamos que es

lo que parece que es.

Y aquí tenemos una cosita como de tres dimensiones.

Es una cosita sencillita que veis, un objetito... Nada.

Esto en tres dimensiones. Lo pongo aquí.

Y empiezas a flipar. ¿Qué ves reflejado en el espejo?

Yo a un lado veo cilindros y al otro unos prismas.

Haz magia, maestro. Si lo giro poco a poco...

Y lo flipas.

Lo que pasa es que el diseño de este objeto de 3D tiene unas formas

que permite que se proyecten unas formas y unas sombras

que hace que el cerebro interprete otra información diferente.

Muy bien. Me parece alucinante que alguien sea capaz de hacer

este tipo de cosas. Sí.

Pues fue un matemático. Un matemático...

Pues mira, eso ya no me parece tan sorprendente.

Ah, bueno, espera, perdona.

El profesor Kokichi Sugihara. El profesor Kokichi Sugihara.

Sí. ¿Sabes una cosa?

¿Qué?

Que lo hemos entrevistado. ¿En serio?

¿Cómo te quedas? Vamos a verlo.

Me estoy enganchando,

me estoy enganchando a estas ilusiones ópticas.

Dame más. No te preocupes, te he traído más.

¿Ves los círculos naranjas, verdad? Veo dos círculos naranjas.

Muy bien, aquí el sesgo de color de género no se aplica.

¿Cuál crees que es más grande, el de la izquierda o el de la derecha?

Yo diría que es más grande el de la derecha.

Muy bien. Piensas como los peces, estupendo.

Esto se investigó... Gracias, perdona...

Era un piropo.

Se puso a los peces para poder moverse de una pecera a otra

y se les dio dos canales, y casi todos los peces

elegían el canal que parecía mucho más ancho,

porque en realidad son iguales.

Lo que hace que parezca mayor es el contexto.

Por eso los sesgos cognitivos son, no solo de los seres humanos,

sino de los animales en general. Otras especies tienen eso también.

Hay una cosa que me sugiere todo eso que me estás diciendo

y volviendo a lo del principio, a esos errores baratos,

los sesgos cognitivos nos permiten mecanismos de supervivencia.

Estamos aquí porque tenemos eso.

Y entre ellos, me llama la atención el miedo.

El miedo es un mecanismo de supervivencia potente

y entiendo que tiene que ver con esto.

Efectivamente, es una respuesta adaptativa que nos pone en alerta

por si hay que salir "cingando" o enfrentarse,

según la valentía de cada uno... Salir "cingando".

Sí, yo también saldría "cingando". Me quito los tacones y voy.

Y además, en ese caso el miedo no solo usa la información del contexto,

sino también la información propioceptiva.

La información sobre tu propio cuerpo,

por eso tenemos miedo a la altura, miedo a los espacios cerrados,

que no fobia. Miedo, que es normal, por si acaso.

Que hay que perpetuar la especie y seguir viendo "Órbita Laika".

Laura, muchísimas gracias. Ha sido un placer.

Un aplauso histórico para ella. Maravillosa.

Guau.

Es que me encanta que me estalle en el cerebro.

Este tipo de cosas me lo estallan.

Por fin hoy vamos a resolver uno de los grandes misterios del universo.

¿Por qué se pegan los bostezos?

Según un estudio de la Universidad de Nottingham, perdón,

el contagio involuntario de los bostezos

tiene su origen en la corteza motora primaria del cerebro.

Un estudio en el que participaron 36 adultos a los que pidieron

que contuvieran sus bostezos mientras miraban clips de vídeo

donde aparecían personas bostezando, que ya es tortura.

Utilizaron una técnica llamada estimulación magnética transcraneal

y probaron que ser más o menos propenso al bostezo contagioso

depende de la excitabilidad cortical y de la inhibición fisiológica

de nuestra corteza.

O sea que la necesidad de bostezar

es diferente en cada uno de nosotros.

Pero también demostraron que nuestra capacidad para resistirnos

es limitada.

O sea, comprobaron que cuanto más tratamos de reprimir un bostezo

más aumenta nuestra necesidad de bostezar.

Imagino que más de uno estaréis en casa desencajando la mandíbula,

así que es el momento más idóneo

para que hablemos un poco sobre sueño.

Vamos con algunas de nuestras preguntas frecuentes,

una sección de la Cátedra de Cultura Científica

de la Universidad del País Vasco.

Esta es Ana, y tras un largo día de trabajo,

está a punto de desconectar por fin.

Pero ¿realmente desconectamos cuando dormimos?

La verdad es que el sueño es una fase de mucha actividad fisiológica

y cerebral.

Lo primero que debemos saber es que hay dos tipos de sueño.

El sueño REM donde los ojos se mueven rápidamente

y el sueño NREM, que es justo lo contrario.

En cuanto cae dormida, Ana entra en la primera etapa de la fase NREM.

Tanto las hondas cerebrales, como su actividad muscular

se va aletargando.

Aquí es donde se producen esos espasmos

que todos hemos sentido alguna vez. Esta etapa dura unos diez minutos.

Luego Ana entra en la segunda fase NREM.

El encéfalo se va relajando y sus hondas se ralentizan todavía más,

pero de vez en cuando, tiene explosiones de actividad.

Su corazón late más lento y su temperatura corporal baja.

Ahora cualquier estímulo podría despertarla,

pero nada la despierta

y Ana entra en las últimas etapas de la fase NREM.

Está completamente inmóvil y sus hondas cerebrales

han bajado al mínimo.

Su presión sanguínea ha caído, y también su temperatura corporal.

Ana está profundamente dormida y así es como entra en la fase REM.

Tanto el corazón como el encéfalo empiezan a funcionar a toda máquina.

Las hondas cerebrales se descontrolan,

la respiración se acelera y se vuelve irregular.

El encéfalo de Ana ha paralizado sus extremidades, pero no los ojos,

que se mueven muy deprisa bajo los párpados.

Ana va a pasar por todas estas fases varias veces a lo largo de la noche.

A eso se le llama arquitectura del sueño y, como saben,

generalmente termina así. Buenos días.

(Aplausos)

Llevamos estudiando el cerebro durante siglos.

De hecho, Leonardo da Vinci ya realizó estudios avanzadísimos

sobre neurología en 1504.

Desde entonces, hemos avanzado mucho,

pero el cerebro sigue escondiendo

innumerables secretos para la ciencia.

Para conocer más sobre su funcionamiento,

demos un fuerte aplauso a nuestro neurobióloga Carmen Agustín.

(Aplausos)

Llevamos estudiando el cerebro durante siglos,

de hecho, Leonardo da Vinci ya realizó avanzadísimos estudios

sobre neurología en 1504.

Desde entonces, hemos avanzado mucho,

pero el cerebro sigue escondiendo innumerables secretos.

¿No tenéis la sensación de haber vivido ya este momento?

(Risas)

¿Habéis tenido alguna vez esa sensación?

Se llama "déjà vu".

Según la neurociencia, los "déjà vu" tienen lugar

cuando los lóbulos temporales están percibiendo algo

y a la vez se activa la búsqueda de recuerdos en la memoria.

Esto produce un conflicto entre la sensación de recordar algo

y reconocer que aún no lo hemos experimentado.

Sin embargo, esto es solo una teoría.

Sabemos que los lóbulos temporales deben estar implicados,

pero realmente no hemos avanzado mucho en la comprensión

de por qué ocurre este fenómeno.

Es uno de los misterios que aún nos guarda nuestro cerebro,

y, sin embargo, como os decía, creo que sí sabemos muchas cosas

sobre ese funcionamiento.

Hoy ha venido a contarnos algunas de esas cosas,

ahora sí, nuestra neurobióloga Carmen Agustín.

(Aplausos)

Qué ilusión, qué bien.

Carmen, neurobióloga que no neuróloga.

No, es un error muy común.

Los neurobiólogos somos biólogos y los neurólogos son médicos.

Tratan pacientes con enfermedades. No voy a decir quién es mejor...

No lo vamos a decir.

Carmen, ¿qué es una neurona?

Como aquí va de demostrar las cosas,

creo que lo mejor es que pasemos a la mesa porque tenemos una neurona.

Vamos a verla.

Nos la han cedido los compañeros de medicina

de la Universitat Jaume I de Castellón.

Muy bien, muchas gracias.

Aquí tenemos la neurona. Muy bien.

La neurona, como ves, tiene varias partes.

Voy a ponerme por aquí para que se vea mejor.

Esta neurona tiene aquí unos pelitos, ¿los ves?

Esos son mucho más largos y se llaman dendritas.

Prolongarían por aquí y se llaman dendritas.

Se llaman dendritas.

Por aquí llegan impulsos químicos, ¿vale?

Llegan moléculas químicas que van a transmitir

una información a la neurona, ¿vale?

Entonces la neurona tiene aquí un cuerpo

y por aquí tiene una prolongación larga que se llama axón.

Axón. Con todas sus cosas de célula.

Con todas sus cosas de célula y el axón.

Y el axón lo puedo abrir.

En realidad, el axón es un cable, ¿vale?

Porque las neuronas se comunican mediante impulsos eléctricos.

Le he quitado una parte, esta parte amarilla,

que es la vaina de mielina.

En realidad es como el plástico de los cables de cobre de toda la vida,

un aislante, y por dentro tenemos el axón.

Ves que la membrana de mielina no es completa.

No es continua. No es continua, tiene unos huecos.

Esto es imprescindible para que la neurona pueda generar

un impulso eléctrico, lo que se llama un potencial de acción.

Vale. ¿Cómo funciona esto?

Esto funciona conque dentro del axón

tenemos muchas cargas negativas.

Iones cargados negativamente.

Elementos químicos con carga negativa.

Con carga negativa y fuera tenemos más con carga positiva

que van a querer entrar, ¿vale? Pero no pueden.

Porque está la mielina y unos canales que están cerrados.

Cuando la neurona recibe información y tiene que generar

este impulso eléctrico,

lo que ocurre es que estos canales

llamados dependientes de voltaje se abren.

Y entran iones cargados positivamente, iones sodio.

Entonces la neurona...

dispara un potencial de acción.

Esto, que la información iba de las dendritas

y seguía por el axón, ya lo pensó Cajal.

Y, de hecho, a él le dieron el Premio Nobel

por descubrir la neurona.

Tenemos aquí sus dibujos, ¿y ves las flechitas?

Ramón y Cajal supo que la información iba así.

Pero, Ramón y Cajal, no estaba midiendo la actividad eléctrica.

¿Sabes lo que estaba haciendo?

Estaba mirando, estaba observando, estaba dibujando.

O sea, observando en microscopio, imagino.

Y, dibujando, él supo como era ese...

flujo eléctrico. Sí.

A través de las mariposas del alma, que es como llamaba a las neuronas.

Mariposas del alma. Efectivamente.

Tenemos muchas de ellas, como hemos dicho, 100 000 millones,

pero estos 100 000 millones no se conectan una a una.

Cada una puede recibir de media, hay algunas que reciben más,

1000 conexiones.

Y, esto supone que, en nuestro cerebro, conexiones tenemos

un 1 y 14 ceros detrás.

Todo está generando una actividad eléctrica, la podemos escuchar.

(ASOMBRADO) ¿Se puede escuchar? Se puede escuchar.

Si...

prestamos atención. ¿En serio?

Esto que estamos... No es una mascletá.

¿Esto que estamos oyendo, son neuronas?

Son neuronas. Tú las pones en una plaquita, pones unos cables,

y tú puedes registrar, son impulsos eléctricos.

Me parece fortísimo que podamos

escuchar... Me parece impresionante

que podamos escuchar la actividad de las neuronas.

Efectivamente. Su comunicación.

Sí. Las neuronas forman estructuras.

(ASIENTE) Y están por todos los lugares

del cerebro. No son la única célula del cerebro.

Hay otras que se llaman células de glía.

Hubo españoles de la escuela de Cajal

que hicieron muchos descubrimientos, lo contaremos otro día.

Y, se organizan aquí. Se organizan aquí.

Esto es lo que llamamos normalmente cerebro, ¿no? Vale.

Dentro de nuestro cráneo, no solo está el cerebro,

lo que tenemos dentro del cráneo, se llama encéfalo, ¿vale?

No pasa nada porque le llamemos cerebro,

yo soy neurobióloga y también lo llamo cerebro.

Entre nosotros, cerebro. Cerebro.

Pero, el nombre correcto es encéfalo.

Vamos a abrirlo para ver...

qué es lo que tenemos dentro de nuestra cabeza.

Está, por los colores, separado en regiones.

Efectivamente. Está separado en regiones.

Y cada una de estas regiones se va a ocupar, fundamentalmente,

de una función.

Quizá no sea exclusiva esa región para esa función,

es verdad, hay muchos estudios, lo oímos muchas veces

de estudios científicos, en esta época en la que vivimos

en la que se asocian regiones específicas del cerebro

a algunas funciones, ¿no? Sí.

Cuéntanos. Unas están muy estudiadas,

por ejemplo, ¿por dónde vemos? Vemos por los ojos, pero los ojos

envían la información aquí, a esta parte verde.

Esta parte verde, la tenemos aquí, es lo que se llama lóbulo occipital.

Con esta parte del cerebro vemos, ¿vale?

Has hablado de la corteza motora. ¿Dónde está la corteza motora?

Está aquí. Señalada con una "m".

En vuestro cerebro la tenéis más o menos por aquí arriba.

Tu cerebro no está señalado con una "m". Está señalado aquí.

No, pero en vuestro cerebro, en el de todos vosotros

y en el tuyo,

aquí, en esta parte roja hay un "minivosotros".

Es lo que se llama el homúnculo.

Una especie de maquetita, ¿no?

Es una maquetita tuya pero, no es tuya completamente,

o sea, sí eres tú, pero está deforme.

Tienes el dedo índice muy grande, tienes la lengua enorme,

tienes el cabezón...

Porque... Eduardo Sáenz de Cabezón, mira.

(RÍEN)

Tu homúnculo, bien. Mi homúnculo.

Sí, estará como dimensionado,

de acuerdo a la intensidad de las funciones.

Efectivamente. Muy bien, ¿qué más?

Más funciones... Nos gusta mucho ser humanos, ¿verdad?

Y los humanos hacemos cosas como, por ejemplo, tomar decisiones.

E intentamos planificar el futuro.

Esto parece que lo hagamos, sobre todo, con la parte frontal.

¿Vale? Con esta parte. La parte frontal

la solemos asociar al raciocinio.

Sí. A la toma de decisiones.

En realidad es el raciocinio, pero tiene mucho de emocional.

Porque se sabe que, si esta parte se desconecta de las emociones,

las decisiones que vamos a tomar, van a ser,

prácticamente, todas equivocadas.

Esto es un caso muy famoso

en la neurología, el caso de Fenix Weich

que era un señor al que le atravesó una barra de hierro

por el ojo y le salió por detrás. Le jorobó esta conexión

y, de ser una persona cabal y responsable,

se convirtió en un "viva la Virgen".

Un cabra loca que tomaba decisiones, por daños en el lóbulo central.

En el lóbulo frontal. Frontal.

Luego, aquí tenemos el temporal. Lo tenemos aquí.

¿Vale? Por las orejas.

Por ahí también escuchamos pero, sobre todo, me interesa

la zona de la memoria, que es el hipocampo.

Hipocampo o caballito de mar. Tenemos un caballito de mar dentro.

Se llama así por esa forma, ¿no? Se llama así por la forma.

Si perdemos el hipocampo, desarrollamos una amnesia.

Entonces, ¿se te ocurre alguna enfermedad que puede afectarle?

Hombre, la amnesia como dices,

el Alzheimer, por ejemplo. El Alzheimer.

Afecta al hipocampo, además también se ocupa de la visión espacial.

Las personas con Alzheimer suelen perder también

la capacidad de orientarse.

Luego tenemos también otra zona que es la amígdala.

¿Vale? Esta está implicada en el control de nuestra emociones.

¿De acuerdo? La amígdala viene del griego almendra.

Tenemos una almendra también.

Es que los neurocientíficos, cuando miran dentro del cerebro, ven cosas.

Ven formas. Ven cosas.

Me ha encantado ver las distintas estructuras del cerebro.

Antes... de despedirte, Carmen, quiero

que miremos aquí, a la cámara,

y le digas por favor a la gente, con la mano en el corazón,

que no utilizamos un 10 % del cerebro.

Lo acabáis de ver en la maqueta,

en vuestro cerebro es todavía mejor.

No utilizamos un 10 % del cerebro.

Utilizamos todo, ¿no? Todo, todo.

Y el que no lo utilice, un problema tiene.

Pues sí, muchísimas gracias, Carmen. Ha sido encantador.

(Aplausos)

(Música alegre)

Vamos avanzando en la comprensión de cómo funciona esto de por aquí.

Hay un político norteamericano del siglo XIX George Pugh, que dijo:

"Si el cerebro fuera tan simple que pudiéramos entenderlo,

seríamos tan simples que no lo entenderíamos".

Esa frase es una contradicción, no se puede resolver.

Y, a la vez, nos divierte.

Es como un juego que nos hace cosquillitas en el cerebro.

Eso es el humor.

Está demostrado que la risa activa, el córtex cerebral,

libera impulsos eléctricos,

endorfinas, dopamina y reduce los niveles de cortisol,

la hormona del estrés.

Para demostrarnos esto más gráficamente,

llega Raquel Sastre.

(Aplausos y vítores)

Gracias, gracias.

Raquel, esto es un programa del cerebro, ¿tú qué haces aquí?

(Risas)

¿Sabes lo que te digo?

Eso mismo pienso yo cada vez que te veo y recuerdo cuando decían:

"No, si lo que queremos es un presentador sexy y carismático".

(Risas)

Si para qué me meto...

Ay, sí que va a ser de humor... Y sexy.

Cuéntame. ¿Qué vienes a contarnos del humor?

Vengo a decirte que esta semana he ido a ver magia,

porque es una forma muy gráfica de ver lo limitado que es

nuestro cerebro. No nuestro cerebro, el tuyo y el mío,

sino el tuyo solamente.

(Risas)

La magia hace que nos ilusionemos con cosas que sabemos 100 %

que son mentira, como tú, cada vez que alguien te dice que eres guapo.

Oye, pues mi madre no me miente. Uy que no... Madre mía.

Somos las primeras mentirosas.

Hay cosas que me gustan mogollón de la magia.

Por ejemplo, los magos.

Los magos están ahí todo el rato engañándote, pero con una sonrisa,

como vuestro perfiles de Tinder.

(Risas)

Es bonito, la verdad es que mola mucho lo de la magia,

pero ha habido una cosa que me ha gustado todavía más,

y ha sido gracias a ti. ¿Por qué?

Porque habéis hablado hoy de que las neuronas suenan

y ahora lo entiendo todo. Curiosísimo.

Sí, sí, lo entiendo porque últimamente la gente me mira mucho

por la calle. Cuando voy así, están todo el rato mirándome.

Yo creo que es porque estoy aprendiendo tanto gracias a vosotros,

de verdad, muchas gracias, que mis neuronas están revolucionadas.

Sí, estamos aprendiendo mucho.

Las mías las tengo también cantarinas.

Sí, creo que están mis neuronas todo el rato diciendo:

"¿Pero esto qué es lo que es?".

Está bien. La verdad es que en el repor me he quedado muy flipada

porque el mago y el mentalista me dejaron en shock,

fueron chulísimos.

Hicieron que mis neuronas pasaran de hacer mucho ruido a desaparecer,

literalmente... Y no fue lo único. Dentro vídeo.

A todos se nos queda cara de panoli

cuando nos hacen magia y no sabemos cómo lo han hecho.

Es como introducirte un troyano en el cerebro

y, cuando te quieres dar cuenta, te has quedado sin móvil,

sin llaves, sin reloj, sin cartera, sin casa, sin perro

y hasta sin madre.

He quedado con Guglielmo Foffani,

vocal de la Sociedad Española de Neurociencia

para que me explique cómo funciona el cerebro con la magia.

-El truco de magia en sí es como un estímulo-respuesta.

Pero, ese estímulo de respuesta, ocurre dentro de un contexto.

Entonces, el cerebro lo interpreta de manera distinta

dependiendo del contexto.

El mismo truco, si nos saca la cartera en la calle

nuestra reacción y nuestra experiencia es de rabia.

Si el ilusionista te hace un truco de magia

y hasta te puede quitar un reloj

encima del escenario, donde el entorno es seguro,

nuestra reacción es de asombro.

-¿Por qué los magos siempre, siempre, siempre, usan cosas como monedas

cartas... siempre lo mismo?

La moneda es dinero.

Y en nuestra cultura el dinero es uno de los símbolos más potentes,

y científicamente está demostrado que el efecto de los símbolos

es muy poderoso sobre el cerebro. -También le tengo mucho apego

al dinero, claro, quién no. Pero mi asesor parece no pensar igual

cada vez que me llama para que pague el IVA.

A ver cómo se la cuelan Ricardo Sánchez y Fernando Figueras,

mago y mentalista, a un neurocientífico.

Los trucos de magia normalmente juegan con

lo que ocurre a nivel subconsciente y consciente, porque nuestra atención

consciente podemos retener solo una cantidad muy pequeñita de cosas.

Y nuestra atención,

la llamamos atención, pero la actividad subconsciente,

con esa información el cerebro hace predicciones.

En base a esa información sensorial el cerebro se está creando

una historia. Yo me pregunto, en caso de trastornos del cerebro,

de trastornos de atención o niños que todavía no han desarrollado

esos patrones, algunos trucos funcionarán mejor o algunos trucos

funcionarán peor. -Sí que es verdad que un niño

cuanto más pequeño es, más difícil es engañarle con cosas técnicas.

Al niño hay que engañarle con el juego.

-Claro, los niños tienen diferentes expectativas.

Por eso hay que hackearles la cabeza de otra forma.

Hacer cosas que les sorprendan, que no se esperen.

Como quitarles la silla cuando vayan a sentarse.

Me ha gustado mucho esto que habéis hablado

de que a los niños no se les puede engañar porque aún no tienen patrones

prefijados. Y eso me pasa a mí mogollón.

Porque yo siempre tengo el patrón prefijado cuando actúo en un local

que voy a cobrar al final pero la mayoría de veces no me quieren pagar.

En fin, que nuestro cerebro nos la pega, pero nuestra vista también.

De hecho, del único sentido del que me fío es de mi sentido del humor.

Por eso, la próxima vez que me llame mi asesor

para decirme lo que tengo que pagar de IVA, le pienso contar unos chistes

y mientras, como quien no quiere la cosa,

me voy a quedar con su móvil, su reloj, sus llaves su casa, su perro

y su madre: pa' él. Hasta la próxima semana.

(Aplausos)

¿Habéis oído alguna vez eso de que los niños siempre dicen la verdad?

O sea, ¿nunca mienten los niños? Pues la verdad es que no.

El cerebro humano es un órgano en desarrollo permanente.

Y algunos estudios indican que no termina de desarrollarse

por completo hasta pasados los 35 años.

Sabemos que en la infancia temprana el cerebro infantil está

en su período más activo de absorción de conocimientos.

Y sin embargo, está en pleno desarrollo y ya no es capaz

de realizar operaciones complejas. Como por ejemplo, mentir.

Por eso un niño dirá siempre lo que piensa. O lo que siente.

Eso no significa necesariamente que lo que diga sea verdad,

pero ojo, no porque quiera mentirnos,

sino porque su discurso puede estar contaminado

por altas dosis de fantasía.

Hoy vamos a conocer muchísimas cosas sobre el cerebro infantil

con nuestra siguiente invitada: la neuropediatra María José Mas.

(Aplausos y ovación)

María José, ¿qué tal? ¿Cómo estás? ¿Qué tal? Mucho gusto.

Pasa por aquí con nosotros.

María José, bienvenida. Empecemos por las primeras etapas. Nosotros

estamos gestándonos, somos un cuerpo en gestación; nuestros miembros,

todo nuestro cuerpo va creciendo. El cerebro se va desarrollando,

¿en qué momento diríamos "ya tengo un cerebro humano"?

Pues eso es muy difícil de contestar. Es una pregunta complicada porque

el cerebro es un órgano que fundamentalmente

sirve para adaptarnos. Ajá.

Sirve para... Los seres que no tienen capacidad de moverse no tienen

cerebro. Entonces, solamente los que tenemos...

Bueno, algún biólogo en la sala me puede discutir, pero esto es

más o menos así.

¿Qué pasa? Incluso dentro del útero

el cerebro necesita adaptarse. Entonces, partir de la cuarta semana

de gestación ya se encuentran células que puede decirse que son

células cerebrales. Porque tienen esa capacidad

adaptativa a ese entorno, en principio seguro pero...

Bueno, porque está formándose.

Hay como cuatro fases podríamos decir. La primera que sería aquella

en la que el cerebro, pues como el brazo, la pierna o el estómago,

se tiene que formar. Y eso sucede dentro del útero.

Es cuando nos dotamos de esos cien mil millones de neuronas

que has comentado al principio del programa.

Cuando nacemos ya las tenemos todas.

Y cuando nacemos lo que hacemos es empezar a conectar esas neuronas

entre sí. De manera que vamos formando nuestra corteza cerebral.

Y progresivamente adquirimos la capacidad de movernos.

Después la capacidad de hablar y de pensar con lenguaje.

Y por fin la adolescencia, en la que toda esa construcción tan bonita

se derrumba completamente. Lo que pasa en la adolescencia.

Es lo que tienen las hormonas, sí. O sea, que el cerebro,

si te entiendo bien, ese cerebro está... Como estamos permanentemente

adaptándonos a nuestro entorno y aprendiendo cosas,

nuestro cerebro se va desarrollando permanentemente.

Claro, entonces tenemos... Eso sucede porque hay dos herencias.

Una herencia genética, que es la que determina

qué cosas pueden hacer los seres humanos

que no puede hacer un pájaro, y al revés, ¿no?

Y luego está nuestra herencia cultural, que determina cómo

esa herencia genética se desarrolla. ¿Cómo vamos desarrollando

nuestras capacidades? Exacto.

Por eso los occidentales

comemos bastante mejor con cuchillo y tenedor,

y los orientales lo hacen con palillos.

Tenemos unas habilidades que vamos adquiriendo: primero el bipedismo,

caminar. Después, la pinza y el hablar.

Y esas habilidades suceden,

aparecen, crece el cerebro, en un contexto cultural.

Que es lo que le da la pátina que nos hace tan diferentes a unos de otros,

y nuestra historia es única.

Aunque seamos gemelos idénticos, no tenemos las mismas vivencias jamás.

Así como un brazo va creciendo siempre igual, alargándose,

va alargando sus dimensiones a lo largo de la vida,

en estas distintas etapas de crecimiento cerebral

¿la forma que tiene el cerebro de crecer es diferente o siempre es

expansiva o de forma uniforme? No, efectivamente. Al principio

lo que hacemos es generar muchas fichas, muchas neuronas, mucha glía,

como nos han explicado. En esa primera parte, ¿no?

Sí, que sería intraútero. Y después esas fichas que se empiezan a unir

forman la corteza cerebral. Si nos fijamos, el máximo crecimiento

en volumen sucede en los tres primeros años de vida.

Que es cuando los niños empiezan a adquirir esas capacidades que son

propias solamente del ser humano: caminar, hacer la pinza y hablar.

Después esos circuitos que se han formado para hacer habilidades

fundamentalmente motoras: caminar, hacer la pinza o hablar es motor;

empiezan a dotarse de conocimientos, que es cuando aparece el lenguaje.

Y es cuando podemos tener nuestras primeras memorias, nuestras primeros

recuerdos en el momento en el que podemos

reflexionar sobre lo que nos está sucediendo y recordar

lo que ha pasado mediante palabras.

Y del mismo modo que en nuestro crecimiento corporal, como el resto

de órganos, ¿nosotros podemos tener

hábitos alimenticios, hábitos de habilidades, entrenamientos

que hagan que tengamos un cuerpo mejor o más sano o ayudarle

en su crecimiento? ¿Nosotros podemos tener también buenos hábitos

para acompañar el crecimiento de nuestro cerebro?

Pues sí. Sí que podemos hacer esto. Fundamentalmente lo que necesita

un niño, que está desarrollando sus habilidades, es un entorno estable.

Cariño, por supuesto. Porque el cariño hace crecer las neuronas,

aunque parezca que no. Esto es importante.

Por eso los niños tienen ese aspecto achuchable, ¿no? Porque la naturaleza

los ha hecho así... Para recibir cariño y así ayudar

al crecimiento. ¡Ah, muy bueno! Sí, esto es así.

Lo que necesita es orden.

Un... Un medio estable en el sentido de que esté organizado.

No una rutina impredecible y que todo sea... Predecible y que todo sea

siempre igual, sino una rutina más o menos predecible,

en la que van apareciendo novedades de una forma ordenada que permiten

al niño ir adquiriendo los conocimientos de una forma ordenada.

Vale. ¿Suscribirías si te digo

que nuestro cerebro está siempre desarrollándose, siempre,

durante toda la vida, mantenemos la capacidad de aprender?

Sí. Porque nuestra capacidad de aprender está basada en la capacidad

plástica del cerebro.

Y esa plasticidad va disminuyendo con la edad.

Pero con la edad aparecen otras habilidades,

por ejemplo, la capacidad de análisis.

Que es... Un niño no tiene. El niño aprende más por repetición,

por capacidad memorística... En cambio el adulto lo hace

por capacidad de análisis.

Entonces, toda nuestra vida estamos aprendiendo.

Pues nos quedamos con eso, porque vamos a seguir aprendiendo

en este programa y en los que van a venir. Muchísimas gracias

por estar con nosotros, muchas gracias.

(Aplausos)

Seguramente estáis sentados en vuestro sofá

viendo tranquilamente "Órbita Laika"

sin daros cuenta de lo que está ocurriendo realmente aquí.

¿Sabéis lo que está pasando en este momento? Lo que está pasando

es que las imágenes emitidas por vuestra televisión

están viajando hasta vuestras córneas

con distintas longitudes de onda en función de los colores que percibís.

Están pasando a través de la pupila, llegando a vuestras retinas,

y estimulando vuestros fotorreceptores.

Ahí es donde esa señal lumínica se está convirtiendo en eléctrica,

y se está enviando a vuestros cerebros a través del nervio óptico.

Desde ahí esa señal está viajando hasta vuestro córtex visual,

y en ese momento es cuando vuestros cerebros están convirtiendo

señales lumínicas en imágenes con sentido.

Eso es exactamente lo que está pasando en este momento.

Y vosotros pensando que estabais relajados en el sofá.

Dicho así parece un proceso largo, pero ¿sabéis que el cerebro tarda

mucho, pero mucho menos de un segundo en procesar las imágenes?

El MIT ha comprobado que nuestro cerebro es capaz de procesar

imágenes completas en solo 13 milésimas de segundo.

(SUSURRA) Es na'.

Vamos a conocer más curiosidades sobre cómo el cerebro percibe

los distintos estímulos de nuestros sentidos con la ayuda

de nuestro biólogo Ricardo Moure.

(Aplausos)

¡Ricardo!

Oye, sentidos... ¿Qué es esto...?

Nosotros tenemos al cerebro y gracias al cerebro tenemos

nuestros sentidos que nos ayudan a interpretar el...

Mundo. Nosotros tenemos cerebro

gracias a que tenemos sentidos. Mira, te lo explico.

Nuestros antepasados, los primeros cordados,

que son los antepasados de los vertebrados. O sea, son

nuestros tata-tata-tata-tata-ta... Bueno, etc., abuelos.

Empezaron a acumular sentidos en la parte delantera del cuerpo

para buscar comida y sexo. Básicamente.

Está muy bien que lo señales en dos direcciones diferentes.

Y una vez que lo tenían localizado, la comida o el sexo,

mandaban una señal a la parte trasera, a la cola, e iban para allá.

Claro, comida, sexo, yo también voy, ¿sabes?

Claro. ¿Qué pasa? Que al acumular sentidos

en la parte delantera, se tuvo que crear una red neuronal ahí cada vez

más compleja que terminó centralizándose en un cerebro.

Es decir, la única razón por la que tenemos cerebro es para buscar

comida y sexo, es que... A mí me basta.

Es que los humanos tenemos muchas ínfulas, pero al final, como biólogo,

lo puedo decir: lo único que hacemos en la vida es intentar

que no nos coman, buscar comida y buscar copular.

Si no, ¿para qué estamos nosotros en la tele?

No, está bien.

O sea que al final las funciones generaron una estructura que hoy

llamamos cerebro. Exactamente.

Entonces, hoy quiero hacer algo muy bonito, que es estudiar los sentidos.

¿Y cuál es la mejor forma de estudiar algo?

Destrozándolo.

Hackeándolo. Machacándolo. Te vamos a hackear los sentidos a ti.

No. Sí.

¡No! Que sí, hombre, si te lo vas a pasar

bien. No duele. Venga, sí. Vamos a ver.

¿Los tienes aquí? Vamos a ver. Este es el hackeador de sentidos.

Sí, bueno, este es el primero. Esto creo que ya igual...

Intuyes por dónde van los tiros. La verdad es que no.

Esto te va a hackear el oído. ¿Vale? Entonces, lo que va a pasar es que

por un oído vas a escuchar lo que deberías escuchar por el otro.

Por un oído me entra y por otro me sale, me decía mi madre.

Un poquito así. Mira, por aquí va a entrar el sonido de este lado

y te va a ir a este oído. Y por aquí el de este otro, y va a ir al otro.

Entonces, mira, si me acompañas al centro, vamos a jugar

a la gallinita ciega. Vamos a jugar y me está dando esto.

(RÍEN)

Comida y sexo.

Tápate los ojitos, a ver. (VOCECILLA) No quiero.

¿Está bien colocado?

Supongo que sí.

Creo que estoy haciendo el ridículo ahora... ¡No!

Sí. Venga, hombre. ¡No!

(Música amena)

Vale. ¿Dónde estoy?

(RÍE) Es muy rallante. Mira, quita, quítate las vendas.

Es que mola mucho. ¡Que no, déjame!

No quiero esto. Mola un montón. O sea es genial.

Claro, esto...

Que no quiero esto. Mira qué pelos se te han puesto.

¡Encima!

No me está gustando esto, ¿eh? Pa' cuatro que... Uy, perdón.

Luego me meto conmigo mismo.

Gracias. Que no, hombre, amor.

Gracias a que tenemos dos oídos podemos saber

de dónde viene el sonido. ¿Vale?

Nuestro cerebro procesa por separado lo que viene de un oído

y lo que viene del otro y luego lo junta

y busca las diferencias entre un sonido y otro

y entonces sabe de dónde viene.

Lo primero en lo que puede buscar diferencias: el tiempo.

Si el sonido viene de aquí, va a llegar primero a este oído

y luego a este otro.

Son milisegundos pero el cerebro lo interpreta

y es capaz de decir que viene de ahí.

Muy bien. ¿Qué más analiza?

Intensidad y frecuencia.

Otro ejemplo.

A mí me viene el sonido de aquí.

Llega a este oído pero para llegar a este otro tiene que pasar...

Por ese cabezón que tienes.

(RÍE) La venganza.

Sí, tiene que pasar por este cabezón que hace como una pared.

Hace de barrera. En mi caso, además, bastante.

Entonces va a llegar este sonido por aquí más intenso

que a este otro lado que va a estar atenuado por el cabezón y,

además, se van a perder, sobre todo, las frecuencias más agudas.

Por eso, de hecho, los mamíferos como nosotros

donde mejor escuchamos los sonidos es en el rango de los agudos.

Escuchar a los bebés.

Eso no, eso es "puticiencia". ¿Vale?

Sí, sí.

¿Es un mito?

Es un poco un mito.

Está bien, está bien. Es que es al revés.

Nosotros escuchamos mejor los agudos para localizar el sonido,

entonces los bebés lloran agudo para que los escuchemos.

Para que los localicemos mejor.

No, porque como oímos en ese rango de audición mejor,

pues lloran ahí para que los oigamos por encima de cualquier ruido.

Es decir, si nuestro oído funcionase de forma diferente,

los bebés llorarían así...

Bueno, lo consiguen, ¿eh?

Un poquito. Además, una cosa que me encanta

es que los mamíferos necesitamos localizarnos por los agudos

porque nuestros conductos auditivos están separados por dentro.

Te explico.

En los reptiles y anfibios, que son antepasados nuestros,

aunque no lo parezca, ellos tienen los dos oídos conectados

a través de huecos del cráneo, la garganta y todo.

Entonces, claro, a ellos el sonido por una oreja les entra

y por otra les sale. Literal.

Literal. Llega muy fácil.

Pero nosotros lo tenemos separado.

Lo tenemos separado, esto me encanta,

para que no nos oigamos respirar.

Porque menudo agobio, ¿no?

Claro. Nos escucharíamos como cuando te llama un loco por teléfono,

que hace como...

¿Te ha pasado? Alguna vez.

Que yo tengo mi público.

¿Y qué pasa? Ellos necesitan sonidos más graves

para saber de dónde viene. Nosotros como está,

le cuesta pasar. Como está separado.

Agudos. Agudos.

Vale. Hacheado el oído, hackeame más.

Te hackeo la vista. La vista, que mola bastante.

¿Qué tenemos ahí?

Mira. Quiero que mires a esta pantalla.

Vale. ¿Vale?

¿Qué ves?

Pues veo un cuadrado dando vueltas y cuatro cuadraditos

que le tapan las esquinas.

¿Estás seguro? Estoy seguro.

¿Qué? O sea son...

No hay cuadrado y son dos ruedas que se están moviendo por parejas

en direcciones con... Es muy rallante.

Y aquí están como bailoteando. Sí.

Lo que acabas de sufrir es el efecto de un atajo cerebral.

Hay un atajo mental que se llama coherencia de movimiento.

Es que nuestro cerebro, por la experiencia que ha vivido,

ha llegado a una premisa, que es

que lo que va junto, se mueve junto.

Un ejemplo. Tú ves un motorista pasar.

Tú no ves un casco que se mueve, una mochila que se mueve,

unas ruedas que se mueven.

No. Tú lo juntas todo y ves un solo objeto que se está moviendo.

Si no te harías la picha un lío. Sí, sí. Sería loquísimo.

Entonces tú aquí estás haciendo lo mismo.

Tú no estás viendo las esquinas del cuadrado,

pero como lo ves todo junto...

Asumo completo que eso es un solo ente que se está moviendo.

Que se está moviendo solo.

En cuanto lo separas, no está junto, no lo ves como un solo objeto.

¿Y si te dijera, y aquí te vas a rayar muy fuerte,

que es que siempre hubo un cuadrado?

Hala, déjame en paz.

¡No! Es que me estás volviendo loco.

Había un cuadrado, ahora no lo hay, y ahora vuelve a haber un cuadrado.

Es muy fuerte, ¿eh?

Tú no puedes saber si aquí había un cuadrado o no.

¿Por qué? Porque a tu cerebro le faltaba información.

Esto pasa muchas veces.

Nosotros siempre creemos... Ver es creer.

Que si vemos algo, eso es así. Y no.

Muchas veces nos falta información.

La de veces que oyes a alguien decir: "te juro que he visto esto".

No. A lo mejor te faltaba información.

Esto tiene unas implicaciones muy serias.

Por ejemplo, en un juicio.

Sí, o la gente que dice: "Vi un fantasma, te lo juro".

Es igual. Igual lo han visto.

Igual sí, claro, pero te faltaba información.

Nosotros interpretamos la realidad.

No vemos la realidad sino que la recreamos

dentro de nosotros.

El cerebro es súper fácil de engañar.

Acabo de ver que soy muy engañable. Pensé que jamás iba a decir esto.

Ricardo, tú me quitas el sentido.

Muchísimas gracias. Muchas gracias, Ricardo.

Muchas gracias.

(Aplausos)

(Música)

Fijaos en este gran tablero de ajedrez.

Como en todos los tableros de ajedrez del mundo,

tenemos casillas de dos colores diferentes.

En este caso, unas son más claras y otras más oscuras.

¿Verdad?

¿Y si os digo que vuestro cerebro os está engañando?

Necesito un voluntario o una voluntaria.

Alguien por aquí.

Todo el mundo quiere...

Ven, ven. Tú que estás en primera fila.

Vamos a coger un micrófono por aquí.

¿Qué tal? ¿Cómo estás? Muy bien.

¿Cómo te llamas? Jaime.

Jaime, sujétate bien el micrófono.

Mira. Vamos a fijarnos en la casilla del centro.

¿Tú dirías que es de las gris clara o de las oscuras?

Clara. Es una clara. Vale.

¿Esta? Oscura.

¿Esta? Oscura.

Es que hay que testear.

Vale, pues entonces fíjate. La del centro es movible.

Muévela, como es clara, y te la traes hasta aquí,

hasta la oscura. Vale.

¿Qué? Hala.

¿Qué te parece?

¿Qué te parece si te digo que estabas equivocado?

Es exactamente del mismo color.

¿Quieres moverla hacia la esquina de ahí?

Ves. Ahí se ve. Vuélvela.

Es del mismo color.

Puedes sentarte, Jaime. Muchas gracias.

Vamos a darle un aplauso.

(Aplausos)

Fijaros que, en realidad, nuestros ojos percibían

que son del mismo color, pero nuestro cerebro estaba interpretando

el color de la casilla central como gris claro

al suponer que está en la sombra, rodeada de otras casillas

de gris oscuro. Vosotros fijaros qué hago aquí si yo digo

que es que tampoco hay sombra.

Esto ocurre porque nuestro cerebro interpreta los colores

en función del contexto que le rodea.

Ya veis que en este programa, en principio,

engañamos a todo el mundo.

(Aplausos)

Creo que es la primera vez que aplaudís a alguien

que os engaña, ¿no?

Pensadlo bien y veréis como seguramente no.

Una mentira siempre lleva a otra o es lo que se suele decir.

Aunque no os lo creáis, este dicho popular, digamos,

tiene un fundamento científico.

Hay un grupo de neurocientíficos del University College de Londres

que escanearon los cerebros de 80 personas entre 18 y 65 años

mientras realizaban tareas en las que mentir jugaba en su beneficio.

Los investigadores descubrieron que la amígdala,

la parte del cerebro asociada a las emociones,

se activaba cuando los participantes decidían mentir para beneficiarse.

Lo increíble es que la respuesta de la amígdala iba reduciéndose

conforme los participantes continuaban con los engaños.

O sea, a mayor número de mentiras, menos respuesta de la amígdala.

Nos hacemos insensibles a nuestras propias mentiras.

Cuanto más mentimos, más nos acostumbramos a ello

y menos incómodos nos sentimos.

Y, hablando de mentiras, ¿vosotros alguna vez os habéis preguntado

cómo funciona un detector de mentiras?

¿El famoso polígrafo?

¿Realmente funciona eso?

Hoy viene a contarnos la verdad, y nada más que la verdad,

nuestro físico Javier Santaolalla.

(Aplausos)

¿Cómo estás?

Eduardo.

Te iba a decir: "miénteme, miénteme", pero no.

¿De qué vienes a hablar?

Voy a hablarte de la influencia de la motivación

en los procesos perceptivos. No, no, no. Mentira.

De los cambios del ritual de apareamiento

de ranas tropicales en entornos urbanos.

No cuela, ¿verdad?

Estoy intentando mentirte... Ya, pero como yo cómo distingo.

Cómo sé si me estás mintiendo o no.

Yo, como físico, estoy superinteresado

no solamente en nuestra actitud frente a la mentira,

sino también en cómo detectarla.

Tú imagínate que fuéramos capaces de detectarla. Sería increíble.

Sí, pero yo me tengo que fiar de ti.

Claro, es que vivimos en una sociedad en la cual

conseguimos vivir en armonía gracias a que tenemos

ciertas reglas de conducta.

Vivimos en un cierto contrato social que hace

que muchos de nuestros procedimientos diarios

estén basados en la confianza mutua y, por lo tanto, en la verdad

y detectarla es una gran ventaja de toda la sociedad.

Por eso se hacen estrategias para intentar detectar estas mentiras.

Imagínate que nuestros procesos mentales,

lo que pensamos, se correlaciona

o influye en nuestra apariencia física.

Un reflejo físico. Un reflejo físico.

Imagínate que se puede, de alguna forma, correlacionar.

En ese caso, obteniendo las medidas del cuerpo

podemos saber qué es lo que está ocurriendo

en el interior del cerebro de una persona.

Te estoy hablando de un mecanismo que seguramente

has oído alguna vez en tu vida. El detector de mentiras o polígrafo.

Sí. Yo lo he oído muchas veces,

pero he de confesarte, Javi. Yo no me fío de eso.

¿Eso realmente funciona? ¿Tiene un principio científico?

¿Podemos decir que sí? Funciona de una forma muy curiosa.

Un polígrafo o detector de mentiras realmente no detecta mentiras,

no lee tu pensamiento, no es capaz de acceder

a tus procesos mentales, sino que simplemente

mide ciertos parámetros físicos.

Por ejemplo, ¿qué ocurre cuando te estás metiendo una bola?

Yo es que nunca miento, soy un ser de luz.

Ya. Yo tampoco.

Pero supongo, por lo que me ha dicho un amigo,

que se te acelera el corazón,...

¿Qué más?

La respiración como que se entrecorta un poco, ¿no?

Sí, se entrecorta, sudas. No sé.

¿Sudoración? Sí, sudas.

Precisamente estos son los parámetros que detecta

o que mide un detector de mentiras.

A través de estos infiere que estás mintiendo.

Pero vamos a ver cómo lo hace.

Es muy curioso en particular uno de ellos.

El de la sudoración, que está relacionado

con un parámetro físico, una magnitud: la conductividad.

Para que lo veas, te he traído un experimento,

que me encanta el experimento, que está aquí.

Vamos a hacerlo. Una demostración.

Esto que tenemos aquí es un pequeño jueguecito

con el cual vamos a comprobar qué relación hay

entre el sudor y la conductividad.

Vale. Explica por partes. ¿Qué es esto?

Muy bien. Esto es una fuente de alimentación.

Fuente de alimentación. Bombillitas.

Sí, para saber la conductividad, y un amperímetro.

Vale, muy bien. ¿Qué es la conductividad?

Primero. La conductividad no es más que la capacidad

que tiene un sistema de conducir, de mover cargas eléctricas.

Aquí tenemos un circuito con una fuente de alimentación.

Ves que no enciende la bombilla. No enciende.

Están los electrodos de ahí separados.

Están separados, vale. ¿Qué vamos a hacer?

Vamos a juntar los electrodos usando un medio.

Vamos a pasarle corriente, ¿no?

Sí. ¿Enciendo aquí?

Antes de hacerlo vamos a...

¿Estás preparado? No. Dale.

Yo estoy nervioso. Siempre rompo los instrumentos.

¿Te conté aquella vez que destrocé un satélite?

No. No me la cuentes ahora. Es broma.

Bueno, pues estamos poniendo agua.

Lo que va a hacer es conectar los dos electrodos.

De esta forma, va a crear un vínculo físico

para que pueda haber un movimiento de cargas.

¿Pero el agua transmite la electricidad?

Eso es lo que vamos a comprobar. Vamos a encender aquí.

¿Ves que la bombilla no ha encendido? No.

Esto es porque, al contrario de lo que la gente piensa,

el agua no es buena conductora de la electricidad.

Esto es debido a que en el agua pura, esto es agua...

Es agua destilada.

En agua destilada no hay cargas libres,

y como no hay cargas libres no puede haber un flujo neto de carga.

No es buen conductor de la electricidad.

Algo que cambia si le añadimos algo diferente,

porque el sudor no es agua destilada. No es agua pura. Yo lo sé.

¿Te imaginas que sudaras agua pura perfectamente...?

Es prácticamente lo que me pasa, pero...

Hay un poquito... ¿no? Lo que tiene son electrolitos,

que dotan de cierta conductividad.

Iba a decir eso. Son electrolitos.

Lo que vamos a hacer es añadir sal que, de alguna forma,

va a emular estos electrolitos. Vale.

En este momento, al introducir sal y al disolverse,

ya va a generar esas cargas libres que van a permitir, mira...

¡Pum! Se disparó.

Se empieza a mover el amperímetro.

Esto está diciéndonos que el agua con estos electrolitos

sí conduce muy bien la corriente, algo que ocurre con nuestro sudor.

Si tú sudas, transmites la corriente

y eso es lo que está midiendo. Perfectamente.

Cuando hacemos un detector de mentiras, el polígrafo,

te pinchan un dedo que lo que hace de alguna forma

es ver esa conductividad del sudor de ese dedo.

Entonces, si tú sudas en los dedos, van a pensar que eres un mentiroso.

Ya, hombre, pero uno puede sudar por muchas causas.

No solamente es por mentir.

Yo a esto no le veo mucha fiabilidad como detector de mentiras.

Ese es, precisamente, el problema del polígrafo.

Estamos correlacionando dos cosas que, en principio,

no tienen por qué ser causa y efecto.

Por ejemplo. Un buen mentiroso puede mentir sin sudar.

Y al revés. Una persona que está muy tensa, suda.

Por ejemplo, puedes empezar a sudar o a ponerte nervioso

porque seas una persona insegura, porque estás en un tribunal

o porque ha pasado la mujer de tu vida.

¿Hay alternativas a esto? Sí, efectivamente.

Esto no es confiable porque está correlacionando

dos cosas que, en principio, no tienen por qué ser causa y efecto

y, sin embargo, hay otros procedimientos

que se están investigando que sí van a la raíz del tema.

En vez de correlacionar una respuesta física con un pensamiento,

¿qué te parece si correlacionamos

un pensamiento con una respuesta neuronal?

Ahí ya parece que el enlace puede ser más directo.

¿Verdad? Tiene un poco más de sentido.

Hoy, con técnicas como la resonancia magnética

nuclear funcional, se puede hacer un escáner del cerebro

para saber qué áreas se están activando

y con esto quizás algún día podamos saber

cuáles son los procesos mentales que llevan a una mentira.

Muy bien, Javi. Nos vamos a marchar.

No me mientas más.

Muchísimas gracias, Javi Santaolalla.

(Aplausos)

Cada vez hay más estudios que coinciden.

No dormir tiene efectos nocivos sobre nuestro cerebro.

O sea que las neuronas se vuelven lentas,

sus transmisiones se prolongan más de lo normal,

así que, si queréis tener un cerebro sano, todos a la cama.

Y ya sabéis. Os esperamos cada lunes por la noche

aquí, en La 2. Chisporroteos cerebrales.

Hasta la semana que viene.

(Aplausos)

(Música)

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Órbita Laika - Programa 3: Viaje alucinante al fondo de tu cerebro

01 abr 2019

Si existiera un órgano capaz de representar lo que los antiguos denominaban “alma”, sería el cerebro.
Él nos hace únicos e irrepetibles. Controla todos los aspectos de nuestra vida. Es la herramienta más fascinante de nuestro organismo, pero también la más desconocida.
En este programa conoceremos todos sus secretos. Cómo procesamos el miedo, cómo nuestro cerebro engaña a los sentidos, qué es un deja vú o cómo suenan las neuronas. Sí, porque suenan.
Entrena tus hemisferios porque Órbita Laika te invita a un “Viaje alucinante al fondo de tu cerebro”.

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  1. Steven Ortega

    UN saludo desde Colombia, en mi país faltan programas así, pero que bueno que los puedo ver por esta sitio.

    15 abr 2019
  2. Gustavo

    Quiero felicitarlos por esta iniciativa es genial. Soy docente de escuela media en Argentina y al verdad los felicito... Me gustaría ver un programa donde los científicos nos dijeran donde comienza para al ciencia la vida humana. El otro día escuche a una docente de biología decir que la vida humana para la ciencia comienza en el parto... y la verdad me hizo ruido... se que es un tema controversial pero seria muy lindo tratarlo. Una abrazo desde la patagonia Argentina.-

    11 abr 2019
  3. Marta

    Hola! en el capítulo de"Viaje alucinante al fondo de tu cerebro" en la transcripción ponéis la palaba "ondas" con H todo el rato y da un poquito de dolor de ojos. También cuando Carmen Agustí habla de un caso de lesión en el lóbulo prefrontal, el señor del que habla es Phineas Gage, que en la transcripción aparece otro nombre. Gracias por el programa. Un saludo

    11 abr 2019