Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 99 - ver ahora
Transcripción completa

Buenos días. ¿Habíamos quedado para desayunar?

Perdona, me he olvidado. -No, no habíamos quedado.

Mira... léete esto.

Pasa, siéntate.

Pero ¿y esto? ¿Ha pasado algo?

Que estamos trabajando con la peor constructora del país.

¿Qué dices?

Los de Quiñón, que son unos estafadores.

Te venden unos materiales

y luego te colocan otros mucho peores.

Pero no sé qué... O sea, no te precipites.

A lo mejor han hecho una obra mal y ahora lo hacen bien, ¿no?

Que no, Germán. Sigue leyendo.

Es una práctica habitual.

Tienen no sé cuántas denuncias por eso.

Oye, ¿tú sabías algo?

¿Habías oído algún rumor, algo?

Yo no, Javier. Yo te la recomendé porque...

porque trabajaba ahí mi amigo, pero...

él no me ha dicho nada, es que ni lo sabrá.

Claro, es que el listo de tu amigo nos ha metido en esto.

Ahora estamos en el punto de mira.

Todo el mundo hablará de nosotros, que es lo que nos faltaba.

Bueno, oye, la prensa es así, va a lo fácil.

Hay que esperar a que se cansen. -Es que no se van a cansar, Germán.

Tiene esta constructora un historial de denuncias y de juicios enorme.

Debí contrastar la información de esa empresa,

pero... como me lo dijiste tú, pues me confié.

¿Ves como no es bueno juntar el amor con el trabajo?

Nos libramos por muy poco del accidente del obrero y ahora esto.

Bueno, no te precipites.

Amor, pide una segunda opinión.

Que venga un técnico y mire la cubierta.

Ya, eso por descontado.

¿Se lo contemos a mi padre a ver qué opina?

De acuerdo.

(SUSURRA) Voy a buscarlo.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

(JAVIER) ¿Tú como lo ves, Elías?

Si la obra está mal hecha

y tenemos que volver a pagar por el tejado, vamos, se acabó.

Es que me despedís.

Bueno, hombre, pues procuraremos que eso no pase, ¿no?

Siento mucho que hayan metido tu nombre por medio.

Soy el presidente de la asociación, son gajes del oficio.

Lo importante ahora es pedir una valoración

de las obras que están haciendo en el tejado del mercado.

Ya, pero el que decidió contratar esta constructora fui yo,

y a ti te ponen verde como si fueses el responsable.

No lo entiendo. Lo siento.

Tampoco es eso. Tampoco es eso, hombre.

Al final, el que de verdad decidió

que firmáramos con esa empresa fue mi hijo.

Oye, que yo no sabía que Quiñón tenía tan mala fama.

Ninguno lo sabíamos.

Claro, eso pasa por fiarse de los amiguitos.

Consecuencias de pensar con la bragueta, vamos.

Si yo recomendé Quiñón, es porque pensaba que era seria.

Si no os importa, voy al mercado.

Imagino que tras el artículo estarán esperando noticias mías.

Luego os veo.

¿De qué vas? ¿Eh?

Que de qué vas. ¿Por qué has dicho eso?

Javier piensa que tengo ese amigo en la empresa.

Evité que lo buscara una vez, pero dos no sé si podré.

¿Te has dado cuenta lo bien que se te da mentir? ¿Eh?

Te sale bien, ¿eh? Oye, teníamos un trato.

Que no quiero mentirle más a Javier y me obligas a hacerlo.

Es que, de verdad, lo haces tan bien que da gusto verte.

¿Tú has pensado en ser actor?

Es que no sé por qué me presto a tus chanchullos.

No te preocupes, hombre.

Ya solucionaremos lo de tu amigo imaginario

cuando llegue el momento. Pues más te vale.

Porque si no, se lo contaré a todos y me van a creer.

Como soy tan buen actor... Lo importante es que no sospechen

que Hortuño y yo estamos detrás. Y así tiene que seguir siendo.

¿De verdad que no te importa nada que ese artículo te desprestigie?

Pues no especialmente, no.

De hecho, incluso me conviene aparecer por el mercado

como otra víctima de la mala gestión de Javier.

Pero si nadie sospecha que estás aliado con Hortuño.

Aliado no, aliados. Plural, ¿eh?

Que tú también te llevas muchos beneficios.

Y si quieres llevarte ese dinerito de verdad,

mejor cierra la boca.

¿Y sabíais algo de esto? No, claro que no.

Me habría negado a trabajar con ellos.

(CARMEN) Nos pusieron a Quiñón como una gran constructora.

Buenos días. -Serán para ti.

¿Habrás leído el periódico?

Me pilla tan de sorpresa como a vosotros.

No tenía ni idea de que Quiñón tuviese ese historial.

¿Y ahora qué, cuál es la consecuencia?

Nos cerrará el ayuntamiento.

¿Hay que volver a sustituir la cubierta?

(INGRID) No puedo inaugurar en obras, sería un suicidio.

Yo no puedo poner un duro. -A ver, dejadme un minuto.

Qué desastre. Se llenará esto otra vez de andamios.

Va a ser la ruina. Y a ver el ayuntamiento.

(JAVIER) Un poco de calma. ¿Y si denunciamos a Quiñón?

Contratamos abogados y exigimos indemnización.

Bueno, más gastos. Con lo lenta que es la justicia,

para cuando nos den la razón llevamos años en paro.

Y meternos en demandas y juicios no resolverá el problema.

Tampoco nos vamos a quedar de brazos cruzados.

Tienes razón. No podemos arriesgarnos

a que la cubierta no cumpla las medidas de seguridad.

Sería una locura. Silencio, por favor. Dadme un minuto

Imagino que el ayuntamiento mandará una inspección.

He hablado con una arquitecta de una constructora

para analice la cubierta.

(CARMEN) Ojalá sea honrada.

Javier, que el análisis sea serio, por favor.

Es 100% de fiar.

(CARMEN) No sé vosotros, pero no puedo gastar más.

(JAVIER) No nos pongamos en lo peor. -Es que en lo peor ya estamos.

No nos podemos poner, lo dice el periódico.

(JAVIER) Paso a paso. A ver qué dice la arquitecta

y, según lo que nos cuente, buscamos solución.

(CARMEN) Qué manía Elías. ¿Cómo contrató a esta constructora?

¿Qué pasa, que no investigó? -Voy a ser sincero con vosotros.

Aunque en el artículo digan que Elías es el responsable,

fui yo el que decidió contratar a esta constructora.

Por favor, no la toméis con él.

(CARMEN) Pues te has lucido.

Menudo gerente hemos elegido.

Uy, chica, menuda mala cara, ¿no?

No puede ser que te hayan llegado ya las malas noticias.

No sé de qué me hablas.

El gerente, que por lo visto ha contratado a una constructora

que era un timo, y vamos a tener que poner más pasta.

Ay, Dios. No me lo puedo creer. (RESOPLA)

Tan listo que parecía y se la han colado bien colada.

Ahora, ya te digo, yo creo que debería pagarlo él.

Pero no todo van a ser malas noticas, a lo que venía:

mi amiga Puri al final abre la tienda

y hará el evento de inauguración,

y dice que os pregunte si le podéis servir las cestas.

Pues mira, no sé si es una buena noticia.

Lo siento mucho, pero tu amiga es muy informal.

Ya nos la coló una vez y yo no sé

si me quiero volver a arriesgar con ella.

Mujer, no seas así.

Dice que os avisó con tiempo. Lo hizo, ¿no?

Sí. Sí, nos avisó con tiempo, pero es que no es eso.

Dijo que os podéis quedar el adelanto que os dio

y que os lo paga otra vez entero. Yo creo que es un buen negocio.

Aunque quisiera, no podría.

He tenido un problema con la proveedora

y ahora no me da los productos que ponemos en las cestas.

Ahí va, qué pena, ¿no?

Porque eran buenos y se vendían bien.

Sí.

¿Y qué ha pasado?

¿Habéis tenido problema con una factura?

Los proveedores se ponen nerviosos si no pagas en el día.

No, es otro tipo de problema. No te preocupes.

No me digas que eran tóxicos. Con los envenenamientos que hay...

No, por Dios, no son tóxicos.

Son productos ecológicos de primera calidad.

¿Entonces?

Pues nada, que es que...

Mira, se ha puesto enferma y ahora ha dejado de trabajar.

Anda. Qué mal, ¿no?

(JAVIER) Buscaré una solución, no sé qué más decir.

Ingrid, si te parece bien,

cancelamos las obras con Quiñón y buscamos una alternativa.

La verdad es que viendo esto dan ganas de salir corriendo.

Lo siento. Ha sido un error que no volverá a ocurrir, lo prometo.

Ya.

Pues muy bien... búscame otra empresa.

Cuando hable con ellos, te paso el contacto.

Perfecto.

Estarás pensando que en buena hora me ofreciste el puesto de gerente.

Eso da igual ahora, Javier. Te he hecho quedar fatal.

Debiste investigar antes de ofrecer el contrato, sí,

pero ya está, no tiene solución, ¿no?

Te prometo que lo voy a solucionar.

Oye, ¿a ti no te parece que este artículo tiene un tufillo raro?

Raro, ¿por qué?

Quiñón ha hecho un montón de obras

y, curiosamente, la única que destaca el periodista

es esta, la del Central.

Pues no lo había pensado.

¿Y si Hortuño está detrás?

Se entera que debíamos cambiar la cubierta

y mueve hilos para que salga a la luz.

Tiene sentido.

Aunque si es así,

descartamos que Elías esté asociado con Hortuño.

En el artículo lo han puesto a parir.

Ya.

Así que ahora mismo la línea ecológica de belleza no la tengo

y no puedo ayudar a tu amiga. Ay, pobre, qué pena.

Y Adela, claro, menudo disgusto, ¿no?

Qué mala racha lleva.

Sí.

Tengo entendido que ahora vive en un apartamento sola.

Qué pena, ¿eh? Ese divorcio...

Con el parejón que hacían y ese pisazo.

Ha tenido que costarle mucho dejarlo, ¿eh?

Una pena, sí.

¿Y tú qué crees? ¿Por qué se habrán divorciado?

Ay, chica, no lo sé.

Pues si no lo sabes tú,

que eres su amiga y ha vivido contigo y todo...

Bueno, es que cuando estaba viviendo conmigo

todavía estaban aclarando su situación, así que...

¿Con Elías te refieres Sí, sí, con Elías.

¿Seguro que no puedes servirle las cestas a Puri?

Imposible.

Igual le pregunto a Adela.

Igual se le ocurre algo que poner en las cestas.

No, mira, a Adela mejor no le preguntes nada.

Mejor no molestarla.

Hija, parece que la enferma es ella.

Carmen, si lo has dicho tú misma, ¿no?

Lo debe estar pasando suficientemente mal

con el tema del divorcio. Pues ya está

Ya. Mira...

Aquí tengo la tarjeta de un proveedor

que estoy tanteando ahora,

Dile a Puri que lo llame y que le compre las cestas a él

y se ahorra un dinerillo. ¿Eh?

Como le des la tarjeta del proveedor a los clientes,

menudo negocio vas a hacer.

Pues es lo que hay ahora mismo.

Pues nada. Hasta luego.

Hasta luego.

Mira, que bien verte aquí.

Toma, aquí tienes la demanda de divorcio.

Ya está firmada.

Puedes estar tranquilo, es la que redactó tu letrado.

Con todas tus condiciones.

¿Y tu flamante abogado ha dado el visto bueno?

Sabes muy bien que no.

Además, tampoco es mi abogado.

Debería darte vergüenza.

¿De qué?

¿De defender lo que es mío? No.

De mandarle un par de matones para que le dieran una paliza.

Se ve que es marca de la casa.

Pues sí, debe ser marca de la casa

porque tú también eres responsable en parte.

Mi padre fue a hablar contigo a ver si lo hacíamos por las buenas,

pero como no pudo ser, hubo que hacerlo por las malas.

Elías, no sé qué me da más asco,

si tus matones o que seas tan manipulador

como para incluir a tu hijo en tus estafas.

Tenía que asegurarme

de que no te quedaban ganas de denunciarme.

Qué miserable y qué cobarde. Qué pena,

que después de 30 años

esa es la imagen que te quede de mí,

pero claro, es lo que tiene contratar abogados tiburones,

que en vez de unir a las familias, las distancian.

Pues mira, no. No necesito a mi abogado para eso.

A la conclusión de que eres un miserable

he llegado yo solita. Soy así de lista.

Has cambiado mucho, Adela. Mucho.

Y supongo que, en parte, por culpa mía, sí,

pero deberías plantearte seriamente

si merece la pena seguir viviendo así,

llena de odio y amargura.

No sé...

En fin, espero que algún día puedas volver a ser

la Adela que fuiste.

Es lo que tiene el sufrimiento, que te purifica y te transforma.

Ya, pero es que el rencor no es buen consejero.

No te dejes llevar por él.

Mira, Elías, guárdate los consejos para cuando seas un viejo "ga-ga".

¿Eh?

Menos mal que tu hijo se ha dado cuenta de quién eres.

Ahora solo falta que lo hagan todos los que te rodean.

¿Y de que se tiene que dar cuenta, de que me ocupo de él?

Lo vas a perder un día de estos.

Sí, se va a hartar de tus mentiras...

y se irá muy lejos.

No lo creo,

a Germán le gusta demasiado la buena vida.

Germán es muchísimo más íntegro que tú.

El día menos pensado te va a sorprender.

¿De verdad lo ves capacitado para buscarse la vida él solito,

sin que esté detrás su papá pagando sus cuentas?

Sí.

¿Y sabes por qué?

Porque él no necesita estar debajo de las faldas de su padre, como tú.

Lo que es el amor de madre.

¿Ya se te ha olvidado

cuando tu hijo quiso ser chico de compañía?

No se me ha olvidado.

Como tampoco se me ha olvidado...

que también le mandaste un matón para que le diera una paliza.

Te he dicho que se ve que es marca de la casa.

¿Qué haces en casa todavía?

Hoy empiezo a currar más tarde y me he puesto a hacer croquetas.

Como ayer no salieron bien por la prisa

quería demostrarte que haciéndolas yo misma, a mi manera,

también pueden estar muy buenas.

A tú manera. O sea, con un cucharón de metal.

Sí, con un cucharón de metal.

Mi abuela era cocinera

y me enseñó a hacerlas así, con un cucharón de metal.

Te dije que el instrumental adecuado para hacer la bechamel

es una cuchara de madera o varillas.

Sí, me lo dijiste, pero no me pareció importante.

Es importante porque raspas la sartén

y si es antiadherente, la destrozas.

Eso si lo haces a saco,

pero tengo claro que hay que hacerlas suavemente.

Pero es que hace reacción con los alimentos

y cambia su sabor.

Colega, ahora sí que te has pasado.

No. Lo dice Jorge en su libro.

Hay muchas opiniones en este mundo.

También hay gente que cree que en la cocina

un cucharón de madera es un foco de bacterias.

Lo ha dicho un cocinero con una estrella Michelín,

no es una opinión cualquiera.

Es una opinión cualificada, pero solo es una opinión más.

Pues no me voy a comer esas croquetas.

A ver, ¿por qué...

por qué no fusionamos tu manera de hacer croquetas y la mía?

¿Para qué? -Pues para innovar,

saltarnos la norma,

hacer las mejores croquetas del mundo.

Y para eso hay que ser flexible.

Eso te lo ha tenido que contar tu madre o tu terapeuta, digo yo.

Sí, pero aquí no va a funcionar, así que es mejor hacerlo a mi modo.

Ay, hijo, qué mandón que eres, de verdad.

¿Y qué hago si soy el único que habla con datos?

Los datos no siempre te dan la razón.

Ah, ¿no? ¿Y qué te la da?

Hay muchas variables en este mundo.

Por eso existe la democracia, ¿sabes?

¿Y qué hace la gente democrática? Hablan, pactan, negocian.

Y se toman turnos para mandar.

Vale. Pues elijo el primer turno. -Sí, claro.

Turno de los cuchara de palo.

Ya veo que lo vas a alargar infinitamente.

Tienes cara de dictador...

Yo no tengo cara de nada.

Bueno, vale, perdona. ¿Por qué no...?

¿Por qué no hacemos otra cosa?

¿Por qué no nos jugamos quién manda en la cocina?

Quien gane tendrá el poder absoluto.

Acepto. ¿Cómo lo hacemos?

Venga, tú escoges el juego.

Al ajedrez. Al mejor de tres.

El ajedrez. De coña.

(Off, timbre)

¡Sorpresa! -Ay, Carmen, qué ilusión.

Hija, tenía un ratito y he dicho: "Voy a ver cómo está".

¿Cómo estás?

Bueno, un poquito mejor.

Pasa.

Oye, ¿quieres tomar algo? -No, no, no.

Si no me puedo quedar mucho.

Siéntate, por favor.

Ay... Bueno, pues estoy mejor, Carmen,

lo que pasa es que estoy harta, ¿sabes?

Se me hacen los días eternos aquí.

Pues, chica, yo no le haría ascos a estar enferma.

Bueno... -Mujer, nada grave.

Pero estar unos días en la cama y olvidarme del puesto.

Eso lo decimos cuando no nos duele nada,

pero cuando viene la enfermedad de verdad,

entonces estás loca por volver a la rutina.

Tienes razón, qué bruta soy, disculpa.

Que no, Carmen, eres encantadora. Por favor...

¿Sabes que eres de los pocos que han venido a verme del mercado?

Fíjate. En el mercado se le llena a todos la boca

con que somos familia,

pero si te pasa algo, allá te las compongas.

No es eso, ¿eh?

Es que Nacho no ha dejado que venga ninguna visita a verme

para no cansarme. Y además, pues para no contagiarlos.

Bueno, claro, normal.

Pero como ya estoy muy bien

y ya no hay peligro de contagiar a nadie,

cuando vayas al mercado dile a la gente que venga a verme,

y yo encantadísima. -Claro.

¿Y con Paolo has hablado?

Pues sí, de vez en cuando. Me ha dicho que todo va muy bien,

pero no entiendo

por qué no ha contratado a alguien para sustituirme.

Es que el solo con toda la pizzería es mucha tela, ¿eh, Carmen?

Yo he visto por allí algún día ayudándolo a David,

el hijo de Celia.

Vamos, debe estar loco porque vuelvas.

Oye, y esto que me ha contado Lorena que van a abrir un restaurante.

Oh... -Uno nuevo,

de estos en los que te cocinan el pescado que compres en el mercado.

Sí, lo compras y te lo cocinan.

Están todos fascinados y yo preocupada.

Pero ¿qué dices, Carmen?

Es maravilloso, esto le va a dar un aire nuevo al mercado.

No, si no es por eso.

Es que la constructora que hizo la reforma del tejado

por lo visto tiene un historial de estafas impresionante.

Pero ¿cómo de estafas? -Ajá.

¿No han hecho bien la obra? -Pues, chica, no se sabe.

Lo más seguro es que hayan usado materiales de baja calidad.

Y si nos viene una inspección,

igual tenemos que volver a pagar las obras del tejado.

¿Cómo?

Ha salido un artículo en el periódico y todo.

Creía que con Javier teníamos un buen gerente,

pero qué va, vamos de mal en peor.

Javier es un chico muy cabal.

No entiendo cómo le han metido ese gol.

Ya, bueno, como está enamorado, igual está en babia.

¿Cómo que está enamorado?

Carmen... está enamorado, ¿de quién, de alguien del mercado?

¿No te has enterado de nada?

¿Cómo me voy a enterar metida en esta tumba?

Bueno, cuando te enteres se te va a pasar la neumonía...

Javier es gay.

Ya, ¿y?

A qué no sabes con quien está.

No, pero estoy segura de que me lo vas a decir.

Con Germán, tu sobrino.

¿Qué me dices?

(Llaman a la puerta)

¿Sí?

Pasa, pasa.

(Puerta cerrándose)

Lo que quiero contarte es un poco...

es un poco privado.

Quiero aclararte lo que ha pasado esta mañana en mi casa.

Cuéntame.

(GERMÁN) Bueno, lo que ha insinuado mi padre de mi colega,

el de la constructora, pues que...

O sea que sí, que tuvimos algo, pero que es pasado,

que no quiero nada con él.

Germán, con todo el agobio que tengo con la constructora

lo último que quiero es que te ralles con eso.

No pasa nada, yo confío en ti.

Ya, pero bueno, como yo insistí

para que contrataras a la constructora...

-Y yo tenía que haber pedido información sobre su reputación.

No pasa nada.

Oye, y perdóname por presentarme en tu casa así, sin avisar.

Cuando leí el articulo me entró una impotencia y una rabia

que no pude esperar a que abrieran el mercado.

Claro.

Lo que sí te voy a pedir es que llames a tu amiguito.

Estoy llamando a la constructora y no me cogen el teléfono.

Con el pollo que tienen montado

seguro que han dado órdenes de no responder.

-Imagino que sus abogados les habrán dicho que no lo hagan.

Pero necesito reunirme con ellos,

tengo que encontrar respuestas para poder tirar por algún lado.

Ya.

¿Puedes llamarlo?

Es que... O sea, yo también lo he llamado y no... no me coge.

La que me ha caído encima...

(ROSA) Pero vamos a ver, lo de Javier y lo mi sobrino,

a lo mejor no son más que chismes. -No.

Sí, Carmen. Tú y yo sabemos

que la gente cuando se pone a imaginar...

-Que no, que no. Que los he visto yo misma besándose.

Bueno, en ese momento tú a mí me pinchas...

y no sangro. -Ya me lo puedo imaginar.

¿Pues sabes qué te digo?

Me alegra que pasen cosas buenas en el mercado,

porque menuda racha llevamos. -Sí.

Paolo, Cristina, mi hermano, Adela...

Madre mía... -Sí, Adela.

¿Cómo está, sabes algo de ella?

Pues, chica, la verdad es que no sé nada.

Es una situación un poco delicada para la familia

porque han sido muchos años, la queremos mucho,

pero claro, Elías es como es, pero es mi hermano.

(CARMEN) Ya, claro. Es que Adela no está bien.

No solo por la separación, está ahí a la gresca con Celia.

¿Tú sabes algo? Yo las veo muy raras.

Yo no sé nada. Pero ¿qué extraño, no?

Con lo amigas que se habían hecho.

Amigas y socias.

Escúchame una cosa,

a lo mejor la discusión es por algo de la tienda.

Mira, no lo sé,

pero yo retomé el encargo de una amiga

para hacer unas cestitas, y me dijo Celia que no lo hacía.

Ahí pasa algo.

¿Y Adela qué te ha dicho?

Eso es lo curioso, Celia me dijo que no se lo cuente a Adela.

Ya...

Pues vaya. Pobre Adela.

Porque está pasando por una situación

tan desagradable y tan delicada... Se tiene que sentir muy sola.

Y encima peleada con su amiga.

Sí, la verdad es que se apoyaban mucho la una a la otra.

Muy gordo tiene que ser lo que les haya pasado.

Ya. -Ajá.

Bueno, yo me tengo que ir. (ROSA) Pero ¿ya, Carmen?

Ay, sí. Sí.

Bueno, pues me alegro mucho de que hayas venido.

Oye, ¿te puedo pedir una cosa?

Claro. -Mira...

si te enteras de algo de Adela, ¿te importaría contármelo?

Es que no sé, me da un poco de cosa llamarla y molestarla.

Claro. Cuando sepa algo, te lo cuento a ti la primera.

Ay, gracias. -No hace falta que me acompañes.

Qué penita, ¿no? Con lo a gusto que charlábamos.

Ya, hija, pero dejé a mi madre en el puesto

y como se agobie, la bronca me la como yo.

Bueno, da muchos recuerdos en el mercado.

De tu parte. Pronto te vemos por allí, seguro. Ya verás.

A ver si es verdad.

Chao.

No cuadra nada. Es que es un desastre, Germán.

La memoria de materiales, de calidades, es entera falsa.

Es peor de lo que decía el periódico.

Pero ¿hay que hacer mucha obra?

-Pues hay que hacer la cubierta entera otra vez

y para eso hay que quitar lo que ha puesto Quiñón,

o sea que se encarece más la obra.

¿Te ha dado un presupuesto?

Y lo peor de todo es que estamos sin dinero.

Incluso lo que se guarda para casos imprevistos

se había usado en la cubierta.

Ya, pero ¿esto no lo cubre el seguro o algo?

-Los del seguro se van a lavar las manos.

Dirán que es culpa nuestra

por haber contratado una constructora estafadora.

¿No se puede pedir un crédito?

Es todo muy complicado, Germán.

Para eso hay que pedir un proyecto de obra,

que ya vale un dinero,

visarlo en el Colegio de Arquitectos,

la licencia de obra al ayuntamiento, que va a poner el triple de pegas...

En fin, para arrancar hacen falta unos mínimos.

Y el mercado no tiene ese mínimo.

Hasta que no ingresen las cuotas mensuales, nada.

Bueno, pues habla con la gente del mercado.

Quizás puedan avanzarlo

y así la arquitecta se pone en marcha con eso.

Como están los ánimos... ¿crees que van a acceder?

Y no valdría con una mensualidad, tendría que pedirles dos o tres.

Me va a estallar la cabeza.

Necesito salir fuera y tomar un café.

¿Te importa si te acompaño?

Pero ¿qué preguntas me haces?

No sé, tendrías todo el derecho de estar enfadado conmigo.

-Tú tampoco sabías que los de Quiñón eran unos estafadores.

A ti también te han engañado.

Vamos.

Es el enchufe, Jorge, que hay que cambiarlo.

Venga ya. Si los cambié todos después de la reforma al puesto.

Mal hecho. Los modernos mucho diseño,

pero fallan más que una escopeta de feria.

Obsolescencia programada se llama eso.

Tenías que haber dejado los antiguos.

-Buenos días.

Jorge, ¿no tendrás tú...?

Uy, no recuerdo que venía a buscar.

Anda que estás tú bueno, ¿eh?

Es que hoy no sé dónde tengo la cabeza.

Voy con el piloto automático.

¿Y en qué pensabas,

si puede saberse? (PAOLO, SUSPIRA)

En la clienta.

La de la bronca de la terraza.

Pero si le pediste disculpas ¿no?

¿Pasó algo? Si lo quieres contar. Sí, quiero contarlo, pero...

En realidad, antes de todo,

quería pediros disculpas a vosotros dos

por mi actitud. -No, hombre, si yo no me ofendo.

Total, si nos trataste como lo que somos:

dos psicólogos del tres al cuarto.

Ya, pero no estuvo bien y lo siento, de verdad.

Todo el mundo tiene un mal día. No pasa nada, Paolo.

Pero lo he estado pensando mejor y... igual tenéis razón,

igual tengo un problema,

porque desde que me dejó Cristina, no sé, tengo mucho rencor

y lo echo encima a la primera que pasa.

-Paolo, si te has dado cuenta de eso,

es un paso importante. -Ya, pero me he dado cuenta ahora.

El otro día, ¿qué? Fui muy borde con esa clienta.

Bueno, le has pedido disculpas, ¿qué más quiere?

Bueno, pídele que quite la reseña esa de Internet

y fin del problema.

No, fin del problema no. ¿Por?

Bueno, porque...

solo de pensar en una relación en este momento,

se me revuelve el cuerpo.

Claro. Si es que tienes miedo a que te vuelvan a hacer daño.

Por eso no hay que precipitarse, Paolo.

¿Tú por qué te vas a poner ahora en tener una relación nueva?

Con el lío que es eso.

Bueno, porque... Mayte me pidió una cita.

¿Mayte?

Sí. La clienta esa se llama Mayte.

Espérate, la clienta que echaste a patadas de la pizzería,

¿te ha pedido una cita?

Tú eres muy grande. No, no, no, no, no.

Es que ella vino ayer. Yo le pedí disculpas,

como acordamos. ¿Sí?

En un punto le dije

que no estoy pasando por mi mejor momento

porque me acabo de separar,

y ella me dijo que... hoy nos vemos en la pizzería.

Vaya por Dios,

seis movimientos y ya te han dado matarile.

Si vienes a criticarme, vete por dónde venías.

No te pongas así. Digo que si tu mueves el alfil aquí

y la torre aquí, pues tapas.

¿Tú controlas de ajedrez?

Bueno, aprendí en el hospital.

Y era algo que me servía para evadirme.

Hasta que luego pues decidí volver al mercado.

Hasta que decidí salir a la calle, conocer gente, relacionarme y...

¿Y tú? ¿Cómo te ha dado ahora por jugar?

Yo me he metido en un marrón, chaval...

Un marrón de alfiles, peones y de torres, ¿no?

Me he ido a vivir con Celia y David porque tienen una habitación libre.

Bueno, me alegro.

Pagar el piso imagino que no sería rentable.

El caso es que David es un hueso duro de roer

y tiene una de manías... -Y cuando se obsesiona con algo

no hay quien lo saque de ahí. -Exacto.

No hay quien lo saque de ahí.

Le dije a su madre, le prometí, que me lo ganaría,

pero veo que es imposible.

Y se me ha ocurrido la idea de retarle a un juego,

y el problema es... -Que le has dejado elegir.

Exacto. Y ahora me va a meter una paliza que voy a flipar.

Tiene un lado bueno.

Si te gana, te deja un ratito tranquila.

Qué va, tengo que ganar. Por lo menos una vez.

Me tiene que respetar.

Además, está en plan... en plan déspota, dictador.

Oye, si quieres...

yo te puedo ayudar.

Yo creo que con el libro este y...

Yo creo que aprendo. -Claro. Hombre, a ver...

depende un poco de los días que tengas para...

Bueno... -...prepararte y...

Pocos. -Pocos. Claro.

(SAMUEL CARRASPEA)

Bueno, venga, ayúdame.

¿Sí? -Sí, claro.

Apaga el móvil, que te vas a dejar la batería.

Y voy a por un tablero de verdad. -Vale.

No te vayas, ¿eh? -No me voy.

(SUSURRA) Gracias.

Anda, cariño, siéntate aquí.

Mírame, estoy mucho mejor.

Así que no pasa nada porque te vayas a tomar algo con ese chico.

¿No te has ido a hacer la compra?

Venga. No quiero que te sigas sacrificando por mí.

¿Por qué lo dices, por lo de Nueva York?

Pues sí, lo digo por eso, sí. -Ay, mamá, me quedé porque quise.

Si en aquel momento

preferí quedarme contigo y no estabas enferma, imagínate ahora.

Ya, pero es una exageración.

Porque hace dos días sí, tenía fiebre y temblores,

pero mírame, es que estoy casi curada.

Ya. ¿Y quién te va a hacer la comida?

¿Yo misma? ¿Con estas manitas? -Sí, hombre. Que no, mamá.

O sea, suficiente he cedido ya yéndome a vivir con Jonathan.

No, no me voy a ir a ligar con un desconocido

y te voy a dejar sola.

Venga, cielo.

Por favor, sal, disfruta, vive.

Me vas a hacer sentir muy culpable, ¿eh?

Venga, por favor.

¿Y qué pasa con papá?

Tan solo por no escuchar la bronca que me caería si se entera...

Es que no se va a enterar. ¿Tú se lo vas a decir? Porque yo no.

Venga. -Bueno, venga, vale,

pero si te encuentras mal o si necesitas cualquier cosa,

me llamas, ¿eh? -Sí, tranquila.

Oye, mucha suerte.

Gracias.

(Puerta abriéndose)

(TV) "Posiblemente. -Obviamente no se come, no.

-Obviamente no, pero...

Tú fíjate, de esta que hay aquí voy a cortar un trozo.

Tendría poros, pero no se notan, son imperceptibles.

Debajo del sombrero, si le das la vuelta,

ves que apenas... -Qué porosa es.

-Pero muy poco. Nada, apenas..."

A ver cuándo organizamos otra merienda. ¿No, Lorena?

La otra vez lo pasamos muy bien. -Cualquier excusa es buena

para que mi novio te prepare alguna delicatesen, ¿eh, papi?

Pero bueno.

¡Qué sorpresa, hija! ¿Ya estás buena?

Bueno... (LORENA) Ay... ¿Cómo estás?

Lo que estoy es...

Pues aburrida de estar encerrada en casa.

Y como Carmen se había dejado las gafas,

pues mira, La excusa perfecta.

(LORENA) Pero cuidado con la neumonía. No me cojas frío.

Que estoy mucho mejor.

Oye, ¿me podrías hacer una infusión calentita o algo así?

Claro que sí. -Gracias.

Con lo estricto que se ha vuelto Nacho,

si le ha dejado salir, es porque está prácticamente curada.

Bueno, la verdad es que no sabe que he salido.

¿O sea que te has fugado? Ah.

Es que no está en casa, está en la oficina trabajando y...

a mi aquello se me hace bola, no puedo más.

Si lo veis, no digáis que la paciente se fugó.

No, no, por favor. ¿Has visto a Paolo?

No, acabo de llegar.

Además, hace varios días que no sé nada de él.

Está bien, ¿no? (AMBOS) Sí.

Está bien. Está... De hecho, está muy bien.

Ha quedado con una chica. Uy, ¿cómo no me he enterado de eso?

Estás perdiendo facultades, Carmen, desengáñate.

Vaya, vaya... Pues me alegro mucho que haya quedado con una chica.

Creo que lo necesita, porque está muy solo.

Nos ha costado, ¿eh? Nicolás y yo lo convencimos

porque estaba cerrado y no quería ver a nadie.

¿Perdona? ¿Nicolás está en el ajo y yo no me he enterado de nada?

Es lo que te estoy diciendo.

Ay, Carmen, ¿quién te ha visto y quién te ve?

Si estás intentando mover las piezas con la mente,

yo esa técnica no... -Cállate.

(PAOLO, SUSURRA) Ven por aquí.

Bueno, Paolo, menuda camisita que me traes, ¿eh?

Eso es para impresionar a alguna seguro.

Impresionar no sé,

pero con que no se me note el miedo, ya me doy por contento.

¿Miedo de qué? ¿Qué pasa, te persiguen o qué?

(PAOLO) A ver, ¿tú sabes la de años que hace

que no salgo con otra mujer que no sea Cristina?

Menudo problema...

Vamos a ver, Paolo,

si mi abuela ha rehecho su vida a su edad, ¿no lo va a hacer tú?

Mira, dos normas básicas:

no intentes impresionarla porque la cagas seguro.

Ya. -No, escucha. Ven aquí, hombre.

Y la segunda: no hables de futbol, política ni religión.

Y con eso ya lo tienes.

(PAOLO) Tienes razón. Gracias. -A ti. Campeón.

Eh... Caballo.

Bien. Te comes el alfil, ¿no?

Y pongo en juego la torre y la reina,

y casi tengo a tiro tu rey.

O sea que... "Bum".

Muy bien.

Si sigues aprendiendo así, le darás problemas a David.

Eso espero.

Bueno, me voy, ¿vale?

¿No terminamos? -Tengo muchas cosas que hacer.

Claro. -Adiós. Gracias.

Hasta luego.

Cómo echaba de menos este mercado.

Llevar un bar es sacrificado, pero tiene sus compensaciones.

Estás ahí siempre con la gente, ¿no? Da gusto.

Es que este mercado es mi vida.

Y llevo tantos días sin pisar estos pasillos que...

No sé, se me ha hecho una eternidad.

A ver qué nos depara el futuro. Igual tenemos los días contados.

Por favor, no nos pongamos en lo peor.

Cómo no ponerse en lo peor con el lío en que nos ha metido Javier.

Le podía pasar a cualquiera.

(NACHO) Cojo un par de bocadillos y vuelvo.

Venga, hasta ahora.

¿Qué haces tú aquí?

(JESÚS) Nacho, te hacíamos en la agencia.

(NACHO) Hay mucho lío

y vengo a por bocadillos para no salir a comer.

¿Me pones dos bocadillos de tortilla

para llevar? -Enseguida.

-Cariño, deberías estar en casa. Aún estás débil.

Que no, que estoy muchísimo mejor, Nacho.

Además, yo creo que me va a venir muy bien empezar a salir

para coger fuerzas, ¿no?

No seas terca. Eso no lo dijo la doctora.

(JESÚS) Haz caso a tu marido, hija.

Lo peor de la neumonía es recaer. -Ya.

(NACHO) Venga, vámonos a casa. ¿Te acompaño?

Venga, vale.

Lorena, ahora vuelvo.

(ROSA) Toma, cógeme esto.

A ver si nos vemos prontito, ¿no?

Hasta luego. Chao.

(CARMEN) Hasta luego. (JESÚS) Adiós, hija.

Ay, qué pena, ¿eh?

Con la charleta tan buena que teníamos.

Y que gustazo de marido,

hay que ver lo pendiente que está de ella, ¿eh?

Hola.

Hola.

Ya he rectificado la reseña

y he puesto tus pizzas por las nubes.

Pero si solo has probado el café y los cannoli.

-Bueno, pero eso solo lo sabemos tú y yo.

También te he puesto bien a ti.

Gracias.

Será nuestro primer secreto.

Mira...

aquí tengo la carta de las pizzas. -Ajá.

Mi favorita es la tartufata.

Y... -No he venido a comer pizza.

Ah, ¿no?

Pues mira, tengo también ensalada y... y pasta, si quieres.

Tampoco quiero ensalada.

Lo siento, pero igual...

hubiéramos podido quedar en otro sitio, pero...

es que ahora mi compañera está de baja

y no puedo cerrar... -Paolo,

he venido hasta aquí para conocernos mejor.

Comer es secundario.

¿Cómo va a ser secundario comer?

¿Qué...? ¿Qué haríamos nosotros

que nos dedicamos a la restauración, no?

Si sigues con esa actitud, me bajarás la autoestima.

Ay, lo siento.

¿Te gusto o no?

Sí, sí, sí.

Eres una mujer... muy encantadora.

¿Encantadora?

Lo que quiero decir es que no nos conocemos,

pero estoy seguro que tienes muchas cualidades.

Eso pretendo, demostrártelas.

¿Qué te parece si cierras y nos vamos a comer tú y yo? ¿Eh?

Cerrar la pizzería...

Es que ahora no puedo.

Venga, buscamos un sitio tranquilo, un restaurante discreto.

¿Eh? ¿Te gusta el marisco?

Sí. Mira, justo tengo una pizza de marisco aquí que...

-Marisco fresco.

Una... copa de cava,

un dulce de chocolate...

Nos relajamos, nos conocemos mejor,

nos reímos un rato,

y ya después, si nos apetece,

nos echamos una siesta en un hotelito por horas.

¿Eh? Luego tú vuelves aquí y yo a mi oficina. ¿Eh?

¿Qué te parece?

Hombre, ¿qué tal? ¿Qué tal?

Supongo que ya te habrás enterado del artículo del periódico, ¿no?

Sí. Pero tranquilo, Javier ya nos ha aclarado

que fue él fue quien contrató a esa constructora y no tú.

Bueno, yo le agradezco mucho el gesto,

pero como presidente de la Asociación de Comerciantes

también soy responsable.

Ya. Si te digo la verdad,

está siendo complicado sacar el mercado hacia delante.

Y más teniendo encima

al tiburón de los negocios Ginés Hortuño.

¿Quién? Un... especulador inmobiliario.

Quiere comprar el Central para echarlo abajo

y construir un centro comercial y pisos de lujo.

¿Qué me dices? Sí, sí, sí.

Como no quisimos hacerlo por las buenas,

pues el hombre se dedica a ponernos trabas

para que no cumplamos el plazo que dio el ayuntamiento

para reformar el mercado. No tenía ni idea de esto que dices.

¿Crees que ha tenido algo que ver con el artículo?

Estoy convencido.

Si no, pregúntale a tu amigo Jorge

cómo saboteó la muestra gastronómica.

Vaya, pues qué barbaridad. En valiente sitio he ido a caer.

Esto es un desastre.

Bueno, perdona que sea tan sincera, pero...

No te preocupes, lo entiendo perfectamente.

Yo te cuento todo esto por...

por solidaridad y porque suponía que nadie te lo había contado.

Pero no te asustes. ¿Cómo no me voy a asustar?

Invierto en un sitio que puede tener los días contados.

Mujer, tampoco es así.

Luchamos todos para sacar esto adelante.

Y un proyecto como el tuyo viene bien para nuestros intereses.

Claro. Clientela,

más gente, más trabajo, más dinero...

Es momento de mirar hacia el futuro.

¿Has encontrado al que te haga la reforma?

Si quieres, te puedo ayudar.

Javier me ha pasado el contacto de otra constructora,

El Casar, creo que se llama,

pero no sé si me puedo fiar de nadie, porque...

El Casar... Sí.

Me suena.

Yo creo que les hicieron la reforma a unos amigos míos

y si quieres, hablo con ellos y les pido referencias.

Pues te lo agradecería muchísimo, la verdad.

Bueno, pues si quieres,

¿nos vemos esta tarde en mi despacho y hablamos?

Perfecto.

Ay, mira, una tarjetita. Aquí está la dirección.

Genial. Pues luego me paso.

Es un... placer tratar contigo, Elías.

El placer es mío, Ingrid.

Hasta luego. Adiós.

(PAOLO) Muchas gracias, ¿eh? Hasta luego.

Mayte, que... a mí me encantaría lo que me propones, pero...

pero es que...

es que yo estas actividades tengo que...

como planificarlas con un poco de tiempo, porque...

Paolo, yo creo que si se tiene interés,

el tiempo se encuentra. ¿Tienes interés o no?

Sí, sí, claro que sí.

Yo... supongo que sí. Sí.

Mira, te propongo otra cosa.

Cierras, me preparas esa pizza de marisco...

Bueno, no es marisco, es como gambitas pequeñas...

...nos relajamos,

nos conocemos mejor, nos reímos un rato,

y si luego nos apetece, cierras la persiana y...

Ay, Mayte, es que... Es que tú vas muy fuerte.

Yo... Yo necesito como ir al cine, pasear, ¿sabes?

Conocerte un poco más.

Es lo que te estoy proponiendo, Paolo.

Comemos, charlamos durante la comida y luego ya vemos.

Ya, pero yo veo que tú tienes muy claro

cómo va a acabar la comida.

Mira, estoy harta de desengaños.

Quiero saber si un hombre y yo somos compatibles en la cama

y ya vendrá el cine, el pasear y lo demás.

Ya, pero eso es como construir la casa por el tejado, ¿no?

-¿Sabes lo que se sufre si te enamoras de alguien

y no te entiendes sexualmente? -No

Yo no quiero que me vuelva a pasar, es un desgaste brutal.

Que yo lo entiendo, Mayte, pero lo que pasa es que...

-Mira, nos vamos a ahorrar tiempo y dinero los dos. ¿Eh?

Te parezco muy directa, ¿no?

Un poco, sí, la verdad. Un poco... Un poco mucho.

Mira, yo no quiero incomodarte,

pero creo que entre tú y yo hay química.

E intuyo que la prueba puede salir muy bien.

Sí, sí, sí, yo también lo creo. Pero...

Lo que pasa es que hoy no puedo cerrar la pizzería porque...

-Perfecto entonces. ¿El qué?

Mañana cuando cierres

nos vemos en el bar de la esquina de la plaza.

Mayte, mañana...

Tomamos algo y luego subimos al hotel.

Alquilan unas habitaciones estupendas.

Mañana a las 18:00. Acuérdate, ¿eh?

Chao.

A las 18:00.

Yo qué hago ahora.

Aquí tienes, cafetito. Gracias.

Bueno, cuéntame,

¿hablaste con Germán? Sí.

Te hice caso

y le conté que su padre lo estaba utilizando

para ponerlo en mi contra.

¿Cómo se lo ha tomado? Pues imagínate, Lorena.

Se ha puesto hecho una furia.

Mira, el día menos pensado...

se independiza del padre y lo deja plantado.

¿Eso te ha dicho?

No con esas palabras,

pero lo veo bien con Javier, así que no me extrañaría

que empezaran una nueva vida.

Claro, tiene su lógica, es un tío ya hecho y derecho.

Quiere hacer su vida, ¿no? Yo me alegro por él.

-Muy buenas, chicas. Hola.

¿Me pones un tecito?

Ahora mismo. -Gracias

Hola, Carmen. Hola.

He estado con Celia y me ha contado que vuestra proveedora,

tu amiga, está enferma. ¿Cómo está? ¿Está muy grave?

Creo que no, pero no sé los detalles.

Es que es una mujer muy discreta y no le gusta molestar.

Ah.

¿Podríais ponerle otras cosas a las cestitas, ¿verdad?

Es que Purificación, mi amiga, está muy interesada

en pediros las cestas para la inauguración de su tienda.

Purificación. Tu amiga, ¿no? Sí.

La misma que ya nos dejó tiradas.

Sí. Me ha dicho Celia

que no os quedan ganas de trabajar con ella.

Pero mujer, una venta es una venta ¿no?

Pues no va a poder ser. Vaya.

Qué rencorosas sois. Se la tenéis jurada, ¿no?

Pues no. Y no porque tu amiga no sea una malqueda.

No podemos, simplemente, porque no hacemos cestas.

Ah, vale, que no hacéis cestas. Ya me ha quedado claro.

¿Y otra cosa no podrías poner de regalito?

A ver, no me has entendido, te estoy diciendo que Celia y yo

ni hacemos cestas ni las vamos a hacer nunca más.

Ya no somos socias.

¿Te has enterado ya, te ha quedado claro?

Pues a otra cosa mariposa.

Anda, que...

¿Qué? -Ahí tú, venga, apretando tuercas.

¿Perdona? No, la que se ha pasado cuatro pueblos es tu cuñada,

que mira cómo se ha puesto. Solo le he encontrado una cliente.

¿No te das cuenta que no quiere hablar del tema?

Lorena, ¿me pones un bocadillo de tortilla con pimientos?

Tortilla con pimiento.

(NICOLÁS) ¿De qué estabais hablando?

Porque no veas la cara de mosqueo que llevaba Adela.

Adela y Celia ya no son socias.

Bueno, cosas que pasan. No saldrían las cuentas.

No, no, no, no. No es por eso, no es por eso.

Aquí hay gato encerrado.

Carmen, no seas mal pensada.

Hay demasiada inquina, demasiada tensión,

demasiadas ganas de ocultar algo.

Aquí pasa algo y es muy gordo, y no sé lo que es.

Y me tengo que enterar.

Me voy a enterar como que me llamo Carmen Pacheco.

(VELASCO) No corras tanto, Elías.

¿No querías verme?

Sí. Te he llamado un par de veces para vernos en mi despacho,

pero este no es el sitio ni el momento.

Pero si a mí no me conoce nadie.

Ya, pero... "Ya, pero" nada.

Yo puedo hacer lo que me dé la gana.

Entiendo que no quieras que te vean con Hortuño, pero ¿yo?

Si te preguntan por qué nos ven juntos, dices que...

pues que soy un familiar y punto.

Bueno, de cualquier forma

no estaría de más extremar las precauciones.

Hay temas que no deberíamos... Déjate de evasivas y vamos al grano.

¿Qué es lo que querías contarme sobre nuestro socio?

¿Por qué ha ido a verte sin decirme nada?

Venga, vamos. Habla, Elías, por favor. ¡Habla!

No, nada, el...

Estaba enfadado porque Ingrid consiguió permiso para la reforma,

pero le conté lo del artículo del periódico

y se le ha pasado. Es no es verdad.

Solo por eso no me hubieras llamado.

¿De qué más hablasteis?

De ti, Velasco.

Hablamos de ti.

Hortuño te quiere fuera.

No te quiere en la sociedad.

Tiene pensado deshacerse de ti. No sé cómo ni cuándo.

No sé sus planes.

Muy bien. Gracias.

No necesito más información. Pero yo sí.

Yo necesito más información.

Entiéndelo, mi posición es complicada.

Si quieres irte de la sociedad, dilo.

No me quiero ir de la sociedad,

solo quiero entender qué está pasando aquí.

Parece que os lleváis bien, sois socios,

pero es mentira, no os podéis ver.

¿Qué está pasando? ¿Cuál es la verdad?

La verdad... ¿Quieres saber la verdad?

Ven esta noche al muelle de carga a las 00:00.

Te voy a presentar a un viejo conocido de nuestro amigo.

Te va a contar cosas muy interesantes de nuestro socio.

Sé puntual.

Prometiste cuidar de ella, ¿cómo se te ocurre dejarla sola?

¿Qué pasa, te cabrea que mamá se encuentre mejor?

¿Y qué problema hay, no ha habido química?

Sí, algo debió haber.

Porque ella me dijo que lo que quiere de mí... es sexo.

(ROSA) No me lo puedo creer, Elías. ¿Le has vuelto a ser infiel?

Dios. Pero ¿cuántos cuernos crees que puede aguantar una mujer?

¿Sabes qué pasa?

Que como yo no aspiro a ser jefe y me importan más otras cosas,

pues... no echo tantas horas como tú.

¿Problemas con mujeres ambiciosas que nos guste trabajar?

La única solución es pedir a los comerciantes

que adelanten el pago.

¿Adelantar qué? Eso es imposible. Yo no tengo un duro.

¿Por qué no cogemos ese dinero?

La mitad se utiliza para reformar el tejado

y la otra mitad para la reforma y señal del puesto de Ingrid.

Ingrid nunca lo aprobaría.

No tiene por qué enterarse.

(INGRID) ¿Javier está usando mi dinero

para pagar las obras del tejado? No sé, no tengo ni idea.

Yo no sacaría conclusiones precipitadas.

Si tú has hecho lo que yo pienso que has hecho,

te voy a dar un consejito, guapa...

Pero por el amor de Dios,

¿no tienes a nadie más a quien incordiar?

O sea que sí.

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Mercado Central - Capítulo 99

13 feb 2020

Un artículo denuncia que la constructora Quiñón, encargada de reponer la cubierta del mercado, utiliza materiales que no pasan los controles de calidad. Javier asume su responsabilidad ante los comerciantes y Germán le pide disculpas por ser quien le recomendó dicha constructora.
Adela, ante la presión de La Pacheca, le cuenta que Celia y ella han disuelto su sociedad. Carmen está convencida de que algo gordo ha pasado entre ellas y está dispuesta a averiguarlo.
Adela acepta firmar el divorcio sin denunciar a los De la Cruz, pero advierte a Elías que ha perdido a su hijo por manipularle para ir contra ella.
Carla acepta la ayuda que le ofrece Samuel para aprender a jugar al ajedrez y poder así ganar a David, contra el que se ha jugado el privilegio de imponer las normas en casa.
Nacho pilla a una convaleciente Rosa en el mercado.
Paolo, pese a sus inseguridades, acepta una cita con Mayte, una clienta. Lejos de desaparecer, éstas se agravan cuando la mujer le pide que se acuesten.

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