Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 9 - ver ahora
Transcripción completa

¡Mucho cuidado conmigo porque a la mínima, os mando a mi abogado!

¿Se puede ser más estúpida? Chicos, de verdad, ya vale.

Volved, estamos dando el espectáculo.

¡Si me busca, me encuentra!

Que ya me ha contado Rosa lo mucho que te preocupas por tu hija.

Yo, por lo menos, estoy haciendo algo.

-Muchas gracias por tu ayuda.

Desde que has llegado todo va mucho mejor.

Bueno, Rosa está encantada contigo.

Somos todos tan felices.

Dentro de un rato vendrá mi madre, como cada mañana.

Me meterá en la ducha y después...

Tendré que pedirle que me ayude a cambiarme los calzoncillos.

Esta va a ser mi vida a partir de ahora.

Domenico me ayudó mucho cuando compré su parte del negocio.

Prácticamente, me la regaló. No puedo dejarlo tirado.

-¡Cómo te dejas enredar! Llevas años sin saber de él,

aparece de pronto y le contratas.

¿Y si lo vendemos por nuestra cuenta?

-¿Qué nos van a dar por un puesto que hay que renovar sí o sí?

-Si es que era o todos o ninguno.

-Ahora, por los santos cojones de los De la Cruz, ninguno.

No me he quedado encerrada en el mercado.

Me han dejado encerrada, que no es lo mismo.

¿Tú no me harías un favor y vendrías a por mí?

Ay, gracias, Jorge. Muchas gracias, de verdad.

(SUSPIRA)

Habían encontrado a Manuel en la bañera.

¿En la bañera? ¿Tuvo un accidente?

Los accidentes ocurren de repente.

Esto fue otra cosa.

(SUSPIRA)

Yo había pensado en el modelo "vintage" para las sillas

y en el índigo, para las mesas.

Sí, tengo el catálogo de su tienda delante.

Creo que van a quedar muy bien en mi negocio.

Perfecto, espero el presupuesto y hablamos.

De acuerdo, muchísimas gracias. Hasta luego.

-Ponme un cafelito solo con un chorrito de coñac.

-Pero ¿a estas horas?

-Es que no he empezado bien el día, hija.

Llevo media hora intentando aparcar.

He tenido que dejar el coche donde Cristo perdió la alpargata.

-¿No había sitio en el parking? -Pues no, hija, no había.

Y en el único sitio libre era imposible aparcar

porque un listo ha dejado su coche ocupando dos plazas.

Bueno, un listo y un hortera, porque tenías que ver el coche.

-¿No será...

un coche rojo chillón con la capota negra?

-¿Sabes de quién es? -Me temo que sí, es de mi padre.

-Pues vaya gusto tiene tu padre.

-Mi padre cada año cambia de coche.

Yo creo que en el concesionario le hacen hasta la ola.

Pero lo peor

es que se los compra cada vez más horteras.

-Pues la próxima vez que le veas le dices de mi parte...

-No, no, espera, espera.

Ahí lo tienes, se lo dices tú misma.

-Pues vaya que si se lo digo. ¡Hombre!

Eh, te crees que el mercado es tuyo, ¿no?

-Casi, ahora que Elías ha comprado el bar,

ya nos queda menos a los De la Cruz para que sea nuestro.

-¡Ay, qué gracioso!

Por tu culpa no he podido aparcar.

-¿Por mi culpa?

-Sí, has dejado tu coche ocupando dos plazas.

He tenido que dejar el mío a tres calles de aquí.

-Pues dame las gracias, a tu edad es importante caminar.

-Pues aplícate el cuento, ven andando tú.

Porque aunque compres coches de hombres de 40,

te vistas como los de 30 y vayas con mujeres de 20,

somos de la misma quinta, que yo sepa.

-Vamos a hacer una cosa.

Vamos andando hasta el parking, te llevo hasta tu coche

y a la vuelta aparcamos cada uno en una plaza.

-Muchas gracias, pero en esa horterada no me subo.

-¿Horterada, tú sabes lo que vale esa maravilla?

-Ni lo sé ni me importa. Es el típico coche que se compran

los hombres que quieren presumir de dinero

porque no pueden presumir de otra cosa.

-Valeria, tienes que intentar no amargarte.

La envidia es muy mala y te hace envejecer.

-Pues tú debes ser muy envidioso,

porque estás más arrugado que una pasa.

-Hay mujeres jóvenes y guapas a las que les encantan las arrugas.

-Sobre todo, si va acompañada de un cartera llena de billetes.

(RIENDO) No te digo que no.

Pero así funciona el mundo, Valeria.

Yo tengo dinero porque me lo he ganado honradamente.

Déjame que me lo gaste en lo que quiera y con quien quiera.

¿No te parece?

-¿Pues sabes qué te digo? Que tienes razón.

Pero tu coche es una horterada aquí y en China.

-Rosa. -Dime.

-Esto te lo paga tu padre, como es el dueño del mercado...

(JESÚS RÍE)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Y dices que le has dejado tu diario?

-Sí.

-Pero un diario es algo muy personal, ¿no?

-A mí no me importa que la gente conozca mis sentimientos.

-A mí nunca me has dejado leerlo.

-Porque nunca te ha hecho falta.

A ella le vendrá bien saber cómo me sentía tras el accidente.

No es la única que se siente perdida.

-No es la única. ¿Sabes qué pasa?

Que yo también estoy perdido. Se te va la olla con esa tía.

-¿Por qué, por ayudarla?

-Joder, porque pierdes el tiempo, tío.

Cuando alguien no quiere ayuda da igual lo que hagas.

No hay nada que hacer. -Seguro, pero quiero intentarlo.

-Ya.

-Hola.

¿Tienes un minuto? -Hola. Claro.

¿No tienes que ir a la carnicería?

-No, aún no es mi hora.

¡Ah!

Pillado.

Toma. Gracias.

-¿Te lo has leído?

-No sé por qué me lo diste.

-Viene bien tener lectura en el baño.

-Yo no sé qué ves en mí.

Te he estado puteando hasta la muerte por el accidente

y tú eres una víctima más, ni siquiera conducías el coche.

Tu colega murió y te quedaste...

-Me quedé vivo para contarlo. No es poco.

-Bueno, nada, que...

Que solo te quería dar las gracias

y decirte que lo siento mucho

si he sido un poco borde.

-No, ¿borde, un poco, tú?

Has sido ultraborde.

Pero no te preocupes, no pasa nada.

-De todas formas, no tendrás que aguantarme mucho más.

He aceptado el curro de dependienta.

-¡Joder, tú aceptando mi ayuda!

Al final esto va a hacer milagros.

-No te flipes, necesito la pasta y tengo que mudarme.

-Pues entonces me alegro de que te hayan cogido.

Aquí pagan menos.

-Bueno, adiós.

-¿Amigos?

-Amigos me parece un poco serio.

Conocidos, con buen rollo. Chicos.

-Se hace así, mira.

-No me vas a enseñar tú cómo se hace esto.

-Se hace así. -A ver.

¿Cómo se hace? -Así.

(BOSTEZA)

Se te han pegado las sábanas.

Oye, vosotros que estáis en todo,

¿por un casual no sabrás quién cerró el mercado anoche?

Ni idea, ¿por?

Porque quien fuera dejó encerrada a Celia.

(RÍE)

Carmen.

Si va a acusar a mi familia, que lo haga con razón.

¿En serio?

Nos acusó de poner silicona en su cerradura.

¿Quién se cree que somos?

Seguramente, una banda de matones.

Desde que ha llegado, la hemos ninguneado, insultado,

ofendido y ahora le jodemos el puesto. Bien, ¿no?

¿Y ella, qué, lo que ha hecho con Serafina te parece bien?

¿Cómo te sentaría que no te pagaran el alquiler?

¡Ahora te pones de su lado!

Eras el primero que la ponía a parir.

No me pongo de parte de nadie.

Pero no podemos tomarnos la justicia por nuestra mano.

Y menos, dejando encerrada a la gente.

¡Huy, pobrecita!

Igual ha pasado mucho miedo por si le atacaba un pescado.

A mí no me hace ninguna gracia.

Por tu culpa me ha jodido la cerradura.

¡Huy, por mi culpa! ¿Qué tiene que ver?

Se quedó sin batería en el teléfono

y para usar el mío, forzó la puerta.

Luego los vándalos somos nosotros.

¿Quién me paga la cerradura, tú?

¿A mí qué me dices?

¿Qué tendré yo que ver con lo que haga esa señora?

¡Venga, hombre! Vale.

(ROSA) El café con leche y el bocadillo que faltaba.

-Hola, cariño.

-Tenemos tortilla de calabacín sin cebolla.

¿Quieres un trozo? -No, solo tomaré café.

-Te he dado la noche, ¿eh?

-Te dije que te tomaras una pastilla antes de dormir.

-Me dejan atontada, Nacho.

-Mejor un poco atontada que llorando toda la noche.

-Supongo que sí.

Lo siento.

-Pero ahora estás mejor. ¿A que sí?

-Me he despertado más positiva.

-Muy bien, cariño.

-He decidido que voy a tener a Lorena aquí.

-¿Aquí? -Ajá.

-¿En el bar? -Sí.

-Cuando a mi hermano se le mete una idea en la cabeza...

-No te puede obligar. -No, no me ha obligado.

Pero tiene razón, tenemos que ayudar a la familia.

-Anda que no has ayudado veces a tu hermana.

¿Y cómo te lo ha pagado? -Lo sé, lo sé.

Pero quiero darle otra oportunidad.

Y, además, siento que esta vez va a salir bien.

Buenos días. Buenos días, Jorge.

¿Y esto, Serafina? Pues son mis puntillas.

Si a esa estirada no le gustan, peor para ella.

No se ha hecho la miel para la boca del asno.

Aquí quedan estupendamente.

Sí, sí, quedan... Están nuevas.

He visto esto abierto esta mañana y me he atrevido a entrar.

No sabes cómo estaba.

Todo revolucionado.

Cristales rotos, una botella de vino vacía.

Y bueno, no es de mi incumbencia.

Pero ¿no es mucho vino para uno solo?

No se preocupe, estaba abierta de otro día.

No, si a mí no me des explicaciones.

Que tú eres mayorcito ya para saber lo que tienes que beber

y lo que no tienes que beber.

Pero una cosa sí que te digo.

Tú tienes acceso aquí a mucho vino.

Y un día porque sí y otro porque no,

te pimplas una botella detrás de otra

y tienes un problema con el alcohol.

Serafina, mire, de esto me ocupo yo, no se preocupe.

Y del alcohol no se preocupe, no tengo problemas con él.

Huy, eso es lo que dicen todos los alcohólicos.

Que no digo yo que tú lo seas, bendito sea Dios.

Pero me tienes que comprender, hijo.

Te veo llegar tarde, desaliñado.

Y veo una botella vacía.

¿Me preocupo o no me preocupo?

Serafina, no he llegado tarde, son y 32.

Pues eso, tarde, dos minutos tarde.

Pero yo no soy quién para llevarte el control horario y el del aseo.

Y veo que se ha traído también su silla.

Va a seguir espantando a los posibles inquilinos.

Claro, si no tengo yo otra cosa que hacer.

Y es que me encanta venir aquí día a día.

Igual es buen momento para salir, tomar el aire.

Vivir un poco. ¡Qué aire ni qué aire!

Estoy aquí igual que en mi casa.

Bueno, mejor, porque no estoy sola.

Y, además, es que sois mi familia.

Y yo pienso seguir viniendo mientras tenga salud.

¿Te gustaría que te pusiera los bordes azules?

No, no. O sí, lo que...

Que sí, cariño, si a mí no me importa.

Mira, te hago uno azul y ya vamos viendo si eso.

Claro. Pues nada, que lo disfrute.

Anda. Venga.

(SUSPIRA)

¿Estás segura de querer que Lorena trabaje aquí?

-No sé, pero siento que ha cambiado.

Ayer, cuando me estaba ayudando a buscar a Noa, me hizo ilusión.

Creo que es la primera persona que me toma en serio

después de que la Policía abandonara la búsqueda.

-Yo he estado semanas, meses buscándola contigo.

-Sí, al principio, sí.

Pero hace mucho que te rendiste.

-Yo no me he rendido.

-¿Y por qué no la buscas?

-Porque he decidido aceptar... -¿Aceptar qué?

¿Que no la vamos a volver a ver? -No digas eso.

-Es que no entiendo tu posición.

No, no...

No sé, es como si no te importara.

-Por supuesto que me importa.

-Pues entonces, demuéstramelo.

A veces te veo tan entero... Verte así me hace mucho daño.

-Rosa, no sufre más el que más llora.

-Me encantaría verte llorar en algún momento.

Así no me sentiría tan sola en esto.

-Eso es injusto, estamos juntos en esto.

-Pues ayúdame a buscarla.

-No quiere que la encontremos. La Policía lo dijo.

Noa se fue porque quiso.

Volverá cuando necesite dinero o cuando quiera.

-Me da igual lo que diga la Policía.

Es mi hija, no voy a parar de buscarla.

Y a mí...

Ayer me dio un subidón, Nacho.

Me dio un subidón ver a mi hermana

llamando por teléfono a los bares, preguntando.

Me da igual que no sirva para nada.

¡Ah!

¿Qué pasa?

-Nada.

-Venga, que conozco esa sonrisita. ¿Qué pasa?

-Prefiero no decir lo que estoy pensando.

-Venga, por favor, dilo.

¿Que?

-Que eres muy inocente, Rosa.

Lorena sabía perfectamente que la de la foto no era Noa.

Te lo dijo solo para marcarse un tanto contigo.

-Pero ¿cómo se te ocurren esas cosas?

-Me lo dijo ella.

-¿De verdad?

¿Me estás diciendo que hizo un papelón para trabajar en el bar?

-Yo no he dicho eso.

Pero tampoco lo descartaría. -Pero...

-La gente no cambia nunca, te lo digo siempre.

-Es que no tiene ningún sentido, Nacho.

Ella era la primera que no quería trabajar aquí.

-Podría ser una forma de hacer que seas tú quien se lo pida.

-Lorena no es tan retorcida. Por lo menos, no lo era.

Ay, yo qué sé. -Mira, haz una cosa.

Ofrécele el trabajo, verás lo que tarda en decir que sí.

Pero yo no quiero malmeter contra tu hermana.

Todo lo contrario. No pensaba decirte nada.

Pero te veo tan inocente.

-Es que no sé qué me pasa, Nacho, no lo sé.

A veces tengo la sensación de que no entiendo nada.

(SUSPIRA)

¡Joder, abuela! ¿Dónde vas así, a una boda?

-¿Qué pasa, que una no se puede arreglar para ir a su puesto?

-¿Vas así al mercado?

-Sí. -¡Jo!

-Es que hoy puede ser un día importante.

He encontrado la solución para la casa de Comillas.

-¿Te vas a ligar al del banco para que te dé un préstamo?

-Al del banco, no.

-¿Entonces, a quién?

-Digamos que hay cierto caballero al que le hago tilín.

Ya he hablado demasiado.

-¿Te vas a ligar a un pardillo para que te pague la reforma?

-No me hagas reproches, bastante tengo con los de tu madre.

¿Sabes las penurias que he pasado en la vida

para acabar en una residencia de viejos?

-No te pongas intensa, que no acabarás en una residencia.

-¿No? Lo he visto mil veces.

Amigas un poco mayores que yo que molestan

y las dejan en una residencia.

-Y eso no quieres ni de coña.

-Quiero acabar mis días dignamente, en mi casa de Comillas.

Y tengo que aprovechar

las oportunidades que me dé la vida.

No tengo edad para andarme con remilgos.

-No te enfades, que no te he dicho nada.

Entiende que flipe un poco

al enterarme de que eres una Mata Hari.

-¡Qué Mata Hari ni qué tonterías!

Esto se ha hecho toda la vida.

Hay gente a la que le sobra el dinero y no sabe en qué gastarlo.

¿Qué hay de malo en orientarles un poquito

para que se lo gasten en algo de provecho?

-No, nada. -Pues eso.

Una tiene que hacer lo que tiene que hacer.

Ya me lo agradeceréis cuando esté la casa de Comillas arreglada,

como nueva y tengáis un sitio de lujo para las vacaciones.

-¿Comillas es bonito? Ya no me acuerdo.

-Te va a encantar.

Tiene unas playas preciosas.

Y qué mariscos, qué pescados.

Si mi plan sale bien, te voy a invitar a una mariscada

como Dios manda, con sus nécoras,

con sus percebes, sus langostas...

-Seguro que me encanta. -Pues seguro.

Si ahora los jóvenes pensáis a lo grande.

Y te digo una cosa. ¿Sabes qué?

-¿Qué? -Que eso me encanta.

(RÍE)

-Bueno, te dejo, ya me contarás quién es el afortunado.

-Oye. -O el pringao, según se mire.

-Es un secreto de estado. -Vale.

-¡Ah, me cago en...! -¿Qué haces, estás bien?

-Sí, fenomenal. -Espera, que te ayudo.

-Deja, todavía puedo ponerme los zapatos yo sola.

Ah, oye, una cosita.

Esto que te he contado es entre nosotros dos.

-Palabrita.

Te quiero, abuela.

-Guapo. -Tú.

¡Qué elegante!

¿No me digas que tienes una cita?

-Pues no te lo digo. -¿Sabes qué?

A ese vestido tan bonito le falta un detalle.

Le iría muy bien una flor prendida.

-¡Vaya por Dios! ¿También sabes de moda?

-De la mujer que no ama las flores no te enamores.

-¿Y quién dice eso, tus compañeros de dominó?

Mira que eres rancio.

¡Ay, me cago en...! -¿Estás bien?

-Estas calles no están hechas para andar con tacones.

-Deja que te ayude. -Quita.

Quita, quita.

Total, me están matando.

-Juanetes.

-Qué poca clase. ¿Juanetes?

-¿Qué pasa? No hay que avergonzarse.

Yo me operé de uno el verano pasado.

-Somos unos carcamales. No engañamos a nadie.

Ni yo, con estos tacones ni tú, con ese coche.

-Yo no me he comprado el coche para parecer más joven.

Me lo he comprado porque me gusta y punto.

Y segundo, de carcamales nada.

La edad está en la mente.

-Y en los pies, por desgracia.

(RÍEN)

Oye, ¿nos tomamos un vermú en el bar y hablamos de coches?

-¿Tú no tenías una cita?

-Se me ha ido el santo al cielo con tanta cháchara.

Bueno, nos seguiremos viendo por aquí, luego.

-Si vienes tan estupenda como hoy, seguro que te veo.

(RÍE)

Tu vuelta. Gracias.

¡Ay!

¿Adónde vas tan elegante? -¡Otra!

¿Qué pasa, que una no se puede poner mona porque sí?

-Hay que arreglarse para una. ¿Qué te pongo?

-Busco una flor que le vaya bien a este vestido.

¿Esta o mejor una blanca?

-Esa está bien. -¡Pero si ni me has mirado!

-Es que estoy con un prendedor que me ha encargado Jesús

y me está dando más trabajo de la cuenta.

-¿Jesús? -Será para alguno de sus ligues.

-Será.

-¿No te llevas nada? -No, me voy.

Luego me paso y me lo pienso mejor.

Bueno.

¿Te ayudo? -No, gracias.

-¿Qué te pasa?

-Nada.

-¿Te ayudo con las mesas? -No, de verdad, no hace falta.

-Si quieres tomar algo...

-No, sí te pasa algo. Ayer estábamos bien.

-Ayer me hiciste creer una cosa que no era.

-¿Qué estás hablando?

-Tú sabías que esa chica no era Noa y estuviste haciendo un papelón.

-No, no, no, a ver, yo no sabía nada.

-Pensabas que no era ella. -Me pareció que se daba un aire.

Estaba muy borrosa la foto.

-¿Y por qué me ayudaste con las llamadas

si pensabas que no era ella?

-No, yo no estaba segura, pero tú sí estabas segura

y entonces, decidí apoyarte.

-Y también piensas que Noa se fue porque quiso, ¿verdad?

-Sí.

-Y que somos los culpables. -No.

-Sí, su padre y yo. -Yo no he dicho eso.

-Pero vamos a ver, Lorena, ¿una hija por qué se va de casa?

-Pues puede ser por muchas causas.

-Pues dime una, tú eres la experta.

-No merece la pena elucubrar con esto.

Esto no te va a dar consuelo.

-Yo lo único que sé es que me paso las noches en vela

pensando si mi hija estará viva o no estará viva.

-Ya sé por lo que debes estar pasando.

-No, no tienes ni idea.

Solo podrías saberlo si fueras madre,

pero siempre has estado en el otro lado.

Mamá también sufrió mucho contigo, ¿sabes?

-Por eso estoy aquí, para apoyarte a muerte.

-Gracias.

Oye, Lorena.

Ayer te dije lo de contratarte en el bar y tal...

Bueno, que no lo había pensado, pero me vendría muy bien.

¿Tú querrías trabajar aquí?

-Bueno.

Yo tampoco me lo había planteado, pero ayer

estábamos tan unidas, como cuando éramos pequeñas.

Sí, no sé, ¿por qué no? Somos hermanas.

¿Por qué no vamos a poder trabajar juntas? ¿Por qué no?

-Claro, ¿por qué no? Te vendría bien trabajar aquí.

-No te lo voy a negar, la verdad.

-Siempre es mejor poner cafés que limpiar váteres.

-Ya no puedo ni limpiar váteres.

¿Qué pasa, Rosa?

-¿Cómo he podido estar tan ciega?

-¿De qué estás hablando?

-La gente no cambia.

-¿Qué quieres decir?

-Que tú siempre has hecho lo mismo, Lorena.

Has jugado con los sentimientos de los demás.

Sabes tocar las teclas adecuadas para conseguir lo que quieres.

Pero conmigo se te ha acabado el chollo.

Se te acabó.

Aquí hay una que ha terminado por hoy.

¿No me diga, ya ha cerrado?

No, mujer, se han quedado mi suegro y mi hijo.

Tengo tiempo para mí.

¡Qué envidia! No va a ser todo trabajar.

Yo pienso igual que tú.

No vale de nada ser la más rica del cementerio.

Pues tómate el día libre y hacemos algo juntas.

Me es imposible. Solo hoy.

No puedo, con los dos negocios y la casa, no me da la vida.

Precisamente por eso.

Siempre ayudas a Paolo en la pizzería.

Gestionar un restaurante es más complicado que una floristería.

Pues más a mi favor.

Que esté pendiente de la floristería.

No, quita, no quiero imaginarme lo que haría si le dejo solo.

¿Ves? Pues de eso se vale.

No distingue una rosa de un clavel. Lo dejamos para otro día.

¿Y qué plan tienes?

No sé si ir a casa, tumbarme y leer un poco

o ir a ver galerías de arte, aprovechando que es apertura.

Di que sí, te pasas todo el día trabajando.

Si tuviera el dinero que tenéis vosotros, no me veías aquí.

Me gusta venir al mercado, no sabría estar sin trabajar.

Yo sabría perfectamente.

¡Anda, qué dices! Sí.

Echarías de menos ver a los compañeros, charlar,

arreglar tus flores.

Muy poquito, ¿para qué te voy a engañar?

Y más, después del ambiente que se respira aquí últimamente.

Sí, se ha peleado todo el mundo menos nosotras.

Solo nos faltaría.

¿Y si me voy a dar uno de esos masajes relajantes

que te dejan el cuerpo como nuevo?

¡Qué planazo! -"Buongiorno, signorine".

¡Qué hombre, qué humor trae siempre!

Deja ahora mismo lo que estás haciendo.

¿Nos vamos a casa a regar los geranios?

(RÍE)

Sí, claro, ¿y quién se queda cuidando de todo esto?

Claro, yo me quedo.

¡Que no, mujer!

Qué te vas a quedar, que no, que no.

No tengo nada que hacer. Tengo que ir a ver galerías.

Ya iré otro día. Que no.

Qué cara le echas.

-Yo solo quiero estar contigo.

"Pero se amare a la mia moglie è un crimine, mi dichiaro colpevole".

Di que sí, que hay confianza.

-Que no mujer. (AMBOS) ¡Que sí!

Venga o me enfado.

Es que me da un apuro... ¿Qué apuro?

Hoy por ti, mañana por mí.

Bueno, venga, vale, que sí.

Si hay algún problema, me llamas.

Vale. Colócame esas flores por aquí.

-"Grazie mile", Adela. ¡Mua!

-¡Qué cara más dura tienes!

No, dime cuánto cuesta el vino, la cerradura y todo.

Celia, nada. ¡Jorge!

La cerradura la cubre el seguro y el vino lo cubro yo.

Nos lo tomamos a medias.

Otro día invitas tú.

Ah. Bueno, muchas gracias. Nada.

¿Y Serafina sigue por aquí?

Eso parece. He intentado convencerla

para que abandone la sentada, pero no hay manera.

No te metas ahí, que te va a salpicar.

Ya, demasiado tarde, ya me ha salpicado.

¿Qué?

Ha habido daños colaterales.

Como tú no dejas que ella decore tu puesto,

ha decidido decorar el mío con puntillas del siglo XIX.

(RÍE) ¿Qué, te gustan?

Monísimo, ¿eh? Así, todo el puesto.

La verdad es que no quedan mal.

¿Te gustan? Pues nada, las ponemos en tu puesto.

(RÍE)

Me da pena, pero tengo que alquilar el puesto

si quiero sacarle rentabilidad.

Lo entiendo.

Pero la mayoría de los comerciantes del mercado

se piensan que soy una bruja malvada

que me aprovecho de una desvalida ancianita.

Bueno, no tan desvalida.

Fácil no te lo va a poner. (RÍE)

¿Esta señora no tendrá a alguien que cuide de ella?

Yo qué sé, una hermana, una prima, un sobrino.

Se ve que no.

Esa mujer solo habla del puesto.

Y de un novio que tuvo de joven.

¿Un novio? Su primer amor.

Ha contado la historia mil veces y ahí sigue.

¿No podrá aparecer ese hombre y llevársela a dar una vuelta?

Oye, podíamos buscarlo.

Así matamos dos pájaros de un tiro.

Tres: su soledad, tu puesto

y mis puntillas.

Oye, te lo digo de verdad. Vamos a encontrarlo.

¿Lo dices en serio? Sí, ¿por qué no?

Pues porque solo sé su nombre.

No sé dónde vive,

si está casado o si sigue vivo.

Tendrá una edad.

Hoy en día, solo con el nombre, se pueden saber muchas cosas.

¡Capullo! Chicos.

Necesitamos localizar a alguien.

-Por supuesto. ¿Está en internet?

No creo, es un señor de más de 70 años.

-Pues si tiene 70 palos, me da que tenemos un problema.

-Chungo. -Tú verás.

Raquel, qué bien que hayas venido.

Espera, que tengo algo para ti.

-Gracias.

-Espérame fuera, que salgo ahora mismo.

En cuanto cierre.

(SUSPIRA)

-Qué, buen culo, ¿no?

-Buen de todo, mejorando lo presente.

¿Querías algo?

-Sí, anda, dame medio de plátanos.

-Ahora mismo.

-Jesús. -¿Sí?

-Hay algo que quiero decirte. A lo mejor no es asunto mío.

Si yo estuviera en tu lugar, me gustaría que me lo dijeran.

-Que no te gustan mis plátanos. -Estás haciendo el ridículo.

-¿Perdona?

-No sé qué buscas con chicas que podrían ser tus nietas.

Pero la imagen que das es bastante lamentable.

-Yo también te quiero decir algo que hace tiempo que llevo pensando.

Estás amargada porque eres una vieja pasa

y no consigues que nadie se fije en ti.

Por eso te jode que me vaya bien.

Y, efectivamente, si salgo con las mujeres

de la edad que sea, no es cosa tuya.

Toma tus plátanos, te los regalo.

-Métetelos por donde te quepan.

Yo no sé si tenía que haber venido, Adela.

¿Cómo que no? Claro que sí.

Si ya te he dicho que Elías no va a estar.

Perdona que haya llegado tardísimo.

En el último momento ha aparecido un señor

que quería un ramo, pero no se decidía.

¿Un ramo?

Sí, he estado echándole una mano a Cristina.

Deja que ponga yo los platos. Que no.

Siéntate, que para eso eres mi invitada.

-Hola. (AMBAS) Hola.

-¿Está la comida?

¿Ves? A este no hace falta decirle que se siente.

Anda, lávate las manos, guapito.

No tengo ni fuerzas para ir al baño.

Papá me tiene fundido.

-¿Mi padre seguro que no viene? Que no, tranquila.

Vamos a estar nosotros tres solamente.

Por cierto, siento mucho lo que pasó con tu padre.

Cuando volvía a casa con las bolsas de tu tienda, me pilló.

Y ya sabes cómo es, no paró hasta que descubrió la verdad.

No te preocupes, nuestra relación ya era horrible.

La putada es haberme quedado sin trabajo.

Es que Elías no sé por qué hace siempre así las cosas.

Parece que ha salido de una película de gánsteres.

Es así desde pequeño.

-Me lo imagino haciendo chanchullos

para quedarse con la merienda de los demás chavales.

-Ahora las consecuencias son un poco más dolorosas.

Solo puedo decir en su favor que no lo hace con mala intención.

Él cree que a Rosa y a ti os haría bien trabajar juntas.

Ya sé que lo hace por el bien de la familia.

-Siempre dice eso cuando quiere putearnos.

-Si hubiera servido de algo, pero Rosa no está por la labor.

Bueno, dale tiempo.

Lleváis muchos años sin veros y eso pesa.

Voy a por el estofado. Voy yo.

Que no, de verdad, tú quédate aquí.

Y a ver si convences al prenda de que siga con los estudios

y que deje el mercado. -No seas plasta, anda.

-Puedes tener 10 o 40 años, que los padres son un coñazo.

-Ya te digo.

-Lo que pasa es que debe ser duro ver cómo tu hijo

no toma la decisión que tú quieres que tome.

-Tú has hecho lo que te ha dado la gana.

-Sí.

Me arrepiento de algunas cosas.

-¿Sí, por ejemplo?

-Por ejemplo, lo de no haber acabado las carreras

me duele un poquito.

-A cambio te has recorrido medio mundo.

-Bueno, no te digo que no.

Si supieras... He dormido en cada sitio...

Hasta en bancos de la calle. -Ay, ay, ay.

¿Sabes lo que hago cuando veo que la noche promete?

-¿Qué?

-Me llevo las llaves del despacho de mi padre.

-¿Y duermes ahí?

-Duermo y lo que surja.

El estudio está de puta madre, tiene un sofá cómodo,

tiene baño, un mueble bar bien surtidito.

Si vas alguna vez por ahí,

no te tomes un vodka, que lo rellené con agua.

-Vale, lo apunto.

-No le digas nada a mi padre, que si se entera, me capa.

¿Si se entera de qué?

-Que se ha escaqueado del curro y ha salido antes.

No tienes remedio. ¡Qué bien huele esto!

Bueno, es la receta de tu madre.

Elías me dijo que era tu plato favorito.

Has hecho el estofado de mamá.

Sí, y vamos a comer, que estoy que me caigo.

¿Ese queso no es para los clientes?

-¡Joder, que me pensaba que eras Fermín!

-Perdona, pensaba que me habías visto.

-No he tenido tiempo de comer en todo el día.

-Te puedo enseñar un sitio mejor donde esconderte.

Lo digo por si la próxima vez es tu jefe y no yo.

-Da igual, no me va a renovar, pero gracias.

-De nada.

¿Has visto a Samuel? Le estoy llamando y no me lo coge.

-Le vi esta mañana.

-Si lo ves, dile que me llame. -¿Pasa algo?

-No, que se ha ido a por unas cosas a la hora de comer y no ha vuelto.

-Tranquilo, tiene pinta de saber arreglárselas solo.

¿Qué ha ido a buscar?

Da igual, esto no es asunto mío.

Ya tengo suficiente con mis movidas.

(Alarma en el móvil)

Y acabo de terminar mi jornada laboral

y todos mis quesitos. -¡No jodas! ¿Ya es la hora?

-¿Qué pasa?

Bueno, pues una que se va.

¿Quién se apunta a un chocolate con churros en el bar?

Yo invito.

Te lo agradezco, pero estoy deseando entrar en casa.

No puedo con la faja. -¡Madre mía!

¿No me diga que lleva faja, con la buena planta que tiene?

-Bueno, es que una buena faja nunca está de más.

Porque mira, estiliza, recompone la postura.

Y yo qué sé, como que hace que los vestidos queden mejor.

-Pues a usted le sienta estupendamente.

Le queda muy bien. -Gracias.

-¿A que sí? -Sí, sí, sí.

Pero ¿no da mucho calor?

Yo pensaba comprarme una y esto me tiraba para atrás.

-¡Pero qué calor ni qué calor!

Si hoy en día se utilizan materiales buenísimos. Mira.

Mira, como si no la llevases. -Sí, sí.

-Hombre. -Sí, es lo que dice usted.

Estiliza que da gusto.

La gente se piensa que es para personas gordas.

Pero es para todo el mundo. -Pues claro que sí.

Si es que hay muchísimos modelos.

La que me gusta es la faja pantalón.

Porque disimula las caderas.

¿Tú sabes que yo tengo fajas de antes de casarme?

Y tenía la 38.

-¿No me diga? -¡Anda!

¿Sabes algo de estos?

No sé, Samu no me coge el teléfono.

A mí Celia tampoco.

Ya estoy aquí.

-No hacía falta que se molestara.

-No es molestia, estaban guardadas en el almacén.

Mira, te he traído estas.

Pero mira qué bonita es esta.

-Sí, pero la veo un poco grande. ¿No tendrá una de mi talla?

-Bueno, sí, claro que sí. Pero habría que buscarla.

Si eso, mejor mañana, que ya es muy tarde.

-Si es que mañana no puedo, hoy es mi último día.

¿Quiere que le acompañe y le ayudo a buscar?

-Bueno, desde luego, con clientas como tú...

Ay, Dios mío. -¿Sabe qué?

Que tiene razón.

Vuelvo mañana, que tendré más tiempo.

-¿Seguro? -Seguro. Además, van a cerrar.

-Vale.

Deje eso, yo me encargo. Yo me encargo de recoger esto.

Pero... Usted venga conmigo.

¿A qué viene esa prisa? A que tenemos una sorpresa

que creo que le va a encantar.

Venga por aquí. ¿Y este olor?

¿Qué? Que me recuerda a alguien.

¿Sí? Sí.

Lorenzo.

¡Ay, madre!

Lorenzo.

Pero ¿eres tú?

-¿Tanto he cambiado, Serafina? -Qué va.

Si sigues siendo el hombre más atractivo de la Tierra.

-Y tú, la mujer más exagerada del mercado.

Y la más guapa.

Toma, tus llaves.

Muchas gracias, te debo una.

No, mujer, no pasa nada. Los geranios es lo que tienen,

que hay que regarlos muchísimo.

Espero que lo pasaras bien.

Bueno, no ha estado mal. Venga, que nos conocemos.

Esa cara no es de: "No ha estado mal".

Ha sido un encuentro explosivo. Huy, pues qué alegría, hija.

Después de tantos años, Paolo sigue siendo el mismo.

No te digo que sea como cuando éramos novios, pero casi.

Qué envidia me estás dando.

¿Tú cómo lo llevas?

¿Qué te voy a decir? Fácil no es.

Una tiene sus necesidades y ya me gustaría.

Pero si el pobre no puede...

No puede unas cosas, pero otras...

Hay mil maneras de...ya sabes. Elías es muy tradicional.

Una cosa es ser tradicional y otra, ser un egoísta.

El primero que lo está pasando fatal es él.

Además, solo es sexo. Mujer.

Y no hace ni un año. ¡Eso es muchísimo!

¿Tú dejarías a Paolo si tuviera un problema así?

No digo que tengas que dejarle.

No, tendrías paciencia, como yo.

Sí, pero le pediría que pusiera solución al problema.

No puedo ponerle más presión encima.

Estos encuentros dan mucha alegría y liberan muchas tensiones.

Qué mala eres.

(RÍE)

Qué mal lo he pasado, creía que no llegábamos.

-Si no es porque le ha dado palique a la abuela, no llegáis.

-¿Ah, sí?

-Lo he hecho por ayudaros, porque me moría de la curiosidad

de ver de qué iba el rollo. Me piro, chao.

-Adiós. -¿No te quedas un rato?

Lo digo para celebrar y tal.

-¿Sí? -Tenemos birras y patatas.

-Es más de lo que tengo en casa.

De birras y patatas, nada, traigo un champán exquisito.

Y un ibérico que tengo por ahí.

Como sigas así, no haces negocio en este mercado.

Si no celebramos que alguien ha encontrado al amor de su vida,

¿qué vamos a celebrar?

¿Tú crees que habrá "feeling"? Ahí hay tema que te quemas.

-Sí.

Permiso. Sí.

Pues hay que brindar por eso. Gracias.

Dale.

Venga, pues sí, por Serafina.

Para que encuentre el amor lejos de aquí a ser posible.

Mucho, muy lejos.

Salud. Salud.

¿Qué haces aquí?

¿Quién te ha dado las llaves? Las he cogido yo.

¿Y qué vienes, de okupa a mi despacho?

Como me han echado del curro por tu culpa,

no tengo para pagar la pensión. Sí, me quedo aquí.

¿Estás viviendo en una pensión?

¿Y esa botella? ¿Eh?

Acabo de cerrar un negocio y lo voy a celebrar.

Mi socio está a punto de llegar. Si no te importa...

(Timbre)

Es tu socio, ¿le abrimos?

No, él no puede ser porque he quedado más tarde con él.

Abre y comprobamos quién es.

(Timbre)

Tienes un lío, ¿no? No.

(Teléfono)

Joder, Elías, no lo entiendo, Adela es una tía de puta madre.

¡No te montes historias donde no las hay!

(Teléfono)

Elías, que soy tu hermana, no hagas el ridículo más.

Mira, yo quiero a Adela con locura.

Esto no tiene nada que ver.

No sé de qué me extraña, debe ser una cosa genética.

Al final, has conseguido lo que querías, ser como papá.

(Teléfono)

(Teléfono)

Tranquilo, no se lo voy a decir a Adela.

Parece que tu socio se ha cansado de esperar.

Y ahora que te he jodido la celebración,

¿me puedo quedar a dormir?

No.

Esto no es un sitio para dormir.

Es un sitio para trabajar.

Y para lo que surja.

¿Por qué no te vienes a casa? ¿Con papá, estás loco?

No puedes seguir con tu vida en una mochila.

Ya es hora de que volvamos a ser una familia unida.

¿Cuándo coño hemos sido una familia unida?

Podemos discutir hasta quedarnos afónicos.

Pero no voy a parar hasta que no te convenza.

¿Nos ahorramos esta discusión?

Llamo a Adela y le digo que te prepare la habitación.

Ay, Celia, espera un momentín.

Sí.

Que me está contando Lorenzo

cómo le encontrasteis y cómo le convenciste tú

para que viniera. Muchas gracias, hija.

No tiene importancia. -Sí que la tiene.

Nos habéis regalado una segunda oportunidad para ser felices.

Y eso no tiene precio.

Me tengo que ir antes de que en la residencia se den cuenta

y suenen todas las alarmas. -Pero nos vemos mañana.

-Sin ninguna falta.

Ay, Celia, que se quedó viudo hace unos años.

Y está tan solo como yo, el pobre.

Me alegro mucho. Espero que esto sirva para firmar la paz.

Claro que sí.

Pero cómo siento lo que hemos vivido.

Que no, tranquila, hemos dicho cosas que no sentimos.

Bueno, yo no solo las he dicho.

También las he hecho.

Que le eché silicona al cierre.

¿El qué?

Que me arrepiento muchísimo.

No sé en qué estaba pensando.

Yo qué sé, pues en que eras una mala pécora.

Alguien sin corazón.

Pero ya veo que no, cariño. Por eso me arrepiento tanto.

Me va a disculpar, que iba al baño.

Muy bien, hija.

Lorena. Hola.

Bienvenida.

Me alegro mucho de tenerte con nosotros.

Prometo molestarte lo menos posible.

No digas tonterías. ¿Tú qué vas a molestar?

Estás en tu casa.

Ya sabes lo importante que es para Elías la familia.

Y para mí también.

Bueno, tendréis hambre.

Ha quedado estofado, pero si quieres otra cosa...

No, no te pongas a cocinar ahora.

Mujer, tenemos que cenar. Bueno.

¿Y papá está?

Ni él ni Germán han dado señales de vida.

No me preguntes qué planes tendrán.

Pero ¿se lo habéis dicho?

No.

Pero estoy segura de que le encanta la idea.

Eso espero.

Que sí, hombre, seguro.

Llevo esto a la habitación y poneos cómodos.

Bueno, ¿qué?

De nuevo en casa. ¿Qué, cómo te sientes?

Fracasada. ¿Por qué?

Yo vivo aquí, ¿me conviertes en un fracasado?

No te has ido de casa y has vuelto con el rabo entre las piernas.

¡Qué rabo ni qué piernas!

Somos tu familia, estamos para cuidarte.

Nunca me he sentido cuidada.

Todo lo que hacía les parecía mal.

Por eso me fui.

Porque aquí no me sentía yo.

¿Me voy un momento y os ponéis así de serios?

No, es que...

Impresiona volver.

Verás lo bien que te sienta sentirte cuidada.

Seguro que sí. ¿Cuándo fue la última vez que te preguntaron

qué quieres cenar o cómo te ha ido el día?

O mejor, ¿cuándo fue la última vez que se preocuparon por ti?

Venga.

¿Has visto con qué ternura se han despedido?

Parecían quinceañeros. Les brillaban los ojos.

Tú les has estado espiando. Bueno, un poquito.

Anda que tú no.

Creo que ha sido muy buena idea reunirlos.

Es una pena, pero esto se pone malo.

¿Nos tomamos la última? Ay, no, lo siento.

Ya tuve suficiente vino anoche.

Además, tengo que ir a recoger a David.

Bueno, pues hasta mañana.

Sí, mañana temprano vengo.

A ver si alquilo el puesto. Ahora debería ser más fácil.

Lo dicho, hasta mañana. Hasta mañana.

Jorge, eh...

Quería darte las gracias.

Sí, porque llevaba mucho tiempo tragándome sola los problemas

y me ha venido muy bien compartirlos con alguien.

Con alguien.

(RÍE)

Contigo.

Pues mira, ahora que lo dices,

a mí también me ha gustado pasar tiempo con alguien.

(RÍE)

Bueno.

No, eh...

Ay, no, lo siento, Jorge.

No, no, perdóname tú.

Eh...

Siento mucho si te he hecho pensar lo contrario, pero no...

Es que no estoy preparada para tener una relación con nadie.

Está siendo todo muy rápido. No es eso.

En un futuro tampoco voy a estar preparada para tener una relación.

Lo único que quiero es cuidar de mi hijo y vivir tranquila.

Si te sirvo como amiga, será genial.

Pero no te puedo ofrecer nada más. ¿Me entiendes?

Sí, sí, perfectamente, no te preocupes.

Vale.

¿No me diga que nos deja?

Pensaba llegar hasta el final para recuperar el puesto.

Pero la vida, a veces, tiene otros planes.

Ya.

¿Con eso podría pedir una ayuda para la droguería?

(ASIENTE)

¿Desde cuándo sabes esto? Un par de días.

¿Y por qué no me has dicho nada? Tampoco me preguntaste.

Ay, David, por favor.

Aquí pone que estoy dentro del plazo.

¿Por qué has rechazado el curro?

-Porque prefiero quedarme aquí, hay mejor ambiente.

-¡No hay nada para ti!

-Samu dijo que había un puesto vacante para limpiar.

No sé dónde está tu sobrina.

-Ya lo sé. -Bueno.

-No dejarías que mi familia estuviera así si lo supieras.

-Pues claro que no.

No solo te gusta Celia, sino que ella no quiere nada contigo.

¿Te importa acabar la cerradura?

Mi padre me ha jodido el fin de semana.

-¿No me digas, ya no vas a la sierra?

-No, no me voy a la sierra.

Si no estoy aquí, el mercado se hunde.

No nos vendría mal que nos echara una mano.

-Pero precisamente Germán De la Cruz...

-Sería genial devolverle la pelota.

No digas que no.

No sé qué decirte, porque yo nunca...

¿No me digas que nunca has usado uno, Adela?

No, no pensaba que fuera necesario.

Eso pensamos todas hasta que lo probamos.

Si te gusta esa chica, ve a por ella.

Antes de que aparezca otro y sea demasiado tarde.

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Mercado Central - Capítulo 9

03 oct 2019

Jorge descubre lo que oculta Celia y cambia de opinión respecto a ella. Celia le empieza a despertar interés.
Jorge y Celia tienen un gesto hacia Serafina cuando la ayudan a recuperar a alguien muy querido.
Valeria necesita dinero para reformar la casa de Comillas. Urde un plan muy radical.
Después de leer su diario, Carla acepta el trabajo que le ha conseguido Samuel.
Nacho intenta que Rosa y Lorena no estén tan unidas.
Lorena descubre un secreto de Elías.
Cristina y Paolo tienen una vida sexual activa para envidia de Adela.

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