Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 82 - ver ahora
Transcripción completa

¿Por qué has traído el vestido?

Te lo devuelvo.

Te he dicho que no voy contigo a la fiesta.

Esta mañana no sabía que tu hermano

tiene otra amante en la recámara.

Adela.

¿Les has visto juntos, sabes quién es ella?

No.

¿Sabes la sorpresa que me iba a dar Elías,

pensaba que me iba a invitar

a la fiesta del hotel? Sí.

Pues la sorpresa es para otra.

No sé lo que pasa.

No sé cómo explicarlo, pero de alguna manera

nos necesitamos.

Claro que siento cosas por ti.

Y quiero estar contigo, pero está David.

Y lo estoy desatendiendo.

He hecho lo que estaba en mi mano igual que el resto de comerciantes.

Por de pronto, ahí parado y con cara de perro

no ayuda mucho, ¿eh?

No perdemos nada

por darle la tabarra a algún amigo nuestro

para que venga a echarnos una mano.

No sé, puede que tengas razón.

Si no quieres ni que vaya contigo al hospital, Adela.

¿Querrás venir conmigo a una fiesta?

Al final, sí dejé que me acompañaras, Elías.

No tengo ninguna amante, que te quede claro.

La única mujer que me importa eres tú.

Tú, solo tú.

Solo quiero que seamos felices los dos.

Tú yendo a Liverpool a estudiar música.

Y yo viéndote realizar tus sueños.

Además, Liverpool está a la vuelta de la esquina.

No te vas a librar de mí tan fácilmente.

-Ven aquí.

Le he dejado el álbum de fotos de mi hermana

y ahora va y lo pierde. -Y dale.

Yo no lo he perdido, que se lo han llevado.

-¿Cómo te puedo creer?

Todo lo que cuentas son mentiras.

-A ver, a ver, Carla.

Si te dice que no lo tiene, no lo tiene.

Tienes que dejar de anclarte en el pasado.

De preguntarte constantemente si has elegido el camino correcto.

Ya.

No a todo el mundo le resulta tan fácil

aceptar su contradicciones, ¿no?

Eres una fotógrafa maravillosa. -¡Ay!

Grazie, Paolo. -Me encanta, é bellissimo.

-Qué bien, muchas gracias.

Mira, son compañeros. -Encantado.

Y por fin, llegamos al muelle de carga.

Como les adelantaba en la plaza,

este mercado se construyó en el año 1932.

Y abastecía no solo al vecindario, sino a los barrios de alrededor.

El Mercado Central se convirtió

en el corazón del comercio del centro de Madrid.

Y sirvió de inspiración a mercados posteriores,

como el de Mostenses o el de San Fernando.

Pero eso fue en los buenos tiempos,

cuando este mercado era mucho más que venir a comprar.

También era una especie de club social,

de foro donde se discutían los problemas del barrio

o de punto de encuentro de las amistades.

Sobre todo, era escenario de mil y una historias.

Los pasillos de este mercado estaban rebosantes de clientes,

todos los puestos estaban abiertos.

Se dice incluso que abastecían a los mejores restaurantes,

incluida la Casa Real.

Perdone, señorita. ¿Puedo hacerle una pregunta?

Desde luego, apuesto caballero.

¿Qué es lo que más le gusta del Mercado Central?

Esa pregunta es muy fácil de responder.

Sus gentes.

Entre estas paredes han crecido varias generaciones

de clientes y comerciantes

que reflejan a la perfección el carácter de esta ciudad.

Y su instinto de supervivencia.

Durante la guerra civil,

este mercado no cerró ni un solo día,

ni siquiera durante los bombardeos.

Este mercado sobrevivió a la guerra.

Como sobrevivirá hoy,

a pesar de las amenazas de desaparición.

Y eso siempre será gracias a su gente.

Se ve que son gente maravillosa.

Por supuesto.

De hecho, pueden conocerlos en este momento

y no solo a través de los mostradores,

sino visitando la exposición de fotografía "El Central,

pasado y presente". Allí podrán conocer bien la historia

de este mercado. También están invitados a un aperitivo,

pero por favor, compren algo antes, que no vivimos del aire.

Pasen, por favor.

(SUSPIRA) ¿Dónde has encontrado este grupo?

Tengo mis recursos. Ya veo, ya.

Se te da muy bien.

Nunca había oído a nadie hablar con tanta pasión del mercado.

El mercado es mi casa.

Y voy a hacer todo lo posible por salvarlo.

Ya.

Lorena, entre tú y yo,

no creo que la exposición vaya a servir de mucho.

Claro, no va a servir si no trabajamos juntos,

por eso necesito tu ayuda.

Me debes una.

¿Te debo una? Sí.

¿No has visto?

Tengo un grupo de turistas ávidos

por comprar en el mercado y tu puesto es el más interesante,

te van a comprar hasta los calzoncillos.

Me temo que hoy no podré atenderles.

¿No vas a abrir?

Tengo una reunión con un proveedor nuevo para La Fanega

y es importante. Claro.

La Fanega es importante.

En este momento, me temo que sí.

Pero bueno, no quiero que se te descarrilen las ovejas.

Oye.

Estás haciendo muy buen trabajo.

Gracias.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz en la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores que no brillarán más.

# Ven y sígueme

# a aquel lugar, sabor a sal y azafrán.

# Aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz en la ciudad.

# En la plaza donde regateamos

con un beso volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central. #

Lorena, ¿me pones un cortado para llevar?

Tómatelo aquí. No.

No puedo, llevo una hora esperando a un mensajero

y seguro que aparece en los cinco minutos que me quedo aquí.

Seguro que te llama cuando llegue.

Eso dicen, pero luego no esperan

y me toca ir a la oficina a por el envío.

Anda, tómatelo conmigo y me haces compañía.

He cazado a un grupo de turistas

y no veas cómo se han puesto de vinos y tapas.

A ver si por lo menos, ven la exposición y compran algo.

Pues sí, a ver si esto se anima un poco.

Fíjate, lo estaba hablando con Palomo,

que se han perdido las buenas costumbres de hablar,

escuchar, estar ahí.

¿Quién es Palomo? ¿Palomo?

Palomo, es un nombre muy común, pero el tipo

es superinteresante.

Es más, os llevaríais bien.

Tenéis bastantes cosas en común.

¿Ah, sí? Sí.

Los dos tenéis muy buen gusto,

sois amantes del arte.

Os encanta ir al teatro. Tenéis un carácter bastante parecido.

Vaya, por lo que cuentas,

Palomo es el hombre perfecto. Dímelo tú.

Está ahí detrás, el de la corbata azul.

Palomo.

Guapo, ¿eh?

Los turistas ya se han levantado.

-Ya era hora.

Pensaba que se iban a quedar hasta la hora de cenar.

-Son turistas.

Se acostumbran a que cuando terminan de comer

les ponen la cuenta en la cara.

Así que alargar la sobremesa para ellos es muy exótico.

-Espero que, al menos, hayan dejado propina.

-El 20 por ciento de la cuenta, ¿qué te parece?

-Pues que vuelvan pronto.

(RÍE) Si no son ellos, serán otros.

La verdad es que la exposición de Noa está trayendo mucha gente.

Y eso que al principio nadie daba un duro por esas fotos.

-¿A que no hay nada como sentirse orgulloso de nuestros hijos?

-Que te lo digan a ti, Andrea tiene mucho talento.

-Ya.

(SUSPIRA)

Venga, Paolo.

No te desesperes.

Estoy segura de que vas a encontrar la manera

para que Andrea pueda ir a Liverpool.

-Rosa, que no te he dicho nada, perdona.

Al final voy a poder pagar la escuela.

Y Andrea ha aceptado irse.

-Eso es una noticia fantástica, ¿no?

¿A qué viene esa cara tan larga?

Has conseguido que se vaya.

-Justamente porque se va.

A ver, que me alegro mucho de que Andrea realice su sueño,

que se vaya a Liverpool, si él está feliz, yo estoy feliz.

Pero yo...

Al final, tenías razón, acabo de perder a Cristina

y ahora pierdo a Andrea. -No, no, a Andrea no lo pierdes.

-Ya, pero.

En la práctica me voy a quedar solo.

Sin mi mujer y sin Andrea.

-Te vas quedar sabiendo que has hecho lo correcto.

Tú mismo me lo dijiste y, además, lo has conseguido tú.

-Sí, sí, todo esto ya lo sé.

No puedo evitar sentir esta tristeza dentro.

-¿Sabes qué te pasa? Que te miras mucho el ombligo.

Piensa en lo feliz que va a ser.

En el futuro que se le abre por delante.

Os ha costado mucho trabajo conseguirlo.

Así que no lo estropees con tu amargura.

Este momento es para celebrarlo.

-Ya, pero ¿qué voy a hacer, organizar una fiesta?

-No se me había ocurrido, pero no es mala idea.

Una gran fiesta de despedida sería genial.

El nombre, ayudar no ayuda, pero lo demás, bien, ¿eh?

Se ha divorciado y el pobre está solo.

No tiene a nadie, no tiene amigos. Ya.

Empiezo a captar lo que estás intentando.

¿Te lo presento?

A ver, ¿toda esta historia de quedarme contigo

es para presentarme a Palomo?

¿No me digas que no tiene un meneo?

Lorena, ¿te das cuenta de lo que haces?

Soy tu cuñada, la mujer de tu hermano.

Precisamente, eres mi familia, me preocupo por ti.

Por eso me buscas un rollete,

hombre, no me parece el momento más oportuno.

Puedes hacer lo que te dé la gana.

Que sigo casada con Elías.

Estás separada, que no es lo mismo,

es hora de que pases página

y empieces a pensar en ti. Ya pienso en mí.

Y no necesito un hombre para hacerlo.

Lo que necesitas es deshacerte de otro hombre.

Lo haré cuando esté preparada. ¿Y cuándo va a ser eso?

Cuando yo lo decida.

¿Qué te cuesta sentarte un rato, charlar y dejarte llevar?

Que no puedo, Lorena.

Lo que pasa es que no quieres.

Aunque quisiera, tampoco podría.

Y esta tarde tengo planes.

¿Ah, sí? Sí.

Voy a acompañar a Elías al evento de ese hotel.

Le han invitado a una cena y a una suite.

¿No decías que iba a ir con su amante?

Por eso te cabreaste tanto cuando te regaló el cartel.

Ya, pero me confesó que iba a ir solo.

Y que aceptó la invitación para dos por las apariencias.

Y...que excusaría mi ausencia en el último momento.

¿Y por qué no te invitó a ti y te dejó decidir?

Seguramente, por orgullo hubiese dicho que no.

¿Y ahora vas a ir? Sí, pero tranquila.

No pienso acostarme con él.

¿Entonces, por qué vas?

Pues porque...

me siento mal habiendo pensado que tiene una amante.

Y ya sabes lo que le importan las apariencias.

Y me dio cosilla verle tan solo.

Pues creo que se apaña perfectamente.

Ya, pero después de cómo se ha portado conmigo

acompañándome al hospital,

no está de más ser agradecida.

Y ahora que están volviendo las aguas a su cauce,

creo que podemos tener una buena relación.

Okey, si eso es lo que quieres.

Tranquila, lo tengo todo controlado.

¿Elías sabe que vas a acompañarle?

No.

Voy a darle una sorpresa.

¿Sabes, Rosa?

-¿Qué? -Que tienes razón.

Tenemos que organizar una fiesta.

Y la podemos hacer aquí, en la pizzería.

Y que Andrea no se espere nada, que sea sorpresa de verdad.

Y vamos a llamar a todos sus amigos y toda la gente del mercado.

Que se apunte quien quiera. Y también vamos a preparar

una canción especial que vamos a cantar todos juntos.

¿Qué te parece?

-Mira, hasta lo de la canción me parecía estupendo.

Pero, uf.

-¿Qué pasa? Me vas a ayudar, ¿no?

-No, a cantar, no.

-Con los preparativos.

-Eso sí, cuenta conmigo para lo que quieras.

-Rosa, eres la mejor compañera de trabajo del mundo.

No sé qué haría sin ti. -Eres un exagerado,

se te podía haber ocurrido a ti.

-No, no lo digo solo por la fiesta.

Lo digo por todo.

Tú siempre tienes las palabras justas para anidarme.

Siempre estás dispuesta a ayudarme.

-Cuando quieras, nos ponemos a ello.

-Perfecto. -¿Sí?

-Ni una palabra a Andrea, ¿eh? Top secret.

-Top secret.

Venga, ayúdame que hay mucho que recoger dentro.

-¡Huy, Rosa! -¿Qué?

-He tenido una idea genial. -¡Ay, mi madre!

-Vamos a hacer una fiesta temática.

-Bueno. -Y ya tengo el tema perfecto.

Tienen alma, ¿verdad? -¿Cómo?

-Las fotos.

No sé cómo lo ha hecho Noa,

pero ha conseguido captar un poco

de cada uno de vosotros en ellas. -No sé, no me reconozco.

-Pues la tuya es una de mis favoritas.

Para mí resume perfectamente el carácter del mercado.

Optimismo, alegría, ansia por salir adelante.

-Yo solo veo retratos.

-¿No te gustaría llevarte uno?

Como recuerdo de tu paso por el mercado.

-Al final, he decidido que no voy a aceptar el traslado.

-Vaya.

-Parece que no te haga gracia,

¿no estás contento con mi curro? -No, no es eso, Carla.

Siempre has sido cumplidora.

-¿Entonces? -Lo que me preocupa es tu motivo.

-Mira, me he dado cuenta de que estoy mucho mejor aquí y ya está.

-Si fuera por eso, me alegraría, significaría

que esa Carla de la foto está delante de mí.

Pero ¿es por eso?

-No entiendo por dónde vas, la verdad.

-Y Samuel no tiene nada que ver, ¿no?

Sé que estás dolida por la pérdida del álbum.

Pero estoy seguro de que aparecerá y se aclarará.

-Esto no tiene nada que ver

con el álbum. -La venganza nunca trae nada bueno.

-Que no tiene nada que ver con Samuel.

Y espero que no ponga s ninguna pega

al hecho de que me quede en el mercado.

-Tienes razón.

Yo tampoco te reconozco en la foto.

¿Qué llevas ahí?

-La solución a nuestros problemas nocturnos.

-Valeria no me asustes, ¿eh?

-Te va a encantar, ya verás.

-¿Una lámpara? -Sí.

Para la mesita de noche.

-Si tenemos dos.

-Esta es diferente, tiene un regulador de intensidad

que hace unos climas más románticos.

Y así, no despertaremos al otro

cuando nos levantemos para ir al baño.

-Muy bien pensado.

Porque nos pasamos media noche de procesión por el pasillo.

-Habla por ti, que yo hago mis ejercicios.

Y aguanto como una jabata.

-Si, seguro. (RÍEN)

(RÍEN)

-Mírales.

Parecen dos adolescentes con la hormona revolucionadita.

-Si supieras de qué estamos hablando,

verías que de adolescentes nada.

(RÍEN)

Por cierto, ¿has visto a tu hermano hoy?

-Sí, esta mañana, en el bar. ¿Por?

-No, porque estamos cerrando las cuentas y me está dando largas.

Creo que me está evitando para que no le eche la bronca.

Pero cuando le pille en casa, me va a oír.

-Pues si os vais a pelear,

lo hacéis en su lado del piso, yo en casa no quiero gritos, ¿eh?

-Tú tranquila.

-¿Qué ha hecho Elías esta vez?

-Pues que se ha comprado un trajecito

a cuenta de la empresa.

Y no uno cualquiera, uno de lujo.

En la tienda esa donde trabajabas tú.

-¿En la de Mara Echevarría, estás seguro?

-Es la de Serrano, ¿no? Se ha gastado un pastizal.

Ya puede ser bueno el traje. Ni hecho a medida.

-Pues sí, ya puede, porque allí solo diseñan para mujeres.

-¿Eh? -¿Eh?

Sí, justo, me habían comentado

que acaban de abrir una sección masculina.

Y como mi hermano es tan pijo, no ha podido resistir la tentación.

-Pues él me conoce muy bien a mí.

Va a devolver hasta el último duro.

¿Lorena no está? -No, ha ido a llevar unos cafés,

pero vuelve enseguida. -Pues la espero.

¿Te importa si me siento?

-No, por favor, claro.

(SUSPIRA)

¿Has visto la exposición?

-Claro que sí, si es de mi hija.

-No he podido verla entera.

-¿Y eso? No hay tantas fotos, ¿no?

-No, pero son muy emotivas.

En todas sale alguien que conozco.

Alguien que forma parte de mi vida durante años.

Amigos, compañeros, familia,

todos reunidos como en un inmenso álbum de fotos, ¿verdad?

Me hizo mucha ilusión

recordar a uno,

rememorar anécdotas de otro.

Y al cabo de un rato,

bueno, da igual, te parecerá una tontería.

-No, dime.

-No, pues que al cabo de un rato,

me di cuenta de que...

a pesar de las diferencias que hemos tenido entre los comerciantes,

sé que estoy rodeado de gente

con la que puedo contar en las duras y maduras.

El mercado es mi familia.

La tuya también, Rosa. La de todos.

Una gran familia que da sentido a nuestras vidas.

Y pensando en eso,

vi la foto de Samu...

y pensé en todo lo que le está pasando.

Y el apoyo que hemos tenido por parte de todos vosotros.

Y me tuve que ir porque

me desmoronaba delante de todo el mundo.

-Lo que cuentas es maravilloso, no es ninguna tontería.

-Ya, pero me da un poco de vergüenza.

-Pues vergüenza ninguna, es precioso.

Y te agradezco mucho, de verdad,

que lo compartas conmigo.

Oye, te aconsejo que termines de ver la exposición

porque te va a encantar.

-Sí. (RÍE)

Hasta luego. -Adiós, Rosa.

¿Qué pasa, Nicolás? ¿Cómo te va? -Muy bien.

Mira, qué casualidad,

estaba con tu mujer y se le ha olvidado el móvil.

-Dámelo, yo se lo devuelvo.

-Mejor, porque yo tengo un lío. -Gracias.

Bueno, os dejo, tengo que llevar los cafés a la cestería.

-¿Ahora hacéis reparto a domicilio?

-No, me han llamado, me han pedido el favor,

como tenemos el mercado lleno, no dan abasto.

-Eso es por los turistas que has traído.

Ya te pueden dar las gracias.

-El mérito no es solo mío.

También es de Javier, que se inventó la exposición.

De Noa que ha hecho las fotos, de ti, papá,

que nos has dejado las fotos antiguas.

En este barco remamos todos.

-Podemos ir pensando en la próxima.

En lugar de fotografías, podemos poner tus dibujos.

-Jesús. -¿Qué pasa?

No es para molestar a nadie,

no sé por qué te enfadas cuando saco el tema.

-Que no, que no me importa.

Al contrario, si has guardado los dibujos,

igual me echabas un poco de menos.

-En realidad, no los guardaba, olvidé que estaban allí.

-No le hagas ni caso, está muy orgulloso de ti.

-En cualquier caso, los dibujos están

muy bien donde están.

-Pues es una pena que no los vea nadie.

-Papá, no insistas, ¿no me ves?

Estoy bien y muy contenta trabajando en el bar.

Centrada en el mercado, soy feliz aquí, de verdad.

-Eso es lo más importante, hija.

-Pues si no quieres exponer tú, busca a alguien que lo haga.

Habla con Jorge que tiene buenos contactos.

-Yo no contaría mucho con Jorge.

-¿Por qué?

-Porque tiene la cabeza en La Fanega. No sé,

creo que en cuanto pueda va a chapar el chiringuito

y se va ir a Valladolid. -No tenía ni idea.

-Os dejo, que se me enfrían los cafés.

Aquí tienes, Paqui. ¿Dos con leche?

Hola. Hola.

¿Puedo? Sí, claro.

¡Mmmm!

¡Mmmm!

Me encanta el olor.

No acabo de identificar la fragancia.

Es cúrcuma. ¡Ah!

Es un jabón muy bueno para las pieles atópicas,

para eliminar manchitas. (ASIENTE)

Vale, me lo llevo, así lo pruebo.

¿Estás segura? Es que tienes una piel estupenda.

Te vendría mejor el romero, aquí lo tengo.

No, me gusta más este.

Venga. Me llevo este, me gusta más.

¿Te lo envuelvo? No, gracias.

Listo.

Toma, cóbrate.

Aquí tienes.

Gracias. Que lo disfrutes.

Y tú, que te lo pases bien esta noche.

¿Esta noche? Sí.

Conmigo no tienes que disimular.

No disimulo, no sé a qué te refieres.

Sé que vas al evento del hotel con mi hermano.

No sé de dónde has sacado eso, la verdad.

Me lo ha dicho él. No sé por qué te ha dicho eso.

Celia, tranquila.

Conmigo puedes hablar.

¿Quién te crees que le ayudó a elegir el modelito?

¿Te imaginas a mi hermano en una boutique eligiendo vestiditos?

Ay, no.

Que todavía no te lo ha dado.

He estropeado la sorpresa. No, no es eso, no.

El vestido sí me lo ha dado,

no sabía que estuvieras al corriente de todo.

Bueno, de todo, de todo.

No, mi hermano es discreto

y no ha entrado en detalles.

Pues a mí me prometió que no se lo iba a decir a nadie.

Así que estáis juntos. No, no estamos juntos.

No estamos juntos, han sido solo unas veces, pero no.

¿Y no te ha dicho que no pienso ir con él al hotel?

No, no me ha dicho eso. Vaya.

Es que Elías no me ha contado nada.

Eran sospechas mías y las acabo de corroborar hablando contigo.

No me lo puedo creer.

(LLORA)

¿Por qué le haces esto a Adela?

Te estás tirando a su marido.

No están juntos. Están separados.

No, están en crisis y Adela es tu amiga.

Es tu socia.

No te importa meterte en medio del matrimonio

y acabar de destrozarlo. Sí que me importa.

No sé cómo ha pasado esto, no te lo puedo explicar.

Pues parece que tampoco lo quieres evitar, Celia.

¿Te da igual ver cómo sufre esa mujer?

Mira, lo siento,

si le quieres reprochar algo a alguien, va a ser a tu hermano.

Puedes estar segura de que lo voy a hacer.

Gracias.

Eh.

Antes he oído que al final te quedas en el mercado.

-Ya, y a ti tampoco te parece una buena idea.

-No, no es eso.

Pero me preocupa. -Pues no te preocupes tanto,

voy a estar bien. -¿Y Samuel también?

-No todo lo que hago es por Samuel. -Ya, pero esto sí.

Y por eso te quedas, ¿no?

Mira, te agradezco mucho que no hayas puesto la denuncia.

No, nos has librado de un buen marrón

y a Samu le has quitado un gran peso de encima.

Por eso pensaba que igual podíamos pasar página.

-Mira, no tengo tiempo para esto. -Carla, escúchame un momento.

Escúchame un momento.

-¿Me dejas pasar?

-¿Qué quieres?

¿Castigarnos, castigarle aún más? -¿Y qué quieres tú,

que haga como si nada después de todo lo que ha hecho?

Ese álbum era lo último que me quedaba de mi hermana.

Era como mi tesoro.

Y ahora, por culpa de Samuel lo he perdido para siempre.

-El álbum aparecerá, tía.

-Eran nuestras vidas.

La intimidad de mi hermana ahora en las manos de vete a saber quién.

-Igual no lo tiene nadie, ¿vale?

Con la exposición se ha perdido.

Y alguien lo ha encontrado y lo ha guardado en algún sitio.

-Sí o igual alguien lo ha tirado a la basura.

-Pues igual, Carla, igual.

Lo que no puedes hacer es culpar a Samuel como estás haciendo,

sin tener ninguna prueba.

-Muy bien, ¿entonces a quién culpo? -Pues no lo sé.

Pero él no haría algo así, no es así.

-Claro, nunca tiene culpa de nada,

todo lo hace sin querer, como perder el álbum.

O difundir la intimidad de mi hermana

o chocar contra el coche que ella conducía.

Todo lo que hace son accidentes, ¿verdad?

-Samuel está sufriendo mucho con toda esta movida.

Igual que tú, no lo pongo en duda, ¿vale?

Pero no sé, ya le conoces,

sabes que no es mala persona. -Ah, claro, sí.

Me ha quedado claro, la única mala persona soy yo.

-Nadie dice eso, por Dios.

-¿Y por qué acabáis todos de su parte?

-No se trata de estar de parte de nadie.

Se trata de entender que todos somos víctimas de ese accidente.

Compartís la misma desgracia.

Sentís el mismo dolor.

Y en vez de consolaros el uno al otro estáis...

estás así.

Y no vas a conseguir nada, tía.

Absolutamente nada, solo vas a traer dolor y sufrimiento.

¿Es eso lo que quieres?

¿De verdad crees que Samuel es capaz de tirar tu álbum de fotos?

¿De deshacerse de él?

Mira, no te pido que le perdones, ¿vale?

No soy quién, ni debo, ni puedo.

Lo que sí te pido es que dejes de recordarnos todo aquello.

Que dejes de castigarle.

Ya tiene suficiente condena con lo suyo, ¿no crees?

Y tú...

Y tú también.

Que sí, que sí, pues no lo sé.

Cogí una tarjeta del despacho y resultó que era de la empresa,

¿qué quieres que te diga?

Oye, que no pasa nada, ¿eh?

Después lo repongo y se acabo.

Que no es para ponerse...

¿Y a ti que te importa en lo que yo me gaste el dinero?

Te dejo que no tengo tiempo para hablar de tonterías, adiós.

Lorena, tenemos que hablar.

Oye, tú, ¿te quieres parar? ¿Por qué?

¿Ya te ha venido Celia con el cuento?

Quiero evitar que cometas un error.

¿Yo estoy cometiendo un error?

Hermana, tú esto no lo entiendes. Si quieres, te lo explico.

¿Qué vas a hacer, contarme más mentiras?

Ya me metiste una trola muy grande

cuando me dijiste que entre Celia y tú no había nada.

Que estabas borracho cuando os pillé besándoos.

Y yo hice que me lo creía para no agrandar esta bola

y, sobre todo, para no hacer daño a Adela. Pero es que me mentiste.

Te mentí porque no era asunto tuyo y ahora tampoco.

Adela es asunto mío.

Y tiene derecho a saber lo que le estás haciendo.

Adela y yo estamos separados.

Puedo hacer lo que me da la gana.

Por mí te puedes tirar a medio barrio si te da la gana.

Pero es que te estás tirando a su socia.

Lo dices como si lo hubiese hecho aposta

para fastidiarle la vida y no es así.

No lo entiendes bien, te lo vuelvo a explicar,

no es solo su socia, es su amiga,

la mujer en quien más confía.

Llevas razón, reconozco que la situación es complicada.

A ti no te cabe el morro en la cara.

Escúchame, esto no lo he elegido.

(SUSPIRA) No lo he buscado.

Se me fue de las manos, lo quise evitar,

pero no pude, tampoco estoy haciendo nada malo.

Sí. Estás jugando con los sentimientos de Adela

porque no eres capaz de mantener

la bragueta cerrada. Hermana,

esto no es un capricho.

¿Me estás diciendo que estás enamorado de Celia?

Qué pronto has salido del trabajo, ¿no?

-Sí, he trabajado un rato en la oficina

y el resto, desde casa.

-Pues qué bien, así podemos ir a ver la exposición de Noa, ¿no?

-Ya la he visto. -¿Cuándo?

-Hace un rato.

-Qué pena, me hubiera encantado verla contigo.

¿Y qué te ha parecido?

-Me ha hecho ver algunas cosas de otro modo.

-¿Qué cosas?

-Te lo has dejado en el bar.

-Madre mía, no me he dado ni cuenta, cariño.

No sé dónde tengo al cabeza. -Yo creo que sí.

-¿Qué quieres decir?

-¿Me puedes decir donde ibais Paolo

y tú con tanta prisa? -¿Cuándo?

-Estabas en el bar tomando algo con Nicolás,

cuando Paolo te ha llamado para ir a los almacenes.

-¿Nos has visto? -¿A qué habéis bajado, Rosa?

-Cuando te lo cuente te vas a reír, resulta que Paolo...

-Nacho, ¿qué te trae por aquí?

-He venido a ver a mi mujer, precisamente hablábamos de ti.

-¿De mí? Espero que bien, ¿eh?

¿Qué decíais? -Nada, una tontería.

-Estaba a punto de contarme para qué habéis bajado a los almacenes.

-Teníamos que subir sacos de harina.

(RÍEN)

(RÍE)

¿En qué quedamos?

-Las dos cosas. -Sí, primero hemos colocado

las latas y luego hemos subido

los sacos. -Eso, sí.

-¿Para eso habéis bajado los dos?

-Sí, había muchas latas. -Y no veas lo que pesan los sacos.

Estoy fatal de la espalda. -¿Ah, sí? ¿Desde cuándo?

-¿No te acuerdas que hace poco me bloqueé totalmente?

Además, la lumbar me está matando. -Sí, es verdad.

Lo comentó delante de mí, ¿no te acuerdas?

-No, no me suena.

-Por eso he ayudado con los sacos. -Sí.

Todo claro, ¿no?

-Sí, está clarísimo.

-Cariño, ¿te apetece que nos tomemos un café a solas?

-No, tengo trabajo.

-Papá, ¿estás mal de la espalda? -Sí, un poco.

-Mira. -Sí, voy a...

Hermana, ¿crees que hubiese dejado

que esto llegase tan lejos

si no estuviese enamorado de Celia?

¿Tan ciego me crees?

¿Sabes el tiempo que llevo luchando contra lo que siento?

Y Celia también, ¿eh?

Pero nos ha sido imposible.

Pues entonces dejad en paz a Adela.

Cuéntale la verdad

y sigue tu historia con Celia,

pero no le digas a tu mujer que quieres volver con ella.

Es que yo no quiero dejarla, Lorena.

Creo que no te estoy entendiendo bien,

me acabas de decir que estás enamorado de Celia.

Sí y también de Adela.

Adela es la mujer de mi vida.

La madre de mi hijo, no concibo la vida sin Adela,

pero tampoco quiero renunciar a Celia.

Lo que te pasa es que lo quieres todo.

No quieres perder nada.

Pues no puede ser, vas a tener que elegir.

A lo mejor tienes razón, pero déjame que elija yo, no tú.

No me puedo quedar cruzada de brazos

mientras le destrozas la vida a mi cuñada.

¿Y a ti qué más te da lo que yo haga con mi mujer?

¿Quién te crees que eres para meterte en mi vida?

No me estoy metiendo en tu vida, no lo entiendes,

no puedo mirar a la cara de Adela

teniendo toda esta información, yo la quiero muchísimo.

Ella me acogió cuando todo el mundo me daba la espalda.

Y siempre me ha tratado con cariño. Y yo soy tu hermano.

Y te he salvado el culo infinidad de veces.

Compré el bar para que trabajaseis las dos hermanitas juntas,

pero eso te la suda, ¿verdad?

Solo hago lo que creo que tengo que hacer.

Muy bien, pues entonces yo haré lo que creo que tengo que hacer.

Si le dices algo a Adela, atente a las consecuencias.

¿Me estás amenazando? Trabajas en mi bar.

Vives en mi casa. Ten cuidado,

a lo mejor Adela te echa de vuestra casa.

No, ten cuidado tú.

¿Crees que Adela se va a creer tu historia, de verdad lo crees?

Si Celia y yo se lo negamos, ¿en quién crees que va a confiar?

Ten cuidado, a ver si te explota ese rollito

de defensora de la moralidad que llevas ahora, ¿eh?

Ratona, no vas a decir nada, ¿no?

No voy a decir nada,

pero tampoco voy a evitar que tu mentira salga a la luz

y que sepas que se acabará sabiendo.

Celia, ya he hablado con Lorena.

No te preocupes que no va a decir nada.

¿Lo ves? Oye, sigo pensando

que quieres y tienes que venir a esa fiesta

y probarte ese vestido

que te sienta de infarto. ¿Cómo que no?

Mira, hacemos una cosa.

Voy al hotel y me llevo el vestido

por si cambias de opinión, ¿qué te parece?

Adiós.

Hola.

¿Me pones una cerveza, por favor?

Hola, sí.

¿Qué tal con el nuevo proveedor de la Fanega?

Muy bien. Entre eso y que he estado colgado

al teléfono con Carolina no he parado.

¿Qué tal tú? Uf.

Ha sido una tarde intensita.

He oído que tu grupo de turistas se ha comprado medio mercado.

Enhorabuena.

Bueno, eso es solo un granito de arroz

dentro de una paella entera.

Pero sí, la verdad es que estoy contenta.

Tienes motivos para estarlo.

Lorena, eh...

Me gustaría aclararte una cosa.

Oh, oh.

¿Vamos a tener una conversación seria?

Me encanta cómo eres.

Muchas gracias. Déjame hablar.

Me encanta que tengas las cosas tan claras,

tienes talento para enfrentarte a una carrera artística,

pero has decidido dejarlo de lado

porque prefieres estar en el mercado,

es lo que te hace feliz.

Y me parece encomiable,

no tengo anda que decir al respecto.

Gracias por comprenderme.

Bueno, me ha costado un poco de tiempo.

Ah, ah.

Ahora es cuando viene el pero.

Pero...

creo que no soy como tú.

O bien no tengo las cosas tan claras

o no me resulta fácil olvidarme de mi pasado.

No puedo olvidarme que fui un chef reconocido.

Echo de menos esa parte de mí.

Sobre todo, ahora que Marcos ha vuelto a mi vida

y yo he vuelto a implicarme con La Fanega.

Estás diciendo que te arrepientes de haber dejado el restaurante.

Lo echo de menos.

Por eso tengo la cabeza más allí que aquí.

Por eso pierdo los nervios con los clientes

que no saben qué quieren comprar.

Pero luego se me pasa.

Luego te veo a ti,

que eres una cabra loca,

me contagias tu ilusión y tu pasión por las cosas

y me vuelvo loco y no sé qué hacer, estoy hecho un lío.

Me alegro mucho. Vale, te alegras.

Me alegro de que lo compartas conmigo, de que me lo cuentes.

Y que, por fin, asumas que no tienes que tener todo controlado,

que no tienes por qué estar seguro de todo, nadie lo está.

¿Eso quiere decir que me aceptas con todas mis contradicciones?

Uf, eso te hace todavía mucho más sexy.

Pero hay una cosa que me preocupa.

No eres feliz. (SUSPIRA)

Hay muchas cosas que me hacen feliz.

No, pero me refiero a...

A otro tipo de felicidad.

A encontrar la paz.

A tener un propósito y hacer todo lo posible por cumplirlo.

Eso es la felicidad.

Y te lo dice una que la busca por medio planeta.

Bueno, eso es fácil, si sabes cuál es tu propósito.

Estoy segura de que lo vas a descubrir.

Y, elijas lo que elijas, voy a estar a tu lado.

Si tú quieres.

Siempre me pasa lo mismo,

voy a por dos cosas y acabo comprando medio mercado.

He ido a la pescadería

y tenían unos langostinos fresquitos y me los he llevado.

Te los voy a poner con unos espaguetis

al nero di sepia que te vas a chupar los dedos, ya verás.

-Gracias, pero no tengo mucha hambre.

-Cuando los huelas, se te va a abrir el apetito.

Es una receta nueva que hemos introducido

en la carta de la pizzería y está teniendo mucho éxito.

-Me apetece algo más ligero.

Pero, sobre todo, menos italiano.

-¿No me digas que sigues enfadado por lo de antes?

-¿A ti qué te parece?

-¿Sabes que te he llamado por teléfono para hablar de esto?

Y como no me lo cogías, pensaba que estabas con trabajo.

-Qué bien, así has tenido tiempo de inventarte una excusa, ¿no?

-Qué excusa, cariño. Ha sido un malentendido.

Cuando te lo explique vas a entender

por qué estábamos tan raros. -No hace falta que te esfuerces,

está clarísimo lo que está ocurriendo.

-¿Me dejas que te lo explique? -¿Para qué,

para hacer aún más el ridículo?

Yo sé lo que he visto.

Hace tiempo que lo veo,

porque no tienes ni la decencia de disimular cuando estás con él.

-Qué dices, que no pasa nada.

-Eso me dijiste una vez y te creí. -Porque era verdad.

No hay nada entre Paolo y yo.

-Ya, ¿y por qué os citáis a escondidas en los almacenes?

-Porque le estamos preparando una fiesta sorpresa a Andrea.

Y Paolo quería enseñarme todo lo que le ha comprado.

Y también, concretar los detalles de la fiesta.

No podíamos hablar de esto delante de su hijo, por eso

hemos dicho esas tonterías y esas excusas estúpidas.

-Y pretenderás que me crea esta, ¿no?

-¿Por qué no te vienes conmigo, eh?

Te enseño las guirnaldas, los farolillos,

lo que hemos comprado. -Aunque hubiera una fiesta,

eso no justifica los mensajes.

-¿Qué mensajes? -Los que te manda al móvil.

Que si no puedo vivir sin ti, que si besitos,

que si corazones, ¿eh?

¿No me dirás que son los mensajes de un amigo?

-Perdona, Nacho, ¿has estado viendo mi móvil?

¿Has mirado mis conversaciones privadas?

-¿Privadas? Si llevas semanas presumiendo.

No solo me engañas,

encima tienes el descaro de exhibir tu infidelidad

delante de todo el mercado.

-¿Qué estás diciendo? -En la foto de la exposición,

que no solo me pones los cuernos,

quieres que todos los sepan y se rían de mí.

-No sé de lo que hablas, pero nunca haría algo así.

Debe haber un malentendido. -Déjame.

¿Ves algo ahí? -No, aquí no hay nada.

-Como no esté en esos cajones, no sé dónde va a estar.

-¿En cuáles, en esos de ahí? -Sí.

-Sí, pues como no tengas la llave. -Toma.

-A ver.

(SUSPIRA)

¿Qué?

-Lo que hay aquí, tío. -¿Está el álbum?

-Parece que Javier también tiene sus secretitos.

-¿No hay nada más? -Por lo que veo, nada barato.

-Ya, pero ¿no hay nada más? -No, vasos no hay. (RÍE)

-Me refiero al álbum, por favor.

-Que no, no está, solo hay papeles, carpetas y mierdas.

-Como no esté en esos archivadores, ya no sé dónde buscar.

-¿Ahí? ¿Ahí va a caber, en serio, Samu?

Que se te va la pinza. -¿Por qué no pueden estar ahí?

-Pues porque no cabe. -Sí cabe, es un álbum, un álbum.

-No hay nada, alguien se lo ha llevado.

-¿Quién se lo va a llevar? ¿Quién se lleva un álbum sin querer?

-No le des más vueltas, seguro que tiene una explicación.

-¿Qué haces? -Solo un poquito.

Te lo juro, Javier no se va a enterar, que estoy muy estresado

con todas las movidas del mercado. -Bueno. (SUSPIRA)

(TOSE) Esta mierda sí que es buena, tío.

-Deja el whisky y búscalo. -Déjalo ya, tío.

Aquí no vamos a encontrarlo.

-Pues si no está aquí, habrá que buscar en otro sitio.

-¿Qué quieres? ¿Volvemos a los contenedores?

Que ya no lo vas a encontrar, mira, te echo un chupito

y así te relajas. -Que no, que no quiero chupito.

-Que sí, que falta te hace, no seas muermo, anda.

Venga, dale caña, ahí.

Te lo dije. -Esto si tiene que costar pasta, sí.

-No me extraña que el colega lo tenga encerrado con llave.

¿No vas a decir nada?

¿Qué haces aquí?

Voy a acompañarte a la inauguración.

¿A ti qué te parece?

Ya lo veo, pero ¿por qué?

Sé lo importante que es para ti no acudir solo a este tipo de eventos.

Y, además, me sentí mal cuando te acusé de tener una amante.

No sé, Adela.

Hace nada me mandas a freír espárragos,

ahora quieres pasar conmigo la noche en un hotel.

A ver, te estoy haciendo un favor, nada más.

Igual que cuando viniste al hospital.

Así que no confundas las cosas.

No sé, me estás mandando señales contradictorias, la verdad.

Elías, sé que, que he sido muy dura contigo últimamente.

Pero yo no soy así.

Y no quiero odiarte el resto de mi vida.

Eso sí, tenemos muchas conversaciones pendientes

y alguna que otra herida por cerrar.

Así que he pensado que esta puede ser una buena ocasión.

Y he reservado una habitación al lado de la tuya.

Para ya, que se va a dar cuenta.

(RÍE)

-¿De qué te ríes?

-De tu cara, tío. (RÍE)

¿Sabes de que me estoy acordando? -¿De qué?

-¿Recuerdas cuando nos encerramos en los baños

para esperar que cerraran el mercado?

Y luego acabamos en el bar, ¿eh?

¿Te acuerdas?

¿Qué teníamos, 15 años, 16?

-Vaya pedo nos pillamos. -Ya ves, tío.

Y todo por tu culpa, ¿eh?

-Qué dices, si eras tú,

querías beber un poquito de cada botella

para que no se dieran cuenta.

-Creo que nunca he tenido una resaca peor que aquella.

(RÍE)

-Perdón.

-No pasa nada, pasa, pasa.

-No, que estáis ocupados. -No, estábamos de buen rollo,

estamos con nuestro nuevo mejor amigo.

Escocés, 21 años, de Erasmus en el despacho del gerente.

¿No quieres conocerlo?

-Hola.

-Hola.

-Estábamos recordando una vez que nos quedamos encerrados

a propósito en el mercado

y, bueno, pues como no teníamos nada qué hacer, Samu y yo

empezamos a beber

y al juego de las preguntas que...

-Yo nunca.

-Sí, sí, yo nunca. -Qué peligroso.

-Sí, la verdad es que nos pillamos una buena.

-¿Cómo era el juego este?

Yo nunca, nunca, he tenido un perro.

-¿Qué haces, cuándo has tenido un perro?

-¿Él no cuenta?

(RÍE)

Que sí, acuérdate del verano

que estuve cuidando al perro ese. -Eso no vale.

-¿Cómo que no? -Te vale todo para beber.

-Pues sí, anda, que te toca.

Dale caña. -A ver.

Yo nunca, nunca...

he comido insectos.

-¿Qué pasa? De pequeña comía hormigas, saben a cacahuete.

-Puag.

Bueno, me toca. Este nunca falla.

Nunca lo he hecho en un sitio público.

Pero bueno.

Estas cosas se cuentan, hermano.

-Otro día.

-Anda, que no sabes jugar, capullo.

-Eso es verdad.

No sabéis jugar.

Jugáis de pena.

Yo nunca, nunca, he conducido borracha.

Adela, yo te lo agradezco,

pero igual esta noche no es la más idónea, lo digo porque

voy a estar muy ocupado. Pero tampoco

vas a estar ocupado toda la noche.

Ya, insisto, esto te lo agradezco muchísimo.

A lo mejor otro día es más idóneo, cuando tú quieras, ¿eh?

Ya, está claro que no quieres que vaya contigo.

No, no, no eso, mujer, no es eso.

Lo que pasa es que me lo has dicho de sopetón

y antes he tenido una mala noticia. No pasa nada, veo que te molesto.

No te preocupes, ya me voy. Adela, por favor.

No quiero que te vayas así. Pero tampoco quieres que me quede.

Celia. Hola.

Qué guapa estás. ¿Adónde vais?

Vamos a un evento al hotel Golden Luxury, ¿lo conoces?

No, no tengo el gusto. Yo no sé si voy a ir.

¿Por qué?

Porque nada.

Sí va a venir.

Vamos a ir los dos juntos.

Así que cuanto antes, mejor.

Tenemos un poco de prisa, ¿eh?

Le digo las indicaciones al conductor.

Me alegro mucho de que vayáis juntos, pasadlo bien.

Mañana te cuento. Vale.

Dame, dame, dame. Gracias.

(SUSPIRA)

Yo nunca, nunca, he mentido a la persona

en la que más confiaba. -Vale ya, ¿no?

-El juego acaba cuando se termina la botella.

-Pero esta botella no es nuestra. -¡Jonathan!

Carla tiene razón. -Pero tío.

-Tiene razón.

-Yo nunca, nunca, he destrozado la vida a mi familia y a mis amigos.

Nunca, nunca, le he quitado las ganas de vivir

a la persona que más quería.

Nunca, nunca, he matado a una persona.

-Bueno, vale ya, ¿no?

¿Por qué permites que haga esto?

-¡Déjame pasar! -No.

-¡Que me dejes pasar! -¡Que no, que pares, Samu!

(LLORA)

-Eh, ven. -¡Déjame!

-Para, para. -¡Que me dejes en paz, Jonathan!

-Que pares. -¡Que me dejes, que me dejes!

¡Que me dejes en paz, hostia!

(LLORA) -Pero tío, que soy yo.

(LLORA)

-¿Qué haces, tío?

(LLORA)

-Déjame ver el brazo, déjame verlo.

Déjame ver el brazo. -¡Que me dejes en paz, Jonathan!

-Vale.

(LLORA)

Hola, Nacho.

¿Todo bien?

Si buscas a Rosa, hace rato que se ha ido.

-No hace falta que me digas dónde está mi mujer, ya lo sé yo, ¿eh?

-¿A qué vienes entonces?

-¿Me cuentas lo que está ocurriendo?

-¿Lo dices por el malentendido de antes?

Lo siento, no te podía decir nada porque estaba Andrea.

Le estamos preparando una fiesta sorpresa.

-No me vengas con esa excusa de mierda.

Rosa ya ha intentado que me la tragara.

-Es la verdad. -¿Creéis que soy tan ingenuo?

-Andrea se va a estudiar fuera.

Mira, si quieres bajamos al almacén. -Lo que quiero es que no me trates

como un idiota, tengo ojos en la cara.

¿Crees que no sé lo hacéis a mis espaldas, eh?

-Nacho te estás confundiendo. -¡Una mierda me estoy confundiendo!

-Será mejor que te vayas, ¿eh?

-No me voy hasta que me digas

a la cara que te acuestas con mi mujer.

-¿Qué dices?

Rosa es mi mejor amiga

y compañera de trabajo. -¡Mientes!

-Vete, por favor. -¡Que me digas la verdad!

-¿La verdad?

¿Quieres que te la cuente? Bien.

La verdad es que Rosa es extraordinaria,

que me alegro de tenerla como amiga.

Y solo un enfermo podría ver algo malo en eso.

Pero ¿sabes qué? Ojalá Rosa te engañara.

Ojalá encontrara a otro hombre.

Es evidente que tú no te la mereces. Esa es la verdad.

Me cuesta creer que Adela se tomara algo contigo,

pero lo que más me alucina es que seas capar de mirarla a la cara

sabiendo que se la estás pegando con su mejor amiga.

Se lo vas a contar, ¿verdad?

¿Qué quieres que haga, que le deje creer que has cambiado?

¿Que le ponga una sonrisa cuando venga con Celia a tomar café?

Paolo, no sé si tengo derecho a pedirte eso,

pero no le cuentes nada de lo que ha ocurrido, por favor.

-¿Y qué quieres que le diga?

¿Que me di con la puerta? -No, hazlo por ella.

Si se entera de que te he puesto la mano encima,

no me perdonará nunca

y es capaz de hacer cualquier cosa.

-Nacho, deja de contarme historias, por favor.

Conoceré yo a mi hermana, ¿sabes lo que le gustaría?

Ir a trabajar a un restaurante de glamour como los tuyos.

Ese plan sí le pondría a mi hermana.

Pues fíjate que me dijo que después mucho buscar, por fin

había encontrado su sitio en el mercado.

Cualquiera diría que quieres perdernos de vista.

¿Por qué?

No me voy a quedar de brazos cruzados.

Viendo cómo mi hijo se echa a perder para toda la vida.

-No digo que no estéis por él,

sois su familia y le vais a apoyar siempre.

-Sí, pero no vale con eso.

Voy a a llamar a mis contactos de la empresa de limpieza

para que se la lleven de aquí.

Me da igual si tengo que echar pestes.

No la quiero volver a ver en el mercado.

Lo siento, es Paolo.

-¿No le puedes llamar después? -No, no.

Igual es importante.

Sí, dime.

Sí, sí, cuéntame.

¿Cómo, pero qué ha pasado?

¿Estás bien, Paolo?

¿Qué te parece si voy y me lo cuentas todo?

Está bien, hasta luego.

¿Se puede ser más salvaje?

Estoy loca por contarte. ¿Sí?

Deja esto, mujer. Sí, perdón.

No te imaginas qué noche hemos pasado.

¿En serio? ¿Tan bien ha ido?

¿Habéis dormido en la misma habitación?

Perdona, soy muy indiscreta.

Mira, una cosa es que estés más sensible

y otra que seas un celoso, posesivo, compulsivo.

-Por favor, ponte en su lugar,

nunca me ha visto sonreír así a otro.

-¿Te estás escuchando? Es una foto.

¿No te das cuenta de que la culpa le está matando

y tú solo echas leña al fuego? -Lo que él hizo me mata a mí.

-Por eso te estás vengando, ¿no?

-Sinceramente, que sufra un poco tampoco pasa nada, ¿vale?

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Mercado Central - Capítulo 82

21 ene 2020

Lorena confirma sus sospechas de que Celia sigue liada con Elías. Éste la convence para que no le diga nada a Adela, que se presenta por sorpresa al evento al que iban a acudir los dos amantes.
Carla decide quedarse en el mercado y, a pesar de los esfuerzos de Jonathan, sigue siendo cruel con Samuel, que está roto.
Jorge se sincera con Lorena acerca de las dudas que tiene acerca de haber cambiado su vida de chef por su vida en el mercado.
Nacho cree descubrir que su mujer le engaña con Paolo y estalla contra el cocinero napolitano, que está organizando una fiesta de despedida para Andrea.

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