Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 80 - ver ahora
Transcripción completa

Tu ayuda es vital para mí, de lo contrario, no te lo pediría.

-Te doy una hora.

-No, te necesito casi todo el día, esto es importante, Noa.

-Lo siento, papá, pero no puedo.

-(SUSPIRA) Yo te ayudo con lo tuyo y tú me ayudas con lo mío.

-Que no necesito tu ayuda, es un proyecto personal.

Revisar 500 fotos, editar 40 y retocarlas, ¿te parece poco?

-¿Me dejas colgado por una mierda de exposición?

-No tienes un buen día, ¿no?

No, no lo tengo, ¿mmm?

Teledirijo La Fanega y no llego a todo.

Pues intenta no insultar a la gente, ¿no?

Se trata de remontar el Mercado, no de hundirlo más.

-Que no va a denunciarnos.

-¿Por qué?

-No sé, hablado con su abogada, lo ha estado pensando y dice que no.

No quiere llevarnos a juicio.

¿Eh?

¿No te gustaría ser mi pareja por una noche?

¿Mmm?

Lo que no me parece es dejar a David otra vez solo.

Además, no tengo ropa, ni zapatos, ni ganas para ir a esas cosas.

Está triste porque ha renunciado a una beca en Liverpool.

-¿A la escuela de Liverpool? -Ajá.

-Es lo que él más quería.

-Ya, ya lo sé,

pero lo ha hecho para quedarse con su padre, ¿sabes?

No quiere dejarlo solo.

-Paolo no se lo merece, solo le causa problemas.

Bajé a comprobar un pedido.

Te ves con Celia. ¿Tú eres tonta?

Que no, yo, con Celia, fue lo único el beso que tú viste.

Estaba borracho. ¿Tú no tienes bajones?

Mentiroso, que eres un mentiroso.

No me creo ni una palabra. Pero vamos a ver.

¿Qué tiene de raro que coincidamos Celia y yo aquí, en el almacén?

Los dos trabajamos en el Mercado.

-Me tienes que decir si va a haber exposición o no.

Ni yo ni el Mercado podemos quedar mal.

-Ya.

Pues, visto lo visto, mejor posponemos.

-No me lo puedo creer.

¿Cómo no me lo has dicho esta mañana?

-No sabía que tenía que ayudar a mi padre.

Ha surgido todo de repente, lo siento, Javier.

¿Crees que te voy a juzgar

porque quedes con un tío a espaldas de tu hijo?

Ya. Me parece lo más normal del mundo.

Es más, me alegro mucho de que quieras rehacer tu vida,

ya era hora.

¿Le conozco? No.

Mmm. No, para nada.

Bueno, no tienes ni referencias suyas ni nada.

Ya, pero... Mira, le he sacado

de una aplicación de ligues.

No me sirven tus "lo siento",

tus excusas,

y no me sirvieron para nada tus mentiras.

Samu, yo, por ti, volví a confiar en la gente, en el futuro.

Y todo esto te lo has cargado, lo has mandado a la mierda.

-Si pudiera hacer algo por ti, lo haría con los ojos cerrados.

Buenas.

¿Llevas mucho esperando?

Había un problema en un puesto y no he podido...

-Aquí tienes.

-¿Qué es? -Tú no conocías a Laura.

Sabías cuánto la quería, sabías lo importante que era para mí.

Pero no tenías ni idea, no tienes ni idea de quién era.

Y este álbum es lo último que me queda de ella.

A mí me sirve cuando me siento sola

o cuando... cuando la echo mucho de menos.

-Me encantará conocerla a través de tus recuerdos.

-Quiero prepararte para lo que vas a ver.

Ella era una persona...

preciosa.

Llena de vida y de luz.

-Se parecía mucho a ti. -No, qué va, no te equivoques.

No, yo era una persona distinta cuando estaba con ella.

Cuando ella murió, todo cambió.

No solo guardo todas sus fotos,

también guardo todos los "e-mails".

Ella... ella lo compartía todo conmigo.

A ella le encantaba escribir.

Decía que era la mejor manera para poder ordenar

la cabeza, la mente.

Decía que era la única forma de poder hablar con el corazón.

-Sí, eso también lo creo.

Es muy bonito que compartierais tanto.

-Todo.

Lo compartíamos absolutamente todo.

Ella era... la única persona que me conocía de verdad.

Y yo no conocí lo que era estar completamente sola

hasta que se murió.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Esas son las últimas que nos hicimos.

Justo antes del accidente.

Desde que se compró el coche, que no parábamos.

Se pasó años intentando ahorrar pasta para poder pillarse un coche

y luego no parábamos de idear las escapadas que haríamos,

los viajes...

Para ella, el coche era como...

Significaba libertad.

Qué irónico, ¿no?

Justo la noche del accidente...

Justo habíamos planeado la última escapada que haríamos.

Ella me llamó desde el curro y...

Y yo colgué.

Me fui a dormir y yo...

Yo no pensaba que sería la última vez que hablaría con ella.

-Lo siento, Carla.

-Yo también lo siento.

Yo lo siento por todos los "e-mails" que no voy a leer.

Yo lo siento por todas las escapadas, los viajes que no podremos hacer.

Y, sobre todo, lo siento por necesitar

este álbum para poder recordar su cara y su sonrisa.

A mí...

A mí me daba igual lo que pasara.

Daba igual si a mi madre le daba un brote

o si me hacían "bullying" en el cole, porque ella, con ella,

me sentía segura, Samu.

-Perdonad que os interrumpa.

Necesito a Samuel para revisar unos cuadrantes de personal.

-Sí, yo no quiero molestar.

-¿Te importa llevarte tus cosas? Aquí podrían despistarse.

-No, son para Samu.

Cuídalo.

Es lo único que me queda de ella.

(Puerta)

-No, no, Javier.

Por favor.

Tengo que hacerlo.

-No es buena idea, Samuel.

No cambiarás nada, solo te harás más daño.

-Se lo debo.

-Eso no es cierto.

Carla está dolida y tiene motivos.

Pero no dejes que te castigue de esta manera.

-Es que no es por Carla.

Es por ella.

-Ella ya no está.

-Porque yo la maté, Javier.

Ni siquiera sabía quién era.

Y ahora necesito... conocerla.

-Crees que, si te sometes a esto, Carla podrá perdonarte algún día.

¿No es cierto?

Ah, no, no, hijo. Cariño, fuera el móvil de la mesa.

Venga.

Tú estás con la agenda, yo, con el móvil.

No, lo siento mucho, pero no es lo mismo.

Yo llevo una empresa y llevo una casa.

Tengo que sacar estos ratitos para organizarme un poco. Déjalo.

Si cambias las normas, las cambias para todos.

Venga.

Vale, ya está.

Vamos a comer como una familia.

Por cierto, acabo de ver en la agenda

que hoy tienes musicoterapia.

Habría preferido que no te acordases.

¿Por qué? ¿No te apetece?

No sé nada de música ni toco un instrumento.

Pero no hace falta.

El terapeuta dijo que la música era simplemente una herramienta

para que tú luego te puedas expresar mejor,

comunicarte mejor con los demás.

Es lo que hacen los músicos, como Andrea.

Y yo no soy músico.

Yo me expreso hablando.

Acuérdate de que también te dijo

que no puedes decir que no a las experiencias

sin haberlas probado.

Eso se podría aplicar a las drogas. Mira que eres listo.

Y lo bien que lo aplicas cuando quieres, ¿eh?

¿Qué te pasa, papá? ¿Estás bien?

-Eh... No es nada, tranquila, ya se me pasará.

No es la primera vez que los nervios se me suben al estómago.

-Ya. Es por la mudanza de Valeria, ¿no?

¿No te estarás arrepintiendo...?

-No, no, no.

Pero la convivencia no es fácil.

Quiero a Valeria.

Y estoy dispuesto a acostumbrarme a todos los cambios que hagan falta.

-Ay, qué bonito, papá.

Me alegro mucho de que lo tengas tan claro.

-Ya me conoces.

Siempre he sabido lo que quiero y voy a por ello.

-Ojalá todos los hombres fueran como tú.

Ay, lo difícil que es intentar entender

a alguien que no sabe lo que quiere.

-¿Hay algo de lo que necesites hablar?

-No.

No, papá.

Me alegro muchísimo por vosotros.

Valeria y tú vais a ser tan felices...

-Ay, eso es lo que me asusta.

No saber hacerla feliz y que se canse de mí.

No quiero que me note el miedo.

Ella no debe saberlo.

-(SUSURRA) Tu secreto está a salvo conmigo.

-(SUSURRA) Gracias.

Aparte del silencio, necesito otro favor.

-Claro que sí.

-Que guardes esa caja por mí.

-¿Esa caja?

Papá.

Estos son mis trabajos de Bellas Artes.

Pensé que lo habías tirado.

-Nunca tuve intención de tirarlo.

Pero Valeria necesita más espacio

en los armarios.

"(Timbre)"

Hola.

Gracias.

Que tenga un buen día.

-¿Qué es?

Pues no lo sé, vamos a verlo.

Espera. "Ya tienes el vestido".

"Se te acabaron las excusas".

Qué raro, no está firmado ni hay remitente.

¿Es algún novio secreto?

Cariño, hijo, yo no tengo novios.

Debe ser un admirador secreto con mucho dinero.

Este vestido es de marca, ¿no?

Ya sé quién es.

Una clienta, me cogió mucho cariño y me invitó a su boda.

Me daba mucho apuro y le dije que no tenía qué ponerme.

Y ya ves.

Si te lo ha regalado, debe tener muchas ganas de que vayas.

Bueno, es que es de esas personas que no aceptan un no por respuesta.

Eso es lo que pasa.

Pues deberías ir.

Nunca te pones vestidos. Y seguro que la comida está genial.

No sé.

Venga, que tienes musicoterapia.

(RÍE) Prefiero quedarme aquí estudiando.

Me pongo música de fondo.

Y yo preferiría no tener que fregar los platos,

pero hay que hacerlo.

La vida es injusta, hijo.

Tus respuestas no se rebaten, no tienen sentido.

Ya, pero tú te empeñas en discutir conmigo.

Tira.

Adiós.

(Puerta)

(VALERIA) Madre mía.

Esto no se acaba nunca.

No sabes las cosas que tienes hasta que haces una mudanza.

-Sí, la verdad es que acumulamos tanto...

Yo aprendí a vivir con lo que me cabía en una mochila.

-Pues eso es muy sabio, hija.

Yo estoy aprovechando para tirar muchas cosas mías.

Y de Jesús, que no sabes cómo tenía el baño.

(LORENA RÍE) -¿Qué me has tirado ahora?

-Para empezar, un montón de colonias, que estaban ahí sin estrenar.

Seguro que regalo de tus amiguitas.

Esas niñatas no saben comprar un perfume.

¿Y eso?

-¿Esto? Nada. Nada, chorradas, tonterías, que...

Que me gustaba dibujar y mi padre lo ha guardado.

-Ah... -Tenías que verla en su buena época.

O estaba acabando un cuadro o pintando un boceto.

-Garabatos, eran garabatos.

Eso lo coge un experto y lo quema inmediatamente.

-¿Y tú qué sabes? ¿Has consultado con alguno?

-No, pero me llegaban las notas. -Eran buenas notas.

Todo iba bien hasta que te rendiste.

-No me rendí. Es que no tengo talento.

-Eso es mentira, siempre has tenido mucho talento.

Pero es que más fácil

tirar la toalla que luchar, hubieses llegado muy lejos.

Hasta que te acobardaste... -Vale ya, Jesús.

¿Eh? Para ya.

-No, no, déjale acabar.

Hasta que me acobardé y me convertí ¿en qué? En una fracasada.

Sí, en una fracasada. (JESÚS) No, no quería decir eso.

Pero yo sigo creyendo en ti como artista.

Y no te tienes que conformar con servir tapas detrás de una barra.

-¡Lo siento! ¡Sé lo que os pasa!

¡Que no soy suficiente ni para ti ni para nadie!

Soy una gran decepción para todos. -¿Qué narices estás diciendo?

¡No entiendes nada!

Yo solo quiero decir lo que vales, vales mucho más de lo que piensas.

-No tengo tiempo para esta conversación.

Porque tengo que bajar al bar a poner tapas detrás de una barra.

Perdona, Valeria.

-No entiendo nada.

(Portazo)

Yo solo quería decirle lo que vale, no sé por qué se ha ido así.

-No creo que tenga que ver contigo.

Le has tocado en la fibra sensible.

A mí me huele a problemas de pareja.

-Sí.

Antes se quejaba de que no entendía

a los hombres que no sabían lo que querían.

-Y tiene razón.

Por eso yo soy tan afortunada.

¿Qué te pasa?

-Nada, el... el estómago.

Perdona un momento. -Ah.

(PAOLO) ¡Eh, David!

David, espera.

¿Pasa algo?

-No, tengo prisa, tengo sesión de musicoterapia.

-Ah. Musicoterapia suena interesante.

-No, mi terapeuta y mi madre me obligan a ir.

-Haces bien en escuchar a tu madre.

Porque ella solo quiere lo mejor para ti.

-Nunca me haría renunciar a mi futuro, no como otros.

-¿Por qué dices eso? ¿A qué otros te refieres?

-Le dije a Rosa que no te lo diría.

-Espera, David. -¡No me toques!

-Perdón. -No lo vuelvas a hacer.

-Perdóname.

Te pido disculpas y no lo volveré a hacer.

Escucha, David.

Tú y yo nos conocemos ya desde hace un tiempo, ¿no?

Y a mí me gustaría, si hay algún problema,

poder hablarlo contigo.

-El problema no lo tengo yo, lo tiene mi mejor amigo.

Y no te puedo explicar nada. -¿Tu mejor amigo?

¿Quién, Andrea? ¿Qué problema tiene Andrea?

-No deberíamos hablar de esto, ni siquiera deberías saberlo.

-Pero tú sí lo sabes, ¿no?

Yo soy su padre, tengo derecho a saberlo también.

¿Qué pasa con Andrea?

-Que ha renunciado a su sueño por ti.

-¿Su sueño? ¿Qué sueño?

Ah...

Ahora entiendo a qué te refieres.

No te preocupes.

Seguro tendrá otras oportunidades mucho mejores.

-Como esta, no.

-Que sí, hay muchísimas bandas mejores que esos dos tirados.

-¿Tirados? La escuela de Liverpool es de las mejores del mundo.

-¿La escuela...? ¿Qué tiene que ver la escuela de Liverpool?

Yo hablo de la banda que lo ha rechazado.

¿Qué pasa con la escuela?

Cuéntamelo, por favor.

Estamos hablando del futuro de mi hijo, tu mejor amigo.

-Le llamaron para ofrecerle una plaza.

Y la ha rechazado para no dejarte solo.

(Timbre)

¿Qué haces aquí?

Hola. Pasa.

Tranquila.

Estaba David en la pizzería.

Y por eso me he dicho:

"¿Por qué no le hago una visita a mi amiga Celia

y de paso le devuelvo el pañuelo que se dejó en mi despacho?".

Pues muchas gracias.

Pero no puedes venir así, sin avisar, Elías, de verdad.

Además, no me gustan las sorpresas.

Pues muchas de nada.

¿Seguro que no te gustan? No.

¿Ninguna, ninguna?

Alguna, sí, ¿no?

Es precioso, muchas gracias.

¿Lo has elegido tú?

¿Perdona? La duda ofende.

Tú mejor que nadie deberías saber que tengo

muy buen gusto. Oh.

Estoy deseando vértelo puesto.

Lo siento, pero no lo puedo aceptar.

Es que no creo que... que tengamos que ir juntos.

Ya te lo he dicho.

Vamos, que tú tienes tantas ganas como yo de vértelo puesto.

Dan igual las ganas que tenga de ponérmelo.

No podemos ir por ahí como si fuéramos una pareja normal.

Dijimos que hasta que llegara David.

Y David ya está aquí.

Por favor, se nos está yendo de las manos.

¿Y por qué no, Celia?

¿Por qué no?

Por eso mismo, porque esa noche, cuando vayamos a esa fiesta,

vamos a ir a un sitio donde nadie nos conoce.

Y por una noche vamos a poder ser quienes queramos ser.

Estoy deseando verte con el vestido puesto.

Y ver cómo los otros te miran,

deseándote,

sabiendo que seré yo el único que te quite el vestido después,

cuando acabe la fiesta. Sé lo que haces.

Y no te va a funcionar. No. ¿No? ¿No?

A lo mejor yo no te convenzo, pero...

Pruébate el vestido.

Que, a lo mejor, él sí lo consigue.

¿Sabes qué? Que me lo voy a probar. Muy bien.

No te hagas ilusiones. No.

Unas fotos muy chulas.

Jesús me ha pasado una caja entera de ellas.

Estas son muy buenas.

Pero no quiero robarte tu tiempo, no creo que te interese.

Vale, me lo he ganado por imbécil.

Oye, Javier, no me cogiste en mi mejor momento

y, de verdad, no supe expresarme bien.

Creo que dejaste muy claro lo que piensas de la exposición.

Que es una tontería de aficionados. No quería decir eso, en serio.

Vale, ¿qué es lo que querías decir?

Creo que es una buena idea y que atraerá gente al Mercado.

No tengo tan claro

que vaya a tener repercusión de cara a la renovación.

Yo creo que podría haber tenido repercusión.

Pero eso ya da igual, seguramente no habrá exposición.

¿Y eso por qué? ¿Te ha desanimado lo que te dije?

No, hombre, no, no es por ti. Es por Noa.

Tenía que ayudar a su padre.

Y no ha preparado las fotos.

Vale, la vas a cancelar.

No me queda otra.

Y he convocado a la prensa.

Y el concejal de Obras se había comprometido a venir.

¿El concejal de Obras?

Es un capullo, nunca va a ningún sitio.

¿Cómo lo has hecho? Por eso me fichaste, ¿no?

Sabes lo que consigo.

Ahora voy a tener que llamarlo

y decirle que no habrá exposición.

Quedaremos fatal el Mercado y yo.

Quiero hacerlo cuanto antes, como cancele tarde, se cabreará.

Y no va a volver a pisar el Mercado en años.

Pues buena suerte.

-Javier, ya he terminado.

Podemos hacerlo, ¿no? -¿Estás segura?

¿Hay exposición?

-No he parado ni a comer para terminar.

Si nos damos prisa, podemos hacerlo.

-Ya no tengo que hacer la llamada.

Algunas de las fotos que me ha pasado tu abuelo.

-¿A ver? -Me ha mandado una caja.

La tengo en el despacho. -A ver.

Tengo que escanearlas,

retocarlas, imprimirlas... -Tranquila, nos organizamos.

Va a ser un éxito.

Y ya veremos si tiene repercusiones.

Seguro que sí, ojalá.

¿Quiere decir que puedes ayudarnos?

Sí, claro, lo que haga falta.

Os dejo, voy a abrir.

Luego os veo. -Vale.

¿Me enseñas el resto? -Manos a la obra.

Mmm.

No me digas que te has puesto nervioso.

Perdona.

Cualquiera que te vea con ese vestido se pone nervioso.

Ya.

Solo queda subir un poquito la cremallera,

pero ya ves cómo me queda.

Me lo quito y te lo llevas. Espera.

Tengo una idea mejor.

Termino yo de subírtela.

Y después te la bajo del todo.

No hay tiempo. Shh...

Elías.

Por favor, no he terminado de ponérmelo.

¿Y ya me lo estás quitando? No puedo dejar de pensar en esto.

No pienso en otra cosa, ¿eh?

Espera.

¿Por qué pone ahí "prueba Adela"?

Porque tiene una prueba.

Con... con un aniversario de boda.

Tiene que hacer unos centros de mesa y nuestras cestas.

Vale, perdona.

Perdona, he enfriado la cosilla un poco.

Pero, si me das cinco minutos,

lo pongo otra vez a tono.

Ya, no, Elías. ¿Eh?

Déjalo, de verdad.

Se nos hace tarde, me cambio.

Celia.

¿Qué pasa?

Es porque he preguntado por Adela, ¿a que sí?

No, no me ha molestado, pero tengo prisa, y tú también.

Oye, que yo solo trato de entenderte, ¿eh?

No tienes por qué mentirme, no te hace falta.

Es por Adela.

Ha sido por Adela, sí.

Y no es porque te sientes culpable, no me lo creo.

Algo te ha pasado con ella.

¿Habéis discutido? No, no, no, para nada.

Pero te he mentido.

No te puedo decir nada porque me ha pedido que no lo haga.

Oye, Celia, no, ¿eh?, a mí no me hagas esto.

Adela sigue siendo mi mujer.

Es mi familia y me preocupan.

Ay, Dios.

Vale, pero no puedes decir nada.

¿Nada de qué?

Tenía molestias en el estómago.

Se hará una endoscopia.

Pero no es nada malo, y yo la voy a acompañar.

¿Eso cómo va a ser?

He hablado con ella.

No me ha contado nada.

Es algo grave, ¿no?

No, no es grave, por eso no te lo quería decir.

Estoy convencida de que no va a ser nada serio.

¿Serio como qué?

¿Como un cáncer? A ver, estate tranquilo, por favor.

Yo la voy a acompañar.

Y te llamaré y te mandaré wasaps.

Te lo agradezco, pero no hace falta.

Ya voy yo con mi mujer, para eso soy su marido.

Pero ¿qué estás diciendo? ¿Te has vuelto loco? No puedes ir.

No solo puedo, sino que debo hacerlo.

Y es lo que voy a hacer. Sigue siendo mi familia.

Ya, pero es que Adela no quiere que vayas.

Además, me vas a meter en un lío si te ve en el hospital.

Harás que me arrepienta de habértelo contado.

Escúchame, Celia.

Has hecho lo que tenías que hacer y yo haré lo que tengo que hacer.

Adela lo entenderá. "No me lo puedo creer".

No me lo puedo creer.

Pensaba que podía confiar en ti.

Y puedes confiar en mí.

Pero Elías estaba preocupado. ¿Pero preocupado por qué?

No lo estaría si no se lo hubieras dicho.

Él te conoce y sabía que le ocultabas algo.

¿Eso te ha dicho?

Sí, sí, sí.

Vaya, no sabía que Elías tuviera tanta confianza contigo.

Y no la tiene.

Claro que no la tiene. Pero somos amigas y somos socias.

Por eso vino a preguntarme.

Ah, ¿que vino?

Sí. ¿Y adónde?

¿Ha ido a tu casa?

No.

Me encontró ahí, en el muelle,

y empezó a preguntarme.

Mira, Adela, lo siento mucho, de verdad.

Vino, me preguntó, me puse nerviosa y empezó a presionarme.

¿Qué quieres que haga? Vale, déjalo.

Ya sé lo insistente que puede ser Elías.

Lo que me preocupa es que aparezca en el hospital.

¿Va a hacerlo? Te lo acabo de ver en la cara.

Lo siento, he intentado que cambie de opinión,

pero quiere estar ahí y verte.

Me da igual lo que quiera.

Ya es muy tarde para esos gestos.

Que lo hubiera pensado antes de acostarse con cualquiera.

"Sé que te sientes sola cuando estoy fuera".

"Y vivir con mamá es un infierno".

"Pero tienes que ser fuerte, las cosas mejorarán pronto".

"Me han dado el aumento y podré alquilar un piso,

donde viviremos Martina,

tú y yo".

"Dentro de muy poco,

cumpliré mi promesa y tendremos nuestra propia casa".

"Siempre estaremos juntas, Carla".

"No dejaré que nadie vuelva a hacernos daño,

te lo prometo".

"No olvides:

no tenemos miedo porque somos invencibles".

"Te quiero mucho, hermanita".

(SUSPIRA)

(ANDREA) "Papá".

¿Hay algún pedido? -Andrea, tenemos que hablar.

Siéntate. -Me he entretenido.

Y se me ha pasado la hora, lo siento.

-No hablo de eso, hablo de la plaza en la escuela de Liverpool.

A la que has renunciado.

Va, siéntate.

(ANDREA RESOPLA)

-Escucha.

Yo sé que lo has hecho por mí, pero... no puedo permitirlo.

-Te lo ha contado Rosa.

-¿Rosa también lo sabe?

No me lo puedo creer, todo el mundo menos yo.

-Se lo he contado a Rosa.

-A mí me lo ha contado David.

-¿No se puede guardar un secreto aquí?

-Andrea, yo se lo agradezco que me lo haya contado.

Tenemos tiempo para evitar esta locura.

-Papá, escúchame, ¿vale?

La decisión ya la he tomado y no me arrepiento.

Mi sitio está aquí contigo.

-Andrea, yo te lo agradezco mucho, pero no puedo permitirlo.

-Papá, que si voy para allá no me voy a divertir.

No voy a aprender nada.

Voy a estar pensando en ti. -Andre.

Si tú te vas a Liverpool,

yo estaría muy feliz y orgulloso por ti.

Si te quedas aquí, no podría volver a mirarte a la cara.

Me sentiría culpable cada minuto juntos.

-Uno se tiene que sentir culpable.

-Andrea. -Prefiero que seas tú.

-Entre tú y yo,

soy yo el que tiene que ocuparse de ti, ¿lo entiendes?

Yo me sentiría fracasado como padre si...

si comprometes tu futuro por mí.

-No te tienes que sentir fracasado por nada ni culpable.

Es una decisión que he tomado yo.

Lo entiendes, ¿no? Ya está, no hay vuelta atrás.

-¿No hay vuelta atrás?

No, tú llamas ahora mismo. -No, no va así.

No va así.

Cuando rechazas una beca, pasa al siguiente en la lista.

Ya no se puede hacer nada, pero no pasa nada.

Es mi decisión.

(PAOLO RESOPLA)

-¿No hay ningún pedido entonces?

-No.

-Papá. -Andre.

-En serio.

Sé a lo que vienes, me lo ha contado Celia.

Antes de que digas nada, te lo voy a dejar muy claro.

No voy a dejar que me acompañes al hospital.

Pues entonces tenemos un problema.

Yo no voy a dejar que vayas sola.

Sabes perfectamente que Celia viene conmigo.

Puedes quedarte la mar de tranquilo.

Celia no es de la familia.

No, pero es una amiga.

Y confío más en ella

de lo que confío en ti, mi marido.

Así que puedes irte por donde has venido, ¿mmm?

Me parece perfecto que vaya Celia, perfecto.

Pero yo voy a ir.

Yo voy a estar a tu lado.

Si no quieres mirarme, no me mires.

Si no quieres, no me hables.

Haces como si no estoy ahí, pero voy a estar.

Elías, ¿no lo entiendes?

Que vengas no me ayuda, al contrario.

Me molesta mucho que juegues a ser el marido prefecto y preocupado

cuando te has comportado como un cretino.

Como un cretino, pero un cretino de verdad.

Sí.

Pero algo no ha cambiado.

Que yo te sigo queriendo.

Y me estoy esforzando en cambiar por ti.

Tienes mucho que demostrar

para recuperar mi confianza. Pues por eso.

Déjame que lo haga.

Déjame intentarlo, es lo que te estoy pidiendo.

Quiero ser el marido que te mereces.

Celia, qué oportuna.

Mira, muchas gracias, pero, al final,

no hace falta que vengas, me va a acercar Elías.

Oh.

Así no te hago perder la tarde y no tienes que cerrar el puesto.

Luego te llamo y te cuento. Vale.

Gracias de todas maneras, ¿mmm?

Pues cuando quieras.

Voy a cerrar aquí.

Valeria, ¿esa es mi caja?

-Sí, no te enfades.

Es que, cuando te fuiste, he estado mirando tu obra.

Y, sinceramente,

no sé qué hace en esa caja. -¿Sabes lo que hace? Estorbar.

Por mí, lo puedes tirar. -¿Tirarlo?

¿Tú estás loca o qué?

Habría que exponerlo para que la gente pueda disfrutarlo.

-"Exponerlo", dice.

Bueno, pues nada, si te enteras de alguna galería,

de algún museo

que esté interesado, comunícamelo.

-No necesitamos ninguna galería ni ningún museo.

Tenemos el Mercado.

Mira, podíamos aprovechar la exposición de Noa

y mostrar todas tus obras de arte.

-No pienso quitarle ningún protagonismo a Noa

ni muchísimo menos estropearle su exposición

con mis garabatos y mis figuritas baratas.

-Pero ¿tú por qué te infravaloras así?

Tu padre tiene razón.

Eres una artista.

-¡Camarera! Soy camarera, Valeria, por mucho que decepcione a mi padre.

-Tu padre no está decepcionado porque seas camarera.

Lo que a tu padre le duele es que no reconozcas tu talento.

Porque te quiere y está muy orgulloso de ti.

-¿Estamos hablando de la misma persona?

-Mira.

Con el cariño y la emoción que me ha enseñado tu trabajo,

me creerías.

-Valeria, no lo entiendes.

Hace muchísimos años que yo decepcioné a mi padre.

No soy la artista que él deseaba que yo fuera.

Dejé Bellas Artes, me piré.

Dejé la carrera, pasé de todo, ya está.

-¿Y qué?

¿Tú sabes a quién expulsaron de la escuela de Bellas Artes?

Al mismísimo Dalí.

-¿Y tú cómo sabes eso? -Porque yo sé muchas cosas, rica.

A ver si ahora eres tú la que me vas a infravalorar a mí.

-No, perdona, tienes toda la razón.

Tienes toda la razón, no quería ofenderte.

-Mira, tu problema es que no paras de repetirte que no puedes.

Si una mentira se repite muchas veces se convierte en verdad.

No es tu padre el que no cree en ti, eres tú.

(PAOLO HABLA EN INGLÉS)

La Madonna...

-¿Qué ha pasado? ¿Con quién hablabas?

-Con la escuela de Liverpool.

Intentaba rectificar la decisión de Andrea

de renunciar a la beca.

-Ya. -Pero parece que es demasiado tarde.

Porque ya han avisado al chico, al siguiente de la lista, y...

-Perdóname, Paolo.

Me hizo prometerle

que no te diría nada. -Ya.

Pero Andrea no pensaba con claridad. Y tú, menos, Rosa.

¿O no piensas que tenía derecho a saber

si mi hijo echaba su futuro a la basura?

-Pero tampoco es tan grave, ¿no?

Vamos a ver.

Tu hijo es joven, tiene muchísimo talento.

Seguro que le van a salir más oportunidades.

-Rosa.

Eso tú no lo sabes y yo tampoco.

Pero lo que sí sabemos

es que Andrea, en este momento, tenía que estar en Liverpool.

-Ya.

-En una de las escuelas de música más importantes de Europa.

En vez de estar repartiendo pizzas en bicicleta.

-Pero él ha decidido quedarse porque tú eres su familia.

Y porque no quiere dejarte solo. No puedes enfadarte por eso.

-Pero tú, Rosa, tú tenías que decírmelo antes,

cuando aún estaba a tiempo de solucionarlo.

-Ya.

(LORENA) Mi vida ha sido un cúmulo de decepciones.

Todo el mundo siempre espera muchísimo más de mí.

-No es verdad.

Tu padre cree en tu talento, igual que yo.

Pero no sabe cómo abrirte los ojos.

(LORENA SUSPIRA)

Ya está, ya es demasiado tarde.

-¿Me lo dices a mí?

¿Una señora que podía ser tu abuela

que se va a vivir con su novio como si fuera una veinteañera?

-Pero eso son cosas distintas, Valeria.

-No, es lo mismo.

La edad es una excusa para no hacer nada.

Perdóname, perdóname.

Ya sé que no debo meterme donde no me llaman.

Pero, bueno, ya conoces la fama de las Pacheco.

-Absolutamente nada que perdonar, Valeria.

-Bueno, pues entonces me voy a ver a tu padre,

que está malo del estómago.

Dice que algo le ha sentado mal,

pero seguro que es por los nervios de la mudanza.

-Tú sí que le conoces bien, sí. -Como un libro abierto.

No sabe que yo estoy más nerviosa que él.

Pero no le digas nada, ¿eh?

Que le van a dar más retortijones.

-Prometo no decirle nada.

-Valeria.

Anda, déjame la caja, que le eche un vistazo.

-Muy buena idea.

(SUSPIRA)

¿Lo entiendes?

Es que, ahora,

si el chico al que le han ofrecido la beca acepta,

Andrea habrá perdido la oportunidad de su vida.

Y todo por mi culpa.

-Ya, pero, antes o después,

tu hijo va a entrar en esa escuela o en otra muchísimo mejor,

pero tú le necesitas ahora.

Dime una cosa.

Si tu hijo se va a Liverpool, ¿tú no te vas a sentir más solo?

-Es que da igual cómo me sienta yo, Rosa.

Yo soy el responsable de él.

Yo tengo la responsabilidad de protegerle, de cuidar de él,

no al revés.

Andrea no puede ser responsable mío.

-Ya, pero no es justo, ¿no?

Los hijos tienen la obligación de apoyar a sus padres

cuando les necesitan. -No, no, Rosa.

Hay que ser muy egoísta y muy mal padre

para permitir que un hijo renuncie a su futuro por ti.

-Oh, vaya.

Pues debes de pensar que soy una madre horrible.

-Que no, Rosa, ¿qué tiene que ver eso?

-Es que... yo sí me alegré, ¿sabes?,

cuando Noa decidió no irse a Nueva York.

Y, además, no me avergüenza decir que la necesito.

Sobre todo, después de haber vivido

la sensación de que la perdía para siempre.

-Claro, Rosa.

Yo tampoco sé cómo habría reaccionado

si Andrea se hubiera ido tanto tiempo.

-Es que no se trata solamente

de pensar que la vas a perder, sino...

No sé cómo hubiera superado lo de Nacho

sin mi hija. -Ya, ya, te entiendo.

Yo también me alegré mucho cuando Andrea decidió quedarse

en vez de irse a Napoli con Cristina.

Pero eso, Rosa...

Esto es diferente.

-Pero ¿por qué es diferente? ¿Por qué?

-Porque... porque yo no podía ser realizado como padre

hasta que vea a mi hijo hacer lo que quiere,

lo que le hace feliz.

¿Lo entiendes?

Pero siento mucho si... te he dicho algo que te ha ofendido.

No era mi intención.

Que tú eres una gran madre, Rosa, una persona excepcional.

-(SUSPIRA) Siento mucho no haberte dicho nada de lo de Andrea.

Tú sí que eres un buen padre.

-Ay, amiga mía.

Voy adentro a trabajar.

-¿Te importa si voy ahora? -Claro.

(Móvil)

¿Te ayudo? -Sí, "porfa".

(Móvil)

Ay, gracias.

(Móvil)

Es mi madre, luego la llamo, tengo tantas cosas que hacer...

-Bueno, tranquila, vamos a ver, una cosa detrás de otra.

¿Okey? -Vale.

-¿Cómo quieres montar la exposición?

-Pues, a ver, había pensado en un montaje paralelo

de fotos antiguas y actuales del Mercado

para mostrar el contraste

de los espacios y el paso del tiempo. -Vale.

Venga, ya tenemos el inicio.

-Vale. -¿Montamos la primera foto?

-Oye, ¿y esa caja tan chula?

-Esta caja...

Esta caja me la ha traído Valeria.

Son recuerdos

de mis trabajos de cuando estudiaba en Bellas Artes.

-¿Qué dices? -Sí. Me ha animado a que las revise.

-Y, no sé, ¿qué has sentido al verlas?

-Ay, pues sorpresa, Noa.

Algunas cosas, ni me acordaba de que las había hecho y...

Y, al verlas,

me ha parecido que no estaban tan mal.

-Pues a mí no me sorprende nada.

Has sido una rebelde, como los grandes artistas.

-Ay, Noa.

No me idealices, "porfa".

He cometido tantas inconsciencias, tantas cosas,

tantas decisiones de las que me arrepiento.

-Que no, que me da igual lo que digas.

Que eres mi tía... favorita y yo estoy muy orgullosa de ti.

-Guapa.

-Me encantaría ver tus trabajos,

pero será cuando termine de montar la exposición

y de colgar... ¡Mierda!

-¿Qué?

-Javier me pidió que marcara

los lugares para las fotos para poner las alcayatas.

Se me olvidó. -Tranquila.

Vale, pues, entonces, ese es el primer paso.

-Vale. -Mira, te doy una tiza.

Lo vas marcando. Cuando acabes, montamos.

-Vale, luego te veo. -Vale.

Hola. Hola.

Te he traído más cardamomo,

para que no se te agoten las existencias.

Muy gracioso.

Es una ofrenda de paz, por lo de antes.

No... no quería decir lo que dije.

No se me da muy bien disculparme, ¿no?

No, la verdad es que no.

(GIME)

Por favor...

(GIME Y LADRA) Calla.

Siéntate.

Pon una caña.

¿Con tapa o sin tapa?

Pues depende de cómo te portes.

¿Y eso?

¿Esto?

Esto son los últimos supervivientes

del naufragio de mi paso por Bellas Artes.

¿En serio? Ajá.

¿Puedo echar un ojo? No.

Por favor.

(GIME)

(LADRA) Vale, deja de hacer el perrito.

Vale.

Jorge, no te rías, ¿vale?

Prometido.

Ni siquiera dices nada.

¿Por qué he tardado tanto en descubrir esto?

Pues porque ni siquiera sabía que existían.

Estaban en casa de mi padre y... no sabía que los guardaba.

Uf... (CARRASPEA)

Lorena, es... es una pasada.

Sabía que tenías una sensibilidad especial, pero...

Esto va más allá.

Eres... eres una artista.

No, bueno, lo... lo dices porque me quieres.

Me alegra que te gusten.

No, no solo me gustan.

Me llegan.

Por favor, prométeme que nunca vas a dejar de pintar, por favor.

Uf, no sé si te puedo prometer eso.

Pero te... te puedo invitar a una tapa.

Pues guárdamela para luego.

Creo que este va para mi puesto.

Espero que para comprar algo más que un paté de cinco euros.

(SUSURRA) Seguro.

(Llaman a la puerta)

¿Molesto? -No, pasa, pasa.

-Voy a vaciar la papelera, ¿vale?

-¿Te importa tirar esto también?

Gracias.

¿Cómo estás?

Pareces un poco cansada.

-Pues con ganas de terminar el turno.

-Un día intenso, ¿no? Imagino que no solo por el trabajo.

Me quedé preocupado

cuando te vi con Samuel y los recuerdos de tu hermana.

Imagino que te habrán removido mucho, ¿no?

-A mí, no, a quien espero que haya removido es a Samu.

-Lo ha hecho, te lo aseguro.

Mira, entiendo lo que estás intentando hacer, pero...

De esa manera, solo vais a conseguir haceros más daño.

-Yo no creo que haya nada que pueda hacerme más daño.

Pero Samu no iba a entender mi sufrimiento y mi rabia

hasta que no entendiera lo que perdí, hasta que no conociera a mi hermana.

Lo he hecho por él.

-No lo sé, si te soy sincero, me parece que estás castigándolo.

No quiero entrometerme ni es asunto mío.

Pero Samuel está soportando

una carga muy fuerte en su conciencia.

Si sigues presionándolo de esa manera,

lo vas a llevar al límite.

Si destrozas a Samuel, no va a volver tu hermana.

-Tienes razón.

Esto no es asunto tuyo.

(Llaman a la puerta)

-Javier, te traigo una...

Perdón.

¿Interrumpo?

-No, no podías ser más oportuno.

-¿Te pasa algo?

¿Tienes algún problema con Carla?

-Intentaba darle un consejo, pero no se lo ha tomado muy bien.

-¿Un consejo sobre Samuel?

-Sí, pero creo que estoy empeorando las cosas.

Es mejor que... -Javier.

Mi hijo está reviviendo otra vez el infierno del accidente.

(SUSPIRA)

Si ha pasado algo por lo que deba preocuparme, dímelo.

-Verás, Carla le ha entregado un álbum a Samuel

con fotos y "e-mails" de su hermana.

Quiere que la conozca para que entienda su dolor.

-Pero bueno, por Dios, ¡le está torturando!

-Sí, lo sé, es lo que intentaba explicarle.

-¿Qué pretende?

¿Destrozarle? ¿Hacer que recaiga en una depresión?

-Carla no está bien.

Es... es complicado.

-¡No, es cruel!

Yo no puedo permitir que haga esto.

-El problema es que Samuel

parece decidido a atravesar ese dolor.

No creo que puedas evitarlo.

-Tú no lo entiendes, Javier.

No sabes lo difícil que fue sacarle de la depresión.

Como vuelva a caer, va a acabar con él y todos nosotros.

-Te prometo que estaremos todos pendientes de él.

Samuel no está solo.

Todos vamos a apoyarlo.

(RESOPLA Y CHASQUEA LA LENGUA)

¿Qué tal, cariño? -¡Hola!

-Venía a ver cómo ibas con la exposición.

-Pues agobiada, pero bien, creo que llego.

-¿Y Lorena? Pensaba que te ayudaría.

-Sí, me está ayudando, pero ha tenido que bajar al almacén.

No creo que tarde mucho.

-Me alegro de que estés sola, quería hablar contigo.

Oye, te he llamado antes.

-Ay, sí, perdón, es que, con todo este lío,

no... no te he podido devolver la llamada.

-Tranquila, así hablamos personalmente.

-Oye, mamá, no sé qué foto poner aquí que...

¿Cuál te gusta más?

-Creo que esa. -¿Esta?

-Sí. -¿Sí? ¿Tú crees?

A ver, tiene menos grano, pero el encuadre es mucho peor.

-Bueno, quizás tienes razón, yo qué sé.

Déjate llevar por tu instinto, ¿sabes?

Creo que estás haciendo un gran trabajo, ¿eh?

-Gracias.

Ay, bueno, dime qué quieres, que no te estoy haciendo ni caso.

-Me estoy dando cuenta de que no es un buen momento.

Ya hablaremos con calma. -¿Seguro?

-Sí. -Qué bien encontraros juntas.

Os doy la buena noticia a la vez.

-Huy. -La presentación ha sido un éxito.

Han escogido mi propuesta.

-¡Ay, cariño, cómo me alegro!

Enhorabuena. -Dásela también a tu hija.

No lo hubiera conseguido sin ella.

No sé cómo agradecértelo, hija.

-Bueno, ya lo has hecho.

Me alegro... por ti.

-Estoy orgulloso de ti.

(Puerta)

Mamá, ¿cómo estás? ¿Qué te ha pasado?

Me ha dicho papá que te están haciendo pruebas.

Sí, pero no te preocupes, que no es nada importante.

Es simplemente que tengo unas molestias estomacales

y, bueno, me están haciendo las clásicas pruebas rutinarias.

Vamos, lo más normal es que sea una simple úlcera.

¿Cómo no me has dicho nada?

Porque no quería preocuparte.

Pero como tu padre es un bocazas...

Estoy aquí, que veas que estoy bien.

Ya te he pedido disculpas, te he dicho por qué lo hice.

Yo estaba en la sala de espera, él me llamó muy nervioso...

No, no te disculpes, si has hecho bien.

Me lo deberías haber dicho tú, que ya no soy un niño.

Me hubiera gustado mucho acompañarte.

Está bien, la próxima vez me acompañas tú.

Mira, ¿sabes qué? Te voy a perdonar.

Ah, bueno. Sí.

Pero solo si te quedas a cenar.

Voy a preparar algo, ¿mmm?

Y, si sale mal, pues, yo qué sé, ya pedimos "sushi".

No, no. No, gracias, Germán.

Después de la sedación, no puedo cenar mucho.

Estoy agotada, prefiero marcharme y meterme en la cama.

O te quedas a dormir.

Por la sedación, no tendrías que estar sola.

Germán tiene razón.

Y yo duermo en el sofá.

Es que yo... Bueno, no tengo mi neceser.

Las cosas están en el apartamento. Mamá.

Sigues teniendo de todo en el baño.

Hasta cepillos, yo qué sé.

Si algo te hace mucha falta, yo voy y te lo traigo.

Vamos, que te tienes que quedar.

Está bien, me quedo esta noche. Mmm...

Te pondré sábanas nuevas,

a saber cuánto hace que no las cambia.

Oye, perdona, que yo cambio las sábanas.

Ajá. Cuando hace falta.

¿Y cada cuánto es eso? ¿Una vez al mes?

Cuando hace falta. (RÍE) Venga.

-Oye, esto hay que celebrarlo, pero por todo lo alto, ¿eh?

-Ya me he adelantado.

He reservado mesa en la nueva marisquería.

Hace tiempo que no nos damos un homenaje.

-Qué gran idea.

Me han hablado muy bien de ese sitio.

Tengo ganas de conocerlo.

Voy a llamar a Paolo, a ver si me deja salir un poco antes.

-Siento cortaros el rollo,

pero mirad lo que tengo por delante, no me dará tiempo

a ir a cenar.

-Tienes razón.

Bueno, no te preocupes.

¿Salimos mañana?

Y celebramos también tu exposición.

¿Vale? ¿Te encargas tú de cambiar...?

-Sí, claro, llamo y lo hacemos otro día.

No pasa nada.

-¿Sí? (NACHO) Sí, claro.

Hoy lo celebro comiéndome una lasaña en la pizzería.

Y hago compañía a tu madre.

-Y yo voy a avisar a Paolo con tiempo.

-Vale, genial.

Pues mañana os invito a un vino para compensaros.

-Gracias, pero no.

Estoy en deuda contigo y no os dejaré pagar nada.

-Bueno, venga.

Vámonos.

Tenemos que dejarla tranquila para que trabaje.

-Pero, mamá, espera, ¿qué tenías que contarme?

-Eh... No es nada importante.

Ya hablaremos cuando estés más tranquila, ¿vale?

-Vale.

"Gracias".

Gracias por quedarte.

Germán te echa mucho de menos.

Bueno, Germán y yo, ¿eh?

Yo me alegro de quedarme a pasar un rato con Germán.

Pero eso no significa que vaya a volver a casa.

Por ahora.

Así que no quiero que haya malentendidos, ¿eh?

No te preocupes, por mi parte no los va a haber.

Pero quiero que sepas que pienso seguir luchando por ti.

No me rendiré tan fácilmente.

Elías, tomo yo las decisiones, ¿mmm?

Así que no me metas presión.

Bueno.

Perfecto.

Pero esperaré lo que haga falta.

Como si tengo que esperar toda la vida.

Pero, tranquila, tú marcas los tiempos.

Pero que sepas que estoy enamorado de ti como el primer día.

Elías.

Tú lo has dicho.

Yo marco los tiempos. Es verdad.

No, por favor.

Por favor...

¡Ah! ¡Hos...!

-¿Qué haces? -¡Dios!

-Lo estás tirando... -¿El álbum? Lo tienes tú, ¿no?

-Ni lo tengo ni... -¡Alguien lo ha cogido!

¡Estaba aquí! ¡Estaba aquí! ¿Escuchaste lo que dijo Carla?

-Cálmate. -¡Es lo que le queda de su hermana!

-Si quieres, te ayudo a buscarlo. -¡Que estaba aquí!

¡No me tienes que ayudar, que estaba aquí, joder!

¿Para qué enseñarle esas fotos? (JAVIER) Carla está muy dolida.

Ha perdido el control, castiga a Samuel y a sí misma.

Y no se da cuenta.

-Pues qué pena.

Ahora, os digo una cosa, ¿eh?

Como le siga machacando, yo no me quedo de brazos cruzados.

Eso os lo aseguro.

Me acompañó al hospital.

Por lo de las pruebas médicas y...

Se le veía muy preocupado. Mmm.

Y ahora quiere llevarme a un evento.

Ah, ¿sí? Ajá.

He visto un mensaje donde confirmaban

que iremos a una inauguración en el hotel Golden Luxury.

Y se imagina que yo no tendría que estar enterada de esto,

pero me ha dicho que me preparaba una sorpresa.

Así que blanco y en botella.

Puede que tengas razón, Rosa.

Pero no puedo permitir que Andrea pierda la oportunidad

de estudiar música en Inglaterra, ¿por qué?

Porque Cristina y yo no hemos sabido cuidar nuestro matrimonio.

No tiene por qué pagar nuestros errores, ¿lo entiendes?

Mira.

¿Puedes quedarte un par de horas en la pizzería?

-Sí, claro, por supuesto.

¿Por qué? ¿Qué vas a hacer?

-Todo lo posible para que Andrea vaya a esa escuela.

-¿Dónde está el concejal?

-No ha llegado, y a esta hora ya no creo que aparezca.

-La esperanza es lo último que se pierde.

-Yo ya la he perdido hace un rato.

A ver si traigo a los del periódico local.

No quiero que pienses que te estoy pidiendo explicaciones

o que es un numerito de la amante celosa,

porque no va de eso.

¿Entonces de qué va?

De que no estamos haciendo lo correcto

y de que estoy incómoda con el vestido, con la fiesta.

No vamos a esa fiesta, se acabó el problema.

Yo no voy, pero tú tienes que ir, con tu mujer.

Mi hija me ha ayudado a desarrollar un proyecto de trabajo.

Y Rosa y yo estamos viviendo una segunda luna de miel.

Que mira que has intentado meter cizaña entre nosotros.

Pero, al final, no te ha servido de nada.

Voy a seguir viendo las fotos de mi hija.

Aunque la exposición es un desastre, eso salta a la vista.

A medida que ha ido pasando el tiempo,

que te he ido conociendo mejor,

me he dado cuenta de que eres más maravillosa de lo que imaginaba.

Eres guapa, divertida.

Eres luminosa.

Y puede que parezca que solo pienso en el sexo, sí,

pero no, para mí no existe solo eso.

No.

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Mercado central - Capítulo 80

17 ene 2020

Carla lleva fotos y mails de su hermana a Samuel, que lo asume como parte de su penitencia. Pero las fotos desaparecen.
Celia y Elías preparan asistir juntos a un futuro evento.
Elías se entera de que Adela tiene una prueba médica e insiste en acompañarla, iniciándose un tímido acercamiento entre ambos.
Noa, finalmente, va a hacer su exposición fotográfica en el mercado.
Jorge descubre el talento artístico de Lorena y le incita a que lo desarrolle, lo que decepciona a Lorena. Ella es feliz donde está.
La mudanza de Valeria a su casa pone nervioso a Jesús.
Paolo se entera de que Andrea ha renunciado a la beca e intenta revertir la situación, sin éxito.
Nacho se marca un tanto en el trabajo gracias a la ayuda de Noa.

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