Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 8 - ver ahora
Transcripción completa

¿Y ahora qué hago yo?

Oh, Dios.

Tranquila, mamá.

Hay que ir a la Policía y denunciar el robo.

¿Tú quieres que vote sí a la venta o no?

-Está bien, hija.

Un 50.

Si es que no me deja otra alternativa.

-Pues...

ahora que está todo clarito, a cenar.

Habláis con el nuevo propietario del Central.

¿Cómo? Pero...

¿Cuándo...?

Hoy. Ahora mismo. Lo acabo de hacer.

Por lo tanto, tengo doble titularidad.

O lo que es lo mismo:

dos votos en contra de la venta del mercado.

¿Ahora quieres vender nuestros puestos?

-Ay, yo no lo sé. Yo solo sé que prefiero no correr riesgos.

Yo solo os pido que os deis una oportunidad.

Que sí, que no os soportáis. Sí.

Pero es lo mejor para las dos. ¡No! Es lo mejor para ti.

¿Eh? Mira,

si vas a contratar a Lorena, yo me busco otro trabajo.

-Tranquila, tranquila, que yo tampoco quiero, ¿eh?

Ni "jarta" de vino. ¿Eh?

Van a echar a David del colegio porque mi suegra no pagó la cuota,

para castigarme.

Me han robado la moto delante de mi hijo

y en este mercado, todos me odian.

Que se me haya roto la camisa con la persiana me da igual.

Es la estocada final.

De verdad, Cristina, ¿qué más me puede pasar?

¿Que se me caiga una bolsa de basura encima?

¿Y tu amigo, el de los frutos secos, qué?

-Pues fue al banco a informarse,

y parece que lo de meterse en deudas no le hace gracia.

-O sea, otro que vende, ¿no? -Eso parece.

-Muy mal se nos tiene que dar hoy para que no seamos mayoría.

-No sé yo, ¿eh? Algunos no lo tienen tan claro.

El de los encurtidos.

-Aquí tenéis.

-¡Mmm, qué buena pinta! -A ver.

-Ahí.

-¿Está todo? -Qué rico. ¿Te ayudo?

-Todo bien. -Muchas gracias.

-Que aproveche, chicos. -Gracias, Rosa.

-¿Quién más? -El de los encurtidos,

Josefina la del pescado, Fermín. -Te toca hablar con ellos

antes de que Elías les ponga la cabeza como un bombo.

-Menudo papelón.

Se ponen siempre del lado de los De la Cruz.

-Tú les dices que el futuro será muy bonito,

pero si tenemos que invertir para renovar los puestos,

nos va a salir por un pico.

Si vendemos, solo hay que poner la mano y cobrar.

Eso es muy goloso. -Hace dos días, no pensabas lo mismo.

-Bueno, pero me convenciste, ¿no?

Y a Paolo también.

Pues ahora, te toca convencer al resto.

Puedes empezar por Fermín, hablé ayer con él

y está a punto de caramelo. -Luego me paso.

-Lo de la chica, ¿qué?

¿Ya tiene trabajo?

-Ya se podría haber quedado en casa, tiene al niño mareado.

-Qué exagerado eres.

Samuel está perfectamente.

Lo único que quiere es echarle una mano a la chavala.

-Ya te digo yo lo que quiere echar. -¿Qué más te da?

Si les apetece a los dos.

-Mira que hay flores en el campo, y él se fija en la que no debe.

-¿A ti qué más te da una que otra? No te entiendo.

-No te preocupes, tengo algo pensado. Es igual. Sí.

-Joder, vaya desayuno que os estáis apretando, ¿eh?

Para el colesterol es cojonudo. -Pídete algo, esto es nuestro.

-No seas rancio. Si lo hago por vuestra salud.

¿Cómo va lo del curro de Carla?

-Ya lo tengo todo arreglado. La llamará un amigo

para empezar a trabajar de dependienta en una zapatería.

-¿Sí? ¿Donde el Joaquín y la Reme? -Eh... no.

En el mercado de Valdemoro.

-Pero eso está un poco lejos, ¿no?

-Samu, me pediste que le buscara trabajo

en el Central o donde fuera. Pues esto es lo que hay.

-Bueno, ¿qué pasó con lo de la limpieza al final?

-No. Para eso, ya vamos tarde.

Llamé a la subcontrata, pero ya tenían sustituta, así que...

También te digo una cosa: mucho mejor vender zapatos

que no andar fregando váteres, ¿no? Digo yo.

-Sí, hombre. Visto así, sí.

Bueno, gracias, papá.

Oye, eso sí, cuando la llamen,

que no digan que he estado de por medio.

Igual no se lo toma bien. -¿Nos ha salido orgullosa la chica?

-No, pero ella también tiene sus cosas.

-Hay que joderse.

Bueno, mira, le diré a mi amigo

que le diga que la ha recomendado Jorge.

-Vale. Cojonudo. Me voy a hablar con él,

y le cuento la movida para que no meta la pata.

Me llevo esto. -Okey.

-Hasta luego, Rosa.

-Hasta luego.

-No era tan difícil, ¿no?

Hala, todos contentos.

Oye, tú has sacado cien euros del banco, ¿no?

-¿Eh? Sí.

Fue una urgencia, Carmen.

-Otra multa, ¿no?

-No. El aceite del coche.

Que lo tuve que cambiar.

me había pasado dos mil y pico kilómetros.

-Hay que cuidarlo. Nos tiene que durar

hasta que vendamos el puesto y nos compremos otro.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¡Eh, Doménico!

"Buongiorno!".

Has llegado "giusto in tempo".

-Lo siento, no puedo quedarme mucho rato.

-"Ma, cosa dici?".

Te he preparado un dulce especial.

"Le sfogliatelle", con la receta de "mia nonna".

Están en el horno.

¿No hueles a "Napoli"?

-Me da para tomarme un café.

-"Ché hai fatto la?".

¿Qué ha pasado?

-Una puerta. No es nada.

-¿Una puerta? ¿Qué puerta?

-La del portal.

Iba con la compra,

entró un vecino delante,

puse el dedo en la puerta para que no se cerrara

y no se cerró.

-San Genaro, ¡"che dolore"!

(Móvil)

¿Todo bien, Doménico?

-Es un antiguo proveedor.

Aún tengo que avisar a unos cuantos de que me voy.

-Seguro que no pasa nada, ¿no?

Sabes que a mí me lo puedes contar, ¿eh?

-No es nada,

solo que...

tengo muchas cosas que arreglar antes de irme.

-¿No será algo con ese tío?

¿Cómo se llama? ¿Montes?

-Ah, qué va.

Es un poco especial, pero está todo bien con él.

-Dome,

lo siento, pero no me lo creo.

Llegas aquí con esa cara de muerto, con el dedo roto.

¿Me quieres a decir qué pasa o no?

-Me pillé el dedo con la puerta. No he dormido bien por el dolor.

¿Qué más quieres que te diga? -La verdad.

¿No ves que estoy aquí para ayudarte? -¿Y cómo?

¿Cómo quieres ayudarme? ¿Con la "sfogliatella di merda"?

Déjame en paz, hazme el favor.

-¡Va! ¡Va! "Va ti, stronzo!".

"Anace".

¿Qué?

¿Así os como os dais los buenos días los italianos?

¿Qué quieres, Elías?

Lo mejor para todos.

Igual que tú. Oh.

No entiendo por qué has cambiado de opinión.

¿Otra vez estás con esta historia?

¿No entiendes que no todo el mundo tiene el dinero para la reforma?

Si crees en tu negocio, sí.

E inviertes en él.

¿Qué pasa?

¿Que ya no te importa lo que Hortuño pueda hacer con el barrio?

Con el mercado, incluso con tu casa.

Me lo he pensado mejor. Te lo has pensado mejor.

¿Te lo has pensado mejor

o los Pacheco se lo han pensado mejor por ti?

Igual tú no los conoces tan bien como yo, pero esa gente

son unos liantes. Solo van a lo suyo.

Como todos, ¿no, Elías?

No. Como todos, no. No te equivoques. Como todos, no.

Aquí en el Mercado Central siempre nos hemos ayudado

los unos a los otros, siempre. Paolo.

Si lo que te preocupa es el dinero, yo te puedo ayudar.

Claro.

Porque así, tú siempre ganas, ¿verdad?

Si no es como frutero, es como banquero, ¿eh?

No. De verdad, no vayas por ahí, que sabes que ese no es mi negocio.

¿Quieres el dinero sin intereses?

Te lo doy. ¿Te quedas más tranquilo?

Ya me he enterado de que eres el nuevo dueño del bar.

Sí.

Hay algo que no entiendo.

¿Por qué quieres ayudarme?

¿Cómo es que estás dispuesto a prestar dinero a la competencia?

¿Eh? ¿No lo entiendes?

No. ¿En serio que no lo entiendes?

Esto es un mercado.

Aquí la gente viene a comprar.

Cuantas más tiendas tengamos y más bonitas estén,

mejor para todos.

Más charcuterías, carnicerías, pizzerías, fruterías;

cuanta más oferta haya, más entrarán.

Más comprarán y más dinero ganaremos todos.

Lo siento,

la decisión ya está tomada.

Bueno, yo solo te pido que te lo pienses un poco.

¿Eh?

Tienes hasta esta tarde para cambiar de opinión.

En eso tienes experiencia.

Dos cortados: uno corto de café,

dos bocadillos de chistorra y un cruasán de chocolate.

-Oído.

Un cafelito, cuando podáis, ¿eh? Os habéis puesto de acuerdo

para venir a desayunar todos a la vez.

Esto va como un tiro. Se nota la mano del nuevo dueño.

Déjame a mí con esto, ve tú a hacer los bocadillos.

Ya que estás, ponme una pulguita de jamón, anda.

-Vale.

Rosa, vamos un poquito cortos de pan. -Vamos cortos de todo.

Sobre todo, de personal.

No empieces, Elías.

Por si no te quedó claro, ninguna queremos trabajar juntas.

No entiendo por qué.

¿Con quién vas a trabajar mejor que con tu familia?

¿Me lo dices o me lo cuentas?

Ni siquiera se ha pasado por aquí para interesarse por el trabajo.

Dale tiempo, sabes que ella no es de madrugar.

Me la estás vendiendo estupendamente.

¿Esos bocadillos? -Joder, ¡que ya va!

Con todos los cambios que quieres hacer aquí,

vas a necesitar más personal.

Cuando quieras, nos ponemos a hablar de la reforma.

-Querrás decir cuando pueda. Yo no soy como Sorio,

conmigo no va a haber problema con el presupuesto.

Eso sí,

tú vas a tener que ser más flexible con la contratación de personal.

Elías de la Cruz en estado puro, ¿eh?

Nueve de la mañana: primer chantaje del día.

¿Quién te ha dicho que es el primero?

Es nuestra hermana, nuestra familia y nos necesita.

Dale una oportunidad, solo te pido eso.

¿Quieres ayudarla?

Pues contrátala en la frutería. Aquí no hay sitio para ella.

Hola. Hola.

Hola.

Perdona, que no te había reconocido sin el traje.

Venía a despedirme.

Y, bueno, a darte las gracias.

Las gracias, ¿por?

Por lo del mercado de Valdemoro.

Me han llamado de la zapatería.

¿Zapatería? Sí.

Así que ¿dejas lo de los quesos? Sí. Bueno, no.

Se me termina el contrato aquí en dos días.

Dejaré de hacerte la competencia con la bandejita.

Vale.

Me alegro que consiguieras trabajo tan rápido.

Eso significa que eres buena.

Bueno, si no llega a ser por ti, dudo que me hubieran pillado.

Ha sido todo un "detallazo".

¿Detallazo? ¿Por?

Porque el jefe de la zapatería me dijo

que le habías hablado muy bien de mí. Tú eres Jorge Santos.

Sí, pero no conozco a nadie en Valdemoro.

¿Cómo dices que se llama el dueño?

Ni idea. Si es que no me lo ha dicho.

Ya. Mierda.

Míralo.

¿Es que tú nunca me vas a dejar en paz?

¿De qué va todo esto, Samu? Luego te cuento.

Chicos, os dejo a solas, ¿eh? Aclarad todo esto.

Que vaya bien en Valdemoro. Gracias.

Pero ni de coña pienso pillar el curro.

-¿Por qué, Carla? El curro está guay. -Paso de deberte nada.

No necesito que nadie me salve, y mucho menos tú.

Ya puedes dejar el rollito este de caballero andante que te traes.

-Andante, andante... -¿Todo te lo tomas a cachondeo?

Hago lo que puedo, no te voy a engañar.

-Pues me alegro muchísimo por ti. Eres un campeón.

Pero yo no soy así. Yo no soy como tú.

Cuando estoy de mierda hasta el cuello,

a mí no me da por reír.

-Carla, espera.

-Déjame en paz de una vez.

¿Qué? ¿Cómo va esa pulga de jamón?

Toma. Aquí la tienes.

Muchas gracias. Pues, nada. Ya te puedes ir.

¿Eh?

Que ya has terminado. Vuelve con los Pacheco.

-No te muevas.

Ellos no le necesitan, y aquí estamos a tope.

Eso lo decido yo, que soy el dueño.

Fuera. Ni te muevas.

-Vamos a ver, yo no quiero movidas, ¿eh?

Sabia decisión.

Fuera. Sigue con los bocadillos, por favor.

¿A quién vas a hacer caso,

a la camarera o al dueño del bar?

Fuera.

-Lo siento, Rosa, pero me viene mal quedarme hasta tan tarde.

-Pero ¿qué dices? No me puedes dejar así.

-Habladlo entre vosotros y luego me decís.

-Pero vamos a ver, ¿de qué vas? Te has quedado a gusto, ¿no?

Sí.

Me voy, que tengo mucho lío en la frutería.

Vamos, que se te acumula el trabajo.

¿Esto quién lo ha puesto aquí? Pues yo.

Llévatelo de vuelta al almacén.

Pero si lo acabo de sacar de allí.

Niño..., las ciruelas no están.

Y los melones están verdes, como tú. Anda.

Anda, que ya te vale.

Pero ¿tú qué te crees?

¿Que llevar un negocio es contar billetes?

¡Tira para el almacén!

Oye, Rosa, ¿qué haces?

Cerrar el negocio,

por motivos familiares. ¿Como que...?

Oye, esto no funciona así, ¿eh? No, claro.

Funciona mejor con tus ideas de bombero.

El señor llega al bar, entra como un elefante en una cacharrería,

se va y me deja con todo el marrón. Pero ¿qué marrón?

¡Si el bar estaba lleno, lo que quieren todos!

Estamos perdiendo dinero. Si te crees que me voy a deslomar

para hacerte a ti rico, lo llevas claro, ¿eh, guapo?

Estaba muchísimo mejor con Sorio. Era un tacaño, vale.

Pero yo hacía lo que me daba la gana.

Le he comprado el bar a ese impresentable

para hacerte la vida más fácil. Sí, claro.

Y para que cargar con Lorena. No hables así de tu hermana.

Pobrecita ella. Que nunca ha roto un plato.

Como cuando le busqué ese trabajo para dar clases a niños de inglés.

Por favor, eso hace la tira de años.

Pues mi amiga me lo sigue recordando.

La echaron el primer día, Elías,

porque no era capaz de vocalizar ni en castellano.

Era muy joven, estaba muy perdida.

¿Qué quieres? Y lo sigue estando.

Lorena no va a cambiar.

Solo te pido que le des una oportunidad.

Es tu hermana, joder. Y la tuya también.

Por eso lo digo. Que tendrá lo que sea,

pero es una De la Cruz, y la familia es la familia.

Rosa,

¿yo te he fallado alguna vez? Dime.

¿Cuándo te he fallado yo?

Ella no quiere trabajar conmigo.

Bueno...,

eso déjalo en mis manos.

Yo quiero saber si puedo contar contigo.

Mira...,

si dice que sí...,

de acuerdo.

Muy bien. Pero va a decir que no, ¿eh?

Vale.

Anda.

Abre la persianita cagando leches.

Voy a abrir el bar porque es mi negocio,

no porque tú me lo mandes, ¿eh? Claro.

Y tal y cómo están las cosas, que si crisis, que si no crisis,

vete tú a saber si en el futuro nos vemos en otra igual.

No, si yo os entiendo a vosotros.

Lleváis aquí toda la vida y habéis pasado por todo.

Pero yo no llevo ni un año y la verdad es que me va bien.

Y se nota. Da gusto ver tu puesto, lo tienes monísimo, vamos.

Yo creo que podrías sacarle de 80 000 para arriba.

No es una cuestión de dinero, Carmen.

Si fuera por eso, seguiría trabajando en mi restaurante.

Es que estoy bien como estoy.

Y mejor que puedes estar. Tú imagínate, lo vendes,

coges dinerito fresco y montas un puesto igual que este,

pero en un mercado del centro. Carmen, no voy a vender.

No insistas.

Hijo, Jorge, yo te hacía más emprendedor.

Para eso ya estáis los Pacheco. ¿No?

Buenos días. Buenos días.

-Para algunos más que para otros.

Os habéis pasado tres pueblos, ¿eh?

-¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

-Carmen, no te hagas la tonta, que nos conocemos.

¿Hacía falta fastidiar la cerradura con silicona?

-Pero ¿qué dices? ¿A quién? Yo no he tenido nada que ver.

Ayer se lo dije a Celia. Primera noticia, la verdad.

Pero no te voy a decir que no me alegro.

Lo que ha hecho la usurera esa con Serafina no tiene nombre.

-Y por si no le queda claro que aquí nadie la quiere,

un buen chorreón de silicona. -¿Por quién me tomas?

¿Crees que no tengo nada mejor que hacer que reventar cerraduras?

-Está claro que, sea quien sea, lo que busca es presionarla

para que venda y olvide el mercado. Entonces, a mí no me mires.

-¡Y dale! ¡Que no he sido yo!

¿Vosotros habéis visto a la Celia esa?

Con la pinta que tiene de gustarle el dinero,

¿tú crees que la tengo que presionar para que venda?

Le pones un cheque de 50 000 delante y le dan palmas las orejas.

Para haberla visto dos veces, parece que la conoces bien.

De estar tantos años en el mercado, terminas calando a la gente.

Ya. A esa le pides mil euros

para reformar el mercado y no la vuelves a ver en tu vida.

-Pues ya me diréis quién le está haciendo la vida imposible.

Ya, ya, ya, ya. No, no. Ya lo sabía.

Gracias por confirmármelo. Sí, sí.

Te debo una, ¿eh?

Eh, oye, te tengo que dejar, ¿eh?

(Claxon)

Adiós. ¡Doménico!

¿Qué quiere? ¡Ven! ¡Ven!

Ven, hombre.

Pero, hombre, entra.

No tengas miedo, soy amigo de Paolo, ¿eh?

¿Qué tal?

Soy Elías de la Cruz.

Tengo un puesto de frutería aquí en el mercado.

Bueno, un puesto grande.

Soy como uno de los socios mayoritarios

del Mercado Central, para que no entendamos. ¿Eh?

Doménico.

¿Venías a hacer las paces con Paolo?

¿Cómo dice? Os he visto discutir esta mañana.

Gracias, pero...

no necesito ayuda.

¿Seguro?

Porque ese dedo debe de doler mucho, ¿no?

¿Cómo te lo has roto?

Ha sido un accidente.

Ah, un accidente.

Seguramente, Álvaro Montes no piensa igual, ¿no?

¿Quién coño eres? Te lo he dicho.

Un amigo de Paolo.

Él no tiene nada que ver con esto. No, claro que no. Seguro.

Él no se mete en problemas.

Pero, por lo que sé,

está muy preocupado por lo que te pasa a ti.

Y si él se preocupa,

yo me preocupo.

¿Cuánto le debes a Montes?

No le debo nada. No me mientas,

he hecho un par de llamadas y me han confirmado la deuda.

¿Cuánto? ¿Cómo? ¿Quién te lo ha confirmado?

Mira, Doménico,

tú a lo mejor no conoces a esa gente como yo la conozco.

Y esa gente,

si no les pagas pronto, se lo van a cobrar.

Y se van a cobrar con intereses.

De alguna u otra manera.

Y el problema no va a ser ahora que te rompan un dedo o una pierna.

Ahora van a ir a por ti.

Y después, a por Paolo y por toda su gente.

Lo puedo arreglar.

Solo necesito algo de tiempo. No, tiempo necesitas,

pero, sobre todo, necesitas dinero.

¿Cuánto?

¿Quién te crees que eres? ¿El capo del mercado o qué?

Déjame tranquilo. ¡Mira, escúchame!

¿Me vas a contestar o no?

¿O tú solo entiendes las cosas cuando te parten algo?

¿Qué quieres de mí?

Ya te lo he dicho:

ayudar a Paolo y a su familia,

y eso ahora te incumbe a ti.

¿Cuánto?

50 000 euros.

Bueno.

Pues déjalo de mi mano.

Buenos días para ti también.

-Ya veo que nuestro hermano no pierde el tiempo.

-Exactamente por eso he venido.

Lleva toda la mañana llamándome, y sé perfectamente para lo que es,

pero tranquila, no pienso trabajar ni para él ni para ti.

-No tenía derecho a hacerte lo que te hizo.

-No te preocupes, me busco otro curro.

Por mucho que se crea el gallito del corral,

no tiene poder para que me echen de cada tienda de Madrid.

-Sabes cómo es: cuando se le mete una idea en la cabeza,

no para hasta conseguirlo. -Pues conmigo ha pinchado hueso.

-Ya le he dicho que por mucho que quisiera contratarte,

tú me ibas a mandar a paseo.

-¿Es que tú estarías dispuesta?

-Hombre, yo se lo he dicho, Lorena, para quitármelo de en medio,

porque, bueno, yo estoy tan dispuesta como tú.

(AMBAS) O sea...,

que no.

-¿No?

Vicente, ¿quieres un pincho de tortilla y cervecita?

-Muchas gracias. -Venga. Marchando.

-¿Dónde está Jonathan?

-¿Jonathan?

¿Sabes que tu hermano ha venido esta mañana y lo ha echado del bar?

Estaba el bar hasta las trancas, ¿eh?

-No me lo puedo creer. Tú no puedes estar aquí sola.

-¿Y qué quieres que haga?

¿A quién recurro, eh?

De verdad, ten hermanos para esto.

-¿Ya estáis discutiendo? Hola, Lorena.

-No, no estamos discutiendo.

Estamos poniendo a caldo a nuestro hermano.

Ahora se ha empeñado en que trabajemos juntas.

¿Qué te parece?

-Tranquilo, que eso no va a pasar.

-Toma, Vicente.

-Gracias.

-Perdona...,

¿podrías dejarme el periódico?

Nacho.

Nacho, mira. -¿Qué? ¿Qué pasa?

-Mira. Mira. Es ella.

Es ella.

-Rosa, por favor.

-Por favor, ¡es Noa! ¡Es nuestra hija! ¿No la ves?

-No. No es ella. Para nada es ella. -¡Sí es ella!

Escucha, mírala tú, por favor.

¿Es ella o no es ella?

-No lo sé. Es que hace mucho que no la veo.

-Bueno, pues espera un momento. -Rosa, Rosa. Cálmate, por favor.

-Estoy muy calmada, Nacho. -Te digo que no es ella.

¡No es ella para nada! -Mira. Mírala.

Lorena, mírala.

¿A que se parece?

¡Es ella, Nacho!

¡Es Noa!

¡Paolo!

Elías. ¿Qué pasa?

Tengo la pizzería a tope. Bueno, déjalo,

una cola de vez en cuando le viene bien al negocio.

Da sensación de éxito. Entra.

Ay, Elías.

¿Qué quieres?

Pues mira,

estoy preocupado por ti.

¿Por mí? ¿Y por qué?

Por tu amigo.

Tu amigo, el del dedito tieso. Doménico.

Tiene problemas, ¿eh? Y problemas gordos.

Escucha, Elías, Doménico es mi mejor amigo,

si él tuviera un problema, yo sería el primero en enterarme.

Eso no te lo crees ni tú.

Tu amigo tiene escrita la palabra problemas en la frente.

No, pero "questo é incredibile".

Tú me estás diciendo lo que tengo o no tengo que hacer con mi amigo,

como si yo fuera incapaz de... de cuidar de mí mismo.

Si conocieras al socio de tu amigo como lo conozco yo,

seguro que no pensabas igual.

¿Conoces a Montes?

Sí.

Lo conozco.

Y no me enorgullezco de conocerlo, ¿eh?

Y viendo cómo se las gasta con el dedito de tu amigo,

puedes imaginar qué tipo de persona es.

Es que yo se lo dije, y no me hizo ni caso.

Ya. Porque Doménico no escucha.

¡No escucha!

Dile a tu amigo que, si no se pone pronto al día con Montes, pues...

que vaya aprendiendo a atarse con una sola mano los zapatos.

No. Tengo que llamarle ahora mismo.

"Aspetta".

¿Y tú?

¿Tú qué tienes que ver con todo esto?

Hombre, yo...

Es tu amigo, ¿no? Tu mejor amigo.

Pues he ido a hablar con él, a ofrecerle mi ayuda y... dinero.

La misma cantidad que te ofrecí a ti para la reforma y que tú rechazaste.

Ah, claro.

Porque tú eres tan generoso, ¿no, Elías?

Claro.

Y supongo que hoy querrás que vote lo mismo que tú, ¿no?

Eso me haría superfeliz,

pero, sobre todo, haría feliz a tu amigo.

Ya te puedes ir.

¿Qué tal?

¿Tan mal te caigo que no me ofreces ni un trocito de queso?

Pues toma.

-¿Qué es esto?

-Para cuando te aburras en el metro.

-¿Lo has escrito tú?

-Cosas del loquero. -¿Cómo?

-Mi psicólogo se puso un poco pesado, que tenía que escribir un diario

y, al final, se salió con la suya.

-¿Y yo por qué necesito leer esto?

-No sé.

Cuando lo escribí, no estaba como ahora,

con el ja ja todo el día, como tú dices;

estaba amargado. Mucho.

No sé, igual...

igual te sirve.

Es de 2014.

Cuando estaba de mierda hasta el cuello.

Empecé a escribir al salir del hospital.

-Lo siento, pero paso. -Quédatelo, va.

No es un libro de autoayuda, de esos de mierda, ni nada de eso.

No sé, igual...

igual te ayuda a ver las cosas de otra manera.

A mí me funcionó.

-Pues me alegro por ti,

pero no tengo tiempo para leer. Y tengo que seguir currando.

-Perdona.

Perdona, que los vigilantes del queso nunca descansáis.

Qué bueno.

Cuídamelo, ¿vale?

-¡Samu, no, espera!

No, mire, es que he estado hablando con la sección de cultura

y dicen que el artículo lo escribió el redactor de la sección de viajes.

Ay, yo que sé si es un freelance o no es un freelance.

A ver, está firmado por un tal Antonio Guevara.

No, escúcheme, por favor, es que no le llamo por el texto,

le llamo por la fotografía.

Por favor, un momentito.

Por favor.

No. No sé quién es.

Para eso le llamo, para que me lo digan ustedes.

Eh... aquí no aparece ninguna agencia.

No.

Pone: "Los mejores bares de Lisboa".

Está bien. Está bien, espero. Sí.

Espero.

¿Eh? ¿Sí?

No me diga.

Bueno, pero ¿me podría dar el teléfono por lo menos?

Es que ya le estoy diciendo: es un asunto familiar muy urgente.

Sí, claro, sí. Ya. Ya sé cómo...

cómo le importa.

Bueno, pues muchísimas gracias por nada.

Gracias.

-¿Estabas con los del periódico?

-Sí.

Es que la persona que, por lo visto, ha hecho el reportaje está de viaje,

y no vuelve hasta el lunes.

Y yo aquí, de brazos cruzados.

Oye, ¿tú me podrías cerrar el bar?

-¿Dónde vas? -¿Me puedes cerrar el bar o no?

-Sí. Pero ¿adónde vas? -Me voy a Lisboa.

-No. No, no, no. Espera. A ver, espera.

Cálmate.

-Pero ¿cómo quieres que me calme? Mi hija está allí, Lorena,

y yo no voy a parar hasta encontrarla.

-No te puedes guiar por esa foto: es verdad que se parece,

pero no está tan nítida como para estar segura e ir a Lisboa.

-Tú también te crees que estoy loca, ¿verdad?

-No. ¿De qué estás hablando?

-Eso es lo que piensa Nacho.

-A ver.

Rosa, estás afectada. Es normal que estés afectada.

Pero Nacho quiere lo que queremos los demás: que te tranquilices.

-No, Lorena.

Nacho no me apoya en nada.

Está distante.

No sé, es como si todo esto no fuera con él.

Le he pedido por favor que llame al periódico.

Bueno, pues no me ha hecho caso.

Le he dicho que busque las fotos.

Las fotos, aquí, las del bar.

Bueno, pues nada. No tiene tiempo.

¿Qué hago, Lorena? ¿Qué hago? ¿Me lo puedes explicar?

-Vale. Espérate. Espérate. Déjame pensar.

Déjame ver la foto.

Mira esta torre, ¿la ves? -Sí.

-Creo que esto es del Castillo de San Jorge.

Con lo cual..., esto es el barrio de Alfama.

-Pero espérate. ¿Conoces Lisboa? -Un poquito.

Déjame el teléfono, que no tengo saldo.

-Claro. Toma.

-Vale. Era...

-¿A quién vas a llamar?

-Eh...

"Boa tarde.

Eu estou a ligar de Espanha.

Do you speak English?

Okay. Is it possible to get a list of bars and restaurants in Alfama?

Okay. Ill wait".

Perfecto. Gracias, Susana.

Oye, luego me paso a verte y arreglamos lo de la factura.

Venga. Perfecto. Gracias.

Ya tiene usted cerradura nueva.

No tenías que haberte molestado.

Dime cuánto es, que creo que tengo un billete de 50.

Celia, olvídate de eso. Ya arreglaremos luego. Déjalo.

Bueno, pues gracias.

Espero que no lo hicieses porque te sientes culpable.

¿Perdona? ¿Sigues con eso?

Mira, lo mío son las delicatesen:

el vino, el queso...

¿Desde cuándo la silicona marida bien con el Chardonnay?

No lo sé, tú eres el experto. Tú sabrás.

Pues eso. Jorge.

Te he mirado lo del halógeno fundido.

Yo creo que este te puede servir,

¿quieres que te lo coloque en un momento?

¿Te va bien ahora o me paso luego?

¿Tu mujer te ha pedido que me revientes la cerradura

o ha salido de ti?

Oye, no te consiento que hables así de mi señora.

Vamos a ver, ¿vosotros que os pensáis,

que sois los dueños del mercado? Estáis muy equivocados.

Hay que tener poca vergüenza. Mira quién fue a hablar.

-¿Qué pasa aquí? -La marquesa de Chorrapelada,

que dice que somos nosotros los de la silicona.

Nicolás, cálmate, por favor. ¿Aún tienes la cara de negarlo?

¿Y qué es esa pistola? Pues es de silicona.

¡Y esto, una caja de herramientas! ¿Qué quieres que lleve, los yogures?

Mucho cuidado conmigo, ¿eh? A la mínima, os mando a mi abogado.

Pero ¿se puede ser más estúpida? Chicos, de verdad, ya vale.

Volved a la carnicería, estamos montando el espectáculo.

Díselo a ella. La que me busca, me encuentra.

Vaya que si me encuentra.

¿Qué quieres?

-Cinco minutos.

Siento mucho lo de esta mañana.

-Un accidente, ¿no?

Un accidente, una "merda".

-¿Quién coño es ese Elías?

¿Es de fiar?

-¿No será otro...? -¿Otro Montes?

No, quédate tranquilo,

Elías no va rompiendo dedos por ahí.

Él tiene otro estilo, más sutil.

-¿Qué saca él con todo esto?

-Es largo de explicar.

Elías quiere que le apoye en la reforma del mercado.

Algunos comerciantes quieren vender, y me está presionando para que...

(PAOLO MURMULLA)

-¿Qué? -¡Otra vez me lo estás haciendo!

-"Ché cosa?". -"Che io spiego tutto, blablablá",

y tú no cuentas nada, ¿no?

Pero ¿por qué no te fías de mí?

¿Eh?

¿Por qué?

Eres tú que estás en la mierda hasta aquí,

y me tengo que enterar por Elías.

-Ya me conoces. -"Ya me conoces".

-No me gusta molestar.

-"No me gusta molestar, no me gusta molestar".

"Siamo amici o non siamo amici?". -Paolo, eso espero,

porque ahora mismo eres el único que me queda.

-Doménico.

Pero ¿por qué has tardado tanto en venir a verme?

¿Eh?

¿Y qué harás ahora que Montes y su gente

te dejarán tranquilo?

¿Vuelves a "Napoli"? -No.

No puedo volver así.

Buscaré trabajo, intentaré ahorrar algo

y después, ya veré.

-Si quieres...,

yo conozco un restaurante tranquilo donde buscan un camarero.

-¿En Madrid?

-Aquí en el mercado.

-¿Dónde? -A la pizzería, concretamente.

-"Ma", ¿cómo?

-No es por presumir, pero el negocio va bien

y me iría bien alguien que me echara una mano.

Sería como en los viejos tiempos, ¿no?

¿Qué te parece?

-¿Y no sería mejor

que antes lo hablaras con tu mujer?

-"Non ti preocupare" por Cristina.

A ella no le va a importar.

Al final,

somos una grande familia napolitana, ¿no?

En serio, Doménico, los dos estaríamos encantados.

Y Andrea también...,

ya le conocerás.

¿Qué me dices?

-"Che sei un buon amico. Veramente".

-Finalmente, un "po 'di" italiano.

Amigo mío.

Estoy muy contento, ¿me oyes?

-¡Muy contento! -"Grazie", Paolo. De verdad.

Eh...

"Boa tarde,

eu gostaria falar com a...

Waitress.

Sorry, I don’t understand, do you speak English?

Okay. I’m looking for a spanish girl called Noa.

Yeah.

Eighteen years old.

Maybe she changed her name.

Is she Spanish, anyway?

Ain’t no more waitress?

Are you sure?

Okay, okay. Thank you".

-¿Qué te ha dicho?

-Pues que la única chica que hay allí con 20 años se llama Mel.

-Ya. Pero es que no puede ser, es ella.

Lorena, a lo mejor lo que pasa es que se ha cambiado el nombre.

Porque no quiere usar el suyo. -Rosa...

-Llámala otra vez, por favor. -No.

Solo hay una chica, es portuguesa.

Es la hija del dueño. Lo siento.

-¿Todavía seguís perdiendo el tiempo con eso?

-Me voy al baño.

¿Ves para lo que ha servido todo este numerito?

Para dejarla aún más hecha polvo de lo que estaba.

-Bueno, había que intentarlo, ¿no? -Venga ya, Lorena.

Sabes que la de la foto no era Noa. No se le parecía en nada.

-¿Y cómo ibas a convencer a tu mujer?

Si no es por mí, se está cogiendo un avión a Lisboa.

-Lo raro es que no te hayas ido tú con ella.

Al fin y al cabo, es tu especialidad.

Desaparecer cuando vienen mal dadas.

-Mira quién va a hablar de desaparecer.

Que ya me ha contado Rosa lo que te preocupas por tu hija.

Yo, por lo menos, estoy haciendo algo.

-Muchas gracias por tu ayuda.

Desde que has llegado, todo va mucho mejor.

Bueno, Rosa está encantada contigo.

Somos todos tan felices.

-¡Pero Lorena!

¿Adónde va?

-No sé. Ella sabrá.

(VOZ SAMU) "Viernes, 24 de octubre de 2014.

Se supone que estamos en primavera,

pero para mí todos los días son invierno.

Los médicos me piden que no me rinda, que siga con la rehabilitación,

que soy muy joven todavía. ¡Y una mierda, joven!

¿Quién puede ser joven todo el día en esta puta silla?

Es duro hacerse a la idea de que nunca más vas a correr,

ni a saltar, ni a bailar, ni a jugar a básquet...,

ni siquiera a subir una escalera.

Dentro de un rato, vendrá mi madre, como cada mañana,

para meterme en la ducha y después...,

tendré que pedirle que me ayude a cambiarme los calzoncillos.

Esta va a ser mi vida a partir de ahora.

Mi puta vida".

(LLORA)

-Pasa. ¡Corre para allá! ¡Corre para allá!

Tira.

Bien.

"Ecco, il fiore più perfumato di tutti i fiori!".

-¿Qué pasa, que estás buscando fecha para escaparte al fútbol?

-¿Un hombre no puede ser cariñoso con su mujer

sin que se le acuse de algo?

-Seguro que ya has hecho planes con Doménico, ¿a que sí?

-No es eso exactamente, pero...

sí, he hecho planes con Doménico.

Le he contratado para que nos ayude en la pizzería.

-¿Qué?

Pero ¿estás loco?

¿De dónde vamos a sacar dinero para otro sueldo?

-Ay, tesoro mío.

Va, no te preocupes.

Tú misma lo has dicho, que hay más gente por la tarde.

-Al menos, podrías habérmelo consultado antes, ¿no?

-"Dai", Cristina. Doménico...

necesita mi ayuda. Necesita trabajar.

-¿Y el restaurante que iba a poner en Nápoles?

-Al final, no ha salido.

Ha tenido problemas con el socio.

-¿Qué problemas? -Problemas de dinero.

No se han puesto de acuerdo.

-Ya.

Y aquí está Paolo el salvador,

dispuesto a regalar el poco dinero que tenemos.

-Doménico me ayudó muchísimo cuando compré su parte del negocio.

Prácticamente me la regaló. Ahora yo no puedo dejarlo tirado.

-Cómo te dejas enredar, ¿eh?

Llevas años sin saber de él,

aparece de pronto y vas, puf, y le contratas.

-El hecho de que no le haya visto en tanto tiempo

no quiere decir que no le quiera. -Ese es tu problema, Paolo,

que quieres a todo el mundo. -"Questo" no es un problema,

es una virtud.

Y mira el lado positivo.

Ahora, tú podrás centrarte en la floristería,

y yo puedo centrarme

en darte masajes a media tarde.

-Anda, que no tienes cuento tú ni nada.

-"Amore mio".

Lo teníamos hecho.

La madre que parió a Paolo, de verdad.

-Menudo chaquetero.

A saber lo que le han ofrecido los De La Cruz.

Bueno, mamá, no te agobies, ¿eh?

Ya encontraremos la manera.

-Ya te digo yo cuál es la manera: pidiéndole los cuartos al banco.

Pero ahora, los dos duros que quieran darnos

tendrán que ser para renovar el puesto.

-Porque, ¿y si lo vendemos por nuestra cuenta?

-¿Qué nos van a dar por un puesto que en dos días hay que reformar?

-Si es que era: o todos o ninguno.

-Ahora, por los santos cojones de los De la Cruz, será ninguno.

-Porque, ¿vender la casa de Comillas...?

-Ni hablar.

-Ay, mamá, es que no sé lo que te ha dado con esa casa.

Si tú has sido toda la vida feliz en Madrid.

Tienes tu familia aquí, tus amigos aquí.

-Pero mi infancia se quedó allí.

El otro día, cuando volví a la casa, después de tanto tiempo,

la vi mucho más pequeña y mucho más vieja.

Que está igual que yo, la pobre.

Pero, por la ventana,

entraba exactamente la misma luz

que cuando yo peinaba mis muñecas mientras mi madre hacía la comida.

La misma.

-Mamá.

-¿Es que tan difícil es de entender que me habría gustado morir

en la misma casa donde nací? ¿Es tan difícil?

-Mamá, ya lo harás.

Ya lo harás.

Te voy a decir lo que tú me has dicho un montón de veces en la vida:

no te rindas, mamá.

No te rindas nunca.

-Tienes razón, hija.

Todos los días sale el sol.

Y voy a hacer todo lo que esté en mi mano

en verlo salir desde mi casa de Comillas.

Cueste lo que cueste.

Joder.

¡Serán cabrones!

¡Mierda!

(Teléfono)

¿Hola?

(Teléfono)

Ay.

Venga.

(Teléfono)

¡Hola! ¡Hola!

¡Mierda!

¡Joder!

Gracias. Gracias, gracias, gracias.

Ocho, seis, cuatro, seis.

uno, cuatro.

¡Jorge! Jorge, soy Celia.

Sí. Sí, te estoy llamando desde tu tienda.

Es que he tenido un pequeño problema y no puedo salir del mercado.

No, no me he quedado encerrada en el mercado.

Me han dejado encerrada en el mercado.

Oye, ¿tú me harías un favor

y vendrías a por mí?

Ay, gracias, Jorge.

Muchas gracias, de verdad.

Ay. Gracias. Sí, te espero, te espero aquí.

Bueno, ya puestos...

¿Se puede saber qué ha pasado aquí?

Jorge.

Oye, siento mucho lo del destrozo, de verdad.

Lo que pasa es que mi móvil se ha muerto,

y no he podido entrar en los contactos.

Y, de repente, ha sonado tu teléfono.

Así que he venido y he intentado abrir.

Sí, sí.

Has intentado fastidiarme la cerradura.

Y, de camino, abrir una botella de 240 euros.

¿Es eso?

(RÍE)

Perdón.

La verdad es que lo vale. Sí. Sí, sí.

Bueno, ¿qué? ¿Nos vamos o te traigo el postre?

A lo mejor deberías enfadarte con tus amigos, los carniceros esos.

No puedes acusarles sin pruebas.

Ay, sí, claro. Ha sido San Pedro,

que ha bajado a para encerrarme porque he sido mala.

Pues seguro que hay una explicación. Pues claro que la hay.

Te la voy a decir. Que nadie en este mercado me quiere.

Ni en este mercado ni en ningún sitio.

Si se hubiera votado "sí" a la venta,

podía sacar algo por esa cueva, pero solo la quiere la vieja.

Encima, le voy a tener que hacer frente a la reforma.

Hala, venga. ¡Por mi buena suerte!

Te voy a decir una cosa, Jorge. Este vino...

es lo mejor que me ha pasado este año.

Y no te preocupes, porque te lo voy a pagar.

¿240 euros?

Pues yo te los pago.

A plazos, pero te los pago.

Hala...,

nos podemos ir.

No. Espera. Espera. Dame.

¿Qué haces?

¿Qué pasa? ¿Tienes prisa?

Es un pecado tomarse este vino sin...

un poco de jamón ibérico.

¿Puedo llamar a David?

Si no me destrozas nada más.

Otra cosa: el jamón

que esté finito, finito.

Llama. Sí.

Y cuando me dieron las llaves, me pasé

dos semanas sacando casquería de todas partes.

Te juro que, todavía hoy,

hay días que me llega un olorcillo a gallinejas.

¡Qué asco!

En serio.

Hace un año, esto era un antro de porquería y vísceras.

Pero, bueno, mira, con esfuerzo y un poquito de ilusión

se saca adelante. Ahora te toca a ti, con tu cueva.

Brindo por eso. Te irá bien, seguro.

Bueno, de momento, no me lo estáis poniendo muy fácil.

De hecho, estáis contribuyendo a que sea la peor semana de mi vida.

Bueno, tampoco me voy a poner dramática:

la segunda peor semana de mi vida.

Oye, siento mucho lo de tu marido.

Menudo palo. ¿Y fue así de repente?

Fíjate, yo estaba con David en el Museo de Ciencias.

Y, de repente, me llama la vecina de abajo

quejándose porque tiene goteras.

Y lo primero que se me pasó por la cabeza fue

llamar a Manuel para que se acercase y cerrase los grifos.

Y, claro, no me cogía el teléfono.

Así que fuimos para allá.

Y cuando vi la ambulancia en la puerta de casa,

me di cuenta de que aquello era algo más que una simple gotera:

habían encontrado a Manuel en la bañera.

¿En la bañera?

¿Tuvo un accidente?

Los accidentes ocurren de repente.

Y esto fue otra cosa.

¿Y David?

No. David no llegó a ver a su padre en la bañera.

Ese momentazo me lo comí yo sola.

¿Te puedes creer

que antes de tomarse las pastillas,

le dio tiempo a poner sales de baño en el agua?

Sales de baño en el agua, tío.

Lo siento mucho.

No lo sabía;

pensaba que estaba enfermo. Sí.

Sí, sí lo estaba.

Tenía depresión desde hacía muchos años.

Bueno, mira, es una enfermedad que yo no me puedo permitir

por mucho que se tuerzan las cosas,

y te puedo asegurar que están muy torcidas.

Pero yo tengo un hijo.

¡Por las mujeres valientes!

Por ti.

Salud.

Por un casual, ¿no sabrás quién cerró el mercado anoche?

Ni idea. ¿Por?

Porque, quien fuera, dejó encerrada a Celia.

¿Te vas a ligar al del banco para que te dé un préstamo?

-Al del banco, no.

-¿Cómo que no? Entonces, ¿a quién?

-Digamos que hay cierto caballero que me parece que le hago tilín.

Su primer amor. Me ha contado la historia mil veces.

Y sigue. Y digo yo, ¿que no podrá aparecer ese hombre

y llevarse a dar una vuelta a la señora?

Oye, podríamos buscarlo.

Lorena sabía perfectamente que la de la foto no era Noa.

Te lo dijo solo para marcarse un tanto contigo.

-Pero... ¿cómo se te ocurren esas cosas?

-Me lo dijo ella.

-¿De verdad?

O sea, ¿me estás diciendo

que toda la tarde hizo un papelón para trabajar aquí?

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Mercado Central - Capítulo 8

02 oct 2019

Elías despide a Jonathan del bar para que Rosa se vea obligada a trabajar con Lorena.
Rosa ve la foto de una chica en el periódico y piensa que es su hija desaparecida.
Paolo cambia su posición respecto al mercado presionado por Elías. Doménico entra a trabajar en la pizzería.
Carla se enfada con Samuel porque se entera de que está detrás de la oferta de trabajo que ha recibido. Samuel le deja su diario a Carla.
Celia se queda encerrada en el mercado y no le queda otra que llamar a Jorge. Sin buscarlo, comparten una agradable velada.

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