Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 78 - ver ahora
Transcripción completa

Ahora que no me dejas cuidarte, solo te pido que lo hagas tú.

Que no hagas ninguna tontería.

-¿A qué viene todo esto?

Has hablado con Germán.

-Quiero que ayudes a Carla.

-¿Un terapeuta?

-Conmigo funcionó.

Para un poco.

¡Oye, Elías, para, por favor!

¡Huy! ¡No!

Como Adela te vea ese chupetón, te acribillará a preguntas.

Yo que tú suspendía la comida.

¿Tan mal estás?

La verdad es que sí, no sé qué me pasa.

Parece como que lo tengo más agarrotado no lo sé.

¿A ti te importa si dejamos la comida para otro día?

He hablado con Tomás. -Así se llama tu clavo.

-Le he explicado cómo están las cosas y no vamos a vernos más.

Así que si quieres, podemos retomarlo donde lo dejamos.

Perdona, quiero decir, siempre y cuando arregles tus cosas.

-Pues estoy en ello. -No hay prisa.

Sabré esperarte.

Me tiene hasta las narices con las tarjetas.

-¿Vas a tener tiempo para hacer los cambios?

-Qué remedio, si no lo hago, no lo cobro.

Es su primer día de trabajo y mira cómo está.

Nervioso. Por eso he llamado a Rocío

para que le dé más tiempo para entregar los cambios.

-¿Y te ha dicho que sí? -Sí, lo he conseguido.

No entiendo por qué se lo has contado.

-Va, lo siento, lo siento, estábamos discutiendo

y le eché en cara el daño que te estaba haciendo.

Le di a entender que casi mueres por su culpa.

Le jodió la vida a mucha más gente.

Yo también perdí a José. -¿Qué pasa, que era tu familia?

¿Era tu única ayuda?

-Era mucho más que un amigo.

Era el amor de mi vida.

Mi padre a esto no se acerca.

De hecho, no se lo he contado.

-¿No le has dicho que te vas?

-No he encontrado la forma ni el momento.

Escúchame un segundito.

-Sobre la marcha, que... -Tengo que hablar contigo.

-Pero ya hablamos y te he pedido perdón.

-No es eso, papá. Te digo que tengo que hablar contigo.

En el peor de los casos,

tendrán que hacer una reforma de la reforma.

El Ayuntamiento cierra el mercado por riesgo de derrumbe.

Nos venderán los puestos a precio de coste.

¿Cómo lo ves?

-Lo importante es que sea el gerente el que los elija.

-Ese es el único cabo que hay suelto.

Y os toca atarlo a vosotros.

Ven aquí, ¿no?

Sí.

Marcos, ¿estás bien? Mírame.

Marcos, mírame. ¡Jorge!

¿Qué te has tomado? Marcos.

¿Qué te has tomado? Marcos.

¡Marcos! ¡Marcos, Marcos!

¡Hijo, Marcos, eh, eh!

¿Qué ha pasado? No lo sé, se ha tomado algo.

Llama a una ambulancia, rápido.

¿Cuánto te has metido?

-Nada, no me he metido nada.

Marcos, responde a la pregunta, esto no es un juego.

Vale, una, una, pero ya hace rato.

Marcos.

Pero ayer, muchas.

Muchas, perdí la cuenta.

Fue gramo tras gramo.

Yo...

No lo sé. Lo siento.

Eh, eh, eh.

No pasa nada, hijo. No pasa nada, ¿vale?

No, sí que pasa, sí.

Que te he mentido y no debería haberlo hecho.

Vale, vale, no pasa nada, Marcos.

Lo importante ahora es que te pongas bien.

Sí, me quiero poner bien. Y te vas a poner bien.

Te vas a poner bien, vamos a salir juntos de esto.

Sí, por favor. Deja de jugarte la vida así.

Te juro que no lo haré más.

Vale. ¿Estamos, chicos?

Puedo ir con vosotros, ¿no?

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz en la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos olor, color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Te acompaño, ¿vale? No creo que te dejen.

Pillo un taxi y nos vemos en el hospital.

No hace falta, prefiero que te quedes.

No, me cubre Noa. Déjame ir contigo.

No lo necesito, gracias.

No puedes estar solo sufriendo por tu hijo, cariño.

No va a ser nada.

No lo sabemos todavía, cielo.

Le van a dar el alta en nada, de verdad, confía en mí.

Jorge, por favor, déjame acompañarte.

He pasado por esto.

Solo es una llamada de atención del cuerpo.

Marcos va a reaccionar. Chicos, arriba.

Marcos, tranquilo, estoy contigo. Tranquilo.

Venga, chicos. Muy bien.

Se va a poner bien, se va a poner bien, ya lo has oído.

Cuando estás en una camilla, eres capaz de decir cualquier cosa.

Ha tocado fondo, cariño, solo puede remontar

y tú estás con él. Escúchame.

Recuérdame que te escuche más a menudo.

Vale, te lo recuerdo. En serio, gracias.

Gracias por lo que dijiste, lo de La Fanega.

No es el momento de hablar de eso.

Tú estabas mal y yo solo quise ayudarte.

Gracias por abrirme los ojos.

Te llamo con lo que sea. Por favor.

Chicos, ¿estamos?

Si es que no puede ser. No ganamos para sustos.

¿Te has dado cuenta de lo que está pasando?

Vamos, por favor. Ay, Rosa.

Menuda se ha liado con Marcos, el hijo de Jorge.

-Es una pena. -Menuda racha llevamos.

El otro día, la Policía aquí, con la madre de Carla.

Hoy, el Sámur.

Tenemos de todo menos gente.

-Ya te digo. -Si no tomaran lo que no deben.

-Dichosas drogas.

-Esto es lo que tiene criar a un hijo a 200 kilómetros.

-Bueno, a ver, Carmen. Marcos no es un niño.

Es un adulto que toma sus propias decisiones,

acertadas o no, pero las toma él.

-Pero de los hijos hay que estar encima.

Y aun así, se desvían.

-Tú y yo también tenemos lo nuestro.

-Ya. -Me voy.

Que Paolo me espera. Hasta luego.

Nacho, mi amor, te iba a llamar. ¿Qué tal ha ido el trabajo?

(NACHO RESOPLA)

-¿Qué pasa, ha ido mal?

-Mejor pregúntame si algo ha ido bien.

-Pero ¿qué ha ocurrido?

-No sé ni por dónde empezar.

Nada más entrar por esa puerta me he dado cuenta

de que no es mi lugar.

-Pero bueno, ¿te han tratado mal o qué?

-No es eso, es que...

Todo el mundo es jovencísimo. Ninguno llega a los 30, Rosa.

No tenemos nada en común.

Solo hablan de videojuegos y de grupos de música.

Yo qué sé, ni siquiera les entiendo cuando hablan.

Me he sentido como un abuelo. -Venga, no exageres.

Seguro que hay gente de tu edad trabajando en una empresa así.

-Sí, pero no en mi departamento.

Además, los programas que utilizan no son los que yo conozco.

-Pero tú aprendes muy rápido y los vas a dominar enseguida.

-No te lo pierdas, tienen horario flexible.

-Es genial, así puedes gestionar tu tiempo como quieras.

-No, eso quiere decir que hay que entrar puntual,

pero uno no se va hasta que no termina el trabajo.

Por eso he llegado tarde. -Esto es excepcional.

No va a pasar todos los días.

-Me han dejado claro que va a ser todos los días igual.

Me voy a hinchar a hacer horas extra sin cobrar.

¡Este trabajo es una basura!

-Venga, no digas eso. Vas a estar muy bien.

Te vas a llevar muy bien con tus compañeros.

Vas a trabajar más deprisa. -Lo voy a dejar.

-Pero ¿qué dices?

Ay, espérate.

Teníamos que haber venido cada uno por su lado.

¿Te quieres calmar y relajarte? No pasa nada.

Somos un par de compañeros de trabajo

que hemos coincidido camino del mercado.

¿Y si nos pillan?

Un poquito de riesgo siempre viene bien.

Y a ti te mola.

Te gusta. Oye, una cosa.

Podríamos terminar esta amistosa charla en tu casa.

Para terminar de ver la película, digo.

Vale, terminamos la película, sí.

Tenías tú razón.

El guapito este inglés, el Hugh Grant,

no lo hace mal del todo. Ya te lo he dicho.

Perdona.

Dime, cariño.

"Voy a volver hoy". ¿Qué dices?

"¿No me oyes bien, hay interferencias?

Yo te oigo bien a ti".

No, cariño, te oigo perfectamente.

Lo que te pregunto es por qué dices que vas a volver hoy.

¿Va todo bien con la abuela?

"Normal". Pero ¿ha pasado algo?

"No". ¿Y por qué quieres volver?

"Porque no quiero estar aquí, te echo de menos".

Pero cariño, si estás con tu abuela.

"Quiero volver y estar contigo".

A ver, David, yo también te echo mucho de menos.

Si quieres, mañana voy a buscarte a la estación de autobuses.

"No, no hace falta". ¿Por qué no?

"Porque ya estamos de camino, la abuela me está llevando.

"Llegaremos a Madrid en un rato si no hay accidentes o averías.

Además, quiero merendar galletas de chocolate".

Vale, cariño, lo que tú quieras.

Venga, te veo luego.

No me gusta el sitio, ni la gente ni los jefes,

ni la forma de trabajar. ¿Qué quieres que haga?

-Darte un poco más de tiempo, para empezar.

Es tu primer día. -Para mí ha sido suficiente.

Seguiré como freelance y me pondré al día con lo de Rocío.

-O sea, vas a dejar un trabajo seguro por un encargo.

-Ahora tendré más tiempo para buscar clientes.

-¿Y si no salen?

-¿No me ves capaz? -No, no es eso.

Peo el trabajo de autónomo es inestable, tú lo has dicho.

-No sabía que la alternativa era aún peor.

-¿Sabes qué creo?

Que estás cansado, abrumado. Es normal, Nacho.

Descansa. -Descansar, ya.

En cuanto llegue a casa, me tengo que poner con lo de Rocío.

Cuanto antes empiece, antes terminaré.

-Bueno, ya no es necesario.

-Ya te he dicho que lo voy a hacer, está decidido.

-Es que ese encargo no corre tanta prisa.

-¿Cómo que no?

-No te enfades conmigo, Nacho.

Verás.

Como te he visto tan angustiado, me he asustado.

Has tomado ansiolíticos.

Sabía que este trabajo te iba a estresar un poco.

Por eso lo he hecho. -¿Qué has hecho, Rosa?

-He llamado a Rocío, he estado hablando con ella.

Y le he contado tu situación y he conseguido

que te dé más tiempo para entregar el proyecto.

-¿Has hablado con ella sin consultarme?

-Lo he hecho por ti, cariño. No me pongas esa cara,

vas a estar muy bien en ese trabajo, vas a encajar.

Y vas a poder terminar este proyecto sin presiones.

Porque lo vas a hacer, ¿verdad?

Lo vas a hacer por mí.

¿A que sí?

Estoy segura de que dentro de unos días

vas a volver contento del trabajo y nos vamos a reír de esto.

David me necesita. Llega esta tarde.

Ya.

Bueno, qué le vamos a hacer.

Me ha sabido a muy poco el tiempo que hemos tenido para nosotros.

Ojalá hubiéramos tenido más tiempo.

Bueno, los dos sabíamos que tenía fecha de caducidad.

Yo procuraba no pensar en eso, si te digo la verdad.

Mira, mejor así, Elías.

Cortarlo ya, se nos iba a escapar de las manos.

Mira si se nos estaba escapando

que he visto una película romántica.

No puede ser.

No puede ser.

Al final alguien se habría terminado enterando.

Mejor acabar así.

(SUSPIRA)

Estás resfriada.

-No es nada.

¿Qué es eso de que al hijo de Jorge le ha dado un jamacuco?

-Sí, no sabes la que se ha liado.

-Y, por lo que veo, no me lo vas a contar.

Salta a la vista que sigues con la pataleta.

Ya empiezo a cansarme.

-Si has venido a discutir, vete a casa.

-Ahora me dirás que no tengo razón.

-Lo único que hago es preocuparme por ti.

-Pues no hay nada de lo que preocuparse.

-Que has llegado a las tantas. ¿Te crees que soy tonta?

Te ha pasado factura y estás resfriada.

-No habría cogido frío si me hubiera quedado en su casa.

Pero claro, tuve que volver para no discutir contigo.

-¡Encima, la culpa la tengo yo! -No.

No te preocupes.

Dentro de poco me vas a tener que ver lo necesario.

-¿Por qué dices eso?

-Porque me voy a vivir con Jesús.

-A ver, mamá. -No quiero oír ni una palabra.

Ya soy mayorcita para tomar mis propias decisiones.

Y esta es una de las más importantes de mi vida.

Lo tengo muy claro.

-Dijiste que te quedarías hasta que Samu estuviera bien.

-Es que voy a seguir cuidando de Samuel.

Y de ti.

Gracias.

Eh, Javier.

Me han dicho que ha venido una ambulancia.

-Sí, el hijo de Jorge se ha desmayado.

-¿En serio, qué le ha pasado?

-No tengo mucha información. Luego llamaré a Jorge.

-Espero que no sea nada grave.

-Si quieres, luego te cuento. -Genial.

-¿Querías algo más?

-Sí.

He estado hablando con algún comerciante

y tengo la sensación de que están nerviosos.

-¿Nerviosos, por qué?

-Bueno, el tema de las obras.

Ven que están a medio hacer y que la cosa no avanza.

No sé si me puedes decir algo. -Las obras están paradas

porque la constructora ha rescindido el contrato.

Después del accidente de Wilson, no querían más problemas.

Ahora estaba echando un vistazo a presupuestos de constructoras

y está costando encontrar una que se ajuste al presupuesto.

-¿Con cuáles has hablado? -Con un montón.

No llevo la cuenta. -Ya.

¿Conoces la constructora Quiñón?

-No me suena.

-Mi padre ha trabajado con ellos

reformando un almacén y está muy contento.

Precios buenos, rápidos, profesionales.

-Pásame el contacto. -Vale, te mando un mensaje.

Bueno, si no me has bloqueado.

-¿Por qué te iba a bloquear?

Entre nosotros está todo claro. -Como el agua.

-Me alegro.

Luego me pasas el contacto. -Te mando un mensaje.

No vamos a ser menos familia porque vivamos separados.

Incluso vamos a estar mejor.

Nos vamos a ahorrar un montón de situaciones incómodas.

Nos vamos a pasar el día aquí juntas.

Y yo voy a ser feliz, que es lo único que quiero.

Por favor, Carmen, te pido que no te opongas.

-Pero ¿cómo me voy a oponer a que seas feliz?

-Hasta ahora no has hecho otra cosa.

-Porque tengo miedo.

-¿Miedo de qué? -De perderte.

-Pero tú a mí no me vas a perder nunca, boba.

-No estoy hablando de Jesús.

Que no me gusta, ya lo sabes.

Con los pastelitos de marihuana me asusté.

-Pero eso fue cosa de Jonathan. -Lo sé.

Pero no es eso.

Es que...

Por primera vez tuve pánico de que te pasara algo.

Por primera vez pensé lo que sería mi vida si tú me faltaras.

Y por eso me he comportado como una egoísta.

Porque tengo miedo de perderte.

Porque te necesito más que nunca.

Yo me he dado cuenta,

con mi actitud lo único que he hecho

ha sido hacerte daño. Lo siento.

-¿Crees que no pienso en eso, en el día que yo falte?

Todos los días se me viene a la cabeza.

De sobra sé que no tengo muchos años.

-Por favor, no digas eso. -Pero si es verdad.

No tengo toda la vida por delante, la tengo por detrás.

Por eso tengo que aprovechar el tiempo.

Y tengo que aprovecharlo con las personas que quiero.

Con vosotros, sí.

Pero también con el hombre que amo.

-Pero es que ahora te necesito mucho.

-Pero Carmen, que no me voy a vivir a Madagascar.

Que voy a estar aquí al lado.

-Con lo de Samu se me ha venido el mundo encima.

No sé si lo hago bien y si te vas, no vas a poder ver lo que hago.

-Seguro que lo has hecho lo mejor que has podido.

Y según veo cómo se ha comportado Samuel con Carla,

creo que has hecho un trabajo estupendo como madre.

-Eso no es mérito mío.

Tengo una buena maestra.

-Anda, eso no te lo crees ni tú.

-Ven aquí.

-Bonita mía.

Y una cosa, ¿eh?

Una cosa que te quede clara.

Tú no vas a estar sola nunca, ni en esto ni en nada.

Tienes a Nicolás, me tienes a mí, tienes una familia estupenda.

Y a partir de ahora, vas a ganar un padre con Jesús.

-Con lo bien que ibas y tenías que fastidiarla.

Anda, llévale este bocadillo a tu nieto.

-Bonita. -Tira.

-Va a salir todo bien. -Que sí.

Veo que hay avances, ¿no?

Ponte gafas. No las necesito.

Sé lo que significan esas miradas.

Hemos decidido ser solo amigos y creo que es mejor así.

Pensaba que te habías dado cuenta

de que valía la pena luchar por él.

Pues me equivoqué.

No, todo este tema de José me tiene un poco revuelto.

Creo que no estoy preparado para tener una relación.

Creo que es mejor tener a Javier como colega

que fracasar como pareja y perderlo.

Ya.

Pues ya me había hecho ilusiones.

Pues ya habrá más hombres. Eso es lo que me preocupa.

Que haya uno, otro, otro y vuelvas a las andadas.

Pensaba que una persona como Javier te ayudaría a centrarte.

No te preocupes, hay otras cosas que me centran.

Ya, pero es que hombres como él no son fáciles de encontrar.

Mira, nadie es tan bueno como parece.

Ni siquiera Javier. ¿No?

(Puerta)

¿Se puede?

-Pasa, abuela.

-Te he traído esto para merendar.

Me ha dicho tu madre que no has comido casi nada.

-No tengo hambre, gracias. -Bueno.

Te lo dejo por si te apetece.

Aunque sea un par de mordiscos.

Es de jamón, del rico.

Bueno. ¿Puedo hacer algo más por ti?

-Gracias.

-Me vuelvo al puesto. -Vale.

Abuela.

Sí puedes hacerme un favor.

-¿Qué necesitas?

-¿Me podrías dejar algo de dinero?

-Sí, claro.

¿Quieres comprarte algo? -No.

No es para mí, es por Carla.

Le estoy pagando un abogado a su madre y un psicólogo a ella.

He vendido el ordenador y la consola, pero no me llega.

-¿Por qué has vendido todas tus cosas?

Me lo podías haber pedido a mí directamente.

-No, esto lo tengo que hacer solo.

-Eres un pedazo de pan, Samuel.

-Sí. Le he destrozado la vida a la persona que más quiero.

Eso no lo hacen los trozos de pan.

-Deja de torturarte ya con eso.

No puedes estar toda la vida cargando con esa culpa.

-Ya, pero no puedo evitarlo.

-Mira, una mala persona

habría dado la espalda a todo lo que ocurrió

y habría seguido con su vida.

No le habría importado ni Carla, ni su hermana, ni José ni nadie.

Tú no has hecho eso.

Has sido honesto con la memoria de todos.

Y lo has hecho de la mejor manera posible.

-Le he hecho daño a todos.

-Es posible.

Pero ya no se puede cambiar.

Ahora lo que tienes que hacer...

es mirar para delante.

Seguir con tu vida, deja de lamentarte y mirar para atrás.

Sigue adelante.

-No puedo hacer eso.

Tengo que ser honesto con todos.

-¿No lo has sido ya?

-No.

Hay alguien muy importante a quien le tengo que decir la verdad.

¿Qué tal el viaje?

¿Mucho tráfico? (ASIENTE)

¿Hay galletas?

Ay, las galletas, se me ha olvidado comprarlas.

Te dije que quería merendar galletas.

Bueno, pues merienda otra cosa.

Pero no quiero otra cosa, quiero galletas.

Ya, pero has venido sin avisar y no me ha dado tiempo.

Y ahora no voy a bajar. ¿Y por qué no?

Porque no, porque tengo mil cosas que hacer.

Tengo que poner una lavadora,

tengo que recoger la cocina, ir al puesto.

Pero mira, si quieres, te doy dinero

y las compras tú.

¿Por qué hay tanta comida? ¿Has hecho una fiesta?

No, claro que no.

¿Entonces? No lo entiendo, no hay galletas,

pero la nevera está llena de marisco.

Yo tampoco entiendo muchas cosas y qué le vamos a hacer.

Por cierto, ¿tu abuela cómo está, se ha quedado triste?

No, ¿por qué debería?

Porque te ibas a quedar mucho tiempo y has venido antes.

Ya, porque te echaba de menos.

Ya, y yo a ti.

Te voy a dar un abrazo, ¿vale?

¿Has comido mucho estos días?

Bastante, estoy muy lleno. Pero unas galletas me entrarían.

¿Qué voy a hacer contigo, cómo voy a poder alimentarte?

Comprando más galletas.

Venga, al baño, que hueles a humanidad.

Tira. Formo parte de la humanidad.

Y la ropa sucia, al cesto, por favor.

(SUSPIRA)

¿Querías verme? -Siéntate, Jona.

Tengo que decirte algo importante.

-¿Qué pasa?

¿Qué, no me digas que Carla ha intentado...?

-No, no te preocupes, no es Carla.

Es por José.

(SUSPIRA)

Hay alguien que tiene que saber la verdad.

Tendrían que haber sido los primeros.

-Quieres hablar con sus padres.

-Es injusto que sigan pensando que su hijo conducía.

Decírselo no les va a devolver a José.

Pero les puede dar paz saber que su hijo no mató a nadie.

-Sabes que no han levantado cabeza.

Siguen con una depresión de caballo.

-Razón de más para decírselo.

-¿Crees que es el mejor momento? -No lo sé.

Pero esto me ha enseñado que nunca hay un mejor momento.

-Tendrás que pensártelo bien.

¿Y si deciden denunciarte? -Que me denuncien.

Asumiré las consecuencias, que hagan lo que tengan que hacer.

Pero no puedo ser justo con unos y olvidarme de otros.

-Lo tienes bien decidido.

-No te he hecho venir para pedirte permiso.

Pero quería contártelo porque también te afecta.

Sabía que no te parecería bien. -Pues no, tronco.

No me parece bien.

Lo que no me parece bien es que cargues solo con esta movida.

-No me queda otra. -Sí te queda.

Cuando vayas a verles, te acompañaré.

-No, no tienes que hacer eso. -Sí, Samu.

Acabas de decir que también es asunto mío.

Pues ya está, yo también tendré que dar la cara.

Es hora de que los dos asumamos

las consecuencias de nuestras movidas.

Pues ya está.

-Gracias.

Ahora mismo te atiendo.

Toma.

-Tía. -¡Uuuu!

Huy, por favor, perdóname.

Lo siento muchísimo, madre mía. -No pasa nada.

-Te he manchado.

¿Quieres entrar y te pongo un poco de quitamanchas?

-No te preocupes, no pasa nada.

-Madre mía, es que estoy de un torpe, de verdad.

Es como si tuviera mantequilla en las manos.

-Tienes la cabeza en otra parte. A mí me pasa siempre.

-Pues será una cosa de familia.

Madre mía. -¿Te estás rayando por algo?

(RÍE) ¿Y cuándo no?

-No sé, si quieres hablar de ello...

-¿Sabes qué pasa?

A veces no estoy segura de tomar las decisiones adecuadas

y me paso todo el día pensando

en ese asunto y si estoy haciendo las cosas bien o no.

-Pues bienvenida al club.

(RÍE)

¿A ti también te pasa?

-¿No le pasa a todo el mundo?

-No, hay gente que tiene una seguridad aplastante

a la hora de tomar decisiones. Tu padre.

-No, mi padre es pura fachada.

En el fondo es tan inseguro como todos los demás.

-A él no le tiembla el pulso cuando tiene que tomar

una decisión, aunque perjudique a alguien.

-¿Es lo que te ha pasado,

has perjudicado a alguien sin querer?

-Más o menos, pero no era mi intención.

-Bueno, pues eso es lo que cuenta. Tus intenciones no eran malas.

-Al final, lo que cuenta es el daño que haces.

-No, yo creo que lo que cuenta es qué querías conseguir con eso.

Mira, yo he tenido que tomar una decisión

también bastante complicada

y que creo que no le va a gustar a mucha gente.

Pero tengo mis razones. Supongo que tú tienes las tuyas.

-Sí, claro.

-¿Por qué lo hiciste?

-Bueno, por el bien de mi familia, como siempre.

-Entonces tus razones son las mismas que las mías.

No te tienes que sentir mal por eso.

(RÍE)

-¿De qué te ríes?

-Yo no sé si lo tuyo es fachada o no,

pero te juro que cuando te pones a hablar así,

eres clavadito a tu padre.

-No. -¡Sí!

Lo siento.

¿Te traigo otro café? -Por favor.

-Ay, perdóname.

(RÍE)

¡Hombre, a ti te estaba buscando, Nicolás!

¿Qué, tu mujer te ha dejado al timón?

-Sí, y por la cuenta que me trae, espero no hundirle el barco.

-Cuando le libere, pásate por la frutería.

Tengo un problema con un interruptor.

-Claro. ¿Qué le pasa?

-Te lo digo cuando vayas.

-Dímelo ahora, que si no, no sé qué herramientas llevar.

-Tú llévatelas todas. -Jesús, espera un momento.

-Lo siento, tengo prisa.

-Tú y yo tenemos que hablar. -Creo que no es el momento.

-¡Tú te callas!

Y tú te vas a quedar aquí hasta que hablemos.

-Ya te he pedido disculpas por el asunto de los pastelillos.

Y no quiero tener problemas contigo.

Por mí, ahórrate el sermón.

-No te voy a echar un sermón, lo contrario.

Quiero darte la bienvenida a la familia.

-¿Y a qué viene eso ahora, es una broma?

-Mi madre se va a vivir contigo, ¿no?

-¿En serio te ha dicho eso?

-¿Qué pasa, no es verdad, te vas a echar atrás?

Como le vuelvas a hacer...

-Que no, es que no esperaba que te lo contase.

-¿Seguro? -Que sí.

Yo no soy capaz de hacerle daño a Valeria.

Y estoy como loco por vivir con ella.

No he estado más seguro en toda mi vida de algo.

Y me alegro de que no te opongas.

-Tú y yo queremos lo mejor para mi madre.

Así que si las cosas siguen así,

para mí eres uno más de la familia.

-¡Eso es maravilloso!

¡Dame un abrazo! -Yo creo que no es necesario.

-Tampoco te pases.

No quiero faltar, pero no hay que forzar las cosas.

-Estamos de acuerdo.

-Luego nos tomamos un café y te doy el libro de instrucciones.

-¿Qué libro, de qué hablas?

-Lo que tienes que saber para vivir con mi madre.

-Yo estoy dispuesto a convivir con todas sus manías.

-Si es así, me demostrarás que es amor verdadero.

(RÍE)

-Adiós.

¡Rubito!

¿Dónde vas tan decidido?

-A ninguna parte, he salido a que me dé el aire.

Estoy con los números y tengo la cabeza hecha un bombo.

-Siéntate y tómate un café.

-Venga, no me vendrá mal.

-¿Tan mal van los números del mercado?

-No son un desastre, pero no dan

para hacer la reforma que exige el Ayuntamiento.

-Seguro que encuentras una solución.

-Sí, que nos toque la lotería.

-¿Has recibido el contrato de la otra constructora?

-Muchas gracias, me llegó.

Me he decantado por otra. -¿Y eso?

-Estábamos en negociaciones y han ajustado el presupuesto.

-Vaya, qué lástima, me había hecho ilusiones.

-¿Ilusiones, por qué?

-Nada, da igual, es una tontería.

-Bueno, cuéntamelo, por favor.

He pensado que le ibas a sacar los ojos.

-Estos días no me han faltado ganas.

Pero he decidido hacerte caso.

Como me enfrente a mi madre, la voy a perder.

-¿Desde cuándo prestas atención a mis consejos?

-Escucho tus consejos, pero hago lo que me da la gana.

-Ya, pero que me hagas caso tan rápido es un poco sospechoso.

-¿Qué quieres decir?

-Tú estás tramando algo.

-¿Yo? Qué va.

-¿Cómo que no? Confiésalo, a mí no me engañas.

-No estoy tramando nada.

Voy a dejar que las cosas caigan por su propio peso.

-¿Qué cosas?

-Su convivencia.

Con todas las manías de mi madre, no les doy ni dos telediarios.

-Qué poca fe tienes en el amor verdadero.

-Ya me darás la razón. Y de esto, ni pío a nadie.

Ya tenemos bastante con Samu.

(SUSPIRA)

No te he dicho nada antes porque no quería condicionarte.

En esta constructora ha currado uno de mis mejores colegas

y hace tiempo que no está pasando una buena racha.

Creo que este proyecto le habría ido guay.

-¿Por qué no me lo has contado antes?

-Porque no quería condicionarte.

No me parecía honesto, debes escoger el mejor proyecto.

-A mí me da igual una constructora que otra.

Mientras mantengan la profesionalidad y el precio,

yo no tengo problema.

-Hombre, pues si lo puedes hacer, sería la caña, la verdad.

Pero no quiero condicionarte. -Tú tranquilo.

Si en Quiñón trabaja un amigo,

me da más confianza que otra donde no conozco a nadie.

-¿No has cerrado el contrato? -Todavía no hay nada firmado.

Les digo que me han hecho una oferta mejor.

Tampoco les estaré mintiendo.

-Pues te lo agradezco mucho, de verdad.

No te vas a arrepentir.

Hola, cariño. Tenemos que hablar.

-No puedo, tengo trabajo.

-Apenas hay clientes y están atendidos.

-A ver, puede entrar alguien... -Rosa, es importante.

-Venga, ¿qué pasa?

-He ido a mi antigua oficina para recoger un par de cosas

y me han dicho que un amigo mío

ha ido a verme. No saben cómo se llama,

pero tal y como lo describen, parecía Fuentes.

-¿Y qué?

-De ser así, Fuentes sabía que yo estaba sin trabajo

cuando me ofreció el trabajo.

-Ya.

-No es una sorpresa para ti, ¿verdad?

-Pues no.

Verás, al no verte en tu trabajo, Fuentes vino a verme.

Y le he contado toda la verdad. -No me lo puedo creer.

-Por favor, no te enfades conmigo. -¿Cómo que no?

Hablas con una clienta mía a mis espaldas

y luego, con Fuentes a sabiendas que yo no quería

que nadie supiera que estaba sin trabajo.

-Nacho, por favor. -¿Con qué me vas a jorobar ahora?

-Por favor.

Germán, ¿me puedes hacer un favor?

¿Te puedes quedar hasta el cierre?

Eh... ¿Tiene que ser ahora?

¿Tienes algo mejor que hacer?

No, no, no es eso, es que...

¿Qué te pasa, estás bien?

Que me acaba de llamar Teresa.

¿Teresa, quién es Teresa?

La madre de José.

Ah. Pero ¿ella sabía que vosotros dos...?

No, le habría dado algo si lo hubiera sabido.

¿Entonces? Pensaba que éramos amigos

y hemos mantenido el contacto.

Es que eso yo no lo sabía.

Sí, no viven demasiado lejos y a veces les he ido a ver.

Bueno, a ella, su padre ya sabes que le hubiese odiado.

¿Y para qué quería hablar contigo?

Que me ha dicho que...

Que Samuel y Jonathan han ido a verlos

y les han contado que José no conducía esa noche.

Dios mío. ¿Y cómo se lo ha tomado?

Al principio, como liberados.

Pero me ha dicho que no creen que José esté exento de culpa

porque, al fin y al cabo, dejó que Samu condujera el coche

sin carné, yendo borracho.

Y...

Y que no van a tomar represalias contra él.

Guau. Pues ha tenido muchísima suerte.

Porque le podrían haber hecho la vida imposible.

Dicen que ya tiene su condena con lo de la silla de ruedas.

Y le han agradecido que les haya contado la verdad.

Es que hay que ser muy valiente para hacer algo así.

Ya, ya, ya.

Debe haber sido muy duro para Samu.

No quería hacerte daño, cariño.

Todo lo que hago lo hago por tu bien.

-Qué narices tienes, Rosa.

-A lo mejor me equivoqué, tienes razón.

Debería habértelo contado, cielo, pero...

Solo quería ayudarte, amor.

-Yo no necesito que me ayudes.

Solo quiero poder confiar en mi mujer.

-Vale, tienes razón, perdóname. Perdóname.

Lo he hecho porque te quiero.

Por favor, no te enfades conmigo.

Perdóname. ¿Me perdonas?

-Está bien.

No me gusta cómo has actuado,

pero entiendo que lo has hecho con la mejor intención.

-¿Entonces, me perdonas?

-Pues claro.

-Gracias.

-Antes de enterarme de esto,

estuve pensando en el nuevo trabajo.

Tenías razón.

Tengo que tener un poco más de paciencia.

Darme un poco más de tiempo para adaptarme.

-Dentro de nada los tienes a todos metidos en el bolsillo.

-Seguro.

Si te tengo a mi lado, lo conseguiré.

Tú sacas lo mejor de mí.

¿Y el colgante, te lo has quitado?

-¿Qué dices, cariño? Está aquí, míralo.

Lo llevo conmigo desde que me lo regalaste.

-Mira que me das disgustos.

Pero no sabes cuánto te quiero. -Yo también.

Aquí tienes. Gracias, Gema, buenas tardes.

(SAMU) Germán.

¿Pudiste hablar con Carla?

-Sí, ha aceptado ir al terapeuta.

-Genial. Gracias. -Espera, Samu.

Eh...

Me ha llamado Teresa.

-Ya te lo ha contado.

-¿Cómo estás?

-Da igual cómo esté, he hecho lo que tenía que hacer.

Nunca podré devolverles a José, pero sí darles algo de paz.

-Espero que les sirva.

-Yo también.

Oye, Germán.

Teresa me ha dicho que os veíais.

-Sí, no muy a menudo, pero de vez en cuando me acercaba.

A ella le va bien hablar de José. Le reconforta.

-Ya.

Y a ti también, ¿no?

No me lo cuentes si no quieres, Germán.

Pero no dejo de darle vueltas

a por qué te afectó tanto saber la verdad.

Y ahora me entero de que estabas quedando con Teresa.

¿José y tú teníais algo más que una amistad?

Joder, Germán.

Lo siento. Lo siento de verdad.

-No pasa nada, Samu. -Sí pasa.

Todo este tiempo he pensado que habían muerto dos personas.

Pero le he destrozado la vida a muchas más.

Y siento que hayas sido una de ellas.

Solo espero que algún día puedas perdonarme.

(SUSPIRA)

Hola.

¿Qué tal, cómo está Marcos, le han dado el alta?

No, le han dejado ingresado.

Pero si...

¿Está peor?

Estaba más deshidratado de lo que creían.

Le han puesto suero, tenía arritmias muy fuertes

y la tensión, como una montaña rusa.

Y le han dejado en observación.

¿Voy a por tus cosas y vas al hospital?

No, Carolina cogió un AVE y esta noche la pasa con él.

Bueno, ya está, ya ha pasado lo más grave.

(ASIENTE)

Marcos ha pedido hablar con el psiquiatra.

Quiere decirle que tiene un problema con las drogas

y quiere salir de él.

Cuando le he visto tan decidido y tan indefenso a la vez,...

me han entrado ganas de llorar.

Marcos ha dado el paso más difícil.

A partir de ahora, solo debe ir hacia delante.

Ya.

Lorena, he estado a punto de perderlo.

Cuando íbamos en la ambulancia, ha tenido una arritmia muy fuerte

y pensé que lo perdía.

En ese momento se me han venido a la cabeza

todos esos momentos que no he pasado con él,

los momentos que me he perdido.

Aquellas tardes en las que no le ayudaba a hacer los deberes.

Las vacaciones que me he perdido.

Todo.

Te quedan muchísimos momentos con tu hijo en el futuro.

He sido un padre de mierda. No, no, no digas eso.

Lo único que me importaba era el trabajo.

Estaba por encima de todo, incluso de mi familia.

Hay una cosa que no consigo sacarla de la cabeza.

Marcos me hacía unos dibujos y me los pegaba en la nevera

con un imán a modo de regalo.

Y yo los quitaba de mala manera

porque la cocina tenía que estar perfecta.

¿Qué clase de padre hace eso?

Pero es que tú ya no eres ese Jorge.

Pero él no lo sabe.

Mi hijo no lo sabe.

Creo que si ha llegado a este extremo, es por mi culpa.

No, no, no, lo siento, pero no.

Tú no puedes responsabilizarte

de las buenas o malas decisiones que tome tu hijo.

Pues no puedo evitarlo. Vale, y lo entiendo.

Yo llevo media vida culpando a mis padres

de todo lo malo que me ha pasado, pero al final te das cuenta

de que eres tú quien te lo provocas.

Nadie tenemos padres perfectos y vamos arrastrando

traumas y carencias, pero al final,

el único que puede superarlos es uno mismo.

Yo podría haberle ayudado, Lorena.

No, no.

Ese camino lo tiene que recorrer él solo.

Ni su novia, ni Carolina ni tú

tenéis la culpa de lo que le está pasando.

Es Marcos quien tiene que tomar las riendas de su vida.

Y parece que lo empieza a hacer.

Ojalá sea así. (LLORA)

Y...

¿Ya habéis decidido qué vais a hacer cuando salga?

Sí.

Va a entrar en un centro de desintoxicación.

Muy bien, muy bien.

Allí le van a ayudar mucho.

Pues espero que Marcos sepa aprovecharlo.

Sí.

Sí, lo va a hacer.

Lo ha decidido y está empezando a hacerlo.

Pero tú sabes cómo va esto.

La lucidez que tienes cuando tocas fondo no dura para siempre.

Entrar en un centro es fácil.

Mantenerse, no tanto.

Jorge.

Tú y yo sabemos lo que es esto.

Y sabemos que lo puede conseguir.

Porque tú y yo

lo hemos conseguido.

Ojalá.

Hola.

(CARLA RÍE)

¿Qué es esto, para que no me dé otro arrebato?

-¿Arrebato, ahora lo llamamos así?

-Palabras textuales del terapeuta.

Se ve que me dio un arrebato y perdí el control de mí misma.

Como quien suelta el volante de un coche en marcha.

Aunque vaya ejemplo acabo de poner.

-Me alegro de que hayas cogido el volante.

-Sí, yo creo que yendo a terapia conseguiré

controlar un poquito más mis emociones.

Pero me ha dicho que no será un camino de rosas.

-Seguro que no, pero me alegro de que hayas empezado.

Te va a ir fenomenal. Te veo más animada.

-Sí, pero no tiene nada que ver con todo esto.

Van a llevar a mi madre a un psiquiátrico.

-¿Y la sacan de la cárcel?

-Sí, el abogado ha conseguido

usar su esquizofrenia como atenuante

y la van a llevar a ese centro para cuidarla como se merece.

-Qué guay, me alegro mucho. -Sí, sí, sí.

Estoy un poco rayada, la verdad.

Yo no sé cómo mi madre ha podido pagar a ese abogado.

Porque no tenía ni curro ni ahorros, que yo sepa.

Vete a saber qué ha hecho para pagar el abogado.

Me da miedo que se haya metido en otro chanchullo.

-No creo. -Tú no la conoces.

En cuanto pueda, intentaré enterarme de qué ha pasado.

-No creo que haga falta, tranquila. -No puedo estar tranquila.

¿Sabes cuánto cuesta un abogado así?

Hablamos de mucho dinero y no puedo quedarme de brazos cruzados

pensando que igual se ha metido en otro lío.

-Carla, eh.

(CARLA SUSPIRA)

-Puedes estar tranquila de verdad, ¿vale?

-¿Cómo lo sabes?

¿Tú no tendrías que estar cuidando de tu hijo?

Está dormido.

Ha llegado muy cansado de la sierra.

¿Me estás diciendo que tienes la noche libre?

Bueno, libre, no, pero un ratito, sí.

Un ratito.

¿Y qué te apetece hacer, has cenado, vamos a tomar algo?

No.

Prefiero quedarme aquí.

¿Me he perdido algo?

No.

Mejor.

Mucho mejor.

(RÍEN)

Porque el dinero es de Samu.

-¿Qué?

-Creo que es mejor que lo sepas.

Si no, te vas a estar angustiando por nada.

Lo de tu madre se está resolviendo.

Tarde o temprano te ibas a acabar enterando.

-¿Cómo que de Samu?

-Él ha pagado el abogado y las sesiones de terapia.

No quería que lo supieras porque temía que lo rechazaras.

-Pues claro, no quiero nada de él.

-Lo sé, pero solo quiere ayudar.

-No, solo quiere limpiar su conciencia.

-No, quiere arreglar las cosas.

-Aquí no hay nada que arreglar.

A mí nadie me va a devolver a mi hermana, tú me lo dijiste.

-Ni a mí, a José, pero no por eso voy a culparle toda la vida.

-¿Te vas a poner de su parte ahora?

-¿No te das cuenta de que esto no es una guerra?

No va de estar a favor de uno o en contra de la otra.

Aquí hemos perdido todas. Tú has perdido a tu hermana.

Yo he perdido a José. Samu...

Samu quizá es el que ha perdido más.

No va a volver a andar.

No va a volver a mirarnos a la cara.

Y ha perdido a la chica de la que está enamorado.

Por no hablar de la culpa que va a arrastrar toda su vida.

-¿Ha venido con la lagrimita para intentar convencerte?

-No me tiene que convencer de nada.

-¿Y por qué le estás defendiendo?

-Porque lo he visto, Carla, que está destrozado.

Está dispuesto a asumir las consecuencias.

Podría haberte engañado.

Podría habernos tenido engañadas, pero no lo ha hecho.

Eso solo prueba una cosa, que está arrepentido de verdad.

-¿No te das cuenta de que está intentando hacer ver

que está arrepentido para que no le denuncie?

-A Samu se la suda la denuncia. Acepta todas las consecuencias.

-Sí, que tú te lo has creído.

-¿Y por qué ha ido a ver a los padres de José?

-¿Cómo?

Samu ha ido a ver al padre y a la madre de José.

Aun a sabiendas de que le podían denunciar.

Si eso no es arrepentimiento.

Creo que tu terapeuta tiene razón.

Debemos controlar nuestras emociones.

La rabia no te deja ver que Samu está hundido.

Acabe en la cárcel o no, ya está cumpliendo su condena.

-Que no, que lo que hizo solo se puede pagar con justicia.

-¿Qué vas a ganar si acaba en la cárcel?

¿Qué va a arreglar eso?

-¿Y qué prefieres, que lo olvidemos?

¿Que hagamos ver como si no hubiera pasado nada?

-No, pero ha llegado el momento de dejar de hacernos daño.

Vamos a acabar destruyéndonos.

-Tú fuiste el primero que me apoyó en todo esto.

(GERMÁN) SUSPIRA)

Ya lo sé, pero me he dado cuenta de que no soy nadie para juzgarle.

Él ya tiene su condena y no necesita la mía.

Molaría que te dieras cuenta de que tampoco necesita la tuya.

(CARLA LLORA)

Se me está ocurriendo una idea.

¿Te interesa hacer una exposición en el Central?

-¿Con estas fotos? -Sí.

-Montamos un evento y damos visibilidad al mercado.

¡Carla, para un momento!

-¡No quiero que me trate nadie que te haya tratado a ti!

-Estás mezclando cosas.

-¡No quiero que nadie me convenza de que eres una buena persona!

De verdad, una cosa es que nos acostemos y otra cosa

es que seamos una pareja oficial.

Celia, en ese hotel no me conoce nadie.

Nadie, solo el director.

Y te aseguro que es un profesional y sabe guardar secretos.

No tienes un buen día, ¿no? No, no lo tengo.

Estoy teledirigiendo La Fanega y no llego a todo.

Pues intenta no insultar a la gente.

Porque se trata de remontar el mercado, no de hundirlo más.

Me levanté y no estabas. Solo he salido un minuto.

No me mientas, mamá, han pasado dos horas.

Y eso son 120 minutos, no uno. ¿Dónde estabas?

Hablamos mañana, vete a la cama.

Mamá, ¿qué te pasa? Te comportas muy raro.

¿Vienes del médico? ¿Cómo?

El sobre. Ah, sí.

Tenía revisión. Unos análisis rutinarios.

¿Quieres hacer un curso de verano?

-No, es para todo el año, pero da igual.

He dicho que no lo iba a hacer.

Qué bonito es el amor. Calla, calla, calla.

Que no sé dónde voy a meter todo eso.

Pero ¿no te irás a arrepentir ya de la idílica vida en pareja?

No, pero no había caído en los daños colaterales.

He hablado con mi abogada. Si vamos a juicio, es difícil

o casi imposible que no te caiga nada.

-Ya.

Estoy igual de pringao que Samuel.

He hablado con ellos y hemos llegado a un acuerdo.

-¿Se hacen cargo de la reforma?

-La semana que viene retomarán las obras.

Por fin vamos a tener cubierta nu8eva.

Yo te echo una mano y tú me ayudas con lo mío.

-Que no necesito tu ayuda. Es un proyecto personal.

Tengo que revisar 500 fotos, editar 40 y retocarlas.

-¿Vas a dejarme colgado por una mierda de exposición?

Supongo que por eso ayer mi madre cenó con Marisol.

¿Que cenó con Marisol?

Sí, aunque a unas horas un poco raras.

Cuando volvió, eran casi las dos.

¿Te sabe a poco el mercado...

O yo?

Yo no he dicho eso, Lorena. Lorena.

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Mercado central - Capítulo 78

15 ene 2020

David regresa de vacaciones antes de tiempo frustrando la aventura de Celia y Elías, que terminan rompiendo su promesa.
Germán consigue que Javier contrate a la constructora impuesta por Hortuño.
Samuel y Jonathan visitan a los padres de Jose para confesarles la verdad sobre el accidente. Germán, conmovido, pide a Carla que se replantee si denunciarles.
Los sanitarios reaniman a Marcos, que toma conciencia de su adicción.
Nacho se muestra magnánimo con Rosa para que, una vez más, ella se sienta culpable y agradecida.
Carmen da su bendición a que Valeria y Jesús vivan juntos.

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