Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 77 - ver ahora
Transcripción completa

Andrea, por favor, ¿cómo vas a tener mala suerte?

Te vas a Liverpool.

-¿Cómo voy a dejar a mi padre solo?

No se entera ni del nodo.

El otro día casi se corta un dedo.

-Te entiendo.

Pero entonces, ¿qué vas a hacer?

-Es que no sé.

Germán ha recibido una noticia que le ha afectado muchísimo.

Hace años tuvo una relación con un chico

del que estaba muy enamorado. Se llamaba José.

¿José? Sí.

¿No será el chico que murió en el accidente de Jona y Samuel?

Sí.

Trabajaba en el mercado, era almacenista.

Nadie sabía que Germán y él estaban juntos.

Vamos, ni siquiera él lo sabía.

Pues que anoche la pillé...

en los almacenes, echó una mezcla de productos de limpieza.

-¿Qué?

-Eran productos tóxicos y los mezcló con la intención de...

Si no llego a aparecer, Carla estaría muerta.

He tenido mucha paciencia contigo, papá.

Sé que desde que se fue mamá, lo estás pasando muy mal.

Pero es que esto ya es demasiado.

Se nota que no me entiendes y no haces nada por entenderme.

Así que toma.

-¡Andrea, escucha, Andrea!

¿Por qué brindamos exactamente? -Bueno.

Quiero celebrar que gracias a tu madre,

tengo un nuevo trabajo.

-¿Sí? -Me lo acaban de decir.

-Pues enhorabuena.

¿No crees que nos merecemos un poco,

aunque solo sea un poquito de felicidad?

No me extraña que seas tan bueno en los negocios.

Mira.

Por lo menos, hasta que David vuelva de vacaciones.

¿Eh, qué me dices?

Hasta que vuelva.

Igual puede estar en tratamiento y trabajando a la vez. No sé.

Jorge, no te engañes.

Reabrir el restaurante sin haberse recuperado

sería como ponerse un obstáculo así de grande

delante de sus narices.

No me engaño, Lorena. Solo quiero ayudarle.

E intentar ver las cosas como él las ve.

Eres muy joven.

Muy joven para tener una cara tan larga.

Y muy joven para desaprovechar una oportunidad así.

El mundo es de los hombres

que saben aprovechar estas oportunidades.

¿Eres ese tipo de hombre?

Pues supongo que sí.

No hay moros en la costa, puedes salir.

Parecemos dos adolescentes, ¿eh? -Díselo a mi hija.

Lo que sea con tal de no oírla.

-Oye, una cosa.

¿Y no puedes decirle a Carmen que vienes a dormir a mi casa?

Tendrá que entenderlo.

-¿Mi hija? Me tiene frita.

Después de lo que ha pasado,

no creo que le haga gracia que duerma contigo.

-A ver si me aclaro.

¿La madre quién es, tú o ella? -¡Ay!

No se lo tengas en cuenta a Carmen.

Lo está pasando muy mal con lo de Samuel.

Bueno, ella y todos. -Por cierto, ¿cómo está?

-Fatal. -Me imagino.

Es agotador esperar a que se duerman todos en tu casa

para venir a la mía, ni que fuésemos quinceañeros

escapándonos con la luz apagada.

-Tienes razón, pero no te enfades.

A mi hija todavía no se le ha pasado el disgusto

por lo de los pastelitos. -Fue un accidente, ya se lo dije.

-Pues fíjate tú el caso que te ha hecho.

-Pues no lo entiendo.

A nuestra edad, con estas tonterías.

Ni que hiciésemos algo malo.

Y no es el caso. -Ya.

Vamos a esperar a que se calmen las aguas.

¿Te parece?

-Y mientras tanto, ¿seguimos con las escapadas nocturnas?

-Quita, quita, ya veremos una solución.

-¿Qué tal, tortolitos?

-Hemos tenido días mejores. ¿Qué quieres?

-Ay, de verdad, abuelo, qué humor.

¿Qué pasa, seguís de bajón por la fiestecita del otro día?

-Si vienes a reírte de mí, te puedes ir por donde has venido.

-Que no, venga, va, sonreídme para la foto.

Decid patata.

O bueno, no, mejor decid: ¡marihuana!

-¡Quita eso ya, que estoy yo para fotos!

-Anda, pasad un buen día. Y no abuséis de las drogas.

Que son muy malas.

No le hagas ni caso. -Me voy.

Quita, quita.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz en la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz en la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Carla.

Escúchame, por favor.

¡No, no, Carla, por favor, para!

¡Para un momento! -¡Déjame en paz, por favor!

Ya he pedido el traslado.

Te voy a pedir que hagas como si no me conocieras.

-Siento si te he hecho daño. Perdóname.

-Que me dejes en paz, por favor.

-Me importa una mierda lo que me pase.

Si me meten en la cárcel, que me metan.

Lo único que me importa eres tú.

-Ya. -No soporto verte sufrir.

-Por eso me has roto la vida dos veces.

-Yo te quiero con toda mi alma

y lo seguiré haciendo, hagas lo que hagas.

Lo único que me importa es que estés bien.

Prométeme, por favor, que vas a estar bien.

-Yo no tengo nada que prometerte a ti.

-Mira, no tengo excusa.

Y no he venido a pedirte que me perdones.

Pero quiero que intentes que esto no te afecte tanto.

-¿Que no me afecte?

¿Sabes qué? Me voy a ir de rebajas, a ver si se me pasa esto.

-Mira, ya que no me dejas cuidarte,

solo te pido que lo hagas tú.

Que no hagas ninguna tontería. Por favor.

-¿A qué viene todo esto?

Has hablado con Germán.

(SUSPIRA)

-Te quiero y no soporto verte mal. -No te creo.

Ya no y no voy a parar hasta que pagues

por todo el dolor que me has causado.

¿Lo entiendes? -Lo estoy pagando.

Pero no quiero que lo pagues tú por mí.

-Solo te voy a pedir una cosa.

No vuelvas a decir nunca más que me quieres

porque me recuerda a cuántas veces te oí decir eso

y era solo una mentira.

Cuidado, no te mire la pantalla del móvil.

-Ya te vale.

-Lo siento, no tendría que haberte mirado el móvil.

Es que soy lo peor. -Y con diferencia.

Ahora le tendré que poner una cadenita en plan macarra.

-¿En plan macarra? Calla, que me pones un poco tonto.

Bah, en serio. Se que soy reincidente,

pero te prometo que no volverá a ocurrir, ¿vale?

Es que yo no soy así, de verdad.

Pero sacas lo peor de mí. -Eso que tenemos en común.

Tú también sabes cómo sacarme de quicio.

-¿Ah, sí, tanto poder tengo sobre ti?

-Quería pedirte disculpas.

Quedé con mi amigo porque sentía que no me hacías caso.

-No, si no tienes por qué darme explicaciones.

Solo faltaría, eres libre de quedar con quien quieras,

cuando quieras. -Ya, pero ese no es mi estilo.

Me pediste tiempo y yo no he sabido dártelo.

-Oye, ya no eres tan joven para ser tan impulsivo.

-Lo hice por despecho, que es mucho peor.

Sentí que me rehuías por el tema del VIX

y me dolió mucho.

-Javier, eso a mí no me importa. -Ya, ya lo sé.

Pero me he llevado tantos chascos con esto

que pagan justos por pecadores.

-Pues ojo, porque a pecador a mí no me gana nadie.

Y tú lo sabes muy bien.

Te acuerdas de cómo nos conocimos.

-Ya lo sé. Aun así, te debo disculpas.

He hablado con Tomás.

-Tomás, así se llama tu clavo.

-Le he explicado cómo están las cosas y nos veremos más.

Así que si quieres, podemos retomarlo donde lo dejamos.

Perdona, quiero decir, siempre que tú arregles tus cosas.

-Pues estoy en ello. -No hay prisa.

Sabré esperarte.

Y que sepas que sea lo que sea lo que tengas que arreglar,

me gustaría ayudarte.

-Muchas gracias.

-De nada.

Estoy aquí para lo que necesites.

¡Ay! -¡Mierda!

-Pero ¿qué ha pasado?

Madre mía. -¡Joder!

Voy a llegar tarde el primer día.

-No te pongas nervioso, dámela.

Te traigo otra y terminas de desayunar.

-No me entra nada, tengo el estómago cerrado.

-Pero si eres el mejor, Nacho.

En un par de días, te los habrás ganado a todos.

-Anda, tráeme la camisa roja.

-Vale. -No, la azul.

No quiero ir dando el cantazo. -Vale, la azul.

Te pongas la que te pongas, irás hecho un pincel.

-Me cago en la leche.

(Móvil)

¡Bueno, la que faltaba!

-¿Quién es? -Rocío.

Seguro que me llama por lo de las tarjetas.

-No se lo cojas y hablas con ella luego.

-No, mira, me la quito de encima ya.

Sí, Rocío, dime.

Sí, si es un minuto, sí.

No, perdona, ayer ya me disteis el O.K.

Claro que puedes pedir cambios, pero no hasta el infinito.

No, vamos a ver.

La que te mandé ayer era la sexta versión definitiva.

No, vamos, yo...

Hasta el fin de semana no puedo hacer nada.

No, no, escucha.

Tendréis que buscaros otro diseñador.

No, lo siento, estoy hasta arriba.

Me ha salido un trabajo a tiempo completo.

¿Cómo?

¿Perdona? No, yo he hecho mi trabajo

y me tenéis que pagar lo que falta.

¿Mañana? Bueno, está bien.

Haré lo que pueda, pero esto no me parece serio.

Sí, sí, te aviso cuando lo haga. Venga, hasta luego.

Me tiene hasta las narices con las dichosas tarjetas.

-¿Tendrás tiempo para hacer los cambios?

-Si no lo hago, no lo cobro.

No le pienso dar el gusto a esa histérica.

Bueno, yo creo que tenemos suficientes con estos.

Sí, perfecto.

Vale. Oye, Celia.

¿Qué te parece si cuando acabemos esto nos tomamos la tarde libre?

¿Cuándo, hoy? Sí, ¿por qué no?

¿No me digas que no echas de menos una comida de amigas sin prisas?

No hacemos más que trabajar y hablar de trabajo y trabajo.

¿Cuánto hace que no me cuentas nada de tu vida?

Tampoco es que me haya pasado nada.

Es lo que dices, solo trabajamos.

Venga, Celia, seguro que si escarbamos,

encontramos algo con lo que pasar la tarde.

Se me ha ocurrido... ¿Sí?

Reservar mesa en el Ukelele. Invito yo.

¿Y te han dado mesa de un día para otro?

Sí, si no me dan mesa, se quedan sin flores.

Y espera, que aún hay más.

¿No me digas que tienes plan es?

Bueno, a ver, esta tarde...

Nada de excusas, que David está con la abuela

y el trabajo está hecho.

Después de comer en el Ukelele,

he pensado que podemos ir a hacernos un masaje

y quitarnos el estrés de estos días.

Y eso también está reservado.

Reservadísimo. He conseguido que nos hagan un hueco.

Qué suerte.

Lo que pasa es que esta tarde no estoy segura, pero...

Oye, Celia.

Espera, espera.

¿No habrás conocido a alguien y estoy yo monopolizándote?

No, no quiero saber nada de hombres.

Pues ya está.

Tenemos el plan perfecto. Di que sí.

El planazo perfecto. Claro.

Si era solo por organizarme la tarde y saber qué iba a hacer.

Ya no tienes que sufrir por eso

porque te la he organizado yo. Sí.

Vamos a acabar con esto y así acabamos pronto.

Venga.

Yo creo que hay suficientes.

¿Y es mucho dinero? Porque a lo mejor no te compensa.

-Es igual, ¿quieres que se lo regale?

Lo haré y punto.

-Bueno, pues tú mismo.

Oye, cielo.

Esas son las que yo me tomaba... -Las que tomabas para la ansiedad.

-Pero no puedes tomar esas pastillas así como así.

Son muy fuertes.

-No me voy a morir por tomar un par de pastillitas.

Solo un par de días, hasta que la cosa se tranquilice un poco.

-Te las tiene que recetar un médico. Crean adicción.

-¿Así me ayudas, poniéndome más nervioso?

-Bueno. -Me voy, que no llego.

-Solamente lo hago por tu bien.

-Gracias, cariño.

(Portazo)

Hermano.

-¿Qué pasa?

-Tío, no puedes seguir así.

Entiendo que estés hecho polvo. Ahí no me pienso meter.

Pero tendrás que tirar para delante.

-Me tenía que haber callado.

-Has hecho lo que tenías que hacer.

Has sido muy valiente.

Yo me hubiera cagado, te lo juro, tío.

Pero tú se lo has dicho, has hecho lo que...

Lo mejor para todos. -¡Lo mejor, una mierda, casi...!

-¿Casi qué?

-Como se le ocurra hacer alguna cosa chunga por mí...

-¿Qué cosa chunga, tío, de qué estás hablando?

-Nada.

-¿Me lo cuentas o te lo tengo que sacar con tenazas?

-Casi hace una tontería.

-¿Qué dices, qué ha pasado?

-Se ha intentado suicidar.

Aquí, en el mercado.

Con productos de esos de mierda, amoniaco, lejía.

Menos mal que llegó Germán.

-Ya está, tío.

-Me tenía que haber callado.

Le he destrozado la vida.

-Supongo que es normal que esté hecha polvo, ya se le pasará.

-¿Qué quieres?

Ha estado toda la vida sola.

Su madre, una loca que está en la cárcel.

Su hermana, en un centro de menores.

Y su novio, un sinvergüenza que se cargó a su otra hermana.

-Samu, no se puede hacer nada, ya está, déjalo.

-Sí se puede.

Ayudarla.

-Ayudarla.

¿Tú crees que se va a dejar ayudar por ti?

-Pues mira, me da igual.

Que me insulte o que me escupa, si quieres.

Pero no pienso dejarla sola.

-Mira, si quieres, hablo yo con ella.

-Verás lo que tarda en mandarte a la mierda.

Voy a hablar con Germán.

-¿Con Germán?

-Sí.

Aunque otro.

Otro que aprovechó para meterme mierda por el accidente.

-¿Y eso por qué, qué pinta este en esta movida?

-Por José.

-Por José.

-Quedó como el asesino y tú y yo, callados.

Me lo echa en cara.

-No sabía que fueran tan colegas. -Yo tampoco.

Pero me da igual.

Él es el que la salvó.

Es la única persona en quien confía.

Solo espero que no le falle.

Padre. Buenas.

¿Por qué hemos quedado aquí?

¿Me vas a poner a descargar camiones?

No sería la primera vez.

Hombre, ha llovido ya bastante

desde que me mandabas descargar las furgonetas en La Fanega.

En la cocina, para salir por la puerta grande...

Tienes que saber lo que entra por la puerta de atrás.

Buena memoria.

Me acuerdo de lo mal que te ponías.

Me tuviste tres meses sin tocar un fogón al principio.

Había muchos platos que fregar en aquella cocina, chaval.

Díselo a mis uñas, que están pagando el precio.

¿Todo van a ser reproches, no te acuerdas de nada bueno?

No, no son reproches.

Al revés, te estoy muy agradecido por lo que has hecho.

Y por cómo lo has hecho.

Pero eres mi padre, no puedo ponértelo todo tan fácil.

Ya.

No hace falta que seas tan sincero.

No, sí que hace falta.

Porque te necesito en La Fanega.

Quiero que trabajemos juntos.

No se me ha olvidado lo que me dijiste.

¿Y entonces, por qué hemos quedado aquí?

Aparte de los secretos de la cocina,

te he enseñado otras cosas.

¿Necesitas ayuda?

Vaya, qué casualidad. Volvemos a coincidir aquí.

Yo también me alegro mucho de verte.

En serio, tenemos que dejar de hacer esto.

Que estamos solos. Vale, no me fío.

Este mercado tiene oídos.

¿Recuerdas lo que pasó con el beso?

Pero ¿sabes cuál es el problema?

El problema es que no me puedo aguantar y que me vuelves loco.

Y habíamos quedado en aprovechar todo el tiempo posible

mientras David estuviera fuera. Sí.

Que ya tenía el plan organizado.

Había encargado marisco. ¿Sí?

Champán del bueno.

Todo preparado para que después tengamos tiempo para los dos.

Lo siento, pero no he podido decirle que no a Adela.

Dile que estás enferma, eso siempre funciona.

No cuela, la acabo de ver hace un rato.

Está muy ilusionada con el plan de chicas,

no le puedo decir que no. Celia.

Eso lo podéis hacer en cualquier otro momento.

Pero a ti y a mí nos queda muy poco tiempo para estar juntos.

Cuando venga David, lo cerramos todo, lo tengo clarísimo.

Pero hasta entonces,...

vamos a disfrutar, en eso habíamos quedado.

Qué recuerdos.

Mis primeras canastas fueron en la trasera de La Fanega.

¿Sigue estando ahí? Sí, y todavía juego.

Pero...

Desde lo de Romina, no estoy tanto para juegos.

Marcos.

Sé que lo estás pasando mal con lo de tu ex.

Pero no es justo que la culpes de todo lo malo que te pasa.

No la culpo, pero discutíamos demasiado.

Me llevaba al límite, me empujaba, me empujaba.

Al final, pasa lo que pasa. Las discusiones son cosa de dos.

No es justo que culpes a Romina de que no sepas gestionarlas.

Y menos, de que salieras a drogarte cada vez que discutíais.

Es verdad, no tengo excusa.

He gestionado los problemas como el culo.

Pero...

Fue todo tapar un parche, otro parche

y me explotó en la cara.

Que lo admitas es una buena noticia.

Pues tengo una mejor. Que tú has estado ahí

para pegarme una bofetada cuando más lo he necesitado.

Bueno... Bueno, metafóricamente.

Y literalmente también.

No me siento orgulloso de aquello. Pues deberías.

Porque ahora estoy encauzado.

Sé hacia dónde tengo que ir, lo que tengo que hacer.

Pero necesito a alguien a mi lado, como tú,

para que me recuerde de dónde vengo y el potencial que tengo.

Vale, ven conmigo. ¿Adónde vamos?

Para empezar, vamos a echar un 21.

¿Podrás llegar a la cancha o ya te tiemblan las piernas?

Te voy a destrozar.

Pero con la condición de que el próximo se haga en La Fanega.

Mientras discutimos los platos que le haremos a Carlos Rey.

Estaba pensando en unos cuadraditos muy pequeños

de sandía con un poquito de sangría por encima.

¿Sangría? Sí.

¿Y luego, qué, paella mixta?

Está... Tira.

Celia.

Me muero de ganas de estar contigo.

Venga, mujer. No.

¿Vas a renunciar a esto por un plan de chicas?

Lo siento mucho, Elías, pero no le puedo decir que no.

¿Sabes cuál es el problema? ¿Cuál?

Que para que llegue la hora de cenar

antes tiene que pasar todo el día.

Y yo estoy muerto de hambre.

Mira que eres exagerado. ¿Exagerado?

Por lo menos, podrías darme...

un aperitivo, ¿no?

¿Ves lo que haces? Estás fatal.

Cállate.

(CHISTA) Elías, por favor.

Calla, calla.

Elías, para.

¡Oye, Elías, para, por favor!

Huy. No.

Como Adela te vea ese chupetón, te va a preguntar.

Yo que tú suspendía la comida. No me hace ninguna gracia.

Oye. ¿Qué?

Nada, que voy a estar en el despacho pendiente del móvil.

Por si cambias de opinión.

Y, de paso, voy enfriando el champán.

De verdad, ¿eh? De verdad, ¿eh?

(SUSPIRA)

Fotos con cámara, qué retro.

-No te importa, ¿no? -No, me da igual.

Mientras me saques decente. -Mira.

-Sí, la segunda está bien. Aunque esto es un robado.

-Es que si te pido permiso, no quedan igual.

Estás muy concentrado, ¿no?

-Sí, estoy con el Application Form.

-¿Te vas a Liverpool?

-Me voy a Liverpool, sí.

Bueno, me da un poco de pena por mi padre.

Pero no sé, Noa, siento que tengo mi vida

y hay ciertos saltos que tienes que dar.

Ya sabes lo que dicen. Más vale arrepentirse

de lo que has hecho que de lo que no has hecho.

-Ya. Igualmente, Paolo te va a echar mucho de menos.

-Sí, a ver, yo también.

Pero cada dos por tres me la está liando.

No lo hace con mala intención.

Pero es una detrás de otra.

El otro día perdí a mi grupo por su culpa.

Me perdió los instrumentos.

Y no contento con eso, me hizo un casting en la pizzería.

Para contratar a otra banda.

Cantó un heavy que no tenía nada que ver conmigo.

-Un heavy. -Siento que no me entiende.

Bueno, que no nos entendemos, no sé.

En cualquier caso.

Ellos tienen su vida, yo tengo la mía.

Si tienen problemas, que los solucionen.

-Siento decirte que sus problemas se irán contigo a Liverpool.

-Ya, pero no estoy en medio de todo.

-Bueno, pues qué guay que lo tengas tan claro.

Yo tengo una espinita con lo de Nueva York.

-Si te has quedado, es por algo. -Espero no arrepentirme.

-Yo tengo claro que quiero ser músico.

Ya me dio un bajón cuando perdí la beca esta.

Y no quiero desaprovechar esta oportunidad.

-Que no, que te va a ir genial.

Además, esta plaza es una señal, no hay más.

-Gracias por el ánimo. De momento, estoy con el Application Form.

-Pues no le pidas mucha ayuda a tu padre.

A ver si manda al heavy a Liverpool.

-No, no, claro, claro.

No, mi padre a esto no se acerca.

De hecho, no se lo he contado. -¿No le has dicho que te vas?

-No he encontrado la forma ni el momento.

-Date prisa, sin su autorización, no sales de España.

-¿Cómo que no salgo de España?

-Tío, necesitas su firma.

-No es verdad, ¿no?

(RÍE)

Anda, suerte con el papeleo. -¿Sí?

-Y con tu padre.

(SUSPIRA)

Me han dicho que estarías aquí. Jona me ha dado la dirección.

-¿Qué quieres?

Tengo mucho trabajo y no pienso mover un solo dedo por ti.

-No vengo para dar pena ni nada por el estilo.

Tampoco quiero que me ayudes.

-Pues tú dirás.

-Quiero que ayudes a Carla.

Solo de pensar que pueda hacer

lo del otro día, no me lo perdonaría.

Este tío es bueno.

Le va a venir bien.

-Un terapeuta.

Conmigo funcionó.

(ROSA) Te lo agradezco mucho.

Me has hecho un favor enorme. Bueno, se lo has hecho a Nacho.

Sí, está desbordado, tiene muchas cosas.

Claro, verás, y por eso mismo,

quería pedirte, si no te importa,

que esta conversación quede entre tú y yo.

Pues muchísimas gracias, Rocío. Gracias.

Adiós.

-¿Rocío?

¿La clienta de papá? -Sí, tenía que hablar con ella.

La he llamado para que me ayude.

-¿Ayudarte en qué?

-Es que esta mañana ha discutido con tu padre

porque Rocío le ha pedido cambios en el diseño de las tarjetas

y tu padre se ha puesto hecho un energúmeno.

Ella se ha enfadado y le ha dicho

que no le piensa pagar nada

hasta que no termine su trabajo y que lo quiere ya.

-Que lo haga. ¿Dónde está el problema?

-No hay problema y lo tiene que hacer.

Pero por eso la he llamado.

-No te entiendo, mamá.

-¿No has visto cómo está tu padre, que está desquiciado?

-¡Hombre, por fin te has dado cuenta!

-Venga, no te burles, ¿eh?

Quedarse en paro a su edad no es plato de buen gusto.

Hoy es su primer día de trabajo y mira cómo está.

Nervioso. Por eso he llamado a Rocío

para que le dé más tiempo para entregar los cambios.

-¿Y te ha dicho que sí? -Sí, lo he conseguido.

Ahora me falta convencer a tu padre para que deje las pastillas.

-¿Qué pastillas? ¿Se está medicando?

-Peor, automedicando.

Se está tomando las pastillas que yo tomaba para la ansiedad.

-Pero tú ya no las tomas, ¿no?

-No, las dejé un poquito antes de que tú volvieras.

Y a la psicóloga también.

Lo que pasa es que las pastillas las abandoné poco a poco

porque son adictivas, ¿sabes?

-¿Te fueron bien?

-No lo sé, yo creo que sí.

Pero no me gustaba tomarlas, me daba miedo.

El médico me dijo que eran muy fuertes.

Y no consigo que tu padre entre en razón.

Llevó su tiempo.

Pero consiguió que volviera a tener ganas de vivir.

(GERMÁN SUSPIRA)

Mira, lo que te pasó fue una desgracia.

Para ti y para mucha gente. Pero si esto va de dar pena

para que hable bien de ti a Carla, no te va a funcionar.

(SUSPIRA)

Mira, Germán.

Si yo tuviera pasta, hoy mismo iría a ver a este tío.

Pero la que más lo necesita ahora es Carla.

-¿Y si no quiere ir?

-Bueno, pues haz que quiera. He pagado la primera sesión.

-¿No decías que no tenías pasta?

-Me conoce.

Y con lo que he sacado por la consola y el ordenador,

puedo pagar esto y el abogado.

-Ya.

Y no te valía con un abogado de oficio.

No te entiendo, de verdad. Dices que quieres ayudar a Carla

y pillas un abogado para que te defienda.

-Me importa una mierda ir a la cárcel.

El abogado es para la madre de Carla.

Y por favor, no le digas que estoy detrás de todo esto.

Si se entera, nos manda a la mierda a mí, al abogado y a terapeuta.

-Samu, tío.

-Por favor.

-Vale.

Vale, pero que conste que lo hago por ella.

-Ya somos dos.

Y ándate con ojo.

Creo que se huele que me contaste lo del otro día.

-Tío. -No pasa nada.

Estoy seguro de que podrás desviar su atención.

Pero haz que vaya cuanto antes.

-Lo intentaré, pero no te prometo nada.

-Gracias.

No seas tan dura con él.

Vale que tiene sus cosas, es verdad, no te lo voy a negar.

Pero este golpe yo creo que lo ha ablandado.

Está como más vulnerable, más cercano.

Ahora se parece más

a la persona de la que me enamoré.

-Pues avísame cuando le veas así,

a ver si tengo el gusto de conocerle.

-No le vas a dar ni un día de tregua.

-¿Se lo merece?

-Enriendo que hay cosas que si no las has vivido,

no las puedes entender.

Pero...

Cariño, la convivencia desgasta mucho.

Yo ahora estoy muy bien con tu padre.

Y no quiero que por esas pastillas todo se vaya al traste.

¿Entiendes?

-Que sí, mamá, si te entiendo perfectamente.

Pero aunque creas que las cosas van mejor ahora,

no te confíes, ¿vale?

-Vale.

Cariño, por favor, que siempre salgo horrible.

-Qué va, tonta. Siempre sales guapísima.

-Aquí la única guapa eres tú.

-Mamá. -¿Qué?

-Siento mucho que te tomaras esas pastillas por mi culpa.

-Cariño, estás aquí y eso es lo único importante.

¿Cómo puedes ser tan bonita?

(RÍE)

¡Quieta ahí, socia! Te estaba buscando.

He tenido una revelación y quiero saber qué te parece.

¿Sí? Te va a gustar la idea.

¿Estás bien?

Ah, sí.

Es que me ha dado un tirón.

He ido a tirar la basura y he hecho un gesto raro.

¿No me digas, un mal gesto?

Sí, o que he cogido frío, no lo sé.

¿No tendrás un fular por aquí? No.

¿Quieres que vayamos a la farmacia y que te pongan una pomada?

No, no, se me pasa ahora, estoy bien.

Espera.

Mira.

¿Qué te parece esta flor?

Ay, preciosa. Sabía que te iba a gustar.

He pensado que podemos colocar una en cada cesta

y combinarla con estos jabones, que hacen juego.

Ah, pues eso está bien, lo que pasa es que nos quedan tres.

Voy al almacén a coger más. Ni se te ocurra.

¿Dónde vas con el cuello así? Ya voy yo luego.

Mira, vamos a hacer una cosa.

Vamos a ir armando cestas. Sí.

Luego bajo yo.

¿Tan mal estás?

Pues la verdad es que sí.

No sé que me pasa, que lo tengo más agarrotado.

No lo sé. Ay.

Oye, Adela, ¿a ti te importa

si dejamos la comida para otro día?

¿Y no te puedes tomar algo?

Supongo que sí, pero en estos casos se recomienda hacer reposo.

Celia, ¿tan fuerte te ha dado?

Lo siento.

Bueno, qué se le va a hacer.

Ya iremos otro día.

¿Sabes lo que pasa? Que así no voy a poder disfrutar del plan.

Voy al puesto, cojo el teléfono, llamo al médico y ya.

Sí, será lo mejor. Sí.

Y yo voy a anular la reserva.

Vale, lo siento. Nada.

¿Tú qué haces aquí?

Tenía unos presupuestos pendientes y he aprovechado.

Muy bien, pero la próxima vez

que no esté en mi despacho y quieras venir me avisas.

Te tengo que contar de Javier.

¿Qué has conseguido?

Lo tengo comiendo de mi mano.

Ten cuidadito, no te muerda la mano.

¿Por qué, ha pasado algo?

(RÍE)

Que estás enchochado con Javier, tú lo has dicho.

Y no es bueno mezclar el amor con los negocios, porque al final,

se acaba el amor y los negocios.

Tranquilo, tengo muy presente lo que dice el abuelo siempre.

No hay que mezclar esto con el sexo y mucho menos, con esto.

El abuelo la teoría se la sabe muy bien,

pero la práctica, no tanto.

A ver si Javier va a ser tu Valeria.

Ya sé que te lo dije. Que quiera pasar un buen rato

con él no significa que esté enamorado.

Y tú sabes de lo que hablo, eres experto en estas relaciones.

(Timbre)

Anda, ve a abrir.

Papá, tengo que hablar contigo un segundito, ¿vale?

-Andrea, yo también quería hablar contigo.

Verás, lo del anuncio del grupo

no fue mi mejor idea.

Me metí en tu terreno y tengo que parar de hacerlo.

-No pasa nada, está bien.

-¿Seguro, firmamos la paz?

-Sí, firmamos la paz.

(RÍE)

¡Qué bien!

Ayúdame a preparar la mesa para el grupo de baile.

-Escúchame un segundito.

-Sobre la marcha. -Tengo que hablar contigo.

-Pero ya hablamos y te he pedido perdón.

-No es eso, te digo que tengo que hablar contigo.

-¿Qué pasa?

No ha sido fácil para mí tomar esta decisión.

Creo que es una buena decisión para ti

y a mí también me viene bien.

-¿El qué, Andrea, de qué estás hablando?

-Mira, verás... -Andrea, tú tranquilo.

Tómate tu tiempo.

Y aprovecho para darte una sorpresa.

Dame un momento.

(SUSPIRA)

Tú dirás que es eso tan importante que nos quieres contar.

¿Conoces la constructora Quiñón? No.

Eso te honra.

Son una pandilla de chorizos de mucho cuidado.

Y tú sí has tenido trato con ellos.

Gracias por el piropo, pero no tengo trato con ellos.

Cosa que no podrás decir a partir de ahora.

¿Cómo?

Son lo peor de lo peor.

Personal poco cualificado, mano de obra barata,

materiales casi de desecho.

Y seguridad cero.

Y tú vas a conseguir que sean ellos

quienes se ocupen de la reforma del mercado.

-Pero van a hacer una mierda. -Exacto.

Una mierda barata.

Por ahí vas a convencer a los comerciantes.

Después hablamos con Urbanismo y que traigan a un inspector

para que les acribille a requerimientos por defectos.

Pues suena muy bien.

Efectivamente. En el peor de los casos,

tendrán que hacer una reforma de la reforma.

-¿Y en el mejor?

-El Ayuntamiento cierra el mercado por riesgo de derrumbe.

Nos venderán los puestos a precio de coste.

¿Cómo lo ves?

Francamente bien, lo veo muy bien.

Siempre que no te relacionen con la empresa.

Ya te he dicho que a mí no me van a relacionar.

Eso te lo dejo a ti.

-Lo importante es que sea el gerente el que los elija.

-Ese es el único cabo que hay suelto.

Y os toca atarlo a vosotros.

Pues vamos a atar ese cabo y todos los que haga falta. ¿A que sí?

Así me gusta.

Los temas importantes, Andrea,

mejor afrontarlos delante de tu dulce preferido.

In babà di babà.

-Es que estoy flipando, papá.

-¿Qué pasa? Pensaba que te haría más ilusión.

-Siempre me haces lo mismo. -¿Qué?

-Siempre que la cagas, intentas hacer algo de padre enrollado

para solucionarlo y no, no funciona, papá.

-Perdona, no quería ofenderte.

Yo no sé qué más hacer.

Cualquier cosa que hago últimamente me equivoco.

Si te pido darme clases de guitarra, mal.

Si hablo con tus amigos, mal.

Si te preparo tu dulce, mal.

-¿Me puedes explicar esto por qué? ¿A qué viene esto?

-Es que cuando eras pequeño, te encantaba que te los hiciera.

-Cuando era pequeño, pero ya no soy pequeño.

Y me tratas como si lo fuera. -No.

Eso no es verdad. -Claro que es verdad.

Tienes remordimientos por perderme los instrumentos

y crees que con un plato de babà se me va a olvidar todo.

-Perdona. Lo sé y lo siento, no pude hacerlo peor.

Pero esto es diferente.

¿Sabes por qué me levanté a las seis para hacer esto?

-¿Por qué te levantaste a las seis?

-Porque sé que tu madre y yo te estamos haciendo mucho daño.

Y hace meses que no te veo sonreír como antes.

Y puede que tengas razón.

Que cocinar para ti sea una tontería.

Es lo único que se me da bien.

En todo lo demás soy un desastre.

Ya lo sabes.

-Tampoco es así, papá.

-Es la verdad. -No, tampoco es así.

-Yo lo único que quiero es que seas feliz.

Y verte sonreír, como cuando eras pequeño

y venías corriendo a abrazarme y darme las gracias por los babà.

Pero me he vuelto a equivocar. -No, papá.

No te has equivocado, pero tienes que entender que las cosas

ya no son como antes.

Mamá no está.

Nuestra familia no es lo mismo. -Ya lo sé.

Estamos solos tú y yo.

Y tú no sabes cómo...

Cómo te lo agradezco, no hay dulce suficiente en el mundo

para agradecerte que te hayas quedado.

-No te pongas sentimental.

-Yo lo único que quiero es que seas feliz.

Por eso a veces me meto donde no me llaman.

Pero yo soy así, lo siento.

Yo soy tu padre, Andrea.

A veces, para bien y casi siempre, para mal.

Pero te puedo asegurar que me tendrás siempre aquí.

Hasta cuando sea tan viejo

que no pueda levantar la pala para poner las pizzas en el horno.

-Ya te vale.

-Es que yo contigo tenía que nacer sueco, noruego.

Pero me parieron napolitano.

-Ya, qué le vamos a hacer.

-¿Qué era eso tan importante que querías hablar conmigo?

-Nada, papá, nada.

Que mañana tengo una audición para ser guitarrista en un grupo

y no te voy a poder ayudar.

-No te preocupes, eso es maravilloso.

¡Qué bien!

Bravo, amore mio!

Voy a atender a esos clientes.

Cómete un babà. -Vale.

-Va.

Buenos días.

Os podéis sentar.

¿Ahora piensas dedicarte al baloncesto?

No lo sé.

Por el momento estoy escuchando ofertas.

¿Para qué, para verlo en la tele?

A tu edad ya no puedes aspirar a mucho más.

¿Perdona?

Estás hablando con el seis veces campeón de triples de La Fanega.

Ah. Mi hijo ha ganado alguna vez.

Salió a su padre, claro.

Vengo de echar un partidito con él.

¿Y cómo está?

Bueno, algo lento de piernas, pero no ha ido mal.

¿Qué pasa? Que parece que te molesta.

No, no me molesta.

Pero flipo con que hagas como que no pasa nada.

Sé perfectamente cuál es la situación de mi hijo,

no se me olvida, créeme.

¿Seguro que lo sabes? Sí.

¿Tú viste cómo lo traje del restaurante?

Que no podía ni hablar.

Sí, sí, lo vi.

Pues entonces, porque lo viste, lo que me alucina

es que creas que porque mete tres canastas

ya se han acabado sus problemas con la droga.

No se han acabado, pero no le hace mal pasar tiempo con su padre.

Además, lo he visto, estaba más centrado que estos últimos días.

(SUSPIRA)

No, no me vengas con eso, por favor.

No me vengas con que estamos siendo alarmistas,

con que solo es una mala racha y que no está enganchado.

No.

Carla.

Huy, qué cara.

-No entiendo por qué se lo has contado.

-Vale, lo siento.

Estábamos discutiendo y le eché en cara

el daño que te estaba haciendo.

Le di a entender que casi mueres por su culpa.

-No quiero que sepa nada y tú vas y se lo cuentas el primer día.

-Ya, lo siento, no tengo excusa, soy un bocas, sí.

-Pues sí. No quiero que se entere de nada de mi vida.

No quiero que sepa si estoy bien o mal, lo quiero fuera.

-Me ha quedado claro.

-¡Qué mierda de mundo! Todo el mundo te falla.

-Te entiendo muy bien, más de lo que te imaginas.

-No, tú no me entiendes. Nadie me entiende.

Nadie entiende cómo me estoy sintiendo ahora mismo.

-Samu le jodió la vida a mucha más gente.

Yo también perdí a José. -¿Era tu familia, eh?

¿José era tu única ayuda?

Tú te ibas de farra con José o a tomar cafés.

Vale que te sintieras mal,

pero no puedes comparar, me ha hecho mucho daño.

-Mira, esto...

No debería ser una competición, pero...

José era mucho más que un amigo.

José era el amor de mi vida.

Jorge, no puedes ser tan optimista.

Las personas con una adicción, y lo sabes tan bien como yo,

son capaces de hacer y de decir cualquier cosa

con tal de salirse con la suya.

Crees que mi hijo me está manipulando.

Lo importante es lo que creas tú.

Ya lo sé.

Y he tomado una decisión.

Ne vuelvo a La Fanega con él.

Vale, pero ¿tú crees que el problema más importante

que tiene tu hijo es el restaurante?

No lo sé, Lorena, no lo sé.

Lo que sé es que quiero estar con él.

Se lo debo.

Lo voy a tener tan ocupado que no va a tener tiempo

para nada más que no sea cocinar.

Y necesito que me apoyes en esto.

Claro, le conoces mejor que yo, sabes lo que le conviene.

Espero que no te equivoques.

Y yo.

En dos meses estará limpio. Ya verás.

Y hablando de limpio, me voy a dar una ducha.

Chao.

Por eso José no quería que se supiera.

Yo cada día lo veía más dispuesto a dar el paso.

Pero por desgracia, no tuvo tiempo.

-Me sabe muy mal haberte dicho eso.

-Tranqui.

Yo pensaba que estaba dejando la tristeza atrás,

que lo estaba superando y, de golpe, llega Samu,

hala, lo revienta todo otra vez.

-Es una pesadilla que no se termina.

-Pues eso es lo que he vivido. Bueno, que hemos vivido.

-De repente, esta traición de Samu, sin venir a cuento, porque sí.

-Es como que la tristeza te atrapa, no te deja escapar.

Y lo peor es no poder desahogarte.

Yo me lo tuve que comer solito,

en mi habitación, llorando de rabia.

-Es que no entiendo por qué ha hecho algo así.

Si Samu también lo pasó fatal.

¿Por qué ha sido tan cobarde? -No sé.

No lo sé.

Pero hay que tirar para delante. Ya lo dicen.

Lo que no te mata te hace más fuerte.

Y yo te quiero fuerte.

Y no tirada en el suelo de ningún almacén.

-Me sabe muy mal haber sido tan borde.

-Yo he sido un bocas.

(RÍEN)

Oye, eh...

¿Te puedo pedir un favor?

-Claro.

-Me tienes que prometer que vas a ir.

Es un terapeuta, es muy bueno.

-Ya, es que no tengo... -No tienes dinero.

Ya lo sé, me lo imagino, pero no te preocupes por nada.

Confía en mí.

-¿A ti te funcionó con José?

-Bueno, lo mío fue un proceso lento.

¿Me prometes que vas a ir?

Puedes ir hoy, después de comer.

-Por algo se empieza.

Gracias.

(SUSPIRA)

¿No te tomas las cabezas de las gambas?

¿Te comes las cabezas de las gambas?

Vamos a ver, soy de barrio, pero no soy tan troglodita.

Me gusta sorberlas.

Aquí está lo mejor, el jugo.

¿Sabes lo que no tienes que sorber? Mi cuello.

Mira qué chupetón.

Medio kilo de maquillaje me he puesto para disimularlo.

Pues a lo mejor sí soy un poco troglodita.

Sí, te has pasado tres pueblos, es un pecado dejar eso ahí.

¿Por qué dices eso?

Cuesta un dineral, no estoy acostumbrada a comer así.

Es que hoy es un día especial.

En serio, no todo el mundo come así.

Estoy llena. Si no comes más, lo guardo.

Vale, pasemos a los postres.

Yo no tengo hoy el cuerpo para...

No sé, mejor lo dejamos. ¿Te parece?

Celia, conmigo no tienes que disimular ni poner excusas.

Si no tienes ganas, no tienes ganas.

No pasa nada, hacemos otro plan.

¿Vemos una peli? Venga.

A ver qué tienes por ahí.

Esta no la he visto. ¿Qué tal?

Pues bien, es una comedia romántica.

¿De verdad quieres ver eso?

Sale el guaperas inglés que os gusta a todas.

Hugh Grant.

¿Cómo? Hugh Grant.

Pues ese. ¿La vemos?

No tenemos tiempo.

Bueno, lo que nos dé tiempo.

Bueno, vale.

Vamos allá. Venga.

A ver qué tiene el guaperas este que no tenga yo.

Eh.

Ven aquí, ¿no?

Sí.

¡Eh, mira por dónde vas!

-Marcos, Marcos.

Espera.

Ven conmigo, vamos a sentarnos un poquito.

¿De dónde vienes? Marcos, mírame.

¿Te doy un vaso de agua? Ven, siéntate aquí.

¡Mírame!

¡Jorge!

¿Estás bien? Mírame.

Mírame, Marcos. ¡Jorge!

¿Qué te has tomado? Marcos.

¿Qué te has tomado?

¡Marcos! ¡Marcos, Marcos!

¡Hijo, Marcos, eh, eh!

¿Qué ha pasado, Lorena? No lo sé, se ha tomado algo.

Llama a una ambulancia, rápido. Eh, hijo, estoy aquí.

No puedes estar solo sufriendo por tu hijo, cariño.

No va a ser nada.

No lo sabemos todavía, cielo.

Le van a dar el alta en nada, confía en mí.

Jorge, por favor, déjame acompañarte.

He pasado por esto, solo es una llamada de atención del cuerpo.

Y Marcos va a reaccionar. Chicos, arriba.

Tranquilo, estoy contigo.

Me han dejado claro que va a ser todos los días igual.

Me voy a hinchar a hacer horas extra sin cobrar.

Este trabajo es una basura.

-No digas eso, vas a estar muy bien.

Te llevarás bien con tus compañeros.

Trabajarás más deprisa. -Lo voy a dejar.

David me necesita.

Llega esta tarde. Ya.

Bueno, qué le vamos a hacer.

Me ha sabido a poco el tiempo que hemos tenido para nosotros.

Ojalá hubiéramos tenido más tiempo.

Los dos sabíamos que tenía fecha de caducidad.

No te preocupes, que dentro de poco

me vas a tener que ver lo necesario.

-¿Por qué dice seso?

-Porque me voy a vivir con Jesús.

-A ver, mamá... -No quiero oír ni una palabra.

Ya soy mayorcita para tomar mis decisiones.

Estaba echando un vistazo a presupuestos de constructoras.

Está costando encontrar una que se ajuste al presupuesto.

-¿Con cuáles has hablado?

-Con un montón, no llevo la cuenta.

-Ya.

¿Conoces la constructora Quiñón?

-No me suena.

-Mi padre ha trabajado con ellos

reformando un almacén y está muy contento.

¿Por qué hay tanta comida? ¿Has hecho una fiesta?

No, claro que no. ¿Entonces?

No hay galletas, pero la nevera está llena de marisco.

Decírselo no le va a devolver a José.

Pero le puede dar paz saber que su hijo no mató a nadie.

-Sabes que no levantan cabeza.

Siguen con una depresión de caballo.

-Razón de más para decírselo.

-¿Y si deciden denunciarte? -Que me denuncien.

Asumiré las consecuencias, que hagan lo que tengan que hacer.

Lo siento, pero tengo prisa.

-Tú y yo tenemos que hablar. -No es el momento.

-Tú te callas. Y tú te quedas hasta que hablemos.

Al no verte en tu trabajo, Fuentes vino a verme.

Y le he tenido que contar la verdad.

-No me lo puedo creer. -No te enfades conmigo.

-¿Cómo que no? Hablas con una clienta mía a mis espaldas

y luego hablas con Fuentes a sabiendas que no quería

que nadie supiera que estaba sin trabajo.

-Nacho, por favor. -¿Con qué me vas a jorobar ahora?

-Por favor.

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Mercado central - Capítulo 77

14 ene 2020

Germán se reconcilia con Javier por interés y pronto tendrá que utilizarlo para los planes de Hortuño.
La relación de Celia y Elías deja de ser solo sexual.
Samuel se sirve de Germán para que Carla vaya a un terapeuta que pagará él sin que ella lo sepa. Germán cuenta a Carla que el chico que murió en el accidente de Samuel, Jose, era su novio y que por ello comparte su dolor actual.
Marcos convence a Jorge para volver a La Fanega, pero se viene abajo delante de todos.
Rosa refuerza a Nacho para su nuevo trabajo. De nuevo confía en él y no hace caso a la advertencia de Noa.
Andrea no consigue compartir con Paolo su decisión sobre Liverpool.
Valeria y Jesús se hartan de que su relación sea clandestina.

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