Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 75 - ver ahora
Transcripción completa

Me he quedado sin grupo.

Los compañeros me han echado al perderles los instrumentos.

-Bueno, pero eso no fue tu culpa.

-Ya. Díselo tú.

-¿Se lo digo yo?

-David, es... es otra forma de hablar.

Quiero decir que... que les da igual.

Que no les importa.

-Bueno, fue culpa de tu padre.

Si él se lo contara, se darían cuenta de que expulsarte fue injusto.

-No se lo quiero contar a él.

-Me tengo que ir pitando. -¿Por qué? ¿Ha pasado algo?

-Me han llamado del restaurante

de un amigo de Jorge, que Marcos está allí.

Se ha plantado en unas condiciones... Pues, imagínate.

-Que no nos vayamos a vivir juntos

no significa que no podamos pasar la noche juntos.

-¿Lo estás diciendo en serio?

-Claro.

Cuando cierre el puesto, me paso.

-Está bien.

-¡Ay! -¡Ahí estaré!

-¡Ay! -Pesado.

-Ese es mi colega.

Te veo ahí a las diez, ¿mmm? -Mmm.

-¿Ya te mandé la dirección? -Sí.

-¿Nos vemos? -Ahí estaré.

-Vale.

-La madre es esquizofrénica, servirá para bajarle la condena.

-No... no tengo ni idea, Samuel, lo siento.

-(CHASQUEA LA LENGUA) Pues lo que le faltaba a Carla.

Esto la destroza, ¿eh?

-Bueno, Samu,

nosotros no podemos hacer nada.

-Sí, yo sí que puedo.

Voy a conseguirle un buen abogado para sacarla de ahí.

Mira, tengo muchas cosas que hacer, la contabilidad de la droguería...

Si quieres, te ayudo, ¿eh?

Soy bueno con los números. No, no.

Gracias, lo hago yo sola. Bueno.

(CARRASPEA) Bueno.

La muerta de tu hermana, de José, no...

No fueron un asesinato.

-Conducir borracho

y provocar un accidente mortal eso es ser un asesino.

Y los dos que lo acompañan y que permiten que lo haga,

esos son los cómplices.

Llegó un momento

en que no podía funcionar si no me metía una raya.

Entonces ¿por qué me miras así, por encima del hombro?

Siempre te has creído mejor que yo.

En realidad, eres... eres un pringado.

Yo nunca me he creído mejor que tú.

(CARLA RESPIRA AGITADA)

(TOSE)

¿Hola?

¿Carla?

(TOSE)

Carla, ¡Carla! ¡Carla! ¡Eh! ¡Eh!

¿Qué cojo...? Carla, ¡eh!

(TOSE)

(CARLA TOSE)

(CARLA RESPIRA AGITADAMENTE)

-¿Estás bien? (CARLA TOSE)

-¿Bien?

¿Bien?

¡Joder...!

(CARLA TOSE)

-Voy a llamar a una ambulancia.

-No, no.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

No ha sido un accidente, ¿no?

(CHASQUEA LA LENGUA) Joder.

Suicidándote no vas a solucionar nada, Carla.

(SUSPIRA)

-Pues yo creo que lo solucionaría todo.

-No, no digas eso.

No digas eso, tía.

Mira, sé lo que te está pasando.

Y entiendo que estés jodida.

Lo entiendo, de verdad, pero es que...

Quitándote de en medio solo empeorarás las cosas.

-Yo no lo veo así.

-Hay mucha gente que te quiere.

Y que te necesita.

-¿Quién?

Dímelo, no lo veo.

¿Mi madre?

¿La de la cárcel?

¿Mi hermana, que no me habla?

¿Samu?

Samu es al único al que le importo, al asesino de mi hermana.

¿Qué pasa con lo que yo necesito?

Germán, yo no le importo a nadie.

-A mí sí que me importas.

Eh.

A mí sí que me importas, Carla.

-Si yo solo...

Solo quería estar en paz por una vez en mi vida.

-Ya.

Pues habrá que buscar otra manera de conseguir esa paz.

-¿Y si denuncio a Samu?

Es lo mínimo que puedo hacer por mi hermana.

¿Por qué te callas?

¿Te parece mal?

-No sé, no lo había pensado nunca.

Mmm...

Supongo que sí, que es la forma más justa

para los que murieron en ese accidente.

Bueno, eso... y que tú y yo tiremos para adelante.

A ver, este, por aquí.

Ah, gracias. Buenos días, señoras.

¿Qué tal?

¿Qué podemos hacer por ti?

Más bien qué puedo hacer yo por vosotras.

Porque, visto el jaleo que tenéis con vuestros repartos,

las furgonetas, los conductores,

necesitaréis una empresa de reparto, ¿no?

O no pretenderéis que lo haga siempre yo.

Si conoces a alguien que nos lo pueda hacer barato...

Somos una empresa humilde, estamos empezando...

Sí, la conozco.

Yo.

Yo os lo puedo hacer muy baratito.

Os ofrezco mi flota de furgonetas y conductores.

Por el precio, seguro que llegamos a un acuerdo.

Todavía somos familia, ¿no?

¿Qué te parece?

Que gracias, pero no.

Lo que tú quieras, ¿eh?

Es que prefiero no mezclar lo personal con el trabajo.

Te agradezco muchísimo que nos echaras una mano.

Tu intervención fue providencial.

Estábamos realmente en un lío. Lo hice de buen agrado y lo sabes.

Ya, pero prefiero

no tener que ver contigo en estas cosas, ¿mmm?

¿Estás segura, Adela?

¿Crees que me hubiera separado de él si fuera de fiar?

¡Oh!

Eso ha dolido.

(Móvil)

Perdonad.

Proveedores.

Mira, Adela, lo entiendo y no me quiero meter.

Pero tampoco te pide que vuelvas con él.

Solo nos ofrece las furgonetas.

Celia, ya te he dicho que no.

Hemos quedado en que aquí se toman las decisiones por unanimidad.

Y creo que no es bueno mezclar sus negocios con los nuestros.

Sí, es verdad, en eso te doy toda la razón.

Déjame que le pregunte, a ver si tiene

algún contacto de proveedores, ¿te parece bien?

Sí. ¿Sí?

Bien.

Hola, buenos días.

-Buenos días.

-Ay... -¿A qué hora llegaste anoche?

-La verdad es que acabamos tarde.

Sí, fue un cumpleaños muy divertido.

Ah. Había gente que no veía hace un montón.

-Qué bien, ¿no?

Me gusta verte contento.

¿Y quiénes estaban?

-Uf, todo el mundo.

Estaba Jorge Palomar.

María Marcote, José Manuel Font.

Rulo, el Frutas.

Como siempre, con la manzana en el bolsillo.

-Qué grande.

¿Y qué hacen? ¿A qué se dedican?

-Jorge está de jefe de maquetación en un periódico deportivo.

Luego, Óscar y María están de... de "freelance", buscándose la vida,

como todos. -Mmm.

-El que está jorobado es Fuentes.

Le ha venido bien echarse unas risas.

-¿Y eso?

-Porque se ha separado.

Y una movida de la leche.

Cuando la vida aprieta, aprieta de verdad.

-Vaya. Pobre, ¿no?

-Sí.

Además, de... de trabajo va bien, aunque un poco justo,

y, claro, ahora, con el divorcio, se tiene que ir de casa.

-Ya.

Pues no, no aceptamos tu oferta.

Si tienes

contacto de transportistas, te lo agradeceríamos.

Pues, si no aceptáis mi oferta,

os puedo poner en contacto con Maldonado.

Tiene una empresa de transportes potente, grande.

Sí. Muchos repartidores y furgonetas.

Y, aparte, es de fiar.

Sí, conozco a Maldonado y no está mal.

Pero va a ser caro para nosotras.

Yo, si queréis, si queréis,

hablo con él y negocio el precio, es amigo.

Bueno, lo de negociar el precio me parece bien.

Pero no lo harás tú.

Lo haremos nosotras, no somos idiotas.

Y la empresa es nuestra.

Pues nada, lo llamo por teléfono

y os cito cuando él pueda veros, ¿de acuerdo?

Tengan un buen día, señoras.

Elías. Dime.

¿Germán está en casa?

Pues ayer llegó tarde y cuando he salido seguía acostado.

Dime lo que tengas que decirme,

pero no aguantaré miraditas toda la mañana.

Mira, solo una cosa.

Está claro que Elías te quiere.

Siempre está por aquí, dando vueltas, rondándote.

Intentando ayudarte como sea, ¿no lo ves?

Sí, claro, pero no significa que le vaya a perdonar.

No va a ser tan fácil para él como conseguirnos una furgoneta.

Además, Celia, deja de intentar salvar nuestro matrimonio.

Hablemos de la reunión con Maldonado, es lo que importa.

Vamos a organizarnos.

No hará falta que vayamos las dos.

Y así no desatendemos todo esto.

Aquí hay muchas cosas que hacer. Sí.

¿Prefieres ir tú o prefieres quedarte?

Me da que prefieres que vaya yo.

Pues te lo agradecería, sí.

Vale.

Ha encontrado un piso que está muy bien y bien de precio.

Pero uno de sus clientes potentes le debe una factura gorda.

Y no tiene ni para la fianza.

Anoche me dio tanta pena que... que le presté el dinero.

Le hice una transferencia con el móvil.

-¿Le has prestado el dinero? ¿Tú?

Pero si no tienes trabajo.

-Es igual, Fuentes es de confianza.

En cuanto cobre, me lo devolverá.

-¿Y le has dicho que estás en paro?

-(RESOPLA) No, no, bastante triste era todo ya.

-(SUSPIRA) Y a tus amigos tampoco les has dicho nada, ¿no?

Vamos a ver, Nacho, habíamos quedado

en que esa fiesta también podía ser

una oportunidad para poder conseguir contactos.

-Bueno, no me apetecía sacar el tema, ¿vale?

Todo el mundo está igual, la cosa está jorobada, Rosa.

No quiero ir por ahí dando pena, es cosa de amor propio.

No quiero ser el pringado.

-No, no lo has hecho por puro orgullo.

-No, no quería ir compartiendo mis miserias con nadie.

¿Vale? A nadie le importan.

Además, más de uno se alegraría.

-Pues que se alegren, ¿qué más te da?

A ver, que estar buscando trabajo no es malo, Nacho.

Estar en el paro no te tiene que dar vergüenza,

no es culpa tuya.

-No, pero no me siento cómodo contándoselo a todos.

¡Soy así de imbécil!

¿Es lo que querías decir? -No, no.

Vale, perdona.

Es que no quiero que te sientas mal por esto.

Tú eres... Tú vales mucho y vas a salir adelante, lo sé.

-Solo quiero que lo entiendas.

(SUSPIRA)

¡Dios!

Nada, apagado o fuera de cobertura.

¡Qué bien!

-Bueno, tampoco es para preocuparse tanto.

-¡Ya estamos, porque no es tu madre, claro!

¿Y si le ha dado un síncope o está medio muerta sin ayuda?

-No seas exagerada, seguro que está bien.

¡Ay!

-Mira, por ahí viene.

-¡Mamá, me has dado un susto de muerte!

Te he llamado, ¿por qué no coges el teléfono?

-Porque me he quedado sin batería.

Y tampoco es para ponerse así, digo yo, me he retrasado un poco.

-Mamá, que tienes casi setenta años,

que no eres una quinceañera irresponsable

que se va de marcha sin decirlo. -Buen, vale ya, ¿eh?

Vale ya, que tampoco es para ponerse así.

Y si tengo casi setenta años para unas cosas

los tengo también para otras.

No me riñas como si fuera una niña, ¡hombre, ya!

-Si es que encima se enfada conmigo, ¿tú te crees?

-Pero ¿cómo no me voy a enfadar?

No puedes hacerme ningún reproche.

Si he renunciado a irme a vivir con Jesús.

-Solo faltaba, te drogó y casi te da un patatús.

Lo llevé a casa, le di una ducha y lo metí en la cama.

Como si fuera un niño.

Pero ya no es un niño, Lorena.

No sé el tiempo que podré retenerlo en casa, no sé.

Se irá cuando le dé la gana.

Yo no puedo hacer nada más.

Es que lo miro y es como si me viera a mí mismo.

Como si me mirara en un espejo.

Orgulloso, arrogante.

Meticuloso hasta lo ridículo.

Brillante pero un déspota con todo el que cree que no está a la altura.

Supongo que no he sido un buen ejemplo.

Y a mi mujer... A mi mujer se lo he puesto aún más difícil.

Fue la que se dio cuenta de que yo tenía un problema.

Antes de que todo se desmadrara.

Yo me metía constantemente.

Tenía que estar a la altura y...

No defraudar a nadie, estar en la cresta de la ola.

Y me metía una y otra vez, y otra, y otra.

Ella me suplicó que buscara ayuda.

Yo le dije: "¿Para qué? Si estoy bien".

Yo era tan listo.

Un día, Carolina cometió un error.

No recuerdo qué era, pero era una tontería.

Y yo me puse como una fiera.

Acabé destrozando todos los platos con una ira que no podía controlar.

Ya.

Tendrías que haber visto su cara.

Estaba aterrada.

Nunca la había visto mirarme así, nunca.

En ese momento, entendí que tenía un problema.

Y que se me estaba yendo de las manos.

Carolina cogió a Marcos.

Y se fue de casa, hasta que lo superara.

Que saliera de aquello.

¿Y sabes qué?

Que lo hice.

Era tan orgulloso que no pedí ayuda.

Salí yo solo, porque sí, lo dejé.

Ya está, se acabó.

Y decidí recuperar a mi familia.

Pero ya no estaban.

Si no me voy con Jesús

no es por ti, es por Samuel.

Y el pobre, que es menos egoísta, me ha dicho que haga mi vida.

-Menos mal que has entrado en razón.

Que voy a dejarle irse con el De la Cruz.

-¡Eh! ¿Qué?

¿Que no me vas a dejar a mí hacer lo que me dé la gana?

Pero ¿quién te crees que eres?

-Tu hija, mama, tu hija.

Que se preocupa por ti, lo que le toca.

-Mira, me voy a ir al bar a tomarme un aperitivo.

Como me quede aquí,

la vamos a tener.

Y no quiero, Carmen.

No quiero. -Mama, ven aquí.

¡Mama, por favor! ¡Mama!

¿Qué? -Que no la presiones, Carmen.

Acuérdate la que liaste con Jesús

cuando le fuiste con lo del dinero, casi te quedas sin madre.

-¡No compares, no tiene nada que ver!

Mi madre se está jugando la salud.

Jesús es un inconsciente.

Come, bebe y fuma como si no hubiera un mañana.

Lo que no quiero es que mi madre, por su locura, acabe en la tumba.

-Bueno, Carmen, no seas exagerada, mujer.

-También lo era con Samu y Carla y mira dónde están.

Conseguiste dejarlo tú solo.

Yo no sé si hubiera podido sin el centro.

Me ayudaron tanto.

Llevaba seis meses sin meterme nada y me sentía bien, me sentía fuerte,

y decidí, bueno, coger el toro por los cuernos

y enfrentarme a mi hijo, intentar salvar la relación.

(RÍE) Pero no, aquello era insalvable.

Oficialmente, era un padre fracasado.

Así que, bueno, volví a meter la cabeza en el trabajo.

¿Y Carolina?

Con ella lo hice aún peor.

La convertí en mi rival.

Cuando debería haber sido mi mejor aliada, pero no.

Yo era así de guay.

Al final, acabé con todo.

Mi restaurante, mi matrimonio.

Mi relación con mi hijo, mi vida, todo.

Y me vine para acá.

Huyendo del mundo y... y de mí.

Esa es la maravillosa historia de mi vida.

¿Por eso no quieres volver al restaurante?

¿Porque te da miedo la presión y... volver a caer?

No, creo que el problema no es el restaurante.

El problema soy yo.

Jorge.

Lo primero que tenemos que hacer es recuperar a tu hijo.

No va a ser fácil, pero...

Lo que tengo muy claro es que no lo voy a dejar solo.

No quiero que pase por lo que yo pasé.

Eso, nunca.

Hey, ¿cómo vas?

-Mejor, me duele un montón la cabeza, pero mejor.

Escúchame.

De todo esto, por favor, no le cuentes nada a nadie.

-No te preocupes.

Quería darte esto.

El teléfono de una abogada. La he llamado.

No le he dicho nada, que tú la llamarías.

Ella te dirá qué hacer y cómo hacerlo si aún quieres denunciar a Samu.

-Gracias.

-¡Carla! Carla.

-¿Qué quieres? -Solo hablar contigo.

-Pues no puedo, es que tengo... -Mira.

Sé lo que sientes.

Piensas que no podrás perdonar a Samu nunca.

Y yo lo entiendo, ¿eh?

Pero entiéndeme a mí, que soy su madre.

Yo tengo que defenderlo.

Solo quiero hablar un momento.

Yo también soy responsable de lo que pasó.

Porque supe la verdad a la vez que Samu

y... y no hice nada.

Podía haber hecho algo, pero no hice nada para separaros.

Cuando... cuando Samu supo la verdad, ya era demasiado tarde, Carla.

Se había enamorado de ti y eso no hay quien lo pare.

Y lo ha pasado fatal.

Por un lado, te lo quería contar, pero, por otro, pues...

Tenía mucho miedo a perderte.

-Pues finge de coña, porque yo no noté nada.

-Pues te aseguro que fue así.

Habría sido más fácil que no te lo contara.

¿No? Pero te lo contó porque es un valiente.

-Oh.

-No quería seguir construyendo vuestra relación sobre una mentira.

Lo ha arriesgado todo por decirte la verdad.

Espero que eso lo valores.

Él es muy consciente de lo que ha hecho.

Y tiene su castigo.

Porque la culpa que él siente por estas dos muertes

la va a llevar con él toda la vida.

-Eso es su problema.

A mí, eso me da igual, Carmen.

-No es verdad, te importa, lo quieres y no quieres que sufra.

-No, no me conoces, Carmen.

-No sabes por lo que ha pasado Samu después de ese accidente.

Pensábamos que nunca iba a volver a ser el mismo.

No sabes lo que nos costó sacarlo de esa depresión.

Carla, si ahora no arreglamos todo esto,

va a volver a hundirse.

-Ya te he dicho que ese no es mi problema.

-Tú sabes que Samu es una buena persona.

Tiene derecho a ser feliz, a rehacer su vida.

Tú lo quieres.

No va a pagar toda la vida por un solo error.

Tienes que perdonarlo.

Por favor, piénsalo.

(SUSPIRA)

Germán. ¿Cómo estás?

Bien.

Bueno, ahí voy.

Pero ¿todo bien?

¿Tanto se me nota que estoy en la mierda?

Soy tu madre.

Y tú, para mí, siempre has sido transparente.

Tampoco te pases, mamá.

Bueno, también te vi hablar con Lorena.

Aunque, más que una charla, parecía una confesión.

Hasta me puse celosa y todo.

¿En serio?

Sí, porque... yo, antes, era tu confidente.

Y ahora es que no me cuentas nada.

Ya. Ya, tienes razón.

No sé, lo de Lorena surgió, así.

¿Estás enfadada?

Claro que no.

Pero quiero que sepas que estoy aquí.

Dispuesta a escucharte siempre que lo necesites,

¿de acuerdo?

Gracias, mamá.

Voy a meter esto.

Vale.

Te espero.

¿Una copita?

No.

Elías, tenemos una reunión de trabajo.

¿Y qué? Siempre he mezclado el trabajo con el placer.

Ya lo sabes. Yo estoy en contra.

A ver qué le podemos ofrecer a este hombre.

¿Qué le vamos a ofrecer? Absolutamente nada.

Que nos haga un muy buen precio. Tú déjame a mí.

Tendremos que explicarle cuáles son nuestras necesidades

y que nos haga sus ofertas.

(RÍE) Hay que ser flexibles.

Se nota que no estás de este tipo de negocios.

Bueno. Y que no conoces a Maldonado.

No es mal tipo, ¿eh?

Pero es de todo menos flexible.

Este es un usurero, un tacaño. Va a pelear hasta el último céntimo.

Hay que dejarle claro desde el principio

que esto son lentejas.

De todas maneras, si le caemos bien, seguro que nos hace un descuento.

Si le caemos bien, ¿no?

Así funcionan las cosas en tu mundo.

Claro, la gente te hace descuentos porque le caes bien.

Y te paga en abrazos.

Y no hay mayor beneficio que la sonrisa de un niño.

La gente es buena, Elías. Sí.

Deberías fiarte más, te iría mejor.

Sí, yo antes conocía mucha gente de esa, buena, ¿no?

Sí. Sí.

¿Sabes dónde están todos? En el paro.

Y sus empresas,

en la quiebra.

¿Sabes por qué? Por fiarse de la gente buena.

¿Te estás riendo de mí o qué?

No.

No, me estoy riendo de los dos.

¿Sabes? Desde fuera, somos exactamente lo que parece.

Tú, un tiburón, agresivo, desconfiado.

Y yo, una hormiga, metódica y trabajadora.

¿Tú qué propones?

Confía en mí. Vamos a hacer las cosas a mi manera.

Error.

Sin un plan marca De la Cruz,

este te come por las patitas, te lo digo yo.

Vale, pero hoy mando yo.

Tú estás aquí como consejero.

Lo de las cestas es mío y de tu mujer.

Así que mando yo.

¿No lo haces siempre?

(Timbre)

Ay. Bueno, pues...

A ver cómo encaro esto.

¿Cómo lo vamos a hacer? Como se hacen estas cosas.

¿Cómo? Improvisando.

Hijo, yo sé que esto es cosa tuya y no me contestes si no quieres.

Pero ¿estás así por Javier?

(RESOPLA)

Pues... sí y no.

Esa respuesta no me aclara nada, ¿eh?

(RÍE)

No sé, la verdad es que Javier es... es un tío guay.

Y parecía que nuestra relación podía llegar a un lugar serio.

¿Parecía?

Sí, han pasado cosas.

¿Qué tipo de cosas?

¿Germán?

¿Recuerdas el accidente de Samu?

Murieron José y la hermana de Carla.

Como para olvidarlo.

Pues claro que sí, menudo horror.

Pues... ahora resulta que el que conducía

no era José, como dijeron en el juicio,

era Samu.

Dios mío, ¿qué me estás diciendo?

Pues sí.

La verdad es que todo esto me tiene un poco revuelto.

Lo que no entiendo es qué tiene que ver Javier con todo esto.

Germán.

José y yo teníamos una relación.

Era mi novio.

Pero ¿por qué no nos dijiste nada?

Pues por él.

Porque le daba pánico que la gente lo supiera,

sobre todo, su padre, que no le iba a entender y...

y le iba a odiar.

Le horrorizaba salir del armario.

Yo le animaba a hacerlo, era lo mejor para él, para nosotros,

pero no hubo manera.

Lo siento muchísimo.

Ahora entiendo por qué te afectó tanto aquel accidente.

Y, bueno, muchas cosas más.

José era el amor de mi vida, mamá.

Me sentí tan solo.

Pasé todo el duelo en secreto, como,

no sé, como si hubiéramos estado haciendo algo malo.

No entendía cómo podía haber sido tan irresponsable,

él no era así.

Él no hubiera cogido nunca un coche sin estar en condiciones.

Lo siento muchísimo.

Pero ¿por qué no me lo contaste?

Pues más de una vez lo pensé.

No sé, no me parecía justo

contarte algo que José no quería que se supiera.

Siento no haber estado pendiente de ti, hijo.

Si yo hubiera sabido por lo que estabas pasando...

Ya, quizás me hubiera aliviado un poco, sí.

No sé, mamá, no quería hablar de José.

Hacía poco que os habíais enterado que yo era gay

y papá, bueno, pues no lo llevó muy bien.

Ya.

Ya me imagino lo que debes haber sufrido

y lo que estarás sufriendo reviviéndolo todo.

Pero lo bueno es que ahora sabes que José no fue culpable de nada.

¿Mmm?

Te presento a Celia, una buena amiga.

Encantada. Lo mismo digo. (RÍE)

Con "una buena amiga" quiero decir

que es una muy buena amiga. Ah.

A ver cómo nos portamos con el precio, te conozco.

Las amigas de Elías son mis amigas.

Pero seguro que comprende que todos tenemos que comer.

Claro, esto nos tiene que beneficiar a todos.

Un momento. Ah.

Esto es lo que vendemos

y lo que necesitamos que transportes.

No me digas que no es un producto bonito.

Pues sí. Pero nosotros llevamos de todo.

Cosas bonitas.

Cosas horrorosas.

Mientras nos paguen bien...

Mmm.

Déjame decirte algo, ¿mmm?

Sí, un consejo de madre.

No dejes que el miedo te paralice.

No lo niegues, es así.

Yo también he estado ahí.

Y lo que le pasó a José...

Bueno, tú has vivido el duelo como has podido.

Pero la vida sigue, Germán.

Ya, ojalá fuera tan fácil. No, no digo que lo sea.

Pero estás ilusionado con Javier.

Eso es evidente.

Y a mí me gusta para ti.

¿Quiere decir que apruebas nuestra relación?

Le pongo un sobresaliente, un 10. Ah.

Bueno, no, un 9,9.

Hay que dejar un poco de margen.

Nadie es perfecto.

Eres generosa con las notas. Contigo.

No lo conoces tanto.

No sé, a veces tengo dudas, mamá.

O sea, sí, Javier me gusta y...

Y creo que siento algo por él.

Pero... no es lo mismo que sentía por José.

Y tengo miedo de que acabe decepcionándome.

Todo el mundo acaba decepcionándote antes o después.

Pero cada persona

te decepciona de una manera diferente.

Supongo que ahí está la gracia.

¿Sabes?

Los primeros amores son mágicos.

Y a los que vienen después les cuesta mucho estar a la altura.

Pero eso no significa que no haya que vivirlos.

Dale una oportunidad a Javier.

¿Qué puedes perder tú? ¿Mmm?

Sé que no es justo para él.

Está compitiendo contra José.

Lo quería tanto, mamá.

Ya me lo imagino, porque no hay más que verte.

Pero la vida te ha puesto a Javier en tu camino.

Y yo creo que estas cosas no pasan nunca por casualidad.

Aprovecha la oportunidad.

Porque no hay nada peor

que arrepentirse de lo que no se ha intentado.

¿Mmm?

Entonces, estamos de acuerdo.

Sí. (RÍE) ¿No?

Encantada, un placer. Lo mismo digo.

Gracias por todo, Maldonado. De nada, hombre.

Estamos en contacto.

Venga, cuídate. Venga.

¿Ves?

¿Ves como iba a ser un éxito? Lo sabía yo.

Yo diría que... Ay, has dado fuerte.

Yo diría que es más que un éxito.

Yo no le he visto a este hacer un descuento así en su vida.

Claro. De verdad.

Yo tenía razón, un poquito de mano izquierda.

Y yo creo que porque yo estaba delante,

si no, es capaz de hacértelo gratis, en serio.

No he dicho nada que no sea verdad, ¿eh?

Nosotras somos un par de empresarias que estamos empezando

y estamos luchando por nuestro sueño.

A mí me ha gustado más la parte en la que casi te pones a llorar

diciéndole la de trabas

que tenéis para llevar adelante vuestro negocio romántico.

¿Cómo era? "No sabes lo difícil que es...

¡Serás pedorro! ...en este país ser empresaria".

Pues es verdad, ¿o no? Sí, sí.

Pues ya está.

Tú tampoco has estado mal.

Es que yo impongo mucho.

Te lo digo en serio. Sí, sí.

Hay veces que no me hace falta ni hablar.

Se me ponen a contarme las cosas, yo me quedo muy serio, los miro

y empiezo a decir "no" con la cabeza.

Y ellos siguen.

Y yo...

Y van aflojando, aflojando, hasta que, al final,

entregan la cuchara, te lo digo en serio.

La próxima vez que tenga una negociación dura,

te voy a llamar, que hacemos un buen equipo.

(CHASQUEA LA LENGUA)

¿Sabes lo que pasa? El equipo lo hago con tu mujer.

¡Andrea! ¿Qué haces aquí?

¿No tenías ensayo hoy?

-No, lo hemos pasado a mañana.

-¿Y eso?

-Que no nos venía bien a ninguno ensayar.

-Pero ¿no tenías que ensayar para el festival?

-Yo qué sé, papá, ya ensayaremos, no seas pesado.

-Andrea.

¿Es por lo que pasó con los instrumentos?

Tus compañeros se enfadaron contigo.

Mira, si quieres, yo puedo hablar con ellos.

Explicarles que no es tu culpa,

que... que es el desastre de tu padre el que metió la pata.

-No, papá, escucha.

No hagas nada, prefiero no empeorar las cosas.

-¿Dónde vas, Andrea?

¡Andrea!

Mira, Valeria, ¿qué te parece este? ¿Eh?

Los cactus están muy de moda.

Y aguantan de todo.

Pero eso está lleno de pinchos.

Quita, ya bastante me pincha mi hija todos los días.

Anda, que se te ve contenta hoy.

Ay, sí, no tengo un buen día, hija, perdóname.

Es que mi hija está insoportable.

No pasa nada.

La familia, esa fuente inagotable de problemas.

Anda, que si yo te contara... Mmm. Yo también te podría contar.

Pero ya me imagino que sabrás por dónde van los tiros.

Sí, algo me ha contado Germán.

Lo del accidente de Samu, ¿no?

Una tragedia, hija. Pues sí.

Lo siento por mi nieto,

con lo buen chico que ha sido siempre.

Esta historia le está marcando la vida, de verdad.

Y encima me dice mi hija

que no me implico con los problemas de la familia.

¿Qué te parece? ¿Tú?

Sí, yo.

Si no me importara, me habría ido a vivir con Jesús.

Pero no, aquí estoy.

Al pie del cañón, ¡para lo que haga falta!

Además, no sé qué tiene que ver una cosa con la otra, Valeria.

Porque tú tienes derecho a vivir tu vida.

Si quieres vivir con Jesús,

¿por eso no te importa la familia?

No, hombre, no. Pues claro que no.

Ya le he dicho yo que lo que haga con mi vida es cosa mía.

Y, por más que me diga que no,

me dan ganas de mandarlo todo a la porra

para irme a vivir con Jesús.

Pues muy bien dicho.

Es tu vida, tienes que hacer lo que quieras.

Pues eso mismo dice mi nieto. Pues, entonces,

si tu nieto, el afectado, está de acuerdo, ni te lo pienses.

Hija. ¿Qué?

Me alucina que... que sigas creyendo en la pareja.

Con lo que te está pasando, perdóname, no te ofendas, pero...

Pensé que así ibas a estar más descreída.

Bueno, yo creo que...

Una de las peores cosas que me ha pasado

es la ruptura mi matrimonio.

Pero ¿sabes una cosa?

Yo no me arrepiento

ni de uno solo de los días que he pasado con Elías.

A nuestra manera, hemos sido una pareja feliz.

¿Y sabes qué?

Eso no me lo quita nadie, nadie.

Ay, Adela.

(SUSPIRA)

Rosa.

-¡Hombre, Fuentes!

-Hola.

¿Qué tal? -¿Qué tal?

-Bien, ¿y tú?

-Bueno, pues... Aquí, ya ves.

¿Todo bien?

-Un año más viejo, pero bien.

-Ya me dijo Nacho que lo pasasteis muy bien en el cumpleaños.

¿No? -Sí.

La verdad es que estuvo muy bien.

Justo ahora vengo de la oficina de Nacho.

Quería charlar con él un rato y darle las gracias,

pero... me han dicho que ya no trabaja allí.

-No, ya no está en la empresa.

-Ah.

Qué raro que Nacho no nos dijera nada anoche.

-Pues sí, es raro, sí.

-¿Él está bien?

(ROSA SUSPIRA)

Pues, mira, no, no está bien.

No, no está bien, Fuentes.

El despido fue una puñalada trapera y...

Lo llevó fatal, ¿sabes?

Ahora está sin trabajo, está buscando, pero no le sale nada.

Tiene algún trabajillo que otro, muy mal pagado.

En fin.

-Vaya, vaya, vaya.

Lo siento.

-Estoy muy preocupada por él.

Porque, además, tiene una actitud que no le ayuda.

Ni siquiera a vosotros, a sus amigos,

os ha contado nada.

Oye, te agradecería mucho

que... que no le dijeras que te he dicho nada.

-No, no, no, no te preocupes.

Conozco a Nacho, es un tío estupendo, generoso, currante...

-Sí.

-Pero orgulloso como él solo. (ROSA RÍE)

A mí me lo vas a decir.

-Debió decirlo en el cumpleaños.

Lo mismo alguien sabía algo de curro.

Le podíamos haber echado un cable o darle algún contacto.

-Eso mismo le dije yo, pero le avergüenza no tener trabajo.

-Si lo llego a saber,

no le dejo que me preste el dinero.

Pero Nacho es así, antes muerto que reconocer que no le va bien.

-Oye, Fuentes,

si te enteras de algo,

¿le podrías hacer llegar esa información de alguna manera?

-Sí, claro que sí, no te preocupes.

Carla, Carla, Carla.

Carla, espera un segundo.

A ver.

(SUSPIRA) Ya sé que estás enfadada, ¿vale?

Y... y lo entiendo.

Solo... solo, bueno, quería pedirte perdón.

Por... por todo.

Con el tiempo me he dado cuenta de que lo que hice fue una cagada.

Pero te juro que en aquel momento pensé que hacía lo correcto.

-¿Y te das cuenta ahora?

Has estado culpando a otra persona de lo que hizo Samu.

Es un asesino, y tú también lo eres, todos lo sois, por haberle dejado

conducir borracho y sin carné.

¿Y me pides perdón?

¿A mí? ¿Para qué?

¿A mí de qué me sirve, Jonathan? Si mi hermana no va a volver.

Si yo tengo que vivir con esto,

vosotros también, lo siento. -Carla.

Te juro que en aquel momento, si hubiera sabido lo que sé hoy,

si hubiera sentido lo que siento,

no lo hubiera hecho.

Pero no te conocía de nada, tía.

Ni a ti ni a tu hermana.

Y José... José había muerto.

La policía dio por hecho que conducía él.

Pasó todo muy rápido, tía.

No fue nada planeado.

Y, sí, me callé.

Peor ¿para qué iba a hablar? ¿Mmm?

¿Para joderle la vida a Samu?

-Los padres de José han estado durante muchos años

pensando que su hijo era un asesino.

Ellos tenían derecho a saber la verdad.

Igual que mi familia tenía derecho a saberla.

La verdad, Jonathan, la verdad es muy importante.

-Tienes razón, la verdad es importante.

Pero, Carla, de verdad,

en aquel momento solo pensaba en Samuel.

En Samuel y en recuperarme yo y en salir de toda aquella movida.

(CARLA SUSPIRA)

-Carla, Samuel es mi amigo.

No quería que fuera a la cárcel, de verdad.

Y, mira, no sé si me alegro o no de haberlo hecho, pero...

Fue lo único bueno que conseguí sacar de aquello,

que Samuel no fuera a la cárcel, que siguiera con su vida.

-Voy a denunciar a Samuel.

-¿Qué?

-Es lo mínimo que puedo hacer por mi hermana.

-Lo... Lo siento, Carla, pero...

Ya no se puede.

El delito ha prescrito.

-¿Qué?

-Sí.

(RESOPLA)

O sea, que por eso ha decidido contármelo ahora.

No le iba a pasar nada malo.

-No, no, Carla.

-O sea, que tú se lo dijiste y él ha decidido

aprovechar la ocasión porque no le podía pasar nada malo.

-No, Samuel no sabe nada. -Buah.

-Yo no le he dicho nada. -¿Cómo podéis ser tan cobardes?

¿Y tú, después de todo esto,

después de mantenerme aquí, en una mentira, hasta el final,

tú querías venir aquí y contarme tu versión de los hechos?

-Que... -Y que le perdone.

-Que no, que no. -Y hacer como si nada.

-Que no, Carla.

Quería que supieras que fue un accidente

que nos jodió la vida a todos.

Que no fue nada planeado. Y Samuel no sabe nada.

Yo no le he dicho nada, él no sabe nada.

-¿Cómo te voy a creer si todo ha sido una mentira?

Mira, Jonathan.

Madura, ¿de acuerdo?

Afronta lo que has hecho y pírate.

¡Ya!

Hola.

Sí, ¿con Ana Villa, abogada?

Soy Carla Rivas, quería hacer una pregunta.

Sí.

Sí, sí, espero.

No, no, vamos a ver, no te voy a bajar más el precio.

Jonathan me dijo que querías el ordenador y la consola.

Si no te interesa, no me hagas perder el tiempo.

Vale, muy bien.

Muy bien, gracias, espero tu llamada.

(Llaman a la puerta)

-¿Está Javier por aquí? -Hola, Germán. No está.

Vendrá ahora, le puedes esperar aquí.

-No pensé que fueras capaz de algo así.

-¿De qué? -¿El qué?

Nos has tenido engañadas a todas.

¿Cómo has podido dejar que José cargara con la culpa?

Está muerto.

-Yo no sabía la verdad.

¿Crees que lo hubiera hecho?

-Te enteraste hace poco, ¿no?

Te lo has callado.

Tenías miedo de las consecuencias.

¿Qué pasa? Sabías que Carla no te perdonaría.

¿Le mentías cuando le decías que la querías?

-No tienes ni idea de cómo me siento, Germán.

-Carla no se merece un mierda como tú.

-Chao.

(Mensaje de móvil)

Tomás.

¿Quién es Tomás?

-Voy a tener que prohibirte entrar a mi despacho.

No es la primera vez que te pillo espiándome.

Si quieres saber algo, me lo preguntas.

Y no toques mi móvil.

-¿Quién es Tomás? -¿A ti qué te importa?

-¿Qué me importa?

Dice que os lo pasasteis muy bien anoche.

¿Ya te estás tirando a otro?

-Mira, no voy a soportar esto, estoy harto de niñatos, ¿entiendes?

Primero, juegas conmigo hasta que me entrego a ti

y luego me rechazas sin darme ni una explicación.

¿Y ahora quieres controlar mi vida?

Será mejor que te vayas.

"Hola, Celia".

"Tengo una reunión esta tarde con un distribuidor".

"¿Me acompañas y le damos un repaso con nuestro rodillo negociador?"

Reconozco que salió bien,

pero, lo siento mucho, creo que no puede ser.

"Me debes una, ¿eh? Te puse en contacto con Maldonado".

"Deberías tener un detalle conmigo".

Sí, ya me imagino en qué detalle estás pensando.

Lo siento mucho, pero no.

(Timbre)

Te dejo, llaman a la puerta. Hasta luego.

¡Voy!

Ay, Elías, por favor, ¿por qué lo haces todo tan difícil?

No es justo para nosotros ni para Adela.

No lo es. Chist. Celia.

No pienses tanto.

Déjate llevar un poco.

Bueno, sí, en una cosa sí puedes pensar.

En que tú y yo hacemos un gran equipo.

¿Lo celebramos?

Solo una y te vas.

Hola, chicos. Hola.

¿Queréis tomar algo?

Eh... Zumo de naranja, por favor.

-Yo, un café.

-Muy bien. -Doble.

-Claro. Lorena.

Aparte del café, ¿nada más?

Que gracias por... por recogerme ayer en el restaurante de mi amigo.

-De nada.

Te esperamos en la mesa, si no te importa.

Si eres tan amable.

-Sí, por supuesto.

Con tu permiso, ¿eh?

Gracias. Me molesta la luz.

Ya.

Y más que te va a molestar cuando pierdas el olfato.

¿Sabes? Es muy difícil cocinar cuando no puedes oler los alimentos.

Pero eso no es lo peor de la coca.

Lo peor de la coca es que te anula como ser humano.

A mí me arruinó como padre, como marido, como chef.

Mira, no sé cómo lo hice, pero salí de todo aquello.

Y fue muy duro.

Las adicciones son así,

pero, si quieres, puedes salir de ellas.

El camino es largo y difícil.

Te vas a enfrentar a tus miedos, a tus inseguridades.

A ti mismo.

No hay otro camino.

¿Me oyes?

¿Me estás oyendo, Marquitos?

Sí, te estoy oyendo. Bien.

Mira, tienes dos opciones.

O enfrentarte al problema

o seguir hacia adelante como si no pasara nada,

hasta que te destroce en pedazos.

En cualquier caso, yo estaré para recogerlos,

soy tu padre, me toca.

Pero ese es el camino más fácil y el más duro.

Y no todo el mundo sobrevive.

Huy, perdona.

Pues, nada, por el éxito de la negociación, ¿vale?

Y por los que vendrán.

No, no, no, me tengo que ir al Mercado.

Y llámame excéntrica, pero quiero ir serena.

Mujer. Elías.

Hay tiempo para todo.

Hay tiempo para...

Para emborracharnos.

Para que nos llegue la resaca.

Para que se nos pase.

Y para lo que surja.

Pues, lo siento mucho, pero no estoy de acuerdo contigo.

Ya tenemos poquito tiempo.

Y, además, no me gusta ir con prisas, así que...

A mí tampoco.

A mí me gusta hacer las cosas...

despacito.

Elías, por favor, no es una buena idea.

Si ya hemos hablado de esto, ya hemos hablado.

No sé qué me pasa contigo, por favor.

¿Sabes cómo se llama?

Se llama química.

Y es incontrolable.

No, por favor.

Voy a ir al infierno.

¿Ya estás?

Muchas gracias por la charla, papá.

De verdad, pero no soy como tú, no tengo un problema con las drogas.

Claro, no, no, tú controlas, ¿no?

Sí, yo controlo.

Me meto a veces, cuando tengo una mala racha.

Pero, bueno.

Se necesita un poco de vitamina C para estar feliz, ¿no?

Ajá.

Y tú estás estupendamente, estás en tu mejor momento, vamos.

Sí, y como estoy en mi mejor momento, vuelvo a La Fanega.

Pero no me vas a ayudar.

Así que...

Cuando yo esté allí, estaré bien.

En mi cocina, en mi ambiente.

Genial, Marcos, genial.

Ya has elegido.

El peor camino.

Negar el problema.

Muy bien.

Voy a estar ahí cuando te caigas, porque te vas a caer, te lo aseguro.

Solo es cuestión de tiempo.

En ese caso, nos veremos pronto.

-No parece que haya ido muy bien, ¿no?

No.

Bueno, tú ya no puedes hacer nada más.

No puedes ayudar a quien no sabe que necesita ayuda.

Sí, sí puedo hacer algo, sí.

¿Qué piensas? ¿Qué vas a hacer?

Llamar a Carolina

y pedirle que cierre La Fanega una temporada.

Le voy a quitar lo que más quiere.

Es la manera de que reaccione.

Pues tú dirás.

¿Cómo estás?

-Pues... peor que ayer, mejor que mañana.

Cada día me voy enterando de más cosas del accidente.

Y cada vez me pareces más impresentable.

¿Cómo has podido engañarme así?

-Carla... -No, no, "tranqui", no.

No tienes que decirme nada, solo quería ponerme delante de ti,

cara a cara,

y decirte con gusto que la has cagado.

Y que tu plan no va a funcionar.

Ahora sé perfectamente por qué decidiste contarme la verdad.

¿Cómo has podido ser tan ruin?

-Te juro que no sé lo que estás diciendo, de verdad.

-¿Te lo has cargado todo

y todavía quieres que yo me compadezca de ti?

-Carla, ¿qué dices?

-Que pares ya con ese rollo de ir de víctima, por favor.

Que lo sé todo.

Que sé que el delito no ha prescrito.

Como te dijo Jonathan, ¿verdad?

He hablado con mi abogada y todavía te puedo denunciar.

Pensabas que ibas a estar a salvo.

Pues no lo vas a estar.

Te voy a denunciar, Samuel.

Ojalá no nos hubiéramos conocido, ¿verdad?

Ya es demasiado tarde.

(SUSPIRA)

¿Sí? Hola, Celia.

Adela.

Qué cara de susto, parece que has visto un fantasma.

No.

¿Y qué haces con las medias? Vas a pillar frío.

Conducir borracho, sin carné y matar a alguien

es una pena larga.

-O sea, ¿que va a haber juicio?

-Y seguramente condena, mama.

Iré a la cárcel.

-Sería un puesto de responsabilidad

en una empresa que empieza con posibilidades de crecer.

-Bah. -Te doy el contacto.

-No sé, no... no sé si me interesa.

Esas empresas tan grandes son un poco desnaturalizadas.

Se pierde la calidad en aras de la cantidad.

-Ya.

La que hace la selección es bastante amiga mía.

¿Eh? -Bah, no.

-Si te decides, yo les doy referencias tuyas.

-Creo que no me interesa.

Deberías calmarte un poco.

Con esa agresividad no llegarás a ninguna parte.

Si te pasa algo, lo hablamos cuando estés sereno.

¿Quién eres tú para darme consejos?

Fuiste un cocainómano y un déspota hasta antes de ayer.

Caíste muy bajo, papá.

-Me han llamado de una escuela de música de Inglaterra.

Bueno, de Liverpool, para ser más exactos.

-¿Qué dices, tío?

-Sí, se ha quedado libre una plaza.

Y soy el primero en la lista, solo tengo que aceptar.

-¿Y cómo ve el caso?

-Pues fatal.

Se ve que a la policía no le mola nada reabrir los casos,

es como cuestionarles.

-Ya, bueno, pues peor para ellos. -Ya.

Ahora habrá que recopilar todos los papeles,

volver a citar a todos los testigos

y habrá que obligar a declarar a Samuel y a Jonathan.

-Bueno, puedes contar conmigo para lo que quieras, estoy a tu lado.

Y, si necesitas que testifique yo

y cuente lo que me ha dicho Samu del tema, pues...

Pensar que se va a estabilizar con alguien como tú

le hace sentirse inseguro.

¿Inseguro? Sí.

¿Por qué?

Es que no quiero entrar en detalles.

Es mejor que te lo cuente él.

Mira, la comunicación con tu hijo está muy deteriorada.

Si crees que debo saber algo, cuéntamelo.

Si no, pues nada.

-¿Que usted es la madre de... del chico ese rarito?

Pues enséñele a no meterse en conversaciones ajenas.

Y déjeme tranquilo, no es el día.

El que va a aprender a comportarse como un hombre eres tú,

y no como un matón de colegio.

¿Sabes qué ha supuesto para David?

¡Te estoy hablando! ¡Que si sabes lo que ha supuesto!

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Mercado Central - Capítulo 75

10 ene 2020

Germán consigue reanimar a Carla. La ayuda proporcionándole el número de un abogado para que pueda denunciar a Samuel.
Germán se entera de que Javier ha tenido una cita y se enfada con él.
Elías ofrece el contacto de un transportista a Adela y Celia. Celia y Elías tienen una reunión con el transportista que es un éxito. Se acaban acostando.
Jorge explica a Lorena su pasado con la cocaína. Marcos niega a su padre que tenga un problema con las drogas.
Carmen abronca a Valeria por su inconsciencia. Adela aconseja a Valeria que disfrute de la vida y se vaya a vivir con Jesús.
Nacho ha ido al cumpleaños de su colega, pero no le ha contado a nadie que está en el paro e incluso ha prestado dinero.

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