Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 74 - ver ahora
Transcripción completa

Yo no sé cómo... cómo explicártelo.

Pero... fue muy raro,

porque yo estaba pensando en Cristina...

Y tú yo bebimos algo, ¿no?, y...

y me confundí.

Y por un momento fue como si... si tú fueras Cristina.

En fin, que... que lo siento mucho, la verdad.

Y...

Y te pido perdón.

Pues acepto las disculpas y confío en ti, ¿eh?

No fui claro con él y no le dije que los pastelitos llevaban...

marihuana.

Pero no pensaba que se los fuera a llevar,

y mucho menos que se los fuera a comer.

No tienes vergüenza. (JESÚS) ¿Por qué?

¿No oyes lo que dice el muchacho? -Es asqueroso

que le hagas mentir por ti.

¿Qué le has dado? ¿Eh? ¿Lo has amenazado con echarlo?

El tiempo juega en mi contra, ¿sabes?

Cuánto más tarde en salir un proyecto,

más difícil será que lo consiga.

Y si estás fuera del circuito, nadie te quiere.

Estás acabado.

Ay, no digas tonterías, cariño. Pero ¿cómo vas a estar acabado?

¿Eh, mi amor?

¿Por qué no te apoyas en mí?

Yo sé que, juntos, vamos a encontrar la manera de salir adelante.

Sé lo que es dejar la coca.

Y sé lo por lo que va a pasar mi hijo.

¿Tú consumías?

Sí. Durante un tiempo, sí.

Fue una mala racha y luego lo dejé.

¿Y cuánto duró esa racha?

No, no mucho.

Decidí cortar por lo sano y salí de ahí.

Pero sé lo que cuesta.

(JAVIER) Te fuiste porque te asustaste.

Te dio pánico intimar con un seropositivo

y te inventaste una excusa -Eso es mentira.

-Germán, no lo tienes por qué justificar

ni tienes que defenderte.

Es normal, les pasa a muchos.

La culpa fue mía por creer que sería diferente.

No, no tengo que defenderme porque es mentira,

y me ofende que pienses eso.

Si estoy tan equivocado,

explícame por qué te fuiste corriendo a medio enrollarnos.

Si pudiera contártelo, ya lo habría hecho.

Pero no puedo.

¿Mi mujer dónde está? ¿Dónde está Adela?

Eh... Bueno, al final, no va a venir.

Me ha pedido que te acompañe.

Ya. Imagino que no quiere pasar mucho tiempo conmigo, ¿no?

No lo sé. Eso se lo tendrás que preguntar a ella.

A mí me ha pedido que le haga el favor, y...

la verdad es que tampoco me hace mucha gracia.

¡Samuel es el borracho y drogata

que conducía el coche que mató a mi hermana!

¡Es así! Y no quiero...

Por favor. -Cállate.

No te quiero volver a oír.

Todo el mundo merece saber la verdad.

Tú conducías.}

Tú la mataste.

¿Así que es aquí donde te escondías?

No. Tenía que comprobar listados de proveedores, abuela.

Conmigo no tienes que hacerte el fuerte.

Me han contado tus padres lo que ha pasado con Carla en el bar.

¿Cómo estás, cariño? -Bien, abuela. No te preocupes.

Asumiré lo que tenga que venir y ya está.

A mí no me engañas.

Tienes que estar destrozado, es lógico.

Pero negándolo no te haces ningún bien.

Desahógate conmigo, anda.

Suéltalo.

No sé cómo voy a poder con todo esto, abuela.

No imaginas las cosas que me ha dicho Carla.

(VALERIA) Ya lo sé.

Pero no le tengas en cuenta todo lo que ha dicho.

Carla ahora está muy dolida.

Pero es el dolor el que dice esas cosas.

-No quiere saber nada más de mí.

Y es normal.

Eso nunca se puede saber.

Ahora no,

pero en un futuro, quién sabe...

Que no abuela. Que la he perdido para siempre.

No lo sabes.

Ni si quiera yo puedo perdonarme.

Tendría que haber ido a la cárcel.

Así, por lo menos...

alguien habría pagado por lo muerte de Laura.

Carla habría tenido una satisfacción por pequeña que fuera.

Por favor, no digas esas cosas, Samuel, por favor, te lo pido.

No te atormentes más.

Deja de mirar atrás y lamentarte. Hay que seguir adelante.

¿Sin Carla?

-Vamos a estar la familia apoyándote.

Lo siento, pero no puedo.

No vamos a dejar que te hundas. ¿Me oyes?

Tú disfruta con Jesús.

Si nos deja tu madre...

No sabes cómo está con lo de los pastelitos.

Pero ahora es el momento de estar a tu lado.

Lo demás puede esperar. -No, abuela, no.

No quiero que todo esto afecte a tu relación con Jesús.

Te ha costado mucho recuperarla

y no quiero que se vaya a la mierda por mí.

Tú eres lo primero, Samuel.

Y Jesús lo entenderá, porque me quiere.

Pero tú ahora eres lo más importante.

Samuel, venga.

(SAMUEL) Vale.

(VALERIA) Va a ir todo bien. Va a ir todo bien.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Cómo estás?

Bien.

No, no estás bien.

Sé lo de José.

He visto tu cara cuando Carla ha dicho lo que ha dicho.

Pues, mira, no, no estoy bien.

Estoy cabreado. Estoy muy cabreado.

¿Con quién? -Con Samuel y con Jonathan, joder.

Ya.

Es que ¿cómo se puede ser tan cobarde y tan mentiroso?

No lo entiendo, de verdad.

No lo entiendo. -Supongo que Jonathan mintió

para evitar que Samuel fuera preso. -Ya. Pero me da igual.

Le echaron la culpa a José y no tuvo que ver con el accidente.

Germán, el coche era de José.

José permitió que Samuel condujera borracho, sin carné.

No es lo mismo, tía. -Yo creo que...

que todos los que iban en ese coche aquella noche,

de algún modo, fueron responsables de lo que pasó.

Sí, vale, sí. Tienes razón,

pero todo este tiempo, la gente ha pensado que José era un asesino.

Que yo lo he pensado.

Joder, es muy injusto. -Sí.

Sí, y sobre todo para ti.

Y es horrible que te hayas enterado de esa manera.

Es que te juro que me gustaría

darle de hostias a Jonathan y a Samuel ahora mismo

No lo hago porque la gente se enteraría que José era gay.

(CHASQUEA LA LENGUA)

Sus padres eran de un pueblo muy pequeño, es gente muy anticuada.

Madre mía, es increíble que, a estas alturas,

todavía haya gente que no entienda que el amor es amor

y ya está.

No. La madre de José...

es un encanto, es un encanto.

Lo habría entendido, más tarde o más temprano.

Pero su padre...

José no le habría dicho que es gay.

Si es que... es un imbécil, es un homófobo que flipas.

Entonces, ¿José sólo era José...

cuando estaba contigo?

Conmigo se aceptó tal y como era, sí.

Estábamos muy enamorados, Lorena.

Ya lo sé.

Discutíamos un montón, siempre,

porque yo le decía que tenía que salir del armario...

y él se negaba.

De saber que teníamos tan poco tiempo...

no lo habría perdido discutiendo con él.

Germán, quédate con lo felices que os hicisteis el uno al otro

con cada momento que pasaste con él.

Eso no te lo quita nadie.

Sí, era muy divertido.

Tenía unas ideas muy locas.

Cuando salías con él, no tenías ni idea de cómo acabaría la noche.

Nos reíamos siempre, un montón, todo el rato.

Eso que has dicho antes

de que... José se aceptaba a sí mismo cuando estaba contigo,

eso es muy importante, Germán.

No dejes que nadie te arrebate ese recuerdo.

Es que no lo puedo evitar.

No lo puedo evitar. Me siento fatal

por todas las veces que he pensado en José al volante de ese coche...

matándose y...

y matando a la hermana de Carla y...

y todo era mentira

Ya.

(Puerta abriéndose)

(Pasos acercándose)

(SAMUEL) Javier, siento mucho lo que ha pasado en el bar... con Carla.

He montado un espectáculo que...

Bueno, desde luego que el mercado no es el mejor sitio

para tener una... discusión personal.

(SAMUEL) No lo es.

Y no va a volver a pasar. Te lo prometo.

Lo que te he dicho antes sigue en pie, voy a dimitir.

(JAVIER) A ver, Samuel,

Carla me ha pedido el traslado y se lo voy a tramitar.

No quiero perder en la misma semana

a mi personal de limpieza y a mi ayudante.

Ni conozco el asunto en profundidad ni te voy a juzgar.

Pero Carla y tú no podéis seguir trabajando en el mercado

y lo mejor es que ella se marche.

Maté a dos personas. (JAVIER) Samuel,

yo no voy a juzgarte.

Y tengo entendido que fue un accidente.

(SAMUEL) Soy culpable...

y un cobarde.

No reconocí las cosas a tiempo.

Así que si me juzgaras...

no te reprocharía nada.

Germán, ¿qué te ocurre? Nada, no te preocupes.

¿Cómo que nada? Si estás llorando.

No me pasa nada, mamá.

Me voy, que tengo que hacer cosas, ¿vale?

Lorena, ¿me vas a decir por qué está llorando?

Porque es evidente que tú sabes lo que pasa.

Adela, es que si Germán no te lo quiere contar,

no te lo puedo contar, entiéndeme.

Pero yo soy su madre

y tengo derecho a saber por qué lo está pasándolo mal.

Es... Es mal de amores, Adela.

Ah.

¿Y sabes con quién?

Es que yo no te lo puedo decir.

Creo que deberías intentar hablar con él.

De verdad, te arruinaría la fiesta. No estoy de humor, Fuentes.

No me apetece ver a nadie.

A ti, sí, tonto.

Me refiero a todos los antiguos compañeros de la facultad.

No, no. Mira, quedamos tú y yo un día para comer o para cenar,

pero no me apetece ir a una fiesta.

No, no pienso cambiar de opinión.

No. Mira, te llamo estos días

y buscamos un hueco para vernos tú y yo, ¿vale?

Oye, pasadlo bien.

Y felicidades otra vez. Adiós.

¿Con quién hablabas?

Con Fuentes. -Ah, ¿y cómo le va?

Hace mucho que no sabes de él, ¿no?

Hablamos por teléfono de vez en cuando,

pero hace mucho que no nos vemos. -¿De qué fiesta hablabais?

Su cumpleaños. Lo celebra esta noche.

¿Cuántos le caen? Era mayor que tú, ¿no?

50 años. -Guau.

Por eso va a hacer una fiesta

y ha invitado a los amigos de la facultad.

¿Y no vas a ir? -¿Qué dices? Ni de broma.

Pero a ver, Nacho,

es tu mejor amigo, siempre lo has dicho.

No le puedes hacer ese feo.

Además, 50 no se cumplen todos los años, ¿eh?

Ya quedaré con él.

¿Sabes qué creo? Que deberías ir, divertirte, cielo.

Y ver a tus viejos amigos. -Rosa, no me apetece ver a nadie.

De verdad. Además, esas fiestas de la facultad son un rollo.

¿Vale?

No. No, no. Además, si me ha llamado a última hora,

tampoco tiene tanto interés en que vaya, digo yo.

Pero ¿tú te estás escuchando? Sé sincero conmigo, Nacho.

Me prometiste que no me ibas a engañar, ¿eh?

Está bien. Mira, no me apetece ir a esa maldita fiesta...

porque no tengo ganas de que mis antiguos compañeros

me restrieguen sus magníficos trabajos y sus estupendos sueldos.

¿Vale? -Es por eso, ¿no?

A ver, que estés pasando por un bache

no es que seas un fracasado.

No me gusta nada que hables así de ti.

Estoy en paro, esa es la realidad.

-Pero seguro que no eres el único que está en esa situación, Nacho.

Alguno de tus amigos, no sé, habrá pasado por ahí en el pasado.

¿Y qué quieres, que intercambiemos experiencias?

¿Que nos emborrachemos contándonos las miserias? No, gracias.

(ROSA) Dime una cosa.

Tus compañeros han estudiado lo mismo que tú, ¿no?

Pues seguro que conocen a alguien

que necesite a una persona con tu perfil...

o no sé, igual pueden conseguirte una entrevista de trabajo.

Rosa, no voy a ir a una fiesta a mendigar un empleo.

¿Y si voy contigo? ¿Eh?

Yo me encargo de buscarle el regalo y luego nos vamos juntos.

¿Qué te parece?

Así presumo de marido,

porque seguro que ninguno se conserva tan bien como tú.

Gracias, cariño. Te lo agradezco, pero no.

No. Prefiero quedarme aquí, en casa, tranquilo,

a fingir delante de un montón de conocidos

que soy muy feliz.

Ay, venga, Nacho.

Venga, no insistas, Rosa.

Además, déjame,

voy mandar mi currículum a un par de sitios.

(ROSA) Está bien.

Oye, qué paliza, ¿eh?

No hacía un reparto entero de estos

desde que empecé a trabajar con mi padre.

Pero lo hemos pasado bien, ha sido divertido.

Mucho, ¿eh? De verdad, mucho.

Además te digo una cosa,

acostumbrado a estar todo el día metido en el despacho,

poder estar por ahí dando vueltas al aire libre...

Bueno... y en tan buena compañía.

Oye, ¿qué es lo que ha dicho el chico este...

el... el del último hotel?

Ah, ¿el alto con gafas? Sí. No sé qué de un palco.

Sí, un palco, pero se refería al Bernabéu.

Ah. Sobre mi padre.

¿Tu padre va a un palco?

¿Que si va? Es un habitual. Yo voy de vez en cuando.

A mí me gusta ir... ¿A ti te gusta el fútbol?

No, no. No mucho. ¿No?

¿Y no has ido nunca al campo? No.

Pues deberías, ¿eh?

Da igual que te guste o no el fútbol.

Es un espectáculo, y en el Bernabéu más todavía.

Puedo conseguir entradas para ti y para David.

No, David, no. No lo llevo ahí ni loca,

con tanta gente y tantos gritos. Llevas razón.

Bueno, pues vamos un día tú y yo. Te llevo.

Es que no creo que me guste mucho.

Espera que... No, no. Espera tú.

Ahora sí. Gracias.

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

Sí. Dime, cariño.

Estoy aquí, en el muelle.

Vale, pues te espero. Venga, hasta ahora.

Bueno...

Una cervecita, ¿no?

Nos la hemos ganado. No.

Adela está sola con la droguería y la floristería.

Tengo que echarle una mano. Bueno...

Es solo una. Elías,

ya sabes lo que pasa entre nosotros cuando hay alcohol.

Y habíamos dicho que no lo íbamos a volver a hacer.

Bueno... No sé, mujer.

Llevamos todo el día los dos juntos,

a solas, metidos en la furgoneta, y no ha pasado nada.

Bueno, pues por eso mismo. No la vamos a cagar ahora, ¿no?

(JAVIER) No, nosotros no tenemos ningún problema con Carla.

Al contrario, es muy buena trabajadora.

Exacto.

Sí, ha pedido el traslado por un tema personal.

Muy bien. Pues yo le mando todos los datos al mail.

Vale, gracias. Adiós, adiós.

¿Tienes un momento? Claro, Adela. Siéntate, por favor.

Si vienes por las cajas almacenadas en el muelle de carga,

ya ha ido uno de los muchachos... No.

No, no vengo a hablar nada de la floristería.

Muy bien. Entonces, ¿de qué?

De mi hijo.

¿Qué ocurre con Germán?

Bueno, sé que... habéis tenido un encontronazo.

Ah.

Ya está arreglado. Nada...

Un asunto personal sin importancia.

Ah. Entonces era algo personal.

Es que él me ha dicho que... era por algo del trabajo.

Pasamos tantas horas aquí

que uno ya no sabe distinguir una cosa de la otra.

No hace falta que disimules, Javier.

Suponía que Germán me ha soltado la primera excusa

que se le ha pasado por la cabeza.

Bueno, tú tranquila, que ya está arreglado.

No hace falta que me trates como si fuera tonta.

Ya sé que entre tú y Germán hay algo más que una relación laboral.

Que no se te escapa una, ¿no?

Ya entiendo por qué te pusiste tan nervioso

cuando te pedí que le dieras una segunda oportunidad.

Mira, Adela...

te lo agradezco, pero tu hijo no necesita una celestina.

Entiéndelo, está todo arreglado. No te preocupes.

A ver, no pretendo ser una celestina para Germán,

pero es mi hijo y no lo quiero ver sufrir.

Y más, porque ya tiene bastante con lo de su padre y yo.

Pero si he venido es porque...

bueno, porque me parecía que podía haber algo serio entre vosotros.

Te sugiero que hables con Germán.

Es él el que no ha querido que la cosa fuese a mayores.

¿Y eso por qué?

Entiende que no estoy cómodo contándote esto.

Me ha dicho que no quiere empezar una relación

hasta arreglar no sé qué asuntos.

A mí me ha sonado a que era una excusa.

Bien. Bueno, te agradezco que hayas sido tan sincero.

Y que sepas que me parece una pena

que no haya funcionado lo de Germán contigo,

porque me caes muy bien y creo que haríais muy buena pareja.

Ahora sí que estoy siendo una celestina.

(Móvil)

(Móvil)

¿Sí?

Hola, Tomás. Claro que me acuerdo de ti.

¿Qué tal?

Ah, ¿estás en Madrid?

Estoy muy liado, tengo muchísimo...

No, no es ninguna excusa.

Vale.

Si salgo temprano del trabajo,

te doy un toque y tomamos algo, ¿vale?

Venga, hasta luego. Adiós.

(DAVID) Mamá. Ay, David.

(DAVID) ¿Puedo ir a la sierra con la abuela?

¿Qué?

Déjame primero que hable con tu abuela.

Ya he hablado yo con ella y le parece bien.

Si a ti no te importa, ella quiere pasar unos días conmigo.

No lo sé, David.

Así tú podrías descansar y recuperarte de tu indigestión.

Bueno, déjame que lo piense, ¿vale? Bueno...

Yo os dejo.

Pero el niño tiene razón, ¿eh?

Le irían bien unas vacaciones, un poco de aire libre,

tú, descansar...

En fin, me voy.

¿Puedo ir, mamá?

¿Qué? Quiero ver a la abuela.

Cariño, no quiero que pierdas clases.

Pero puede llevarme, como cuando vivíamos con ella.

Ya, pero también tienes cita con el psicólogo.

No quiero que faltes.

Últimamente estás mejorando mucho. Es importante que vayas.

Bueno, dice el psicólogo que debo romper mis rutinas, ¿no?

Ay, cariño, ya lo sé, pero es muy precipitado.

Deja que hable con tu abuela, que lo organice con tiempo.

Pero yo quiero ir ahora.

Es que ahora no puede ser. Y ya está.

(RESOPLA)

(JAVIER) Carla, he hablado con los de la subcontrata.

¿Y qué dicen?

Tienen pocas opciones.

Como tienes prisa y quieres el traslado cuanto antes...

Para mí, lo más importante es irme del mercado cuanto antes.

Pues no podría ser hasta dentro de 15 días.

Sería para ir a una fábrica en Boadilla. Turno de noche.

Está superlejos. ¿Y por qué dos semanas?

Entrarías a sustituir a una mujer de baja por maternidad.

No la coge hasta dentro de 15 días.

(SUSPIRA) Vale, si es lo que hay... sí.

(JAVIER) ¿Estás segura?

Está fatal comunicado.

-Cualquier cosa con tal de dejar de ver a Samuel cada día.

¿Les digo que sí? ¿No quieres mirar por otro lado

un trabajo en mejores condiciones?

No me puedo permitir quedarme sin curro ahora.

Y tengo que pagar el piso yo sola.

Así que sí, por favor, diles que sí,

que acepto el traslado inmediatamente.

Vale, pues... en cuanto esté tramitado, te aviso, ¿vale?

Gracias.

Y aquí tenéis.

Si queréis algo más, me llamáis, ¿de acuerdo?

¿Tu madre no quiere que vayas con tu abuela a la sierra?

No, y no entiendo muy bien por qué, porque tampoco es tan precipitado.

Yo, David, tío... Yo te cambiaría el sitio, ¿eh?

¿Quieres sentarte aquí?

No, David. Es una forma de hablar.

Digo que lo tuyo, comparado con lo que mío. no es nada.

¿Y qué te pasa a ti?

Aparte de que tu madre ha dejado a tu padre por otro

y se ha ido a vivir con él a Nápoles.

Bueno, aparte de eso que ya es, me he quedado sin grupo.

Mis compañeros me han echado después de perderle los instrumentos.

Bueno, pero eso no fue tu culpa.

Ya. Pues díselo tú.

¿Se lo digo yo?

David, es otra forma de hablar.

Quiero decir que les da igual,

que no les importa.

Bueno, fue culpa de tu padre.

Si él se lo contara, se darían cuenta

de que expulsarte fue injusto. -Ya.

Pero se lo quiero contar a mi padre. Ni tú. Por favor, no le digas nada.

Ya le eché la bronca, tiene mucho en la cabeza

y no quiero cargarle más.

Bueno, siento si estás triste. Si puedo hacer algo por ti...

Esa... Esa frase es ensayada, ¿verdad?

He ensayado con mi terapeuta para ser más amable con la gente.

Ya, se nota. -¿Era un momento inoportuno?

No. No, el momento estaba bien.

Lo único es que no estoy yo muy... receptivo.

Colega, en serio,

¿no puedes pasar por otro lado? -Buah.

Perdona. Es que estaba con el móvil. Lo siento.

Da igual, pasa. Pasa.

Perdóname, tía... -No, no, no.

Perdóname tú a mí, ¿vale? Que he sido muy borde y...

Hoy no es mi día.

Pues apúntame al club. -Sí.

Dudo que tu día haya sido peor que el mío.

Ya me has visto en el bar, así que nada que decir.

Precisamente por eso estoy así de jodido, por lo que has dicho.

¿Qué tiene que ver eso contigo?

Que tú perdiste a tu hermana en ese accidente,

pero... yo también perdí a alguien muy especial para mí.

¿José? No sabía que erais amigos.

Sí. Y después de todos estos años pensando que era él el que conducía,

me entero que es Samu.

Vamos, que tú también tienes motivos para tener un día de mierda.

Si es que lo echo tanto de menos... Todos los días.

Yo, a mi hermana, también.

Pero... lo superaremos, ¿no?

Yo, para superarlo, tendría que perdonar a Samu, y no, no puedo.

Es imposible.

Ya... Pero estar así también te hace sufrir, ¿no?

Cuando pasó lo del accidente, yo... estaba fatal.

Estaba deprimida, un horror,

y de repente... pum, llegó Samu y lo cambió todo.

Y resultó que era un mentiroso, y un cobarde.

Y ahora...

Ahora no tengo a nadie que me apoye, ni mi madre.

Ya. Ya sé que la detuvieron aquí en el mercado.

Germán, mi vida es una mierda.

Una gran mierda.

¿Carla Rivas? ¿Podemos hablar un momento?

Es sobre su madre.

(Fregona cayendo al suelo)

(SUSPIRA)

Hola, cariño.

¿Qué tal? ¿Sigues aquí solo?

Venga, David.

Sé que estás enfadado conmigo

porque no te dejo ir con tu abuela a la sierra,

pero tengo mis razones, hijo.

No quiero quedarme sola. ¿Por qué?

Porque estoy pasando por un buen momento

y querría que te quedaras conmigo.

¿Y por qué no me lo habías dicho?

Te lo estoy diciendo ahora, ¿no?

Vente a la sierra conmigo y con la abuela.

Es que no puedo, tengo que abrir la tienda.

Bueno, pues deja que Adela abra la tienda.

Adela está con la floristería.

Pues... contrata a alguien.

Mira que eres cabezota.

Que no se puede, mi amor. Es imposible.

No, no es imposible. Imposible es...

viajar a la velocidad de la luz

o comerse un roscón de Reyes en verano...

o que vuelva papá.

Solo era una forma de hablar, hijo.

¿Sabes? A lo mejor tienes razón y es imposible para mí,

pero no tiene por qué serlo para ti.

¿El qué?

Pues que sí, que te puedes ir a la sierra con tu abuela.

Son fechas un poco malas y seguro que está triste la mujer.

¿Es una especie de broma o una ironía?

No.

No, mi vida, es totalmente en serio.

Me quedan muchas sesiones de psicólogo para entenderos.

Mira, David, lo único que pasa es que he cambiado de opinión, ¿eh?

Puedes ir a la sierra.

Llámala y dile que te dejo ir.

Venga.

¿Abuela?

Espero no arrepentirme, por Dios.

Menudo colocón nos cogimos, ¿eh? -Ay, ay, ay.

Si te llega a pasar algo más grave, no me lo perdono en la vida.

Bueno, menos mal que todo se quedó en un susto.

Oye, por cierto, lo que sí tienes es que hablar con mi hija

y explicarle que no sabías que los pastelitos tenían droga.

No, no, si ya he intentado aclarárselo,

pero no hay manera, no me cree.

Piensa que Jonathan dice que los pastelitos eran suyos

porque soy su jefe y porque le pago para que no lo diga.

Hay que ver la imaginación que tiene mi hija.

Sí, y el carácter...

No sé a quién habrá salido. -Anda.

No seas tonto, que no estamos para bromas.

Es verdad.

Ahora que habíamos decidido comunicarles a todos

que nos íbamos a vivir juntos, todo se ha estropeado.

Jesús, deberíamos posponerlo.

Mira, aunque me fastidie, tienes razón.

Tendríamos que esperar unos días a que se calmen las cosas

para comunicarles nuestra decisión.

No, no, no. No me estás entendiendo.

No hablo de posponerlo, hablo de nuestros planes.

¿Lo de irnos a vivir juntos?

Sí. -¿Y por qué?

¿Tú has llamado al hotel? ¿Qué te han dicho?

No ha vuelto por allí. Y en Valladolid tampoco está.

He hablado con mi ex y no tiene noticias suyas.

Tranquilo, aparecerá. Tarde o temprano aparecerá, ya verás.

Pero no puedo estar sin hacer nada

esperando a que mi hijo toque fondo.

(LORENA) Ya...

Bueno, dadas las circunstancias... Jorge, poco más puedes hacer.

Lorena, voy a ayudarlo, quiera o no.

Lo voy a sacar de esto, aunque sea a rastras.

No le puedes pedir a un padre que se quede sin hacer nada.

Si fueras madre, lo entenderías.

Bueno, no soy madre, pero... tengo empatía, ¿no?

Puedo entender lo que sientes.

Perdóname, perdóname, no quería decir eso.

Lo siento.

No, perdóname tú. Sé que lo estás pasando muy mal.

¿Y tú cómo conseguiste salir de las drogas?

Pues...

tenía dos alternativas, o seguir metiéndome y morir

o... dejar de meterme y recuperar mi vida.

¿Entraste en algún centro? Sí.

Sí, una amiga... me metió en un centro en Berlín.

Estuve ahí dos meses

y... conseguí salir limpia.

Nunca me he vuelto a drogar.

Pues ojalá mi hijo siga tu ejemplo.

(SUSPIRA) ¿Y tú? ¿Cómo saliste tú?

Yo lo hice solo.

Eso requiere mucha fuerza de voluntad.

Ya.

¿Sabes? Soy un poquito burro.

Cuando se me mete algo en la cabeza no paro hasta conseguirlo.

Mira, ojalá mi hijo haya heredado ese rasgo.

(SUSPIRA PROFUNDAMENTE)

¿Que Samuel era quien conducía el coche?

Y Carla lo ha pregonado a los cuatro vientos en el bar

y ahora todo el mercado lo sabe.

(SUSPIRA) Pobre Samuel...

Así que no es el mejor momento ahora de irnos a vivir juntos.

Pero que te quedes a vivir con tu hija no soluciona nada.

Ya. Pero es que ahora mi sitio es al lado de mi nieto.

Por lo menos hasta que pase este golpe.

Tú pregúntale a él. Ya verás como te dice que te vengas conmigo.

Si ya he hablado con él.

Y, sí, dice que no cambiemos nuestros planes por su culpa.

¿Lo ves?

Ya, pero es que va a necesitar el apoyo de toda la familia.

Me sentiría muy incómoda

si no estoy cerca de él en esta situación.

¿Estás segura de que esa es la razón por la que no quieres venir aquí?

¿Qué quieres decir? -¿No habrá sido Carmen?

Te ha dicho que no vengas a vivir conmigo

por el asunto de los pastelillos, ¿verdad?

No, hombre, no. Claro que no.

Pero pasa que yo tampoco quiero que se tuerzan las cosas con ella.

Con lo que nos ha costado reconciliarnos.

Y ella también me va a necesitar ahora.

Hay que pasar este trago.

Todo nos tiene que salir mal.

Será solo mientras las aguas vuelvan a su cauce.

Con la ilusión que tenía de que vinieses a vivir aquí...

Que lo haré muy pronto, te lo prometo.

De acuerdo.

Tendrá que ser así.

Ahora,

que una cosa no quita la otra.

Que no nos vayamos a vivir juntos

no significa que no podamos pasar la noche juntos

¿Lo estás diciendo en serio?

Claro. Cuando cierre el puesto, me paso.

Pero eso sí,

me tendré que levantar pronto para ir a casa

antes de que mi hija se despierte y me pille.

Eres increíble, Valeria.

No aguanto ni un segundo más aquí.

¿Adónde vas? A cerrar el puesto.

¿Por qué?

No puedo quedarme de brazos cruzados, Lorena.

Vale, pues voy contigo. No, no, por favor.

Jorge, por favor, déjame ayudarte. Lorena, necesito hacer esto solo.

Te voy llamando con lo que sea. Gracias.

Me vas a sacar guapísima.

(NOA) Pues claro que sí, tonta. Eres muy fotogénica, ¿lo sabías?

¿Quién está en el bar? ¿Está solo el bar?

No, no, no. Está Jona echándole un ojo.

Has vuelto a coger la cámara, ¿eh?

Pues sí.

Hacer fotos es lo único que me tranquiliza

y me hace olvidar la mierda que es todo.

¿"Todo"... es Nueva York?

No sé... Hacer fotos hace que no piense en Luis.

Es... terapéutico.

Igual me voy a tener que comprar yo una cámara también.

¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

Todo debería ser más fácil, Noa.

Celia, David, ahora Marcos...

Yo qué sé.

Mira, ahora mismo tienes un primer planazo...

Tú sí que tienes un planazo.

(NICOLÁS) ¿Me estabas buscando, Samu?

Mira, un fax de la subcontrata de limpieza.

Es el traslado de Carla. Se va en dos semanas.

¿A dónde la trasladan?

A una fábrica en Boadilla.

Pero por ella, se iría a la otra parte del mundo.

-Verás, Samu, ahora te parece una pésima noticia,

pero a la larga, es la mejor solución.

Estando las cosas como están,

sería una tortura veros todos los días.

Si ya lo sé. Ya lo sé, papá.

Pero si Carla se va del Central, no vuelvo a verla en la vida.

Verás, Samu...

no te voy a engañar,

pero...

es muy difícil que Carla llegue a perdonarte algún día.

Yo, sinceramente, no creo que hubieras podido vivir con ella

ocultándole algo tan importante.

He arruinado mi vida por decirle la verdad.

Sí es que era una historia condenada al fracaso, Samu.

Una broma del destino.

Porque enamorarte de la hermana de la chica

que murió en el accidente... -Que maté en el accidente,

que no es lo mismo. -No te tortures más, Samu.

Ya has pagado con creces tu error.

Fue eso, un accidente.

Un desgraciado accidente.

(JAVIER) Perdón que interrumpa.

La Policía interroga al personal del mercado.

Es en relación a la investigación sobre la madre de Carla.

¿Y esto lo sabe ella?

Es la primera persona con la que ha hablado.

(NICOLÁS) ¿Y en qué podemos ayudar?

(LORENA) No me traigas rosado la semana que viene, no lo gasto.

Tengo el almacén petado. ¿Vale?

Gracias. Chao.

Hola. Hola.

¿Sabes algo de Marcos? No.

He visto a un amigo suyo, Carlos Sigüenza.

¿Y él no sabe dónde está?

No. Carlos tiene un restaurante aquí en Madrid

y había quedado en que se pasaría Marcos,

pero no lo ha hecho.

¿Porque son muy amigos o...? Sí, estudiaron en el colegio

y seguían manteniendo el contacto.

Dice que Marcos está muy afectado por la ausencia de su novia.

Al parecer, ha aceptado un puesto en otro restaurante

llevando la partida de postres. Ajá.

O sea, que La Fanega de Santos no pasa por su mejor momento.

No.

Un restaurante depende de su equipo.

Por buen cocinero que seas, si no te apoyas en ellos,

estás perdido. Claro.

Eso explica el estrés de Marcos.

Carlos también me ha dicho que...

que muchos críticos están deseando

tener la oportunidad de atacar a Marcos

por su trabajo en La Fanega.

Guau. No sabía que en el mundo de la cocina,

la prensa fuera tan importante. ¿En la restauración?

Un periodista influyente puede hundir tu negocio

con una sola mala crítica. Ya.

Mucha presión. Sí.

Pero no voy a dejar que toquen a Marcos

ni que hundan La Fanega.

¿Y qué piensas hacer?

Para empezar, localizar a Marcos como sea.

Si mañana no aparece, denunciaré. Ahora debo seguir buscando.

Vale. Oye, ya que no me dejas que te ayude con esto,

por favor, deja que te ayude con el puesto.

Por favor. No.

Lo tienes cerrado, vas a perder dinero.

Noa se puede quedar aquí, de verdad. Este es mi problema, por favor.

No quiero que te salpique más todavía.

Cariño, somos novios. Tu problema es mi problema.

Vale, mira, si necesito tu ayuda, te prometo que te la pediré.

De momento lo llevo bien solo.

¿Vale? Vale.

Te dejo. He quedado con un amigo de Marcos.

Te voy contando con lo que sea. Que tengas suerte.

Sí. Gracias.

¿Nacho? Mira a quién me he encontrado en el portal.

A lo mejor no está en casa.

Sí, si me dijo que no iba a salir. Además está trabajando.

A lo mejor está en el baño. ¿Nacho?

(NACHO) ¿Hola?

Hombre, pero... Fuentes, ¿qué haces aquí, tío?

¡Pero qué sorpresa!

Si Mahoma no va a la montaña...

Nos hemos encontrado en la calle.

Vengo a llevarte a mi cumpleaños, aunque tenga que arrastrarte.

No puedo, te lo he expliqué en la llamada.

Sí, que no quieres ver a los compis de la facultad.

¿Y te crees que yo sí?

Pero me caen 50 tacos, tío,

y lo que toca es... celebrar un fiestón,

con la gente que me ha soportado medio siglo.

Claro que sí, que es un momento muy especial.

Y de toda la gente a la que he invitado,

uno de los pocos con los de verdad quiero emborracharme... eres tú.

Así que... ya te estás quitando las deportivas, venga.

No, lo siento de verdad. No puedo. Es que además tengo trabajo, mira.

Mañana tengo que entregar una cosa urgentemente.

No puedo.

Seguro que puedes pedir una prórroga, ¿no, cariño?

No puedes faltar, Nacho. No fastidies.

Con lo que tú y yo hemos pasado juntos...

La verdad, las pasamos de todos los colores.

Porque vosotros compartíais piso, ¿no?

Cuando erais estudiantes.

Con otros dos.

60 metros, en Chueca, cuando Chueca era... territorio comanche.

Había que sortear a los yonquis para entrar en el portal.

(NACHO) Pasé por allí, vi un cartel de "Se vende" y llamé.

Medio quilo un estudio más pequeño que nuestro piso.

¿Qué te parece? -Fatal.

Y la mercería de abajo es ahora un salón de tatuajes.

¿Recuerdas cuando la dueña de la mercería subió

a pedirnos que bajáramos la música? Tú tenías el equipo a todo trapo.

¿Que si me acuerdo? Esa mujer aún se me aparece en mis pesadillas.

Y eso, ¿por qué?

(NACHO) La dueña era una vieja arrugada como una pasa,

con una cara de mala leche increíble.

Y se presenta en nuestra casa

con las tijeras que usaba para cortar las telas, así, enormes.

Cuando abro la puerta y la veo ahí,

plantada en ese descansillo siniestro,

con las tijeras en la mano, pensé que me iba a rajar.

Parecía una película de terror.

(BURLÓN) "Bajad la música". -Pero ¿os amenazó?

¿Os amenazó con las tijeras? -No, no.

Qué va, qué va. Simplemente las llevaba en la mano.

Imagino que estaría usándolas cuando vino

a pedirnos que bajáramos la música. -No lo sé.

(BURLÓN) "Que bajéis la música".

Madre mía. -¿Queréis tomar algo?

Venga.

Qué acojone de momento, ¿eh?

(Móvil)

Ah, se ha dejado el móvil.

(Móvil)

¿Sí?

Hola. No, no, es que no... no está. Se ha dejado el teléfono.

Puedes hablar conmigo, soy su novia.

¿Perdona?

Vale, pero dime dónde está.

¿La Rasilla? Vale. Estoy... Voy yo.

En cinco minutos estoy allí, ¿vale? ¡Mierda!

Noa, te tienes que quedar en el bar.

Me tengo que ir pitando. -¿Por qué? ¿Ha pasado algo?

Porque me han llamado del restaurante de un amigo de Jorge,

que Marcos está allí,

que se ha plantado en unas condiciones, pues... imagínate.

¿Y qué, vas a ir a buscarlo? -Pues es que...

Jorge se ha dejado el móvil,

Me tengo que ir yo. -Vale.

Me quedo y... aviso a Jorge si viene.

Dile que estoy... -En La Rasilla.

"Okay". Gracias, Noa.

Qué tiempos...

Y qué risas. -Sí.

Por eso no puedes faltar a mi fiesta.

Tú no.

Somos amigos desde... ni me acuerdo.

Y nos hemos partido de risa demasiadas veces.

También hemos pasado juntos por malos momentos.

También, también.

Y precisamente tú... no puedes dejarme tirado hoy.

Está bien.

Ahí estaré.

(FUENTES) Vale. (NACHO) Pesado.

Ese es mi colega.

Eh... Te veo ahí a las 22:00. -Ajá.

¿Ya te mandé la dirección? -Sí.

¿Nos vemos ahí? -Ahí estaré.

Vale.

No hace falta que te diga que tú también estás invitada.

Gracias.

Pero será mejor que vayáis solos

porque creo que tenéis que hablar muchas cosas, ¿no?

Eh... A las 22:00.

(NACHO) Ahí estaré.

(ROSA) Fuentes sigue igual de simpático, ¿eh?

Ay... Un personaje.

¿Sabes que te ha cambiado la cara

mientras habéis estado hablando de los viejos tiempos?

Me alegra que hayas cambiado de opinión y que vayas a esa fiesta.

Yo también.

Voy a darme una ducha.

Si necesitan algo más, saben dónde estamos.

Muchas gracias.

No creo que hayamos sido de mucha ayuda,

porque ni Samu ni yo teníamos idea

de lo que esa mujer se traía entre manos.

¿Qué crees que le va a pasar?

Con sus antecedentes, deberá estar en prisión hasta el juicio.

Ella ha dicho que escondió la maleta

porque un exnovio la estaba extorsionando.

¿Y eso podría ser un atenuante?

Yo creo que no la va a librar de ir a la cárcel.

(SAMUEL) A ver, la madre de Carla es esquizofrénica.

Quizá sirva para rebajar la condena, ¿no?

No... No tengo ni idea, Samuel. Lo siento.

Lo que le faltaba a Carla...

Esto la destroza ya.

Bueno, Samu...

nosotros no podemos hacer nada.

Sí, yo sí que puedo.

Voy a conseguirle a Elvira un buen abogado para sacarla de ahí.

Un buen abogado cuesta mucho dinero. -Ya veré yo de dónde lo saco.

Pero esto lo tengo que hacer por Carla.

¿Entonces habéis salido ya?

¿Y hay mucho tráfico?

Vale. Bueno, en cuanto llegues, me llamas, ¿vale?

Bueno, hijo, pues me dejas un mensaje.

Así me quedo más tranquila.

(Timbre)

Mi vida, te dejo, ¿vale?

Te quiero. Pórtate bien. Hasta luego.

Voy.

¿Puedo pasar?

¿A qué has venido? A traerte esto.

¿Y qué es esto? Una cartera.

Ya sé que es una cartera, pero no es mía.

Ya, ya lo sé, entre otras cosas, porque es de chico.

Pero me la he encontrado en la furgoneta, bajo el asiento.

No lleva documentación dentro y pensé que a lo mejor era tuya.

Bueno, pues no es mía. Ajá.

No está David, ¿no?

Al final has dejado que se vaya a la sierra.

Sí, bueno, creo que...

que le va a venir bien estar unos días con su abuela y... sí.

Muy bien.

Oye, tengo muchas cosas que hacer.

Estoy con la contabilidad de la droguería y...

Si quieres, te ayudo, con los números soy bueno.

En serio. No, gracias, lo hago yo sola.

Bueno. (CARRASPEA)

Bueno...

¿Segura?

Sí, segura.

¡Elías! ¡Oye, Elías!

La cartera. La cartera.

Segura, ¿no?

Ayúdame. (NOA) Cuidado.

Que estoy bien, puedo yo solo. -Vamos a ponerlo aquí.

Siéntate. -Puedo solo.

¿Has visto a Jorge?

No. (LORENA SUSPIRA)

Gracias por cubrirme. -De nada.

Eh... ¿Necesitas ayuda?

No, no. Yo me ocupo.

Vete a la barra, ¿vale?

¿Te traigo un vaso de agua?

¿Estás de coña?

Es verdad, perdona.

¿Quieres un gin-tonic?

No vas a beber hoy más.

¿Te estás enterando de lo que te estoy diciendo?

Tengo que ir al baño. -Vale. Vamos juntos.

¿Qué dices? -Sí.

Voy contigo a todas partes. Tú hoy no te metes una mierda más.

¿De qué vas? ¿Quién te crees que eres?

¿Por follarte a mi padre crees que puedes ser mi madre?

Venga, anda... -Marcos.

Que me dejes en paz. -Mírame.

¿No te parece que estás haciendo suficiente el ridículo por hoy?

Sí, sí. -Yo hago el ridículo.

-Hoy, el restaurante, ¿y el otro día?

¿Montándome aquí el numerito? ¿Empujando a David? Ya está bien.

Eres un coñazo, tía. Déjame. -¿Que yo soy un coñazo? No, tú.

Tú eres un coñazo.

Estás destrozando tu vida.

Y estás haciendo mucho daño a tu padre,

que solo quiere ayudarte, ¿te enteras?

A mi padre siempre le he importado una mierda.

Le da igual lo que me pase, así que no...

Ni te acerques.

Ni te acerques.

Marcos, ya vale, ¿no?

Deja este camino, no lleva a ninguna parte.

¿Tú qué sabes?

Sé exactamente de lo que te hablo...

y lo sé por experiencia propia.

No me hagas reír, anda.

Llegó un momento en que no podía funcionar si no me metía una raya.

Y luego otra.

Y otra y otra...

Flipo, vamos.

Entonces, ¿por qué me miras siempre por encima del hombro?

Siempre te has creído mejor que yo.

Pues en realidad eres... eres un pringado.

Yo nunca me he creído mejor que tú, Marcos.

Y Lorena tiene razón, solo pretendo ayudarte.

(MARCOS) Si vine aquí,

fue para que me ayudaras a relanzar La Fanega, pero...

pero es que no quiero nada contigo, nada.

Nada. Y ya está. Te has negado, fuera.

Y tú, también.

(LORENA) ¿Quieres que...?

¿Quieres que haga algo, que llame a alguien?

No.

Yo me ocupo.

(JONATHAN) Carla.

¿Cómo... estás?

Vale.

Solo quería decirte que Samuel no tuvo nada que ver, ¿vale?

Que toda la culpa fue... fue mía.

Fui yo quien decidió... mentir a la Policía.

Samu y Jonathan, Samu y Jonathan, continuamente.

Pero ¿qué más da? Si sois la misma mierda.

Me habéis mentido a mí,

habéis mentido a la Policía, habéis mentido a todos.

Carla, pensé que Samu ya tenía suficiente castigo

con estar en una silla de ruedas toda su vida,

y a José nadie va a pedirle cuentas.

Por eso, cuando Samu salió del coma, vi que no recordaba nada

y por eso decidí mentir, solo por protegerlo.

Y luego le contaste la verdad y no me contó nada

porque es un cobarde.

No, si no lo hizo fue por miedo a perderte.

¿Y ahora me cuenta esto? ¿Para fastidiarme?

Dime una cosa.

Si te dice la verdad cuando lo supo, ¿lo habrías perdonado?

¿Perdonar al asesino de mi hermana? -Samuel no es un asesino y lo sabes.

No tenía intención de hacer daño a nadie, ni a tu hermana ni a nadie.

Fue un accidente. Sí, una imprudencia.

La muerte de tu hermana, la de José, no...

no fueron un asesinato.

Fue... -Conducir borracho

y provocar un accidente mortal, eso es ser un asesino.

Y los dos que lo acompañan y que permiten que lo haga,

esos son los cómplices.

Carla, tía, de verdad,

ojalá pudiera cambiar las cosas. -No puedes cambiar nada, Jonathan.

¡Nada! -Carla, tía, lo siento de verdad.

Yo no tenía intención de hacer nada.

Fue un accidente. Ojalá pudiéramos cambiar las cosas.

¡Que no podéis cambiar nada!

¡No se puede cambiar nada! ¡Ya está!

¡Acéptalo Y lárgate!

(LLORA)

(CARLA TOSE)

(CARLA RESPIRA AGITADA, LLORA)

(GERMÁN) Carla. ¡Carla! ¡Eh! Eh.

Joder... Carla, eh.

(GERMÁN TOSE)

(CARLA TOSE)

Tiene una empresa de transportes, potente, grande,

con mucho repartidor y muchas furgonetas

Aparte es de fiar. Sí.

Conozco a Maldonado y no está mal.

Lo que pasa es que va a ser caro para nosotras.

Yo si queréis, si queréis,

hablo con él y negocio el precio. Es amigo.

Bueno, lo de negociar el precio me parece bien.

Pero no lo vas a hacer tú,

lo haremos nosotras, que no somos idiotas.

Además la empresa es nuestra.

A ver, que estar buscando trabajo no es malo, Nacho.

Y que estés en el paro no te tiene que dar vergüenza, no es culpa tuya.

No, pero no me siento cómodo contándoselo a todos.

Soy así de imbécil. ¿Es lo que querías decir?

-Se cree que la voy a dejar irse a vivir con el De La Cruz.

(VALERIA) ¿Qué? ¿Que tú no me dejas hacer lo que me dé la real gana?

Pero ¿tú quién te crees que eres?

Vamos a hacer las cosas a mi manera.

Error. Sin un plan marca De La Cruz,

este te come a ti por las patitas. Te lo digo yo.

Vale, pero hoy mando yo.

Tú estás aquí como consejero.

El negocio de las cestas es mío y de tu mujer, así que mando yo.

¿Es que no lo haces siempre?

Ya me dijo Nacho que lo pasasteis muy bien en el cumpleaños, ¿no?

Sí. La verdad es que estuvo muy bien.

Justo ahora vengo de la oficina de Nacho.

Quería charlar con él un rato y darle las gracias, pero...

me han dicho que ya no trabaja allí.

No. Eh... Ya no está en la empresa. -Ah.

No sé si me alegro o no de haberlo hecho, pero...

fue lo único bueno que saqué de todo aquello,

que Samuel no fuera a la cárcel, que siguiera con su vida.

Voy a denunciar a Samuel.

¿Qué?

Es lo mínimo que puedo hacer por mi hermana.

Lo siento, Carla, pero...

ya no se puede.

El delito ha prescrito.

(JAVIER) No es la primera vez que te pillo espiándome.

Si quieres saber algo, me lo preguntas.

Y no toques mi móvil.

¿Quién es Tomás?

Qué bien, Marcos, qué bien.

Veo que ya has elegido... el peor camino,

negar el problema.

Muy bien.

En cualquier caso, estaré ahí cuando te caigas.

Porque te vas a caer, te lo aseguro.

Sólo es cuestión de tiempo.

En ese caso, nos veremos pronto.

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Mercado Central - Capítulo 74

09 ene 2020

David se va de vacaciones con Asunción. Celia y Elías resisten la tentación.
Carla, tras enterarse de que Samuel era el que conducía el coche la noche de la muerte de su hermana, toca fondo e intenta suicidarse.
Valeria habla con Jesús para posponer lo de irse a vivir juntos. Ahora mismo su familia la necesita por todo lo que ha pasado con Samuel.
Samuel sufre por Carla y quiere pagarle un abogado a su madre.
El varapalo de quedarse sin trabajo ha sacado al Nacho más vulnerable y sensible. Rosa hará lo que sea necesario para no perderlo.
Jorge confiesa a Marcos que fue adicto a la cocaína.

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