Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 71 - ver ahora
Transcripción completa

Ese tío es un mal bicho.

Con Miras no se puede ir de buen rollo y tenéis dos opciones:

o aceptáis que os ha timado 3000 euros

o le pagáis con su propia medicina.

Ahí donde lo ves, es un mafioso y solo entiende su propio idioma.

Con él hay que ser igual o peor persona que él.

Ella confía en mí a muerte. Y eso me está matando por dentro,

sé que mi padre y tú lo hicisteis para protegerme,

pero me la habéis liado bien.

¿Sabes qué pasa?

Si no se lo cuento,

voy a ser el capullo que la está mintiendo.

Y si se lo cuento, los tres vamos a la cárcel.

Yo, por conducir borracho y vosotros, por encubrimiento.

Me ha confesado que sí,

que fue Hortuño el que le pagó para fingir el accidente laboral

y denunciar al mercado.

-Lo sabía.

-He preguntado cuánto dinero le había ofrecido Hortuño

y le he ofrecido más y por eso ha desaparecido.

-¿Cuánto dinero?

-Eso es lo de menos. -No, dime cuánto y te lo pago.

-No hace falta.

Lo he hecho porque no podía dejar que se saliese con la suya.

Y, además, porque...

creo que estoy enamorado de ti.

Perdona, Rosa, tengo que terminar una cosa de trabajo.

He quedado en mandárselas a Rocío esta noche.

Descansa.

Germán no tiene nada que ver.

Parece que también colabora con el boicot al mercado.

Por eso, mi hijo ya ha hecho demasiado, así que mi hijo...

No, no, ya está, no te preocupes, no te preocupes.

No se enterará de nada,

ni siquiera de los negocios que tenemos tú y yo juntos.

Pero si sale mal, pagaremos las consecuencias todos.

Hortuño, yo

y tú.

Ah, y tu hijo.

Lo único, ten cuidado con los instrumentos y con el ampli,

déjalos en un lugar seguro. -Que sí, los guardaré,

no te preocupes.

Los guardo como si fueran los trofeos del Napoli.

Había pensado llevarte a la laguna de Peñalara

para darte una sorpresa, pero el clima no acompañaba.

Y he pensado: "Si Lorena no va a la montaña,

la montaña va a Lorena".

¿No? La montaña va a Lorena.

Vale.

No, si estoy en pijama y sin duchar.

He pasado una noche malísima, no he pegado ojo.

Me he levantado un montón de veces para ir al baño.

No lo sé, creo que es un virus o algo así.

Sí, sí, si yo pensaba que estaba bien, pero no.

¿No te importa que me quede hoy en casa descansando?

¿Seguro?

Gracias, te lo agradezco muchísimo, de verdad.

Sí, lo que voy a hacer es aprovechar para dormir

ahora que tengo el estómago más asentado.

No te preocupes, te iré contando.

Gracias, Paolo, gracias.

(SUSPIRA)

(Timbre)

Pasa, Luis.

-¿Estás sola?

-Sí, Nacho se ha ido muy temprano, ¿y Noa?

-En el ambulatorio,

tenía cita para pedir los papeles

del servicio sanitario para Nueva York.

-Siéntate, por favor.

¿Quieres un café o algo? -No, gracias. Acabo de tomar.

-Son las fotografías.

Dije que no quería verlas.

-Rosa,

tienes que enfrentarte a la realidad.

Luego ya verás lo que haces.

Pero negarla no es la solución.

-¿Cómo las has hecho?

-Seguí a Nacho y enseguida me di cuenta

de que no iba a ninguna reunión de trabajo, como te dijo.

Se encontró con una mujer en la calle.

-¿Joven?

-De su misma edad.

-¿Y cómo se saludaron?

-Se dieron dos besos.

Estaban en la calle, les podía pillar cualquiera.

-¿Qué hicieron luego? -Se fueron directos a un hotel.

Es uno de estos sitios que alquilan habitaciones por horas.

-Ya.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz en la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Hiciste alguna foto mientras estaban dentro?

-No, solo al entrar y al salir.

Dentro, es ilegal.

-¿Y cuánto tiempo estuvieron allí? -Menos de una hora.

-¡Ah!

-Luego se despidieron, se dieron dos besos

y cada uno se fue por su lado.

-No hay que ser muy listo

para saber lo que se puede hacer

en una hora en un sitio como ese, ¿verdad?

-Sé que estás pasando por un momento muy duro.

Pero tienes que mirarlo con tus propios ojos.

Es la única manera para que aceptes que lo pasa es real.

-¿Sabes?

Nacho ha sido el centro de mi vida desde que le conocí.

Primero, él y luego, Noa.

Y ahora, voy a perderlos en muy poco tiempo.

-A Noa no la vas a perder,

siempre va a estar contigo, aunque esté lejos.

-¿Ella sabe algo de esto? -No.

Pero siempre ha desconfiado de él, lo sabes.

-Y no me extraña, tenía motivos.

-De momento, no le he dicho nada. Esto es entre tu marido y tú.

Tú tienes que dar el siguiente paso.

-¿Paso? Mi matrimonio se está deshaciendo.

-Bueno, pero tienes una vida por delante.

Y Noa te va a apoyar, hagas lo que hagas.

-Mira, si Noa se entera de todo esto,

va a querer quedarse aquí conmigo.

Y...

Yo no quiero entorpecer su viaje contigo a Nueva York.

-Le costará venirse si sabe que estás mal.

-Entonces, Luis,

vamos a mantenerla al margen de todo esto, ¿te parece?

-Hacemos lo que tú quieras.

-Supongo que tengo que enfrentarme a la realidad.

-Yo me voy.

Si quieres, me puedo quedar contigo.

-No, gracias, prefiero quedarme sola.

Gracias, Luis.

Lo del vivac es una pasada.

Y mucho mejor que si hubiéramos ido a Peñalara.

Hombre, más calentito, seguro. Y más romántico.

Lo de la tela con las estrellas fue...

Lorena estaba emocionada.

Y yo también. ¿Y hasta qué hora duró la acampada?

Pues más de las dos, seguro.

Si casi os pillan cuando abren el mercado durmiendo ahí dentro.

Ya. Muchas gracias.

Me alegro de contribuir a que todo os vaya bien.

Marcos, de verdad, gracias.

No solo por la idea, sino por haber vuelto a mi vida.

Te echaba un poco de menos. Anda, ven.

No, en serio, estoy contento de haberte recuperado.

Siento romper este momento romántico,

pero tengo cosas que hacer. ¿No vienes a la feria?

No, no. Tengo que ver a un proveedor,

atender en la tienda, imposible, tira tú.

Vale, nos vemos luego. Chao.

Que sí, que entre los dos podemos.

Yo, con el bajo y la guitarra y tú, con el piano.

¿Qué ha pasado, papá?

-Andrea...

lo siento, se los han llevado. -¿Qué se han llevado?

-Se han llevado los instrumentos.

Los han robado. -Me estás vacilando, ¿no?

-¿Has llamado a la Policía?

-La Policía.

-Cuanto más se tarde en poner la denuncia,

menos posibilidades hay de recuperarlos.

-Ahora mismo les llamo.

Me siento tan estúpida. ¿Quién, tú?

Sí. Tú le viste venir.

Si te llego a hacer caso, no estaríamos así.

Sí, pero yo me olía que no buscaba hacer negocios con nosotras.

Pero sí, esperaba que respetara el trato y nos pagara el pedido.

Y ahora no estaríamos con 3000 euros en material

que no sabemos ni cómo darle salida.

Pues consiguiendo más encargos.

Ya, ¿cómo?

Dicen que de una boda sale otra bosa.

Los invitados de Sonia se quedaron contentos con las cestas.

Esperemos que alguno se acuerde

cuando organice alguna celebración y nos recomiende.

Pues mira, tienes razón. Hay que ponerse las pilas.

Y le vamos a enseñar a ese imbécil quiénes somos.

Bien dicho.

Ese cretino no nos va a amargar el día.

Por nosotras. Venga.

A ver si lo adivino, ese cretino no puede ser otro que Hortuño.

No. No hablábamos de Hortuño.

La lista de cretinos es mucho más larga, créeme.

¿A quién despellejabais?

A uno con el que íbamos a hacer un negocio

y nos ha engañado, Leopoldo Mira se llama.

Hortuño también es un cretino de cuidado.

Más que eso, está detrás del accidente de Wilson.

¿Qué? ¿En serio?

Pero ese hombre no tiene límites. ¿Y qué vas a hacer?

Intentar devolverle el golpe.

Pero es listo y sabe defenderse.

Díselo a Elías. Hortuño fue el que filtró a la prensa

el chanchullo con el arquitecto.

Y el Ayuntamiento ha retirado su apoyo.

Hortuño tiene buenos contactos con los medios.

Yo grabé un audio con el móvil

en el que delataba su estrategia para acabar con el mercado.

Y nadie quiere publicarlo.

Eso es porque tiene dinero.

Con dinero, se callan bocas.

Si fuera tú, me guardaría esa grabación.

Quién sabe, igual en un futuro te sea de utilidad.

Eso voy a hacer. Voy a pedir un café.

¿Qué piensas? Nada.

Llamo de la pizzería del Mercado Central. Nos han robado.

No, ahora no, esta noche, cuando el local estaba cerrado.

No, dinero creo que no. Nos han robado unos instrumentos musicales.

¿Cómo?

Vale, sí, sí. Ahora mismo vamos.

De acuerdo, gracias.

Tenemos que ir allí. -Papá.

¿Dónde dejaste los instrumentos?

-Detrás del mostrador.

-¡Te dije que los dejases en un lugar seguro! ¿No te enteras?

-Lo siento. Ayer bebí demasiado, quería unirme a vosotros.

-¿Han forzado alguna entrada?

-No, no, no.

Eché bien el cierre, de eso estoy seguro.

Y esta mañana la puerta estaba como la dejé.

-Hay un agujero en la pollería, a veces, la gente entra por ahí.

Estoy flipando, tío. -Acabo de llamar a la Policía.

Tenemos que ir allí a presentar denuncia.

-¿Me puedes decir qué le digo ahora a Mauro y Alfredo?

¿Sabes lo que cuestan los instrumentos, tienes idea?

-Lo siento, la verdad.

Verás que la Policía los recupera.

-En el 95 por ciento de los casos

nunca se recuperan los objetos robados.

-David, cállate un poquito, cállate.

-Mira, Andrea, yo voy para allí ahora mismo.

Tú quédate aquí. -¿Y Rosa?

-Rosa hoy no viene a trabajar.

Necesito que tú te quedes al frente, por favor.

Vuelvo ahora mismo. Va.

-Y me tengo que quedar sirviendo mesas con la que me ha liado.

-No puedo ayudarte, tengo clase de matemáticas.

-Pues ya verás qué bien yo solo, ya verás.

Hola, buenos días.

Jorge.

Andrea necesita ayuda con la pizzería.

¿Podrías ayudarle?

Ahora, no. Hay que atender el puesto

y cuando vuelva mi hijo, preparar la nueva carta.

Solo sería un rato, hasta que vuelva Paolo de la comisaría.

¿De la comisaría? ¿Qué ha ido a hacer?

A denunciar el robo de los instrumentos.

¿Los han robado? (ASIENTE)

(RESOPLA)

Supongo que un rato podré quedarme.

Creo que lo va a necesitar.

¡Eh, chaval! ¿En qué puedo ayudarte?

Y que tengas felices fiestas, Ana.

Dale recuerdos a tu marido

y que se pase por aquí para despedir el año como se merece.

-Adiós, Ana.

¡Ay!

¿Qué te pongo, preciosa?

¿Vienes a comprar algo especial para la cena de esta noche?

-No. De eso quería hablarte.

No sé si es buena idea lo de la cena.

-¿Qué dices? Es una idea fabulosa.

-Ya, pero igual no es el momento

de anunciar que nos vamos a ir a vivir juntos.

-¿Por qué?

-Porque están todos preocupados por Samuel,

por lo de la madre de Carla.

-Lo mejor para olvidarse de los problemas

o, por lo menos, dejarlos de lado, es una buena noticia.

Y que nos vayamos a vivir juntos es una notica estupenda.

-No estoy segura de que ellos opinen eso.

-¿No serás tú la que piensas que no es buena idea?

-A ver, Jesús, que no tenemos 20 años.

Y eso de irse a vivir juntos,

a nuestra edad, es una extravagancia.

-Qué tendrá que ver la edad, nosotros...

estamos mejor que muchos de 40 y de 30.

-Sí, en la cabeza. Pero después de la noche que hemos pasado

en el almacén, díselo a mis riñones, no opinan igual.

-Y físicamente, también.

Con los achaques de nuestra edad,

pero tenemos que dar mucha guerra todavía, Valeria.

-Que no me refiero a eso.

-Vamos a ver.

¿Me quieres? Que eso es lo importante.

-Claro que te quiero. Con locura.

-¿Y quieres ser feliz?

-Como todo el mundo.

-¿Y crees que despertándote cada mañana en mis brazos

ayudará a tu felicidad?

-Eso sería maravilloso.

-Pues no hay más que hablar.

-Tienes razón.

(Puerta abriéndose)

Hola.

-Hola, cariño.

¿Qué tal, cómo ha ido todo?

-Bien, vengo a por un sobre para unos documentos.

Estoy con lo de la cobertura sanitaria,

qué rollo tanta burocracia.

¿Tú qué haces aquí, no vas a trabajar?

-No, he llamado a Paolo para decirle que no iba a ir.

He pasado muy mala noche, cariño.

-¿Ah, sí?

Sí, tienes mala cara.

¿No tendrás fiebre? -Fiebre, no, creo que es un virus.

-Mira, te lo cojo.

¿Y esas fotos? -Pues nada.

He estado haciendo limpieza y han salido estas fotos antiguas.

-Qué van a ser antiguas, si la primera era de papá de ahora.

(SUSPIRA)

Anda, siéntate, hija.

Tengo algo que contarte.

-¿Qué ha pasado?

-Es tu padre.

A ver...

Tu padre, que ha conocido a otra mujer.

-¿Qué?

¿Te está engañando?

Yo también siento vértigo cuando pienso que vamos a vivir juntos.

-¡Ay! -Pero bueno, es normal.

-Hola, me ha pasado tu número tu hermano,

soy Jona, el que trabaja en el Mercado Central.

Era para ver si te podía hacer una consulta legal, ¿vale?

Cuando tengas un rato me contestas. Venga, gracias.

Oye.

¿He oído bien?

¿Os vais a vivir juntos?

-Eh, calladito, que todavía no lo sabe nadie

y no quiero que nos estropees la noticia.

-Enhorabuena, Jesús, es para celebrarlo.

(RÍE)

Y sobre lo del vértigo que te he escuchado,

¿sabéis lo que dice un rapero? -Pues alguna barbaridad, seguro.

-Que el vértigo no es miedo a la caída,

sino ganas de volar. -¡Ay, qué bonito!

No sabía que los raperos eran tan románticos.

-Los raperos y los Jonas, Valeria.

-Pues yo me vuelvo al puesto a trabajar.

(RÍEN)

-Luego nos vemos.

-Estáis a tope, ¿eh? Habéis vuelto con ganas, bribón.

-Así es el amor, chaval.

Hay que aprovechar cuando llega.

Y apurarlo hasta la última gota.

-Pues bien que decías que el amor era un asco,

que si había que divertirse, que si bla, bla, bla.

-Porque no había descubierto que enamorarse también es divertido.

-Divertido cuando la persona a la que quieres te corresponde,

querrás decir, como es tu caso, claro.

-Bueno. Lo siento, Jonathan.

¿Has hablado con mi nieta? -No, que va.

Noa tiene la cabeza en otro lado.

Que no te preocupes, ya está asumido, mira, dientes, dientes.

Toca pasar página, jefe.

-Eso es muy inteligente.

El mundo está lleno de chicas estupendas.

Seguro que encuentras el amor de tu vida cuando menos lo esperas,

como me ha pasado a mí. -Hombre, espero que llegue

antes de tener tu edad, porque me veo a dos velas.

-¡Anda, anda!

Toma el mando de la frutería mientras voy al bar.

Que estoy solo con un café y me muero de hambre.

-Espera un segundo,

que tengo que arreglar una cosa con una amiga, ahora vuelvo.

-¿Qué llevas en esa bolsa?

-Pues ya ves.

-Bollitos de chocolate, dame uno.

-Son para la fiesta de Navidad con los mozos de almacén

y son pastelitos del amor.

¿Cómo te quedas? -Dame uno porque estoy enamorado.

-Que no, que esto lleva un ingrediente especial.

Sativa. ¿Sabes lo que es?

-Pues claro que sé lo que es sativa.

¿Con quién te crees que estás hablando?

Soy un tipo informado.

-Tengo que ir a devolverle esto a mi amiga,

que se ha dejado las llaves. Ahora vuelvo.

-¡Que te tienes que quedar aquí!

-Ahora me quedo, le entrego esto y ya está.

Joder.

Con el hambre que tengo.

¡Mmm!

Mamá, explícamelo bien porque estoy flipando.

¿Cómo que te está engañando, quién es esta?

-Pues creo que es...

una compañera nueva del trabajo.

-¿Quién ha hecho estas fotos?

-Verás, es que cuando empecé a sospechar,

estuve hablando con Luis

y me comentó que podía seguirle. -Espera, ¿Luis?

¿Luis ha hecho estas fotos? -Sí.

-¿Me queríais mantener al margen? -No, cariño, no.

Ha sido una decisión mía, no quería preocuparte,

vas a empezar una vida nueva, mi amor, en Nueva York.

Y no quería que te fueras preocupada.

-Pero es que...

No me entra en la cabeza que papá te haya hecho algo así.

Me puedo esperar todo de papá, pero que te sea infiel.

-Ya ves.

Pues nos ha engañado a las dos.

Sabes que no puedes seguir aguantando esto, ¿no?

-¿Qué quieres decir?

-Que tienes que dejar a papá.

Mamá, todo este daño que te está haciendo

tiene que servir para que dejes este matrimonio.

-Ya, pero es que son muchos años.

-¿Qué más tiene que hacer para que te des cuenta

de que no puedes seguir a su lado?

-Creo que tienes razón, Noa.

-Pues entonces, prométemelo.

Prométeme que le vas a dejar.

Por favor.

-Te lo prometo.

-Lo siento.

Siempre voy a estar a tu lado, mamá.

Por muy lejos que esté.

Te quiero mucho. (ROSA LLORA)

(SUSPIRA)

"¿Diga?". Leopoldo Miras.

"Soy yo, ¿quién es?".

Celia Mendoza.

¿Celia? Sí, la socia de Adela.

Ya.

Qué poco habéis tardado en chivaros a Elías, ¿eh?

"Habéis necesitado a un hombre que dé la cara por vosotras"

Llamaba para pedirte disculpas por eso.

¿Segura? A buenas horas.

Escúchame.

Insisto en que te quiero pedirte disculpas.

Primero, por lo de Elías. La verdad es que él se enteró

y actúo por voluntad propia, nosotras no le dijimos nada.

"Y luego también disculparnos porque todo lo que ha ocurrido

nos ha dejado muy disgustadas".

Y en fin, no sé,

creo que podríamos arreglar toda esta historia.

Ya, sobre todo, porque conozco a Adela desde hace muchos años

y la consideraba mi amiga. "Sí, sí. Ella también"

te tiene mucho aprecio. Todo ha sido un malentendido,

podríamos vernos y...

Estoy convencida de que podríamos,

no sé, acercar posturas.

No sé.

No te iba a robar mucho tiempo, sería la hora de la comida.

Está bien.

¿Quedamos en el restaurante de mi hotel?

Genial, sí.

Bueno, Adela no va a estar, está de viaje,

Pero yo sí, así que estaríamos tu y yo... solos.

Está bien.

"Adela está al tanto de todo y está totalmente de acuerdo"

en que tenemos que arreglar esta situación.

"Está bien".

Fenomenal, lo único que en vez en el hotel,

¿qué te parece quedar en mi casa?

Estaríamos más tranquilos para hablar.

¿Quieres que quedemos en tu casa?

"Sí, sí, bueno".

Si a ti te viene bien.

De hecho, sería genial si quedáramos hoy mismo.

Hoy puedo.

Fenomenal, te mando la ubicación.

¿A las dos de la tarde te parece bien?

De acuerdo.

Bien.

Pues nos vemos en un rato. Hasta luego, gracias.

Lo sé, Marcos, cuenta con ello, de verdad.

Jorge, una cosa.

Marcos, te prometo que hoy queda resuelto lo del menú.

Cuando vuelvas de la feria, Paolo estará de vuelta

y yo estaré liberado. Sí, te voy contando, chao.

Tú dirás.

Necesito que me hagas un favor.

¿Qué le pasa hoy a todo el mundo con los favores?

Voy a coger tomillo y orégano y me voy pitando a la pizzería.

¿Qué haces en la pizzería? Haciendo un favor a Paolo.

El mío es muy sencillo,

a ver si puedes comer con David. ¿En tu casa?

David puede hacerse algo solo. No, no, en casa no. A ver...

He quedado con un cliente y no quiero que David esté por medio.

¿Puedes? Sí, vale.

Le voy a dar pizza. Fenomenal.

Te voy a dar dinero. Deja, yo invito.

No, no. Una cosa es un favor y otra, que lo pagues.

Mira, hacemos una cosa.

Yo doy de comer a David y tú echas un ojo al puesto.

Vale. Vale, me voy pitando, chao.

Hemos quedado en un par de horas. ¿No te parece un poco pronto

para coger mesa? -Necesitaba una birra.

-Luego dices que no paras de trabajar, que no tienes tiempo.

-Mi padre me tiene esclavizado, por eso necesitaba la birra.

En cuanto me suelta un poco, hay que aprovechar.

-Pero no te olvides de nuestra comida, no falles.

-No te preocupes, ahí estaré.

-Y recuerda, pago yo.

Es lo mínimo después de salvarme la vida.

-Eres un exagerado.

-No, ese Wilson podría habérmela arruinado.

-Está bien, tú sabrás.

Te advierto que soy un comilón. Mi abuelo siempre dice

que sale más a cuenta comprarme un traje que invitarme a comer.

-¿Ah, sí? Pues que te lo haga ceñidito, comilón.

-Adiós, rubito.

¿Qué tal?

Veo que vas dando pasos agigantados, ¿no?

Es lo que me pediste, ¿no?

Sí, sí, además, que te veo muy bien.

Te veo dándolo todo, muy metido en tu papel.

Quizá demasiado.

No sé a qué te refieres.

No sé, tengo la impresión de que no te está costando mucho

hacer el teatro para seducirlo.

Es más, creo que es él el que te seduce a ti y eso es peligroso.

A ver si ahora el problema es que hago demasiado bien el trabajo.

No, hombre, no, qué problema va a ser eso.

Lo que pasa es que nunca está de más ser precavido.

Sobre todo, si pasan cosas tan raras

como que Wilson desaparezca del hospital.

No sé, se arrepentiría en el último momento.

Sí, puede ser.

Tú no sabes nada de eso, ¿verdad?

Sé lo mismo que tú, papá.

Tengo que irme, tengo que hacer un par de cosas antes de la comida.

Claro, ve, haz lo que tengas que hacer.

Ya me contarás cómo va la comida. Muy bien.

¿Qué tal la pizza?

Bastante buena.

Mejor que la de Paolo, tú no la llenas de pimientos.

Muy bien, pero esto último no se lo diremos a él, ¿vale?

Deja eso, siéntate y te la comes tranquilo.

Quiero ayudaros antes de ir al colegio.

Viene muy bien que nos eches una mano. Esto está hasta arriba.

Andrea no da abasto en la terraza

y yo, ya ves, con las manos en la masa, nunca mejor dicho.

Gracias por ayudar a Andrea. No está muy bien.

Y encima, le roban los instrumentos.

Y gracias por la pizza. De nada, hombre.

Estás muy neurotípico, como tú dices, ¿no?

Das las gracias, te alegras por los amigos.

Es algo que estoy trabajando con mi terapeuta.

Pues te funciona.

También estoy trabajando el contacto físico, los abrazos.

Qué bueno.

Oye, ¿te apetece que probemos uno ahora?

¿Ahora?

Sí, ¿por qué no?

Un abrazo de buenos amigos.

Bueno.

Dale, lo que quieras.

¿Qué tal? Bien, muy bien.

Hay que limar algunas cositas, pero muy buen abrazo.

Un poco largo, para mi gusto.

A partir de los cuatro segundos me siento incómodo.

Esto es como los deportistas,

hay que superar las marcas poco a poco.

Todo llegará. Pero muy bien, muy bien.

(RÍEN)

Vamos a llevar esto a la cocina, ¿eh?

Que tengo que preparar la carne.

-Tenemos tiempo de sobra,

baila conmigo. -¡Anda, anda!

Déjame, tengo los pies hinchados. (RÍE)

-Estás rarísimo. -Estoy enamorado.

Enamorado de una mujer muy hermosa y muy, muy, muy sexy.

-¡Huy, anda, siéntate ahí!

Y yo preparo la carne, que tiene que estar

unas horas en maceración para que coja el sabor del adobo.

(CANTURREA)

¡Oye! ¿Dónde está la pimienta?

¿Qué haces comiendo pastelitos a estas horas?

-Están riquísimos.

Prueba uno, anda. -No, no me apetece.

-Anda, solo un poquito. Tenías que hacer algo así para esta noche.

De postre.

-Tengo el azúcar por las nubes. No puedo abusar del dulce.

-Son light, están hechos con sativa.

-¿Con qué?

-Ese edulcorante natural que sale de una planta.

-¡Ah! Querrás decir, con stevia.

-Como se llame, toma un mordisquito.

¿Otro?

¿Tienes un paquete de azúcar?

Me he quedado sin nada y Paolo

se llevado las llaves del almacén. Sí, ahora te lo doy.

Marcos, en media hora estoy contigo.

Paolo debería haber llegado y se retrasa, no sé.

-Llevas toda la mañana dándome largas.

¿No íbamos a trabajar con el menú?

Y lo vamos a hacer,

pero no puedo dejar a Andrea solo a la hora de comer.

Lo entiendes, ¿no? Sí, sí, claro, lo entiendo.

Yo también te necesito.

Si quieres contar con la ayuda de Jorge Santos,

lo mejor es no ser su hijo.

Marcos, por favor,

no seas injusto. ¿No tengo razón?

Ha surgido un imprevisto.

Gracias. Te he dicho que te voy a ayudar y lo haré.

No merezco que me hables así.

Lo que no me merezco es que me dejes para el final.

Soy tu hijo y nunca he sido tu prioridad.

Ni en Valladolid ni aquí.

Te pedí mil veces disculpas por todo aquello.

¿Y de qué sirve si vuelves a hacerme lo mismo?

¿Sabes lo que ha sido para mí venir aquí?

Tragarme el orgullo y pedirte ayuda.

Y te voy a ayudar. Nunca estás cuando te necesito.

Siempre es luego, más tarde,

dándome largas, la pizzería. No es verdad.

No es verdad. Venga ya, papá.

Te vi en la pizzería.

Con el niño ese.

A mí nunca me habías abrazado así.

En la vida.

¿Quieres jugar a ser su padre?

Encantado.

Espero que te salga mejor con él.

Pero no voy a estar aquí para verlo.

Vale.

Tienes que entenderle.

Está dolido, Jorge.

¿Cómo puede tener celos de David, por favor?

Lo de la pizzería es una urgencia,

lo suyo puede esperar a esta tarde.

Lleva esperando toda la vida.

Ponte en su lugar. Sí.

¿Y por qué no se pone en el mío, un poquito solo?

Tenéis que hablar,

estáis arrastrando muchas cosas desde hace años.

Se va ir a Valladolid, deberías hablar con él antes.

Vale, que sí, no lo sé, gracias.

(SUSPIRA)

No lo entiendo, no entiendo a la gente.

No me gusta hacer mis necesidades fuera de mi casa,

como en casa nada, vamos, no soy capaz.

No es solo por higiene, que también.

¿Tú sabes la cantidad de enfermedades

que puedes pillar en un baño público?

No importa lo limpios que estén,

los desinfectan una vez a la semana.

Da igual porque la gente es muy guarra, eso es lo que pasa.

No tiran de la cadena,

no usan la escobilla, nada.

-Bueno, no hace falta... -Claro que hace falta.

De estas cosas hay que hablar, por muy desagradables que sean.

Más desagradable es lo que se encuentra una

en los baños del mercado.

No puede ser que cualquiera que quiera

hacer una parada acabe en estos baños.

-Por eso, he hablado... -Lo que tienes que hacer

es hablar con Carla. ¿Has pensado en ella?

Lo está pasando mal con su madre,

pues ella tiene que lidiar con esto.

Hola. ¿Qué tal?

Habla con ella, que te cuente el panorama que se encuentra.

Lo que está limpiando no está pagado.

Hay que poner remedio. Remedio, ya.

Tienes que hablar con todos, como te dije, y convencerles.

Hay que restringir el uso del baño a los clientes del mercado.

Ya está, eso hay que hacer.

-¿Has terminado? -Sí. ¿Piensas hacer algo?

-Las llaves de los baños. He hablado con los comerciantes

y están encantados de que las guardes tú.

¿Cómo no me lo dices antes?

Con el trabajo que tengo y me haces perder el tiempo.

-¡No me has dejado meter baza!

Por favor, levántese usted.

A partir de ahora,

le nombro guardiana de los baños del Central.

Quien quiera pasar por el baño tendrá que acudir a usted.

¿Contenta?

-Contenta, no, alguien tiene que hacer

el trabajo sucio y me ha tocado a mí.

Me haré responsable de que los baños dejen de ser

el paso de cualquiera que asome por el mercado.

Venga, hasta luego.

(RÍEN)

Que tiemblen las vecinas,

hay una nueva sheriff en los baños del Central.

-Y se llama Dirty Carmen.

Me va a pedir una placa, un despacho y de todo.

Joder.

-¿Qué pasa? -Nada.

Que tengo una reunión, se me había olvidado.

-¿Y nuestra comida? -Tendrá que esperar, ¿vale?

-Vale. Okey.

¿Dónde se ha metido?

Habrá gente en la comisaria. Poner una denuncia lleva su tiempo.

¿Qué más da? No servirá de nada.

Eso no lo sabemos. A ver qué le han dicho.

No, quien haya robado los instrumentos

no los va a devolver.

Y a ver cómo digo a los de mi banda que los he perdido.

Nadie tiene la culpa de que hayan entrado a robar.

¿Cómo que no? Mi padre tiene la culpa.

Le dije: "Guarda los instrumentos bajo llave en una despensa".

Y como es un irresponsable, los dejó a la vista.

No seas injusto con él. Está tan mal como tú o peor.

¿Peor que yo? Peor que tú.

¿Peor que yo? Por su culpa he perdido mi instrumento.

He perdido mi banda de música,

he perdido a mi madre y a la familia.

Me importa una mierda lo que sufra.

Si está mal, que aprenda para la próxima.

-Andrea.

He hablado con la Policía y...

Piensan que será muy difícil recuperar los instrumentos.

Lo siento, de verdad. Perdóname, Andrea.

-Pues no me vale.

No.

Ya me estás comprando otros instrumentos.

-Andrea, me encantaría,

pero esos instrumentos son muy caros y no tengo dinero.

-¿Cómo se lo explico a Mauro y a Alfredo?

La culpa es tuya, papá.

Por irresponsable. Eres patético, ¿sabes?

¿Tampoco vales para eso? Andrea, por favor.

Vale que estés enfadado, pero no le hables así.

Le hablo como se merece.

Es un desastre. Ahora entiendo por qué mi madre le ha abandonado.

¡Andrea, basta! ¡Eso es, basta!

Es lo que decimos siempre, ¿verdad?

¡Me habéis destrozado la vida, tú y mamá, los dos!

¡Sois unos egoístas, no me habéis preguntado nada!

¿Cuándo me has preguntado qué quiero?

¿Cuándo me habéis preguntado qué pienso?

¿Sabes una cosa?

¡Te odio!

Me escuchas, ¿verdad? Te odio.

-Espera. ¡Andrea!

¡Andrea! Paolo.

Paolo, vale.

Está rayado, no sabe lo que dice, no se lo tengas en cuenta.

Por favor.

(LLORA) Ya está, ya está.

(RÍEN)

(RÍEN)

(RÍEN)

(RÍEN)

¡Papá!

Papá, Valeria, ¿qué hacéis?

Celebrar que estamos enamorados.

-Hola, hijo, únete a la fiesta.

Tómate un pastelito. -¡Uh!

(RÍEN)

No quiero ningún pastelito.

Valeria, ¿esa bata es de Adela?

Sí, es ideal. ¿No crees?

-Te queda de maravilla, mi amor.

Las zapatillas son de Lorena.

¡Uh! (RÍE)

Me estás destrozando el sofá. ¡Ay!

-Ahora que vas a vivir aquí,

podrás ponerte toda la ropa de Lorena y Adela.

No les va a importar.

-¡Uh! ¿Cómo que viene a vivir aquí?

-¿A que es maravilloso?

Valeria se viene a vivir conmigo.

¿No es verdad, gacela mía?

-Es verdad, mi ángel de amor.

¿Cómo se va a venir a vivir aquí

si hace diez minutos ni os hablabais?

Estáis fatal, os estáis comportando como niños.

(RÍEN) Escucha.

(RÍEN)

Nos hemos vuelto a convertir en jovencitos.

(RÍE)

Cuando se os pase la melopea, hablamos.

(RÍE)

(RÍEN)

¡Por fin, solos! -¡Uh!

La verdad es que me sorprendió mucho que me llamaras.

Ya te he dicho que Adela y yo,

no nos quedamos contentas de cómo terminaron las cosas.

No, ni yo tampoco.

A ver, a ti apenas te conozco, pero por Adela siento un gran aprecio.

Y me fastidiaba pensar que nuestra amistad

fuera a terminar de una forma tan desagradable.

Ya.

Tú me dirás cómo podemos arreglarlo.

Creo que esta comida ha sido...

un primer paso, ¿no?

¿Y cuál es el siguiente?

¡Ah!

Eso depende de vosotras.

Tú eres una gran empresario, para ti 3000 euros no es dinero.

Sn embargo, para nosotras es una cantidad importante.

No queremos perderlo.

Así que dime lo que tenemos que hacer

para volver a hacer negocios contigo.

No te gustan los rodeos. No, me gusta ser directa.

De verdad, no quiero más malos entendidos entre nosotros.

Me gusta.

Estupendo.

¿Y bien?

Pues soy de esas personas que...

sienten que no hay necesidad

de separar los negocios, del placer.

¿Y tú?

Lo que no quiero es tirar el dinero.

Quiero sacar adelante el negocio. Lógico.

¿Entonces?

Vamos a ser claros, ¿qué quieres?

Sabes muy bien qué es lo que quiero.

Lo dejé bastante claro el otro día.

Dímelo.

Te quiero a ti.

Preciosa.

¿Qué? ¿Qué pasa?

Bueno, pues esto ya está.

¿Qué leches estás haciendo?

Grabarlo todo.

¿Cómo? Tengo el número de tu mujer

y si le doy a este botón, lo recibe en este preciso momento.

Ni te acerques, te juro que lo envío.

Serás hija de...

Si quieres que borre el vídeo, tienes que cumplir con el acuerdo.

500 cestas, en tu hotel, ¿te queda claro?

Bonita manera de hacer negocios.

No sé a cuántas mujeres te has llevado a la cama

con este estilo de mierda que tienes,

pero esta vez te ha salido el tiro por la culata.

No sabéis con quién os metéis.

Os voy a hundir a los dos. ¡Cállate ya!

Vas a hacer lo acordado. ¿Vale?

A ver si aprendes a cumplir tu palabra

y a no meter mano a mujeres que no te dan su consentimiento.

500 cestas o le envío las pruebas a tu mujer.

De acuerdo.

Tú ganas.

Que queden bonitas las cestas.

Sensacional.

Y la próxima vez que quieras chulear a una mujer,

te lo piensas primero.

(SUSPIRA)

(Timbre)

Como en los viejos tiempos, ¿te acuerdas?

Las pocas tardes que llegaba temprano

me gustaba tomarme una cerveza en el jardín.

Ya. Me acuerdo.

Porque cuando iba a estar contigo, me decías que te dejara tranquilo.

Ya.

Supongo que no he sido ejemplo de buen padre, ¿no?

En ningún sitio te enseñan a serlo.

Y estaba absorbido por mi trabajo.

Un error que intenté corregir pero...

creo que no llegué a tiempo.

Un restaurante es muy esclavo.

Que te lo digan a ti ahora.

Marcos,

quiero pedirte perdón.

Por todas las veces que me has necesitado y no he estado.

Por haberme perdido los mejores años de tu vida.

Hiciste lo que pudiste, supongo. No, no.

No fue suficiente.

Como esta mañana, me pediste ayuda y he vuelto a fallarte.

Y ya no tengo la excusa del restaurante.

Te prometo que eso va a cambiar. No sé, papá.

La gente no cambia.

Tú eres como eres, yo soy como soy.

Tenemos que acostumbrarnos y ya. No.

No quiero que llegue el día que grites que me odias.

No quiero ser ese tipo de padre. No te odio.

Supongo que crees que estamos muy distanciados,

que no sé nada de ti y todo eso. Es que eso es así.

No del todo.

¿Por qué, qué quieres decir?

Cuando cierro el puesto y llego a casa,

no tengo un jardín donde sentarme a tomar una cerveza, pero...

Voy al frigo, cojo una, me siento en el sofá

y enciendo la tablet.

¿Y eso qué tiene que ver?

Cada día abro la web de La Fanega.

¿Para qué?

Para saber cómo estás,

pare ver si hay algún cambio, alguna novedad.

Siempre me gusta añadir algún plato nuevo.

Cambiar algún producto de la temporada.

Ya.

Me imagino si yo haría ese cambio o lo dejaría,

me imagino a ti y a mí trabajando codo con codo en aquella cocina.

¿Por qué no llamas y me cuentas?

(RÍE) ¿Por qué?

Harías los cambios que yo hubiera hecho.

No corregiría nada,

está todo perfecto. No hay nada que mejorar.

Todo puede ser mejorable, ¿no?

(RÍE) Ya.

Y para eso hay que remangarse y trabajar.

Trabajar duro.

Y es lo que vamos a hacer, Marcos.

Sé lo importante que es para ti la nueva carta.

Así que me vuelvo contigo a La Fanega.

¿En serio?

Si me dijiste que no querías volver.

Ahora sí.

Que a mí no me importa quedarme aquí.

En el mercado se está bien. Si lo hacemos, lo hacemos bien.

Carlos Rey se tiene que quedar de piedra

cuando pruebe las nuevas recetas.

Para Valladolid que vamos.

Nos vamos a Valladolid.

En cuanto pasen las fiestas.

Estaremos el tiempo que sea necesario

y lo haremos hasta que quede perfecto.

Luego yo volveré al mercado,

volveré a mi vida,

de la que espero que no salgas, Marcos.

(Portazo)

Pensaba que no habría nadie.

-Siéntate, si quieres.

Hay comida de sobra. -No, gracias.

Ya he picado algo.

Me voy al cuarto.

-Antes, a lo mejor quieres ver lo que hay en este sobre.

-¿De qué va esto?

-Dínoslo tú.

-¿Qué pasa, Rosa?

-Noa, ¿por qué no te vas a dar un paseo con Luis?

-¿Estás segura? -Sí.

Quiero hablar a solas con Nacho.

-Esto nos afecta a todos. Somos una familia.

-No, esto es un asunto entre tu padre y yo.

-Por mí, que no se vaya nadie.

-Antes deberías ver lo que hay en ese sobre.

-Me da igual.

Ha llegado el momento de poner las cartas boca arriba.

Si estamos todos presentes, pues mejor todavía.

¿Las has sacado tú?

Se nota.

Son buenas.

-¿Cómo puedes ser tan cínico?

-¿Cínico, yo?

-No vas a negar lo evidente, ¿verdad?

-Lo evidente.

-Esas fotos hablan por sí solas.

(SUSPIRA)

Me has engañado, Nacho.

-Sí, te he engañado en algo muy importante.

No te he dicho que me han echado del trabajo.

-¿Y qué?

¿Por eso le pones los cuernos?

-No quería preocuparte con lo del despido.

Por eso he salido cada mañana de casa como si nada.

Presuntamente, camino del estudio.

-Ya.

Y te has ido a un hotel. -No.

He intentado buscarme la vida, conseguir un trabajo.

Un amigo en común me habló de Rocío,

que es la mujer de la foto.

-¿Y quién es? -La dueña del apartahotel.

-Seguro.

-Quería renovar su página web y su imagen corporativa,

tarjetas, logos.

Esta semana nos hemos encontrado varias veces.

Y quería enseñarme las instalaciones.

-¿De verdad esperas que nos lo creamos?

Y, aunque fuera verdad, sería una tapadera

para meteros a follar.

-¡Noa, Noa, Noa! Basta.

Déjalo terminar.

-Hija mía,

siento que no te baste con mi palabra.

Dice muy poco de tu opinión sobre mí.

-¿Tienes pruebas de que fueras al hotel por trabajo?

Las fotos dicen lo contrario.

-Si el paparazzi hubiese entrado en el hotel,

habría visto que dentro esperaba el marido y socio de Rocío.

De eso no hiciste fotos, ¿verdad?

Rosa, si quieres, te paso el teléfono de los dos.

Estarán encantados de aclararte cualquier duda.

Toma.

Toma, llama.

-No hace falta.

-Lamento que en un momento tan complicado para mí,

cuando me han echado del trabajo,

cuando más necesitaba el apoyo de los míos,

encontrarme, en cambio, toda esta desconfianza.

Gracias, muchas gracias.

Me habéis dado las navidades.

Y ahora, si no os importa,

voy a echarme un rato.

(SUSPIRA)

He sido un estúpido, he caído en la trampa

y os he arrastrado a las dos. -Que no, deja de machacarte.

Mi padre es un profesional de la manipulación, engaña a todos.

-A todos, menos a ti.

Tú eres la única capaz de verlo.

Y la única capaz de ayudar a tu madre.

No hace mucho echaron del restaurante a Xavi.

Un chico joven, ayudante de cocina.

Por consumir coca.

Carol me ha dicho que Marcos pasa mucho tiempo con él.

Eso no significa que tu hijo consuma.

A eso hay que sumarle sus cambios de humor,

sus horas de trabajo sin dormir.

Todo apunta a eso, ¿no?

No voy a permitir que me pisoteen.

Y no voy a ser víctima.

Alguien le tenía que parar los pies a ese asqueroso, pues he sido yo.

Te parece mal.

¿He hecho mal? No, no es eso.

Es que me has recordado a Elías.

Él hubiera usado las mismas palabras.

¿Qué pasa, tienes problemas con Carla?

-No, pero...

Voy a dar un paso importante en la relación y...

pueden cambiar las cosas.

Te pido que vayas a ver a tu padre.

Habla con él, se preocupa por ti.

-A mi padre nunca le he importado una mierda, ni se preocupa ni nada.

-Cálmate. -No, no me calmo.

No tienes ni idea. -No quiero problemas.

Ha sido Cristina

quien ha perdido a un hombre bueno, noble, generoso y te aseguro

que le va a costar mucho encontrar a alguien como tú.

Voy a por mi móvil. (RÍE)

-Yo voy a hacer pis.

Sentaos, poneos cómodos.

Poneos cómodos, cómodos, cómodos.

¿Perdona?

-¿Te has fijado, Carmen?

Están colocados. -Lo sé.

Mi madre no se ha drogado en la vida.

Estoy harto de esperar y de que me des largas.

-Anda, deja de hacer el tonto. No estoy de humor para jueguecitos.

-Estoy hablando muy en serio.

No vas a salir hasta que me digas

por qué saliste corriendo después de que te besara

y por qué me rehúyes desde entonces.

No me gustaría tenerte como enemiga.

(RÍE) Confirma algo que sabía.

Que somos iguales.

Que no se te suba a la cabeza.

La idea me la dio Javier. Claro.

Javier es como nosotros, un tipo con recursos.

¿Una copita?

Sí.

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Mercado Central - Capítulo 71

03 ene 2020

Serie que narra el día a día de un mercado de barrio a punto de ser convertido en un centro comercial, y su lucha por impedirlo.

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