Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 70 - ver ahora
Transcripción completa

A lo mejor soy impertinente, pero tú eres un cerdo.

¿Y qué pensabais, que ibais a conseguir un negocio sensacional

sin dar nada a cambio?

Puedo conseguir precios mejores que los vuestros así.

Y mujeres que sepan lo que quieren.

Pues suerte, a ver si lo encuentras.

¡Desgraciado!

Su prestigioso restaurante. Nunca tenía tiempo para su hijo.

¿Quieres saber lo que eres?

Eres un fracasado.

Y un cobarde.

Te acuerdas que iba a dar

un concierto, ¿verdad? -Sí.

-Pues el garito lo han cerrado por problemas de ruido.

-¡Encima, esto! -Escúchame, papá, por favor.

He pensado que podíamos dar el concierto en la pizzería.

Leopoldo, una cosa que nunca te dije: vete a la mierda.

No nos va a pagar, ¿no?

¿Qué hacemos? Hemos invertido 3000 euros.

No lo sé, pero no va a soltar un céntimo.

Y sabe que no vamos a ir a un abogado

porque solo tenemos un acuerdo verbal.

¿Y si esa Rocío se está prestando al juego?

La gente celosa es muy retorcida.

-No sé.

-Quizá podría ayudarte.

Podría seguir a Nacho y comprobar si es verdad.

-¿Qué dices, y si se entera? No, no, no.

Vamos, si se da cuenta o todo esto es mentira,

se enfadaría mucho conmigo. -No me va a descubrir.

Lo siento mucho, no pienso nada de lo que te dije.

Lo hice por hacer daño.

Vale, ya está olvidado.

¿Nos ponemos a tope con lo del menú?

Por supuesto, que tiemble Carlos Rey.

Que tiemble Carlos Rey.

Ahora es mi socio principal en esto del mercado.

Hace poco que salió de la cárcel por blanqueo y estafa.

Una joyita. Y ahora tiene prisa.

Quiere que las cosas se hagan cuanto antes.

Quiere acelerar el proceso. A base de gasolina.

A Velasco no se le puede decir que no.

Si quiere quemar el mercado, habrá que hacerlo.

Si haces eso, terminarás en la cárcel.

Y sabes que tengo razón.

Mejor en la cárcel que muerto.

¡Mamá, mamá! -Tranquilícese.

-¿Qué has hecho? -Tranquilícese.

-Lo siento. -¿Por qué lo has hecho?

Me has engañado.

-Tranquilícese, por favor. -Necesito hablar con ella.

¡Mamá, mamá!

-¡Carla!

Rocío. Hola.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz en la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz en la ciudad,

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada olor, color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Y Carla cómo está?

-¿Tú que crees?

-Me ha dicho tu madre que tenía la mosca detrás de la oreja

por lo de la pulsera de Elvira, pero vamos...

De ahí a que la detuvieran por esconder droga en el mercado.

-Tenía que haber insistido más. Sabía que su madre le mentía.

-No te tortures más.

No has podido hacer nada, hijo.

Ya está.

-Hola. -Bueno.

Me voy, tengo un lío con las cámaras, que no enfrían.

¿Estás segura de que quieres mirar esto?

Yo esperaría a ver qué dice el abogado.

-Que no, no quiero esperar, quiero saberlo ya.

Aquí, aquí pone la pena que le puede caer.

De tres a seis años.

No, si es una gran cantidad, de seis a nueve años.

Es una gran cantidad. -Pues sí.

Y si pertenece a alguna organización criminal, más.

(RESOPLA)

-Las circunstancias personales sirven de atenuante, ¿no?

-¿Qué circunstancias?

-Tu madre está diagnosticada de esquizofrenia.

Eso en un juicio le puede ayudar.

-Yo que sé, tío.

Lo único que sé es que tendré que buscar un buen abogado.

-¿Sabes lo que cuesta? -Ya lo sé, lo sé.

No sé, ya encontraré dinero de alguna forma.

Haré dobles turnos, pediré un préstamo.

Lo único que sé es que...

que no voy a pasar de ella.

-Tranquila, ya le habrán asignado un abogado de oficio.

Intentamos hablar con ella. -No quiero ir a comisaria.

-¿No querías ayudarle? -Sí, pero estoy dolida.

Confié en ella.

Le di otra oportunidad, me dijo que había cambiado

y me lo he comido con patatas.

Me ha vuelto a traicionar. -Es muy difícil salir de algo así.

-Pensaba que podíamos tener una relación normal, de madre e hija,

pero me la ha colado y hay que ser idiota.

-Has hecho lo que tenías que hacer, apoyarla.

-Me siento tan usada.

¿Sabes?

Me siento tan engañada, tan engañada.

Me ha vuelto a dejar sola. -No, mírame.

No estás sola.

Me tienes a mí.

¿Eh?

-Suerte que te tengo, de verdad.

Eres la única persona en la que puedo confiar.

Bueno, pues...

-Hablamos otro día.

Claro.

Rosa.

Perdona, es que no podía hablar ahora.

-No, perdona tú, es que...

soy una pesada, te he llamado veinte veces.

Le estoy dando muchas vueltas a la conversación que hemos tenido.

-¿Ha pasado algo?

-"Bueno, verás".

Me has pillado en un momento muy flojo

y, al principio, me pareció una buena idea

esto de espiar a Nacho.

Pero me siento patética, no me lo tengas en cuenta.

-No eres patética para nada.

-No debería haberte metido en un asunto tan personal.

-He sido yo el que se ha prestado. -"Ya".

-Olvídalo, ¿vale? Déjalo, no hagas nada.

-Pues ya lo he hecho.

Por eso no te podía coger el teléfono,

le estaba haciendo fotos. -¿Le has estado siguiendo?

-Sí.

¿Y sabes dónde está? -Sí, en su oficina.

Me ha llamado para decirme que no venía a comer.

Tenía una reunión de trabajo.

-Acabo de verle y te aseguro que en su oficina no está.

-"Ah, ya, a lo mejor no lo he entendido bien"

y la reunión es en la oficina del cliente, ¿sabes?

O quizá es una comida de trabajo.

-Sé donde está Nacho y con quién.

¿Quieres que te lo diga o no?

-No, no quiero saberlo.

Lo siento, no tenía que haberte dicho nada.

Tenemos que resolverlo nosotros en privado.

-Como quieras, pero deberías...

Rosa.

Rosa.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

Nos guste o no, es así.

Ya. No, no, si lo has dejado muy claro.

Pues muchas gracias, Enrique. Venga, adiós.

¿Qué te ha dicho el abogado? Lo que me imaginaba.

Que nos podemos ir despidiendo de los 3000 euros.

¿Cómo puede ser eso?

No podemos reclamárselos,

porque no firmamos un contrato ni nada parecido.

Solo el hecho de que demostrara cierto interés no significa nada.

Teníamos un contrato verbal con él, ¿no sirve de nada o qué?

Serviría si pudiésemos demostrarlo. Es su palabra contra la nuestra.

Nos podemos pasar años de juicios y para nada.

Pues algo habrá que hacer,

no podemos dejar que Miras se salga con la suya.

¿Leopoldo Miras?

¿Tu compañero del colegio? ¿Qué ha pasado?

Nada, cosas del negocio.

Cosas del negocio. Solo os digo que hace años

tuve negocios con él y nunca más.

Es un pieza de cuidado.

Cuando te das la vuelta, te pega la puñalada.

Ya, ya nos hemos dado cuenta.

Bueno, tengo que ponerme con el encargo.

Tengo que ir al puesto.

Espera, Celia.

Escucha. Tamal de maíz relleno de rabo de toro,

envuelto en hojas de aguacate.

Huevos rancheros con tortillas de maíz, frijoles y pisto.

Fajitas de carne de cocido con chili y guacamole.

Muy bien, ¿qué les pasa a estas propuestas?

Están muy bien.

Para un restaurante mejicano.

Pero ¿para La Fanega? No es comida mejicana, es fusión.

Es comida tradicional mejicana,

mezclada con platos de la gastronomía castellana.

Llámalo como quieras, pero los chefs

lo llevan haciendo mucho tiempo y otros restaurantes también.

No les va mal, ¿no? No quiero ser uno más,

sin personalidad. Quiero hacer algo

superior, especial, tenemos que sorprender a Carlos Rey.

Sabes quién es y cómo es. No es el típico criticucho

al que sorprendes con dos tonterías.

¿Y qué has pensado?

Pues había pensado en recuperar productos que ya no se usen.

Platos quedados en el olvido.

Ya.

Volver a los clásico olvidados.

Exacto. Vale.

En esa línea podíamos hacer

un cóctel de gambas con salsa rosa.

Eso lo petó en los 80.

¿Qué ha pasado con Miras?

Teníais un negocio y os ha timado, ¿a qué sí?

Prefiero no hablar de esto, además, parece que no hay solución.

Por favor, cuéntamelo.

Te servirá para desahogarte.

Es un mentiroso y un aprovechado.

Y eso que conoce a Adela de toda la vida.

Nos encargó unas cestas para la bienvenida en su hotel.

Adela me decía que no le daba buena espina,

pero insistí porque necesitaba el dinero.

Y ella tenía razón.

Quería tema con ella. ¿Cómo?

¿Y qué hizo?

Qué va a hacer, decir que no.

Y luego lo intentó conmigo. ¿En serio?

Sí.

Pero le paré los pies.

Pues el muy cretino ha anulado el encargo.

Y habíamos adelantado 3000 euros de material.

Pero le habréis amenazado con denunciarlo.

Hemos hablado con un abogado y como no habíamos firmado contrato,

no podemos hacer nada.

¿Que no habíais firmado?

Cómo sois tan pardillas, lo primero que se hace es firmar.

Pensábamos que era...

cuestión de tiempo, de días, no sé.

¿Y qué vais a hacer? No lo sé.

Si queréis, os hago un préstamo.

No, gracias, prefiero no deberte nada

y creo que Adela piensa lo mismo que yo.

(TV) "A continuación, la actualidad del tiempo.

Continúa la alerta de tormentas en la sierra madrileña.

La Guardia Civil ha dispuesto un operativo especial

que ayuda a evacuar a los excursionistas.

Se prevén lluvias con descargas eléctricas y granizo".

¡Bah!

¿Qué pasa?

Quería dar un sorpresa a Lorena y llevarla a la laguna de Peñalara.

¿Qué?

Una laguna de origen glaciar que está en Peñalara y hacer un vivac.

¿Un vivac?

Una acampada al aire libre,

sin tienda. Sé lo que es un vivac.

¿De verdad, te querías llevar a tu novia a dormir

a la sierra de Madrid ahora?

Su sobrina dice que es lo que más le gusta del mundo.

Coger una cervezas, un bocata y tirar para el monte, sí.

Y unos calimochos, si quieres.

Que ya no tienes 20 años.

¿Por que no la llevas a un hotel? La gracia está en sorprenderla.

Para ir al hotel tienes todo el año.

Da igual, no hace tiempo de hotel, ni de acampada, ni de leches.

Quería agradecerle el detalle que tuvo.

Nos montó un reencuentro.

Sí, ya me contó que había hecho una reserva

para que nos reencontráramos.

Pues la cagué. Solo me dijo que tuvisteis

un pequeño desencuentro.

Digamos que tenía la cabeza donde no debía.

¿Quien quiere más limoncello? -No, no, gracias.

Que tenemos que dar un concierto.

-Ya, pero es una pena que no haya venido vuestro amigo batería.

Bueno, entre nosotros,

los baterías, en realidad,

son los metrónomos de los grupos.

No son músicos de verdad.

¿Sabéis lo que decía Lennon, John Lennon,

cuando le preguntaron si Ringo Star

era el mejor batería del mundo?

¿Lo sabéis? -Que ni siquiera era el mejor

batería de los Beatles. -(RÍE) Eso.

-Hola.

-Andrea. -Papá, ¿no estarás siendo pesado?

-No, estamos hablando de música. -Eso es.

Le estaba contando lo de Lennon y Ringo.

-Ya lo has contado alguna vez.

-Pero a ellos no.

No les conocía.

Además, les estaba enseñando tu foto con la guitarra.

¿Te acuerdas? -¿Era necesario, papá?

-Para demostrar que lo tuyo con la música viene de nacimiento.

-Tendremos que ir montando, ¿no?

-En un rato puede haber tormenta.

-Por eso no os preocupéis,

ahora voy a rezar a todos los santos napolitanos.

Y nos van a ayudar nuestros compañeros del mercado.

Nos van ayudar con el sonido y las luces, ¿eh, gordito?

-Papá, por favor. -Vas a tener lo mejorcito.

-Ya, por favor, ya.

-Nos vemos ahora.

-Ahora voy, chicos, un minuto.

Leopoldo.

Elías, cuánto tiempo. ¿Cómo estás?

¿Tienes un par de minutos? Me pillas muy mal.

He hablado con Adela.

Y me ha contado lo que le has hecho a ella y a su socia.

No creo que este sea el momento ni el lugar para hablar de eso.

Y tampoco tendría que hablarlo contigo.

Oye, a mí no, ¿eh?

No me vengas con estupideces, no soy nuevo,

no me vas a engañar como a ellas.

No he engañado a nadie.

Pensé en hacerles un encargo

y después me arrepentí, fin de la historia.

Fin de la historia no.

3000 euros se han gastado en cositas

para las cestitas que encargaste.

Eso no es culpa mía. ¿Ah, no? ¿Y de quién?

De ellas, por comprar material sin firmar nada.

Leopoldo.

Nos conocemos hace mucho tiempo,

vamos a tener la fiesta en paz, hombre.

Coges y pagas los 3000 euros,

después con las cestas haces lo que te dé la gana.

Pero cumple el trato.

¿Y tú quién eres para exigirme a mí nada?

Que yo sepa, Adela no quiere saber nada de ti,

no me vengas con el numerito de marido ofendido.

Desde que te conozco me has parecido un engreído.

Y muchas veces he pensado, voy a ser yo,

pero no, me estoy dando cuenta que no.

Eres tú. Te entiendo, Elías.

De verdad que te entiendo.

Estás amargado porque Adela pasa de ti.

Y no me extraña, es demasiada mujer para ti.

¿Y tú, crees que estás a la altura?

¿Te parece que sí? ¿Y qué le parecería a tu mujer?

Cuando le contemos que utilizas las cenas de negocios

para intentar acostarte con otras.

Se cree el ladrón que todos son de su condición.

No hace falta ser un genio

para darse cuenta de que si Adela te dejó,

fue porque no sabes tener la bragueta cerrada.

Sí.

Completamente cierto, ¿sabes cuál es la diferencia?

Que Adela ya lo sabe, pero tu mujer no.

No, no, no, no.

La diferencia es que no soy tan tonto como para que me pillen.

No estaría tan seguro. Sí, sí.

Lo estoy, ¿o tienes alguna prueba?

Que yo sepa lo único que pasó

es que quedé a cenar con Adela y no pasó nada.

Luego, me reuní con su socia y tampoco pasó nada.

Eso sí, fue decirles que no quería sus cestas,

me parecieron de una calidad de mierda, la verdad,

y ya van por ahí inventando cosas.

No se inventan nada y lo sabes,

no me tomes por imbécil. Y tú a mí tampoco.

No pienso pagar por algo que no quiero.

Así que diles que si son tan mujeres para montar un negocio,

que no te manden a ti a solucionar sus mierdas.

A mí no me manda nadie. Ya, has venido porque sí.

Sensacional, venga, salúdales de mi parte y tomate un café.

Me alegro mucho de que estés más contento,

pero ¿no crees que te estás pasando un poco?

-¿Lo dices por eso? No, Andrea.

Lo que falta lo hemos bebido entre los tres.

Yo iba invitando a limoncello mientras hablábamos de música.

-Papá, es mi banda.

Es un proyecto serio. -Sí.

-Me ha costado que me vean como un músico

y no como un niño, la mascota de la banda.

Y tú, con tus comentarios y...

con las fotitos no me ayudas nada, la verdad.

-Vaya.

Lo siento, Andrea.

Pero...

Solo intentaba expresar lo orgulloso que estoy de ti.

-No pasa nada, tampoco es para tanto.

Cuidado, por favor. -No, Andrea.

Sí pasa, soy un plasta y siempre consigo que te avergüences de mí.

-No, no me avergüenzo, pero si puedes no contar mis batallitas,

pues mejor.

¿Sabes?

-Promesso.

Tengo muchas ganas de que empiece el concierto.

Por cierto, me ha llamado la abuela Francesca,

dice que le hubiera encantando

estar aquí y verte tocar. -Ya, y mí.

-Por cierto, ¿cómo os llamáis?

El del bajo, Alfredo,

y el otro... -No, el grupo.

-¡Ah, el grupo! -Sí.

-No tenemos nombre todavía.

-¿Y qué tal algo como Napoli Jazz?

-No hay ningún grupo de jazz que tenga nombre en italiano.

-Pero esta noche sí vais a tocar clásicos italianos, ¿no?

-No. -Andrea.

Se lo he prometido a todo el mundo, ¿eh?

-¿Cómo? -Andrea.

-Papá. (RÍE)

Es otra broma.

Eso lo recojo yo que tienes que empezar.

-Vale, sí, bueno. -Vale.

Venga, vete.

¿Me lo vas a discutir? No te discuto nada.

La tortilla de patata no es española, son datos contrastados.

Como todo el mundo sabe, menos mi hijo, Marcos,

la tortilla la creó el general Zumalacárregui para dar de comer

a las tropas carlistas. Se sabe que eso no es así.

La inventó el cocinero belga Lancelot de Casteau

y sacó la receta antes que el generalucho ese.

¿Dónde has oído esa chorrada? Lo he leído.

Y si leyeras más libros de gastronomía, también lo sabrías.

¿La Wikipedia se llama así?

¿Por qué discutimos por esto?

Pues eso digo yo, pudiendo estar discutiendo

por los platos que estoy preparando para ti.

¡Oh! Mira, el último que me has tirado.

Taco de huitlacoche con crujiente de cochinillo

y mole verde con trucha del Pisuerga.

¿Otra vez con los tacos?

Tú no estás bien.

¿No estoy bien? No.

No dejo de proponerte platos que rechazas

y soy el que no está bien.

A ver, no te cabrees. No.

¿Puede ser que no te concentres porque estás pensando en Lorena?

Y en el plan que se te ha chafado.

(RÍE)

¿Y puede ser

que me haya salido un hijo muy listo?

No lo sé, Marcos, no lo sé.

Me hacía ilusión devolverle el detalle.

Oye, papá. Sí.

¿Qué dijiste cuando dije que no quería elaborar la carta aquí?

Que lo importante no es el sitio, son las personas.

Vale, ¿tienes alguna idea? Estoy en blanco.

Lo que había pensado,

ya que tenías tantas ganas de ir a...

La laguna de Peñalara. La laguna de Peñalara.

¿Por qué no traer la laguna aquí?

¿Le monto un vivac en el mercado?

Ya me parecía una tontería hacer vivac,

pero me parece menos hacerlo aquí.

Mira.

Tienes techo, nevera. Vale, tú lo que quieres

es que me quede hasta última hora

para que te prepare el menú, ¿no es eso?

Bueno, sí.

Soy capaz de cualquier cosa con tal de que te concentres.

Y que dejes de ser el Pancho Villa de la cocina.

Te pongo unas velitas,

te pongo un arbolito, te hago los bocatas,

pero, por favor, céntrate.

-¿Me coges esto, por favor?

¿Qué pasa, nunca habéis visto un costillar?

Bocuse, cuando visitó La Rioja,

se quedó prendado de las patatas con costilla.

Me gusta por dónde vas.

Vamos a incluir las costillas

en el nuevo menú de La Fanega. Muy bien.

-¿Sigue en pie mi sorpresa o nos vamos al concierto de Andrea?

Sigue en pie.

Con un cambio de horario.

A las doce, en la plaza.

Nacho.

Hola. Me había parecido que eras tú.

Ya sabes que me voy a Nueva York con Noa.

Y, aprovechando que te he visto, quería despedirme.

No tendremos más oportunidades de vernos.

-Espero que tengas razón en eso. -Yo también.

Quería decirte que me alegro de alejarla de tu lado.

Aunque has hecho todo lo posible por evitarlo.

Espero que hayas aprendido la lección

y que cambies tu forma de actuar en el futuro.

-¿Se supone que tengo que sacar

una lección de todo esto? -Creo que sí, ¿no?

No sé, podrías aprender a tratar mejor a la gente.

Sobre todo, a los que quieres.

Porque al final, te puede estallar en la cara

y puede que el que acabe mal seas tú.

-Vaya.

Muchas gracias. Pensaré en ello.

Aunque aún no me ha estallado nada en la cara.

Que yo sepa, Noa aún no se ha ido contigo.

-Ni siquiera eres capaz de darte cuenta aunque lo tengas delante.

Admítelo, has perdido.

Fuiste a por mí y conseguiste que perdiera mi trabajo en la escuela.

Pero te ha salido el tiro por la culata,

ahora tengo trabajo en Nueva York y tu hija se viene conmigo.

A más de 5000 kilómetros de ti, te guste o no.

-Que yo sepa,

solo se ha ido a tu apartamento, ¿qué son, cinco kilómetros?

-Tengo que darte hasta las gracias, sí.

Vamos a empezar una vida juntos, lejos de ti,

y además, está mi hija allí, podré verla casi cada día.

Tú, a tu hija, no.

No he terminado, espera, tranquilo.

Tengo algo más que decirte.

He mirado por internet sobre un hotel,

el hotel Ménades, ¿te suena?

-¿Adónde quieres llegar? -Tú lo sabes.

No he entrado, pero parece un sitio agradable, ¿no?

Por lo visto se alquilan habitaciones por horas.

Y es muy discreto.

-¿Qué pasa, que a Noa no le gusta tu apartamento?

O como está allí, ahora necesitas otro sitio para verte

con tus otras alumnas. -Nacho, que te he pillado.

Lo sé todo y tengo pruebas.

(RÍE)

-No te mereces a una mujer como la que tienes, ¿sabes?

Y ella no se merece sufrir por un tipo como tú.

-¿Ah, también vas a por Rosa?

¿No te vale solo con la hija? -Te doy la oportunidad

de que se lo cuentes a tu manera.

Por una vez, trátala como se merece.

-¿Quién te crees que eres

para decirme lo que debo hablar con mi mujer?

-Nadie, tienes toda la razón.

Pero te lo advierto, o se lo cuentas tú o se lo cuento yo.

Te vas a quedar solo,

sin Noa, sin Rosa.

¿Y sabes qué?

Que no estoy contento por haberte ganado la partida,

estoy contento por haberlas alejado de ti.

-Luis.

Eres más simple de lo que pensaba.

¿Crees que vas a poder conmigo?

(RÍE)

(RÍE)

Vaya numerito el de la madre de Carla, ¿no?

Pobre chica. Ya te digo.

Entre unas cosas y otras en este mercado

no hay quien se aburra. Ya.

¿La conoces? ¿A Carla? Sí.

Lleva poco tiempo aquí,

pero se mueve como si llevara toda la vida.

¿Y es de fiar?

Si te refieres a si tiene algo que ver con lo de la madre,

te digo que no. Es trabajadora, responsable.

Y que alguien que vende droga,

no va a trabajar limpiando, ¿no? Ya, tienes razón.

Es que vaya días.

Primero, lo de Wilson.

Y luego, la detención por tráfico de drogas.

¿Has sabido algo de él? No.

Y no sé cómo sentirme, por un lado, me alegro

de que no haya puesto la denuncia,

pero por otro, ha desaparecido de una forma tan rara.

Ya.

¿Has preguntado a los compañeros? Sí, nadie sabe nada.

También he ido al hospital donde estaba ingresado

y pidió el alta voluntaria.

Pues problema resuelto.

Bien está lo que bien acaba. No creo que acabe así.

Ha pasado algo muy raro

y no me extrañaría que Hortuño esté por medio.

¿Crees que Hortuño tuvo que ver con que Wilson fingiera un accidente?

Estoy casi seguro, mira,

las medidas de seguridad eran las adecuadas.

El accidente fue negligencia de Wilson por mucho que dijese que no.

Creo que Hortuño le untó para desprestigiarme.

Lo que no entiendo es por qué no siguió su plan hasta el final.

No le des más vueltas, ya está.

Me cuesta verte tan agobiado.

Fui yo el que te pidió que ocuparas el puesto de gerente

y ahora me siento fatal.

¿Has pensado en dejarlo?

¿Qué? No me mires así, es comprensible.

Desde que has llegado solo te has comido marrones,

te han dado una paliza. A nadie le sorprendería.

¿Crees que me importa lo que piense la gente?

Sé que no.

Pero sería comprensible.

Y para mí sería un alivio.

Me cuesta verte así, tan agobiado.

Jorge.

Me conoces desde hace años,

tendrías que saber que la palabra rendirme no entra en mis planes.

No voy a dejar el mercado por nada del mundo.

No esperaba menos de ti.

Hola, perdón, ¿puedo? Perdón.

¡Madre, mía!

Adela, ¿has visto lo que está liando Paolo con lo del concierto?

No pienso venir, no tengo cuerpo.

Déjate de tonterías, no estoy para conciertos.

Me ha llamado Miras.

Ha ido Elías y le ha dicho de todo.

¿En serio? Él tampoco se ha quedado corto.

Dice que Elías es un matón y nosotras, dos resentidas.

No le hagas ni caso, es imbécil. A ver, Celia.

¿Cómo se ha enterado Elías de todo esto?

¿Cómo se te ocurre contárselo, por qué le metes en esto?

Lo siento, necesitaba desahogarme y se lo conté a él.

Pero no pensé que le dijera nada.

No ha hecho falta que se lo dijeras.

Lo siento, si supiera que le iba a decir algo.

¿Creías que se iba a cruzar de brazos? No conoces a Elías.

Te digo una cosa, si teníamos alguna posibilidad

de recuperar los 3000 euros, ve olvidándote de ella.

Vamos a ver, me dijiste que el abogado dijo que era imposible.

¿Qué pinta Elías en todo esto?

Es lo que te pregunto desde hace un rato.

Pero no te preocupes, lo vamos a averiguar. ¡Elías!

Ven.

¿Qué le has dicho a Miras?

¡Ah! ¿Qué querías que le dijera?

Lo menos, que es un sinvergüenza.

¿Lo ves? Pero no te pedí que dijeras nada.

No, ya sé que no me habéis pedido nada.

¿Qué querías que hiciera,

me entero que ha engañado a mi mujer y su socia y no digo nada?

Tu mujer y su socia son dos personas adultas

que saben defenderse solas.

No necesitamos que nos saques las castañas del fuego.

Ya veo cómo os desenvolvéis,

os ha chuleado como ha querido. ¿Y a ti no?

Por lo que me ha contado,

le has amenazado con denunciarle sin pruebas

y se ha reído de ti en tu cara.

Puede que no haya conseguido nada,

pero deberíais darme las gracias, en vez de echármelo en cara.

¿Las gracias por qué, si le has cabreado más?

Por preocuparme por vosotras.

¡Oh, muchas gracias! Te voy a decir una cosa,

no necesitamos a ningún hombre que se preocupe por nosotras

y sí te agradeceré que te metas en tus asuntos,

a ver si te queda clarito.

Adela.

Adela, espera. Déjame, Celia.

No te enfades, espera.

Tío, cómo se te ocurre, me has dejado fatal con ella.

¿Por qué me dices eso? ¿Cómo que por qué?

Sabe que te lo he contado yo,

se ha enfadado conmigo con razón.

Está visto que no hago nada bien.

Si no te metieras en tantos fregados,

no meterías tanto la pata.

Que yo esto lo hago por ayudar, ¿eh?

Y te agradezco todo lo que estás haciendo por mí este tiempo.

Pero puedo sola y te digo lo mismo que a Adela.

No te necesito.

Muy bien, me parece estupendo que vayáis por libre.

Pero acéptame un consejo, ese tío es un mal bicho.

Con Miras no se puede ir de buen rollo y hay dos opciones:

o aceptáis que os ha timado 3000 euros

o le pagáis con su propia medicina.

Ahí donde lo ves, es un mafioso. Y solo entiende su propio idioma.

Con él hay que ser igual o peor persona que el.

¿Qué pasa? ¿Qué haces aquí?

-Ya ves, que me han pedido

que haga limpieza en el almacén, ¿cómo te quedas?

-¿Ahora?

-Sí, a ver, me lo han pedido hace un rato,

pero así lo adelanto

y a ver si puedo ir al concierto de Andrea.

-Muy bien. -¿Tú, qué?

¿Os animáis?

-No sé, le comentaré a Carla a ver si le apetece.

-¿Cómo está? Me he enterado de lo de su madre. Estará echa polvo.

-Pues un poco, la verdad.

Ha sido un palo, le he dejado a irse a casa.

-Oye, no es que sea mucho de rajar ni que me guste, pero...

algunos comerciantes van comentando

que Carla pudo tener algo que ver con lo de su madre.

-¿Qué estás diciendo, tío?

Menos mal que no te gusta, no sé a qué viene.

-Tranquilo, tío, no te rayes conmigo.

Te lo digo para que lo sepas, nunca he dudado de ella,

para que estés prevenido por si tienes que callar alguna boca,

como he hecho yo. -Perdón, perdóname.

Estoy nervioso, pero no soporto que la pongan en duda.

Se deja los cuernos todos los días como para que le metan mierda.

-Los que la conocemos sabemos que es una tía legal, pues ya está.

-Más que eso.

Es una de las mejores personas que he conocido.

Me siento una mierda ocultándole la verdad del accidente.

-¿Todavía le das vueltas a eso?

-¿Te extraña?

Ella confía en mí a muerte.

Y eso me está matando por dentro, sé que mi padre y tú lo hicisteis

para protegerme, pero me la habéis liado.

¿Sabes qué pasa?

Si no se lo cuento,

voy a ser el capullo que le estoy mintiendo.

Y si se lo cuento, vamos los tres a la cárcel de cabeza.

Yo, por conducir borracho y vosotros, por encubrimiento.

¿Cómo estás?

-No muy bien, la verdad.

No consigo sacarme a Wilson de la cabeza, es todo tan raro.

-Ah, no sé para qué pregunto nada.

Si quedamos para tomar unas cañas, no es para hablar del mercado.

¿Vale?, venga.

Cuéntame otra cosa de fuera de aquí, ya.

-No tengo mucha vida fuera del mercado.

-Qué triste.

-Pues sí, mucho.

-Hola, chicos.

¿Todo bien?

-Sí. -¿Tenéis planes para esta noche?

-No. -Yo no, ¿por?

-Porque mi hijo y su grupo dan un concierto en el muelle.

Y estáis todos invitados a un limoncello.

Tengo que ir a prepararlo todo,

pero si os apetece, os espero allí, ¿de acuerdo?

-Vale. -Gracias, Paolo.

-Ah, German,

te vi esta mañana en el hospital.

Pero cuando te iba a saludar

entraste en una consulta, ¿todo bien?

-Sí, iba a recoger unos análisis. ¿Qué has ido, por la mano?

-Si, todo bien.

-Me alegro. -Os veo luego, ¿eh?

-Chao. -Chao.

¿Te mola la música en vivo?

-¿Y tú tiene algún problema de salud?

-No, ah, no.

Los análisis han ido perfectos.

Un chequeo rutinario, me lo mandó el médico

porque hacía tiempo que no me hacía.

-¿Y te manda ir al hospital?

-Sí.

No sé, él sabrá.

-No sé, has puesto una cara tan rara.

-Una cara normal, ¿no?

La cara que pongo cuando cuento que vengo del hospital.

-Y ene ese hospital no estaría Wilson, ¿no?

Sería mucha casualidad.

-No tanta, es el hospital que corresponde a este barrio.

Ya, y tampoco es casualidad que presencies el accidente,

que tu médico te mande a recoger los análisis

el día que Wilson desaparece y en el mismo hospital.

-Vamos a ver, si lo dices así,

pues sí, casualidad triple, pero estas cosas pasan, ¿no?

-Si no me lo quieres contar, no me lo cuentes.

Pero no me tomes por idiota

y no te hagas pasar por mi colega si no lo eres.

-No, Javier, espera, espera.

-Sí, no ha sido una casualidad.

Lo de que ido a recoger los análisis es verdad, ¿vale?

Pero ya que estaba allí, he aprovechado para ver a Wilson.

-¿Seguía ingresado?

-Sí, ¿sabes qué pasa?

Que no me cuadraba demasiado la historia que había contado.

Y le he empezado a tirar de la lengua

y me ha confesado que sí,

que fue Hortuño el que le pagó para fingir el accidente laboral

y para denunciar al mercado. -Lo sabía.

-Le he preguntado cuánto dinero le ofreció Hortuño,

le he ofrecido más y por eso ha desaparecido.

-¿Cuánto dinero?

-Eso es lo de menos. -No, dime cuánto es y te lo pago.

-No hace falta, lo he hecho porque

no podía dejar que se saliese con la suya.

Y, además, porque....

Porque me gustas.

Me gustas mucho.

Creo que estoy enamorado de ti.

Ya lo he dicho.

Este es Elías de la Cruz.

Nuestro hombre en el mercado central.

Encantado de conocerte.

-Dime, Elías, ¿qué hacemos aquí?

Quería hablar contigo para convencerte

que quemar el mercado no es la mejor opción

para solucionar nuestros problemas.

¿Y cuánto tiempo crees que necesitarás para hacer eso?

Espero que no demasiado, sinceramente.

¿Sabes, Elías? Soy un hombre bastante impaciente.

Cuando estaba en la cárcel, había un preso que se divertía

robándole los postres a los demás.

A mí un día me robó el mío.

Cuando lo intentó por segunda vez,

mandé a alguien para que le diera una paliza

y le rompiera el brazo por tres sitios.

¿Por qué te cuento esto, dirás tú?

Porque a mí me pueden tocar las narices una vez,

solo una.

Y tú ahora mismo me estás tocando las narices.

Así que aprovéchate, puede que no tengas otra oportunidad.

Todos queremos que lo del Central salga bien, ¿verdad?

Y lo de quemarlo puede parecer una buena idea.

Pero no lo es.

No lo es. Con eso, lo que vamos a conseguir

es que la Policía esté tras la pista de Hortuño.

Y si van tras él, tirarán del hilo y llegarán a ti.

¿Eso es todo?

Solo te pido que confíes en mí.

Lo de la cubierta es más lento, sí.

Y mucho menos vistoso que un incendio,

pero también es más limpio.

Con lo de la cubierta, jamás sabrán que tú estás detrás.

¿Crees que me da miedo volver a entrar en la cárcel?

Supongo que no.

Pero sé que no querrás perder un negocio millonario.

¿Y tú, qué puedes perder tú?

Hola.

-¿Qué tal tu día?

-Bien, como todos.

-¿Y la reunión?

-Ha ido muy bien.

La entrada de Rocío en el proyecto es un acierto.

La verdad es que esa mujer ha sido un soplo de aire nuevo para todos.

Es una tía lista, ¿sabes? -Ya.

-Acaba de llegar y ya se ha ganado a todos.

A los jefes, a los clientes.

(SUSPIRA)

Es que estamos muy quemados.

Y nos ha venido muy bien una mirada

que no estuviera intoxicada por la rutina.

-No lo dirás por nosotros, ¿no?

No es precisamente la rutina

lo que se ha instalado en nuestra vida.

Antes no trabajabas tantas horas y menos, fuera de casa.

-Tienes razón. Las cosas han cambiado.

A mejor.

Al final nos fuimos todos a tomar algo por ahí.

Como un equipo. Como tiene que ser.

-¿Tú todavía me quieres?

-Tiene gracia que seas tú quien me hace esa pregunta y no al revés.

Cuando eres tú la que no

me ha tenido muy en cuenta últimamente.

-¿Sabes?

Si tú me hicieras esa pregunta a mí,

no tendría ninguna duda al contestarte.

Porque yo te quiero, Nacho.

Como el primer día.

(SUSPIRA)

-Perdona, Rosa, tengo que terminar unas cosas de trabajo.

He quedado en mandárselas a Rocío esta noche.

Descansa.

(LLORA)

Yo con esto también puedo llevarme muchas alegrías.

Ya, pero no es lo mismo.

Lo tuyo no es perder, es dejar de ganar.

¿Sabes cuánto perdería yo si todo esto se fuera a la mierda?

50 o 60 millones de euros.

Coincidirás conmigo en que se trata de mucho dinero.

¿Y lo que perdería Hortuño lo sabes?

Pierde su prestigio, se va a la ruina y todo se acabó.

¿Verdad?

Dime por qué tengo que confiar en ti.

Lo tuyo son todo ganancias, no arriesgas nada.

Vamos a hacer una cosa para compensar todo esto.

No vamos a quemar el mercado.

Y vamos a seguir con tu estrategia de la cubierta.

Pero si la cosa sale mal,

lo pagaréis tú y tu hijo.

Germán.

Germán no tiene nada que ver.

Parece que también colabora con el boicot al mercado.

Pues por eso, mi hijo ya ha hecho demasiado.

Así que mi hijo... Ya está, no te preocupes.

No te preocupes, no se enterará de nada.

Ni siquiera de los negocios que tenemos tú y yo juntos.

Pero si sale mal, pagaremos las consecuencias todos.

Hortuño, yo y tú.

Ah, y tu hijo.

Así apostamos todos fuerte, ¿eh?

(RÍE) ¿No te parece justo?

Vete ya.

Vamos.

¡Qué bien que hayáis venido, Samu!

Anímate, Carla, mujer.

-Ya, si ya lo intento, pero es que no...

No paro de pensar en mi madre.

-Voy a ver si queda limoncello. ¿Quién quiere?

-¡Yo, yo, yo! -Trae para todos.

-¡Marchando! -¡Venga!

-Venga, anda, ¿cuánto te ha costado lo de Wilson?

-Que no, considéralo un regalo.

Mi regalo. -¡Germán!

-Me llama mi abuelo. No te vayas muy lejos.

¿Qué pasa?

-¿Se puede saber qué te traes con el Javier ese?

-Nada, hablábamos del mercado, es el gerente.

-El gerente.

¡Bueno, cuidado las carteras, que viene el artista!

-Estamos juntos. -¿Qué pasa?

-Hola.

-Jesús. -No esperaba verte por aquí.

-Un concierto de Justin Bieber no me lo pierdo.

(RÍEN)

-Hola, Jesús.

-Para escucharlo desde el salón de casa, mejor en directo.

(RÍEN)

-Mira, quédate con esto.

Voy a repartir más limoncello.

-Venga, chaval, a comerte el escenario.

-A darlo todo, ponte el gorro. -Voy para allá.

-¿Estás nervioso?

-No, ¿por qué iba a estar nervioso?

-Un montón de gente va a verte y faltan instrumentos.

Y las canciones son nuevas.

-Pues no estaba nervioso, pero ahora sí, gracias, David.

-Estar nervioso no es malo.

-Seguro que es muy interesante, pero cuéntamelo después.

Que tengo que dar un concierto.

-Andrea, ¿un poco de limoncello? -No, deja de liarla.

Voy a tocar, para. -Vale.

-¿Por qué estás tan contento?

-La vida, no sabes la ilusión que me hace

que Andrea toque delante de todo el mercado.

Estoy tan orgulloso de él.

¿Cómo no iba a estar contento?

-Bueno, como tu mujer te ha dejado por otro...

-Mira, quédate con esto.

Andrea.

Déjalo, que te presento yo. Va, va.

¡Hola!

Proba, proba, uno, due, tre.

¿Se me escucha? (TODOS) ¡Sí!

-¡Va, venid más cerca!

Buenas noches a todas y a todos.

¡Y bienvenidos al Mercado Central!

(Vítores)

(SILBA)

-Esta es una noche muy especial para mí.

Bueno, la verdad es que...

No estoy pasando por mi mejor momento.

Porque...

Últimamente, me han pasado cosas

un poco durillas, la verdad.

-Y tan durillas.

-No empieces. -No he dicho nada.

-¿Te quieres callar? -Es que parece un funeral.

-¡Ánimo, Paolo!

-Bueno.

Así que vamos a presentar el grupo.

¡Al teclado, Mauro Vivar!

(Vítores)

¡Al bajo, Alfredo Bardají!

(Vítores)

¡Y a la guitarra, Andrea Giordano!

(Vítores)

Un fuerte aplauso para los... ¿Cómo os llamáis?

-Francesca Jazz Band.

-¡Francesca Jazz Band!

-¡Bravo!

-Mi padre. Eh...

Lo primero, muchas gracias a todos por venir aquí.

Al Mercado Central.

Sobre todo, con el chaparrón que nos puede caer.

Vale, pues vamos a empezar.

-¡Dale!

(Vítores)

¿Estáis listos? (TODOS) ¡Sí!

Ahí.

Ahora, así, ya tenemos la sierra de Madrid.

Pero ¿qué es eso?

Un árbol.

¿Cuándo has visto un vivac sin árboles?

¿Cuándo has visto un vivac a cubierto?

Si quieres, abrimos un agujero en el techo,

pero vamos regular de tiempo y presupuesto.

Y el clima no acompaña, así que ya está.

Está resuelto. Sí, nos quedamos con el ficus.

Yo creo que está todo.

La mantita, bocatas, cerveza. Ya está.

¡Tío!

¿Y tú querías irte a la sierra?

Ya. Menos mal.

Y menos mal que no hemos abierto el agujero en el techo.

Oye, que quería darte las gracias por todo esto.

Para mí es importante y te agradezco que lo compartamos.

Son dos tonterías. No, Marcos.

De verdad, gracias.

Yo creo que voy a por Lorena. Espera.

Vale. Todo bien.

Todo bien. ¿Sí?

Sí. Tira.

(Música jazz)

# Cae la noche en la ciudad.

# Es Navidad.

# La nieve cubre el ventanal

# de nuestro hogar.

# Sí.

# Oh, jingle bells.

# Oh, jingle bells.

# Brindando con champán

# regálame un beso una vez más.

(Vítores)

(PAOLO) ¿Qué te parece cómo toca tu amigo?

-Bastante bien, se le deben dar bien las matemáticas.

-¿Y eso qué tiene que ver ahora?

-Pues mucho. Las matemáticas son la base de la música.

-Para mí la base de la música es el sentimiento.

Pero tú escucha y disfruta.

# Sin avisar.

-Abuelo, ¿te está molando?

-Esta clase de música no me va.

-A ti te quitan del Fary y te pierdes.

-¿Qué culpa tengo yo de tener buen gusto?

-Vaya hijo tienes. -Todo un artista.

-Estos eventos dan visibilidad al mercado.

Y unen a los comerciantes.

Habéis hecho algo grande por el Central.

Enhorabuena, Paolo. -Gracias, Javier.

# Solo para dos.

# Oh, jingle bells.

# Oh, jingle bells.

# Brindando con champán

# regálame un beso una vez...

# más. #

(Vítores)

(PAOLO) Bravi!

-¡Muy bien! -Bravi!

(Vítores)

¡Ven aquí!

¡Andrea!

-¿Qué tal, cómo ha estado! -Bravissimo!

¡Lo habéis petado! -¿Sí?

-Bravissimo. -Vamos a ir a tomar algo.

Tenemos que pasar por el local para dejar los instrumentos.

-¿Y por qué no los dejáis en la pizzería?

Así os ahorráis el viaje.

Estaréis cansados. -Los dejamos en la pizzería.

-Por nosotros, sin problema. ¿Te los dejamos?

-Sí, sí, yo los recojo.

-¿Te apuntas a tomar algo con nosotros?

-¡Vale, me apunto!

Pero si me pongo pesado, me avisáis.

-Yo te lo digo.

-Empezad a ir vosotros.

Me mandas un mensaje cuando lleguéis.

-Vale, ten cuidado con los instrumentos y con el ampli.

Déjalos en un lugar seguro.

-Que sí, Andrea, no te preocupes. -Un lugar seguro.

-Yo los guardo como si fueran los trofeos del Napoli.

Va, largaos. -Hasta ahora, Paolo.

-¡Hasta ahora!

Derecha.

(RÍE) ¿Preparada?

No. ¿No? Pues nos vamos.

(RÍE) No, quieta.

Sorpresa.

¿Qué es esto?

Pues un vivac a cubierto.

No es un pícnic, es un vivac. Sí.

Había pensado llevarte a la laguna de Peñalara

para darte una sorpresa, pero el clima no acompaña.

Y he pensado: "Si Lorena no va a la montaña,

la montaña va a Lorena".

La montaña va a Lorena. Vale.

He intentado que parezca un vivac de verdad.

No sé si lo he conseguido. Sí, tenemos un árbol.

Bueno, lo importante es la intención

y la compañía. Ya.

Alguien me ha soplado que lo que más te gusta en el mundo

es pasar la noche mirando las estrellas

con una cerveza y un bocata de jamón.

Y he dicho...

Me faltan las estrellas.

Pero si miras fijamente a las velas y aprietas fuerte los ojos,

igual las ves. ¿Sí, esas dos velas?

A lo mejor con diez o doce cervezas...

Tengo vino también.

¿Quién te lo ha contado, Noa?

Noa me lo ha contado

y mi hijo me ha ayudado a montar todo esto.

Va, ponte cómoda, dame esto.

Esto, por aquí. La chaqueta.

Y por favor...

Señorita, si es tan amable. Muchas gracias.

Por favor.

Lorena, no sé las veces que la he cagado contigo y...

Y te prometo que voy a hacer

lo que esté en mi mano para no reincidir.

Te lo prometo.

La tormenta es descomunal y no se ven las estrellas.

Pero te ha quedado la noche más bonita del mundo.

¿Perdona?

¿Que no se ven las estrellas?

Túmbate.

(CARRASPEA)

Voilà.

Tus estrellas.

Me has traído las estrellas.

Sí. Aquí hay más que en la sierra.

¿Tú sabes de constelaciones? ¿Yo?

No tengo ni idea.

(RÍE) Pero me han soplado que tú sí.

Yo sí.

¿Me darías una clase?

Claro. Vale.

Mira...

¿Ves ese conjunto de ahí arriba

en forma de M? Sí.

Eso es Casiopea.

Y ese de la derecha que parece un cargador es Orión.

Eres preciosa.

Tú eres precioso.

Se han llevado los instrumentos. Los han robado.

-Me estás vacilando, ¿no?

-¿Has llamado a la Policía? -La Policía.

-Cuanto más se tarde en hacer la denuncia,

menos posibilidades hay de recuperarlos.

-Ahora mismo los llamo.

Lo mejor para olvidarse de los problemas

o, por lo menos, dejarlos de lado, es una buena noticia.

Y que nos vayamos a vivir juntos es una noticia estupenda.

-No estoy segura de que nuestros hijos opinen lo mismo.

-¿No serás tú la que piensas que no es buena idea?

-A ver, Jesús, que no tenemos 20 años.

Me puedo esperar todo de papá, pero que te sea infiel...

-Ya ves.

Pues nos ha engañado a las dos.

-Sabes que no puedes seguir aguantando esto, ¿no?

-¿Qué quieres decir?

-Que tienes que dejar a papá.

"Adela está al tanto de todo y está de acuerdo"

con que tenemos que arreglar esta situación.

"Está bien".

Fenomenal, lo único... ¿Qué te parece

si en vez de en el hotel quedásemos en mi casa?

Estaríamos más tranquilos para hablar.

¿Quieres que quedemos en tu casa?

"Sí".

Adiós, rubito.

¿Qué tal?

Oye, veo que vas dando pasos agigantados, ¿no?

Es lo que me pediste, ¿no?

Sí, además, que te veo muy bien.

Te veo dándolo todo, muy metido en tu papel.

Quizá demasiado.

¿Sabes lo que ha sido para mí venir aquí, bajarme los pantalones

y pedirte ayuda? Y te voy a ayudar.

Nunca estás cuando te necesito.

Siempre es luego, más tarde, la pizzería.

Eso no es verdad.

¿Qué pasa? -Nada, que...

Tengo una reunión ahora mismo, se me había olvidado.

¡Me habéis destrozado la vida, tú y mamá, los dos!

¡Sois unos egoístas que no me habéis preguntado nada!

¿Cuándo me has preguntado lo que quiero o lo que pienso?

¡Te odio!

¡Nos hemos vuelto a convertir en jovencitos!

(RÍE)

¡Cuando se os pase la melopea, hablamos!

(RÍE)

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Mercado Central - Capítulo 70

02 ene 2020

Serie que narra el día a día de un mercado de barrio a punto de ser convertido en un centro comercial, y su lucha por impedirlo.

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