Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 68 - ver ahora
Transcripción completa

Ya verás, este Wilson no nos va a fallar.

Acaba de tener otro crío, creo que tiene cuatro.

Entre eso, la Navidad, la cuesta de enero...

Necesita la pasta.

Eso no lo dudo. El problema son los otros albañiles.

¿Por qué?

Es el jefe de obra,

se las apañará para fingir el accidente sin que lo vean.

¿Y no lo van a cuestionar?

Es el jefe, confían en él.

Bueno.

Esperemos que así sea.

Por otra parte, si alguien ve el accidente, va a ser

su palabra contra la de Javier, ¿a quién apoyarán los empleados?

A su jefe, no a la patronal.

¿Qué pasa?

¿No confías en el plan?

En el plan, sí.

En quien no confío es en ti.

Me has fallado muchas veces.

Si es así, no entiendo por qué sigues haciendo negocios conmigo.

Francamente.

Me estoy empezando a cansar de tus amenazas.

Nadie puede hundir un mercado en tan poco tiempo, en tres semanas.

Nadie puede controlar todas las variables.

Eso está claro.

El problema es que la variable más gorda de todas

ha sido coger a Javier Quílez como gerente del Mercado.

Menudo gol nos han metido. Ginés.

Tú eres un hombre de negocios, eres un inversor.

Sabes que estas cosas son a largo plazo.

Los dos lo sabíamos. ¿Sabes cuál es el problema?

A largo plazo no se gana dinero.

El dinero de verdad se hace a corto plazo.

Las oportunidades hay que aprovecharlas.

Todas las negociaciones tienen altibajos.

Y sabes que tardan en llegar los resultados.

O te queda claro eso o seré yo quien empiece a plantearse

si me compensa trabajar contigo por mucho que me pagues.

Mira, Elías, si te presiono

es porque sé a quién se le puede exigir y a quién no.

Y yo creía que tú darías la talla.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Pero bueno, ¿qué es todo esto? Qué bonito.

¿Y qué estáis guisando? Huele muy bien.

Hemos pensado hacerte una comida especial, de despedida.

Pero si solo vengo a recoger mis cosas.

Además, bastantes problemas os he dado ya.

No, tú te quedas aquí hoy a comer.

Y te vas con buen sabor de boca.

Ay, qué tonta.

La verdad es que no me lo esperaba.

Era la idea, que fuera una sorpresa.

¿A que sí, cariño? Sí.

Pero has venido muy pronto y la lasaña no está hecha.

¿Lasaña? Guau, qué rica.

Oye, no sé si seguir viviendo aquí, ¿eh?

Es broma.

Mira, lo que queremos es que te des cuenta

de que aquí siempre vas a tener tu casa.

Eres un sol, Celia.

Y tú también, David.

Perdona.

Siempre se me olvida que no eres muy de besos.

Pero, con todo este tiempo, al final David te ha cogido cariño.

¿A que sí? Bueno, no sé.

¿A que sí?

Ajá.

En serio, muchas gracias por la paciencia que habéis tenido.

Qué va, pero si ha sido una aventura maravillosa.

Yo no creo que haya sido una aventura ni tampoco maravillosa.

Ha sido insoportable.

David, por favor, por favor.

Ha sido horrible, admítelo. A ver.

No le regañes, Celia.

Me gusta que tu hijo sea así de sincero.

¿No sería la vida más fácil si todo el mundo dijera la verdad?

Te voy a poner vino, a ver qué te parece.

Estupendo. Venga.

Ya. Pruébalo, a ver qué tal.

Yo lo único que digo, David,

es que tienes que reconocer

que ha habido cosas buenas de convivir con Adela, ¿mmm?

Te lo puedes tomar como un entrenamiento

para cuando te vayas a vivir fuera de casa.

¿Irme de casa? ¿Cuándo?

No tengo intención de moverme.

Pero tu madre se refiere

a un futuro. Claro.

Llegará un día en que quieras vivir con alguien que no sea tu madre.

Como no sea con la abuela.

¿Qué es? Un regalo.

No es mi cumpleaños y falta para Reyes.

Bueno, por todos los días que me has aguantado.

"España en cifras. Anuario estadístico".

Gracias. De nada.

El librero me ha dicho que es superinteresante.

Voy a leer un rato, a la lasaña aún le queda.

Claro que sí.

¿No deberías estar en la pizzería? (ROSA SUSPIRA)

He venido a ver si veía a Noa.

¿Ha pasado por aquí?

-No lo sé, la verdad.

-¿Y eso?

-He comido con Rocío en un bar que han abierto nuevo

al lado de la oficina. -¿Rocío?

-Rocío, del trabajo.

-Ah. -No veas lo rico que estaba todo.

Como ha ido desde que abrieron, nos han tratado estupendamente.

-Ya.

Bueno, también he venido porque tengo una cosa para ti.

Ven.

Es una sorpresa.

Es muy especial.

-¿Entradas?

-Para la ópera esta noche.

Lo que me ha costado conseguirlas, están agotadas.

Pero Andrea me ha ayudado, se ha metido en una web de reventa.

Y ahí están.

¿Te apetece?

-Te habrán costado una fortuna. Un poco locura, ¿no?

-Bueno, de eso se trata, ¿no?

De hacer una locura de vez en cuando.

Esta noche va a ser muy especial, ya verás.

-Lo siento mucho, cariño, es una pena, pero no va a poder ser.

-¿Cómo que no? Pero ¿por qué?

-He quedado con Rocío para revisar los detalles del proyecto

y no puedo dejarla colgada.

Lo entiendes, ¿no?

Pero muchas gracias, cariño, es un gesto muy bonito.

No tenías que haberle comprado nada.

Bastante haces con el dinero del colegio.

Mujer, déjale que disfrute.

A tu hijo, se le termina tomando cariño,

de verdad. Sí.

Es un amor.

Pero no todo el mundo lo ve.

Bueno.

En cuanto me recupere, te devuelvo el dinero del cole.

Que lo sepas. Y dale.

Es mi manera de colaborar contigo

por las semanas que llevo viviendo aquí.

Y otra cosa.

Yo creo que pronto vamos a poder ingresar dinero en serio.

¿Sí? He hablado con un amigo mío.

Es el dueño de una cadena de hoteles, Leopoldo Miras.

¿El de las cestas de fruta de tu hijo?

Exacto. Ah.

Vendrá hoy.

Quiere comprarnos cestas para regalarlas en sus hoteles.

Los Vancouver. ¿Te suenan?

Claro que me suenan.

Son muy importantes, deben tener muy buen presupuesto.

Y tanto.

El año pasado, la inversión hotelera en España alcanzó los 4900 millones.

Lo pone aquí. Más incluso que el año anterior.

Si lo pone ahí...

¿Y vais a trabajar hasta esas horas?

¿No podéis posponer la reunión para mañana?

-El trabajo es lo primero.

Y la amistad también es importante.

Rocío y yo trabajamos juntos,

pero estamos fraguando una amistad. -Ah.

-¿Te molesta? -No, no, no, qué va.

Pero... pensaba que te hacía ilusión.

-Si está muy bien, de verdad, la sorpresa, pero no puedo.

Me sabe mal, pero son cosas que pasan.

El trabajo es así.

-Ya. -Llévate a Paolo otra vez a la ópera.

¿No le gustó tanto?

Pues repetís.

-Es que no quiero ir con Paolo.

He comprado estas entradas para ir contigo, con mi marido.

Hacer un plan nos vendrá muy bien. -Tenías que habérmelo consultado.

Ahora mismo, mis prioridades son otras.

Como las tuyas, vaya.

-Ya. -¿Mmm?

No pasa nada, de verdad, ya iremos otro día.

-Espero que dentro de tus prioridades esté también tu familia.

-¿Qué quieres decir?

-Bueno, pues...

Parece que se te ha olvidado que tu hija se va a Nueva York.

Es que ya no hablas de eso, ¿sabes?

Es muy fuerte lo que va a hacer,

Nacho. -¿Y a qué viene eso ahora?

-Pues que creo, ¿eh?, sinceramente,

que de estar tanto con Rocío se te olvida tu hija.

-Tu hija sabe muy bien dónde va.

No merece la pena darle vueltas, ya la conocemos.

-¿Cómo no le vamos a dar vueltas?

Se va a Nueva York detrás de un tío que tiene allí una hija,

una ex y... -Intenté que abriera los ojos.

Tú lo sabes. ¿Me ha hecho caso? No. ¿Qué más quieres que haga?

No hay peor ciego que el que no quiere ver.

¿Para qué molestarse? -Es nuestra hija.

Se va a Nueva York. ¿Te lo repito?

Se va a cometer una locura.

-Mira, como dice Rocío, que se vaya, ¿sabes? Así espabilará.

Si no, aprenderá inglés.

-¿Qué tiene que ver Rocío con esta conversación?

¿Qué tiene que decir esa mujer y que opinar sobre mi hija?

¿Desde cuándo trabajas con ella? Bueno, que me da igual.

Si quieres hablar de Noa,

hablas conmigo, no con una del trabajo.

-Eso pensé yo

cuando Paolo empezó a marearte con su separación, con su ex,

con la custodia de su hijo.

Tú también eres una del trabajo.

-No es lo mismo, ¿eh?

-Pues yo creo que sí.

-Bueno, ya está, ya lo veo, Nacho.

O sea, ¿estás haciendo todo esto para devolverme lo de Paolo?

-¿Qué dices?

Yo no hago las cosas

para devolverte nada ni para molestarte, no es mi estilo.

(SUSPIRA)

Parece mentira, Rosa.

Tan comprensiva que eres contigo misma

y tan poco con los demás.

-Mira, me voy a la pizzería.

(Puerta)

Andrea.

¿No tenías ensayo con tu grupo de jazz?

-Ya he terminado. -Ah.

-Papá, estaba pensando que podríamos dar una clase ahora.

Ahora que está esto más tranquilo.

-¿En serio? -Ajá.

-Pero ¿no estabas liado todo el día?

-Pues ya no.

-Pues voy a por mi guitarra.

-Verás.

-Cómo es la vida, ¿eh?

Que tu madre y yo teníamos que separarnos

para que tú y yo nos acercáramos. -Tampoco te pongas moñas.

A ver si me arrepiento y me voy. -Ya, perdona.

Perdona. -Venga.

-¿Cómo es? -A ver.

Poco a poco.

Para tener agilidad en los dedos, un poco de digitación.

-¿Sabes qué, Andrea?

Que a mí siempre me hubiera gustado aprender a tocar

esa canción de Modugno, "Vecchio frack".

Era la favorita de tu abuela. -Vale, perfecto.

Primero, lo básico, que son los acordes.

-Pero en la canción también hay acordes. Es que...

Es estupenda, Andrea, te va a encantar.

Podrías hacer

una versión jazz con tu grupo. -No.

Acordes, ¿vale?

Primero, acordes.

Empezamos.

El índice, aquí.

-El índice, aquí. -Eso es, muy bien.

Hola, buenas.

-Hola. -¿Se puede comer algo?

Vengo de la estación y ahí no había nada ni medio decente.

-Ya, la comida de la estación, no... Y, además, muy cara.

Pues sí, mira, tengo marmitako.

Tengo tortilla de calabacín a la trufa.

Tengo... -¿El marmitako lleva algo especial?

-Sí, pero es que es secreto de la casa.

-Marmitako entonces.

-Muy bien. ¿De beber?

-Un Rías Baixas.

-Ah, no.

-Un blanco, el que quieras.

-¿Un Rueda te vale?

-¿Todo esto lo has hecho tú?

¿Eres la responsable de cocina?

-Sí, sí.

Con ayuda, pero digamos que sí, que soy la cocinera, sí. ¿Por?

-No, parece que no se te da mal.

-Bueno, me... me defiendo.

Voy a darle un golpe de calor al marmitako.

-¿Cómo lo vas a calentar?

-En el microondas.

-No lo calientes en el microondas.

-Vale. ¿Cómo quieres que lo caliente?

-Si no sabes usar el microondas, te lo vas a cargar.

Directamente. El microondas reseca la comida.

Le quita al sabor.

Un desperdicio. -¿En frío?

-¿En serio?

-No.

-El frío es peligroso, te lo habrán enseñado

en la escuela de cocina.

Lo suyo es que lo pusieras en una cazuelita,

lo removieras con tranquilidad,

para no romper la fibra del pescado.

-La fibra del pescado. -Sí.

Coloquialmente, significa deshilachar.

-A ti también te gusta cocinar.

-Sí, me defiendo también.

He oído hablar de las tapas que tenéis.

Mira, mientas se calienta el marmitako,

quiero que me pongas unas gildas

y unas berenjenas de Almagro.

-Muy bien, te voy a poner las gildas, las berenjenas.

Tú te tomas el vino, y la carta,

si no te importa, te la retiro, estoy segura de que esto

no está a la altura de tus expectativas.

-Que no, para nada, para nada.

Tengo mucha curiosidad.

-Por favor.

-Muchas gracias.

Muy amable.

-(PAOLO CANTA) Navidad, Navidad, dulce Navidad.

-Papá, esto no es música ni es nada, papá.

Por favor, me duele el oído, para.

Me pides que te enseñe y no me haces caso.

-Perdona, es que la música me posee, y con el espíritu navideño...

-Para la música, hay dos cosas:

la paciencia y la constancia.

Si quieres que te suene bien la guitarra,

tienes que echarle horas.

-Va.

¿Cómo era el acorde este?

-Este se llama do mayor.

-Pero, a ver.

¿Cuántos acordes tendría que aprender?

-(RESOPLA) Los básicos... Unos siete, ocho.

-¿Siete maneras de liarme los dedos así?

-Sí. Luego hay acordes mayores, menores, disminuidos...

Pero, bueno, eso más tarde.

-Paolo. Perdonadme.

Tienes que ir a la cocina, el lavavajillas está soltando agua.

-El lavavajillas...

-Yo creo que es el tubo del desagüe.

-¿Otra vez? -Sí.

-Perdona, Andrea, ahora vuelvo. -Nada.

-Andrea.

¿Sabes? No voy a poder ir a la ópera.

¿Crees que será difícil revender las entradas?

-¿Y eso por qué?

Te hacía mucha ilusión. -Bueno.

Cosas que pasan.

-Pues no sé, la verdad.

A ver, las entradas están caras.

Es que hay mucha demanda.

Con un poco de suerte,

si miramos en internet en sitios adecuados...

-Ay, gracias.

-Vamos a ver.

-Es muy bonito lo que estás haciendo con tu padre.

-Bueno, tampoco tiene tanto mérito.

-Le está viniendo muy bien esta actividad creativa.

Y, sobre todo, pasar tiempo contigo.

-Ya, pero no sé si lo va a conseguir.

-¿Has visto cómo está de contento?

-Es muy impaciente, quiere ya resultados.

Es que quiere todo ya.

La música no entiende de prisas, es poco a poco.

-Pues tendrás que tener paciencia con él.

Pero valdrá la pena, ¿no?

Cuando haces algo por alguien que quieres, compensa.

-Ya está bien.

Entonces...

¿Cómo era esto?

Madre mía, pero mira qué hora es.

Tranquila, es pronto, ahora llegará.

(SUSPIRA) Vale.

Bueno, ¿qué?

¿Te has instalado en el apartamento? Sí.

¿Y sabes una cosa? Es mucho mejor que en las fotos.

Pues me alegro, de internet no te puedes fiar mucho.

No.

Y, si al final te arrepientes,

puedes venir a casa, no son fechas para estar sola.

Bueno, no te creas.

La verdad es que yo creo

que me va a venir bien estar sola. Sí.

Piensa que me casé muy joven.

Y pasé de casa de mis padres a vivir con Elías.

Estar sola tiene sus partes buenas y sus partes malas, ¿no?

Bueno, como todo.

Pues sí, como todo.

Adela.

¡Leopoldo!

Cuánto tiempo, ¿cómo estás?

Siglos sin vernos. Gracias por responder a la llamada.

Cuando me comentaste tu negocio, me dije:

"La oportunidad para vernos y ponernos al día".

Déjame que haga las presentaciones.

Celia, mi socia. Hola.

Él es Leopoldo Miras.

Encantada. Igualmente. Adela y yo

somos amigos, fuimos juntos al colegio.

Hace ya unos cuantos añitos. Pero cuéntame cómo estás tú.

Aparte de tan guapa.

Y tú siempre tan zalamero. Si mira qué pintas llevo.

Pero si lo digo completamente en serio.

Muy guapa y muy emprendedora.

Porque esto es una gran idea, esto de poner una perfumería

combinada con una floristería es fantástico.

Es una droguería venida a más, ¿no?

A eso me refiero.

A la capacidad de inventiva de Adela. No, no.

La de la modernización de la perfumería es mi socia.

Bueno.

Rosa, ¿todo bien?

-Ajá.

-Porque no me pareces muy animada.

-No te preocupes, ya te he dicho que estaba bien.

-Ya, tú me lo has dicho, pero yo no me lo creo, Rosa.

No es por Nacho, ¿no?

No te ha vuelto a decir que entre tú y yo hay algo,

espero.

-No, tenemos problemas matrimoniales, pero no tienen nada que ver con eso.

-Rosa, si necesitas hablar, ya sabes que yo estoy aquí.

¿Mmm?

Ahora que...

Si no quieres hablar, también lo entiendo.

Pero, vamos, que no te sientas presionada.

-Gracias, Paolo.

¿Sabes qué pasa?

Que a mí me da mucho pudor hablar de estas cosas.

Yo no soy una...

una persona que...

que le guste hablar de las cosas de su vida, no me sale.

-Como tú quieras.

(SUSPIRA)

¿Sabes qué pasa?

Que el problema de Nacho conmigo resulta que tiene nombre.

-¿Cómo que tiene nombre?

-Pues, para ser más exactos, Rocío, así se llama.

-Rocío.

¿Quieres decir que...

Nacho tiene una historia?

No, Rosa, no me lo puedo creer.

-Yo tampoco me lo creía, pero ahora lo dudo.

-No, no. Seguro que se ha inventado algo para darte celos.

-Si lo sé, sé que, de alguna manera, me quiere castigar

por haberme ido contigo a la ópera.

-Nacho, perdona que te lo digo,

es un poco retorcido, ¿eh?

-Bueno, tampoco es tan importante.

-Esto es, que no le tienes que dar importancia.

Ignóralo, porque...

(RESOPLA) Mira que, ahora, intentar darte celos es tan infantil.

Pues me parece una idea sensacional.

Y con tu buen gusto esto no puede ir más que para arriba.

Ojalá.

Hemos hecho cestas para regalar a los invitados en un par de bodas.

Pero se han quedado muy contentos. Mucho, sí.

Yo, las cestas, en este caso, de bienvenida,

las quiero para las suites, eso que llaman "amenities".

Ese tipo de detalles es lo que fideliza a los clientes.

Pues cuenta con nosotras.

Necesitaríamos saber de qué presupuesto estamos hablando,

cuántas unidades quieres.

Sí, según el presupuesto, podemos añadir unas cosas u otras.

Una bomba de baño relajante,

unas flores perfumadas...

Depende.

Pues, mira, podemos empezar con... ¿quinientas cestas?

¿Os parece bien?

Por nosotras, estupendo. Sí.

Empezamos con el Vancouver,

el hotel insignia de la cadena.

Y, si tiene buena acogida, vamos ampliando el pedido.

Sería fantástico.

De todas maneras, es mucho trabajo, son muchas cestas.

Estaría bien saber cuánto tiempo tenemos

para organizarnos.

Pero nos organizamos. Nos organizamos, sí.

Empezamos con las quinientas ya. Sí.

Sensacional.

(Móvil)

Ay, perdonad. Ay, mira, Marisol. Le voy a ir comentando todo esto.

De acuerdo.

Marisol es

la distribuidora

de los productos ecológicos que ponemos en las cestas.

Me alegro que tengas una buena "partenaire".

Al menos, en los negocios.

¿Y ese comentario?

No seas malvado.

Alguien te ha ido con el cuento.

De los antiguos alumnos. Son una panda de cotillas.

Adela, a mí nadie me ha contado nada.

Pero no llevas el anillo de casada y nunca te lo quitabas.

Bueno, la verdad es que Elías y yo

no estamos pasando por un buen momento.

Precisamente por eso, porque nos estamos dando un tiempo,

es por lo que estoy centrando mis energías en estos negocios.

Pues, mira, se me ocurre una cosa.

Esta noche vamos a cenar los tres

y así cerramos el presupuesto de las cestas.

Y nos ponemos al día con un vinito.

Bien, por mí, estupendo.

Bueno, pues ya está.

Ya le he dicho que este mes

le haremos un pedido un poco más grande.

Pues Leopoldo nos invita hoy a cenar y así hablamos de los detalles.

¿Esta noche? Sí.

Lo siento mucho, no voy a poder.

He quedado a cenar con... con mi suegra y...

Bueno, es imposible.

Pues, si a Celia no le molesta

y tú estás de acuerdo, quedamos los dos y vamos adelantando.

¿A qué hora reservo?

¿A las nueve?

¿Y si con la tontería pasa algo?

Les he estado escuchando

hablar por teléfono y parecía tan relajado,

tan animado, ¿sabes? -No, seguro que estaba fingiendo.

Que esa es una de sus estrategias.

-¿Y si se enamora? Porque estas cosas pasan.

-Que no va a pasar, no seas tonta.

-Oye, no me digas que soy tonta.

Quiero decir...

Ah, perdóname, lo siento, es que...

Verás, la situación con Nacho no está bien desde hace mucho tiempo.

Me asusta mucho perderlo.

-Amiga mía.

No te preocupes, todo va a ir bien.

-Ya. -Verás.

No te va a pasar lo mismo que a mí.

-Porque que te haya pasado a ti

no quiere decir que me tenga que pasar a mí, ¿verdad?

-No, no, claro que no.

-Porque yo estoy muy pendiente de Nacho.

-¿No estoy pendiente de Cristina?

-No, lo que pasa es que tú eres tú y yo soy yo, Paolo.

-¿Y? ¿Y qué? ¿A ti no te puede pasar esto?

-Sí, si le puede pasar a cualquiera.

Pero, entiéndeme, quiero decir que...

No sé, tú eres una persona muy confiada.

Los has tenido aquí. -¿Eh?

-Y no te has dado cuenta. -Rosa, ¿qué estás diciendo?

¿Es mi culpa que Cristina se liara con el que era mi mejor amigo?

-Yo no... -¿No lo vi venir?

-No digo eso. -¿Qué dices?

-No sé, digo que tu situación y mi situación son distintas.

-¿Y por qué? -Pues porque...

Nacho no tiene que ver con Cristina. -¿Cómo es Nacho?

-Es una persona que me quiere mucho. -Ah.

-Me quiere tanto que es que es... Yo creo que es que se pasa ya.

-Claro, porque ahora Nacho es tan fabuloso, ¿no?

-Mira, creo que va a ser mejor que me vaya para adentro,

a ver si hay clientes.

-Rosa, espera.

Mira...

¿Sabes lo que hablamos el otro día?

Que dejaras la pizzería.

-Oh.

No me puedo creer que estés hablando en serio.

-¿Por qué no?

Igual es la mejor solución, ¿no?

Así Nacho quedaría más tranquilo, no tendría más celos.

Tú podrías salvar tu maravilla de matrimonio

y esta buena amistad que tenemos.

-¿Eso es lo que piensas?

Ah, ¿sí? ¿Pues sabes qué te digo?

Que sí que me voy a ir, pero ahora.

-Eso. -¿Sabes por qué?

Tengo tareas en casa. -Claro.

Sí, sí. Vete, va.

Vete a hacer todas esas cosas.

El marmitako no ha estado mal.

Pero le...

Pero le sobra un poquito de azafrán, ¿sabes?

Al final, el azafrán, en exceso, amarga.

-Mmm. Muy bien, marmitako no aprueba.

La tortilla, ¿qué? No me digas que no está rica.

-A ver, es una tortilla.

Es muy difícil hacer una que no esté rica.

Pero estaba un poco agarrada de sartén.

Deberíais cambiar el menaje, porque le quita la esencia.

-Ya está bien, ¿no?

-Tranquila, ¿vale? Uf.

Tú me has preguntado y yo te he respondido.

¿Me dices qué te debo? -No.

Invito yo. Y te puedes ir por donde has venido.

Y te voy a decir algo antes de irte.

Esta carta la ha elaborado un chef.

¿Eh? Un chef de los de verdad.

Sí. -Uh.

-A lo mejor el problema lo tienes tú.

Porque eres tú el que tiene el paladar no educado.

Pero bueno.

-¡Pero bueno! ¿Qué haces aquí?

¿No me avisas?

¡Papá! ¿No me avisas que vienes?

¡Marcos!

-¿Es tu hijo?

Mi hijo, Marcos.

-Su hijo, Marcos. Ella es Lorena, mi novia.

Oh...

¿Os habéis presentado?

Más o menos.

-No nos ha dado tiempo.

-Marcos, el hijo del chef.

-Lorena, encantada.

La novia del chef.

(SUSPIRA)

Hola, Nacho.

¿Tienes un minuto?

-Tú dirás.

-Eh... Rosa ya se ha ido a casa.

-Eh... Genial. Oye, tengo prisa.

He quedado con alguien del trabajo.

-¿Quién es? ¿Rocío?

-¿Te lo ha dicho Rosa? -Sí.

Me lo ha contado Rosa.

Mira, perdóname que te lo diga, pero...

Pero Rosa es una gran persona.

Y no se merece todo este sufrimiento.

-¿Qué sufrimiento?

-Que te estás inventando toda esa historia para darle celos.

Pero, Nacho, déjate de tonterías.

Porque Rosa no se lo merece.

-¿Me crees capaz de inventarme lo de Rocío para darle celos?

Oye, Paolo.

¿Tú por quién me tomas?

-(SUSPIRA) Nacho, Rosa es una persona maravillosa.

Pero yo a veces la veo muy sola.

Deberías cuidarla más.

Porque ella te quiere. Y mucho.

-¿A ese nivel de confidencias llegáis?

-Ella me escuchó a mí en un momento muy difícil.

Y ahora me toca escucharla a ella.

-Ya.

Pues relájate, ¿eh?, que yo también la quiero a ella.

Y me parece estupendo que seáis amigos.

-Pues, entonces, Nacho, respétala más.

¿Eh? -Mmm.

Mira, me tengo que ir porque tengo una reunión de trabajo.

Pero ya hablaremos, ¿eh?

-Ah, Nacho.

Cuando llegues a casa y veas a Rosa,

dile que la espero mañana en la pizzería,

como todos los días.

-Chao.

Pasa, mami.

Esa es mi zona y tengo el carrito allí.

Y, bueno, pues esto son los almacenes.

Que, aunque no tengan mucho trasiego de público,

está siempre hecho unos zorros.

Porque, claro, aquí llegan las mercancías,

las almacenan.

Y, claro, los comerciantes, como siempre tienen muchas prisas,

lo dejan hecho un asco, ya ves.

-Qué orgullosa estoy de ti, hija.

No sé, ver cómo te manejas en el trabajo,

con lo difícil que te lo pusimos en casa.

-A ver, no soy ingeniera nuclear,

pero la verdad es que se me da bien y me gusta.

-Claro que sí, no te quites mérito, que eres muy joven.

Cariño, no lo has tenido nada fácil y te sacas las castañas del fuego.

Tendrás tiempo de encontrar tu vocación.

Lo estás haciendo bastante mejor que yo.

-¿Sabes algo de la entrevista?

-No, no sé nada todavía, pero me quedé con buena sensación.

-Ay, ojalá te lo den, de verdad. -Pues sí.

Sería una oportunidad muy buena.

Igual a partir de ahí, no sé, arranco una nueva vida

y las cosas cambian. -Pero bueno.

Cuántas veces he soñado con oírte decir eso.

Pensaba que sería imposible. -¡Hola!

-Hola. -Hola, mi amor.

-¿Qué tal? Me han dicho que estabais aquí.

-Pues sí, mira.

Le estoy dando un "tour" a mi madre, la delincuente.

-¿Eh? No.

O sea, no, Elvira.

-Mira, eso es prueba de lo que quieres a mi hija.

Y sé que lo haces para protegerla.

Y tampoco soy yo

el mejor referente como madre.

-Menos mal que lo ves así, tu hija no es nada comprensiva.

-Pues debería, eres un chico estupendo.

-A ver, es verdad que aquí mi amor

a veces se pasa un poco de machito protector,

pero, bueno, Samu me quiere.

Y yo, a él.

-¿Esa maleta? ¿Te vas de viaje o qué?

-Eh... No, no.

Que mientras encuentro

una vivienda, me instalo en casa de una amiga.

-Muy bien. ¿Buscas por el centro?

-Bueno, me gustaría estar cerca de Carla, sí.

Se está haciendo tarde, ¿terminamos de verlo otro día?

-Sí, sí. Te acompañamos a la salida.

-Venga, va. -Venga.

¡Vámonos!

(ANDREA) David.

¿Qué estás haciendo?

-Le dije a tu padre que no tuviera pimiento

y no podría tener más.

-Es que le has pedido una vegetariana.

Y estará en sus cosas y te ha echado todo.

-Oye. -Dime.

-Qué bien, no te fuiste a Nápoles.

-Pues sí, la verdad es que sí.

Era un poco movida.

No me apetecía mucho.

-Tengo un amigo, no quería perderlo.

-Yo tampoco.

-Pero ¿por qué no te fuiste con tu madre?

-Bueno, porque...

No sé, me gusta más vivir en Madrid, ¿sabes?

Y me daba un poco de palo eso de perder

a los amigos, el instituto y todo eso.

-Podrías habérselo dicho antes de coger los billetes.

Le hiciste gastar mucho dinero. -Sí, se lo dije.

Lo intenté, pero no me hizo mucho caso.

-Pero le dijiste que te irías con ella

y luego cambiaste de idea.

¿Por qué?

-Porque sí.

-"Porque sí" no es una respuesta.

Fuiste al aeropuerto, hiciste la maleta

y, en el aeropuerto, algo te hizo cambiar de opinión.

-David, es que... La verdad, no me apetece hablar mucho del tema.

-Yo no podría vivir sin mi madre.

Si se fuera a Nápoles, no me gustaría,

pero no me quedaría aquí sin ella.

-Bueno, yo... yo ahora voy a centrarme mejor en mi padre,

que es de las pocas personas en las que puedo confiar ahora.

-Sí, menos para hacer una pizza sin pimiento.

(PAOLO GRITA)

¡Ah!

-¿Qué te ha pasado?

-Nada, que... que me he dado un tajo

cortando el "prosciutto".

-¿Sangras mucho? Déjame ver. -No, no, déjalo, déjalo, Andrea.

Bien, ¿y tú? ¿Cómo estás? ¿Qué tal todo por allí?

Estoy desesperada, tengo una angustia que no puedo.

Pero, Cristina, ¿eso por qué? "¿Por qué va a ser?"

Por Andrea, que no me coge el teléfono.

No quiere hablar conmigo.

"Dale un poco de tiempo y estate tranquila".

Yo le he visto esta mañana.

Le he encontrado igual que siempre, normal, tranquilo.

No sé.

Yo creo que es Paolo.

A saber lo que le dice de mí.

Creo que le manipula para que se sienta culpable si habla conmigo.

¿Tú crees? No, mujer, ese no es su estilo.

Y fue Paolo el primero que renunció a que Andrea se quedara con él.

¿No te dijo que tu hijo tenía que estar contigo?

Pues se ve que ha cambiado de idea.

Bueno, ¿y qué tal todo por Nápoles?

¿Ya tenéis casa?

"Estoy tan alterada que no estoy para buscarla".

Adela, yo te quería pedir un favor.

Pues lo que quieras, dime.

"¿Tú puedes...?"

¿Puedes mediar para que Andrea me llame por teléfono?

Venga, yo hablo con Paolo y no te preocupes, que lo intento.

Gracias.

Estoy sufriendo tanto...

Bueno, te... te dejo, ya te llamo pronto.

Paolo, ¿qué te ha pasado?

Huy. Me... me he cortado.

Déjame ver.

¡Uf! Ven, ven.

Tengo aquí el botiquín.

Te has hecho daño, ¿no?

A ver.

Tengo el botiquín porque, con las tijeras de podar,

siempre hay que tener cuidado.

A ver.

Ahora, relaja la mano,

que esto no duele, pero te va a escocer.

No me gusta nada estar aquí.

Ya.

Te recuerda a Cristina, ¿no?

Demasiado.

Yo sé que Cristina ha hecho las cosas mal.

Bueno, no, las ha hecho muy mal.

Y ya sé que piensas que,

como soy amiga suya, estoy de su parte.

Pero puedes contar conmigo para lo que necesites.

Gracias, Adela.

Pero, de momento, no necesito nada.

Bueno, aparte de esto.

Pero esto no tiene importancia.

En cambio, tú...

sí me puedes hacer un favor.

¿Qué favor?

He estado hablando con Cristina. ¡Uf...!

Me ha dicho que no puede hablar con Andrea.

Yo no tengo nada que ver con esto.

Es decisión de Andrea.

Si él no quiere hablar con su madre, pues...

Sus razones tendrá.

Ya, pero tampoco creo que sea bueno para Andrea que esté así

y que ni le coja el teléfono.

¿Te ha explicado él el porqué?

¿En serio, Adela?

¿Tú qué crees?

¿No será porque su madre se ha ido con mi mejor amigo

y ha arruinado nuestra familia?

Igual me equivoco, ¿eh?

Ya.

Pero ¿tú no podrías hacer algo

para... suavizar las cosas?

Ya sé que los dos perjudicados sois vosotros, tu hijo y tú.

Pero ¿no te da pena que se distancien?

Te lo digo porque creo que eres un hombre sensible.

Adela, escucha.

Yo conozco a mi hijo.

Y él también es una persona sensible, como tú dices.

(SE QUEJA)

Estoy seguro de que tarde o temprano acabará perdonando a su madre.

Pero él necesita su tiempo, ¿no?, su espacio.

También tiene derecho a enfadarse.

Sí, pero, aquí, todos tenemos derechos.

Y no sé si vale la pena que Cristina lo esté pasando fatal,

tú lo estés pasando... Si le importara el bien de su hijo,

no habría hecho lo que ha hecho.

Lo siento, Adela.

No. Sé...

Sé que tus intenciones son buenas, pero...

Si pensaba que sus acciones no tendrían consecuencias,

se equivocaba.

Cuando dañas a los que te quieren,

puede pasar de todo.

Incluso quedarte sola.

Gracias por esto.

Te puedes quedar en casa.

Para nada, estoy muy bien en el hotel.

Y no te quiero molestar.

¿Qué vas a molestar? Por favor.

Siento lo que ha pasado con...

Lorena. Lorena.

El comentario de las tapas no ha estado acertado.

Ya, bueno, se le pasará.

Lo que pasa es que... ¿Qué?

Que últimamente no estamos en nuestro mejor momento.

Y vas tú y "taca". Y meto la pata hasta el fondo.

Pero no tienes por qué saberlo, acabas de llegar.

Hay muy buen rollo en este mercado.

Sí, sí lo hay.

No sé, somos como una pequeña familia.

Ya tenías una familia.

Y si la perdiste fue un poco porque te dio la gana.

Vale, vale, vale. Pensé que venías en son de paz.

No, vengo en son de paz, al revés, si...

Estoy aquí por tu llamada.

Me parece bien que empecemos a vernos más.

Mira, Marcos, empezamos de cero, ¿vale?

¿Tienes tiempo para una caña? Sí, claro, yo invito. Tira.

Supongo que, aparte de venir a verme,

pasarás por la feria de innovación culinaria, ¿no?

Es esta semana.

¿Es esta semana? Ajá.

Ah, pues sí, ya que estoy, me pasaré.

Siempre se aprende algo nuevo: nuevos platos, nuevos utensilios,

nuevas recetas. Sí.

Yo, más que nuevos utensilios, ahora lo que necesito son consejos.

Vaya.

Vamos, que te necesito a mi lado.

¿Y son consejos personales, profesionales...?

¿Va todo bien con tu madre? Sí, eso está bien.

¿Con Romina, tu novia? Sí.

Sí, está todo bien, por suerte. Bien.

Es... es que me he enterado de que, después de las fiestas,

va a venir a Valladolid tu amigo, el crítico Carlos Rey.

Mi buen amigo Carlos, qué bien.

Sí.

Además, justo cuando te fuiste, nos hizo la crítica

y no fue especialmente bien.

La Fanega se ha quedado apartada del circuito de grandes restaurantes.

Ya. ¿Y qué crees que hay que hacer para que vuelva a entrar?

Yo he pensado en una reestructuración total.

Algo que le sorprenda, que... que innove.

Es una muy buena oportunidad para volver a estar en la élite.

Ajá.

¿Y quieres que te ayude?

He pensado en una degustación de doce platos.

¿Doce? Sí, doce, nada más.

No vamos muy bien de tiempo.

Venga, papá, si tú habías hecho burradas mucho más grandes.

Me lo ha contado mamá. Por eso sé que ese no es el camino.

La alta cocina es dura y competitiva.

Y puede invadir tu vida personal.

Por eso es mejor hacer las cosas con calma.

No hace falta pisar el acelerador, Marcos.

¿Me estás diciendo que prefieres ayudar a tu novia

en una cocina con dos fuegos y un microondas costroso

antes de ayudarme a mí, tu hijo?

¿Me dices eso en serio?

Que lo digo de buen rollo.

(SUSPIRA) Marcos, me estás pidiendo que vuelva a la alta cocina.

Y me juré que nunca lo haría.

Esto es diferente, esto es un bar en un mercado de barrio.

No hay presión.

No es comparable.

Piénsatelo, por lo menos.

Es un esfuerzo que nunca te he pedido.

¿Qué? Dándole que te pego a la aplicación de ligues, ¿no?

Tienes un enganche... Ya te digo, soy lo peor.

Soy como mi madre con los mensajitos, que me tiene frito.

Cuando descubra las notas de voz, me va a dar algo.

Por lo menos, solamente te manda mensajes.

Y no como el resto de la gente, que te fríe a chistes,

vídeos, todas esas memeces

que te agotan el móvil.

De todo me manda, no creas. ¿Sí?

Pero qué suerte tiene tu madre de poder contar contigo así.

¿Germán no te da bola?

Sí, sí, pero es distinto.

Aunque ahora no vivo en casa, nos vemos constantemente.

Y, ya sabes, donde hay confianza...

Estoy pensando que, cuando él vuelva de Barcelona,

podíamos quedar a tomar algo los tres, ¿qué te parece?

Si a ti te apetece.

Habrá que preguntar a tu hijo qué le parece.

Yo creo que, a poco que os conozcáis,

os vais a llevar bien.

Qué pronto cierras hoy, ¿no?

Sí, es que tengo una cena de trabajo.

Pues pásalo bien. Gracias.

(ALGUIEN TARAREA)

(NICOLÁS TARAREA)

(CARMEN) Chist.

Cuéntale a Javier. -A ver.

Yo había limpiado los baños.

Y me encuentro en ese una vomitona.

Y esos también están fatal.

-Es lo que tienen estas fechas.

Que son de excesos.

-Que limpian otras.

Si los baños no estuvieran abiertos, no pasaría.

En otros mercados se cierran con llave.

Y no tendría que limpiar el doble.

-Me parece una buena medida.

Ponemos una cerradura y lo reservamos a los clientes.

Déjame que lo consulte con los demás.

-¿Y mientras? ¿Tengo que limpiar yo? ¿Fuera de horas?

-Hablo con la contrata y que te paguen una hora extra.

Es todo lo que puedo hacer.

(CARLA RESOPLA)

Mira, yo lo siento,

aunque me paguen la hora extra, yo estoy harta ya.

La gente es muy guarra. -Guarra y desconsiderada.

Mira, le digo al mozo que cierre el puesto

y te ayudo con la limpieza.

-No, Carmen, que es mi curro, que lo hago yo, hombre.

-Que no, mujer.

Que para mí eres como mi hija, no te voy a dejar sola con esto.

-Que no, Carmen, por favor.

No quiero ni que te acerques a esa asquerosidad.

-A ver. -Que no, con que pringue una, ya.

-Yo dejo el puesto como los chorros del oro.

Estoy acostumbrada a fregar, no me importa.

Venga, vamos, cojo las cosas. -Oye.

Que muchas gracias por tu... solidaridad.

-No te voy a dejar sola a estas horas.

-Que no estoy acostumbrada a que la gente me ayude.

No sé, no creo que mi madre hubiera hecho algo así.

-¿Cómo la has encontrado?

-Pues te lo voy a contar, a Samu se le acabará escapando.

Se ve que mi madre lleva una pulsera de vigilancia policial.

-Hala.

(Puerta)

¡Hola!

-¿Qué tal la reunión? (NACHO RÍE)

Muy bien, ha sido muy fructífera y muy divertida, además.

(ROSA SUSPIRA) Pues estupendo.

-Es una gozada trabajar con gente que te hace las cosas fáciles.

Y que luego tiene una vida tan rica que es una gozada charlar.

-¿Y esa vida tan rica es la de Rocío?

-Es tan dinámica, tan positiva.

Lo que viene a ser una mujer feliz.

Que hacía tiempo que no... que no veía a una persona así.

No sé. -Pues mira qué suerte para ella.

-Y para mí.

Con ella no puedes no sentirte de maravilla.

-Es la mujer perfecta. Mmm.

-Oye, ¿tú qué tal?

¿Qué tal con Paolo en la pizzería?

-Bueno, bien.

Lo que pasa es que hemos tenido un problema con la burrata

porque el proveedor es napolitano, nos la manda por avión.

(SUSPIRA) Y... no sé qué ha pasado.

No han debido de sellar bien las cajas,

que son refrigeradas...

He hablado con Paolo, voy a dejar la pizzería.

¡Buenas noches! -¡Buenas!

-Ay, Carmen, muchas gracias.

Si no llega a ser por ti, habría terminado tres años más tarde.

-Mujer, yo encantada.

Mañana me abrillantas el mostrador de la carnicería y listo.

Que no, mujer, que es broma.

-Oye, Carmen.

¿Te parece muy chungo lo que te he contado de mi madre?

-¿Lo de la pulsera?

Si alguien cercano tiene problemas con la justicia, una se preocupa.

Pero si son delitos menores y se han acabado...

-Sí, es lo que yo digo,

todo el mundo merece una segunda oportunidad.

-Todo el mundo, y una madre, más.

-Bueno.

Termino la entrada y nos vamos. -Vale.

Yo pensaba que ese tema estaba zanjado.

¿No quedamos en que debes seguir trabajando con Paolo?

-Sí, pero...

Habíamos hablado también

de que este trabajo me quitaba tiempo para nuestra vida en común.

-Ya, pero es que yo eso ya no lo veo tan prioritario.

-Ah, ¿no?

¿Y por qué has cambiado de idea?

-Ah, por eso me ha pedido Paolo que te recuerde que mañana te espera.

-¿Eso te dijo? ¿Quiere que vuelva? -Sí.

Mira, Rosa, yo ahora también tengo amigos con los que estoy a gusto.

Así que entiendo que quieras seguir

pasando tiempo con Paolo, que te necesita.

-(SUSPIRA) Venga, por favor, Nacho,

deja de liar todo de esa manera, por favor.

Es un trabajo, nada más.

Y un compañero de trabajo.

Punto. -Vale, vale, que sí.

Tienes razón.

Por eso te animo a que sigas con el trabajo.

Y con el compañero. -¿Seguro?

-Sí.

¿Qué ha pasado al final con las entradas de la ópera?

-Pues que he podido revenderlas.

-Mmm.

(ROSA SUSPIRA)

Nacho.

¿Sabes? Creo que a veces no te lo digo lo suficiente,

pero te quiero, te quiero, te quiero mucho.

Como el primer día o más.

-Ah, voy a darme una ducha y a meterme en la cama.

Estoy molido.

-Pero espera un momento, Nacho. -Rosa.

Me muero de sueño.

(MUJER) "¡Hola, Nacho!"

"Nada, que solo quería decirte

que ha sido una velada superinteresante".

"Me flipa que nos entendamos tan bien,

qué gozada".

"Bueno, que mañana nos vemos en la puerta del hotel, ¿vale?"

"Besitos".

(CARMEN) ¡Ay, ay, ay, ay! -¡Ay!

-¿Te has hecho daño?

-No, pero podíais haber puesto un cartelito de mojado.

-Como el Mercado está medio cerrado, no entraría nadie.

-¿Tú no estabas en Barcelona? ¿No venías mañana?

-Sí, pero he tenido que volver antes para un asunto de curro importante.

-¿Seguro que estás bien? -Sí. ¿Habéis visto a los obreros?

-Están al fondo, en el puesto común. -Sí, han pasado hace un minuto.

-Vale.

(HOMBRE GRITA)

(HOMBRE) ¡Ayuda! (CARMEN) ¿Qué es eso?

(CARLA) Ay.

(CARMEN) ¡Ay, Dios! (CARLA) ¡No, no, no, no!

No lo toquéis, hay que llamar a la ambulancia.

-Pero ¿respira o no respira? ¡Por favor!

Al responsable se le ha caído el pelo.

¿Habitaciones por horas?

¿Qué es esto?

Hemos invertido tres mil euros en material.

Que sí, que tienes razón.

Pero yo no puedo evitarlo.

Leopoldo me está dando mala espina, ya está.

¿Y no será que te recuerda a tu marido?

Por eso no te fías.

Pues puede que sí, a lo mejor, no sé.

Vamos a hacer una cosa.

Yo hablo con Miras y cierro con él el contrato.

Estás en deuda con él. Ya.

Pero es volver a La Fanega.

Son demasiados recuerdos.

Demasiados malos recuerdos.

Y Carolina también está allí y...

Me llevo bien con ella, pero prefiero mantener la distancia.

A lo mejor es una tontería, ¿vale?

Pero... ¿por qué no lo hacéis aquí?

¿Aquí, en el Central? Sí.

¿Y no hay más sitios? (ANDREA RESOPLA)

No, es complicado encontrar un sitio para tocar.

Y, además, queríamos practicar las nuevas canciones en directo

antes del festival de "jazz" y "blues".

No es lo mismo tocar en un local de ensayo

que con el público y en directo, así ves si funcionan las canciones.

-Eh... Podríais tocar aquí.

-¿En la pizzería?

-¿Qué? ¿Malas noticias?

-De las peores. Era el abogado.

Otro operario está dispuesto a confirmar

la declaración falsa de Wilson.

Si nos denuncian, estamos perdidos, el Mercado está perdido.

-Da igual lo que ha hecho, merece otra oportunidad.

-Sí.

-De todos modos, hay algo que no me cuadra.

Según internet, esas pulseras no se las ponen a todo el mundo.

Solo a reincidentes o casos muy concretos.

-Mi madre es mucho más vulnerable de lo que piensas.

Me da miedo de que, cuando me vaya, mi padre la aísle aún más.

-Ya, lo entiendo.

Entonces, ¿qué quieres hacer?

¿O es que no te quieres venir conmigo a Nueva York? ¿Es eso?

-¿Y cómo es que una mujer tan atractiva como tú

no tiene novio?

Mira, habíamos cogido Adela y yo

unos ejemplos de cestas para que eligieras.

Al final... ¿Se puede saber qué haces?

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Mercado Central - Capítulo 68

30 dic 2019

Serie que narra el día a día de un mercado de barrio a punto de ser convertido en un centro comercial, y su lucha por impedirlo.

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