Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 67 - ver ahora
Transcripción completa

¿Pero qué haces aquí?

¿Habéis perdido el vuelo?

-Papá, no me voy a ninguna parte.

-¿Y tu madre lo sabe? ¿Se lo has dicho?

-Sabe que tú me necesitas más que ella.

Mi sitio está aquí.

Contigo, en la pizzería.

Si es lo que quieres, se acabó.

No voy a volver a insistir, Celia.

Gracias.

Vas a hacer muy feliz a Lorena.

Y yo voy a hacer lo mismo.

Intentaré darle toda la felicidad que se merece.

Porque esa es la vida, ¿no?

Sí.

¿Para qué me enseñas relojes?

-La madre de Carla lleva uno igual. -¿Y?

-Que no son relojes, ¿no lo ves?

-No. -Son pulseras de control policial.

-¡Venga ya!

-Y no le ha dicho nada a su hija. ¿A ti te parece normal?

Cuanto menos tiempo pase con ella, mejor.

-Toda la tarde esperando para hablar contigo.

En lugar de apoyarme,

prefieres quedarte con Paolo.

-Estaba trabajando, Nacho, trabajando, ¿entiendes?

¿Sabes qué te digo? Que lo vamos a dejar.

Está claro que hoy no ha sido un buen día para ti.

-Muy bien, vamos a dejarlo, pero, a partir de ahora,

yo también voy a decidir cuáles son mis prioridades,

y no esperes ser una de ellas.

Valeria, soy un cobarde,

estoy sufriendo contigo todo el dolor y la pena

que no tuve el coraje de sufrir cuando murió Consuelo.

-Lo siento.

Lo siento mucho.

-Nos hemos hecho mucho daño,

pero esto... se acabó.

-Me alegra que vengas a despedirte.

-No he venido a despedirme, he venido a buscarte.

Vente conmigo a Nueva York.

-¿Qué? -Vente conmigo.

Allí podemos empezar de cero, lejos de tu padre.

Nos merecemos esa oportunidad, ¿no te parece?

Un empleado, un empleado que está reformando la cubierta

va a sufrir un accidente,

previo pago generoso por nuestra parte, evidentemente,

y va a acusar al gerente del Mercado Central.

Acusarlo... ¿cómo?

Por hacerlo trabajar de noche,

por escatimar en medidas de seguridad...

Por lo que nos dé la gana.

¿Qué? ¿Cómo lo ves?

-La idea es buena.

(VALERIA SE QUEJA)

-Buenos días.

-Buenos días.

-¿Has podido descansar?

-Pues mejor de lo que me imaginaba.

Aunque miedo me da levantarme, tengo que tener los huesos molidos.

-Espera, que voy a llamar a recepción

para decirles que nos quedamos una noche más.

-Ay, calla.

¡Huy! Ya hay gente ahí.

Habrá que ir pensando en pedir ayuda.

-Qué remedio.

Y qué pena.

-La noche se me ha hecho muy corta.

-Y a mí también.

A mi vejiga se le ha hecho muy larga, porque estoy que no puedo.

-Calla, que yo estoy igual.

Huy.

(SUSPIRAN)

-Bueno.

Pues para arriba.

-Ay.

A ver.

A ver.

Tira, tira, tira.

¡Ay, ay, por Dios!

Ay, por Dios, mi espalda.

Voy a estar una semana sin poder moverme.

-Tranquila, que yo me ofrezco voluntario

para darte masajes todas las noches antes de irnos a dormir.

-¿"De irnos"?

-Sí. Has oído bien.

Me encantaría levantarme todos los días contigo.

-Ay... Suena bien.

-Pues, si suena bien, ¿a qué esperamos?

Ya somos mayores como para perder el tiempo.

Vente a vivir conmigo.

-Pero... pero eso es una locura.

-¿Por qué? Si lo estamos deseando, ¿cuál es el problema?

-No te embales, ¿eh?

Hasta hace nada, casi ni nos hablábamos.

Y una cosa es pasarlo bien juntos

y otra estar todo el día conviviendo las veinticuatro horas.

-Si lo hemos pasado bien encerrados en un almacén,

imagínate en casa,

con un cuarto de baño completo con hidromasaje.

-No sé, no sé.

Igual es forzar un poco las cosas, ¿no te parece?

Seguro que, a nuestra edad, estamos llenos de manías.

-Estoy deseando conocer todas tus manías.

-Ahora nos reímos, pero tú sabes muy bien

que el día a día pasa factura a todo el mundo.

-Cuento con eso.

Cuento con que nos vamos a estar peleando un día sí y otro también,

pero mira el lado bueno:

cuánto más nos peleemos, más veces nos reconciliaremos.

Aburrirnos no nos vamos a aburrir.

-No. Contigo eso es imposible.

Ay, Jesús...

Está bien.

Vámonos a vivir juntos y que pase lo que tenga que pasar.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Ah... -¿Pero qué hacéis aquí?

¡Me has dado un susto de muerte! -Nos quedamos encerrados anoche.

-Sí. El picaporte, que se ha estropeado.

-Es que no he pegado ojo en toda la noche,

pensé que te habías vuelto a ir.

-No, si es que no hay cobertura aquí, y en el almacén menos.

-Tranquila, que la he cuidado bien.

Además, tiene una noticia que darte. -Eh... Sí.

Que he sobrevivido a esta noche de milagro.

Así que, hija, anda, vete a abrir el puesto,

que voy a casa, me ducho y luego te echo una mano.

-Échate un rato, que estarás muerta.

Súbeme el lomo.

¡Y no cerréis la puerta!

-¿Por qué no se lo has dicho?

-Porque sé cómo se va a poner.

-Somos mayorcitos para hacer lo que nos dé la gana.

-No se lo he dicho porque no me da la gana.

Que ya buscaré yo el momento.

-Mmm... Te libras porque estoy que reviento.

Me voy al baño.

-¡La chaqueta, hombre!

Huy, huy, huy.

Sí, sí.

El certificado de contratistas y subcontratistas, sí.

Lo solicité ayer.

Prefiero que no me lo manden a mi domicilio fiscal,

sino a la dirección que puse.

Es posible, ¿verdad?

Sí, exacta, esa es.

Ah, ¿tres días hábiles? Pues estupendo.

No, era solamente eso.

Pues muchísimas gracias.

Vale, adiós. Buenos días.

Para unas prisas: veinte minutos en cogerte el teléfono en Hacienda.

¿Has dado esta dirección? Sí.

No quería dar la del Mercado, no es la primera vez que se pierden.

Te falta poner tu nombre en el buzón.

No era mi intención molestarte. Pues sí, me molesta.

Como me molesta no dormir en mi cuarto cada noche.

Dijiste que era temporal y no lo está siendo.

Se quedará el tiempo que se tenga que quedar.

Además, deberías darle las gracias,

nos está dando dinero para pagar tu colegio.

Es lo mínimo por usar mi habitación y las zonas comunes.

David, por favor.

Vamos a ver, tranquila, porque tiene razón.

Es normal que David esté cansado de la situación.

Pero muy pronto vas a recuperar tu habitación, te lo prometo.

¡Hombre, qué guapa! -¿Te parece?

¿Qué te parece?

-Que te has ido de compras en lugar de quedar conmigo.

-Si te estuve esperando un montón en el Oso y el Madroño.

-¿Cómo?

-¿No le dijiste nada?

-¿Decirme el qué?

-Pues que me había salido una entrevista de trabajo

y no podía quedar contigo hasta las ocho.

-Se me pasó.

-No la tomes con el pobre, que estaba muy liado, de verdad.

Aproveché para ver el alumbrado navideño.

Que está todo precioso.

-¿Te quedas a desayunar? ¿Te pillo algo?

-No, solo he venido a verte y a que me desees suerte.

Parece que la primera entrevista no fue tan mal

y me quieren ver hoy.

-¿Qué dices? Qué buena pinta, ¿no? -Sí. Sí.

Si quieres, luego, cuando acabe,

me paso y tomamos algo. -Sí.

Habrá que celebrarlo.

-No corras tanto. Veremos qué me dicen.

Luego me paso. -Vale.

-Adiós, cariño.

-Adiós.

-Hasta luego. -Chao.

-¿Por qué no me has dicho que vino mi madre?

(SAMU SUSPIRA)

Igual no te gusta escuchar esto, pero...

No quiero que pases tanto tiempo con tu madre.

-(CHASQUEA LA LENGUA) ¿De qué... de qué vas, tío?

Ni que fuera cualquier mujer que te encuentras por la calle.

Es mi madre. -Precisamente por eso.

No quiero que te haga daño.

-Samu, vamos a ver.

Vale que mi madre lo ha pasado muy mal, es verdad.

Pero ahora se está tomando la medicación, se está centrando.

Y yo quiero que ella note que estoy apoyándola.

Tú no me tienes que salvar de nada. -Hay algo que no te está contando.

-¿Qué? ¿Qué es lo que no me está contando?

-Tu madre lleva una pulsera de vigilancia policial en la muñeca.

Se la vi el otro día y se hizo la loca.

-¿No será una pulsera de esas digitales o un reloj?

-Que no, que no, Carla, que lo he comprobado.

Si lleva eso en la muñeca

es porque tiene o ha tenido movidas con la policía.

-Mi madre ha tenido muchos problemas, pero...

De ahí a tener que llevar eso... Me lo hubiera contado.

-Ajá.

No sé a qué está esperando, la verdad.

Celia, a ver qué te parece este apartamento. Mira.

Se ve superluminoso.

Está totalmente equipado.

Lo mejor es que está a cinco minutos caminando del Mercado.

Oye, Adela, siento mucho el numerito de antes de David.

Ya sabes que no tiene filtro y que dice las cosas como le salen.

Bueno, le salen del alma.

Pero se tiene que adaptar a los cambios.

Y la empatía no es su fuerte.

Pero la sinceridad, sí.

Y él ha dado en el clavo.

Si sigo aquí viviendo

es porque no tengo ni idea de qué hacer con mi vida.

Pero es que eso es normal, Adela,

necesitas tu tiempo. Sí.

Pero esta situación se ha alargado demasiado.

Y estar sola me vendrá bien para aclarar mis ideas,

que buena falta me hace.

Bueno, si tú quieres, me parece bien.

Pero no lo hagas porque lo diga mi hijo.

En cualquier caso, ya está hecho, acabo de alquilarlo.

¿El apartamento? Sí.

¿Ahora? Sí.

Volveré luego a recoger algunas cosas.

Ya puedes hablar con David

y decirle que esta noche volverá a dormir en su habitación.

De verdad, este hijo mío...

Lo siento. Celia.

Ojalá todo el mundo fuera tan honesto como él.

Y tú, tranquila,

que no te vas a librar de mí tan fácilmente.

Seguimos siendo socias, ¿no? Sí.

Y, lo más importante,

seguimos siendo amigas.

Claro que sí.

Gracias por todo, de verdad.

Hola.

Hola.

Creo que esto es tuyo.

¿Pero... pero y esto?

Papá Noel.

¿Pero... pero cómo lo has conseguido?

Bueno, tengo mis contactos.

En realidad, ha sido a través de una amiga Celia.

Conoce a los dueños de la tienda donde lo vendiste

y le dieron los datos de la compradora.

Celia subió un poquito la oferta

y ha conseguido que se lo vuelva a vender y "voilà".

¿Y por qué no me la ha traído ella?

Ha preferido que te lo dé yo.

Mira, Lorena, no sé las veces que la he cagado contigo.

Y te estoy viendo la cara, igual también la estoy cagando,

pero entre Celia y yo no hay nada, de verdad.

Y voy a demostrártelo.

¿Demostrarme qué?

Que tú eres mi prioridad.

¿Y eso lo has decidido antes o después de hablar con Celia?

Entre ella y yo no hay nada.

Ella ha comprado el chaleco porque se sentía culpable

por haberte estropeado la sorpresa.

Solo quería tener un detalle contigo.

¿Eso te ha dicho ella? Sí.

Y también me pidió que te dijera que no había sido ella.

¿A qué viene tanta humildad por su parte?

Pensó que, si sabías que lo había comprado ella,

no lo ibas a aceptar.

¿No será una manera de mantenerme callada?

¿Callada por?

¿Entonces qué hago, Rosa?

¿Me lo llevo a Liverpool, al museo de los Beatles,

o a Londres,

para hacer una foto en el paso de cebra de Abbey Road?

Sabes de qué hablo, ¿no?

-Sí, la foto esa tan famosa, ¿no? -Esa.

(Mensaje de móvil)

Ah, espera.

(RESOPLA) Mensaje de Cristina.

"¿Cómo está Andrea?"

¿A ti te parece posible?

Que se lo pregunta a él,

que por algo es su madre.

Ahora que sé cómo es de verdad,

me alegro de que se haya ido.

Que la aguante Doménico. -Ah, venga.

Hablas así porque sigues dolido.

-Lo que estoy es aliviado, Rosa.

-Ojalá todo te vaya muy bien y puedas rehacer tu vida.

A mí me costaría un mundo empezar desde cero sin Nacho,

pero nunca se sabe lo que puede pasar.

-¿Pero vosotros qué tal? ¿Se ha tranquilizado Nacho?

-(RESOPLA) La verdad es que está todo muy revuelto.

-Mira, Rosa, yo, si quieres, puedo hablar con él.

-No, ni hablar.

Vamos a dejar las cosas como están, que se vaya tranquilizando.

Eh... ¿Quieres que vaya poniendo los manteles?

-Sí. -¿Sí? Venga.

-Eh, Andrea. -Hola.

-"Buongiorno". ¿Has dormido bien?

-Regular, más o menos.

-Ya, normal.

Ahora todo es un poco extraño, pero verás que nos adaptaremos.

¿Quieres algo para desayunar? -No.

Solo café. Gracias. -Marchando.

Lorena, Lorena, por favor. Por favor.

¿Qué es eso de tenerte callada?

La vi enrollándose con Elías.

Ya.

¿Cómo que ya? ¿Es que tú lo sabías?

Bueno, algo me contó, pero que no creo que sea nada serio.

Sí, es lo mismo que me dijo Elías, pero, entonces, ¿esta tía de qué va?

No lo sé, Lorena, habrá sido una tontería entre ellos.

No creo que quiera estar con tu hermano.

Pues que deje de jugar con fuego.

Si está hecha una mierda.

Ya. No está pasando por un buen momento, lo sé.

Conozco a Celia, lo del chaleco es una manera de pedirte perdón.

A mí me ha devuelto las llaves de una moto que le dejé.

¿Mmm? Vaya, ¿compartíais una moto?

No, no, no.

Yo tenía una moto de mi hijo y se la dejé a ella para...

Creo que ni siquiera la ha usado nunca, da igual.

Mejor así, que no haya nada entre nosotros, ni una moto.

Yo con quien quiero recorrer los kilómetros es contigo.

Si tú me dejas, claro.

Te prometo que no volveré a despistarme.

Te lo prometo.

(CHASQUEA LA LENGUA)

(Mensaje de móvil)

¿Quién te busca tan temprano?

-No sé.

Nadie.

Nadie, no... No es nadie. -Mira, Andrea.

Tienes que ayudarme a elegir, ¿Liverpool o Londres?

-Mmm... ¿Cómo que Liverpool o Londres?

-¿Dónde prefieres ir este fin de semana?

-¿Este fin de semana? -Sí.

¿No te hace ilusión?

-Sí, pero estoy a tope tocando con los de la banda

y me daría un poco de palo dejarles tirados.

(Teléfono)

-Claro, claro.

Bueno, no te preocupes, iremos más adelante.

(ROSA) El Sapori di Napoli, ¿dígame?

Ay, hola.

Eh... Espera un momento, a ver si está, ¿eh?

(SUSURRA) Andrea.

Es tu madre, que quiere hablar contigo.

-Llego tarde a clase.

(ROSA SUSPIRA)

Oye, Cristina, es que se ha marchado a clase.

¿Le digo que te llame cuando vuelva?

Venga, hasta luego, ¿eh? Chao.

-Está muy enfadado con su madre.

-Ya. Pero es que esto no es bueno, ¿eh?

-Mira, ella se lo ha buscado, ¿eh?

-Ay, no digas eso, por favor.

Seguro que lo está pasando fatal.

Cuando Noa se fue, yo casi me muero.

-A ver, Rosa, no es lo mismo, ¿eh?

No compares, por favor, aquí es Cristina que se ha largado.

-A ver, puede que se haya equivocado,

pero sigue siendo la madre de Andrea.

Y estoy segura de que está sufriendo

igual que tú cuando él se marchó por esa puerta.

-Ya.

Tiene que haber pasado algo en el aeropuerto

para que Andrea cambiara de opinión, discutieron.

-¿Tú crees? -Sí, sí.

Pero, mira, ¿sabes qué digo?

Que ella se las apañe.

Porque yo bastante tengo yo con lo mío.

Me voy a la terraza.

Pues ya está. Muchas gracias.

Dame, dame, dame. Te ayudo. No, tranquilo, si no pesa.

Da igual, trae. Pues gracias, hijo.

Lo que sí es que preferiría que me ayudaras en otra cosa.

(RÍE) Pues, mira,

mientras no haya que madrugar, lo que sea.

Mira que eres flojo, ¿eh?

A ver, he estado hablando con Celia.

Y estamos de acuerdo en darle un empujón

a la venta "online" de cestas de flores y de productos eco.

Ah. ¿Y de qué me suena a mí esta idea?

Sí, la verdad es que me inspiré en tus cestas de fruta.

Espero que no te sepa mal que haya tirado por ahí.

No. Al revés.

¿Cómo lo vais a llamar? Ecoflowers Celia y Adela.

Pues no lo sé, no lo hemos pensado.

Pero sí tenemos algunas ideas para la página web.

Ah, pues, mira, esta es la chica que está llevando la web del mercado.

Es una crac.

Es colega mía, o sea, dile que llamas de mi parte.

Seguro que os encuentra un nombre buenísimo.

Ya, pero tú eras mi primera opción.

¿Yo? Sí.

No, no, qué va. ¿No?

No, lo mío no es el diseño web.

Además, ya sabes... Sí, ya.

Que no acabaste Informática. No me lo recuerdes.

Y así no te lo reprocho. Ah, ¿no?

No.

Porque se te ve contento trabajando con papá.

Y, al final, eso es lo que importa, que seas feliz, ¿no?

Mmm. Bueno, a ver, feliz feliz, tampoco, pero...

¿Qué te pongo? Un café con leche para llevar.

Gracias.

¿Por qué? Por recuperar el chaleco.

Bueno, Jorge no te tendría que haber dicho nada.

Es igual.

Jorge y yo hemos decidido contárnoslo todo.

Me alegro de que os hayáis dado otra oportunidad.

¿Te alegras? Ajá.

Es que eres mucho de decir una cosa y luego hacer lo contrario, Celia.

Bueno, tienes... tienes razón.

Las decisiones que he tomado no han sido las más acertadas,

pero... espero que eso cambie.

Estoy un poco harta de meterme en líos, así que...

Cualquiera lo diría después de verte con mi hermano.

Mira, Lorena, lo dices por el beso del bar,

pero tengo que decirte que tu hermano estaba como una cuba.

Celia, perdona por ser tan brusca, pero es que vas de cagada en cagada.

¿Tú sabes el daño que le puedes hacer a Adela?

Sí, lo sé.

Lo sé y no me lo quito de la cabeza.

Pero le dije a Elías que había sido un error.

¿Por eso estás aquí?

¿Para saber si se lo voy a contar a mi cuñada?

Porque, tía, ganas no me faltan.

Fue un error, Lorena, de verdad.

Vale, tranquila, no se lo voy a decir.

Pero háztelo mirar, por favor.

Deja de entrometerte en la vida de las demás parejas.

Entiendo que estés enfadada, de verdad.

Mira, si yo estuviera en tu situación,

habría sacado ya el hacha de guerra.

Por eso... por eso quiero pedirte perdón, Lorena.

¿De verdad? ¿De verdad me quieres pedir perdón?

¿O es porque vienes para tantearme por lo de Elías?

Es eso lo que te importa, ¿no? No, no.

Lo que me importe es que aceptes mis disculpas, Lorena.

Disculpas aceptadas.

Y no se lo voy a decir Adela.

Todo el mundo merece una segunda oportunidad.

Incluso los que están condenados a desaprovecharla.

Bueno, pues espero ser una de esas personas.

Me alegra que le des otra oportunidad a Jorge

y te la estés dando a ti misma, porque os merecéis ser felices.

Te dejo aquí el dinero.

Gracias, Celia.

-Y, además, pues sí, de vez en cuando algún marrón me tengo que comer.

Ya sabes cómo es papá en el trabajo.

Bueno, en el trabajo y en la vida en general.

Sigues cabreada con él.

A ver, ¿tú qué crees?

Ya, pero un poquito menos, ¿no? Has parado los papeles del divorcio.

Pero solo de momento, ¿eh?

Vamos a ver, vamos a ver cómo van las cosas.

Pues ojalá que vayan muy bien. Sí, ojalá.

Le he dicho que lo más importante ahora mismo

es que se contenga con la bebida. Sí.

Eso también lo sé.

Y espero que te haga caso, porque no puede seguir así.

Es que ha perdido el norte.

Y parece que yo también.

Ya no sé si hago lo correcto o no parando el divorcio.

Después de todo lo que me ha hecho pasar,

me da vergüenza decir que nos damos un tiempo.

Van a pensarse que soy tonta. Eh, eh, eh.

De tonta, nada.

Eres optimista.

Sí, una tonta optimista.

Pues todavía peor me lo pones.

Mamá, si es lo que querías, has hecho muy bien.

Ahora ya todo depende de él y de sus ganas de volver contigo.

Y, si vuelve a fallar, mira, es que es un tonto del culo

y yo voy a hablar con tu abogado para que tire adelante el divorcio.

Ya.

Espero que todo este tiempo separados

nos sirva para aclararnos las ideas.

De hecho,

yo me he decidido a mudarme a un apartamento.

Pero bueno, pero bueno, pero bueno.

¿Pisito de soltera? Sí.

Más o menos. ¿Qué me estás contando?

¿Y la inauguración? Yo llevo el cava.

¡Mamá!

No sé, estoy nerviosa.

Claro.

¿Te gusta mi despacho?

Pues... sí, sí.

Está muy guapo.

Hay que trabajar muy duro para conseguir uno así.

Ya, ya imagino, ya.

¿Te ha preguntado mi padre adónde ibas?

No, no, qué va, si Jesús va medio zombi por ahí.

Se ve que anoche no pegó ojo.

Y no sé si sabes que se ha quedado encerrado en el almacén con Valeria.

Lo sé, lo sé, he hablado con él. Sí.

Pero no te fíes, ¿eh?

Aunque parezca que no está, se entera de todo.

Cuando salgas de aquí, derecho al Mercado.

¿Mmm? Al Mercado.

¿Por qué te he hecho llamar?

Para hablar de la conversación que tuvimos el otro día.

No sé si te acuerdas.

No.

Eh... La conversación...

Sí, sí, bueno, claro... claro que me acuerdo.

Sí.

El otro día estuve un poco brusco contigo,

pero porque estaba preocupado por otras cosas.

Y, en fin, fue todo un malentendido. Sí, sí.

Porque yo, de hecho, no sabía ni de qué estabas hablando.

Ni lo sé ahora, te lo prometo.

Vamos, ya imagino yo con tu lío, tu curro y tal, pues...

Pues que sería, no sé, algo así

como... como muy chungo, ¿no? No toques ahí, no toques ahí.

Bueno, vamos a dejarlo estar.

Me decías que querías tener un día libre,

que trabajas mucho, ¿no?

Pues escoge el sábado que quieras y nos olvidamos de todo.

Vale, pues... pues muchas gracias.

Y lo de olvidarnos del tema, hago así y ni me acuerdo

de qué hablábamos. Muy bien.

Muy bien.

Llegarás lejos, tendrás un despacho así.

Ojalá.

Cuando lo pongas en venta, avísame, lo mismo, no sé,

puedo ver qué tengo de efectivo y hacemos un...

Bueno, pues... gracias, ¿eh?

Eh... Paolo, ¿te importa si me escapo un momento?

No paro de darle vueltas a lo de Nacho

y me gustaría aclarar las cosas con él.

-Sí, sí, Rosa, claro.

¿Solo podrías esperarte

una hora más o menos?

-Sí, claro.

¿Por qué, pasa algo?

-No, no, pero estoy regateando con un tipo

y puede que tenga que ir a recoger el artículo.

A Andrea le va a encantar.

-¿Le estás comprando un regalo?

-Más o menos.

Es un regalo para los dos, para que podamos hacer algo juntos.

-Si le hace la mitad de ilusión que a ti, has triunfado.

(Mensaje de móvil)

-Eso espero.

Va, va, rebájame el precio, "dai".

-¿Qué pasa, que no hay trato?

-Estoy en ello.

Pero no lo dejo escapar.

Es que Andrea me lo va a agradecer.

-Ojo con los adolescentes, ¿eh?, que ellos ven la vida de otra manera.

-¿Qué quieres decir?

-Bueno, pues que basta que vean a sus padres

entusiasmados por algo para que lo desprecien.

-No, Rosa. -Sí.

-Esto va a ser diferente.

Yo quiero que Andrea sienta que su pasión es también mi pasión.

Verás, esta será nuestra oportunidad de volver a empezar de cero.

(Mensaje de móvil)

-Mientras que no le agobies.

-¡Ah! ¡Conseguido! -¿Ya lo tienes?

-Sí. -¿Y qué es?

-Ya lo verás, Rosa. No. -Va, venga, por favor, Paolo.

-Dentro de una hora, estoy de vuelta y tú podrás ir a hablar con Nacho.

Te dejo esto aquí.

Nos vemos ahora.

-Suerte.

(SUSPIRA)

Oye, ¿qué hacía Jona aquí? Que me lo he cruzado en el portal.

Tenía una conversación pendiente con él, como te dije.

Después de que bajaran las ventas,

le he echado un rapapolvo

y verás como suben. Muy bien.

¿Y tú dónde estabas?

Estaba tomando algo con mamá.

Que me ha estado enseñando las fotos de... de su apartamento de soltera.

¿Se muda de casa de Celia? Sí.

Dice que necesita un espacio propio y tiempo para pensar.

Espacio y tiempo, a eso se reduce todo.

Muy filosófico te veo. Filosófico una leche.

Se me ha olvidado la reunión con unos catalanes.

¿Qué catalanes?

Los dueños de una cadena de supermercados.

Pero una cadena importante, de muchos ceros en las facturas.

Muy bien. Mucha suerte, entonces. Gracias.

Eh... Antes de que te vayas.

Tenemos que hablar de lo del accidente de las obras.

Eso está solucionado.

Le he dado un cheque al currito y esta noche se la lía a Javier.

¿Esta noche? Esta noche.

Para que luego digas que te encargas del trabajo sucio.

¿Y... cómo se llama el currito?

Ya te lo contaré, tengo un poco de prisa. Chao.

¡Diles que soy del Barça!

Salcedo, ¿qué tal?

Soy Germán de la Cruz, el hijo de Elías.

Sí, muy bien, muchas gracias. Una cosita.

Que mi padre me ha pedido

la contabilidad de los cheques emitidos.

Sí, y me faltan unos datos de los últimos.

Si me...

Sí, sí, creo que lo habéis pagado esta mañana.

Dos mil quinientos euros. Eso es, sí.

¿Me puedes decir los datos del cobrador?

Sí, me espero, claro.

Dime, dime, sí.

Wilson Ferreira.

Okey, perfecto, muy bien.

Pues muchas gracias.

Igualmente. Chao. Buenos días.

Noa.

-Hola. -¿Qué tal?

¿Ya lo has consultado con la almohada?

-¿Te importa que hablemos luego? Me está esperando mi tía en el bar.

-Espera, espera.

¿Te vienes conmigo a Nueva York?

Necesito saberlo para pillar los billetes.

-Todavía no lo sé, Luis.

-Que Nueva York es precioso en Navidad.

-Es que son muchas cosas las que dejo aquí.

-Ya, sí, un curro fantástico en el bar de tu familia.

-No es eso.

Vamos a sentarnos.

-Escúchame, si quieres saber si eres una buena fotógrafa,

Nueva York es el sitio.

Ahí está todo, están todos,

y también estaré yo para ayudarte si es necesario.

¿No es eso lo que querías?

-Sí, pero es que es todo muy precipitado.

Acabamos de empezar a salir

y nos vamos a vivir juntos a Nueva York.

¿No te parece un poco loco? Y si no nos aguantamos, ¿qué?

-¿Y si funciona y nos quedamos a vivir toda la vida?

La vida está llena de "y si esto, y si lo otro".

Nadie nos asegura nada.

-¿Y qué pasa con mi madre?

-Ya, tu madre.

Sabía que llegaríamos a esto.

-Si me voy, la dejo sola.

Y mi padre hará con ella lo que le dé la gana.

-Mira, te voy a decir algo que seguramente no quieras escuchar,

pero la realidad es que, por muy cerca que estés de tu madre,

no has conseguido que tu padre deje de manipularla.

-¿Y qué hago? ¿Paso de ella?

-No puedes hipotecar tu vida por algo que no puedes controlar.

Hasta que tu madre no sea consciente de que tiene un problema,

poco se puede hacer.

-No quiero estar a millones de kilómetros cuando pase.

-Bueno, si es que pasa.

Y, si pasa, esos millones de kilómetros

los puedes hacer en un vuelo de siete horas.

No puedes salvar a nadie que no quiere ser salvado.

-No. Si... si tienes razón.

-¿Eso es un sí?

-Sí. -Sí.

-Te dejo, tengo que volver al bar. -Vale.

¿Se puede saber qué ha pasado? ¿Esa carita?

-Me voy con Luis a Nueva York.

-Oh, qué guay, tía.

Muy bien.

¿Cuántos días os vais?

-Bueno, es que no... no nos vamos unos días.

Me voy a vivir con él.

-¿Te... te vas a vivir con él?

Bueno.

Enhorabuena. -Gracias.

-Ay, Noa, es que me preocupa una cosa.

Me preocupa que tu madre se quede sola en esa casa con tu padre.

-Ya, pero es que ya no sé qué más hacer por ella.

Cada vez me hace menos caso y siempre le da la razón a él.

-Ya.

Yo tampoco puedo hacer nada más.

Si lo intento, me dejará de hablar y va a ser peor.

-Hagamos lo que hagamos, él se saldrá con la suya.

-Podemos hacer un último intento antes de que te vayas.

¿Puedes esperar dos meses?

-Lorena, no.

Me ha costado muchísimo tomar esta decisión,

pero ya está, ya está decidido, Luis va a sacar los billetes hoy.

-Claro, claro.

Si eso es lo que quieres, está bien.

Hola. -¿Ya vienes de clase?

-Sí. ¿Está mi padre?

-No. Ha ido a hacer unos recados,

pero, vamos, yo creo que viene enseguida.

Oye, ¿tú qué tal, cómo llevas todos estos cambios?

-Bien.

-¿Sabes? Al principio todo se ve muy negro,

pero te puedo asegurar que, luego, las cosas se van calmando.

-Ya, supongo.

-Cuenta conmigo para lo que quieras, ¿eh?

Quiero decir, que si necesitas que te eche una mano en casa o aquí,

en la pizzería, o si necesitas hablar con alguien...

-No hay nada de lo que hablar.

Mi madre es una egoísta que solo piensa en sí misma.

-Todos cometemos errores, ¿sabes?

Probablemente, tu madre no ha hecho las cosas bien,

pero estoy segura de que te quiere con toda su alma.

-No, Rosa, no, no. -Sí.

-Mi madre solo se quiere a sí misma, no quiere a nadie más.

-¿Pero por qué dices eso?

Tu madre siempre se ha preocupado mucho por ti, no hagas así.

¿Qué pasa, eh?

¿Os peleasteis en el aeropuerto y por esto estás enfadado?

-Es que no quiero hablar del tema, no quiero darle vueltas a lo mismo.

Veo que tú también tienes algo que contarme.

-Sí.

El chaleco de Nina Hagen ha vuelto a su hogar gracias a Jorge.

Y gracias a Celia.

Pero, sobre todo, gracias a ti. -No.

-Jorge me dijo que le contaste todo mi periplo con el chaleco.

-Bueno, me alegro de que lo haya recuperado.

-Bueno, para lo que sirvió venderlo.

Hola.

Hola. Hola.

¿Cómo estás?

¿Tienes un hueco para salir a tomar algo?

Noa, ¿puedes cubrir a tu tía?

-Claro.

-No. O sea, sí, me va a cubrir,

pero es que tengo un montón de recados que hacer

y me gustaría quitármelos hoy.

¿Quedamos otro día?

Sí, claro.

Vale. Claro.

Cualquier cosa, me llamas. -Vale.

Creo que te va a hacer falta más que un chaleco para recuperarla.

Ya, me va a hacer sufrir.

Y me lo he ganado a pulso.

¿Alguna idea para arreglar esto?

Ya te lo puedes currar.

Cuesta ablandar a una De la Cruz, sois duras de pelar.

Qué va.

Solo tienes que tocar la tecla adecuada.

Ya. ¿Alguna pista?

Últimamente, con tu tía no hago más que desafinar.

¿Qué tipo de regalos crees que le gustan?

No, espera.

Dime mejor el tipo de regalos que crees no le gustan nada.

Pues no creo que las joyas ni los productos de lujo

tengan que ver mucho con ella.

Vale. Por ahí vas bien.

Yo te aconsejo algún un plan especial.

Como lo que intentó hacer ella contigo.

Ajá. ¿Alguna idea para que no parezca que le he robado la suya?

Llévatela a la montaña.

A la montaña. Vale.

¿A los Pirineos, al Himalaya? No, no.

No hace falta irse tan lejos. A la laguna de Peñalara.

Sí. Está aquí cerca, ¿no?

Sí, muy cerca de Madrid.

No sé, de pequeña siempre me contaba

las excursiones que hacía allí, en el Parque Natural.

Cuando hacía buen tiempo, se llevaba cerves, el bocata de jamón

y se tumbaba en el campo a mirar las estrellas.

Eso suena muy bien.

Sí, bueno, ella siempre dice que lo que más le gusta

es contar estrellas fugaces.

Vale.

Pues creo que ha llegado el momento de ir de acampada.

Te debo otra.

¡Anda! Pero bueno, ¿y tú de dónde sales?

-He ido de compras.

Andrea.

Tienes delante al nuevo rey del rock, o del jazz.

Bueno, del jazz-rock.

-Pero si no sabes ni tocar la guitarra.

-Por eso estás tú, ¿no? Eres mi maestro.

¿Cuándo empezamos las clases?

-Ah, pero ¿que esto es en serio?

(ROSA RÍE)

-Pues, no sé, esta semana a mí me viene fatal, por ejemplo.

-¿Fatal por qué?

-Tengo ensayo todas las tardes, nos han cedido

una sala para tocar los temas nuevos.

-Ah. Porque tenéis temas nuevos...

-Para el festival de "jazz" y "blues", te lo dije.

-No. Pero...

Pero, bueno, un pequeño hueco sí que lo podrás encontrar, ¿no?

-Es que, papá, nos jugamos mucho con esto.

Hay muchos ojeadores, hay muchos mánagers.

Es un festival importante. Debemos ponernos las pilas.

-Claro, claro. Lo entiendo perfectamente.

Pues más adelante, ¿no?

-Sí. Claro, más adelante le damos. Eh... Papá.

Voy a casa a por la guitarra, ¿vale? Que no vengo a cenar.

-De acuerdo.

-¡Hasta luego!

-(SUSPIRA) Hasta luego.

-No se lo tengas en cuenta.

Los adolescentes son así.

-Ya.

(Móvil)

Uf...

¿Sí?

No, se acaba de ir.

No lo sé, Cristina, llámale al móvil, ¿no?

¿Y qué puedo hacer yo si no te lo coge?

No, no, no.

No, yo no estoy malmetiendo nada.

Claro que le he dicho que habías...

No, no, no, yo le he dicho que habías llamado.

Cristina, ¿por quién me tomas?

Mira, ya está.

Tú sabrás por qué no te contesta.

Sí, yo tengo trabajo.

Chao, chao.

(RESOPLA)

-¿Estás bien?

-A ver cuándo me deja en paz esta. -Oye.

¿Por qué no te vas a casa, te relajas

y yo me quedo? -No.

No, Rosa, ni hablar.

¿Tú no tenías que hablar con Nacho?

Pues ya estás tardando, va.

-Que no, que no me voy, que no.

Además, tengo que hacer la compra y todo eso.

-Pues haces la compra

y te vas para casa, va. -¿Seguro?

-Tienes un matrimonio para salvar. Tú que puedes.

-Venga. ¿Cojo mis cosas y me voy?

-Eso. -Vale.

Chao.

(PAOLO RESOPLA)

Buenos días.

¿Qué queréis tomar? -Yo quiero agua.

¿Y tú, mamá? -Un tinto.

-¿Ribera? -Sí.

Marchando.

-Total, que el jefe de personal venga a hacerme preguntas.

Que si me gusta trabajar en equipo,

cuál es mi mayor defecto, mi mejor virtud.

Un interrogatorio.

-¿Y cuándo te van a decir algo? -Pues no lo sé.

Me han dicho que ya me llamarán. Espero que no tarden demasiado.

¿Pasa algo, hija?

-No, nada.

-¿Es esto lo que estás mirando?

-¿Qué es eso?

-Mi penitencia.

-¿Cómo?

-Es una pulsera de vigilancia para tenerme controlada.

-¿Quién te quiere tener controlada?

-Pues la policía.

-No me lo puedo creer, ¿otra vez? -Hija. Cariño.

Mira.

Eh... -No, no, no.

¿Qué pasa? ¿Qué has hecho esta vez?

-Nada, cariño, no he hecho nada. -¿Cómo que nada, mamá?

¿Vas a volver a la cárcel?

-Cariño, que no, por favor.

Déjame explicarte, solo te pido eso.

-No. Mira, ¿sabes qué?

Da igual, no quiero saberlo, ¿vale?

-Es que yo quiero que lo sepas.

Es importante para mí. -Vale.

-Cariño, mira,

hace un tiempo volví a automedicarme con drogas para sentirme bien,

pero cada vez necesitaba más y más,

y las drogas cuestan un dinero que no tengo.

Y, entonces, pues...

Digamos que volví a coger

el camino equivocado para conseguirlo.

-Te han pillado robando.

-Que no, fueron unas cremas nada más, no, cariño.

Cariño, he tocado fondo,

he tocado fondo en todos los sentidos.

Pero, por suerte, ahora llevo esta pulsera,

que me recuerda lo que no puedo hacer.

No me queda otra.

-¿Por qué no me lo has dicho? ¿Por qué me lo has ocultado?

-Lo siento, cariño, perdóname.

Te juro que llevo días queriéndotelo decir,

pero es que tampoco quería...

decepcionarte otra vez.

-Y aquí tenéis.

El Ribera, para la señora. -Gracias.

Y el agua, para la señorita. -Gracias, Paolo.

-Y ¿sabes, cariño? Ahora, con mucho,

mucho esfuerzo y con la ayuda de los psicólogos,

estoy empezando a volver a ser persona,

porque hubo un momento

en el que tú ya sabes en lo que me había convertido.

-¿Por qué has vuelto, mamá?

-Porque no soy la misma persona de antes,

he cambiado.

Y espero que me des una oportunidad para demostrártelo.

-Si vuelves a mentirme, te juro que no lo aguanto.

-Todo eso se acabó.

Te lo prometo.

(Móvil)

-¿Sí?

¿Sí?

Vale, vale, ya voy, ya voy, sí.

Se ha roto una botella de vino en el pasillo.

Tengo que irme.

Siempre igual. -No te preocupes, luego hablamos.

-Me avisas si te dicen algo de la entrevista.

-Claro que sí.

Vete tranquila, que ya pago yo esto.

Un besito, cariño.

¿Tú qué haces aquí?

Tú y yo no tenemos nada de qué hablar.

Eso es, esta noche ya puedes dormir en tu habitación.

Estás contento, ¿eh?

No, la ropa todavía no, que Adela tiene cosas en el armario.

Luego, ¿vale? Bien.

Oye, una cosa.

Le quiero hacer a Adela una comida sorpresa de despedida,

así que te vas poniendo el delantal.

¿Cómo que pasas?

No, no pasas, y mucho menos

después de lo borde que has sido con ella. No.

Sí. Bueno, luego hablamos, ¿vale?

Y haz lo que te he dicho.

Venga, te quiero, hasta luego.

¿Te gusta? Sí.

A ver si da buena vibración.

Ha llegado el pedido de uvas de fin de año, ¿no?

Sí. Les subes el precio.

Bonita planta.

Es para tu piso nuevo, ¿no?

Vaya, veo que entre Germán y tú no hay secretos.

Pues no, no los hay.

Ahora nos llevamos muy bien.

Tuvimos nuestras diferencias,

pero lo solucionamos.

Qué tú y yo podríamos hacer lo mismo.

No, Elías. Me he cogido un apartamento, sí.

Adela, piensa bien lo que vas a hacer.

Porque tu sitio está en tu casa, con tu familia.

Baja esos humos, Elías.

Cada vez que pronuncias la palabra "familia",

me suena fatal.

Está bien, perdona.

Adela, estoy haciendo lo que te prometí.

He dejado de beber.

Pues me parece muy bien.

Y yo ya volveré cuando tenga que volver.

Si es que vuelvo.

Ya verás como al final te convenzo.

Cuando algo me interesa, puedo ser muy persuasivo.

¿En serio?

Eso lo dices porque todavía no me conoces.

Pero ya iremos arreglando eso.

Claro, quedamos cuando puedas y seguimos hablando.

Hasta luego. Un beso.

-¿Te ha salido un proyecto nuevo?

-Estoy en ello.

-¿Y qué pasa? ¿No me lo vas a contar?

-Son cosas de trabajo, te aburrirían, seguro.

-¿Hasta cuándo vas a estar así?

-¿Así cómo, cariño?

Yo estoy perfectamente.

¿Y tú? ¿Estás bien?

-Sí, muy bien.

-Genial.

(Móvil)

¿Qué pasa, Rocío? (RÍE)

No puedes estar ni dos minutos sin oír mi voz, ¿eh?

Sí, el diseño está en la nube. Lo he colgado hace un rato.

Sí, está en una carpeta que pone "diseños",

así de original soy yo.

Sí.

Claro, claro, a mandar.

Bueno, hablamos en... ¿dos minutos?

Hasta luego. Un beso.

-¿Y quién es esa Rocío? ¿La conozco?

-No.

Son cosas de trabajo.

¿Algún problema?

-No. Ninguno.

-Hola, mamá.

-Hola, hija.

-Eh... Tengo que hablar con vosotros.

Celia, ¿qué ha pasado?

¿Habéis discutido? ¿Por qué se va a otro apartamento?

Lo ha decidido esta mañana.

Y la verdad es que,

en cierta forma, la entiendo.

La convivencia con David puede llegar a ser muy difícil.

Supongo que necesita su espacio también.

Pero es que su espacio está en su casa,

allí es donde mejor va a estar.

Mira, tiene gracia que quieras que vuelva contigo.

A la primera de cambio, besas a otras mujeres.

A otras, no. A ti.

Oh. Que tú no eres cualquier mujer.

Por favor.

Eres incapaz de ser fiel.

De lo que soy incapaz es de dejar de quererla.

¿Sabes? Yo lo que creo es que quieres recuperar tu antigua vida,

recuperar la comodidad de tu antigua vida.

Cuando quieres a alguien de verdad,

no se le amarga la vida como tú a Adela.

¿Tú me vas a dar lecciones a mí de amor?

¿Tú?

Mira, salta a la vista que también tienes algo con Míster Delicadito.

Y no se lo estás haciendo pasar muy bien, ¿a que no?

Eso a ti no te importa.

Es que, en la vida, no todo es ni blanco ni negro,

hay muchos grises.

Conmigo, si no te importa,

te ahorras ese discursito de superioridad,

porque a ti te va tanto el lado oscuro como a mí.

Tú no me conoces de nada.

Es cierto, no te conozco, pero sé lo que buscas.

Y tú buscas lo que no tenías en tu matrimonio ni con tu marido.

¿El qué? Alguien que te haga reír.

Que te lo pases bien, que te sientas viva.

Tú buscas a hombres como yo.

Hay que ser presuntuoso.

Por eso la cosa con Jorge no funciona.

Porque los perfectitos, los honestos,

los honrados no te van.

Y este de aquí es muy blandito para ti.

¿Ahora qué pasa, que también eres asesor sentimental?

Ríete, ríete.

Pero eso no cambia las cosas, ni te cambia a ti.

Ahora lo último que necesito

son consejos de un tío que no respeta a su mujer,

aunque dice que la quiera.

¿Y tú? ¿Qué?

¿Tú respetas a Adela?

Porque le ríes las gracias

después de haberte acostado con su marido.

Celia, no te engañes.

Tú y yo somos iguales, y lo sabes.

No lo entiendo.

Tengo todos los audios que le incriminan,

¿dónde está el problema?

Es increíble.

Me decepcionas.

Gracias por nada.

-¿Todo bien? -Nada bien.

Nos hemos quedado sin artículo contra Hortuño.

-¿Por?

-Mi cliente dice ahora que no, que el material no le interesa.

Le parece muy personal. Es un cobarde.

-Es cuestión de moverlo, ¿no?

-Lo he mandado a no sé cuántos sitios, y nada.

-Algo ha debido pasar, no es normal que nadie quiera publicarlo.

-Está todo muy podrido.

Venga, va, anímate, te invito a una caña.

Pago yo, me toca a mí. -No estoy de humor.

Algo ha pasado, esto no es normal.

Hablamos, ¿vale?

-Venga.

-¿Te quedas a comer?

-Qué va, qué va, es que estoy de curro hasta arriba.

-Pues ya somos dos.

-Oye, una pregunta. Eh...

¿Tú conoces a los obreros, los que están con lo de la cubierta?

-Sí, sí, vienen a última hora a pillar el bocata de la cena.

-Guay. ¿Te suena un tal Wilson?

-Wilson, sí, sí, muy majo, sí.

-Vale. -¿Lo conoces?

-No, es colega de un colega, que juegan al fútbol con...

Bueno, da igual.

¿A qué hora se pasan?

-Pues... Tipo ocho, ocho y media.

-Vale. -Vale.

Tengo el guiso al fuego.

-Vale. Gracias.

¿Tú qué?

¿Llevas el teléfono en el bolsillo para marcar paquete?

Llevo un rato llamándote.

Claro, que está en silencio.

¿A Nueva York?

No seas loca, Noa, casi no le conoces.

-¿Y qué?

Parejas que llevan la vida juntos no se conocen.

-No te puedes ir tan lejos detrás un hombre.

-No persigo a un hombre, mamá, persigo un sueño.

Salga bien o mal, Luis me puede abrir muchas puertas en la fotografía.

-Pero si acabas de volver hace nada, ¿ya te vas a ir?

-Ya, mamá, pero todo va a salir bien, ya lo verás.

-¿Vas a decirle que no se vaya?

¡Por el amor de Dios! Di algo, ¿no?

-Es mayor de edad, no puedo hacer nada.

-¿Pero cómo puedes estar tan tranquilo?

Es que parece que te da igual. -¿No te das cuenta?

La decisión ya está tomada.

Da igual lo que le digamos, no va a cambiar de opinión.

Acláraselo a tu madre, ¿quieres?

-Mamá, esta vez, quiero hacer las cosas bien.

-¿Ves lo que pasa por dejarle hacer lo que le da la gana?

Tú siempre la has disculpado.

Y ahora tenemos esto. -Ah, ¿sí?

¿Qué tenéis? -Una decepción más.

Ya te advertí el día que volvió por esa puerta

que no tardaría en decepcionarnos otra vez,

y aquí lo tienes.

A ver si me haces caso de una vez.

-Tú eres un ángel caído del cielo, ¿no?

Si no hubieras hecho que echasen a Luis, esto no pasaría.

¿Qué tal con los catalanes? Muy bien, han entrado a todo.

¿En serio? Sí.

Enhorabuena. Muchas gracias.

Todavía falta una firma, y te necesito.

¿A mí, por qué? Te vas a Barcelona ahora mismo.

Tienes una reunión a las siete y cuarto,

en la avenida Diagonal.

Estarán los socios, buena gente.

Casi todos. Vas, firmas y te vienes.

¿Por qué no vas tú? Porque no puedo.

Porque tengo cosas que hacer. Oye.

Llevas todo el tiempo que quieres hacer cosas de altos empresarios.

Y ahora que puedes... Vas, firmas y te vienes.

Ya, pero que no, que no, que mi firma no vale como la tuya.

Te he preparado un poder notarial.

Ahí están todos los papeles.

Vamos, a las siete y cuarto tienes allí la reunión.

Tu vuelo sale en hora y media. Es muy precipitado.

Que lo aplacen a mañana. No puede ser. Oye, de verdad.

"Que no hago cosas de empresario", "una oportunidad"...

Te la doy y me tocas las narices.

Tira.

Yo no he hecho nada.

Se lo ha buscado él liándose con una alumna.

¿Y tú qué esperabas?

¿Que nadie se enteraría de que estabais liados?

¿Que ningún alumno se quejaría de favoritismo?

-¿Qué favoritismo? ¿Qué dices?

-Ya no eres una niña, y los actos tienen consecuencias.

-Pues aplícate el cuento.

-Bueno ya está, se acabó.

Dejadlo de una vez, ¿vale?

-Mamá.

Mamá, esta vez va a ser diferente.

De verdad.

Mira, te voy a llamar todos los días, te lo prometo.

Y vendré a verte en cuanto pueda.

O, mejor, ¿por qué no vienes a verme tú?

¿Sí? Así pasas una temporada conmigo.

¿Qué me dices?

-Pues que yo te necesito a mi lado.

-No te va a escuchar, siempre ha sido una egoísta.

-En el fondo estás encantado con todo esto, ¿verdad?

Cuando me vaya, la podrás manipular.

-No tienes vergüenza.

Tú abandonas a tu madre ¿y me quieres colgar el muerto?

O te largas o te quedas, pero deja ya de marearnos.

-Tranquilo.

Hoy mismo me voy a casa de Luis.

Toda tuya.

Lo único que debes hacer

es fingir el accidente como te hemos dicho, ¿de acuerdo?

Ni más ni menos.

Cuando te pregunten por qué no tenías puesto el arnés,

les dices que el gerente os obliga a trabajar muy rápido

y que no te dio tiempo.

El gerente se llama Javier, Javier Quílez.

-Esta noche va a ser muy especial, ya verás.

-Lo siento mucho, cariño.

Es una pena, pero no va a poder ser.

He hablado con un amigo mío,

el dueño de una cadena de hoteles, Leopoldo Miras.

¿El de las cestas de fruta de tu hijo?

Exacto. Ah.

Vendrá hoy.

Quiere comprarnos cestas para regalarlas en sus hoteles.

¿Para qué molestarse? -Porque es nuestra hija.

Porque se va a Nueva York.

Se va a cometer una locura.

-Mira, como dice Rocío, que se vaya, ¿sabes?, así espabilará.

Y, si no, aprenderá inglés.

-¿Pero qué tiene que ver Rocío con esta conversación?

Además, ¿qué tiene que decir esa mujer y opinar sobre mi hija?

-Estaba pensando que podríamos dar una clasecita ahora,

ahora que está esto más tranquilo.

-¿En serio? -Mmm.

-¿Pero no estabas liado todo el día?

-Pues ya no.

-Pues voy a por mi guitarra.

-El microondas reseca la comida, le quita el sabor.

Un desperdicio. -¿Lo sirvo frío?

-¿En serio?

-No.

-Lo suyo es que lo pusieras en una cazuelita,

lo removieras con tranquilidad,

para no romper la fibra del pescado.

-La fibra del pescado. -Sí.

¿Esta noche? Sí.

Pues lo siento mucho, pero no voy a poder.

He quedado a cenar con mi suegra y, bueno, me es imposible.

Pues, si a Celia no le molesta y tú estás de acuerdo,

podemos quedar los dos y vamos adelantando.

¿A qué hora reservo?

¿A las nueve?

No sé, tú eres una persona muy confiada.

Los has tenido aquí y ni te has dado cuenta

de lo que pasaba, así que... -Rosa, ¿qué dices?

¿Que es mi culpa que Cristina se liara con mi mejor amigo?

-No digo... -No lo vi venir.

-No digo eso. -¿Qué dices?

-¿Y esa maleta? ¿Te vas de viaje o qué?

-Eh... No, no.

Mientras encuentro alguna vivienda a mi alcance,

estoy en casa de una amiga.

-Muy bien. ¿Qué buscas, por el centro?

-Bueno me gustaría estar cerca de Carla, sí.

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Mercado central - Capítulo 67

27 dic 2019

Elías manda de viaje a Germán frustrando su objetivo de parar los planes de su padre con Javier.
Jorge le entrega la chupa a Lorena, pero ella sigue dudando sobre si debe darle una oportunidad. Noa le da la clave a Jorge para acercarse a su tía.
Adela decide mudarse a un apartamento para regocijo de David, que estaba agobiado con la presencia de una extraña en su casa.
Nacho castiga a Rosa dándole celos con una compañera de trabajo: Rocío. Mientras, Noa anuncia sus próximos planes con Luis.
Jesús y Valeria deciden vivir juntos.
Paolo busca la manera de conectar con Andrea a través de la música. El chaval se niega a hablar con su madre.
Elvira se sincera con Carla y le explica por qué lleva una pulsera de vigilancia.

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