Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 65 - ver ahora
Transcripción completa

¿A ti no te han enseñado de niño

que es muy feo escuchar conversaciones ajenas?

-Está claro que Valeria y tú todavía os queréis.

Puede que ella no lo haya hecho todo bien.

Pero te aseguro que está muy arrepentida.

Hazme un favor, no dejes que tu orgullo y tus miedos

te hagan perder a una mujer que vale la pena.

-¿Qué pinta Hortuño en todo esto? ¿Y de qué lo conoces?

-Quiere hacerse con el Mercado.

Hizo una oferta para comprarlo y los comerciantes no la aceptaron.

Y, a partir de ahí,

pues empezó una guerra de acoso y derribo contra nosotras y...

Seguro que es él el que está detrás de todo esto.

Pero, bueno, si tú quieres pensar

que soy de esos que van por ahí encargando palizas,

pues... pues allá tú.

-He decidido volver a Nueva York.

Es que necesito alejarme de todo esto.

He estado hablando con la revista con la que solía colaborar.

Me han ofrecido un reportaje allí.

Y así también aprovecho para estar más tiempo con mi hija y...

Y luego, pues no sé, quizá vuelva, quizá no...

-¿Y no deberías haber hablado conmigo antes de tomar una decisión así?

-Es una decisión que tenía que tomar yo solo, Noa.

-Ya.

-No te voy a dar la botella.

Papá.

Para mí ya es demasiado tarde.

¿Y si Lorena no se te echó encima después de la boda?

Al fin y al cabo, siempre le echamos la culpa a ella.

-¿Estás dudando de mí?

O sea, ¿tú crees que yo me inventaría una cosa así?

-No.

Lo único que...

Después de hablar con Antonio, pues he estado pensando mucho y...

No sé...

A lo mejor es una tontería.

Yo lo único que quiero es que sepas que, entre Paolo y yo,

no pasa nada, Nacho, nada.

-¿Pero tú no vienes conmigo? No, mi amor, he quedado con Jorge.

Tengo que darle una cosa y hablar con él.

Cuando termine, voy.

Yo también puedo esperar, quiero verle también.

Le ves mañana, ¿sí?

Tengo que hablar de cosas privadas con él.

-Hola, David.

¿Qué haces aquí solo? ¿No está tu madre?

-Está en el Mercado, ha quedado con Jorge.

No creo que sea lo mejor después del consejo que te he dado.

Ya, pero es que yo no soy mucho de seguir consejos.

Elías, espera, joder.

(Ruido)

¿Qué ha sido eso? ¿Quién anda ahí?

Hola, Noa. ¿Qué? ¿Te toca abrir el bar?

Sí. ¿Cómo estás?

Bueno, ahí andamos.

Mira, no es por despotricar contra mi tío,

pero vaya huevos le echa.

Sí, pero es lo que hay.

Debes estar muy dolida, ¿no?

Bueno, sobre todo, me he sentido traicionada.

Normal.

Una cosa así es muy difícil perdonarla.

A mí me costaría muchísimo.

No, es que son golpes que marcan y es muy difícil pasar página.

Y ya no tan solo por la infidelidad,

sino por la falta de valentía.

Si ya no estás enamorado de alguien, pues lo dices y punto,

no tienes que estar engañando y mintiendo.

No estamos en el siglo XV, por favor.

La gente se separa todos los días y no pasa nada.

Qué dominio tienes de la cuestión. Se diría que te ha pasado a ti.

Bueno, ya sabes cómo son los tíos, Adela.

Muy egoístas.

Van a lo suyo y punto.

Unos sí y otros no.

Tampoco hay que generalizar.

Seguro que tú tendrás buen ojo y elegirás a quien te trate bien.

Yo qué sé.

Piensas que el tuyo es distinto

hasta que le sale un plan mejor y pasa de ti.

Lo importante es que no necesitas ningún tío a tu lado.

Bueno, ni tú ni nadie. No sé.

Yo pienso que siempre se necesita el cariño de tu pareja.

No es fácil saber que vas a estar sola.

Eh... Sí, pero el cariño de una pareja que se tenga en pie.

Como mínimo.

¿A qué te refieres?

¡Ay, este hombre! Ya voy yo.

No, deja, deja. Vete al bar, que ya me encargo yo.

¿Seguro? Que sí, que sí.

Que no lleguen los clientes, vean el bar cerrado

y salgan a mirar el espectáculo.

Quieras que no, es mi marido.

Elías...

Ay...

(BORRACHO) Vaya.

¿Vas a volver a casa?

Sí, en eso estaba yo pensando ahora mismo.

Venga, sube, que te abra Germán, que tú no atinas ni con la llave.

¿Y si no está Germán?

Sí, seguro que está. Sube.

Sube tú conmigo.

Venga, sube para arriba, Elías.

Espera, sube conmigo y hablamos.

Sí. Hablamos.

Sí, estás para hablar. Venga, sube.

Pues mira.

Borracho o sereno, hay una cosa que no cambia.

Te quiero.

Te quiero mucho. Venga.

Ay, buenos días, Belén. Buenos días, Pancho.

Estamos dando el espectáculo. Venga, que ya te ayudo yo.

Te quiero mucho.

Pero me quieres mal.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Tres "cannoli" para endulzar el día.

-No me apetece.

-Andrea, si uno duerme poco,

tiene que comer más.

Porque la energía uno tiene que cogerla de algún sitio.

-Ya, papá, pero no tengo ganas.

-¿Te preparo algo diferente?

-¡Que tengo el estómago cerrado! ¡Que no me entra nada!

¡No seas pesado!

-Andrea...

-Esto es por la separación, Paolo, no es por ti.

-Ya. -No te disgustes.

-No, pero... Si yo ya lo entiendo.

Ayer bajé todas las cosas de Cristina en la portería.

Ya no queda rastro de ella en casa.

-Vaya.

Pobre Andrea.

Pensamos que, porque son mayores,

lo tienen ya todo superado, y fíjate.

-Yo no sé cómo ayudarle.

-¿Y él qué dice? -Nada. Se ha cerrado en banda.

-Le vas a tener que ayudar a hablar. -Ya, pero...

Si le pregunto, molesto. Ya lo has visto.

-Es que está enfadado, entiéndelo.

De repente, de la noche a la mañana, todo su mundo ha cambiado.

-A mí me gustaría devolverle lo que necesita, que es a su madre,

pero no puedo, Rosa.

-A su madre la va a tener siempre, igual que a ti.

-Siempre se ha entendido mejor con Cristina.

Por eso se siente tan traicionado.

-Yo creo que está muy cercano a los dos.

-Yo todavía no me lo puedo creer.

Cristina parece que piensa solo en sí misma.

Pero una cosa te voy a decir.

A Napoli no se lo lleva.

-Bueno ¿y entonces qué vas a hacer? -Luchar.

Ya he encontrado un buen abogado.

Perdóname, Celia.

Quería llegar temprano para echarte una mano,

pero me ha surgido un imprevisto. No pasa nada.

¿Está todo bien? Has salido antes que yo.

Sí, sí, me he venido derecha al Mercado,

pero me he encontrado con Elías, borracho como una cuba.

¿Borracho?

Sí, estaba fatal. Daba pena verlo.

¿Y qué has hecho?

Pues subirlo a casa.

Este hombre ha perdido el norte.

Yo no sé qué habrá hecho anoche,

aparte de beberse hasta el agua de los floreros,

pero está claro que acabó muy mal.

Vamos, eso seguro.

Estaba tan mal que, cuando le he metido en la cama,

me ha vomitado encima.

Por eso he tardado en llegar, he tenido que cambiarme.

Bueno, mujer, son... son cosas que pasan.

Celia, es que, te lo juro,

yo nunca lo había visto en este estado.

Se está degradando por momentos. Parece otra persona.

Bueno...

Piensas que estoy siendo muy dura.

Que no, no, no. No pensaba eso, de verdad que no.

Espero que todo este sufrimiento le sirva para tocar fondo y cambiar.

Pues, mira, eso estaría bien.

Pero pienso que soy yo la que me estoy engañando.

Que la gente no cambia si no quiere, y menos alguien como Elías.

Lo siento, Adela.

Creo que voy a tener que bajar al almacén

a por más material.

Espero que los obreros no hayan movido nada.

No, no, anoche, los obreros no trabajaron.

Ah, ¿no? No.

Por lo visto, faltaba llegar algo del material.

No volverán hasta que no lo reciban.

¿Y estás segura de eso?

Sí, me lo ha contado Nicolás, me lo he cruzado.

Vale, bueno voy a... al almacén.

Sí, sí, ve.

A ver, Rosa, habla, por favor.

Porque casi puedo oír tus pensamientos.

-No.

-Sí, sí, dime, por favor, dime.

Porque tu opinión me interesa.

Tú también eres madre, ¿no?

¿Tú crees que Andrea tendría que irse a Napoli con Cristina?

¿Mmm? -A mí me parece un error

meter a los hijos en una separación.

¿Sabes? Sufren.

Y luego tienen que pagar los platos rotos de sus padres.

-Pero, si él se va con ella,

perderá su instituto, su casa, sus amigos y a mí.

Y todo esto porque su madre ha decidido que no me quiere.

¿A ti te parece justo?

-Pero él es ya casi un adulto.

Y, si os metéis en un juicio por su custodia,

le van a pedir que declare.

Sí, el juez le va a decir

que, por favor, tiene que elegir entre su madre o su padre.

-¡Pues que lo diga!

-¿A ti te parece normal

que pase por esa situación? -Rosa.

Yo no quiero perder a mi hijo. ¿Tan difícil es de entender?

-Vale, eres napolitano, ¿no?

-Sí. -Bueno, pues vende todo esto.

Y te vas para allá, para Nápoles.

Va a ser lo mejor para todos.

-No, no, no. A ver si lo entiendo.

¿Mi mujer se lía con mi mejor amigo, me deja

y se va a vivir donde yo no quiero volver?

¿Y tú crees que Andrea y yo

tendríamos que dejar nuestras vidas y seguirla?

Pero ¿a ti te parece normal?

-Te lo digo porque creo que es lo mejor para tu hijo.

-Pues díselo a Cristina.

Porque todo esto es su culpa, no mía.

-Escúchame.

Empezarás una guerra si tú quieres.

Porque dos no discuten si uno no quiere.

Piénsalo, por favor.

¿Has visto a papá?

Buenos días, hijo.

Al levantarme, no estaba en casa, en el despacho no está.

No doy con él. No me coge el móvil.

Porque está durmiendo la mona.

Anoche se fue de farra.

Ni te cuento cómo me lo encontré en el portal.

Era un despojo humano. ¿Tanto?

Borrachísimo. Deprimía verlo.

Uf. No me extraña.

Es que, mamá, papá está muy mal.

Se siente como un niño perdido.

Pues que crezca, yo no soy su madre.

Ya lo sé, mamá.

Ya tienes suficiente con un hijo, ¿no?

Solo te digo que no le metas más presión.

Porque está claro que no es capaz de soportarla.

Te dejo.

Voy a buscarle.

(Campanadas)

Hey.

¿Qué haces? -Echaré de menos el Mercado Central.

-Lo sé.

Pero en Nápoles tendremos tantas cosas que hacer

que, con un poco de tiempo, no lo vas a echar de menos, ya verás.

¿Qué te pasa? ¿No has dormido bien?

-No, me debí hacer daño cargando alguna de las maletas.

-Si me hubieras dejado ayudarte.

-Y que Paolo te hubiera visto sacando mis cosas de la portería.

-Acabará aceptándolo.

Hay que darle tiempo. -Me va a hacer la vida imposible.

Ya me lo dejó claro. -Ah, ¿sí?

-A poco que pueda, se queda con mi hijo.

-También es el suyo.

Y Andrea podrá venir a vernos en vacaciones.

-Yo no quiero verlo en vacaciones.

Yo quiero estar con mi hijo siempre.

-Lo sé, Cristina, pero entiende a Paolo,

le hemos jodido la vida, es normal que no lo ponga fácil, ¿no?

-Mira, Doménico.

Si... si Andrea no sube a ese avión,

yo no me voy.

Yo no lo voy a dejar solo. -Cristina.

Lo hemos hablado más veces.

Yo también me siento culpable.

Hubiera preferido que no fueses la mujer de mi mejor amigo,

pero...

Hace mucho que no estabas feliz, ¿verdad?

-Ahora lo único que me preocupa es Andrea.

Él necesita a su madre.

-Paolo lo sabe.

No va a hacer pasarlo mal a su hijo. Estoy seguro.

-Es que yo pienso que, aunque...

Aunque Paolo cediera,

veo a Andrea tan enfadado

que yo no sé... yo no sé si él se vendría con nosotros.

No lo sé. -Cristina.

No te preocupes, de verdad.

-Es que yo siento que he perdido a mi hijo.

-No estás perdiendo a tu hijo.

Andrea solo necesita tiempo para perdonarte, y tú...

Tú tienes que hacerle comprender

que no es un capricho, que lo has pensado bien.

Y que sigas adelante. -¿Tú crees?

-Todo irá bien. Te lo prometo.

-Ay.

(Móvil)

Espera.

¿Sí?

Sí, vale, ahora voy para allá, sí.

Es Paolo.

Quiere hablar de Andrea.

Ay, me espero lo peor.

-No. Vas tranquila.

Vas a ver.

"Dai".

Hola, Paolo. Buenos días.

-Hola, Nacho. -Quería hablar contigo.

-Dime.

Yo no estoy en mi mejor momento, te aviso,

pero... si puedo hacer algo por ti...

-Eh... Verás.

A mí estas cosas no me gustan,

pero tengo que hablarte de algo personal.

-Nacho, tú puedes hablar conmigo de lo que quieras.

Rosa trabaja en mi pizzería.

Para mí, es como si fuéramos familia ya.

Así que confianza total. Con Rosa y contigo.

-De ella quería hablarte precisamente.

-Es una mujer maravillosa.

Pero ¿pasa algo?

Porque yo la veo bien.

-Sí.

Pero se implica demasiado, ¿comprendes?

Está muy preocupada por tu separación.

-¿Por mi separación?

-Ve lo mal que lo estás pasando y se angustia.

Igual no lo notas porque ella lo disimula.

-No, la verdad es que...

Bueno, nos pasamos el día juntos,

igual nos contamos cosas,

pero no era mi intención hacerla preocupar.

La verdad es que Rosa está siendo de gran ayuda.

-Mmm. -No sabes cómo se lo agradezco.

Es una gran amiga.

-Ahí voy.

Ella confunde los sentimientos.

-¿Que confunde qué?

-Pues sus sentimientos hacia ti.

-No, Nacho.

No, no, eso es imposible.

Entre Rosa y yo nunca ha habido ni un malentendido ni nada.

Nosotros somos compañeros de trabajo y ya está.

-Es protectora por naturaleza.

Nada le atrae más que cuidar del que sufre.

Y, desde tu separación, noto que nos estamos distanciando.

No habla de otra cosa.

Solo piensa en tus problemas.

¿Tú no te has percatado? -No, no.

Nacho, yo no...

-Ya me lo imaginaba.

Por eso quería contártelo.

Las separaciones son como una epidemia, ¿sabes?

Se contagian.

Y tengo miedo de perder a Rosa.

-No, Nacho, eso no va a pasar. Te lo juro.

Y, si yo puedo hacer algo, para...

para resolver este malentendido, por favor, dime.

-Marca distancias con ella.

¿Mmm? Que le quede claro que no te interesa.

Con contundencia.

O acabarás siendo el Doménico de mi matrimonio.

-No, Nacho, eso no lo digas ni en broma, ¿eh?

Eso no va a pasar. Te lo juro.

-Vale. Gracias.

-A ti.

(RESOPLA)

(Llaman a la puerta)

Ya te vale.

¿No debías estar en tu casa?

Estoy bien, Jorge, de verdad.

Anda, siéntate.

Mala hierba nunca muere.

Eso, desde luego.

¿Qué pasa si el matón vuelve?

Ese ya no vuelve por aquí.

Ya dejó su recado.

Además, no pienso vivir con miedo.

Entre no tener miedo y ser un temerario,

hay un término medio.

¿Por qué me parece que te va a dar igual

lo que yo te diga? Jorge.

Estoy bien y estoy tranquilo. Ya.

¿Has podido descansar algo? Más o menos.

En cuanto me movía en la cama,

pues me hacía daño el estómago y me despertaba.

Ya me dijo la doctora que iba a ser lo normal.

Si el dolor aumenta, me avisas y vamos al médico.

Podrías tener una lesión interna. Jorge.

¿Qué? Escucha.

Te llamé porque estoy pensando quién está detrás de la paliza.

Me contaste que Hortuño hizo una campaña

de acoso y derribo contra el Mercado, ¿verdad?

Sí, hizo de todo.

Me mandó un reloj de lujo delante de todo el mundo

para que creyeran que me había comprado. Un menda.

Un hombre sin escrúpulos.

Boicoteó un evento que hicimos en el bar para recaudar fondos.

Filtró a la prensa que Elías infló un poco

las facturas que mandamos al Ayuntamiento.

Un mafioso en toda regla.

No me extrañaría que estuviese detrás de lo de la paliza.

A mí tampoco. De hecho, es lo primero que pensé.

Te conté el lío que tuve con él, ¿no?

Cuando era gerente del hotel. Sí.

Pero no consiguió nada, ¿no?

Por eso.

A lo mejor está buscando su revancha.

Pero no se lo vamos a poner fácil.

¿Vas a llamarle?

(Tono de llamada)

(Móvil)

¿Sí?

-Soy Javier Quílez. ¿Te acuerdas de mí?

-Sí. Sí, claro.

Si llamas por la oferta que te hice, supongo que sabrás que ha caducado.

-Yo te voy a hacer una oferta que no vas a rechazar.

-¿Qué tipo de oferta?

-No sé si sabrás que soy el gerente del Mercado Central.

-"Bueno, no lo sabía ni tampoco me importa, la verdad".

-Es que la oferta tiene que ver con el Mercado.

"¿Te parece que nos veamos en la plaza, a las doce?"

-Allí estaré.

¿Qué oferta vas a hacerle? No tengo ni idea.

Lo bueno es que él se estará preguntando lo mismo

y acudirá a la cita.

"Porque la curiosidad es un arma peligrosa, amigo".

-Te veo bien, hija. Se nota que estás contenta aquí.

-Sí, la verdad es que estoy contenta.

-Ayer fui a ver a tu hermana.

-Ah, ¿sí? ¿Qué tal?

-Bien.

Algún día podrías acompañarme, ¿no?

-Se niega a verme.

-Se le pasará. Ya sabes cómo es de cabezota.

Tiene un carácter muy difícil. -Sí, tiene a quien salir.

-Ya, ya lo sé, es verdad. Y no te creas que no me duele.

Cariño, yo siento mucho habéroslo hecho pasar tan mal.

-¿Sabes lo que siento yo?

Que me he pasado la vida entera

intentando alejar a Martina de tus crisis.

Y ahora me culpa de alejarla de ti.

-Pero ella no entendía lo que pasaba. No se lo tengas en cuenta.

-No se lo tengo en cuenta a ella.

Te lo tengo en cuenta a ti, mamá.

Tú se lo consentías

y se lo sigues consintiendo ahora mismo.

¿Por qué no le dices la verdad?

¿Por qué no le dices que estás enferma?

Y que a mí me ha tocado ocuparme de absolutamente todo.

-¿Sí, debería hacer eso? -Sí.

-Pero no sé cómo, lo siento.

Cuando no estoy bien, cometo muchos errores y...

Y siento que te he perdido a ti.

Y quiero hacer esto bien para no perder a tu hermana.

-Y lo peor fue cuando Laura se murió.

¿Tú sabes contra quién descargaba toda la rabia Martina? Contra mí.

Y tú, mirando hacia otro lado y haciendo como si nada.

Sin hacer nada.

-No lo hacía adrede.

Cuando estoy de esa manera, no sé ni lo que digo.

Y la muerte de Laura empeoró más la situación.

Fue muy duro para todos. -Fue muy duro también para mí.

¿Tú sabes lo duro que es

sacar a Martina de casa cada vez que te derrumbabas

para que no te viera así?

-Ya lo sé. -Y me echaba las culpas. De todo.

Y me decía que yo no te cuidaba como Laura te cuidaba a ti.

-No he estado a la altura como madre.

Lo sé.

-Ahora lo sabes.

Pero antes no hacías nada.

Ni si quiera te tomabas la medicación.

-Mira, cariño, yo no sé si...

No sé si podré hacer algo para compensarte,

pero hoy he venido para decirte...

No quiero escudarme más en mi enfermedad.

Quiero cambiar. He cambiado.

Y que, si me das una oportunidad, te lo voy a demostrar.

-Ya. -Sí.

-¿En qué has cambiado?

-Pues me tomo la medicación,

voy a terapia, no me salto las revisiones.

Y no me rendiré con Martina.

Voy a hacer todo para que me devuelvan su custodia

y para que os volváis a llevar bien.

-¿Me lo prometes? -Te lo prometo. Te lo prometo.

-¡Hola! -Hola.

Tú debes ser Samuel. -Perdona que no me levante.

Encantado.

Pues sí, me cabrea, Lore.

No ha sido capaz ni de enviarme un mensaje.

Pero más cabreada estoy conmigo por estar pendiente de él.

-Claro, porque el chico te interesa.

-Es que encima me lo advirtió.

Me advirtió que podía salir mal.

Y yo, a meterlo en mi familia

y juntarlo con mis problemas con mi padre.

-Porque tu padre es un manipulador y por una vez querías manipularlo tú.

-No sé por qué sigo esperando una llamada suya.

No sé, igual es mejor dejarlo así, ¿no?

-Yo qué sé.

-Bueno ¿y a ti qué te pasa?

-¿A... a mí?

¿Qué me va a pasar?

-Me piro, que hoy no estoy como para aguantar a mi madre.

-¡Hola!

Vaya, no me ha dado tiempo ni a saludar a mi hija.

Ha sido verme y desaparecer.

-Es que tiene el día torcido. (ROSA SUSPIRA)

Supongo que te habrá contado lo de Luis.

Está enfadadísima. -Sí.

Sí, me ha contado.

-Bueno, me alegro de que tenga alguien con quien hablar.

Me voy a la pizzería. -Rosa.

-¿Qué?

-Yo también necesito alguien con quien hablar.

Si...

Si tú hubieras descubierto una información

que puede hacer daño a alguien que quieres mucho,

¿te callarías o lo dirías?

-Depende.

Miedo me dan tus dilemas morales.

-No, no tiene nada que ver conmigo, de verdad, es una amiga, es...

Es una amiga. -Ya.

Bueno, pues lo que suele suceder en estos casos,

como tú y yo sabemos, porque lo hemos vivido,

es que, antes o después, la verdad siempre sale a la luz.

-Se lo digo.

-Oye, Lorena.

Tú no estarás metida en algún lío, ¿verdad?

-No, no tiene que ver conmigo. Te lo prometo.

-¿Seguro? -Seguro.

-Me quedo tranquila.

Que no, te lo estoy diciendo.

Ayer los obreros no vinieron a trabajar por falta de material.

Vinieron a revisar, se fueron cuando cerró el Mercado.

Pues, entonces, ¿quién ha sido?

¿Quién nos ha visto cuando te di el beso?

No lo sé, pero tiene que ser alguien de este mercado.

Carla, la chica de la limpieza.

No tengo ni idea, pero a lo mejor.

Si le va con el cuento a Adela...

Dios, tenemos que descubrir quién ha sido

y hablarle para que no diga nada.

Ya me dirás cómo. Pues con mano izquierda.

Con mucha mano izquierda, joder.

(Puerta)

(SUSURRA) Sal tú. Vale.

Sal tú y ahora voy yo. Vale.

Chist. Chist.

¡Oh! Ay, perdóname, perdóname.

¿Estás bien? Sí, sí, sí.

¿Te pesa? ¿Te ayudo? No, estoy bien.

Estoy bien.

Sabía que estabas aquí abajo y quería hablar contigo,

explicarte por qué no vine anoche.

No tienes que explicarme nada. No, por favor, quiero hacerlo.

Es absurdo que sigamos con esta situación y...

los malentendidos y todo eso.

Anoche no pude venir porque estuve con Javier.

Mira, Jorge, escúchame.

Tengo mucha prisa, Adela me está esperando arriba.

Tenemos que hacer las cajas, van a venir a buscarlas

en cualquier momento. Solo un minuto.

Ya.

Mira, a veces tengo la sensación

de que me comporto contigo como si fuera un crío.

Y creo que es porque tengo miedo.

Me entró miedo el otro día en tu casa

cuando estabas con la fiebre y dijiste todo aquello que...

Pues pensé que no pasaría nada y que nada cambiaría entre nosotros.

Y sí lo ha hecho, Celia, ha cambiado todo.

Y yo creo que no estoy preparado.

Lo siento, creo que...

Ya. Bueno.

Lo mejor es que afrontemos esta situación,

que nos miremos a la cara y lo resolvamos cuanto antes.

Sí, yo también lo creo.

Pero... pero ahora no es el momento, Jorge.

Tenemos los puestos desatendidos.

Más tarde, ¿te parece?

¿Sí? Vale, vale.

Vamos para arriba, ven.

¡Ostras!

Pero... pero ¿qué haces tú aquí?

Eh... He venido a...

Aquí, a la frutería,

pero he visto el de la droguería que estaba abierta... ¿Y tú?

Dirás qué voy a hacer... Trabajar.

Ah, muy bien. Sí, claro.

Me parece perfecto. Dale duro y llegarás lejos.

Oye, jefe, una cosa.

Anoche había quedado

con una pibita que había conocido por Internet.

Y cuando iba...

pues me tuve que quedar a guardar todo el género porque...

¿Anoche? ¿Anoche dices?

Anoche.

El caso es que había pensado,

lo mismo, como son horas extras

que uno hace fuera de la jornada y demás,

pues lo mismo, no sé, me podíais compensar

con algún día libre o una cosita así...

O un viaje a Punta Cana, por ejemplo, ¿no?

Eh... No, yo creo que tanto no hace falta.

Con un día para compensar lo de anoche ya...

Escúchame, Compensar.

Con respecto a lo que viste anoche,

como le digas algo a alguien, no vas a tener un día libre,

los vas a tener todos, ¿te queda claro?

Ya, Elías, pero es que yo anoche no vi nada, yo...

Muy bien, eso es.

Sordo, mudo y ciego.

Porque, si no, no vas a tener trabajo

ni en mi puesto ni en ninguno del Mercado Central.

Es que no sé de lo que me estás hablando.

Solo quiero... Esa es la actitud.

Así me gusta, muy bien.

Recoge esto.

-Pues nada, que, al final, me enamoré como una tonta, ¿sabes?

Que yo tenía como urticaria

a todo esto de tener novio y enamorarme,

porque no creía ni confiaba en nada, ni en nadie.

Y, de repente, llegó este y...

-Y conquistaste su corazón.

Qué bonito.

-Le hice ver todas las cosas buenas que ella tenía.

(Móvil)

-Huy. Perdonad.

Me pongo la alarma.

Cuanto más regular sea en la toma,

mejor sienta la medicación, me lo ha dicho la doctora.

-Sí que te lo tomas en serio, antes no hubieras puesto una alarma.

-Ni sabría dónde tenía el teléfono.

-Bueno, o lo hubieras tenido sin batería.

Porque lo cargaba de uvas a peras.

-Sí, hija, sí. Era un desastre para todo.

Hasta para mí misma, la verdad.

-Sobre todo, para ti misma.

-Pues sí.

Pero ahora soy capaz de controlar mi vida, mi enfermedad.

Y creo que estoy preparada para recuperar a mis hijas.

Si tú me dejas, claro.

-Claro que sí.

-Bueno.

-No, no. Quieta, quieta.

Pago yo. Estás en nuestra casa.

-Pues muchas gracias.

Me ha encantado verte, Carla.

Espero que podamos repetir pronto.

-¿Por qué no vienes un día a comer a casa?

¿No? A ver, es muy chiquitita, pero, vamos, está muy bien.

-Pues me encantará, claro.

Bueno, chicos.

Hasta luego. -Hasta luego.

-Qué tonto.

(PAOLO) Es una margarita original. -¿Qué tal los ensayos?

¿Estás contento con la nueva banda?

-Bien.

Normal.

-Andrea, ¿sabes lo que me pasa?

Llevo dos noches durmiendo fuera y te echo mucho de menos.

-Es lo que pasa cuando dejas tirada a la gente,

que luego te sientes sola.

(PAOLO) Ya estamos aquí.

Seguramente esta será la última reunión de familia que tengamos.

-Siempre seremos una familia.

(ANDREA) ¿Con Doménico?

Por favor.

-Andrea tiene razón,

las cosas nunca volverán a ser como antes.

Pero... lo he pensado mucho y...

y creo que es importante

que hagamos todo lo posible para... para terminar bien.

Andrea, escucha.

Yo, al principio, quería recurrir a los tribunales

con tal de conseguir tu custodia, pero...

Pero sería muy duro para todos, demasiado.

Yo creo que es mejor que hablemos civilizadamente,

como lo estamos haciendo.

-Yo también lo creo, creo que es lo más sensato.

-¿Sensato?

Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.

-Andrea, por favor, déjame acabar, ¿eh?

Cristina.

Yo no quiero ir a juicio

porque no quiero que un juez que no nos conoce

decida sobre el futuro de nuestra familia.

Y porque creo que es importante preguntar a Andrea lo que quiere.

-¿A Andrea? -A Andrea, sí.

Andrea ya tiene una edad en la que puede decidir por sí mismo.

-No hay nada que decidir.

Me quedo contigo, papá.

No voy a abandonarte como ha hecho ella.

-Andrea, por favor.

-Con ella, ni a la vuelta de la esquina.

-Andrea, ya está bien, ¿eh?

Es de tu madre que estamos hablando,

la persona de la que no podías separarte hasta hace nada.

A la que consultabas en todo.

Sin la que no podías mover ni un paso.

-Pues tú lo has dicho, papá.

Siento como si no fuese mi madre.

-Andrea.

-Andrea, escucha.

Yo entiendo que estés dolido, créeme.

Te entiendo perfectamente, yo también lo estoy.

Ha pasado algo que no queríamos

y que ha cambiado nuestras vidas.

Las de todos nosotros.

Pero no podemos ser injustos. -¿Injustos?

No, papá, injusta es ella.

Ella es injusta.

Tú eres injusta, mamá, destrozándonos la vida.

-Andrea.

Piénsalo bien, ¿mmm?

Intenta apartar ese rencor que tienes y sé sincero contigo mismo.

¿No crees que vas a echar de menos a tu madre

cuando ella esté en Napoli?

-¿Y no te voy a echar de menos si me voy con ella?

-No es lo mismo, Andrea.

Y lo sabes.

Yo siempre te he parecido un padre metepatas,

torpe, que no te sabía entender.

Cada vez que has tenido un problema, has preferido confiar en ella

y no en mí, y lo entiendo, porque tu madre siempre estaba ahí,

a tu lado, escuchándote, confiando en ti.

Acompañándote, siempre.

¿Es o no es así?

-¿Y qué más da lo que sea, papá?

No confío en ella. No me fío de ella. Nos ha engañado.

Nos ha engañado a todos, ¿no lo entiendes? Es una falsa.

-Andrea, eso pasará.

Y la necesitarás.

-¿Y qué vas a hacer tú solo en Madrid?

-Eso es lo mío.

Yo te agradezco que te preocupes por mí, pero...

Pero lo que yo no quiero

es que tú pagues las consecuencias de nuestra separación.

Yo te quiero, tanto,

y te voy a echar muchísimo de menos.

-Pero ¿por qué...? -Andrea, Andrea.

De momento,

es mejor que vivas con tu madre.

Créeme.

-Que no, ¿que por qué me hacéis esto? ¿Que por qué tengo que ser yo?

¿No podéis seguir juntos, en serio?

¿No podéis arreglar las cosas? ¿Tanto os cuesta?

¿Tanto te cuesta, mamá?

¿Tanto te molestamos, en serio? -Es que no es eso, cariño.

Yo te quiero con mi vida, ¿lo oyes? Con mi vida.

Y a tu padre siempre le tendré cariño.

Pero a veces la vida es así.

-¿Que la vida es así? -Andrea.

-¡Es lo que dicen los egoístas para hacer lo que quieren!

¡La vida no es así! -Andrea, tranquilo.

Que no me vas a perder.

¿Me oyes?

Que nos veremos muy a menudo,

cada vez que podamos, y seguramente todas las vacaciones.

Y quizás que un día yo me venda todo esto y...

Y me vaya a Napoli también, contigo.

-Gracias.

(HORTUÑO SUSPIRA)

No tengo mucho tiempo ni mucha paciencia.

Ve al grano, me conozco tus trucos. -¿Mis trucos?

Fuiste tú el que casi arruina mi reputación.

-¿Me has hecho venir para hablar de tus problemas con el juego?

-Te he pedido que vinieras para hablar del Central.

Como te he dicho, y estoy seguro de que ya sabías,

soy el gerente del Mercado.

-Mira, en primer lugar, ya te he dicho que no lo sabía.

Y no me interesa lo más mínimo.

Y, en segundo lugar, creo que te has equivocado.

-¿Me he equivocado? ¿Tú crees?

-Claro, este mercado es una cutrez. Yo te hacía más listo que todo eso.

¿Qué me dices? ¿Y eso?

-Porque tiene los días contados. -Pues sí.

Tienes razón. En el tiempo que llevo aquí,

he podido ver que será casi imposible acabar la renovación.

No hay dinero.

Se hacen las obras de la cubierta gracias a un patrocinador,

pero de ahí a que se haga la renovación de los puestos

y de las zonas comunes va un trecho.

-Lo que yo te decía. En cuatro días, estás en la calle.

-A no ser que encuentre

la aportación de otro inversor, y ya he tanteado a algunos.

-¿Qué inversor?

-O también puedo quedarme de brazos cruzados.

Eso depende de ti.

¿Qué me dices?

¿Te sigo contando en qué consiste mi oferta?

-No me hagas perder el tiempo. -Muy bien, hablemos claro.

Sé que quieres el Mercado

y sé que tú encargaste que me dieran una paliza.

Pero no hay que llegar tan lejos, hombre.

Si tú me ayudas, yo te ayudo.

-¿Qué quieres?

-Lo que todos.

Dinero.

-¿Dinero?

Yo creía que tú tenías otras motivaciones.

-¿No te has enterado del juicio de mi padre?

Está arruinado, Hacienda se lo ha quitado todo.

Si tú eres generoso conmigo, yo puedo serlo con tus intereses.

-¿Y cómo piensas hacer eso?

-Sigo en el Mercado, pero a tu servicio.

Desde dentro será muy fácil boicotear la renovación.

-Una oferta tentadora, pero no me interesa.

Yo tengo una manera de trabajar, ya lo sabes.

No nos íbamos a entender por mucho dinero que haya.

-La verdad es que tu manera de hacer las cosas me repugna,

pero la necesidad hace extraños amigos de viaje.

Y yo necesito ayudar a mis padres.

No quiero que envejezcan pobres. -Ya te he dicho que no.

El Mercado tiene los días contados.

Y, cuando caiga, yo lo compraré.

Si la cosa se retrasa, siempre puedo utilizar mis métodos.

Esos que te repugnan.

-Reconócelo, a los dos nos interesa coger este atajo.

Valora mi oferta.

Y dime si entras o no.

-¿Piensas que soy tan imbécil como para tragarme lo que me cuentas?

-¿Y tú te crees que yo no me voy a defender de tus ataques?

Con uñas y dientes, ¿me oyes?

Con uñas y dientes.

No vas a conseguir hundirme, ni a mí ni a mi mercado.

-A chulo no te gana nadie, ¿eh?

-Lástima que no tengas lo que hay que tener

para cumplir las tonterías que prometes.

-Eh... ¿Qué pasa? ¿Algún problema?

-¿Y este quién es? ¿Algún amiguito tuyo?

-Sí, soy amigo de Javier.

-Ah, pues dile a tu amigo que se tranquilice.

Que se tome una tila o tres o cuatro.

Y, si va mal de pasta, ya le invito yo.

-¿Qué ha pasado? ¿Qué hacía Hortuño aquí?

-Tú tenías razón.

Es él el que ha encargado que me dieran una paliza.

Ahora lo veo claro.

Paolo.

He visto que la pizzería sigue cerrada.

Pero ¿qué pasa? ¿Tan mal ha ido la reunión con Cristina?

-Pues...

La verdad es que no sé cómo ha ido, Rosa.

No sabría decírtelo.

-Si hay algo que yo pueda hacer, lo que sea.

-Nada, Rosa, creo que ya he abusado bastante de tu paciencia.

-Pero ¿qué dices? Si yo todo esto lo hago encantada.

Mira, soy yo la que está agradecida de que pongas tanta confianza en mí.

¿Para qué estamos los amigos, eh?

Así que desahógate.

Cuéntame qué habéis decidido.

-Pues que al final...

Nada que... que Cristina...

-¿Sí? ¿Que Cristina qué?

-¿Sabes qué, Rosa?

Creo que es mejor que las cosas de familia queden en familia.

-Claro, claro, claro, por supuesto.

Quiero decir, que no pretendo...

Bueno, que estas cosas

tienen que ser como tú las sientas.

-Ahora siento que...

prefiero estar solo.

-¿Solo?

-Sí. Mira, tómate el día libre, Rosa.

-Pero ¿cómo me voy a tomar el día libre?

-Que necesito estar solo con mis pensamientos.

Además, no quiero abrumarte más.

-Que no me abrumas.

De verdad.

Mira, precisamente, porque yo tengo aquí a toda mi familia puedo entender

cómo te sientes tú ahora, en estas fechas, además, solo.

Tienes a todos en Italia.

-Ya, pero... pero que estoy un poco harto de hablar, Rosa.

-Bueno, eso es otra cosa.

Pero, vamos, también te digo, hablar desahoga.

-A ver si me entiendes.

Ahora te hablo como jefe, ¿okey?

Te doy la mañana libre, así que...

Lárgate de aquí

y déjame tranquilo, por favor.

-Está bien.

Está bien, te dejo solo.

-Rosa.

Vete con Nacho.

Aprovecha que tú tienes a alguien a tu lado y cuida de él.

¿Entonces? -Ya está todo arreglado.

-¿Cómo que todo se ha arreglado?

-Sí, que Paolo al final ha decidido

no ir a los tribunales.

Y que no hace falta que un juez decida el futuro de nuestro hijo.

Así que ha decidido

que... que es una buena idea que Andrea se venga conmigo.

-Esa es una noticia maravillosa. -Ay, sí.

Ay, estoy tan contenta

de empezar una vida en Nápoles.

Porque, al fin y al cabo, Andrea es tan español como italiano.

Le vendrá bien conocer su otro país.

-Eso, seguro.

Pero ¿qué ha pasado?

¿Cómo es que Paolo ha cambiado de idea?

-Pues no lo sé, pero ha vuelto a demostrar

que es un buen hombre y un gran padre.

-Entonces, ¿ya no quiere que Andrea viva con él?

-No, no es que no quiera,

piensa que es mejor que venga conmigo.

-¿Y Andrea qué ha dicho?

-¿Andrea? Andrea está muy enfadado.

Pero al final ha cedido. -¿Sí?

-Sí, estoy tan contenta.

¡Ay, Doménico!

(Puerta)

Anda, ¿qué haces tú aquí tan temprano?

-Pues ya ves.

Que Paolo no ha querido que me quede a ayudarle.

-Pero... ¿te ha despedido?

-Dice que quiere estar solo.

Ahora que al turno de tarde sí que voy.

(RÍE) Pero bueno.

¿Por qué me iba a despedir? Mira que tienes unas cosas, ¿eh?

-Nada. Como tiene la cabeza como la tiene.

Mira tú qué bien, así comemos por un día todo juntitos.

(ROSA RÍE)

Pero, cariño, ¿tú no tienes clase hoy?

-No.

Es que faltaba una profesora,

así que me he quedado a retocar unas fotos.

-Ajá.

(Móvil)

¿Todo bien?

¿Noa?

-Todo perfectamente.

Bueno, me voy. -¿No te quedas a comer con nosotros?

Que hoy no trabajo.

-No.

-Mira tú qué bien.

Ahora te tengo para mí solito.

Anda, ven.

Ven, siéntate aquí conmigo.

¿A que no sabes lo que se me está ocurriendo?

-Ay, Nacho.

Nacho.

Pero ¿ahora, cariño?

-Cualquier hora es buena.

-Ya. -¿Eh?

Anda, quítate ese jersey.

-Espera, es que...

No, es que ¿sabes qué pasa?

A mí, de sopetón, no me apetece. -¿De sopetón? ¿Qué quieres?

¿Que eche una instancia?

-Además, estoy un poco preocupada, ¿sabes?

Por Paolo y...

-No me lo puedo creer.

-Es que está muy mal.

-A ver, no te entiendo, Rosa, de verdad.

Te lo dejé bien claro. O Paolo o yo.

Ya te has decidido, ¿no? ¿Te quedas con Paolo?

-¿Pero lo dices en serio?

-A ti te preocupa Paolo, ¿vale?

-No, es mi amigo.

-A mí, nuestro matrimonio.

Cada uno tiene sus prioridades.

-A ver, yo también quiero que estemos bien.

Te lo prometo.

Pero no puedes exigirme que... -No, no te puedo exigir nada. Nada.

Pero escúchame bien, Rosa.

Empiezo a estar harto del pizzero.

Y de que cualquiera,

cualquiera, sea más importante que yo para ti.

-Por favor. Oh.

(Puerta)

(TOSE)

(TOSE)

Hombre, vaya horas.

Pensaba que no vendrías en toda la mañana.

Que duermes más que un bebé.

Oye, tú, que el que echa las broncas aquí soy yo.

Soy tu padre, no te doy explicaciones.

No, si explicaciones no necesito.

Ya me ha dicho mamá

que te has corrido una buena juerga.

Para que luego digas de mí. Dame.

¿Es agua? Sí.

¿Y esa querencia ahora a echar sermones?

Precisamente tú, que no hay un garito de Madrid

donde no te hayan puesto una copa.

Pues te diré una cosa, dentro de lo malo,

estoy en la edad de hacer el cabra, pero tú no.

Tendrías que andarte con ojito.

¿Y qué vas a hacer? ¿Me vas a dejar sin paga?

Papá, no puedes pasarte todo el día pegado a una botella.

No te solucionará nada. Te hundirá más.

Muy bien. Muchas gracias, Pepito Grillo.

¿Alguna llamada importante? Eh... No.

Llamada no,

pero... te tengo que contar de Javier.

¿Está muy hecho polvo?

No, ya ha salido del hospital, pero no es tonto,

se ha olido que detrás de este matón está Hortuño.

Y los he pillado antes, hablando, en la calle.

¿Javier y Hortuño hablando?

Eso no nos puede traer nada bueno.

¿Qué decían? No sé.

Javier le estaría pidiendo explicaciones.

(Timbre)

Anda, haz algo útil.

Ve a abrir.

-Vaya careto. ¿Y a ti qué te ha pasado?

¿Un camión por encima?

Una mala noche, he pasado mala noche, hombre.

Bueno, pues será por cosas de casa.

El negocio no te quita el sueño.

Eso es algo personal, pero, bueno, sí,

estoy teniendo una mala racha con mi mujer.

Pues te divorcias y a otra cosa. Será por mujeres.

-Estás hablando de mi madre, un poco de respeto.

-Como si es el Sursum Corda.

No se puede dejar que todo se vaya a la mierda

porque tu padre

no meta en cintura a su señora. Ginés.

Nada se está yendo a la mierda. No, pero se irá.

No coges el teléfono, nunca estás en el despacho.

Habrás tenido mala suerte. Estoy encima de todo.

A todo el mundo le he cogido el teléfono.

Sí, estás encima de todo.

Por eso me he tenido que encargar de tu querido gerente.

¡Sois un desastre!

-Si nos hubieras dejado hacer.

-Mira, estoy harto, ¿mmm?

Estoy harto.

No dais una a derechas.

Pero, mira, me ha venido bien encontrarme con Javier.

Ha perdido los nervios y me ha agredido.

-¿Qué dices? No te ha agredido.

-Eso lo sabemos tú y yo.

Pero, cuando te llamen para declarar,

tú testificarás que me dio un puñetazo.

-¿Cómo que declarar?

-Le acabo de poner una denuncia.

Después de lo de su padre,

se va a acostumbrar a pisar los juzgados.

Estoy deseando ver su cara cuando le llegue la citación.

La verás. La verás.

(CARRASPEA)

Hola, Lorena. ¿Qué tal? -Hola. Bien, ¿y tú? ¿Qué te pongo?

-¿Me pones un bocata para llevar, "porfa"?

-Sí, claro. ¿De qué lo quieres? -De...

De algo que sea rápido, va. -Muy bien.

¿No tienes hoy pausa para comer?

-Sí, pero es que no veas el pollito que me acaba de montar tu...

Bueno, Elías.

Y paso de que me vea por ahí y se cabree más.

-¿Y eso?

-Pues, ya ves, tía.

Anoche me quedé más rato para acabar mi curro.

Hoy le he pedido que me compensara las horas

y no veas cómo se ha puesto.

-Mi hermanito, es un tirano.

-No, y un agarrado.

-Esas horas te corresponden, Jonathan.

Si no es en dinero, es en tiempo libre.

-No veas cómo se ha mosqueado el colega.

Como si le estuviera chantajeando o algo, ¿sabes?

He flipado. -¿Cómo que chantajeando?

-Que sí, que dice que ahora me prohíbe hablar.

-¿Cómo que te prohíbe hablar?

¿Qué ha pasado? -No sé.

Está empeñado en que anoche vi algo aquí en el bar.

Y dice que, como me vaya de la lengua, me despide.

Es que no sé de lo que me está hablando.

Es que no vi nada. Te juro que no vi nada.

-Nadie te va a despedir. Si es necesario, hablo yo con él.

-Pues...

Pues gracias, tía, pero yo no te he dicho nada, ¿eh?

-Toma, al refresco invito yo.

-Vale.

Hola, Celia.

Ay, hola, Lorena, perdona... Perdona que me ande sin rodeos.

No puedo tolerar que perjudiques a más gente con tus juegos.

Perdona, no sé de lo qué hablas.

Perfectamente lo sabes.

Mira, Celia, yo he intentado llevar esto con madurez,

entender que los sentimientos no se eligen,

echarme a un lado para que Jorge y tú

podáis aclararos.

Pero es que...

Veo que no mereces ese sacrificio.

A ver, perdóname, no sé a qué viene todo esto.

A que tienes mucha cara, tía.

Estás jugando a dos bandas.

Y lo peor es que uno de esos hombres es mi hermano,

el marido de tu mejor amiga, la mujer con la que vives.

La mujer que te ayudó

cuando llegaste aquí.

¿Quién te lo ha dicho?

Pues no me lo ha dicho nadie porque lo he visto yo.

Os vi besándoos a mi hermano y a ti.

Ojalá no lo hubiera visto, te lo juro.

Celia...

Se volverá en tu contra, se va a enterar todo el mundo.

¿Se lo vas a decir a Adela?

¿Tú qué crees?

Elías.

Oye, tenemos un problema.

¿Tú no estás muy tranquilo?

¿No te preocupa que Hortuño te haya denunciado?

Hasta que no llegue la denuncia, no se puede hacer nada.

Un juicio de faltas no es ninguna tontería.

Es una denuncia sin base. El juez lo archivará.

Además, Germán estaba de testigo y declarará a mi favor.

Ya.

Con Hortuño, no sé yo.

Es impredecible, a saber por dónde sale.

La denuncia es secundaria.

Lo importante es que ha caído en la trampa.

¿Qué trampa? Escucha.

(JAVIER) "Hablemos claro. Sé que quieres el Mercado".

"Y sé que tú encargaste que me dieran una paliza".

"Pero no hay que llegar tan lejos, hombre".

"Si tú me ayudas, yo te ayudo".

(HORTUÑO SUSPIRA) "¿Qué quieres?"

Qué barbaridad con el Matahari del Central.

Recuérdame que nunca sea tu enemigo.

Tranquilo, tú no eres ningún mafioso. ¿O sí? (TARAREA)

Quita eso. ¿Qué vas a hacer con esa grabación?

Voy a llevársela a un amigo mío periodista

y vamos a hundir a Hortuño.

Que se sepa quién es y qué quiere hacer con el Mercado.

No todo el mundo se comprometería tanto con tu puesto. Gracias.

Verás, cuando Hortuño decidió contratar a un matón

para darme una paliza, cometió un grave error.

El Mercado no es solo un trabajo, es algo personal.

Pues brindo por eso.

Y por Matahari. (RÍE Y SE QUEJA)

Perdón, perdón.

(NICOLÁS) ¡Vaya por Dios! Ay...

-¿Qué? ¿De reformas?

-Sí, estaba colocando un cartel. Que se ha descolgado.

-Me habían dicho que este mercado estaba en obras.

-Sí, pero han empezado por la cubierta.

-Ah. -Se tiran toda la noche trabajando.

No entorpecen el día a día del Mercado

y las compras de la gente. -Qué buena idea.

-Sí, es que tenemos un gerente que eso... está en todo.

Con el lío gordo que tenemos con la renovación del Mercado,

hay que encontrar soluciones. -Claro, claro.

(CARMEN) Nicolás, el que entorpece el día a día eres tú.

-¿Yo?

-Este señor tiene pinta de querer comprar algo, ¿verdad?

Y de que le gustan las chuletillas de lechal, ¿a que sí?

-Solo si son buenas.

-Buenas no, son las mejores.

Como usted no me suena, debe ser la primera vez que pasa,

le haré un descuento.

-Póngame un kilo.

-Vale. -Ya ha conocido a mi mujer.

-Ah. -Sí.

En el Mercado somos como una gran familia.

Y, a veces, literalmente.

Bueno, ahora le dejo, que tengo un lío que...

Hasta luego.

Mola, ¿eh?

-Menudo sistema tenéis montado aquí. -Sí.

Pero, vamos, mucha pantallita, ya podrían poner la Champions.

-Bueno, ¿tú qué eres, el vigilante?

-Soy el ayudante del gerente.

-Ah, ya, ya.

-Pues yo me voy, que tengo que comer, ya es hora.

Un placer. Mama.

Me voy a comer con Carla. (CARMEN) Muy bien.

-Cuando tiene hambre, no espera.

-Pues en un momento le tengo ya esto preparado.

-Muchas gracias.

Hortuño, esto está muy bien.

Sí, sí, estoy aquí en el Central.

Me he venido para verlo en persona.

Claro.

El Mercado es una maravilla.

Está viejo de cojones.

Ya está bien, estoy harto, estoy cansado de esperar, ¿vale?

¿Cómo?

Sí, sí, pues parece que el recadito que le habéis dado a Javier Quílez

parece que... que no le ha hecho ningún efecto.

No, no, no, ya está bien.

Esto lo vamos a hacer a mi manera.

Así ahorramos los trámites del Ayuntamiento

y parte del derribo.

Es mejor quitar escombros a que vengan las máquinas.

Oye, la gente del Mercado es muy simpática, ¿sabes?

Es una pena que todo esto vaya a arder hasta los cimientos.

No te hagas el tonto. Sabes perfectamente a qué me refiero.

Claro.

Vamos a quemar el Mercado.

¿Por qué te importa tanto que se entere?

Joder, Elías, y, además, con... ¿con Celia?

¿Con su mejor amiga? ¿Con su socia?

La que la ha acogido en su casa. Ni hecho aposta.

Oye, no soy tan cabrón como para hacer eso queriendo, ¿eh?

Eres capaz de eso y de mucho más.

-Andrea, cariño, el taxi nos espera.

-Hey, cuida de tu madre, ¿eh?

¿Me lo prometes?

Chao.

Considéralo el pago de la habitación.

Me parece justo, ¿no?

No, me parece fatal.

Oye, no me lo pongas más difícil.

Muchas gracias, pero es que no merezco esto.

Ay, no digas tonterías, claro que te lo mereces.

Además, falta lo más importante.

¿Qué?

Que me des un abrazo.

No creo que haya ningún periodista que publique algo sin tener pruebas.

Es que tengo pruebas.

Quedé con él esta mañana y lo tengo aquí todo grabado.

Ha quedado muy bien retratado.

Os avisaré cuando publiquen el artículo.

Pues ya tienes faena.

Hay que borrar ese audio a la voz de ya.

Nacho tiene miedo de perderte, ¿eh?

Yo lo entiendo.

Ahora sé lo jodido que es que alguien se meta en tu relación.

Y yo no quiero ser vuestro Doménico, ¿eh?

Así que...

Me sabe muy mal, pero...

No sé, igual es mejor que dejemos de trabajar juntos.

-Hay que cogerle el tranquillo, ¿eh? Verás.

Se coge.

Se mete aquí, con suavidad...

Y ya vas dando...

-Ya lo veo, sí.

-Bueno, tú, tranquila, que hoy cenas en casa.

-Eso espero, a estas horas no hay nadie para abrirnos.

-¡La madre que...!

Dijiste que me querías,

que estabas enamorada de mí.

¿Tanto miedo tienes?

Venga, Jorge, déjalo ya, por favor, olvídalo.

¡No sé lo que dije! ¡No sé lo que digo!

¡No sé lo que hago! ¿No te das cuenta?

¡No sé qué coño hago!

Te digo que te quiero y me acerco a Elías.

Y yo soy así, soy...

No soy de fiar, ¿no te das cuenta? Por favor.

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Mercado central - Capítulo 65

24 dic 2019

Jorge sigue preocupado por el daño que le ha hecho a Lorena.
Adela encuentra a Elías borracho y parece dispuesta a aflojar su actitud con él.
Javier comprueba que Hortuño está detrás de la paliza que le han dado y mueve ficha citándole a una reunión para tenderle una trampa.
Noa, enfadada con Luis tras saber que se va a Nueva York, no tiene noticias suyas y está afectada.
Carla finalmente se reúne con su madre. ¿Merecen darse una segunda oportunidad?
Paolo está dispuesto a iniciar una guerra judicial con Cristina para impedirle que se lleve a Andrea.
Nacho manipula a Paolo para que se distancie de Rosa, pero no consigue que ella vuelva al redil.
Celia y Elías no tienen ni idea de quién puede haberles visto besándose.

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