Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 64 - ver ahora
Transcripción completa

Pero ha quedado contigo igualmente.

-No sabe que soy yo. No le he mandado una foto de mi cara.

-Tío, si no quiere saber nada de ti, cuando te vea se largará, ¿no?

-Pues espero convencerle antes de que ocurra eso.

-¿Cómo le has hecho esto a papá? ¿Cómo puedes ser tan mala persona?

-Andrea, vale que estés enfadado,

pero no permitiré que me faltes al respeto.

-No, tranquila.

Si seguramente nunca más te voy a faltar al respeto.

No te voy a volver a hablar nunca.

Y mucho menos me voy a ir contigo a Nápoles.

-Andrea, espérate. Espérate, cariño.

-Se... llama Alicia.

Y esta noche tengo una cita con ella.

-Es mona.

-Cuidado, que las amigas no se pueden poner celosas,

¿lo sabes?

-Espero que tu cita salga bien.

-Gracias.

-Ahora estamos juntos. No lo olvides.

Y yo también voy a protegerla.

Y no voy a dudar en hacerlo si es posible.

-¿Me estás amenazando?

-No, hombre, no, para nada.

A partir de ahora, nos vamos a llevar genial.

¿No era ese el propósito de esta reunión?

Y que te hayas recorrido la ciudad buscando ese chaleco

también dice mucho de lo que sientes tú.

Está claro que la quieres, ¿no?

(SUSPIRA) Voy a seguir con esto, que tengo muchas cosas pendientes.

Claro.

Perdona. -Dime.

-¿Conoces a Carla Rivas?

-Sí, claro, ¿por qué lo preguntas? -Pues porque...

(CARMEN) ¿Qué pasa? -Carla.

Carla, espera.

-¿Esa mujer quién es?

-(RESOPLA) Creo que es su madre.

Elías, escúchame, toda tu familia trabaja en este mercado,

¿quieres que te vean así?

¿Mi familia?

Le importa una mierda lo que a mí me pase,

y a vosotros también.

¡Idos a la mierda!

Si no te largas del mercado,

volveré.

(RESOPLA) No me ha llegado ningún pedido.

No, nadie me ha avisado.

Lo necesito para ayer.

Oye, te llamo luego, ¿vale?

Luego te llamo, chao.

¿Javier?

¡Javier! ¡Javi!

¡Javier! ¡Eh!

Javi, Javi, tío, Javi, eh, eh, eh.

Venga, arriba, arriba.

Ah...

¿Estás bien?

Creo que sí.

¿Qué ha pasado? Ah...

Un tipo me ha atacado, me ha pateado el estómago.

Yo creo que era un matón a sueldo.

No sé es a sueldo de quién. ¿Quién ha podido hacer una cosa así?

Vale, déjame llamar a una ambulancia.

Nos vamos al médico. No, llama a un taxi.

¡Javier, por favor! Un taxi, para no llamar la atención.

Vale, espérate. ¿Puedes incorporarte?

A ver. Venga. Arriba.

Vamos... Vamos. (SE QUEJA)

¿Puedes moverte?

Mejor te espero aquí, ¿vale? Vale, tranquilo tranquilo.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Por qué me regalas un refresco?

No es tu cumpleaños.

-Pues...

Porque tenía que pedirte perdón.

-¿Por qué?

-Pues porque tenías razón, otra vez.

Porque mi madre estaba engañando a mi padre con otra persona.

-Te lo dije.

¿Era Elías?

-Pues no, justamente en ese punto te equivocaste.

No, no era Elías.

Doménico.

Hay que ser muy miserable para hacerle eso a un amigo.

-Ya te dije que se suele cometer la infidelidad con alguien cercano.

Y Doménico era muy cercano a tus padres, claro.

-Pues sí, demasiado cercano.

Es que... ¿Qué estaba pensando mi madre?

No entiendo en qué estaba pensando mi madre, macho.

-¿Por qué estás enfadado con tu madre?

Engañó a tu padre, no a ti.

-¿Cómo que no?

A mí me ha manipulado, David.

-Los neurotípicos utilizáis la mentira para proteger a los demás,

para no hacerles daño.

Me lo dijo mi madre.

Aunque me parece contradictorio, tiene sentido.

A veces, las mentiras son un acto de amor.

Tu madre te mintió porque te quiere y quería protegerte.

-David, te voy a decir una cosa.

Si quieres que seamos amigos, no defiendas a mi madre.

-Solo quiero ayudarte.

¿No te ayudo?

-No, David, no es eso.

Es que mi madre metió la pata hasta el fondo.

Si tú no quieres a mi padre, pues le dejas, te divorcias de él.

Perfecto.

Pero no le engañas con su mejor amigo, tío.

-Eso lo entiendo. Los amigos son importantes.

-Mucho.

Por eso está tan feo.

¿Dónde cree que va ese miserable?

¿Tú adónde te crees que vas? -Andrea.

Vengo a recoger mis cosas.

-Tendrás que venir cuando esté mi padre.

Lo siento, Doménico, no te puedo dejar pasar.

No eres alguien de fiar.

-No vengo a la pizzería.

Tu padre me las ha dejado en el despacho del gerente.

Siento mucho lo que ha pasado, de verdad.

-¡Eres un mierda, Doménico!

Lo sabías, ¿no?

¡Eres un mierda, tío!

¿Qué clase de persona traiciona así a su mejor amigo?

Una basura de persona, que es lo que eres.

-Andrea, por favor, no seas así.

-¿Qué vas a hacer? ¿Me vas a pegar?

Vas a llamar a tus amiguitos de la Camorra

para que vengan a pegarme, ¿no?

-Andrea.

(DAVID) Andrea.

Andrea, Andrea.

Andrea, Andrea.

-David. -Andrea.

Andrea. -Tranquilo, amigo.

-Andrea. Andrea. -¿Qué te pasa?

-Andrea. Andrea. -Vale, vale.

Bebe, bebe. -Andrea.

-Despacio.

Así, tranquilízate.

No pasa nada.

¿Estás mejor? ¿Sí?

"Dai".

-Doménico.

-¿Qué?

-Andrea dijo que no entres en la pizzería.

-Ya.

-Y gracias por el agua.

Pero eso no quita que sigas siendo un mentiroso y una mala persona.

-David, eso no es asunto tuyo.

Lo dices por tu amigo, ¿verdad? -Sí, lo digo por mi amigo.

Le has hecho daño y no me gusta que dañen a mis amigos.

-Ya.

-No quiero que vuelvas a acercarte a Andrea ni a Paolo.

-Ya. Me voy.

-Has estado muy bien, muchísimas gracias por ayudarme.

-Para eso están los amigos.

Mi madre quiere que vuelva al puesto.

¿Puedo llevarme eso?

-Sí, claro. ¿Quieres que te lo rellene?

(Puerta)

(Televisión)

(ROSA) Uf.

¡Hola! -Hola.

-Lo siento, le he dicho a Paolo que íbamos a comer juntos, pero...

-Nada, no pasa nada.

Seguro que se encontraba muy mal

y te necesitaba, ¿no? -No.

Ha tenido que salir, no quería dejar solo a Andrea.

-Ya.

¿Y para qué querías comiéramos juntos?

¿Tienes algo que decirme?

-No, nada en particular.

Simplemente quería que pasáramos un momento juntos.

-Sí.

Por la conversación que tuvimos, ¿no?

Es que yo no sé si la mejor forma de salvar una relación

es poner parches.

-(SUSPIRA) Nacho, por favor...

-Perdona, cariño.

No me quiero poner dramático.

Pero me preocupa ver que nos estamos distanciando.

-A mí también me preocupa, y mucho.

Pero no sé qué hacer para arreglarlo.

-A lo mejor no pasamos bastante tiempo juntos.

Podría ser, ¿no?

-No sé, sí, puede ser, a lo mejor tienes razón.

-No te lo digo para que te sientas mal,

pero es imposible tener una relación de pareja normal

trabajando cara al público.

Ya no es solo el horario.

Estás preocupada por tu jefe hasta cuando no trabajas.

¿Sabes cómo me hace sentir?

-Sí, sé cómo te sientes.

Pero entiéndeme tú a mí también.

Paolo está pasando por un mal momento y es mi amigo.

-Ya.

¿Estás segura de que él piensa que sois solo amigos?

-Claro que sí, Nacho. -Mmm.

Yo no estoy tan seguro.

A veces me parece que él aspira a algo más.

(ROSA SUSPIRA)

Muchas gracias, tío. -A ti. Que las disfrutes.

-¡Jorge! Jorge, tío, ¿dónde estabas?

Te he recogido esto.

El repartidor se largaba porque no te encontraba.

(RESOPLA) Gracias, te debo una.

De nada, hombre. ¿Va todo bien?

No quiero ser indiscreto, pero tienes una cara...

Vengo del hospital, de dejar a Javier.

Un tipo se ha liado a patadas con él aquí mismo.

¿Que... que le han zurrado aquí? ¿Quién?

Solo sé lo que te acabo de contar.

¿Pero él está bien? Sí, sí.

El médico dice que no es grave,

pero los golpes fueron muy violentos.

Lo han dejado en observación por si tuviera un derrame interno.

¿En qué hospital está? Me voy a verle.

No te van a dejar pasar. Está en observación.

Es que no sé... (RESOPLA)

A lo mejor no debería de haber cogido ese trabajo en la pizzería.

-¿Estás pensando en dejarlo? ¿Harías eso por mí?

Sé que no lo tienes claro,

pero, no sé, no te pido que tomes una decisión ahora,

pero me alegra que te lo plantees.

Tienes claras tus prioridades, y eso ya es algo.

-Ya... -Mira, piénsatelo con calma.

Pero yo también pienso que sería lo mejor para nosotros.

Para nuestra relación, quiero decir.

Pero no me atreví a pedírtelo.

Quiero que seas tú quien tome la decisión, ¿eh?

¿Qué te parece si hacemos algo esta noche?

¿Eh? Y vemos el alumbrado navideño. La ciudad está preciosa.

Y nos desquitamos del fracaso de la ópera y del cine, ¿mmm?

Y así celebramos que vamos a volver a ser una pareja normal,

con una vida normal.

Si al final dejas el trabajo con Paolo, claro.

-Mira, amor, me encantaría salir esta noche contigo,

pero es que no sé si me voy a poder escapar del trabajo.

-Ya. El trabajo es lo primero, ¿no?

Tú siempre has sido muy cumplidora.

He estado un rato ahí.

No se podía hacer mucho más y me he venido para acá.

Vale, vale. Bueno, me avisas si hay novedades.

Sí, claro.

¿Sabes qué?

El matón le ha dicho que se largara del Mercado cuanto antes.

¿Y quién quiere que se largue desde el primer minuto que llegó?

¿Quién?

El mismo que quiere que esto se venga abajo.

¿Te ha dicho si va a denunciar?

No, no, creo que no.

Ha sido todo muy rápido, casi no lo ha visto.

Me voy para adentro, que tengo lío. Gracias.

De nada.

Hola, Jorge.

¿Tú no tenías que estar en el cole?

Hoy hay clases de recuperación, no tengo que ir.

Ah, mira qué bien.

Y mi madre me ha pedido que me quede en el puesto.

Mmm.

¿Te apetece ayudarme con los vinos y vigilamos el puesto de tu madre?

Vale. Dale.

¿Por qué estás tan serio?

¿Serio?

Serio o triste, no sé, a veces me cuesta distinguirlo.

(SUSPIRA)

Bueno, te has dado cuenta de que no estoy bien.

Verás, le he hecho daño sin querer a alguien que me importa mucho y...

Y me siento fatal, por eso estoy triste.

Yo también estoy triste, por Andrea.

Porque sus padres se van a separar.

Soy su amigo, tengo que estar triste.

Eres un buen amigo.

Andrea tiene suerte de tenerte.

Y tú estás triste por Lorena, ¿no?

Qué buen ojo tienes, chaval.

(NACHO) Hola. -Pero, bueno, ¿qué haces tú aquí?

-Tengo una cita en una agencia y me he dejado las llaves en casa.

-Ah. -¿Me las prestas?

Vuelvo enseguida, no tengo previsto salir después.

-Eh... Sí, claro, pero tengo el bolso en la cocina.

-Oye, al final, ¿a qué hora sales hoy?

-Aún no lo sé, Nacho.

-Por ir buscando un buen restaurante. -Es que no lo sé.

Porque Paolo todavía no ha llegado.

Voy a por las llaves, ¿vale?

-Hola, ¿qué tal la escuela?

-¿Por qué me lo preguntas?

-Bueno, soy tu padre, me interesa tu educación.

-Pues tengo una buena noticia para ti.

Luis ya no es mi profesor.

Le han invitado a irse.

O eso es lo que nos han dicho.

-No creo que sea una gran pérdida.

Y, además, parecía un tipo bastante mediocre.

Como profesor, quiero decir, ¿no?

-Te equivocas en eso también.

Como en tantas cosas.

-Si tú lo dices, hija.

Yo le dije a Lorena que estabas en casa con mi madre.

¿Estás enfadado conmigo?

No, claro que no, no has hecho nada malo, David.

Pero yo te llamé para decirte que mi madre estaba mal.

Estaba muy preocupado.

Ya, verás, David, tú no has hecho nada malo.

Has hecho lo que debías.

Era yo el que quedó con Lorena y se me olvidó, yo fallé.

Soy el único responsable, ¿de acuerdo?

Me gusta cuando vienes a casa.

Me lo paso bien cuando estamos juntos.

Como el otro día, cuando cenamos los tres.

A mí también me gustó mucho.

Me lo pasé muy bien,

pero, por el momento, no se va a repetir.

Estoy intentando recuperar a Lorena y no lo estoy haciendo muy bien.

No es bueno que... que no la atienda como se merece.

Lo entiendes, ¿no?

Es muy importante atender a los amigos.

Por eso quiero ayudar a Andrea, porque es mi amigo.

Eres buen amigo. Hay que proteger a los amigos.

Como a Lorena.

Como a Lorena.

No sé lo que ha pasado, porque no me coge el teléfono.

Pero seguro que has tenido algo que ver.

-Me sobrevaloras, hija, yo no soy tan influyente.

Ni para hacer que despidan a un mediocre.

-Te tengo tan calado, papá.

Le has amenazado muchas veces y has conseguido que le despidan.

A saber lo que has dicho de él.

Pero, si te crees que con esto vas a separarnos, te equivocas, ¿eh?

Es que vaya padre de mierda que estás hecho.

Si es que lo único que te hace feliz es ver a los demás infelices.

Sobre todo, si es tu hija, ¿no?

-Solo intento protegerte.

A eso nos dedicamos los padres, aunque te cueste creerlo.

-En el fondo me das pena.

Tu vida tiene que ser muy triste

para dedicarle tanto tiempo y energía a hacer daño a los que te rodean.

Pero conmigo no vas a poder.

(ROSA) Pero, bueno, Noa.

¿Esto qué es, una fiesta sorpresa?

¿Y esas caras? ¿Qué ha pasado?

-Lo de siempre.

Pregúntaselo al psicópata de tu marido.

-(SUSPIRA) ¿Me vas a contar qué ha pasado?

-Ya conoces a tu hija.

Su profesor ha tenido problemas en la escuela

y cree que yo he tenido algo que ver.

Como si yo pudiese hacer y deshacer las cosas a mi antojo.

¿Mmm?

¿Las llaves?

-Ah, sí. Toma. -Gracias. Te veo luego, amor.

(Televisión)

(Puerta)

¡Papá!

¡Papá! Despierta.

¿Qué pasa, coño?

¿Se ha muerto alguien o qué?

Aún no, pero no porque no lo estén intentando.

¿Eh? ¿Qué ha pasado? Le han metido una paliza a Javier,

al gerente del Mercado.

Supongo que es cosa tuya.

No, no, no.

No es cosa mía. ¿Por quién me tomas? (RÍE)

¿Por alguien que resuelve problemas a base de palizas por encargo?

Que fui una de tus víctimas, no sé si te acuerdas de eso.

Sí, sí, pero, bueno, eso ya...

Eso ya te pedí perdón, hijo.

Con esto no tengo nada que ver. No.

Esto ha sido una cagada mucho más gorda.

¡Que Javier está en el hospital!

Pues no lo sé, hijo, supongo...

Esto habrá sido Hortuño, digo yo.

Él...

Cuando Javier salió de lo del juicio,

que no lo culparon,

dijo Hortuño que lo iba a resolver a su manera.

¿Eh? Así que supongo que... que habrá sido él.

Que no me crees, ¿no?

Hombre, pues no inspiras mucha confianza, precisamente.

¿Qué quieres? Pruebas, ¿no?

Ay... ay...

(HORTUÑO) "Ya era hora, todo el día sin cogerme el móvil, ¿por qué?"

Sí, perdona, he estado todo el día reunido con gente. Oye.

Supongo que te habrás enterado

de la paliza a Javier, que está en el hospital.

"Allí tendrá tiempo para meditar y decidir qué le conviene".

"Salvar el Mercado no puede ser su objetivo".

"El mensaje le ha quedado muy claro".

Te dejo, que tengo gente, ¿eh?

Gracias.

¿Me crees ahora o qué?

Quizá no has encargado la paliza,

pero no la has impedido. Chist, chist.

¿Cómo quieres que lo haga?

¿Crees que Hortuño me consulta lo que va a hacer?

Además, ¿a ti qué te importa?

Ni que Javier fuera de tu familia.

Pero que todo tiene un límite, papá, ¡todo tiene un límite!

¡Una cosa es engañar y boicotear a la gente del Mercado

y otra es arreglar los problemas a base de palizas!

Ay... Oye.

No estoy yo como para que tú me grites, ¿eh?

Sabías que esto era el mundo de los negocios.

Que no todo es irte de fiesta a Ibiza y de marcha y eso.

¡Y una mierda!

¡Y una mierda!

Yo no voy a ser un mafioso como tú.

No soy como tú, no soy como Hortuño.

Si tú quieres revolcarte en la basura, oye, allá tú,

pero a mí no me arrastres contigo.

Le has hundido la vida a mamá,

pero a mí no me vas a hundir la vida ni de coña.

(Portazo)

(Puerta)

Estás aquí.

Te estoy llamando. ¿Por qué te has ido de la comida?

¿Estás bien?

-Perdón, es que he puesto el móvil en silencio.

Mi madre, que no para de llamarme y me tiene de los nervios.

-Catorce llamadas perdidas.

-Samu, ¿estás...? ¡Ay, Carla! ¿Estás bien?

Nos hemos quedado un poco preocupados,

has salido corriendo así,

tan de repente. -Perdona.

Me he puesto muy nerviosa cuando vi a mi madre llegar.

-Ya.

Bueno, si tienes problemas con tu madre,

igual yo te puedo ayudar, que soy una especialista.

-Mira, mama. -¿Qué?

-Catorce llamadas perdidas.

¿Te parece normal? Esta mujer no está bien de la cabeza.

-No digas eso, que es su madre, Samu.

Y yo, como madre, la comprendo. Ha salido corriendo nada más verla.

-Sí, no he hecho bien.

-¿No os lleváis bien o qué?

-No, no es eso, no es eso, simplemente que...

Yo estaba ahí, feliz,

brindando por la Navidad con vosotros,

y de pronto estaba tan feliz

que me he olvidado de la mierda de navidades de estos últimos años

sin Laura, con Martina en el centro de menores,

con mi madre ingresada

y yo cenando sola en la furgoneta, pues...

Estas fechas son muy complicadas para mí.

Y, cuando ha llegado mi madre,

pues ha sido como si todo ese dolor volviera.

(Móvil)

-Tu madre otra vez. ¿Contesto yo?

Bloquéalo para que no te entren más llamadas.

-No hagas eso, que es tu madre.

Por muy mal que se haya portado, a una madre se le perdona todo, ¿no?

Anda.

¿Me ayudas? Te necesito para unas facturas.

-¿Ahora, mama?

-Para una vez que te pido algo. -"Una vez", dice.

-Una vez.

-Me voy, ¿vale? Estate bien.

(CARLA RESOPLA)

(SUSPIRA)

¿Mamá?

¿Así solucionas tus problemas?

¿Qué haces aquí?

He venido a recoger unas cosas.

Pensaba que estabas en el despacho.

Pero, si sé que estás aquí, no vengo.

¿Por qué? ¿Tan insoportable te resulta verme?

El que calla otorga.

No te preocupes, que supongo que tampoco estamos

en situación de mantener una conversación como adultos.

Querrás decir entre un adulto y un borracho, ¿no?

No, no estás en condiciones de hablar de nada.

Apestas a tabaco,

a vino barato... No.

De eso nada, barato no.

Yo soy un borracho, pero con clase.

Ya, ya veo.

Germán me dijo que no has dormido aquí.

Y has llegado como una cuba.

Como una cuba, rodando.

Y sigue la fiesta.

Mmm. Tú a lo mejor piensas que...

paso toda la noche por ahí, de fiesta, con mujeres.

¿Mmm? ¿Mmm?

No. Ah.

No, porque dedico toda mi energía a beber.

¿Y sabes por qué?

Porque la vida duele menos borracho. Deberías probarlo.

No, yo no necesito beber, Elías,

porque no quiero olvidarme de nada.

Tú te has buscado esto.

Tú te cargaste nuestro matrimonio a base de mentiras.

La víctima soy yo, no te confundas.

¿Y cuánto tiempo va a durar este castigo?

Porque parece que disfrutas viéndome hecho una ruina.

Pues te equivocas.

Me da una pena inmensa.

Y no te estoy castigando,

simplemente intento seguir con mi vida.

Adela la autosuficiente.

Ah, ¿sí?

¿Te crees que no he tenido la tentación

de tumbarme en un sofá y beber hasta reventar?

¿Qué coño te crees? Venga.

Vamos.

Vamos a hacerlo juntos. ¡No!

¡Toma! ¡No!

Porque yo no me rindo.

Voy seguir con mi vida

¡cueste lo que cueste! Claro.

Para ti es muy fácil seguir adelante.

Te regalan una floristería. ¡Huy, recobramos las fuerzas!

Te ha costado esto echarme en cara lo de la floristería.

No está mal, no está mal.

Se te olvida que yo también la he pagado.

Lo siento. Ya.

Lo siento mucho, no... De verdad, no quería decir eso.

Ya.

Pero lo has hecho.

No sé cómo he podido estar casada con alguien tan miserable.

Y ojalá nos hubiéramos separado antes.

Puestos a pedir,

ojalá no te hubieras casado conmigo, ¿no?

Eso te haría mucho más feliz.

Duerme la mona.

(Puerta)

Va por ti.

(SUSPIRA)

Hola, Rosa.

-¡Hombre!

Paolo, ¿qué tal estás?

Te echaba de menos, ¿eh?

-Perdona el retraso.

He ido a ver a un abogado que me ha presentado un amigo.

-¿Y qué tal?

-Bueno, bien, si así se puede decir.

Quería informarme

sobre unos asuntos legales relacionados con Cristina.

Por lo que pueda pasar.

Es que, Rosa,

la separación es muy difícil.

Que ya emocionalmente es muy duro,

pero, además, tienes que añadir todas esas cuestiones prácticas

de la casa, el dinero...

Es asqueroso.

Mira, amiga mía,

la verdad, cuida tu matrimonio.

Ojalá no tuvieras que pasar por esto.

-Oye, Paolo, quería decirte que estoy pensando dejar...

-Es que, además, todo esto, que yo... Siento...

Que yo pienso de haberlo hecho bien.

Pero...

Es que me siento un imbécil, Rosa.

Mira. -Bueno.

-Es que, si no estuvierais tú y Andrea,

yo no podría sobrevivir a todo esto.

-Bueno, no digas tonterías.

Es normal que estés así.

Ha sido un golpe muy duro, pero ya está, dale tiempo.

Verás como las cosas las vas a ver de otra manera.

-Pero es que yo te estoy muy agradecido, Rosa,

porque tu presencia ha sido fundamental.

No digo solo aquí en la pizzería, sino por tu apoyo y todo lo demás.

-Ya. -Es que contigo me puedo desahogar.

Tú no me juzgas.

(SUSPIRA)

-Bueno, no te juzgo cuando no estás.

-Lo digo en serio, ¿eh?

Eres una verdadera amiga.

Bueno y, además,

yo os estoy muy agradecido a ti y a Nacho

por lo de anoche.

Es que la ópera, no sé, me ha sacado de mis pensamientos.

Y, por unas horas, no sé, me he dado cuenta

de que la vida está llena de cosas bellas,

que vale la pena vivir. -Claro que sí.

-"Grazie", Rosa.

Me estabas diciendo algo, ¿no?

Es que me gusta hablar...

¿Qué era? -Nada, nada.

Oye, por cierto.

Eh... ¿A ti te importaría

si salgo esta noche antes? -No.

Por supuesto.

-Es que me gustaría compensar a Nacho por lo de la ópera.

-Claro que sí.

Mira, vete ahora mismo.

-No. -Que sí, que sí.

Que yo puedo hacer solo. -Que no.

Que no hace falta. Perdonad, chicos.

Eh... ¿Sería abusar mucho de vuestro cariño

si me preparáis un "ristretto"?

-Pasa, va.

-Yo lo preparo.

En realidad, venía por otra cosa.

¿Tú dónde compras la sambuca? Ah...

Ha venido un cliente y no la vendo,

pero comí una aquí que era espectacular.

Mi sambuca, ¿eh?

Es que me la traen directamente de Roma, un amigo.

Es que, mira, creo que tengo su... su número.

Está en la cocina. Voy a por ello. "Grazie mille, bello".

(SUSPIRA)

¿Cómo va nuestro amigo?

Sobreviviendo, ya sabes cómo es esto.

Ya. Ya.

Y encima es un sentimental.

Bueno.

(Móvil)

Perdona un segundo.

Celia.

Sí, dime.

Claro, podemos.

¿Esta noche?

¿Vas a hacer inventario por la noche?

No, no, no, ningún problema.

¿Y de qué quieres que hablemos?

¿Celia?

¿Qué tal estás?

Yo también estoy bien, gracias.

Mira, solo quería darte esto.

-Este dinero es tuyo.

No lo quiero, quédatelo.

-Yo tampoco.

Ya sé que no me crees.

Mira, Jesús, sé que te he hecho mucho daño

y que no quieres saber nada de mí.

Pero quiero que una cosa te queda clara.

Yo te sigo queriendo.

Así que no voy a aceptar ni esto, ni la casa, ni el dinero.

Porque no sería digno por mi parte.

-Fue un regalo.

Y los regalos no se devuelven.

Si no lo quieres, dónalo a una ONG o quémalo en la hoguera.

O haz lo que te dé la gana, no es mi problema.

-Eres casi tan cabezota como yo, ¿eh?

Mira, yo te lo voy a devolver de una manera o de otra.

Si no aceptas el cheque, te voy a hacer una transferencia,

aunque me frían a comisiones.

Cógelo.

Nos olvidamos de todo esto, por favor te lo pido, Jesús.

No voy a aceptar un regalo de alguien que me odia.

Gracias.

-Te estás equivocando, Jesús.

Solo te estás castigando a ti mismo. -A ver, Nicolás.

¿A ti no te han enseñado de niño

que es muy feo escuchar conversaciones ajenas?

-Está claro que Valeria y tú todavía os queréis.

Puede que ella no lo haya hecho todo bien,

pero te aseguro que está muy arrepentida.

Hazme un favor, hombre,

no dejes que tu orgullo y tus miedos te hagan perder a una mujer

que vale la pena, no hay muchas como ella.

¡Hombre, por fin! ¿Dónde estabas?

Llevo llamándote toda la tarde para preguntarte una cosa

y no había manera.

-Pregúntamelo ahora.

-Pues, perdóname, pero ahora no puedo, Javier.

Si eso después.

Tengo cita con la asociación de vecinos.

Por la basura, tienen un mosqueo... -Muy bien.

Lo siento, Samuel, he tenido un asunto familiar que atender,

no podía aplazarlo, ¿vale?

Me llevaré todo el trabajo a casa y así podré recuperarlo.

Tú si quieres te puedes ir ya y...

Y mañana hablamos.

-Vale. Pero ¿va todo bien? -Sí, sí.

-¿Necesitas que me quede? -Todo bien, gracias, de verdad.

Ah, pasa por la reunión esa. -Sí.

-Y, si quieres, mira, dile Carla y os podéis ir los dos.

-Venga. Pues nada.

-¿Cierro?

-Sí, cierra, por favor.

Y coge una silla, que contigo quiero hablar.

-(SUSPIRA) ¿Qué tal?

Jorge me lo ha contado todo. ¿Qué te han dicho?

-¿Cómo puedes ser tan hipócrita?

-¿Yo? ¿Por qué?

No, no vas a pensar que...

-Sí, creo que eres el que está detrás de la paliza.

Primero me besas,

luego intentas ligar conmigo con una aplicación.

Todo para conseguir tu plan:

llevarme al muelle para que tu matón hiciese su trabajo.

-No, no, para nada.

Pero ¿cómo puedes pensar que soy tan retorcido?

Que lo del beso fue de verdad.

Y lo que te dije por la aplicación.

-Mentira. De tal palo, tal astilla.

Los dos queréis tenerme fuera de este mercado

porque quieres conseguir mi puesto.

Pues felicidades.

Y díselo también a tu padre, casi lo conseguís.

-Que yo no tengo nada que ver con esto.

Ni siquiera lo sabía.

-¿Y cómo puedo creerte?

Forzaste mi cajón y le contaste a tu padre lo de mi juicio.

Eres capaz de todo. -¡No fui yo, fue Hortuño!

Un constructor que quiere...

-¿Qué pinta Hortuño en todo esto? ¿Y de qué lo conoces?

-Quiere hacerse con el Mercado.

Hizo una oferta para comprarlo y los comerciantes no la aceptaron.

Y, a partir de ahí,

pues empezó una guerra de acoso y derribo contra nosotras y...

Y seguro que es él el que está detrás de esto.

Pero, bueno, si tú quieres pensar

que yo soy de esos que van por ahí encargando palizas, pues...

Pues allá tú.

Siento mucho lo que te ha pasado.

Noa.

-¿Por qué no me coges el teléfono? Te he mandado mil mensajes.

-Lo siento, ¿vale?

Necesitaba tiempo para pensar y poner las cosas en su sitio.

-¿Me vas a contar qué ha pasado?

-El director de la escuela me ha llamado a su despacho.

Por lo visto, se han anulado algunas matrículas.

Le han llegado quejas de dos alumnas y de los padres de otro alumno.

Toda la escuela sabe que estamos saliendo.

Así que imagínate el espectáculo.

Algunos dicen que seguro que no eres la primera alumna a la que seduzco.

-¿Perdón?

Yo flipo con la gente. -Pero tienen razón, ¿no?

Estoy saliendo con una alumna.

-Sí, pero con una alumna mayor de edad.

-He presentado mi dimisión.

Es la única forma de acabar con esto.

-¿Qué? Pero ¿por qué has hecho eso?

Esto es cosa de mi padre.

-Pues seguro que es cosa de tu padre, sí.

Al final ha conseguido lo que estaba proponiéndose.

Le ha sido fácil acabar con mi reputación.

-Lo siento, Luis.

Pero tú no has hecho nada malo, no quiero que te sientas culpable.

Y no tendrías que haber dimitido, si te vas, les das la razón.

Lo que dicen no es verdad.

Que tú hayas estado con... -Eh.

He decidido volver a Nueva York.

¿Sabes? Es que necesito alejarme de todo esto.

He hablado con la revista con la que solía colaborar y, bueno,

me han ofrecido un reportaje allí.

Voy a pasar un tiempo fuera.

Y así aprovecho para estar más tiempo con mi hija y...

Y, luego, pues no sé, quizá vuelva, quizá no.

No lo sé.

-Ya.

¿Y no deberías haber hablado conmigo antes de tomar una decisión así?

-Es una decisión que tenía que tomar yo solo.

-Ya.

-Bueno, si quieres, podemos tomar algo y lo hablamos y...

Sé que es difícil de entender,

pero si me escuchas... -No puedo.

He quedado con Lorena, ella no quiere estar en su casa,

las cosas con mi tío no van bien, y yo tampoco estoy bien con mi padre.

-Podemos quedar luego, si quieres.

-Pues no me apetece, la verdad.

-Como quieras.

Te llamo mañana, ¿vale?

-¡Luis!

Al final has dejado que mi padre se salga con la suya.

No te entiendo.

Y todo ese rollo del reportaje en la India

y lo culpable que te sentiste, ¿qué?

Ahora ya se te ha olvidado, ¿no?

(Puerta)

(Puerta)

¿Qué te crees que estás haciendo?

¿Sabes que todo se ve distinto a través de la botella?

Ahí estoy, celebrando el título de marido del año.

También estás haciendo méritos para el título de mejor hijo.

Coño, ¡el doblete! Habrá que celebrarlo, ¿no?

Trae.

¿No te basta con llegar borracho, tienes que beber aquí también?

¿Voy a tener que pedir permiso para beber en mi casa?

¿Sabes cuántas botellas había en la basura?

Estoy yo como para adivinanzas.

Esto se está saliendo de padre, Elías.

Sé que estás sufriendo mucho por Adela,

pero beber no te va a solucionar nada.

Pues sobrio tampoco resuelvo mucho, ¿eh?

Mi mujer me odia.

Germán me odia.

No está siendo un año bueno, precisamente.

Dame la botella, carajo. No.

No vas a beber más.

Hace unos días me sacaste del pozo con lo de Valeria y Genaro.

Y ahora me toca a mí salvarte el culo.

Así que no, no te voy a dar la botella.

Papá.

Para mí ya es demasiado tarde.

Lo siento.

Lo siento, cariño.

Iba a salir antes,

pero a última hora hemos tenido un montón de jaleo.

-Como siempre.

-Bueno, es un trabajo, cielo.

Y, por muy amiga que sea del jefe, no puedo dejarlo colgado así.

Tú también eres muy responsable con tu trabajo, ¿no?

Así que lo entenderás.

-Lo único bueno de ese trabajo es que lo vas a dejar.

¿No?

-Eh...

De momento, no.

No puedo dejar así a Paolo.

Tiene el ánimo por los suelos, Nacho.

No puede contar con Doménico, Andrea está hecho polvo.

Yo creo que tengo que darles un poco más de tiempo.

-Puedes darle todo el tiempo que quieras.

(ROSA SUSPIRA)

-No pensé que tendría que llegar a este extremo,

pero no me has dejado otra opción.

Vas a tener que elegir.

O Paolo o yo.

-No me puedo creer, de verdad,

que sigas pensando que hay algo entre Paolo y yo.

¿O lo dices simplemente para...?

-¿Para qué, para qué lo digo?

¿A ver, qué estás insinuando? Dime, dime.

-Pues que no siempre tienes razón.

Y que, a veces, malinterpretas las cosas.

Y me haces mucho daño con eso.

-¿De qué hablas?

-A veces parece que...

que te empeñas en separarme de la gente que aprecio.

Ahora es Paolo, antes era Lorena.

Cuando ya por fin habíamos conseguido tener una relación buena,

no sé, no sé cómo lo hiciste,

te las agenciaste para que nos volviéramos a pelear.

Y ahora está pasando lo mismo con Noa.

Es que no has parado, Nacho, hasta separarla de Luis.

-¿Pero qué estás diciendo?

-Que no siempre tienes razón.

Y que tú también te equivocas, como yo me equivoqué con Antonio.

-¿Qué pasa ahora con Antonio?

(ROSA SUSPIRA)

Verás, Antonio me dijo que él le había tirado los tejos a Lorena.

Y no al contrario.

-¿Y qué tiene que ver eso? -Pues que...

Escúchame. A lo mejor, solamente a lo mejor,

a ti te pasó algo parecido, ¿no?

No digo que no pasara, pero...

¿Y si tú viviste las cosas de una manera que... que no era real?

Escúchame.

¿Y si Lorena no se te echó encima después de la boda?

Al fin y al cabo, siempre le echamos la culpa a ella, ¿no?

-¿Estás dudando de mí?

¿Tú crees que yo me inventaría una cosa así?

-No, no, no. Yo no estoy diciendo eso.

No.

Lo único que...

Después de la conversación con Antonio,

he estado pensando mucho y...

Pero no sé.

No sé.

A lo mejor es una tontería.

Yo lo único que quiero que sepas

es que entre Paolo y yo no pasa nada, Nacho, nada.

Créeme.

-Mira, yo no soy Antonio, ¿eh?

No me lleva veinte años disculparme si me equivoco.

A lo mejor tienes razón.

Y alguien tiene que pedir perdón por lo de esta noche.

¿Sabes una cosa?

No soy yo.

¿Es todo? -No, quedan tres más.

Así que lo más rápido que puedas, por favor.

-Papá.

Antes ha venido Doménico a recoger sus cosas.

Pero David y yo le hemos echado.

-Andrea... -Papá.

Ya sé que... que mamá te engañaba con él.

Es un cerdo, papá, eso no se le hace a un amigo.

Y...

Bueno, que... que estoy aquí para lo que necesites.

-"Grazie".

-Andrea, ¿podemos hablar un momento, hijo?

-No puedo, tengo reparto.

-Paolo.

No soporto verlo tan enfadado conmigo.

¿Me ayudas a convencerle de que se venga a Nápoles?

-¿Pero tú...?

¿De verdad crees que yo te voy a ayudar a llevarte a mi hijo?

-Sabemos que es lo mejor para Andrea.

-Cristina, búscate un buen abogado,

porque yo voy a luchar hasta el final por la custodia de mi hijo.

Además, él también tendrá algo que decir.

¿O no?

-Tenemos que pensar qué es lo mejor para él.

-¿Lo mejor para él? Claro.

Porque tú en esto pensabas, ¿no?, mientras te tirabas a mi mejor amigo.

-¿Cómo me haces esto así, Paolo?

Si tú no eres así.

-Yo ya no sé quién soy, Cristina.

Y eso gracias a ti.

¿Qué hacen esos obreros aquí a estas horas?

Están arreglando la cubierta.

Trabajan por la noche

para que podamos trabajar por el día.

Supongo que es la hora de cenar.

Yo también tengo hambre.

Ay, cariño, perdona.

Es verdad.

Toma.

Vete donde Paolo y te coges la pizza que quieras.

¿Pero tú no vienes conmigo?

No, he quedado con Jorge.

Tengo que darle una cosa y hablar con él.

Cuando termine, voy.

Yo también puedo esperar, quiero verle también.

Le ves mañana, ¿sí?

Tengo que hablar de cosas privadas con él.

¿Por qué es todo tan secreto?

No es que sea secreto, cariño, es que...

Son nuestras cosas. Venga, tira.

Venga.

"Hola, Celia, soy Jorge".

"Que no voy a poder ir a la cita, me ha surgido un compromiso".

"Si te parece, nos vemos mañana, en el puesto, ¿vale?"

(Ruidos)

Mmm... ¿Qué haces aquí a estas horas?

Beber.

Es lo único que me hace sentir bien.

O medio bien.

No.

Es lo único que me hace dejar de sentir.

Elías... Sí, uh... uh...

(CHASQUEA LA LENGUA) Para, para.

Te vas a poner a echarme la bronca y eso.

Ahórratelo, sé lo que me vas a decir.

Y este es mi bar y yo aquí hago lo que me da la gana,

que para eso soy el rey.

Hago lo que me da la gana.

Me voy a beber el "whisky" de la tarta de "whisky".

(Ruidos)

No lleva "whisky", ¿no?

¿Sabes qué? Me vas a poner una copa también.

No me va a venir mal.

Mmm.

¿Estás bien, Paolo?

-Ay, David.

Sí, sí, gracias.

Eh... Si buscas a Andrea, ha ido a hacer un reparto de pizzas.

Eh... David.

Andrea me ha dicho lo de Doménico.

Gracias por enfrentarte a él y defenderme.

Has sido muy valiente.

-¿Me haces una pizza? Tengo hambre.

-Ah, claro, claro, sí.

Eh... Mira.

Esta es un regalo de la casa.

Y, mientras tanto, elige la que quieras.

Ya me dices, ¿eh?, cuando te decides.

-Hola, Paolo. -Hola.

-¿Me pones un trozo de pizza? -Claro. Ahora mismo.

-Hola, David.

¿Qué haces aquí solo? ¿No está tu madre?

-Está en el Mercado, ha quedado con Jorge.

Quién me lo iba a decir, ¿eh?

Tú y yo a solas, tomando copas en un bar juntos.

¿Tan mal estás?

Creo que tú estás peor que yo. Ajá.

Además, no me apetece habar de mí.

Estoy aquí porque parece que necesitas compañía.

Pues por la gente compasiva.

Y por los borrachos.

No me compadezco de ti.

(CARRASPEA)

Un poco, sí, un poquito, sí. No.

Pero suena mejor, es más amable que no me lo digas.

¿Sabes? No me ha gustado nada verte así delante de Jorge.

Culpa suya.

El delicadito.

Le iba a comprar un par de botellas de vino de las mejores.

¿No quería? Allá tú.

No está para perder una venta, el chino siempre está abierto.

Hombre, no es un vino muy "delicatessen",

pero para lo que yo lo quiero...

Eres un tío inteligente, ¿por qué coño haces esto?

Ay.

¿Y tú?

¿Qué te importa lo que yo haga?

Según tu autorizada opinión, soy un cabrón.

No lo dijiste.

Pero lo pensabas, ¿a que sí? Sí, sí, sí.

Y lo reafirmo.

¿Sabes lo que pasa?

Pese a tus errores y a tus vicios, creo que no eres un mal tipo.

O sea, que malo no soy. No.

Pero bueno tampoco. No.

¿Qué soy?

Te voy a dar dos consejos, ¿vale?

Deja de beber y céntrate en lo importante:

recupera a tu mujer.

Oh... Qué pena, oye, con lo bien que ibas.

¿Y ahora qué?

¿Toca el discursito? Ah.

No, no. Yo no estoy aquí para dar lecciones a nadie.

Bastante tengo con no cagarla en mi propia vida.

Te refieres a cuando nos acostamos, ¿verdad?

Te voy a decir una cosa.

Yo me arrepiento cada día, ¿eh?, de haberle hecho daño a Adela.

Te lo juro, te lo juro. Ya.

Pero nunca,

ni por un momento,

me he arrepentido de haberme acostado contigo.

Y eso es lo que hay, es la verdad.

A ver, Elías, no.

No creo que sea lo mejor después del consejo que te he dado.

Ya, pero es que yo no soy mucho de seguir consejos.

Elías, espera, joder.

(Ruido)

¿Qué ha sido eso? ¿Quién anda ahí?

A lo mejor serán los obreros. O alguien del Mercado.

Me voy.

Borracho o sereno, hay una cosa que no cambia.

Te quiero.

Te quiero mucho. ¡Venga!

Ay, buenos días, Belén. Buenos días, Pancho.

Yo solamente te digo esto, creo que es lo mejor para tu hijo.

-Pues díselo a Cristina.

Porque todo esto es su culpa, no mía.

-Escúchame.

Empezarás una guerra si tú quieres,

porque dos no discuten si uno no quiere.

Piénsalo, por favor.

-Yo quiero estar con mi hijo.

-Lo sé Cristina, pero entiende a Paolo.

Le hemos jodido la vida, es normal que no lo ponga fácil, ¿no?

-Mira, Doménico, si...

Si Andrea no sube a ese avión, yo no me voy.

Yo no lo voy a dejar solo.

-Las separaciones son como una epidemia, ¿sabes?

Se contagian.

Y tengo miedo de perder a Rosa.

-No, Nacho, eso no va a pasar, te lo juro.

Y, si yo puedo hacer algo para resolver este malentendido,

por favor, dime.

-Marca distancias con ella.

¿Mmm? Que le quede claro que no te interesa.

Con contundencia.

-No sé si sabrás que soy el gerente del Mercado Central.

(HORTUÑO) "No lo sabía, ni tampoco me importa, la verdad".

-Verás, es que la oferta tiene que ver con el Mercado.

"¿Te parece que nos veamos en la plaza, a las doce?"

-Ahí estaré.

-Me he pasado la vida entera

intentando alejar a Martina de tus crisis.

Y ahora me culpa a mí de alejarla de ti.

-Pero no entendía lo que pasaba, no se lo tengas en cuenta.

-Es que no se lo tengo en cuenta a ella.

Te lo tengo en cuenta a ti, mamá.

Tú se lo consentías

y se lo sigues consintiendo ahora mismo.

¿Por qué no le dices la verdad?

¿Quién nos ha visto cuando te di el beso?

No lo sé, pero tiene que ser alguien de este mercado.

Carla, la chica de la limpieza.

Pues no tengo ni idea, pero a lo mejor.

Como le vaya con el cuento a Adela...

Oh, Dios.

Tenemos que descubrir quién ha sido y hablar para que no diga nada.

Pues ya me dirás cómo.

Con mano izquierda, Elías, con mucha mano izquierda, joder.

Seguramente, esta será la última reunión de familia que tengamos.

-Siempre seremos una familia.

(ANDREA) ¿Con Doménico?

No, por favor.

-Andrea tiene razón.

Las cosas nunca volverán a ser como antes.

Mercado Central - Capítulo 64

23 dic 2019

Elías demuestra a Germán quién estaba realmente detrás de la agresión a Javier.
Celia recupera la chupa de Lorena y queda con Jorge para dársela.
Adela no afloja con Elías. Este, deprimido, se emborracha y acaba yéndose con Celia.
Rosa decide seguir en la pizzería, provocando la crispación de su marido y un inevitable enfrentamiento entre ambos.
Luis pierde el trabajo por culpa de Nacho.
Andrea recibe el apoyo de David en su enfrentamiento con Doménico. Andrea apoya a Paolo que luchará por su custodia.
Carmen remueve la conciencia de Carla y esta llama a su madre.
Jesús no acepta que Valeria le devuelva el dinero.

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