Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 63 - ver ahora
Transcripción completa

¡He sido absuelto de todos los cargos!

-¡Ay, qué bien! ¡Bravo!

Bien. Javier.

-Y no sabe cómo contarte lo nuestro

porque te quiere y porque no te quiere hacer daño.

-Pues dile que no se preocupe tanto por mí.

-Que ya soy mayorcito y sabré encajarlo perfectamente.

Y, cuando tenga que decirme algo, que me lo diga a la cara.

Es lo que se supone que hacen los amigos.

Me amenazas, me espías.

Me chantajeas.

Una relación así es cualquier cosa menos interesante.

Ya he pasado por eso una vez

y no voy a volver a repetirlo.

-Mira, a partir de ahora, ya me encargo yo de Javier.

Y vosotros dos, o me traéis algo gordo,

que me ayude a cerrar el Mercado, o ya hemos terminado.

Estoy harto de que me hagáis perder el tiempo.

Pero es que se me va a quedar muy mal cuerpo

dejándolo aquí.

Es mi amigo, se ha portado muy bien conmigo.

-¿Por qué no vais vosotros?

-Ay, venga, por favor, no te enfades. -No, te lo digo en serio.

Vete con él, yo me quedo en casa.

A mí me da igual no ver esa ópera.

-Su padre murió cuando era una niña.

Ingresaron a la madre por trastornos mentales.

-Madre mía. -Se quedó sola con su hermana.

Y se la llevaron los asistentes sociales

porque no se veía capaz de cuidar a una adolescente con problemas.

-Claro, hijo, claro.

La verdad es que no... no me dijo de qué se trataba.

Pues te iba a llevar a Valladolid, para cenar en La Fanega.

Había reservado una mesa para reencontrarte con tu hijo.

¿Puedo pagarte con tarjeta?

¡Un cómplice, Elías!

¡Y no alguien que me ningunea y que me pone los cuernos!

¿Un cómplice?

¿Y tú y yo no somos cómplices?

No llevamos veinte años siendo cómplices, ¿no?

Pues durante veinte años he creído que sí.

Pero cada vez veo más claro que no.

Ya he tragado bastante, Elías.

No pienso volver a pasar por lo mismo.

Quiero el divorcio.

(NACHO SILBA)

(SILBA)

(SILBA)

-¡Buenos días!

-¿Y todo esto?

-Pues que hacía mucho que no preparaba crepes.

A las siete de la mañana estaba con los ojos abiertos,

he dicho...

(SUSPIRA) ¿Tú qué tal has dormido?

-Ay... Fatal.

-Anda, ¿y eso?

Pues anoche, cuando llegué de la ópera,

estabas frito.

-Me fui a la cama muy temprano, no me encontraba bien.

-Ya. -Ni terminé de ver la película.

Me vine directamente del cine a la cama.

-¿Pero qué te pasaba? ¿Te dolía algo?

-No, es solo que...

Nada, da igual, una tontería.

-Ay, venga, Nacho, por favor, dímelo.

-Pues que empecé a sentirme ridículo y solo, ahí en el cine, sin ti.

Empecé a darle vueltas y...

En fin, ya te he dicho que era una tontería.

¿Lo pasasteis bien?

-Bueno, sí, teniendo en cuenta las circunstancias...

Paolo está destrozado, como te puedes imaginar.

Es que tiene que ser muy duro.

Ver que tu matrimonio se derrumba de la noche a la mañana.

Pero... le encantó la ópera.

Y, por lo menos durante ese tiempo, estuvo un poco distraído.

No tuvo tiempo de pensar en sus problemas.

-¿Y a ti te gustó? -A mí, me encantó.

Se me ha metido el gusanillo en el cuerpo.

Quiero que vayamos juntos tú y yo.

-Pues claro.

Pero no será "Nabucco", que es la que yo quería ver.

-(SUSPIRA) Si tenías tantas ganas de verla,

¿por qué le ofreciste la entrada a Paolo?

-Es lo que tú querías.

-Yo no te pedí nada, Nacho.

Nunca se me hubiera ocurrido. -No hacía falta que me lo pidieras.

Estaba muy claro.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

A ver, Nacho, yo lo único que quería era ayudar a un amigo.

A ti te pareció bien. -¿Y qué querías que hiciera? Dime.

Perdona, cariño, no quiero hacerte sentir mal.

Pero lo que pasa es que...

Últimamente le estoy dando vueltas a todo.

No lo sé.

Se están rompiendo tantos matrimonios...

Cristina y Paolo, Elías y Adela.

-Quítate esas tonterías de la cabeza, a nosotros no nos va a pasar eso.

-Yo también lo pienso, cariño.

Pero supongo que Cristina y Paolo

pensaban que estarían juntos toda la vida.

Y Elías y Adela.

-Supongo que sí.

-Hasta que, un día, todo se rompe.

Y yo me pregunto si se pueden detectar

esas pequeñas grietas que pueden hacer que todo se acabe.

-Pero yo no veo ninguna grieta.

-No, grietas, no.

Pero señales...

-¿Qué señales, Nacho?

-Que decidas ir a un concierto con Paolo en lugar de conmigo

es una señal bastante clara

de que las cosas no funcionan del todo bien.

Ya sé que yo te lo ofrecí yo, no volvamos al tema.

Pero tú me dejaste bien claro, Rosa, que te querías quedar con él.

Muy claro.

Y yo me pregunto si es normal.

Quiero decir...

No sé, con lo poco que salimos

y teniendo un plan tan especial como la ópera,

¿es normal que consueles a tu amigo?

-Porque Paolo se está separando. Estaba destrozado.

-Ya, ya. Ahora porque se está separando.

Pero... No sé, últimamente, estás muy centrada en él.

-Nacho, porque estamos trabajando juntos.

A ver, ¿qué es lo que quieres?

¿Qué quieres, que deje la pizzería?

(RESOPLA)

(Puerta)

-Hola.

¿Va todo bien?

-Hola, cariño.

-¿De dónde vienes a estas horas?

-De casa de Luis, anoche cené con él y me quedé a dormir allí.

-¿Y no podías haber llamado para avisar?

-Papá, no tengo quince años.

-No, pero vives en esta casa.

Y no puedes hacer lo que te dé la gana.

-Claro, aquí todas tenemos que hacer lo que tú nos digas y callar, ¿no?

-Cariño, ¿por qué no te sientas y desayunas?

Mira, he preparado crepes.

-¿Me vais a contar de qué hablabais cuando he llegado?

-Nosotros no tenemos que dar explicaciones.

Sales con un hombre que podría ser tu padre.

-Mira, siento mucho que no te caiga bien Luis,

pero acostúmbrate, porque lo nuestro va en serio.

-Bueno, Noa, por favor, ya está.

-Mamá, no... no tengo hambre. Gracias.

Solo he venido a cambiarme.

-Bueno.

-Ya se le pasará.

-Eso espero.

Porque no me apetece pasarme todo el día discutiendo por todo.

No lo coge, ¿no?

-Qué va, ni siquiera está sonando, lo tiene apagado.

-Déjale un mensaje. -Si le he dejado dos.

(Puerta)

-¿Y el desayuno?

-Papá, ¿tú sabes dónde está Elías? -¿Por qué lo preguntas?

-Porque no ha venido a dormir y no está cogiendo el teléfono.

-Ah. No os ha contado nada, ¿verdad?

-¿De qué?

-Tu madre, anoche, le pidió el divorcio.

-No.

-Estaba yo allí cuando se lo dijo.

Y luego yo, bueno, no...

No estuve muy fino.

Y se fue hecho un trapo.

-Pero si parecía que se iban a arreglar, ¿no?

Papá le compró la floristería.

-No le compró nada.

Sacó el dinero de una cuenta común.

Eso no es un regalo.

-Oh... ¡Cómo se puede ser tan cafre!

-Eso mismo le dije yo.

(Puerta)

-Mira, ahí está.

(BORRACHO) Buenos días.

Qué bien estáis todos.

Bueno, todos no.

Da igual.

Muchas gracias por el recibimiento familiar,

pero me voy a dormir.

¿Qué estás haciendo, Elías?

¿Otra vez, papá?

¿Otra vez me vas a echar la bronca?

¿Me vas a decir que soy un idiota, un imbécil,

que no estoy a la altura?

Yo no dije nada de eso. Pero lo pensabas.

Lo llevas diciendo toda la vida.

Que soy un inútil, nunca llegaré a tu altura. Muy bien.

Es lo que hay. Yo soy así.

Y nunca voy a ser como tú, ¿eh?

Y ahora me voy a dormir.

-Elías, ya te digo yo que esa no... Eh, no, ¿eh?

A mí no me vas a dar lecciones tú, ¿eh?

Te quiero ayudar.

¿Ahora me vas a ayudar?

Porque yo te pedí ayuda a ti ayer.

¿Y tú qué hiciste?

Me mandaste a la mierda. Muy bien.

Ahora os vais a la mierda vosotros, todos.

Te vas a la mierda tú, y te vas a la mierda tú, y...

Tú no, tú no, hijo, tú no te vas a la mierda.

Pase lo que pase entre tu madre y yo,

te querremos siempre.

-Ya lo sé, papá.

Pero ahora no me vayas a joder, ¿eh?

Que tenemos negocios.

No te preocupes.

Qué bonita la Navidad, ¿eh?

(CANTA) Beben y beben... (RÍE)

¡Enhorabuena, señora florista!

Ah, muchas gracias. ¿Y esto?

Unos bombones de bienvenida a su nuevo puesto.

Te habría comprado unas flores, pero no tendría mucho sentido.

Si me las compraras a mí, serías mi primer cliente.

Estoy seguro de que vas a tener un montón.

Te deseo todo el éxito del mundo.

Muchísimas gracias.

Pero no me los voy a comer yo sola, tú tienes motivos de celebración.

Sí, la verdad es que ha sido un alivio lo del juicio.

Sí. Para ti y para todos, ¿eh?

Te digo que nadie ponía en duda tu inocencia.

Bueno.

Nadie excepto Elías y tu hijo.

Sabrás la que me montó tu marido para colocar a Germán como gerente.

Sí, hijo, sí.

Esas son las cosas de Elías, tengo para escribir un libro.

Pero a Germán no lo metas en el mismo saco.

Pues no lo tengo yo tan claro.

Ya, pero yo te lo digo porque Germán tiene buen fondo,

así que no la pagues con él.

Puede que en algunas cosas esté bajo la influencia de su padre,

pero, de verdad,

si ha hecho algo en contra tuya, ha sido muy a su pesar.

(Mensaje de móvil)

Perdona.

No, no. Míralo, si quieres. No. Lo silencio, es un grupo.

Ah, ya.

Pensaba que, a lo mejor, era el hombre de tu vida.

(RÍE)

Perdona, es que he reconocido el sonido.

Germán se pasa el día con esa aplicación.

Y, en casa, no paraba de escucharla, ¿eh?

Por eso me ha hecho gracia. (RÍE) No pasa nada.

De la que te quedas soltero, te la acabas bajando.

Y, aunque no estés soltero, también.

Pero me extraña que un hombre tan atractivo como tú la necesite.

No parece que tú tengas problemas para conseguir pareja.

Adela, estas aplicaciones no son para encontrar pareja.

Siempre puede surgir el amor, pero... Ah.

Son para lo que son.

Anda, que si yo llego a tener una de esas,

me hubiera casado yo tan pronto con Elías.

Se hubiera tenido que esperar.

Nunca es tarde para probar. Las hay para heteros. Van muy bien.

Bueno, no me des ideas. (RÍE)

Te dejo con los ligues, que me voy a estrenar.

Mucha suerte. Gracias. Tú también.

Buenos días.

Si le gusta, tengo más dentro.

¿Quiere verlas? Pues vamos. Sí.

-Y la pobre tiene un cuadro de familia, mama.

(RESOPLA) La madre tiene una enfermedad mental.

La hermana es una adolescente conflictiva.

Solo la tienen a ella. -Ya.

-Bueno, es que no me quiero ni imaginar

lo que debió ser la muerte de la hermana mayor en un accidente.

Imagínate el golpe para todas.

-Mmm.

-¿Te lo imaginas, mama? -Claro.

-Mama.

Céntrate, que Jesús de la Cruz no va a venir.

-¿Cómo lo sabes?

-Me acabo de cruzar con Jonathan.

Despotricaba, le iban a dejar solo toda la mañana en el puesto.

-¿Y eso por qué? ¿Es que se ha puesto malo?

-Yo qué sé. -Oh. Voy a llamarle ahora mismo.

No. -Mama...

-Mejor voy a ir a ver a Elías, seguro que él lo sabe.

-A ver, mama, lo único que quieres es una excusa para hablar con él.

Y, cuando no quiera hablar, te vas a sentir peor.

Dale tiempo, ¿eh?

Que es lo único que necesita. -Ya. Ojalá.

Pero no hay tiempo suficiente

para hacer cambiar de idea a un cabezota.

-Hombre, mama, está claro que te quiere.

Si no, no te hubiera regalado una casa.

-Tú no le conoces.

El orgullo le puede.

-Espera, que igual esto pone las cosas en su sitio.

Cristina, ¿dónde estás? Que te estoy esperando.

A ver, llámame en cuanto puedas.

Mamá.

Hijo.

¿Qué tal estás? Un poco agobiada, la verdad.

Espero a Cristina.

Hay que cerrar unos flecos de la compraventa.

Voy a llegar tarde a una... Muy bien.

No te hablaba de la floristería, mamá.

El abuelo me ha contado lo del divorcio.

Ya.

¿Y te ha explicado cuáles son mis motivos?

Lo del aval, sí.

Lo del aval ha sido la gota que ha colmado el vaso.

Cuanto más hurgo en la vida de tu padre,

más engaños descubro, yo ya no puedo más.

O sea, que es definitivo.

Hasta hace unos días,

tenía mis dudas y no estaba segura, pero...

Es que yo ya no me veo capaz de confiar en tu padre.

No sé si lo entiendes.

Sí.

Eso no significa que no me duela, pero sí.

Siento hacerte pasar por esto, Germán.

Pero creo que es lo mejor para todos.

Papá no lo lleva nada bien.

Ya.

Ya me imagino.

No sé.

Esta mañana ha llegado a casa hecho un cuadro.

Se ha pasado la noche bebiendo.

¿Y esto qué es?

-Un cheque a nombre de Jesús.

Falta un poquito de dinero.

Me he quedado con lo justo.

Lo que me timaron por las tabletas.

Hay que devolver ese dinero, mama.

Eso está claro. No nos lo podemos quedar.

Ya se lo iré devolviendo poco a poco lo que me quedé.

-Pero necesitáis el dinero.

-Mama, algo me ha quedado claro en estos días,

hay cosas más importantes que el dinero.

-¿Y qué pasa con la reforma del puesto?

-Pues, mujer, ya nos apañaremos, como siempre.

No nos podemos quedar con un dinero por mucho que lo necesitemos.

-Muchas gracias, hija.

No te preocupes, que lo que falta lo pondré yo.

Que una tiene siempre sus ahorrillos para emergencias, ¿mmm?

Ay, bonita.

(Beso)

-Ya está.

-Hola. -Hola.

-Ay, Carla, ¿qué? ¿Necesitas algo?

-Nada, que te quiero pedir perdón por ayer,

que estaba muy nerviosa y lo pagué contigo.

-Buah, mujer, si ya ni me acordaba.

-¿En serio? -Claro.

Muchas gracias. -A ti.

-Eh... ¿Te apetece un café? Te invito.

-¿Ahora?

-Claro. Dame tus cosas.

Y así nos tomamos un descansito, ¿eh?

-Pero si ni he empezado a currar.

-Bueno, pues mejor. Así empiezas con más ganas. (RÍE)

Anda, mama, atiende ahí, que me voy a tomar un café con Carla.

-Hombre, hija...

-Hola. -¡Dichosos los ojos!

¿Dónde te has metido? -Por ahí.

-¿Te has hecho vegana o qué? -Qué va.

Lo siento, pero yo no puedo ayudarle.

(Mensaje de móvil)

Eso, y tú ponte ahora a ligar

mientras estamos hablando del divorcio de tu padre y mío.

No, perdona, perdona, mamá, perdona.

Estaba esperando un mensaje importante.

Perdóname tú.

Y disfruta.

Oye, esas aplicaciones funcionan por proximidad, ¿no?

Sí, los usuarios más cercanos te salen primero, sí.

Ah. ¿Por?

¿Y nunca te ha salido el perfil de Javier?

Tiene que estar ahí seguro.

Mamá, que Javier sea gay no significa que use la aplicación.

Sí, que sí, que sí la usa.

Mientras estábamos hablando,

no paraban de saltarle notificaciones.

¿Estás segura?

Mira quién parece interesado de repente.

A ver, no me importaría nada tener algo con él.

No lo veo yo muy por la labor.

Pues yo, si fuera tú, me daría prisa, ¿eh?

Porque, tal y como le sonaba el teléfono,

pretendientes no le faltan.

Pues nada, hubo una época en que a mi hermana pequeña, Martina,

le dio por no comer.

Entonces, entre Laura y yo, nos íbamos turnando.

Mientras una intentaba darle de comer,

la otra se ponía a gritar o a cantar canciones chorras

con tal de poder distraerla.

Vamos, que era un plan infalible.

-¿Y qué edad teníais entonces?

-Pues... yo tenía cuatro o cinco.

Y Laura, pues dos más.

-¿Y os dejaban solas con un bebé a esa edad? ¿Tan pequeñas?

-Sí, es que a veces no había alternativa.

Mi madre era muy buena cuidándonos cuando tenía un buen día,

pero, cuando tenía un mal día, pues era como estar las tres solas.

-Por favor, qué duro.

-Que no, que fue la mejor etapa de mi vida.

Estábamos muy unidas y, no sé, en esa época,

las tres éramos capaces de adaptarnos a todo, ¿sabes?

Todo empezó a ir mal, pues... pues cuando Laura murió.

-Mírala. (RESOPLA)

Ahí. Tan feliz y no habrá vendido ni medio filete.

(CARLA RÍE) -Es que... Vamos...

-Tu madre mola mucho.

-No la has visto enfadada. Qué broncas tenemos...

-Pues las broncas no cambian lo que sois.

-¿Y qué somos? -Una familia que desearía cualquiera.

-Qué exagerada.

Somos una familia normal. -Ya es más de lo que he tenido yo.

-Eso ahora va a cambiar. Nos tienes a nosotros, los Pacheco.

¿Sabes qué vamos a hacer?

Vamos a celebrarlo.

-¿El qué? -Que estás bien con Samu.

Que mi madre ha vuelto.

El motivo no importa. Importa que estemos todos juntos.

¿Qué tienes que hacer hoy para la comida?

¿Algo que hacer? -No.

-Pues ya está. ¡Mama!

¡Mama!

Hoy comemos en el Bar Central los Pachecos.

Tenemos reunión familiar.

-¿Y eso a santo de qué?

-A santo de que lo digo yo.

-Pues muy bien. -Pues muy bien.

A ver, ¿café con leche? Por aquí.

Y el café.

Noa, ¿qué haces aquí?

-He quedado con Luis para tomar un café.

Quería hablar antes contigo.

-Claro.

-Perdona por lo de antes.

Papá me ha puesto de los nervios.

-Bueno, ya sabes cómo es.

-No es la primera vez que duermo en casa de un tío.

Y pienso seguir haciéndolo. -Claro que sí.

-Luis y yo estamos muy a gusto.

Y ya es hora de que lo asumáis.

-Pero entiende que...

A ver, el hecho de que haya tanta diferencia de edad entre vosotros,

que tenga una hija y nos lo haya ocultado,

pues... -¡Que no ha ocultado nada!

¿Qué querías, que me enseñara el libro de familia al conocernos?

-Entiende que es difícil para nosotros.

-¿Para vosotros o para papá? -Para los dos.

-(SUSPIRA) Mira, mamá.

Luis ya no es el tío que dejó embarazada a esa chica.

Ahora es un tío responsable, que sabe lo que quiere.

Y me respeta y yo le respeto a él.

Y de eso se trata en una pareja, ¿no?

Escuchar al otro y ponerse en su lugar.

-Eso es lo que intentamos hacer todos.

-No lo dirás por papá.

-Tu padre está siendo muy comprensivo conmigo,

aunque tú no te lo creas, ¿eh?

Ayer mismo, me dejó ir con Paolo a la ópera

y se quedó en casa tan tranquilo.

-¿Te dejó? -Sí.

-Pero ¿tú te estás escuchando, mamá?

-A ver, que es una forma de hablar. No te enfades.

-¿Hablabais de eso cuando he llegado?

-(SUSPIRA) Bueno, es que creo que no he hecho bien las cosas.

Verás,

el que Paolo no esté bien con su mujer

y esté atravesando un mal momento

no quiere decir que yo deje de lado a Nacho.

-Mamá, que saliste una noche a ayudar un amigo,

que no estas dejando de lado a nadie.

-Estoy pensando en dejar la pizzería.

-¿Te lo ha dicho papá? -No. No me lo ha dicho papá.

Es una decisión mía. -Ya.

-A ver, yo creo que es lo mejor.

A fin de cuentas, aquí echo muchísimas horas, hija.

Y trabajar con un amigo

tiene una implicación laboral distinta.

Y esto no quiero que afecte mi matrimonio.

Bastantes parejas se están separando ya a nuestro alrededor.

-¿Y qué vas a hacer?

¿Quedarte en casa, como cuando dejaste el bar?

-Que ya encontraré otra cosa. -Sí.

Hasta que papá le encuentre una pega y te obligue a dejarlo.

-Tu padre no me está obligando a nada.

¡Que te está manipulando! -¡Chist!

-¿Pero es que no lo ves?

Cuando trabajas, se te ve realizada y feliz.

Y eso papá no lo soporta.

-Eso no es verdad.

Tu padre solo quiere lo mejor para mí.

-Lo mejor para ti solo lo puedes saber tú.

¿De verdad esto es lo que quieres realmente?

-Buenos días.

-¡Hombre! Bueno, os dejo solos.

Eh... ¿Os traigo los cafés? ¿No?

-Sí. El mío solo, "porfa". -Perfecto.

Ya estoy aquí, perdona el retraso, ¿eh?

Cristina. Pues toma.

Y te dejo, que llego tarde.

Vale.

Me quedaré hasta que vuelvas, ¿eh? Vale.

-Cristina.

Creo que tenemos...

una conversación pendiente.

-Claro, sí.

Que sepas que ya he sacado mis cosas de la portería.

-Bien.

-Pensé que...

que no me hablarías más después de lo que me dijiste.

-Ya.

Estaba un poco alterado.

Quizá porque acababa de descubrir que te habías tirado a mi mejor amigo.

-Tienes todo el derecho del mundo a enfadarte.

-Ojalá, Cristina.

No, no estoy enfadado.

Estoy...

destruido.

Es como si me hubieras matado en vida.

-Sé que todo lo que te diga te va a sonar a una excusa, pero...

Solo puedo decirte que... que lo siento,

que lo siento muchísimo.

Y sé que no es suficiente, lo sé. -Tienes toda la razón.

Que intentes disculparte, no...

No es suficiente.

Pero...

Pero puedes hacer algo más.

-¿Qué quieres que haga?

-Dime por qué.

Es que todo esto...

no puede haber pasado por casualidad, ¿no?

Tiene que haber una explicación que me ayude a encajar todo esto.

-Las cosas pasan, Paolo.

A veces no...

no hay ninguna explicación.

Tomad. Muchísimas gracias, ¿eh?

¿Y Noa? ¿Se ha ido?

-No. Está hablando por teléfono. -Ah.

-Tenéis el mejor café del barrio, ¿eh?

-Es que, para Paolo, el café es muy importante,

por eso compra siempre el mejor.

Bueno, ¿quieres algo más?

-Pues, sí, tranquilizarte.

Ya sé que nuestra relación

os ha pillado un poquito por sorpresa.

Bueno, si te soy sincero, a mí también.

Pero quiero que sepas

que... que Noa no es un pasatiempo para mí.

-Estoy segura de que eso es lo que piensas ahora.

-Y lo seguiré pensando, Rosa.

Yo quiero cuidar de ella.

-¿Hasta cuándo?

¿Hasta que te saques otro secreto de la manga?

-Que yo no tengo ningún secreto. Soy un tío de lo más normal.

Y me encantaría que fuéramos amigos, de verdad.

Para mí sería todo más fácil pasar de vosotros, del Mercado

y seguir con mi vida, pero no es lo que quiero.

Noa se merece que nos llevemos bien.

-Es que no sé si tú y yo vamos a poder ser amigos, ¿eh?

(PAOLO) No puedo creer que mi vida se haya ido a la mierda.

¿Por qué, por azar?

Yo... yo necesito saber qué ha pasado.

Tengo derecho a saberlo.

-¿Qué quieres saber? -Todo.

Todo, Cristina.

Quiero que respondas a todas las preguntas que...

que me han atormentado esta noche.

Por ejemplo,

¿cuándo empezaste a acostarte con él?

¿Y dónde estaba yo?

-No, Paolo, esto no va a ayudar.

-¿Cuántas veces lo habéis hecho?

-Paolo. -¿Dónde, Cristina?

No en nuestra casa, ¿no?

-No. -No en nuestra cama.

-No. ¡Claro que no! -Habéis ido a su habitación, ¿no?

-Pao... -¿Pero por qué con él, Cristi?

¿Qué tiene él más que yo?

-Paolo, de verdad, basta. Ya está.

-Tú sabías, ¿no?

Tú sabías que Giuliana volvería a romperle el corazón.

Y que, entonces, él se quedaría contigo.

Era todo parte de tu plan.

Como comprar el restaurante de Napoli. Claro.

-Paolo, yo...

Tienes todo el derecho del mundo a estar enfadado.

Y a castigarme todo lo que quieras y hacerme todas esas preguntas.

Pero la respuesta...

La respuesta es la misma, ¿eh?

Es que ya no...

Que ya no...

Que no estoy enamorada de ti.

Lo mejor es que... que intentes entenderlo y que...

y que sigas con tu vida, no sé.

No sé. Lo siento.

-¿Sabes qué, Cristina?

No me importa lo que hagáis tú y Doménico.

Pero una cosa sí:

tú, a Andrea, no te lo llevas a Napoli.

¿"Hai capito"?

-¿Quién se va a ir a Nápoles?

-¿En serio?

¿No se lo has dicho? -Se lo iba a decir ahora.

-¿Has engañado a Andrea?

-Andrea, cariño, para eso te he pedido que vengas.

-Maldito el día en que te encontré, Cristina.

-Por favor, ¿nos puedes dejar solos? -¿Para qué?

¿Para que sigas mintiéndole?

Andrea.

Pase lo que pase,

tú eres libre de decidir con quién estar.

¿Estamos?

-Sí, papá. -Recuérdalo.

-Siéntate, Andrea.

Lo único que te pido es que no la hagas sufrir.

-Yo no soy ese tipo de pareja, Rosa.

Nunca lo he sido y, vamos, nunca lo seré.

Entiendo que, en tu situación quieras protegerla,

pero yo jamás... -¿"En mi situación"? ¿Qué situación?

-He visto cómo Nacho se comporta contigo y con Noa.

Y no es la primera vez que conozco

a mujeres que están en relaciones complicadas.

-Mira, perdona, pero mi relación con mi marido es muy normal.

-Yo solo te digo... -No, no.

Me da igual lo que digas y lo que pienses.

No es asunto tuyo.

Te voy a decir más.

Tú y yo, así, no nos vamos a hacer amigos nunca.

-¿De qué hablabais?

-De nada especial.

Voy tirando, tengo reunión de profesores en diez minutos.

-Si tenías prisa, no hacía falta que vinieras a tomarte el café, ¿eh?

Hemos pasado la noche juntos.

-Pero es que soy adicto.

-¿Al café? -No.

A ti.

-Uf... ¿Así es cómo ligáis los viejos?

-¡Eh! Dime que no te ha gustado.

Chao.

Pero, no sé, mamá, no entiendo.

El italiano es papá, ¿por qué quieres ir a Nápoles?

-Ahí también están tus raíces.

Es una oportunidad para que las conozcas.

Estoy segura de que a tu padre le encantará visitarte allí.

-¿Y un restaurante?

-Es un buen negocio.

-Ya. Pero tú no eres cocinera ni sabes nada de hostelería.

-He pasado muchos años con tu padre en un restaurante.

Sé perfectamente cómo funciona.

-O sea, vas a dejarlo todo por irte a una ciudad que no conoces,

con un idioma que no hablas y con un negocio que no controlas.

-Bueno, tú no te preocupes por eso.

Vamos a contar con la ayuda de un buen amigo

que nos ayudará con el restaurante y a adaptarnos al país.

-¿Te refieres a Doménico?

-Sí. Él lleva tiempo queriendo volver a Nápoles

y yo necesito un cambio de aires,

así que hemos decidido, pues asociarnos.

-Qué coincidencia, ¿no?

-Yo sería la dueña y él, el encargado.

-Yo creo, mamá, que...

va a ser algo más que el encargado, ¿no?

-¿Qué quieres decir?

-Que tengo ojos en la cara, mamá.

¿Tú estás liada con Doménico?

-Dicho así, Andrea...

Digamos que...

que ha surgido algo.

-Por eso lo has dejado con papá, ¿no?

Porque te has ido con otro hombre. -No, no, no.

Doménico es el síntoma de que el matrimonio no estaba bien.

No es fácil de entender.

-Claro que es fácil de entender, es facilísimo.

Has engañado a mi padre.

-Las cosas no son tan simples, Andrea.

-Has engañado a papá con su mejor amigo.

¿Y ahora me quieres hacer creer que te vas a Nápoles por él?

-Quería explicártelo poco a poco para que lo entendieras.

-Mamá, no soy un niño.

¿Cómo le has hecho esto a papá? ¿Cómo puedes ser tan mala?

-Andrea, vale que estés enfadado,

pero no permitiré que me faltes al respeto.

-No, tranquila, si, seguramente, nunca más te voy a faltar al respeto.

No te voy a volver a hablar nunca.

Y mucho menos me voy a ir contigo a Nápoles.

-Andrea, espérate. ¡Espérate, cariño!

(RESOPLA)

Claro, puedes sentarte, primo. No... no estoy esperando a nadie.

-Ya. Perdona, será un momento, peque, que tengo que hacer algo importante.

(Mensaje de móvil)

¿Me explicas?

Bueno, pues que acabo de quedar con Javier.

Tenemos una cita.

-¿Cómo? ¿Por telepatía?

-No, con el móvil.

-¿Por qué no se lo has dicho a él? Si le tenías ahí mismo.

-Pues porque no quiere saber nada de mí.

El otro día le di un beso y me dijo que no quería nada.

Acaba de salir de una relación muy complicada

y no quiere meterse en otra.

-Pero ha quedado contigo igualmente.

-No sabe que soy yo. No le he mandado una foto de mi cara.

-Pero, si no quiere saber nada de ti, cuando te vea, se largará, ¿no?

-Pues espero convencerle antes de que ocurra eso.

-Estás a tope con el madurito, ¿eh?

-Le dijo la sartén al cazo.

No me digas que es para fastidiar a tu padre,

que ayer te vi besándote con Luis.

Espero que me salga tan bien como a ti.

Bueno, tener esa suerte, no sé.

Es como un palo

colgarte de alguien que no te corresponde, ¿no?

-Pues sí, sí, tiene que serlo.

Oye, ¿has visto a Jona por ahí?

-Sí, hoy le toca trabajar solo en la frutería. ¿Por?

-Nada, tengo que hablar con él.

-Adiós, "peque". -Chao, primo.

-Sí, "tranqui", ya te lo pago yo.

¡Noa! Perdona, ¿tienes un momento?

¿Qué pasa? Verás, solo quería darte las gracias

por contarme lo que Lorena hizo para que pudiera ver a mi hijo.

Bueno, pensé que deberías saberlo.

Lorena es una mujer maravillosa,

con un gran corazón y supergenerosa.

No se merece que la trataras así.

No. Desde luego que no. Y me siento fatal.

Y voy a compensarla.

Intento localizar dónde vendió el chaleco,

pero aún no he dado con ella.

No se trata solo del chaleco.

Lo sé. Lo sé.

Bueno, pero espero que lo encuentres. ¡Jona!

Hablamos luego.

¡Jona!

¡Jona! -¿Qué?

-Tengo que contarte algo importante.

-No hace falta, ya sé que estás en serio con Luis.

Enhorabuena, era lo que querías, ¿no?

-Sí, pero no puedo estar del todo contenta

si tú no estás bien.

-Perdona por estropear tu gran historia de amor.

Lo siento, no era mi intención.

-Lo digo en serio, tío.

Eres mi mejor amigo,

no quiero perderte porque yo esté con Luis.

-Lo mismo que decía él.

¿Qué pasa? ¿Os ponéis de acuerdo para soltar estos discursitos?

-¿Cómo?

¿Luis ha hablado contigo? -Sí.

-Pues... no me ha dicho nada. -Bueno.

Porque no querrá molestarte. Cosas de parejas.

-Luis no tenía ningún derecho a hablar contigo.

Pero lo haría con buena intención. -Venga, ya, Noa.

-Jona.

Hablando contigo demostró que se preocupa por nuestra amistad.

Él sabe lo mucho que me duele que estemos distanciados

y, pues, querría arreglarlo.

-¿Y qué pretendes que haga yo?

¿Qué le dé las gracias o le ponga un piso en la Gran Vía?

-Mira, si lo llego a saber, no te digo nada, Jona.

-Espera. Espera, Noa.

Lo siento, ¿vale?

Sé que no debería tomarme tan a pecho que estés con él,

pero es que no... no puedo evitarlo, tía, lo siento.

Y eso es lo me da rabia.

No puedo cambiar lo que siento.

Lo que siento por ti.

Me gustaría hacerlo desaparecer todo, pero es que no puedo.

No soy capaz.

Por eso creo que lo que necesitamos es...

tiempo, distancia,

para saber cómo llevar todo esto, porque yo, así, no puedo, tía.

-No quieres verme más.

-Yo no he dicho eso.

-No.

Pero los dos sabemos cómo van estas cosas.

Primero pides distancia para no hacerte daño.

Luego, los dos nos acostumbramos a esa distancia.

Y, al final, ya no volvemos a hablar. -Que no.

Que no voy a dejar que eso pase.

Me lo curraré para volver a ser un buen amigo.

Pero es que, si... si no estoy bien, no puedo.

Y no te preocupes por mí, que, mira,

de verdad, que no voy a estar llorando por las esquinas.

-¿Y qué vas a hacer?

-Se... llama Alicia.

Y esta noche tengo una cita con ella.

-Es mona.

-Cuidado, que las amigas no se pueden poner celosas.

¿Lo sabes?

-Espero que tu cita salga bien.

-Gracias. -Ya me contarás, bueno,

cuando estés preparado.

-Cuando esté preparado.

Oye, lo siento, ¿vale? Tengo... tengo que seguir currando.

-Sí, claro.

Nos vemos. -Nos vemos.

Perdona por el retraso, ¿eh?

La reunión se ha alargado y no he podido escapar antes.

Nada. Te agradezco que hayas venido.

-¿Cómo conseguiste mi teléfono?

¿Miras el móvil de tu hija?

-Yo nunca haría una cosa así.

Te has hecho una idea equivocada de mí.

Yo he hecho lo mismo contigo.

Me han dado tu número en la escuela.

-Ah, perdona.

-Creo que hemos empezado con mal pie.

Pero Noa me ha dejado claro que vais en serio,

así que creo que debemos hacer un esfuerzo por llevarnos mejor.

Por todos, sobre todo, por ella.

-Esa siempre ha sido mi intención, pero no has puesto las cosas fáciles.

-Tienes razón.

Mi mujer y mi hija son lo más importante para mí.

No soportaría perderlas

y a veces eso se traduce en celos absurdos

y arrebatos difíciles de entender.

-Sí, esa es la sensación que das.

-Pero no son más que eso.

Arrebatos absurdos.

Como comprenderás, intento protegerla.

Si veo que inicia una relación con su profesor,

es normal que me ponga en guardia.

Tú eres padre, seguro que lo entiendes.

¿Qué pensarías si tu hija se enrollara conmigo, por ejemplo?

-Pues hablaría con ella

para ponerme en su lugar y tratar de entender su decisión.

-No conozco a tu hija, pero seguro que no es como Noa.

Ella también tiene un carácter... peculiar.

Nos parecemos más de lo que cree.

-No creo que Noa me haya contado nada que no sea verdad.

-No, supongo que no,

pero está en una etapa muy inestable, muy rebelde.

Hace poco se fue de casa sin dar explicaciones.

Nos dejó hechos polvo, sobre todo, a Rosa.

-Sí, estoy al corriente, sí.

-Yo sé que esa inconsciencia es cosa de la edad.

Es normal que se enfrente a sus padres

y que exagere las cosas. -No se lleva mal con sus padres.

Con su madre, se lleva estupendamente.

Solo es contigo con quien tiene problemas.

-Vaya.

Parece que te ha contado un montón de cosas.

-Eso es lo que hacen las parejas, ¿no?

Ser sinceros el uno con el otro y apoyarse en todo.

-¿Y si lo que cuentan son mentiras o exageraciones?

-Pues ya veré yo a quién tengo que creer.

Ahora estamos juntos, no lo olvides.

Y yo también voy a protegerla.

Y no voy a dudar en hacerlo si es posible.

-¿Me estás amenazando?

-No, hombre, no. Para nada.

Si a partir de ahora nos vamos a llevar genial.

¿No era ese el propósito de esta reunión?

Jorge, ¿dónde estabas?

Has tenido el puesto desatendido demasiado tiempo, ¿estás bien?

He tenido lío. Estaba resolviendo unas cosas.

¿Y tan importantes y urgentes eran que no has tenido un momento

para pedirme que la atienda?

Estaba preocupada.

Ya. Eh...

Verás, me he recorrido todas las tiendas "vintage" de la ciudad.

¿Para buscar el chaleco de Lorena?

Ajá.

Cuando Noa me contó lo que hizo, me sentí fatal.

Y quiero recuperarlo.

¿No lo has encontrado?

No. He encontrado la tienda donde lo había vendido.

Eh... Memorabilia. Memorabilia, sí, me suena, sí.

He hablado con la dependienta, pero lo había vendido.

Le he pedido los datos de la compradora,

pero no me los ha dado.

No tienes que sentirte culpable, tú no sabías lo de la sorpresa.

Celia, lo hizo por mí.

Si no es por Noa, ni siquiera me entero.

Dice mucho de ella y de lo que siente por ti.

Sí, desde luego.

Y que te hayas recorrido la ciudad buscando ese chaleco

también dice mucho de lo que sientes tú.

Está claro que la quieres, ¿no?

(SUSPIRA) Voy a seguir con esto, que tengo muchas cosas pendientes.

Claro.

¡Lucía!

Hola.

Sí, Celia, eso es, Celia.

Oye, siento mucho no haberte llamado en todo este tiempo.

Sobre todo, porque lo voy a hacer para pedirte un favor, así que...

Sí.

Oye, ¿sigues trabajando en la sección de moda de la revista?

Sí. ¿Y podrías ponerme en contacto con los dueños de Memorabilia?

Sí, la tienda de segunda mano, sí.

¿Sí?

Ah, genial. Sí, claro. Dime.

Dime, que lo apunto aquí mismo, sí.

Venga, a ver, esas copas. Brindad conmigo.

-Ah. -¿Qué celebramos?

¿Nos ha tocado la lotería? -Sí, la mejor de todas.

Una familia maravillosa.

¡Por unas felices navidades!

-¡Ay, eso! (CARMEN) ¡Feliz Navidad!

-¡Feliz Navidad!

-¡Ah, por Dios!

-A ver, otro poquito más. -No, no me pongas más vino.

Tengo que trabajar. -Pero...

-A mí tampoco. -Pues iremos contentos.

A ver, Lorena, brinda con nosotros.

-Sí, y te quedas tú de camarera, ¿vale?

-Pero bueno... -Anda, disfrutad.

-Muy rica, ¿eh?, la paella.

-Bueno, yo quiero brindar por...

Por mi madre.

Porque nada me hace más feliz que tenerla cerca.

(NICOLÁS) Oh... (SAMU) Amén.

-¿Sabes a mí lo que me hace feliz?

Que tu marido haya arreglado el grifo que llevaba meses goteando, ¿eh?

-Se asustó cuando te fuiste y se puso las pilas.

-Si lo sé, me voy antes.

-Prometo que, a partir de ahora,

seré tu yerno perfecto. -Oh, hijo.

Tú sabes que eso es imposible,

así que me conformo con que seas buen fontanero.

-Bueno, espero que pronto seré mucho más que eso.

De hecho, quería aprovechar que estamos todos juntos

para deciros algo importante.

-Ay, con lo tranquilos que estábamos...

-No, no, tranquila,

que no es nada malo.

A ver... Eh...

A mí el Mercado se me está quedando pequeño

y me gustaría hacer algo más...

Algo más grande, algo que me llenara más.

Por eso,

he decidido presentarme

a unas oposiciones para ujier en algún ministerio.

(VALERIA) ¿Qué?

-Qué calladito te lo tenías, ¿no?

-Bueno, es que no quería decir nada hasta tenerlo seguro.

¿Qué os parece la noticia?

-Así empezó Antonio Alcántara

y mira dónde ha llegado.

-Me encantan los hombres con uniforme.

Llevas uniforme, ¿no? -Hombre...

-Sí, pero es horrible.

-Oye, Carla, un poquito de apoyo a tu suegro, por favor.

-Te apoyo, yo te apoyo.

¿Sabes lo que tendrás que empollar?

-Es lo que más miedo me da.

Pero os juro que yo esas oposiciones me las saco.

(CARMEN) Claro que sí. -A ver cómo.

No coges un libro desde el instituto.

-Tu padre era muy buen estudiante, no como otros.

-¡Tendrás tú quejas de las notas que sacaba yo!

-Si no pegabas un palo al agua. -Pero aprobaba.

¡A ver qué haces tú! -Eso, ¿has oído?

(VALERIA RÍE) Aplícate el cuento. (CARMEN) No estudiaba nunca.

-Perdona. -Dime.

-¿Conoces a Carla Rivas?

-Sí, claro, ¿por qué lo preguntas? -Pues porque...

(CARMEN) ¿Qué pasa? -Carla.

¡Carla, espera!

(CARMEN) ¿Qué pasa?

¿Esa mujer quién es?

-(SUSPIRA) Creo que es su madre.

¿Entonces ya estáis de camino?

Bien.

¿Qué tal con tu abuela?

Ah, te ha hecho tu comida favorita. Menudo morro tienes.

No. Yo he comido hace un rato en la pizzería.

Sí. Oye, ¿hay mucho tráfico?

¿Sí? Bueno, pues id con cuidado.

(BORRACHO) ¿Y Jorge?

Te dejo, que hay un cliente.

Te quiero. Id con cuidado. Hasta luego.

Ha ido a comer. ¿Eh? (CARRASPEA)

Ha ido a comer. Ah.

Bueno, pues...

Dame un vino. ¿Es para ti?

¿Y a ti qué te importa? Dame un vino.

Son las tres de la tarde, ¿has visto cómo vas?

Voy perfectamente.

Dame un vino. No.

¡Dame un vino de esos! No.

¡No, Elías, para, para! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!

Escúchame.

Necesitas irte a casa. Yo, si quieres, te acompaño.

No, de aquí no me voy sin mi vino. Dame un vino.

Eh, chicos, ¿qué está pasando?

Hombre, menos mal. Por favor.

A ver si le dices a... la señorita que atienda mejor a tu clientela.

Elías, ¿qué quieres?

Dos botellas de vino, por favor.

No puedo vendértelas porque el puesto está cerrado.

Estoy dentro y no puede estar cerrado.

Por favor, una botella de vino. Elías.

Está cerrado y por eso te pido que salgas, por favor.

¿Tú me estás echando a mí, eh? ¿Me estás echando a mí o qué?

Elías, por favor, no lo hagas más difícil.

(Móvil)

(Móvil)

¿Qué?

Os habéis propuesto todos amargarme la vida, ¿no?

¿Verdad? Todos a por mí, ¿verdad?

¡Solo quería

una maldita botella de vino!

Elías, toda tu familia trabaja en este mercado.

¿Quieres que te vean así?

¿Mi familia?

Le importa una mierda lo que me pase.

Y a vosotros también.

Idos a la mierda.

Buenas.

-Germán, ahora no... Estoy esperando a alguien.

-Ya, ya, yo también.

A un tal Jefe63.

-No me digas...

Esto es increíble.

-Eh, Javier, ¡espera!

Deja que te explique. -No hay nada que explicar.

-Era el único modo de tener una cita contigo.

-Ah, ¿y la mejor manera de tenerla era engañándome?

-Eh, que yo no te he engañado. -Tampoco me has dicho quién eras.

-Tampoco me has lo preguntado.

De hecho, es que no me has preguntado nunca nada.

Te has formado una idea de mí y te has conformado.

No te has preocupado de conocerme un poco.

-Se te ve venir a la legua.

-Soy mucho más que el hijo de Elías. Bastante más.

Y me gustaría podértelo demostrar.

Me gustas, Javier.

Me gustas mucho.

No dejo de pensar en ti desde la noche que nos conocimos.

Y, entonces sí, sí hice lo posible por olvidarte porque...

Tú no eras más que un...

-Que un cliente.

-Ojalá nos hubiéramos conocido de otra manera.

Quizás sí hubiéramos pasado la noche juntos.

-Pues yo creo que no.

-¿De verdad?

¿No pensaste nunca más en mí? ¿En serio, Javier?

Mira, haría lo posible por borrar esa noche.

De verdad, pero no... no puedo.

Ya está, no se puede cambiar el pasado,

pero sí podemos decidir nuestro futuro.

Y, cuando te vi aquí en el Mercado, pues...

pensé que podíamos hacerlo.

La vida nos daba una segunda oportunidad.

Y no quiero dejarla escapar.

-Tienes razón.

El futuro está en nuestras manos. -Claro que sí.

-Lo que pasa es que el tuyo y el mío no están juntos.

-Podrían estarlo, si quisiéramos.

-El problema es ese, que yo no quiero.

Seguro que eres algo más que el hijo de Elías

y que harás feliz a un hombre que te quiera.

Pero ese hombre no soy yo.

-¿Por qué?

-Porque contigo solo sufriría. ¿No te das cuenta?

Ni yo te convengo a ti ni tú a mí.

Y, cuanto antes lo asumas, mejor para todos.

Estaré encantado si somos amigos.

Es... es todo lo que te puedo ofrecer.

Lo siento.

-Más lo siento yo.

-Eh, Javier.

Si no te largas del mercado,

volveré.

¡Eres un mierda, tío!

¿Qué clase de persona traiciona a su mejor amigo?

Una basura de persona, que es lo que eres.

-Andrea, por favor, no seas así.

-¿Qué harás, me vas a pegar?

-Paolo está pasando por un mal momento y es mi amigo.

-Ya. ¿Estás segura de que él también piensa que sois solo amigos?

-Claro que sí, Nacho. -Mmm.

Yo no estoy tan seguro.

A veces me da la sensación de que él aspira a algo más.

El médico dice que no es grave,

pero los golpes fueron muy violentos.

Lo han dejado en observación, por si tuviera un derrame interno.

¿En qué hospital está? Voy a verle.

No te van a dejar pasar. Está en observación.

-Luis ya no es mi profesor.

Le han invitado a irse. O eso es lo que nos han dicho.

-No creo que sea una gran pérdida.

-Yo no voy a ser un mafioso como tú.

No soy como tú, no soy como Hortuño.

Si tú quieres revolcarte en la basura, oye, allá tú,

pero a mí no me arrastres contigo, ¿vale?

Le has hundido la vida a mamá,

pero a mí no me vas a hundir la vida ni de coña.

-Mira, solo quería darte esto.

-Este dinero es tuyo.

No lo quiero, quédatelo.

-Yo tampoco.

Ya sé que no me crees.

Mira, Jesús, sé que te he hecho mucho daño

y que no quieres saber nada de mí,

pero quiero que una cosa te queda bien clara.

Yo te sigo queriendo.

Celia.

Sí, dime.

Claro, podemos.

¿Esta noche?

¿Vas a hacer inventario por la noche?

No, no, no, ningún problema.

¿Y de qué quieres que hablemos?

¿Celia?

¿Crees que no he tenido la tentación

de tumbarme en un sofá y beber hasta reventar?

¿Qué coño te crees?

Pues venga, vamos.

Vamos a hacerlo juntos. ¡No!

Toma. ¡No!

¡Porque yo no me rindo!

¡Voy seguir con mi vida, cueste lo que cueste!

Claro, para ti es muy fácil seguir, te regalan una floristería.

Huy, estamos recobrando las fuerzas.

Te ha costado esto echarme en cara lo de la floristería.

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Mercado central - Capítulo 63

20 dic 2019

Elías empieza a tocar fondo y Germán descubre los planes de su madre.
Nacho consigue que Rosa se plantee dejar la pizzería. Noa no está dispuesta a permitirlo.
Acercamiento entre Luis y Rosa, que defiende a su marido.
Adela da una idea a Germán, que se cita con Javier por una app de citas.
Carmen estrecha lazos con Carla mientras ésta rehúye a su propia madre.
Andrea descubre la traición de Cristina y Doménico.
Celia decide ayudar a Jorge a enmendar lo ocurrido con Lorena.
Tras la fracasada cita a ciegas con Germán, Javier se ve envuelto en un turbio encuentro.

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