Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 62 - ver ahora
Transcripción completa

Rosa, han pasado muchos años para que te dieras cuenta

de que yo no te mentía con lo de Antonio.

Por favor, que no pasen tantos años para que te des cuenta

de que yo no te miento con lo de Nacho.

-Vamos a dejar esto, por favor.

Está bien, intentaré ganarme la confianza de Javier otra vez.

Lo intentarás, no, lo conseguirás.

Entérate de cuándo será el juicio, para estar preparados.

Tienes a Andrea. -Ya.

Pero Andrea no sabe que Cristina se ha liado con Doménico.

No he tenido fuerzas para contárselo.

-Andrea es tu hijo.

Y a él no lo vas a perder nunca, nunca.

-Pero él está convencido de que su padre

hizo bien en dejarme porque estaba cansada de mí.

Lo he perdido todo, Rosa.

Así que vas a poner tierra, mar y lo que haga falta de por medio.

Yo creo que es lo mejor para todos.

Sí.

Imagino que quieres estar lejos de Paolo y de Doménico.

Doménico se viene con Andrea y conmigo.

Perdona, no, me he dejado llevar, perdona.

-¿Y qué hay de malo en eso?

-Pues que soy tu profesor

y no quiero que pienses que me aprovecho de ti y bla, bla,...

¿Te puedes quedar al cargo durante unas horas?

-Sí, claro. ¿Qué pasa, te vas a algún sitio?

-Hoy tengo el juicio.

-No lo sabía.

Mucha suerte, Javier.

Lo que vas a hacer es poner la floristería a mi nombre.

¿Entonces, aceptas mi regalo?

¿Qué regalo, si has comprado el local con mi dinero?

En todo caso, acepto la mitad de la floristería.

Bueno, pero te la quedas.

Sí, pero eso no significa que te perdone ni nada parecido.

Los dos sabemos lo que está pasando.

Y es mejor que lo asumamos ahora

antes de que sea mucho más difícil romper.

¿Romper?

¿Es eso lo que quieres?

Sí.

Por lo menos, hasta que los tres, porque somos tres, Celia, tú y yo,

tengamos las cosas más claras.

¡Quiero recuperar el prestigio que tenía antes,

quiero volver a lo grande! ¿Entiendes?

-Y lo harás. Te prometo que lo harás

porque voy a cumplir todo lo que te dije que haría.

Y lo voy a hacer ya.

-Eso espero.

Porque como no lo hagas tú, lo voy a hacer yo.

Y ya sabes que no me importa dejar cadáveres en el camino.

(Teléfono)

(Teléfono)

¿Has cambiado la cerradura de casa?

(Teléfono)

Pizzería Sapori di Napoli. Dígame.

Sí.

Una prosciuto, ajá.

Voletus y cebolla.

(ASIENTE)

Spaghetti frutti di mare.

Y lasagna verde. Perfecto.

¿Para beber?

(ASIENTE)

Okay, sí, 20, 25 minutos.

De acuerdo, hasta ahora.

¿Qué decías?

-Has cambiado la cerradura de casa.

-Los cerrajeros de urgencia son muy prácticos.

Cuestan un dineral, pero...

Te resuelven el problema en un momento.

-¿Me puedes dar una copia de la llave?

También es mi casa. -No, ya no.

-Tengo todas mis cosas allí.

-Por eso no te preocupes.

Mañana, a primera hora, lo tendrás todo en la portería.

Te lo dejo todo allí.

-¿De verdad, Paolo?

¿Vamos a terminar así?

-Cristina, no he sido yo el que ha decidido

cómo y cuándo terminar todo esto.

-No puedes prohibirme entrar en mi casa.

-Llama a la Policía, si quieres.

Pero mientras yo pueda evitarlo,

tú a mi casa no vas a volver.

-¿Lo ves?

Te estás comportando como un crío.

-¿Quieres que te diga yo cómo te has portado tú?

O lo que eres. Mejor, no, ¿no?

Así que si no te importa, por favor,...

-Tenemos que hablar de Andrea.

-No hay nada que hablar sobre Andrea.

Andrea se queda conmigo y punto.

-Lo has decidido tú solo.

A lo mejor él prefiere quedarse conmigo.

-¿De verdad lo piensas? Espera a que se entere

de que me has traicionado con mi mejor amigo.

A ver qué dice él.

-¿No se lo has dicho? -He estado a punto, pero...

Al final, me he callado

porque me daba vergüenza ajena.

Pero si insistes en que se vaya contigo, no te preocupes,

que se lo diré.

A ver cómo le sienta.

¿Algo más?

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Venga, deja eso, que ya has terminado por hoy.

¡Que dejes eso! Ya has terminado por hoy.

-¡Que no, que me faltan dos horas!

-¿Te puedes quitar los cascos para hablar?

Ya has terminado, lo he arreglado para que puedas salir antes

y ya recuperarás las horas.

-Pero ¿qué me estás contando?

Pues me viene de lujo. Estaba pensando

en las ganas que tengo de que se termine el turno.

-Soy tu ángel de la guarda. -Te faltan solo las alitas.

(RÍEN)

¿Qué plan hay para esta tarde?

-¿Yo? Currar, me queda lo más grande aquí.

-¿Entonces?

-He llamado al centro de menores donde está tu hermana.

Es día de visitas y puedes pasar la tarde con ella.

Toma, aquí tienes.

Y que te salga muy bien ese arroz al horno, guapa.

-Adiós.

Hola, Adela. Hola, Carmen. ¿Qué pasa?

Quería hablar con Cristina. ¿Está por aquí?

No, no está. Ah, ¿y sabes dónde está?

No.

Ya, es que quiero hablar con ella.

¿Lo ha dejado con Paolo?

Es mejor que te lo cuente ella.

Pobrecico.

Una cosa te digo, ella se está equivocando.

Tendrá sus razones.

En un matrimonio hay que estar a las duras y a las maduras.

Hace cuatro días estaban fenomenal, ¿y ahora, qué?

¿Tiras todo por la borda? Cada matrimonio es un mundo.

Y nadie sabe lo que pasa de puertas adentro.

Yo con Nicolás discuto. Con lo de mi madre, un montón.

Pero de eso se sale apoyándose el uno al otro.

¡Hombre! Ahora estamos más unidos que nunca.

Ya, pero yo no quiero meterme.

Ay, perdona, con lo que tienes tú encima.

A ver, Carmen, suéltala, que te estás quemando.

Es verdad que ya no vives con Elías.

(ASIENTE)

¿Y qué vais a hacer separados?

Pues sí.

Pues chica, mucho ánimo.

Pensaba que te iba a hacer ilusión.

-Ya, no sé, me ha pillado por sorpresa.

-Como me dijiste que querías recuperar la relación con ella...

-Ya, pero igual este no es el momento.

-¿Por qué no?

¿Cuándo es el momento? Si es Navidad.

-No sé, me da miedo.

-¿Miedo de qué?

-Las últimas veces que nos vimos fueron superdesagradables.

Muchos reproches, muchos gritos, todo mal.

-Ha pasado mucho tiempo. -¿Y si no me quiere volver a ver?

¿Y si sigue de mal rollo?

¿Por qué tendría que haber cambiado algo?

-Porque tú has cambiado.

Ves la vida de otra manera.

Además, ¿no decías que querías ocuparte de ella, pase lo que pase?

-Sí. -Pues ya está.

Puedes empezar poco a poco.

Todos los viajes, por muy largos que sean, empiezan con un paso.

O con un giro de ruedas, en mi caso.

-Ja, ja.

-No sé, de verdad, a lo mejor tienes

que dar ese paso.

Luego ya verás como todo es mucho más fácil.

¿Qué haces, qué tengo?

¿Qué haces, qué buscas? -Las alas.

-¿Qué alas? -De ángel.

(RÍEN)

-Ven aquí, anda. -¡Au!

Tú no te hundas, hazte valer.

En las separaciones siempre sale perdiendo alguien.

Con los amigos, los negocios, el reparto.

Ya. ¿Qué vas a hacer?

¿Te vas a distanciar de los De la Cruz?

No, Carmen, los De la Cruz no tienen nada que ver.

Este asunto es entre Elías y yo. Y no voy a irme del mercado.

Todo lo contrario, he comprado la floristería.

Hola. ¿Qué me estás contando?

Que estás hablando con la nueva dueña.

¡Qué rapidez, Adela, eres una De la Cruz auténtica!

¡Qué de novedades!

En este mercado es imposible aburrirse.

No. Me voy a trabajar un poco.

Dile a Cristina que he venido a hablar con ella.

Me alegro de que estés bien.

Estaba un poco preocupada. Hala.

Hasta luego, vecina. Gracias.

Estaba preocupadísima.

Ya.

Al final, has comprado la floristería.

¿Y por qué has cambiado de opinión?

Ya ves, el listo de mi marido.

Ha comprado la floristería con el dinero de una cuenta común.

Y he dicho: "Ya que me la compra, me la voy a quedar".

Para el negocio nos va a venir muy bien.

Pero no quiero que te sientas en deuda con Elías.

¿Yo?

Se lo he dejado clarísimo, meridiano.

Muy bien. Pues me va a venir este extra económico fenomenal.

Ya decía mi abuela que Dios aprieta, pero no ahoga.

Sí, ya lo sé.

Y si ahoga, me lo dices.

Puedes contar conmigo para lo que necesites.

Tú has hecho muchísimo por mí y quiero estar a la altura.

Ya sé que no nos conocemos desde hace mucho.

Pero para mí eres una amiga de toda la vida.

Ya está, me voy al puesto, que tenemos mucho trabajo.

Luego voy a ayudarte. Tengo que pasar por el banco.

Tranquila.

A ver.

Hola.

-¿Tú no tenías una comida con un cliente?

-Sí, pero he terminado pronto y he venido a darte un beso.

Ayer me quedé preocupado.

No me gusta que nos vayamos a la cama sin cerrar los temas.

-No te preocupes, ya se me ha pasado.

-¿Seguro?

-Sí, seguro.

Fue un día muy raro y no sé por qué.

Lo único que me apetecía era estar sola,

no hablar con nadie, meterme en la cama.

Pero ya está, lo siento, estoy bien.

-Me alegro.

Me gusta verte así, tranquila y que estemos bien.

Y por eso he conseguido entradas para ir a la ópera.

-¡Qué dices! Pero ¿para cuándo?

-Para esta noche. El cliente tiene un abono y me las ha regalado.

-¡Pero eso es estupendo!

-¿Puedes decirle a Paolo que te deje salir antes?

-Voy a ver cómo se lo planteo.

No está pasando por una buena racha.

-¿Por?

-Nada, cosas personales suyas.

-Seguro que sabes cómo convencerle.

Me apetece mucho tener esta noche para los dos.

-A mí también.

Pon la fruta bien, que te quedas sin aguinaldo.

Hola.

¡Hombre! -Hola, papá.

Padre, has llegado. ¿Dónde has comido?

-En un sitio de menú. No estaba rico ni el café.

-Pásate por el bar, que te hago uno de los que te gustan a ti.

Que yo te invito. -Se te ve muy bien.

Parece que ya empiezas a superar lo de Adela.

Más que a superarlo, empezamos a mejorar.

Adela ha aceptado la floristería.

Eso quiere decir que vuelve a casa.

No exactamente. Me ha dejado muy claro

que no quiere decir que me perdone, pero la conozco.

Yo sé que esto es un buen paso

en el camino hacia la reconciliación.

-Claro que sí, algo es algo.

-Me alegro de que ese dinero te vaya a servir para algo.

Pero no te agarres a un clavo ardiendo.

Conociendo a Adela, vas a tener que currártelo mucho más.

Me voy al baño.

¡Huy!

-¿Qué pasa? -No, que me ha sorprendido.

A ver, dame otro, que me vaya acostumbrando.

¿Qué tal?

-Bien, pero tengo que volver al bar, que estoy sola.

¿Cenamos esta noche cuando salga?

-Vale. ¿Dónde quieres ir?

-¿Qué tal en tu casa?

¿Qué pasa, no te gusta la idea?

-Sí, no, sí, que me ha sorprendido.

-Madre mía, te sorprende todo.

-No, que me encanta la idea.

Pero no sé si tendré algo para cenar en casa.

-Estamos en un mercado, Luis.

Yo me encargo del vino.

Me apetece que por una vez estemos los dos solos.

-Vale, pero mi casa va a estar llena de trabajos de alumnos.

-¿Ah, sí? -Sí.

-Ya me apañaré para quitarlos de en medio

y que estés en lo que tienes que estar.

-¿Y en qué tengo que estar?

-Pues en la cena. ¿En qué va a ser?

A ver, ha sido un poquito brusco.

Pero tiene parte de razón. Parte, no.

La tiene toda, hermana.

Yo soy la primera que echa de menos a Adela,

que tengo que vivir con tres maromacos.

Es que la has cagado mucho, hermano. Es que...

Vas a tener que estar ahí a pico y pala.

Y con retroexcavadora, si hace falta.

¿Te cabe alguna duda de que voy a hacer lo que sea?

Ninguna.

Aunque...

Un poquito de ayuda me vendría bien.

No sé, alguien que hable con ella.

Alguien que le tenga aprecio, como tú.

Que se lo diga: "Elías está arrepentido de verdad

y te echa mucho de menos".

Conseguir que vuelva conmigo. No.

No, no, no, no, no.

Yo ya hice suficiente cubriendo tu infidelidad.

Te toca apechugar a ti solito.

Tienes que cargar tú solo con las consecuencias.

Toma. Te quiero mucho. (ASIENTE)

¿Te pasa algo?

-Eh...no.

Bueno, estoy un poco rayada.

-¿Con qué?

-Pues...

Que estoy súper a gusto contigo, Luis.

Pero no me gusta hacer daño a terceras personas.

-¿Es Jonathan la tercera persona?

-Me siento mal por haberle rechazado.

El pobre se sinceró conmigo y yo...

Yo le quiero muchísimo.

Pero solo como un amigo.

-Pues entonces, no te comas la cabeza.

-Ya, pero es que le dije que lo nuestro era mentira.

Y ahora nos ve así, pensará que le estoy engañando.

-Pues explícaselo. -Ya.

Tengo que encontrar el momento.

Jona siempre ha estado ahí.

Siempre.

Y no quiero perderle como amigo. Y mucho menos, que sufra.

-Seguro que lo entiende.

-¿Te vienes dentro para pillar algo para la cena?

-Sí, pero tengo que pasar por la escuela. Luego vengo.

-Vale.

Mira a ver ahí, detrás del sofá.

-Ya miro, pero ¿dónde está el viejo?

-Es ese, el que está detrás de la estantería.

¿Cómo has hecho eso? -No lo sé. ¿Qué hago?

-Mira a ver si te puedes acercar a esos papeles.

A lo mejor hay alguna pista.

Busca el amuleto, como dice el juego.

-¿Qué ha pasado?

-Pues no lo sé.

Lo mismo te han matado.

-Pues mejor.

Esto me pone un poco nervioso.

-Lo dejamos ya, ¿no? (ASIENTE)

-¿Y por qué te has comprado el juego?

-Me lo regaló mi abuela, pero ni lo había sacado de la caja.

-Pues vaya dos. Yo tampoco he tenido nunca consola.

-Se supone que en nuestro rango de edad los videojuegos

son la forma de entretenimiento más común.

Pensaba que te vendría bien.

-¿A mí por qué?

-Por lo de tus padres.

-Ah.

Pues gracias, tío, pero esto no es lo mío, que se diga.

Yo soy más de meterme a ensayar con mi grupo durante horas.

Vaya frikazos estamos hechos.

Pero gracias por ayudarme, tío.

¿Qué haces?

-Les hacía falta una buena limpieza.

-¿Te ayudo? -No, no te preocupes.

Sobre todo, porque lo hago para estar ocupado.

-Así estoy también ocupada yo.

-No, Rosa, de verdad.

(SUSPIRA)

Rosa.

Perdón, sé que hoy no estoy siendo el mejor compañero de trabajo.

Lo siento.

-Venga, Paolo.

Todos tenemos momentos mejores y peores.

-Ya.

Pero hoy no hablamos de mí, ¿de acuerdo?

Porque si no, esto de limpiar sillas para distraer la mente

no va a funcionar.

-Vale, perdona. Solamente te digo una cosa.

¿Vale?

Si necesitas cualquier cosa, hablar, lo que sea,

yo no tengo que decirte nada, puedes contar conmigo.

-Trato hecho. Gracias, Rosa.

Están fatal las cosas en casa.

Fatal.

Mi padre todavía no termina de creérselo.

Normal, está en shock.

Se pasa el día en shock.

¿Por qué me pasa esto a mí?

Yo intento hablar con él, pero...

No sirve de nada, se enfada conmigo.

-¿Ya sabéis quién es el otro hombre con el que está tu madre?

-Qué dices, tío.

Mi padre se quiere separar porque la relación no da más de sí,

no porque haya una tercera persona.

-Me parece raro.

-No, no es tan raro.

Llevan muchos años, tío.

La gente cambia.

Evoluciona.

-Ya has visto lo que ha pasado con Adela.

Ha sido por una infidelidad.

-Ya, pero las parejas son distintas.

Además, ¿has visto a Elías? No lo compares con mi madre.

-Yo he leído mucho sobre eso en internet.

Y tres de cada cuatro parejas que rompen es por una infidelidad.

Y los hombres no son más infieles que las mujeres,

están al 50 por ciento.

-Ya te digo que no es el caso.

-Y normalmente, la persona con la que se comete

la infidelidad es alguien cercano a la pareja.

¿Quién podría ser en el caso de tu madre?

Podría ser Elías, ha engañado a su mujer hace poco.

Sería una coincidencia extraña. -¿Te puedes callar ya?

¿Es que no puedes parar, no sabes cuándo parar?

¡Deja de decir tonterías!

Eh...

Paolo. Si no hay mucho follón,

¿te importaría que saliera un poquito antes?

-Claro que no, Rosa, vete cuando quieras.

-Es que verás...

Nacho ha conseguido entradas para la ópera.

A mí no me mata mucho, pero a él le hace ilusión.

-Qué bonito que tu marido

quiera compartir sus pasiones contigo.

(RÍE)

-¿Lo ves? Me descuido un momento y...

Y me emociono.

Eh... ¿Qué ópera vais a ver?

-El "Nabucco", de Verdi. -¡No!

¿En serio?

Es mi ópera favorita. -¿Ah, sí?

-Es que prácticamente es la banda sonora de mi infancia.

A mi abuelo le encantaba.

Y tarareaba todo el tiempo uno de los coros más famosos

de la ópera y de la historia de la música.

A ver si lo reconoces.

(SILBA)

(ROSA TARAREA)

Es precioso. -Eso es.

Es que cuando cumplí 10 años,

mi abuelo me regaló dos entradas para ir a l'Opera di Napoli.

Era la primera vez para mí. Fui con mi madre.

Fue una noche, Rosa, inolvidable.

Maravillosa, pero todo.

El teatro, la gente tan elegante.

Y los palcos y el escenario con el antiguo Egipto.

Y la música, Rosa. La música.

Qué maravilla.

Recuerdo que al final de la ópera, los músicos

decidieron volver a repetir el "Canto de los esclavos".

Y entonces, todo el público, pero todos, nos pusimos de pie

a cantar.

(RÍE)

# Va, pensiero,

# sull'ali dorate. #

Perdona, Rosa, es que... Es que me emociono

y me pongo a contar historias de la prehistoria.

-Pero es precioso, Paolo, me encanta.

¿Sabes qué? Que esta tarde,

cuando esté viendo la ópera, la voy a disfrutar mucho más.

-Es lo que dicen.

Los buenos recuerdos son como un bálsamo para las heridas.

¿O no?

(SUSPIRA)

Y me ha invitado a cenar a su casa esta noche.

Bueno, en realidad, me he invitado yo.

-O sea, que la cosa va en serio.

-No lo sé.

Pero nunca había estado con un tío tan interesante.

No sé.

Me gusta mucho.

-Ay.

Alguien está enamorada hasta las trancas.

-Bueno.

-A ver si tienes más suerte que yo.

-¿Has hablado con Jorge?

-Sí, pero no he sacado nada en claro.

Bueno, sí, que lo nuestro no...

No va a ninguna parte.

-¿Por qué dices eso?

-Pues porque Jorge tiene algo pendiente con Celia

y hasta que no lo resuelva, no podemos seguir adelante.

Que se aclare y luego, ya veré.

-Pero a ver, ¿tú qué sientes por Jorge?

-Es complicado, Noa.

-Intenta explicármelo, anda.

(SUSPIRA)

La verdad es que cada vez tengo más claro

que sería el hombre perfecto para mí.

A lo mejor solo pienso eso porque veo que le estoy perdiendo.

Pero...

Sí, me gusta, me gusta estar con él.

Es guapo, es inteligente, es atractivo.

Me entiende.

Le quiero.

Le quiero mucho.

Oh.

Cómo he podido ser tan ridícula,

montarle toda esa sorpresa.

Perderme el funeral de Genaro para montar todo eso.

-Por lo menos, te habrá pedido perdón.

-Sí, menuda manera de disculparse.

Dice que Celia se puso tan enferma que se olvidó de nuestra cita.

Hubiera preferido que me dijera que no quería viajar conmigo.

-Es que él no sabía que os ibais de viaje.

Pensaría que iba a ser una cena normal y corriente.

Si no, no se le habría olvidado.

-Noa, cuando estás enamorado,

ninguna cena es una cena normal y corriente.

-Estás muy dolida, ¿no?

(RÍE)

Pues sí.

La verdad es que sí.

He perdido mi chaleco de la suerte.

A lo mejor por eso me va como me va.

Jorge me deja plantada, no puedo recuperar la pasta del hotel,

no puedo recuperar la pasta del AVE.

Ni siquiera he conseguido reunirle con su hijo.

-Te habrá agradecido el detallazo, ¿no?

-Es que no le he contado mucho.

-¿No sabe que el viaje era para ir a ver a su hijo?

-No, ni siquiera sabe dónde íbamos.

-¿Por qué?

-Pues porque...

Pues porque bastante he hecho ya el ridículo.

No quiero remover esto más. ¿Para qué le voy a contar?

-¿Para que vea el currazo que te has pegado?

Y lo importante que es para ti.

Además, ya no es solo la pasta o el encuentro con su hijo,

es que tuviste que vender tu chaleco.

-Noa.

Si Jorge no se ha dado cuenta de lo importante que es para mí,

hay algo que no funciona.

(CARMEN) Y con esto, hacen 50.

Verás los solomillos, os vais a chupar los dedos.

Están buenísimos. -Gracias.

-Chao, guapo.

Hola, bonita. ¿Qué pasa, que no saludas?

-Hola, Carmen.

-Quería comentarte una cosita.

¿Vosotros cómo andáis de armarios en el piso?

-¿Armarios? -Sí. Verás.

Es que Samu se ha dejado un montón de cosas en casa.

Y tiene un armario empantanado lleno de ropa

que yo creo que ni se pone.

Y tenemos que despejarlo porque no vamos sobrados de espacio.

Mi marido me dice que si colecciono zapatos.

Digo yo que para un vicio que tengo...

Peor sería que me lo gastara en el bingo.

Bueno, a ver, que me disperso.

Yo ya le he dicho a Samu por activa y por pasiva

que me vacíe el armario, pero es que no me hace ni caso.

-Sí, tu hijo tiene muchas virtudes, pero el orden no es una de ellas.

-Yo había pensado, tú que eres una chica sensata

y que influyes tan bien en él,

le podrías pedir que me vaciara el armario.

-Mira, Carmen, si te molestan los calzoncillos de tu hijo,

tíralos, es que no estoy para chorradas.

¿Perdona?

Jonathan, ¿tienes un minuto?

-No, tengo que volver al puesto.

-Solo es un minuto. Quiero hablar contigo.

-¿Qué?

-Sé que eres una persona muy importante para Noa.

Y ella lo es para ti.

-¿Y? -Pues...

Que no me gustaría que nuestra relación fuera un problema.

-Eh...

Es que no sé de qué relación me estás hablando.

Noa me dijo que era un paripé para fastidiar a su padre.

Me mintió, ¿no? -No, no te mintió.

Al principio sí era un paripé.

Pero bueno...

Resulta que sí nos gustamos.

Y sí estamos juntos.

-Bueno, pues enhorabuena.

Que seáis muy felices.

¿Sabes qué pasa? No sé qué quieres que te diga.

-Me gusta de verdad.

Me gusta.

Y supongo que preferirías que las cosas fuesen diferentes.

-¿Qué te ha contado Noa?

-Desde el principio, supe que te gusta

como algo más que como una amiga.

-Te ha contado que me declaré. -Sí.

Y no sabe cómo contarte lo nuestro porque te quiere.

Y no te quiere hacer daño.

-Pues dile que no se preocupe tanto por mí.

Que ya soy mayorcito y sabré encajarlo perfectamente.

Y dile que la próxima vez que tenga que decirme algo,

que me lo diga a la cara.

Es lo que se supone que hacen los amigos.

(CARRASPEA)

Hola. Hola.

¿Sabéis por qué nos ha citado Javier?

Creo que hoy era lo del juicio.

Supongo que nos habrá citado para decirnos qué ha pasado.

¿Tú sabes algo? No, no, ni idea.

Bueno, lo que ha puesto en el chat.

Que quería contarnos algo.

No ha puesto nada más. No.

Para decirnos que le han condenado no nos va a citar, ¿no?

O sí, él querría dar la cara y dar una explicación.

Ah. Ay, pobre.

Para mí es buena persona. Yo creo que le han absuelto.

Seguro. Míralo.

¿Se sabe algo? Cuéntanos. -¿Cómo ha ido?

-Eh...

Bueno, os he reunido aquí para comentaros

que las obras de la cubierta van bien, van según lo previsto.

Y también, bueno, algunos ya lo sabéis, hoy...

Hoy se ha celebrado el juicio

en el que me acusaban de fraude fiscal.

Como sigo siendo vuestro gerente, os debo una explicación.

¡He sido absuelto de todos los cargos!

-¡Qué bien!

¡Sí, señor!

¡Qué bien!

-Bueno, a ver, quería deciros algo.

Quiero aprovechar para daros las gracias.

Han sido unos días muy difíciles

porque aunque sabía que era inocente, nunca se sabe.

Si estoy aquí, es gracias a vosotros.

Me habéis dado un voto de confianza

y a pesar de los intentos que han hecho para desprestigiarme,

no habéis dejado de confiar en mí.

Espero poder devolveros ese apoyo

consiguiendo la renovación para que el Mercado Central aguante.

No os puede asegurar que vaya a ser un camino de rosas.

No os puedo prometer que vayamos a conseguirlo. Lo que os prometo

es que me voy a dejar la piel intentándolo.

Bueno, pues venga.

Ya está.

Vale, a vuestros puestos.

Que algunos los habéis dejado solos.

Enhorabuena.

-Oye.

Que me alegro mucho, de verdad.

-¿Cómo puedes ser tan hipócrita?

Estabas deseando que me condenaran.

-¿No crees que el beso de esta mañana quería decir otra cosa?

-Mira, Germán, no voy a complicarme la vida contigo.

Bastante complicada la tengo ya.

-Lo interesante nunca es fácil. -¿Interesante?

Me amenazas, me espías.

Me chantajeas.

Una relación así es cualquier cosa menos interesante.

Ya he pasado por eso una vez.

Y no voy a volver a repetirlo.

(Móvil)

Papá.

¿Qué, ha terminado ya la reunión?

"Sí".

¿Y?

Dime, cuéntame.

Nos vamos a quitar de en medio a la mosca cojonera.

Pues lo siento, pero tenemos Javier para rato.

Lo han absuelto. "Sí.

Y se acaba de marcar un discursito delante de todos

que parecía un político de los buenos".

Que si muchas gracias por el apoyo,

que si voy a luchar para que el mercado siga adelante.

"Qué asco de tío, de verdad".

No te preocupes, el que ríe el último ríe mejor.

Ya encontraremos algo para quitárnoslo de en medio.

¿Cómo va tu acercamiento?

Sigo trabajándomelo, pero va mal. O sea, va mal.

"No se fía de mí desde que me pilló".

Mira que eres torpe.

Tú me dijiste que hiciera eso.

Querías que me hiciera su amigo así.

No pensaba que eras tan inútil. Como espía te morías de hambre.

Muy gracioso, haberlo hecho tú, no te jode.

"Ya está, no quiero seguir discutiendo contigo".

Estamos en el mismo barco, tenemos que remar juntos.

(Timbre)

Te dejo, que están llamando.

Adiós.

(SUSPIRA)

Ortuño, qué alegría verte.

¿Quieres un whisky? No, gracias.

Solo vengo para saber cómo lleváis el tema de Javier.

¿Habéis avanzado algo o seguís tocándoos las narices?

Estamos en ello. No, no estáis en ello.

Os dije que os pusierais las pilas.

Y cada día que pasa pierdo dinero.

Hay pocas cosas en la vida que me fastidien más que eso.

Mira, lo teníamos todo preparado, todo.

Hoy se celebraba el juicio, acaba de terminar

y había hablado con un periodista

para que si salía culpable, se hiciera público

y el Ayuntamiento se encargara de él.

Por la cuenta que te trae, espero que lo hayan condenado.

No me lo puedo creer.

¿Qué pasa, tu hijo y tú solo reunís cinco neuronas?

Me he asociado con los dos más inútiles del mercado.

Se suponía que iba a salir culpable, pero al final...

¿Sabes por dónde me paso tus peros?

Mira.

A partir de ahora, ya me encargo yo de Javier.

Y vosotros dos, o me traéis algo gordo de verdad

que me ayude a cerrar el mercado o hemos terminado.

Estoy harto de que me hagáis perder el tiempo.

(Portazo)

(SUSPIRA)

-¿Te ayudo?

-¿Todavía estás aquí? Pensaba que te habías ido.

-He llamado a Nacho y le he dicho que me traiga el vestido.

Así ganamos tiempo.

-Pero podías haberte ido antes, Rosa.

-No pasa nada.

Además, así vamos directamente al teatro.

(PAOLO LLORA)

-¿Estás bien? Lo siento, no quería...

-Perdona, pensaba que...

Que ya estaba solo.

(SUSPIRA)

Es que...

Estoy pensando... Pero ya estoy bien, ¿eh?

-No pasa nada porque llores.

Puedes romperte delante de mí, si quieres.

-Es que...

No es cuestión de romper y...

(SUSPIRA)

Pero es que me gustaría estar bien.

Y es imposible.

Tengo clavada la imagen de ellos dos.

Y no se me quita de la cabeza.

-Creo que tienes que hablar con Cristina.

Deberías quedar con ella. -No, no, Rosa.

En este momento es imposible.

-Bueno, pues cuando puedas.

Pero antes de irte, deberías hablar con ella.

Y mientras tanto, no te voy a dejar solo.

-Gracias, Rosa.

Pero de verdad, estoy bien.

Además, tú tienes que salir a esperar a Nacho.

Que si llegáis tarde, yo no me lo podría perdonar.

-No, yo no te dejo así.

-Rosa... -No.

-Si fuera al revés, por "Nabucco", yo lo tendría muy claro.

-No cuela, ¿eh?

-¡Que te vayas, que no te quiero ver!

Y si hace falta, te despido.

-Escúchame, que se me acaba de ocurrir una idea.

Nacho conoce a muchísima gente.

A lo mejor estamos a tiempo de conseguir una entrada

y nos vamos los tres.

-Ah... No, no, mejor que no.

-Espera, lo llamo. -No, no, Rosa.

Es demasiado tarde, no.

Además, es un plan de pareja.

Que dos son compañía, pero tres es multitud.

-No pasa nada, seguro que a Nacho no le va a importar.

(Pasos)

-Hola. Cada día cuesta más aparcar.

-Hola.

-¿Dónde te lo vas a poner?

-Me voy a servir la terraza.

Me limpio las manos y... Que lo paséis bien.

-Pero ¿qué le pasa?

¿Qué pasa?

Te he estado llamando. ¿Lo tenías en silencio?

-No tenía ganas de hablar.

-¿Tan mal ha ido con tu hermana?

-No ha querido bajar a verme.

No ha salido ni de la habitación.

-Pues no lo entiendo.

¿Seguro que le han avisado? Igual has hablado con uno nuevo.

-Le han avisado y ha dicho que prefería no bajar.

-¿Qué pasó para que os hayáis distanciado tanto?

-Pues pasaron muchas cosas.

Sobre todo, me echa la culpa de haber alejado a mi madre.

(SUSPIRA)

¿Ella sabe que tu madre está enferma?

-Pues no del todo.

Cuando Laura vivía, entre ella y yo,

intentábamos que no se enterara de las crisis de mi madre.

Le decíamos que estaba enferma,

que no se encontraba bien e intentábamos que no la viera.

Cuando Laura murió, todo se complicó.

Mi madre dejó de tomarse la medicación.

Y las crisis cada vez eran más seguidas, más violentas.

-Y no estaba tu hermana. -Pues claro.

Pero yo seguí intentando proteger a Martina.

Me metía en la habitación con mi madre para que no se enterara.

Pero entonces, Martina escuchaba los gritos

y desde su punto de vista,

yo cabreaba a mi madre y discutía un montón con ella.

-Tuvo que ser difícil. -No sabes cuánto.

Cuando no se toma la medicación, es como una bomba de relojería.

Pero yo conseguí proteger a Martina,

conseguí que no se enterara de nada.

Y ella sigue culpándome de que alejé a mi madre de nosotras

y que no las he cuidado lo suficiente.

Hice lo que pude y tampoco estaba como para cuidar de nadie.

A mí se me acababa de morir mi hermana también.

-Ya no es una niña.

Seguiremos intentando hablar con ella hasta que se lo expliques.

Ya verás como lo entiende.

Eh.

Ven aquí. (CARLA RESOPLA)

Cristina le ha dejado.

-¿Qué, por qué?

-Está enrollada con Doménico.

-No. ¿Con el cocinero?

Pero ¿no era amigo suyo? -Sí.

Está hecho polvo y Cristina

se quiere llevar a Andrea a Nápoles.

-Pero ¿tú lo sabías? -Yo no.

No lo sabía nadie. -¿Y cómo se ha enterado?

-Porque los ha visto enrollándose.

-No.

Buah.

Cada día me cuesta más entender este mundo.

La gente está fatal.

-Antes le he estado diciendo que nos íbamos a ir a ver

"Nabucco" y se ha emocionado muchísimo

porque le ha recordado a su infancia.

Y entonces he pensado...

¿Qué te parece...?

¿Tú crees que estamos a tiempo de conseguir otra entrada?

-¿Quieres que vayamos los tres?

-Si es que está hecho polvo, Nacho.

El único momento del día en el que lo he visto más animado

ha sido cuando me ha hablado de la ópera.

Me da muchísima pena verlo así.

-Y te entiendo.

Lo que tiene que estar pasando no se lo deseo a nadie.

Pero es imposible conseguir otra entrada.

Llevan semanas agotadas. Por eso me sorprendió

cuando mi cliente me regaló las suyas.

Venga, cámbiate, que al final, nosotros no llegamos tampoco.

-Es que no puedo dejarlo así.

-¿Cómo? -Lo siento.

Pero me sentiría muy mal.

¿No puedes irte con alguien?

-¿Ahora me lo dices? Ya no hay tiempo.

Venga, va, seguro que Paolo lo entiende.

Sobre todo, ahora, después de lo que ha tenido que soportar.

No creo que le haga gracia inmiscuirse en un plan de pareja.

-Si él también me lo ha dicho, pero se me va a quedar mal cuerpo

dejándolo aquí, es mi amigo, se ha portado muy bien conmigo.

-¿Por qué no vais vosotros dos?

-¡Venga, Nacho, no te enfades! -Te lo digo en serio.

Vete con él, yo me quedo en casa.

A mí me da igual no ver esa ópera.

-Pero ¿qué dices? Si son tus entradas.

Además, mira lo guapo que te has puesto.

Vas tú. -Yo solo no voy.

Y con Paolo, tampoco.

No tengo nada en contra de él,

pero no creo que yo le sirva de consuelo.

Para quedarte aquí consolándole, te lo llevas a la ópera.

-Pero ¿lo dices en serio? -Claro.

¿No has dicho que es muy especial para él?

Es la mejor solución.

Yo me voy a ir a ver una de superhéroes.

De esas que no te gustan a ti.

-No sé qué decirte, me parece un detalle tan bonito por tu parte.

Siento mucho haberte cambiado los planes.

Me hubiera encantado ir contigo.

Pero le estamos haciendo un bien a un amigo.

-Ya lo sé, por eso te lo he dicho.

Corre a decírselo, que no llegáis.

-¿Estás seguro? -Claro.

-Te quiero. Gracias, amor.

Gracias.

¿Sabes que vas a ser el más guapo de todo el cine?

Te quiero, gracias.

Colócalo todo bien porque si no, David no te dará el visto bueno.

Ya. No me pasa ni una, el tío.

Ya.

Te ayudo.

No, tienes que atender tu puesto.

No hay nadie. Si viene alguien, le atiendo.

¿Estás segura? Sí.

Vale. (CARRASPEA)

A por ello.

Estos, vale.

¿Adela no viene hoy? Huy.

Adela se ha quedado con el negocio de Cristina.

Algo he oído, sí.

En este mercado las noticias vuelan.

Claro, tenemos aquí radio macuto las 24 horas del día.

De todas formas, voy a echar de menos a Adela.

Me había acostumbrado a tenerla.

Al principio te costó un poco. Sí.

Bueno, los inicios nunca son fáciles.

De todas formas, vamos a seguir siendo socias.

Tenemos un negocio nuevo de cestas para eventos.

Bodas y esas cosas.

Tuvimos una y nos fue bastante bien.

Fíjate, ¿te estás oyendo?

Asociándote, ampliando el negocio.

Ya eres una más de aquí.

Bueno.

Oye, Jorge, ¿no me vas a decir nada?

¿Sobre qué?

Perdóname, soy muy torpe.

Te has cortado el pelo. No, no, no.

Bueno, el otro día...

Tenemos una conversación pendiente.

Cuando llegó Lorena, pues...

Ya.

Pues no me acuerdo muy bien

porque estaba pendiente de bajarte la fiebre.

Según tú, te dije ciertas cosas cuando estaba delirando.

Bueno, dijiste muchas cosas.

Pues adiós, que te vaya bien.

-Hola, bombón.

Mama, ponme un par de solomillos ricos.

-Hoy va a comer todo el mundo solomillo.

-Le voy a preparar a Carla una cena para chuparse los dedos.

Está triste y tengo que animarla.

-Esa chica ha tenido mucha suerte contigo, que eres pura luz.

A ver si se le pega algo, porque qué borde es la chiquilla.

-¿Qué dices? ¿Qué pasa, habéis discutido?

-No, no, no.

Qué va, que hablo por hablar.

-No das puntadas sin hilo. ¿Me lo vas a contar?

-Si es que es una tontería.

Me he cruzado con ella esta mañana.

Me ha dicho que no tenía tiempo para tonterías.

-No, Carla no te ha dicho eso.

-Sí, no tengo tiempo para tonterías.

Me he portado bien para que me hable así.

-No se lo tengas en cuenta.

Está triste por una cosa que le ha pasado.

-Que la pague con quien sea, no conmigo.

-A ver.

Estabas delirando y decías muchas cosas.

Y no se te entendía bien.

Me hiciste dudar si hablabas en castellano o en otro idioma.

Jorge, para ya, te dije...

(SUSPIRA)

Que te quiero.

¿No vamos a hablar de eso?

Hola. Hola.

Quería dos vinos. Vale.

¿Cuál quieres?

No sé, no entiendo de vinos.

Uno es para una cena especial y otro, para Lorena.

Seguro que sabes cuál le gusta. Sí.

Me has dicho una cena.

Pues mira, para la cena, te vas a llevar este.

Y a tu tía hay uno que le encanta.

No es barato, pero no te preocupes, que te hago precio.

Da igual, la ocasión lo merece. Y mi tía también.

Para que ahogue las penas en vino.

Es que la pobre tuvo que vender su chaleco de la suerte,

el que le regaló Nina Hagen en Berlín.

¿Y lo tuvo que vender por?

A lo mejor no debería contarte esto.

Pero como no es nada malo...

Tuvo que venderlo para pagar el viaje que te había preparado.

Esa era su sorpresa.

Y al final, ni fuimos. Ya, ya lo sé.

Y no sabes con la ilusión que lo había preparado.

Bueno, la intención es lo que cuenta.

Sí. ¿Te gustó la idea?

¿La idea?

La verdad es que no me dijo de qué se trataba.

Te iba a llevar a Valladolid para cenar en La Fanega.

Había reservado una mesa para que te reencontraras con tu hijo.

¿Puedo pagarte con tarjeta?

No, déjalo, yo te invito. No, gracias.

Los vicios y los regalos debe pagarlos una.

Vale.

Vale.

(SUSPIRA)

Gracias.

Bueno, y yo no te he dicho nada.

Como se entere mi tía, me mata.

Pero digo yo que ya que se lo curró tanto,

al menos, que lo sepas.

Si alguien me quisiera tanto, me gustaría saberlo.

Hasta luego. Hasta luego.

Por eso está así.

No ha podido ni hablar con ella.

-O sea, que tiene otra hermana aparte de la que murió.

-Pues sí.

Y es su única familia.

Su padre murió cuando era una niña.

Y a la madre la ingresaron por trastornos mentales.

-Madre mía. -Se quedó sola con su hermana.

Y se la llevaron los asistentes sociales

porque no se veía capaz de cuidar a una adolescente.

-Claro, hijo. ¿Cuántos años tenía Carla?

-No sé, unos 18 o 19.

Pero no le perdonó.

Hoy ha ido a visitarla y ni siquiera ha bajado a verla.

-¿No tiene a nadie, unos abuelos, unos primos, algo?

-No, nadie.

Y Carla intenta sacar a su familia delante.

No sabe cómo hacerlo.

-Supongo que no es fácil

criarse sin un apoyo, sin unos padres.

-¿Sabes qué, mamá?

Que yo, en el fondo, he tenido suerte.

A pesar de lo que me ha pasado,

siempre he podido contar con vosotros.

Te quiero.

-Y yo a ti, hijo.

Hombre.

Llegas a tiempo de cenar conmigo, si quieres.

No quiero cenar. ¿Qué?

¡Que no quiero cenar! Oye, oye, menos humos.

Entiendo que estés mal. Pero yo tampoco estoy en el mejor

momento de mi vida y no me meto contigo.

Ni yo tampoco, no me he metido contigo.

Te he dicho que no quiero cenar, tampoco es tan grave.

¿Qué te ha pasado? Con el buen humor que tenías.

Pues ya ves. Ah.

Has vuelto a meter la pata con Adela.

No, no es Adela, son los negocios.

Últimamente no me sale nada bien.

Parece que me haya mirado un tuerto.

Son rachas, no hay mal que cien años dure.

Ya verás como dentro de poco cambia tu suerte.

¿Pensabas que no me iba a enterar?

¿De qué? He estado en el banco.

Y he visto lo del préstamo. ¿Qué préstamo?

¿Tú sabías que avaló un préstamo con nuestra casa?

A mí no me consultó.

Es mi casa y tuve que firmar. Vamos a ver.

Cuando hice la ampliación de la empresa de transportes,

el banco me pedía un aval.

No teníamos otra cosa que no fuera la casa.

Se hace mucho en estos negocios.

Y lo hice porque sabía que no habría problemas.

¿Y si los hubiera habido?

Nos veríamos en la calle. ¡Oye, no soy tonto!

Que sé lo que hago. Ha ido todo bien.

Gracias a eso, hemos vivido muy bien.

Muy bien todos estos años. Y gracias a mí.

Gracias a ti. Es lo que me faltaba por oír.

Ahora resulta que he sido una mantenida.

Te recuerdo que he trabajado como la que más.

Yo no he dicho nada de mantenida.

Lo que digo es que parece que no os dais cuenta

de que lo hago por el bien de la familia.

Siempre he sido un cero a la izquierda

y nunca te ha importado mi opinión.

¿Tanto te costaba contármelo?

A lo mejor me hubiera parecido bien.

Si no te lo conté fue para que no te agobiaras.

Esa no es la relación que quiero con mi pareja.

No necesito un padre que me oculte las cosas para que no sufra.

Lo que necesito es una pareja que me cuente sus problemas

y que le importe mi opinión para solucionarlos.

¡Un cómplice, no alguien que me ningunea y me pone los cuernos!

Un cómplice.

¿Y tú y yo no somos cómplices?

¿No llevamos 20 años siendo cómplices?

Pues durante 20 años, he creído que sí.

Pero cada vez veo más claro que no.

Ya he tragado bastante, Elías.

Y no pienso volver a pasar por lo mismo.

Quiero el divorcio.

Voy a buscarme un abogado.

He venido a decírtelo en persona.

Y ahora, adiós. Adiós, Jesús.

¿Y a ti te gustó? -Me encantó.

Se me ha metido el gusanillo

y quiero que a la próxima vayamos tú y yo.

-Pues claro.

Pero no será "Nabucco".

Que también yo la quería ver.

(ROSA SUSPIRA)

Si tenías tantas ganas de verla,

¿por qué le ofreciste la entrada a Paolo?

-Es lo que tú querías.

-Yo no te pedí nada, Nacho.

En la vida se me había ocurrido. -No hacía falta.

Estaba muy claro.

Te quiero ayudar. ¿Ahora me vas a ayudar?

Porque yo te pedí ayuda ayer.

¿Y tú qué hiciste? Me mandaste a la mierda.

Pues ahora os vais a la mierda vosotros.

Te vas a la mierda tú. Y te vas a la mierda tú.

El hecho de que Paolo no esté bien con su mujer

y esté atravesando un mal momento no quiere decir

que yo deje de lado a Nacho.

-Mamá, que saliste una noche a ayudar a un amigo.

No estás dejando de lado a nadie.

-Estoy pensando en dejar la pizzería.

Cuanto más hurgo en la vida de tu padre, más engaños descubro.

O sea, que es definitivo.

Hasta hace unos días tenía mis dudas

y no estaba segura, pero...

Es que ya no me veo capaz de confiar en tu padre.

Yo soy un tío normal.

Y me encantaría que fuéramos amigos.

Para mí sería más fácil pasar de vosotros, del mercado

y seguir con mi vida, pero no es lo que quiero.

Noa se merece que nos llevemos bien.

-Es que no sé si tú y yo vamos a poder ser amigos.

Que Javier sea gay no significa que use la aplicación.

Que sí, que sí la usa.

Mientras hablábamos, no paraban de saltarle notificaciones.

¿Estás segura?

Mira quién parece interesado de repente.

A ver, no me importaría nada tener algo con él.

No le veo yo muy por la labor.

Tú sabías, ¿no?

Tú sabías que Giuliana volvería a romperle el corazón.

Y que entonces él se quedaría contigo.

Era todo parte de tu plan.

Como comprar el restaurante de Napoli, claro.

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Mercado central - Capítulo 62

19 dic 2019

Paolo se cierra en banda, no quiere saber nada de su mujer. Rosa, por su parte, empieza a darle más importancia a su amigo italiano que a su propio marido.
Samuel fuerza un encuentro de Carla y su hermana pequeña. Carmen descubre las dificultades familiares de Carla.
Luis intenta que Jonathan mantenga su relación de amistad con Noa.
Jorge descubre la verdad sobre el regalo sorpresa que tenía preparado Lorena.
Adela comienza a hacerse cargo de la floristería y, al descubrir un nuevo tejemaneje de Elías, se decide a tomar cartas en el asunto.
Los planes de Hortuño y Elías se ven truncados por la suerte de Javier. El nuevo gerente tiene a todo el mercado en el bolsillo.

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