Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 61 - ver ahora
Transcripción completa

Que lo engatuses, que hagas que se encapriche de ti.

Que termines volviéndolo loco.

Que lo manejes a tu antojo para que haga lo que queremos.

¿Qué pasa, te estoy pidiendo mucho?

¿?No te lo parece? No hemos hablado nunca de acostarme con nadie.

Venga ya, has hecho cosas peores.

¿Quién es Javier para ti? Nadie.

Tiene que haber otra forma. ¿Mejor que esta? Ninguna.

De todas maneras, no entiendo para qué quieres que firme esto.

-Para que la casa vuelva a estar a tu nombre.

Eso es lo que querías desde el principio.

Así dejamos zanjado el asunto definitivamente.

¿Estás bien?

-La regla es más abundante de lo normal, pero no me duele.

Y me han confirmado que ha sido un aborto natural.

No quiero tener nada que ver contigo.

Ni siquiera me dirijas la palabra.

Y ahora, fuera.

Como te vuelva a ver aquí, te denuncio a la Policía.

La prueba de que Lorena no miente es lo que pasó con Antonio.

Y tampoco miente cuando dice que fue papá quien le entró.

-¡Por favor! -Mamá.

Solo te pido que lo pienses.

Que consideres la posibilidad

de que es papá quien miente, igual que mintió Antonio en su día.

Le había preparado una sorpresa.

Se me ha ido el santo al cielo, perdona.

¿Podemos dejarlo para mañana?

No, los billetes de tren eran para esta tarde,

ya no se pueden cambiar.

Billetes de tren.

¿Y dónde pensabas llevarme?

Da igual.

Te has olvidado de nuestra cita.

Está claro que tienes que estar aquí.

Lo importante es que Celia se recupere.

He venido a devolverte esto.

¿Lo has firmado?

No, ya te dije que no quería la floristería.

Adela.

Adela, dame otra oportunidad.

Déjame que te de... Elías.

No caigas tan bajo como para suplicarme.

No te pega.

¿Dices que me amas?

Ahora, ¿no?

Que he comprado el restaurante que tú querías.

-A mí me gustan las mujeres poderosas, si es posible.

A ti te gustan los hombres que te hagan sentir así

y conmigo te pasa eso, ¿no es verdad?

Soy un imbécil.

-Paolo, espera. -Es que no me lo puedo creer.

¿Desde cuándo estáis juntos?

-Paolo. -¿Qué era?

Un beso de despedida, ¿no?

Un inocente beso entre amigos.

Grazie tante.

Amico caro.

Te has liado con mi mujer delante de mis propias narices.

Aprovechándote de mi amistad.

Te ha salido bien la jugada, ¿no?

-Lo último que quería era hacerte daño.

Tú me has ayudado mucho... -Eso es.

Yo te ayudé como un imbécil.

-No. -Y tú, en cambio...

Pero no me querías hacer daño, así que...

-Paolo.

Yo te juro que he pensado contártelo mil veces.

Pero es que no encontraba la manera.

-La manera.

¿No encontrabas la manera?

Pues haberme clavado un cuchillo en la espalda.

Hubiera sido mejor...

que esta traición

por parte de las dos personas en las que más confiaba.

-Tranquilízate, Paolo, por favor.

-Eso es lo que quieres, lo que queréis, que me tranquilice.

Que os dé mi bendición, ¿no?

Que me alegre de que estéis enamorados.

Y que os vayáis juntos, contentos.

-Nadie te está pidiendo eso.

-¿Y ahora, qué, Cristina?

Ahora os vais a Napoli, juntos.

A terminar de humillarme.

En mi ciudad, con mi familia.

Riéndoos de mí delante de todo el mundo.

Al cornudo de Paolo Giordano.

-Paolo, de verdad que no.

Que Doménico no sabía nada de mi plan, de verdad.

-Eso es cierto.

Me he enterado cuando tú me lo has dicho.

-Creéis que soy tonto, ¿no? ¿Es eso?

¿De verdad pensáis que me puedo tragar

que eso no es un plan de los dos?

-Él no sabía lo que iba a hacer.

Paolo, te lo juro, no te miento. -Cristina.

Yo no me puedo creer ni una palabra

de las que te salen de la boca. ¿Lo entiendes?

-Cristina dice la verdad, Paolo.

Sé que...

No hemos hecho las cosas bien.

Pero...

Yo la quiero. No pretendo que me creas.

Solo quiero que sepas que nunca me olvidaré

de todo lo que has hecho por mí.

Y espero solo que con el tiempo, puedas perdonarme.

Solo esto.

-Desaparece de mi vida.

Merda!

(LLORA)

Doménico, ¿estás bien?

(LLORA)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¡Ay, me he vuelto a perder, por Dios!

-¿Lo hago yo?

Tú siempre has odiado cuadrar la caja.

-Mama.

Lo he contado tres veces y me da una cantidad distinta.

-Anda, trae, déjame a mí. -Sí, claro, pasa.

Ten.

-Así cerramos el puesto, que vaya día más largo que llevamos.

-Sí. -Y qué triste.

Bueno, pues faltan 227 euros con 70 céntimos.

¿Has sumado los tiques de los pagos con tarjeta?

-227,70.

-Bueno, a ver.

Bueno, no se ha dado mal el día.

-No, hemos tenido un par de pedidos de restaurantes.

-Bueno.

Pues ya está. ¿Guardo?

-Muchas gracias, mama.

-Encantada de echar una mano.

-No, has hecho mucho más que echar una mano.

-Hija, que solo he cuadrado la caja.

-No, si...

Estoy hablando del dinero.

De... De la casa de Comillas.

-Necesitábamos el dinero y ya está.

Así que no le des más vueltas.

-Sé lo que te ha costado vender esa casa.

Y me siento culpable porque insistí mucho.

-No, si sirve para afrontar la reforma

del puesto y del mercado, me doy por satisfecha.

-Quiero que sepas que no hemos usado ni un duro.

Y que vamos a usar solo lo justo, lo necesario.

Lo demás te lo vamos a devolver. -El dinero está para gastarlo.

No hace falta que me devolváis nada.

-Una cosa es tapar agujeros y otra, regalar un dineral.

Te lo vamos a devolver para que hagas lo que quieras.

-Que no, que ya está.

De verdad.

-Sé que la casa de la abuela no la puedes recuperar.

Que con ese dinero puedas viajar, que seas feliz.

-Ya, es que...

Es que ha pasado una cosa.

-¿Qué cosa?

-Que he recuperado la casa.

-¡Qué dices!

-Lo que oyes.

Que la casa vuelve a ser mía.

-¿Cómo va a ser eso?

-La empresa que compró la casa es de Jesús.

Jesús es el que ha comprado la casa.

Y ahora va y me la regala.

-¿Ha comprado la casa para devolvértela?

-La compraba para derribarla, para vengarse de mí.

-¡Qué dices! -Se lo ha pensado mejor.

Y me la ha devuelto.

-¡Eso es maravilloso, volvéis a estar juntos!

-No, hija, no te confundas.

Me la ha regalado, pero no quiere saber nada más de mí.

-Ahora sí que no entiendo nada.

-Es su forma de dar por zanjado lo nuestro para siempre.

¿Y ahora para qué quiero yo esa casa?

Si no puedo vivir en ella con el hombre al que amo.

-¡Ay, mama, lo siento mucho! -¡Ay, Carmen!

-¡Pero bueno!

¿Os hago una foto?

(RÍEN)

(TV) "Cítrico".

-"La lata la traes para acá".

Soy yo otra vez.

Empiezo a preocuparme, cariño.

Te he dejado varios mensajes y no me contestas.

¿Dónde estás? Llámame, por favor.

Menos mal que has aparecido. Llevo dos horas

intentando localizarte. ¿No has visto mis llamadas?

-Lo siento, es que me he quedado sin batería.

Y no tengo el cargador en el bolso.

-¿Dónde estabas? -Pues por ahí.

-He ido a buscarte al mercado

y te han visto hablando con Antonio.

-Sí, nos hemos despedido.

-Ya. ¿Todo bien con él?

-Pues sí. ¿Por qué lo preguntas?

-No sé, ha sido la última persona

con la que te han visto antes de que desaparecieras.

-¿Quién ha desaparecido? Me he ido a dar un paseo.

-Un paseo muy largo, ¿no?

¿Pasa algo, Rosa?

-No, no pasa nada, simplemente he ido a dar un paseo.

Necesitaba aclarar mis ideas. Necesitaba pensar.

-¿Pensar sobre qué?

(SUSPIRA) Pensar, Nacho, mis cosas.

Nada que tenga que preocuparte.

-¿Seguro?

Porque que estuvieras hablando con Antonio

cuando te has ido a dar esa vuelta...

-¿Qué quiere decir eso de "con Antonio"?

-No sé, fuisteis novios, ¿no?

-Por favor, Nacho, sí, pero de eso hace mil años.

-Perdona, cariño, no quería someterte a un interrogatorio.

¡Madre mía, ya están aquí las navidades!

-Ay, por Dios, pero si ayer era verano.

-El tiempo pasa volando. Vámonos, que lo estamos perdiendo.

Me alegro mucho de que vuelvas a casa.

-Porque vuelves a casa, ¿no? -Bueno, si tú quieres.

-¡Pues claro que quiero, mama!

-Menos mal que se va a volver a comer bien.

-¿Y eso? -Mi padre no es nada mañoso.

Y mi madre no está fina. -¡Pero por favor!

Si te sigo cocinando y ni siquiera vives en casa.

Te quejarás de mis tuppers. -No, están muy buenos.

Pero no son como los de la abuela. Podríamos hacer una competición.

Hacéis cena o comida las dos y Carla y yo decidimos como jurado.

-¡Por favor! ¿Se puede tener más cara?

Me voy al baño y vas a ayudar a la abuela a echar el cierre.

Por cierto, pasa por casa a vaciar ese armario lleno de ropa.

Que tu padre y yo necesitamos espacio.

-No llego a las perchas. -¡Por favor!

-Oye, ¿qué tal con Carla?

¿Cómo está?

-Pues bien.

Pero al final ha sido falsa alarma.

Mejor dicho, un aborto natural.

-La naturaleza es sabia. No era el momento.

-Pues sí, eso pienso yo. Aunque me ha dado pena.

Ya lo habíamos decidido, pero aun así...

-Es lógico.

-Pero una cosa me ha quedado clara.

Si algún día tengo hijos, quiero que sea con ella.

-¿Quieres un consejo?

No hagas planes a largo plazo.

Nunca sabes dónde te puede llevar la vida.

Y te lo digo por experiencia.

(TV) "Que va a acompañar al plato".

Ya me conoces, le doy muchas vueltas a la cabeza.

Pero si me imagino cosas, es porque no me cuentas lo que pasa.

-Que no pasa nada, Nacho.

-Algo te preocupa, eso está claro.

¿Por qué no me lo cuentas? -No tengo nada que contarte.

-Creía que no teníamos secretos. Es por lo de Noa y el profesor.

-Que no, de verdad. Estoy preocupada por Noa,

pero esa no es la razón de que haya salido a pasear.

-¿Entonces?

-Necesitaba pensar, ya te lo he dicho.

-Lo único que quiero es ayudarte.

Lo sabes, ¿verdad? -Estoy muy bien.

¿Tan extraño te parece que quiera salir a pasear

yo sola para ordenar un poquito mis ideas?

-Lo que me parece extraño es que no confíes en mí.

-Bueno, mira, de verdad.

Me voy a ir a la cama, me duele un poco la cabeza.

-¿Te traigo un ibuprofeno? -No, no.

Me voy a duchar y a la cama. -¿No vas a cenar?

-No, ya he picoteado algo por ahí.

Tienes restos en la nevera. Caliéntatelos, ¿vale?

-Rosa. -Nacho, es que no quiero hablar.

¿De acuerdo? Estoy cansada y me duele la cabeza.

Mañana veré las cosas de otra manera. Buenas noches.

(RESOPLA)

Papá.

¿Cómo estás?

-Andrea.

¿Me estabas esperando?

-Sí, aunque no sabía si ibas a abrir la pizzería.

-Claro que sí.

¿Por qué no tengo que abrir, acaso es fiesta?

Es un día como cualquier otro.

-Estaba preocupado, no has contestado

a ninguno de mis mensajes ni a mis llamadas.

-Tu madre me dijo que había hablado contigo.

Y que te dijo todo.

Yo no tenía nada que añadir.

Además, no tenía ganas de volver a casa.

-¿Dónde has pasado la noche?

-Por ahí.

-¿No querías hablar conmigo?

-No, no quería hablar con nadie.

-No sé, por lo menos me podrías haber mandado un mensaje.

Me he pasado la noche sin dormir pensando qué te habría pasado.

-Tienes toda la razón.

Perdóname. (LLORA)

Buenos días, Mariví.

Ay, ya estás trabajando.

Hoy quería abrir yo para que pudieras descansar más.

No, bastante he descansado con la dichosa gripe.

Te veo muy recuperada. Sí, he dormido muy bien.

Y necesitaba que me diera el aire.

Pero tómatelo con calma. No vaya a ser que recaigas.

¿Ya nos ha invadido el espíritu de la Navidad?

Pues sí. La verdad es que no me apetece nada celebrarla.

Tenemos que estar acorde con el resto del mercado.

Ya.

Lo bueno de estas fechas es que las ventas suben.

Ojalá.

¿A qué hora te has despertado?

Cuando me he levantado, ya no estabas.

Tenía una reunión en el cole de David.

¿Algún problema? No, todo bien.

Por cierto, tenemos un nuevo encargo.

¿No dicen que de una boda sale otra boda?

¿Y quién es esta Irene?

La prima de Sonia. ¿Sí?

Sí, ella también se casa.

Estuvo en la boda de su prima, vio las cestas y quiere lo mismo.

Son 200 personas. Sí, lo sé.

Bueno, faltarán, porque hay familiares que viven fuera.

Pero rondará esa cifra.

Pero esto está muy bien, una boda detrás de otra.

Sí, y más encargos que van a salir.

Solo hace falta que Cristina no nos falle.

Bueno, eso va a ser un problema.

Que no, mujer.

Cristina está tan interesada como nosotras.

Se tiene que poner las pilas. No lo digo por eso.

Es que ha vendido la floristería.

¿Perdona?

Y aún hay más.

Creo que planea dejar a Paolo y empezar una nueva vida.

Madre mía.

Sé que estás pasando por una situación muy dura.

Me gustaría ayudarte en todo lo que pueda.

-Andrea, no puedes hacer nada.

Tu madre ha tomado una decisión

y nosotros tenemos que aceptarla, ya está.

-Tienes que saber que para mamá tampoco está siendo fácil.

Está muy triste, de hecho.

-No lo creo, Andrea.

Eso es lo que ella quería.

-Ha tomado una decisión muy difícil, pero ha sido honesta.

-¿Ah, sí?

-Eh...

Yo supongo que...

Supongo que te habrá dejado porque ya no te quiere como antes.

Pero ha sido sincera, no te ha estado engañando

con otra persona a tus espaldas.

Yo creo que ha hecho lo correcto.

-¿Qué es exactamente lo que te ha dicho tu madre?

-Que ya no estáis juntos porque no está enamorada de ti.

-Nada más.

-Mm...

Sí, bueno, y que vendía la floristería a los De la Cruz.

-Y ya está.

-¿Tendría que haberme contado algo más?

-No, supongo que no.

Tu madre ya no me quiere y me abandona, ya está.

Se acabó.

-¿Qué quieres que haga, si es lo que siente?

Que por muy duro que sea,

si no es feliz contigo, lo mejor es que os separéis.

Si no, sería injusto para los dos.

Hubieseis sido unos infelices. ¿Quieres eso?

-¿Y tú estás contento?

-No, yo no estoy contento, no estoy diciendo eso.

Yo...

Me encantaría que las cosas fuesen como antes.

Como han sido siempre.

Pero si no es así, no quiero que sigáis juntos por costumbre.

No quiero que sigáis juntos por mí.

-Andrea.

Estoy muy orgulloso de ti.

Te has hecho todo un hombre.

Pero amore mio,

hay cosas que son más complicadas de lo que parece.

¿Mm?

-¿A qué te refieres?

-Nada.

No quiero que pienses

que quiero meterte en contra de tu madre.

-Yo no estoy ni a favor ni en contra de mamá.

Aunque sea duro, la cosa está así, mamá ya no te quiere.

Ya no quiere estar contigo.

Pero ¿qué me dices tú siempre?

Un Giordano siempre sale adelante, papá.

Lo que trato de decirte es que no pienses en el pasado,

que pienses en el futuro.

Tienes que intentar rehacer tu vida.

-Ya se ha hecho tarde. -Papá.

Tienes que ver esto como una oportunidad,

no como un fracaso. -Andrea, déjalo.

No es tu culpa, pero no tienes ni idea de lo que estás hablando.

Yo sé que no he sido el mejor ejemplo.

Pero deja esas frases de manual de autoayuda.

Ya sé que la vida continúa.

Es mejor que vaya a abrir la pizzería.

Vaya mierda de Navidad que nos espera.

Pinta que va hacia eso.

(SUSPIRA)

Me pongo mala un par de días y está todo patas arriba.

Y espérate a saber a quién se la ha vendido.

¿A quién? A Elías.

A Elías. Sí.

¿Y para qué quiere Elías la floristería?

Era tu sueño, pero el suyo... Su idea es regalármela.

(ASIENTE)

Mira que a mí me encantaría. Y nos vendría fenomenal.

Pero le he dicho que se meta la floristería por donde le quepa.

Y has hecho bien, conociéndole, te va a pedir algo a cambio

por un regalo tan generoso. Exacto y no quiero deberle nada.

Voy a llamar a Irene.

Voy a anular el encargo. ¿Por qué?

Pues porque vamos mal de tiempo. Hay que buscar otra floristería.

No puede ser. ¿Sabes qué se me ocurre?

¿Qué?

Hablar con Cristina y decirle que nos pase sus contactos.

Si no va a trabajar en la floristería,

no le importará que tratemos con los proveedores.

Es una buena idea, así no tenemos que repartir las ganancias.

Chica lista. (RÍE)

Buenos días. Buenos días.

Te has levantado muy temprano. Ni siquiera has desayunado.

Tenía mucho papeleo atrasado.

Y tenía una reunión con un distribuidor.

Con toda esta historia, he desatendido mucho el negocio.

Pues toma, te he traído un cafelito.

Muchas gracias.

Con toda esta historia te refieres a mamá.

Sí, sí.

Le he dedicado mucho tiempo, sin mucho éxito, de momento.

Me ha comentado el abuelo

que se ha negado a aceptar la floristería.

Normal, está muy dolida.

Me va a costar recuperar su confianza.

Ya, pero no vas a tirar la toalla, ¿verdad?

Por favor, ya me conoces.

¿Cómo vas con lo de Javier?

Tampoco he tenido mucha suerte.

¿Qué ha pasado?

Se ha enterado de que estuve hurgando en los cajones

y se ha pillado un buen rebote. Lo habrás negado todo.

Sí, pero no ha servido de nada, dice que ya no confía en mí

y que no vuelva a dirigirle la palabra.

Tienes que ganarte su confianza, estar a su lado, controlarlo.

Escúchame una cosa.

Necesitamos tenerlo controlado para saber los pasos que va a dar.

Ya, pero ¿cómo lo hago si no quiere que le dirija la palabra?

Me da igual cómo lo hagas.

Sabes lo importante que era esto para nosotros.

Me vas a demostrar que no estás a la altura de las circunstancias.

Dar órdenes aquí, sentadito en tu despacho, es muy fácil.

Germán, espía a Javier, descubre sus planes.

Hacerlo no es tan fácil. Me gustaría verte a ti.

Pero ¿tú quién te crees que eres? ¿Te crees que somos iguales?

Niño, yo soy tu padre y tu jefe.

Aquí yo doy órdenes y tú obedeces.

¿Te ha quedado claro?

¡Que si te ha quedado claro! Porque si no, ahí tienes la puerta.

Piensa bien lo que vas a hacer.

Como salgas por esa puerta, olvídate del negocio familiar,

de las gratificaciones de Ortuño y de su protección.

Si cruzas esa puerta, estarás solo.

¡Buenos días, Rosa! -Buenos días, Carmen.

-Buenos días, Lorena.

Toma, los pinchos morunos que me encargaste.

Y ponme un té con leche para llevar.

Qué mala cara tienes. ¿Todo bien?

-No sé lo que está bien, no sé lo que está mal.

-Bueno, mujer, seguro que tiene arreglo.

Descuéntame el té de los pinchos morunos.

Y descuéntame el desayuno de Rosa.

-¿Y eso, me vas a invitar a desayunar?

-Pues mira, sí, ¿qué pasa, es tan raro?

-Pues un poquito sí.

Nos conocemos hace muchos años y es la primera vez.

-Es que hoy estoy contenta.

Quiero compartirlo hasta con los De la Cruz.

-¿Y se puede saber por qué estás tan contenta?

-Porque mi madre y yo hemos enterrado el hacha de guerra.

-Aquí tienes tu té con sacarina.

-Muchas gracias.

-Me alegro mucho de que hayáis hecho las paces.

-Lo he pasado fatal mientras no nos hablábamos.

Es horrible no tener una relación normal con alguien de tu familia.

-Pero al final, la sangre tira más.

(ASIENTE)

¿Paolo no ha abierto la pizzería?

-Mira, acabo de pasar y está todavía cerrada.

Se le habrán pegado las sábanas. -Pues nada, me voy.

Tendré que atender a mi clientela. -Oye, Carmen.

Muchas gracias por la invitación. -Nada, que haya muchas.

Hasta luego.

¡Adiós, Lorena! -Adiós, Carmen.

¿Qué quieres que haga?

Muy bien.

De entrada, quiero que hagas lo que te dije.

Camelarte a Javier.

He hablado con unos amigos abogados

y le puede caer un puro muy gordo

si declaran a su padre culpable.

Te refieres a pena de cárcel.

Bueno, no sé si a tanto lo vayan a condenar.

Pero con que lo declaren culpable lo tendremos donde nos interesa.

Creo que no te estoy siguiendo.

Los políticos le tienen alergia a lo que huela a corrupción.

Si en la prensa sale que el gerente del Mercado Central

ha desviado dinero a paraísos fiscales,

los del Ayuntamiento no van a querer nada con él,

se lo van a quitar de encima, nos van a hacer el trabajo sucio.

Y nosotros nos encargamos de filtrar la noticia.

¡Muy bien! Ahora sí se nota que eres un De la Cruz.

No simplemente me dedico a dar órdenes

sentado tras la mesa del despacho, alguien tiene que pensar.

Vale, está bien. Está bien.

Intentaré ganarme la confianza de Javier otra vez.

Lo intentarás, no, lo conseguirás.

Y entérate de cuándo va a ser el juicio, para estar preparados.

Gracias por el café.

No hacía falta, ya recogía yo.

-No me cuesta ningún trabajo.

Lorena, tenemos que hablar.

-Ya, el mensaje de Adela.

Elías, tanto llenársele la boca con la unidad familiar

y luego, que si somos unas pesadas.

Por no hablar de la infidelidad.

-Con Elías ya he hablado de esto, pero no se trata de eso.

A ver, Antonio, antes de irse, me contó todo.

Todo lo que pasó.

-¿Qué te contó?

-Pues...

Me dijo que fue él el que te besó a ti.

Que mintió.

Y que tú le rechazaste.

-Vaya.

Me alegro de que lo reconozca,

aunque haya sido después de tanto tiempo.

-Te debo una disculpa, Lorena.

-Tú nunca me crees.

-Porque me has mentido muchas veces, a mí y a toda la familia.

Entonces, entenderás que desconfíe de ti.

Pero, de todas maneras, te pido perdón por mi error.

-Disculpas aceptadas. -Gracias.

-Pero Rosa.

Creíste a Antonio y a mí no me has creído.

Creíste a Nacho y a mí sigues sin creerme.

-Bueno... -Es exactamente lo mismo.

-No vamos a mezclar temas.

-Es que es la misma situación, es calcada.

-Lorena, llegamos a un acuerdo.

No te ibas a inmiscuir en mi matrimonio.

Y no me ibas a poner en contra de mi marido.

A Nacho lo dejamos aparte.

-Rosa, han pasado muchos años para que te dieras cuenta

de que no te mentía con lo de Antonio.

Que no pasen tantos años para que te des cuenta

de que yo no te miento con lo de Nacho.

-Vamos a dejar esto, por favor.

Y te voy a pedir otra cosa. No malmetas con Noa.

No la pongas en contra de su padre.

¿Vale?

-Vale.

Vale.

Sin más enfados. -¿Sí?

Los canolos están reblandecidos.

¿Son de ayer?

-A ver.

En primer lugar, se dice canoli, no canolos.

Ni espaguetis.

Porque en italiano, el plural masculino es con I.

No con S.

Pero tiene usted toda la razón.

Así que se los voy a cambiar ahora mismo.

Le voy a poner dos canoli frescos, frescos, recién hechos,

y se los voy a rellenar de ricota allá, a su mesa.

Si se quiere sentar.

Ahora se los llevo.

¿Podemos hablar, Paolo?

-Lárgate de aquí, Doménico.

No quiero volver a verte.

-¿Puedo, por lo menos, recoger mis cosas?

-No, no puedes.

-Paolo. -¡He dicho que te vayas!

-Escucha. -¡Ahora mismo!

-Bien.

Volveré en otro momento, cuando tú no estés.

-No, no, Doménico. No me has entendido.

Yo no quiero volver a verte nunca más.

Así que meteré toda tu mierda en una caja

y se la daré al gerente.

Y te pasas a su despacho a recogerla.

Pero tú no vuelves a pisar mi pizzería.

¿Estamos?

-Ya está.

Tranquilo, que me voy.

-Y Doménico.

Hablo en serio.

Nunca más.

Bueno, ¿qué, listo para poner punto y final a nuestro breve noviazgo?

-¿Tú estás segura de querer hacer esto?

-¿Hacer qué?

-Montar el numerito delante de tus padres.

-¿Qué numerito?

-El de nuestra ruptura.

¿No es lo que querías que hiciéramos?

Hacer como que rompemos delante de ellos.

A mí me parece que es ir demasiado lejos, la verdad.

-Pues no pensaba montar ningún numerito, Luis.

Simplemente, decírselo y ya está.

-Ah, vale. Vale, vale.

Pensaba que querías que discutiéramos delante de ellos.

-Si hiciéramos eso, me entraría la risa.

-Ya, y a mí.

-Aunque sería divertido.

-Le estás pillando el punto a eso del teatro.

-Bueno. ¿Entonces, qué, montamos una escena en plan peli?

-¿En plan el profesor maduro que seduce a la alumna

y se aprovecha de ella?

-Bueno, a ve, algo de eso sí que ha habido.

-¿Ah, sí?

-Tú te lo crees todo, ¿no, Luis?

(RÍE)

-¡Ay!

Perdóname, Paolo.

He venido antes, pero como no estaba abierto,

me he ido a desayunar al bar de mi hermana.

Pero ya estoy aquí.

¿Qué estás haciendo? Espera.

¿No son las cosas de Doménico?

-¿Puedes llevarlas al despacho de Javier, por favor?

No quiero verla por aquí.

-Pero ¿qué ha pasado?

-Que no quiero ver a Doménico nunca más, eso pasa.

-Pero ¿por qué?

-Porque me ha traicionado

de la forma más baja y rastrera posible.

Porque soy un idiota.

Porque he dejado entrar en mi casa

a ese traidor.

Y le he permitido que me robara todo.

-Bueno, tranquilízate.

Cálmate, siéntate y cuéntamelo todo.

Tiene que haber un malentendido. Doménico es tu amigo.

-Ya, eso es lo que pensaba yo.

Pero un amigo no te rompe el corazón de esta forma.

-Peo ¿qué es lo que ha hecho?

-Que Cristina me ha dejado.

-¡Qué dices!

-Me ha dicho que ya no me quiere.

Que me ha sido infiel.

Pero la verdad es que...

Se ha enamorado de otro.

Y que este otro es Doménico.

-Oh.

Lo siento.

-¿Qué voy a hacer, Rosa?

Mi vida se ha venido abajo.

-No, no, eso no es así. Entiendo que lo pienses.

Tienes un hijo, tienes a Andrea.

-Ya.

Pero Andrea no sabe que Cristina se ha liado con Doménico.

No he tenido fuerzas para contárselo.

-Andrea es tu hijo.

Y a él no lo vas a perder nunca, nunca.

-Pero él está convencido de que su madre

ha hecho bien en dejarme porque se ha cansado de mí.

Lo he perdido todo, Rosa.

-Bueno, escúchame, yo estoy aquí.

Para lo que necesites.

Tranquilo.

-Gracias.

-Lo siento mucho.

¿Ves? Nunca sé cuándo estás de coña y cuándo no.

-Porque a lo mejor a veces estoy medio en coña, medio en serio.

-¿Y qué parte ha sido en serio?

-Que me gustó fingir ser tu novia.

-Suena como si te diera pena que vayamos a romper.

-¿A ti no te da pena, ni un poquito?

-La verdad es que lo hemos pasado bien.

-Pues sí. Desquiciar a mi padre ha sido

de las cosas más divertidas que he hecho últimamente.

Gracias por ayudarme.

-Ha sido un placer.

-¿De verdad?

-Perdona.

-¿Por qué?

-Perdona, me he dejado llevar, perdona.

-¿Y qué hay de malo en eso?

-Pues que soy tu profesor

y no quiero que pienses que me estoy aprovechando de ti.

La señorita que me atendió me dijo

que no se me haría ningún cargo hasta que no llegara al hotel.

Pues no, nadie me explicó la política de cancelación.

Muy bien, me parece estupendo que estuviera en la página web,

pero yo no hice la reserva online, hice la reserva por teléfono.

A ver, señor, yo les avisé con tiempo.

Ustedes podían disponer de la habitación.

¿De verdad que no hay nada que hacer?

Muy bien.

No se preocupe, la próxima vez que tenga que ir a Valladolid

reservaré en cualquier hotel, menos en su hotel.

Muchas gracias.

(SUSPIRA)

Lorena.

Lor... Perdona.

¿Tenéis miel? Sí, sí, claro.

¿Cómo estás, ya estás recuperada?

Bueno, me rasca todavía la garganta,

pero no tengo fiebre y había que venir a trabajar.

Me alegro.

¿Qué quieres, un té con miel? Sí.

Bueno, no, un...

Una manzanilla, perdona. Claro.

A lo mejor deberías haberte quedado en casa para recuperarte del todo.

Bueno, pues a lo mejor sí,

pero Adela ya llevaba mucho tiempo sola en el puesto.

Además, hemos recibido un pedido de cestas y tenemos mucho lío.

Gracias.

Puedes echarte toda la miel que quieras.

Lorena, oye.

Quería pedirte perdón otra vez

por haberte estropeado los planes con Jorge.

No, no te preocupes, no pasa nada.

Sí, sí pasa, David no tenía que haberle llamado.

Bueno, David se asustó porque vio a su madre enferma

y pidió ayuda a quien más cerca tenía.

Por lo menos, déjame que te pague el dinero del tren.

Y todos los gastos que te haya podido ocasionar la cancelación.

No hace falta. Sí, sí hace falta.

Si llego a saber que tenías una sorpresa para Jorge,

no le hubiera dejado que se quedara.

De verdad. ¿Estás segura de eso?

Sí, estoy segura, no quiero crearos problemas.

(RÍE)

Yo no estoy muy segura de que eso sea cierto.

Oh.

Mira, Jorge es mi amigo.

Y yo quiero que sea feliz y él está contigo.

Quiero que seáis felices porque os lo merecéis.

(SUSPIRA)

La verdad es que no es a ti a quien tengo que pedir explicaciones.

Es a Jorge.

Es con Jorge con quien tengo una relación.

Sí.

Bueno, tengo que...

Vaya.

Así que es verdad.

Te marchas.

Sí.

Pero me quedo muy tranquila

sabiendo la floristería se queda en tus manos.

No, Cristina.

Yo no me quedo la floristería.

No quiero aceptar nada de Elías.

¿Y tú qué vas a hacer con el dinero que te ha pagado?

He cogido el traspaso de una trattoría en Nápoles.

Necesito cambiar de aires.

¿Te vas a vivir a Italia?

Esa es la idea.

Vaya.

Así que vas a poner tierra, mar y lo que haga falta de por medio.

Yo creo que es lo mejor para todos.

Sí.

Imagino que quieres estar lejos de Paolo y de Doménico.

Doménico se viene con Andrea y conmigo.

(Puerta)

¡Adelante!

¿Qué haces aquí?

¿No habíamos quedado en que no me ibas a hablar más?

-Los comerciantes se quejan de que quieren ampliar

el horario de carga y descarga en el muelle

y me preguntan si podemos añadir ese tema en la próxima asamblea.

-Para eso no hace falta que me molestes, me escribes un correo.

-Vale, perdóname.

-¿Algo más?

-No, saber cómo estás.

Un día de estos es el juicio. -Eso a ti no te importa.

-Sé que estás enfadado conmigo,

pero te juro que no le he dicho nada a mi padre del juicio.

-Mentira, me la tenéis jurada desde que llegué al mercado.

Por mi culpa no pudiste ser gerente.

Eso no me lo vais a perdonar nunca.

-¿Tú te crees que yo quiero ser gerente?

No te niego que a mi padre le encantaría

tener a un De la Cruz al frente del mercado.

Pero no tengo el más mínimo interés en este puesto.

-Los comerciantes están de mi parte, confían en mí.

No vais a poder conmigo.

-¿Puedes dejar de asumir que busco lo mismo que mi padre? No es así.

-Dejas que te maneje a su antojo.

-¿Sabes qué pasa? Que a veces no es fácil

escapar de la influencia de un padre.

Tú tendrías que saberlo por experiencia propia.

-No compares mi caso con el tuyo.

-Tú no te enfrentaste a tu padre

y por su culpa tienes líos en el juzgado.

-La diferencia es lo que ocurrió

cuando me enteré de sus chanchullos.

Supongo que sabes lo que haces.

Pero ¿crees que es buena idea separar a tu hijo de su padre?

¿Qué opina Andrea?

Pues...

Todavía no se lo he dicho, pero...

Supongo que no le parecerá tan mal.

Al fin y al cabo, tiene mejor relación conmigo que con Paolo.

Sí.

Te voy a echar mucho de menos.

Y yo a ti.

Era tan divertido hacer cosas juntas.

Sí que lo era.

Y hablando de hacer cosas juntas. Sí.

¿Te importa hacerme un último favor?

Claro, lo que necesites.

Es que hemos recibido un nuevo encargo de cestas para una boda.

¿Te importaría pasarnos a Celia y a mí

el contacto de tus proveedores?

Claro que no. Te los doy, no los necesito.

Gracias.

Y una última cosa, por curiosidad.

¿Cuánto te ha dado Elías por la floristería?

Si has podido coger el traspaso de una trattoría en Nápoles,

habrá sido un buen pellizco.

Míralo tú misma.

¡Vaya!

No me lo puedo creer.

Este dinero es de una cuenta común que tenemos los dos.

¿La mitad del dinero con el que me ha pagado es tuyo?

Sí.

Bueno, pues entonces...

Entonces, no tienes que aceptar ningún regalo.

Porque la mitad de la floristería te pertenece a ti.

Yo no soy como mi padre.

-Los dos querríais verme lejos de este despacho.

-Te equivocas. Mi padre sí.

Yo no.

Todo lo contrario.

-Hombre, Germán. Te reclaman en el muelle de carga.

Os ha llegado un pedido. -Ah, pues voy para allá.

Toma.

-¿Ha pasado algo?

¿Quería algo Germán?

-Que incluyera una reclamación de los comerciantes

en la próxima asamblea.

-La ampliación del horario de carga y descarga.

-Exacto. Oye, Samuel.

¿Te puedes quedar al cargo durante unas horas?

-Sí, claro. ¿Qué pasa, te vas a algún sitio?

-Hoy tengo el juicio.

-No lo sabía.

Mucha suerte, Javier.

-Gracias.

-No te preocupes, vete tranquilo, yo me encargo de todo.

(SUSPIRA)

Imagino que es el precio total, ¿no?

No, me refiero al precio de todo el pedido.

No, que es individual.

Por ramillete, ya.

Ya, sí.

No, no le confirmo nada, tengo que hablar con mi socia.

En cuanto sepa algo, le devuelvo la llamada.

De acuerdo, gracias, hasta luego.

Hasta luego.

Igual que los demás.

No entiendo nada, nos piden el doble.

¡El doble del presupuesto de la otra vez!

Ya, yo sí que lo entiendo.

Es un abuso, nos piden el doble de lo que le pedían a Cristina.

Ya, es que Cristina compraba al por mayor.

No podemos pagar esto porque nos comemos el beneficio.

Es que podríamos llegar a perder dinero.

Ay, mira.

(Móvil)

Perdona, es David, ahora vengo.

Dime, mi vida.

¡Elías!

¿Puedes venir un momentito?

¿Qué pasa, qué he hecho ahora?

Creerte que soy tonta, por lo visto.

No sé por qué dices eso,

pero lo último que pensaría es que eres tonta.

¿Ah, sí? ¿Y cómo le llamas a intentar

regalarme una floristería que has comprado con el dinero

de una cuenta que también está a mi nombre?

¿Cómo dices?

El cheque que le diste es de una de nuestras cuentas comunes.

¿Sí, en serio?

No me di cuenta, cogí la primera chequera que encontré.

Pero no te preocupes, tiene fácil solución.

Hago una transferencia y ya está. No, no te molestes.

¿Cómo que no me moleste?

Lo que vas a hacer es poner la floristería a mi nombre.

¿Ah, sí?

¿Entonces, aceptas mi regalo?

¿Qué regalo, si has comprado el local con mi dinero?

En todo caso, acepto la mitad de la floristería.

Bueno, pero te la quedas.

Sí, pero eso no significa que te perdone ni nada parecido.

Si me la quedo, es porque nos viene bien a Celia y a mí

para afianzar nuestro negocio de cestas para bodas y otras cosas.

Muy bien pensado, hoy mismo la pongo a tu nombre.

Pero te repito que no significa nada.

Así que borra esa sonrisa de idiota de la cara.

Te he comprado una cosa.

Bocadillos.

Me traes bocadillos al bar. No, no, no es un bocadillo.

Es un mollete con rúcula, tomate y queso de cabra.

Tu preferido.

Un mollete.

¿Qué ha sido de las flores, de los bombones,

de los anillos de diamantes?

No vas a arreglarlo con un bocadillo.

Arreglarlo.

Llevas toda la mañana fuera, tienes el puesto cerrado.

Me estás evitando. No te estoy evitando, Lorena.

Vengo de hacer una cata con un proveedor.

Sé que tenemos una conversación pendiente.

Y he venido en cuanto he podido.

Lorena, lo siento.

Lo siento en el alma, siento haber perdido los billetes.

Se me fue la cabeza por completo.

No hace falta que te disculpes otra vez, lo hiciste ayer.

No estoy enfadada.

Pero sí me duele, me duele, me duele el plantón.

Verás, eh...

También me olvidé el móvil en el puesto

y si lo hubiera tenido, te habría podido llamar.

Ese no es el problema.

No lo entiendo.

No, no quieres entenderlo.

Jorge, por favor, asume lo que te pasa de una vez.

Deja de poner excusas. No son excusas, Lorena.

¿Que te dejaste el móvil? Es una excusa.

No, es lo que pasó.

Pudiste llamarme desde casa de Celia.

No me dé tu número.

Podrías haber buscado en internet el número del bar, de otro puesto.

Ya, la verdad es que no tuve la oportunidad.

Estaba pendiente de bajarle la fiebre a Celia.

Ahora nos acercamos a la verdadera razón.

No podía dejarla sola con David. No querías hacerlo.

Te prometo que la próxima vez haré lo que sea para localizarte.

Jorge, no...

No...

No va a haber próxima vez.

Yo no soy la segunda opción de nadie.

No eres la segunda opción, eres la primera.

Yo elegí estar contigo. Y ahora te arrepientes.

Claro que no me arrepiento. ¿Cómo iba a saber que David

me iba a llamar porque Celia estaba enferma?

Jorge.

Los dos sabemos lo que está pasando.

Y es mejor que lo asumamos ahora

antes de que sea más difícil romper.

¿Romper?

¿Es eso lo que quieres?

Sí.

Por lo menos, hasta que los tres,

porque somos tres, Celia, tú y yo,

tengamos las cosas más claras.

No hace falta llegar a esto.

Yo creo que sí.

Pero bueno, el tiempo dirá.

Tengo que... Tengo que seguir trabajando.

(RÍE)

-Sales igual de elegante que entraste.

-Es el mismo traje, pero pasado de moda.

Toma.

-Me alegro de verte sin un cristal de por medio.

-Ya, vuelvo a casa por Navidad.

Como en el anuncio del turrón.

(RÍEN)

Madre mía.

Siete años ahí metido, en ese agujero.

Se dice pronto, pero...

Pero creo que fuera no me voy a aburrir.

-No, va todo viento en popa.

¿No ha venido nadie más?

-No, le dije a mis hijos que se quedaran en casa.

Creo que voy a tener mejor pinta con un buen vino,

junto a una chimenea.

(RÍEN)

Venga, vamos.

-¿Qué tal tu madre?

-Ahora que ya he salido, mejor.

Pero no quiero que me vuelva a ver entrar ahí.

¿Cómo va lo del mercado?

-Bien, estoy haciendo muchos avances

para que fracase la remodelación.

-¿Avances como cuáles?

-Me voy a quitar de encima a Javier Quílez, el gerente.

Igual cae por delito fiscal.

-No sería el primero.

Ni el último.

Que vaya calentando el hueco que yo he dejado.

¿Qué más?

Es poca cosa eso.

-Bueno, eso va a ser mala publicidad.

Y un golpe de cara a la negociación con el Ayuntamiento.

Y tengo un hombre dentro. Elías De la Cruz.

Es el presidente de la Asociación de Comerciantes.

-¿Es de fiar? -Absolutamente.

Es ambicioso, es listo.

Nos pasa información de primera mano.

Y nos está ayudando mucho

para que nuestro negocio llegue a buen puerto.

-Para que llegue a buen puerto.

-¿Y cuándo van a llegar a buen puerto, Ortuño?

-Muy pronto.

-Fechas concretas. Quiero fechas, ¿entiendes?

¿Cuándo podemos empezar a construir el complejo?

-Lo más probable es que el mercado sea historia en unos meses.

-¿Meses? -Semanas, puede que sean semanas.

-¡Esto tenía que estar solucionado cuando saliera de prisión!

Y estoy aquí, contigo,

y no has hecho nada.

¡El mercado sigue funcionando!

¿Sabes cuánto he invertido en esto? Mucho, muchísimo.

¡Quiero resultados ya!

-Solo hay que esperar... -¡No hay que esperar nada!

-Está bien, está bien. Presionaré a Elías

para que el complejo sea una realidad cuanto antes.

Solo te pido una cosa. Paciencia.

-¿Paciencia?

¿Crees que no he tenido suficiente paciencia?

¡Paciencia!

¡Llevo siete años metido en ese agujero!

¡Saliendo con cuentagotas

y tú me pides paciencia!

¡Ya no quiero tener más paciencia!

¿Y tú qué has hecho? ¡Nada!

¡Son cuatro puestos de mierda!

¡Y cada día que pasa perdemos dinero!

-¿Y qué crees, crees que no lo sé?

-A veces tengo dudas, Ortuño.

Pero ¿tú qué crees,

que lo único que pretendo es construir un centro comercial?

No.

Quiero recuperar el prestigio que tenía antes,

quiero volver a lo grande. ¿Entiendes?

-Y lo harás. Te prometo que lo harás

porque voy a cumplir todo lo que te dije que haría.

Y lo voy a hacer ya.

-Eso espero.

Porque como no lo hagas tú, lo voy a hacer yo.

Y ya sabes que no me importa dejar cadáveres en el camino.

Vamos.

¡Vamos!

Mientras yo pueda evitarlo, a mi casa no vas a volver.

-¿Lo ves?

Te estás comportando como un crío.

¿Te digo yo cómo te has portado tú?

¿O lo que eres? Mejor, no, ¿no?

He llamado al centro de menores donde está tu hermana.

Es día de visitas, puedes pasar la tarde con ella.

Un poquito de ayuda me vendría bien.

No sé, alguien que hable con ella.

Alguien que te tenga aprecio, como tú.

Que se lo diga, Elías está muy arrepentido.

Te echa mucho de menos.

Conseguir que vuelva conmigo. No.

No, no, no, no.

Yo ya hice suficiente cubriendo tu infidelidad.

Te toca apechugar a ti solito.

Tienes que cargar tú solo con las consecuencias.

Yo le quiero muchísimo.

Pero solo como un amigo.

-Pues entonces no te comas la cabeza.

-Ya, pero es que le dije que lo nuestro era mentira.

Y ahora nos ha visto así. Pensará que le estoy engañando.

Tres de cada cuatro parejas que rompen es por una infidelidad.

Y no es verdad que los hombres son más infieles.

Están al 50 por ciento.

-Ya te digo que este no es el caso.

-Y la persona con la que se comete la infidelidad

es alguien cercano a la pareja.

¿Quién podría ser en el caso de tu madre?

Podría ser Elías, ha engañado a su mujer hace poco.

Sería una coincidencia extraña. -¿Te puedes callar ya?

Además, que ya no es solo la pasta

que te has dejado o el encuentro con su hijo.

Tuviste que vender tu chaleco.

-Noa.

Si Jorge no se ha dado cuenta ya de lo importante que es para mí,

hay algo que no funciona.

Tu hijo tiene muchas virtudes, pero el orden no es una de ellas.

-Yo había pensado, tú que eres una chica sensata

y que influyes tan bien en él,

le podrías pedir que me vaciara el armario.

-Mira, Carmen, si te molestan los calzoncillos de tu hijo,

tíralos, no estoy para chorradas.

Me gusta.

Y supongo que preferirías que las cosas fueran diferentes.

-¿Qué te ha contado Noa?

-Desde la primera vez que os vi, supe que te gusta como algo más.

-Te ha contado que me declaré. -Sí.

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Mercado central - Capítulo 61

18 dic 2019

Después de descubrir la infidelidad de su mujer con su mejor amigo, Paolo está destrozado. Sin embargo, no está solo. Rosa está ahí para darle todo su apoyo.
Adela se piensa mejor el asunto de la floristería. Si es su mayor ilusión, ¿por qué no aceptarla?
Carmen y Valeria necesitan paz en su relación, pero ¿están madre e hija dispuestas a pedirse perdón entre ellas?
Elías confía en que el destino le juegue un mal rato a Javier y pone todo su empeño en que ocurra lo que cree que debe ocurrir.
Su acercamiento interesado a Javier hace que Germán se empiece a plantear si realmente siente algo por el gerente.
Lorena necesita tiempo para reflexionar sobre su relación con Jorge. No quiere ser el segundo plato de nadie.
Luis y Noa viven su falsa relación quizás con más pasión de la que pensaron en un primer momento. ¿Y si el amor está empezando a surgir de verdad entre ambos?
Rosa descubre un dato muy importante sobre su pasado con Antonio que cambia por completo su visión de Lorena.

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