Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 59 - ver ahora
Transcripción completa

¿Tú pensabas pagar el restaurante de Nápoles

a base de palizas y encargos de matón?

No, lo de Giuliana te ha afectado demasiado, ¿eh?

Tú no estás bien de la cabeza. -Lo sé, Paolo.

¿Qué te crees? Sé que he elegido un mal camino.

No sé a dónde va mi vida.

Estoy dispuesto a todo para conseguir este restaurante.

-"Es el cumpleaños de Rosa, pero paso de ir".

"Estará toda mi familia. Un peñazo. ¿Nos vemos en el hotel?".

Sí. Y yo me acuerdo de ese día.

Dijo que no podía venir,

un follón de última hora, un camión se había averiado.

En fin.

¿Qué haces mañana?

Supongo que trabajar todo el día

y luego igual me paso por el homenaje a Genaro, ¿por?

Vale. ¿Después?

Después soy todo tuyo.

Vale, pues te voy a llevar a un sitio,

pero todavía no te voy a decir a dónde.

Así que tienes que estar aquí mañana a las ocho.

Vale.

¿Te acordarás? Sí, claro.

Sonia se ha quedado muy contenta.

Así que ¿por qué no seguimos juntas? ¿Qué te parece?

¿Celia sabe que me lo propones? Sí. Falta que tú digas que sí.

Me lo voy a pensar, no sé qué haré con mi vida.

Pues tómate el tiempo que necesites.

-En unos días les decimos que hemos roto y ya está.

Pero esta noche le tocaremos los huevos a tu padre.

Pero tenemos que preparar bien lo que vamos a decir,

nos van a hacer mil preguntas.

-Sí. Hay que inventar historias para que quede creíble.

Porque nos quitemos de en medio, de una vez,

a Sandokán el gerente.

(Brindis)

¿Y tú qué?

¿No brindas?

No me sale otro enfoque. ¡Escríbela tú!

-Que no, yo no podría.

Que no sé nada del Mercado en tiempos de los dinosaurios.

Anda, escribe otra cosa,

a ver si encuentro una solución.

-¿Qué solución? -Otra solución. Que te mejores.

-El hijo de un cliente mío hizo un curso en la escuela.

Y, en una exposición que hicieron los profesores,

había fotos de la hija de Luis hechas por él.

Tú sabías que tenía una hija, ¿no?

-Sí, claro.

-No me quiero casar contigo

porque te quiero

y porque quiero seguir escogiéndote cada día.

Y no quiero dar por hecho lo que tenemos.

Y no quiero vernos obligados a... a tener que fingir

si un día lo que sentimos cambia.

¿Entiendes?

(JESÚS CARRASPEA)

"Queridos amigos,

la vida es como una travesía a través del mar,

con sus tormentas y sus días de calma".

"En este camino tan largo, hay que pescar para comer".

"Yo he vendido muchos pescados y sé de lo que hablo".

"Y me he dado cuenta de que los peces son como las personas".

Me cago en la... No me sale ni una. ¡Maldita sea!

¿Que los peces son como las personas?

¿De qué estás hablando? Nada, cosas mías.

¿Qué pasa? ¿Te has hecho ahora escritor o qué?

¡Dame eso!

Ah, no.

Que vas a escribir tus memorias.

Si lo haces, déjame bien.

No soy tan buen escritor.

No, si no hay más que escucharte.

Te has levantado gracioso, ¿eh?

Un poco de sentido del humor nunca viene mal.

Pues ríete, ríete...

A ver qué sentido del humor vas a tener cuando te enteres

de que el gerente está tonteando con tu mujer.

¿Quién te ha dicho eso? Nadie.

Lo he visto con mis propios ojos.

¿Qué has visto?

En primer lugar, que no haces

el esfuerzo suficiente para recuperarla.

Voy a comprar una floristería para regalársela a Adela.

Te hago caso. ¿Te parece poco?

Una cosa es que le hagas un regalo y otra, que lo acepte.

Y, mientras tú estás en Babia,

el gerente está ligando con tu mujer.

Tú, por Javier, no te preocupes, muy pronto va a estar desactivado.

Mira, cuando empiezas a hablar como los mafiosos de las películas,

no se te puede tomar en serio.

Quiero decir que le voy a arrebatar la gerencia.

¿Y por qué le vas a hacer eso?

¿Por Adela? No.

Por Germán.

Quiero que él ocupe ese puesto. Nos conviene.

¿Y cómo piensas hacerlo?

Javier tiene un pufo con Hacienda.

Cuando los comerciantes se enteren, no van a querer

que Javier siga llevando la gerencia,

así que tendrá que dimitir.

Como verás, lo tengo todo bien atado.

Todo menos tu matrimonio, que es lo más importante.

(Móvil)

Perdona.

Sí, Jonathan, dime.

¿Lo has encontrado?

Pero... Bueno, ¿no me habías dicho que tenías una solución para...?

(Mensaje)

Que no, no, no hace falta que abras la frutería.

Es más, pon un cartel que diga: "Cerrado por funeral".

Ah, bueno, y te tengo que pedir un favor.

Dile a Samuel que te ayude, ¿eh?

Cristina, la oferta por la frutería sigue en pie.

Piénsatelo, porque no vas a recibir una mejor.

Llámame cuando puedas.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Y el desayuno?

Ay, cariño, perdona, me he dormido.

No he oído el despertador.

Si quieres, lo preparo yo. No, no pasa nada. Ya voy.

¿Aún estás mala?

Sí.

Pues qué raro, yo me encuentro mucho mejor.

¿Por qué crees que es?

No lo sé. Toma.

Quizá porque eres más vieja que yo.

Con la edad, las defensas del cuerpo disminuyen.

Es más difícil luchar contra infecciones.

Aunque suele pasar en las mujeres después de la menopausia.

¿Tienes la menopausia?

No, cariño, no tengo la menopausia.

Me siento como si me hubiera atropellado un camión.

Si te hubiese atropellado, estarías muerta.

David, estoy muy cansada, hijo.

Eso es porque necesitas desayunar.

(SUSPIRA) No tengo hambre, gracias.

¿Me pones un vasito de agua?

El agua tiene cero calorías, no te va a dar energía.

Por favor, ¿me pones un vasito de agua?

Oye, ¿y Adela no se ha levantado todavía?

Pero si Adela está en Toledo...

¡Ay, es verdad!

Me tengo que ir, que voy muy mal de tiempo.

Toma. ¿Adónde vas?

A abrir el puesto.

Pero no puedes ir, vas a contagiar a todo el mundo.

No pasa nada.

Si solo es una gripe un poco fuerte, pero... pero una gripe.

¿Y el desayuno lo hago yo?

Uy, es verdad, se me había olvidado.

Siéntate aquí, que te hago unos huevos.

A ver.

Estoy helada.

¡Paolo!

-¡Rosa! (ROSA SUSPIRA)

-Dichosos los ojos que te ven, ¿eh?

-Lo siento, ya sé que llego tarde.

-¿Qué tal la cena de ayer?

-Buf. Ya te contaré.

-¿Tan mal fue?

-Bueno, es que es muy largo.

Tengo una cosa para ti...

-¿Las tarjetas de fidelización?

-Sí.

Mira, es una prueba, ¿vale?

Pero las he imprimido para ver cómo quedaban a tamaño real.

Si te gusta, puedes tener cien esta misma tarde.

-Eh... Rosa, está muy bien, pero...

Falta el espacio para el sello de las consumiciones.

-Mira que eres antiguo, ¿eh? Que no hace falta.

-¿Dónde registro la fidelización del cliente?

-Pues en la web.

-Ah, porque ¿ahora yo tengo una web?

-Te he comprado el dominio. Es muy fácil, mira.

Los clientes lo que tienen que hacer

es escanear el código QR con su móvil.

Entonces, a medida que van consumiendo,

pues van acumulando más o menos puntos.

-A mí me parece muy complicado, Rosa. -Que no.

Es muchísimo más práctico para ellos.

Porque no tienen que estar sellando,

se pueden dejar las tarjetas en casa o perderlas.

Y para ti es mucho mejor porque vas a controlar

todo el sistema a través del ordenador.

-Mira, Rosa, yo no he entendido nada, pero me parece maravilloso.

¡Menudo campeón!

-Bueno, querrás decir "campeona".

-No, no, campeón.

Me estaba felicitando a mí mismo por contratarte a ti.

¡Mua!

Mira, voy a estrenar tu tarjeta con esta clienta.

Tú te ocupas de eso, ¿eh? -Sí.

-¡Buenos días! -Hola.

-Esta es mi tarjeta de fidelización, te la dejo ¿eh?

¿Qué quiere?

¿Pero no ibas a hacer huevos? Ay, sí.

Ay... ¡Mamá!

No pasa nada, ahora se me pasa.

Sí pasa. Tienes mucha fiebre. Y temblores.

Voy a llamar a la abuela. No. Ni se te ocurra.

Mamá, estás muy enferma. Ay...

Ahora se me pasa.

Con la pastilla. Dame un vaso de agua, anda.

La pastilla ya está dentro. Vale.

Voy a vestirme.

Pero no puedes ir en ayunas. Tienes que desayunar, mamá.

¡Mamá!

Voy a llamar a la abuela.

Abuela...

¡Hey! ¿Qué tal?

Perdona que me fuera anoche antes, es que tenía cosas que hacer.

¿Cómo acabó la noche? ¿Todo bien?

-Salimos todos de fiesta, si te parece.

-¿Tu padre no dijo nada más después de la cena?

-¿Te parece poco lo que soltó?

Mi madre piensa que eres un irresponsable

que deja a las tías embarazadas a los...

¿Cuántos años tenías? ¿Veinte?

-Ah, y eso te preocupa. Lo que piensa tu madre.

¿Qué pasa? ¿No me vas a contestar? -No sé qué quieres que te diga.

-¿Por qué me hablas con esa cara? ¿Qué te pasa?

Te ha molestado saber que tengo una hija.

-Pues me sorprendió un poco. ¿Cuándo pensabas contármelo?

-Pues no lo sé.

No creí que estaba obligado a contarte sobre mi vida.

-Se supone que salimos.

-Se supone, pero no es así.

-Vale, nuestra relación puede ser lo falsa que quieras,

pero éramos amigos.

-Y lo somos. Esto no ha cambiado nada.

-Teníamos un trato, Luis.

Me ayudabas a enfadar a mi padre y la que ha salido mal parada soy yo.

-A mí no me lo pareció.

Fingiste que lo sabías y él no ha notado nada.

-Ya, pero yo me sentí humillada.

Si lo hubiera sabido, habría sido distinto.

¿Por qué me lo ocultaste? -No te oculté nada.

No pensé que fuera importante, ya está.

-Ah, claro, tener una hija no es importante.

-¡La que no eres importante eres tú!

Tú y yo no somos nada, Noa.

No me puedes exigir que te cuente sobre mi vida.

Yo te estoy ayudando para hacerte un favor, nada más.

No necesito que me montes un numerito como si fueras una novia celosa.

¿Es eso lo que te pasa?

¿Te has creído que somos novios?

-Claro que no. Eso es absurdo. -Claro que es absurdo.

Pero lo has hecho.

-Vete a la mierda, Luis.

Me voy al almacén.

"Y, después del tercer coñac,..."

(JAVIER RÍE) ...va y me suelta: "Mira, cielo".

Me llamaba "cielo" todo el rato. Esos son los peores.

"Mira, cielo".

"Si quieres te explico cómo funciona la hidratación de nuestros jabones,

pero mejor te hago una demostración práctica".

¿Estaba ligando?

Sí, eso creo, pero tampoco se tenía en pie.

Y empieza a sacar muestras de yo no sé dónde

y a embadurnarme el brazo.

No te imaginas la peste que echaba.

Sí, me lo imagino porque, tú ya no lo notas, pero...

Esto tira para atrás.

¡No digas eso, me he duchado tres veces!

¿Vas a ir a la asamblea? No sabía que había una.

Hay una a las nueve. La ha convocado Elías.

Ah, pues no creo que tenga tiempo.

Me tengo que pasar primero por el banco

y luego abrir la droguería, que Celia sigue con gripe.

¿Te pasas tú y me la cuentas? Vale.

¡Uh!

¿Has dormido fuera? De casa de Celia, claro.

Me parece que no tengo que darte explicaciones.

No, no hace falta que me expliques nada.

Y más aun habiendo visto lo que acabo de ver.

¿Perdona?

¿De verdad, Adela?

Te tenía por una mujer más discreta.

Acuéstate con quien quieras, pero que no lo sepa el barrio.

Perdona, se me había olvidado, el experto en discreción eres tú.

Ah, no, que no lo eres.

Me mandaste un móvil para que te perdonara

y se te olvidó borrar un mensaje humillante para mí y tu familia.

Olvídate ya del móvil, por favor.

Menudo inútil que estás hecho, que ni borrar mensajes sabes.

Lo que tú quieras.

Pero ¿de todos los hombres que hay en Madrid, que mira que hay,

te tienes que liar con este?

¿Y qué pasa con Javier?

Es un hombre íntegro y de buen corazón.

Que no abunda.

¿Íntegro?

Javier no es lo que aparenta ser.

Todos tenemos un lado oscuro, y terminará saliendo.

Mira, seguro que estás hablando por propia experiencia.

Di lo que quieras, pero terminarás dándome la razón.

¿Qué es lo que te pasa? ¿A qué viene toda esta historia?

¿Qué son, celos? ¿Es eso?

Pues te los comes con patatas.

Solo he venido a decirte... No tienes nada que decirme.

Te has acostado con quien has querido

y te crees con el derecho de decirme qué tengo que hacer.

Pues voy a hacer lo que me dé la gana.

Yo tengo la decencia de hacerlo

cuando no hay nada entre nosotros, no soy como tú.

Si me disculpas, tengo muchísimas cosas que hacer.

¿No vas a ir a la asamblea?

(SUSPIRA)

Mira, no.

Vendrá Javier luego a contármelo todo.

No vas a estar en el homenaje a Genaro.

¿Vas a estar tú?

Pues es el último sitio donde querría estar.

¿Dónde se ha metido Elías?

Pues, mira, convoca una reunión y llega el último.

Como no empecemos, habrá que retrasar el homenaje a Genaro.

-¿Pero alguien sabe lo que quiere Elías?

-Pues pedirnos más dinero.

-Javier, ¿tú sabes algo más?

-Ni idea. Estoy igual que vosotros.

Hola, perdonad el retraso, pero es que me he entretenido

con... con una reunión.

-Espero que sea algo importante, le tengo manía al puesto común.

Sí, sí, es algo importante, Carmen, pero me temo que no os va a gustar.

¿Hay problemas con las obras de la cubierta?

Me encontré con el jefe de obras y me dijo que estaba todo perfecto.

¿Se ha ido el espónsor y nos retiran la ayuda?

-Carmen, deja hablar a Elías. -(CARMEN) Sí, sí.

Muchas gracias, Paolo.

Pero no soy yo el que tiene que hablar aquí.

Quien tiene que dar explicaciones es Javier.

-¿Yo?

¿Por qué?

Pues porque has aceptado el puesto de gerente del Mercado Central

aun a sabiendas de que estás acusado

por un delito fiscal por tener cuentas en paraísos fiscales.

-Javier, ¿es cierto lo que dice Elías?

Por supuesto que no, Javier nunca no haría una cosa así.

-Yo tampoco me lo creo. Es absurdo.

Pero ¿qué pretendes con esto, Elías? -Yo lo sé.

Nunca le ha hecho gracia que yo esté por aquí.

Desde que pisé este mercado,

ha hecho todo lo posible por encontrarme algún trapo sucio.

Tú sabrás por qué.

Ya te lo digo yo.

Para poner a su hijo de gerente, ¿no?

-¿Cómo puedes caer tan bajo y soltar una mentira así?

-Porque no es mentira.

Lo que ha dicho Elías es cierto.

Eh... ¿Te parece normal?

Yo, hasta el cuello de mierda y tú, aquí, con el móvil?

-¿Y la silla? ¿Me meto en un contenedor?

-Puedes buscar en otro sitio, la carta estará en cualquier parte.

-Soy el ayudante del gerente. -¿Y eso qué significa?

-Que yo vigilo y tú trabajas, de siempre.

-Ja, ja, qué gracioso eres, ¿no?

Anda, que ya te vale.

-Oye. Nada, no voy a poder.

Porque estoy aquí con...

con Jonathan, haciendo unos recados y eso.

Ya sabes, cosas de hermanos.

Venga, un besito.

Te quiero.

-¿Cosas de hermanos?

-¿Le digo la verdad?

-Es verdad, se me había olvidado que se te da genial ser un falso.

-Se pega todo menos la hermosura.

-No lo dirás por mí.

-No. Eres el hombre más transparente

y honesto del mundo mundial, vamos.

El mejor amigo que se pueda tener. -Pues sí.

-Pensaba que habíamos hecho las paces ya.

Que habías aceptado mis disculpas.

-Pues las había aceptado.

Pero no sé si va a servir de algo.

-¿Y por qué? A ver.

-Más bien parecía una excusa para calmar a Carla.

Lo único que te importa es que vuestra relación vaya bien.

Y que me parece bien, ¿eh?

Yo realmente es que no te importo nada entonces.

Mira, ya que estamos, te lo voy a decir.

Cada vez que me miras mal, cada vez que discutimos

o cada vez que me lanzas una puya,

cada vez me escuece más.

Samu, éramos "brothers", tío.

Entonces eso de "hermano" significaba algo.

Y cada vez que pienso que hemos perdido todo eso

me... me siento fatal, tío, me siento... como una basura,

como... (RESOPLA) Mira.

Si hasta te estoy diciendo esto rodeado de mierda.

-Igual me he pasado contigo.

Lo siento, pero no lo puedo evitar.

-Vale. (SAMU SUSPIRA)

-Mensaje captado. -Eh, eh.

Que no lo puedo evitar, no que no quiera.

Yo no necesito estar ahí dentro para sentirme una basura.

Los dos estamos de mierda hasta el cuello.

Y, si nos la seguimos tirando, no nos vamos a limpiar en la vida.

En una cosa te equivocas.

Que no éramos hermanos.

Somos.

Lo seguimos siendo, idiota.

Y los hermanos es lo que hacen.

Se pelean y... se perdonan.

Pero se quieren.

Y se vuelven a pelear y se vuelven a perdonar.

Si ellos quieren, claro.

-Claro que quiero.

Te he echado un montón de menos.

-Y yo a ti también.

Y esto no te lo digo para poner contenta a Carla.

Te lo digo con el corazón.

-¿Qué?

-¿Qué?

-¿Qué de qué?

Si crees que me agacharé a abrazarte...

-¿Esperas que me levante yo?

-Ven aquí, anda.

Mi "brother".

-¡Venga, que tenemos una carta que encontrar, por favor!

Te quedan unas cuantas bolsas.

-Vale, pero no te escaquees más, que nos conocemos.

-¿Otra vez? Que no, pesado.

Cuidado, cuidado.

Mira... Mira, aquí a la derecha, mira a ver.

Esa.

Yo nunca hubiera convocado una asamblea urgente

si no estuviera muy seguro de lo que digo.

Ya que estás tan seguro, ¿les explicas todo lo que pasó?

Es que no hay nada que explicar.

Estás acusado por delitos fiscales.

Tienes que ir a declarar a un juicio por evasión de capitales.

El delito lo cometió mi padre, no yo. (ELÍAS RÍE)

Hace diez años, tenía negocios con mi padre.

Por eso debo declarar, mi nombre aparece en esos papeles.

Nada más.

Yo no sabía que él estaba desviando el dinero al extranjero.

Cuando lo supe, fue demasiado tarde. Claro.

¿Dónde habré escuchado yo eso antes? ¡Ay!

En todos los juicios sobre este tema.

"Señoría, disculpe, yo no...". ¿Me vas a juzgar tú?

Cometí un error, sí.

Confiar en mi propio padre. ¿Es eso un delito?

Fui imprudente y no supe ver que no era quien creía.

¿Quién de nosotros no ha cometido un error así?

¿Quién no se ha dejado engañar

por alguien que abusaba de nuestra buena fe?

-Ninguno de nosotros podemos tirar la primera piedra.

-Ahora ya sabéis todo lo que pasó.

Solo me arrepiento es de no habéroslo dicho antes.

Valoro la confianza que habéis puesto en mí

y por nada del mundo quisiera ponerla en peligro.

Así que, a partir de ahora,

os demostraré que soy digno de ella

y que no tuve nada que ver con ese fraude.

¿Cuento con vosotros?

Bueno, pues ya tienes tu respuesta.

Conmigo, por supuesto que sí.

-Conmigo también.

-Y conmigo.

-Os lo agradezco muchísimo. No os defraudaré.

¡Me cago en...!

-¿Qué haces? Hueles muy mal.

-Ya lo sé, me he caído encima de una bolsa de pescado podrido.

-Qué espectáculo cuando te persigan los gatos del Mercado, ¿eh?

-Yo ya paso de buscar, hermano. No puedo más.

-No seas quejica, solo queda un contenedor.

-Y va a estar en este, ¿no?

-Si no lo buscamos, no lo sabremos. -Bueno.

No hables en plural, tú no haces nada.

-¿Otra vez? -Sí.

-¿Esta conversación otra vez?

No tires la toalla, el homenaje ha empezado ya.

-Me da igual. Si el cielo existe, Genaro me va a deber una y ¡gorda!

-Jona.

-¿Qué?

-Estoy pensando...

Si la carta no está en estos contenedores,

que va a estar, va a estar,

puede ser que esté en las bolsas de las papeleras del Mercado.

Podemos mirar luego ahí también.

-Tío.

Tío, tío, que está ahí.

-¿Dónde? -Ahí, tío, ahí.

Está ahí, cógela.

Y yo aquí buscando, ¡estaba ahí, la tenías tú al lado!

¿De qué te ríes? -Eh.

-¿Qué? -La había puesto yo.

-¿Cómo?

-Me la encontré en una bolsa de papeles.

La he puesto para que la encontraras y te hiciera ilusión.

-Ah, mira, qué bonito, ¿no? Qué romántico.

Si lo dices, pierde la gracia.

Lo sabes, ¿no? -Sí.

Quería verte lleno de mierda, merece la pena.

-¡Te reviento a collejas! -Eh, que te denuncio, para.

¿Quieres que te preparen una infusión?

Una tila te vendría bien. -No, gracias, Valeria.

Gracias por encargarte de todo.

No sabes lo importante que era para mí.

-Es lo menos que podía hacer. -Gracias.

-Ven por aquí, tía.

Ya enseguida estoy contigo. -Gracias.

Creo que podemos empezar.

-¿Ya?

Pero... no estamos todos, ¿no? -Y ya vamos diez minutos tarde.

Si os podéis ir sentando...

Vamos a empezar.

-Queridos amigos, gracias por venir.

Ya sabéis cómo era Genaro.

Ha querido que nos despidiésemos de él

celebrando la vida y no lamentando su muerte.

El caso es llevar la contraria a todo el mundo.

También quería controlarlo todo.

Tanto...

que escribió sus propias palabras de despedida.

(CARRASPEA)

(CARRASPEA)

"La vida es como una travesía a través del...".

-Hola.

Abrázame como si te estuviera dando el pésame.

-¿Qué dices? -Que me abraces.

Que tengo el sobre y no te lo puedo dar delante.

-Pero ¿cómo...? Pero si apestas a pescado podrido.

No lo voy a hacer. -Que tengo el sobre, abrázame.

(JESÚS CARRASPEA)

-Ánimo.

-Gracias, Jonathan, por tu apoyo. -De nada.

-Perdonad, pero, con los nervios,

he empezado a leer una carta que le escribí yo a él.

La... El sobre con la carta está aquí.

(CARRASPEA)

"Queridos amigos,

os escribo antes de que se me vaya la cabeza del todo

y muera por primera vez,

cuando olvide quién soy, cuando no reconozca a Concha,

el gran amor de mi vida,

y no recuerde a todos aquellos

que me habéis acompañado todos estos años".

"Por eso quiero aprovechar ahora que aún os recuerdo".

"Mira que me fastidia,

pero os dejo unas rondas pagadas para que comáis y bebáis a mi salud

mientras escucháis lo que tengo que decir sobre vosotros".

Vamos a tener que beber mucho

para digerir lo que nos quiere contar.

"Primero me dirijo a Jesús".

"Deja de bromear para sacar hierro al momento".

"Que me he muerto".

"No te refugies tanto en esa fachada de hombre duro".

"Todos sabemos que eres como un coco de tu frutería".

"Deja que alguien rompa esa cáscara tan dura

para descubrir lo bueno que eres".

"Y eso también va por Valeria y Carmen Pacheco".

"El orgullo y la envidia siempre os han podido".

"No dejéis que os domine la rivalidad que tenéis con los De la Cruz,

ya que viene de lejos y nunca trae cosas buenas".

¿Cuántos fertilizantes hay?

-¿De crecimiento o de floración? -De los dos.

-De crecimiento, siete. -Sí.

-Y de... Dos de floración.

-Vale.

Orquídeas...

-¿Vamos a estar aquí mucho?

-¿Tienes que irte a clase ya?

-No, realmente esta tarde no tengo,

pero quería dejar la bici lista para los pedidos del mediodía.

-Es que hay cosas que... que necesito que sepas.

-¿Qué cosas?

-Pues... A ver.

Voy a vender la floristería.

-¿Por qué? ¿Te va mal el negocio?

-No, no, el negocio va bien, es...

que necesito vivir una nueva etapa en mi vida.

-¿Una nueva etapa?

¿Sin la floristería?

¿Sin papá?

Pero, mamá, ¿y yo qué?

A ver, espera, ¿esto de dónde sale?

Papá y tú estáis bien.

Discutís como todo el mundo, ¿no?, pero va todo bien entre vosotros.

-No, Andrea, no estamos bien.

Puede parecer que sí, pero no... no es así.

-¿Está decidido ya?

-Bueno, tu padre aún no... no sabe nada.

-¿Que le vas a abandonar?

¿Y a mí?

-Hijo, dicho así... -No hay otra forma de decirlo.

¿A qué esperas para contárselo? -Prefería contártelo.

No quería que te cogiera por sorpresa.

-¿Pero qué ha pasado? ¿Te ha hecho algo?

¿Ha sido por su culpa? -No, no, Andrea, no.

Tu padre es un buen hombre.

No quiero que le culpes por nada, ¿me oyes? Por nada.

Solo que siento que... que ya no podemos estar juntos.

Las relaciones entre adultos son muy complejas.

Es como un iceberg, ¿mmm?

La parte pequeña es la que los demás ven.

Eres muy joven, no lo puedes entender,

pero ya lo entenderás.

-Es que tendría que haberlo visto, tendría que haberlo visto.

-¿Cómo ibas a verlo? -David lo vio.

-¿El hijo de Celia?

-¿Qué más da? ¿Cuándo se lo vas a decir a mi padre?

-No lo sé.

-Pero ¿estás improvisando? ¿Es improvisado? ¿Algo de repente?

¿Por qué no lo arreglas? Como todo el mundo.

-¿Tú vas a estar bien?

-Pues, no, mamá. ¡Claro que no voy a estar bien!

¡Es que no entiendo nada! ¿Qué estás haciendo?

-No lo vas a entender,

pero lo que me preocupa es que me sigas queriendo.

-Pero ¿y papá qué, mamá?

-Lo siento mucho, cariño. -No sabes cómo se lo va a tomar.

Es que no sabes cómo es, mamá.

-Ven aquí, mi amor, ven aquí, ven.

Ay...

"No os preocupéis, que ya termino".

"A ver si voy a acabar siendo más pesado muerto

que cuando estaba vivo".

"Me despido con un último consejo".

"Yo voy a perder la memoria,

pero sé que seguiré viviendo en todos vosotros

cada vez que paséis por delante de la pescadería

y me recordéis".

"Porque solo muere lo que se olvida, como dijo alguien".

"Y eso no solo va por las personas".

"También por lo que compartimos,

las amistades, las familias, los sueños".

"Y también este mercado,

que nos ha dado la vida a todos".

"Vivid para recordar".

"Y recordad para que no muramos nunca".

"Hasta pronto, amigos".

Por Genaro.

(TODOS) Por Genaro.

Te acompaño en el sentimiento.

Hola, hijo. Soy yo.

No, no, no. Va todo bien.

Bueno, solo... solo me estaba preguntando

si te gustaría que nos viéramos algún día y tomar algo.

Ya sé que últimamente no nos hemos visto mucho, lo sé.

No... no pretendo recuperar el tiempo perdido, pero...

Tenemos un futuro por delante y ese no me lo quiero perder.

Claro, eso estaría genial.

Vale, vale, hablamos.

Oye.

Te quiero.

¿Estás bien?

Sí, sí, sí.

Solo estaba haciendo honor a la última voluntad de Genaro.

Hey.

Qué bonitas palabras.

¿Eh?

¿No crees que deberíamos enterrar ya el hacha de guerra?

Ya nos hemos hecho suficiente daño.

Genaro se ha equivocado.

No eres como un coco.

Eres como una piedra.

-Mamá, que... que muchas gracias por el dinero,

pero no lo vamos a tocar.

-Haz lo que te dé la gana.

-Pero tenemos que hablar de esto, ¿no?

-Ahora nos vemos.

No, yo tengo que atender a Concha. -Mamá...

(Teléfono)

¿Sí?

Sí.

¡Jorge!

Es David, que te está buscando.

David, soy Jorge.

Sí, estaba hablando por...

Tranquilo, si hablas tan rápido no entiendo lo que dices, cálmate.

Es... es mamá. Está muy enferma. Mucho.

Tiene temblores y fiebre y está toda sudada.

Dice cosas raras. Le hablo y no me contesta.

Y no ha querido mis huevos Benedictine.

Vale. ¿Estás solo con ella?

"Sí, y no sé qué hacer".

¿Adela no está ahí?

No ha dormido en casa y no está aquí.

"¿Has llamado a urgencias?" No, eso es imposible.

¿Por qué?

"Tendría que hablar con un desconocido".

Vale. David, yo me acerco, ¿mmm?

Vale. Date prisa.

"En cuanto pueda. Compro algo en la farmacia".

Tranquilo, cálmate. Ahora te veo.

Jorge.

¿Qué tal el homenaje?

Acaba de terminar. Mmm.

¿Y cómo ha ido?

Bien, ha sido muy emotivo. Ya.

Me hubiera gustado pasarme, pero con Elías allí...

No, Elías no ha venido.

Después del numerito de la asamblea, mejor.

¿Para qué la ha convocado?

Pues, básicamente, para echar porquería sobre Javier.

Al parecer han acusado a su padre de evadir capital

y quería que creyéramos que Javier estaba en el ajo.

¿Y tú le crees?

Por supuesto que no.

Javier nunca haría algo así.

Si creyera que nos puede salpicar, dejaría el puesto de gerente.

Hombre, yo no conozco a Javier tanto como tú,

pero, ahora, si tengo que elegir entre Elías y Javier,

lo tengo claro.

(SUSPIRA) Mira, Adela, tu marido es capaz de hacer cualquier cosa

por conseguir sus objetivos.

Si ha montado esto para hacer que...

que tu hijo sea gerente, lo que hará con temas importantes.

No, no creo que lo haya hecho por Germán.

Es que está celoso.

¿Celoso por?

Porque cree que Javier y yo nos hemos enrollado.

Pero Javier es gay. Ya.

Pero es que Elías es muy listo para unas cosas

y muy tonto para otras. Ya.

Y tengo la sensación

de que no tienes interés en sacarlo de su error.

¿Yo? Anda y que sufra.

Muy bien que haces.

¿Te importaría echarle un ojo al puesto?

Me ha llamado David.

Celia no se encuentra bien y voy a echar un ojo.

Voy yo a cuidarla. No te preocupes.

Prefiero ir yo.

¿Seguro? Seguro.

Venga, pues corre. Vale.

Hasta luego.

¡Elías!

¿Me disculpa un momento?

Puede mirar las muestras, vuelvo en un minuto.

¿Cómo has podido caer tan bajo?

¿Qué he hecho ahora?

Calumniar a un hombre honesto, eso has hecho.

Ah, muy bien, ya veo que las noticias corren rápido.

Y todo por celos.

Es que no se puede ser más ruin.

Cada día que pasa, me alegro más de haberme alejado de ti.

Yo no soy un dechado de virtudes, lo reconozco,

pero no me arrepiento de lo que he hecho.

Ese tío es un jeta.

Javier os tiene engañados a todos. A todos.

Y los comerciantes deben saber la verdad.

Y lo van a saber, más tarde o más temprano.

(ROSA) ¿Cuántos nos llevamos? ¿Dos kilos o más?

-Pues igual más.

Al ritmo que sirven los "gin-tonics", van a acabar con las existencias.

-Como sigan así, va a ser el primer funeral

en el que todos los invitados acaban bailando la conga.

Perdóname, no debería burlarme de estas cosas.

-La Rosa que conocí solía hacerlo a todas horas.

-Ya, pero la Rosa que tú conociste era una inconsciente.

Y menos mal que se ha ido,

porque... ahora mismo no te dirigiría la palabra.

-¿Has dejado de culparme de lo que pasó?

-No, pero ya no duele.

Es lo bueno que tiene el tiempo, ¿no? Que todo lo cura.

-¿Todo? ¿Seguro?

-¿Qué quieres decir?

-He visto que Lorena y tú seguís enfadadas.

-No, pero no es por ti.

Bueno, no es solo por ti.

Verás, es que mi hermana y yo tenemos una relación muy complicada.

-No lo era cuando nos conocimos los tres.

Siempre he pensado que empezasteis a distanciaros por mí.

-Que no, que tú no eres el responsable de nada, Antonio.

-Sí que lo soy. -No.

-Lorena nunca hizo nada malo.

Toda la culpa es mía, Rosa.

Lorena nunca se interpuso entre nosotros.

Fui yo quien intenté seducirla.

Quise besarla una noche que estaba borracha,

pero ella me rechazó.

-No, eso no es así.

-Te digo la verdad, Rosa.

-Pero, a ver, ¿por qué puñetas me dices esto ahora?

¿Te lo ha pedido mi hermana? -Ella no tiene nada que ver con esto.

Soy yo quien necesita que lo sepas.

El tiempo también me ha cambiado a mí.

Ya no soy el cretino y cobarde que fui.

Por eso, puedo contarte la verdad, por eso ahora soy capaz.

Espero que sirva para que tú y Lorena os arregléis.

-Cariño.

Perdona que llegue tan tarde.

El homenaje ha debido de terminar. -Sí, pero, mira, ahí están todos.

-Soy Nacho, el marido de Rosa. -Ay, perdóname, Nacho.

Él es Antonio, es...

Es un amigo de toda la vida.

-Ah, encantado.

Antonio... Ah, sí, he oído hablar de ti.

Estuvisteis juntos, ¿no?

-Bueno, buf... -Sí.

Amores de juventud. (NACHO) Ya.

Pues me alegro de que no os saliera bien.

-Bueno, ¿nos vamos al bar? -Sí.

-Están esperando los limones.

(ROSA) ¡Hola! (SAMU) Chao.

-Qué bonito ha quedado todo, ¿eh? -Sí.

Pasa, abuela.

(VALERIA SUSPIRA)

Me voy a quedar aquí un ratito, ¿vale?

-Vale.

(VALERIA SUSPIRA) ¿Qué pasa? ¿Estás bien?

-Ay.

Ay, pues es que estoy muy cansada.

Llevo toda la mañana con Concha,

intentando hacerme la fuerte para que no se hundiera,

y eso es agotador.

-Y tener ahí a Jesús de la Cruz tampoco habrá ayudado, ¿no?

-He intentado acercarme, pero no hay manera.

-Bueno, dale tiempo. -No, hijo.

El tiempo es para los jóvenes.

Nosotros ya no tenemos ese lujo. -No digas eso.

-No. Mira, tienes razón.

Que ya estoy harta de estar hablando de cosas tristes.

Que menuda mañana llevamos. (SAMU RÍE)

-Anda, y ¿tú qué tal estás?

Cuéntame algo bonito, anda. -¿Yo?

¿Qué quieres que te cuente?

-Pues no sé, algo que me alegre.

¿Qué tal con Carla?

No me digas que no estás ahora bien.

-No, sí.

Si ella es una tía increíble y a mí me tiene loco.

-¿Y tú a ella?

-Pues también.

Si estamos bien abuela, pero...

-Siempre hay un pero.

-Este es de los grandes.

-No será tan grave como crees. -Ya te digo yo que sí.

-A ver, ¿de qué se trata?

-Pues que Carla está embarazada.

-Caray, Samuel.

¿Y... y qué pensáis hacer?

-No sé. Carla no quiere tenerlo.

-¿Y tú?

-Yo voy a respetar su decisión a muerte.

Cuando me enteré de que estaba embarazada, pues...

me ilusioné.

No sé, nunca me había planteado ser padre.

Y, si decidiera tenerlo, iba a ir adelante con su decisión.

-Bueno, pero... tenéis todo el tiempo del mundo para eso.

No tengáis prisa.

Además, yo no quiero ser bisabuela, ¿eh?

Tiene mucha suerte de tenerte. -Y yo a ella, abuela.

Nunca había conocido a nadie así.

¿Qué te pasa?

-¿Recuerdas qué te dije

cuando dudabas si contarle la verdad sobre vuestro accidente?

-No contar la verdad si solo va a hacer daño.

-Pues, después de lo que ha pasado con Jesús,

no estoy segura de haberte dado el mejor consejo.

La verdad puede hacer daño, pero la mentira,

cuando sale a la luz, puede matarte.

-Lo sé.

Lo sé desde el principio, abuela.

-¿Y... y entonces qué vas a hacer? -Pues no dejar que esa verdad salga.

Ya es demasiado tarde para eso.

¿Qué pasa, Noa?

-¡Hombre, si ya no hueles a podrido! -¿Ves?

-¿Qué ha pasado?

-Pues nada, tía, que tiré una...

una movida muy importante a la basura y me tuve que meter a por ella.

Pero, vamos, que ya me ves, estoy limpito limpito.

-Menos mal, porque ya me iba a pirar.

-¿Y tú qué? ¿Qué haces?

-Viendo las fotos que he hecho en el homenaje de Genaro.

-Ya.

Tiene que molar que te despidan así, ¿no?

La peña tenía que querer mucho a ese hombre.

-Pues sí, ha sido muy bonito. -Mmm.

Los funerales deberían ser

como los de los polis irlandeses en las pelis.

¿Sabes? Gente comiendo y bebiendo y celebrando la vida, ¿no?

En vez de lamentando la muerte. Qué pereza.

-Mira esta qué chula.

-Qué... qué bonita, ¿no?

Qué luz tan bonita.

-¿Verdad? -Sí.

-Forcé la sensibilidad para sacar mayor partido al contraluz

y apuré al máximo la exposición.

-Ya... ya hablas como toda una profesional, ¿no?

-¿Has visto?

-Tu novio tiene que estar muy orgulloso de ti.

-Eh... Bueno, aún... aún no se las he enseñado.

-Huy.

Huy, que... que te he pillado.

-¿Cómo? -Que te he pillado.

Que te has mordido el labio. -¿Y?

-Cuando te pones nerviosa, normalmente si dices alguna mentira,

te... te muerdes el labio.

-Venga ya, tío. -Que sí.

¿Te acuerdas cuando jugamos al póquer en el almacén con Samu y con José?

-Sí. -¿Y que yo siempre te desplumaba?

Pues, mira, ahora ya sabes por qué, ¿eh?

-¡Pero qué chaval!

"(Timbre)"

Ya era hora.

He venido en cuanto he podido. Has tardado mucho.

¿Dónde está tu madre? Está en la cama.

Cada vez está peor. Dice cosas sin sentido.

Es la fiebre, no te preocupes.

Necesitaría un termómetro.

A ver qué medicación puedo darle.

David, cariño, me encuentro mal. Celia, ¿qué haces levantada?

Hey, ¿qué haces levantada? ¿Jorge?

¡Mamá! ¡Vale, vale!

Tranquilo, David.

Necesito unos paños con agua muy fría.

Hay que bajar la fiebre como sea.

Sí, no me cuentes rollos.

Ya me dices qué trola me acabas de contar.

-Luis no es mi novio.

-¿Qué... qué dices, tía? No sabía nada, lo... lo siento.

-No, no me has entendido.

No hemos cortado, es que nunca hemos estado juntos.

-¿Cómo que no?

-Me lo inventé para cabrear a mi padre.

Y luego Luis me siguió el juego.

Pero todo es mentira. -¡Ostras, tía!

Qué... qué fuerte.

¿Por qué no lo me habías dicho? No se lo diría a tu padre.

-Era más fácil engañar a todo el mundo.

-Pues lo habéis hecho de lujo, porque yo no he sospechado nada.

-Ya, bueno, es que yo me metí bastante en el papel.

Tanto que, al final, he empezado a sentir algo por Luis.

-Vaya.

-¿Qué pasa?

-Nada.

-Oye, que a ti no te hace falta ningún tic, ¿eh?

Que eres muy transparente.

-Sí, soy transparente.

Tanto que deberías saber lo que me pasa.

-Bueno, Jona, sé que te pasa algo, pero no sé el qué.

-Estoy muy pillado por ti, Noa.

No de ahora, de siempre.

Estoy enamorado de ti.

¿Sabes?

Cuando te fuiste y estuve un tiempo sin verte,

pues... hice todo lo posible por olvidarte.

Pero nada, tía.

Y ahora que has vuelto es peor.

Ya, ya sé que tú no sientes lo mismo por mí.

Pero, bueno, yo... tenía que decírtelo, ¿no?

¡Nicolás!

¿Te acuerdas del móvil que te di para reciclar?

¿Aún lo tienes?

Adela, se me olvidó llevarlo al punto limpio.

Pero ahora lo llevo.

No, no, da igual.

Dámelo, es que he cambiado de idea.

Esta manía que tenemos de tirar las cosas a la primera.

Ah, claro, muy bien.

Me alegro de que se me olvidara.

Muchísimas gracias. Hasta luego.

Hola.

Gracias por venir, que estás muy liado con la asamblea.

Sí, llevo una mañanita intensa.

Tengo casi preparado lo del traspaso. Lo veo.

Sí, tengo aquí el precontrato con las condiciones que me pasaste.

Cuando quieras, lo firmamos.

¿Estás segura?

Sí, mira, no te voy a marear con ofertas y contraofertas.

Me quedo más tranquila si se la queda alguien conocido.

¿Y qué ha pasado?

Algo ha debido pasar

para que te entren las prisas así de repente.

He visto una posibilidad de negocio en Nápoles

y... me voy a tirar a la piscina.

(SUSPIRA)

No tendrías que ser tan sincera, Cristina.

Ahora que sé que tienes prisa en vender,

no voy a ser tan generoso en mi oferta.

¿Te vas a aprovechar de la situación?

¿Yo?

No, en serio, no.

Voy a ser justo, no te voy a ofrecer ni más ni menos.

¿Hay trato?

Qué remedio.

Muy bien, pues me alegro.

Me llevo los contratos.

Y, cuando los tenga modificados y firmados,

te los envío.

¿Te parece? Vale. Gracias.

Oye.

Y, ahora que os vais a Nápoles,

¿qué haréis con la pizzería, la vendéis?

No, no, Paolo se queda.

Ah, entiendo.

Tranquila, no voy a ser yo quien te juzgue.

Yo también he mandado sin querer mi matrimonio a la mierda.

Tú situación y la mía son muy diferentes.

¿Estás segura? Sí.

Yo creo que no.

Mira, los dos vamos a pagar un precio muy alto.

Y al principio no te das cuenta.

Al principio todo es diversión:

"Vuelvo a estar soltero, estoy solo", ¿verdad?

Y, después, cuando te das cuenta de lo que has hecho,

piensas que lo que has lanzado es como una bomba nuclear

y su onda expansiva arrasa con todo.

Y te planteas si merece la pena todo el daño que has hecho.

Gracias por el consejo.

No, no es un consejo.

Desgraciadamente, es un hecho.

Elías, eh...

Sí te voy a pedir, por favor, que seas discreto.

Porque Paolo no sabe nada del traspaso ni...

No te preocupes.

Suerte.

(Mensaje)

Que el Sandokán le estaba echando los tejos

y que tu madre le reía.

Papá, que Javier es gay.

¡Venga, ya!

Ya tendrías que saber que no todos los gais tienen pluma.

-Ahora la culpa es mía por meterme en tu vida.

Tú no tenías por qué contarme nada de tu hija.

-Y yo no tenía por qué llamarte "novia celosa".

-Bueno...

Algo de razón tenías.

A ver, me da un poco de vergüenza decirte esto, pero...

Poco a poco, he acabado sintiendo algo por ti.

-¿Sabes si ha entrado alguna persona sin estar tú y yo?

-No. Los únicos que tenemos llave somos tú y yo.

Pero siempre dejamos la puerta abierta.

-Me refiero a si has dejado aquí a alguna persona

mientras tú ibas a hacer un recado, la ronda...

-No. Bueno, Germán.

Vino ayer contándome un problema de la pescadería

y se quedó a cargar el móvil, pero...

-Le he preparado una sorpresa a Jorge.

-Ahora lo entiendo todo.

¿Y qué sorpresa es esa?

Venga, que te prometo que te guardo el secreto.

-He preparado un viaje a Valladolid para que vaya a ver a su hijo.

Cristina me ha vendido la floristería.

Si pones ahí tu nombre y lo firmas, el negocio pasa a ser tuyo.

¿Que Cristina te ha vendido la floristería?

Me extraña mucho. Pues no deberías.

¿Y ahora qué va a hacer?

¿Ponerse a trabajar con Paolo en la pizzería?

Porque una cosa es echarle una mano

y otra cosa es pasarse el día sirviendo mesas.

No aguanta ni una semana.

Cuando haga efecto la pastilla, te encontrarás mejor. Tranquila.

(DELIRA) Eres bueno. Tú eres muy bueno.

Y yo te quiero.

Te quiero tanto...

¿Tú has comprado la casa?

-Sí, a través de esa empresa.

-¿Por qué?

-En principio era para derribarla.

-¿Cómo te sientes?

-Pues estoy rara, ya te lo he dicho.

Eh.

-¿Sabes una cosa que sí que tengo clara?

Que te quiero más de lo que me imaginaba.

-Te quiero mucho.

-Hemos pasado por una... por una pequeña crisis.

Pero... pero ahora todo va mejor, ¿no?

¿O no te acuerdas la otra noche aquí?

Los dos bailando y recordando nuestros votos.

-Paolo, yo....

Te juro que lo he intentado, de verdad.

-Cris, ¿qué... qué me estás diciendo?

Los dos lo estamos intentando, ¿no?

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Mercado Central - Capítulo 59

16 dic 2019

Jesús siembra celos en Elías que Adela alimenta.
Elías intenta desprestigiar a Javier.
Jesús se siente incapaz de reescribir la carta de Genaro, pero Samuel y Jonathan tienen un plan.
Celia sigue enferma y David, superado, recurre a Jorge.
Cristina prepara su marcha y habla con Andrea sobre su separación.
El homenaje a Genaro emociona al mercado.
Samuel se abre con su abuela, que le da un nuevo consejo después de lo aprendido con Jesús.
Cristina le vende la floristería a Elías.

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