Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5464082
No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 56 - ver ahora
Transcripción completa

-Es por ese hombre, ¿verdad?

El que salió contigo del despacho y te llevó a ese hotel.

Oye, una cosa.

¿Te apetece que luego nos tomemos unas cañas o...?

-Claro, guay.

-Sí, es que tengo una cosa importante que decirte.

-Vale, pues luego me cuentas.

-Vale.

Mejor sacarte un dinero extra haciendo páginas web

que haciendo... Bueno, lo que sea.

-El que llama para relajarse eres tú.

Ya te he dicho que eso se ha terminado.

-Lo siento, no quería ofenderte. Perdona.

-Vale, pues deja de meter puyitas de una vez.

Si quieres una página web, te buscas la vida.

La boda es mañana a las seis.

Tendrían que estar un par de horas antes.

Se me ocurre hacerlo en dos tandas.

La primera, por la tarde, que lo envíen hoy.

Y la segunda, mañana a primera hora.

¿Lo ves factible? El proveedor es de confianza.

Lo llamo y se pone las pilas.

¿Me pides que traicione mi amistad con tu mujer

por 200 euros al mes?

Dicho así, suena muy ruin, pero sí. Sí, 200 euros y lo que haga falta.

Correré con todos los gastos.

A ella le engañas, pero a mí me insultas.

Te pedí que lo hicieras por nuestra amistad.

Pero ¿qué amistad? ¡Estás flipando!

Claro que somos amigos y eso no va a cambiar nunca.

Prométeme que vas a venir a cocinar a mi casa, por favor.

Por favor, por favor, por favor,

por favor, por favor. ¡Vale, David, escúchame!

Por favor. Iremos a mi casa a cocinar.

Dime que no sales con ese hombre.

-Tú sabrás.

¿No te has dado el viajecito para averiguar eso?

Pues sí.

Nos entendemos muy bien.

¿Estás bien? Estás pálida, Carla.

-No sé, me encontraba mejor hace un momento,

pero se me ha puesto un cuerpo...

Si vomito otra vez, se me pasa. -¿Has vomitado?

Lo tenía comiendo de su mano, pero el alpiste le duró poco.

-Alucino con el poder que esa mujer tiene sobre él.

Increíble.

Ahora estoy con vosotros.

Giuliana, mira, soy Cristina.

Mi madre quiere hablar contigo.

-No tengo nada que hablar con ella. Adiós, hijo.

-¿Qué ha pasado?

-Se ha cortado, no había mucha cobertura.

-No quiere hablar conmigo, ¿verdad?

No pasa nada.

Lo que importa es que sé que está bien.

Una página web y wifi.

Este tío, las tonterías que se le ocurren.

No, papá, lo raro es que el mercado no tuviera

ni página web ni red wifi para clientes.

La idea es buena, reconócelo.

Que se le dejen de ocurrir tonterías.

Como si no tuviéramos bastantes problemas.

-Ya os vale. Que tengamos que bajar al bar

a tomar algo porque no hay nada en casa...

-Desde que no está mamá, el tema compra lo llevamos flojo.

Y me parece fatal.

A mí no me mires, que vives en tu casa para lo que quieres.

Pero nevera parece que solo hay en la mía.

Yo me voy. ¿Vas a hacer la compra?

¿Avanzas con lo de Adela?

¿No ibas a hablar con ella cuando te devolvió la alianza?

Y fui, papá.

Pero no hay manera, está cerrada en banda.

Algo tendrás que hacer si no quieres verte divorciado.

Te lo digo por experiencia. La soledad es muy dura.

Evidentemente, no quiero verme divorciado, papá.

Pero es que no sé qué hacer.

Se me ha ocurrido invitarle a pasar

un fin de semana en un sitio bonito, los dos solos.

A Cadaqués, que fue el primer viaje que hicimos juntos.

Ni Cadaqués ni Ciudad Real.

Como no seas más persuasivo, no sube contigo ni en el metro.

Ya, pero no hay manera, no quiere hablar con tranquilidad.

Es por su amiga, ¿no?

En casa de Celia está muy protegida.

Su amiga es más dura que ella.

Te lo advertí.

A tu mujer no la ablandas ni con restaurantes,

ni con joyas ni con viajecitos.

Tienes que hacer algo que la deje boquiabierta

para que se crea que te importa.

Que sí, papá. ¿Crees que no lo he pensado?

No paro de darle vueltas, pero no sé qué hacer.

Oye, ¿y la floristería?

No se ablanda con joyas, se va a ablandar con rosas.

Que no me refiero a las flores.

A la tienda. ¿No le interesaba?

Antes, sí. Ahora ya no, se le pasó.

Fue una ventolera que tuvo.

Ahora está muy ilusionada en reflotar la mercería.

Pero ahí tiene una socia, no es un negocio propio.

Tú llévale el contrato de compraventa de la floristería

y ya verás como se olvida de la perfumería ecológica esa.

No sé qué decirte. No sé.

Está muy ilusionada con el tema de los potingues sanos.

Tiene que repartir los beneficios.

Aunque de verdad, entre tú y yo,

no creo que ganen mucho vendiendo pastillas de jabón.

La floristería le puede hacer cambiar de idea.

Y no solo eso, papá, no solo eso.

La floristería le aleja de estar con Celia.

Todo el mundo tiene su precio.

Hasta las personas más nobles y en apariencia buenas.

¿Seguimos hablando de Adela o estamos hablando de Valeria?

¡Ya se me han quitado las ganas de tomar café!

Me voy a la frutería.

Sí, a la compra no vayas tú tampoco.

¿Quién lleva fruta todos los días? (RÍE)

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

100 varas de falsa pimienta.

Ya.

¿Y no las pueden tener para antes?

¿Ni en macetas?

Venga, gracias, esperaremos. Adiós.

¿Qué dicen, qué pasa?

Dicen que hasta mañana a primera hora no sale el pedido.

¿Y cómo vamos a hacer las cestas?

La boda es por la tarde. Es inviable.

La falsa pimienta es de temporada. La traen de fuera.

No me des excusas.

Si no llego a venir, ni te habrías acordado de llamar.

Estaba a punto de llamar. Anda ya, se te había olvidado.

Si hubieras llamado cuando te lo pedí,

las flores de falsa pimienta estarían aquí.

He tenido que ir a la pizzería y se me ha ido el santo al cielo.

Sí, el santo al cielo, has estado pelando la pava con Doménico.

Pero la culpa es mía por confiar en ti.

Tenía que haber ido a un vivero y ya está.

Vamos a ponernos y llamamos a los proveedores,

a ver quién tiene falsa pimienta.

Mira en internet y nos lo repartimos.

Ya, pero es que ahora no me voy a poder poner con eso.

¿Cómo que no, no me vas a ayudar?

Cristina, la floristería es tuya.

Y tú te has comprometido. Es que he quedado.

Es que no piensas más que en él. Pero ¿tú te das cuenta?

Has caído en una obsesión, no tienes otra cosa en la cabeza.

No es lo que tú te crees, Adela.

Te juro que me encantaría ayudarte, pero me es imposible.

Si prefieres estar con Doménico a ayudar a una amiga, márchate.

Ya me las arreglo yo.

¿Y ahora qué quieres?

¿Te puedes quedar un tiempito en la tienda?

No me lo puedo creer.

Dices siempre que te gusta estar en la floristería.

Tienes que llamar a los viveros. Te he dejado los números.

¿Tú tienes la cabeza llena de pájaros o qué?

Por favor.

(SUSPIRA)

Venga, márchate y termina con esto, por favor.

Gracias.

Hola, Adela.

¡Hola, Antonio! Dichosos los ojos.

Vaya sorpresa, no sabía que trabajabas en la floristería.

¿Has dejado la fruta? No, no.

He venido a echar una mano a la dueña,

que ha tenido que salir. ¿Cómo tú por aquí?

He venido a ver a tu suegro.

Ya, pues es que hoy abre más tarde.

Pero tiene que estar a punto de llegar.

Ay, Antonio.

Mira, justamente está abriendo el puesto.

Antonio, lo siento muchísimo.

Hola, Antonio. -Hola, Jesús.

-¿Qué tal Genaro?

-Mi tío Genaro ha fallecido. -¿Cómo?

Pero si le vi hace nada. -Ha ido todo muy rápido.

(SUSPIRA)

Pobre Genaro.

-Los últimos día se fue apagando poco a poco

hasta que esta madrugada murió.

El único consuelo es que no sufrió.

Murió tranquilo.

-¿Y cómo no me avisó Concha?

Podría haber ido a despedirme de él.

-Mi tía prefirió no avisar a nadie.

Las visitas los últimos días le agotaban aún más.

Cualquier esfuerzo era un suplicio.

-Lo entiendo.

¿Y cómo está ella?

-Bien, resignada, ya se estaba haciendo a la idea.

-Le cuidaba con tanto mimo.

-Se desvivía por él.

No ha sido fácil atenderle los últimos años.

Tú viste cómo estaba. -Sí, sí.

Estaba ya muy tocado.

Pero nadie se hace a la idea de que lo vas a ver por última vez.

-Natural. La muerte siempre nos pilla desprevenidos.

-Era un hombre muy querido en el mercado.

La noticia le va a afectar a muchos.

-Pues verás, de eso quería hablarte.

Cuando le diagnosticaron la enfermedad,

dejó escrito en sus últimas voluntades

que de la herencia se reservara un pico para un convite en el bar.

-¿En el bar, en el bar del mercado?

-En lugar de un funeral en la parroquia,

quería una copa en su memoria.

Poco a poco, se olvidó de todo.

Menos de los que habían sido sus compañeros de fatigas.

-Este Genaro...

-Además, dejó esto.

Lo escribió mientras aún le funcionaba la cabeza.

Para que se lo leas a todos cuando os toméis ese vino.

-¿Y qué dice?

-Pues no lo sé, el sobre lo dejó cerrado

y, como comprenderás, no hemos querido abrirlo.

-Es un honor que haya pensado en mí como portavoz.

-Ya ves lo que te apreciaba.

-Rosa, Antonio ha traído una noticia tristísima.

-Ya lo sé, papá, Adela me ha llamado para contármelo.

Por eso he venido. ¿Estás bien?

-Estoy bien, estoy bien. Un poco triste, pero bien.

-Lo siento mucho, te acompaño en el sentimiento.

Ya sabes que aquí todos apreciábamos mucho a tu tío.

-Lo sé.

Gracias, Rosa.

-Papá, ¿estás bien? -Sí, estoy bien.

-¿Seguro? -Sí, sí.

No pasa nada.

-Igual deberías tumbarte un poco.

-No, que no me pasa nada.

Con refrescarme un poco ya está. -No, no, te acompaño a casa.

-Que me tengo que quedar en la frutería.

-De la frutería se encarga el mozo.

Perdona, le acompaño a casa y ahora vengo.

-Sí, sí, tranquila. -Gracias. Venga.

Giuliana.

-Ma non mi dire que me has seguido.

-Escúchame, por favor.

-¿Por qué te pones en ridículo, Doménico?

Me decepcionas cada vez más.

-¿Tanto te disgusta verme?

-Me disgusta verte así. Sin comprender como un adulto

que si una relación termina, termina.

-Tenemos que hablar.

No podemos acabar así. -Sí que podemos.

Per favore.

-Es por ese hombre, ¿verdad?

El que salió contigo del despacho y te llevó a ese hotel.

-¿Desde cuándo tú me sigues?

-No te enfades.

¿Qué opción tengo si no me contestas al teléfono?

-¿Te estás escuchando? Esto empieza a asustarme.

-¿Ese hombre sabe que te fuiste conmigo a Formentera?

-No le interesa. -¿Lo sabe o no?

-No pienso responde a esa pregunta ni a ninguna otra.

-Me niego a admitir que no sientes nada por mí.

-Doménico, ¿por qué te rebajas así?

Vete y olvida lo que hemos hablado hoy.

-Nunca pensé que te convertirías en una mujer tan distante y fría.

-Esta conversación no va a ningún lado.

-Giuliana, por favor.

Si he hecho algo mal, dame otra oportunidad.

Te digo por favor.

-El problema no soy yo, Doménico.

El problema eres tú.

Estás perdido y te agarras a mí como una tabla de salvación.

Pero lo nuestro es pasado y sobrevivirás sin mí.

-¿Cómo puedes decir eso?

-Porque no puedes vivir en el recuerdo.

Debes crecer y madurar.

Sin miedo.

-Estoy seguro de que si lo intentamos,

podemos ser la pareja más feliz.

Giuliana, somos complementarios.

-OK, vamos a hacer una cosa.

Estoy abriendo dos restaurantes a Napoli.

A lo mejor te puedo hacer un hueco.

Dejar España, volver a casa.

-¿Tú piensas que es esto lo que quiero de ti?

¿Un trabajo? ¡Yo ya tengo trabajo!

-No grites. -¡Yo te quiero a ti!

-No grites y no te enfades.

-¿A quién esperas, has quedado con este tío?

-¡Basta, esto no te lo tolero!

-¡Por favor, por favor!

-Esto quizá te ayude.

Doménico, io non ti amo.

Hai capito?

Per favore.

-Ya.

(ROSA SUSPIRA)

Bueno, ya estoy aquí. -¿Cómo está?

-Mejor, he conseguido que se tumbe un rato.

-Siento mucho haberle causado este disgusto.

-No te preocupes, antes o después se tenía que enterar.

-Ya. -¿Sabes qué pasa?

Está pasando por una mala racha.

Y la muerte de su amigo ha sido la puntilla.

Pero estoy segura de que en cuanto descanse,

se sentirá mejor.

-Hacía mucho que no nos veíamos.

-Sí, mucho.

Sí.

¿Quieres tomar algo? -No, tengo un café.

¿Y tú, cómo va todo?

-Bueno, pues ya me ves, como siempre.

-Como siempre, no.

Aún más guapa. -No seas bobo, Antonio.

Nos hacemos mayores y lo intento llevar con dignidad.

-A veces pienso en cuando salíamos juntos.

(RÍE)

Yo no tengo tiempo de pensar en el pasado.

¿Sabes? Voy...

Voy como las locas, corriendo de un lado a otro.

-¿Ah, sí? -Sí.

-¿Dónde estás ahora? Me ha dicho Adela que has dejado el bar.

Eso sí que me ha chocado.

-Ahora se encarga mi hermana.

No está, no sé, habrá salido a hacer algo.

-¿Lorena? -Sí.

-Nunca me hubiera imaginado que se quedaría con el bar.

Los clientes lo habrán sentido.

Porque la mano que tienes para la cocina no la tiene nadie.

-Parece que ninguno somos imprescindibles.

Todos podemos ser sustituidos en un momento dado.

-No estoy tan seguro, Rosa.

El tiempo también te enseña a arrepentirte

de algunas decisiones.

-Bueno.

-¿Sabes que Genaro dejó un dinero

para que se dé un convite a su salud en vuestro bar?

-¿Ah, sí?

-Y menciona expresamente tus tortillas.

Aunque solo sea ese día,

tendrías que ponerte delante de los fogones.

-Si esa es la voluntad de Genaro, no seré yo quien no la cumpla.

Hola.

-Pensé que ya no venías.

Mira que no tengo tiempo para chorradas ni bobadas.

-Yo no vengo a contarte chorradas.

Vengo a hablarte en serio. Venía a darte las gracias.

-¿Por devolverte a Doménico o per un altra cosa?

-Por las clases de cocina. Paolo estaba encantado.

Últimamente, las cosas en el mercado no están muy bien.

Eres una mujer ocupada y te ofreciste a echar un cable.

Muchas gracias. -Un placer, Cristina.

Pero, de todas formas, no me cuadra

que tengamos esta conversación en un parque.

-Bueno, porque pensé que a lo mejor no querías volver al mercado.

-Cristina, somos dos adultas.

Si estamos aquí, é perche tú y yo tenemos algo en común.

Y no te interesa nada que lo oiga tu marido.

¿Quieres hablarme de Doménico?

-En cierta manera, sí.

-Yo creo que en todas las maneras.

Soy muy observadora y me di cuenta inmediatamente.

Doménico te gusta.

-Sí.

-Cristina, quítatelo de la cabeza.

Cuanto antes.

-¿Por qué?

No pensé que te importara que me enamorara de otro.

No te hacía tan moralista. -La moral me importa un bledo.

El problema es muy distinto.

-¿Paolo?

Yo no...

No puedo evitar lo que siento solo para salvar mi matrimonio.

-Paolo es un hombre hecho y derecho y saldrá adelante sin ti.

Non é Paolo, é Doménico chi non vale la pena.

Es débil.

-¿Cómo?

-Sí, es débil. Parece un tipo misterioso, pero no esconde nada.

Es dependiente, debes cuidar de él.

No busca un amor, busca una mamma.

Capisci?

-Bueno, eso será contigo.

Entre nosotros hay mucha complicidad.

-Non confondere, Cristina.

Una cosa é la cama e un altra muy distinta es la convivencia.

Perche sexualmente seréis compatibles.

Pero eso es todo.

-Es mucho más que compatibilidad.

Yo creo que hay cosas que cuentan.

-Eso no tiene nada que ver con lo que te estoy diciendo.

-Doménico es una gran persona.

-Certo, é bravo, un gran profesional.

Pero no busca una relazione de igualdad.

Y esto, con el tiempo, acaba desgastando.

E te impide a te crecer como persona.

Capisci?

-Yo siento que mi matrimonio se está desgastando.

Cuando pienso en el futuro, no me veo con Paolo.

Yo me veo con Doménico.

-Cristina, pero eso no es real.

Porque per poder formar una pareja sana,

cada uno debe ocuparse de sí mismo.

Olvídate di Paolo, di Doménico e piensa en ti.

Ayúdate primero a ti misma.

Perche si no, no serás libre nunca.

Capito?

Aquí tienes, Carlos. Nos vemos en Porto do Son.

¡Hombre, dichosos los ojos! No sabía que estabas aquí.

Pensaba que estabas en el despacho. Se ha muerto Genaro

y al abuelo le ha afectado mucho.

¿Dónde está?

Rosa se lo ha llevado a casa. Estoy avisando a Lorena.

Me viene bien que estés por aquí porque quería comentarte una cosa.

(SUSPIRA)

Javier ha conseguido que las obras del tejado se hagan por la noche

y así no hay que cerrar los puestos y no se pierde dinero.

¿Qué me estás contando? Este tío no tiene límites.

Está en todo.

Qué pesado está el Sandokán de las narices.

La web, el wifi, no paran de ocurrírsele cosas

para reflotar el mercado.

Ya, por eso te lo cuento.

Es que no sé cómo pararlo.

Habrá que pensar una muy buena estrategia.

Ya verás Hortuño, con la de pasta que ha invertido aquí.

Hay que pensar algo para quitárnoslo de encima.

¿Sabes algo más?

Vamos a ver, papá, no soy detective.

Además, nos llevamos a matar.

Todo el mundo tiene un punto vulnerable. Hay que adivinarlo.

¿Por qué te llevas tan mal con él? Si acaba de llegar.

Pues...

Yo qué sé.

El otro día tuvimos un par de enganchadas

porque no quiere que dejemos los camiones en el muelle de carga.

Pues ya estás limando asperezas con él.

Para desactivar al enemigo, cuanto más te arrimes, mejor.

Ya me quedo yo aquí.

Carla.

Carla.

No sé qué se ha caído en el muelle, que vayas a limpiarlo.

Y cuanto antes, mejor. -Voy cuando pueda.

-¿Y qué más te da hacerlo antes que después?

Haz tu curro y punto.

Si estás de mala leche, no lo pagues con los demás.

-Exacto, es mi curro y lo organizo como quiera.

-Si tienes alguna queja, se la dices al gerente.

O a tu novio, que está aquí. -¿Qué pasa?

-Te pido lo que me han dicho. -¿Por qué discutís?

-¡Que este tío es un pesado! -¿Qué ha pasado?

Carla, a ver. -¡Da igual, que tengo curro!

¿Qué le has dicho?

-No sabes de qué hablamos, pero la culpa de que se cabree es mía.

-Yo no he dicho eso. -Pues lo ha parecido.

(SUSPIRA)

Unas décimas sí parece que tienes, papá.

-Que no, mujer, que no.

-¿Por qué no vamos al médico a que te eche un vistazo?

-Los médicos no tienen receta contra la tristeza.

Me ha afectado mucho la muerte de Genaro.

-Bueno, luego te subo algo del bar.

-Que no sean esas moderneces que os ha dado por hacer.

-No, un caldito, un arroz blanco. Y cenamos juntos, ¿vale?

-Me parece que me voy a acostar pronto.

-¿Seguro que estás bien?

-Sí, estoy un poco cansado, nada más.

-Es que nunca te había visto así.

-Porque no estuviste cuando murió tu madre.

-Por favor. -No, no, no es un reproche.

Es para que no te preocupes.

Aquello sí que fue duro y salí adelante.

-Ya, pero es que ahora tienes otra edad, papá.

Y se te han juntado muchas cosas.

-Pero que no pasa nada.

Tengo el estómago un poco revuelto.

La comida me habrá sentado mal por el disgusto, nada más.

-Papá, no te empeñes.

No tienes que hacerte el fuerte todo el rato.

A veces es bueno soltar las emociones.

Reconocer la vulnerabilidad. -¡Y dale!

Ya te he dicho que no me va ese rollo tibetano.

-Que no es tibetano, te estoy intentando ayudar.

-Bueno, no insistas, que no es nada.

Un poco pachucho.

Porque me pase la tarde en el sofá no me voy a morir.

(SUSPIRA)

Ah.

Muchísimas gracias.

Y cuando tengáis el resto, por favor.

¿Se puede saber qué haces aquí?

Sigo siendo tu marido, es normal que quiera saber cómo estás.

¿Qué haces aquí? Estoy cubriendo a Cristina.

Ha tenido que hacer un recado importantísimo.

¿Satisfecho? Ya te puedes ir.

¿Soy yo o he notado un cierto retintín en "importantísimo".

¿Ha pasado algo, habéis discutido, os habéis peleado?

No, solo me da rabia que descuide un puesto tan bonito y tan bueno.

Porque tú crees que tú lo harías mejor.

¿Tú no opinas lo mismo? 50 veces mejor.

Tengo más ideas y, sobre todo, más ganas.

Pues a eso me refería, no pongo en duda tu capacidad.

Lo que te preguntaba es si todavía sigues interesada

en coger el traspaso de esto.

Lo que me apetece es ponerme con un encargo

que me corre mucha prisa.

Así que si me dejas tranquila...

He hablado con Rosa.

Me ha contado lo de Genaro.

¿Cómo se lo ha tomado tu padre?

Regular.

Pero bueno, supongo que es normal.

Oye, ¿las flores esas que estás sacando?

¿Qué?

¿No te acuerdas?

¿De qué?

El primer viaje que hicimos juntos, a Cadaqués.

Cuando llegamos al hotel nos habían dejado flores de esas.

He estado pensando estos días.

A lo mejor te apetecería que nos escapásemos allí los dos.

Solos, para hablar con tranquilidad.

Mira, Elías.

Te conozco como si te hubiera parido

y estás intentando liarme, pero yo no soy tan simple.

Esas flores, como tú dices, son el pasado.

Y estas son mi presente.

Mira, Adela.

Tú, para mí, nunca serás el pasado.

Y sí, la he cagado muchas veces, muchísimas veces.

Y lo siento.

Pero es que te quiero.

Y te voy a querer siempre.

Y eso, te guste o no te guste,

es el pasado, el presente y el futuro.

¿Y esto?

-De eso quería hablarte. Es una carta que me dejó Genaro

para leerla en el convite homenaje que le vamos a hacer en el bar.

-¿Un convite? (ASIENTE)

-¿Así, a modo de funeral?

-Lo dejó en sus últimas voluntades.

Y hasta dejó dinero y todo.

-Está cerrado el sobre.

-Claro, no lo he abierto.

-¿Y no te da curiosidad?

-Ya tendré tiempo de leerla.

-¿Estás aquí tan tranquilo sin abrir el sobre?

Papá.

¿Hay algo en este sobre que te asusta?

-¿Tú no tenías que ir al bar?

-Papá, ¿puede ser que Genaro dejara escrito algo

que tú preferirías no saber?

-Aquí pondrá, más o menos, lo que todos imaginamos.

Ya te enterarás en el bar. Y luego me lo contáis.

-¿Que no vas a ir?

-No, no creo que a Genaro, esté donde esté, le importe mucho.

-Papá, esto sí que es una marcianada.

¿No vas a estar en el funeral? Te lo ha encargado a ti.

Era tu amigo, te ha dejado una carta.

-Que no voy a ir, no insistas.

-Pues yo creo que tienes un compromiso, papá.

Y una responsabilidad.

-Mira quién habla de responsabilidades.

La que ve los toros desde la barrera. Cuando los ve.

-Es que ahora no estamos hablando de mí.

Estamos hablando de ti.

-Vale, tengo una responsabilidad con mi amigo.

Pero también tengo una responsabilidad

conmigo y con mi salud, así que no voy a ir.

Punto.

Y no quiero hablar más del tema.

-Bueno.

Me voy.

Luego te traigo un caldo.

Quita de ahí, que no estoy para jueguecitos.

¡Quita, que al final me tiras las cajas, macho!

¿Me vas a dejar trabajar o qué?

-Hasta que no me digas qué ha pasado, no.

-No era nada importante, ha sido ella la que se ha mosqueado.

-¿No le habrás dicho nada? -¿Estás tonto? Claro que no.

-¿Entonces, de qué hablabais?

-Encima, eso, de chorradas. Chorradas del trabajo.

-No me lo creo.

-Muy bien, no te lo creas.

-Algo ha tenido que pasar.

-Que no, solo le estaba pidiendo que hiciera bien su trabajo.

-¿Y tú quién eres para decirle lo que tiene que hacer?

No eres nadie para decirle lo que tiene que hacer ni cómo.

-No te pases, que no sabes por qué se lo decía.

-La próxima vez se lo dices a través de gerencia.

-Entendido, jefe.

Todo lo que usted diga va a misa.

-Muy bien, así me gusta.

-Jonathan, ¿nos dejas solos un momento?

-Todo tuyo.

-Ya le he dicho un par de cosas.

-Que no la tomes con él, no ha dicho nada grave.

-¿Y por qué discutíais?

-Porque he tenido un mal día y la he pagado con él.

-¿Ha pasado algo, te sigue doliendo la tripa?

Si no me lo cuentas, no te puedo ayudar. Somos una pareja.

Cuéntamelo.

-Que no me viene la regla y estoy cagada.

Hola.

¡Hola!

Oye, estaba pensando.

Si pudieras pedir algo, ¿qué pedirías?

No sé, ni idea, ¿por?

Porque quiero hacerte un regalo

y me gustaría que te hiciera mucha ilusión.

No te puedo comprar un avión. Vaya, pues era eso.

Tonto.

Estamos juntos y estamos bien.

¿Te parece poco regalo?

Lorena, eh...

Quiero comentarte una cosa. Voy a seguir cocinando con David.

De hecho, he quedado ahora con él.

Creo que le está sentando muy bien y no quiero dejarle tirado.

¿Te parece mal?

No, no, no, es que...

A veces pienso que a través de David

estás supliendo algo que te falta.

¿Algo que me falta? ¿El qué?

Tu hijo Marcos.

Es como si...

Como si te estuvieras quitando una espinita

pasando con David el tiempo que no puedes pasar con tu hijo.

Es evidente que me gustaría pasar más tiempo con mi hijo

y estar bien con él y todo eso.

Pero bueno, supongo que es lo que hay.

Es lo que hay, me saca de quicio esa frase.

No, es lo que hay si tú quieres.

Si quieres ver a tu hijo, ¿por qué no lo intentas?

Ni siquiera sé por dónde empezar.

Puedes empezar por llamarle, por intentar quedar con él.

Ya.

Ojalá fuera tan fácil.

Bueno, luego te veo, ¿vale? Vale.

Hola.

-Hola, buenas tardes.

-¿Qué, a hacerle otra visita a mi hija?

-Eso es. Voy a hacer la compra para la cena

y quería hablar con ella sobre su próximo proyecto.

-Y a lo mejor, hasta invitarla a esa cena en tu casa.

-Pues hombre, no lo había pensado.

Como mucho, tomar un café mientras hablamos de sus fotos.

¿Algún problema?

-Eh.

-¿Qué haces? -¿A ti te parece normal?

-Si tienes algo que objetar, pides cita y lo hablamos en la escuela.

Delante del director. No tengo nada que ocultar.

-Yo no sé cómo serán los otros padres de tus alumnas.

Pero yo no voy a consentir

que mi hija se enrede con un miserable.

-Aquí el único que se está enredando eres tú.

-Eres un jeta que se vale de su posición y de su labia

para engatusar a jovencitas ingenuas.

-Qué mente más retorcida tienes.

Noa y yo tenemos una relación normal, sana, de respeto.

Algo que alguien como tú no entenderá jamás.

-Como sigas persiguiéndola, tendrás un problema.

-Y como sigas acusándome sin pruebas,

el que va a tener un problema eres tú.

-¿Sí? Porque el único que se está jugando su posición eres tú.

Te voy a hundir.

-¿Qué dices? Solo dices tonterías.

-Si no te alejas de mi hija, haré que dejes de dar clases.

No me va a costar mucho hablar mal de ti

a algunas personas del medio.

-Eres un fantasma.

-¿Con cuántas más has estado?

Seguro que ninguna de ellas era menor de edad.

-Mira, no te parto la cara porque no merece la pena.

Qué lástima que Noa tenga un padre como tú.

-Noa se lo ha contado todo a su madre.

Sí, sabemos que estáis juntos. A mí no me engañas.

Te sorprende, ¿verdad?

Seguro que le dijiste que no se lo contara a nadie.

Pues ya estás avisado.

Como vuelva a verte con mi hija, acabo contigo.

Oye, tú cada día estás más pibón, ¿no?

¡Pero bueno, este chaleco está guapísimo!

-Me lo he puesto para lucirlo con Jorge,

pero el tío no se ha dado ni cuenta.

-Seguro que se ha quedado con lo guapísima que estás.

Es que me flipa, a ver cuándo me lo prestas.

-Puedes coger lo que quieras de mi armario,

pero este chaleco no te lo puedo prestar,

tiene mucho valor sentimental.

¿Recuerdas cuando vivía en Berlín? -Sí.

-Pues tuve una mala racha, ya sabes.

Y un día de estos que toqué fondo,

sin dinero, fatal con mi ex,

me metí en un bar.

-Ah, qué original. -Sí.

Yo estaba allí, desolada, y al otro lado de la barra

había una mujer espectacular mirándome.

Se acerca, pide dos güisquis,

se sienta y me dice:

"¿Qué te pasa?".

Bueno, aquello fue un torrente.

Empecé a contarle mis penas, mis desgracias,

mi historia familiar, mis dolores.

Empezamos a reír, a beber, a llorar juntas.

Total, que cuando se iba, se quitó este chaleco,

me lo ofreció y me dijo:

"Es el momento de seguir adelante

porque el reloj nunca se detiene".

-¿Quién era esa tía, una psicóloga? Porque...

-¡Nina Hagen!

¡Eran unos versos de una canción suya, Nina Hagen!

-¿Quién?

-¡Una de las diosas del punk de los 80!

-¡Ah, que era famosa!

-¡Muchísimo!

-El chaleco debe costar una pasta.

-Cualquier coleccionista pagaría millones por esto.

Pero esto es para mi recuerdo y no se lo presto a nadie.

-¿No, ni a Jorge?

-¿Tú te imaginas a Jorge con esto?

No creo que sea su estilo. -No, la verdad es que no.

¿Dónde está? No le he visto en el puesto.

-Pues está dándole clases de cocina a David.

-¡Qué pesado está con David, hija!

Yo creo que lo que más ilusión le haría es tener otro hijo.

-Me acabas de dar una idea.

-¿No pensarás quedarte embarazada?

-Calla, loca.

Hola, tía. -Hola, Germán.

¿Qué tal está el abuelo?

-Está echado en el sofá.

-Me he quedado muy preocupada.

Se ha tomado tan mal la muerte de Genaro.

-Ya. ¿Y tú qué tal, te mola currar aquí?

-Estoy encantada de estar aquí, pero no paro.

Estoy en la cocina, sirviendo las mesas

y, encima, Paolo

me ha ofrecido diseñarle una cosa de publicidad.

-¡Qué me dices!

Pero si eres una mujer del Renacimiento.

-Anda ya, no te rías de mí.

-¿Qué tal, has hablado con él?

-Hace un rato. La verdad es que es bastante majo.

-¿Y el que está con él quién es?

-Me ha parecido oír que es un abogado.

-Ah. ¿Están hablando cosas del mercado?

-No tengo ni idea, les he escuchado cuando les estaba sirviendo.

¿Tú sabes que es muy feo ser un cotilla?

¿No te han enseñado eso en casa?

-Yo lo decía porque...

No sé, como estamos todos tan preocupados por el mercado...

-Ya.

-¿Sabes qué? -¿Qué?

-Que me ha entrado hambre. -¿Sí?

-¿Qué pizza me recomiendas para tomar ahora?

-Entra, que te enseño la carta.

¿Sabes cuál es la que más me gusta?

-A ver. -La hawaiana.

-¡Qué dices, lleva piña!

-Claro, lleva piña. -¡Qué asco!

-Un poco de jamón york.

¡Hola! No me habías dicho que venías.

-¿Se puede saber por qué le has dicho

a tus padres que estamos liados?

-A ver, Luis... -¿Quieres que tu padre me mate?

¿Cómo se te ocurre semejante mentira?

-Ya, lo siento, estaba enfadada y lo dije sin pensar.

-Ya, pero hay cosas con las que no se juega porque son muy serias.

-La culpa es de mi padre.

-No, es tuya, que le has hecho creer lo que no es.

-Ya, pero mi padre intentó cambiarme de escuela

y convenció a mi madre para que fuera a controlarme.

Estoy harta, tío. -¿Y por eso me metes en medio?

¿No te das cuenta de lo peligroso que es esto para mí?

-A ver, Luis, soy mayor de edad. -¿Y qué? Eres mi alumna.

Tu padre me ha amenazado con arruinarme la vida.

-Mi padre habla mucho, pero es un fantasma.

-¿Y por eso te tomas tantas molestias?

Me has puesto en una situación comprometida.

-Vale, lo siento.

Solo quería enfadar a mi padre y que me dejaran en paz.

-Pues tendrías que habérmelo consultado antes.

-Bueno, tranquilo, mi padre solo quiere manipularte.

Igual que me manipula a mí y a mi madre.

Pero tampoco es para tanto, ni que fuera un crimen.

-¿El qué?

-Que no sería ningún pecado que estuviéramos liados.

Lo que mi padre no aguanta es que esté con un tío

que le plante cara y le ponga en su lugar.

-Ya, pero es que no estás con ese tío.

Yo soy tu profesor, nada más. -Vale, hice mal, lo siento.

Pero me alegro de que mi padre lo haya pasado mal

y se haya tenido que replantear ciertas cosas.

-Tu padre no se ha replanteado nada.

-Hemos hecho que mi padre pierda el control.

Por eso se ha puesto tan agresivo.

Ojalá pudiera mostrarse así más veces

para que la gente viera cómo es.

Y no sabes la última, claro.

Que tu prima está saliendo con su profesor.

-¡No, qué dices! ¿Es majete?

-¡Qué majete ni qué majete! ¿No me escuchas?

¡Su profesor, hombre!

Ese tipo es un caradura.

¡Bueno! Mira.

Se ha dejado Javier el maletín.

¿Qué te parece? Anda, que tiene la cabeza...

A ver si tengo un rato... -No, no, no.

No te preocupes, se lo llevo yo. Estás muy liada.

-¿Sí, no te importa? Me haces un favor.

Me tengo que poner a diseñar las tarjetas para Paolo.

-Pues eso, diseña. Yo me ocupo, que no me cuesta nada.

-Bueno, no solo no te costará, sino que te apetecerá.

-Hombre, tanto como apetecerme... ¿Por qué lo dices?

-Pues porque me da a mí que Javier es...

Como tú. -¿Guapo?

-Ya sabes a lo que me refiero.

-Quieres decir que es gay. -¿No te habías dado cuenta?

-No me había fijado.

-No me lo puedo creer.

Que tenga que ser yo la que te cuente esto.

-No me tienes que contar nada. No me había fijado.

Es el gerente del mercado y ya, da igual su orientación sexual.

-Yo sí creo que es gay. Para esto tengo una intuición...

-Pero no significa que porque sea gay

tenga que estar interesado en él.

¿O te interesan todos los tíos? -¿A mí? ¿Tú eres tonto?

No tengo ni tiempo de sentarme a ver las noticias.

Me voy a poner a... ¡Anda ya!

Has sido tú el que se ha puesto a preguntarme sobre él.

-Que sí, pero no porque me interese en ese plan.

-Ah, bueno.

Me voy para dentro, espero que te guste...la pizza.

-Suerte que no es hawaiana.

(ROSA RÍE)

Javier.

Hola, soy Germán.

Que te has dejado el maletín en la pizzería.

Sí, me termino la pizza y te lo llevo.

Venga, hasta ahora.

(SUSPIRA)

No quiero que te agobies.

Poner la página web y el wifi no será tan caro.

-Además, como podemos abrir durante la obra, seguimos ingresando.

Todo perfecto, superagradecidos. -Me alegro.

Estoy aquí para daros facilidades.

Si no, ¿para qué sirve el gerente?

-Te voy a ser sincera. Cuando llegaste, no me hizo gracia.

Pensé que el puesto de mi marido y mi hijo peligraban.

Necesitábamos una persona con experiencia

que llevara las riendas del mercado.

-Samuel es un chico estupendo, pero es muy joven.

Y estaba de suplente.

No entraría en su sueldo tomar según qué decisiones.

-Y que le falta la experiencia profesional que tienes tú.

Pero vamos, que todo de maravilla.

No nos das más que buenas noticias.

Me voy, a ver si vendo el último chuletón de la tarde.

-Bueno.

Hola. Perdón, me he liado y no he podido venir antes.

Tu maletín. -Gracias.

Tengo la cabeza en mil cosas y tengo estos despistes.

-Pero ¿todo bien? -Sí, sí, todo bien.

Todo estupendo. Gracias por tu interés.

-Bueno, en fin, podemos ser cordiales.

Si nos tenemos que ver por aquí cada día,

mejor convivir en una cierta armonía.

-Me alegra oírte decir eso.

Mejor que las lindezas que me has soltado últimamente.

-Para mí era un poco humillante

tener que volverte a ver cada día y saludarte.

-Te entiendo, a mí me ha pasado algo parecido.

En fin, parece que ha tenido su parte buena.

-No sé, no le veo la parte buena.

-A mí me ha hecho recapacitar

sobre la tontería que fue recurrir a la prostitución.

-Bueno, pues enterremos el hacha de guerra

y tiramos para delante.

-Genial. Estar de mal rollo con la gente

me quita mucha energía y no sirve para nada.

¿Empezamos de cero?

-Venga.

-Soy Javier Quílez, el nuevo gerente.

Encantado. -Un placer.

Soy Germán de la Cruz, de Frutas y Transportes De la Cruz.

(RÍE)

Espero que nos conozcamos mejor y que no haya malentendidos.

¿Te has pensado lo de la página web que te comenté?

-Sí, y creo que no voy a hacerlo.

-¿Por qué? Si no te he contado el tema del presupuesto.

-Me parece una idea sensacional. Imprescindible, de hecho,

y es mejor que lo hagan profesionales.

Tengo unas colegas que hacen unas webs de perlas.

Diles que vienes de mi parte y seguro que te hacen precio.

-¿Seguro que no prefieres crearla tú?

-Es que no terminé los estudios.

-Amigo. Vale.

Pues gracias por el contacto y por la sinceridad.

Con esto y con lo otro.

-Tú lo has dicho antes.

Guardar rencor es un desperdicio de energía.

Tanta negatividad se vuelve un obstáculo en tu camino.

-Te voy a hacer una confesión. Aquel día te escogí

porque al ver tu perfil me pareciste un buen chico.

Un tío auténtico y con cabeza.

Te dejo, que tengo que hacer unas llamadas. Gracias por esto.

-Chao.

Papá, que ya está, ya he hecho las paces con este.

Creo que está metido en algún follón

porque he encontrado una citación judicial en su maletín.

(Puerta)

¡Cuánto llevas en el baño, he estado a punto de ir a buscarte!

-No me salía el pis de tanto nervio.

-¿Y qué, qué sale? -Todavía hay que esperar.

-Yo no veo nada.

-Es que tienes que esperar un minuto.

-A lo mejor es que no... -Ojalá.

-A ver, una rayita, embarazo. Dos, no.

-Eso, pero al revés.

-Dos rayitas, estamos jodidos. Una, nos salvamos.

-Sí, qué nervios. -Vale.

¿Cuánto queda? -Un minuto.

¿Ya se marchó Adela?

Sí, sí, hace un ratito.

Me ha hecho un favorazo porque tenía que ayudar a Paolo.

Sí, ya me ha contado, estuve antes hablando con ella.

Por cierto, cuando estuve, la vi

y estaba disfrutando entre las flores, se le veía cómoda.

Es más, yo creo que disfruta más que tú.

Ya le dije que no vendo la floristería.

Ya, pero seguramente, ella no te ha ofrecido esto.

¡Vaya!

Te has empeñado en recuperar a Adela, cueste lo que cueste.

No sabía que estabas al tanto. Pues sí.

Pero puedes estar tranquilo, no seré yo quien te juzgue.

Sí, no me mires así.

Ya sé que le has sido infiel.

Ocurre en las mejores familias.

Me sorprende que no me quieras condenar a cadena perpetua.

Yo creo que eres la única.

-¡Elías!

Comprando flores para Adela. Sí, sí.

Justo, es eso. Hola, amore mio.

Antes he venido a darte un beso, pero solo estaba Adela.

He tenido que dárselo a ella.

¿Dónde has pasado toda la tarde?

-Con proveedores nuevos.

Viendo los almacenes, negociando precios.

-Siempre trabajando.

Cuando puedas, pásate por la pizzería.

Acabo de sacar del horno una parmigiana

con una receta nueva, con mucho menos aceite.

-Seguro que está riquísima. -Eso.

Cuando podáis, os espero allí. Seguro.

Claro.

Ahora entiendo por qué no juzgas a los adúlteros.

Porque tú eres una más.

¡Qué dices!

No inventes nada, Elías. No, no invento.

¿Por qué le has mentido?

Mi matrimonio no es asunto tuyo.

No tengo por qué darte explicaciones.

No, no tienes.

Pero ahora entiendo por qué Adela

y tú tenéis ese tira y afloja.

Ella lo sabe y no le gusta un pelo. ¿A que sí?

Elías, porque tú... No, no, no.

Tranquila, a mí no tienes que darme explicaciones.

Como tú has dicho antes, no juzgo a los adúlteros.

Tus motivos tendrás, igual que yo.

Y por eso, los dos estamos pagando nuestra penitencia.

Habla por ti. Sí, hablo por mí.

A mí Adela me repudia.

Pero tú sientes lástima por Paolo y se nota.

Paolo es una gran persona.

No tiene nada que ver con eso.

Lo sé, lo sé, por eso mismo.

Porque es una gran persona deberías pasar más tiempo con él.

En la pizzería.

Y lo mejor para eso es que me vendas la floristería.

Tú sales ganando y yo quedo bien con Adela.

Gracias por tus consejos.

Guárdate el cheque. La floristería no está en venta.

Muy bien, como quieras.

Pero si cambias de opinión, la oferta sigue en pie.

Elías.

No, tranquila, tranquila.

Entre adúlteros, solidaridad.

¿Tan malo sería si sale positivo?

-¿Qué? -No, por ver posibilidades.

-No sé. ¿Tú quieres ser padre?

-Sí, no. Sí, o sea, algún día.

Tampoco me lo había planteado. -Tampoco lo habíamos hablado.

-Lo estamos hablando ahora.

¿Tú quieres ser madre?

-Yo qué sé, supongo que sí, en algún momento.

Pero ahora, no sé. ¿Tú quieres?

-¿Cómo le llamamos?

-Como salga negativo, te voy a poner 20 preservativos.

-Es el minuto más largo del mundo.

-Sí, pero desde que te lo he contado, estoy más tranquila.

-No sé por qué no me lo has contado antes.

Ven aquí, tonta.

-Dios mío, creo que ya está. -Eso es una raya.

-No, creo que son dos.

-¿Dos?

-Sí, madre mía. -¿Entonces...?

-¡Ay, Dios mío! -Estás...

Ven aquí.

Todo va a ir bien, ya verás.

(RÍE)

-Dios.

Tu maridito se presentó ayer con un cheque en blanco

y le dije que no vendo, que me podía haber aprovechado.

Cristina, te juro que yo no sabía nada.

Lo que es capaz de hacer para que le perdones.

Que digo yo que esta idea no le habrá venido del aire.

¿Qué le has dicho, que lo harías mejor que yo?

Con el tiempo me darás las gracias

por haberte librado de ese pintamonas.

-Hola.

-Hola.

-¿Me pones un café, por favor?

¿Qué tal has pasado la noche?

-Mmm... bien.

¿Qué haces?

Echarte una mano, si te parece bien.

No, hombre, no hace falta.

Soy el gerente de este mercado.

Dentro de mis funciones está ayudar a los comerciantes.

No voy a aceptar un no por respuesta.

Estaría incumpliendo mi contrato. Fíjate bien cómo lo hago,

que parece fácil, pero tiene truco.

Es por un asunto de negocios.

-¿Con el que te rompió un dedo?

Ese tío es peligroso, Doménico.

Ya has tenido problemas con él.

Puede que te hayas olvidado, pero yo no.

-Esta vez es diferente.

Por lo poco que conozco a Noa, le dará igual

si eres frutero o concejal del ayuntamiento.

Que no, tío, no puedes estar ahí lamiéndote las heridas.

No sabes lo que hay entre ellos. A lo mejor solo son colegas.

Tienes que lanzarte y preguntarle qué hay.

Y si te dice que está con el profesor,

lo peor que te podría pasar es quedarte tal y como estás.

(JAVIER) Si no, no estaríamos hablando tú y yo ahora.

Que seas mi abogado no quiere decir que siempre tengas razón.

Ya, si yo te escucho, pero...

Pues claro que era mi padre

el que desviaba el dinero de la empresa a Costa Rica.

No, yo no sabía nada.

He pensado nombres para el bebé.

De niño y de niña. ¿Quieres oírlos?

De niña he pensado... -No tengo ni ganas.

-Voy a hacer como que no he oído eso.

Si necesitas hablar, ya sabes dónde estoy.

-Lo tendré en cuenta. -Venga.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 56

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Mercado central - Capítulo 56

11 dic 2019

Antonio, sobrino de Genaro, trae noticia de la muerte de su tío. Jesús queda muy afectado. Rosa no es indiferente a la reaparición de su antiguo novio.
Elías intenta comprar la floristería para recuperar a Adela.
Nacho se enfrenta a Luis por la mentira de Noa.
Lorena impulsa a Jorge a recuperar la relación con su hijo Marcos, mientras busca un regalo para él.
Germán cree haber encontrado un punto vulnerable en Javier.
Giuliana aconseja a Cristina que haga sufrir a Doménico.

ver más sobre "Mercado central - Capítulo 56" ver menos sobre "Mercado central - Capítulo 56"
Programas completos (82)
Clips

Los últimos 201 programas de Mercado Central

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios